viernes, 22 de mayo de 2026

12ª de San Isidro: Siniestro total. Desastre ganadero, tres avisos y ambiente infiernal

Petardo en toda regla de Puerto de San Lorenzo y La Ventana del Puerto, de los gordos, un desastre sin paliativos, infumable corrida, no se salva ni uno, no ha habido por donde cogerla. Dos devueltos al corral, segundo y cuarto, y tuvieron que ser más. Al menos el primero, otro que ni se tenía en pie y que incomprensiblemente se mantuvo en el ruedo, y el primer sobrero de José Vázquez que fue aún más inválido y malo que el que relevaba. Del resto, nada de nada, vacíos, con eso queda todo dicho. Y si faltaba algo para añadir, el tercero apuntillado tras escuchar Pablo Aguado los tres avisos. Así es imposible, como lo fue ayer. Pero en esta tarde de jueves en la que de nuevo se ha colgado el cartel de "no hay billetes" - Creo que esta fue una de las corridas que agotó el papel nada más salir a la venta las entradas, al reclamo de las figuras, José María Manzanares, Juan Ortega y Pablo Aguado - ha habido una diferencia muy notable con respecto a lo ocurrido ayer, el petardazo de Saltillo. Esa diferencia ha sido el ambiente infernal por parte del 7. Lo dije ayer, estuvieron muy callados, veríamos hoy lo que pasaba. No me equivocaba, son muy previsibles. Guardaban todas sus fuerzas para desplegarlas hoy. Y motivos han tenido para protestar, muchos, con toda la razón, pero también ayer, y callaron porque era uno de sus encastes y, claro, no lo aceptan. Pero hoy tenían donde descargar sus iras y, por qué no decirlo, unas cuantas fobias. Repito, hoy tenían toda la razón en protestar, pero la mala educación y las faltas de respeto les hace perder los argumentos, aún más comprobando su mansedumbre 24 horas antes. O siempre o nunca.
¿Qué pudo hacer Manzanares con su lote? Nada. El primero tuvo que ser devuelto porque desde el saludo capotero mostró que no se tenía en pie, perdiendo las manos de manera clara, y eso que el alicantino le recetó un ramillete de verónicas templadas, cadenciosas, con clase y empaque, con la elegancia que impregna su toreo, llenas de sabor. Ni un segundo tardaron en ondear los pañuelos verdes y montar la mundial los exigentes, y con razón, repito, pero esa furia la quería haber visto ayer. Incomprensible e inadmisible que el presidente no sacara el pañuelo verde. En la muleta se derrumbaba a la mínima. Lo cuidó al máximo Manzanares, a media altura, sin obligarle nada, pero ni por esas aguantaba. Bastante hizo con aguantarlo en pie. El cuarto fue devuelto por inválido y saltó un sobrero de El Freixo que no mejoró nada. Sin fuerzas ni entrega, soso y deslucido, pasando con desgana, para olvidar. Al menos José Mari los despachó de sendos espadazos certeros que abreviaron el trance.
Menos aún pudo hacer Juan Ortega con los suyos. Devuelto el segundo por inválido saltó un sobrero de José Vázquez sin presencia para Madrid y que incluso empeoró al titular. Otro sin fuerzas y además con apuntes claros de manso, que perdió las manos varias veces y que también tenía todas la papeletas para volverse a los corrales. Pero dos consecutivos era mucho y el palco cambió el tercio de  manera incomprensible. Imaginen el nivel de la lógica  bronca, y sólo estábamos en el segundo. No aguantó ni un pase en la muleta, se derrumbaba estrepitosamente, un infierno. El quinto, aunque pareció apuntar algo en varas, solo contribuyó a la caída en picado de la tarde al no emplearse y además  reponer, complicando los intentos del sevillano por sacar algo, constantes enganchones, feo e intrascendente trasteo, por lo que tomó la calle de en medio y abrevió entre reproches y algunos comentarios de mal gusto que sobraban.
Si faltaba algo por rematar el cataclismo de esta tarde vino en el tercero, que en los primeros compases de la faena pareció que tenía opciones al desplazarse con buen tranco y repetir hundiendo la cara en tres series en redondo acoplado, muy templadas, profundas, ligadas con ritmo, llevándolo muy empapado en la muleta. Pero el atanasio se rajó y ahí acabó todo. Por el izquierdo protestaba y punteaba la tela, muletazos sin limpieza y deslucidos que no mejoraron al volver a la diestra, demasiados pases y escasa o nula emoción. Faena cuesta abajo y demasiado larga antes de dejar medio acero hundido en terrenos del 10 que no hizo doblar al toro. Desde ese momento un despropósito con el descabello. Desde esos terrenos, al hilo de las tablas, ni sé los golpes de verduguillo que sumó, desde el 10 al 5, dicen que veinte, puede ser, se hizo eterno. Sonó un aviso, luego el segundo, no había manera en medio de una bronca monumental, y finalmente el tercer aviso. Apuntillado el toro desde el burladero y Aguado retirándose en medio de una pitada de órdago, dramático para el sevillano. Imagínense lo que escuchó y aguantó Aguado en el sexto, una falta de respeto y una mala educación inadmisible. Por muy calientes que estuvieran los ánimos y por mucha razón para estar muy cabreados por el desastre absoluto, nada justifica el infierno que sufrió. Hay unos límites que no se pueden rebasar con quien, mejor o peor, se la está jugando ante un animal que bien sabemos la fuerza que tiene y la capacidad para herir que encierra. La actitud del 7 en este toro ha sido vomitiva, aunque fuera un toro sin clase alguna, que se veía claro que no valía para nada, incluso que en su falta de condiciones se defendía con malas intenciones y ante el que el sevillano en ningún momento lo vio claro y alargó una faena artificial que no merecía la pena. Pero de ahí a los insultos y gritarle "novillero, novillero" hay un trecho, y es asqueroso tener que aguantar eso de esa gente. Eso no es de aficionado, es de canallas o frustados que vienen a los toros a calmar sus iras.

Antonio Vallejo
 

jueves, 21 de mayo de 2026

11ª de San Isidro: Difícil de digerir

De momento la entrada más pobre de la feria, no ha llegado a los tres cuartos, y reconozco que si he estado esta tarde en Las Ventas es porque no me ha quedado más remedio que adquirirla en el abono y no incluirla entre las tres únicas que se permite renunciar. Una pena que sólo sean tres, porque este año hubiera renunciado a ocho o nueve seguro, y posiblemente alguna más, y la de hoy era de las que me echaban para atrás. Pero circunstancias personales y familiares me obligaban a quedarme con la de hoy. Y los que se han quedado en casa, ¡enhorabuena!, sabia decisión. 
Corrida "torista", del hierro de Saltillo, remendada con uno de Couto de Fornilhos, que ha terminado a eso de las nueve y veinte de la ya casi noche y que ha resultado como prácticamente siempre acaban este tipo de corridas: ¿Qué es el "torismo"?, más de lo mismo. Una decepción, un aburrimiento. Muy larga y pesada se ha hecho la tarde. Siendo generoso podría decir que el primero ha tenido algunas opciones y que el sexto ha tenido un atisbo de lo que es ese encaste, pero puro espejismo al final. ¿El resto?, leña para echar al fuego por delante y kilos para que los aprovechen los matarifes. ¿Bravura?, ni estaba ni se le esperaba. ¿Emoción?, cero, si por emoción entendemos la del toreo eterno, ese templado y ligado por bajo. Pero si por emoción se entiende que estos toros que no han tenido entrega alguna, nula humillación, cuatro de certificada mansedumbre, sin ritmo, sin clase, deslucidos, hasta sosos, pero que han tenido parones y miradas, que se han venido por dentro y se han colado en cantidad de ocasiones, que reponían y soltaban hachazos bruscos a la defensiva, que no es embestir, que si tenían peligro era precisamente por eso, su falta de condiciones, y que en vez de los olés despertaban el "¡uy!", el "ufff" o el "¡ay!", es decir, miedo o pánico, pues vale, ha sido "tremendamente emocionante". De verdad, que no me vengan con milongas, que hoy los críticos puristas han tenido la boca muy, pero que muy cerrada. Verán mañana la que lían, pancartas incluidas. Seguro.
Así es imposible que José Carlos Venegas, Juan Leal y Juan de Castilla hayan podido rendir algo positivo. De nada vale decir que, por ejemplo, el jienense Venegas haya conseguido ligar un par de tandas en redondo al que abría plaza, el único potable, con profundidad y temple más algún natural suelto hondo, pero nada más. Ni que el parisino Juan Leal haya trenzado igualmente algunos derechazos con cierto empaque tras jugársela en el inicio de faena con cambiados por la espalda de enorme valor, además de parar bien con el capote a ese segundo, fijándolo por bajo, andándole hacia atrás y llevándolo a los medios. Ni tampoco decir que el colombiano Juan de Castilla haya estado voluntarioso ante un tercero que pasaba, sí, pero a media altura y sin transmisión alguna, en una faena larga y anodina, y ante el sexto, más encastado que sus hermanos, algo no muy complicado, la verdad, comenzó de rodillas con explosividad, aguantó con valor algunas coladas y, aunque lo intentó y compuso algunos muletazos por el derecho no llegó de tomarle el pulso a un toro que no tuvo mal embroque pero se quedaba corto y a media altura, reponiendo con riesgo. El resto de las faenas fue un sin fin de pases y más pases que no llevaban a nada, especialmente al natural, por ahí no se ha visto prácticamente nada, algunos aislados que surgían de uno en uno, pero nada más. Debo decir que tampoco es que por el pitón izquierdo hayan estado precisamente entonados los tres, quizás hubiéramos visto algo más, pero dudo que suficiente como para levantar la tarde. Por si fuera poco, dos o tres faenas se pasaron de medida, contribuyendo al aburrimiento general. ¡Ahí sí!, entonces se escucharon algunas protestas, algo es algo, contra los matadores, por supuesto. Por lo menos no estaban dormidos los críticos implacables. ¿O quizás era mejor que lo hubieran estado?. Lo único que colaboró en que la corrida no durara aún más de lo que duró fue que con los estoques estuvieron resolutivos, que no quiere decir que mataran bien ni que todos fueran espadazos arriba, porque para que un toro doble a la primera el defecto de colocación o trayectoria no es un impedimento.
Ni tampoco salva la tarde la sensacional brega de Iván García al primero, ni el extraordinario tercio de banderillas protagonizado por él mismo junto a Fernando Sánchez en el cuarto, un animal de una amplitud de pitones descomunal, al que colocaron los palos en la misma cara, saliendo del embroque con solvencia y torería. Como tampoco salva la tarde la sensacional actuación de Vicente Herrera dejando un gran par al quinto, ni la cuadrilla del Juande Castilla ante el sexto con Teo caballero dejando dos buenos puyazos , Raúl Cervantes en la brega, y Marcos Prieto junto a Pablo García en banderillas. Fueron chispazos de brillo en medio de la anodino, escaso bagaje para sostener una tarde muy difícil de digerir.

Antonio Vallejo

miércoles, 20 de mayo de 2026

10ª de San Isidro: Julio Norte alcanza sus sueños

Tres jóvenes novilleros venían hoy a Madrid para vérselas con un encierro de Fuente Ymbro, palabras mayores, máxima responsabilidad por el escenario y el ganado, probablemente con nervios, pero seguro que llenos de ilusión y de esos sueños que desde niños, cuando decidieron que querían ser toreros, llevan en la cabeza y que, en el caso del salmantino Julio Norte,  se han visto cumplidos en esta preciosa tarde primaveral. Me imagino todo lo que se le ha podido pasar por la cabeza a es niño de 18 años que esta tarde ha salido a hombros por la Puerta Grande para tocar el cielo de Madrid, todo lo que siempre ha perseguido y anhelado desde que cogió por primera vez un capote y una muleta hecho realidad, la felicidad suprema.
Creo que hoy  es día para que también nosotros sintamos felicidad por lo que hemos visto y que para mi ha marcado la tarde, más allá de cualquier detalle técnico o cualquier juicio a su actuación. Lo que más me ha gustado es haber visto a dos novilleros, Julio Norte, 18 añitos, y Mario Vilau, 19 añitos,  pisar por primera vez la arena de Las Ventas y estar, como siempre se ha dicho y se pide, en novilleros. Todo lo han dado, no se han guardado nada, y lo han hecho con transparencia, sinceridad y verdad, con muchas virtudes, y también con defectos, faltaría más, pero que se compensan y perdonan por la ilusión con la que han afrontado el compromiso, además del valor desinteresado y la entrega que nos han brindado. Sí, pueden llamarme lo que quieran, blando, amable, transigente, permisivo, tolerante, amable.... lo admito, ambos me han conquistado por esa sensación de inocencia y honestidad que me han transmitido, incluso ternura, al verles enfrentarse sin tapujos a esos novillos, que, aunque desiguales en presentación y trapío, todos han tenido seriedad, incluso el tercero, el más protestado por falta de remate, lo comparto, pero con dos puñales por delante, por lo que los "miaus" que se han escuchado por la minoría más crítica, me parecen, se lo digo así, una indecencia. 
Hubo un tercer novillero, por supuesto, el peruano Pedro Luis, 25 años, más veterano y forjado, ya conocido en Madrid, que ha pasado más de puntillas en esta tarde al toparse con un noblote pero sin fuerzas ni empuje  primero, con el que estuvo, digamos, aseado, pero sin emoción, todo tuvo que ser a media altura y sin obligarle porque no aguantaba lo mínimo. Con el cuarto, que tuvo ritmo y profundidad, repetidor, le costó acoplarse y fue al final de faena y al natural donde la faena elevó el tono y se vieron muletazos con empaque y hondura, pero todo en un contexto de irregularidad.
Mario Vilau, de Hospitalet de Llobregat, sólo con ese dato me descubro por haber llegado hasta esta tarde. No hace falta ser Demóstenes para intuir lo difícil que tiene que ser en Cataluña tomar la decisión de ser torero, hay que echarle valor, mucho, y sortear miles de obstáculos, como todos los niños de la Escuela Taurina de Cataluña, héroes en tierra hostil para el toreo. Ya sólo verle andar con decisión hacia la puerta de toriles, hincarse de rodillas y recibir a sus dos novillos a porta gayola, es toda una declaración de intenciones y muestra de sus ganas de ser torero entregándolo todo. Luego el inicio de faena de rodillas ante un utrero que no regalaba nada dejaba clara su disposición y entrega, aguantando las embestidas viniéndose por dentro, algunos parones y miradas, plantándole la muleta, manteniendo el pulso, poco a poco fue metiéndole en los vuelos en una faena que fue a más y que tuvo mucha emoción porque toreó con el corazón y verdad, sobre todo al natural, con mucho temple, ligando series hondas de mucho mérito y clase. Además mató de un estoconazo hasta la bola que valió una oreja indiscutible. El quinto fue un manso con peligro al que también recibió a porta gayola, más compromiso imposible. Desde salida mostró su condición, huidizo, sin querer entrar al caballo, esperando en banderillas, reservón en la muleta, medía, se quedaba debajo, a medio camino, se revolvía para soltar derrotes secos, defendiéndose. Muy valiente el catalán, sin amedrentarse, tragó lo indecible, poniéndose de verdad, cada pase era una angustia, hasta que en uno de esos el fuenteymbro se lo echó a los lomos y le corneó en el muslo. No se encogión, un torniquete y vuelta a la cara del novillo, pero cada vez tenía más peligro y, bien aconsejado, cortó lo que era imposible y mató con una entera para recorrer el ruedo por su pie camino de la enfermería en medio de una grandísima, cariñosa y merecida ovación por una tarde de verdad en la ha vivido las dos caras del toreo. 
Julio Norte cumplió los sueños que ya había saboreado en Fallas, dos orejas y salida a hombros con novillos de este mismo hierro, triunfador del certamen. Recibió al muy terciado y protestado  tercero con una larga cambiada y lo lidió hacia los medios con criterio. El inicio de faena por estatuarios tuvo gusto para después ponerse a torear por el derecho y con mando ir sometiendo las descompuestas embestidas, plantándole la muleta, bien colocado, con temple, bajándole la mano para acabar en dominador. Por ambos pitones trazó los muletazos bajándole la mano, templado, con profundidad y ligazón, mucha emoción y transmisión, hasta que aguantó el fuenteymbro. Quizás ahí era el momento de ir a por la espada y acabar, pero las ganas de novillero le llevaron a alargar un tanto en tres circulares y un arrimón en las cercanías, por lo que le disculpo todo, prefiero que vengan así, a mostrarse como son y darse enteros. Se tiró con todo a matar y reventó al novillo hundiendo el acero hasta la yema...pero caída, fea. A pesar de todo se pidió la oreja por mayoría, al menos así lo aprecié desde el tendido, que fue concedida por el palco y la consiguiente bronca de quienes consideraban que la defectuosa estocada no puede llevar a ese trofeo. El presidente cumplió el reglamento, cierto, pero me parece que una vuelta al ruedo hubiera sido justo premio. El que cerraba plaza era un toro, por cuajo y cara, bellísima lámina, con buen tranco y repetición y fijeza. De rodillas, con dos cambiados por la espalda de cortar la respiración arrancó una faena que tuvo como virtud la movilidad y el buen son del novillo, al que le dio distancia y embarcó en tandas en redondo de mucha transmisión, templadas y profundas. Por el izquierdo fue menos limpio, protestaba, más corto, se quedaba debajo de las telas y, al intentar un pase de pecho fuera de sitio, descubierto, le lanzó por los aires sin consecuencias. Se repuso u volvió enrabietado, todo corazón y compromiso, pero el novillo, orientado y con sentido desarrollado, no permitió mucho más. Valor y entrega de Norte para arrancar los últimos muletazos toreando en las cercanías y matar de un gran estocada que valió otra oreja y así alcanzar sus sueños. 

Antonio Vallejo

 

lunes, 18 de mayo de 2026

9ª de San Isidro: La de Fuente Ymbro no debió irse con las orejas puestas

La de Fuente Ymbro no debió irse con las orejas puestas en el arrastre, así de claro. Bueno e interesante encierro el que ha traído Ricardo Gallardo, con claras y serias opciones en al menos tres de toros, encastados y exigentes, de los que piden el carnet y a los que había que hacerles bien las cosas para sacar lo que llevaban dentro, además de una presentación impecable, buenas hechuras, y mucha leña por delante pero manteniendo siempre las proporciones, sin exageraciones estridentes, la seriedad habitual del hierro gaditano. 
Tuvo Miguel Ángel Perera un primero que metía bien la cara en los lances por bajo de recibo y cumplió en el caballo, arrancándose pronto y con buen tranco, hundiéndose en el peto, empujando con celo, y que mantuvo movilidad y fijeza en un extraordinario tercio de banderillas a cargo de Jesús Díez "Fini". Toro encastado y exigente que en la muleta tuvo transmisión y emoción en las dos primeras tandas de derechazos ligadas en la distancia y bajándole la mano con ese poder que siempre ha caracterizado  al extremeño. Ahí prácticamente se acabó todo y comenzó a declinar la faena. Por un lado el viento que molestó a Perera nada más cambiarse al pitón izquierdo, naturales sin limpieza, enganchones y un desarme hicieron que todo fuera a menos. Por otro, decidir acortarle las distancias. En las cercanías el fuentymbro lució menos y todo lo que vino a continuación fue una sucesión de pases y más pases sin  demasiado argumento que ahogaron cualquier posibilidad de que el toro rompiera. Silencio para el matador y ovación fuerte al toro en el arrastre creo que es un dato significativo. El cuarto fue un toro noble con el que Daniel Duarte y Vicente Herrera completaron un magnífico tercio de banderillas con mucha pureza y calidad y que en la muleta tuvo escasa duración y fue a menos tras un inicio de faena en los medios con dos cambiados por la espalda marca de la casa y las primeras serie de derechazos ligados, con mando, que es lo que aguantó. Lo intentó luego por ambos pitones, quizás en demasía, y todo resultó intrascendente y carente de emoción, de nuevo pases que conducían a poco. Silencio de nuevo.
Paco Ureña se las vio con un segundo que de salida no permitió nada, siendo Curro Vivas quien con una brega portentosa y de intensa emoción lo fijó tras no querer saber nada de los capotes y  hacer que cundiera el pánico por sus embestidas quedándose debajo y soltando la cara con brusquedad. Tras un primer puyazo empleándose, en el segundo salió rebotado y rebrincado confirmando las sospechas de mansedumbre. Hecho un auténtico jabato estuvo Ureña con la muleta. Tragó lo indecible en los primeros compases, aguantó los parones y miradas del toro, medía y probaba, no se dejó comer terreno, le plantó la muleta con decisión desde el inicio, poco a poco fue ganándole el pulso a base de poner mucho más que un par y así acabar componiendo series en redondo profundas y ligadas en el sitio de enorme mérito. Por el izquierdo aún más complicado, vuelta a tragar miradas y derrotes violentos, secos, ante los que siguió mostrando una firmeza y un valor descomunal para finalmente dibujar naturales de gran emoción más un arrimón de los de verdad que puso a la plaza en pie. De no haber fallado con la espada estoy convencido que la oreja hubiera sido pedida con fuerza. Al quinto, un toro con movilidad y repetidor, lo recibió con un ramillete de  verónicas acompasadas con mucho gusto y una media de categoría, condiciones que conservó hasta la muleta, donde además se presentó exigente, pidiendo todo por bajo y sin permitir errores. No pudo ser más vibrante el inicio de faena, estatuarios, una trinchera  repleta de aromas, dos naturales sublimes y uno de pecho superior, torería pura. La exigencia del toro aportó toda la emoción, todo lo pedía por bajo y templado, trazos limpios, sin tocar las telas, con mucho temple, de lo contrario se desordenaba el conjunto. Lo logró el murciano por momentos, sobre todo con la diestra, muletazos largos y profundos que levantaron los olés, pero sin acabar de redondear las series, un tanto irregular en el conjunto y menos claro por el pitón izquierdo, bajando el listón. Quizás acabó alargando demasiado el trasteo con el fuenteymbro venido a menos en unas tandas que no tuvieron ya ningún calado. Se despidió en silencio mientras sonaban las palmas al toro en el arrastre.
Lo comenté este pasado viernes y hoy lo he comprobado sin miedo a equivocarme. Algunos le han tomado la matrícula a Fernando Adrián, le esperan de uñas y no le pasan ni una. Y si no tienen motivo, da igual, el caso es reventarle la faena, así de claro, y eso ha pasado hoy. No entiendo, si no,  la actitud de una minoría que traía ya la consigna desde casa, no parar de molestar y reprochar cuanto hiciera, algo que me parece inadmisible. Puede parecerte bien o mal la Puerta Grande del viernes, merecida o no, me da igual, el público pidió las orejas y el palco, cumpliendo el reglamento, no lo olvidemos, las concedió. Luego tú te vas a casa y dices lo que quieras, que si es regalada, que si es pobre, que desprestigia la plaza, lo que te parezca, porque eres el único que sabe y el que mantiene la pureza de la Fiesta, y me parece fenomenal. Pero eso fue el viernes, hoy es otro día y el contador se pone a cero. De verdad, me ha parecido una canallada la actitud de ese sector minoritario en el tercer toro, al que el madrileño recibió a al verónica, buenas, mecidas, rematando con una media de mucho gusto, al que Ángel Otero colocó dos pares de antología, el segundo firme candidato a par de la feria, ganándole la cara, cuadrando entre los pitones para dejar reunidos los palos de manera monumental ante una plaza en pie rendida a este grandísimo torero de plata. En la muleta tuvo mucha importancia y transmisión el fuenteymbro, exigente y encastado, pero noble y repetidor, con celo, persiguiendo la franela con la cara baja. Cierto que la faena tuvo altibajos, pero también es cierto que desde el primer instante empezó el festival de censuras, casi sin dar un pase. Lo mejor, sin duda, lo logró con las series por el derecho, mejor colocación y  acople y entendimiento, ligando por bajo, corriendo bien la mano, con transmisión, pero para algunos nada valía. Al natural le costó más, menos ritmo y más reproches, tuvo menos acople pero intentó cruzarse y hacer las cosas bien, pero a la mínima que intentaba ligar volvían los pitos y los gritos. Mantuvo la calma y siguió a lo suyo volviendo al mejor pitón y al toreo en el que se encuentra más cómodo para dibujar un par de series en redondo reposado y encajado, templadas y profundas, con ritmo. La faena estaba hecha, en mi opinión pedía un final por bajo, que lo tuvo, y con mucha torería, doblándose por bajo, muy templado, de bella factura, pero antes hizo un amago de recurrir al toreo de cercanías que resultó un tanto embarullado y deslucido, lo único que creo sobraba en la faena a un toro como el que tenía delante. Un pinchazo y una estocada caída evitaron la petición de oreja... y la consiguiente posterior bronca entre partidarios y detractores. Vio cómo fue devuelto el último toro por su invalidez y en su lugar saltó un sobrero del mismo hierro ¡y 621 kg de peso! de una presencia imponente - la ovación que despertó fue atronadora - que, aunque tuvo bríos y buen tranco de inicio tomando bien el capote en las verónicas de recibo  y con el que Ángel Otero bregó de manera magistral, se apagó muy pronto y a la muleta llegó exhausto y viniéndose por dentro con riesgo. Generoso en un esfuerzo estéril y derroche de valor baldío, nada más se le podía pedir. Al final, ovación para el madrileño y para el buen toro en el arrastre en el tercero y silencio, todos en paz.

Antonio Vallejo

 

domingo, 17 de mayo de 2026

8ª de San Isidro: Naufragio de La Quinta, Diosleguarde confirma con nota

Un año más se cumplió con la tradición de guardar en este 16 de mayo un minuto de silencio en memoria de Joselito "El Gallo", muerto tal día como hoy hace 106 años en la plaza de Talavera de la Reina tras ser corneado en el vientre por el toro Bailaor de la ganadería Viuda de Ortega.  Que nunca se pierdan esta y otras tradiciones en el toreo.
Así arrancó una tarde de mucha expectación, no hay más que ver de nuevo el lleno en los tendidos, pero que por desgracia terminó en decepción, otra más a sumar a la hace una semana de este mismo hierro, y en la que hay un nombre que ha salvado la tarde del aburrimiento, Manuel Diosleguarde, que venía de la Copa Chenel a confirmar alternativa. Una corrida sosa y deslucida a más no poder, sin entrega, sin poder alguno, varios manseando, rajados, sin transmisión ni emoción que hubiera quedado en la nada si no es por la disposición, la entrega, el valor, la generosidad y la verdad de este salmantino que lo ha puesto todo y más ante sus dos toros y qua ha pasado la prueba con nota, demostrando que quiere y puede ser torero. El de su confirmación, un auténtico tío, preciosas hechuras y unos pitones al cielo afinadísimos,  pronto y con movilidad, repitió en la muleta del salmantino, pero lo hacía sin humillar y viniéndose por dentro, apretando. No se encogió Diosleguarde, le plantó cara, le puso la muleta, se lo llevó a a los medios y allí mantuvo el pulso llegando a sacar muletazos de mucho mérito,  a un toro que acudía, tenía buen embroque pero a medio muletazo soltaba la cara con brusquedad, tragando las tarascadas sin inmutarse, mucha emoción ante el inminente peligro aumentado por un viento que no ayudaba. Para descubrirse  que consiguiera ligar tandas por ambos pitones ante tanta adversidad. El pinchazo previo a la estocada privó de la posibilidad de petición de oreja en esa faena que tuvo mucha  emoción al jugárselo todo en el filo de la navaja. al final, ovación más que merecida. Con el que cerraba plaza acabó de conquistar el corazón de todos en una faena en la que su generosidad y entrega fue máxima, sin tapujos, sin guardarse nada ante un toro muy complicado, que se quedaba corto, reponía y se revolvía buscando, que se venía por dentro por ambos pitones pero especialmente con un instinto asesino bestial por el izquierdo, poniéndoselo en la cara, sin permitir nada ni conceder el mínimo respiro, haciendo hilo a la salida sabedor de lo que había tras la franela. Enorme el valor, descomunal la decisión y la entrega del salmantino, que no dio ni un paso atrás y que no se retiró de ese pitón criminal mostrando una firmeza que llegó a unos tendidos que tenían que contener la respiración en cada muletazo por el peligro evidente para acabar escuchando unos olés que valen más que la oreja que tenía más que asegurada de no haber marrado con la espada. A todo eso debo sumar en su haber el extraordinario sentido de la medida que han tenido sus dos faenas, sin alargarlas artificialmente, algo nada fácil cuando es la única oportunidad en San Isidro y se quiere demostrar mucho, lo que habla muy bien de su cabeza y su honestidad, todo pura verdad. Desde luego puede descansar tranquilo esta noche.
El resto de la tarde ha tenido muy poco, todo ha navegado en un mar de sosería y mediocridad con toros deslucidos y sin bravura ni raza, que pasaban por pasar, nula emoción, y con un Manuel Jesús "EL Cid" que tampoco es que haya puesto mucho más que su lote, algo en el segundo, muletazos sueltos recordando algo de lo que fue, y nada ante el manso y rajado cuarto, con el que tampoco le vi especialmente confiado ni con excesivas ganas. tampoco. Álvaro Lorenzo tuvo opciones con dos toros que iban y venían deslucidos y sosos, sin decir nada. Tan solo las verónicas de saludo al tercero tuvieron eco, lo demás no pudo ser. Lo intentó el toledano por ambos pitones pero la sucesión de muletazos no llevaba a ninguna parte, el toro iba con la cara alta y en una colada desistió y se fue a por la espada, abreviando. El quinto fue un calco, así que lo mejor es pasar página y pensar que vendrán ocasiones mejores que las de esta tarde en la que Iván García volvió a desmonterarse una tarde tras cuajar un tercio de banderillas majestuoso en el tercero, ganándole terreno para cuadrar en la cara con infinita pureza y dejar los palitroques reunidos, además de bregar en el quinto con una maestría absoluta pero quedando en un inexplicable silencio. No entiendo, sinceramente, que nadie haya apreciado esa brega. Pero así pasa a veces, el tedio lleva a eso, la gente se desentiende tanto como los toros. Al menos a Raúl Caricol sí se le brindó la merecida ovación por su gran tercio de banderillas al cuarto, debieron despertar de la anestesia de la tarde en ese momento. Mañana más y espero que mejor.

Antonio Vallejo 

sábado, 16 de mayo de 2026

7ª de San Isidro: Torería añeja de Urdiales, verdad al natural de Fortes y la cuarta de Fernando Adrián

Otro "no hay billetes" en Las Ventas, y van cuatro de siete si no me equivoco, para ver la que ha sido una muy seria y muy bien presentada corrida de El Torero, de muy variado e interesante juego, para una tarde que ha tenido cabida para muchas cosas,desde el triunfo hasta el dolor, pero en ningún momento aburrimiento, lo que, después de los dos últimos días, ha sido una bendición del cielo. Buenas hechuras, con dos de los toros de especial belleza, el armónico y desafiante primero, y el impactante tercero por su capa, descrita en el programa de mano como "berrendo en negro capirote alunarado", una estampa preciosa, y buen juego en general, destacando sin duda tercero y quinto, el lote de Adrián, por encastados, con mucha movilidad y repetición además del noble y manejable quinto, mientras el segundo resultó muy peligroso, una alimaña, y los que le cayeron en suerte, o mala suerte, a Urdiales, primero y cuarto, los de poca transmisión y entrega.
Lo normal sería comenzar por el triunfador de la tarde, Fernando Adrián, que ha abierto por cuarta vez en su carrera la Puerta Grande, y quien seguro se lleva todos los honores y las portadas de esta tarde, pero no voy a hacerlo. Saben de sobra, mejor aún los que me conocen, cómo entiendo y disfruto el toreo, lo que me disgusta, lo que me gusta y lo que me apasiona. Por eso voy a comenzar por Diego Urdiales, un torero al que admiro por muchas cosas, pero sobre todo por ese poso de toreo añejo que atesora, ese toreo reposado y sentido para uno mismo que te hace crujir con cada detalle, es la calidad, no la cantidad de todo cuanto hace delante de un toro, lo que atrapa y emociona. La faena al cuarto ha sido como uno de esos grandes reservas de su tierra riojana, un vino para degustar poco a poco, despacio, sin prisas, sacándole todos los aromas, apreciando los matices y disfrutando el gusto que deja en el paladar por tiempo indefinido. Era un toro bonito y elegante, muy bien hecho, al que toreó de capote con una finura y clase sublimes por verónicas, con una media de remate repleta de gusto, como fue la faena de muleta, un vino de culto. Toro con nobleza y buen son pero sin demasiada entrega ni emoción, un tanto irregular, ante el que Urdiales estuvo con una torería suprema. Le ofreció el embroque, le bajó la mano y le condujo con suavidad, despacio, sin brusquedades, pase a pase, buscando la colocación, muy puro, primero en redondo, mano baja, para ir encelándolo y sacar lo mejor, que llegó  por el izquierdo, naturales de uno en uno, perfectamente colocado, dándole el pecho, cada uno un crujido, los trincherazos directamente partían el alma, descorchando ante nuestros ojos la mejor botella de la mejor cosecha posible, el toreo eterno, que se saborea en cada pase, en cada sorbo, sin prisa, para que perdure siempre. Mató a este cuarto marcando los tiempos, volcándose sobre el morrillo, hundiendo la espada hasta los gavilanes, arriba, en todo lo alto, la estocada perfecta, candidata sin duda alguna a estocada de la feria. Fuerte ovación con saludos tras una sorprendente y decepcionante escasa petición por parte de los tendidos. Debe ser que a muchos les gusta más el vino peleón o beber a grandes tragos y en cantidad sin apreciar la exquisitez. Yo me quedo con lo poco pero de calidad suprema,  como en el toreo. Con e que abría plaza pocas opciones tuvo Urdiales. Un toro sin entrega, que pasaba y tendía a acostarse sobre todo por el izquierdo y tendía a buscar, de los que parece que te están esperando en un descuido para hacer carne. Tuvo detalles sueltos cargados de sentimiento, pero resultaba casi imposible la continuidad, por lo que abrevió con buen criterio, aquello no podía llegar a nada bueno. Mató con habilidad pasaportándolo a la primera. Todavía tengo en el paladar el regusto de la torería añeja del maestro.
Tremendo el segundo por delante, ¡vaya dos pitones!, en puntas. Buen saludo capotero de Fortes, verónicas ganado pasos, un par de ellas de bellísima factura, con buena respuesta del animal que humilló y repitió con clase. Fue al salir del caballo cuando se llevó por delante al malagueño lanzándolo al aire para caer a plomo y quedarse medio sin sentido. Afortunadamente solo un susto, el primero, porque nada más tomar la muleta, tras los muletazos de tanteo, al tomar la franela con la diestra, de nuevo lo arrolló, esta vez quedándose a merced del astado en unos segundos de angustia entre los enormes pitones que buscaban herir donde fuera, cabeza, cuello, tórax... No sé como pero se repuso y volvió a la cara del toro y por el mismo pitón. A partir de ahí todo fue contener la respiración, en cada pase medía y miraba, las intenciones eran claras, inmenso valor y mérito de Fortes al aguantar lo que aguantó. Por fin se dio cuenta que era imposible y cortó por lo sano quitándoselo de en medio con una certera estocada, que me da igual donde cayera, misión cumplida. Atendido y operado en la enfermería de una cornada en un gemelo, según el parte facultativo, salió de nuevo a matar al quinto, al que recibió también por buenas y templadas verónicas, como si nada hubiera pasado, increíble lo de estos hombres. Primeros compases con la diestra, por bajo, llevándolo largo, toro con nobleza y que obedecía, buen son. Pero fue por el izquierdo, tras un cambio de mano portentoso por donde rompió a embestir. Tandas de naturales con la muleta planchada, echándosela delante, enganchando la embestida para conducirla con temple y profundidad, ni un toque, una delicia que se transformó en exquisitez cuando a pies junto le dio el pecho y uno a uno, con una colocación perfecta, con una verdad difícilmente inigualable, tirando del toro con suavidad, sacó naturales de ensueño que pusieron a la plaza en ebullición. Y además un valor brutal, porque le dio todas las ventajas al de El Torero, que a punto estuvo de volver a llevárselo puesto, pero ni se inmutó, lo que aumentó más si cabe  la emoción con la que se ha vivido el toreo al natural del malagueño. Mató de una magnífica estocada y cobró una oreja de ley y mucho peso por una faena de muchísima importancia.
El triunfador numérico de la tarde fue Fernando Adrián, que suma ya cuatro Puertas Grandes, que cortó dos orejas, una a cada uno de su lote, que bien podrían haber sido tres porque el tercero, para mi, era un toro para irse al arrastre sin orejas. Precioso toro, como ya he comentado, al que recibió doblándose por bajo en lances largos y una media de calidad. Poco más tarde fue Urdiales quien dibujó al aire madrileño un quite por verónicas absolutamente delicioso mostrando las cualidades de este toro exigente, la movilidad y la repetición. Sin probaturas, directamente, se puso a torear por el derecho, dándole mucha distancia, para aprovechar la movilidad y velocidad del toro, que además repetía incansable pero sin acabar de entregarse. Primeras tandas vibrantes y con mucha emoción por ese pitón, ligadas por la tremenda inercia del toro, todo muy deprisa, le pegó un par de cambiados por la espalda de vértigo y mucha transmisión. Cambió al izquierdo, una par de toques a la muleta y el panorama cambió, ahí se vio la falta de entrega del toro, que si bien se movía mucho, lo hacía sin entrega. Quizás hubiera sido bueno haber probado a doblarse  de inicio, sometiéndole, para después poder poder reducir la embestida, templar y moderar la velocidad. A lo mejor por ahí hubiera ganado más, porque la cosa empezó a ponerse en contra por parte del sector más crítico que me da la impresión que le tiene tomada la matrícula y le afeó la colocación y no bajar más la mano. Yo también creo que ese toro podía haber lucido mucho más con otro trato, todo era demasiado rápido, aunque es innegable que la faena tuvo la emoción de esa movilidad. El caso es ala natural bajó el nivel claramente y en mi opinión fue a menos, aunque levantó los ánimos con unas bernadinas de escalofrío antes de dejar una entera algo contraria que hizo que se demorara la muerte de este exigente tercero. Una oreja. La otra vino con el que cerraba plaza, que a punto estuvo a punto de llevarse puesto al madrileño, los pitones en la mismísima barriga, avisaba el de El Torero. En el turno de quites de nuevo Urdiales derramó torería con una s verónicas suavísmas meciendo al toro como si quisiera dormirle, una auténtica delicia. Curro Javier era el encargado de colocar las banderillas, le apretó en el primer par, mucho, segundo aviso. En el tercer par ya no hubo aviso, directamente enganchó al buen banderillero, lo lanzó a aire y le corneó repetidas veces en unos segundos escalofriantes donde nos temimos lo peor. Fue llevado a la enfermería y el parte médico deja a las claras que fue un milagro que salvara la vida, puntazos en región lumbar, cara interna del muslo izquierdo y externa del derecho, contusión en bolsa escrotal y erosiones y contusiones múltiples. Lo dicho, estuvo bajo los pitones demasiado tiempo, San Isidro tuvo que echar el capote que nadie había echado antes con más prontitud y diligencia. La faena de muleta tuvo cierta similitud con la anterior, pero esta vez con más temple y despaciosidad. Primeros compases por el derecho, esta vez sí probándolo por bajo, tandas en redondo más pausadas y de más calidad, toreo en línea curva, no en la recta de su anterior, pasando al pitón izquierdo por donde el animal rompió y los naturales surgieron mucho más reposados y con más limpieza que en el tercero, ligados por bajo, algunos muy hondos,  aunque se le censuró de nuevo la colocación, a veces con razón al quedarse fuera, pero otras no, porque es cierto que para encontrar la ligazón en algunas tandas es absolutamente imposible estar siempre cruzado. Es lo de siempre, ya sabemos lo que pasa en esta plaza. Fue a menos y recurrió a las cercanías, metiéndose entre los pitones con un toreo más efectista que fundamental, pero elevó de nuevo los ánimos del respetable antes de  matar de entera tendida y cobrar otra oreja con división de opiniones para salir a hombros camino de la calle Alcalá. 

Antonio Vallejo 
 

viernes, 15 de mayo de 2026

6ª de San Isidro: Vergüenza torera de Luque entre las ruinas


 Justo antes de arrancar el paseíllo de la novillada de este pasado martes me dijeron personas muy metidas en los entresijos de esta plaza que de la corrida del jueves, es decir, hoy, la de El Parralejo, solo habían pasado el reconocimiento dos toros de todos los desembarcados, y que el rebote del ganadero fue tal que directamente los subió al camión y, hala, de vuelta a Huelva. Y también me dijeron que muy posiblemente se sustituyera por una de Vellosino. ¿Saben cuál fue mi respuesta cuando me recuperé del asombro de la información?: "¡Estamos apañaos!", y no me equivocaba. Primero, que es raro que solo dos toros pasaran el reconocimiento de una ganadería que venía de dar una extraordinaria tarde de toros en Sevilla, y por lo que me dijeron había cosas chocantes en ese reconocimiento. Y segundo, que a cambio trajeran los de Vellosino, que  precisamente no es de las que mejor cartel tiene en Madrid, más bien está en especie de "lista negra" de ganaderías. Quien sea la cabeza pensante de todo esto, desde luego, se ha lucido... o hay otros motivos que desconocemos para que lo que ha salido hoy por la puerta de toriles sí haya pasado el reconocimiento. 
Una corrida que ha sido un petardo más grande que toda la mascleta. Seis toros sin fondo ni fuerzas, ni una gota de energía ni empuje, cero poder, carentes de todo, distraídos, sin fijeza, sin entrega, sin movilidad, sin recorrido, sosos, deslucidos, descompuestos, nula emoción y ninguna opción para nada. Uno tras otro iban saltando al ruedo venteño, cada cual peor, que han provocado el más absoluto aburrimiento y el hartazgo de unos tendidos abarrotados - otro lleno - que en vez de una tarde de toros lo que vieron fueron auténticas ruinas.
Ponerme a contarles una tarde como la de hoy no merece la pena, sería añadir aún más penurias a las ya padecidas bajo el frío y el viento, así que mejor ahorrar detalles. Decir que bastante tuvieron Sebastián Castella y David de Miranda con mantener su lote en pie, toros que se venían abajo con estrépito, que pasaban por la muleta porque estaban allí, iban y venían sin más, a pesar de los intentos de ambos espadas por sacar algo de ese pozo vacío. Era imposible. Bien hizo Castella en tirar por la calle de en medio con el primero que no se tenía en pie, literalmente, y ojalá hubiera hecho lo mismo con el cuarto al que recetó un trasteo de un metraje excesivo, pases y pases intentando mantener  en pie con la muleta a media altura a un toro que era soso y desganado a más no poder. Tanto alargó de manera innecesaria a mi entender, que estuvo a escasos segundos de escuchar el tercer aviso al demorarse la muerte del animal por el desacierto con los aceros. David de Miranda poco más o menos, que quiso poner chispa con unos estatuarios muy toreros en los primeros compases de faena con el tercero, pero sin continuación por su falta de celo y  fijeza, otro que iba al tran-tran , sin gracia alguna, sin decir nada, pero que al lado de lo que fue el que cerró plaza casi podría decirse que era buen toro y que hasta tuvo emoción. Imagínense lo que fue, un espanto ante el el que el onubense se estrelló a pesar de intentarlo de todas las maneras, un toro que no es que tuviera poco recorrido, es que directamente no pasaba, algo horripilante. 
No se crean que el lote de Daniel Luque fue mejor, ¡que va!, más o menos igual, pero entre esas ruinas emergió la figura del sevillano que dio una lección magistral de técnica y poder. Al segundo lo mimó sobremanera, le dio la altura y el ritmo que precisaba, muchas pausas, porque no daba para más, iba con lo justo o menos, y así, a base de cuidarlo y mantenerle en pie, consiguió meterle poco a poco en la muleta, sin obligarle pero atacando él para llegar a pegarle cuatro naturales soberbios sacados de la nada que fueron magia pura. No tuvo más ese toro que acabo viniéndose abajo, como era de esperar, a pesar del magnífico trato que le concedió Luque. Fue en el quinto, un mastodonte de 610 Kg que no podía ni con el alma, donde la vergüenza torera del de Gerena tomó el mando y dijo basta a lo que estaba pasando en Madrid. Primero con el capote en unas verónicas a pies juntos deliciosas, más tarde con un quite por chicuelinas que parecían imposibles, y finalmente en la muleta con otra lección de conocimiento, paciencia y capacidad. Dos trincherazos al inicio de la faena marcaron la pauta de lo que iba a venir, poco a poco, con calma, todo muy suave, caricias para no lastimar a un toro que iba con la reserva encendida, sometiéndole un poquito en cada muletazo, acortando las distancias para acabar por bajo y tejer tandas muy cortas, el animal aguantaba lo justo, pero profundas y de mucha emoción, un auténtico milagro obrado por el inmenso saber y hacer de este pedazo torero. Mató de manera certera y fue despedido con ovación en ambos más petición insuficiente en el quinto en reconocimiento a una tarde de mucha importancia entre las ruinas de Vellosino.

Antonio Vallejo