miércoles, 20 de mayo de 2026

10ª de San Isidro: Julio Norte alcanza sus sueños

Tres jóvenes novilleros venían hoy a Madrid para vérselas con un encierro de Fuente Ymbro, palabras mayores, máxima responsabilidad por el escenario y el ganado, probablemente con nervios, pero seguro que llenos de ilusión y de esos sueños que desde niños, cuando decidieron que querían ser toreros, llevan en la cabeza y que, en el caso del salmantino Julio Norte,  se han visto cumplidos en esta preciosa tarde primaveral. Me imagino todo lo que se le ha podido pasar por la cabeza a es niño de 18 años que esta tarde ha salido a hombros por la Puerta Grande para tocar el cielo de Madrid, todo lo que siempre ha perseguido y anhelado desde que cogió por primera vez un capote y una muleta hecho realidad, la felicidad suprema.
Creo que hoy  es día para que también nosotros sintamos felicidad por lo que hemos visto y que para mi ha marcado la tarde, más allá de cualquier detalle técnico o cualquier juicio a su actuación. Lo que más me ha gustado es haber visto a dos novilleros, Julio Norte, 18 añitos, y Mario Vilau, 19 añitos,  pisar por primera vez la arena de Las Ventas y estar, como siempre se ha dicho y se pide, en novilleros. Todo lo han dado, no se han guardado nada, y lo han hecho con transparencia, sinceridad y verdad, con muchas virtudes, y también con defectos, faltaría más, pero que se compensan y perdonan por la ilusión con la que han afrontado el compromiso, además del valor desinteresado y la entrega que nos han brindado. Sí, pueden llamarme lo que quieran, blando, amable, transigente, permisivo, tolerante, amable.... lo admito, ambos me han conquistado por esa sensación de inocencia y honestidad que me han transmitido, incluso ternura, al verles enfrentarse sin tapujos a esos novillos, que, aunque desiguales en presentación y trapío, todos han tenido seriedad, incluso el tercero, el más protestado por falta de remate, lo comparto, pero con dos puñales por delante, por lo que los "miaus" que se han escuchado por la minoría más crítica, me parecen, se lo digo así, una indecencia. 
Hubo un tercer novillero, por supuesto, el peruano Pedro Luis, 25 años, más veterano y forjado, ya conocido en Madrid, que ha pasado más de puntillas en esta tarde al toparse con un noblote pero sin fuerzas ni empuje  primero, con el que estuvo, digamos, aseado, pero sin emoción, todo tuvo que ser a media altura y sin obligarle porque no aguantaba lo mínimo. Con el cuarto, que tuvo ritmo y profundidad, repetidor, le costó acoplarse y fue al final de faena y al natural donde la faena elevó el tono y se vieron muletazos con empaque y hondura, pero todo en un contexto de irregularidad.
Mario Vilau, de Hospitalet de Llobregat, sólo con ese dato me descubro por haber llegado hasta esta tarde. No hace falta ser Demóstenes para intuir lo difícil que tiene que ser en Cataluña tomar la decisión de ser torero, hay que echarle valor, mucho, y sortear miles de obstáculos, como todos los niños de la Escuela Taurina de Cataluña, héroes en tierra hostil para el toreo. Ya sólo verle andar con decisión hacia la puerta de toriles, hincarse de rodillas y recibir a sus dos novillos a porta gayola, es toda una declaración de intenciones y muestra de sus ganas de ser torero entregándolo todo. Luego el inicio de faena de rodillas ante un utrero que no regalaba nada dejaba clara su disposición y entrega, aguantando las embestidas viniéndose por dentro, algunos parones y miradas, plantándole la muleta, manteniendo el pulso, poco a poco fue metiéndole en los vuelos en una faena que fue a más y que tuvo mucha emoción porque toreó con el corazón y verdad, sobre todo al natural, con mucho temple, ligando series hondas de mucho mérito y clase. Además mató de un estoconazo hasta la bola que valió una oreja indiscutible. El quinto fue un manso con peligro al que también recibió a porta gayola, más compromiso imposible. Desde salida mostró su condición, huidizo, sin querer entrar al caballo, esperando en banderillas, reservón en la muleta, medía, se quedaba debajo, a medio camino, se revolvía para soltar derrotes secos, defendiéndose. Muy valiente el catalán, sin amedrentarse, tragó lo indecible, poniéndose de verdad, cada pase era una angustia, hasta que en uno de esos el fuenteymbro se lo echó a los lomos y le corneó en el muslo. No se encogión, un torniquete y vuelta a la cara del novillo, pero cada vez tenía más peligro y, bien aconsejado, cortó lo que era imposible y mató con una entera para recorrer el ruedo por su pie camino de la enfermería en medio de una grandísima, cariñosa y merecida ovación por una tarde de verdad en la ha vivido las dos caras del toreo. 
Julio Norte cumplió los sueños que ya había saboreado en Fallas, dos orejas y salida a hombros con novillos de este mismo hierro, triunfador del certamen. Recibió al muy terciado y protestado  tercero con una larga cambiada y lo lidió hacia los medios con criterio. El inicio de faena por estatuarios tuvo gusto para después ponerse a torear por el derecho y con mando ir sometiendo las descompuestas embestidas, plantándole la muleta, bien colocado, con temple, bajándole la mano para acabar en dominador. Por ambos pitones trazó los muletazos bajándole la mano, templado, con profundidad y ligazón, mucha emoción y transmisión, hasta que aguantó el fuenteymbro. Quizás ahí era el momento de ir a por la espada y acabar, pero las ganas de novillero le llevaron a alargar un tanto en tres circulares y un arrimón en las cercanías, por lo que le disculpo todo, prefiero que vengan así, a mostrarse como son y darse enteros. Se tiró con todo a matar y reventó al novillo hundiendo el acero hasta la yema...pero caída, fea. A pesar de todo se pidió la oreja por mayoría, al menos así lo aprecié desde el tendido, que fue concedida por el palco y la consiguiente bronca de quienes consideraban que la defectuosa estocada no puede llevar a ese trofeo. El presidente cumplió el reglamento, cierto, pero me parece que una vuelta al ruedo hubiera sido justo premio. El que cerraba plaza era un toro, por cuajo y cara, bellísima lámina, con buen tranco y repetición y fijeza. De rodillas, con dos cambiados por la espalda de cortar la respiración arrancó una faena que tuvo como virtud la movilidad y el buen son del novillo, al que le dio distancia y embarcó en tandas en redondo de mucha transmisión, templadas y profundas. Por el izquierdo fue menos limpio, protestaba, más corto, se quedaba debajo de las telas y, al intentar un pase de pecho fuera de sitio, descubierto, le lanzó por los aires sin consecuencias. Se repuso u volvió enrabietado, todo corazón y compromiso, pero el novillo, orientado y con sentido desarrollado, no permitió mucho más. Valor y entrega de Norte para arrancar los últimos muletazos toreando en las cercanías y matar de un gran estocada que valió otra oreja y así alcanzar sus sueños. 

Antonio Vallejo

 

lunes, 18 de mayo de 2026

9ª de San Isidro: La de Fuente Ymbro no debió irse con las orejas puestas

La de Fuente Ymbro no debió irse con las orejas puestas en el arrastre, así de claro. Bueno e interesante encierro el que ha traído Ricardo Gallardo, con claras y serias opciones en al menos tres de toros, encastados y exigentes, de los que piden el carnet y a los que había que hacerles bien las cosas para sacar lo que llevaban dentro, además de una presentación impecable, buenas hechuras, y mucha leña por delante pero manteniendo siempre las proporciones, sin exageraciones estridentes, la seriedad habitual del hierro gaditano. 
Tuvo Miguel Ángel Perera un primero que metía bien la cara en los lances por bajo de recibo y cumplió en el caballo, arrancándose pronto y con buen tranco, hundiéndose en el peto, empujando con celo, y que mantuvo movilidad y fijeza en un extraordinario tercio de banderillas a cargo de Jesús Díez "Fini". Toro encastado y exigente que en la muleta tuvo transmisión y emoción en las dos primeras tandas de derechazos ligadas en la distancia y bajándole la mano con ese poder que siempre ha caracterizado  al extremeño. Ahí prácticamente se acabó todo y comenzó a declinar la faena. Por un lado el viento que molestó a Perera nada más cambiarse al pitón izquierdo, naturales sin limpieza, enganchones y un desarme hicieron que todo fuera a menos. Por otro, decidir acortarle las distancias. En las cercanías el fuentymbro lució menos y todo lo que vino a continuación fue una sucesión de pases y más pases sin  demasiado argumento que ahogaron cualquier posibilidad de que el toro rompiera. Silencio para el matador y ovación fuerte al toro en el arrastre creo que es un dato significativo. El cuarto fue un toro noble con el que Daniel Duarte y Vicente Herrera completaron un magnífico tercio de banderillas con mucha pureza y calidad y que en la muleta tuvo escasa duración y fue a menos tras un inicio de faena en los medios con dos cambiados por la espalda marca de la casa y las primeras serie de derechazos ligados, con mando, que es lo que aguantó. Lo intentó luego por ambos pitones, quizás en demasía, y todo resultó intrascendente y carente de emoción, de nuevo pases que conducían a poco. Silencio de nuevo.
Paco Ureña se las vio con un segundo que de salida no permitió nada, siendo Curro Vivas quien con una brega portentosa y de intensa emoción lo fijó tras no querer saber nada de los capotes y  hacer que cundiera el pánico por sus embestidas quedándose debajo y soltando la cara con brusquedad. Tras un primer puyazo empleándose, en el segundo salió rebotado y rebrincado confirmando las sospechas de mansedumbre. Hecho un auténtico jabato estuvo Ureña con la muleta. Tragó lo indecible en los primeros compases, aguantó los parones y miradas del toro, medía y probaba, no se dejó comer terreno, le plantó la muleta con decisión desde el inicio, poco a poco fue ganándole el pulso a base de poner mucho más que un par y así acabar componiendo series en redondo profundas y ligadas en el sitio de enorme mérito. Por el izquierdo aún más complicado, vuelta a tragar miradas y derrotes violentos, secos, ante los que siguió mostrando una firmeza y un valor descomunal para finalmente dibujar naturales de gran emoción más un arrimón de los de verdad que puso a la plaza en pie. De no haber fallado con la espada estoy convencido que la oreja hubiera sido pedida con fuerza. Al quinto, un toro con movilidad y repetidor, lo recibió con un ramillete de  verónicas acompasadas con mucho gusto y una media de categoría, condiciones que conservó hasta la muleta, donde además se presentó exigente, pidiendo todo por bajo y sin permitir errores. No pudo ser más vibrante el inicio de faena, estatuarios, una trinchera  repleta de aromas, dos naturales sublimes y uno de pecho superior, torería pura. La exigencia del toro aportó toda la emoción, todo lo pedía por bajo y templado, trazos limpios, sin tocar las telas, con mucho temple, de lo contrario se desordenaba el conjunto. Lo logró el murciano por momentos, sobre todo con la diestra, muletazos largos y profundos que levantaron los olés, pero sin acabar de redondear las series, un tanto irregular en el conjunto y menos claro por el pitón izquierdo, bajando el listón. Quizás acabó alargando demasiado el trasteo con el fuenteymbro venido a menos en unas tandas que no tuvieron ya ningún calado. Se despidió en silencio mientras sonaban las palmas al toro en el arrastre.
Lo comenté este pasado viernes y hoy lo he comprobado sin miedo a equivocarme. Algunos le han tomado la matrícula a Fernando Adrián, le esperan de uñas y no le pasan ni una. Y si no tienen motivo, da igual, el caso es reventarle la faena, así de claro, y eso ha pasado hoy. No entiendo, si no,  la actitud de una minoría que traía ya la consigna desde casa, no parar de molestar y reprochar cuanto hiciera, algo que me parece inadmisible. Puede parecerte bien o mal la Puerta Grande del viernes, merecida o no, me da igual, el público pidió las orejas y el palco, cumpliendo el reglamento, no lo olvidemos, las concedió. Luego tú te vas a casa y dices lo que quieras, que si es regalada, que si es pobre, que desprestigia la plaza, lo que te parezca, porque eres el único que sabe y el que mantiene la pureza de la Fiesta, y me parece fenomenal. Pero eso fue el viernes, hoy es otro día y el contador se pone a cero. De verdad, me ha parecido una canallada la actitud de ese sector minoritario en el tercer toro, al que el madrileño recibió a al verónica, buenas, mecidas, rematando con una media de mucho gusto, al que Ángel Otero colocó dos pares de antología, el segundo firme candidato a par de la feria, ganándole la cara, cuadrando entre los pitones para dejar reunidos los palos de manera monumental ante una plaza en pie rendida a este grandísimo torero de plata. En la muleta tuvo mucha importancia y transmisión el fuenteymbro, exigente y encastado, pero noble y repetidor, con celo, persiguiendo la franela con la cara baja. Cierto que la faena tuvo altibajos, pero también es cierto que desde el primer instante empezó el festival de censuras, casi sin dar un pase. Lo mejor, sin duda, lo logró con las series por el derecho, mejor colocación y  acople y entendimiento, ligando por bajo, corriendo bien la mano, con transmisión, pero para algunos nada valía. Al natural le costó más, menos ritmo y más reproches, tuvo menos acople pero intentó cruzarse y hacer las cosas bien, pero a la mínima que intentaba ligar volvían los pitos y los gritos. Mantuvo la calma y siguió a lo suyo volviendo al mejor pitón y al toreo en el que se encuentra más cómodo para dibujar un par de series en redondo reposado y encajado, templadas y profundas, con ritmo. La faena estaba hecha, en mi opinión pedía un final por bajo, que lo tuvo, y con mucha torería, doblándose por bajo, muy templado, de bella factura, pero antes hizo un amago de recurrir al toreo de cercanías que resultó un tanto embarullado y deslucido, lo único que creo sobraba en la faena a un toro como el que tenía delante. Un pinchazo y una estocada caída evitaron la petición de oreja... y la consiguiente posterior bronca entre partidarios y detractores. Vio cómo fue devuelto el último toro por su invalidez y en su lugar saltó un sobrero del mismo hierro ¡y 621 kg de peso! de una presencia imponente - la ovación que despertó fue atronadora - que, aunque tuvo bríos y buen tranco de inicio tomando bien el capote en las verónicas de recibo  y con el que Ángel Otero bregó de manera magistral, se apagó muy pronto y a la muleta llegó exhausto y viniéndose por dentro con riesgo. Generoso en un esfuerzo estéril y derroche de valor baldío, nada más se le podía pedir. Al final, ovación para el madrileño y para el buen toro en el arrastre en el tercero y silencio, todos en paz.

Antonio Vallejo

 

domingo, 17 de mayo de 2026

8ª de San Isidro: Naufragio de La Quinta, Diosleguarde confirma con nota

Un año más se cumplió con la tradición de guardar en este 16 de mayo un minuto de silencio en memoria de Joselito "El Gallo", muerto tal día como hoy hace 106 años en la plaza de Talavera de la Reina tras ser corneado en el vientre por el toro Bailaor de la ganadería Viuda de Ortega.  Que nunca se pierdan esta y otras tradiciones en el toreo.
Así arrancó una tarde de mucha expectación, no hay más que ver de nuevo el lleno en los tendidos, pero que por desgracia terminó en decepción, otra más a sumar a la hace una semana de este mismo hierro, y en la que hay un nombre que ha salvado la tarde del aburrimiento, Manuel Diosleguarde, que venía de la Copa Chenel a confirmar alternativa. Una corrida sosa y deslucida a más no poder, sin entrega, sin poder alguno, varios manseando, rajados, sin transmisión ni emoción que hubiera quedado en la nada si no es por la disposición, la entrega, el valor, la generosidad y la verdad de este salmantino que lo ha puesto todo y más ante sus dos toros y qua ha pasado la prueba con nota, demostrando que quiere y puede ser torero. El de su confirmación, un auténtico tío, preciosas hechuras y unos pitones al cielo afinadísimos,  pronto y con movilidad, repitió en la muleta del salmantino, pero lo hacía sin humillar y viniéndose por dentro, apretando. No se encogió Diosleguarde, le plantó cara, le puso la muleta, se lo llevó a a los medios y allí mantuvo el pulso llegando a sacar muletazos de mucho mérito,  a un toro que acudía, tenía buen embroque pero a medio muletazo soltaba la cara con brusquedad, tragando las tarascadas sin inmutarse, mucha emoción ante el inminente peligro aumentado por un viento que no ayudaba. Para descubrirse  que consiguiera ligar tandas por ambos pitones ante tanta adversidad. El pinchazo previo a la estocada privó de la posibilidad de petición de oreja en esa faena que tuvo mucha  emoción al jugárselo todo en el filo de la navaja. al final, ovación más que merecida. Con el que cerraba plaza acabó de conquistar el corazón de todos en una faena en la que su generosidad y entrega fue máxima, sin tapujos, sin guardarse nada ante un toro muy complicado, que se quedaba corto, reponía y se revolvía buscando, que se venía por dentro por ambos pitones pero especialmente con un instinto asesino bestial por el izquierdo, poniéndoselo en la cara, sin permitir nada ni conceder el mínimo respiro, haciendo hilo a la salida sabedor de lo que había tras la franela. Enorme el valor, descomunal la decisión y la entrega del salmantino, que no dio ni un paso atrás y que no se retiró de ese pitón criminal mostrando una firmeza que llegó a unos tendidos que tenían que contener la respiración en cada muletazo por el peligro evidente para acabar escuchando unos olés que valen más que la oreja que tenía más que asegurada de no haber marrado con la espada. A todo eso debo sumar en su haber el extraordinario sentido de la medida que han tenido sus dos faenas, sin alargarlas artificialmente, algo nada fácil cuando es la única oportunidad en San Isidro y se quiere demostrar mucho, lo que habla muy bien de su cabeza y su honestidad, todo pura verdad. Desde luego puede descansar tranquilo esta noche.
El resto de la tarde ha tenido muy poco, todo ha navegado en un mar de sosería y mediocridad con toros deslucidos y sin bravura ni raza, que pasaban por pasar, nula emoción, y con un Manuel Jesús "EL Cid" que tampoco es que haya puesto mucho más que su lote, algo en el segundo, muletazos sueltos recordando algo de lo que fue, y nada ante el manso y rajado cuarto, con el que tampoco le vi especialmente confiado ni con excesivas ganas. tampoco. Álvaro Lorenzo tuvo opciones con dos toros que iban y venían deslucidos y sosos, sin decir nada. Tan solo las verónicas de saludo al tercero tuvieron eco, lo demás no pudo ser. Lo intentó el toledano por ambos pitones pero la sucesión de muletazos no llevaba a ninguna parte, el toro iba con la cara alta y en una colada desistió y se fue a por la espada, abreviando. El quinto fue un calco, así que lo mejor es pasar página y pensar que vendrán ocasiones mejores que las de esta tarde en la que Iván García volvió a desmonterarse una tarde tras cuajar un tercio de banderillas majestuoso en el tercero, ganándole terreno para cuadrar en la cara con infinita pureza y dejar los palitroques reunidos, además de bregar en el quinto con una maestría absoluta pero quedando en un inexplicable silencio. No entiendo, sinceramente, que nadie haya apreciado esa brega. Pero así pasa a veces, el tedio lleva a eso, la gente se desentiende tanto como los toros. Al menos a Raúl Caricol sí se le brindó la merecida ovación por su gran tercio de banderillas al cuarto, debieron despertar de la anestesia de la tarde en ese momento. Mañana más y espero que mejor.

Antonio Vallejo 

sábado, 16 de mayo de 2026

7ª de San Isidro: Torería añeja de Urdiales, verdad al natural de Fortes y la cuarta de Fernando Adrián

Otro "no hay billetes" en Las Ventas, y van cuatro de siete si no me equivoco, para ver la que ha sido una muy seria y muy bien presentada corrida de El Torero, de muy variado e interesante juego, para una tarde que ha tenido cabida para muchas cosas,desde el triunfo hasta el dolor, pero en ningún momento aburrimiento, lo que, después de los dos últimos días, ha sido una bendición del cielo. Buenas hechuras, con dos de los toros de especial belleza, el armónico y desafiante primero, y el impactante tercero por su capa, descrita en el programa de mano como "berrendo en negro capirote alunarado", una estampa preciosa, y buen juego en general, destacando sin duda tercero y quinto, el lote de Adrián, por encastados, con mucha movilidad y repetición además del noble y manejable quinto, mientras el segundo resultó muy peligroso, una alimaña, y los que le cayeron en suerte, o mala suerte, a Urdiales, primero y cuarto, los de poca transmisión y entrega.
Lo normal sería comenzar por el triunfador de la tarde, Fernando Adrián, que ha abierto por cuarta vez en su carrera la Puerta Grande, y quien seguro se lleva todos los honores y las portadas de esta tarde, pero no voy a hacerlo. Saben de sobra, mejor aún los que me conocen, cómo entiendo y disfruto el toreo, lo que me disgusta, lo que me gusta y lo que me apasiona. Por eso voy a comenzar por Diego Urdiales, un torero al que admiro por muchas cosas, pero sobre todo por ese poso de toreo añejo que atesora, ese toreo reposado y sentido para uno mismo que te hace crujir con cada detalle, es la calidad, no la cantidad de todo cuanto hace delante de un toro, lo que atrapa y emociona. La faena al cuarto ha sido como uno de esos grandes reservas de su tierra riojana, un vino para degustar poco a poco, despacio, sin prisas, sacándole todos los aromas, apreciando los matices y disfrutando el gusto que deja en el paladar por tiempo indefinido. Era un toro bonito y elegante, muy bien hecho, al que toreó de capote con una finura y clase sublimes por verónicas, con una media de remate repleta de gusto, como fue la faena de muleta, un vino de culto. Toro con nobleza y buen son pero sin demasiada entrega ni emoción, un tanto irregular, ante el que Urdiales estuvo con una torería suprema. Le ofreció el embroque, le bajó la mano y le condujo con suavidad, despacio, sin brusquedades, pase a pase, buscando la colocación, muy puro, primero en redondo, mano baja, para ir encelándolo y sacar lo mejor, que llegó  por el izquierdo, naturales de uno en uno, perfectamente colocado, dándole el pecho, cada uno un crujido, los trincherazos directamente partían el alma, descorchando ante nuestros ojos la mejor botella de la mejor cosecha posible, el toreo eterno, que se saborea en cada pase, en cada sorbo, sin prisa, para que perdure siempre. Mató a este cuarto marcando los tiempos, volcándose sobre el morrillo, hundiendo la espada hasta los gavilanes, arriba, en todo lo alto, la estocada perfecta, candidata sin duda alguna a estocada de la feria. Fuerte ovación con saludos tras una sorprendente y decepcionante escasa petición por parte de los tendidos. Debe ser que a muchos les gusta más el vino peleón o beber a grandes tragos y en cantidad sin apreciar la exquisitez. Yo me quedo con lo poco pero de calidad suprema,  como en el toreo. Con e que abría plaza pocas opciones tuvo Urdiales. Un toro sin entrega, que pasaba y tendía a acostarse sobre todo por el izquierdo y tendía a buscar, de los que parece que te están esperando en un descuido para hacer carne. Tuvo detalles sueltos cargados de sentimiento, pero resultaba casi imposible la continuidad, por lo que abrevió con buen criterio, aquello no podía llegar a nada bueno. Mató con habilidad pasaportándolo a la primera. Todavía tengo en el paladar el regusto de la torería añeja del maestro.
Tremendo el segundo por delante, ¡vaya dos pitones!, en puntas. Buen saludo capotero de Fortes, verónicas ganado pasos, un par de ellas de bellísima factura, con buena respuesta del animal que humilló y repitió con clase. Fue al salir del caballo cuando se llevó por delante al malagueño lanzándolo al aire para caer a plomo y quedarse medio sin sentido. Afortunadamente solo un susto, el primero, porque nada más tomar la muleta, tras los muletazos de tanteo, al tomar la franela con la diestra, de nuevo lo arrolló, esta vez quedándose a merced del astado en unos segundos de angustia entre los enormes pitones que buscaban herir donde fuera, cabeza, cuello, tórax... No sé como pero se repuso y volvió a la cara del toro y por el mismo pitón. A partir de ahí todo fue contener la respiración, en cada pase medía y miraba, las intenciones eran claras, inmenso valor y mérito de Fortes al aguantar lo que aguantó. Por fin se dio cuenta que era imposible y cortó por lo sano quitándoselo de en medio con una certera estocada, que me da igual donde cayera, misión cumplida. Atendido y operado en la enfermería de una cornada en un gemelo, según el parte facultativo, salió de nuevo a matar al quinto, al que recibió también por buenas y templadas verónicas, como si nada hubiera pasado, increíble lo de estos hombres. Primeros compases con la diestra, por bajo, llevándolo largo, toro con nobleza y que obedecía, buen son. Pero fue por el izquierdo, tras un cambio de mano portentoso por donde rompió a embestir. Tandas de naturales con la muleta planchada, echándosela delante, enganchando la embestida para conducirla con temple y profundidad, ni un toque, una delicia que se transformó en exquisitez cuando a pies junto le dio el pecho y uno a uno, con una colocación perfecta, con una verdad difícilmente inigualable, tirando del toro con suavidad, sacó naturales de ensueño que pusieron a la plaza en ebullición. Y además un valor brutal, porque le dio todas las ventajas al de El Torero, que a punto estuvo de volver a llevárselo puesto, pero ni se inmutó, lo que aumentó más si cabe  la emoción con la que se ha vivido el toreo al natural del malagueño. Mató de una magnífica estocada y cobró una oreja de ley y mucho peso por una faena de muchísima importancia.
El triunfador numérico de la tarde fue Fernando Adrián, que suma ya cuatro Puertas Grandes, que cortó dos orejas, una a cada uno de su lote, que bien podrían haber sido tres porque el tercero, para mi, era un toro para irse al arrastre sin orejas. Precioso toro, como ya he comentado, al que recibió doblándose por bajo en lances largos y una media de calidad. Poco más tarde fue Urdiales quien dibujó al aire madrileño un quite por verónicas absolutamente delicioso mostrando las cualidades de este toro exigente, la movilidad y la repetición. Sin probaturas, directamente, se puso a torear por el derecho, dándole mucha distancia, para aprovechar la movilidad y velocidad del toro, que además repetía incansable pero sin acabar de entregarse. Primeras tandas vibrantes y con mucha emoción por ese pitón, ligadas por la tremenda inercia del toro, todo muy deprisa, le pegó un par de cambiados por la espalda de vértigo y mucha transmisión. Cambió al izquierdo, una par de toques a la muleta y el panorama cambió, ahí se vio la falta de entrega del toro, que si bien se movía mucho, lo hacía sin entrega. Quizás hubiera sido bueno haber probado a doblarse  de inicio, sometiéndole, para después poder poder reducir la embestida, templar y moderar la velocidad. A lo mejor por ahí hubiera ganado más, porque la cosa empezó a ponerse en contra por parte del sector más crítico que me da la impresión que le tiene tomada la matrícula y le afeó la colocación y no bajar más la mano. Yo también creo que ese toro podía haber lucido mucho más con otro trato, todo era demasiado rápido, aunque es innegable que la faena tuvo la emoción de esa movilidad. El caso es ala natural bajó el nivel claramente y en mi opinión fue a menos, aunque levantó los ánimos con unas bernadinas de escalofrío antes de dejar una entera algo contraria que hizo que se demorara la muerte de este exigente tercero. Una oreja. La otra vino con el que cerraba plaza, que a punto estuvo a punto de llevarse puesto al madrileño, los pitones en la mismísima barriga, avisaba el de El Torero. En el turno de quites de nuevo Urdiales derramó torería con una s verónicas suavísmas meciendo al toro como si quisiera dormirle, una auténtica delicia. Curro Javier era el encargado de colocar las banderillas, le apretó en el primer par, mucho, segundo aviso. En el tercer par ya no hubo aviso, directamente enganchó al buen banderillero, lo lanzó a aire y le corneó repetidas veces en unos segundos escalofriantes donde nos temimos lo peor. Fue llevado a la enfermería y el parte médico deja a las claras que fue un milagro que salvara la vida, puntazos en región lumbar, cara interna del muslo izquierdo y externa del derecho, contusión en bolsa escrotal y erosiones y contusiones múltiples. Lo dicho, estuvo bajo los pitones demasiado tiempo, San Isidro tuvo que echar el capote que nadie había echado antes con más prontitud y diligencia. La faena de muleta tuvo cierta similitud con la anterior, pero esta vez con más temple y despaciosidad. Primeros compases por el derecho, esta vez sí probándolo por bajo, tandas en redondo más pausadas y de más calidad, toreo en línea curva, no en la recta de su anterior, pasando al pitón izquierdo por donde el animal rompió y los naturales surgieron mucho más reposados y con más limpieza que en el tercero, ligados por bajo, algunos muy hondos,  aunque se le censuró de nuevo la colocación, a veces con razón al quedarse fuera, pero otras no, porque es cierto que para encontrar la ligazón en algunas tandas es absolutamente imposible estar siempre cruzado. Es lo de siempre, ya sabemos lo que pasa en esta plaza. Fue a menos y recurrió a las cercanías, metiéndose entre los pitones con un toreo más efectista que fundamental, pero elevó de nuevo los ánimos del respetable antes de  matar de entera tendida y cobrar otra oreja con división de opiniones para salir a hombros camino de la calle Alcalá. 

Antonio Vallejo 
 

viernes, 15 de mayo de 2026

6ª de San Isidro: Vergüenza torera de Luque entre las ruinas


 Justo antes de arrancar el paseíllo de la novillada de este pasado martes me dijeron personas muy metidas en los entresijos de esta plaza que de la corrida del jueves, es decir, hoy, la de El Parralejo, solo habían pasado el reconocimiento dos toros de todos los desembarcados, y que el rebote del ganadero fue tal que directamente los subió al camión y, hala, de vuelta a Huelva. Y también me dijeron que muy posiblemente se sustituyera por una de Vellosino. ¿Saben cuál fue mi respuesta cuando me recuperé del asombro de la información?: "¡Estamos apañaos!", y no me equivocaba. Primero, que es raro que solo dos toros pasaran el reconocimiento de una ganadería que venía de dar una extraordinaria tarde de toros en Sevilla, y por lo que me dijeron había cosas chocantes en ese reconocimiento. Y segundo, que a cambio trajeran los de Vellosino, que  precisamente no es de las que mejor cartel tiene en Madrid, más bien está en especie de "lista negra" de ganaderías. Quien sea la cabeza pensante de todo esto, desde luego, se ha lucido... o hay otros motivos que desconocemos para que lo que ha salido hoy por la puerta de toriles sí haya pasado el reconocimiento. 
Una corrida que ha sido un petardo más grande que toda la mascleta. Seis toros sin fondo ni fuerzas, ni una gota de energía ni empuje, cero poder, carentes de todo, distraídos, sin fijeza, sin entrega, sin movilidad, sin recorrido, sosos, deslucidos, descompuestos, nula emoción y ninguna opción para nada. Uno tras otro iban saltando al ruedo venteño, cada cual peor, que han provocado el más absoluto aburrimiento y el hartazgo de unos tendidos abarrotados - otro lleno - que en vez de una tarde de toros lo que vieron fueron auténticas ruinas.
Ponerme a contarles una tarde como la de hoy no merece la pena, sería añadir aún más penurias a las ya padecidas bajo el frío y el viento, así que mejor ahorrar detalles. Decir que bastante tuvieron Sebastián Castella y David de Miranda con mantener su lote en pie, toros que se venían abajo con estrépito, que pasaban por la muleta porque estaban allí, iban y venían sin más, a pesar de los intentos de ambos espadas por sacar algo de ese pozo vacío. Era imposible. Bien hizo Castella en tirar por la calle de en medio con el primero que no se tenía en pie, literalmente, y ojalá hubiera hecho lo mismo con el cuarto al que recetó un trasteo de un metraje excesivo, pases y pases intentando mantener  en pie con la muleta a media altura a un toro que era soso y desganado a más no poder. Tanto alargó de manera innecesaria a mi entender, que estuvo a escasos segundos de escuchar el tercer aviso al demorarse la muerte del animal por el desacierto con los aceros. David de Miranda poco más o menos, que quiso poner chispa con unos estatuarios muy toreros en los primeros compases de faena con el tercero, pero sin continuación por su falta de celo y  fijeza, otro que iba al tran-tran , sin gracia alguna, sin decir nada, pero que al lado de lo que fue el que cerró plaza casi podría decirse que era buen toro y que hasta tuvo emoción. Imagínense lo que fue, un espanto ante el el que el onubense se estrelló a pesar de intentarlo de todas las maneras, un toro que no es que tuviera poco recorrido, es que directamente no pasaba, algo horripilante. 
No se crean que el lote de Daniel Luque fue mejor, ¡que va!, más o menos igual, pero entre esas ruinas emergió la figura del sevillano que dio una lección magistral de técnica y poder. Al segundo lo mimó sobremanera, le dio la altura y el ritmo que precisaba, muchas pausas, porque no daba para más, iba con lo justo o menos, y así, a base de cuidarlo y mantenerle en pie, consiguió meterle poco a poco en la muleta, sin obligarle pero atacando él para llegar a pegarle cuatro naturales soberbios sacados de la nada que fueron magia pura. No tuvo más ese toro que acabo viniéndose abajo, como era de esperar, a pesar del magnífico trato que le concedió Luque. Fue en el quinto, un mastodonte de 610 Kg que no podía ni con el alma, donde la vergüenza torera del de Gerena tomó el mando y dijo basta a lo que estaba pasando en Madrid. Primero con el capote en unas verónicas a pies juntos deliciosas, más tarde con un quite por chicuelinas que parecían imposibles, y finalmente en la muleta con otra lección de conocimiento, paciencia y capacidad. Dos trincherazos al inicio de la faena marcaron la pauta de lo que iba a venir, poco a poco, con calma, todo muy suave, caricias para no lastimar a un toro que iba con la reserva encendida, sometiéndole un poquito en cada muletazo, acortando las distancias para acabar por bajo y tejer tandas muy cortas, el animal aguantaba lo justo, pero profundas y de mucha emoción, un auténtico milagro obrado por el inmenso saber y hacer de este pedazo torero. Mató de manera certera y fue despedido con ovación en ambos más petición insuficiente en el quinto en reconocimiento a una tarde de mucha importancia entre las ruinas de Vellosino.

Antonio Vallejo

jueves, 14 de mayo de 2026

5ª de San Isidro: Partido de Resina, tremenda decepción

Había mucha expectación por ver esta corrida de Partido de Resina (antes Pablo Romero) tras 8 años sin venir a San Isidro, que no a Madrid, ya que lidió una corrida completa fuera del serial en la temporada 2019 y participó en las corridas concurso de ganaderías los años 2023, 2024 y 2025, año en el que también estuvo presente en un desafío ganadero con Monteviejo, dejando en todas esas ocasiones una magnífica sensación además de magníficos toros para el recuerdo. Solo había que ver el excelente aspecto de los tendidos de La Monumental en esta tarde en la que por fin el viento frío y la amenaza de lluvia parecen esfumarse de la capital. Bastante más de tres cuartos, de plaza, algo más de los tres cuartos de la extraordinaria novillada de ayer, para ver estos toros  a los que les pasa como a los miuras,  que con tan solo oír su nombre, los pabloromeros, se echa uno a temblar por su leyenda de exigentes, correosos, duros, fieros y peligrosos, algo que ha provocado que desde finales del siglo XIX que data su procedencia haya sido uno de esos encastes de los que las figuras huyen. No ha sido así esta tarde, desde luego. Desgraciadamente ha sido una corrida sin fondo, sin bravura, sin raza, sin entrega, sin movilidad, incluso tirando a mansa, ná de ná que diría aquel. Y lo peor de todo, que ha llevado al aburrimiento, al tedio absoluto ante la falta de la mínima emoción. Eso sí, la presentación ha sido buena, solo faltaba que no, entonces apaga y vámonos, y ha sido una corrida muy seria, toros ofensivos, terminados en puntas, auténticos puñales, y con enorme presencia. Aunque también digo una cosa, salvo el segundo, todo un tío el imponente cárdeno, que ha sido fuertemente ovacionado de salida por sus hechuras, los demás ningún aplauso, saquen ustedes sus propias conclusiones. Es lo que le faltaba a la tarde para completar el círculo de la decepción. Decepción que ha sido mayúscula en el tercio de varas que en estas corridas llamadas toristas se convierte en el epicentro del espectáculo y en el que más se exige colocar a los toros en largo, medir las arrancadas y valorar la entrega en el caballo. Pues ni eso ha habido. Tan solo recuerdo un puyazo sensacional de Israel de Pedro al tercero de la tarde, del resto muy pobre la pelea en el peto, les costaba un mundo arrancarse, ponerles en largo para que fueran era una utopía, y cuando se les colocaba más cerca para que al menos fueran al caballo algunos sectores se levantaban airados, protestando algo que era imposible a todas luces, ¿es que no veían que no se movían y querían poca pelea y no había manera de picarlos si no se hacía así?. Y cuando por fin lo hacían no se han empleado, han empujado muy poco, se han quedado la mayoría dormidos en el peto, y se ha oido mucho el estribo. Una pena porque el tercio de varas es de una emoción intensísima cuando el toro se arranca y se ejecuta bien. Igual que digo en varas podría decir lo mismo del juego en el capote, nulo, no han permitido lucimiento, tan solo brega, era lo único posible y lo que había que hacer con estos toros, del tercio de banderillas, poca movilidad, más bien parados, esperando y cortando, tan solo dos grandes pares de Miguelín Murillo al primero, los de Fernando Sánchez, ¡cómo no!, al primero y cuarto, y los de Delijorge al segundo, y de la muleta, en donde no han tenido entrega alguna, escaso recorrido, reponiendo y volviéndose a medio muletazo, sin transmisión ni emoción.
Con esto se han encontrado Antonio Ferrera, Calita y Jesús Enrique Colombo, difícil papeleta de la que el que ha salido mejor parado ha sido Ferrera, que ha demostrado su gran capacidad lidiadora, una constante a lo largo de su extensa carrera, y una maestría y unos recursos fruto de su veteranía. Tenía claro que no eran toros para lucirse de capa. Pues a bregar, a echarles el capote abajo, andarles hacia atrás y someterlos, además de un par de recortes con mucho gusto para colocarlos ante el caballo. No había más que hacer, y lo ha hecho muy bien. En la muleta también lo tuvo claro, técnica de maestro veterano ante el primero, consintiéndole, dándole pausas, sin someterle en demasía, muletazos sueltos, la ligazón era imposible, el toro pasaba por allí desentendido, iba y venía sin entrega, llegando a dibujar algunos muletazos con la diestra con enjundia, tirando del toro, faena de quien ha batallado mucho con este tipo de toros y tiene un conocimiento del toreo fuera de toda duda. Mérito silencioso el del balear en este primero falto de emoción. Más mérito aún con el cuarto, sacando de nuevo a la luz sus recursos y capacidad lidiadora. Le concedió la altura y las distancias, todo se lo hizo a favor, con enorme técnica, llegando a robar, mejor dicho, a arrancar, un par de derechazos y cuatro naturales sensacionales por profundos y largos, maravillosos, tirando del toro, ganándose el respeto y el reconocimiento del público que  a la muerte de este cuarto le tributó la única ovación de la tarde por su meritoria actuación rubricada con sendas estocadas certeras. El único pero a su buen hacer, que quizás el metraje de ambas faenas fue excedido, cierta brevedad en estos toros en los que la emoción está casi ausente se agradece. 
Pocas opciones tuvieron el mexicano Calita y el venezolano Colombo con sus lotes. Calita se las vio con un segundo que aunque no tenía mal embroque luego no pasaba, y si lo hacía era por encima del palillo, nula entrega, sin emoción alguna, y con un quinto descastado y deslucido a más no poder, que no transmitía nada. Tiró de técnica en ambos pero en ningún momento tomó vuelo, y con los aceros anduvo algo desacertado. Colombo puso toda su voluntad con un tercero que de salida parecía que tenía movilidad y cierta raza pero que se fue apagando. Le colocó los tres pares fiel a su estilo más espectacular que puro, algo acrobático podría decirse, con diferente acierto o desacierto, según el sector del público, unos le aplaudían, otros le censuraban por ir un tanto a toro pasado y llegó a la muleta midiendo y pasando porque tenía que pasar, sin emplearse lo mínimo, sin emoción alguna. Puso ganas y entrega, trató de tirar del pabloromero, pero no llegó a los tendidos. Peor se le pusieron las cosas con el que cerraba plaza, un animal infumable, manso y sin un pase. Fue en banderillas, se disponía el venezolano a poner los tres pares, el toro no quería saber nada, distraído, parado, sin atender a las llamadas del matador. Tenía que hacerlo todo él, estaba claro, pero no era nada fácil y dudó ante los parones y amagos de arrancada pasando en falso varias veces sin acabar de decidirse, incapaz y desbordado, sin saber qué hacer, ni que terrenos podían ser los propicios, sin ideas, lo que fue enervando al personal cada vez más, era tarde, las nueve y cuarto y la corrida pesaba ya mucho, el cansancio y el aburrimiento eran evidentes y la bronca creció. Desistió Colombo y entregó los garapullos a su cuadrilla dejándoles el marrón, lo que me ha gustado poco y me parece incluso una falta de respeto hacia ellos. Pasaron las de Caín, incapaces de clavar los arpones, una pasada y otra, de cualquier manera valía, de lado, de una en una, como fuera, pero que quedaran cuatro palos clavados y a otra cosa. No sé si fueron cuatro o cinco las veces que los banderilleros lo intentaron en medio de la bronca, pero viendo que aquello iba de mal en peor el presidente sacó el pañuelo blanco y entonces se armó la mundial al cambiar el tercio contrariamente al reglamento, muy mal hecho, totalmente de acuerdo. Pero reconózcanlo si alguno de los que lee esto estaba en la plaza, que en el fondo se lo agradecimos, aquello era un espectáculo lamentable, impropio de la plaza de Madrid, bochornoso.... pero las horas eran las que eran y estábamos un poco hartos, por lo que, digamos, hicimos la vista gorda y agradecimos que se pasara a lo que no fue faena, el horno no estaba para bollos y Colombo, tras lo ocurrido, lo único que podía y debía hacer a ese toro que no valía para nada era abreviar y pasaportarlo lo más rápido posible, porque cualquier intento de algo iba a ser peor, como lo fue. 
En fin, que es una lástima que un hierro y un encaste legendario haya pasado de esta manera tan triste por San Isidro, pero no me sorprende, la verdad, ya estamos acostumbrados a muchas tardes como esta cuando el torismo asoma. Tremenda decepción.

Antonio Vallejo

miércoles, 13 de mayo de 2026

4ª de San Isidro: Álvaro Serrano y Montealto, la gloria

¡Qué novillada la de Montealto! y ¡qué novillero Álvaro Serrano! Una tarde plena en la que el toreo se ha mostrado en toda su dimensión. Siempre hemos dicho que el pilar fundamental de nuestra Fiesta es el toro. Pues bien, la novillada que el ganadero madrileño D. Águstín Montes ha seleccionado y traído a Madrid ha sido ese pilar sobre el que se ha cimentado la tarde. Seis novillos de excelente presentación, de una belleza extraordinaria, de magníficas hechuras, auténticas láminas para enmarcar, imponentes por delante, tremendamente ofensivos, pero sin exageraciones ni estridencias, perfectamente proporcionados, que además han reunido bravura, casta, nobleza, clase, movilidad, repetición, transmisión y mucha emoción. Enhorabuena al ganadero por el excelente trabajo en el campo, dedicación, esfuerzo y sacrificio que hoy ha tenido su recompensa. Pero claro, de nada vale todo lo dicho si delante no hay un torero, un joven novillero madrileño, Álvaro Montes, que con mucha verdad, sinceridad y entrega, además de clase y gusto, tenga la capacidad técnica y artística de entender y aprovechar todas esas condiciones para componer dos faenas maravillosas que han desbordado la pasión en Las Ventas. Había escuchado y leído maravillas acerca de este novillero, concretamente tras la novillada del 1 de mayo, pero no le había visto torear. Me ha impresionado de principio a fin sus ideas claras, su seguridad, su firmeza, su colocación, su dominio, sus recursos, tanto como su actitud, las ganas de ser torero, la ambición por llegar a ser uno de los grandes. De verdad se lo digo, hacía mucho, pero que mucho tiempo, que no tenía esa sensación de estar viendo un novillero con algo distinto, ese famoso pellizco que pocos pueden generar y que, me da la impresión, lleva dentro este madrileño de Navas del Rey. Desde que ha tomado el capote para recibir al tercero ya he sentido ese pálpito. Han bastado unas verónicas excelsas para poner todos los sentidos en alerta, y eso que ya había apuntado su extraordinario toreo de capa con un quite por chicuelinas ajustadas con firmeza y valor al segundo. Luego ha venido otro quite también por verónicas a la salida del caballo, y por si fuera poco, la réplica a las gaoneras de Tomás Bastos con uno por delantales rematados con una brionesa para morirse, seda pura, templados, suaves, delicados, puro ballet ante lo imponentes pitones,  para rubricar el recital con un precioso quite por caleserinas al quinto cargado de sentimiento y ese recurso que se ha inventado cuando el sexto le apretaba en tablas, en un enganchón a punto está de desarmarle y en lugar de soltar el capote o agarrarlo de mala manera y tirar de él con ambas manos como una gran mayoría hubiera hecho, se saca de su imaginación o inspiración una serpentina llena de arte. Díganme como se entiende eso, más propio de un torero con experiencia y mucha clase. Tiene algo especial que invita a soñar, no encuentro otra explicación, eso no es suerte o casualidad sin más.  Y con la muleta, ¡ay con la muleta!, ¡lo que ha sido!. Ni el viento que tanto ha molestado y complicado las cosas en el tercero ha podido con el madrileño. Novillo encastado y exigente, con movilidad, al que entendió a las mil maravillas. Mucho mérito y valor al citarlo en largo y, a pesar del viento que le descubría, redujo la embestida en el embroque y le bajó la mano en unas tandas en redondo profundas, con recorrido, ligadas en el sitio, de intensa expresión y emoción. Por el izquierdo fue más  complicado, se venía por dentro, arreaba y el viento empeoraba el panorama, propiciaba algunos enganchones y mucho riesgo, pero trazó naturales de mucha firmeza, mando y hondura, sin encojerse, con mucha personalidad, más propia de un veterano que de un novel en el toreo. A ese valor añadió la estética del final rodilla en tierra para rendir a sus pies a unos tendidos que vibraron con olés nacidos del alma y que estallaron al ver como se tiraba a matar sin miedo a nada para hundir la espada y pasaportar al de Montealto. Una oreja de ley. El culmen llegó en el que cerraba plaza con una faena rotunda y redonda, prologada con unos ayudados de una elegancia sublime hilvanados a un derechazo rodilla en tierra larguísimo y un pase de desdén celestial, en la que por ambos pitones mostró una dimensión de torero hecho. Toreo caro, templado, con desmayo, todo por bajo, ligado con un gusto y una torería inmensa, perfectamente acoplado a un novillo bravo, noble y con mucha clase que además repetía con celo y codicia, humillando. Series de derechazos y naturales con Madrid rugiendo, una tras otra, a cual mejor, rematadas con unos de pecho larguísimos, de pitón a rabo, u otros a la hombrera contraria, hubo para todos los gustos, todos magistrales, con un final que hacía soñar con todo, por bajo, como a mi gusta, trincherazos eternos y unos ayudados por bajo repletos de sabor. Otra vez se volcó a matar, tanto que incluso la espada cayó algo contraria, quizás por eso tardara en doblar el magnífico novillo. Bueno, eso y que el encargado de apuntillarlo lo levantó dos veces y a punto estuvo de arruinarlo todo porque se rozó el tercer aviso. Pero dio igual, un mar de pañuelos blancos, una oreja y fuerte petición de la segunda, que me habría encantado que se le hubiera concedido, la verdad. Y petición a la vuelta al ruedo para el novillo, que también me habría gustado, no solo por ese sexto, sino en reconocimiento a toda la extraordinaria novillada de Montealto.
En cuanto al portugués Tomás Bastos y el sevillano Martín Morilla se podría decir que han tenido una actuación pulcra y aseada, técnicamente bien pero quizás un tanto "de escuela". Me explico, han hecho bien las cosas, han tenido pasajes de buen toreo, con profundidad y ligazón, corriendo bien la mano, pero quizás haya faltado más ritmo, ambos un poco irregulares, aunque, repito, han mostrado buenas maneras aunque sin acabar de romper y llegar a los tendidos con fuerza. A eso habría que añadir que por las buenas condiciones de sus novillos,  nobleza, movilidad, repetición, se les pedía un poco más. Solo un detalle, cinco de los seis lidiados han sido fuertemente ovacionados en el arrastre, lo que dice mucho a la hora de valorar la actuación de ambos novilleros por parte de los aficionados, silencio.
Tan solo el apunte de todos los días, hoy en la figura de Iván García que ha colocado dos pares monumentales al primero y ha lidiado con una maestría suprema al cuarto, impecable, ni un capotazo de más, cuidando perfectamente al novillo, llevándolo siempre por bajo o a punta de capote, además de estar pendiente de detalles como el ir sacar la espada al primero para acelerar su muerte ya que tardaba en doblar tras una buena estocada de Bastos. Pude parecer una tontería, pero dice mucho de la profesionalidad y el saber de quien fue matador. Y también Héctor Vicente, que en el tercio de varas al sexto ha agarrado dos puyazos sensacionales que le han valido para despedirse con una fuerte ovación de una plaza llena en más de tres cuartos de entrada y que ha sentido en el fondo del alma la intensa emoción del toreo.

Antonio Vallejo