Caía agua a mares sobre Madrid a eso de las seis y media de la tarde, el cielo estaba más que cerrado y daba miedo salir a la calle. Malos augurios para quienes, como yo, íbamos por distintas vías camino de La Monumental. Ya reguardado en la estación del metro iba pensando que si llegar hasta ahí había sido una heroicidad, ¡que iba a ser aguantar esta tarde en el tendido!. Tan solo son dos estaciones el trayecto que tengo que hacer hasta Ventas, unos diez o doce minutos desde mi casa, y cual ha sido mi sorpresa cuando salgo a la explanada de la plaza y veo que no solo ha dejado de llover, ¡sino que luce el sol!. Increíble, una auténtico milagro que ha respetado toda la corrida bajo un precioso cielo azul. Con esas perspectivas previas, desafiando a un temporal que nadie imaginábamos que iba a remitir - las predicciones eran horribles - resulta que de nuevo se ha colgado el cartel de "no hay billetes" y se ha registrado otro lleno absoluto, 24.000 espectadores a los que ni la horripilante climatología les frena en su deseo y afición por ver toros, así de sencillo, contra todo y todos los que se empeñen en prohibírselo con un argumento tan sólido como que no interesan a nadie. Grotesco.
La pena es que esta segunda de San Isidro, una esperada corrida de los santacolomas de La Quinta, hierro que en esta plaza goza de enorme cartel y reconocimiento especialmente por sus magníficas novilladas, haya sido tan desilusionante en su juego como lo ha sido. Una pena, la verdad, porque esperaba mucho más de los toros de hoy. Tan solo el encastado sexto se puede salvar de la decepción general, el único que ha tenido movilidad, entrega y fijeza en la muleta. El resto ha carecido de fondo y fuerzas. Sosos, deslucidos y distraídos primero, segundo y cuarto, pasaban sin más, cero entrega. Orientado, con sentido y peligro sordo, sabiendo en todo momento lo que se dejaba atrás, el tercero, que medía y miraba. Áspero y bronco el quinto, pero carente de entrega. Con esos mimbres... difícil.
Si, además, a ese comportamiento de los toros le sumamos que la terna tampoco es que haya echado el resto para levantar la tarde pues pasa lo que ha pasado, que la emoción ha aparecido a cuentagotas y todo ha discurrido en medio de un tono gris que contrastaba con el azul del cielo y la ilusión de unos tendidos abarrotados que han visto como se desvanecían todas sus esperanzas. Cierto es Miguel Ángel Perera, Daniel Luque y Tomás Rufo se han encontrado con lo que se han encontrado, pero también es cierto que, a lo mejor, si a esos toros se les aplica otra lidia que no sea siempre la de tandas en redondo y naturales, no sé, por ejemplo, toreo por bajo, tratando de someterles y poderles, tratar de vencer su falta de entrega y humillación con ese toreo, puede que se hubiera visto algo más que animales pasando de un lado a otro a media altura, desentendidos, en una sucesión de pases sin ton ni son. O puede que no, que incluso podría haber sido aún peor, no lo sé, pero al menos probarlo. También eso es muy fácil decirlo sentado en el tendido, hay que estar delante de esas caras y esos pitones para saber la verdad y lo que hay que hacer, y eso no es nada fácil. Por eso, ante todo, el respeto que siempre he tenido y tengo a estos hombres que se juegan la vida cada tarde.
De Perera poco se puede decir hoy, la verdad. Quizás lo único destacable pueda ser la lidia al que abría plaza, que apretaba mucho hacia dentro y al que sacó a los medios echándole el capote abajo y andándole hacia atrás con acierto ya que poco más daba de sí el santacoloma, carente de entrega ni fuerzas, igual que el cuarto, soso y deslucido, pasaban sin más, sin decir nada, nula emoción. Pero también debo decir que he visto a un Perera sin sitio y sin ideas, desentonado, sin ese poder y mando que siempre le ha caracterizado, un tanto diluido y como apagado, además de muy desacertado con la espada. Silencio respetuoso en ambos de su lote. Le queda otra tarde, con los de Fuente Ymbro. Esperemos que cambien las tornas.
Tampoco hay demasiado que reseñar de Luque, excelente capotero desde siempre - ¡quien no recuerda aquel pique en quites que protagonizó con Morante de la Puebla en 2010!, algo histórico e imborrable de la memoria - y que esta tarde ha tenido un destello de lo que es en el saludo por verónicas al segundo y, sobre todo, en un precioso quite por cordobinas también a ese segundo. Y nada más, porque ambas faenas de muleta han pasado sin pena ni gloria a pesar de la voluntad del de Gerena por sacar algo de lucidez en un mar de pases sin demasiado argumento. Vuelvo a lo que decía antes y que también puede valer para Perera, que a lo mejor buscándoles las cosquillas por otro lado y con otra lidia, quien sabe si hubiera valido para algo, aunque parecía muy difícil sacar de donde no hay, pero al menos probarlo. Eso me vale para el quinto, un toro áspero y bronco, que reponía y se revolvía, complicado. Quizás ahí es donde me hubiera gustado ver esa lidia sobre los pies, por bajo, macheteando para poderle y someterlo, y después ya veríamos si hubiera valido para torear en redondo o al natural. También ha estado muy desacertado con los aceros. De nuevo respetuoso silencio en ambos.
El mejor de la corrida, el sexto, le cayó en suerte a Rufo, que venía de haber pasado un trago con el resabiado tercero, un santacoloma de peligro sordo, orientado y desarrollando sentido, que de salida se frenaba en el capote y ya medía, y que en la muleta no paró de echar miradas sabiendo lo que buscaba. Firme el toledano, le aguantó el pulso y trató de marcarle el paso, pero si hubiera probado a someterlo por bajo en lugar de todo lo que hizo para intentar poderle por ambos pitones, hubiera tenido más emoción y lo que se vio al final, que el toro acabó con cierta entrega, hubiera permitido el toreo que buscaba con más lucimiento. La emoción y la transmisión llegó con el que cerraba plaza, un animal exigente, con movilidad, encastado, con fijeza y repetición. Buenas fueron las primeras tandas por el derecho, ligazón aprovechando las inercias, la mano baja, profundas, al natural le costó algo más encontrarle el sitio y el ritmo, lo que desdibujó el panorama que todos deseábamos. Quizás este era un toro de los de echar la moneda al aire, dar un paso alante y decirle que quien mandaba era él. Una pena que toda la entrega y verdad que le puso Rufo no cuajara como deseábamos aunque creo que, si no hubiera sido una vez más por el mal manejo de la espada, le hubieran pedido la oreja con fuerza suficiente. Digamos que tuvo lo mejor pero le faltó algo.
Y de lo que un día más no me privo es de destacar la sensacional labor y actuación de los de plata. La nómina de hoy en el programa de mano es impresionante y voy a dejarles todos los nombres porque se lo merecen: Daniel Duarte, Jesús Díaz "El Fini", Vicente Herrera, Antonio Manuel Punta, Juan Contreras, Jesús Arruga, Sergio Blasco, José Luis Triviño y, ¡cómo no!, el gran Fernando Sánchez, que una tarde más ha puesto dos pares de antología, a cual mejor, en tercero y sexto, en este último saludando desmonterado junto a Sergio Blasco que también colocó dos pares monumentales. Pero es que hay más, en el quinto Antonio Manuel Punta y Jesús Arruga hicieron también lo propio tras cuajar un tercio de banderillas magistral, y en el cuarto Daniel Duarte sacó de un buen apuro a Miguel Ángel Perera en los primeros lances de capa cuando el de La Quinta le desarmó apretándole en tablas y Duarte se lo quitó echándole el capote, fijándolo y bregando por bajo con una eficacia y maestría descomunal. ¿Quieren más?. Pues lo hay, también en ese cuarto de la tarde, el propio Duarte y Vicente Herrera en banderillas, sensacionales, como fue el primer puyazo a ese mismo toro a cargo de Juan Melgar, al que se le arrancó en largo, con brío y buen tranco, echándole la vara alante para clavar la puya delantera y aguantar el empuje y la pelea del santacoloma de manera espectacular y permitirnos admirar la belleza del tercio de varas cuando se ejecuta con tanta pureza. Un día más, olé por los toreros de plata.
Mañana más, veremos si también sorteamos el agua y de nuevo vemos los tendidos llenos. Serían tres de tres.
Antonio Vallejo

