Tras estos días de descanso retomamos el pulso a la recta final de esta Feria de Otoño madrileña que es también la recta final de esta temporada 2025 tan sumamente especial e importante que tendrá el domingo su broche de oro en una jornada que promete ser histórica. Este jueves se anunciaba una novillada sin picadores como final del certamen Camino hacia Las Ventas que a lo largo de la temporada se ha ido desarrollando en las plazas de la provincia de Madrid en forma de clasificaciones y eliminatorias para llegar a este día que todo niño que quiere ser torero tiene en su mente y en su corazón, el sueño de todos, hacer el paseíllo en la primera plaza del mundo. Tres jóvenes novilleros han alcanzado esa meta y han cumplido su mayor deseo; dos madrileños, Pedro Gómez y Samuel Castrejón, y un mexicano, Ignacio Garibay que representan a todos esos jóvenes que en las diferentes escuelas taurinas de nuestra geografía encarnan el futuro de nuestra Fiesta. Una Fiesta que, por mucho que le pese al Urtasun de turno, está más viva que nunca y, a juzgar por la sucesión de llenos, casi llenos, así como magníficas entradas que han sido la norma en este 2025 venteño, tiene una salud de hierro. No ha sido una excepción esta tarde. Una novillada que bien podía haber sido descartada en el abono - había derecho a ello - y que, cuando bajaba a la plaza, me hacía dudar de la asistencia y el aspecto de los tendidos. Ha sido una gratísima sorpresa comprobar algo más de dos tercios de entrada, y un soplo de aire fresco ver la inmensa cantidad de niños y jóvenes cargados de ilusión y afición que garantizan el futuro. Y estoy convencido que esa alegría que desprendían sus caras ha contagiado a toda la plaza y hemos disfrutado de una tarde en la que el único objetivo era disfrutar sin preocuparse de ser rigurosos, estrictos o, como desgraciadamente pasa en esta plaza, exigentes hasta la intransigencia. Como es lógico ha habido de todo, momentos brillantes, lances y pases de peso, momentos de barullo y acelerados, otros de reposo y emoción, también defectos que pulir, por supuesto, les queda mucho camino por delante, pero en ningún momento se les ha exigido ser lo que todavía no son. Ojalá ese fuera el criterio todas las tardes, pero me temo que mañana mismo, con la novillada de Fuente Ymbro, volveremos a las andadas.
Seis novillos, erales, cuatro tres años recién cumplidos, uno a falta de un mes para cumplir y otro de dos años y medio, de Ángel Luis Peña que han tenido comportamiento variado y que, a excepción del que cerraba plaza, han dado juego y opciones a los novilleros, con un quinto francamente bueno que ha mostrado un pitón izquierdo sensacional y que Samuel Castrejón de la escuela José Cubero "Yiyo", ha aprovechado para cortar la única oreja del festejo en una faena de mucha transmisión y emoción con tandas de naturales acoplados y hondos, cargados de temple y ligados por bajo, así como un toreo en redondo con mucho empaque, temple y mano baja, ligando en el sitio. Ya había dejado el de Pozuelo de Alarcón seis naturales de muchísima enjundia al segundo, buen embroque, trazo sensacional, toreando muy despacio, algunos al ralentí, embarcando y conduciendo la embestida con clase. Novillero con personalidad y gusto que también ha mostrado las ganas de comerse el mundo con las que hay que venir a Madrid, como sus compañeros de terna, sin renunciar ni a un quite, aunque haya habido instantes que esas ganas les hayan llevado a momentos de cierta aceleración y embarullamiento, para mi perfectamente disculpables. Y si con la muleta ha cuajado momentos brillantes también con el capote ha mostrado facultades, como el quite por gaoneras al segundo, ajustadísimas, de mucha emoción y riesgo. La estocada al quinto, una entera fulminante por derecho, le ha valido una oreja pedida casi por unanimidad y así convertirse en el vencedor de la final del certamen.
Pedro Gómez, madrileño de Guadarrama, crecido y formado en la escuela de Galapagar, ha dejado en el aire maneras, trato exquisito y buen concepto del toreo, queriéndolo todo por bajo. Magníficas por temple y compás las verónicas de saludo al que abría plaza, rematadas con una buena media, así como las gaoneras en el quite al tercero. Con la muleta buen trazo de los muletazos buscando alargar el viaje, bajando la mano y ligando con calidad, aprovechando la movilidad y el recorrido de sus dos novillos, aunque quizás le faltó más continuidad y ritmo a sus faenas, con altibajos, alternando momentos más templado y asentado con otros de menos acople, también es cierto que sus dos novillos fueron claramente a menos y eso influyó en este aspecto. Lo que no se le puede negar es su decisión, a porta gayola a recibir al cuarto con una larga cambiada y dos afarolados arrebatadores cargados de emoción, y después poner banderillas yendo a por todas, siendo el mejor el tercer par, por dentro y mucha exposición. La espada no le ha acompañado, pero ha dejado grato recuerdo.
Ignacio Garibay, natural de Ciudad de México, hijo del maestro del mismo nombre y apellido - quien se da la curiosidad que el pasado mes de febrero cumplió 50 años y lo celebró toreando un festival junto a Eulalio López "El Zotoluco", Alejandro Talavante, los rejoneadores Javier y José Funtanet y su propio hijo - ha contado con el lote más deslucido de la novillada, si bien no ha sido obstáculo para mostrar su toreo arrollador y las ganas con las que ha venido a Madrid. Me ha gustado mucho el saludo capotero al tercero, una rogerina muy mexicana y un ramillete de verónicas templadísimas, cadenciosas, muy lentas, acompañadas con la cintura, meciendo le embestida y rematadas con una media de cartel y una vistosa serpentina, así como el quite por tafalleras al quinto, ceñidas, con valor y decisión, como al recibir al sexto con dos afarolados de rodillas. Novillo rebrincado y descompuesto el tercero, siempre con la cara alta, que ha permitido poco. Quizás algo atropellado el mexicano tras un inicio por estatuarios, pero poco a poco ha conseguido frenar los ímpetus del animal y ha conseguido algunos pasajes de toreo más encajado y templado, una tanda de naturales en las postrimerías han tenido calidad, pero sin poder llegar a conectar con los tendidos por la falta de clase y entrega del novillo. Ante el protestado sexto por escurrido y blando poco pudo mostrar, más allá de su buen concepto, poniéndole la muleta, tirando del animal pero era misión imposible. Lo probó todo, de rodillas en el arranque de faena, tratando de conducirle por bajo, pero le faltaba recorrido y entrega, siempre rebrincado, después probándolo por ambos pitones, buscando colocación, intentando bajar la mano, pero el de Ángel Luis Peña no respondía, descompuesto. Pero repito, buenas sensaciones ha dejado el capitalino.
Los tres han venido a Madrid cargados de ilusión y creo que se pueden ir contentos. ¿Que les han faltado cosas? Pues claro, lo extraño sería lo contrario, pero eso lo hemos entendido todos los que estábamos esta tarde en Las Ventas. Seguramente por eso ha sido tan agradable y lo hemos pasado tan bien viéndoles desarrollar su toreo acorde a la personalidad de cada uno. De eso se trata, de disfrutar, no de venir a sufrir, que para eso tenemos muchas raciones cada día.
Antonio Vallejo
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