Para la sexta de Otoño de este viernes en el programa venía anunciada una novillada de Fuente Ymbro para los novilleros Bruno Aloi, El Mene y Pedro Luis, los finalistas de otro certamen más de los que hay en Madrid, el Cénate Las Ventas, que se desarrolla a lo largo del mes de julio en las noches de los jueves cuando el calor da un ligero respiro, o al menos no asfixia. Dicho ciclo de novilladas, en las que además de ver toros se cena en los distintos restaurantes que se reparten en el pasillo de los tendidos altos, lleva desarrollándose dos temporadas y la fórmula ha supuesto un rotundo éxito de público y, por ende, económico para la empresa gracias a las sensacionales entradas registradas. Esta tarde de viernes no ha sido una excepción en cuanto a la entrada, magnífico aspecto de los tendidos, tres cuartos largos, y, otra tarde más, masiva asistencia de jóvenes aficionados. No es de extrañar, ¿a quién no le interesa ir a ver una novillada de Fuente Ymbro con el cartel que tiene en Madrid?. Bueno, y si llegan a saber los que no han venido que lo que ha salido por la puerta de toriles ha sido una corrida de toros, lleno seguro, una rentada como dicen ahora, hemos visto toros a precio de novillos. Sí, es que así ha sido, una corrida de toros por edad - tres de los seis cumplían cuatro años en un mes, otro los acababa de cumplir, y solo dos contaban con tres años y ocho meses - y por hechuras, con trapío mayor que el de la mayoría de toros que se puedan lidiar en muchas plazas de segunda y me atrevería a decir que en todas las de tercera, con un presencia y una seriedad imponente. A las pruebas me remito y por eso traigo a portada las imágenes de los novillos, que valen por mil palabras. Juzguen ustedes. De verdad, un 10 para D. Ricardo Gallardo que ha enviado a Madrid unos novillos de bellísima y rematada lámina, cuajados, ofensivos pero sin exageraciones, armónicos y proporcionados, hechuras de toros, repito. En cuanto al juego destacaron el enclasado quinto y el bravo sexto, que salvaron una tarde que iba a la deriva entre la falta de fondo, fuerzas y un punto de mansedumbre. Una lástima que, en el caso del quinto, la espada privara a El Mene de un trofeo y que, en el caso del sexto, el planteamiento de faena de Pedro Luis no haya sido el mejor para que el novillo no se fuera al desolladero con las orejas puestas.
Mucho me ha gustado el concepto del toreo de El Mene y sus maneras tanto de capa como con la muleta. Con brío y buen tranco salió el segundo para colocar bien la cara en el capote del zaragozano y repetir en las verónicas de recibo, si bien se volvía al revés. Bonitas y garbosas las chicuelinas al paso para llevarlo al peto en un tercio de varas muy desordenado, realmente caótico, capotazos a mansalva con un novillo distraído que no quería ni ver de lejos al caballo, que rehuía y se ha dolido en dos puyazos que han sido poco más que señalados. Mucho gusto y suavidad en los primeros muletazos de tanteo y detalles de torería por bajo para componer una primera tanda poderosa con la mano baja por el pitón derecho, con temple y ligazón a la que ha repondido con humillación y repetición pero tras la que, en mi opinión, el novillo se ha visto podido y ha tornado en reservó, escarbando y reculando, también destapando un punto de manso. Prácticamente ahí se ha acabado la faena, el novillo sin ritmo, protestando, unas veces pasaba con recorrido y humillando, otras se quedaba corto soltando la cara, y trasteo sin posibilidad de continuidad pero siempre buscando cruzarse y llevar la embestida templada y con profundidad, alternado pasajes sin demasiada emoción con momentos de hondura como unos naturales con enjundia en las postrimerías para matar de un tremendo volapié de efecto fulminante. El quinto cumplía los cuatro años en este mes de octubre, es decir, era un toro y así se mostraba, con hechuras y expresión de toro al que le ha recetado un vistoso y variado saludo capotero por verónicas y chicuelinas de mucho gusto. Buena la pelea en varas, novillo pronto y ágil galope, hundiendo la cara y empujando con los riñones, dos sensacionales puyazos de Héctor Piña fuertemente ovacionados, manteniendo sus cualidades de ritmo y fijeza en banderillas cuajando un muy buen tercio José Manuel Zamorano y Pablo García. De nuevo torería en el prólogo de la muleta, estatuarios y tres trincherazos de bandera con el novillo repitiendo con ritmo y humillación, mucha clase en su embestida. Faena de destellos, detalles de mucha belleza y expresión componiendo la figura y toreando encajado, a la que le faltó un poco más de continuidad para redondearla, pero me ha gustado su concepto, buscando la colocación, siempre buscando bajar la mano, temple y cadencia. Mejor por el derecho, más profundidad y ligazón pero cuando se ha acoplado por el izquierdo ha dibujado algunos naturales hondos y ha dejado en la memoria un pase de pecho eterno, de una despaciosidad extrema y un par de redondos en los compase finales con desmayo cargados de sabor. Solo un pero, que haya rematado por manoletinas, con lo que me gusta el toreo por bajo para abrochar las faenas, y ese novillo lo pedía por su clase. Estoy convencido que de no haber marrado con los aceros hubiera cortado una oreja, o al menos creo que se habría pedido con fuerza.
Cuajado y bien rematado el tercero, abrochadito de pitones pero con mucha seriedad y expresión, otro señor toro, que salió distraído, suelto, a su aire, sin cumplir en los primeros tercios, rebrincado, doliéndose en varas, esperando y cortando en banderillas. Lo que sí tenía era movilidad y un punto de genio que pedían mando en la muleta. Directamente se fue el peruano Pedro Luis a torear por el derecho, dándole distancia, el novillo se arrancaba con brío pero sin humillar, rebrincado y punteando el engaño en los primeros muletazos. No sé si a lo mejor un inicio de faena doblándose para intentar obligarle y poco a poco ir sometiendo las oleadas de sus embestidas desordenadas hubiera sido lo ideal en este novillo, además de buscar algo más la colocación y cruzarse, porque me ha dado la impresión de estar al hilo, y creo que eso tampoco ayudaba a dominar la fuerza y el ímpetu del fuenteymbro. Faena sin continuidad, pases de uno en uno, en la que de repente sobresalían muletazos con calidad, como un par de naturales hondos y dos derechazos templados y profundos en el tramo final, pero sin acabar de acoplarse y redondear las series. Al menos lo pasaportó de un sensacional estoconazo. Al sexto lo recibió a porta gayola con una larga cambiada y una sucesión de chicuelinas arrebatado para rematar en los medios con mucha vistosidad a este novillo de mucha movilidad, fijeza, humillación en los capotes y bravura en el caballo, empleándose, metiendo los riñones y derribando a la cabalgadura en el primer puyazo. Extraordinario tercio a cargo de Manuel Sayago que se retiró entre ovaciones de los tendidos a su paso. En banderillas mantuvo la misma movilidad y fijeza de salida, poniendo en apuros a Pascual Mellinas al hacer hilo en el segundo par y salvar el pellejo gracias al portentoso quite salvador de Ignacio Martín, atento y bien colocado, en donde debía estar, enseñando a todos lo importante que es el orden y la buena colocación en esto del toreo. Igual que he dicho en su primer novillo, creo que el planteamiento de faena no fue el mejor y que le faltó más sentido de las distancias y las pausas para sacar todo lo que me pareció que llevaba dentro este novillo bravo, que se desplazaba con gran son, humillando, con fijeza y celo, además de repetidor. Arrancó por estatuarios para inmediatamente pasar a la diestra y, dándole distancia, torear en redondo en una primera serie de mando y calidad. Pero igual que pedía espacio también pedía aire, y ahí es donde creo que Pedro Luis no encontró el ritmo. Un tanto embarullado y acortando pronto la distancia la faena fue a menos, con algunos enganchones, sin acabar de rematar los muletazos ni las tandas, si bien algunos muletazos sueltos tuvieron mucha calidad, pero sin acabar de redondear el conjunto dejando pasar, a mi modo de ver, una magnífica ocasión para saborear el triunfo. Al final el trasteo se fue diluyendo en intrascendencia, demasiados pases sin demasiado argumento y la mala suerte con la espada, dejaron que la cosa quedara en silencio con algunas tibias palmas y ovación para este novillo que era para arrastrarlo sin las orejas. Para colmo de mala suerte Pedro Luis sufrió un puntazo en la parte posterior del muslo izquierdo al ira a descabellar.
No fue precisamente afortunado el mexicano Bruno Aloi con su lote. El que abría plaza salió suelto y desentendido de todo, la cara alta y las manos por delante, nula entrega en el capote y demasiadas evidencias de ir justo de fuerzas, perdiendo las manos alas primeras de cambio. Mucho se le castigó en el caballo, sobre todo en el primer puyazo, trasero y muy largo, el novillo encelado en el peto sin nadie que lo sacara, demasiado tiempo, saliendo exhausto y perdiendo las manos.Y por si acaso eso era poco, el picador no se cortó un pelo en el segundo puyazo, también trasero, y le pegó fuerte desatando una bronca por no levantar la vara y medir el castigo, acabando con el novillo. Hubiera bastado que le bajaran un poco los capotes para que el fuenteymbro hubiera caído con estrépito y se hubiera lidiado el sobrero del mismo hierro, que a lo mejor nos hubiera ahorrado el lamentable espectáculo que padecimos en una faena inexistente porque el animal estaba muerto, no se tenía en pie ni tenía un gramo de energía para embestir. Desde qua saltó a la arena el cuarto apuntó a manso, huyendo de todo sin querer nada en los primeros tercios y con marcada querencia, tanta que se fue directo al caballo que guardaba puerta. Rebrincado en la muleta, moviéndose mucho pero sin clase ni entrega alguna, la cara alta, derrotes secos, muy descompuesto, sin permitirle nada al mexicano que se mostró muy firme y valiente, tragando quina, pero sin opción alguna de lucimiento por mucho que lo intentó por ambos pitones. No se le puede negar voluntad y ganas de tratar de robar al menos algún pase, es lógico viéndose en Las Ventas, pero alargó tanto la faena y tanto porfió que en una de esos violentos arreones el novillo se lo echó a los lomos, afortunadamente sin consecuencias. Lo pasaportó de una sensacional y efectiva estocada y escuchón cariñosas palmas en reconocimiento a su disposición y voluntad.
Antonio Vallejo
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