viernes, 23 de mayo de 2025

Castella, Perera y Luque frente a la adversidad

Preciosa tarde primaveral de cielo azul y una temperatura ideal que invitaba a ir a los toros.No es de extrañar que un día más se colgara el cartel de "no hay billetes" y la plaza presentara el magnífico aspecto al que ya nos estamos acostumbrando y deja de ser noticia en este San Isidro 2025. Si el tiempo invitaba no menos lo hacía el cartel anunciado, corrida de Alcurrucén, la prestigiosa ganadería de procedencia Nuñez, para una terna de élite, el francés Sebastián Castella, el pacense Miguel Ángel Perera y el sevillano Daniel Luque,  máximo reclamo para aficionados y público en general. Una pena que una corrida con tan buenos mimbres al final no haya  respondido a tantas expectativas y no nos queda más remedio que calificarla como deslucida y decepcionante. Cierto es que ha habido destellos entre tantas sombras, pero el juego general de los muy serios y algunos con muy buenas hechuras alcurrucenes ha sido muy pobre, con muy poco fondo, escasos de bravura, de clase, de entrega, de empuje, que ha generado escasa emoción y, cuando esta ha aflorado creo que ha sido más por el buen hacer de los matadores, por su mando y capacidad, que por las condiciones de sus oponentes. Creo que lo que mejor ilustra este análisis general es que la tarde la ha salvado un sobrero de Zacarías Moreno con movilidad, calidad y entrega que en la muleta de Castella ha protagonizado momentos de mucha intensidad. Esa ha sido la primera adversidad que se ha encontrado la terna. La otra ha sido la constante hostilidad del sector alto del 7, que no digo que no tuviera razón para protestar muchas cosas, pero que han aprovechado la coyuntura para desplegar toda esa batería de reproches y protestas, además de desconsideraciones y faltas de respeto a los matadores, que son de los que tienen en el punto de mira y no les pasan ni lo más mínimo. Digo lo de siempre, si el nivel de exigencia se mantuviera todas las tardes igual, pues a lo mejor me parece perfecto, pero es que ya han sido varias las tardes que se han pasado por alto idénticas situaciones a las vividas hoy, y eso ya no es exigencia, es intransigencia y arbitrariedad, juzgando distinto lo mismo según el nombre y apellido o el hiero de los toros. No ha sido tarde de bronca gorda, ni mucho menos, eso lo espero mañana con Roca Rey, hoy ha sido el ensayo general, al estilo de la gota malaya, un grito por allí, otro por allá, y otro, y otro, incluso en el momento de entrar a matar, sin comentarios. Y a pesar de la doble adversidad creo que los tres han estado por encima de las condiciones de los toros y han dado una lección de mando, de temple, de gusto y de firmeza, sacando el máximo de lo poco que llevaban dentro los toros y haciéndoles lucir más de lo que en varios podíamos pensar tras pasar los primeros tercios.
No voy a entrar en muchos detalles, pero les diría que me parece destacable el magnífico trato y como ha cuidado Castella el que abría plaza, un toro sin fuerza, soso, noblote, pero deslucido a más no poder. Todo se lo hizo a favor, le concedió todo, pero era imposible nada más, casi no se aguantaba en pie. El segundo mejoró algo, al menos tuvo movilidad y repitió en el capote de Perera, pero apuntando escasez de energías, lo que se hizo evidente en los ayudados por bajo del prólogo de faena, poderosos, en los que ya perdió las manos. No tiene mal embroque pero a medio muletazo levanta la cara, además se viene por dentro por el izquierdo, midiendo y buscando, pero se impuso Perera con su habitual mando, concediéndole primero, luego encelándolo, tapándole la salida, muy toreado, arrastrando la muleta, naturales y derechazos con profundidad, pero no dio más de sí el toro, totalmente apagado. Más o menos lo mismo se puede aplicar al tercero, dubitativo de salida, no quería asomar, se volvía al túnel de toriles, y así fue luego, frenado, sin fuerzas, alguna verónica de recibo de Luque tuvo cierta enjundia pero no se empleó ni en varas ni banderillas. Toro parado en la muleta al que a base de temple y mando, con la mano baja, logró robarle un par de tandas, una por cada pitón, con profundidad, llevándolo embebido en la muleta tras un poderoso inicio genuflexo cargado de estética. Con el alcurrucén muy a menos y apagado acorta distancias y por luquesinas trata de apurar lo que le queda al soso y deslucido toro. El quinto peor aún que todo lo anterior, desentendido de todo, vacío de todo, pasó por los capotes, peto y banderillas porque tenía que pasar, pero sin decir nada y manteniendo esa misma condición en la muleta, ausencia de cualquier cualidad positiva que pueda tener un toro. Lo único que se podía hacer era abreviar, más de lo que hizo Perera, para mi sobraron hasta los muletazos de tanteo. Siempre lo digo, lo que más valoro y agradezco en estos casos es al matador que me ahorra minutos de pérdida de tiempo sin sentido. Muy deslucido y con nula entrega el sexto en los capotes, cero clase, un marmolillo en banderillas que despertó en el segundo par sacando a la luz su condición de mansito. Apretó más en el segundo y tercer par pero más con genio y defendiéndose con la cara alta que por casta y bravura. Lo entendió a la perfección Luque, plantado la muleta en la arena, la mano muy baja, mucho mando, llevándole cosidos los pitones, sin apartarla de la cara, derechazos profundos, cambios de mano portentosos y unos de pecho largos de mucha categoría. Técnica y firmeza del sevillano que se impuso a las adversidades del animal y de los del 7 alto, constantes reproches a la colocación y a todo, pareciendo no querer dejarle ligar las tandas, todo lo que hacía les parecía mal, algo similar a lo que Castella y Perera han aguantado toda la tarde, incluso gritos com el del graciosillo que grita "¿te queda mucho?" al considerar que Luque estaba toreando demasiado tiempo, o el del silbido y el "¡Uy, petardo!. En fin, sin comentarios, el repertorio habitual que mañana volveremos a sufrir. 
El salvador de la corrida fue el cuarto bis, Bandolero, sobrero de Zacarías Moreno con movilidad, clase y entrega desde salida. Humilló en el capote de Castella, repetidor y con celo, buenas verónicas del francés, compás abierto y temple, ganándole terreno para llevarlo a los medios. Extraordinario José Chacón en la brega junto a Rafael Viotti y Alberto Zayas con los rehiletes, tres magníficos pares llenos de pureza. Arrancó la faena fiel a su estilo, clavadas las zapatillas en el centro del anillo para recetar tres cambiados por la espalda llenos de emoción rematados por uno grandioso de pecho para abrir boca. Luego cuatro series alternando por ambos pitones de enorme profundidad, repletas de temple y mando, ligando con gusto, corriendo muy bien la mano, cambios de mano supremos y largos los de pecho, con el toro entregado, humillando, repitiendo con codicia, mucha clase y nobleza, con transmisión y emoción. Bueno, pues eso a los de siempre les pareció mal, todo tenía un pero, en fin, que lástima no saber disfrutar de lo que duró el toro. Porque se vino a menos y quizás ahí debió cortar Castella y no alargar, ahí hizo las delicias de sus opositores, pero también entiendo que viendo como estaba sometiendo al toro y el gusto con el que estaba toreando es difícil aguantar las pulsaciones y te pide seguir, aunque alguien con su veteranía suele controlar mejor esos impulsos. Pero Castella es así, siempre lo ha sido, y exprime al máximo a sus toros, como esta tarde hasta los últimos compases acortando las distancias con ese estilo peculiar estático, pasándose los pitones por ambos lados sin inmutarse, ni por el toro ni por las protestas. Una defectuosa estocada, entera pero caída pasaporta al buen sobrero y pone fin al relato de una tarde con tres hombres por encima de la doble adversidad que me temo no descansará mañana. Ojalá me equivoque.

Antonio Vallejo




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