miércoles, 13 de mayo de 2026

4ª de San Isidro: Álvaro Serrano y Montealto, la gloria

¡Qué novillada la de Montealto! y ¡qué novillero Álvaro Serrano! Una tarde plena en la que el toreo se ha mostrado en toda su dimensión. Siempre hemos dicho que el pilar fundamental de nuestra Fiesta es el toro. Pues bien, la novillada que el ganadero madrileño D. Águstín Montes ha seleccionado y traído a Madrid ha sido ese pilar sobre el que se ha cimentado la tarde. Seis novillos de excelente presentación, de una belleza extraordinaria, de magníficas hechuras, auténticas láminas para enmarcar, imponentes por delante, tremendamente ofensivos, pero sin exageraciones ni estridencias, perfectamente proporcionados, que además han reunido bravura, casta, nobleza, clase, movilidad, repetición, transmisión y mucha emoción. Enhorabuena al ganadero por el excelente trabajo en el campo, dedicación, esfuerzo y sacrificio que hoy ha tenido su recompensa. Pero claro, de nada vale todo lo dicho si delante no hay un torero, un joven novillero madrileño, Álvaro Montes, que con mucha verdad, sinceridad y entrega, además de clase y gusto, tenga la capacidad técnica y artística de entender y aprovechar todas esas condiciones para componer dos faenas maravillosas que han desbordado la pasión en Las Ventas. Había escuchado y leído maravillas acerca de este novillero, concretamente tras la novillada del 1 de mayo, pero no le había visto torear. Me ha impresionado de principio a fin sus ideas claras, su seguridad, su firmeza, su colocación, su dominio, sus recursos, tanto como su actitud, las ganas de ser torero, la ambición por llegar a ser uno de los grandes. De verdad se lo digo, hacía mucho, pero que mucho tiempo, que no tenía esa sensación de estar viendo un novillero con algo distinto, ese famoso pellizco que pocos pueden generar y que, me da la impresión, lleva dentro este madrileño de Navas del Rey. Desde que ha tomado el capote para recibir al tercero ya he sentido ese pálpito. Han bastado unas verónicas excelsas para poner todos los sentidos en alerta, y eso que ya había apuntado su extraordinario toreo de capa con un quite por chicuelinas ajustadas con firmeza y valor al segundo. Luego ha venido otro quite también por verónicas a la salida del caballo, y por si fuera poco, la réplica a las gaoneras de Tomás Bastos con uno por delantales rematados con una brionesa para morirse, seda pura, templados, suaves, delicados, puro ballet ante lo imponentes pitones,  para rubricar el recital con un precioso quite por caleserinas al quinto cargado de sentimiento y ese recurso que se ha inventado cuando el sexto le apretaba en tablas, en un enganchón a punto está de desarmarle y en lugar de soltar el capote o agarrarlo de mala manera y tirar de él con ambas manos como una gran mayoría hubiera hecho, se saca de su imaginación o inspiración una serpentina llena de arte. Díganme como se entiende eso, más propio de un torero con experiencia y mucha clase. Tiene algo especial que invita a soñar, no encuentro otra explicación, eso no es suerte o casualidad sin más.  Y con la muleta, ¡ay con la muleta!, ¡lo que ha sido!. Ni el viento que tanto ha molestado y complicado las cosas en el tercero ha podido con el madrileño. Novillo encastado y exigente, con movilidad, al que entendió a las mil maravillas. Mucho mérito y valor al citarlo en largo y, a pesar del viento que le descubría, redujo la embestida en el embroque y le bajó la mano en unas tandas en redondo profundas, con recorrido, ligadas en el sitio, de intensa expresión y emoción. Por el izquierdo fue más  complicado, se venía por dentro, arreaba y el viento empeoraba el panorama, propiciaba algunos enganchones y mucho riesgo, pero trazó naturales de mucha firmeza, mando y hondura, sin encojerse, con mucha personalidad, más propia de un veterano que de un novel en el toreo. A ese valor añadió la estética del final rodilla en tierra para rendir a sus pies a unos tendidos que vibraron con olés nacidos del alma y que estallaron al ver como se tiraba a matar sin miedo a nada para hundir la espada y pasaportar al de Montealto. Una oreja de ley. El culmen llegó en el que cerraba plaza con una faena rotunda y redonda, prologada con unos ayudados de una elegancia sublime hilvanados a un derechazo rodilla en tierra larguísimo y un pase de desdén celestial, en la que por ambos pitones mostró una dimensión de torero hecho. Toreo caro, templado, con desmayo, todo por bajo, ligado con un gusto y una torería inmensa, perfectamente acoplado a un novillo bravo, noble y con mucha clase que además repetía con celo y codicia, humillando. Series de derechazos y naturales con Madrid rugiendo, una tras otra, a cual mejor, rematadas con unos de pecho larguísimos, de pitón a rabo, u otros a la hombrera contraria, hubo para todos los gustos, todos magistrales, con un final que hacía soñar con todo, por bajo, como a mi gusta, trincherazos eternos y unos ayudados por bajo repletos de sabor. Otra vez se volcó a matar, tanto que incluso la espada cayó algo contraria, quizás por eso tardara en doblar el magnífico novillo. Bueno, eso y que el encargado de apuntillarlo lo levantó dos veces y a punto estuvo de arruinarlo todo porque se rozó el tercer aviso. Pero dio igual, un mar de pañuelos blancos, una oreja y fuerte petición de la segunda, que me habría encantado que se le hubiera concedido, la verdad. Y petición a la vuelta al ruedo para el novillo, que también me habría gustado, no solo por ese sexto, sino en reconocimiento a toda la extraordinaria novillada de Montealto.
En cuanto al portugués Tomás Bastos y el sevillano Martín Morilla se podría decir que han tenido una actuación pulcra y aseada, técnicamente bien pero quizás un tanto "de escuela". Me explico, han hecho bien las cosas, han tenido pasajes de buen toreo, con profundidad y ligazón, corriendo bien la mano, pero quizás haya faltado más ritmo, ambos un poco irregulares, aunque, repito, han mostrado buenas maneras aunque sin acabar de romper y llegar a los tendidos con fuerza. A eso habría que añadir que por las buenas condiciones de sus novillos,  nobleza, movilidad, repetición, se les pedía un poco más. Solo un detalle, cinco de los seis lidiados han sido fuertemente ovacionados en el arrastre, lo que dice mucho a la hora de valorar la actuación de ambos novilleros por parte de los aficionados, silencio.
Tan solo el apunte de todos los días, hoy en la figura de Iván García que ha colocado dos pares monumentales al primero y ha lidiado con una maestría suprema al cuarto, impecable, ni un capotazo de más, cuidando perfectamente al novillo, llevándolo siempre por bajo o a punta de capote, además de estar pendiente de detalles como el ir sacar la espada al primero para acelerar su muerte ya que tardaba en doblar tras una buena estocada de Bastos. Pude parecer una tontería, pero dice mucho de la profesionalidad y el saber de quien fue matador. Y también Héctor Vicente, que en el tercio de varas al sexto ha agarrado dos puyazos sensacionales que le han valido para despedirse con una fuerte ovación de una plaza llena en más de tres cuartos de entrada y que ha sentido en el fondo del alma la intensa emoción del toreo.

Antonio Vallejo

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