martes, 26 de mayo de 2015

Semana Santa: Pasión y toros



Semana Santa, semana de pasión, cruce de sentimientos y tradiciones, donde se mezcla el fervor religioso, el recogimiento, con el sentir popular. Esencias y raíces religiosas, culturales y sociales de nuestra nación. ¿Alguien concibe nuestra Semana Santa sin procesiones?. Imposible, son nuestras tradiciones. ¿Y alguien concibe una Semana Santa que no se culmine un radiante Domingo de Resurrección con una corrida de toros?. Imposible, es nuestra tradición. ¡Y no digo en Sevilla!. ¿Se imagina alguien el Domingo de Resurrección sevillano sin la Maestranza llena y un cartel sin Curro Romero?. Impensable, porque aunque no toree, el maestro sigue presentándose esa tarde en la plaza sevillana, y siempre estará presente aunque sea en esencia. Mantener nuestras tradiciones es fundamental, y los toros son una de nuestras más importantes tradiciones.

Viene esto a cuento de lo que hemos vivido en esta reciente Semana Santa en lo que a festejos taurinos se refiere. Madrid, Málaga y Sevilla, por orden cronológico, habían anunciado tres festejos de muy distintas características, adaptados al gusto y las peculiaridades de cada plaza y cada público. Y me ha parecido un grandísimo acierto. Creo que el esfuerzo realizado por la empresas gestoras de Las Ventas, La Malagueta y La Maestranza merece ser reconocido, Creo que realizaron una apuesta arriesgada y ha salido bien. Y no me refiero al apartado artístico, a los triunfos o trofeos. No creo que sea el momento de analizar ese aspecto, algo que, por otra parte, todos conocemos a estas alturas. Pienso que el éxito ha sido llenar las tres plazas, colgar el cartel de "no hay billetes" las tres tardes, difundir la Fiesta y generar afición en tres cosos de tan diferentes características, con público, gustos y peculiaridades muy distintas pero con un mismo lazo de unión: Los toros.
Madrid fue la primera en abrir fuego. Anunciaba el Domingo de Ramos una corrida en solitario de Iván Fandiño frente a reses de diversas ganaderías de las denominadas "duras" (Partido de Resina, Adolfo Martín, Victorino Martín, Cebada Gago, Jose Escolar y Palha). Apuesta no arriesgada, arriesgadísima. Pero culminara con éxito antes del inicio del festejo. Las Ventas llena como solo se ve durante San Isidro. A nadie se le escapa lo difícil del reto. Para enfrentarse a seis toros hay que estar muy preparado no solo técnicamente, sino mentalmente. Mantener la tensión y concentración necesarias durante dos horas largas es complicado, muy complicado. Poseer el arte, la técnica, la variedad de suertes y recursos para no decaer frente a seis animales es realmente difícil, un reto ala lacnce de muy pocos toreros, de muy pocas figuras. Si a eso le sumamos las dificultades para el lucimiento que presentan estas ganaderías, imponentes en cuanto a presentación pero que habitualmente dan un escaso juego, el resultado artístico no fue el que todos deseábamos. Pero el principal objetivo creo que sí se logró, llenar la plaza, generar expectación y atraer a la afición. Solo por eso merece mi aplauso.
Cinco días después, Sábado de Gloria, se anunciaba en La Malagueta un cartel con los "ausentes" de la feria de Sevilla. Diametralmente opuesto a lo visto en Madrid. Nada más y nada menos que Morante de la Puebla, Julián López "Juli", Alejandro Talavante y Miguel Angel Perera, frente a ¡ocho! astados de Jandilla y Daniel Ruiz, es decir, Juan Pedro Domecq. Desiguales de presentación, algunos muy terciaditos, escasos de fuerzas y que prestaron pocas oportunidades para el lucimiento. Podemos salvar a los lidiados en segundo y cuarto lugar, que correspondieron a Juli y Talavante respectivamente. Ambos espadas demostraron su poder, su mando y su técnica. Pero fallaron con la espada y se les escapó una más que posible oreja a cada uno. Mención especial merece Miguel Angel Perera en su actuación frente al séptimo del festejo. Cortó una merecida oreja al toro más serio de la corrida, toro con peligro, que medía en cada muletazo buscando y encontrando lo que quedaba atrás. En dos ocasiones volteó el Jandilla a Perera, pero este siguió como si nada, exponiendo cada vez más. Faena de emoción y valor, lástima que tardara en doblar con la primera estocada, algo trasera, porque podía haber cortado las dos orejas. Al final quedó en una, pero, al igual que en Madrid unos días antes, eso es lo de menos. El objetivo también se había cumplido: La plaza llena.
Y nos queda Sevilla y su Domingo de Resurrección. No podía ser menos y, frente a las ausencias, componía un cartel con José María Manzanares, Borja Jiménez y el grandísimo atractivo de la reaparición de Espartaco, frente a toros de Juan Pedro Domecq. Como no podía ser de otra manera la expectación era máxima y ello se tradujo en un espectacular lleno. Ver a Manzanares de luto riguroso impresiona y emociona. Verle torear te lleva directamente al cielo. Pero el epicentro de la tarde era el maestro de Espartinas. Fue una delicia verle de nuevo sobre el albero, degustar esa tauromaquia de otra época, ese regusto y esa templanza que lleva dentro y que, por supuesto, no ha perdido. Su salida a hombros por la Puerta del Príncipe ha sido una de los momentos más emotivos que recuerdo. Tal y como he dicho al referirme a Madrid y Málaga, lo visto en Sevilla responde al gusto de su afición, de su estilo. Y, una vez más, objetivo cumplido: La plaza llena.
Sinceramente, amigos, creo que nuestra Fiesta necesita muchas tardes como las que se han vivido esta Semana Santa. Solo hay una forma de salvar la Fiesta, llenando las plazas, difundiendo la afición. Por tanto, y para terminar, aplaudir desde aquí el trabajo de las empresas para elaborar carteles atractivos que atraigan al gran público. Lo necesitamos.

Antonio Vallejo

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