sábado, 6 de junio de 2026

25ª de San Isidro: Petardazo, verdad y un milagro

Petardazo, el ganadero, en nada se ha parecido la corrida de Juan Pedro Domecq a la de La Prensa del pasado 28 de mayo con la salida a hombros de Diego Urdiales. Seis toros y un sobrero de Montalvo lidiado como segundo bis por la manifiesta, exagerada, invalidez del titular, sin fondo, ni rastro de bravura, sin entrega, nula humillación, sosa y deslucida, muchos desentendidos, con escasa fijeza, descompuestos en la embestida y justita de fuerzas, varios cogidos con alfileres, quizás con la excepción del quinto, con un punto de encastado, o quizás de mucho genio, mucha mala leche y un peligro sordo que muchos han tardado en ver, hasta que enganchó a Clemente y lo mantuvo colgado del pitón derecho durante unos segundos que se hicieron una eternidad para caer a plomo y quedar aparentemente inerte sobre la arena. Verdad, la del francés Clemente, que durante toda la tarde, con más o menos acierto, ha tirado la moneda al aire y se ha mostrado decidido, firme, comprometido y muy seguro, hecho un auténtico tío, sin ocultar nada, repito, todo verdad. Y un milagro, que tras los segundos de angustia, verle como se llevaba la cuadrilla al matador a toda prisa camino de la enfermería, cuando parecía que la cornada en el muslo era muy grave, todo haya quedado en una luxación de codo. De nuevo San Isidro como salvador echando su capote desde el cielo, o a lo mejor la  muy cercana presencia del Papa León XIV que ya sentimos los madrileños y que nos llena de alegría. Sólo así se puede explicar. Creo que esto resume lo que ha sido esta tarde en la que por decimosexta vez se ha colgado el cartel de "no hay billetes" dejando bien claro que, como decía con tanto acierto el lumbreras de  Urtasun, los toros no tiene ningún interés.
Corría el quinto de la tarde, se fue Clemente a porta gayola para recibirlo, asomó un alto, grandón, altivo y desafiante con los pitones apuntando al cielo toro negro se lanzó como un trolebús sin frenos hacia el de Burdeos, directo, salvándose en la larga cambiada al echarse cuerpo a tierra y soltar el capote, que fue lo que distrajo al juampedro y le salvó. Señal inequívoca de que ese toro era un prenda de mucho cuidado. De mucho mérito los lances con el capote, llevándoselo a los medios para rematar con una buena media. En la muleta un toro de cara o cruz, al que había que poderle para frenar sus ímpetus y su genio, encastado, que soltaba la cara por las nubes, afeitándole la cara a Clemente un par de ocasiones. Sin dudas y con firmeza  tragó las tarascadas, se cruzó al pitón contrario con enorme compromiso, tiró la muleta abajo  y logró meterle en los vuelos, derechazos con profundidad  a cada cual más peligroso por la aspereza del juampedro, que rebañaba todo lo que tenía a su alcance. Fue una batalla sin cuartel, el toro pedía que se le hiciera todo por abajo y bien colocado y el torero quería hacerlo todo, y lo hizo, por abajo, hasta que al cruzarse para colocarse con mucha verdad, apartó un segundo la muleta y Soldador, así se llamaba el prenda, recordó lo de salida y se fue directo a por él. Con lo dramática que pareció en la plaza la cogida resulta que el pitón entró por la taleguilla en la parte interna del muslo izquierdo, se deslizó sobre la piel y salió por la misma taleguilla pero en su parte externa. ¿Es o no un milagro?. Uceda Leal se encargó de pasaportar al toro sin contemplaciones de una certera estocada en el silencio de una plaza sobrecogida.
Uceda Leal poco pudo hacer con un lote de mínimas opciones. Un primero que casi no se tenía en pie y pasaba en la muleta, si a lo que hacía se le puede llamar pasar, con una sosería desesperante ante el que abrevió con acierto. Y un cuarto al que al menos pudo lancear con el capote por verónicas ceñidas con mucha clase, templadas, y enorme mérito porque el toro tenía escaso recorrido y se vencía, para abrochar este saludo con tres medias cargadas del sabor y los aromas que siempre han impregnado su toreo elegante. Los primeros compases con la muleta fueron torería pura, genuflexo, por bajo, llevándolo muy metido en la franela, rematados con un trincherazo que por sí solo vale una entrada. Poco concedió este toro que embestía rebrincado, con la manos, en un trasteo irregular en el que la continuidad era casi imposible, quedándose corto aunque intentara tirar de él, obligándole a perder un par de pasitos desluciendo todo y, claro, así es difícil llegar a los tendidos, pese a los intentos de hacer bien las cosas, con pureza y ese porte de torero que lleva innato, cruzándose y tratando de conducirlo por bajo, pero no hubo manera. Tras la muerte de este quinto escuchó cariñosas palmas de reconocimiento a su disposición y buenas maneras en ambos toros.
De Pablo Aguado, que quieren que les diga, que lo que más me preocupa ha sido verle sin ideas y sin encontrar su sitio. Sus dos toros han mantenido el mismo tono y han tenido condiciones muy similares a los relatados, pero sí creo que se les podía haber sacado algo más si al menos hubiera tenido la sensación de ver que se les administraba otro trato. O a lo mejor no, pero esa es la sensación que me queda esta tarde. El sobrero de Montalvo que lidió como segundo bis no dio opciones, sin entrega, pero además con sentido desarrollado. En ningún momento se encontró Aguado, desconfiado, sin buscar otra teclas que tocar para ver si por ahí podía ir el toro. Igual con el sexto, complicado por su carácter rerservón, de nuevo desubicado, echando en falta más decisión por echar la muleta abajo y probar si al menos tenían intención de humillar. Pero no, todo lo planteó a media altura, y todo fue a menos y decepcionante. No sé si los tres avisos del día 21 le siguen lastrando, pero lo cierto es que hoy le he visto incapaz y sin intentar nada para tratar de sacar al menos algo en limpio de sus toros. 
En medio de este petardazo al menos hemos tenido destellos, instantes en los que hemos conseguido levantar el ánimo y vibrar, como el quite por chicuelinas acompasadas por parte de Clemente al primero, los delantales de Uceda Leal en su quite al tercero, preciosos, cadenciosos, con porte torero, al que replicó Aguado con otro por chicuelinas acompasadas, muy sentidas, de mucha belleza, el único momento en que vi al Pablo Aguado que quiero ver. también destellos de enorme magnitud los pares de Iván García al sexto, que se le paraba en la cara, esperándole, pero al que el sensacional banderillero dejó reunidos los garapullos con una pureza fuera de serie, asomándose al balcón, saliendo del embroque con una torería difícil de igualar y que le hacen más que candidato a llevarse todos los premios al mejor par. Como tampoco tengo dudas que también se lo llevará en la brega, la de hoy al tercero ha sido, un día más, portentosa, igual que los dos pares de Fernando Sánchez al primero y cuarto, marca de la casa, nada nos extraña. Y por último el extraordinario tercio de varas protagonizado por Manuel Jesús Ruíz "Espartaco" en el tercero, citándole en largo, agarrando dos puyazos delanteros sin rectificar y con una medida del castigo perfecta, lo que le ha valido para retirarse entre las clamorosas ovaciones de todos y cada uno de los tendidos por los que pasaba. Creo que también los premios al mejor tercio de varas pueden tener ya dueño. Pero entre todos los destellos que puedan quedar en la memoria de esta tarde, sin duda, me quedo con el milagro del cielo. ¡Gracias, Señor!

Antonio Vallejo
 

viernes, 5 de junio de 2026

24ª de San Isidro: Emilio de Justo, maldita espada, Víctor Hernández, extremo valor

La espada, Emilio, la maldita espada, ha echado por tierra dos orejas y la que podía haber supuesto tu sexta Puerta Grande en Las Ventas, algo únicamente al alcance de los más grandes. Pero, aunque me tachen de loco por decirlo, "sólo" ha arruinado una estadística, otra Puerta Grande, números, dos orejas, que significan mucho, sí, pero que no son nada en comparación a lo que nos has hecho vivir y vibrar esta tarde en dos faenas sensacionales a dos no menos sensacionales toros de Jandilla. Cuando uno concibe el toreo desde el alma, cuando uno sueña  y se abandona al toreo eterno, todo lo demás es accesorio. Se te habrá escapado el triunfo, pero has alcanzado la gloria del sentimiento y  la emoción. Dos toros y dos faenas de muy diferente registro, primero y cuarto, que han pasado de puntillas por los primeros tercios, si bien el primero apuntó su clase en le capote y hundiendo la cara en el peto y el cuarto su movilidad y recorrido  en banderillas, pero que han roto en la muleta. Uno de clase descomunal, el primero, Opaco, que ha humillado y repetido con celo y codicia en una muleta que ha barrido la arena por ambos pitones. El inicio de faena desprendía torería por todos los rincones, genuflexo, por bajo, muletazos de trazo largo, cargados de sentimiento y una belleza sublime, prólogo maravilloso del caudal de temple, profundidad y gusto de un Emilio de Justo toreando para sí, relajado, en tandas en redondo  ligadas muy despacio, algunos muletazos parecían fotografías detenidas en el tiempo, en el sitio, todo por abajo, enroscándose al jandilla que perseguía la franela y repetía con celo, humillando, eso es poco, hundiendo el hocico en la arena, con recorrido, una oda a la bravura. Pero ha sido al natural donde la emoción se ha desatado, desenfrenada, ante la hondura superlativa de los muletazos, jugando las muñecas con suavidad, trazo largo y exquisito, suavidad en los vuelos que embarcaban a Opaco en un baile en el que ambos, toro y torero, se entregaron sin reservas en tandas de una despaciosidad y una plasticidad fuera de serie. Entre medias remates por bajo, trincherillas de cartel, pases de pecho vaciándose, un canto al toreo eterno. Pero la espada, ¡ay la maldita espada!, y el descabello, ¡maldito descabello!, ha arruinado una oreja, pero no lo que me ha llenado el alma, eso queda para siempre. Quedaba el cuarto, Lacerado, otro que pasó despercibido y sin definir en los primeros tercios pero que en la muleta rompió , o lo hizo romper, Emilio de Justo. Si en el anterior fue la clase, el buen gusto, la torería, lo que lo definió, en este ha sido el mando y el poder del cacereño. Toro con movilidad y mucho brío, de galope alegre, arrancándose a la muleta que le presentaba de Justo adelantada, reduciendo la embestida, corriendo la mano en por bajo, muletazos por el derecho de trazo largo y mucha profundidad cargados de emoción, temple extraordinario, ni un toque a la muleta, acompasado a la embestida, lección de técnica y capacidad. Fue también al natural donde la faena alcanzó las más altas cotas de transmisión, dando el pecho, la muleta planchada y delante, muy templado, corriendo la mano hasta vaciar la larga y humillada embestida de Lacerado que repetía incansable con intensa emoción por su codicia y brío, con el hocico haciendo surcos en la arena venteña. También hubo molinetes, trincherazos y algunos de desdén con gusto y sabor, y no digo que fueran accesorios o prescindibles, ni mucho menos, pero en este toro lo realmente partía el alma era el toreo fundamental, ese es el que guardaremos en la memoria y el que nos hizo crujir. Y otra vez la espada, la maldita espada, evaporando lo que llevaba camino de otra oreja. Pero el toreo de Emilio de Justo  jamás se podrá evaporar y diremos en el futuro "¿te acuerdas de aquella tarde de junio en Madrid?". ¡ Qué bonito y grande es eso!.
Tambien hablaremos de un madrileño, Víctor Hernández, que ha hecho una exhibición de entrega, compromiso y  extremo valor ante el que cerraba plaza, una uténtica alimaña, un cabrón con pintas, un hidepumás orientado que una brújula, con sentido más que desarrollado, reservón, mirando, midiendo y probando en cada embestida. No había apenas tomado contacto con el capote cuando se arrancó como un misil directo al cuerpo de Víctor, lo lanzó por los aires dos o tres metros arriba, como un muñeco de trapo para luego engancharle de la chaquetilla y, colgado del pitón, lo arrastró casi hasta los medios, segundos angustiosos que hacían temer algo grave. Afortunadamente no hubo cornada aparente y Víctor se repuso y volvió a plantarle cara consiguiendo hacerle tragar algunos lances de inmenso mérito y en los que se nos cortaba la respiración al ver como buscaba cada vez que pasaba. Fue un caos en varas y banderillas, y llegó a la muleta con las mismas condiciones. Indescriptible lo que ha sido la faena, una batalla a cara de perro, con el toro probando, mirando y midiendo, colándose, peligro en cada muletazo, ¡lo que ha aguantado Víctor!, sin dar un paso atrás, plantándole la muleta, aguantando los tornillazos de un toro que no tragaba ni un muletazo, áspero y bronco, que llevaba la cara por las nubes y al que, con una par de lo que un hombre, un macho de verdad, tiene, ha conseguido dibujar muletazos inverosímiles por su trazo y hondura. Se la ha jugado con toda la verdad que pueda existir, sin importarle que una vez más, en un natural en el que se quedó debajo y se revolvió sabiendo lo que se dejaba atrás, le enganchara esta vez del chaleco y lo tuviera a su merced colgado del pitón, salvándose de milagro. Nada importaba como cayera la espada a esas alturas, nos daba igual, la única misión era acabar con ese criminal de nombre Versado ante el que el mayor triunfo ha sido salir vivo y con una dignidad y una entereza digna del mayor elogio y reconocimiento, aunque estoy convencido que, de haber acertado con la espada habría cortado una oreja que me hubiera parecido más que merecida y de mucho peso por el valor sin límite derramado.
El resto de la bien presentada y seria corrida de Jandilla remendada con dos de Santiago Domecq (quinto y sexto) ha tenido poca historia. Un lote muy deslucido y soso, sin entrega, descompuestos en sus embestidas, además de justos de fuerzas, el que le ha correspondido a Borja Jiménez que tan solo con mucha suavidad y muletazos a media altura para mantenerlos en pie, ha podido tranzar algunos sueltos de cierto empaque, pero todo sin ritmo  ni continuidad, con escasa emoción a pesar de los intentos del sevillano por sacar algo lucido. Eso sí, el quite que hizo al que abría plaza fue una delicia, chicuelinas llenas de aromas y una media sentida para rematar, que nos hacen esperar con ilusión al domingo con su encerrona en solitario. Y lo mismo se podría aplicar el tercero que lidió Víctor Hernández, deslucido y con poco fuelle, al que  no le pudo obligar lo mínimo porque no aguantaba. A media altura, bien, aseado, pero sin llegar a conectar, tan solo algún destello aislado, no tuvo más opciones esta tarde en la que estas horas podríamos estar hablando de orejas y Puerta Grande, pero en la que nos quedará el recuerdo de algo mucho más valioso, la clase, la torería, el valor y la entrega de hombres como Emilio de Justo y Víctor Hernández. Ahí reside la grandeza del toreo.

Antonio Vallejo


jueves, 4 de junio de 2026

23ª de San Isidro: El toreo en su máxima expresión

La anunciada era una de Lagunajanda. Baile de corrales y la que ha venido a Madrid ha sido de Montalvo, ¡bendito baile de corrales!. Evidentemente jamás sabremos cómo hubieran salido los de la ganadería gaditana, pero los salmantinos de Montalvo han pasado con nota el examen de Las Ventas. Y eso que el inicio no presagiaba nada bueno, el primero, ¡zas!, devuelto a corrales por su muy evidente invalidez, saliendo en su lugar un sobrero de Casa de los Toreros que no ha deslucido para nada lo que ha sido la tónica de la tarde. Para mi gusto una corrida de excelente presentación y con trapío, toros hondos, cuajados y con una seriedad tremenda, y con buen juego y opciones claras para el triunfo. Buen fondo, con clase y nobleza, descolgando, con codicia, repetidores, que de haber tenido un punto más de empuje y poder hubieran sido de escándalo. Ese ha sido su único lunar, lo que les ha restado duración en la muleta y en algunos momentos algo más de transmisión, aunque en general ha sido una tarde cargada de emociones porque si algo les faltaba a los toros allí estaban los matadores, José Garrido, Ismael Martín y Samuel Navalón, para poner la chispa y encender la llama de la pasión. Ha sido una corrida muy larga, dos horas y cincuenta minutos, donde ha habido de todo y ha pasado de todo, pero en la que no ha habido la mínima ocasión para el aburrimiento, ni un minuto, imposible, ha sido una montaña rusa de sentimientos sin parar que ha conseguido que nos haya parecido hasta corta, nadie se ha preocupado del reloj, incluso si hubieran soltado un toro más a nadie le habría importado. Y eso ha sido posible única y exclusivamente a que hoy, en Madrid, ha habido toros y toreros, algo aparentemente sencillo pero tan difícil de conjuntar.
Sí, dos de Montalvo  han sido devueltos a corrales por su invalidez, pero ha dado igual porque los sobreros de Casa de los Toreros y Fermín Bohórquez han aportado también su clase y nobleza para que no decayera la emoción. Y sí, podían haber durado más en la muleta, pero lo que han dado mientras la gasolina les ha durado, ¡cómo ha sido!, ¡que manera de embestir! Clase a raudales, humillando, con fijeza y repetición, que la han aprovechado al máximo Garrido, Martín y Navalón que han venido a comerse Madrid, con un compromiso y una entrega pocas veces vista. Eso lo ilustra que los tres se han ido a porta gayola a recibir al cuarto, quinto, sexto y sexto bis con unas largas cambiadas de mucha exposición, sin dejar nada para mañana. Pero no todo ha sido querer, es que además han desplegado pasajes de toreo de muchos quilates, tanto de capa como de muleta, para el recuerdo las verónicas y chicuelinas de José Garrido - ¡qué templado!, ¡qué gusto!, ¡y qué medias de remate! -  los lances de saludo y quites de  Ismael Martín, han tenido de todo, verónicas, chicuelinas, media de rodillas arrebatadora, un quite de oro, escobinas, revoleras, todo un despliegue de capa que me ha dejado atónito, así como el temple y la calidad de Navalón en el toreo fundamental, a la verónica, con una media deteniendo el tiempo, junto a unas chicuelinas ajustadísmas ejecutadas también con una lentitud pasmosa, una delicia. En la muleta los tres han estado a mucha altura y han exprimido al máximo las condiciones de sus lotes, no han dudado de hincarse de rodillas cual novilleros en el inicio de faena, véase Garrido en el cuarto y Navalón en el sexto, electrizante, llevándolo muy templado y largo en derechazos de una profundidad extrema, o Ismael Martín con un cambiado por la espalda de muchísimo riesgo, y cuando han interpretado el toreo vertical los tres han aplicado colocación, temple y mando a sus faenas, componiendo tandas de enorme profundidad por ambos pitones cuando el buen ritmo de los toros y su repetición  ha permitido la ligazón en el sitio, toreo en redondo de mucha calidad, pero sobre todo unos naturales para morirse en los que los tres se han abandonado. Y cuando se iban apagando los toros y la faena iba a menos se han puesto, muy cruzados, hoy nadie les ha podido reprochar ni un milímetro la colocación, trazando derechazos y naturales de uno en uno de máxima expresión. Y si llegaban al límite de sus fuerzas, menos dudas aún para torear en terrenos de máximo compromiso, entre los pitones, arrimones con mucha verdad que han puesto a la plaza en pie. En este aspecto, el de la verdad, tengo que hacer una referencia especial a Ismael Martín que lo ha dado todo y un poco más en sus dos tercios de banderillas, que si bien en alguno de sus pares ha clavado con una leve ventaja, en los otros cuatro ha estado fenomenal, ganándoles terreno, cuadrando en la cara y reuniendo a la perfección, especialmente en el último par al quinto bis, el que llaman de la moviola, corriendo hacia atrás, asomándose al balcón, dejándose llegar la punta del pitón al bordado del chaleco, un par de antología, una locura. Como también quiero recordar que a Ismael el Montalvo que fue devuelto, un toro que parecía tener un defecto de vista por como cortaba y se vencía por ambos pitones pero especialmente por el izquierdo, se lo llevó por delante en una de las verónicas de saludo, lo lanzó por los aires desgarrándole la taleguilla sin que afortunadamente tuviera cornada. ¿Cuál fue su respuesta? Pues ni mirarse, ver cómo ese toro era devuelto, esperar a que le repararan la taleguilla con un vendaje de esparadrapo ¡e irse a porta gayola a recibir al sobrero!. Sin olvidar tampoco que a Navalón el sexto también le propinó un volteretón de órdago y un posible puntazo en la cara posterior de la rodilla del que se repuso y se plantó de nuevo  para torear como los ángeles por entrega y temple , como si nada. Eso lo dice todo, entrega y verdad, honor y compromiso, cuya recompensa no se puede medir por una oreja para Garrido, una vuelta al ruedo para Martín o la fuerte ovación con saludos a Navalón. Su recompensa en esta tarde es mucho mayor, es el respeto que se han ganado, es el toreo en su máxima expresión.

Antonio Vallejo

miércoles, 3 de junio de 2026

22ª de San Isidro: Por la tele ha sido mejor

Cuando uno va a ver una de José Escolar ya sabe lo que va a encontrarse, y pocas veces se equivoca. Han sido muchos los años que no he tenido más remedio que verlas porque hasta hace no mucho, quizás unos seis o siete sanisidros, la renuncia a algunas corridas del abono no estaba contemplada, pero desde que esa norma se instaló debo decirles que la de Escolar es la primera que dejo. Sí, ya sé que hace dos años fue una magnífica corrida, para muchos jurados la triunfadora de la feria, pero lo habitual es lo que hemos  se ha visto hoy en los cuatro primeros, un plomazo, toros sin recorrido, que raramente sirven en el capote, se frenan, con las manos por delante, quedándose en los vuelos, salvo que se les lidie sobre los pies llevándolos hacia los medios andándoles hacia atrás y por bajo, que está muy bien...¡pero seis veces lo mismo! - sinceramente, prefiero una verónica que me parta en dos - y que en la muleta no te regalan nada y te piden todo, sobre todo tener un par bien puesto, de corto recorrido, reponen y se revuelven, muy orientados y con peligro, soltando derrotes y hachazos con sus guadañas, pero sin clase alguna, alimañas más propias del circo romano sediento de sangre que de otra cosa, sin descolgar, con la emoción del susto, el miedo, el pavor, el sobresalto continuo con las pulsaciones a mil y la angustia cortando la respiración. ¿Digo emoción?, a lo mejor está más cerca del masoquismo al encontrar placer en el sufrimiento propio, o de sadismo al disfrutar con el sufrimiento de otro. Para mi la emocióndel toreo es otra, véase Diego Urdiales el día de La Prensa, o la corrida de Juan Pedro, eso sin hablar de Morante, ausente de de Madrid por las prisas de los recaudadores, renovar abono o morir, en enero. Por esos derroteros ha corrido la tarde de hoy en sus cuatro primeros, muy deslucidos, sin entrega alguna, incluso justos de fuerzas, con mucho genio, sí, mucha mala leche, mirando, pero sin clase alguna y cero humillación. Han aguantado y tragado Pepe Moral - vaya lote infumable el suyo, el primero al menos tenía cierta nobleza, el cuarto nada -, que ha estado digno, tratando de robar algún muletazo con cierta calidad poniéndoles la muleta en la cara ante dos toros que se defendían con la cara alta, el cuarto por las nubes. Mucha dignidad y compromiso, sin dar un paso atrás, pero sin opción alguna al lucimiento, faenas de valor  mal recompensadas. Y lo mismo puedo decir de Damián Castaño y Gómez del Pilar con el segundo y tercero, les han plantado cara sin dudarlo, con firmeza y decisión, tragando lo indecible, tirando de los dos toros con tesón, robando muletazos sueltos con profundidad, de mucho mérito, y cuando intentaban ligar las series, lo que suele ser con este hierro, el primer pase lo tragan, en el segundo se lo piensan y el tercero es imposible, solo buscan carne. Y así han salido y han vuelto en el arrastre, unos a uno, los cuatro primeros, bastante plomizo. Bueno, quizás con un destello de emoción cuando el tercero ha tenido dos arrancadas al caballo con buen galope, eso ha parecido la octava maravilla del mundo, el clamor torista, al menos había algo de lo que supuestamente se viene a ver en estas corridas, el tercio de varas. Solo un destello, porque en realidad en el primer encuentro el toro se ha empleado con discreción y el segundo tan solo ha sido señalado. Aprovecho para comentarlo, los tercios de varas han sido paupérrimos, no se han empleado ni lo justo ni necesario que decimos en misa,  salvo ese tercero con sus arrancadas en largo y el segundo puyazo al sexto, ese sí ha sido vibrante, en largo, bien agarrado por Pepe Aguado, delantero y midiendo perfectamente el castigo, con el de Escolar empujando con celo, metiendo los riñones, sacando a la luz la inmensa belleza de este tercio cuando se ejecuta siguiendo los cánones. 
Pero han salido quinto y sexto para salvar la tarde, dos toros con dos registros muy diferentes, encastado y muy exigente uno y con una clase y una humillación espléndida el otro. Con el quinto Damián Castaño ha dado una vuelta al ruedo tras jugársela a cuerpo limpio, sin guardarse nada, ante un animal que en su tremenda aspereza encerraba emoción por la lucha sin cuartel entre ambos. ¡Cómo se ha puesto el salmantino! Cruzarse es poco, exponiendo todo, tragando coladas y derrotes a un toro que reponía con sentido, perfectamente orientado, que iba a lo que iba. Le ha plantado la muleta, no se ha dejado ganar terreno, no ha dudado ni lo mínimo, si lo hubiera hecho estaba perdido porque este encaste no te permite ni un segundo de distracción, y al final ha conseguido someterlo en algunos muletazos y series cortas por ambos pitones de muchísimo valor y mérito, con mucha transmisión, que han calado en unos tendidos hambrientos de emoción. Creo que de haber estado más fino con la espada hubiera cortado una oreja, pero la vuelta al ruedo de Damián Castaño es de las que tiene peso. En otro registro estaba el sexto, sin perder ni una gota de su sangre y con ese carácter propio de su encaste, además de una lámina espectacular, bellísima, pura Santacoloma, igual que el primero y tercero, preciosos animales, armónicos, rematados, con un trapío colosal, los tres muy fuertemente ovacionados de salida por sus hechuras, de enamorarse. Ese que cerraba plaza ha metido la cara con una fijeza y una calidad extraordinaria, hundiendo los pitones en el peto y mostrando magníficas condiciones en banderillas. Y en la muleta ha derramado bravura, descolgando, el hocico por la arena, haciendo el avión en las primeras tandas en redondo, con enorme clase, repitiendo, profundas, pero al mismo tiempo exigiendo todo por bajo y sin conceder mucho, a la mínima avisaba, algún punteo a la muleta diciéndole a Gómez del Pilar que se anduviera con ojo. Por el izquierdo le ha costado algo más, los primeros naturales con menos recorrido y limpieza, pero a base de colocación perfecta y mando ha trazado varios excelentes, con mucha verdad, dándole el pecho, a pies juntos, de mucha transmisión. Una faena de muchos quilates, manteniéndole el pulso al buen toro, todo por bajo, apostándolo todo a esa carta, con entrega absoluta. No había duda que iba para oreja pero se ha quedado en una ovación con saludos, también de peso, al  emborronar el conjunto con la espada, que ha sido otra de las notas dominantes de la tarde, que se ha matado mal, algo nada extraño en estas corridas duras. 
Y ahora, después de todo esto, me preguntarán si me ha compensado renunciar a esta corrida. Pues sí, como hubiera renunciado a otra media docena más de las tres permitidas porque, como dije al inicio, esto ya lo he visto muchas veces, miento, lo normal es que hayan sido bastante peores incluso que los cuatro primeros. Con estas corrida toristas me ocurre que con un par de ellas voy bien servido para una temporada. ¿Me gustan?, sí, pero en su dosis justa y necesaria. ¿Y mañana?, pues lo veremos. De momento había programada una de Lagunajanda que también rechacé pero no ha pasado el reconocimiento, algo que desde lo del toro de 715 Kg del otro día es ya el expediente x veterinario, a saber los motivos, y lo que viene es una de Montalvo. Hoy, por la tele, ha sido mejor. Mañana Dios dirá.

Antonio Vallejo

lunes, 1 de junio de 2026

21ª de San Isidro: Sobraba el circo

La verdad es que no sé por dónde ni cómo empezar a contarle lo de esta tarde en Las Ventas, así que voy a hacerlo por lo más fácil y luego iré viendo en dónde me meto y daré mi opinión de lo que he visto, atónito, ya se lo adelanto. De largo lo más sencillo es reflejar el décimocuarto "no hay billetes" del serial, un salvaje récord de asistencia y que no va a terminar aquí. Lo siguiente, que este lleno era para ver una corrida de Adolfo Martín para los espadas Antonio Ferrera, Manuel Escribano y Paco Ureña, consagrados matadores muy familiarizados con este encaste Albaserrada, que ha tenido de todo, en la que unos han salido felices y contentos, otros cabreados hasta las orejas, y yo, personalmente, completamente desorientado y perplejo. En esta tarde han cabido muchos estados de ánimo, el único que es imposible encontrar es el aburrimiento. Y les diría más, podría haber sido una importante corrida si no hubiera acontecido lo que me ha parecido un auténtico circo, que lo dejaré para el final porque, entre otras cosas, ha ocurrido al final, en el sexto y último. 
Siguiendo con lo fácil de contar le toca el turno a Manuel Escribano quien se ha chocado contra el muro infranqueable de su lote, nulas opciones. Y eso que el sevillano lo ha puesto todo de su parte, yéndose a recibir a  ambos toros a porta gayola. Y los dos han salido igual, parados, mirando a uno y otro lado, sin enterarse, desluciéndolo todo y restando emoción, el segundo se frenó y tuvo que incorprorarse a media lance desluciéndolo todo, el quinto al menos se arrancó y tomó una larga cambiada y permitió al Escribano lancear con emoción, lidiando, para someter el brío inicial del adolfo. No tuvieron mal comportamiento en el caballo, se arranacro pronto y empujaron con cierta codicia, y en banderillas mantuvieron buen tranco en los dos tercios protagonizados por el propio matador y que tuvieron un poco de. Hubo pares sensacionales ejecutados con pureza en la cara del toro, ganada de poder a poder, sobre todo el segundo y cuarto par al primero de su lote y el último al segundo del lote, otros con cierta ventaja y algo a toro pasado, el más evidente el segundo a su primer toro, y uno que fue una pena que los palos cayeran bajos y nada reunidos que fue el tercero al primero del lote de altísima exposición y riesgo, sentado en el estribo para incorporarse y quebrar hacia las tablas en un espacio inverosímil. Lo malo es que ambos toros llegaron a la muleta con cero opciones de triunfo, desfondados, sin recorrido ni entrega alguna. Voluntarioso y con mucho criterio y técnica intentó sacar algo, tan solo algún muletazo suelto tuvo cierta calidad pero mínima transmisión. 
Desgraciadamente hablar hoy de Paco Ureña es hablar de pagar con sangre su entrega y verdad ante un toro que era una auténtica alimaña, el tercero, un hidepu que lo único que llevaba dentro era instinto asesino. Ni bravura, ni raza, ni casta, ni empuje, ni nada, sólo se defendía revolviéndose en su corto recorrido, desde que tomó el capote venía avisando, se venía por dentro y rebañaba, reservón y peligroso a más no poder en banderillas, fue un infierno para la cuadrilla, cortaba e iba directo a por ellos. Tragó una tanda por el derecho de mala manera, quedándose debajo y volviéndose sabiendo lo que se dejaba atrás, y a la siguiente rebañó en un muletazo y encontró lo que buscaba, lanzó a Ureña por lo aires y en el suelo hizo por él, segundos angustiosos, dramáticos, de lo que salió el murciano con una cornada en el muslo izquierdo de la que manaba la sangre. Pese a todo tomó de nuevo la muleta y trató de someter al hidepu, que seguía igual, no embestía, buscaba herir una y otra vez, y con enorme mérito trazó algunos derechazos de mucho mérito y valor llevándolo tapado en la muleta y por abajo. Pero era imposible seguir así, en unas condiciones físicas muy precarias que se unen al enorme problema que supone tener sólo un ojo, por lo que decidió acertadamente quitarse de en medio cuanto antes a la alimaña, y me daba igual cómo lo hiciera y donde cayera la espada con tal de ver muerto al adolfo, abandonando el anillo por su propio pie camino de la enfermería entre el clamor de una plaza que supo reconocer la verdad y el compromiso, su enorme dignidad.
Y lo que queda imagino que no hace falta que les diga que es Antonio Ferrera. Vamos a ver, no es fácil , voy a tratar de resumirlo muy brevemente empezando por el final, que es que ha abierto la Puerta Grande tras cortar una oreja al cuarto y otra al sexto, que mató en lugar de Ureña. Dos orejas pedidas por clara mayoría de pañuelos blancos en los tendidos y que el presidente, cumpliendo el reglamento, ha concedido. Luego cada uno puede valorar la justicia o no de esos trofeos. En mi opinión, la del cuarto puede tener un pase, la del sexto, no. Para intentar ordenar todo lo ocurrido voy a irme al que abría plaza, un toro muy largo de 596 Kg, algo poco propio de este hierro, que no tuvo ninguna entrega y que mostró el carácter típico del encaste, pedía mucho y no regalaba nada, frenándose en el capote, corto de recorrido, revolviéndose, orientado, buscando lo que dejaba atrás. Toro para hacer lo que hizo Ferrera, lidiar, sin florituras, tanto de capa como con la muleta. faena para tener los cinco sentidos en alerta máxima ante las miradas, las coladas y lo que reponía el toro. Con el oficio de tantos años curtidos en mil batallas con este tipo de toros y con mucha firmeza resolvió la papeleta con dignidad, aunque para entrar a matar ante la amplitud de pitones que portaba pasó un trago más que amargo. El cuarto fue un muy buen toro que tuvo clase y entrega sin perder su sangre y la raza que hace a estos albaserradas tan emocionantes cuando se emplean como  éste, curiosamente de nombre Mentiroso pero en cuya lidia nada ha sido mentira. Sensacional la lidia de Ferrera para fijar al toro de salida, por bajo, sobre los pies, belleza y eficacia técnica de la mano. Buena, empleándose, la pelea en el caballo, y sensacionales, como nos tiene acostumbrados, los pares de ese majestuoso banderillero que es Ángel Otero, cuajando un tercio de antología. Gran toro en la muleta, bravo y noble, con recorrido y repetición, pidiéndolo todo por bajo, humillando, con codicia, pero sin permitir errores ni dudas. Ahí la grandeza del balear-extremeño en este toro, sin probaturas directamente al pitón izquierdo en una series de naturales de enorme expresión y hondura, muy templadas, perfectamente acoplado, ni un toque a las telas, manejando los vuelos con sutileza, arrastrando la muleta, sintiendo el toreo, disfrutando de cada muletazo nacido del alma. El cénit en los naturales por el pitón derecho, sí, naturales, leen bien, porque toreó sin la ayuda, tirada sobre la arena venteña, mera espectadora de tanta belleza, derechazos en los que los vuelos recogían con suavidad una embestida franca y brava. Momentos mágico de enorme transmisión, olés roncos y sentidos de una plaza que cuando se entrega es única, rendida a la pureza del toreo de Ferrera. Quedaba matar, y ahí empezó la parte esa que Antonio Ferrera tiene, una especie de Jeckyll y Hyde, dos caras que aparecen y desaparecen cuando menos lo esperas. No es la primera, ni la segunda vez que se lo he visto hacer, entra dentro de sus peculiaridades, de momento voy a llamarlas así, es forma de entrar a matar caminando desde muy lejos, perfilándose, hoy desde las tablas hasta los medios, envolviendo su hombro izquierdo con la muleta semiplegada como si fuera una capa - Napoleón le han llamado desde un tendido alto - para entrar matar cuando está a dos o tres metros. Para mi es parte de un show, que puede gustar o no, pero realmente superficial, parafernalia que de vez en cuando puede tener su aquel, pero hasta cierto punto, sobre todo cuando sale regular o mal como ha sido hoy. En este toro lo ha hecho en la suerte de recibir, después de todo el teatro, pinchando a la primera y dejando una entera contraria, bastante. A ver, esta oreja pedida por mayoría puede tener un pase, aunque la estocada a la segunda, repito, ha sido defectuosa, pero bueno, lo entiendo por la extraordinaria faena, y no me parece mal, la verdad. Pero la del sexto, el que correspondía al herido Ureña, no, ni de broma, no lo entiendo ni comparto  aunque lo admito en virtud del reglamento. De nuevo muy bien con el capote en el saludo, lidiando por bajo, enseñando a embestir al adolfo.  Pero todo ha empezado a entrar en una espiral más propia de un circo que de una corrida de San Isidro en la llamada primera plaza del mundo cuando ha hecho desmontar de su cabalgadura al picador para subirse él a picar. Me he tomado la molestia de ir al reglamento de Madrid - manda narices que en la Fiesta Nacional cada región tenga su propio reglamento y no sea único para toda España - y buscar lo que dice del tercio de varas. Textualmente dice lo siguiente: "Los picadores son quienes realizan materialmente los puyazos. El matador (espada) encargado de ese toro dirige la suerte, coloca al toro y puede intervenir para situarlo ante el caballo. Los demás espadas deben colocarse a la izquierda del picador y pueden realizar los quites en los momento previstos por el reglamento. Si un picador no puede continuar, el reglamento ordena que sea sustituido por otro picador, incluso de otra cuadrilla, no por el matador". Es decir, que para empezar y según el reglamento, Ferrera no puede picar, por lo que todo lo que se ha montado a partir de ese momento sobraba, y por lo que he leído, parece ser que va a ser sancionado. De verdad, ha sido algo, para mi, impropio de la plaza Las Venta y más en San Isidro. Con todo el respeto, en una plaza de cualquier pueblo, vale, pero en Madrid no. Lugo está la exageración y cierta estridencia al manejar la cabalgadura y llamar al toro, así como la manera de colocar el puyazo, bien al primer encuentro, pero sólo señalado, un churro de padre y señor mío el segundo, al aire, sin acertar en el lomo, y caído el tercero, también sólo señalado. ¿Era necesario tanto circo para eso?. ¡Ah! y después más extravagancia, bajándose del caballo, agarrando el capote como si se lo fueran a robar, corriendo como poseído por el diablo para hacer lo que se supone era el quite que él mismo se ha hecho tras picar él su toro, un sin sentido. Por cierto, un quite embarullado mezclando lo que parecía una caleserina, una chicuelina y una serpentina, a toda velocidad, un despropósito, nada comparable a la discusión con le palco por el cambio de tercio, uno decía que había que picar al toro por el picador, el otro que no, luego, entre tanto escándalo, no se ha escuchado el toque de clarines y timbales para cambiar el tercio, más discusión aún y más bronca, en fin, algo insólito y en mi opinión inadmisible en esta plaza que debe mantener un rigor y una seriedad. Eso sí, divertido ha sido un rato, como el circo, pero esto es toreo, algo mucho más serio. Con la muleta, al menos se ha calmado algo la cosa, y también ha toreado con gusto y profundidad, con buenas tandas por ambos pitones, ligadas con clase y transmisión, para matar de nuevo como a su anterior, muy en largo y con idéntica parafernalia, dejando una estocada muy delantera y defectuosa, tanto que escupió la espada. El toro no doblaba porque la estocada era mala, así de claro, pero Ferrera no quería descabellar entre mucha teatralidad como si quisiera obligar a doblar al toro aculado en tablas. Por fin decidió descabellar y acertó, de nuevo muchos pañuelos y otra oreja a mi entender excesiva. Pero así es esta fiesta y si el público, que no los aficionados, la piden... pues no queda más remedio. Una pena, de verdad, que con lo buen torero que es Ferrera, con la clase que tiene, se recargue de accesorios innecesarios que pueden llegar al ridículo en ocasiones, y en Madrid lo vimos en una  Feria de Otoño. Me quiero quedar con el toreo sentido al cuarto, me sobra el circo. Más aún cuando aún resuenan en esta plaza los ecos de los olés con Diego Urdiales, creo que con eso queda todo dicho.

Antonio Vallejo

P.D: Solo una cosa más. Por favor, ¡que alguien le diga a Antonio Ferrera que ese capote es horrible! Hace daño a los ojos, es horroroso ese color azul eléctrico, es horrorosa la combinación con el forro azul pálido desteñido, y es horrorosa esa tela de raso brillante que debe ser lo que sobró de las cortinas de la  casa de la tía Juana. Otra estridencia más perfectamente prescindible. Una capote de torear es algo de tal belleza que solo puede ser con Dios manda.

sábado, 30 de mayo de 2026

19ª de San Isidro: Inaceptable

Lo que hemos visto esta tarde ha sido inaceptable, por ser educado, porque realmente ha sido un insulto al toreo. Eran las nueve y media de la noche, por detrás se iba quedando una corrida de Garcigrande lamentable, con dos devueltos, tercero y quinto, de juego muy pobre, algunos con cierta nobleza y accidentalmente algunos apuntes de clase, pero en general exenta de cualquier atisbo de bravura, sin entrega  ni fuerzas, un desastre, solo maquillado ligeramente por el sobrero de Torrealta que hizo quinto bis al que Talavante le arrancó una oreja de aquella manera. Se estaba haciendo pesada y larga la tarde cuando el sexto fue también devuelto por inválido y en el ruedo asomó la tablilla que ven en la foto de portada y que desgraciadamente confirmaba que lo que aparecía en la hojita del programa de mano era cierto y no un error de imprenta. ¡715 kilos!. y salió lo que salió, una enorme masa carne con forma de toro enorme, gordo, obeso, que ya saltó muerto, era imposible mover aquel volumen, ni se aguantaba en pie, y gracias que no se infartó por el calor que ha hecho hoy en Madrid. Por supuesto tuvo que ser devuelto a corrales, y poca fue la protesta para lo que se tenía que haber montado. Ese toro nunca, jamás tenía que haber saltado al ruedo, nunca, jamás ni tan siquiera tenía que haber llegado a los corrales y menos aún haber aparecido en le programa de mano, nunca, jamás, debió haber pasado el reconocimiento veterinario. Ese toro es inaceptable, es indigno para Madrid, es más que una vergüenza, no me explico, repito, que un veterinario de Madrid haya aceptado que ese animal haya podido salir en San Isidro. ¿El motivo?, casi mejor no saberlo, con esta empresa recaudadora todo lo inimaginable puede ser real. ¡Y lo que nos quedará por ver con esta gente!.
Una tarde de naufragio ganadero, un infierno que si se ha mantenido en pie, literal, física y taurinamente hablando, ha sido por la profesionalidad, la capacidad y el tesón de Morenito de Aranda, Alejandro Talavante y Pablo Aguado, muy por encima de unos lotes de escasa opciones que si han lucido algo ha sido por el buen trato que les han dado para sacar el máximo del escaso fondo de los Garcigrandes y Torrealtas que han lidiado. 
Prueba de lo que digo ha sido ver a Morenito ir a recibir al que abría plaza a porta gayola, aguantando el parón y el desentendimiento del animal hasta que se arrancó. Sensacional la lidia echándole el capote abajo, a la antigua, sobre los pies, para acabar fijándolo en los medios sometiendo unas embestidas broncas y descompuestas. En la muleta sacó el burgalés más de lo que parecía, cuidándole  porque su falta de fuerzas le llevaba a derrumbarse a la mínima, con mucha suavidad todo, a media altura y mucho temple, con paciencia y perseverancia, poco  a poco le metió en un par de tandas en redondo ligadas y más profundas de mucho mérito. Por el izquierdo protestaba y le costaba pasar, pero con tesón dibujó algunos naturales de buena factura y también mucho mérito, para finalizar en ayudados por alto con gusto  y rubricar con una certera estocada. El cuarto tuvo movilidad pero escasa entrega y brusco, un toro con asperezas al que  base de valor y compromiso acabó metiendo en la muleta y en el que nos dejó para el recuerdo un quite por chicuelinas ajustadas reflejo del sensacional capotero que siempre ha sido, es y será. Con su técnica y la experiencia de los años de alternativa logró componer muletazos de buen trazo y mucha clase, prácticamente todos por el derecho ya que por el izquierdo resultó como el anterior, protestón y deslucido. También lo pasaportó a la primera hundiendo el acero hasta la bola y fue despedido con fuerte ovación en ambos saludadas desde el tercio. 
Si hemos hablado antes de lo indignante e inaceptable no puedo pasar por alto lo ocurrido al perfilarse Morenito de Aranda para matar al cuarto. en ese momento crítico de máxima tensión un imbécil, un miserable, un malnacido, se ha puesto a gritarle desde la grada del 7 que no estaba colocado. Ese ser despreciable no puede nunca, jamás, ser llamado aficionado y se le debe expulsar de la plaza, algo de lo que se han debido encargar los que estaban su alrededor, montándose una pelea en la que la policía ha tenido que intervenir. Espero que al tipo en cuestión le retiren el abono si lo tiene y se le vete la entrada a la plaza si eso es posible. Si no, pues tendremos que seguir aguantando a algunos sujetos aislados despreciables que insultan y faltan al respeto a los toros y a los toreros, algo inaceptable para quienes nos consideramos aficionados de verdad.
Nulas opciones las de Pablo Aguado en toda la tarde, pudiendo lucir únicamente con el capote ante el que se anunciaba sexto pero que saltó tercero bis al correr turno y dejar el sobrero para el final con acertado criterio presagiando que lo que estaba guardado en los chiqueros era para echarse a temblar, como así fue. El sevillano lo recibió con una ramillete de verónicas acompasadas, con ritmo, templadas, acompañadas con la cintura, pura armonía, y una media de cartel. Y si bueno fue el saludo, mejor aún el galleo por chicuelinas para poner al toro en el caballo, un soplo de aire fresco en la bochornosa, en todos los sentidos, tarde. Un día más, ya he perdido la cuenta, Iván García se desmonteró para recoger otra atronadora ovación tras parear a este tercero con la pureza que lo hizo.Trato exquisito en la muleta, obligándole lo mínimo porque no aguantaba el Garcigrande, para dibujar muletazos de trazo muy suave a media altura que  el toro tomaba con nobleza y algún apunte de clase por el derecho, sin tener nada al natural, por ahí no pasaba. Pero duró muy poco, las fuerzas no le daban y no hubo más que hacer. Lo que le salió como sexto ya lo hemos comentado, esa cosa de 715 kg a la que me niego a llamar toro, y menos aún de lidia o bravo que lógicamente se volvió a los corrales, pero el mal ya estaba hecho, un lacra para esta plaza. El sobrero de Terrealta también venía cargadito de carnes, 618 Kg, otra burrada, y resultó como resultó, un despojo para el toreo, vacío de fondo, pasaba con violencia, soltando derrotes ante sus evidentes carencias de entrega y fuelle, imposible por mucho que Aguado intentó justificarse ante lo que no podía ser. Lo único que le pedía era que abreviara y nos ahorrara más penalidades. Al menos mató a la segunda y se despidió en silencio.
La única oreja del festejo la paseó Talavante tras una faena al sobrero de Torrealta que hizo quinto bis por devolución del muy blando  Garcigrande. Tuvo más movilidad y apuntó más clase que todos los demás, pudiendo aplicársele el dicho aquel que "en el país de los ciegos el tuerto es el rey"  si lo comparamos con lo que llevábamos padecido. Fue una faena irregular en la que los momentos de mejor acople y calidad vinieron por el pitón derecho, series con cierta profundidad, bajando la mano hasta donde se podía, y ligazón, que alternaron con otros compases en los que los muletazos no resultaron tan limpios, sobre todo al natural, por donde tan solo pudo desgranar algunos de calidad y hondura. Muy voluntarioso, eso sí, pero ante un toro venido a menso que le llevó a acortar mucho las distancias y acabar entre los pitones en un alarde de valor, con las zapatillas clavadas, vertical, ni un milímetro rectificó, luquecinas una tras otra que gustaron a unos y enervaron a otros, antes de tirarse a matar dejando una contraria que reventó al de Torrealta. Oreja pedida creo que el palco consideró mayoritaria, a mi también me lo ha parecido, pero que me parece un tanto generosa, sobre todo porque creo que muchos no se fijaron bien dónde enterró la espada y se quedaron con que la enterró a la primera, usando eso como argumento para el trofeo. Pero si el palco aplicó el reglamento, nada que objetarle, es así. Yo no la pedí. Nada había en el segundo, un toro sin nada dentro, soso y vulgar, con el que lo mejor que hizo fue abreviar, se le agradece.
  

Antonio Vallejo
 

viernes, 29 de mayo de 2026

18ª de San Isidro, Corrida de La Prensa: El toreo eterno de Urdiales desgarra el alma de Madrid

El sentimiento es algo que no se puede explicar, desborda todas las barreras de la lógica, es ajeno a la razón, sale del alma y, cuando alcanza límites inimaginables, desgarra ese alma. Esta tarde, en Las Ventas, el alma de Madrid, esa que sueña el toreo eterno, se ha desgarrado y se ha rendido a un hombre, Diego Urdiales, que ha firmado una obra maestra, quizás la mejor de su ya larga y fecunda carrera. De principio a fin todo ha sido un crujido, desbordando las emociones, inundándonos de felicidad infinita, con algo que pocos tienen pero que él atesora a raudales, TORERÍA. Torero veterano, revestido con el poso del tiempo, de sabor añejo, naturalidad y verdad, verle ese andar reposado delante de la cara del toro es por sí mismo un lienzo de la máxima belleza, verle componer la figura nos lleva en volandas a través del tiempo, a la época dorada del toreo, y verle torear nos abre los ojos al temple sublime, a la armonía suprema, a la belleza más exquisita. Lo que he sentido en esta Corrida de la Prensa supera todas las barreras de la pasión, con un toreo a la verónica ante el que me he abandonado sin llegar a diferenciar si lo que estaba viendo era real o estaba en el sueño más maravilloso que pudiera desear. Acompasadas, cadenciosas, verónicas con temple y gusto sobrenatural, relajado, llevándose al segundo de la tarde hacia los medios, acariciándole en cada lance, rematando con una media arrebatadora, divina, de partir el alma.  Más aún el quite por verónicas en ese segundo, el toreo fundamental, el de verdad, el puro, abriendo las puertas a la emoción incontenible,  y que junto a las que nos regaló en el cuarto, templadas y sedosas en el saludo, y sobre todo en el quite al sacar el toro del caballo, parando el tiempo,congelando las agujas de unos relojes que no querían volver a correr, hipnotizados ante semejante belleza, rematadas con una media arrebujadito que nos elevó a los cielos. Ni podíamos imaginarnos que todo eso no era nada más que un preludio a algo que seguramente contaremos durante muchos años. Con la muleta el toreo se elevó a la categoría de sobrenatural. Porte y torería que no se pueden describir, sería vulgar, que sólo se pueden revivir dejándose llevar a las profundidades del alma para volver a sentir el crujido que ha acompañado a cada muletazo en sus dos faenas. Daba igual el pitón que encarara, todo era una maravilla, siempre en el sitio, con esa figura que guarda aromas del mejor pasado, todo armonía y pureza, derechazos profundos y templados, naturales de máxima expresión, ritmo y continuidad, trincherazos que te partían en dos, ayudados por alto en el prólogo del segundo, ayudados por bajo genuflexo en el del cuarto, gloria bendita, molinetes garbosos para quedar perfectamente colocado, martinetes o cambios de mano grandiosos, los finales por bajo, un canto a la máxima expresión del toreo. Dos faenas que uno porque ha sido tal la catarata de emoción y pasión que nos ha entregado que me parece casi indecente separar, es un ente único que engloba todo lo que uno quisiera imaginar en el toreo. A todo eso hay que sumar el perfecto manejo de las pausas, administradas a la perfección para dejar recuperar el resuello a los dos juanpedros, y de los tiempos, perfectamente medidas, ni un muletazo de más, sabiduría y experiencia fruto de los años, y rubricar la majestuosa obra de arte con dos estocadas de premio entrando por derecho, recto, con toda la verdad, que hicieron rodar a los dos toros y cobrar así una oreja en cada uno, si bien creo que en el cuarto era para dos orejas, pero la gente cesó en la petición y se conformó con lo necesario para  descerrajar la  puerta Grande, olvidándose quizás de lo justo. Y no olvidemos que si Diego Urdiales nos ha hecho crujir y crujir ha sido porque ha tenido dos toros de una clase y una nobleza descomunal, dos extraordinarios toros de una muy buena corrida de Juan Pedro Domecq que han humillado y repetido y que, quizás con un puntito más de fuerza y empuje, hubieran sido de locura. Porque es de justicia destacar aquí que, además de una presentación excelente, magníficas hechuras, proporcionados, serios, bellísimas láminas, han dado opciones y juego, a excepción del sexto, quedando definidos en general por su clase y entrega.
Acompañando a Urdiales comparecían Roca Rey y el confirmante mexicano Bruno Aloi, que con el noble y enclasado, aunque sin demasiado empuje, toro de su confirmación se mostró aseado aunque sin acabar de encontrar el sitio ni la tecla para sacar el fondo del toro. Un tanto inconsistente e irregular, muy voluntarioso pero dando señales de que le queda camino por recorrer. Nada pudo hacer ante el único que desentonó de la corrida, el que cerraba plaza, muy deslucido y descompuesto. Con los aceros ha estado bastante poco acertado y ha pasado por Madrid en silencio.
De Roca Rey lo primero que quiero decir es que me descubro y admiro que haya estado en Las Ventas tras la grave cogida en el abril sevillano. La capacidad de recuperación y el sacrificio de estos hombres es digno de todos loe elogios, y debieran ser un ejemplo a enseñar en todos los colegios para esos niños y jóvenes acomodados, esclavos de lo fácil e inmediato, incapaces asumir el dolor y el fracaso, secuestrados por una sociedad enferma que premia el postureo de las redes sociales y esconde la verdad y el esfuerzo, precisamente los valores del toreo. Una oreja ha cortado el peruano al quinto, un toro de una estampa para enmarcar, que ha tenido movilidad y repetición, además de clase, un toro que, a mi entender, pedía distancia, rtimo y mano baja, todo lo quería hacer humillando, y cuando Roca Rey toreó con profundidad vinieron los mejores compases de la faena. Bueno fue el saludo capotero  por delantales templados, con cadencia, y un quite por gaoneras escalofriantes al quinto. En la muleta lo que he visto ha sido a Roca Rey en Roca Rey, es decir, el de siempre, alternando buenas series sobre todo por el derecho, creo que las dos primeras han sido las mejores por temple y profundidad, bien ligadas, con recorrido, dándole distancia, que es lo que pedía es buen juanpedro. Por el izquierdo los muletazos han sido menos limpios y le ha costado encontrar la altura, pero cuando le ha echado la franela abajo han surgido los naturales de más expresión. Luego ha mostrado su toreo, sin engañar a nadie, es su estilo, ya lo sabemos, a veces más efectista que fundamental, rozando el tremendismo algunas veces, como en el inicio de faena de rodillas cambiándose la embestida por la espalda, con un valor descomunal o acortando las distancias creo que algo pronto y pisando terrenos comprometidos en los que además tira de recursos vistosos como molinetes, afarolados, cambios de mano o martinetes. Repito, ese quinto podía haber lucido más enmarcado en el toreo clásico u ortodoxo, como quieran llamarlo. Mató de certera estocada y cobró una oreja que sí me parece que se pidió por mayoría, aunque algo justita. Algo similar podría decir de su faena al tercero, arrancada por estatuarios, algo habitual en su toreo, y tuvo una primera serie en redondo llevando empapado al noble y enclasado toro, pero al natural no llegó a entenderse, tan solo cuatro tuvieron empaque, y el toro fue a menos y con ello una faena que acabó como suele ser habitual, en las cercanías y con los pitones a centímetros de la taleguilla. Es decir, que hoy le he visto la faena que le ha visto muchas tardes, que tiene mucho mérito y que requiere enorme valor, pero que casi nos la sabemos de memoria y puede acongojarte más o menos, pero pocas veces sorprende, desde que era novillero siempre ha sido igual. Eso es lo que me pasa con Roca Rey, pero respeto su toreo, mucho, y también creo que demuestra personalidad al mantener sus maneras, sobre todo en una plaza tan hostil, incluso cruel con él, como es la de Las Ventas, o el sector que ya sabemos. Y al que no le guste, que no compre la entrada, así de fácil, pero el respeto primero.
Así les dejo por hoy, señores, con la emoción viva y el alma desgarrada por el toreo  eterno de Diego Urdiales, profundo sentimiento, bendita sensación. Mañana... ya veremos.

Antonio Vallejo