lunes, 1 de junio de 2026

21ª de San Isidro: Sobraba el circo

La verdad es que no sé por dónde ni cómo empezar a contarle lo de esta tarde en Las Ventas, así que voy a hacerlo por lo más fácil y luego iré viendo en dónde me meto y daré mi opinión de lo que he visto, atónito, ya se lo adelanto. De largo lo más sencillo es reflejar el décimocuarto "no hay billetes" del serial, un salvaje récord de asistencia y que no va a terminar aquí. Lo siguiente, que este lleno era para ver una corrida de Adolfo Martín para los espadas Antonio Ferrera, Manuel Escribano y Paco Ureña, consagrados matadores muy familiarizados con este encaste Albaserrada, que ha tenido de todo, en la que unos han salido felices y contentos, otros cabreados hasta las orejas, y yo, personalmente, completamente desorientado y perplejo. En esta tarde han cabido muchos estados de ánimo, el único que es imposible encontrar es el aburrimiento. Y les diría más, podría haber sido una importante corrida si no hubiera acontecido lo que me ha parecido un auténtico circo, que lo dejaré para el final porque, entre otras cosas, ha ocurrido al final, en el sexto y último. 
Siguiendo con lo fácil de contar le toca el turno a Manuel Escribano quien se ha chocado contra el muro infranqueable de su lote, nulas opciones. Y eso que el sevillano lo ha puesto todo de su parte, yéndose a recibir a  ambos toros a porta gayola. Y los dos han salido igual, parados, mirando a uno y otro lado, sin enterarse, desluciéndolo todo y restando emoción, el segundo se frenó y tuvo que incorprorarse a media lance desluciéndolo todo, el quinto al menos se arrancó y tomó una larga cambiada y permitió al Escribano lancear con emoción, lidiando, para someter el brío inicial del adolfo. No tuvieron mal comportamiento en el caballo, se arranacro pronto y empujaron con cierta codicia, y en banderillas mantuvieron buen tranco en los dos tercios protagonizados por el propio matador y que tuvieron un poco de. Hubo pares sensacionales ejecutados con pureza en la cara del toro, ganada de poder a poder, sobre todo el segundo y cuarto par al primero de su lote y el último al segundo del lote, otros con cierta ventaja y algo a toro pasado, el más evidente el segundo a su primer toro, y uno que fue una pena que los palos cayeran bajos y nada reunidos que fue el tercero al primero del lote de altísima exposición y riesgo, sentado en el estribo para incorporarse y quebrar hacia las tablas en un espacio inverosímil. Lo malo es que ambos toros llegaron a la muleta con cero opciones de triunfo, desfondados, sin recorrido ni entrega alguna. Voluntarioso y con mucho criterio y técnica intentó sacar algo, tan solo algún muletazo suelto tuvo cierta calidad pero mínima transmisión. 
Desgraciadamente hablar hoy de Paco Ureña es hablar de pagar con sangre su entrega y verdad ante un toro que era una auténtica alimaña, el tercero, un hidepu que lo único que llevaba dentro era instinto asesino. Ni bravura, ni raza, ni casta, ni empuje, ni nada, sólo se defendía revolviéndose en su corto recorrido, desde que tomó el capote venía avisando, se venía por dentro y rebañaba, reservón y peligroso a más no poder en banderillas, fue un infierno para la cuadrilla, cortaba e iba directo a por ellos. Tragó una tanda por el derecho de mala manera, quedándose debajo y volviéndose sabiendo lo que se dejaba atrás, y a la siguiente rebañó en un muletazo y encontró lo que buscaba, lanzó a Ureña por lo aires y en el suelo hizo por él, segundos angustiosos, dramáticos, de lo que salió el murciano con una cornada en el muslo izquierdo de la que manaba la sangre. Pese a todo tomó de nuevo la muleta y trató de someter al hidepu, que seguía igual, no embestía, buscaba herir una y otra vez, y con enorme mérito trazó algunos derechazos de mucho mérito y valor llevándolo tapado en la muleta y por abajo. Pero era imposible seguir así, en unas condiciones físicas muy precarias que se unen al enorme problema que supone tener sólo un ojo, por lo que decidió acertadamente quitarse de en medio cuanto antes a la alimaña, y me daba igual cómo lo hiciera y donde cayera la espada con tal de ver muerto al adolfo, abandonando el anillo por su propio pie camino de la enfermería entre el clamor de una plaza que supo reconocer la verdad y el compromiso, su enorme dignidad.
Y lo que queda imagino que no hace falta que les diga que es Antonio Ferrera. Vamos a ver, no es fácil , voy a tratar de resumirlo muy brevemente empezando por el final, que es que ha abierto la Puerta Grande tras cortar una oreja al cuarto y otra al sexto, que mató en lugar de Ureña. Dos orejas pedidas por clara mayoría de pañuelos blancos en los tendidos y que el presidente, cumpliendo el reglamento, ha concedido. Luego cada uno puede valorar la justicia o no de esos trofeos. En mi opinión, la del cuarto puede tener un pase, la del sexto, no. Para intentar ordenar todo lo ocurrido voy a irme al que abría plaza, un toro muy largo de 596 Kg, algo poco propio de este hierro, que no tuvo ninguna entrega y que mostró el carácter típico del encaste, pedía mucho y no regalaba nada, frenándose en el capote, corto de recorrido, revolviéndose, orientado, buscando lo que dejaba atrás. Toro para hacer lo que hizo Ferrera, lidiar, sin florituras, tanto de capa como con la muleta. faena para tener los cinco sentidos en alerta máxima ante las miradas, las coladas y lo que reponía el toro. Con el oficio de tantos años curtidos en mil batallas con este tipo de toros y con mucha firmeza resolvió la papeleta con dignidad, aunque para entrar a matar ante la amplitud de pitones que portaba pasó un trago más que amargo. El cuarto fue un muy buen toro que tuvo clase y entrega sin perder su sangre y la raza que hace a estos albaserradas tan emocionantes cuando se emplean como  éste, curiosamente de nombre Mentiroso pero en cuya lidia nada ha sido mentira. Sensacional la lidia de Ferrera para fijar al toro de salida, por bajo, sobre los pies, belleza y eficacia técnica de la mano. Buena, empleándose, la pelea en el caballo, y sensacionales, como nos tiene acostumbrados, los pares de ese majestuoso banderillero que es Ángel Otero, cuajando un tercio de antología. Gran toro en la muleta, bravo y noble, con recorrido y repetición, pidiéndolo todo por bajo, humillando, con codicia, pero sin permitir errores ni dudas. Ahí la grandeza del balear-extremeño en este toro, sin probaturas directamente al pitón izquierdo en una series de naturales de enorme expresión y hondura, muy templadas, perfectamente acoplado, ni un toque a las telas, manejando los vuelos con sutileza, arrastrando la muleta, sintiendo el toreo, disfrutando de cada muletazo nacido del alma. El cénit en los naturales por el pitón derecho, sí, naturales, leen bien, porque toreó sin la ayuda, tirada sobre la arena venteña, mera espectadora de tanta belleza, derechazos en los que los vuelos recogían con suavidad una embestida franca y brava. Momentos mágico de enorme transmisión, olés roncos y sentidos de una plaza que cuando se entrega es única, rendida a la pureza del toreo de Ferrera. Quedaba matar, y ahí empezó la parte esa que Antonio Ferrera tiene, una especie de Jeckyll y Hyde, dos caras que aparecen y desaparecen cuando menos lo esperas. No es la primera, ni la segunda vez que se lo he visto hacer, entra dentro de sus peculiaridades, de momento voy a llamarlas así, es forma de entrar a matar caminando desde muy lejos, perfilándose, hoy desde las tablas hasta los medios, envolviendo su hombro izquierdo con la muleta semiplegada como si fuera una capa - Napoleón le han llamado desde un tendido alto - para entrar matar cuando está a dos o tres metros. Para mi es parte de un show, que puede gustar o no, pero realmente superficial, parafernalia que de vez en cuando puede tener su aquel, pero hasta cierto punto, sobre todo cuando sale regular o mal como ha sido hoy. En este toro lo ha hecho en la suerte de recibir, después de todo el teatro, pinchando a la primera y dejando una entera contraria, bastante. A ver, esta oreja pedida por mayoría puede tener un pase, aunque la estocada a la segunda, repito, ha sido defectuosa, pero bueno, lo entiendo por la extraordinaria faena, y no me parece mal, la verdad. Pero la del sexto, el que correspondía al herido Ureña, no, ni de broma, no lo entiendo ni comparto  aunque lo admito en virtud del reglamento. De nuevo muy bien con el capote en el saludo, lidiando por bajo, enseñando a embestir al adolfo.  Pero todo ha empezado a entrar en una espiral más propia de un circo que de una corrida de San Isidro en la llamada primera plaza del mundo cuando ha hecho desmontar de su cabalgadura al picador para subirse él a picar. Me he tomado la molestia de ir al reglamento de Madrid - manda narices que en la Fiesta Nacional cada región tenga su propio reglamento y no sea único para toda España - y buscar lo que dice del tercio de varas. Textualmente dice lo siguiente: "Los picadores son quienes realizan materialmente los puyazos. El matador (espada) encargado de ese toro dirige la suerte, coloca al toro y puede intervenir para situarlo ante el caballo. Los demás espadas deben colocarse a la izquierda del picador y pueden realizar los quites en los momento previstos por el reglamento. Si un picador no puede continuar, el reglamento ordena que sea sustituido por otro picador, incluso de otra cuadrilla, no por el matador". Es decir, que para empezar y según el reglamento, Ferrera no puede picar, por lo que todo lo que se ha montado a partir de ese momento sobraba, y por lo que he leído, parece ser que va a ser sancionado. De verdad, ha sido algo, para mi, impropio de la plaza Las Venta y más en San Isidro. Con todo el respeto, en una plaza de cualquier pueblo, vale, pero en Madrid no. Lugo está la exageración y cierta estridencia al manejar la cabalgadura y llamar al toro, así como la manera de colocar el puyazo, bien al primer encuentro, pero sólo señalado, un churro de padre y señor mío el segundo, al aire, sin acertar en el lomo, y caído el tercero, también sólo señalado. ¿Era necesario tanto circo para eso?. ¡Ah! y después más extravagancia, bajándose del caballo, agarrando el capote como si se lo fueran a robar, corriendo como poseído por el diablo para hacer lo que se supone era el quite que él mismo se ha hecho tras picar él su toro, un sin sentido. Por cierto, un quite embarullado mezclando lo que parecía una caleserina, una chicuelina y una serpentina, a toda velocidad, un despropósito, nada comparable a la discusión con le palco por el cambio de tercio, uno decía que había que picar al toro por el picador, el otro que no, luego, entre tanto escándalo, no se ha escuchado el toque de clarines y timbales para cambiar el tercio, más discusión aún y más bronca, en fin, algo insólito y en mi opinión inadmisible en esta plaza que debe mantener un rigor y una seriedad. Eso sí, divertido ha sido un rato, como el circo, pero esto es toreo, algo mucho más serio. Con la muleta, al menos se ha calmado algo la cosa, y también ha toreado con gusto y profundidad, con buenas tandas por ambos pitones, ligadas con clase y transmisión, para matar de nuevo como a su anterior, muy en largo y con idéntica parafernalia, dejando una estocada muy delantera y defectuosa, tanto que escupió la espada. El toro no doblaba porque la estocada era mala, así de claro, pero Ferrera no quería descabellar entre mucha teatralidad como si quisiera obligar a doblar al toro aculado en tablas. Por fin decidió descabellar y acertó, de nuevo muchos pañuelos y otra oreja a mi entender excesiva. Pero así es esta fiesta y si el público, que no los aficionados, la piden... pues no queda más remedio. Una pena, de verdad, que con lo buen torero que es Ferrera, con la clase que tiene, se recargue de accesorios innecesarios que pueden llegar al ridículo en ocasiones, y en Madrid lo vimos en una  Feria de Otoño. Me quiero quedar con el toreo sentido al cuarto, me sobra el circo. Más aún cuando aún resuenan en esta plaza los ecos de los olés con Diego Urdiales, creo que con eso queda todo dicho.

Antonio Vallejo

P.D: Solo una cosa más. Por favor, ¡que alguien le diga a Antonio Ferrera que ese capote es horrible! Hace daño a los ojos, es horroroso ese color azul eléctrico, es horrorosa la combinación con el forro azul pálido desteñido, y es horrorosa esa tela de raso brillante que debe ser lo que sobró de las cortinas de la  casa de la tía Juana. Otra estridencia más perfectamente prescindible. Una capote de torear es algo de tal belleza que solo puede ser con Dios manda.

sábado, 30 de mayo de 2026

19ª de San Isidro: Inaceptable

Lo que hemos visto esta tarde ha sido inaceptable, por ser educado, porque realmente ha sido un insulto al toreo. Eran las nueve y media de la noche, por detrás se iba quedando una corrida de Garcigrande lamentable, con dos devueltos, tercero y quinto, de juego muy pobre, algunos con cierta nobleza y accidentalmente algunos apuntes de clase, pero en general exenta de cualquier atisbo de bravura, sin entrega  ni fuerzas, un desastre, solo maquillado ligeramente por el sobrero de Torrealta que hizo quinto bis al que Talavante le arrancó una oreja de aquella manera. Se estaba haciendo pesada y larga la tarde cuando el sexto fue también devuelto por inválido y en el ruedo asomó la tablilla que ven en la foto de portada y que desgraciadamente confirmaba que lo que aparecía en la hojita del programa de mano era cierto y no un error de imprenta. ¡715 kilos!. y salió lo que salió, una enorme masa carne con forma de toro enorme, gordo, obeso, que ya saltó muerto, era imposible mover aquel volumen, ni se aguantaba en pie, y gracias que no se infartó por el calor que ha hecho hoy en Madrid. Por supuesto tuvo que ser devuelto a corrales, y poca fue la protesta para lo que se tenía que haber montado. Ese toro nunca, jamás tenía que haber saltado al ruedo, nunca, jamás ni tan siquiera tenía que haber llegado a los corrales y menos aún haber aparecido en le programa de mano, nunca, jamás, debió haber pasado el reconocimiento veterinario. Ese toro es inaceptable, es indigno para Madrid, es más que una vergüenza, no me explico, repito, que un veterinario de Madrid haya aceptado que ese animal haya podido salir en San Isidro. ¿El motivo?, casi mejor no saberlo, con esta empresa recaudadora todo lo inimaginable puede ser real. ¡Y lo que nos quedará por ver con esta gente!.
Una tarde de naufragio ganadero, un infierno que si se ha mantenido en pie, literal, física y taurinamente hablando, ha sido por la profesionalidad, la capacidad y el tesón de Morenito de Aranda, Alejandro Talavante y Pablo Aguado, muy por encima de unos lotes de escasa opciones que si han lucido algo ha sido por el buen trato que les han dado para sacar el máximo del escaso fondo de los Garcigrandes y Torrealtas que han lidiado. 
Prueba de lo que digo ha sido ver a Morenito ir a recibir al que abría plaza a porta gayola, aguantando el parón y el desentendimiento del animal hasta que se arrancó. Sensacional la lidia echándole el capote abajo, a la antigua, sobre los pies, para acabar fijándolo en los medios sometiendo unas embestidas broncas y descompuestas. En la muleta sacó el burgalés más de lo que parecía, cuidándole  porque su falta de fuerzas le llevaba a derrumbarse a la mínima, con mucha suavidad todo, a media altura y mucho temple, con paciencia y perseverancia, poco  a poco le metió en un par de tandas en redondo ligadas y más profundas de mucho mérito. Por el izquierdo protestaba y le costaba pasar, pero con tesón dibujó algunos naturales de buena factura y también mucho mérito, para finalizar en ayudados por alto con gusto  y rubricar con una certera estocada. El cuarto tuvo movilidad pero escasa entrega y brusco, un toro con asperezas al que  base de valor y compromiso acabó metiendo en la muleta y en el que nos dejó para el recuerdo un quite por chicuelinas ajustadas reflejo del sensacional capotero que siempre ha sido, es y será. Con su técnica y la experiencia de los años de alternativa logró componer muletazos de buen trazo y mucha clase, prácticamente todos por el derecho ya que por el izquierdo resultó como el anterior, protestón y deslucido. También lo pasaportó a la primera hundiendo el acero hasta la bola y fue despedido con fuerte ovación en ambos saludadas desde el tercio. 
Si hemos hablado antes de lo indignante e inaceptable no puedo pasar por alto lo ocurrido al perfilarse Morenito de Aranda para matar al cuarto. en ese momento crítico de máxima tensión un imbécil, un miserable, un malnacido, se ha puesto a gritarle desde la grada del 7 que no estaba colocado. Ese ser despreciable no puede nunca, jamás, ser llamado aficionado y se le debe expulsar de la plaza, algo de lo que se han debido encargar los que estaban su alrededor, montándose una pelea en la que la policía ha tenido que intervenir. Espero que al tipo en cuestión le retiren el abono si lo tiene y se le vete la entrada a la plaza si eso es posible. Si no, pues tendremos que seguir aguantando a algunos sujetos aislados despreciables que insultan y faltan al respeto a los toros y a los toreros, algo inaceptable para quienes nos consideramos aficionados de verdad.
Nulas opciones las de Pablo Aguado en toda la tarde, pudiendo lucir únicamente con el capote ante el que se anunciaba sexto pero que saltó tercero bis al correr turno y dejar el sobrero para el final con acertado criterio presagiando que lo que estaba guardado en los chiqueros era para echarse a temblar, como así fue. El sevillano lo recibió con una ramillete de verónicas acompasadas, con ritmo, templadas, acompañadas con la cintura, pura armonía, y una media de cartel. Y si bueno fue el saludo, mejor aún el galleo por chicuelinas para poner al toro en el caballo, un soplo de aire fresco en la bochornosa, en todos los sentidos, tarde. Un día más, ya he perdido la cuenta, Iván García se desmonteró para recoger otra atronadora ovación tras parear a este tercero con la pureza que lo hizo.Trato exquisito en la muleta, obligándole lo mínimo porque no aguantaba el Garcigrande, para dibujar muletazos de trazo muy suave a media altura que  el toro tomaba con nobleza y algún apunte de clase por el derecho, sin tener nada al natural, por ahí no pasaba. Pero duró muy poco, las fuerzas no le daban y no hubo más que hacer. Lo que le salió como sexto ya lo hemos comentado, esa cosa de 715 kg a la que me niego a llamar toro, y menos aún de lidia o bravo que lógicamente se volvió a los corrales, pero el mal ya estaba hecho, un lacra para esta plaza. El sobrero de Terrealta también venía cargadito de carnes, 618 Kg, otra burrada, y resultó como resultó, un despojo para el toreo, vacío de fondo, pasaba con violencia, soltando derrotes ante sus evidentes carencias de entrega y fuelle, imposible por mucho que Aguado intentó justificarse ante lo que no podía ser. Lo único que le pedía era que abreviara y nos ahorrara más penalidades. Al menos mató a la segunda y se despidió en silencio.
La única oreja del festejo la paseó Talavante tras una faena al sobrero de Torrealta que hizo quinto bis por devolución del muy blando  Garcigrande. Tuvo más movilidad y apuntó más clase que todos los demás, pudiendo aplicársele el dicho aquel que "en el país de los ciegos el tuerto es el rey"  si lo comparamos con lo que llevábamos padecido. Fue una faena irregular en la que los momentos de mejor acople y calidad vinieron por el pitón derecho, series con cierta profundidad, bajando la mano hasta donde se podía, y ligazón, que alternaron con otros compases en los que los muletazos no resultaron tan limpios, sobre todo al natural, por donde tan solo pudo desgranar algunos de calidad y hondura. Muy voluntarioso, eso sí, pero ante un toro venido a menso que le llevó a acortar mucho las distancias y acabar entre los pitones en un alarde de valor, con las zapatillas clavadas, vertical, ni un milímetro rectificó, luquecinas una tras otra que gustaron a unos y enervaron a otros, antes de tirarse a matar dejando una contraria que reventó al de Torrealta. Oreja pedida creo que el palco consideró mayoritaria, a mi también me lo ha parecido, pero que me parece un tanto generosa, sobre todo porque creo que muchos no se fijaron bien dónde enterró la espada y se quedaron con que la enterró a la primera, usando eso como argumento para el trofeo. Pero si el palco aplicó el reglamento, nada que objetarle, es así. Yo no la pedí. Nada había en el segundo, un toro sin nada dentro, soso y vulgar, con el que lo mejor que hizo fue abreviar, se le agradece.
  

Antonio Vallejo
 

viernes, 29 de mayo de 2026

18ª de San Isidro, Corrida de La Prensa: El toreo eterno de Urdiales desgarra el alma de Madrid

El sentimiento es algo que no se puede explicar, desborda todas las barreras de la lógica, es ajeno a la razón, sale del alma y, cuando alcanza límites inimaginables, desgarra ese alma. Esta tarde, en Las Ventas, el alma de Madrid, esa que sueña el toreo eterno, se ha desgarrado y se ha rendido a un hombre, Diego Urdiales, que ha firmado una obra maestra, quizás la mejor de su ya larga y fecunda carrera. De principio a fin todo ha sido un crujido, desbordando las emociones, inundándonos de felicidad infinita, con algo que pocos tienen pero que él atesora a raudales, TORERÍA. Torero veterano, revestido con el poso del tiempo, de sabor añejo, naturalidad y verdad, verle ese andar reposado delante de la cara del toro es por sí mismo un lienzo de la máxima belleza, verle componer la figura nos lleva en volandas a través del tiempo, a la época dorada del toreo, y verle torear nos abre los ojos al temple sublime, a la armonía suprema, a la belleza más exquisita. Lo que he sentido en esta Corrida de la Prensa supera todas las barreras de la pasión, con un toreo a la verónica ante el que me he abandonado sin llegar a diferenciar si lo que estaba viendo era real o estaba en el sueño más maravilloso que pudiera desear. Acompasadas, cadenciosas, verónicas con temple y gusto sobrenatural, relajado, llevándose al segundo de la tarde hacia los medios, acariciándole en cada lance, rematando con una media arrebatadora, divina, de partir el alma.  Más aún el quite por verónicas en ese segundo, el toreo fundamental, el de verdad, el puro, abriendo las puertas a la emoción incontenible,  y que junto a las que nos regaló en el cuarto, templadas y sedosas en el saludo, y sobre todo en el quite al sacar el toro del caballo, parando el tiempo,congelando las agujas de unos relojes que no querían volver a correr, hipnotizados ante semejante belleza, rematadas con una media arrebujadito que nos elevó a los cielos. Ni podíamos imaginarnos que todo eso no era nada más que un preludio a algo que seguramente contaremos durante muchos años. Con la muleta el toreo se elevó a la categoría de sobrenatural. Porte y torería que no se pueden describir, sería vulgar, que sólo se pueden revivir dejándose llevar a las profundidades del alma para volver a sentir el crujido que ha acompañado a cada muletazo en sus dos faenas. Daba igual el pitón que encarara, todo era una maravilla, siempre en el sitio, con esa figura que guarda aromas del mejor pasado, todo armonía y pureza, derechazos profundos y templados, naturales de máxima expresión, ritmo y continuidad, trincherazos que te partían en dos, ayudados por alto en el prólogo del segundo, ayudados por bajo genuflexo en el del cuarto, gloria bendita, molinetes garbosos para quedar perfectamente colocado, martinetes o cambios de mano grandiosos, los finales por bajo, un canto a la máxima expresión del toreo. Dos faenas que uno porque ha sido tal la catarata de emoción y pasión que nos ha entregado que me parece casi indecente separar, es un ente único que engloba todo lo que uno quisiera imaginar en el toreo. A todo eso hay que sumar el perfecto manejo de las pausas, administradas a la perfección para dejar recuperar el resuello a los dos juanpedros, y de los tiempos, perfectamente medidas, ni un muletazo de más, sabiduría y experiencia fruto de los años, y rubricar la majestuosa obra de arte con dos estocadas de premio entrando por derecho, recto, con toda la verdad, que hicieron rodar a los dos toros y cobrar así una oreja en cada uno, si bien creo que en el cuarto era para dos orejas, pero la gente cesó en la petición y se conformó con lo necesario para  descerrajar la  puerta Grande, olvidándose quizás de lo justo. Y no olvidemos que si Diego Urdiales nos ha hecho crujir y crujir ha sido porque ha tenido dos toros de una clase y una nobleza descomunal, dos extraordinarios toros de una muy buena corrida de Juan Pedro Domecq que han humillado y repetido y que, quizás con un puntito más de fuerza y empuje, hubieran sido de locura. Porque es de justicia destacar aquí que, además de una presentación excelente, magníficas hechuras, proporcionados, serios, bellísimas láminas, han dado opciones y juego, a excepción del sexto, quedando definidos en general por su clase y entrega.
Acompañando a Urdiales comparecían Roca Rey y el confirmante mexicano Bruno Aloi, que con el noble y enclasado, aunque sin demasiado empuje, toro de su confirmación se mostró aseado aunque sin acabar de encontrar el sitio ni la tecla para sacar el fondo del toro. Un tanto inconsistente e irregular, muy voluntarioso pero dando señales de que le queda camino por recorrer. Nada pudo hacer ante el único que desentonó de la corrida, el que cerraba plaza, muy deslucido y descompuesto. Con los aceros ha estado bastante poco acertado y ha pasado por Madrid en silencio.
De Roca Rey lo primero que quiero decir es que me descubro y admiro que haya estado en Las Ventas tras la grave cogida en el abril sevillano. La capacidad de recuperación y el sacrificio de estos hombres es digno de todos loe elogios, y debieran ser un ejemplo a enseñar en todos los colegios para esos niños y jóvenes acomodados, esclavos de lo fácil e inmediato, incapaces asumir el dolor y el fracaso, secuestrados por una sociedad enferma que premia el postureo de las redes sociales y esconde la verdad y el esfuerzo, precisamente los valores del toreo. Una oreja ha cortado el peruano al quinto, un toro de una estampa para enmarcar, que ha tenido movilidad y repetición, además de clase, un toro que, a mi entender, pedía distancia, rtimo y mano baja, todo lo quería hacer humillando, y cuando Roca Rey toreó con profundidad vinieron los mejores compases de la faena. Bueno fue el saludo capotero  por delantales templados, con cadencia, y un quite por gaoneras escalofriantes al quinto. En la muleta lo que he visto ha sido a Roca Rey en Roca Rey, es decir, el de siempre, alternando buenas series sobre todo por el derecho, creo que las dos primeras han sido las mejores por temple y profundidad, bien ligadas, con recorrido, dándole distancia, que es lo que pedía es buen juanpedro. Por el izquierdo los muletazos han sido menos limpios y le ha costado encontrar la altura, pero cuando le ha echado la franela abajo han surgido los naturales de más expresión. Luego ha mostrado su toreo, sin engañar a nadie, es su estilo, ya lo sabemos, a veces más efectista que fundamental, rozando el tremendismo algunas veces, como en el inicio de faena de rodillas cambiándose la embestida por la espalda, con un valor descomunal o acortando las distancias creo que algo pronto y pisando terrenos comprometidos en los que además tira de recursos vistosos como molinetes, afarolados, cambios de mano o martinetes. Repito, ese quinto podía haber lucido más enmarcado en el toreo clásico u ortodoxo, como quieran llamarlo. Mató de certera estocada y cobró una oreja que sí me parece que se pidió por mayoría, aunque algo justita. Algo similar podría decir de su faena al tercero, arrancada por estatuarios, algo habitual en su toreo, y tuvo una primera serie en redondo llevando empapado al noble y enclasado toro, pero al natural no llegó a entenderse, tan solo cuatro tuvieron empaque, y el toro fue a menos y con ello una faena que acabó como suele ser habitual, en las cercanías y con los pitones a centímetros de la taleguilla. Es decir, que hoy le he visto la faena que le ha visto muchas tardes, que tiene mucho mérito y que requiere enorme valor, pero que casi nos la sabemos de memoria y puede acongojarte más o menos, pero pocas veces sorprende, desde que era novillero siempre ha sido igual. Eso es lo que me pasa con Roca Rey, pero respeto su toreo, mucho, y también creo que demuestra personalidad al mantener sus maneras, sobre todo en una plaza tan hostil, incluso cruel con él, como es la de Las Ventas, o el sector que ya sabemos. Y al que no le guste, que no compre la entrada, así de fácil, pero el respeto primero.
Así les dejo por hoy, señores, con la emoción viva y el alma desgarrada por el toreo  eterno de Diego Urdiales, profundo sentimiento, bendita sensación. Mañana... ya veremos.

Antonio Vallejo

 

jueves, 28 de mayo de 2026

17ª de San Isidro: Jarocho se impone con temple y valor

Cuando hoy a mediodía he ido, como suelo hacer cada día de toros, a buscar información sobre el apartado y sorteo en este caso de los de Pedraza de Yeltes, ver sus fotos para hacerme una idea de la presentación, sus edades y sus pesos, lo primero que he pensado ha sido que si con tantos kilos como se iban a reflejar en la tablilla, cuatro de los seis lidiados sobrepasaban los 600 kg, y otro andaba cerca, serían capaces de moverlos, y si lo hacían, cuánto podrían aguantar, y la verdad es que no ha sido mucho. Para mi ha sido una corrida que no ha tenido en la movilidad su fuerte, sinceramente, ni en el recorrido, ni en la repetición, ni en la humillación, ni en la entrega, una corrida en la que ha habido varios con aceptable embroque pero sin buen final, rematando casi siempre por encima del palillo. Y con todo eso, ¿dónde ha estado la emoción que ha surgido en momentos puntuales?. Pues en tres o cuatro arrancadas al caballo del tercero y sexto, desde lejos, entrando con fuerza aunque solo fuera por la inercia de sus kilos, eso sí, después de pensarse muy mucho aquello de arrancarse, en los pares de Iván García, sí, otra tarde más, ya ni sé las que le he visto ni las que quedarán por verle lidiar y clavar los palos con tanta maestría, en un sensacional puyazo de Juan Melgar, en el milagroso quite de Raúl Ruiz, que volvía a las Ventas tras su grave cogida el pasado 1 de mayo en esta misma plaza, salvando a Isaac Fonseca de un serio percance en el quinto al desequilibrarse tras entrar a matar y quedar a merced del toro, o en el peligro sordo que algunos de los lidiados llevaban dentro, reservones, colándose, midiendo, mirando, soltando derrotes secos, algo que para algunos es emoción, la del sobresalto, la del miedo. De eso ha habido, no era difícil de esperar conociendo a estos toros, duros, pero creo que por encima de todo, si hablamos de emoción, esa la ha puesto Jarocho, quien  a base de mucho valor y temple se ha impuesto al encastado y exigente tercero y con ese mismo temple además de gusto, al noblote pero sin entrega sexto. Fue el tercero, un toro con mucha movilidad, que tuvo dos arrancadas vibrantes al caballo, que en banderillas sembró el caos al cortar y apretar, y que en la muleta no resultó nada fácil, se movía y desplazaba, pero lo hacía sin clase ni entrega, sin humillar, con mejor embroque que final, rematando siempre por arriba, colándose, una por el derecho en los primeros compases fue de espanto, se libró por los pelos el burgalés. Vaya cómo le plantó cara Jarocho, firme y con valor, una batalla a cuerpo limpio, poniéndole la muleta, echándosela abajo, obligándole, tragando los arreones, aplicando un temple exquisito que aplacara el genio del de Pedraza y de paso hiciera ver a los que estaban claramente a favor del toro confundiendo desplazamiento y genio con bravura, que es otra cosa, por ejemplo humillación y repetición, en definitiva, entrega. Poco a poco, con firmeza, valor y tesón, lo fue metiendo en la muleta para componer series con enjundia, de buen trazo, algunos pases de mucha belleza, ganando la batalla. Y ante el sexto, otro que tuvo una arrancada muy emocionante al caballo de Melgar que ejecutó el puyazo a la perfección, vibrante y emocionante tercio, aprovechó la nobleza que tenía el animal para componer una faena de mucho temple y gusto, toreando muy despacio porque el de Pedraza no daba para más con sus 611 Kg, y con muletazos de uno en uno porque le costaba Dios y ayuda repetir. Toro con embroque bueno pero de recorrido más que justito y sin remate, se quedaba casi siempre a medio muletazo y acababa siempre arriba, al que Jarocho supe administarle las alturas y las pausas sensacionalmente, y a base de medios muletazos perfectamente colocado, enganchándole en la cadera, llevándolo muy despacio, consiguió momentos de enorme calidad en su toreo, sobre todo cuatro naturales, cuatro, sí, cuatro, de mucha hondura coreados con olés desgarrados. Lo curioso es que esa misma faena con un toro de idéntico juego pero de otro hierro, en otras tardes ha sido objeto de enormes críticas e improperios, ¿hoy no tocaba?.¿Ni tampoco llevaban algunos lo pañuelos-manta verdes para sacarlos cuando ha blandeado y perdido las manos en los primeros tercios?. Curioso. Importante tarde del burgalés.

El lote de José Fernando Molina dio para poco. El segundo era tan noble como soso y distraido, pasaba por allí porque le habían llevado en un camión y le habían bajado en la plaza, pero tenía menos ganas de embestir que Mbappé de correr. Un toro vacío, descastado, sin nada de chispa ni gracia, más soso que la comida de hospital, deslucido a más no poder. Trató de ponerle voluntad el albaceteño pero aquello era una ruina. El quinto al menos se movía algo más, acudía al engaño pero carecía de recorrido y además salía totalmente desentendido, mirando a las musarañas, por lo que era imposible la ligazón y, por tanto, la emoción. Porfió Molina pero lo único que encontró fue incomprensión ante la evidencia, aquello no había por donde cogerlo, por mucho que hiciera para envolver al toro se iba por fuera, escuchando reproches injustificados. 

Isaac Fonseca tuvo un primero que tuvo muy poca emoción, con cierta clase y nobleza al meter la cara pero un tanto reservón y de escaso recorrido ante el que demostró mucha paciencia poniéndole la muleta una y otra vez, tratando de tirar del toro, muy remiso a pasar, pero que la final tuvo recompensa en un par de tandas en redondo de mucho mérito, sin quitarle la muleta de la cara, ligadas por bajo, profundas, de mucha intensidad. Nada más tuvo el animal y nada más pudo hacer el mexicano. El que hacía cuarto al menos le permitió lancear a la verónica en el saludo, pero poco más aportó el de Pedraza, sin pena ni gloria en varas y discreto en banderillas. Se fue a los medios para arrancar la faena, aparentemente por estatuarios por la forma de colocarse y tomar la muleta pero cuando el toro ya se había arrancado y estaba en sus proximidades parece que decidió variar a un cambiado por la espalda y, claro, fue  arrollado con violencia, afortunadamente sin cornada, "solo" el tremendo tantarantán que se llevó. Desde mi localidad se veía perfectamente la trayectoria y que le iba a coger claramente, difícil de entender lo que hizo. Pero no hizo mella en le ánimo de Fonseca, que se puso de rodillas, enrabietado, al más puro estilo novilleril. Se agradece la demostración de ganas, que es lo poco que pudo hacer, intentarlo de todas las maneras ante un animal deslucido y sin transmisión que en ningún momento descolgó. No estuvo fino con la espada y en uno de los pinchazos ocurrió lo que les comenté antes, se tropezó, perdió el equilibrio y, si no es por el quite salvador de Raúl Ruiz que echó su capote para atraer al toro, no sé qué hubiera pasado, se había quedado en el suelo vendido a los terroríficos pitones. Menos mal.


Antonio Vallejo


miércoles, 27 de mayo de 2026

16ª de San Isidro: Un novillo de vuelta al ruedo para un novillero de Puerta Grande

Tres de tres. Tres novilladas, las tres sensacionales, tres novilladas, tres Puertas Grandes, tres novilladas, tres novilleros, Álvaro Serrano, Julio Norte y Julio Méndez para hacernos soñar con el toreo eterno.
Muy buena la de esta calurosa tarde que ha reunido algo más de tres cuartos de entrada - no me extraña con los antecedentes de los días 12 y 19 - para ver un magnífico encierro de Conde de Mayalde de impecable presentación, de magníficas y bellísimas hechuras, los seis pasarían por toros en la mayoría de plazas de nuestra geografía, con mucho trapío, muy serios, astifinos y que además han dado un juego extraordinario, con transmisión y emoción, aunando bravura, raza, clase y nobleza, destacando por encima de los seis uno de nombre Babieco al que al abulense Julio Méndez, corrido en tercer turno, ha desorejado tras una faena en la que ha bordado el toreo eterno con el añadido de las ganas y la entrega de un novillero que quiere ser figura y tiene madera más que de sobra para conseguirlo.
Fue el tercero un utrero que de salida mostró movilidad pero sin definirse, aunque en el primer puyazo ya apuntó el fondo que portaba. Con galope ágil, empujando con celo, metiendo los riñones, buena pelea, de bravo. No fue fácil en banderillas, desgobierno en la lidia, apretando a Jesús Talaván y José Antonio Ventana que resolvieron magistralmente con verdad y exposición. Arrancó la faena de rodillas provocando dos volatines que afortunadamente no hicieron mella en su condición y un instante de cortar la respiración en una arrucina en la que se quedó muy corto y los afilados pitones  se fijaron en la espalda de Méndez, que resolvió sin inmutarse para incorporarse y replantearse la situación, cabeza fría e ideas claras de la lidia que pedía Babieco, dándole distancia, adelantando la muleta, llevándolo en largo y administrando las pausas. Desde ese momento un recital de muchos quilates, relajado y con naturalidad, las series iban hilvanándose por ambos pitones, mucho temple, empapando la embestida en la franela, jugando con la cintura y las muñecas, series profundas y ligadas, la muleta siempre en la cara, cada vez a más, naturales de ensueño, adornos improvisados, molinetes, algún martinete, trincherillas divinas, otros de desdén, pases de pecho mirando al tendido, para nada preconcebidos, realmente recursos surgidos de una cabeza portentosa cuando lo requerían las circunstancias de la faena a este utrero que repetía y repetía con bravura, humillando, con celo y codicia, una maravilla. Imagen y sensación de torero hecho, pero conservando el carácter y el hambre de un novillero en el final por bernadinas electrizantes, cambiando el viaje, con los pitones descosiendo los bordados de la chaquetilla, que acabaron por poner a la plaza en pie envuelta en locura. Se tiró a matar despreciando al riesgo, valor infinito, recto, para hundir el acero hasta la empuñadura, un tanto desprendida, que hizo rodar al extraordinario novillo y poblar los tendidos de pañuelos que pidieron las dos orejas sin decrecer un ápice y que el presidente concedió. Hubo protestas de los geometristas amantes de la escuadra y el cartabón que consideraron excesivo el premio era de esperar, incluso alguno, ya durante el sexto, gritó "¡esta plaza va a parece la de Benidorm!". Bueno, pues a lo mejor no me importa, incluso es más que probable que en Benidorm se respete mucho más a los que se juegan la vida delante de un toro y no se les menosprecie, se les falte al respeto y se les insulte como tenemos que aguantar en Madrid. Así que no le pongo ni un pero a las dos orejas por mucho que la colocación de la espada fuera algo defectuosa, tampoco fue para tanto, y creo que es justo el pañuelo azul para premiar a un extraordinario novillo.
Al que cerraba plaza se fue a recibirlo a porta gayola, ya con la Puerta grande abierta, demostrando esa entrega y esas ganas de novillero que se quiere comer el mundo sin importarle nada. Tuvo que echarse cuerpo a tierra porque si no se lo hubiera llevado por delante en la larga cambiada que le pegó. Mucha movilidad y brío en el capote, hundiendo la cara, tanto que pegó dos volteretas que, junto a los dos puyazos que tomó, dejaron dudas acerca de cómo llegaría a la muleta. Comenzó por estatuarios, en los medios, con mucho aplomo y seguridad, cuidó la altura en las primeras tandas, muy medidas, de tres muletazos, dejándole respirar, muy templadas, mimando la embestida, auténticas caricias, trazo suave y delicado, sin obligarle demasiado, primero en redondo, mucha calidad, ligadas en el sitio, bajando poco a poco la mano para acabar rompiendo al natural en series de enorme mando, con hondura, rematadas todas con sensacionales de pecho, varios a la hombrera contraria, uno maravilloso en dos tiempos por el parón del novillo que acabó convertido en casi un circular, recurso maravilloso ante la adversidad que dice mucho de la madurez de Julio Méndez. De no marrar con la espada hubiera cobrado otra oreja, seguro, pero nada empaña la inmejorable sensación que ha dejado en Madrid, aromas y sabor de toreo eterno.
Movilidad y bríos tuvo el primero en los primeros tercios, con muchos pies pero embestida irregular, poco clara  y sin acabar de entregarse. Tuvo nobleza en la muleta del mexicano Emiliano Osornio, pero le costaba humillar, manejable pero un tanto deslucido, repetía pero sin acabar de entregarse. Lo intentó pero no llegó a calar en los tendidos. El cuarto fue otro buen novillo, con mucha clase,  al que recibió a la verónica, lanceando con gusto, acompasadas, rematas con una media con empaque y una garbosa revolera. Muy buena, sí, muy buena, faena de muleta, acoplándose perfectamente a la embestida de Guardamonte, muy templado y cargado de gusto todo lo que hizo, desde el inicio por bajo, luego el  toreo en redondo ceñido, corriendo la mano por bajo, elegante trazo, para rematar con unos naturales dando el pecho de máxima expresión, hondos y rematados detrás de la cadera, intercalando adornos por bajo de categoría, trincherazos que fueron auténticos carteles de toros. Muy grata impresión la de Osornio que de haber manejado mejor los aceros creo que se hubiera llevado una oreja de ley.
El segundo fue un novillo que derrochó clase a raudales en el capote, quedó claro en el vibrante quite por gaoneras que ejecutó Julio Méndez que no dejó pasar su turno, pero al que se le castigó de lo lindo en el caballo llegando un tanto mermado a la muleta aunque manteniendo la humillación y repetición que llevaba dentro mientras le duraron las fuerzas y sin que tampoco Pedro Montaldo encontrar la manera de entender lo que requería el novillo que, repito, tenía clase a raudales. Ante el quinto tampoco acabó de dar con la tecla para aprovechar la nobleza y buen son que tenía, sin encontrar los terrenos y el ritmo que requería para aprovechar esas condiciones y levantar el vuelo. Aún le queda camino al guadalajareño, sin duda el menos toreado de la terna.
En fin, una tarde de mucha importancia que deja sensaciones y sentimientos reconfortantes de cara al futuro, sabiendo que hay jóvenes como Méndez y Osornio que, junto a Serrano y Norte, permiten mantener viva la ilusión. Y para quienes no vienen a las novilladas, especialmente los abonados, recapaciten, ¡no saben lo que se pierden!, ¡han sido tres de tres!

Antonio Vallejo

 

lunes, 25 de mayo de 2026

15ª de San Isidro: Manifiestamente mejorable

Querido amigo Daniel, me lo has puesto en bandeja cuando volvíamos en el metro y me preguntabas cómo definiría esta tarde dominical con el cartel de "no hay billetes" colgado por décima vez. Te dije que mejorable, por ser suave, a lo que añadiste "manifiestamente". Así que hago mía tu idea y me la apropio, siempre con tu permiso, para titular una tarde que además de eso me ha parecido un tanto pesada y cansina que ha discurrido por una línea plana de la que de repenten aparecían picos que por momentos parecían levantar el vuelo de la corrida pero que, casi al instante, nos devolvían a la monotonía de algo que no era ni bueno ni malo, poco trascendente en muchos pasajes. Sin duda alguna el momento de emoción más álgida de la corrida ha surgido en el que se corrió como segundo, en una preciosa y vibrante rivalidad en quites. Le correspondía, por turno, realizar el quite al madrileño Víctor Hernández, por saltilleras, muy quieto, clavadas las zapatillas, replicado por el onubense David de Miranda por chicuelinas ligadas con gusto y armonía invitando generosamente de nuevo al madrileño a la contraréplica por tafalleras muy ajustadas de mucho valor, cerrando el onubense con unas gaoneras igual de ajustadas que pusieron a la plaza en pie. Al final ambos se apretaron las manos en señal de rivalidad y respeto, una imagen que nos ha llevado a otros tiempos del toreo cuando estos "piques" en quites eran más frecuentes. ¡Qué bonito sería que se rescataran del olvido y volviéramos a vibrar como hemos hechos esta tarde!. Pero claro, el toreo actual parece que todo lo basa en la muleta, el toro debe llegar a ella en las mejores condiciones y debe cuidarse muy mucho del desgaste que supone para él esa entrega en quites, como ha ocurrido. Probablemente ahí se haya vaciado ese segundo de Alcurrucén y del pico de la emoción  hayamos pasado a la línea plana tras un prometedor inicio de faena de David de Miranda por estatuarios de infarto, pasándose los pitones rozando la taleguilla y un par de tandas en redondo de intensa emoción, acoplado, ligadas con profundidad, con la muleta cosida a los pitones, empapando la embestida, que son las que durado el animal. Luego se ha descompuesto, sobre todo al natural, poca limpieza de trazo y la cosa ha ido a menos, recurriendo a torear en la cercanías y unas ceñidas bernadinas más efectistas que otra cosa para arrancar una oreja a mi modo de ver un tanto generosa ya que la suerte de matar no ha sido precisamente ejecutada con ortodoxia, saliéndose y dejando una entera bastante fea de colocación. Pero ha habido mayoría de pañuelos, tampoco exagerada, y el palco ha otorgado el premio. Sinceramente creo que para cortar una oreja en Madrid hay que pedir algo más. 
Otros picos de emoción que ha tenido la tarde han aparecido como destellos en le tercio de varas de Francisco de Borja al cuarto, dos puyazos sensacionales, delanteros y perfectamente medidos en el castigo, y en el tercio de banderillas al quinto y sexto a cargo de Víctor del Pozo y Yelco Álvarez respectivamente, recibiendo una atronadora ovación a la que respondieron desmonterados desde el burladero.
Lo demás, pues un querer y no poder por las condiciones de unos toros a los que les ha faltado bravura y empuje, sin demasiada transmisión, un tanto sosos, además de mostrar una falta  de fuerzas que ha contribuido aún más a la planicie. Y un detalle que me ha llamado la atención nada más ver en el programa de manos los pesos de los toros. Una escalera entre los 514 Kg del cuarto y los 610 Kg del segundo, ¡100 Kg de diferencia!, me parece demasiada. Así no me extrañan las desiguales hechuras y presencia que hemos visto, siendo probablemente segundo y sexto los que más me han gustado en cuanto a presentación, sobre todo este último, todo un tío el colorado ojo de perdiz. El resto, acordes a la línea plana de la tarde.
El malagueño Fortes se las vio con un lote que tuvo cierta nobleza pero que vino lastrado por una evidente falte de empuje. No lanceó mal de capa, verónicas templadas y con cierto compás a unos toros que, como es muy habitual en este encaste Núñez, suelen ser fríos en los primeros tercios y no se prestan mucho a lucimiento, pero que suelen ir a más y romper en la muleta. No ha sido precisamente el caso de primero y cuarto, a los que el malagueño les ha dispensado buen trato, todo despacio, tampoco daban para más en su justa movilidad, en sendas faenas que han tenido como denominador común la discontinuidad. Una serie parecía que levantaba el vuelo y a la siguiente lo deslucía al no humillar o quedarse corto, quizás mejor por el pitón derecho que la natural, con algunos muletazos profundos de uno en uno a los que seguían otros a media altura tocando las telas, pases con empaque y otros más anodinos. Digamos que ha estado correcto, aseado, pero sin acabar de romper en unas faenas que me ha parecido que con diez o quince muletazos menos hubieran sido iguales, creo que sobraban, excesivo metraje de discontinuidad, algo que también aplico a David de Miranda y Víctor Hernández. El sentido de la medida cada día lo valoro más y hoy creo que han alargado demasiado trasteos que vagaban por la senda de la monotonía, prolongando una corrida que nos ha llevado hasta más allá de la nueve y media. Demasiado para el cuerpo, que ya empieza a resentirse de tantos días.
David de Miranda con el quinto tampoco pudo contribuir demasiado a romper el tono medio de la tarde. Un toro que parecía que iba atener emoción pero que se diluyó como un azucarillo en la muleta del onubense en un trasteo plano que decía poco, recurriendo de nuevo a acortar los terrenos y meterse entre los pitones en un afán de nuevo efectista por arrancar otra oreja, con unas manoletinas finales de mucho valor y riesgo pero un poco embarulladas. Lo mismo se puede decir de Víctor Hernández, que con el tercero, tremendamente protestado de salida, muy flojo de todo, presentación y juego, sin casta ni clase, con la cara arriba, sin recorrido, poco pudo hacer, en el que solo los estatuarios de inicio sobresalieron entre la mediocridad de un trasteo también pasado de medida que no ayudó a calmar el ambiente a la contra que acompañó su labor. El sexto, imponente, sí que tuvo movilidad y repetición, más fijeza que los demás y parecía que podría salvar la tarde. Pero no, todo acabó inmerso en esa eterna línea plana que ni las dos primeras tandas por el derecho pudieron hacer desaparecer. El toro pedía poder y mando, bajar la mano, hubo ligazón por le derecho, algo, pero faltó esa profundidad para elevar el tono y transmitir más a unos tendidos más pendientes del reloj. Por el izquierdo poco entendimiento, cayendo la faena en demasiados pases carentes de argumento para terminar en un arrimón entre los pitones de un toro que parecía también aburrirse con el caer de la noche.
Así que, querido amigo, has acertado de lleno, ha sido manifiestamente mejorable. ¡Gracias!

Antonio Vallejo

viernes, 22 de mayo de 2026

12ª de San Isidro: Siniestro total. Desastre ganadero, tres avisos y ambiente infiernal

Petardo en toda regla de Puerto de San Lorenzo y La Ventana del Puerto, de los gordos, un desastre sin paliativos, infumable corrida, no se salva ni uno, no ha habido por donde cogerla. Dos devueltos al corral, segundo y cuarto, y tuvieron que ser más. Al menos el primero, otro que ni se tenía en pie y que incomprensiblemente se mantuvo en el ruedo, y el primer sobrero de José Vázquez que fue aún más inválido y malo que el que relevaba. Del resto, nada de nada, vacíos, con eso queda todo dicho. Y si faltaba algo para añadir, el tercero apuntillado tras escuchar Pablo Aguado los tres avisos. Así es imposible, como lo fue ayer. Pero en esta tarde de jueves en la que de nuevo se ha colgado el cartel de "no hay billetes" - Creo que esta fue una de las corridas que agotó el papel nada más salir a la venta las entradas, al reclamo de las figuras, José María Manzanares, Juan Ortega y Pablo Aguado - ha habido una diferencia muy notable con respecto a lo ocurrido ayer, el petardazo de Saltillo. Esa diferencia ha sido el ambiente infernal por parte del 7. Lo dije ayer, estuvieron muy callados, veríamos hoy lo que pasaba. No me equivocaba, son muy previsibles. Guardaban todas sus fuerzas para desplegarlas hoy. Y motivos han tenido para protestar, muchos, con toda la razón, pero también ayer, y callaron porque era uno de sus encastes y, claro, no lo aceptan. Pero hoy tenían donde descargar sus iras y, por qué no decirlo, unas cuantas fobias. Repito, hoy tenían toda la razón en protestar, pero la mala educación y las faltas de respeto les hace perder los argumentos, aún más comprobando su mansedumbre 24 horas antes. O siempre o nunca.
¿Qué pudo hacer Manzanares con su lote? Nada. El primero tuvo que ser devuelto porque desde el saludo capotero mostró que no se tenía en pie, perdiendo las manos de manera clara, y eso que el alicantino le recetó un ramillete de verónicas templadas, cadenciosas, con clase y empaque, con la elegancia que impregna su toreo, llenas de sabor. Ni un segundo tardaron en ondear los pañuelos verdes y montar la mundial los exigentes, y con razón, repito, pero esa furia la quería haber visto ayer. Incomprensible e inadmisible que el presidente no sacara el pañuelo verde. En la muleta se derrumbaba a la mínima. Lo cuidó al máximo Manzanares, a media altura, sin obligarle nada, pero ni por esas aguantaba. Bastante hizo con aguantarlo en pie. El cuarto fue devuelto por inválido y saltó un sobrero de El Freixo que no mejoró nada. Sin fuerzas ni entrega, soso y deslucido, pasando con desgana, para olvidar. Al menos José Mari los despachó de sendos espadazos certeros que abreviaron el trance.
Menos aún pudo hacer Juan Ortega con los suyos. Devuelto el segundo por inválido saltó un sobrero de José Vázquez sin presencia para Madrid y que incluso empeoró al titular. Otro sin fuerzas y además con apuntes claros de manso, que perdió las manos varias veces y que también tenía todas la papeletas para volverse a los corrales. Pero dos consecutivos era mucho y el palco cambió el tercio de  manera incomprensible. Imaginen el nivel de la lógica  bronca, y sólo estábamos en el segundo. No aguantó ni un pase en la muleta, se derrumbaba estrepitosamente, un infierno. El quinto, aunque pareció apuntar algo en varas, solo contribuyó a la caída en picado de la tarde al no emplearse y además  reponer, complicando los intentos del sevillano por sacar algo, constantes enganchones, feo e intrascendente trasteo, por lo que tomó la calle de en medio y abrevió entre reproches y algunos comentarios de mal gusto que sobraban.
Si faltaba algo por rematar el cataclismo de esta tarde vino en el tercero, que en los primeros compases de la faena pareció que tenía opciones al desplazarse con buen tranco y repetir hundiendo la cara en tres series en redondo acoplado, muy templadas, profundas, ligadas con ritmo, llevándolo muy empapado en la muleta. Pero el atanasio se rajó y ahí acabó todo. Por el izquierdo protestaba y punteaba la tela, muletazos sin limpieza y deslucidos que no mejoraron al volver a la diestra, demasiados pases y escasa o nula emoción. Faena cuesta abajo y demasiado larga antes de dejar medio acero hundido en terrenos del 10 que no hizo doblar al toro. Desde ese momento un despropósito con el descabello. Desde esos terrenos, al hilo de las tablas, ni sé los golpes de verduguillo que sumó, desde el 10 al 5, dicen que veinte, puede ser, se hizo eterno. Sonó un aviso, luego el segundo, no había manera en medio de una bronca monumental, y finalmente el tercer aviso. Apuntillado el toro desde el burladero y Aguado retirándose en medio de una pitada de órdago, dramático para el sevillano. Imagínense lo que escuchó y aguantó Aguado en el sexto, una falta de respeto y una mala educación inadmisible. Por muy calientes que estuvieran los ánimos y por mucha razón para estar muy cabreados por el desastre absoluto, nada justifica el infierno que sufrió. Hay unos límites que no se pueden rebasar con quien, mejor o peor, se la está jugando ante un animal que bien sabemos la fuerza que tiene y la capacidad para herir que encierra. La actitud del 7 en este toro ha sido vomitiva, aunque fuera un toro sin clase alguna, que se veía claro que no valía para nada, incluso que en su falta de condiciones se defendía con malas intenciones y ante el que el sevillano en ningún momento lo vio claro y alargó una faena artificial que no merecía la pena. Pero de ahí a los insultos y gritarle "novillero, novillero" hay un trecho, y es asqueroso tener que aguantar eso de esa gente. Eso no es de aficionado, es de canallas o frustados que vienen a los toros a calmar sus iras.

Antonio Vallejo