miércoles, 18 de agosto de 2021

La imbecilidad humana no tiene límites...pero sí nombre


 Se preguntarán los habituales lectores de este blog, acostumbrados a las fotos que habitualmente ilustran mis entradas, que es este adefesio que posiblemente haya dañado su ojos y por qué aparece en este blog. Este ser se llama Ana González, socialista, no podía ser de otra manera, y resulta ser alcaldesa de Gijón. Resulta que a este ser se le ha ocurrido la brillante idea de ¡prohibir! las corridas de toros en Gijón. ¿Motivo?. Agárrense bien a cualquier asidero que tiene a mano, que la cosa es de traca. Bueno, de traca no, de espanto, de horror, como es el socialismo y comunismo que engendros físicos como ese representan. A este ser le parece que puede prohibir un arte que es patrimonio cultural de todos los españoles porque el pasado domingo 15 de agosto, en la Feria de Begoña de Gijón, se lidiaron toros de Daniel Ruiz que tenían por nombre Feminista, lidiado por el maestro Morante de la Puebla como primero de la tarde y dos Nigeriano, lidiados como segundo por el maestro Juli y como cuarto de nuevo por Morante. En serio, ese es el "motivo", por eso les decía agárrense. A esta tal Ana González eso le parece algo terrorífico, algo dañino para la humanidad, algo que, por supuesto, jamás debe permitirse. Les juro que he buscado y rebuscado declaraciones de este ser que ocupa el cargo de alcaldes de Gijón en las cuales se pronuncie, por ejemplo, por Afganistán y lo que les viene encima a las mujeres de aquel país, pero no he encontrado nada, silencio, callada como una...para eso no tienen lo que hay que tener. Ya sabemos que los socialistas y comunistas, valga la redundancia, conectan muy bien con los terroristas, los islamistas y los talibanes, valga también la redundancia, y que lo que pase a las mujeres por esos lares les parece hasta bien - aún espero la reacción de la ministra Montero o la etarra Belarra, me ha salido rima, qué bien - pero que poner esos nombres a unos toros de lidia es algo que posiblemente acabe con la humanidad. Y ya no les digo si encima los mata Morante, ¡de VOX!, ¡fascista!, ahí seguramente se la pase por la cabeza resucitar las checas.
De verdad, este ser es rematadamente imbécil. Para empezar una inculta de tomo y lomo que desconoce que en las ganaderías, desde hace siglos, a los toros se les pone el nombre de la madre, que para más señas es una vaca, alcaldesa, y eso se mantiene durante generaciones aunque le cueste creerlo. Mire, según me he informado, hace 58 años nacieron unas vacas en la ganadería de Daniel Ruíz dos vacas a las que les pusieron por nombre Feminista y Nigeriana, sin más, y esas vacas engendraron toros que se llamaron Nigeriano y Feminista (porque Feministo no existe en español aunque no se lo crea), y seguramente más vacas que, siguiendo la tradición, adoptaron esos mismos nombres, así hasta llegar a los toros lidiados el domingo en Gijón. Si tuviera un mínimo de sustancia gris, leyera y se informara se daría cuenta que hay nombres de toros legendarios en distintos hierros (hierro es algo equivalente a ganadería, para su información, alcaldesa) que se repiten década tras década, y no pasa nada, es lo normal. Pero a usted, obsesionada como todo socialista o comunista, de nuevo la redundancia, en acabar con España y todo lo que suene a español se le ha encendido una lucecita - me imagino que será la de reserva neuronal, como la de gasolina en los coches - y ha buscado su minuto de gloria prohibiendo los toros en Gijón. A ver, una idiotez la puede decir cualquiera, usted también como ha demostrado, pero es que prohibir algo que es patrimonio cultural porque le sale de donde le sale, del odio puro, puede ser algo peor, porque usted debe saber que prohibir algo a sabiendas que no puede hacerlo creo que se llama prevaricar, y ahí está pisando terrenos cenagosos. Con todos los problemas que tendrá Gijón, con todo lo que habrá por resolver y gestionar, con la situación que estamos viviendo, con los dramas que muchas familias gijonesas han sufrido y sufren por la pandemia,  a esta tipa solo se le ocurre esta tontería. En fin, sobran más palabras.
No sé en qué acabará todo esto pero lo que me queda claro, transparente, cristalino, es que la imbecilidad humana no tiene límites pero por lo menos tiene un nombre, Ana González, alcaldesa de Gijón.

Antonio Vallejo

domingo, 8 de agosto de 2021

Si Morante no hubiera existido tendríamos que habérnoslo inventado

Único, irrepetible, tocado por la varita mágica del toreo, un genio, duende y embrujo, así es Morante, figura inigualable, por encima de las leyes del tiempo, maestro de época, de todas las épocas, a las que cada tarde nos transporta en su capote y su muleta con suertes rescatadas de siglos pasados, torero para la historia y la eternidad. Podríamos decir nombres míticos de cualquier época , podríamos incluso intentar compararle con maestros más o menos lejanos en el tiempo, pero el intento sería vano, jamás encontraríamos otro igual. 

Sí, todo eso es Morante, imprevisible, sin guiones escritos ni tauromaquias teledirigidas por normas y leyes, sin las rigideces de ese falso purismo preocupado por medir hasta el milímetro con escuadra y cartabón  una supuesta perfección, en las antípodas de lo cartesiano, poesía pura, no un manual predeterminado, en el que todo surge desde la imaginación y el sentimiento para transformarlo en emoción y pasión, en arte, en definitiva, el TOREO. Pero sería muy injusto y superficial si me quedara ahí y obviara que Morante es mucho más que todo eso. Morante encierra un conocimiento del toro y los terrenos magistral, solo así es posible llegar a torear como él lo hace. Morante demuestra un compromiso y un valor fuera de toda duda, a pesar de lo que digan por ahí, tanto dentro como fuera de la plaza. Solo así es posible una encerrona como la de ayer en El Puerto de Santa María ante  seis toros de Prieto de la Cal, algo que ningún otro estaría dispuesto a hacer, porque Morante los tiene muy bien puestos, en la plaza frente al toro y en la vida frente a quienes tan solo desean la destrucción de España y el toreo. 

La de ayer en El Puerto significó mucho más que una tarde de toros, precisamente en esa plaza de la que Joselito  dijo en su día que quien no había visto toros en El Puerto no sabe lo que es una tarde de toros. La de ayer no se puede medir y valorar con la matemática, porque sería un cero absoluto si nos atenemos al resultado numérico de trofeos, vueltas al ruedo, ovaciones o toros aplaudidos en el arrastre. No lo fue, al revés, creo que fue una tarde en la que el maestro de La Pueble del Río dio un paso al frente y un golpe en la mesa ante la anestesia de la vulgaridad. Lo hizo él solo, sin miedo, aún sabiendo que la probabilidad de que sobre el albero de El Puerto sucediera lo que sucedió. ¡Dios mío lo que se hubiera oido hoy si los seis toros hubieran sido de otro hierro! Pero no, eran de Prieto de la Cal y salieron como salieron, mejor dicho, como era más que previsible que salieran. Seis animales sin casta ni raza, sin un átomo de poder, imposibles no digo para cualquier lidia, imposibles para el mínimo atisbo de imaginación de algo, ni tan siquiera amago de alucinación. Uno tras otro fueron saltando, vacíos, sin fondo, tampoco sin hechuras que al menos hicieran alegrar la vista, quizás en el tercer hubo un amago de soñar la gloria en las verónicas de Morante, intentó estirarse pero fue un visto y no visto, posiblemente el quinto bis, un sobrero de Parladé bien hecho con más clase y calidad que quizás recibió en el caballo más castigo del que requería, invitó a despertar del letargo en el quite y en las primeras tandas de muleta con profundidad y sabor, pero no llegó a romper. Toros a la defensiva en los que la emoción era imposible de sentir, ni siquiera presentir, que en su falta de todo llevaban un peligro indigno, que se lo digan a Juan José Trujillo o a Lili que las pasaron canutas, incluso el mismo Morante, que finalmente tuvo que torear con los pies, a la antigua, por bajo, doblándose para someter a un toro ingobernable y con mucho riesgo, pero además haciéndolo como él lo hace, un ballet lleno de armonía y aromas lejano al rock and roll acrobático o el break dance callejero en lo que tantas veces se convierte el macheteo vulgar. ¿Es o no tener valor enfrentarse en solitario a una tarde como esta de ayer? 

Para mi mucho, y con esa decisión creo que Morante, además, ha tirado por tierra muchos falsos mantras puristas sobre la variedad de encastes y hierros. Como aficionado que soy me encanta ver todo tipo de toros y toreros, a todos los respeto, valoro y defiendo, creo firmemente que en nuestra Fiesta deben encajar todos y que la grandeza de este arte es que a cada aficionado le llega más un toreo que otro. Pero dicho esto también hay que decir y repetir que tengo mi gusto y que la emoción me llega por el toreo profundo de mano baja y trazo largo, el toreo acoplado y reunido con el toro humillando y repitiendo. Y ese toreo lo he sentido con encaste Domecq, Nuñez o Albaserrada, por supuesto, pero por mala suerte o desgracia han sido tantas las tardes en las que me he tragado corridas "duras", "toristas", "encastes minoritarios", en las que la "emoción" solo estaba en el riesgo y el miedo máximo ante animales prácticamente inlidiables, con la respiración cortada y el corazón en un puño, el "uy" o el "¡ay!" en lugar del olé que a mi sale del corazón cuando la emoción me llena por la belleza de un muletazo hondo, que al final elijo unos carteles antes que otros. 

El cartel de ayer tenía un nombre, Morante de la Puebla, que encarna ese toreo que a mi me llena, aún sabiendo que los toros podían mandar al limbo todas mis ilusiones y sueños, esos con los que siempre voy a la plaza y que el duende y el embrujo de Morante son capaces de colmar con una verónica, una media, un trincherazo o un natural. Sin ese sentimiento no existiría el toreo y si Morante no hubiera existido tendríamos que habérnoslo inventado.

Antonio Vallejo

lunes, 5 de julio de 2021

Emilio de Justo, la consagración de una figura para reventar una temporada

¿Qué es la cultura? Si uno acude al diccionario de la R.A.E se define como conjunto de conocimientos  que permite a alguien desarrollar su juicio crítico y también como conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc. Esta calurosa tarde de domingo de julio en Madrid se anunciaba la Corrida de la Cultura con un cartel de lujo que no me extraña que llevara a colgar el "no hay billetes" en la taquilla de Las Ventas, el formado por Antonio Ferrera y Emilio de Justo en un mano a mano con toros de Victoriano del Río. Desde luego que ambas definiciones van que ni pintadas aplicadas a nuestra Fiesta. No hay duda  que cualquier aficionado, con sus conocimientos del toreo, puede realizar un juicio de una tarde de toros y tampoco tengo dudas de que el toreo, como dice el diccionario, es un modo de vida y costumbres, diría más, es un modo de vivir y sentir único, sin igual, basado en unos valores hoy en desuso, sacrificio, compromiso, respeto, en las antípodas del relativismo y buenismo imperante, y que los toreros, Emilio de Justo lo ha demostrado claramente, atesoran conocimientos y grado artístico en cantidades astronómicas. Quizás los antitaurinos debieran dar un repaso al diccionario, y a tantas cosas, antes de volcar su odio en pos de la prohibición, demuestran mucha incultura. 
Ha sido una tarde plena, de principio a fin, empezando por unos toros de Victoriano del Río con una presentación extraordinaria, imponente presencia y trapío los seis, magníficas hechuras, serios a más no poder, ofensivos y astifinos, desafiantes, amplios de cuna, preciosas láminas y con un juego realmente bueno salvo el quinto. Toros con opciones de triunfo, cada uno a su manera y con su carácter, que en general han peleado bien en los caballos, que han tenido unos emoción, otros clase, otros incertidumbre, también genio  pero que no han dejado a nadie indiferente y han mantenido la atención de principio a fin, incluso el manso sexto que ha roto a más y ha acabado entregado en la muleta de Emilio de Justo de una manera que ninguno salvo el matador fuimos capaces de sospechar, destacando sobremanera el bravo cuarto al que desorejó Emilio de Justo y que fue premiado con la vuelta al ruedo. Enhorabuena al ganadero, excelente selección fruto del trabajo diario en el silencio y la soledad del campo que para mi le convierte con justicia en el otro triunfador de la tarde.
Sin toros no hay toreros y sin toreros no hay toros, una máxima que suena a tópico pero es la verdad, como ha quedado patente esta tarde en Las Ventas. ¿Cómo podría haber triunfado si no Emilio de Justo si sus toros no hubieran tenido bravura, emoción y transmisión? y ¿cómo ha sido posible que un toro como el sexto al que ninguno le vimos nada de nada, en el que pensábamos que la faena de muleta no iría más allá de unos intentos de pases y se acabó, casi se va la desolladero sin una o las dos orejas?. La respuesta es fácil, la conjunción mágica, ha habido toros y un torero que hoy se ha consagrado como figura en Madrid, refrendando así aquella Puerta Grande en septiembre de 2018 con una corrida de Puerto de San Lorenzo. Lo ha hecho cortando tres orejas, una al primero de su lote, Esmerado, al que saludó de capa por chicuelinas en los medios rematadas con una media repleta de clase y en el que vimos esa rivalidad en quites que tanto se echa de menos en el toreo actual. Primero fue Ferrera por verónicas templadísimas de gran belleza para replicar de Justo con unas chicuelinas excelsas, rematando ambos con sendas medias a cual mejor. Si bien los primeros compases de la faena por el pitón derecho, a media altura, con poco recorrido y el de Victoriano cabeceando no invitaban a echar las campanas al vuelo fue al cambiar a la zurda donde emergió el toreo al natural para alcanzar cotas de enorme belleza y transmisión. Naturales con hondura, colocación, temple y poder, bajando la mano, recorrido y repetición, series ligadas, acople perfecto, cadencia y ritmo, toreo de muchos quilates que se transladó al otro pitón en una tanda en redondo profunda, ligada por bajo, maravillosa, previa a un apoteósico final con naturales a pies juntos dándole el pecho culminando la obra con una grandísima entera de efecto fulminante que valió una oreja de mucho peso. Como cuarto se anunciaba un toro con nombre de los que a cualquier aficionado al toreo le gusta, Duende. Preciosa estampa, cornidelantero, que en los capotes no demostró precisamente fijeza ni celo aunque sí que mostró movilidad y cumplió con creces en varas, protagonizando un tercio de banderillas que fue ciertamente caótico, desorden en la lidia y más palos en la arena que clavados en el toro. Pero este Duende tenía todo su fondo esperando a la muleta, ahí iba a derramar todas sus facultades para que Emilio de Justo compusiera una sinfonía magistral en medio de una borrachera del mejor toreo. Movilidad, fijeza, recorrido, humillación, repetición y duración fueron los acordes que se fundieron con los olés desde las primeras series en redondo, profundidad y ligazón basadas en le temple y la colocación, ritmo y compás, la mano muy baja, mando y dominio, gusto y belleza, acoplado,  y un toro con clase y bravura descomunal. Si Duende era bueno por el derecho no lo era menos por el izquierdo, mismas condiciones, humillación, recorrido y humillación, naturales hondos, también ligados en el sitio, todo por abajo y muy templado, despacio para concluir la composición por donde empezó, por el pitón derecho, apoteósicos derechazos totalmente entregado, el compás muy abierto, despatarrado, alargando el viaje para recogerlo y ligar con una emoción y transmisión máximas que pusieron a la plaza en pie rendida a Emilio de Justo. Unos adornos finales por bajo llenos de aromas y torería dejaron todo en manos de la espada. Y no dudó de Justo. Recto, por derecho, volcándose sobre el morrillo en un volapié monumental pasaportó a este magnífico Duende premiado con una merecida vuelta al ruedo. Dos orejas sin discusión alguna en mi opinión que paseó Emilio de Justo entre el clamor de unos tendidos extasiados y que suponen su consagración como primera figura en el Olimpo  del toreo. Y aún pudieron ser más lo trofeos de no marrar con el descabello en el que cerraba plaza, un desafiante colorado chorreado con la puntas apuntando al cielo que desde salida mostró querencia, sin fijeza, huyendo de los capotes, yéndose a por el caballo que guardaba puerta hasta en tres ocasiones, doliéndose del castigo y saliendo rebrincado de fea manera, para ser finalmente picado donde correspondía haciéndole entra por dentro y tapándole la salida en una vara en la que se durmió en el peto sin emplearse. Visto lo visto y que en banderillas tampoco cambió de comportamiento la faena de muleta se presumía poco menos que inexistente, más aún tras lo primeros muletazos que tomó a la defensiva, protestando, la cara alta, punteando las telas. Repito, nadie en los tendidos veíamos nada en ese sexto, nadie, y quien diga lo contrario se está soltando un farol, por no decir que miente. Solo una persona, la que estaba frente al toro vio el fondo que tenía. Y no solo lo vio sino que conocía la fórmula para sacarlo. ¿Por qué?Porque solo estos súperhombres, los que cada tarde que se visten de luces y miran cara a cara a los toros y a la muerte son capaces de ver lo que para los demás es ceguera. Tragó los derrotes Emilio de Justo, aguantó, paciente, poniéndole la muleta, enseñándole el camino, la manos baja, obligándole, llevándolo tapado, muy toreado, sin quitársela de la cara y así surgieron como por arte de magia naturales que se desgranaban de uno en uno, con una hondura tremenda, cruzándose, entre olés roncos y la admiración de todos, para culminar con una serie en redondo templada, ligada por bajo, profunda, de ensueño, con el toro sometido, humillando, persiguiendo la muleta con codicia. Una entera desprendida y la mala suerte con el verduguillo privaron a Emilio de Justo de una y quien sabe si dos orejas más porque lo que hizo ante ese último de Victoriano no solo tiene mucho mérito sino que refleja lo que es una primera figura del toreo cargada de conocimiento y técnica. 
Antonio Ferrera se ha ido de vacío de Las Ventas, cierto, pero creo que de haber tenido más fortuna con la espada una oreja al menos hubiera acabado en sus manos. Perfectamente pudo ser así en el que abría plaza, un toro alto y grande, de enorme amplitud de cara, veleto, que salió con la manso por delante y blandeando. No se empleó en los dos primeros puyazos, salió escupido del peto nada más sentir el acero y decidió Ferrera picarlo en los medios con la consecuente bronca por una amplia parte de los tendidos que consideran que el tercio de varas debe realizarse en unos terrenos concretos y en en esta digamos frivolidad de Ferrera una afrenta al sentir de esta plaza. El caso es que entre las protestas de unos y la ovación de otros el toro empujó con codicia y tomó un puyazo empleándose. Al final la ovación fue claramente mayoritaria aunque, debo decirlo, a mi me encanta el tercio de varas, me parece de una gran belleza y disfruto mucho por lo vibrante y emocionante que es, pero me gusta ejecutado con pureza y donde debe, en la contraquerencia. Como recurso o anécdota puedo aceptar lo que ha hecho Ferreras, tampoco me voy a rasgar las vestiduras y lo entiendo dentro del contexto de la tauromaquia llena de sorpresas a la que nos tiene acostumbrados el maestro, pero no más que eso. Arranca la faena por bajo, con suavidad, alargando el viaje, rematando con sabor también por bajo. Creo que supo medir perfectamente la distancia, la altura, la velocidad y las pausas que pedía el toro a base de temple, bajando la mano, con profundidad, series cortas y ligadas con clase por ambos pitones, sabiendo alargar el recorrido un tanto escaso del animal en un alarde de técnica y recursos de maestro veterano, todo ello enmarcado en cierta teatralidad con las que adorna sus faenas, como la forma de entrar a matar desde muy lejos, unos 10 metros, andando hacia el toro con la espada armada para finalmente estoquear al encuentro, algo muy difícil y que hoy le ha jugado una mala pasada ya que el defecto de la estocada le ha privado de una oreja casi segura. El tercero ha permitido a Ferrera lancear a la verónica con vistosidad por la movilidad y fijeza del de Victoriano adornándose con un afarolado y una media de remate que era un cartel por sí misma. Mucho se le pegó en varas, excesivo castigo a mi modo de ver, lo que hizo mucha mella en las fuerzas del toro. Entre eso y un tercio de banderillas en el que el desorden fue la nota dominante el caso es que llegó a la muleta andando, defecto que transformó en cualidad Ferrera para componer una faena a la mexicana, en corto, todo muy despacio, citando en la cadera para poder alargar más el recorrido y ligar las series, todas ellas muy medidas. Muletazo a muletazo fue cuajando redondos y naturales de tronío, muy relajado, a cámara lenta, recordando sus faenas en Insurgentes. Finaliza la faena en algo ya clásico en su toreo, con la derecha y sin la ayuda, series de redondos al natural podríamos llamarlas, hundiendo las zapatillas, en una baldosa, jaleadas con olés. De nuevo se perfila muy de lejos, igual que en su primero, andándole en pasitos cortos, matando en la suerte de recibir para dejar una entera caída que difumina la posibilidad de trofeo. El quinto tan solo tuvo historia en banderillas, un tercio antológico protagonizado por Antonio Chacón y Fernando Sánchez que clavaron de poder a poder, llegando hasta la cara del toro, asomándose al balcón, con la punta de los pitones en la barriga, exposición y riesgo máximo, saliendo del embroque con torería. Ambos saludaron desmonterados la tremenda ovación de todos los tendidos puestos en pie. En la muleta no tuvo nada, embestida descompuesta, sin recorrido, protestando, soltando derrotes, deslucido e imposible para el lucimiento.
En resumen, una gran tarde de toros, los de Victoriano del Río, magnífica corrida de presentación y juego,  y un nombre propio, Emilio de Justo, consagrado como figura y dando un golpe en la mesa que va a poner a todos en guardia de cara a lo que resta de temporada. Tres orejas de ley y la Puerta Grande que lleva al cielo del toreo abierta revientan una temporada y pone muy caro el toreo. 

Antonio Vallejo



 

domingo, 27 de junio de 2021

Volver a Las Ventas, ¡volver a vivir!


 Un soplo de vida, eso es lo que para mi ha sido esta tarde de sábado en Las Ventas, ¡cuanto la necesitaba!. Cierto que el festival extraordinario del pasado 2 de mayo fue algo único por lo emocionante, cierto que esta pasada Feria de San Isidro atípica y especial en Vistalegre fue un aliento de esperanza que invitaba a soñar, pero faltaba algo, faltaba que la primera plaza del mundo por fin diera el paso que demandábamos y tomara las riendas del toreo. Ese paso ha sido este sábado, el próximo domingo 4 de julio será el segundo paso, parece ser que el 10 de julio vendrá el tercero del que esperemos sea un caminar eterno que no encuentre más pausa que la obligada entre temporada y temporada. El toreo necesitaba que Las Ventas tomara el mando y dijera aquí estoy yo, frente a todas las adversidades, poderosa, para dejar claro que esta Fiesta es inmortal mientras haya un toro en el campo, un torero frente a él y un aficionado que quiera verlo. Posiblemente ese sea el mejor resumen de lo vivido en Madrid un caluroso sábado de junio con toros de Victorino Martín, con tres toreros, Manuel Escribano, Sergio Serrano y Fortes, y muy cerca de 12.000 aficionados que hemos llenado el aforo permitido dando a los tendidos un magnífico aspecto. Lo que vendría tras el retumbar de clarines y timbales anunciando el paseíllo, como dice el Evangelio, se nos ha dado por añadidura, y ha sido mucho.
Para empezar hemos visito seis toros de Victorino de excelente presentación, preciosas láminas, muy serios, veletos los seis, astifinos, puntas desafiantes, entipados, albaserradas de pitón a rabo, inconfudibles, que también han mostrado el comportamiento tipo de la casa, duros, complicados y con peligro, sin conceder nada y sin permitir el mínimo fallo el segundo tercero, falto de fondo y fuelle el primero, deslucido el sexto, destacando un encastado y exigente cuarto, y un bravo, con clase y mucha calidad el quinto, dos toros de nota muy alta. No está mal para empezar, digo yo.
A por sus dos toros se ha ido a recibir a porta gayola Manuel Escribano, algo habitual en el sevillano pero que no deja de ser una declaración de intenciones acerca de la disposición con la que ha venido a Madrid. Al primero lo saludó por verónicas templadas y comprometidas ganando pasos tras la larga cambiada clavado de rodillas más allá de la segunda raya. Empuja en el caballo sin demasiada codicia y con un solo pitón el Victorino apuntando señales de debilidad,  pero es tras dejar atrás el peto cuando muestra una evidente falta de fuerzas que levanta las protestas y condiciona el resto de la lidia. Muy corto y reponiendo en el poco lucido intento de quite por chicuelinas de Serrano, sin ritmo en banderillas, tercio que Escribano cumplió con facilidad y solvencia, para llegar a la muleta desfondado, con la cara alta, sin poder ni empuje. Poco pudo hacer el sevillano que  mató de una sensacional entera de efecto fulminante, sin duda lo mejor de este primero. La salida del cuarto, Galapagueño de nombre, nos puso el corazón en un puño, segundos de angustia con Escribano hincado de rodillas y el toro parado en la boca de toriles, mirando, midiendo, avanzando lentamente hacia el sevillano, calibrando, hasta llegar a menos de 2 metros y arrancarse bruscamente buscando la presa. Aún no sé cómo se libró de la cogida el de Gerena, providencial la larga con la que burló el trance. Pelea de bravo en el caballo, dos puyazos arrancándose en largo, metiendo la cara abajo, empujando con celo, metiendo los riñones, y extraordinario Curro Sanlúcar agarrando arriba y delantero, con razón se despidió en medio de una gran ovación. Ritmo y buen tranco del toro en banderillas, galope alegre que permitió a Escribano cuajar un tercio sensacional. Un primer par derrochando facultades físicas para reunir en la cara, un segundo par dejándose llegar al toro y clavar de poder a poder, asomándose al balcón, y un tercer par sentado en el estribo, esperando la arrancada del animal para incorporase y dejar los palos al quiebro junto a las tablas, casi sin espacio físico por donde salir, arriesgadísimo par que puso en pie a toda la plaza. Arranca la faena con dos cambiados por la espalda muy ajustados aprovechando la movilidad del Victorino para enlazar con las primeras series por el pitón derecho. Busca adelantar la muleta y llevar en largo la embestida de Galapagueño que toma bien la muleta, mete la cara y humilla pero que pronto saca a relucir la exigencia de su encaste. No permite el mínimo error, se queda a medio viaje, repone y busca, sabe lo que se dejaba atrás. Poco a poco, a base de tragar y bajar la mano para someter al toro la faena va tomando vuelo. Es por el izquierdo cuando llegaron los mejores pasajes, naturales con hondura, por abajo, poderosos, de uno en uno, perdiendo ese paso necesario para quedarse colocado, muy firme, entendiendo perfectamente la embestida del Victorino. La última serie de derechazos es portentosa, muletazos profundos, la muleta por abajo, mando ante un toro con sentido más que desarrollado y mucho peligro que remata con un final por bajo lleno de torería y otra magistral estocada hundiendo el acero arriba. Oreja de ley y de peso y fuerte ovación para Galapagueño en el arrastre.
El primero del lote del albaceteño Sergio Serrano dejó claro desde su salida que no iba a regalar nada. Descompuesto y deslucido en el capote, sin emplearse en varas y pasando sin pena ni gloria por el tercio de banderillas, con la cara alta. Los primeros muletazos por bajo desprenden gusto y aromas a buen toreo, con mando, largos, poderosos. Sacó su genio el Victorino, midiendo, soltando la cara en la primera serie de derechazos, asentado el albaceteño, sin dudar, plantándole la muleta en la cara, por abajo y sin quitársela, empapándole en la franela, llevándolo muy tapado para dominar los arreones del toro y someterle. Decisión, valentía y entrega de Serrano por el pitón izquierdo, aún más complicado y peligroso. Por ahí repone y busca los tobillos, se va por dentro, pero en ningún momento le perdió la cara el albaceteño en una  faena meritoria mal rematada con la espada. El quinto fue un gran toro, Venenoso de nombre, imponente presencia, muy ofensivo, preciosa estampa, que desde que saltó dejó patentes sus cualidades: movilidad, fijeza y repetición en el capote de Serrano. Pelea de bravo en el caballo, dos extraordinarios puyazos de Tito Sandoval que abandonó el ruedo en medio de una gran ovación. Igual que hizo ante el segundo arranca la faena por bajo, con poderío, en largo, aprovechando las cualidades del toro. Una tras otra fueron hilvanándose las series por ambos pitones, rotundas, reunidas, redondos profundos, ligados en el sitio, perfecta colocación, mano baja y trazo largo, temple, toreando muy despacio, naturales hondos, ligazón y buen gusto, más temple, acoplado, rematando las series con extraordinarios pases de pecho, alguno mirando al tendido, y uno de desdén para abrochar el epílogo de faena de auténtica locura. Y Venenoso que no se cansó de olisquear la arena venteña, siempre humillando, el hocico a ras de tierra, repitiendo con fijeza, incansable, duración y recorrido, un grandísimo toro. Se tiró a matar Serrano como si no hubiera mañana, sabedor de que acariciaba la Puerta Grande que lleva directo a la gloria del toreo, recto, volcándose sobre el morrillo para hundir la espada hasta la empuñadura. Quizás se atracó de toro y por eso el espadazo cayó ligeramente contrario, quizás ese pequeñísimo defecto hizo que Venenoso tardara en doblar y quizás por eso se enfrió el público y la petición de la segunda oreja perdió peso. No lo sé ni lo sabré nunca, pero me da igual. El premio fue una oreja pero el sabor que me ha dejado Sergio Serrano ha sido de dos orejas. Mantengo lo que siempre digo, para mi el toreo es sentimiento, no números, y hoy Sergio Serrano me ha transmitido la emoción del toreo eterno, eso lo vale todo. 
El malagueño Fortes se ha llevado el peor lote, el más deslucido y con menos opciones de triunfo. El tercero tuvo un comportamiento de salido propio de su encaste, revolviéndose, echando las manos por delante, con escaso recorrido, para llegar a la muleta sin fijeza y desentendido. Trata de someterle por bajo en los muletazos de tanteo, el toro va pero no dice mucho. Toma la muleta con la izquierda y por naturales basa una faena desligada en la que surgen algunos naturales de buena factura aislados, pero falta ritmo y continuidad. Además el toro trata de irse al tercer muletazo de cada tanda. Es posible que llevándolo muy en corto y con la cara tapadita a lo mejor hubiera lucido algo más, es fácil decirlo cuando uno está sentado en el tendido, pero dudo que las cosas hubieran cambiado mucho. Para colmo por el pitón derecho tuvo muy poco recorrido, se defendió soltando la cara y desarrollando sentido, revolviéndose con peligro, absolutamente imposible para el lucimiento. Pero aún fue el que cerró el festejo, rebrincado, la cara arriba, sin emplearse en los primeros tercios y sin un solo pase en la muleta, completamente imposible. Una pena porque me hubiera gustado que el final de la tarde - ya noche a esas horas - hubiera sido otro pero tras todo lo que hemos pasado y lo negro que se veía el panorama solo puedo decir que volver a Las Ventas es ¡volver a vivir!.


Antonio Vallejo


lunes, 24 de mayo de 2021

La verdad de Román y el "como cargarse a un buen toro por la gracia de algunos" cierran San Isidro

Se acabó San Isidro 2021, un San Isidro distinto, raro, extraño, el de la pandemia, el de las mascarillas, el de las restricciones, el del aforo limitado, el de Vistalegre, el primero y espero que último que se celebre fuera de Las Ventas. Digo esto no porque haya estado mal organizado o haya salido mal, al revés, en mi opinión hay que felicitar a la empresa de la Plaza, Casa Matilla, por haber organizado en estos tiempos tan complicados, con todo en contra y limitaciones por todas partes, en un tiempo récord, una ciclo tan atractivo e interesante para el aficionado consiguiendo reunir en once días a todas las figuras. Tiene mucho mérito y creo que es de justicia agradecer el regalo que nos han hecho a todos los aficionados, algo que parecía imposible, que este año volviéramos a sentarnos en un tendido de Madrid para ver toros. Lo digo porque no volver a celebrar otro San Isidro fuera de Las Ventas significará que esta pesadilla ha acabado. Ojalá sea la próxima temporada y ojalá la plaza de Vistalegre pueda organizar un ciclo o una temporada complementaria a la de la Monumental, ha demostrado capacidad de sobra para hacer este muy buen San Isidro.
Un San Isidro que será recordado por todo lo bueno que hemos visto, todos los días, ni uno ha sido aburrido, cada tarde se han destacado muchas cosas, toros, faenas, puyazos, banderillas, estocadas, todos los días han sido buenos, los once, sin excepción, algo que siempre recordaremos y que debe hacernos reflexionar sobre el metraje mejor para futuras temporadas. A lo mejor las 34 tardes de los últimos celebrados es un empacho innecesario, un indigestión contraproducente. 
Si hay algo que ha marcado este San Isidro han sido los toros. Bueno, siempre debe ser así ya que el toro es el centro, el actor principal sin el que la Fiesta no existiría. Pero es que este San Isidro será recordado por algo que día tras día he repetido, la edad de los toros, el San Isidro de los cinqueños. La tarde de hoy no ha sido una excepción, los seis de Adolfo Martín para Juan del Álamo, Román y José Garrido eran cinqueños, un par de ellos largos, cerca de los seis años. Una corrida, como ha sido la nota durante toda la feria, magnífica de presentación, en tipo, los seis eran Alabaserradas los miraras por donde los miraras, buenas hechuras, toros con mucha plaza, de una seriedad imponente, astifinos, ofensivos, abriendo la cara y apuntando al cielo, unos veletos, otros vueltos de pitón, los cinco primeros fuertemente ovacionados de salida, solo el sexto no ha tenido ese honor, quizás porque era más largo y tenía menos volumen de caja, pero con mucha seriedad y trapío. Basta con ver las fotos de los seis lidiados que traigo a portada, asustan. Del comportamiento, ¿qué les voy a decir?, lo esperado cuando vas a ver los Adolfos. El otro día hablaba, refiriéndome a Morante, que cuando vas a verle torear ya sabes que en un toro pone la plaza patas abajo con un toreo glorioso y en el siguiente se lleva la mayor bronca del mundo porque no engaña a nadie y si no vale no anda con rodeos ni tonterías. Lo mismo digo de los toros de Adolfo Martín, cuando vas a ver una corrida suya ya sabes el comportamiento que van a tener con muchas probabilidades de acertar el pleno. La de esta tarde no ha sido una excepción y ha salido como esperaba. Toros con sentido, si encima son cinqueños ya ni les cuento, no es desarrollen sentido, es que saben más que latín, toros duros, complicados, que se revuelven en un palmo y reponen, que saben lo que dejan detrás, toros con peligro, sordo o evidente, toros cuya emoción reside en que te tienen con el corazón en un puño, toros de uy tras uy, sobresalto tras sobresalto. Cierto que cuando humillan y tienen recorrido son para volverse locos, como aquel Madroñito al que El Cid indultó en Santander el año 2016 en la Feria de Santiago. Pero aquel fue en 2016, y ya ha pasado mucho. Esta tarde no ha sido una excepción y el comportamiento de los seis ha seguido al pie de la letra el guión que he descrito, poco recorrido y mucho peligro, y quien hoy haya ido a Vistalegre no ha podido sorprenderse de ello. 
Y para vencer todas las complicaciones que presentan estos toros hay que tener mucha firmeza y mucho valor, como lo ha tenido la terna de esta tarde. Todos han sido peligrosos y los tres matadores han estado, a mi entender, muy por encima de los Adolfos, pero si ha habido un lote que ha sido especialmente duro ha sido el de Román. El que hacía segundo no es que fuera peligroso, es que, como decía el grupo La Frontera en su canción Judas el Miserable, era un auténtico cabrón. Una alimaña desde que saltó a la arena, metiendo la cara al inicio del lance pero sin acabar de pasar, quedándose debajo para revolverse y soltar la cara con violencia. Y así ha llegado a la muleta, tardo, mirando y midiendo, embistiendo hacia dentro, muy corto de recorrido, rebañando en busca de lo que dejaba atrás con derrotes bruscos. Muy firme, decidido y valiente el valenciano presentándole la muleta, tratando de llevarlo templado, perdiendo pasos no ya para intentar quedarse colocado sino pasa salvar los muslos. Mismo patrón por ambos pitones, quizás más acusado si cabe por el izquierdo llegando a levantarle por la pala en uno de los naturales que trataba de instrumentar. Mucha verdad de Román poniéndose cruzado, dándole el pecho, arrancándole los muletazos de uno en uno, mucha exposición porque a la mínima podía engancharle en uno de los tornillazos al revolverse y mucha decisión porque en ningún momento le perdió la cara para acabar pudiéndole con la mano baja e imponerse en le final de faena, que ha sido de uy en uy, de ay en ay. Repito, se la ha jugado de verda y con verdad, a cara de perro, sin esconder nada, máxima entrega y compromiso. Lástima del mal manejo de la espada porque hubiera cortado una merecida oreja. El quinto por lo menos le ha permitido a Román pegarle unas verónicas flexionando la rodilla para someterle por abajo que han tenido ritmo y más recorrido, bonito saludo. A la muleta ha llegado con la cara alta, corto  recorrido, pasa y una vez y se para, también mira y mide. Quizás no haya tenido la brusquedad y el peligro tan evidente del segundo, pero el comportamiento ha sido similar y el riesgo más sordo pero presente en cada muletazo. La respuesta del valenciano la misma, firmeza y valor, muy asentado para sacar derechazos y naturales de mucho mérito de uno en uno, teniéndose que cruzar y colocar en cada uno, perdiendo pasos. Sensacional Román, otra vez con mucha verdad, trazando muletazos  con empaque, pero falta el ritmo, la continuidad, la ligazón. Aquí la emoción está en la exposición y decisión de Román, muy sincero, muy superior, tragando lo indecible. Personalmente me gusta más la emoción del toreo templado, profundo, de mano baja y trazo largo, pero respeto este toreo de valentía y arrojo, de lucha titánica y el peligro y la sangre rondando por el ruedo constantemente. Son, simplemente, diferentes y hay que ver todo tipo de toros y toreo para apreciar la grandeza de nuestra Fiesta. De nuevo la espada emborrona su heroica actuación, pero las dos ovaciones atronadoras que se ha llevado compensan el esfuerzo enorme que ha hecho para dominar a esos toros.
Importante faena de Juan del Álamo al primero, en la que ha sacado a relucir su arsenal de técnica y conocimiento. De inicio se lo lleva a los medios andándole por bajo, tratando de someterle, el toro se desplaza bien pero le cuesta salir  de la muleta al final del muletazo. Series por el pitón derecho con muy buen sentido de la distancia, perfecta colocación, adelantando la muleta, perdiendo pasos para poder ligar las series, con la mano baja y mucho temple, pero el toro se queda a mitad de viaje y repone. Cada vez se acentúa más el corto recorrido del Adolfo, revolviéndose y reponiendo en cada muletazo, especialmente por el pitón izquierdo, muy corto y peligroso, viniéndose por dentro y soltando la cara. Firmeza, buen hacer y valor de Juan del Álamo que ha firmado una faena de importancia que le ha valido una vuelta al ruedo de peso. Con el cuarto he visto algo que, sinceramente, me ha parecido vergonzoso. Un toro que ha salido con movilidad, recorrido y humillando en un magnífico saludo a la verónica del salmantino, temple y ritmo, ganando pasos para rematar con una media buenísima. Pelea con celo en el caballo, la cara abajo, empujando con los riñones, sensacional puyazo de Angel Rivas. Lo prueba del Álamo al salir del peto a la verónica, acompasadas, otra media con gusto, y pide el cambio de tercio, lo que autoriza el presidente y suenan los clarines y timbales anunciándolo. Y de repente un sector se pone a protestar la decisión del matador y pide que vuelva a entra al caballo. Sí, hoy estaban los "toristas", entre los que curiosamente se encontraban los mismos a los  que otros días todo les parecía mal con la figuras. El caso es que Juan del Álamo se ha visto coaccionado porque la bronca iba a más y ha accedido al capricho de los señoritos, con el tercio ya cambiado. ¿Qué ha ocurrido?. Pues que ha habido que darle un montón de capotazos para volver a colocarlo en el caballo, porque además lo querían en largo, casi en la boca de riego, y el Adolfo, claro, que no iba, anda que no sabía ya lo que había, y otro capotazo, y más tiempo, hasta que por fin se ha arrancado y se le ha dado un puyazo simbólico, sólo señalado, pero los señoritos se han quedado contentos, se han salido con la suya, y han impuesto su "sabio" criterio. ¡Cuantas tardes hemos tenido que soportar sus caprichos, sus fobias y filias en Las Ventas!. La única sabiduría que nos han mostrado es la de como cargarse a un buen toro por la gracia que han hecho con su bronca ya que el toro ha cambiado radicalmente y en la muleta no ha tenido ni un pase, no ya corto recorrido, es que no ha pasado, sentido más que desarrollado, soltando la cara a diestro y siniestro, derrotes con sumo peligro. Con su inmensa "sabiduría" se han cargado al toro y de paso le han jodido a Juan del Álamo que me imagino que si había pedido el cambio de tercio era porque veía que estaba picado y tenía condiciones demostradas para cuajar una buena faena. Además estábamos en una plaza de segunda, un puyazo es reglamentario, debieran saberlo estos que son tan formados. Eso es lo único que nos han enseñado los "sabios toristas", cargarse un toro. Y me queda una duda, no sé si es reglamentario que una vez cambiado el tercio el toro vuelva al caballo, lo desconozco. Si es así me parece algo muy grave lo que ha ocurrido en este quinto y el presidente tenía que haber desautorizado la marcha atrás. Otra cosa se llama cobardía, además de ilegalidad o falta. Señores, que quien sabe de esto son los toreros, que está ahí abajo jugándose la vida, que los que estamos arriba cómodamente sentados en el tendido no tenemos ni idea, hay que hacerles caso a ellos y no a los "sabios" ignorantes, como se ha demostrado esta tarde.
Al que le doy mucho mérito a lo que ha hecho hoy en Vistalegre es a José Garrido, un torero que engancha los toros alante y los lleva toreados en largo y con mucho mando, que hoy ha tenido que luchar a contraestilo. Ha demostrado enorme valor y también, como sus compañeros de terna, mucha firmeza. Dos toros con el comportamiento ya comentado de sus hermanos, no voy a ser repetitivo, que no permitían nada y ante los que el extremeño no se ha arrugado. En todo momento ha intentado llevarlos en largo, pero ambos se quedaban a medio pase y reponían. Faena una vez más de muletazos sueltos perdiendo pasos. Repito, le doy mucho valor a la actitud y compromiso de Garrido que, como sus compañeros, ha estado muy por encima de su lote.
Y así digo adiós a este San Isidro atípico pero intenso en le que he vivido y sentido muchas emociones, la más grande de todas volver a sentarme en un tendido y ver toros en vivo, ¡que maravilla!, ¡vuelve la vida!.

Antonio Vallejo


domingo, 23 de mayo de 2021

La magia de Ortega y el mando de Juli, el toreo pleno

Cuando el mando, el poder y la clase bajan a la tierra pueden pasar cosas como la de Juli con el tercero de la tarde de hoy. Cuando la elegancia, la delicadeza y el gusto bajan a la tierra pueden pasar cosa como las de Juan Ortega en el tercero y sexto de la tarde de hoy. Tres faenas inolvidables, tres obras maestras, tres razones para seguir amando esta afición como a nada en el mundo, tres monumentos al toreo eterno.

Una tarde de máxima expectación, se palpaba ambiente de día grande, buena la respuesta de la afición hoy, y no era para menos, un cartelazo de lujo una tarde más: Morante de la Puebla, Julián López "El Juli" y Juan Ortega frente a toros de Garcigrande. Una vez más agradecer a la casa Matilla, empresa de esta plaza de Vistalegre, el esfuerzo y el magnífico trabajo para confeccionar en estos tiempos difíciles un ciclo de San Isidro tan completo y rematado como el que nos han brindado, un regalo con el que no contábamos y que significa mucho para el futuro de esta Fiesta.

Solo como preámbulo voy a referirme un día más en la formidable presentación de los seis toros de Garcigrande, todos cinqueños, como es y va a ser la tónica de esta temporada, incluso dos de ellos rondando los seis años, el cuarto y quinto. Corrida con mucha seriedad por delante, astifina y variada de hechuras, bonitas láminas y todos con presencia de plaza de primera. Un día más felicitar a Justo Hernández por la selección en el campo. Una corrida también variada de comportamiento con tres toros, tercero, quinto y sexto con calidad y clase que marcaron la tarde.

Lo de Juli al quinto es para no olvidar. faena rotunda, faena plena, de principio a fin, en la que ha aunado la técnica, el conocimiento, el mando, el poder y la clase. Faena de maestro consagrado en la que ha demostrado la inmensa capacidad  que tiene para entender y someter a los toros para desembocar en los caminos del arte y la belleza que llevan directos a la emoción. Desde que saltó a la arena este imponente quinto, grande, muy armado, se le vio el buen tranco. Tomó con celo y repetición, metiendo bien la cara, el ramillete de extraordinarias verónicas, suaves y garbosas, jugando los brazos con sutileza, que le presentó Juli en el saludo. Temple en el capote del madrileño, movilidad y recorrido del toro, buenos augurios que llegaron a la muleta. En el caballo empujó con codicia y la cara abajo, magnífica pelea, y en banderillas mantuvo el son, moviéndose y acudiendo pronto a los reclamos de los banderilleros, buen tercio. Para morirse el comienzo de faena, por bajo, mandón, rodilla en tierra, llevándolo toreado por ambos pitones, con suavidad y largura, ganado terreno para rematar este canto a la belleza con un cambio de mano eterno y uno de pecho largo sensacional. A partir de ahí la composición de una excelsa sinfonía de toreo pleno por ambos pitones. Por el derecho abrió el compás, enganchó al toro con la muleta adelantada, perfectamente cogida la distancia y la altura a este toro con mucho brío que pedía mando. Y lo tuvo en Juli. Perfecto de colocación, acoplado, encajado, metiendo los riñones y con la mano muy baja instrumentó series en redondo antológicas, templadísimas, muleta a ras de suelo, trazo largo, ligazón, y repetición del buen toro que mantenía la movilidad y ya llevaba la cara abajo, sometido. Para rematar las series un cambio de mano exquisito y unos de pecho eternos, monumentales, que pusieron a la plaza en pie. Protesta algo por el pitón izquierdo el de Garcigrande al verse dominado, pero la rebeldía le dura un par de muletazos. La portentosa técnica y capacidad de someter a los toros que siempre ha tenido el de Velilla sale a relucir en tandas de naturales maravillosos, tandas rotundas, hondas, la mano muy baja, alargando el viaje, recogiendo la salida para ligar en el sitio, técnica y estética, poder y belleza de la mano. Una vez más los de pecho con los que abrochó las series fueron de escándalo. Finaliza por donde empezó, toreando en redondo con una profundidad solo al alcance de unos pocos maestros, rotundidad, toreo pleno, pletórico que adornó con un martinete y otro cambio de mano majestuoso para poner la guinda al delicioso pastel que nos ha servido en su muleta. La rúbrica a tal obra maestra no podía ser otra que la entera que hundió arriba al volcarse sobre el morrillo. Da igual que cayera ligeramente trasera y que el buen toro de Garcigrande - que tuvo movilidad, recorrido, entrega, clase, transmisión y emoción - tardara unos segundos más en doblar, las dos orejas eran de ley, aunque por momentos pensé que el presidente no estaba por la labor de dar la segunda. No fue así, gracias a Dios, ya que hubiera sido una injusticia mayúscula. Julián López " El Juli", maestro de maestros, figurón del toreo.

Juan Ortega es uno de los tocados por la varita de las musas, un torero en el que todo fluye de con naturalidad, de la inspiración, de la mente a las muñecas, de manera mágica. Hoy nos ha cautivado, nos ha hipnotizado con su toreo desbordante de sutileza, delicadeza, gusto, sabor y, sobre todo, verdad. El tercero apretó mucho en el capote con tendencia a irse por dentro, tanto que puso en aprietos al sevillano al que por los pelos no se llevó por delante en un par de ocasiones. También apretó en banderillas, extraordinario el tercer par de Andrés Revuelta con gran exposición, cuadrando en la cara, de poder a poder, para reunir a la perfección. Atronadora la ovación para este magnífico torero de plata que tuvo que responder desmonterado. El arranque de faena fue, sencillamente, antológico. Por bajo, andándole despacio, con torería, sometiéndole mucho, detalles de enorme gusto, aromas a toreo del bueno en cada pase, elegancia y dominio para dejarlo en los medios y en ese terreno cuajar una faena de las grandes. Toro con clase y ritmo, embiste con celo y la cara abajo, y lo hace al ralentí. Así lo ha toreado Ortega, muy despacio, cogida la distancia y el compás, todo suavidad, mucho más que temple, toreo en redondo largo, profundo, dos tandas apoteósicas que pone a la plaza entera en pie rompiéndose a aplaudir, dos tandas que remata por bajo, con elegancia en la figura, una auténtica maravilla. Por el izquierdo surgen  naturales soberbios, relajado, la manera de hacer llegar al toro, el embroque, todo es armonía, acoplado, la mano baja, muletazos con hondura, máxima expresión de la belleza, dos tandas coreadas con olés que retumban y que con los remates por bajo, repletos de sabor a toreo eterno, hacen estallar los sentimientos desbordados de la emoción suprema. Indescriptible el gusto y la clase de Ortega, todo muy despacio, a la misma velocidad que embestía el de Garcigrande, fusión perfecta en cuatro tandas, dos por cada pitón, faena de 16 ó 18 muletazos, ¿y para qué  más?. Una pintura no es mejor por el tamaño del marco, lo es por la calidad del lienzo, y la pintura torera que Juan Ortega ha dibujado hoy en la arena de Vistalegre la hubiera firmado el mismísimo Velázquez. Lástima que la espada privara al sevillano de lo que para mi hubieran sido dos orejas, pero la verdad es que me da igual. Lo que me quedará para siempre son los aromas intensos y el sabor inagotable de su toreo. El sexto fue otro toro imponente por lo ofensivo, alto, de muy buenas hechuras y fino de cabos que humilló en el capote pero que al igual que en su anterior oponente se vino por dentro en un lance por el pitón izquierdo al hilo de las tablas y a punto estuvo de enganchar a Ortega. Se le pega en el peto, puyazo largo y con castigo, aparentemente sale desfondado del caballo y en banderillas complica las cosas a Jorge Fuentes y José Ángel Muñoz "Perico" que colocan los palos de sobaquillo aunque el toro tiene clase, se le ve, humilla y tiene fijeza. Un aparte para mencionar la extraordinaria brega de Andrés Revuelta, ni un capotazo de más para dejar al toro perfectamente colocado en suerte. Los primeros compases de faena vuelven a hipnotizarnos, ayudados por bajo preciosos, ejecutados muy despacio, templados, ganándole pasos hasta los medios. El toro humilla y repite en los primeros compases por el pitón derecho, derechazos repletos de gusto, cada muletazo un cartel, componiendo la figura, finura en el embroque y elegancia en la conducción, todo por abajo, siempre. Poco a poco le va cogiendo el punto a la embestida humillada y con recorrido del Garcigrande trasladando al tendido la sensación de que de nuevo íbamos a ver algo grande. Donde rompió la faena fue por el izquierdo. Por ahí fueron surgiendo los naturales mágicos, sueltos, cobrados de uno en uno, cierto, pero es que fueron de locura, perfecto de colocación, dándole el pecho, figura elegante, adelantando la muleta, tirando del toro con suavidad, ni un tirón, temple, muy despacio, superlativos, hondos, cada uno seguido de un olé ronco, emoción desbordada. faena de menos a más y, como la de su anterior toro, perfectamente medida, cabeza despejada y claridad de mente, sin agrandar el metraje ni un minuto más de lo preciso, lo justo y necesario que decimos en misa, para llevarnos en un delicioso estado de  hipnosis a un epílogo de faena apoteósico, los brazos desmayados, la muleta caída, trincherillas de ensueño y cambios de mano gloriosos hilvanados a una serie final que desprendía torería de norte a sur y de este a oeste, con desmayo en la figura, embraguetado, pasándoselo muy cerca, y todo con la delicadeza y elegancia que toda la tarde ha mostrado. Un pinchazo arriba y una casi entera ligeramente desprendida no son obstáculo para que Ortega cobrara una oreja de ley y justicia no solo por lo hecho en este toro sino por su actuación en el conjunto de la tarde que puede definirse con esa palabra tan bella que lo dice todo: Torería.

Morante de la Puebla no ha tenido opciones con el peor lote de la corrida. Tan solo las verónicas de recibo al primero, con el mentón hundido, cadenciosas, preciosas, con el sello único del maestro, pueden destacarse.No hubo toro, no se sostenía por su falta de fuerzas. faena imposible aunque lo intentó a media altura, pero como le bajara la mano lo mínimo el animal se derrumbaba. Un par de series y visto  lo que era evidente optó por el único camino posible, cortar por lo sano y entrar a matar. Más de lo mismo en el cuarto, se quedaba muy corto, sin recorrido ni fuerzas, pero es que para colmo éste se revolvió y repuso con peligro. No dudó ni un segundo Morante y abrevió con una entera colocada con enorme habilidad que nos ahorró minutos sin sentido. Bastantes le pitaron, les respeto y lo entiendo, pero a mi me parece que hizo lo correcto. No había de donde sacar, exponerse para nada y prolongar artificialmente un pegapases sin sentido sí me hubiera paracido censurable. De Morante admiro muchas cosas, su toreo me parece único y me proporciona emociones y sentimientos también únicos, pero haya algo que le reconozco y aplaudo, su honestidad, no engaña a nadie y sabemos perfectamente como es y como entiende el toreo. Y hoy ha sido honesto. ¡Ah! y en la memoria nos ha dejado dos delantales divinos y una media celestial al llevar al cuarto al caballo. Solo por eso, por ese embrujo y ese duende de Morante que Juan Ortega ha heredado, tan solo por eso, hubiera valido la pena pagar una entrada.

Antonio Vallejo
 

sábado, 22 de mayo de 2021

Me voy a cargar la Fiesta

Hoy sí, hoy ha respondido la afición, ¡menos mal!, aunque no ha habido lleno, al menos un muy buen aspecto de los tendidos. Claro, todo eso entendido en el contexto de los tiempos que vivimos, toros en tiempos de pandemia, con la aforo reducido. vamos, que si la entrada de hoy se hubiera producido hace 3 años diríamos que la Fiesta está herida de muerte. Pero es lo que hay y así hay que aceptarlo, no queda otra. Lo importante es que hay toros en Madrid a pesar de las circunstancias, algo que creíamos imposible hace pocos meses, no hace falta irse muy lejos, con 2 ó 3 es suficiente. Así que disfrutemos de este regalazo viviendo cada tarde de toros con intensidad, como si fuera la última, disfrutando de todo lo bueno que nos da, cada detalle, cada instante o el conjunto.

La verdad es que lo sorprendente hubiera sido que con el cartel de esta tarde la respuesta hubiera sido distinta. Se notaba al llegar a la plaza, ir y venir de aficionados, gente guapa y el famoseo que en estas tarde de claveles se deja ver por la plaza, aunque sea en Carabanchel. Sí, se sentía día grande, se veía en la cara de la gente, alegría e ilusión, al fin y al cabo eso es el toreo. Ir hoy a los toros era una oferta imposible de rechazar. En el cartel tres nombres de máximo atractivo, Diego Urdiales, muy del gusto de la afición madrileña, José María Manzanares, sobran las palabras, y Roca Rey, el futuro de la Fiesta, el que nadie se quiere perder, ante toros de una ganadería de primerísima línea, Victoriano del Río, con uno de Toros de Cortés, el segundo hierro de la casa. Si con estos argumentos la afición no hubiera respondido, apaga y vámonos.

Una tarde más hay que destacar la magnífica presentación de la corrida, cinqueños los del hierro de Victoriano, cuatreño el de Cortés, pero todos con una presencia y una seriedad imponentes, astifinos, enseñando las puntas, afiladísimos, ofensivos por delante pero sin las exageraciones que otras veces hemos visto en Las Ventas, donde parece que si los pitones no cruzan al otro lado de la M-30 no valen. Toros de magníficas hechuras, proporcionados, con trapío, altos y con volumen, muy en tipo Victoriano, que es lo mejor que se puede decir de una ganadería. Una corrida que, como la de ayer, se ha caracterizado por la movilidad y la exigencia, una corrida que no ha regalado nada y ha pedido mucho a los toreros.

Diego Urdiales nos ha brindado una tarde de naturalidad, elegancia, reposo, gusto, en definitiva, torería, de las que no se olvidan. El poso de la madurez y  la maestría, técnica y conocimiento al servicio del arte, una auténtica maravilla ante nuestros ojos, la manera de andarle a los toros, la manera de estar y la manera de irse de la cara del toro, la manera de citar, la figura en el embroque, suavidad y temple conduciendo las embestidas, imágenes toreras que rememoran otras épocas. Desde las verónicas infinitas de saludo al primero hasta que ha recogido la montera tras la muerte del cuarto todo ha sido torería. ¡Qué verónicas las del primero!, maravillosas, más que temple, a compás, ganando pasos con un empaque único a la vez que mecía los brazos, acompañándose con la cintura, encajado, enroscándose al toro, no sé las que habrán sido, no las he contado, se lo juro, pero se ha a cercado a la veintena, o por ahí han debido estar, verónicas que cada una era una caricia a la embestida, sedosas. La media de remate un cartel de toros, y la plaza entera en pie. Así ha empezado la tarde, desenfreno de las emociones. Con la muleta más de lo mismo, clase y elegancia en el inicio de faena, por bajo, andándola con torería infinita, suavidad y temple, llevándoselo a los medios casi en levitación, dominando al toro que venía fuerte, movilidad sin control, lo paró y lo sometió para componer dos tandas en redondo sensacionales, embraguetado, la mano baja, superando la tendencia del de Victoriano a soltar la cara, y todo natural ni una estridencia, relajado, reposado, una delicia. Se ve podido el toro y se raja en la primera al natural, busca la salida, huye, pese a todo lo sujeta en las rayas del 7 y acaba sacando dos o tres naturales con enjundia, largo y por abajo. Magistral el riojano que mata de entera volcándose ligeramente trasera. Con el cuarto, complicado y exigente, además de peligroso, nada pudo lucir de capa, pero en la muleta rescató del armario de la memoria del toreo ese que nos transporta a otra épocas, exquisitez, suavidad, naturalidad, compostura, naturalidad. Toreo inmortal por el pitón derecho, mano baja, reposado, muletazos largos, series abrochadas con sensacionales de pecho. Por el izquierdo no va, se queda debajo, suelta la cara con mucho peligro, pese a todo le consigue sacar un par de naturales de órdago. Cierra la faena con unas trincherillas de inmensa belleza, auténticos carteles que dan paso a una entera ligeramente desprendida tirándose a matar con decisión y rectitud que vale una más que merecida oreja no solo por este toro sino por toda su actuación, tarde de torería y gran dimensión.

José maría Manzanares tuvo en le segundo un toro exigente y encastado que no admitía la mínima duda ni el más ligero error. Las verónicas que le recetó de salida, a pies juntos, muy despacio, para rematar con una media de lujo fueron el exquisito aperitivo de lo que sería la faena de muleta. El de Victoriano pedía mando y mano baja, se lo dio el alicantino. Poniéndole la muleta adelantada, llevándolo templado por ambos pitones, la mano baja, alargando la embestida, consiguió componer tandas de magnífico trazo y enorme calidad, ligando con calidad, dejándonos detalles de sabor infinito como un cambio de mano larguísimo marca de la casa y unos pases de pecho supremos, como él los dibuja en el aire, muy largos, a la hombrera contraria. Todo eso enmarcado en esa personalidad y es gusto que impregna su toreo, amén de su elegancia innata y también, no se puede negar, una técnica y una capacidad para someter a los toros fuera de serie. Lo raro es que Manzanares, un cañón con la espada, pinchara a la primera en la suerte de recibir y enterrara una media arriba que hizo doblar al toro. El que hizo quinto no permitió nada, imposible para el lucimiento. Corto de recorrido y justo de fuerzas desde que saltó, sin emplearse, deslucido. Bastante hizo el alicantino con mantenerlo en pie, todo a media altura, sin obligarle lo más mínimo porque se venía abajo. Técnica y pulcritud en su muleta pero ni gota de emoción, no había nada. Con acierto abrevió y tomó la espada, lo mejor que se podía hacer viendo el percal. 

Siempre se le espera a Roca Rey con la máxima expectación , hoy no podía ser una excepción, sobre todo tras su triunfo tan solo 48 horas antes en este mismo ruedo. El tercero tuvo una salida desconcertante,  mucha movilidad pero sin criterio, echando las manos por delante y la cara arriba. Verónicas a pies juntos con cierta calidad y un par de chicuelinas ajustadas ajustadas son lo único que pudo hacer con el capote. Sabedor de la responsabilidad que conlleva ser figura fue a por todas desde el inicio de faena sin guardarse nada. Estatuarios ayudados por alto en los medios hilvanados a un par de trincherillas de escándalo, declaración de intenciones. Toro tardo y probón pero que cuando embiste lo hace por abajo. Por el pitón derecho le encuentra la medida a la perfección, adelantando la muleta, embarcándolo en un viaje con largura, temple, profundidad, perdiéndole un pasito entre muletazo y muletazo para quedarse perfectamente colocado y poder ligar, la esencia de la emoción. Por el pitón izquierdo le cuesta un mundo, tardo, sin recorrido, se queda a medio pase y se revuelve. Es el derecho el único pitón potable, queda claro y por ahí es por donde continuó toda la faena. Toreo en redondo por bajo, mandando y ligando hasta que se fue apagando el de Cortés. Lo que he comentado muchas veces, si el toro no embiste lo hace Roca Rey. Y así ha sido, acortó distancias el peruano para meterse literalmente entre los pitones para trazar circulares por la espalda de mucha exposición, tanto que en uno de ellos le voltea por las aires sin consecuencias. Lástima que la espada se le fuera baja porque la faena fue un derroche de valor y disposición además de mando y capacidad. El sexto también se queda corto en el capote, además sale suelto, sin fijeza, primeros tercios desordenados, mala lidia. Lo mejor fue el quite del peruano a la salida del puyacito, un quite por chicuelinas y tafalleras con una revolera y larga cordobesa de remate. En la muleta solo tuvo el inicio, electrizante, de rodillas en los medios, dos cambiados por la espalda, un muletazo en redondo larguísimo, un cambio de mano más largo aún y una vez incorporado culminar con uno de pecho mirando al tendido y otro de desdén con la misma mirada. La movilidad del toro la aprovechó Roca Rey para trazar derechazos largos, ligados con mano baja, pero el toro va a menos desde muy pronto. Lo intentó el peruano por el otro pitón pero la cosa no mejoraba. Entrega y disposición de Roca Rey que consiguió algún derechazo y algún natural aislado con calidad, pero el trasteo careció de ritmo, continuidad y emoción. Al menos se lo quitó de en medio de una entera levemente trasera que acabó con el último de la tarde.

Cada uno podrá ponerle el calificativo que quiera a esta tarde de claveles, pero el único que no me encaja es aburrida. Incluso diria que ha sido una buena tarde que solo ha tenido un lunar que no ha estado en el ruedo, sino justo en la fila inferior a la mía. En esas localidades lleva unos días apareciendo un personaje de voz realmente peculiar y sonora al que todo, absolutamente todo lo que sucede le parece mal y que hoy nos ha dado la tarde. Bueno, realmente media tarde, los tres primeros toros, porque en el cuarto ha desaparecido, gracias a Dios. Es de estas personas que yo no entiendo que vayan a los toros, sería mejor que buscaran otra afición u otro entretenimiento porque, sinceramente, tiene que sufrir viendo que todos los toreros lo hacen mal, especialmente las figuras que tiene atravesadas, y que todos los que estamos en la plaza somos unos ignorantes que no vemos lo que solo ve él y un par de personas más que le acompañan y corean sus dogmas. No es por no ir, pero ir "pa ná", para pasarlo tan mal, es tontería, que decía aquel. Es de los de la banda del "¡crúzate!" constante, de los del pico, y todos esos latiguillos y gritos cultivados en el 7 venteño   repetidos temporada tras temporada a los que hoy han incorporado uno nuevo. Como todos los que estábamos en la plaza hemos coreado con olés las faenas de Urdiales, Manzanares y Roca Rey y según su infinita sabiduría éramos unos ignorantes y no estábamos viendo la única verdad, la suya, la que solo ellos podían advertir, tanto el personaje en cuestión como su amiga en sapiencia, pureza y verdad del toreo se han pasado repitiendo toda la tarde la chica y afortunadamente solo durante los tres primeros toros el individuo una frasecita que me imagino que pronto ingresará en la lista del hit parade de los gritos de este grupo portador de las esencias y sabiduría del torero: "se van a cargar la Fiesta". Sí, no es coña ni exageración, constantemente repitiendo el latiguillo cada vez que un muletazo era  acompañado con olés o cuando se aplaudía una serie, o un remate porque realmente nada estaba bien hecho. Pues les digo una cosa, yo lo he pasado muy bien esta tarde, he disfrutado a pesar de la turra que nos han dado los dos, es más estoy encantado de no tener ni idea y haber gozado con la torería de Urdiales, la clase y porte de Manzanares y el valor de Roca Rey, aunque intentaré llevar con resignación cristiana la losa de saber que soy uno de los que se va a cargar la Fiesta.

Antonio Vallejo