lunes, 13 de octubre de 2025

¿Y ahora, qué? ¿Y ahora, quién?

Esas son las dos preguntas a las que no encuentro respuesta en estos momentos de profundo shock en los que me encuentro sumido. Han pasado escasas horas y necesitaré mucho tiempo para asimilar lo vivido en este intenso 12 de octubre del año 2025 y sobreponerme al sentimiento de orfandad que me invade tras ver a Morante de la Puebla cortarse la coleta tras firmar una faena mágica de valor, compromiso, verdad y torería, una obra maestra de poco más de una docena de muletazos, no hacía falta más. El Arte, el sentimiento desatado, la emoción desbordada y la pasión irrefrenable no se cuantifican, están por encima de las leyes del espacio y el tiempo, superan las barreras de la física, saltan las normas de la aritmética. Eso ha sido la faena cumbre del Genio al cuarto de Garcigrande este 12 de octubre de 2025, Arte, sentimiento, emoción y pasión. No le busquen otra explicación, no la tiene, todo nace de su imaginación y del valor sin límites que lleva dentro y que le han convertido en el artista con más valor y en el valiente con más Arte de la historia del toreo, el más grande, JOSE ANTONIO MORANTE DE LA PUEBLA. Con ambas rodillas en tierra ha recibido el maestro a Tripulante citándole en largo recogiéndose y envolviéndose en el capote y pasándoselo a centímetros del cuerpo con un lance gallista que nos ha trasladado a un siglo atrás. Luego una verónica y unas chicuelinas de ensueño ajustadísimas  absolutamente entregado, en pleno abandono me atrevería a decir, hipnotizado por  las musas, sin pensar en otra cosa, tanto que el garcigrande ha hecho por él y le ha volteado violentamente y de muy fea manera dejando a Morante prácticamente inmóvil sobre la arena. Minutos de angustia e incertidumbre afortunadamente despejados cuando le hemos visto volver a la cara del toro y tomar la muleta para ir a brindar a Santiago Abascal que asistía a la corrida en uno de los burladeros del callejón. Algunos por ahí han pitado, ¿les ha molestado?. Pues lo siento. ¿No dicen que hay libertad?, ¿no son esos que pitan los que luego se las dan de demócratas?. Pues que se fastidien con j, que esa es la verdadera libertad, hacer lo que quieras siempre que cumplas las normas, y así ha sido. Pero ya se sabe lo que les pasa a esos, dime de que presumes... Faena de ensueño, de entrega absoluta, dos series en redondo rotundas, componiendo la figura de esa manera única que tiene, encajado, preciso embroque pasándoselo a milímetros de la barriga, desafiando al miedo y a la muerte, temple y ritmo, todo muy despacio y muy profundo, la mano baja, los vuelos de la muleta barriendo la arena, un delicado ballet sobre los tobillos, siempre en el sitio, entregado sin límites al toreo eterno. Por el izquierdo tenía poco celo el garcigrande, no iba claro, cabeceaba, un par de naturales de hondura sin igual, no hubo más porque no tenía más por ahí el animal, crujieron en los corazones encendidos que se pusieron a mil con la última serie en redondo, de máximo abandono, olés roncos que rompían el silencio sepulcral previo a cada muletazo. Se tiró a matar por derecho para dejar la espada enterrada en todo lo alto de efecto fulminante que desató la locura ante tanta grandiosidad del toreo para pedir dos orejas por más que absoluta mayoría y abrir de par en par la Puerta Grande y encumbrarse a lo más alto del toreo de todos los tiempos. Vuelta al ruedo apotéosica, parsimoniosa, recibiendo regalos y repartiendo saludos y besos, plena felicidad en todos, el sueño hecho realidad. Y sin esperarlo, cuando todo parecía indicar que iba al centro del ruedo para recoger la atronadora ovación de toda la plaza puesta en pie, se nos partió ese corazón que aún saltaba de emoción al ver que él mismo, entre lágrimas, se cortaba la coleta. ¡No lo podía creer!, todo se nos vino abajo, un shock emocional, también entre lágrimas de desconsuelo, el corazón que antes latía de emoción ahora congelado, sin saber qué decir ni como reaccionar, paralizados, ¿y ahora, qué?, ¿y ahora, quién?. No lo sé, de momento nadie, ni está ni se le espera. No veo a ningún matador el escalafón capaz de acercarse a la categoría de Morante de la Puebla, no ya por su toreo, único e inimitable, que engloba todas las épocas, sino por lo que significa dentro y fuera de la plaza y por ser el referente y el espejo en el que los jóvenes aficionados, los que tomarán nuestro relevo, se miran, y al que idolatran porque representa todos los valores en los que creen y que nosotros, privilegiados por haber sido coetáneos y haber gozado del más grande de la historia, les hemos transmitido.
Quizás eso debiera haber sido el final de la crónica de un día de una altísima intensidad emocional que comenzaba por la mañana con un festival que quedará para la historia y a la que se ha sumado un torero madrileño que hoy también decía adiós al toreo y que ha cortado una oreja con sabor a dos al quinto de la tarde. Permítanme que hoy me deje llevar por el desorden de sentimientos encontrados que me superan en estos momentos y desde los cuales quiero seguir contándoles lo que hoy hemos vivido en Las Ventas. Al fin y al cabo, si soy morantista hasta lo más profundo de mi ser debo dejar que las cosas fluyan sin guion y abandonarme a lo emocional, así es el maestro y así queremos ser sus fieles. Ese torero es Fernando Robleño, forjado en mil y un batallas con los hierros más duros del campo bravo y que, paradojas del destino, se ha despedido con un gran toro de Garcigrande, bravo y noble, al que ha cuajado en un faena de altísimo nivel llena de temple, toreo largo y profundo, ligazón y ritmo,  series por ambos pitones compactas y rotundas que han puesto en pie a una plaza que siempre le ha tenido un respeto y una admiración ganada a pulso. Una faena merecedora de dos orejas a pesar de haber pinchado al primer encuentro. Lo digo sinceramente, yo le he pedido la segunda y creo que hubiera sido de justicia como premio no solo a esa faena, ni a esta tarde, sino a toda una carrera en la que la verdad de su toreo se ha impuesto a todas las dificultades. Se va un pedazo de torero, sin duda, de los que dejan su sello grabado en la memoria. Completaba la terna el confirmante Sergio Rodríguez que puso toda su voluntad y dejó trazos de buen concepto en su toreo pero sin acabar de redondear. Buscó la colocación y ligar con temple y mano baja, pero la irregularidad que marcó la falta de ritmo dejó todo en un bien, pero.... dejándonos un tanto a medias, sin acabar de rematar ni tomar vuelo. También es cierto que, en medio del marco de esta tarde de tan alto nivel de emociones, ha tenido que ser muy difícil para él.
Una tarde que quedará para la historia del toreo con lágrimas de oro que bañan la alegría del triunfo y la pena del adiós y que venía precedida de una mañana también bañada con un caudal de recuerdos que nos han llevado a un viaje en el tiempo al pasado de la mano de Curro Vázquez, Frascuelo y César Rincón, al casi presente con Pablo Hermoso de Mendoza y Enrique Ponce, al presente con Morante de la Puebla y al futuro con Olga Casado. Un festival Pro Monumento a Antoñete nacido de la mente de Morante de la Puebla y que ha llenado hasta la bandera los tendidos de La Monumental, la plaza del maestro Antonio Chenel, su plaza en una mañana de 12 de octubre que amanecía con un cielo entoldado que poco antes de las 12 horas comenzó a abrirse en claros que poco apoco fueron dando paso al sol para acabar con el cielo de un espléndido azul purísima. Bueno, quizás lo que pasó por allí arriba es que el maestro Chenel se despertó y tras pegar un par de caladas a su eterno cigarrillo decidió que había que descorrer el telón para que todos desde el cielo pudieran ver lo que iba a pasar en "su" plaza. Fue abrirse la puerta del patio de cuadrillas para que todos los tendidos se pusieran en pie para recibir a un paseíllo para la historia grande del toreo. De principio a fin un sin fin de emociones y añoranzas que nos han hecho volver a la juventud y a  toda una vida marcada por la afición. Emoción en cada detalle, como los brindis, Curro Vázquez a su mujer, Frascuelo a la Infanta Elena, César Rincón a sus hijos, Enrique Ponce a Morante, Morante al maestro Antoñete en el cielo, y Olga Casado a todos los maestros que hoy le han arropado en esta espléndida mañana. Y del toreo que hemos vivido, ¡qué decir!, gloria bendita, para dejarse llevar y disfrutar al máximo de cada detalle. Basta decir que cada uno de los intervinientes tuvo que salir a saludar antes de su novillo obligados por las fuertes ovaciones que se les tributaban.
Pablo Hermoso de Mendoza abría plaza y nos ha deleitado con ese toreo a caballo cargado de clasicismo, toreando con la grupa cual muleta, ejecutando las suertes con ortodoxia, mucha belleza en cada quiebro, ajustados, clavando con pureza. El rejón de muerte le privó de algo más que una sonora ovación. Curro Vázquez no parecía tener 74 años, para nada. La elegancia y la clase, por supuesto, intactas. Pero es que viéndole torear podría decirse que se fue antes de ayer. Con que suavidad y temple toreó a la verónica, ¡que media de cartel nos dejó para saborear eternamente! Por el pitón derecho toreó como los ángeles, dándole distancia, la muleta adelantada, viaje largo, muy templado, la mano baja, con profundidad, ligando en el sitio, series de ensueño, toreo eterno, para grabarlo y ponerlo en todas las escuelas taurinas, además administrando las pausas como nadie, dándole el aire que pedía. Por el izquierdo los naturales surgieron de uno en uno, pero fueron auténticos monumentos, igual que las trincherillas con las que remató, una exquisitez . Hundió el acero con portentosa facilidad y cobró dos orejas de ley entre gritos de "torero, torero" para reverdecer laureles y abrir la Puerta Grande, como hizo en los años ochenta. Frascuelo se las tuvo que ver con un novillo de escasa condiciones y malas intenciones pero ante el que dejó detalles de toreo añejo cargado de sabor y que fueron auténticos pellizcos que te estremecían. Los delantales de saludo y la media de remate, derechazos y naturales sueltos con enjundia, trincherillas y remates por bajo con empaque, perlas sueltas de gran valor cada una. La espada no le ayudó y se despidió con una vuelta al ruedo de las de antaño. César Rincón rejuveneció 30 años y nos llevó a las cuatro puertas grandes de 1991 con el toreo vibrante con el que deslumbró a todos. Verónicas templadísimas a compás abierto, cadenciosas, abrochadas con una media para morirse que hacían soñar con la muleta. Ahí fue volver a 1991, Rincón citando muy en largo, él en terrenos del 5 y el novillo casi en los del 8. Y se arrancó el de Garcigrande, con sensacional tranco, y Rincón lo enganchó alante, excelente embroque pleno de suavidad y mejor trazo, toreo muy largo y profundo, espatarrado, arrastrando la tela, la plaza estallando en olés, éxtasis, que aún subió enteros al natural, hondos y de enorme pureza para rubricar con ayudados por alto de torería suprema y un estoconazo tras un pinchazo que no fue obstáculo para llevarse los máximos trofeos y acompañar a CurroTodo  en hombros camino de la calle Alcalá. Lo de Ponce al quinto fue un compendio de toda su carrera, fue Enrique puro de principio a fin. Naturalidad y relajo con el capote, verónicas y chicuelinas de suma suavidad, meciendo al toro, acunándolo cual bebé. Y con la muleta el sanador de toros que siempre ha sido. No iba sobrado de fuerzas el novillo, pero sí de clase. Le mimó en los primeros compases, le concedió la altura, tacto exquisito, suavidad de seda, poco poco a más, sin obligarle demasiado hasta acabar con su toreo de desmayo enroscándose al novillo a la cadera, elegancia en cada pase. Y no faltaron las poncinas, largas, y los circulares por la espalda flexionado, algún molinete garboso y trincherillas divinas, todo su catálogo de toreo, ese con el que tantas tardes hemos soñado. Un pinchazo y una entera valieron una oreja, que bien podían haber sido dos, no me hubiera parecido nada injusto. Y Morante,¡ay Morante con el sexto!. Lo primero, la ovación previa que recibió fue histórica, difícil recordar otra igual. Conociendo al Genio no extraña que para tan magna ocasión buscara y rebuscara hasta encontrar un clon del famoso toro blanco de Osborne que encumbró al maestro Chenel. Un ensabanado con hechuras de toro del hierro de José Luis Osborne, el mismo que mató Antoñete en 1966. Fue un novillo complicado, de corto recorrido, reservón, que medía y miraba mucho, ante el que Morante estuvo más que decidido y valiente tanto con el capote como con la muleta, plantándole cara, tragando y aguantando parones y tarascadas llegando a sacar muletazos de inmensa belleza y torería, sin guardarse nada aún sabiendo que le quedaba la tarde. La muleta retrasada para pasárselo por la cintura, muy ajustado, y sacar el máximo partido al escaso recorrido del novillo, recursos garbosos y llenos de torería cuando se le quedaba debajo y no acababa de completar el muletazo, molinetes y afarolados llenos de gracia. Es Morante, es único y todo surge de la improvisación, eso es el arte. Estocada monumental y una oreja con petición de la segunda no atendida. Cerraba el festival Olga Casado, que volvió a demostrar el buen manejo del capote con las verónicas de saludo hundiendo el mentón y ganado pasos, templadas y acompasadas y el gusto y clase que tiene su toreo. Primeros compases por estatuarios, impávida, para componer series por ambos pitones con buen gusto, ligando por bajo, templada, siendo buenos los de pecho. Un tributo a Ponce con las poncinas de epílogo, largas y lentas, de mucha expresión, que pusieron el ambiente en ebullición. pasaportó al novillo de una extraordinaria estocada y las dos orejas la llevaron a hombros junto a los otros dos maestros por la Puerta Grande de los sueños. 
Entenderán y espero que disculpen el desorden de lo que les he contado. Estoy en una encrucijada de sentimientos encontrados. Por un lado la profunda tristeza ante la soledad de la orfandad que me queda sin el Genio. Por otro lado la alegría de haberle disfrutado tantos años y haber sido testigo del mejor torero de la historia, y hoy se me ha hecho muy cuesta arriba ponerme a escribir. Pero ya está hecho, dejándome llevar por lo que me iba saliendo, que espero que al final tenga coherencia. 
Solo dos cosas para acabar. Hay un detalle que en este día inolvidable resume lo que es Morante, su vestido, y merece un atención especial. No podía ser otro, solo podía vestir ese terno, Chenel y oro. Solo alguien que ama y respeta el toreo como Morante cuida hasta el mínimo detalle. Lo sabemos por su pasión por El Gallo, por Chicuelo, por Curro Romero y tantos grandes maestros de todos los tiempos. Hoy solo se podía vestir así.
Y luego, quizás lo más importante, que el día de hoy, aún con la sensación de vacío que me queda, ha sido uno de los más bonitos de mi vida, porque he sentido muchas e intensas emociones y todas ellas las he vivido junto a la maravillosa mujer que Dios puso en mi vida, Inmaculada. Con tu sonrisa, con tus bromas, con tu alegría y tu cariño has hecho que este día haya sido aún más especial y quede grabado en verde Morante y oro para toda mi vida, como cada día haces en azul Purísima y oro desde hace veintinueve años. Gracias de todo corazón por haberme aguantado tantas horas en mi locura morantista.

Antonio Vallejo
 

sábado, 11 de octubre de 2025

133 días después de Morante, ¡dos días para volver a verle en Madrid! Toros por novillos

Para la sexta de Otoño de este viernes en el programa venía anunciada una novillada de Fuente Ymbro para los novilleros Bruno Aloi, El Mene y Pedro Luis, los finalistas de otro certamen más de los que hay en Madrid, el Cénate Las Ventas, que se desarrolla a lo largo del mes de julio en las noches de los jueves cuando el calor da un ligero respiro, o al menos no asfixia. Dicho ciclo de novilladas, en las que además de ver toros se cena en los distintos restaurantes que se reparten en el pasillo de los tendidos altos, lleva desarrollándose dos temporadas y la fórmula ha supuesto un rotundo éxito de público y, por ende, económico para la empresa gracias a las sensacionales entradas registradas. Esta tarde de viernes no ha sido una excepción en cuanto a la entrada, magnífico aspecto de los tendidos, tres cuartos largos, y, otra tarde más, masiva asistencia de jóvenes aficionados. No es de extrañar, ¿a quién no le interesa ir a ver una novillada de Fuente Ymbro con el cartel que tiene en Madrid?. Bueno, y si llegan a saber los que no han venido que lo que ha salido por la puerta de toriles ha sido una corrida de toros, lleno seguro, una rentada como dicen ahora, hemos visto toros a precio de novillos. Sí, es que así ha sido, una corrida de toros por edad - tres de los seis cumplían cuatro años en un mes, otro los acababa de cumplir, y solo dos contaban con tres años y ocho meses - y por hechuras, con trapío mayor que el de la mayoría de toros que se puedan lidiar en muchas plazas de segunda y me atrevería a decir que en todas las de tercera, con un presencia y una seriedad imponente. A las pruebas me remito y por eso traigo a portada las imágenes de los novillos, que valen por mil palabras. Juzguen ustedes. De verdad, un 10 para D. Ricardo Gallardo que ha enviado a Madrid unos novillos de bellísima y rematada lámina, cuajados, ofensivos pero sin exageraciones, armónicos y proporcionados, hechuras de toros, repito. En cuanto al juego destacaron el enclasado quinto y el bravo sexto, que salvaron una tarde que iba a la deriva entre la falta de fondo, fuerzas y un punto de mansedumbre. Una lástima que, en el caso del quinto, la espada privara a El Mene de un trofeo y que, en el caso del sexto, el planteamiento de faena de Pedro Luis no haya sido el mejor para que el novillo no se fuera al desolladero con las orejas puestas. 
Mucho me ha gustado el concepto del toreo de El Mene y sus maneras tanto de capa como con la muleta. Con brío y buen tranco salió el segundo para colocar bien la cara en el capote del zaragozano y repetir en las verónicas de recibo, si bien se volvía al revés. Bonitas y garbosas las chicuelinas al paso para llevarlo al peto en un tercio de varas muy desordenado, realmente caótico,  capotazos a mansalva con un novillo distraído que no quería ni ver de lejos al caballo, que rehuía y se ha dolido en dos puyazos que han sido poco más que señalados. Mucho gusto y suavidad en los primeros muletazos de tanteo y detalles de torería por bajo para componer una primera tanda poderosa con la mano baja por el pitón derecho, con temple y ligazón a la que ha repondido con humillación y repetición pero tras la que, en mi opinión, el novillo se ha visto podido y ha tornado en reservó, escarbando y reculando, también destapando un punto de manso. Prácticamente ahí se ha acabado la faena, el novillo sin ritmo, protestando, unas veces pasaba con recorrido y humillando, otras se quedaba corto soltando la cara, y trasteo sin posibilidad de continuidad pero siempre buscando cruzarse y llevar la embestida templada y con profundidad, alternado pasajes sin demasiada emoción con momentos de hondura como unos naturales con enjundia en las postrimerías para matar de un tremendo volapié de efecto fulminante. El quinto cumplía los cuatro años en este mes de octubre, es decir, era un toro y así se mostraba, con hechuras y expresión de toro al que le ha recetado un vistoso y variado saludo capotero por verónicas y chicuelinas de mucho gusto. Buena la pelea en varas, novillo pronto y ágil galope, hundiendo la cara y empujando con los riñones, dos sensacionales puyazos de Héctor Piña fuertemente ovacionados, manteniendo sus cualidades de ritmo y fijeza en banderillas cuajando un muy buen tercio José Manuel Zamorano y Pablo García. De nuevo torería en el prólogo de la muleta, estatuarios y tres trincherazos de bandera con el novillo repitiendo con ritmo y humillación, mucha clase en su embestida. Faena de destellos, detalles de mucha belleza y expresión componiendo la figura y toreando encajado, a la que le faltó un poco más de continuidad para redondearla, pero me ha gustado su concepto, buscando la colocación, siempre buscando bajar la mano, temple y cadencia. Mejor por el derecho, más profundidad y ligazón pero cuando se ha acoplado por el izquierdo ha dibujado algunos naturales hondos y ha dejado en la memoria un pase de pecho eterno, de una despaciosidad extrema y un par de redondos en los compase finales con desmayo cargados de sabor. Solo un pero, que haya rematado por manoletinas, con lo que me gusta el toreo por bajo para abrochar las faenas, y ese novillo lo pedía por su clase. Estoy convencido que de no haber marrado con los aceros hubiera cortado una oreja, o al menos creo que se habría pedido con fuerza.
Cuajado y bien rematado el tercero, abrochadito de pitones pero con mucha seriedad y expresión, otro señor toro, que salió distraído, suelto, a su aire, sin cumplir en los primeros tercios, rebrincado, doliéndose en varas, esperando y cortando  en banderillas. Lo que sí tenía era movilidad y un punto de genio que pedían mando en la muleta. Directamente se fue el peruano Pedro Luis a torear por el derecho, dándole distancia, el novillo se arrancaba con brío pero sin humillar, rebrincado y punteando el engaño en los primeros muletazos. No sé si a lo mejor un inicio de faena doblándose para intentar obligarle y poco a poco ir sometiendo las oleadas de sus embestidas desordenadas hubiera sido lo ideal en este novillo, además de buscar algo más la colocación y cruzarse, porque me ha dado la impresión de estar al hilo, y creo que eso tampoco ayudaba a dominar la fuerza y el ímpetu del fuenteymbro. Faena sin continuidad, pases de uno en uno,  en la que de repente sobresalían muletazos con calidad, como un par de naturales hondos y dos derechazos templados y profundos en el tramo final, pero  sin acabar de acoplarse y redondear las series. Al menos lo pasaportó de un sensacional estoconazo. Al sexto lo recibió a porta gayola con una larga cambiada y una sucesión de chicuelinas arrebatado para rematar en los medios con mucha vistosidad a este novillo de mucha movilidad, fijeza, humillación en los capotes y bravura en el caballo, empleándose, metiendo los riñones y derribando a la cabalgadura en el primer puyazo. Extraordinario tercio a cargo de Manuel Sayago que se retiró entre ovaciones de los tendidos a su paso. En banderillas mantuvo la misma movilidad y fijeza de salida, poniendo en apuros a Pascual Mellinas al hacer hilo en el segundo par y salvar el pellejo gracias al portentoso quite salvador de Ignacio Martín, atento y bien colocado, en donde debía estar, enseñando a todos lo importante que es el orden y la buena colocación en esto del toreo. Igual que he dicho en su primer novillo, creo que el planteamiento de faena no fue el mejor y que le faltó más sentido de las distancias y las pausas para sacar todo lo que me pareció que llevaba dentro este novillo bravo, que se desplazaba con gran son, humillando, con fijeza y celo, además de repetidor. Arrancó por estatuarios para inmediatamente pasar a la diestra y, dándole distancia, torear en redondo en una primera serie de mando y calidad. Pero igual que pedía espacio  también pedía aire, y ahí es donde creo que Pedro Luis no encontró el ritmo. Un tanto embarullado y acortando pronto la distancia la faena fue a menos, con algunos enganchones, sin acabar de rematar los muletazos ni las tandas, si bien algunos muletazos sueltos tuvieron mucha calidad, pero sin acabar de redondear el conjunto dejando  pasar, a mi modo de ver, una magnífica ocasión para saborear el triunfo. Al final el trasteo se fue diluyendo en intrascendencia, demasiados pases sin demasiado argumento y la mala suerte con la espada, dejaron que la cosa quedara en silencio con algunas tibias palmas y ovación para este novillo que era para arrastrarlo sin las orejas. Para colmo de mala suerte Pedro Luis sufrió un puntazo en la parte posterior del muslo izquierdo al ira a descabellar.
No fue precisamente afortunado el mexicano Bruno Aloi con su lote. El que abría plaza salió suelto y desentendido de todo, la cara alta y las manos por delante, nula entrega en el capote y demasiadas evidencias de ir justo de fuerzas, perdiendo las manos alas primeras de cambio. Mucho se le castigó en el caballo, sobre todo en el primer puyazo, trasero y muy largo, el novillo encelado en el peto sin nadie que lo sacara, demasiado tiempo, saliendo exhausto y perdiendo las manos.Y por si acaso eso era poco, el picador no se cortó un pelo en el segundo puyazo, también trasero, y le pegó fuerte desatando una bronca por no levantar la vara y medir el castigo, acabando con el novillo. Hubiera bastado que le bajaran un poco los capotes para que el fuenteymbro hubiera caído con estrépito y se hubiera lidiado el sobrero del mismo hierro, que a lo mejor nos hubiera ahorrado el lamentable espectáculo que padecimos en una faena inexistente porque el animal estaba muerto, no se tenía en pie ni tenía un gramo de energía para embestir. Desde qua saltó a la arena el cuarto apuntó a manso, huyendo de todo  sin querer nada en los primeros tercios y con marcada querencia, tanta que se fue directo al caballo que guardaba puerta. Rebrincado en la muleta, moviéndose mucho pero sin clase ni entrega alguna, la cara alta, derrotes secos, muy descompuesto, sin permitirle nada al mexicano que se mostró muy firme y valiente, tragando quina, pero sin opción alguna de lucimiento por mucho que lo intentó por ambos pitones. No se le puede negar voluntad y ganas de tratar de robar al menos algún pase, es lógico viéndose en Las Ventas, pero alargó  tanto la faena y tanto porfió que en una de esos violentos arreones  el novillo se lo echó a los lomos, afortunadamente sin consecuencias. Lo pasaportó de una sensacional y efectiva estocada y escuchón cariñosas palmas en reconocimiento a su disposición y voluntad.


Antonio Vallejo



 

viernes, 10 de octubre de 2025

132 días después de Morante, quedan tres para que vuelva. Samuel Castrejón vence al natural

Tras estos días de descanso retomamos el pulso a la recta final de esta Feria de Otoño madrileña que es también la recta final de esta temporada 2025 tan sumamente especial e importante que tendrá el domingo su broche de oro en una jornada que promete ser histórica. Este jueves se anunciaba una novillada sin picadores como final del certamen Camino hacia Las Ventas que a lo largo de la temporada se ha ido desarrollando en las plazas de la provincia de Madrid en forma de clasificaciones y eliminatorias para llegar a este día que todo niño que quiere ser torero tiene en su mente y en su corazón, el sueño de todos, hacer el paseíllo en la primera plaza del mundo. Tres jóvenes novilleros han alcanzado esa meta y han cumplido su mayor deseo; dos madrileños, Pedro Gómez y Samuel Castrejón, y un mexicano, Ignacio Garibay que representan a todos esos jóvenes que en las diferentes escuelas taurinas de nuestra geografía encarnan el futuro de nuestra Fiesta. Una Fiesta que, por mucho que le pese al Urtasun de turno, está más viva que nunca y, a juzgar por la sucesión de llenos, casi llenos, así como magníficas entradas que han sido la norma en este 2025 venteño, tiene una salud de hierro. No ha sido una excepción esta tarde. Una novillada que bien podía haber sido descartada en el abono - había derecho a ello - y que, cuando bajaba a la plaza, me hacía dudar de la asistencia y el aspecto de los tendidos. Ha sido una gratísima sorpresa comprobar  algo más de dos tercios de entrada, y un soplo de aire fresco ver la inmensa cantidad de niños y jóvenes cargados de ilusión y afición que garantizan el futuro. Y estoy convencido que esa alegría que desprendían sus caras ha contagiado a toda la plaza y hemos disfrutado de una tarde en la que el único objetivo era disfrutar sin preocuparse de ser rigurosos, estrictos o, como desgraciadamente pasa en esta plaza, exigentes hasta la intransigencia. Como es lógico ha habido de todo, momentos brillantes, lances y pases de peso, momentos de barullo y acelerados, otros de reposo y emoción, también defectos que pulir, por supuesto, les queda mucho camino por delante, pero en ningún momento se les ha exigido ser lo que todavía no son. Ojalá ese fuera el criterio todas las tardes, pero me temo que mañana mismo, con la novillada de Fuente Ymbro, volveremos a las andadas.
Seis novillos, erales, cuatro tres años recién cumplidos, uno a falta de un mes para cumplir y otro de dos años y medio, de Ángel Luis Peña que han tenido comportamiento variado y que, a excepción del que cerraba plaza, han dado juego y opciones a los novilleros, con un quinto francamente bueno que ha mostrado un pitón izquierdo sensacional y que Samuel Castrejón de la escuela José Cubero "Yiyo", ha aprovechado para cortar la única oreja del festejo en una faena de mucha transmisión y emoción con tandas de naturales acoplados y hondos, cargados de temple y ligados por bajo, así como un toreo en redondo con mucho empaque, temple y mano baja, ligando en el sitio. Ya había dejado el de Pozuelo de Alarcón seis naturales de muchísima enjundia al segundo, buen embroque,  trazo sensacional, toreando muy despacio, algunos al ralentí, embarcando y conduciendo la embestida con clase. Novillero con personalidad y gusto que también ha mostrado las ganas de comerse el mundo con las que hay que venir a Madrid, como sus compañeros de terna, sin renunciar ni a un quite, aunque haya habido instantes que esas ganas les hayan llevado a momentos de cierta aceleración y embarullamiento, para mi perfectamente disculpables. Y si con la muleta ha cuajado momentos brillantes también con el capote ha mostrado facultades, como el quite por gaoneras al segundo, ajustadísimas, de mucha emoción y riesgo. La estocada al quinto, una entera fulminante por derecho, le ha valido una oreja pedida casi por unanimidad y así convertirse en el vencedor de la final del certamen. 
Pedro Gómez, madrileño de Guadarrama, crecido y formado en la escuela de Galapagar, ha dejado en el aire maneras, trato exquisito  y buen concepto del toreo, queriéndolo todo por bajo. Magníficas por temple y compás las verónicas de saludo al que abría plaza, rematadas con una buena media, así como las gaoneras en el quite al tercero. Con la muleta buen trazo de los muletazos buscando alargar el viaje, bajando la mano y ligando con calidad, aprovechando la movilidad y el recorrido de sus dos novillos, aunque quizás le faltó más continuidad y ritmo a sus faenas, con altibajos, alternando momentos más templado y asentado con otros de menos acople, también es cierto que sus dos novillos fueron claramente a menos y eso influyó en este aspecto. Lo que no se le puede negar es su decisión, a porta gayola a recibir al cuarto con una larga cambiada y dos afarolados arrebatadores cargados de emoción, y después poner banderillas yendo a por todas, siendo el mejor el tercer par, por dentro y mucha exposición. La espada no le ha acompañado, pero ha dejado grato recuerdo.
Ignacio Garibay, natural de Ciudad de México, hijo del maestro del mismo nombre y apellido - quien se da la curiosidad que el pasado mes de febrero cumplió 50 años y lo celebró  toreando un festival junto a Eulalio López "El Zotoluco", Alejandro Talavante, los rejoneadores Javier y José Funtanet y su propio hijo - ha contado con el lote más deslucido de la novillada, si bien no ha sido obstáculo para mostrar su toreo arrollador y las ganas con las que ha venido a Madrid. Me ha gustado mucho el saludo capotero al tercero, una rogerina muy mexicana y un ramillete de verónicas templadísimas, cadenciosas, muy lentas, acompañadas con la cintura, meciendo le embestida y rematadas con una media de cartel y una vistosa serpentina, así como el quite por tafalleras al quinto, ceñidas, con valor y decisión, como al recibir al sexto con dos afarolados de rodillas. Novillo rebrincado y descompuesto el tercero, siempre con la cara alta, que ha permitido poco. Quizás algo atropellado el mexicano tras un inicio por estatuarios, pero poco a poco ha conseguido frenar los ímpetus del animal y ha conseguido algunos pasajes de toreo más encajado y templado, una tanda de naturales en las postrimerías han tenido calidad, pero sin poder llegar a conectar con los tendidos por la falta de clase y entrega del novillo. Ante el protestado sexto por escurrido y blando poco pudo mostrar, más allá de su buen concepto, poniéndole la muleta, tirando del animal pero era misión imposible. Lo probó todo, de rodillas en el arranque de faena, tratando de conducirle por bajo, pero le faltaba recorrido y entrega, siempre rebrincado, después probándolo por ambos pitones, buscando colocación, intentando bajar la mano, pero el de Ángel Luis Peña no respondía, descompuesto. Pero repito, buenas sensaciones ha dejado el capitalino.
Los tres han venido a Madrid cargados de ilusión y creo que se pueden ir contentos. ¿Que les han faltado cosas? Pues claro, lo extraño sería lo contrario, pero eso lo hemos entendido todos los que estábamos esta tarde en Las Ventas. Seguramente por eso ha sido tan agradable y lo hemos pasado tan bien viéndoles desarrollar su toreo acorde a la personalidad de cada uno. De eso se trata, de disfrutar, no de venir a sufrir, que para eso tenemos muchas raciones cada día.

Antonio Vallejo

lunes, 6 de octubre de 2025

128 días después de Morante, quedan siete para que vuelva, verdad, pureza, valor, compromiso y torería

Ya solo quedan 7 días para que vuelva Morante a Las Ventas en esta nueva era del toreo. Una semana de espera, de tensa y fervorosa espera, que se va a hacer eterna, ¡pero que llegará!. Una semana que va a estar invadida por sueños y deseos que espero se cumplan culminando así una temporada apoteósica que ha cambiado el rumbo de la historia del toreo con un antes y un después. Pero para eso y para contárselo aún tendré que esperar estos días que se van a hacer interminables, aunque tardes como la vivida este domingo ayudan mucho a soportar la ansiedad ante la llegada del día deseado.
De eso se han encargado Uceda Leal, Fortes y Víctor Hernández que ante tres ejemplares de Puerto de San Lorenzo y otros tantos de Fuente Ymbro han desplegado sobre la arena venteña un recital de los valores del toreo que, más allá de trofeos o estadísticas, le hacen eterno: la verdad, la pureza, el valor, el compromiso y, si me permiten, la torería.
Torería a raudales la que ha derramado José Ignacio Uceda Leal en esta tarde. Cargadas de aromas y sabor las toreras verónicas de recibo al que abría plaza, muy templadas, impregnadas de su elegancia natural, cadenciosas, rematadas con una media eterna, con desmayo, una delicia suprema, como el lance desmayado y el capote lacio, seda pura, con el que ha dejado perfectamente colocado al toro en la suerte de varas, una gota del mejor perfume cuya fragancia perdura por siempre. Con la muleta primeros compase genuflexo, llevando la embestida en largo, clase y gusto  que despiertan los sentidos en cada pase, y un par de trincherazos para partir el alma. Toreo de empaque, relajado, elegante, temple y mano baja componiendo series con acople por el pitón derecho, llevándolo muy toreado, cosido a la muleta, ni un toque a las telas, con profundidad y ligazón,  llegando a los tendidos, mucha emoción, olés sentidos, con el toro humillando y repitiendo, y a más en cada serie,  hasta tocar el cielo con una enroscándose la embestida a la cadera, encajado, de una emoción máxima, rematando con uno de pecho sensacional que puso a la plaza en pie. Cuatro tandas por el derecho, no hacía falta más, faena de quince o veinte muletazos, tampoco había más, porque por el izquierdo lo probó y evidenció a las claras que por ahí protestaba, no pasaba y se defendía, para epilogar con dos trincherillas de auténtico ensueño con el porte que atesora Uceda. No tengo ninguna duda que de no haber marrado con los aceros hubiera cortado una oreja, pero poco me importa tras la emoción y belleza que ha transmitido su toreo. Ante el cuarto el de Usera mostró la cara del compromiso y el valor para frenar y tratar de someter la brusquedad de sus embestidas. Toro sin clase, que iba y venía a arreones, soltando derrotes con violencia ante el que había que mantener mucha firmeza para aguantar las descompuestas arrancadas. Eso ha tenido Uceda, firmeza y decisión, plantándole cara con la muleta, poniéndosela en la cara y tratando de llevarle conducido por bajo, pero era imposible ante la nula humillación y la falta de entrega del bronco fuenteymbro, siempre a la defensiva. Una pena que no enterrara la espada en el primero como hizo en este cuarto, un cañón, algo que le ha acompañado durante sus ya 29 años de alteranativa, o como también hizo con el sexto, otro marrajo inlidiable de 603 Kg que le correspondió matar por la cogida de Víctor Hernández en un quite por tafalleras al cuarto que acabamos de referir dejando claro el peligro que encerraba y el mérito de Uceda con su valor y compromiso. Ese que cerraba plaza era uno de Puerto de San Lorenzo de enorme volumen, largo, acapacahado, que desde salida mostró su condición de manso y su escasa o nula movilidad por su exceso de kilos. Nada había que hacer ante lo que, para mi, está en las antípodas del toro que me gusta, por juego y por hechuras. Ni un pase tenía, y eso que lo intentó Uceda, aguantó parones, miradas, medía y buscaba, no pasaba, simplemente soltaba tornillazos a diestra y siniestra. La única vía era la que tomó José Ignacio tras mostrar por ambos pitones la imposibilidad de torear, lidia sobre los pies, macheteo por bajo y a matar. En su balance final una ovación con saludos y dos silencios, pero en el balance que me queda torería, valor y compromiso, que vale mucho más.
Víctor Hernández tenía media Puerta Grande abierta con la oreja cortada al tercero de Fuente Ymbro, pero en su turno de quite al quinto fue arrollado y corneado en el gemelo izquierdo en la segunda tafallera esfumándose cualquier opción de soñar con la gloria para el madrileño. Pero la oreja al tercero, de ley mucho peso, debe valerle por una salida a hombros y no dudo que de cara a la próxima temporada vamos a verle anunciado en muchas e importantes plazas. Arrancó fuerte en la tarde con un vibrante quite por saltilleras al segundo, de mucho ajuste y exposición, sin importarle nada, desafiando al miedo, con inmensa verdad. Luego saludó al tercero - un fuenteymbro alto, estrecho de sienes y de más cosas, algo escurrido me atrevería a decir, pero con dos pitones vueltos impresionantes que es lo que creo que le salvaba de ser pitado - a la verónica con temple y buen son, clase y gusto en cada lance a un toro que en los primeros tercios no se definía, que iba y venía pero sin acabar de entregarse, yendo pronto al caballo pero sin empujar, un tanto desconcertante en banderillas con un Marcos Prieto que cuajó dos pares de inmensa pureza y verdad, dejándose ver, llegando a la cara exponiendo para reunir y clavar de poder a poder. Arrancó el trasteo por estatuarios arrancando los primeros olés y un trincherazo sensacional que rompió en una fuerte ovación. Seguía sin definirse el toro, cara a media altura y sin acabar de entregarse por el derecho. Fue echarse la muleta a la izquierda y se abrió la caja de las emociones. Al natural, todo fue al natural, de uno en uno surgieron, majestuosos, de una hondura superlativa, no era necesario ligar, la emoción venía con la colocación, siempre cruzado, mucho, con la manera de echarle la muleta planchada, con verdad y pureza extrema, fueron cuatro tandas de naturales de mucha hondura, llevándolo muy despacio, manejando la muñeca como si fuera de porcelana, que suavidad, que tacto. Pegaba uno, se colocaba cruzado, pegaba otro, volvía a colocarse, la plaza rugía con olés roncos y sentidos al crujido que era cada natural con el toro humillando, embistiendo al ralentí, temple infinito, ni un toque la muleta. Más pureza y verdad imposible, más entrega y compromiso, muy difícil. El delirio se desató con la última de las tandas, con el toro a menos, ya con poco recorrido, a pies juntos, dándole el pecho, exposición sin límite, la mano baja, hondura infinita, el crujir del alma. Un estoconazo monumental rubrica una faena de intensidad y emotividad sin fin nacida de la verdad y la pureza del toreo del madrileño. Oreja sin discusión pedida por unanimidad. 
Preciosa lámina la del segundo para Fortes, toro cuajado, de mucha seriedad, con movilidad pero escaso celo, sin fijarse en los capotes ni emplearse en el caballo y que en banderillas esperaba y cortaba luciéndose en dos pares de antología Raúl Ruiz cuadrando entre los pitones, con las puntas prácticamente en la barriga, máxima exposición y perfecta ejecución que le valió una espectacular ovación. Bonito y torero el inicio primero genuflexo, luego rodilla en tierra, conduciendo la embestida muy templada y por bajo, con recorrido y mucha transmisión. Toro con nobleza y humillador, se mueve con buen tranco en las primeras tandas por el derecho, la primera quizás algo al hilo del pitón, pero la segunda sensacional, más acoplado y más encajado, ligando por bajo. Por el izquierdo menos clara la embestida y sin humillar, protestón, le cuesta pasar y se revuelve más. A partir de ese momento la faena discurre en altibajos, surgen algunos naturales sueltos de más enjundia con otros deslucidos, lo mismo que ocurre con los derechazos en las postrimerías del trasteo que no acabó de tomar vuelo por esa falta de ritmo y emoción. En el quinto vimos al Fortes del valor, de no guardarse nada ante un toro que desde salida demostró nula entrega, desentendido de todo, descompuesto y con peligro sordo, la cara alta, brusco, defendiéndose y desarrollando sentido. Muy complicado el fuenteymbro en la muleta de Fortes, repone y busca, mide y sabe lo que se deja detrás. Valor sin límite del malagueño que no se arruga, le planta batalla con tremenda firmeza y decisión, traga y aguanta lo indecible sin inmutarse y termina con la plaza entregada ante la muestra de verdad en todo lo que ha hecho. Hunde la espada hasta la empuñadura que acaba con el toro de manera fulminante y escucha una calurosa ovación en reconocimiento al tremendo esfuerzo que ha tenido que hacer para dominar sus acometidas y cerrar así una tarde en la que el triunfo ha venido no en forma de orejas sino en justo reconocimiento a la verdad, la pureza, el valor, el compromiso y la torería de Uceda, Fortes y Hernández.

Antonio Vallejo


 

sábado, 4 de octubre de 2025

127 días después de Morante, la nada

Si buscamos en le diccionario de la R.A.E el término nada encontramos las siguientes acepciones:
1.- Inexistencia total o carencia absoluta de todo ser.
2.- Sensación de vacío o inexistencia.
3.- Situación o estado de carencia absoluta.
4.- Ninguna cosa.

Señores, aquí tienen perfectamente descrita y resumida esta tarde veraniega de otoño que hemos padecido en Las Ventas con los toros de Domingo Hernández ante los que Alejandro Talavante, Pablo Aguado y Jarocho nada han podido hacer porque no había nada que hacer. Por mucha voluntad que hayan intentado poner, que la han puesto, era totalmente imposible sacar nada de nada. Por mucha dignidad que hayan mostrado, que la han mostrado, era totalmente imposible sacar nada de nada. Por mucha torería que Aguado haya derramado a la mínima que ha tenido ocasión, era imposible sacar nada de nada. Por sensacionales y de poder a poder que hayan sido los dos pares de Iván García al tercero, era imposible sacar nada de nada. Porque los toros no han tenido nada, ni bravura, ni raza, ni casta, ni clase, ni fuerzas, ni entrega, nada de nada. Bueno, miento, sí han tenido algo, mansedumbre, hay que ser justos, a  cada uno lo suyo.
Así que, para hablar de nada, ni voy a gastar mi tiempo y horas de sueño, ni voy a hacerles perder su tiempo...para nada.
Tan solo una cosa positiva y que, sin duda, ha sido lo mejor de esta tarde. Lo que falta en el título, ¡que ya queda un día menos para que vuelva Morante. Ocho, concretamente.
Gracias, de nada.

Antonio Vallejo
 

126 días después de Morante y a falta de nueve para que vuelva, Emilio de Justo, un héroe, un Diamante, Puerta Grande y la gloria

Nunca me cansaré de repetir lo que para mi es el toreo y mi forma de entenderlo, y lo repetiré miles de veces. Minutos antes de arrancar el paseíllo he tenido la oportunidad de conocer gracias a un gran amigo con quien hoy he ido a los toros a un grupo de buenos aficionados, a su vez amigos suyos, con los que hemos mantenido una amena y animada conversación en los bajos del 1. Hemos hablado sobre la afición, la belleza del toreo, su grandeza y riqueza artística, así como del conocimiento mayor o menor que cada uno podía tener o que le gustaría tener del toreo. Me decía mi amigo Javier que él se considera aficionado pero que le gustaría ser entendido. Le he aconsejado que siguiera siendo siendo aficionado y no preocupara por saber o entender de toreo sino por sentir el toreo, que así iba a ser mucho más feliz. Ese mismo consejo se lo daría a quienes, vamos, los mismos de siempre, han montado una bronca absolutamente desproporcionada por las dos orejas que Emilio de Justo ha cortado al sexto de la tarde, abriendo así la Puerta Grande de Las Ventas por quinta vez en su carrera. No voy a andarme con rodeos, voy a ir directo, sin probaturas, como ha ido de Justo . Para dejarlo claro, no le pongo ni un pero a las dos orejas, me parecen de ley y más que merecidas, no solo por lo que ha hecho ante ese que cerraba plaza, sino por el contexto y cómo venía desarrollándose la tarde. Y me da igual que se justifiquen con la colocación de la espada, me importa un bledo que haya caído unos centímetros trasera o un par de dedos desprendida, no entiendo de geometría ni voy con escuadra y cartabón a los toros, voy a soñar y dejarme llevar por lo que me llene el corazón ¡a la porra las ciencias!, ¡viva el Arte y el sentimiento!. Eso es lo que ha expresado y transmitido Emilio con su toreo y lo que me ha llegado a mi y, a juzgar por el mar de pañuelos, también a la inmensa mayoría de la plaza que no necesitábamos ni saber ni entender mucho o poco de  tauromaquia para sentir su toreo. Solo así, abandonado al sentimiento se puede alcanzar la emoción y entregarse a la pasión desbordada de esta bendita afición. Poesía, no un mero tratado estricto de medidas y distancias ni una encorsetada guía de normas, pura poesía, eso es el toreo. Querido Javier, sigue siendo tan buen aficionado y no te preocupes por saber, mejor nunca llegar a ser uno de esos "sabios" a los que les aplicaría estas siempre vivas palabras: ¡ay del que no sepa levantar, frente a la poesía que promete, la poesía que destruye!

Comenzaba la tarde dejándonos con el corazón encogido y la sangre helada por la angustiosa y aparentemente dramática cogida a Emilio de Justo en el que abría  plaza. Ya le había avisado en el capote, se venía por dentro en las chicuelinas de recibo, una tras otra, diez u once creo haberle contado rematadas con una media repleta de elegancia, y fue en el segundo o tercer muletazo que el toro se venció y enganchó al extremeño volteándole y dejándole a su merced sobre la arena. Segundos angustiosos en los que parecía que el de Victoriano del Río le corneaba hasta en tres ocasiones, quedando inmóvil sobre la arena y siendo llevado a toda prisa a la enfermería. Un mazazo como el de aquel Domingo de Ramos de 2022 y que sin remedio se nos vino a la memoria. Borja Jiménez, como no podía ser de otra forma,  se encargó de pasaportar con la mayor celeridad posible a ese primero y, a partir de ese  momento, todo eran cábalas sobre el orden de lidia y quien se haría cargo de lidiar al anunciado cuarto de la tarde. Dábamos por supuesto que la cornada era un hecho, más aún con las fotos que por redes sociales iban llegando que seguramente le estarían operando en la enfermería y, aunque la verdad es que durante todo el festejo no llegaron noticias de ningún parte facultativo, estoy seguro que ninguno de los que esta tarde hemos estado en Las Ventas, pensábamos que tras la muerte del quinto iba a suceder lo que sucedió. Borja Jiménez había matado al quinto y dábamos por contado que sería Rufo quien se encargara de matar al que cerraba plaza. De repente, un murmullo por la plaza y, como una aparición divina, Emilio de Justo por su propio pie camino del burladero de cuadrillas dispuesto a torear el que estaba anunciado cuarto y que, al correrse turno toda la tarde había quedado relegado a cerrar plaza. Y todos los tendidos en pie, ovación atronadora a un héroe, solo así puedo considerar a estos superhombres capaces de vencer al dolor y  al sufrimiento como lo hacen. Más tarde he sabido que de Justo milagrosamente "solo" sufría una contusión costal - ¡casi nada, a cualquiera nos tiene un par de semanas fuera de combate! - y que el criterio de los médicos era que no saliera a torear. Pero los héroes son así, y allí estaba para recibir a Diamante, imposible nombre más acorde para la ocasión. Un toro de imponente presencia, cinqueño de 566 Kg, voluminoso, de lomo recto, amplio de cara, veleto, altivo y desafiante dos puñales al cielo, al que de Justo recibió, nada más y nada menos que de rodillas, al hilo de las tablas del 10, con una larga cambiada a la que hilvana un ramillete de verónicas a compás abierto meciendo sus buenas embestidas para rematar con una larga cordobesa y salir con el capote echado a la espalda, garbo y torería, tanta como tuvo el galleo por chicuelinas para llevarlo al caballo. Se pueden imaginar los olés y la ovación con la plaza de nuevo en pie, emoción incontenible.Toro con mucha movilidad y raza, encastado, que colocaba bien la cara pero que sin embargo mostraba cierta querencia y tendía a irse suelto, sin demasiada fijeza. De hecho se fue a por el picador que guardaba puerta y tanto en varas como en banderillas iba a sus anchas sin mostrar demasiado celo. Por cierto, sensacional brega por parte de Morenito de Arlés, entendiendo a la perfección las cualidades de Diamante, al que llevó metido en el capote andándole hacia atrás y por bajo, portentoso. Brindó al público Emilio y con decisión, sin dudas, directo, tiró la ayuda y compuso toda la faena al natural, sin probaturas, primero en tres series por el derecho de mucha expresión, reunidas y  compactas, la muleta planchada y adelantada, trazo largo, mano baja, barriendo la arena, profundidad, inmensa transmisión, olés roncos, emoción desbordada, y Diamante repitiendo y humillando, con bravura. Toreo de empaque en el que también surgen de su imaginación afalorados y molinetes garbosos, trincherazos de crujido, pases de pecho sensacionales, cambios de mano eternos, torería en su máxima expresión. Pero es por el pitón izquierdo donde la faena alcanza sus más altas cotas, las emociones se desbordan y el caudal de pasión es ya irrefrenable. Series de naturales hondas, todo por bajo, temple y ligazón, encajado y acoplado, primero con el compás abierto, luego a pies junto dándole el pecho, olés retumbando al cielo de Madrid que esperaba a Emilio para regalarle la gloria por su verdad, su valor, su entrega y su honradez. Faena de máxima intensidad y emotividad, sin guión, nacida del alma, compacta y reunida, que nos ha hecho no solo soñar el toreo eterno sino verlo hecho realidad. Después de todo esto, ¿a alguien le puede importar que tras volcarse a matar recto, sin miedo a otra cornada o a la muerte, y hundir la espada hasta la yema, se le pueda protestar una oreja por un par de centímetros alante o atrás o un par de dedos arriba o abajo?. Señores, la sabiduría sin sentimiento no es más que ignorancia. Lo dije al principio y lo repito, Puerta Grande sin discusión que, haciendo honor a su apellido, es de total justicia. 

Del resto de la tarde hay que reseñar la muy seria y bien presentada corrida de Victoriano del Río que, además de Diamante, ha tenido un segundo y tercero con clase y buenas condiciones, un cuarto noble y colaborador, si bien a estos tres les ha faltado, a mi modo de ver, poder y fuelle, se han apagado muy pronto y nos han dejado un poco a medias y sin acabar de permitir que las faenas tomaran vuelo. El quinto, sin duda alguna, el que ha desentonado tanto por hechuras como por juego, muy soso y deslucido. 

Borja Jiménez meció por verónicas de clase y gusto a su primero, ganando terreno, acompasadas y templadas, rematando con una media de cartel, y se plantó en los medios para arrancar la faena de muleta con tres cambiados por la espalda de mucho riesgo y emoción, dos de pecho sensacionales cosidos a uno de desdén y una trincherilla repleta de aromas. Lástima que el toro se apagara en las dos primeras tandas por el derecho, profundas, muy templadas y ligadas, de mucha emoción, repitiendo y humillando el de Victoriano, cosido a la tela, con recorrido y celo, rematando la primera con uno de pecho descomunal y la segunda con un cambio de mano parando el tiempo. Pero hasta ahí duró, por el izquierdo protestaba, a la defensiva, no pasaba, pudo robarle un par de naturales dándole el pecho pero nada más, ni tan siquiera al volver a cambiar de pitón con el toro ya co  muy corto recorrido, quedándose a medio muletazo, arrancando dos derechazos a cámara lenta de mucho valor, pero nada más. Su segundo toro pasó por los primeros tercios sin decir nada, sin emplearse ni cumplir para llegar a la muleta colaborador y noblote pero soso y sin gracia alguna. Lo intentó el sevillano por estatuarios en los primeros compases de muleta y una primera serie en redondo con cierto tono, pero sin transmisión. Mucha técnica y pulcritud en el manejo de los engaños, digamos que todo lo hizo bien, le puso la muleta, bajó  la mano, el toro pasaba, pero el conjunto carecía de chispa y poco a poco se fue diluyendo a pesar del tesón y el buen grato de Jiménez. Ya digo, una pena porque creo que el de Espartinas ha estado firme y con mucho mérito sacando lo máximo de su lote.

Tomás Rufo ha tenido que enfrentarse a dos enemigos, sus toros y la vara de medir que se le viene aplicando desde prácticamente la temporada de su confirmación de alternativa en 2022, aquella fulgurante de  las puertas grandes. Esta tarde tampoco ha sido una excepción. Hoy no se le puede negar la disposición, las ganas y la entrega, además tratar de hacer las cosas bien, con pulcritud y buen trato. Pero unas veces porque sus toros no han dado más de sí al apagarse cuando parecía que iban a tomar aire, o porque se le ha afeado y recriminado casi todo desde el sector que no le perdona aquellas salidas a hombros, todo se ha quedado a medias. Se le ha censurado prácticamente todo y con una rigurosidad excesiva, sobre todo en su primer toro, en el que compuso derechazos y naturales con profundidad y buen trazo, pero entre constantes silbidos y protestas por su colocación, varias veces de manera injustificada, especialmente hiriente en una de naturales mediada la faena de mucha profundidad, ligada por bajo y muy reunida, lo que poco a poco ha hecho mella en su ánimo. Y en su segundo, por más que puso toda su voluntad, el animal no iba, deslucido a más no poder, a pesar de lo cual no se le puede reprochar su capacidad y técnica para sacarle lo poquito que guardaba. Solo un apunte más. Esta tarde Rufo llevaba como tercero en su cuadrilla a Fernando Sánchez, sobran más palabras, ya saben lo que ha ocurrido. Sí, exacto, así ha sido, magistral.

Y todo esto ha sido en la segunda de Otoño, con los tendidos llenos, 126 días después de Morante y a nueve de volver a verle en sesión doble. ¡No veo el momento de estar sentado en mi tendido el 12 a las 12! De momento me quedo con la emoción de lo vivido en esta tarde con Emilio de Justo, un héroe de diamante atravesando la Puerta Grande hacia la gloria del toreo, el cielo de Madrid.


Antonio Vallejo

domingo, 10 de agosto de 2025

Setenta y tres días después de Morante. ¡Que me pregunten en el cielo de dónde vengo!

¡Cómo pasa el tiempo!, parece lejano el 28 de mayo, esa tarde que marcó el antes y el después en el toreo, el inicio de la nueva era, aquella faena histórica del genio que ni la mezquindad de un presidente de quien absolutamente nadie recuerda ni su nombre ni su cara pudo evitar que cambiara el rumbo de todo lo conocido hasta entonces. Setenta y tres días después he podido comprobar en vivo que es así de cierto, que en este toreo poco más que recién nacido está Morante y luego van los demás. Fue ayer, en la plaza de El Puerto de Santa María, aunque el maestro ya lo había dejado claro, por ejemplo, en Pamplona, o en Santander, este pasado viernes en Marbella. Morante está en otra dimensión, su toreo ha alcanzado un estado sobrenatural, de auténtica divinidad, inalcanzable para los mortales, te eleva a un nivel de felicidad suprema que parece inagotable, sabedores que aún nos quedan muchas tardes para salir de la plaza toreando al aire hechizados por el embrujo del de La Puebla del Río.

Tan solo las verónicas de recibo al que abría plaza ya valían por sí solas la entrada. Cadencia y compás, lentas, eternas, deteniendo el tiempo, el mentón hundido, pecho fuera, acompañadas con la cadera, exquisita suavidad, sencillamente sublimes, como los delantales que siguieron, de una belleza sin igual. Toro noble el primero, colocaba bien la cara, fondo de clase, pero creo que le faltó un punto de celo y empuje, pero lo que faltaba lo puso Morante. No hay toro que se le resista cuando hunde las zapatillas y sale el duende. Con las zapatillas hundidas el toreo del sevillano se elevó a los cielos en derechazos perfectamente acoplado, toreo reunido, de inmensa emoción, muy despacio, y con la torería y la gracia que le acompaña, molinetes y cambios de mano repletos de aroma y sabores de todas las épocas del toreo reunidas en su muleta. Y al natural, ¡que locura!, la expresión máxima, toreando como otros sueñan, componiendo la figura, acompañados con la cintura, más que temple, ni al ralentí o la cámara súperlenta, no existen para Morante las leyes del tiempo, está por encima de todo. Y entre medias su torería a la hora de andar en la cara, cada movimiento rebosa arte, basta un muletazo suelto a la hora de colocar al toro antes de iniciar una tanda para dejar volar la imaginación, todo fruto de la inspiración, del genio. Y de los remates por bajo, sobran las palabras, solo hay que abandonarse a la pasión de su toreo. La rúbrica fue la soñada, un estoconazo hundiendo el acero hasta la empuñadura y dos orejas sin discusión.

El cuarto marcó querencia desde salida y, para mi, tuvo comportamiento de manso durante toda la lidia. Suelto y sin fijeza, desentendido de todo. No pareció importarle a José Antonio que se fue a recibirlo con una suerte que solo ha podido salir de su imaginación, inclasificable, una especie de chicuelina pero con medio capote y arrebujadito alrededor de su cuerpo, junto a las tablas, y el manso apretando hacia dentro, no quedaba espacio, yo pensaba que lo mataba cuando le hizo perder el equilibrio. Gracias a Dios fue tan solo un susto sin consecuencias, pero fuerno segundos de angustia, como los del viernes en Marbella. En su condición de manso fue el de Nuñez del Cuvillo al caballo porque se lo encontró por el camino, recibiendo un primer puyazo. Muy desordenado tercio de varas, hasta dos veces más hubo que llevarlo al peto para domar su brusquedad, es decir, tres puyazos y cambio de tercio. Y en ese momento Roca Rey decide hacer algo que en el momento comenté con mis amigos, ni era el momento ni era el toro para hacerlo, y menos por caleserinas. Entiendo la rivalidad, entiendo las ganas de agradar al público, pero, primero, el quite le correspondía tras el segundo puyazo, y segundo, hacer un quite para "mostrar" o "enseñar" a Morante algo, es de muy poca categoría. Siento expresarme así pero así lo pienso, la actitud de Roca Rey me ha parecido tan mala como su documental-película. Lo malo para el peruano es que, viendo las cualidades del de Cuvillo, aunque poco o nada podíamos esperar en la muleta, delante estaba José Antonio Morante de la Puebla, y a quien engloba todas las épocas del toreo y ha marcado el inicio de la nueva era es mejor no faltarle al respeto porque te puede dar un revolcón como el que le dio. ¿Quién tiene valor?, ¿quien tiene poder?. Se lo digo yo, solo uno, el genio. Faena suprema a este complicado y peligroso cuarto basada en la colocación y el mando, de nuevo con una firmeza y un aplomo al alcance de muy pocos, pero con el añadido del arte, el duende, el pellizco en cada muletazo, redondo ligados con una quietud pasmosa, bailando sobre sus tobillos, en el sitio, pasándoselo por la cintura componiendo una figura rebosante de elegancia, y naturales de una hondura y una belleza suprema, dominado la agresividad a la defensiva del manos que buscaba puntear las telas, pero no podía, allí mandaba solo uno, Morante.¡Ah, Andrés! si quieres aprender a dar un natural vuelve a la plaza y vete al centro del anillo, posiblemente aún esté el genio ejecutando ese que rompió las agujas de los relojes. Fue algo mágico, no acababa nunca, y escuché el olé más sentido y vibrante que recuerdo. Como en el primero se tiró a matar por derecho para dejar una casi entera algo trasera y desprendida suficiente para pasaportar al de Cuvillo. Un mar de pañuelos pidiendo la oreja pero al del palco no le salió de ahí sacar el suyo y negó lo que era, al menos, otra oreja para Morante. Y por si alguien lo ha leído por ahí y tiene dudas, me pareció perfecto el gesto que le hizo al presi con la montera en su mano cuando se retiraba al callejón, lo decía muy claro: "vete a la m...". 

Muy buenas sensaciones me han quedado de Daniel Crespo, matador de El Puerto de Santa María a quien desconocía y que, tras su actuación de ayer, creo que merece contratos y aparecer en las ferias que restan de aquí a octubre. No era fácil la papeleta para él, en su casa, ante su afición y junto a Morante y Roca Rey, por mucho que el ambiente y los tendidos estuvieran con él y soñando con verle triunfar. Se le notó en el tercero, algo nervios y tenso en el saludo capotero estático a pies juntos a un toro que se desplazaba con movilidad pero sin fijeza, saliendo suelto de una primeras verónicas un tanto bruscas. Poco a poco fue calmándose y las verónicas ganando pasos fueron perdiendo velocidad y ganando temple a medida que se llevaba al toro a los medios reduciendo la embestida y acompasando los lances que acabaron alcanzando muchos quilates para rematar con dos medias repletas de gusto. Esos apuntes de muy buen toreo de capa quedaron patentes con el galleo por chicuelinas para llevarlo al caballo, con ritmo y salero, una preciosidad. No fue un toro bueno ni  fácil en la muleta, desordenado, sin un patrón fijo, iba y venía sin clase ni entrega. Y así fue la faena, irregular, hilvanaba un par de muletazos profundos pero al tercero le obligaba a perder pasos y deslucía, otras veces repetía y otras se iba desentendido a la salida, sin poder dar el ritmo que buscaba Crespo, quien jamás renunció. a buscar la colocación, plantarle la muleta y llevarlo por bajo, con enorme entrega y disposición, pero el Cuvillo no daba para más, especialmente por el pitón izquierdo, por ahí fue más complicado el acople. Pero aún con todo hubo momentos de buen toreo y estoy seguro que si no hubiera marrado con la espada habría cortado una oreja. Y si he hablado de entrega hay que añadirle su compromiso y decisión al irse a recibir al sexto a porta gayola, toda una declaración de intenciones. Una larga cambiada de las de contener la respiración dio paso un ramilelte de verónicas exquisitas, de un gusto descomunal, templadas, acompañando la embestida de un toro que metía la cara con una clase y bravura descomunal. Se puso la plaza en pie, y no era para menos. Fue sin duda el de mejores hechuras y el mejor de la corrida de Nuñez del Cuvillo, con ritmo y calidad, colocando la cara y repitiendo, el hocico por la arena, siempre humillando, un gran toro que en mi opinión, debía haber sido premiado con la vuelta al ruedo tras morir. Sensacional Crespo con la muleta. En el centro del anillo, no me lo creía, lo iba a hacer, ¡y lo hizo!, ¡el cartucho de pescao!, menudo inicio, un recuerdo al gran Pepe Luis  Vázquez, un homenaje al pasado, dice mucho de este joven, nunca olvidar nuestro pasado ni lo que nuestros mayores hicieron y nos enseñaron, valores eternos de este Arte. Personalidad y mente clara han definido su faena, toreo profundo, la mano baja, siempre colocado, ligando los muletazos en el sitio, series compactas por ambos pitones, rematadas con sensacionales de pecho, derechazos largos, naturales hondos, y todo bajo los acordes del Concierto de Aranjuez creando un ambiente mágico que me puso los pelos de punta y que escribiendo esto aún me emociona como cuando ayer  estaba sentando en el tendido. ¡Cómo suene es banda! Sólo por escucharla merece la pena pagar la entrada. Todo era perfecto, el bravo toro embistiendo entregado, Daniel Crespo aún más entregado y toreando como los ángeles, el púbico hipnotizado y la banda envolviendo todo, esta vez no podía fallar, creo que todos quería empujar la espada y hundirlo en lo más alto, se lo merecía el de El Puerto, era su día, ¡y lo fue!. Estocada monumental que hizo rodar al bravo de manera fulminante, dos orejas y puerta grande para este chico que en su casa cumplió el sueño que tenía desde niño. Le explosión de alegría fue general, no se pueden hacer idea, y la emoción desatada, sobre todo al ver el abrazo sin fin con su banderillero en los medios. ¡Que grande es esta Fiesta, señores!

A propósito he querido saltar el orden de antigüedad y he querido dejar a Roca Rey para el final. Ya he apuntado antes lo que opino de su actitud de ayer en ese quite al cuarto. Mantengo esa opinión y aún la refuerzo tras conocer lo ocurrido en el callejón tras la muerte del cuarto cuando Morante se le acercó para recriminarle y explicarle por qué no debía haberlo hecho. Y a Roca rey no se le ocurre otra cosa que responderle "maestro, tú fúmate un puro despacito". Eso me parece inadmisible y creo que el peruano debe recapacitar y reencontrar el sitio que está perdiendo, que ese es su verdadero problema. Ayer pude comprobar la evidencia de su mal momento y la sobreactuación a la que esa situación le está llevando, películas-documentales al margen. Todos sabemos cual es el toreo del peruano, valor y arrojo desmedido, mucho físico y poder, arriesgando, poniéndose en sitios inverosímiles y pisando terrenos enormemente comprometidos, pero a eso le añade calidad y profundidad cuando torea, digamos, en la ortodoxia. Ayer le vi acelerado y me atrevería decir que nervioso, si bien tuvo momento de mucho peso por ejemplo con las verónicas de saludo al segundo, sensacionales por ritmo y clase, pero luego en la muleta creo que se dejó ir a un toro que tenía mucho más, y a pesar de todo le cortó las orejas. ¿Por qué digo esto?, voy a intentar explicarlo. El segundo fue un gran toro, por clase y nobleza, con recorrido, que en mi opinión pedía distancia y temple, dándole pausas entre series para sacar todo su fondo, llevándolo por bajo y aprovechar su recorrido para dibujar muletazos largos. Eso tan solo se lo vi en un par de tandas, a partir de ahí me dio la impresión que quería arrancar las orejas como fuera y demasiado pronto acortó las distancias y buscó ese toreo en las cercanías metiéndose entre los pitones, demasiados pases por uno y otro lado encima del toro, hasta tres circulares por la espalda concatenados, es decir, todo demasiado previsible y demasiado pronto sobre todo viendo las condiciones del toro, a mi entender sensacionales para el toreo que sueño. Al menos mató de una sensacional estocada y cayeron dos orejas que se pidieron con fuerza, para mi demasiada la segunda. Pienso que eso no es más que el reflejo de las dudas que tiene y de sus problemas personales que no sé a cuento de qué tiene con Morante, especialmente desde la Feria de Santiago en Santander. Y creo que sale perdiendo, al menos ayer lo vi claro, tras la inspiración, el arte y el duende de Morante el toreo previsible que busca la emoción en crear miedo, aunque hay muchos aficionados a los que eso les gusta. Pero puede ocurrir lo que ocurrió en el quinto, un toro que desde que saltó se vio claro que no tenía ni un gramo de fuerza, embistiendo con las manos por delante, pegando saltitos y la cara alta. Perdía las manos y se la cuidó en varas y con los capotes echándolos al cielo y en la muleta pasó lo que tenía que pasar, que el toro no aguantaba y que si había alguna manera de sostenerlo era llevándolo media altura y con mucha suavidad, y así hemos visto faenas que han tenido su aquel y que incluso han acabado por romper, y si no que se lo digan a El Juli, un maestro en "resucitar" toros que parecían no valer. Por cierto, aprovechando esto que digo, no me imagina a Juli haciendo el quite ese del curto, por si quieres tomar nota de un ejemplo de torero. Lo que no puede ser es hacernos tragar que encorvándote para que parezca que bajas la mano pretendas hacernos ver que no la llevas a media altura, y eso pasó ayer en el quinto, y no gustó, por lo que los primeros pitos aparecieron ya en la segunda serie. y como la cosa seguía por esos derroteros las protestas cercieron y con el toro muy parado y sin una gota de energía recurrió de nuevo al tremendismo que acabó en sobreactuación y que desembocó casi en bronca porque se veía que el toro no podía no quería pasar, pero el peruano se empeñaba en lo imposible de una manera muy exagerada, incluso bordeando el ridículo por instantes, en su ansiedad por arrancar una oreja y salir de la plaza con un trofeo más que Morante. Se lo repito, creo que ese es su problema. Lo que espero es que medite y vuelva sobre sus pasos porque su figura es necesaria para el toreo. una cosa es la rivalidad, otra es el respeto, y ese no se puede perder como ayer lo perdió hacia una figura de la dimensión inalcanzable de Morante.

Ayer viví una maravillosa tarde de toros, eso no me lo va a quitar nadie. Los tres matadores a hombros - creo que la banda de música también tenía que haber salido a hombros ¡que caray! -Morante haciéndome sentir el toreo eterno una vez más, la rivalidad entre figuras aunque ayer se fuera de las manos y el descubrimiento de un torero que me dejó un regusto que perdura. Y todo eso lo viví donde lo viví, allí donde Joselito "El Gallo" dijo que quien no ha visto toros no sabe lo que es una tarde de toros. Así que si me muero hoy lo puedo hacer tranquilo y no tengo más deseo que cuando llegue al cielo me pregunten de dónde vengo, y les diré que de El Puerto de Santa María, de ver a Morante, ¡casi ná!. Tengo las puertas abiertas, seguro.

Antonio Vallejo

P.D: Y todo esto se lo debo a Gonzalo y María, excelentes anfitriones que organizan todo y cada verano nos reciben tratan como no nos merecemos. Gracias de todo corazón.