Sinceridad, honestidad, verdad, valores perdidos en estos tiempos dominados por el postureo, dirigidos por unas redes sociales prototipos del aparentar, en las que se muestra lo que no se es, en las que el sufrimiento, el sacrificio, el dolor o el fracaso están prohibidos, en las que solo se acepta lo amable, las sonrisas fingidas y los cuerpos retocados, en una sociedad enferma que niega la realidad y busca construir mundos imaginarios, resulta muy gratificante ver hombres que llevan por bandera principios y virtudes que no están de moda. Uno de esos hombres es Román, portador de esos valores, fiel a todo aquello en lo que cree, el torero de la eterna sonrisa, probablemente porque tiene las ideas claras y la conciencia muy limpia, transparente, sin dobleces, sin nada que esconder, lo que se ve es lo que hay, nada es impostura, solo es verdad. Quizás por eso sea uno de los toreros a los que más se respeta en esta complicada plaza que es Madrid, porque siempre ha venido de verdad, con mejor o peor fortuna, pero siempre honesto, dándolo todo, sin reservarse ni guardarse nada. Hoy ha vuelto a hacerlo con el que saltó como cuarto al correrse turno por el percance de Galván en un quite al tercero. Un toro de Conde de Mayalde muy serio y abierto de cara, como toda la corrida, encastado, con movilidad, fijeza y repetición, de mucha transmisión y emoción. Generoso a más no poder el valenciano, conocedor de lo que Madrid y exige pero sabedor de lo que Madrid se entrega cuando la verdad del toreo preside la faena, se ha plantado firme y decidido dándole distancia al de Mayalde, la muleta planchada, adelantada, para embarcar la embestida en los vuelos aprovechando su movilidad y, con un temple supremo, reducir la embestida y correr la mano baja en unas tandas en redondo de majestuosa profundidad y largura que rápidamente han llegado a los tendidos que han respondido con roncos y sentidos olés. Por el izquierdo mismo ritmo, alegre el galope del animal, naturales hondos y largos, ligazón, misma transmisión y emoción en tres tandas rotundas, sobre todo la última, toda la plaza en pie rompiéndose las palmas en una tremenda ovación. El final por bajo, con gusto, flexionado, con mucho temple, fue el broche de oro perfecto. Tanta verdad, tanta honestidad, tanta sinceridad, tanta generosidad no podían quedar en el vacío, Madrid quería el triunfo, no hubiera sido justo, todos queríamos hundir la espada, era impensable otra opción. Y lo mató, vaya si lo mató, recibiendo, la espada arriba, hasta la yema, explosión de alegría y miles de pañuelos de una plaza rendida al valenciano pidiendo una oreja que tiene mucho, muchísimo peso, que es más que un trofeo para la estadística, es el premio a un hombre íntegro. Ya con el descastado y falto de entrega segundo había mostrado la generosidad con la que ha venido a Madrid. Toro rebrincado y un tanto tardo que concedía muy poco pero al que sin dudarlo le dio distancia, le citaba en largo, pero le costaba mucho arrancar, y cuando lo hizo no mostró entrega alguna. Pero nunca renunció Román a la verdad, le bajó la mano y pudo dibujar dos derechazos y otro par de naturales de muchísima enjundia, que arrancaron unos olés sordos de los que estremecen, reconocimiento a su honestidad. Duró poco el de Mayalde, tan solo un par de tandas por cada pitón, se vio podido, se rajó, buscó refugio en las tablas y no hubo más. En esos terrenos poco propicios para la suerte suprema pasó un mal trago Román con la espada, el toro amorcillado, pegado a las maderas, nada fácil pasaportarlo. El silencio tras doblar el toro creo que es una muestra del respeto de Madrid hacia este torero, que se lo ha ganado a pulso por toda su verdad cada tarde que ha pisado la arena de la Monumental.
Lo de hoy con David Galván podríamos titularlo "compendio de adversidad". Increíble pero cierto, todo lo que podía pasar y salir mal, ha pasado y salido. Para empezar, venía a matar una corrida de Conde de Mayalde. Pues bien, ha matado dos sobreros de Fermín Bohórquez al ver devueltos su lote del hierro titular por inválidos y en ambos el pañuelo verde ha asomado ¡en el tercio de banderillas!. Y claro, no es lo mismo matar toros de Contreras-Domecq que Murube-Urquijo, la verdad, pequeño detalle y gran contratiempo, ¿no?,Por lo menos hemos visto el debut del hijo de Florito en su tarea de mayoral con la manada de mansos para retirar a los toros, y ha quedado patente que ha aprendido bien de quien le ha enseñado, lo ha resuelto en un visto y no visto. El primero de los sobreros, de 603 Kg nada menos, enorme, tremendamente serio, no fue nada fácil, daba la impresión de llevar tiempo en los corrales y estar resabiado, por no decir corraleado. Toro incómodo y exigente, que no concedía nada y ante el que había que estar con los cinco sentidos. No renunció a nada el gaditano a pesar de las complicaciones, arrancó por estatuarios, buscó siempre ponerle la muleta y bajarle la mano por ambos pitones, expuso con valor y tragó un rato miradas del murube, con el añadido del viento que hacía flamear la muleta y dejarle descubierto. Muy firme Galván pero sin poder llegar a los tendidos por la escasa transmisión del toro, faena para calibrar y valorar en su justa medida por lo que aguantó. Al iniciar el quite que le correspondía por turno al tercero, otra adversidad, esta más seria. No sé si fue arrollado o barrido por una de las patas del animal, en la plaza no pude apreciarlo bien, pero el caso es que cayó al suelo y en ese momento debió ser cuando el de Conde de Mayalde le dio un puntazo en la espalda. Fue llevado en volandas por su cuadrilla a la enfermería donde fue intervenido y no pude reaparecer hasta el sexto turno para matar su segundo toro, que también fue devuelto en idénticas circunstancias y motivos que su primero y tuvo que vérselas con otro sobrero de Fermín Bohórquez tan voluminoso como el anterior, 600 kg de carne, muy reservón y también con sensación de tener algunas horas de vuelo. Poca movilidad, medía, muy complicado, ante el que Galván demostró mucho valor y firmeza para intentar robar algunos muletazos de bastante mérito vistas las condiciones del animal. Poco más pudo hacer el de San Fernando en una tarde en la que todo lo malo que podía pasarle, pasó.
Para Gonzalo Caballero la de hoy era una tarde muy especial. Todos sabemos el enorme compromiso y la infinita entrega que el madrileño siempre ha tenido y tiene a favor de varias causas benéficas. Entre ellas su enorme implicación con la Fundación Aladina para la investigación y lucha contra el cáncer infantil y, sobre todas las que participa, quizás "La sonrisa de María" que Caballero promovió puso en marcha sea la más conocida. María, esa niña siempre alegre que hace pocas semanas falleció por un sarcoma de Ewing, gran aficionada y admiradora de Caballero, ha estado muy presente hoy en Las Ventas. He sabido que el vestido rosa y oro que hoy ha lucido Gonzalo era el favorito de María - les juro que me estremezco y emociono al escribir esto - y el brindis y el beso que ha lanzado al cielo azul purísima que gracias a Dios hoy también ha presidido Madrid tenían un único destinatario, es ángel que desde el cielo verá los todos sin padecer ya más sufrimiento. El tercero fue un toro con nobleza pero sin acabar de entregarse quizás por falta de poder. Le dio distancia el madrileño, intentó conducirlo por bajo pero el toro respondía a medias, parecía que quería pero no podía, sin demasiada emoción teniendo que buscar los pases uno a uno, rectificar y buscar la colocación una y otra vez, por lo que el trasteo le faltó ritmo y ligazón y no llegó a tomar vuelo. El segundo de su lote, corrido en quinto lugar, fue encastado y tuvo buen embroque, pero le faltó final y acabar de entregarse. Una lástima porque con un punto más de empuje creo que podía haber dado un juego interesante. Pese a todo dibujó muletazos de buen trazo, acoplado y encajado, bajando la mano, con el toro metiendo bien la cara, tirando de la embestida para alargar el viaje, pero alternados con otros pases en los que la llevaba a más de media altura, muy irregular y sin poder redondear la faena. Una pena porque su disposición fue absoluta y creo que ha estado claramente por encima de su lote.
Y para cerrar, un día más, mencionar la soberbia actuación de José María Soler, saludando desmonterado tras dos pares extraordinarios al sexto, Iván García también en el tercero con dos pares monumentales y con una brega magistral al quinto, y Ángel Gómez cuajando un tercio de banderillas antológico en ese mismo quinto. Si he comenzado alabando la inmensa verdad de Román, tengo que acabar alabando la no menos inmensa verdad de estos banderilleros que cada tarde nos emocionan con su capacidad y entrega. Hasta el martes con la primera novillada.
Antonio Vallejo
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