sábado, 9 de mayo de 2026

1ª de San isidro: La séptima de Talavante

 

Poco ha habido que esperar para contemplar la primera Puerta Grande de este ciclo isidril 2026, tan solo cuatro toros, hora y media más o menos,  tras desorejar Alejandro Talavante a Ganador, un magnífico toro de Nuñez del Cuvillo en la muleta, que es donde rompió, porque en los primeros tercios no mostró nada de nada. Huidizo de los capotes, sin celo alguno, más bien manseando, buscando las tablas. Mismas condiciones en varas, manseando aún más, sin emplearse, lo poco que estuvo en la pelea lo hizo sonando el estribo, y en el segundo puyazo, si es que a eso que hemos visto se le puede llamar puyazo, salió despedido como si hubiera chocado con un muelle. Pero, para mi, hay un punto de inflexión que lo cambia todo, la sensacional lidia de Francisco Javier Ambel, magistral, echándole el capote abajo, encelándolo, un solo capotazo le bastaba para colocarle ante los banderilleros, no dio ni uno de más, ahormó al toro y ahí empezó a sacar a la luz todo lo que guardaba escondido el de Cuvillo. Fueron después Álvaro Montes y Manuel izquierdo los que, ejecutando con pureza la suerte de banderillas, mostraron el recorrido, la movilidad y la fijeza del toro. Y desde ese momento lo que no parecía se abrió ante nuestros ojos y Ganador rompió a embestir en la muleta de un Talavante firme y rotundo que cuajó una gran faena, quizás una de la más redondas que se le recuerdan al extremeño en Las Ventas. Prólogo por estatuarios y pases por bajo de buena factura que arrancaron los primeros olés para dar paso a un par de tandas por la diestra toreando con la cintura y unas muñecas de seda, de trazo curvo, ligadas por bajo, profundas, de enorme recorrido, todo el que tenía Ganador, que repetía con movilidad y mucha entrega, noble, humillando, incansable perseguía los engaños. Una par de cambios de mano hilvanados a unos naturales que acabaron en auténticos circulares y unos de pecho de pitón a rabo prendieron la mecha de una emoción que alcanzó el clímax con el toreo al natural. Fueron tres la series por el magnífico pitón izquierdo de Ganador, tres series hondas y ligadas con la mano muy baja, barriendo la arena venteña, enroscándose la embestida, los pitones cosidos a una franela perseguida con fijeza y celo por el incansable Cuvillo, rematando con extraordinarios de pecho y unas luquecinas que pusieron la plaza en pie. el final fue por bajo, trincherazos y alguno de la firma cargados de belleza para rubricar la obra con un estoconazo arriba que pasaportó a Ganador. Los tendidos se tiñeron de blanco, las dos orejas, para mi de ley y sin discusión alguna, cayeron casi al instante, y luego el pañuelo azul para premiar al muy buen toro con la vuelta al ruedo. Y aquí sí que hubo polémica y, personalmente, me sitúo entre los que lo consideran excesivo premio, ya que es cierto que en la muleta rompió y fue un gran toro pero no cumplió absolutamente en varas, se podría decir que ni siquiera se le picó, y peores condiciones aún mostró de salida en los capotes. Creo que hubiera sido despedido con una atronadora ovación en el arrastre, justo y merecido reconocimiento, pero para sacar el pañuelo azul en Madrid hay que pedir más a un toro. Y si nos olvidamos de los primeros tercios y SOLO  valoramos la muleta... mal vamos, se pierde la verdad e integridad del toreo. 
No cabe duda que todo lo sucedido en el resto de la corrida queda eclipsado por este cuarto toro, pero ha habido algunas cosas destacables para bien y para mal. No ha sido la tarde de Juan Ortega. Ninguna opción ha tenido con el protestado tercero, tanto por falta de remate como por su evidente falta de fuerzas y condiciones. Ni una opción para el sevillano que porfió en exceso ante lo imposible, algo que no gustó nada y se le reprochó con razón. Otra historia fue el quinto, un toro exigente y con movilidad ante el que en todo momento vi a un Ortega desconfiado y sin las ideas claras. No consiguió acoplarse en los lances de saludo con el capote, cosa rara en el sevillano, ni tampoco al llevar al toro al caballo ni replicar a un quite por saltilleras y gaoneras del confirmante Tristán Barroso. Muy bueno fue el tercio de banderillas a cargo de Jorge Fuentes y J. Ángel Muñoz "Perico" que ejecutaron los pares con verdad y limpieza, mostrando y aprovechando la movilidad y fijeza del Cuvillo. Era un toro que, a mi modo de ver, llegó con  buenas condiciones a la muleta, movilidad y fijeza, además de una exigencia que pedía a gritos poder y mando. La verdad es que los primeros compases hacían pensar en algo bueno, genuflexo el sevillano, conduciendo la embestida con temple, por bajo, largo recorrido, movilidad y repetición del toro. Y buena fue la primera tanda por el derecho, reduciendo la embestida y frenando la inercia del viaje a base de temple, ligando con gusto y emoción. Pero no me pregunten por qué ahí murió la faena, un par de toques a la muleta y todo se vino abajo. No sé si el toro, al verse podido, comenzó a defenderse echando la cara arriba, o si el sevillano pretendió ponerse a torear en redondo y al natural sin considerar la exigencia del animal, o ambas cosas a la vez. El caso es que desde ese momento todo discurrió entre una sucesión de pases y más pases sin sentido de un cada vez más desconfiado y desconcertado Juan Ortega. Una pena, porque era un toro con opciones y que en sus embestidas guardaba emoción, pero probablemente precisaba otro registro de toreo, de poder y someter, menos preciosista que su estilo pero más efectivo ante este tipo de toros.
El madrileño Tristán Barroso confirmaba alternativa y vino a darlo todo, por lo que poco se le puede reprochar aunque, como es lógico, le queden muchas cosas por pulir. Podría decir que ha estado aseado, correcto en cuanto a técnica, maneja bien el capote. No ha toreado mal a la verónica, ha entrado en quites en el quinto, por saltillras y gaoneras, y también en el de su confirmación por chicuelinas ajustadas. Y con la muleta ha estado pulcro en el primero, un toro noble y con fondo de clase que metía bien la cara y se dejaba hacer, tratando de conducir las embestidas por bajo y ligar los muletazos con temple, aunque la ha faltado algo de mejor colocación y su toreo adolece de resultar un tanto de escuela, quizás demasiado mecánico y previsible, pero tiene tiempo por delante y capacidad para mejorar. Repito, no estuvo mal en el primero pero tampoco aportó nada que haga pensar en un torero "diferente". Y con el que cerraba plaza intentó hacer todo y un poco más, demasiado deprisa y un tanto embarullado, sin dar pausas ni reposo, que probablemente sea lo más difícil de lograr cuando se es tan joven y se quiere demostrar mucho en poco tiempo. Pero ganas y disposición no se le pueden negar, y valor y exposición tampoco. Basta ver como planteó el inicio de faena al sexto, de rodillas en los medios, pasándoselo por la espalda dos veces, arriesgando en cada muletazo, tanto que el Cuvillo le prendió del muslo y pasó unos instantes de tremendo agobio entre los pitones de un toro que tenía complicaciones y muchas teclas que tocar para someterlo, demasiadas cosas para empezar, difícil empresa. Confiemos que este joven madrileño tenga más oportunidades y pueda cumplir sus sueños. Y no quiero acabar sin nombrar una vez más a un torero de plata, Mathieu Guillón que ha colocado al sexto dos pares magistrales que le han obligado a desmonterarse para recoger una enorme ovación. Nunca olvidemos a estos hombres absolutamente fundamentales para la lidia y que cada tarde dan muestras de su maestría.
Así que este San Isidro 2026 comienza exactamente igual que el de 2025, con una Puerta Grande para Talavante, la séptima para el extremeño, que se convierte así en el matador en activo con más salidas a hombros camino de la calle Alcalá, todo un record. Como record también tiene pinta que puede ser la asistencia a los toros este año. De momento primer día y primer lleno de "no hay billetes", algo que no está mal para un espectáculo que, según el lumbreras de Urtasun, no interesa a nadie. No es más tonto porque no entrena. Mañana más, aunque les moleste.

Antonio Vallejo

viernes, 8 de mayo de 2026

Comienza San Isidro 2026, la feria de la I.A


 Faltan tan solo unas horas para que arranque un nuevo San Isidro, el del primer año de la nueva era del toreo, 345 días después de Morante, del día que el tiempo se detuvo, los relojes se congelaron y los calendarios estallaron tras la faena de Genio del Toreo al primero de la tarde de aquel 28 de mayo de 2025. Ahí comenzó todo, ni siquiera hizo falta que saliera a hombros, para eso estaban las tardes del 8 de junio, Beneficencia, la locura, y del 12 de octubre, la Hispanidad, el éxtasis, para mostrar al mundo entero lo que iba a suponer esta nueva era. Lo dije y lo repito, Morante  no es que tenga el duende, es que él es el duende, y todo lo demás, con perdón, resulta vulgar. Pero tras el éxtasis vino la orfandad, el vacío, se arrancaba la coleta y la desolación inundó nuestras almas taurinas. ¿Que iba a ocurrir?, ¿era un adiós o un hasta cuando pueda volver a ser?. Dudas, incertidumbre, pesar, melancolía, añoranza, desolación y no sé cuantos sentimientos más se mezclaron en mi cabeza y mi corazón durante varios meses. Pero apareció un halo de esperanza, los primeros rumores, unos decían que sí, que seguro, otros no se atrevían a tanto, dudaban, pero el murmullo iba cada día a más y, por fin, el 21 de enero de 2026 se confirmaba la noticia, el Genio del Toreo volvería a vestirse de luces nada más y nada menos que el Domingo de Resurrección en la Real Maestranza sevillana. ¡Y se hizo la luz en el toreo!. Y Morante provocó el delirio en una faena antológica de inspiración, naturalidad, armonía, embrujo, belleza suprema, arte en su máxima expresión, el duende hecho carne, con un vestido nacido de la mente del maestro y la increíble creación de Justo Algaba, catafalaco y azabache, cargado de cristales de Swarovski y algunos brillantes incrustados que relucían bajo el sol de la primavera que volvía a reír, y cargado de simbolismo, la luz de la Resurrección de Cristo y también, por qué no, la resurrección del toreo, marcada por nuevas noticias que confirmaban la presencia del de La Puebla del Río en la Feria de Abril, también en Jérez y en agosto en el Puerto de Santa María, ¡ahí es nada!. Si en Madrid fue la locura y el éxtasis, si el Domingo de Resurrección fue el delirio, la tarde del 16 de abril convirtió a Sevilla en un manicomio tras la faena a un toro de Núñez del Cuvillo, de nombre Colchonero, que fue un compendio de la tauromaquia de todos los tiempos. Desde su barrera del cielo todos los grandes maestros de la historia vieron resumidas todas sus tauromaquias en 20 minutos. Lagartijo, Chicuelo, Belmonte, Joselito El Gallo, Bienvenida, Carmona "El Gordito", Ordoñez, Ortega, Paquirri, Paula... se volvieron también locos allí arriba. Y el gran Curro Romero, en su casa, seguro que también, disfrutó como nunca. Como tampoco que me cabe dudad que  todos los matadores actuales y los que vendrán, soñaron el toreo eterno. Y digo bien, soñaron, porque Morante torea como los demás sueñan. 
Mientras todo esto ocurría en la nueva era esperaba ansioso alguna noticia de Madrid, pero nada, ni mú, silencio absoluto. ¡Claro!, ¿cómo no he caído? Parece mentira que se me pasaran ciertos detalles. A ver, echemos cuentas. Fue el 21 de enero cuando se confirmó el Domingo de Resurrección, y luego en febrero y marzo las demás tardes anunciadas con Morante en el cartel. ¡Pero si para esa fechas los carteles de San Isidro estaban más que anunciados, confirmados y presentados!. De toda la vida la Feria de San Isidro se presentaba en abril, una vez bien arrancada la temporada, contando por ejemplo, con lo que había pasado en Valdemorillo, Olivenza o Castellón, además de otras cuantas plazas más, y un par de ferias que, a mi modesto entender, tienen cierta relevancia, Fallas y Abril, y se contaba, además de las grandes figuras, con quienes habían despuntado o triunfado en los primeros meses de la temporada. Pues ahora no, ahora vivimos los tiempos de lo inmediato, mejor dicho, de la prisas, y las prisas ya se sabe que son de ladrones o malos toreros. Estábamos preparándonos para comer el turrón navideño cuando las combinaciones de San Isidro eran más que un rumor. Poco después de la uvas ya fueron una realidad, y el 5 de febrero se presentaron "oficialmente" en una gala a la que asistí y para la que no encuentro el calificativo adecuado. Y así ha salido el cartel de este San Isidro 2026 como ha salido, fruto de estos tiempos de la inmediatez, de lo rápido, del "no se puede esperar" - eso queda demostrado porque desde el 6 de febrero que comenzó la renovación de abonos - clin-clin, caja, y de la famosa inteligencia artificial, la I.A, el chat GPT, ¿se escribe así?, "chati", como le llaman los jóvenes. De verdad, miren los carteles y díganme lo que opinan. Yo les digo lo que a mi me parece. Me da la impresión que al chati le han dicho que componga combinaciones de toreros y ganaderías para cubrir ese brutal número de tardes y el pobre, claro,  no ha hecho más que obedecer. Ha cogido la información de los últimos años, algo de aquí y allá del escalafón, con las ganaderías algo similar y en un par de minutos un batiburrillo, o remix que dicen los modernos, y ¡olé!, el cartel listo para publicar. Sinceramente, me parece un San Isidro con poco atractivo, casi copia y pega de los dos últimos años, con pocos carteles medianamente rematados y ninguno realmente rematado para mi gusto, nombres que están no por su momento sino por otros motivos, algunos que repiten y tripiten tardes - no digo que no lo puedan merecer - que me cuesta entender por qué y que me chirrían, tanto como alguna ausencia como la de  Ginés Marín, se debió volver loco el bueno de chati para no encontrar ni un hueco donde acoplarle. Y ya no digo nada de la posibilidad de que Morante hubiera podido venir a Madrid, aunque la realidad nos ha golpeado de nuevo en la cara en forma de cornada grave el pasado 20 de abril y hubiera sido prácticamente imposible su presencia, aunque empieza a haber rumores de una no muy tardía reaparición, Dios lo quiera. Pero por lo menos, si esas prisas por presentar los carteles y cobrar los abonos - por cierto, cada año más, ya van por 19.000 y pico , me parece - no primaran en esta empresa, a lo mejor.... ¡quien sabe!.
Luego saldrá lo que tenga que salir, y a lo mejor resulta que es el mejor San Isidro de todos los tiempos, ojalá sea así, pero me parece todo bastante predecible y tengo muchas dudas y poca convicción en lo que pueda ver, aunque seguro que habrá algunas faenas buenas o incluso puede que muy buenas, grandes pares de banderillas, seguro, puede que algún tercio de varas por fin se ejecute como se debe y sea vibrante, estocadas sensacionales.... incluso seguro que nos divertimos más de un día, al menos con las broncas del 7, un clásico en esta plaza. Muchas cosas pueden pasar en este largo mes, con 15 a 20 tardes para mi hubiera sido más que de sobra para confeccionar una feria de gran nivel, pero va a haber una que no va a pasar, el duende. Ese no aparecerá, quizás algún delegado suyo, pero el verdadero duende no, a lo mejor en Otoño, Dios lo quiera. 

Antonio Vallejo