Ya solo quedan 7 días para que vuelva Morante a Las Ventas en esta nueva era del toreo. Una semana de espera, de tensa y fervorosa espera, que se va a hacer eterna, ¡pero que llegará!. Una semana que va a estar invadida por sueños y deseos que espero se cumplan culminando así una temporada apoteósica que ha cambiado el rumbo de la historia del toreo con un antes y un después. Pero para eso y para contárselo aún tendré que esperar estos días que se van a hacer interminables, aunque tardes como la vivida este domingo ayudan mucho a soportar la ansiedad ante la llegada del día deseado.
De eso se han encargado Uceda Leal, Fortes y Víctor Hernández que ante tres ejemplares de Puerto de San Lorenzo y otros tantos de Fuente Ymbro han desplegado sobre la arena venteña un recital de los valores del toreo que, más allá de trofeos o estadísticas, le hacen eterno: la verdad, la pureza, el valor, el compromiso y, si me permiten, la torería.
Torería a raudales la que ha derramado José Ignacio Uceda Leal en esta tarde. Cargadas de aromas y sabor las toreras verónicas de recibo al que abría plaza, muy templadas, impregnadas de su elegancia natural, cadenciosas, rematadas con una media eterna, con desmayo, una delicia suprema, como el lance desmayado y el capote lacio, seda pura, con el que ha dejado perfectamente colocado al toro en la suerte de varas, una gota del mejor perfume cuya fragancia perdura por siempre. Con la muleta primeros compase genuflexo, llevando la embestida en largo, clase y gusto que despiertan los sentidos en cada pase, y un par de trincherazos para partir el alma. Toreo de empaque, relajado, elegante, temple y mano baja componiendo series con acople por el pitón derecho, llevándolo muy toreado, cosido a la muleta, ni un toque a las telas, con profundidad y ligazón, llegando a los tendidos, mucha emoción, olés sentidos, con el toro humillando y repitiendo, y a más en cada serie, hasta tocar el cielo con una enroscándose la embestida a la cadera, encajado, de una emoción máxima, rematando con uno de pecho sensacional que puso a la plaza en pie. Cuatro tandas por el derecho, no hacía falta más, faena de quince o veinte muletazos, tampoco había más, porque por el izquierdo lo probó y evidenció a las claras que por ahí protestaba, no pasaba y se defendía, para epilogar con dos trincherillas de auténtico ensueño con el porte que atesora Uceda. No tengo ninguna duda que de no haber marrado con los aceros hubiera cortado una oreja, pero poco me importa tras la emoción y belleza que ha transmitido su toreo. Ante el cuarto el de Usera mostró la cara del compromiso y el valor para frenar y tratar de someter la brusquedad de sus embestidas. Toro sin clase, que iba y venía a arreones, soltando derrotes con violencia ante el que había que mantener mucha firmeza para aguantar las descompuestas arrancadas. Eso ha tenido Uceda, firmeza y decisión, plantándole cara con la muleta, poniéndosela en la cara y tratando de llevarle conducido por bajo, pero era imposible ante la nula humillación y la falta de entrega del bronco fuenteymbro, siempre a la defensiva. Una pena que no enterrara la espada en el primero como hizo en este cuarto, un cañón, algo que le ha acompañado durante sus ya 29 años de alteranativa, o como también hizo con el sexto, otro marrajo inlidiable de 603 Kg que le correspondió matar por la cogida de Víctor Hernández en un quite por tafalleras al cuarto que acabamos de referir dejando claro el peligro que encerraba y el mérito de Uceda con su valor y compromiso. Ese que cerraba plaza era uno de Puerto de San Lorenzo de enorme volumen, largo, acapacahado, que desde salida mostró su condición de manso y su escasa o nula movilidad por su exceso de kilos. Nada había que hacer ante lo que, para mi, está en las antípodas del toro que me gusta, por juego y por hechuras. Ni un pase tenía, y eso que lo intentó Uceda, aguantó parones, miradas, medía y buscaba, no pasaba, simplemente soltaba tornillazos a diestra y siniestra. La única vía era la que tomó José Ignacio tras mostrar por ambos pitones la imposibilidad de torear, lidia sobre los pies, macheteo por bajo y a matar. En su balance final una ovación con saludos y dos silencios, pero en el balance que me queda torería, valor y compromiso, que vale mucho más.
Víctor Hernández tenía media Puerta Grande abierta con la oreja cortada al tercero de Fuente Ymbro, pero en su turno de quite al quinto fue arrollado y corneado en el gemelo izquierdo en la segunda tafallera esfumándose cualquier opción de soñar con la gloria para el madrileño. Pero la oreja al tercero, de ley mucho peso, debe valerle por una salida a hombros y no dudo que de cara a la próxima temporada vamos a verle anunciado en muchas e importantes plazas. Arrancó fuerte en la tarde con un vibrante quite por saltilleras al segundo, de mucho ajuste y exposición, sin importarle nada, desafiando al miedo, con inmensa verdad. Luego saludó al tercero - un fuenteymbro alto, estrecho de sienes y de más cosas, algo escurrido me atrevería a decir, pero con dos pitones vueltos impresionantes que es lo que creo que le salvaba de ser pitado - a la verónica con temple y buen son, clase y gusto en cada lance a un toro que en los primeros tercios no se definía, que iba y venía pero sin acabar de entregarse, yendo pronto al caballo pero sin empujar, un tanto desconcertante en banderillas con un Marcos Prieto que cuajó dos pares de inmensa pureza y verdad, dejándose ver, llegando a la cara exponiendo para reunir y clavar de poder a poder. Arrancó el trasteo por estatuarios arrancando los primeros olés y un trincherazo sensacional que rompió en una fuerte ovación. Seguía sin definirse el toro, cara a media altura y sin acabar de entregarse por el derecho. Fue echarse la muleta a la izquierda y se abrió la caja de las emociones. Al natural, todo fue al natural, de uno en uno surgieron, majestuosos, de una hondura superlativa, no era necesario ligar, la emoción venía con la colocación, siempre cruzado, mucho, con la manera de echarle la muleta planchada, con verdad y pureza extrema, fueron cuatro tandas de naturales de mucha hondura, llevándolo muy despacio, manejando la muñeca como si fuera de porcelana, que suavidad, que tacto. Pegaba uno, se colocaba cruzado, pegaba otro, volvía a colocarse, la plaza rugía con olés roncos y sentidos al crujido que era cada natural con el toro humillando, embistiendo al ralentí, temple infinito, ni un toque la muleta. Más pureza y verdad imposible, más entrega y compromiso, muy difícil. El delirio se desató con la última de las tandas, con el toro a menos, ya con poco recorrido, a pies juntos, dándole el pecho, exposición sin límite, la mano baja, hondura infinita, el crujir del alma. Un estoconazo monumental rubrica una faena de intensidad y emotividad sin fin nacida de la verdad y la pureza del toreo del madrileño. Oreja sin discusión pedida por unanimidad.
Preciosa lámina la del segundo para Fortes, toro cuajado, de mucha seriedad, con movilidad pero escaso celo, sin fijarse en los capotes ni emplearse en el caballo y que en banderillas esperaba y cortaba luciéndose en dos pares de antología Raúl Ruiz cuadrando entre los pitones, con las puntas prácticamente en la barriga, máxima exposición y perfecta ejecución que le valió una espectacular ovación. Bonito y torero el inicio primero genuflexo, luego rodilla en tierra, conduciendo la embestida muy templada y por bajo, con recorrido y mucha transmisión. Toro con nobleza y humillador, se mueve con buen tranco en las primeras tandas por el derecho, la primera quizás algo al hilo del pitón, pero la segunda sensacional, más acoplado y más encajado, ligando por bajo. Por el izquierdo menos clara la embestida y sin humillar, protestón, le cuesta pasar y se revuelve más. A partir de ese momento la faena discurre en altibajos, surgen algunos naturales sueltos de más enjundia con otros deslucidos, lo mismo que ocurre con los derechazos en las postrimerías del trasteo que no acabó de tomar vuelo por esa falta de ritmo y emoción. En el quinto vimos al Fortes del valor, de no guardarse nada ante un toro que desde salida demostró nula entrega, desentendido de todo, descompuesto y con peligro sordo, la cara alta, brusco, defendiéndose y desarrollando sentido. Muy complicado el fuenteymbro en la muleta de Fortes, repone y busca, mide y sabe lo que se deja detrás. Valor sin límite del malagueño que no se arruga, le planta batalla con tremenda firmeza y decisión, traga y aguanta lo indecible sin inmutarse y termina con la plaza entregada ante la muestra de verdad en todo lo que ha hecho. Hunde la espada hasta la empuñadura que acaba con el toro de manera fulminante y escucha una calurosa ovación en reconocimiento al tremendo esfuerzo que ha tenido que hacer para dominar sus acometidas y cerrar así una tarde en la que el triunfo ha venido no en forma de orejas sino en justo reconocimiento a la verdad, la pureza, el valor, el compromiso y la torería de Uceda, Fortes y Hernández.
Antonio Vallejo
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