Había mucha expectación por ver esta corrida de Partido de Resina (antes Pablo Romero) tras 8 años sin venir a San Isidro, que no a Madrid, ya que lidió una corrida completa fuera del serial en la temporada 2019 y participó en las corridas concurso de ganaderías los años 2023, 2024 y 2025, año en el que también estuvo presente en un desafío ganadero con Monteviejo, dejando en todas esas ocasiones una magnífica sensación además de magníficos toros para el recuerdo. Solo había que ver el excelente aspecto de los tendidos de La Monumental en esta tarde en la que por fin el viento frío y la amenaza de lluvia parecen esfumarse de la capital. Bastante más de tres cuartos, de plaza, algo más de los tres cuartos de la extraordinaria novillada de ayer, para ver estos toros a los que les pasa como a los miuras, que con tan solo oír su nombre, los pabloromeros, se echa uno a temblar por su leyenda de exigentes, correosos, duros, fieros y peligrosos, algo que ha provocado que desde finales del siglo XIX que data su procedencia haya sido uno de esos encastes de los que las figuras huyen. No ha sido así esta tarde, desde luego. Desgraciadamente ha sido una corrida sin fondo, sin bravura, sin raza, sin entrega, sin movilidad, incluso tirando a mansa, ná de ná que diría aquel. Y lo peor de todo, que ha llevado al aburrimiento, al tedio absoluto ante la falta de la mínima emoción. Eso sí, la presentación ha sido buena, solo faltaba que no, entonces apaga y vámonos, y ha sido una corrida muy seria, toros ofensivos, terminados en puntas, auténticos puñales, y con enorme presencia. Aunque también digo una cosa, salvo el segundo, todo un tío el imponente cárdeno, que ha sido fuertemente ovacionado de salida por sus hechuras, los demás ningún aplauso, saquen ustedes sus propias conclusiones. Es lo que le faltaba a la tarde para completar el círculo de la decepción. Decepción que ha sido mayúscula en el tercio de varas que en estas corridas llamadas toristas se convierte en el epicentro del espectáculo y en el que más se exige colocar a los toros en largo, medir las arrancadas y valorar la entrega en el caballo. Pues ni eso ha habido. Tan solo recuerdo un puyazo sensacional de Israel de Pedro al tercero de la tarde, del resto muy pobre la pelea en el peto, les costaba un mundo arrancarse, ponerles en largo para que fueran era una utopía, y cuando se les colocaba más cerca para que al menos fueran al caballo algunos sectores se levantaban airados, protestando algo que era imposible a todas luces, ¿es que no veían que no se movían y querían poca pelea y no había manera de picarlos si no se hacía así?. Y cuando por fin lo hacían no se han empleado, han empujado muy poco, se han quedado la mayoría dormidos en el peto, y se ha oido mucho el estribo. Una pena porque el tercio de varas es de una emoción intensísima cuando el toro se arranca y se ejecuta bien. Igual que digo en varas podría decir lo mismo del juego en el capote, nulo, no han permitido lucimiento, tan solo brega, era lo único posible y lo que había que hacer con estos toros, del tercio de banderillas, poca movilidad, más bien parados, esperando y cortando, tan solo dos grandes pares de Miguelín Murillo al primero, los de Fernando Sánchez, ¡cómo no!, al primero y cuarto, y los de Delijorge al segundo, y de la muleta, en donde no han tenido entrega alguna, escaso recorrido, reponiendo y volviéndose a medio muletazo, sin transmisión ni emoción.
Con esto se han encontrado Antonio Ferrera, Calita y Jesús Enrique Colombo, difícil papeleta de la que el que ha salido mejor parado ha sido Ferrera, que ha demostrado su gran capacidad lidiadora, una constante a lo largo de su extensa carrera, y una maestría y unos recursos fruto de su veteranía. Tenía claro que no eran toros para lucirse de capa. Pues a bregar, a echarles el capote abajo, andarles hacia atrás y someterlos, además de un par de recortes con mucho gusto para colocarlos ante el caballo. No había más que hacer, y lo ha hecho muy bien. En la muleta también lo tuvo claro, técnica de maestro veterano ante el primero, consintiéndole, dándole pausas, sin someterle en demasía, muletazos sueltos, la ligazón era imposible, el toro pasaba por allí desentendido, iba y venía sin entrega, llegando a dibujar algunos muletazos con la diestra con enjundia, tirando del toro, faena de quien ha batallado mucho con este tipo de toros y tiene un conocimiento del toreo fuera de toda duda. Mérito silencioso el del balear en este primero falto de emoción. Más mérito aún con el cuarto, sacando de nuevo a la luz sus recursos y capacidad lidiadora. Le concedió la altura y las distancias, todo se lo hizo a favor, con enorme técnica, llegando a robar, mejor dicho, a arrancar, un par de derechazos y cuatro naturales sensacionales por profundos y largos, maravillosos, tirando del toro, ganándose el respeto y el reconocimiento del público que a la muerte de este cuarto le tributó la única ovación de la tarde por su meritoria actuación rubricada con sendas estocadas certeras. El único pero a su buen hacer, que quizás el metraje de ambas faenas fue excedido, cierta brevedad en estos toros en los que la emoción está casi ausente se agradece.
Pocas opciones tuvieron el mexicano Calita y el venezolano Colombo con sus lotes. Calita se las vio con un segundo que aunque no tenía mal embroque luego no pasaba, y si lo hacía era por encima del palillo, nula entrega, sin emoción alguna, y con un quinto descastado y deslucido a más no poder, que no transmitía nada. Tiró de técnica en ambos pero en ningún momento tomó vuelo, y con los aceros anduvo algo desacertado. Colombo puso toda su voluntad con un tercero que de salida parecía que tenía movilidad y cierta raza pero que se fue apagando. Le colocó los tres pares fiel a su estilo más espectacular que puro, algo acrobático podría decirse, con diferente acierto o desacierto, según el sector del público, unos le aplaudían, otros le censuraban por ir un tanto a toro pasado y llegó a la muleta midiendo y pasando porque tenía que pasar, sin emplearse lo mínimo, sin emoción alguna. Puso ganas y entrega, trató de tirar del pabloromero, pero no llegó a los tendidos. Peor se le pusieron las cosas con el que cerraba plaza, un animal infumable, manso y sin un pase. Fue en banderillas, se disponía el venezolano a poner los tres pares, el toro no quería saber nada, distraído, parado, sin atender a las llamadas del matador. Tenía que hacerlo todo él, estaba claro, pero no era nada fácil y dudó ante los parones y amagos de arrancada pasando en falso varias veces sin acabar de decidirse, incapaz y desbordado, sin saber qué hacer, ni que terrenos podían ser los propicios, sin ideas, lo que fue enervando al personal cada vez más, era tarde, las nueve y cuarto y la corrida pesaba ya mucho, el cansancio y el aburrimiento eran evidentes y la bronca creció. Desistió Colombo y entregó los garapullos a su cuadrilla dejándoles el marrón, lo que me ha gustado poco y me parece incluso una falta de respeto hacia ellos. Pasaron las de Caín, incapaces de clavar los arpones, una pasada y otra, de cualquier manera valía, de lado, de una en una, como fuera, pero que quedaran cuatro palos clavados y a otra cosa. No sé si fueron cuatro o cinco las veces que los banderilleros lo intentaron en medio de la bronca, pero viendo que aquello iba de mal en peor el presidente sacó el pañuelo blanco y entonces se armó la mundial al cambiar el tercio contrariamente al reglamento, muy mal hecho, totalmente de acuerdo. Pero reconózcanlo si alguno de los que lee esto estaba en la plaza, que en el fondo se lo agradecimos, aquello era un espectáculo lamentable, impropio de la plaza de Madrid, bochornoso.... pero las horas eran las que eran y estábamos un poco hartos, por lo que, digamos, hicimos la vista gorda y agradecimos que se pasara a lo que no fue faena, el horno no estaba para bollos y Colombo, tras lo ocurrido, lo único que podía y debía hacer a ese toro que no valía para nada era abreviar y pasaportarlo lo más rápido posible, porque cualquier intento de algo iba a ser peor, como lo fue.
En fin, que es una lástima que un hierro y un encaste legendario haya pasado de esta manera tan triste por San Isidro, pero no me sorprende, la verdad, ya estamos acostumbrados a muchas tardes como esta cuando el torismo asoma. Tremenda decepción.
Antonio Vallejo

