Petardazo, el ganadero, en nada se ha parecido la corrida de Juan Pedro Domecq a la de La Prensa del pasado 28 de mayo con la salida a hombros de Diego Urdiales. Seis toros y un sobrero de Montalvo lidiado como segundo bis por la manifiesta, exagerada, invalidez del titular, sin fondo, ni rastro de bravura, sin entrega, nula humillación, sosa y deslucida, muchos desentendidos, con escasa fijeza, descompuestos en la embestida y justita de fuerzas, varios cogidos con alfileres, quizás con la excepción del quinto, con un punto de encastado, o quizás de mucho genio, mucha mala leche y un peligro sordo que muchos han tardado en ver, hasta que enganchó a Clemente y lo mantuvo colgado del pitón derecho durante unos segundos que se hicieron una eternidad para caer a plomo y quedar aparentemente inerte sobre la arena. Verdad, la del francés Clemente, que durante toda la tarde, con más o menos acierto, ha tirado la moneda al aire y se ha mostrado decidido, firme, comprometido y muy seguro, hecho un auténtico tío, sin ocultar nada, repito, todo verdad. Y un milagro, que tras los segundos de angustia, verle como se llevaba la cuadrilla al matador a toda prisa camino de la enfermería, cuando parecía que la cornada en el muslo era muy grave, todo haya quedado en una luxación de codo. De nuevo San Isidro como salvador echando su capote desde el cielo, o a lo mejor la muy cercana presencia del Papa León XIV que ya sentimos los madrileños y que nos llena de alegría. Sólo así se puede explicar. Creo que esto resume lo que ha sido esta tarde en la que por decimosexta vez se ha colgado el cartel de "no hay billetes" dejando bien claro que, como decía con tanto acierto el lumbreras de Urtasun, los toros no tiene ningún interés.
Corría el quinto de la tarde, se fue Clemente a porta gayola para recibirlo, asomó un alto, grandón, altivo y desafiante con los pitones apuntando al cielo toro negro se lanzó como un trolebús sin frenos hacia el de Burdeos, directo, salvándose en la larga cambiada al echarse cuerpo a tierra y soltar el capote, que fue lo que distrajo al juampedro y le salvó. Señal inequívoca de que ese toro era un prenda de mucho cuidado. De mucho mérito los lances con el capote, llevándoselo a los medios para rematar con una buena media. En la muleta un toro de cara o cruz, al que había que poderle para frenar sus ímpetus y su genio, encastado, que soltaba la cara por las nubes, afeitándole la cara a Clemente un par de ocasiones. Sin dudas y con firmeza tragó las tarascadas, se cruzó al pitón contrario con enorme compromiso, tiró la muleta abajo y logró meterle en los vuelos, derechazos con profundidad a cada cual más peligroso por la aspereza del juampedro, que rebañaba todo lo que tenía a su alcance. Fue una batalla sin cuartel, el toro pedía que se le hiciera todo por abajo y bien colocado y el torero quería hacerlo todo, y lo hizo, por abajo, hasta que al cruzarse para colocarse con mucha verdad, apartó un segundo la muleta y Soldador, así se llamaba el prenda, recordó lo de salida y se fue directo a por él. Con lo dramática que pareció en la plaza la cogida resulta que el pitón entró por la taleguilla en la parte interna del muslo izquierdo, se deslizó sobre la piel y salió por la misma taleguilla pero en su parte externa. ¿Es o no un milagro?. Uceda Leal se encargó de pasaportar al toro sin contemplaciones de una certera estocada en el silencio de una plaza sobrecogida.
Uceda Leal poco pudo hacer con un lote de mínimas opciones. Un primero que casi no se tenía en pie y pasaba en la muleta, si a lo que hacía se le puede llamar pasar, con una sosería desesperante ante el que abrevió con acierto. Y un cuarto al que al menos pudo lancear con el capote por verónicas ceñidas con mucha clase, templadas, y enorme mérito porque el toro tenía escaso recorrido y se vencía, para abrochar este saludo con tres medias cargadas del sabor y los aromas que siempre han impregnado su toreo elegante. Los primeros compases con la muleta fueron torería pura, genuflexo, por bajo, llevándolo muy metido en la franela, rematados con un trincherazo que por sí solo vale una entrada. Poco concedió este toro que embestía rebrincado, con la manos, en un trasteo irregular en el que la continuidad era casi imposible, quedándose corto aunque intentara tirar de él, obligándole a perder un par de pasitos desluciendo todo y, claro, así es difícil llegar a los tendidos, pese a los intentos de hacer bien las cosas, con pureza y ese porte de torero que lleva innato, cruzándose y tratando de conducirlo por bajo, pero no hubo manera. Tras la muerte de este quinto escuchó cariñosas palmas de reconocimiento a su disposición y buenas maneras en ambos toros.
De Pablo Aguado, que quieren que les diga, que lo que más me preocupa ha sido verle sin ideas y sin encontrar su sitio. Sus dos toros han mantenido el mismo tono y han tenido condiciones muy similares a los relatados, pero sí creo que se les podía haber sacado algo más si al menos hubiera tenido la sensación de ver que se les administraba otro trato. O a lo mejor no, pero esa es la sensación que me queda esta tarde. El sobrero de Montalvo que lidió como segundo bis no dio opciones, sin entrega, pero además con sentido desarrollado. En ningún momento se encontró Aguado, desconfiado, sin buscar otra teclas que tocar para ver si por ahí podía ir el toro. Igual con el sexto, complicado por su carácter rerservón, de nuevo desubicado, echando en falta más decisión por echar la muleta abajo y probar si al menos tenían intención de humillar. Pero no, todo lo planteó a media altura, y todo fue a menos y decepcionante. No sé si los tres avisos del día 21 le siguen lastrando, pero lo cierto es que hoy le he visto incapaz y sin intentar nada para tratar de sacar al menos algo en limpio de sus toros.
En medio de este petardazo al menos hemos tenido destellos, instantes en los que hemos conseguido levantar el ánimo y vibrar, como el quite por chicuelinas acompasadas por parte de Clemente al primero, los delantales de Uceda Leal en su quite al tercero, preciosos, cadenciosos, con porte torero, al que replicó Aguado con otro por chicuelinas acompasadas, muy sentidas, de mucha belleza, el único momento en que vi al Pablo Aguado que quiero ver. también destellos de enorme magnitud los pares de Iván García al sexto, que se le paraba en la cara, esperándole, pero al que el sensacional banderillero dejó reunidos los garapullos con una pureza fuera de serie, asomándose al balcón, saliendo del embroque con una torería difícil de igualar y que le hacen más que candidato a llevarse todos los premios al mejor par. Como tampoco tengo dudas que también se lo llevará en la brega, la de hoy al tercero ha sido, un día más, portentosa, igual que los dos pares de Fernando Sánchez al primero y cuarto, marca de la casa, nada nos extraña. Y por último el extraordinario tercio de varas protagonizado por Manuel Jesús Ruíz "Espartaco" en el tercero, citándole en largo, agarrando dos puyazos delanteros sin rectificar y con una medida del castigo perfecta, lo que le ha valido para retirarse entre las clamorosas ovaciones de todos y cada uno de los tendidos por los que pasaba. Creo que también los premios al mejor tercio de varas pueden tener ya dueño. Pero entre todos los destellos que puedan quedar en la memoria de esta tarde, sin duda, me quedo con el milagro del cielo. ¡Gracias, Señor!
Antonio Vallejo




