viernes, 15 de mayo de 2026

6ª de San Isidro: Vergüenza torera de Luque entre las ruinas


 Justo antes de arrancar el paseíllo de la novillada de este pasado martes me dijeron personas muy metidas en los entresijos de esta plaza que de la corrida del jueves, es decir, hoy, la de El Parralejo, solo habían pasado el reconocimiento dos toros de todos los desembarcados, y que el rebote del ganadero fue tal que directamente los subió al camión y, hala, de vuelta a Huelva. Y también me dijeron que muy posiblemente se sustituyera por una de Vellosino. ¿Saben cuál fue mi respuesta cuando me recuperé del asombro de la información?: "¡Estamos apañaos!", y no me equivocaba. Primero, que es raro que solo dos toros pasaran el reconocimiento de una ganadería que venía de dar una extraordinaria tarde de toros en Sevilla, y por lo que me dijeron había cosas chocantes en ese reconocimiento. Y segundo, que a cambio trajeran los de Vellosino, que  precisamente no es de las que mejor cartel tiene en Madrid, más bien está en especie de "lista negra" de ganaderías. Quien sea la cabeza pensante de todo esto, desde luego, se ha lucido... o hay otros motivos que desconocemos para que lo que ha salido hoy por la puerta de toriles sí haya pasado el reconocimiento. 
Una corrida que ha sido un petardo más grande que toda la mascleta. Seis toros sin fondo ni fuerzas, ni una gota de energía ni empuje, cero poder, carentes de todo, distraídos, sin fijeza, sin entrega, sin movilidad, sin recorrido, sosos, deslucidos, descompuestos, nula emoción y ninguna opción para nada. Uno tras otro iban saltando al ruedo venteño, cada cual peor, que han provocado el más absoluto aburrimiento y el hartazgo de unos tendidos abarrotados - otro lleno - que en vez de una tarde de toros lo que vieron fueron auténticas ruinas.
Ponerme a contarles una tarde como la de hoy no merece la pena, sería añadir aún más penurias a las ya padecidas bajo el frío y el viento, así que mejor ahorrar detalles. Decir que bastante tuvieron Sebastián Castella y David de Miranda con mantener su lote en pie, toros que se venían abajo con estrépito, que pasaban por la muleta porque estaban allí, iban y venían sin más, a pesar de los intentos de ambos espadas por sacar algo de ese pozo vacío. Era imposible. Bien hizo Castella en tirar por la calle de en medio con el primero que no se tenía en pie, literalmente, y ojalá hubiera hecho lo mismo con el cuarto al que recetó un trasteo de un metraje excesivo, pases y pases intentando mantener  en pie con la muleta a media altura a un toro que era soso y desganado a más no poder. Tanto alargó de manera innecesaria a mi entender, que estuvo a escasos segundos de escuchar el tercer aviso al demorarse la muerte del animal por el desacierto con los aceros. David de Miranda poco más o menos, que quiso poner chispa con unos estatuarios muy toreros en los primeros compases de faena con el tercero, pero sin continuación por su falta de celo y  fijeza, otro que iba al tran-tran , sin gracia alguna, sin decir nada, pero que al lado de lo que fue el que cerró plaza casi podría decirse que era buen toro y que hasta tuvo emoción. Imagínense lo que fue, un espanto ante el el que el onubense se estrelló a pesar de intentarlo de todas las maneras, un toro que no es que tuviera poco recorrido, es que directamente no pasaba, algo horripilante. 
No se crean que el lote de Daniel Luque fue mejor, ¡que va!, más o menos igual, pero entre esas ruinas emergió la figura del sevillano que dio una lección magistral de técnica y poder. Al segundo lo mimó sobremanera, le dio la altura y el ritmo que precisaba, muchas pausas, porque no daba para más, iba con lo justo o menos, y así, a base de cuidarlo y mantenerle en pie, consiguió meterle poco a poco en la muleta, sin obligarle pero atacando él para llegar a pegarle cuatro naturales soberbios sacados de la nada que fueron magia pura. No tuvo más ese toro que acabo viniéndose abajo, como era de esperar, a pesar del magnífico trato que le concedió Luque. Fue en el quinto, un mastodonte de 610 Kg que no podía ni con el alma, donde la vergüenza torera del de Gerena tomó el mando y dijo basta a lo que estaba pasando en Madrid. Primero con el capote en unas verónicas a pies juntos deliciosas, más tarde con un quite por chicuelinas que parecían imposibles, y finalmente en la muleta con otra lección de conocimiento, paciencia y capacidad. Dos trincherazos al inicio de la faena marcaron la pauta de lo que iba a venir, poco a poco, con calma, todo muy suave, caricias para no lastimar a un toro que iba con la reserva encendida, sometiéndole un poquito en cada muletazo, acortando las distancias para acabar por bajo y tejer tandas muy cortas, el animal aguantaba lo justo, pero profundas y de mucha emoción, un auténtico milagro obrado por el inmenso saber y hacer de este pedazo torero. Mató de manera certera y fue despedido con ovación en ambos más petición insuficiente en el quinto en reconocimiento a una tarde de mucha importancia entre las ruinas de Vellosino.

Antonio Vallejo

jueves, 14 de mayo de 2026

5ª de San Isidro: Partido de Resina, tremenda decepción

Había mucha expectación por ver esta corrida de Partido de Resina (antes Pablo Romero) tras 8 años sin venir a San Isidro, que no a Madrid, ya que lidió una corrida completa fuera del serial en la temporada 2019 y participó en las corridas concurso de ganaderías los años 2023, 2024 y 2025, año en el que también estuvo presente en un desafío ganadero con Monteviejo, dejando en todas esas ocasiones una magnífica sensación además de magníficos toros para el recuerdo. Solo había que ver el excelente aspecto de los tendidos de La Monumental en esta tarde en la que por fin el viento frío y la amenaza de lluvia parecen esfumarse de la capital. Bastante más de tres cuartos, de plaza, algo más de los tres cuartos de la extraordinaria novillada de ayer, para ver estos toros  a los que les pasa como a los miuras,  que con tan solo oír su nombre, los pabloromeros, se echa uno a temblar por su leyenda de exigentes, correosos, duros, fieros y peligrosos, algo que ha provocado que desde finales del siglo XIX que data su procedencia haya sido uno de esos encastes de los que las figuras huyen. No ha sido así esta tarde, desde luego. Desgraciadamente ha sido una corrida sin fondo, sin bravura, sin raza, sin entrega, sin movilidad, incluso tirando a mansa, ná de ná que diría aquel. Y lo peor de todo, que ha llevado al aburrimiento, al tedio absoluto ante la falta de la mínima emoción. Eso sí, la presentación ha sido buena, solo faltaba que no, entonces apaga y vámonos, y ha sido una corrida muy seria, toros ofensivos, terminados en puntas, auténticos puñales, y con enorme presencia. Aunque también digo una cosa, salvo el segundo, todo un tío el imponente cárdeno, que ha sido fuertemente ovacionado de salida por sus hechuras, los demás ningún aplauso, saquen ustedes sus propias conclusiones. Es lo que le faltaba a la tarde para completar el círculo de la decepción. Decepción que ha sido mayúscula en el tercio de varas que en estas corridas llamadas toristas se convierte en el epicentro del espectáculo y en el que más se exige colocar a los toros en largo, medir las arrancadas y valorar la entrega en el caballo. Pues ni eso ha habido. Tan solo recuerdo un puyazo sensacional de Israel de Pedro al tercero de la tarde, del resto muy pobre la pelea en el peto, les costaba un mundo arrancarse, ponerles en largo para que fueran era una utopía, y cuando se les colocaba más cerca para que al menos fueran al caballo algunos sectores se levantaban airados, protestando algo que era imposible a todas luces, ¿es que no veían que no se movían y querían poca pelea y no había manera de picarlos si no se hacía así?. Y cuando por fin lo hacían no se han empleado, han empujado muy poco, se han quedado la mayoría dormidos en el peto, y se ha oido mucho el estribo. Una pena porque el tercio de varas es de una emoción intensísima cuando el toro se arranca y se ejecuta bien. Igual que digo en varas podría decir lo mismo del juego en el capote, nulo, no han permitido lucimiento, tan solo brega, era lo único posible y lo que había que hacer con estos toros, del tercio de banderillas, poca movilidad, más bien parados, esperando y cortando, tan solo dos grandes pares de Miguelín Murillo al primero, los de Fernando Sánchez, ¡cómo no!, al primero y cuarto, y los de Delijorge al segundo, y de la muleta, en donde no han tenido entrega alguna, escaso recorrido, reponiendo y volviéndose a medio muletazo, sin transmisión ni emoción.
Con esto se han encontrado Antonio Ferrera, Calita y Jesús Enrique Colombo, difícil papeleta de la que el que ha salido mejor parado ha sido Ferrera, que ha demostrado su gran capacidad lidiadora, una constante a lo largo de su extensa carrera, y una maestría y unos recursos fruto de su veteranía. Tenía claro que no eran toros para lucirse de capa. Pues a bregar, a echarles el capote abajo, andarles hacia atrás y someterlos, además de un par de recortes con mucho gusto para colocarlos ante el caballo. No había más que hacer, y lo ha hecho muy bien. En la muleta también lo tuvo claro, técnica de maestro veterano ante el primero, consintiéndole, dándole pausas, sin someterle en demasía, muletazos sueltos, la ligazón era imposible, el toro pasaba por allí desentendido, iba y venía sin entrega, llegando a dibujar algunos muletazos con la diestra con enjundia, tirando del toro, faena de quien ha batallado mucho con este tipo de toros y tiene un conocimiento del toreo fuera de toda duda. Mérito silencioso el del balear en este primero falto de emoción. Más mérito aún con el cuarto, sacando de nuevo a la luz sus recursos y capacidad lidiadora. Le concedió la altura y las distancias, todo se lo hizo a favor, con enorme técnica, llegando a robar, mejor dicho, a arrancar, un par de derechazos y cuatro naturales sensacionales por profundos y largos, maravillosos, tirando del toro, ganándose el respeto y el reconocimiento del público que  a la muerte de este cuarto le tributó la única ovación de la tarde por su meritoria actuación rubricada con sendas estocadas certeras. El único pero a su buen hacer, que quizás el metraje de ambas faenas fue excedido, cierta brevedad en estos toros en los que la emoción está casi ausente se agradece. 
Pocas opciones tuvieron el mexicano Calita y el venezolano Colombo con sus lotes. Calita se las vio con un segundo que aunque no tenía mal embroque luego no pasaba, y si lo hacía era por encima del palillo, nula entrega, sin emoción alguna, y con un quinto descastado y deslucido a más no poder, que no transmitía nada. Tiró de técnica en ambos pero en ningún momento tomó vuelo, y con los aceros anduvo algo desacertado. Colombo puso toda su voluntad con un tercero que de salida parecía que tenía movilidad y cierta raza pero que se fue apagando. Le colocó los tres pares fiel a su estilo más espectacular que puro, algo acrobático podría decirse, con diferente acierto o desacierto, según el sector del público, unos le aplaudían, otros le censuraban por ir un tanto a toro pasado y llegó a la muleta midiendo y pasando porque tenía que pasar, sin emplearse lo mínimo, sin emoción alguna. Puso ganas y entrega, trató de tirar del pabloromero, pero no llegó a los tendidos. Peor se le pusieron las cosas con el que cerraba plaza, un animal infumable, manso y sin un pase. Fue en banderillas, se disponía el venezolano a poner los tres pares, el toro no quería saber nada, distraído, parado, sin atender a las llamadas del matador. Tenía que hacerlo todo él, estaba claro, pero no era nada fácil y dudó ante los parones y amagos de arrancada pasando en falso varias veces sin acabar de decidirse, incapaz y desbordado, sin saber qué hacer, ni que terrenos podían ser los propicios, sin ideas, lo que fue enervando al personal cada vez más, era tarde, las nueve y cuarto y la corrida pesaba ya mucho, el cansancio y el aburrimiento eran evidentes y la bronca creció. Desistió Colombo y entregó los garapullos a su cuadrilla dejándoles el marrón, lo que me ha gustado poco y me parece incluso una falta de respeto hacia ellos. Pasaron las de Caín, incapaces de clavar los arpones, una pasada y otra, de cualquier manera valía, de lado, de una en una, como fuera, pero que quedaran cuatro palos clavados y a otra cosa. No sé si fueron cuatro o cinco las veces que los banderilleros lo intentaron en medio de la bronca, pero viendo que aquello iba de mal en peor el presidente sacó el pañuelo blanco y entonces se armó la mundial al cambiar el tercio contrariamente al reglamento, muy mal hecho, totalmente de acuerdo. Pero reconózcanlo si alguno de los que lee esto estaba en la plaza, que en el fondo se lo agradecimos, aquello era un espectáculo lamentable, impropio de la plaza de Madrid, bochornoso.... pero las horas eran las que eran y estábamos un poco hartos, por lo que, digamos, hicimos la vista gorda y agradecimos que se pasara a lo que no fue faena, el horno no estaba para bollos y Colombo, tras lo ocurrido, lo único que podía y debía hacer a ese toro que no valía para nada era abreviar y pasaportarlo lo más rápido posible, porque cualquier intento de algo iba a ser peor, como lo fue. 
En fin, que es una lástima que un hierro y un encaste legendario haya pasado de esta manera tan triste por San Isidro, pero no me sorprende, la verdad, ya estamos acostumbrados a muchas tardes como esta cuando el torismo asoma. Tremenda decepción.

Antonio Vallejo

miércoles, 13 de mayo de 2026

4ª de San Isidro: Álvaro Serrano y Montealto, la gloria

¡Qué novillada la de Montealto! y ¡qué novillero Álvaro Serrano! Una tarde plena en la que el toreo se ha mostrado en toda su dimensión. Siempre hemos dicho que el pilar fundamental de nuestra Fiesta es el toro. Pues bien, la novillada que el ganadero madrileño D. Águstín Montes ha seleccionado y traído a Madrid ha sido ese pilar sobre el que se ha cimentado la tarde. Seis novillos de excelente presentación, de una belleza extraordinaria, de magníficas hechuras, auténticas láminas para enmarcar, imponentes por delante, tremendamente ofensivos, pero sin exageraciones ni estridencias, perfectamente proporcionados, que además han reunido bravura, casta, nobleza, clase, movilidad, repetición, transmisión y mucha emoción. Enhorabuena al ganadero por el excelente trabajo en el campo, dedicación, esfuerzo y sacrificio que hoy ha tenido su recompensa. Pero claro, de nada vale todo lo dicho si delante no hay un torero, un joven novillero madrileño, Álvaro Montes, que con mucha verdad, sinceridad y entrega, además de clase y gusto, tenga la capacidad técnica y artística de entender y aprovechar todas esas condiciones para componer dos faenas maravillosas que han desbordado la pasión en Las Ventas. Había escuchado y leído maravillas acerca de este novillero, concretamente tras la novillada del 1 de mayo, pero no le había visto torear. Me ha impresionado de principio a fin sus ideas claras, su seguridad, su firmeza, su colocación, su dominio, sus recursos, tanto como su actitud, las ganas de ser torero, la ambición por llegar a ser uno de los grandes. De verdad se lo digo, hacía mucho, pero que mucho tiempo, que no tenía esa sensación de estar viendo un novillero con algo distinto, ese famoso pellizco que pocos pueden generar y que, me da la impresión, lleva dentro este madrileño de Navas del Rey. Desde que ha tomado el capote para recibir al tercero ya he sentido ese pálpito. Han bastado unas verónicas excelsas para poner todos los sentidos en alerta, y eso que ya había apuntado su extraordinario toreo de capa con un quite por chicuelinas ajustadas con firmeza y valor al segundo. Luego ha venido otro quite también por verónicas a la salida del caballo, y por si fuera poco, la réplica a las gaoneras de Tomás Bastos con uno por delantales rematados con una brionesa para morirse, seda pura, templados, suaves, delicados, puro ballet ante lo imponentes pitones,  para rubricar el recital con un precioso quite por caleserinas al quinto cargado de sentimiento y ese recurso que se ha inventado cuando el sexto le apretaba en tablas, en un enganchón a punto está de desarmarle y en lugar de soltar el capote o agarrarlo de mala manera y tirar de él con ambas manos como una gran mayoría hubiera hecho, se saca de su imaginación o inspiración una serpentina llena de arte. Díganme como se entiende eso, más propio de un torero con experiencia y mucha clase. Tiene algo especial que invita a soñar, no encuentro otra explicación, eso no es suerte o casualidad sin más.  Y con la muleta, ¡ay con la muleta!, ¡lo que ha sido!. Ni el viento que tanto ha molestado y complicado las cosas en el tercero ha podido con el madrileño. Novillo encastado y exigente, con movilidad, al que entendió a las mil maravillas. Mucho mérito y valor al citarlo en largo y, a pesar del viento que le descubría, redujo la embestida en el embroque y le bajó la mano en unas tandas en redondo profundas, con recorrido, ligadas en el sitio, de intensa expresión y emoción. Por el izquierdo fue más  complicado, se venía por dentro, arreaba y el viento empeoraba el panorama, propiciaba algunos enganchones y mucho riesgo, pero trazó naturales de mucha firmeza, mando y hondura, sin encojerse, con mucha personalidad, más propia de un veterano que de un novel en el toreo. A ese valor añadió la estética del final rodilla en tierra para rendir a sus pies a unos tendidos que vibraron con olés nacidos del alma y que estallaron al ver como se tiraba a matar sin miedo a nada para hundir la espada y pasaportar al de Montealto. Una oreja de ley. El culmen llegó en el que cerraba plaza con una faena rotunda y redonda, prologada con unos ayudados de una elegancia sublime hilvanados a un derechazo rodilla en tierra larguísimo y un pase de desdén celestial, en la que por ambos pitones mostró una dimensión de torero hecho. Toreo caro, templado, con desmayo, todo por bajo, ligado con un gusto y una torería inmensa, perfectamente acoplado a un novillo bravo, noble y con mucha clase que además repetía con celo y codicia, humillando. Series de derechazos y naturales con Madrid rugiendo, una tras otra, a cual mejor, rematadas con unos de pecho larguísimos, de pitón a rabo, u otros a la hombrera contraria, hubo para todos los gustos, todos magistrales, con un final que hacía soñar con todo, por bajo, como a mi gusta, trincherazos eternos y unos ayudados por bajo repletos de sabor. Otra vez se volcó a matar, tanto que incluso la espada cayó algo contraria, quizás por eso tardara en doblar el magnífico novillo. Bueno, eso y que el encargado de apuntillarlo lo levantó dos veces y a punto estuvo de arruinarlo todo porque se rozó el tercer aviso. Pero dio igual, un mar de pañuelos blancos, una oreja y fuerte petición de la segunda, que me habría encantado que se le hubiera concedido, la verdad. Y petición a la vuelta al ruedo para el novillo, que también me habría gustado, no solo por ese sexto, sino en reconocimiento a toda la extraordinaria novillada de Montealto.
En cuanto al portugués Tomás Bastos y el sevillano Martín Morilla se podría decir que han tenido una actuación pulcra y aseada, técnicamente bien pero quizás un tanto "de escuela". Me explico, han hecho bien las cosas, han tenido pasajes de buen toreo, con profundidad y ligazón, corriendo bien la mano, pero quizás haya faltado más ritmo, ambos un poco irregulares, aunque, repito, han mostrado buenas maneras aunque sin acabar de romper y llegar a los tendidos con fuerza. A eso habría que añadir que por las buenas condiciones de sus novillos,  nobleza, movilidad, repetición, se les pedía un poco más. Solo un detalle, cinco de los seis lidiados han sido fuertemente ovacionados en el arrastre, lo que dice mucho a la hora de valorar la actuación de ambos novilleros por parte de los aficionados, silencio.
Tan solo el apunte de todos los días, hoy en la figura de Iván García que ha colocado dos pares monumentales al primero y ha lidiado con una maestría suprema al cuarto, impecable, ni un capotazo de más, cuidando perfectamente al novillo, llevándolo siempre por bajo o a punta de capote, además de estar pendiente de detalles como el ir sacar la espada al primero para acelerar su muerte ya que tardaba en doblar tras una buena estocada de Bastos. Pude parecer una tontería, pero dice mucho de la profesionalidad y el saber de quien fue matador. Y también Héctor Vicente, que en el tercio de varas al sexto ha agarrado dos puyazos sensacionales que le han valido para despedirse con una fuerte ovación de una plaza llena en más de tres cuartos de entrada y que ha sentido en el fondo del alma la intensa emoción del toreo.

Antonio Vallejo

lunes, 11 de mayo de 2026

3ª de San Isidro: Román, premio a la verdad

Sinceridad, honestidad, verdad, valores perdidos en estos tiempos dominados por el postureo, dirigidos por unas redes sociales prototipos del aparentar, en las que se muestra lo que no se es, en las que el sufrimiento, el sacrificio, el dolor o el fracaso están prohibidos, en las que solo se acepta lo amable, las sonrisas fingidas y los cuerpos retocados, en una sociedad enferma que niega la realidad y busca construir mundos imaginarios, resulta muy gratificante ver hombres que llevan por bandera principios y virtudes que no están de moda. Uno de esos hombres es Román, portador de esos valores, fiel a todo aquello en lo que cree, el torero de la eterna sonrisa, probablemente porque tiene las ideas claras y la conciencia muy limpia, transparente, sin dobleces, sin nada que esconder, lo que se ve es lo que hay, nada es impostura, solo es verdad. Quizás por eso sea uno de los toreros a los que más se respeta en esta complicada plaza que es Madrid, porque siempre ha venido de verdad, con mejor o peor fortuna, pero siempre honesto, dándolo todo, sin reservarse ni guardarse nada. Hoy ha vuelto a hacerlo con el que saltó como cuarto al correrse turno por el percance de Galván en un quite al tercero. Un toro  de Conde de Mayalde muy serio y abierto de cara, como toda la corrida, encastado, con movilidad, fijeza y repetición, de mucha transmisión y emoción. Generoso a más no poder el valenciano, conocedor de lo que Madrid y exige pero sabedor de lo que Madrid se entrega cuando la verdad del toreo preside la faena, se ha plantado firme y decidido dándole distancia al de Mayalde, la muleta planchada, adelantada, para embarcar la embestida en los vuelos aprovechando su movilidad y, con un temple supremo, reducir la embestida y correr la mano baja  en unas tandas en redondo de majestuosa profundidad y largura que rápidamente han llegado a los tendidos que han respondido con roncos y sentidos olés. Por el izquierdo mismo ritmo, alegre el galope del animal, naturales hondos y largos, ligazón, misma transmisión y emoción en tres tandas rotundas, sobre todo la última, toda la plaza en pie rompiéndose las palmas en una tremenda ovación. El final por bajo, con gusto, flexionado, con mucho temple, fue el broche de oro perfecto. Tanta verdad, tanta honestidad, tanta sinceridad, tanta generosidad no podían quedar en el vacío, Madrid quería el triunfo, no hubiera sido justo, todos queríamos hundir la espada, era impensable otra opción. Y lo mató, vaya si lo mató, recibiendo, la espada arriba, hasta la yema, explosión de alegría y miles de pañuelos de una plaza rendida al valenciano pidiendo una oreja que tiene mucho, muchísimo peso, que es más que un trofeo para la estadística, es el premio a un hombre íntegro. Ya con el descastado y falto de entrega segundo había mostrado la generosidad con la que ha venido a Madrid. Toro rebrincado y un tanto tardo que concedía muy poco pero al que sin dudarlo le dio distancia, le citaba en largo, pero le costaba mucho arrancar, y cuando lo hizo no mostró entrega alguna. Pero nunca renunció Román a la verdad, le bajó la mano y pudo dibujar dos derechazos y otro par de naturales de muchísima enjundia, que arrancaron unos olés sordos de los que estremecen, reconocimiento a su honestidad. Duró poco el de Mayalde, tan solo un par de tandas por cada pitón, se vio podido, se rajó, buscó refugio en las tablas y no hubo más. En esos terrenos poco propicios para la suerte suprema pasó un mal trago Román con la espada, el toro amorcillado, pegado a las maderas, nada fácil pasaportarlo. El silencio tras doblar el toro creo que es una muestra del respeto de Madrid hacia este torero, que se lo ha ganado a pulso por toda su verdad cada tarde que ha pisado la arena de la Monumental.
Lo de hoy con David Galván podríamos titularlo "compendio de adversidad". Increíble pero cierto, todo lo que podía pasar y salir mal, ha pasado y salido. Para empezar, venía a matar una corrida de Conde de Mayalde. Pues bien, ha matado dos sobreros de Fermín Bohórquez al ver devueltos su lote del hierro titular por inválidos y en ambos el pañuelo verde ha asomado ¡en el tercio de banderillas!. Y claro, no es lo mismo matar toros de Contreras-Domecq que Murube-Urquijo, la verdad, pequeño detalle y gran contratiempo, ¿no?,Por lo menos hemos visto el debut del hijo de Florito en su tarea de mayoral con la manada de mansos para retirar a los toros, y ha quedado patente que ha aprendido bien de quien le ha enseñado, lo ha resuelto en un visto y no visto. El primero de los sobreros, de 603 Kg nada menos, enorme, tremendamente serio, no fue nada fácil, daba la impresión de llevar tiempo en los corrales y estar resabiado, por no decir corraleado. Toro incómodo y exigente, que no concedía nada y ante el que había que estar con los cinco sentidos. No renunció a nada el gaditano a pesar de las complicaciones, arrancó por estatuarios, buscó siempre ponerle la muleta y bajarle la mano por ambos pitones, expuso con valor y tragó un rato miradas del murube, con el añadido del viento que hacía flamear la muleta y dejarle descubierto. Muy firme Galván pero sin poder llegar a los tendidos por la escasa transmisión del toro, faena para calibrar y valorar en su justa medida por lo que aguantó. Al iniciar el quite que le correspondía por turno al tercero, otra adversidad, esta más seria. No sé si fue arrollado o barrido por una de las patas del animal, en la plaza no pude apreciarlo bien, pero el caso es que cayó al suelo y en ese momento debió ser cuando el de Conde de Mayalde le dio un puntazo en la espalda. Fue llevado en volandas por su cuadrilla a la enfermería donde fue  intervenido y no pude reaparecer hasta el sexto turno para matar su segundo toro, que también fue devuelto en idénticas circunstancias y motivos que su primero y tuvo que vérselas con otro sobrero de Fermín Bohórquez tan voluminoso como el anterior, 600 kg de carne, muy reservón y también con sensación de tener algunas horas de vuelo. Poca movilidad, medía, muy complicado, ante el que Galván demostró mucho valor y firmeza para intentar robar algunos muletazos de bastante mérito vistas las condiciones del animal. Poco más pudo hacer el de San Fernando en una tarde en la que todo lo malo que podía pasarle, pasó.
Para Gonzalo Caballero la de hoy era una tarde muy especial. Todos sabemos el enorme compromiso y la infinita entrega que el madrileño siempre ha tenido y tiene a favor de varias causas benéficas. Entre ellas su enorme implicación con la Fundación Aladina para la investigación y lucha contra el cáncer infantil y, sobre todas las que participa, quizás "La sonrisa de María" que Caballero promovió puso en marcha sea la más conocida. María, esa niña siempre alegre que hace pocas semanas falleció por un sarcoma de Ewing, gran aficionada y admiradora de Caballero, ha estado muy presente hoy en Las Ventas. He sabido que el vestido rosa y oro que hoy ha lucido Gonzalo era el favorito de María - les juro que me estremezco y emociono al escribir esto - y el brindis y el beso que ha lanzado al cielo azul purísima que gracias a Dios hoy también ha presidido Madrid tenían un único destinatario, es ángel que desde el cielo verá los todos sin padecer ya más sufrimiento. El tercero fue un toro con nobleza pero sin acabar de entregarse quizás por falta de poder. Le dio distancia el madrileño, intentó conducirlo por bajo pero el toro respondía a medias, parecía que quería pero no podía, sin demasiada emoción  teniendo  que buscar los pases uno a uno, rectificar y buscar la colocación una y otra vez, por lo que el trasteo le faltó ritmo y ligazón y no llegó a tomar vuelo. El segundo de su lote, corrido en quinto lugar, fue encastado y tuvo buen embroque, pero le faltó final y acabar de entregarse. Una lástima porque con un punto más de empuje creo que podía haber dado un juego interesante. Pese a todo dibujó muletazos de buen trazo, acoplado y encajado, bajando la mano, con el toro metiendo bien la cara, tirando de la embestida para alargar el viaje, pero alternados con otros pases en los que la llevaba a más de media altura, muy irregular y sin poder redondear la faena. Una pena porque su disposición fue absoluta y creo que ha estado claramente por encima de su lote.
Y para cerrar, un día más, mencionar la soberbia actuación de José María Soler, saludando desmonterado tras dos pares extraordinarios al sexto, Iván García también en el tercero con dos pares monumentales y con una brega magistral al quinto, y Ángel Gómez cuajando un tercio de banderillas antológico en ese mismo quinto. Si he comenzado alabando la inmensa verdad de Román, tengo que acabar alabando la no menos inmensa verdad de estos banderilleros que cada tarde nos emocionan con su capacidad y entrega. Hasta el martes con la primera novillada.

Antonio Vallejo

domingo, 10 de mayo de 2026

2ª de San Isidro: Un "no hay billetes" para una decepción


 Caía agua a mares sobre Madrid a eso de las seis y media de la tarde, el cielo estaba más que cerrado y daba miedo salir a la calle. Malos augurios para quienes, como yo, íbamos por distintas vías camino de La Monumental. Ya reguardado en la estación del metro iba pensando que si llegar hasta ahí había sido una heroicidad, ¡que iba a ser aguantar esta tarde en el tendido!. Tan solo son dos estaciones el trayecto que tengo que hacer hasta Ventas, unos diez o doce minutos desde mi casa, y cual ha sido mi sorpresa cuando salgo a la explanada de la plaza y veo que no solo ha dejado de llover, ¡sino que luce el sol!. Increíble, una auténtico milagro que ha respetado toda la corrida bajo un precioso cielo azul. Con esas perspectivas previas, desafiando a un temporal que nadie imaginábamos que iba a remitir - las predicciones eran horribles - resulta que de nuevo se ha colgado el cartel de "no hay billetes" y se ha registrado otro lleno absoluto, 24.000 espectadores a los que ni la horripilante  climatología les frena en su deseo y afición por ver toros, así de sencillo, contra todo y todos los que se empeñen en prohibírselo con un argumento tan sólido como que no interesan a nadie. Grotesco.
La pena es que esta segunda de San Isidro, una esperada corrida de los santacolomas de La Quinta, hierro que en esta plaza goza de enorme cartel y reconocimiento especialmente por sus magníficas novilladas, haya sido tan desilusionante en su juego como lo ha sido. Una pena, la verdad, porque esperaba mucho más de los toros de hoy. Tan solo el encastado sexto se puede salvar de la decepción general, el único que ha tenido movilidad, entrega y fijeza en la muleta. El resto ha carecido de fondo y fuerzas. Sosos, deslucidos y distraídos primero, segundo y cuarto, pasaban sin más, cero entrega. Orientado, con sentido y peligro sordo, sabiendo en todo momento lo que se dejaba atrás, el tercero, que medía y miraba. Áspero y bronco el quinto, pero carente de entrega. Con esos mimbres... difícil.
Si, además, a ese comportamiento de los toros le sumamos que la terna tampoco es que haya echado el resto para levantar la tarde pues pasa lo que ha pasado, que la emoción ha aparecido a cuentagotas y todo ha discurrido en medio de un tono gris que contrastaba con el azul del cielo y la ilusión de unos tendidos abarrotados que han visto como se desvanecían todas sus esperanzas. Cierto es Miguel Ángel Perera, Daniel Luque y Tomás Rufo se han encontrado con lo que se han encontrado, pero también es cierto que, a lo mejor, si a esos toros se les aplica otra lidia que no sea siempre la de tandas en redondo y naturales, no sé, por ejemplo, toreo por bajo, tratando de someterles y poderles, tratar de vencer su falta de entrega y humillación con ese toreo, puede que se hubiera visto algo más que animales pasando de un lado a otro a media altura, desentendidos, en una sucesión de pases sin ton ni son. O puede que no, que incluso podría haber sido aún peor, no lo sé, pero al menos probarlo. También eso es muy fácil decirlo sentado en el tendido, hay que estar delante de esas caras y esos pitones para saber la verdad y lo que hay que hacer, y eso no es nada fácil. Por eso, ante todo, el respeto que siempre he tenido y tengo a estos hombres que se juegan la vida cada tarde.
De Perera poco se puede decir hoy, la verdad. Quizás lo único destacable pueda ser la lidia al que abría plaza, que apretaba mucho hacia dentro y al que sacó a los medios echándole el capote abajo y andándole hacia atrás con acierto ya que poco más daba de sí el santacoloma, carente de entrega ni fuerzas, igual que el cuarto, soso y deslucido, pasaban sin más, sin decir nada, nula emoción. Pero también debo decir que he visto a un Perera sin sitio y sin ideas, desentonado, sin ese poder y mando que siempre le ha caracterizado, un tanto diluido y como apagado, además de muy desacertado con la espada. Silencio respetuoso en ambos de su lote. Le queda otra tarde, con los de Fuente Ymbro. Esperemos que cambien las tornas.
Tampoco hay demasiado que reseñar de Luque, excelente capotero desde siempre - ¡quien no recuerda aquel pique en quites que protagonizó con Morante de la Puebla en 2010!, algo histórico e imborrable de la memoria - y que esta tarde ha tenido un destello de lo que es en el saludo por verónicas al segundo y, sobre todo, en un precioso quite por cordobinas también a ese segundo. Y nada más, porque ambas faenas de muleta han pasado sin pena ni gloria a pesar de la voluntad del de Gerena  por sacar algo de lucidez en un mar de pases sin demasiado argumento. Vuelvo a lo que decía antes y que también puede valer para Perera, que a lo mejor buscándoles las cosquillas por otro lado y con otra lidia, quien sabe si hubiera valido para algo, aunque parecía muy difícil sacar de donde no hay, pero al menos probarlo. Eso me vale para el quinto, un toro áspero y bronco, que reponía y se revolvía, complicado. Quizás ahí es donde me hubiera gustado ver esa lidia sobre los pies, por bajo, macheteando para poderle y someterlo, y después ya veríamos si hubiera valido para torear en redondo o al natural. También ha estado muy desacertado con los aceros. De nuevo respetuoso silencio en ambos.
El mejor de la corrida, el sexto, le cayó en suerte a Rufo, que venía de haber pasado un trago con el resabiado tercero, un santacoloma de peligro sordo, orientado y desarrollando sentido, que de salida se frenaba en el capote y ya medía, y que en la muleta no paró de echar miradas sabiendo lo que buscaba. Firme el toledano, le aguantó el pulso y trató de marcarle el paso, pero si hubiera probado a someterlo por bajo en lugar de todo lo que hizo para intentar poderle por ambos pitones, hubiera tenido más emoción y lo que se vio al final, que el toro acabó con cierta entrega, hubiera permitido el toreo que buscaba con más lucimiento. La emoción y la transmisión llegó con el que cerraba plaza, un animal exigente, con movilidad, encastado, con fijeza y repetición. Buenas fueron las primeras tandas por el derecho, ligazón aprovechando las inercias, la mano baja, profundas,  al natural le costó algo más encontrarle el sitio y el ritmo, lo que desdibujó el panorama que todos deseábamos. Quizás este era un toro de los de echar la moneda al aire, dar un paso alante y decirle que quien mandaba era él. Una pena que toda la entrega y verdad que le puso Rufo no cuajara como deseábamos aunque creo que, si no hubiera sido una vez más por el mal manejo de la espada, le hubieran pedido la oreja con fuerza suficiente. Digamos que tuvo lo mejor pero le faltó algo.
Y de lo que un día más no me privo es de destacar la sensacional labor y actuación de los de plata. La nómina de hoy en el programa de mano es impresionante y voy a dejarles todos los nombres porque se lo merecen: Daniel Duarte, Jesús Díaz "El Fini", Vicente Herrera, Antonio Manuel Punta, Juan Contreras, Jesús Arruga, Sergio Blasco, José Luis Triviño y, ¡cómo no!, el gran Fernando Sánchez, que una tarde más ha puesto dos pares de antología, a cual mejor, en tercero y sexto, en este último saludando desmonterado junto a Sergio Blasco que también colocó dos pares monumentales. Pero es que hay más, en el quinto Antonio Manuel Punta y Jesús Arruga hicieron también lo propio tras cuajar un tercio de banderillas magistral, y en el cuarto Daniel Duarte sacó de un buen apuro a Miguel Ángel Perera en los primeros lances de capa cuando el de La Quinta le desarmó apretándole en tablas y Duarte se lo quitó echándole el capote, fijándolo y bregando por bajo con una eficacia y maestría descomunal. ¿Quieren más?. Pues lo hay, también en ese cuarto de la tarde, el propio Duarte y Vicente Herrera en banderillas, sensacionales, como fue el primer puyazo a ese mismo toro a cargo de Juan Melgar, al que se le arrancó en largo, con brío y buen tranco, echándole la vara alante para clavar la puya delantera y aguantar el empuje y la pelea del santacoloma de manera espectacular y permitirnos admirar la belleza del tercio de varas cuando se ejecuta con tanta pureza. Un día más, olé por los toreros de plata.
Mañana más, veremos si también sorteamos el agua y de nuevo vemos los tendidos llenos. Serían tres de tres.

Antonio Vallejo


sábado, 9 de mayo de 2026

1ª de San isidro: La séptima de Talavante

 

Poco ha habido que esperar para contemplar la primera Puerta Grande de este ciclo isidril 2026, tan solo cuatro toros, hora y media más o menos,  tras desorejar Alejandro Talavante a Ganador, un magnífico toro de Nuñez del Cuvillo en la muleta, que es donde rompió, porque en los primeros tercios no mostró nada de nada. Huidizo de los capotes, sin celo alguno, más bien manseando, buscando las tablas. Mismas condiciones en varas, manseando aún más, sin emplearse, lo poco que estuvo en la pelea lo hizo sonando el estribo, y en el segundo puyazo, si es que a eso que hemos visto se le puede llamar puyazo, salió despedido como si hubiera chocado con un muelle. Pero, para mi, hay un punto de inflexión que lo cambia todo, la sensacional lidia de Francisco Javier Ambel, magistral, echándole el capote abajo, encelándolo, un solo capotazo le bastaba para colocarle ante los banderilleros, no dio ni uno de más, ahormó al toro y ahí empezó a sacar a la luz todo lo que guardaba escondido el de Cuvillo. Fueron después Álvaro Montes y Manuel izquierdo los que, ejecutando con pureza la suerte de banderillas, mostraron el recorrido, la movilidad y la fijeza del toro. Y desde ese momento lo que no parecía se abrió ante nuestros ojos y Ganador rompió a embestir en la muleta de un Talavante firme y rotundo que cuajó una gran faena, quizás una de la más redondas que se le recuerdan al extremeño en Las Ventas. Prólogo por estatuarios y pases por bajo de buena factura que arrancaron los primeros olés para dar paso a un par de tandas por la diestra toreando con la cintura y unas muñecas de seda, de trazo curvo, ligadas por bajo, profundas, de enorme recorrido, todo el que tenía Ganador, que repetía con movilidad y mucha entrega, noble, humillando, incansable perseguía los engaños. Una par de cambios de mano hilvanados a unos naturales que acabaron en auténticos circulares y unos de pecho de pitón a rabo prendieron la mecha de una emoción que alcanzó el clímax con el toreo al natural. Fueron tres la series por el magnífico pitón izquierdo de Ganador, tres series hondas y ligadas con la mano muy baja, barriendo la arena venteña, enroscándose la embestida, los pitones cosidos a una franela perseguida con fijeza y celo por el incansable Cuvillo, rematando con extraordinarios de pecho y unas luquecinas que pusieron la plaza en pie. el final fue por bajo, trincherazos y alguno de la firma cargados de belleza para rubricar la obra con un estoconazo arriba que pasaportó a Ganador. Los tendidos se tiñeron de blanco, las dos orejas, para mi de ley y sin discusión alguna, cayeron casi al instante, y luego el pañuelo azul para premiar al muy buen toro con la vuelta al ruedo. Y aquí sí que hubo polémica y, personalmente, me sitúo entre los que lo consideran excesivo premio, ya que es cierto que en la muleta rompió y fue un gran toro pero no cumplió absolutamente en varas, se podría decir que ni siquiera se le picó, y peores condiciones aún mostró de salida en los capotes. Creo que hubiera sido despedido con una atronadora ovación en el arrastre, justo y merecido reconocimiento, pero para sacar el pañuelo azul en Madrid hay que pedir más a un toro. Y si nos olvidamos de los primeros tercios y SOLO  valoramos la muleta... mal vamos, se pierde la verdad e integridad del toreo. 
No cabe duda que todo lo sucedido en el resto de la corrida queda eclipsado por este cuarto toro, pero ha habido algunas cosas destacables para bien y para mal. No ha sido la tarde de Juan Ortega. Ninguna opción ha tenido con el protestado tercero, tanto por falta de remate como por su evidente falta de fuerzas y condiciones. Ni una opción para el sevillano que porfió en exceso ante lo imposible, algo que no gustó nada y se le reprochó con razón. Otra historia fue el quinto, un toro exigente y con movilidad ante el que en todo momento vi a un Ortega desconfiado y sin las ideas claras. No consiguió acoplarse en los lances de saludo con el capote, cosa rara en el sevillano, ni tampoco al llevar al toro al caballo ni replicar a un quite por saltilleras y gaoneras del confirmante Tristán Barroso. Muy bueno fue el tercio de banderillas a cargo de Jorge Fuentes y J. Ángel Muñoz "Perico" que ejecutaron los pares con verdad y limpieza, mostrando y aprovechando la movilidad y fijeza del Cuvillo. Era un toro que, a mi modo de ver, llegó con  buenas condiciones a la muleta, movilidad y fijeza, además de una exigencia que pedía a gritos poder y mando. La verdad es que los primeros compases hacían pensar en algo bueno, genuflexo el sevillano, conduciendo la embestida con temple, por bajo, largo recorrido, movilidad y repetición del toro. Y buena fue la primera tanda por el derecho, reduciendo la embestida y frenando la inercia del viaje a base de temple, ligando con gusto y emoción. Pero no me pregunten por qué ahí murió la faena, un par de toques a la muleta y todo se vino abajo. No sé si el toro, al verse podido, comenzó a defenderse echando la cara arriba, o si el sevillano pretendió ponerse a torear en redondo y al natural sin considerar la exigencia del animal, o ambas cosas a la vez. El caso es que desde ese momento todo discurrió entre una sucesión de pases y más pases sin sentido de un cada vez más desconfiado y desconcertado Juan Ortega. Una pena, porque era un toro con opciones y que en sus embestidas guardaba emoción, pero probablemente precisaba otro registro de toreo, de poder y someter, menos preciosista que su estilo pero más efectivo ante este tipo de toros.
El madrileño Tristán Barroso confirmaba alternativa y vino a darlo todo, por lo que poco se le puede reprochar aunque, como es lógico, le queden muchas cosas por pulir. Podría decir que ha estado aseado, correcto en cuanto a técnica, maneja bien el capote. No ha toreado mal a la verónica, ha entrado en quites en el quinto, por saltillras y gaoneras, y también en el de su confirmación por chicuelinas ajustadas. Y con la muleta ha estado pulcro en el primero, un toro noble y con fondo de clase que metía bien la cara y se dejaba hacer, tratando de conducir las embestidas por bajo y ligar los muletazos con temple, aunque la ha faltado algo de mejor colocación y su toreo adolece de resultar un tanto de escuela, quizás demasiado mecánico y previsible, pero tiene tiempo por delante y capacidad para mejorar. Repito, no estuvo mal en el primero pero tampoco aportó nada que haga pensar en un torero "diferente". Y con el que cerraba plaza intentó hacer todo y un poco más, demasiado deprisa y un tanto embarullado, sin dar pausas ni reposo, que probablemente sea lo más difícil de lograr cuando se es tan joven y se quiere demostrar mucho en poco tiempo. Pero ganas y disposición no se le pueden negar, y valor y exposición tampoco. Basta ver como planteó el inicio de faena al sexto, de rodillas en los medios, pasándoselo por la espalda dos veces, arriesgando en cada muletazo, tanto que el Cuvillo le prendió del muslo y pasó unos instantes de tremendo agobio entre los pitones de un toro que tenía complicaciones y muchas teclas que tocar para someterlo, demasiadas cosas para empezar, difícil empresa. Confiemos que este joven madrileño tenga más oportunidades y pueda cumplir sus sueños. Y no quiero acabar sin nombrar una vez más a un torero de plata, Mathieu Guillón que ha colocado al sexto dos pares magistrales que le han obligado a desmonterarse para recoger una enorme ovación. Nunca olvidemos a estos hombres absolutamente fundamentales para la lidia y que cada tarde dan muestras de su maestría.
Así que este San Isidro 2026 comienza exactamente igual que el de 2025, con una Puerta Grande para Talavante, la séptima para el extremeño, que se convierte así en el matador en activo con más salidas a hombros camino de la calle Alcalá, todo un record. Como record también tiene pinta que puede ser la asistencia a los toros este año. De momento primer día y primer lleno de "no hay billetes", algo que no está mal para un espectáculo que, según el lumbreras de Urtasun, no interesa a nadie. No es más tonto porque no entrena. Mañana más, aunque les moleste.

Antonio Vallejo

viernes, 8 de mayo de 2026

Comienza San Isidro 2026, la feria de la I.A


 Faltan tan solo unas horas para que arranque un nuevo San Isidro, el del primer año de la nueva era del toreo, 345 días después de Morante, del día que el tiempo se detuvo, los relojes se congelaron y los calendarios estallaron tras la faena de Genio del Toreo al primero de la tarde de aquel 28 de mayo de 2025. Ahí comenzó todo, ni siquiera hizo falta que saliera a hombros, para eso estaban las tardes del 8 de junio, Beneficencia, la locura, y del 12 de octubre, la Hispanidad, el éxtasis, para mostrar al mundo entero lo que iba a suponer esta nueva era. Lo dije y lo repito, Morante  no es que tenga el duende, es que él es el duende, y todo lo demás, con perdón, resulta vulgar. Pero tras el éxtasis vino la orfandad, el vacío, se arrancaba la coleta y la desolación inundó nuestras almas taurinas. ¿Que iba a ocurrir?, ¿era un adiós o un hasta cuando pueda volver a ser?. Dudas, incertidumbre, pesar, melancolía, añoranza, desolación y no sé cuantos sentimientos más se mezclaron en mi cabeza y mi corazón durante varios meses. Pero apareció un halo de esperanza, los primeros rumores, unos decían que sí, que seguro, otros no se atrevían a tanto, dudaban, pero el murmullo iba cada día a más y, por fin, el 21 de enero de 2026 se confirmaba la noticia, el Genio del Toreo volvería a vestirse de luces nada más y nada menos que el Domingo de Resurrección en la Real Maestranza sevillana. ¡Y se hizo la luz en el toreo!. Y Morante provocó el delirio en una faena antológica de inspiración, naturalidad, armonía, embrujo, belleza suprema, arte en su máxima expresión, el duende hecho carne, con un vestido nacido de la mente del maestro y la increíble creación de Justo Algaba, catafalaco y azabache, cargado de cristales de Swarovski y algunos brillantes incrustados que relucían bajo el sol de la primavera que volvía a reír, y cargado de simbolismo, la luz de la Resurrección de Cristo y también, por qué no, la resurrección del toreo, marcada por nuevas noticias que confirmaban la presencia del de La Puebla del Río en la Feria de Abril, también en Jérez y en agosto en el Puerto de Santa María, ¡ahí es nada!. Si en Madrid fue la locura y el éxtasis, si el Domingo de Resurrección fue el delirio, la tarde del 16 de abril convirtió a Sevilla en un manicomio tras la faena a un toro de Núñez del Cuvillo, de nombre Colchonero, que fue un compendio de la tauromaquia de todos los tiempos. Desde su barrera del cielo todos los grandes maestros de la historia vieron resumidas todas sus tauromaquias en 20 minutos. Lagartijo, Chicuelo, Belmonte, Joselito El Gallo, Bienvenida, Carmona "El Gordito", Ordoñez, Ortega, Paquirri, Paula... se volvieron también locos allí arriba. Y el gran Curro Romero, en su casa, seguro que también, disfrutó como nunca. Como tampoco que me cabe dudad que  todos los matadores actuales y los que vendrán, soñaron el toreo eterno. Y digo bien, soñaron, porque Morante torea como los demás sueñan. 
Mientras todo esto ocurría en la nueva era esperaba ansioso alguna noticia de Madrid, pero nada, ni mú, silencio absoluto. ¡Claro!, ¿cómo no he caído? Parece mentira que se me pasaran ciertos detalles. A ver, echemos cuentas. Fue el 21 de enero cuando se confirmó el Domingo de Resurrección, y luego en febrero y marzo las demás tardes anunciadas con Morante en el cartel. ¡Pero si para esa fechas los carteles de San Isidro estaban más que anunciados, confirmados y presentados!. De toda la vida la Feria de San Isidro se presentaba en abril, una vez bien arrancada la temporada, contando por ejemplo, con lo que había pasado en Valdemorillo, Olivenza o Castellón, además de otras cuantas plazas más, y un par de ferias que, a mi modesto entender, tienen cierta relevancia, Fallas y Abril, y se contaba, además de las grandes figuras, con quienes habían despuntado o triunfado en los primeros meses de la temporada. Pues ahora no, ahora vivimos los tiempos de lo inmediato, mejor dicho, de la prisas, y las prisas ya se sabe que son de ladrones o malos toreros. Estábamos preparándonos para comer el turrón navideño cuando las combinaciones de San Isidro eran más que un rumor. Poco después de la uvas ya fueron una realidad, y el 5 de febrero se presentaron "oficialmente" en una gala a la que asistí y para la que no encuentro el calificativo adecuado. Y así ha salido el cartel de este San Isidro 2026 como ha salido, fruto de estos tiempos de la inmediatez, de lo rápido, del "no se puede esperar" - eso queda demostrado porque desde el 6 de febrero que comenzó la renovación de abonos - clin-clin, caja, y de la famosa inteligencia artificial, la I.A, el chat GPT, ¿se escribe así?, "chati", como le llaman los jóvenes. De verdad, miren los carteles y díganme lo que opinan. Yo les digo lo que a mi me parece. Me da la impresión que al chati le han dicho que componga combinaciones de toreros y ganaderías para cubrir ese brutal número de tardes y el pobre, claro,  no ha hecho más que obedecer. Ha cogido la información de los últimos años, algo de aquí y allá del escalafón, con las ganaderías algo similar y en un par de minutos un batiburrillo, o remix que dicen los modernos, y ¡olé!, el cartel listo para publicar. Sinceramente, me parece un San Isidro con poco atractivo, casi copia y pega de los dos últimos años, con pocos carteles medianamente rematados y ninguno realmente rematado para mi gusto, nombres que están no por su momento sino por otros motivos, algunos que repiten y tripiten tardes - no digo que no lo puedan merecer - que me cuesta entender por qué y que me chirrían, tanto como alguna ausencia como la de  Ginés Marín, se debió volver loco el bueno de chati para no encontrar ni un hueco donde acoplarle. Y ya no digo nada de la posibilidad de que Morante hubiera podido venir a Madrid, aunque la realidad nos ha golpeado de nuevo en la cara en forma de cornada grave el pasado 20 de abril y hubiera sido prácticamente imposible su presencia, aunque empieza a haber rumores de una no muy tardía reaparición, Dios lo quiera. Pero por lo menos, si esas prisas por presentar los carteles y cobrar los abonos - por cierto, cada año más, ya van por 19.000 y pico , me parece - no primaran en esta empresa, a lo mejor.... ¡quien sabe!.
Luego saldrá lo que tenga que salir, y a lo mejor resulta que es el mejor San Isidro de todos los tiempos, ojalá sea así, pero me parece todo bastante predecible y tengo muchas dudas y poca convicción en lo que pueda ver, aunque seguro que habrá algunas faenas buenas o incluso puede que muy buenas, grandes pares de banderillas, seguro, puede que algún tercio de varas por fin se ejecute como se debe y sea vibrante, estocadas sensacionales.... incluso seguro que nos divertimos más de un día, al menos con las broncas del 7, un clásico en esta plaza. Muchas cosas pueden pasar en este largo mes, con 15 a 20 tardes para mi hubiera sido más que de sobra para confeccionar una feria de gran nivel, pero va a haber una que no va a pasar, el duende. Ese no aparecerá, quizás algún delegado suyo, pero el verdadero duende no, a lo mejor en Otoño, Dios lo quiera. 

Antonio Vallejo