Un año más se cumplió con la tradición de guardar en este 16 de mayo un minuto de silencio en memoria de Joselito "El Gallo", muerto tal día como hoy hace 106 años en la plaza de Talavera de la Reina tras ser corneado en el vientre por el toro Bailaor de la ganadería Viuda de Ortega. Que nunca se pierdan esta y otras tradiciones en el toreo.
Así arrancó una tarde de mucha expectación, no hay más que ver de nuevo el lleno en los tendidos, pero que por desgracia terminó en decepción, otra más a sumar a la hace una semana de este mismo hierro, y en la que hay un nombre que ha salvado la tarde del aburrimiento, Manuel Diosleguarde, que venía de la Copa Chenel a confirmar alternativa. Una corrida sosa y deslucida a más no poder, sin entrega, sin poder alguno, varios manseando, rajados, sin transmisión ni emoción que hubiera quedado en la nada si no es por la disposición, la entrega, el valor, la generosidad y la verdad de este salmantino que lo ha puesto todo y más ante sus dos toros y qua ha pasado la prueba con nota, demostrando que quiere y puede ser torero. El de su confirmación, un auténtico tío, preciosas hechuras y unos pitones al cielo afinadísimos, pronto y con movilidad, repitió en la muleta del salmantino, pero lo hacía sin humillar y viniéndose por dentro, apretando. No se encogió Diosleguarde, le plantó cara, le puso la muleta, se lo llevó a a los medios y allí mantuvo el pulso llegando a sacar muletazos de mucho mérito, a un toro que acudía, tenía buen embroque pero a medio muletazo soltaba la cara con brusquedad, tragando las tarascadas sin inmutarse, mucha emoción ante el inminente peligro aumentado por un viento que no ayudaba. Para descubrirse que consiguiera ligar tandas por ambos pitones ante tanta adversidad. El pinchazo previo a la estocada privó de la posibilidad de petición de oreja en esa faena que tuvo mucha emoción al jugárselo todo en el filo de la navaja. al final, ovación más que merecida. Con el que cerraba plaza acabó de conquistar el corazón de todos en una faena en la que su generosidad y entrega fue máxima, sin tapujos, sin guardarse nada ante un toro muy complicado, que se quedaba corto, reponía y se revolvía buscando, que se venía por dentro por ambos pitones pero especialmente con un instinto asesino bestial por el izquierdo, poniéndoselo en la cara, sin permitir nada ni conceder el mínimo respiro, haciendo hilo a la salida sabedor de lo que había tras la franela. Enorme el valor, descomunal la decisión y la entrega del salmantino, que no dio ni un paso atrás y que no se retiró de ese pitón criminal mostrando una firmeza que llegó a unos tendidos que tenían que contener la respiración en cada muletazo por el peligro evidente para acabar escuchando unos olés que valen más que la oreja que tenía más que asegurada de no haber marrado con la espada. A todo eso debo sumar en su haber el extraordinario sentido de la medida que han tenido sus dos faenas, sin alargarlas artificialmente, algo nada fácil cuando es la única oportunidad en San Isidro y se quiere demostrar mucho, lo que habla muy bien de su cabeza y su honestidad, todo pura verdad. Desde luego puede descansar tranquilo esta noche.
El resto de la tarde ha tenido muy poco, todo ha navegado en un mar de sosería y mediocridad con toros deslucidos y sin bravura ni raza, que pasaban por pasar, nula emoción, y con un Manuel Jesús "EL Cid" que tampoco es que haya puesto mucho más que su lote, algo en el segundo, muletazos sueltos recordando algo de lo que fue, y nada ante el manso y rajado cuarto, con el que tampoco le vi especialmente confiado ni con excesivas ganas. tampoco. Álvaro Lorenzo tuvo opciones con dos toros que iban y venían deslucidos y sosos, sin decir nada. Tan solo las verónicas de saludo al tercero tuvieron eco, lo demás no pudo ser. Lo intentó el toledano por ambos pitones pero la sucesión de muletazos no llevaba a ninguna parte, el toro iba con la cara alta y en una colada desistió y se fue a por la espada, abreviando. El quinto fue un calco, así que lo mejor es pasar página y pensar que vendrán ocasiones mejores que las de esta tarde en la que Iván García volvió a desmonterarse una tarde tras cuajar un tercio de banderillas majestuoso en el tercero, ganándole terreno para cuadrar en la cara con infinita pureza y dejar los palitroques reunidos, además de bregar en el quinto con una maestría absoluta pero quedando en un inexplicable silencio. No entiendo, sinceramente, que nadie haya apreciado esa brega. Pero así pasa a veces, el tedio lleva a eso, la gente se desentiende tanto como los toros. Al menos a Raúl Caricol sí se le brindó la merecida ovación por su gran tercio de banderillas al cuarto, debieron despertar de la anestesia de la tarde en ese momento. Mañana más y espero que mejor.
Antonio Vallejo

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