jueves, 28 de mayo de 2026

17ª de San Isidro: Jarocho se impone con temple y valor

Cuando hoy a mediodía he ido, como suelo hacer cada día de toros, a buscar información sobre el apartado y sorteo en este caso de los de Pedraza de Yeltes, ver sus fotos para hacerme una idea de la presentación, sus edades y sus pesos, lo primero que he pensado ha sido que si con tantos kilos como se iban a reflejar en la tablilla, cuatro de los seis lidiados sobrepasaban los 600 kg, y otro andaba cerca, serían capaces de moverlos, y si lo hacían, cuánto podrían aguantar, y la verdad es que no ha sido mucho. Para mi ha sido una corrida que no ha tenido en la movilidad su fuerte, sinceramente, ni en el recorrido, ni en la repetición, ni en la humillación, ni en la entrega, una corrida en la que ha habido varios con aceptable embroque pero sin buen final, rematando casi siempre por encima del palillo. Y con todo eso, ¿dónde ha estado la emoción que ha surgido en momentos puntuales?. Pues en tres o cuatro arrancadas al caballo del tercero y sexto, desde lejos, entrando con fuerza aunque solo fuera por la inercia de sus kilos, eso sí, después de pensarse muy mucho aquello de arrancarse, en los pares de Iván García, sí, otra tarde más, ya ni sé las que le he visto ni las que quedarán por verle lidiar y clavar los palos con tanta maestría, en un sensacional puyazo de Juan Melgar, en el milagroso quite de Raúl Ruiz, que volvía a las Ventas tras su grave cogida el pasado 1 de mayo en esta misma plaza, salvando a Isaac Fonseca de un serio percance en el quinto al desequilibrarse tras entrar a matar y quedar a merced del toro, o en el peligro sordo que algunos de los lidiados llevaban dentro, reservones, colándose, midiendo, mirando, soltando derrotes secos, algo que para algunos es emoción, la del sobresalto, la del miedo. De eso ha habido, no era difícil de esperar conociendo a estos toros, duros, pero creo que por encima de todo, si hablamos de emoción, esa la ha puesto Jarocho, quien  a base de mucho valor y temple se ha impuesto al encastado y exigente tercero y con ese mismo temple además de gusto, al noblote pero sin entrega sexto. Fue el tercero, un toro con mucha movilidad, que tuvo dos arrancadas vibrantes al caballo, que en banderillas sembró el caos al cortar y apretar, y que en la muleta no resultó nada fácil, se movía y desplazaba, pero lo hacía sin clase ni entrega, sin humillar, con mejor embroque que final, rematando siempre por arriba, colándose, una por el derecho en los primeros compases fue de espanto, se libró por los pelos el burgalés. Vaya cómo le plantó cara Jarocho, firme y con valor, una batalla a cuerpo limpio, poniéndole la muleta, echándosela abajo, obligándole, tragando los arreones, aplicando un temple exquisito que aplacara el genio del de Pedraza y de paso hiciera ver a los que estaban claramente a favor del toro confundiendo desplazamiento y genio con bravura, que es otra cosa, por ejemplo humillación y repetición, en definitiva, entrega. Poco a poco, con firmeza, valor y tesón, lo fue metiendo en la muleta para componer series con enjundia, de buen trazo, algunos pases de mucha belleza, ganando la batalla. Y ante el sexto, otro que tuvo una arrancada muy emocionante al caballo de Melgar que ejecutó el puyazo a la perfección, vibrante y emocionante tercio, aprovechó la nobleza que tenía el animal para componer una faena de mucho temple y gusto, toreando muy despacio porque el de Pedraza no daba para más con sus 611 Kg, y con muletazos de uno en uno porque le costaba Dios y ayuda repetir. Toro con embroque bueno pero de recorrido más que justito y sin remate, se quedaba casi siempre a medio muletazo y acababa siempre arriba, al que Jarocho supe administarle las alturas y las pausas sensacionalmente, y a base de medios muletazos perfectamente colocado, enganchándole en la cadera, llevándolo muy despacio, consiguió momentos de enorme calidad en su toreo, sobre todo cuatro naturales, cuatro, sí, cuatro, de mucha hondura coreados con olés desgarrados. Lo curioso es que esa misma faena con un toro de idéntico juego pero de otro hierro, en otras tardes ha sido objeto de enormes críticas e improperios, ¿hoy no tocaba?.¿Ni tampoco llevaban algunos lo pañuelos-manta verdes para sacarlos cuando ha blandeado y perdido las manos en los primeros tercios?. Curioso. Importante tarde del burgalés.

El lote de José Fernando Molina dio para poco. El segundo era tan noble como soso y distraido, pasaba por allí porque le habían llevado en un camión y le habían bajado en la plaza, pero tenía menos ganas de embestir que Mbappé de correr. Un toro vacío, descastado, sin nada de chispa ni gracia, más soso que la comida de hospital, deslucido a más no poder. Trató de ponerle voluntad el albaceteño pero aquello era una ruina. El quinto al menos se movía algo más, acudía al engaño pero carecía de recorrido y además salía totalmente desentendido, mirando a las musarañas, por lo que era imposible la ligazón y, por tanto, la emoción. Porfió Molina pero lo único que encontró fue incomprensión ante la evidencia, aquello no había por donde cogerlo, por mucho que hiciera para envolver al toro se iba por fuera, escuchando reproches injustificados. 

Isaac Fonseca tuvo un primero que tuvo muy poca emoción, con cierta clase y nobleza al meter la cara pero un tanto reservón y de escaso recorrido ante el que demostró mucha paciencia poniéndole la muleta una y otra vez, tratando de tirar del toro, muy remiso a pasar, pero que la final tuvo recompensa en un par de tandas en redondo de mucho mérito, sin quitarle la muleta de la cara, ligadas por bajo, profundas, de mucha intensidad. Nada más tuvo el animal y nada más pudo hacer el mexicano. El que hacía cuarto al menos le permitió lancear a la verónica en el saludo, pero poco más aportó el de Pedraza, sin pena ni gloria en varas y discreto en banderillas. Se fue a los medios para arrancar la faena, aparentemente por estatuarios por la forma de colocarse y tomar la muleta pero cuando el toro ya se había arrancado y estaba en sus proximidades parece que decidió variar a un cambiado por la espalda y, claro, fue  arrollado con violencia, afortunadamente sin cornada, "solo" el tremendo tantarantán que se llevó. Desde mi localidad se veía perfectamente la trayectoria y que le iba a coger claramente, difícil de entender lo que hizo. Pero no hizo mella en le ánimo de Fonseca, que se puso de rodillas, enrabietado, al más puro estilo novilleril. Se agradece la demostración de ganas, que es lo poco que pudo hacer, intentarlo de todas las maneras ante un animal deslucido y sin transmisión que en ningún momento descolgó. No estuvo fino con la espada y en uno de los pinchazos ocurrió lo que les comenté antes, se tropezó, perdió el equilibrio y, si no es por el quite salvador de Raúl Ruiz que echó su capote para atraer al toro, no sé qué hubiera pasado, se había quedado en el suelo vendido a los terroríficos pitones. Menos mal.


Antonio Vallejo


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