Desde mi tendido
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sábado, 4 de octubre de 2025
127 días después de Morante, la nada
126 días después de Morante y a falta de nueve para que vuelva, Emilio de Justo, un héroe, un Diamante, Puerta Grande y la gloria
Nunca me cansaré de repetir lo que para mi es el toreo y mi forma de entenderlo, y lo repetiré miles de veces. Minutos antes de arrancar el paseíllo he tenido la oportunidad de conocer gracias a un gran amigo con quien hoy he ido a los toros a un grupo de buenos aficionados, a su vez amigos suyos, con los que hemos mantenido una amena y animada conversación en los bajos del 1. Hemos hablado sobre la afición, la belleza del toreo, su grandeza y riqueza artística, así como del conocimiento mayor o menor que cada uno podía tener o que le gustaría tener del toreo. Me decía mi amigo Javier que él se considera aficionado pero que le gustaría ser entendido. Le he aconsejado que siguiera siendo siendo aficionado y no preocupara por saber o entender de toreo sino por sentir el toreo, que así iba a ser mucho más feliz. Ese mismo consejo se lo daría a quienes, vamos, los mismos de siempre, han montado una bronca absolutamente desproporcionada por las dos orejas que Emilio de Justo ha cortado al sexto de la tarde, abriendo así la Puerta Grande de Las Ventas por quinta vez en su carrera. No voy a andarme con rodeos, voy a ir directo, sin probaturas, como ha ido de Justo . Para dejarlo claro, no le pongo ni un pero a las dos orejas, me parecen de ley y más que merecidas, no solo por lo que ha hecho ante ese que cerraba plaza, sino por el contexto y cómo venía desarrollándose la tarde. Y me da igual que se justifiquen con la colocación de la espada, me importa un bledo que haya caído unos centímetros trasera o un par de dedos desprendida, no entiendo de geometría ni voy con escuadra y cartabón a los toros, voy a soñar y dejarme llevar por lo que me llene el corazón ¡a la porra las ciencias!, ¡viva el Arte y el sentimiento!. Eso es lo que ha expresado y transmitido Emilio con su toreo y lo que me ha llegado a mi y, a juzgar por el mar de pañuelos, también a la inmensa mayoría de la plaza que no necesitábamos ni saber ni entender mucho o poco de tauromaquia para sentir su toreo. Solo así, abandonado al sentimiento se puede alcanzar la emoción y entregarse a la pasión desbordada de esta bendita afición. Poesía, no un mero tratado estricto de medidas y distancias ni una encorsetada guía de normas, pura poesía, eso es el toreo. Querido Javier, sigue siendo tan buen aficionado y no te preocupes por saber, mejor nunca llegar a ser uno de esos "sabios" a los que les aplicaría estas siempre vivas palabras: ¡ay del que no sepa levantar, frente a la poesía que promete, la poesía que destruye!
Comenzaba la tarde dejándonos con el corazón encogido y la sangre helada por la angustiosa y aparentemente dramática cogida a Emilio de Justo en el que abría plaza. Ya le había avisado en el capote, se venía por dentro en las chicuelinas de recibo, una tras otra, diez u once creo haberle contado rematadas con una media repleta de elegancia, y fue en el segundo o tercer muletazo que el toro se venció y enganchó al extremeño volteándole y dejándole a su merced sobre la arena. Segundos angustiosos en los que parecía que el de Victoriano del Río le corneaba hasta en tres ocasiones, quedando inmóvil sobre la arena y siendo llevado a toda prisa a la enfermería. Un mazazo como el de aquel Domingo de Ramos de 2022 y que sin remedio se nos vino a la memoria. Borja Jiménez, como no podía ser de otra forma, se encargó de pasaportar con la mayor celeridad posible a ese primero y, a partir de ese momento, todo eran cábalas sobre el orden de lidia y quien se haría cargo de lidiar al anunciado cuarto de la tarde. Dábamos por supuesto que la cornada era un hecho, más aún con las fotos que por redes sociales iban llegando que seguramente le estarían operando en la enfermería y, aunque la verdad es que durante todo el festejo no llegaron noticias de ningún parte facultativo, estoy seguro que ninguno de los que esta tarde hemos estado en Las Ventas, pensábamos que tras la muerte del quinto iba a suceder lo que sucedió. Borja Jiménez había matado al quinto y dábamos por contado que sería Rufo quien se encargara de matar al que cerraba plaza. De repente, un murmullo por la plaza y, como una aparición divina, Emilio de Justo por su propio pie camino del burladero de cuadrillas dispuesto a torear el que estaba anunciado cuarto y que, al correrse turno toda la tarde había quedado relegado a cerrar plaza. Y todos los tendidos en pie, ovación atronadora a un héroe, solo así puedo considerar a estos superhombres capaces de vencer al dolor y al sufrimiento como lo hacen. Más tarde he sabido que de Justo milagrosamente "solo" sufría una contusión costal - ¡casi nada, a cualquiera nos tiene un par de semanas fuera de combate! - y que el criterio de los médicos era que no saliera a torear. Pero los héroes son así, y allí estaba para recibir a Diamante, imposible nombre más acorde para la ocasión. Un toro de imponente presencia, cinqueño de 566 Kg, voluminoso, de lomo recto, amplio de cara, veleto, altivo y desafiante dos puñales al cielo, al que de Justo recibió, nada más y nada menos que de rodillas, al hilo de las tablas del 10, con una larga cambiada a la que hilvana un ramillete de verónicas a compás abierto meciendo sus buenas embestidas para rematar con una larga cordobesa y salir con el capote echado a la espalda, garbo y torería, tanta como tuvo el galleo por chicuelinas para llevarlo al caballo. Se pueden imaginar los olés y la ovación con la plaza de nuevo en pie, emoción incontenible.Toro con mucha movilidad y raza, encastado, que colocaba bien la cara pero que sin embargo mostraba cierta querencia y tendía a irse suelto, sin demasiada fijeza. De hecho se fue a por el picador que guardaba puerta y tanto en varas como en banderillas iba a sus anchas sin mostrar demasiado celo. Por cierto, sensacional brega por parte de Morenito de Arlés, entendiendo a la perfección las cualidades de Diamante, al que llevó metido en el capote andándole hacia atrás y por bajo, portentoso. Brindó al público Emilio y con decisión, sin dudas, directo, tiró la ayuda y compuso toda la faena al natural, sin probaturas, primero en tres series por el derecho de mucha expresión, reunidas y compactas, la muleta planchada y adelantada, trazo largo, mano baja, barriendo la arena, profundidad, inmensa transmisión, olés roncos, emoción desbordada, y Diamante repitiendo y humillando, con bravura. Toreo de empaque en el que también surgen de su imaginación afalorados y molinetes garbosos, trincherazos de crujido, pases de pecho sensacionales, cambios de mano eternos, torería en su máxima expresión. Pero es por el pitón izquierdo donde la faena alcanza sus más altas cotas, las emociones se desbordan y el caudal de pasión es ya irrefrenable. Series de naturales hondas, todo por bajo, temple y ligazón, encajado y acoplado, primero con el compás abierto, luego a pies junto dándole el pecho, olés retumbando al cielo de Madrid que esperaba a Emilio para regalarle la gloria por su verdad, su valor, su entrega y su honradez. Faena de máxima intensidad y emotividad, sin guión, nacida del alma, compacta y reunida, que nos ha hecho no solo soñar el toreo eterno sino verlo hecho realidad. Después de todo esto, ¿a alguien le puede importar que tras volcarse a matar recto, sin miedo a otra cornada o a la muerte, y hundir la espada hasta la yema, se le pueda protestar una oreja por un par de centímetros alante o atrás o un par de dedos arriba o abajo?. Señores, la sabiduría sin sentimiento no es más que ignorancia. Lo dije al principio y lo repito, Puerta Grande sin discusión que, haciendo honor a su apellido, es de total justicia.
Del resto de la tarde hay que reseñar la muy seria y bien presentada corrida de Victoriano del Río que, además de Diamante, ha tenido un segundo y tercero con clase y buenas condiciones, un cuarto noble y colaborador, si bien a estos tres les ha faltado, a mi modo de ver, poder y fuelle, se han apagado muy pronto y nos han dejado un poco a medias y sin acabar de permitir que las faenas tomaran vuelo. El quinto, sin duda alguna, el que ha desentonado tanto por hechuras como por juego, muy soso y deslucido.
Borja Jiménez meció por verónicas de clase y gusto a su primero, ganando terreno, acompasadas y templadas, rematando con una media de cartel, y se plantó en los medios para arrancar la faena de muleta con tres cambiados por la espalda de mucho riesgo y emoción, dos de pecho sensacionales cosidos a uno de desdén y una trincherilla repleta de aromas. Lástima que el toro se apagara en las dos primeras tandas por el derecho, profundas, muy templadas y ligadas, de mucha emoción, repitiendo y humillando el de Victoriano, cosido a la tela, con recorrido y celo, rematando la primera con uno de pecho descomunal y la segunda con un cambio de mano parando el tiempo. Pero hasta ahí duró, por el izquierdo protestaba, a la defensiva, no pasaba, pudo robarle un par de naturales dándole el pecho pero nada más, ni tan siquiera al volver a cambiar de pitón con el toro ya co muy corto recorrido, quedándose a medio muletazo, arrancando dos derechazos a cámara lenta de mucho valor, pero nada más. Su segundo toro pasó por los primeros tercios sin decir nada, sin emplearse ni cumplir para llegar a la muleta colaborador y noblote pero soso y sin gracia alguna. Lo intentó el sevillano por estatuarios en los primeros compases de muleta y una primera serie en redondo con cierto tono, pero sin transmisión. Mucha técnica y pulcritud en el manejo de los engaños, digamos que todo lo hizo bien, le puso la muleta, bajó la mano, el toro pasaba, pero el conjunto carecía de chispa y poco a poco se fue diluyendo a pesar del tesón y el buen grato de Jiménez. Ya digo, una pena porque creo que el de Espartinas ha estado firme y con mucho mérito sacando lo máximo de su lote.
Tomás Rufo ha tenido que enfrentarse a dos enemigos, sus toros y la vara de medir que se le viene aplicando desde prácticamente la temporada de su confirmación de alternativa en 2022, aquella fulgurante de las puertas grandes. Esta tarde tampoco ha sido una excepción. Hoy no se le puede negar la disposición, las ganas y la entrega, además tratar de hacer las cosas bien, con pulcritud y buen trato. Pero unas veces porque sus toros no han dado más de sí al apagarse cuando parecía que iban a tomar aire, o porque se le ha afeado y recriminado casi todo desde el sector que no le perdona aquellas salidas a hombros, todo se ha quedado a medias. Se le ha censurado prácticamente todo y con una rigurosidad excesiva, sobre todo en su primer toro, en el que compuso derechazos y naturales con profundidad y buen trazo, pero entre constantes silbidos y protestas por su colocación, varias veces de manera injustificada, especialmente hiriente en una de naturales mediada la faena de mucha profundidad, ligada por bajo y muy reunida, lo que poco a poco ha hecho mella en su ánimo. Y en su segundo, por más que puso toda su voluntad, el animal no iba, deslucido a más no poder, a pesar de lo cual no se le puede reprochar su capacidad y técnica para sacarle lo poquito que guardaba. Solo un apunte más. Esta tarde Rufo llevaba como tercero en su cuadrilla a Fernando Sánchez, sobran más palabras, ya saben lo que ha ocurrido. Sí, exacto, así ha sido, magistral.
Y todo esto ha sido en la segunda de Otoño, con los tendidos llenos, 126 días después de Morante y a nueve de volver a verle en sesión doble. ¡No veo el momento de estar sentado en mi tendido el 12 a las 12! De momento me quedo con la emoción de lo vivido en esta tarde con Emilio de Justo, un héroe de diamante atravesando la Puerta Grande hacia la gloria del toreo, el cielo de Madrid.
Antonio Vallejo
