sábado, 30 de mayo de 2026

19ª de San Isidro: Inaceptable

Lo que hemos visto esta tarde ha sido inaceptable, por ser educado, porque realmente ha sido un insulto al toreo. Eran las nueve y media de la noche, por detrás se iba quedando una corrida de Garcigrande lamentable, con dos devueltos, tercero y quinto, de juego muy pobre, algunos con cierta nobleza y accidentalmente algunos apuntes de clase, pero en general exenta de cualquier atisbo de bravura, sin entrega  ni fuerzas, un desastre, solo maquillado ligeramente por el sobrero de Torrealta que hizo quinto bis al que Talavante le arrancó una oreja de aquella manera. Se estaba haciendo pesada y larga la tarde cuando el sexto fue también devuelto por inválido y en el ruedo asomó la tablilla que ven en la foto de portada y que desgraciadamente confirmaba que lo que aparecía en la hojita del programa de mano era cierto y no un error de imprenta. ¡715 kilos!. y salió lo que salió, una enorme masa carne con forma de toro enorme, gordo, obeso, que ya saltó muerto, era imposible mover aquel volumen, ni se aguantaba en pie, y gracias que no se infartó por el calor que ha hecho hoy en Madrid. Por supuesto tuvo que ser devuelto a corrales, y poca fue la protesta para lo que se tenía que haber montado. Ese toro nunca, jamás tenía que haber saltado al ruedo, nunca, jamás ni tan siquiera tenía que haber llegado a los corrales y menos aún haber aparecido en le programa de mano, nunca, jamás, debió haber pasado el reconocimiento veterinario. Ese toro es inaceptable, es indigno para Madrid, es más que una vergüenza, no me explico, repito, que un veterinario de Madrid haya aceptado que ese animal haya podido salir en San Isidro. ¿El motivo?, casi mejor no saberlo, con esta empresa recaudadora todo lo inimaginable puede ser real. ¡Y lo que nos quedará por ver con esta gente!.
Una tarde de naufragio ganadero, un infierno que si se ha mantenido en pie, literal, física y taurinamente hablando, ha sido por la profesionalidad, la capacidad y el tesón de Morenito de Aranda, Alejandro Talavante y Pablo Aguado, muy por encima de unos lotes de escasa opciones que si han lucido algo ha sido por el buen trato que les han dado para sacar el máximo del escaso fondo de los Garcigrandes y Torrealtas que han lidiado. 
Prueba de lo que digo ha sido ver a Morenito ir a recibir al que abría plaza a porta gayola, aguantando el parón y el desentendimiento del animal hasta que se arrancó. Sensacional la lidia echándole el capote abajo, a la antigua, sobre los pies, para acabar fijándolo en los medios sometiendo unas embestidas broncas y descompuestas. En la muleta sacó el burgalés más de lo que parecía, cuidándole  porque su falta de fuerzas le llevaba a derrumbarse a la mínima, con mucha suavidad todo, a media altura y mucho temple, con paciencia y perseverancia, poco  a poco le metió en un par de tandas en redondo ligadas y más profundas de mucho mérito. Por el izquierdo protestaba y le costaba pasar, pero con tesón dibujó algunos naturales de buena factura y también mucho mérito, para finalizar en ayudados por alto con gusto  y rubricar con una certera estocada. El cuarto tuvo movilidad pero escasa entrega y brusco, un toro con asperezas al que  base de valor y compromiso acabó metiendo en la muleta y en el que nos dejó para el recuerdo un quite por chicuelinas ajustadas reflejo del sensacional capotero que siempre ha sido, es y será. Con su técnica y la experiencia de los años de alternativa logró componer muletazos de buen trazo y mucha clase, prácticamente todos por el derecho ya que por el izquierdo resultó como el anterior, protestón y deslucido. También lo pasaportó a la primera hundiendo el acero hasta la bola y fue despedido con fuerte ovación en ambos saludadas desde el tercio. 
Si hemos hablado antes de lo indignante e inaceptable no puedo pasar por alto lo ocurrido al perfilarse Morenito de Aranda para matar al cuarto. en ese momento crítico de máxima tensión un imbécil, un miserable, un malnacido, se ha puesto a gritarle desde la grada del 7 que no estaba colocado. Ese ser despreciable no puede nunca, jamás, ser llamado aficionado y se le debe expulsar de la plaza, algo de lo que se han debido encargar los que estaban su alrededor, montándose una pelea en la que la policía ha tenido que intervenir. Espero que al tipo en cuestión le retiren el abono si lo tiene y se le vete la entrada a la plaza si eso es posible. Si no, pues tendremos que seguir aguantando a algunos sujetos aislados despreciables que insultan y faltan al respeto a los toros y a los toreros, algo inaceptable para quienes nos consideramos aficionados de verdad.
Nulas opciones las de Pablo Aguado en toda la tarde, pudiendo lucir únicamente con el capote ante el que se anunciaba sexto pero que saltó tercero bis al correr turno y dejar el sobrero para el final con acertado criterio presagiando que lo que estaba guardado en los chiqueros era para echarse a temblar, como así fue. El sevillano lo recibió con una ramillete de verónicas acompasadas, con ritmo, templadas, acompañadas con la cintura, pura armonía, y una media de cartel. Y si bueno fue el saludo, mejor aún el galleo por chicuelinas para poner al toro en el caballo, un soplo de aire fresco en la bochornosa, en todos los sentidos, tarde. Un día más, ya he perdido la cuenta, Iván García se desmonteró para recoger otra atronadora ovación tras parear a este tercero con la pureza que lo hizo.Trato exquisito en la muleta, obligándole lo mínimo porque no aguantaba el Garcigrande, para dibujar muletazos de trazo muy suave a media altura que  el toro tomaba con nobleza y algún apunte de clase por el derecho, sin tener nada al natural, por ahí no pasaba. Pero duró muy poco, las fuerzas no le daban y no hubo más que hacer. Lo que le salió como sexto ya lo hemos comentado, esa cosa de 715 kg a la que me niego a llamar toro, y menos aún de lidia o bravo que lógicamente se volvió a los corrales, pero el mal ya estaba hecho, un lacra para esta plaza. El sobrero de Terrealta también venía cargadito de carnes, 618 Kg, otra burrada, y resultó como resultó, un despojo para el toreo, vacío de fondo, pasaba con violencia, soltando derrotes ante sus evidentes carencias de entrega y fuelle, imposible por mucho que Aguado intentó justificarse ante lo que no podía ser. Lo único que le pedía era que abreviara y nos ahorrara más penalidades. Al menos mató a la segunda y se despidió en silencio.
La única oreja del festejo la paseó Talavante tras una faena al sobrero de Torrealta que hizo quinto bis por devolución del muy blando  Garcigrande. Tuvo más movilidad y apuntó más clase que todos los demás, pudiendo aplicársele el dicho aquel que "en el país de los ciegos el tuerto es el rey"  si lo comparamos con lo que llevábamos padecido. Fue una faena irregular en la que los momentos de mejor acople y calidad vinieron por el pitón derecho, series con cierta profundidad, bajando la mano hasta donde se podía, y ligazón, que alternaron con otros compases en los que los muletazos no resultaron tan limpios, sobre todo al natural, por donde tan solo pudo desgranar algunos de calidad y hondura. Muy voluntarioso, eso sí, pero ante un toro venido a menso que le llevó a acortar mucho las distancias y acabar entre los pitones en un alarde de valor, con las zapatillas clavadas, vertical, ni un milímetro rectificó, luquecinas una tras otra que gustaron a unos y enervaron a otros, antes de tirarse a matar dejando una contraria que reventó al de Torrealta. Oreja pedida creo que el palco consideró mayoritaria, a mi también me lo ha parecido, pero que me parece un tanto generosa, sobre todo porque creo que muchos no se fijaron bien dónde enterró la espada y se quedaron con que la enterró a la primera, usando eso como argumento para el trofeo. Pero si el palco aplicó el reglamento, nada que objetarle, es así. Yo no la pedí. Nada había en el segundo, un toro sin nada dentro, soso y vulgar, con el que lo mejor que hizo fue abreviar, se le agradece.
  

Antonio Vallejo
 

viernes, 29 de mayo de 2026

18ª de San Isidro, Corrida de La Prensa: El toreo eterno de Urdiales desgarra el alma de Madrid

El sentimiento es algo que no se puede explicar, desborda todas las barreras de la lógica, es ajeno a la razón, sale del alma y, cuando alcanza límites inimaginables, desgarra ese alma. Esta tarde, en Las Ventas, el alma de Madrid, esa que sueña el toreo eterno, se ha desgarrado y se ha rendido a un hombre, Diego Urdiales, que ha firmado una obra maestra, quizás la mejor de su ya larga y fecunda carrera. De principio a fin todo ha sido un crujido, desbordando las emociones, inundándonos de felicidad infinita, con algo que pocos tienen pero que él atesora a raudales, TORERÍA. Torero veterano, revestido con el poso del tiempo, de sabor añejo, naturalidad y verdad, verle ese andar reposado delante de la cara del toro es por sí mismo un lienzo de la máxima belleza, verle componer la figura nos lleva en volandas a través del tiempo, a la época dorada del toreo, y verle torear nos abre los ojos al temple sublime, a la armonía suprema, a la belleza más exquisita. Lo que he sentido en esta Corrida de la Prensa supera todas las barreras de la pasión, con un toreo a la verónica ante el que me he abandonado sin llegar a diferenciar si lo que estaba viendo era real o estaba en el sueño más maravilloso que pudiera desear. Acompasadas, cadenciosas, verónicas con temple y gusto sobrenatural, relajado, llevándose al segundo de la tarde hacia los medios, acariciándole en cada lance, rematando con una media arrebatadora, divina, de partir el alma.  Más aún el quite por verónicas en ese segundo, el toreo fundamental, el de verdad, el puro, abriendo las puertas a la emoción incontenible,  y que junto a las que nos regaló en el cuarto, templadas y sedosas en el saludo, y sobre todo en el quite al sacar el toro del caballo, parando el tiempo,congelando las agujas de unos relojes que no querían volver a correr, hipnotizados ante semejante belleza, rematadas con una media arrebujadito que nos elevó a los cielos. Ni podíamos imaginarnos que todo eso no era nada más que un preludio a algo que seguramente contaremos durante muchos años. Con la muleta el toreo se elevó a la categoría de sobrenatural. Porte y torería que no se pueden describir, sería vulgar, que sólo se pueden revivir dejándose llevar a las profundidades del alma para volver a sentir el crujido que ha acompañado a cada muletazo en sus dos faenas. Daba igual el pitón que encarara, todo era una maravilla, siempre en el sitio, con esa figura que guarda aromas del mejor pasado, todo armonía y pureza, derechazos profundos y templados, naturales de máxima expresión, ritmo y continuidad, trincherazos que te partían en dos, ayudados por alto en el prólogo del segundo, ayudados por bajo genuflexo en el del cuarto, gloria bendita, molinetes garbosos para quedar perfectamente colocado, martinetes o cambios de mano grandiosos, los finales por bajo, un canto a la máxima expresión del toreo. Dos faenas que uno porque ha sido tal la catarata de emoción y pasión que nos ha entregado que me parece casi indecente separar, es un ente único que engloba todo lo que uno quisiera imaginar en el toreo. A todo eso hay que sumar el perfecto manejo de las pausas, administradas a la perfección para dejar recuperar el resuello a los dos juanpedros, y de los tiempos, perfectamente medidas, ni un muletazo de más, sabiduría y experiencia fruto de los años, y rubricar la majestuosa obra de arte con dos estocadas de premio entrando por derecho, recto, con toda la verdad, que hicieron rodar a los dos toros y cobrar así una oreja en cada uno, si bien creo que en el cuarto era para dos orejas, pero la gente cesó en la petición y se conformó con lo necesario para  descerrajar la  puerta Grande, olvidándose quizás de lo justo. Y no olvidemos que si Diego Urdiales nos ha hecho crujir y crujir ha sido porque ha tenido dos toros de una clase y una nobleza descomunal, dos extraordinarios toros de una muy buena corrida de Juan Pedro Domecq que han humillado y repetido y que, quizás con un puntito más de fuerza y empuje, hubieran sido de locura. Porque es de justicia destacar aquí que, además de una presentación excelente, magníficas hechuras, proporcionados, serios, bellísimas láminas, han dado opciones y juego, a excepción del sexto, quedando definidos en general por su clase y entrega.
Acompañando a Urdiales comparecían Roca Rey y el confirmante mexicano Bruno Aloi, que con el noble y enclasado, aunque sin demasiado empuje, toro de su confirmación se mostró aseado aunque sin acabar de encontrar el sitio ni la tecla para sacar el fondo del toro. Un tanto inconsistente e irregular, muy voluntarioso pero dando señales de que le queda camino por recorrer. Nada pudo hacer ante el único que desentonó de la corrida, el que cerraba plaza, muy deslucido y descompuesto. Con los aceros ha estado bastante poco acertado y ha pasado por Madrid en silencio.
De Roca Rey lo primero que quiero decir es que me descubro y admiro que haya estado en Las Ventas tras la grave cogida en el abril sevillano. La capacidad de recuperación y el sacrificio de estos hombres es digno de todos loe elogios, y debieran ser un ejemplo a enseñar en todos los colegios para esos niños y jóvenes acomodados, esclavos de lo fácil e inmediato, incapaces asumir el dolor y el fracaso, secuestrados por una sociedad enferma que premia el postureo de las redes sociales y esconde la verdad y el esfuerzo, precisamente los valores del toreo. Una oreja ha cortado el peruano al quinto, un toro de una estampa para enmarcar, que ha tenido movilidad y repetición, además de clase, un toro que, a mi entender, pedía distancia, rtimo y mano baja, todo lo quería hacer humillando, y cuando Roca Rey toreó con profundidad vinieron los mejores compases de la faena. Bueno fue el saludo capotero  por delantales templados, con cadencia, y un quite por gaoneras escalofriantes al quinto. En la muleta lo que he visto ha sido a Roca Rey en Roca Rey, es decir, el de siempre, alternando buenas series sobre todo por el derecho, creo que las dos primeras han sido las mejores por temple y profundidad, bien ligadas, con recorrido, dándole distancia, que es lo que pedía es buen juanpedro. Por el izquierdo los muletazos han sido menos limpios y le ha costado encontrar la altura, pero cuando le ha echado la franela abajo han surgido los naturales de más expresión. Luego ha mostrado su toreo, sin engañar a nadie, es su estilo, ya lo sabemos, a veces más efectista que fundamental, rozando el tremendismo algunas veces, como en el inicio de faena de rodillas cambiándose la embestida por la espalda, con un valor descomunal o acortando las distancias creo que algo pronto y pisando terrenos comprometidos en los que además tira de recursos vistosos como molinetes, afarolados, cambios de mano o martinetes. Repito, ese quinto podía haber lucido más enmarcado en el toreo clásico u ortodoxo, como quieran llamarlo. Mató de certera estocada y cobró una oreja que sí me parece que se pidió por mayoría, aunque algo justita. Algo similar podría decir de su faena al tercero, arrancada por estatuarios, algo habitual en su toreo, y tuvo una primera serie en redondo llevando empapado al noble y enclasado toro, pero al natural no llegó a entenderse, tan solo cuatro tuvieron empaque, y el toro fue a menos y con ello una faena que acabó como suele ser habitual, en las cercanías y con los pitones a centímetros de la taleguilla. Es decir, que hoy le he visto la faena que le ha visto muchas tardes, que tiene mucho mérito y que requiere enorme valor, pero que casi nos la sabemos de memoria y puede acongojarte más o menos, pero pocas veces sorprende, desde que era novillero siempre ha sido igual. Eso es lo que me pasa con Roca Rey, pero respeto su toreo, mucho, y también creo que demuestra personalidad al mantener sus maneras, sobre todo en una plaza tan hostil, incluso cruel con él, como es la de Las Ventas, o el sector que ya sabemos. Y al que no le guste, que no compre la entrada, así de fácil, pero el respeto primero.
Así les dejo por hoy, señores, con la emoción viva y el alma desgarrada por el toreo  eterno de Diego Urdiales, profundo sentimiento, bendita sensación. Mañana... ya veremos.

Antonio Vallejo

 

jueves, 28 de mayo de 2026

17ª de San Isidro: Jarocho se impone con temple y valor

Cuando hoy a mediodía he ido, como suelo hacer cada día de toros, a buscar información sobre el apartado y sorteo en este caso de los de Pedraza de Yeltes, ver sus fotos para hacerme una idea de la presentación, sus edades y sus pesos, lo primero que he pensado ha sido que si con tantos kilos como se iban a reflejar en la tablilla, cuatro de los seis lidiados sobrepasaban los 600 kg, y otro andaba cerca, serían capaces de moverlos, y si lo hacían, cuánto podrían aguantar, y la verdad es que no ha sido mucho. Para mi ha sido una corrida que no ha tenido en la movilidad su fuerte, sinceramente, ni en el recorrido, ni en la repetición, ni en la humillación, ni en la entrega, una corrida en la que ha habido varios con aceptable embroque pero sin buen final, rematando casi siempre por encima del palillo. Y con todo eso, ¿dónde ha estado la emoción que ha surgido en momentos puntuales?. Pues en tres o cuatro arrancadas al caballo del tercero y sexto, desde lejos, entrando con fuerza aunque solo fuera por la inercia de sus kilos, eso sí, después de pensarse muy mucho aquello de arrancarse, en los pares de Iván García, sí, otra tarde más, ya ni sé las que le he visto ni las que quedarán por verle lidiar y clavar los palos con tanta maestría, en un sensacional puyazo de Juan Melgar, en el milagroso quite de Raúl Ruiz, que volvía a las Ventas tras su grave cogida el pasado 1 de mayo en esta misma plaza, salvando a Isaac Fonseca de un serio percance en el quinto al desequilibrarse tras entrar a matar y quedar a merced del toro, o en el peligro sordo que algunos de los lidiados llevaban dentro, reservones, colándose, midiendo, mirando, soltando derrotes secos, algo que para algunos es emoción, la del sobresalto, la del miedo. De eso ha habido, no era difícil de esperar conociendo a estos toros, duros, pero creo que por encima de todo, si hablamos de emoción, esa la ha puesto Jarocho, quien  a base de mucho valor y temple se ha impuesto al encastado y exigente tercero y con ese mismo temple además de gusto, al noblote pero sin entrega sexto. Fue el tercero, un toro con mucha movilidad, que tuvo dos arrancadas vibrantes al caballo, que en banderillas sembró el caos al cortar y apretar, y que en la muleta no resultó nada fácil, se movía y desplazaba, pero lo hacía sin clase ni entrega, sin humillar, con mejor embroque que final, rematando siempre por arriba, colándose, una por el derecho en los primeros compases fue de espanto, se libró por los pelos el burgalés. Vaya cómo le plantó cara Jarocho, firme y con valor, una batalla a cuerpo limpio, poniéndole la muleta, echándosela abajo, obligándole, tragando los arreones, aplicando un temple exquisito que aplacara el genio del de Pedraza y de paso hiciera ver a los que estaban claramente a favor del toro confundiendo desplazamiento y genio con bravura, que es otra cosa, por ejemplo humillación y repetición, en definitiva, entrega. Poco a poco, con firmeza, valor y tesón, lo fue metiendo en la muleta para componer series con enjundia, de buen trazo, algunos pases de mucha belleza, ganando la batalla. Y ante el sexto, otro que tuvo una arrancada muy emocionante al caballo de Melgar que ejecutó el puyazo a la perfección, vibrante y emocionante tercio, aprovechó la nobleza que tenía el animal para componer una faena de mucho temple y gusto, toreando muy despacio porque el de Pedraza no daba para más con sus 611 Kg, y con muletazos de uno en uno porque le costaba Dios y ayuda repetir. Toro con embroque bueno pero de recorrido más que justito y sin remate, se quedaba casi siempre a medio muletazo y acababa siempre arriba, al que Jarocho supe administarle las alturas y las pausas sensacionalmente, y a base de medios muletazos perfectamente colocado, enganchándole en la cadera, llevándolo muy despacio, consiguió momentos de enorme calidad en su toreo, sobre todo cuatro naturales, cuatro, sí, cuatro, de mucha hondura coreados con olés desgarrados. Lo curioso es que esa misma faena con un toro de idéntico juego pero de otro hierro, en otras tardes ha sido objeto de enormes críticas e improperios, ¿hoy no tocaba?.¿Ni tampoco llevaban algunos lo pañuelos-manta verdes para sacarlos cuando ha blandeado y perdido las manos en los primeros tercios?. Curioso. Importante tarde del burgalés.

El lote de José Fernando Molina dio para poco. El segundo era tan noble como soso y distraido, pasaba por allí porque le habían llevado en un camión y le habían bajado en la plaza, pero tenía menos ganas de embestir que Mbappé de correr. Un toro vacío, descastado, sin nada de chispa ni gracia, más soso que la comida de hospital, deslucido a más no poder. Trató de ponerle voluntad el albaceteño pero aquello era una ruina. El quinto al menos se movía algo más, acudía al engaño pero carecía de recorrido y además salía totalmente desentendido, mirando a las musarañas, por lo que era imposible la ligazón y, por tanto, la emoción. Porfió Molina pero lo único que encontró fue incomprensión ante la evidencia, aquello no había por donde cogerlo, por mucho que hiciera para envolver al toro se iba por fuera, escuchando reproches injustificados. 

Isaac Fonseca tuvo un primero que tuvo muy poca emoción, con cierta clase y nobleza al meter la cara pero un tanto reservón y de escaso recorrido ante el que demostró mucha paciencia poniéndole la muleta una y otra vez, tratando de tirar del toro, muy remiso a pasar, pero que la final tuvo recompensa en un par de tandas en redondo de mucho mérito, sin quitarle la muleta de la cara, ligadas por bajo, profundas, de mucha intensidad. Nada más tuvo el animal y nada más pudo hacer el mexicano. El que hacía cuarto al menos le permitió lancear a la verónica en el saludo, pero poco más aportó el de Pedraza, sin pena ni gloria en varas y discreto en banderillas. Se fue a los medios para arrancar la faena, aparentemente por estatuarios por la forma de colocarse y tomar la muleta pero cuando el toro ya se había arrancado y estaba en sus proximidades parece que decidió variar a un cambiado por la espalda y, claro, fue  arrollado con violencia, afortunadamente sin cornada, "solo" el tremendo tantarantán que se llevó. Desde mi localidad se veía perfectamente la trayectoria y que le iba a coger claramente, difícil de entender lo que hizo. Pero no hizo mella en le ánimo de Fonseca, que se puso de rodillas, enrabietado, al más puro estilo novilleril. Se agradece la demostración de ganas, que es lo poco que pudo hacer, intentarlo de todas las maneras ante un animal deslucido y sin transmisión que en ningún momento descolgó. No estuvo fino con la espada y en uno de los pinchazos ocurrió lo que les comenté antes, se tropezó, perdió el equilibrio y, si no es por el quite salvador de Raúl Ruiz que echó su capote para atraer al toro, no sé qué hubiera pasado, se había quedado en el suelo vendido a los terroríficos pitones. Menos mal.


Antonio Vallejo


miércoles, 27 de mayo de 2026

16ª de San Isidro: Un novillo de vuelta al ruedo para un novillero de Puerta Grande

Tres de tres. Tres novilladas, las tres sensacionales, tres novilladas, tres Puertas Grandes, tres novilladas, tres novilleros, Álvaro Serrano, Julio Norte y Julio Méndez para hacernos soñar con el toreo eterno.
Muy buena la de esta calurosa tarde que ha reunido algo más de tres cuartos de entrada - no me extraña con los antecedentes de los días 12 y 19 - para ver un magnífico encierro de Conde de Mayalde de impecable presentación, de magníficas y bellísimas hechuras, los seis pasarían por toros en la mayoría de plazas de nuestra geografía, con mucho trapío, muy serios, astifinos y que además han dado un juego extraordinario, con transmisión y emoción, aunando bravura, raza, clase y nobleza, destacando por encima de los seis uno de nombre Babieco al que al abulense Julio Méndez, corrido en tercer turno, ha desorejado tras una faena en la que ha bordado el toreo eterno con el añadido de las ganas y la entrega de un novillero que quiere ser figura y tiene madera más que de sobra para conseguirlo.
Fue el tercero un utrero que de salida mostró movilidad pero sin definirse, aunque en el primer puyazo ya apuntó el fondo que portaba. Con galope ágil, empujando con celo, metiendo los riñones, buena pelea, de bravo. No fue fácil en banderillas, desgobierno en la lidia, apretando a Jesús Talaván y José Antonio Ventana que resolvieron magistralmente con verdad y exposición. Arrancó la faena de rodillas provocando dos volatines que afortunadamente no hicieron mella en su condición y un instante de cortar la respiración en una arrucina en la que se quedó muy corto y los afilados pitones  se fijaron en la espalda de Méndez, que resolvió sin inmutarse para incorporarse y replantearse la situación, cabeza fría e ideas claras de la lidia que pedía Babieco, dándole distancia, adelantando la muleta, llevándolo en largo y administrando las pausas. Desde ese momento un recital de muchos quilates, relajado y con naturalidad, las series iban hilvanándose por ambos pitones, mucho temple, empapando la embestida en la franela, jugando con la cintura y las muñecas, series profundas y ligadas, la muleta siempre en la cara, cada vez a más, naturales de ensueño, adornos improvisados, molinetes, algún martinete, trincherillas divinas, otros de desdén, pases de pecho mirando al tendido, para nada preconcebidos, realmente recursos surgidos de una cabeza portentosa cuando lo requerían las circunstancias de la faena a este utrero que repetía y repetía con bravura, humillando, con celo y codicia, una maravilla. Imagen y sensación de torero hecho, pero conservando el carácter y el hambre de un novillero en el final por bernadinas electrizantes, cambiando el viaje, con los pitones descosiendo los bordados de la chaquetilla, que acabaron por poner a la plaza en pie envuelta en locura. Se tiró a matar despreciando al riesgo, valor infinito, recto, para hundir el acero hasta la empuñadura, un tanto desprendida, que hizo rodar al extraordinario novillo y poblar los tendidos de pañuelos que pidieron las dos orejas sin decrecer un ápice y que el presidente concedió. Hubo protestas de los geometristas amantes de la escuadra y el cartabón que consideraron excesivo el premio era de esperar, incluso alguno, ya durante el sexto, gritó "¡esta plaza va a parece la de Benidorm!". Bueno, pues a lo mejor no me importa, incluso es más que probable que en Benidorm se respete mucho más a los que se juegan la vida delante de un toro y no se les menosprecie, se les falte al respeto y se les insulte como tenemos que aguantar en Madrid. Así que no le pongo ni un pero a las dos orejas por mucho que la colocación de la espada fuera algo defectuosa, tampoco fue para tanto, y creo que es justo el pañuelo azul para premiar a un extraordinario novillo.
Al que cerraba plaza se fue a recibirlo a porta gayola, ya con la Puerta grande abierta, demostrando esa entrega y esas ganas de novillero que se quiere comer el mundo sin importarle nada. Tuvo que echarse cuerpo a tierra porque si no se lo hubiera llevado por delante en la larga cambiada que le pegó. Mucha movilidad y brío en el capote, hundiendo la cara, tanto que pegó dos volteretas que, junto a los dos puyazos que tomó, dejaron dudas acerca de cómo llegaría a la muleta. Comenzó por estatuarios, en los medios, con mucho aplomo y seguridad, cuidó la altura en las primeras tandas, muy medidas, de tres muletazos, dejándole respirar, muy templadas, mimando la embestida, auténticas caricias, trazo suave y delicado, sin obligarle demasiado, primero en redondo, mucha calidad, ligadas en el sitio, bajando poco a poco la mano para acabar rompiendo al natural en series de enorme mando, con hondura, rematadas todas con sensacionales de pecho, varios a la hombrera contraria, uno maravilloso en dos tiempos por el parón del novillo que acabó convertido en casi un circular, recurso maravilloso ante la adversidad que dice mucho de la madurez de Julio Méndez. De no marrar con la espada hubiera cobrado otra oreja, seguro, pero nada empaña la inmejorable sensación que ha dejado en Madrid, aromas y sabor de toreo eterno.
Movilidad y bríos tuvo el primero en los primeros tercios, con muchos pies pero embestida irregular, poco clara  y sin acabar de entregarse. Tuvo nobleza en la muleta del mexicano Emiliano Osornio, pero le costaba humillar, manejable pero un tanto deslucido, repetía pero sin acabar de entregarse. Lo intentó pero no llegó a calar en los tendidos. El cuarto fue otro buen novillo, con mucha clase,  al que recibió a la verónica, lanceando con gusto, acompasadas, rematas con una media con empaque y una garbosa revolera. Muy buena, sí, muy buena, faena de muleta, acoplándose perfectamente a la embestida de Guardamonte, muy templado y cargado de gusto todo lo que hizo, desde el inicio por bajo, luego el  toreo en redondo ceñido, corriendo la mano por bajo, elegante trazo, para rematar con unos naturales dando el pecho de máxima expresión, hondos y rematados detrás de la cadera, intercalando adornos por bajo de categoría, trincherazos que fueron auténticos carteles de toros. Muy grata impresión la de Osornio que de haber manejado mejor los aceros creo que se hubiera llevado una oreja de ley.
El segundo fue un novillo que derrochó clase a raudales en el capote, quedó claro en el vibrante quite por gaoneras que ejecutó Julio Méndez que no dejó pasar su turno, pero al que se le castigó de lo lindo en el caballo llegando un tanto mermado a la muleta aunque manteniendo la humillación y repetición que llevaba dentro mientras le duraron las fuerzas y sin que tampoco Pedro Montaldo encontrar la manera de entender lo que requería el novillo que, repito, tenía clase a raudales. Ante el quinto tampoco acabó de dar con la tecla para aprovechar la nobleza y buen son que tenía, sin encontrar los terrenos y el ritmo que requería para aprovechar esas condiciones y levantar el vuelo. Aún le queda camino al guadalajareño, sin duda el menos toreado de la terna.
En fin, una tarde de mucha importancia que deja sensaciones y sentimientos reconfortantes de cara al futuro, sabiendo que hay jóvenes como Méndez y Osornio que, junto a Serrano y Norte, permiten mantener viva la ilusión. Y para quienes no vienen a las novilladas, especialmente los abonados, recapaciten, ¡no saben lo que se pierden!, ¡han sido tres de tres!

Antonio Vallejo

 

lunes, 25 de mayo de 2026

15ª de San Isidro: Manifiestamente mejorable

Querido amigo Daniel, me lo has puesto en bandeja cuando volvíamos en el metro y me preguntabas cómo definiría esta tarde dominical con el cartel de "no hay billetes" colgado por décima vez. Te dije que mejorable, por ser suave, a lo que añadiste "manifiestamente". Así que hago mía tu idea y me la apropio, siempre con tu permiso, para titular una tarde que además de eso me ha parecido un tanto pesada y cansina que ha discurrido por una línea plana de la que de repenten aparecían picos que por momentos parecían levantar el vuelo de la corrida pero que, casi al instante, nos devolvían a la monotonía de algo que no era ni bueno ni malo, poco trascendente en muchos pasajes. Sin duda alguna el momento de emoción más álgida de la corrida ha surgido en el que se corrió como segundo, en una preciosa y vibrante rivalidad en quites. Le correspondía, por turno, realizar el quite al madrileño Víctor Hernández, por saltilleras, muy quieto, clavadas las zapatillas, replicado por el onubense David de Miranda por chicuelinas ligadas con gusto y armonía invitando generosamente de nuevo al madrileño a la contraréplica por tafalleras muy ajustadas de mucho valor, cerrando el onubense con unas gaoneras igual de ajustadas que pusieron a la plaza en pie. Al final ambos se apretaron las manos en señal de rivalidad y respeto, una imagen que nos ha llevado a otros tiempos del toreo cuando estos "piques" en quites eran más frecuentes. ¡Qué bonito sería que se rescataran del olvido y volviéramos a vibrar como hemos hechos esta tarde!. Pero claro, el toreo actual parece que todo lo basa en la muleta, el toro debe llegar a ella en las mejores condiciones y debe cuidarse muy mucho del desgaste que supone para él esa entrega en quites, como ha ocurrido. Probablemente ahí se haya vaciado ese segundo de Alcurrucén y del pico de la emoción  hayamos pasado a la línea plana tras un prometedor inicio de faena de David de Miranda por estatuarios de infarto, pasándose los pitones rozando la taleguilla y un par de tandas en redondo de intensa emoción, acoplado, ligadas con profundidad, con la muleta cosida a los pitones, empapando la embestida, que son las que durado el animal. Luego se ha descompuesto, sobre todo al natural, poca limpieza de trazo y la cosa ha ido a menos, recurriendo a torear en la cercanías y unas ceñidas bernadinas más efectistas que otra cosa para arrancar una oreja a mi modo de ver un tanto generosa ya que la suerte de matar no ha sido precisamente ejecutada con ortodoxia, saliéndose y dejando una entera bastante fea de colocación. Pero ha habido mayoría de pañuelos, tampoco exagerada, y el palco ha otorgado el premio. Sinceramente creo que para cortar una oreja en Madrid hay que pedir algo más. 
Otros picos de emoción que ha tenido la tarde han aparecido como destellos en le tercio de varas de Francisco de Borja al cuarto, dos puyazos sensacionales, delanteros y perfectamente medidos en el castigo, y en el tercio de banderillas al quinto y sexto a cargo de Víctor del Pozo y Yelco Álvarez respectivamente, recibiendo una atronadora ovación a la que respondieron desmonterados desde el burladero.
Lo demás, pues un querer y no poder por las condiciones de unos toros a los que les ha faltado bravura y empuje, sin demasiada transmisión, un tanto sosos, además de mostrar una falta  de fuerzas que ha contribuido aún más a la planicie. Y un detalle que me ha llamado la atención nada más ver en el programa de manos los pesos de los toros. Una escalera entre los 514 Kg del cuarto y los 610 Kg del segundo, ¡100 Kg de diferencia!, me parece demasiada. Así no me extrañan las desiguales hechuras y presencia que hemos visto, siendo probablemente segundo y sexto los que más me han gustado en cuanto a presentación, sobre todo este último, todo un tío el colorado ojo de perdiz. El resto, acordes a la línea plana de la tarde.
El malagueño Fortes se las vio con un lote que tuvo cierta nobleza pero que vino lastrado por una evidente falte de empuje. No lanceó mal de capa, verónicas templadas y con cierto compás a unos toros que, como es muy habitual en este encaste Núñez, suelen ser fríos en los primeros tercios y no se prestan mucho a lucimiento, pero que suelen ir a más y romper en la muleta. No ha sido precisamente el caso de primero y cuarto, a los que el malagueño les ha dispensado buen trato, todo despacio, tampoco daban para más en su justa movilidad, en sendas faenas que han tenido como denominador común la discontinuidad. Una serie parecía que levantaba el vuelo y a la siguiente lo deslucía al no humillar o quedarse corto, quizás mejor por el pitón derecho que la natural, con algunos muletazos profundos de uno en uno a los que seguían otros a media altura tocando las telas, pases con empaque y otros más anodinos. Digamos que ha estado correcto, aseado, pero sin acabar de romper en unas faenas que me ha parecido que con diez o quince muletazos menos hubieran sido iguales, creo que sobraban, excesivo metraje de discontinuidad, algo que también aplico a David de Miranda y Víctor Hernández. El sentido de la medida cada día lo valoro más y hoy creo que han alargado demasiado trasteos que vagaban por la senda de la monotonía, prolongando una corrida que nos ha llevado hasta más allá de la nueve y media. Demasiado para el cuerpo, que ya empieza a resentirse de tantos días.
David de Miranda con el quinto tampoco pudo contribuir demasiado a romper el tono medio de la tarde. Un toro que parecía que iba atener emoción pero que se diluyó como un azucarillo en la muleta del onubense en un trasteo plano que decía poco, recurriendo de nuevo a acortar los terrenos y meterse entre los pitones en un afán de nuevo efectista por arrancar otra oreja, con unas manoletinas finales de mucho valor y riesgo pero un poco embarulladas. Lo mismo se puede decir de Víctor Hernández, que con el tercero, tremendamente protestado de salida, muy flojo de todo, presentación y juego, sin casta ni clase, con la cara arriba, sin recorrido, poco pudo hacer, en el que solo los estatuarios de inicio sobresalieron entre la mediocridad de un trasteo también pasado de medida que no ayudó a calmar el ambiente a la contra que acompañó su labor. El sexto, imponente, sí que tuvo movilidad y repetición, más fijeza que los demás y parecía que podría salvar la tarde. Pero no, todo acabó inmerso en esa eterna línea plana que ni las dos primeras tandas por el derecho pudieron hacer desaparecer. El toro pedía poder y mando, bajar la mano, hubo ligazón por le derecho, algo, pero faltó esa profundidad para elevar el tono y transmitir más a unos tendidos más pendientes del reloj. Por el izquierdo poco entendimiento, cayendo la faena en demasiados pases carentes de argumento para terminar en un arrimón entre los pitones de un toro que parecía también aburrirse con el caer de la noche.
Así que, querido amigo, has acertado de lleno, ha sido manifiestamente mejorable. ¡Gracias!

Antonio Vallejo

viernes, 22 de mayo de 2026

12ª de San Isidro: Siniestro total. Desastre ganadero, tres avisos y ambiente infiernal

Petardo en toda regla de Puerto de San Lorenzo y La Ventana del Puerto, de los gordos, un desastre sin paliativos, infumable corrida, no se salva ni uno, no ha habido por donde cogerla. Dos devueltos al corral, segundo y cuarto, y tuvieron que ser más. Al menos el primero, otro que ni se tenía en pie y que incomprensiblemente se mantuvo en el ruedo, y el primer sobrero de José Vázquez que fue aún más inválido y malo que el que relevaba. Del resto, nada de nada, vacíos, con eso queda todo dicho. Y si faltaba algo para añadir, el tercero apuntillado tras escuchar Pablo Aguado los tres avisos. Así es imposible, como lo fue ayer. Pero en esta tarde de jueves en la que de nuevo se ha colgado el cartel de "no hay billetes" - Creo que esta fue una de las corridas que agotó el papel nada más salir a la venta las entradas, al reclamo de las figuras, José María Manzanares, Juan Ortega y Pablo Aguado - ha habido una diferencia muy notable con respecto a lo ocurrido ayer, el petardazo de Saltillo. Esa diferencia ha sido el ambiente infernal por parte del 7. Lo dije ayer, estuvieron muy callados, veríamos hoy lo que pasaba. No me equivocaba, son muy previsibles. Guardaban todas sus fuerzas para desplegarlas hoy. Y motivos han tenido para protestar, muchos, con toda la razón, pero también ayer, y callaron porque era uno de sus encastes y, claro, no lo aceptan. Pero hoy tenían donde descargar sus iras y, por qué no decirlo, unas cuantas fobias. Repito, hoy tenían toda la razón en protestar, pero la mala educación y las faltas de respeto les hace perder los argumentos, aún más comprobando su mansedumbre 24 horas antes. O siempre o nunca.
¿Qué pudo hacer Manzanares con su lote? Nada. El primero tuvo que ser devuelto porque desde el saludo capotero mostró que no se tenía en pie, perdiendo las manos de manera clara, y eso que el alicantino le recetó un ramillete de verónicas templadas, cadenciosas, con clase y empaque, con la elegancia que impregna su toreo, llenas de sabor. Ni un segundo tardaron en ondear los pañuelos verdes y montar la mundial los exigentes, y con razón, repito, pero esa furia la quería haber visto ayer. Incomprensible e inadmisible que el presidente no sacara el pañuelo verde. En la muleta se derrumbaba a la mínima. Lo cuidó al máximo Manzanares, a media altura, sin obligarle nada, pero ni por esas aguantaba. Bastante hizo con aguantarlo en pie. El cuarto fue devuelto por inválido y saltó un sobrero de El Freixo que no mejoró nada. Sin fuerzas ni entrega, soso y deslucido, pasando con desgana, para olvidar. Al menos José Mari los despachó de sendos espadazos certeros que abreviaron el trance.
Menos aún pudo hacer Juan Ortega con los suyos. Devuelto el segundo por inválido saltó un sobrero de José Vázquez sin presencia para Madrid y que incluso empeoró al titular. Otro sin fuerzas y además con apuntes claros de manso, que perdió las manos varias veces y que también tenía todas la papeletas para volverse a los corrales. Pero dos consecutivos era mucho y el palco cambió el tercio de  manera incomprensible. Imaginen el nivel de la lógica  bronca, y sólo estábamos en el segundo. No aguantó ni un pase en la muleta, se derrumbaba estrepitosamente, un infierno. El quinto, aunque pareció apuntar algo en varas, solo contribuyó a la caída en picado de la tarde al no emplearse y además  reponer, complicando los intentos del sevillano por sacar algo, constantes enganchones, feo e intrascendente trasteo, por lo que tomó la calle de en medio y abrevió entre reproches y algunos comentarios de mal gusto que sobraban.
Si faltaba algo por rematar el cataclismo de esta tarde vino en el tercero, que en los primeros compases de la faena pareció que tenía opciones al desplazarse con buen tranco y repetir hundiendo la cara en tres series en redondo acoplado, muy templadas, profundas, ligadas con ritmo, llevándolo muy empapado en la muleta. Pero el atanasio se rajó y ahí acabó todo. Por el izquierdo protestaba y punteaba la tela, muletazos sin limpieza y deslucidos que no mejoraron al volver a la diestra, demasiados pases y escasa o nula emoción. Faena cuesta abajo y demasiado larga antes de dejar medio acero hundido en terrenos del 10 que no hizo doblar al toro. Desde ese momento un despropósito con el descabello. Desde esos terrenos, al hilo de las tablas, ni sé los golpes de verduguillo que sumó, desde el 10 al 5, dicen que veinte, puede ser, se hizo eterno. Sonó un aviso, luego el segundo, no había manera en medio de una bronca monumental, y finalmente el tercer aviso. Apuntillado el toro desde el burladero y Aguado retirándose en medio de una pitada de órdago, dramático para el sevillano. Imagínense lo que escuchó y aguantó Aguado en el sexto, una falta de respeto y una mala educación inadmisible. Por muy calientes que estuvieran los ánimos y por mucha razón para estar muy cabreados por el desastre absoluto, nada justifica el infierno que sufrió. Hay unos límites que no se pueden rebasar con quien, mejor o peor, se la está jugando ante un animal que bien sabemos la fuerza que tiene y la capacidad para herir que encierra. La actitud del 7 en este toro ha sido vomitiva, aunque fuera un toro sin clase alguna, que se veía claro que no valía para nada, incluso que en su falta de condiciones se defendía con malas intenciones y ante el que el sevillano en ningún momento lo vio claro y alargó una faena artificial que no merecía la pena. Pero de ahí a los insultos y gritarle "novillero, novillero" hay un trecho, y es asqueroso tener que aguantar eso de esa gente. Eso no es de aficionado, es de canallas o frustados que vienen a los toros a calmar sus iras.

Antonio Vallejo
 

jueves, 21 de mayo de 2026

11ª de San Isidro: Difícil de digerir

De momento la entrada más pobre de la feria, no ha llegado a los tres cuartos, y reconozco que si he estado esta tarde en Las Ventas es porque no me ha quedado más remedio que adquirirla en el abono y no incluirla entre las tres únicas que se permite renunciar. Una pena que sólo sean tres, porque este año hubiera renunciado a ocho o nueve seguro, y posiblemente alguna más, y la de hoy era de las que me echaban para atrás. Pero circunstancias personales y familiares me obligaban a quedarme con la de hoy. Y los que se han quedado en casa, ¡enhorabuena!, sabia decisión. 
Corrida "torista", del hierro de Saltillo, remendada con uno de Couto de Fornilhos, que ha terminado a eso de las nueve y veinte de la ya casi noche y que ha resultado como prácticamente siempre acaban este tipo de corridas: ¿Qué es el "torismo"?, más de lo mismo. Una decepción, un aburrimiento. Muy larga y pesada se ha hecho la tarde. Siendo generoso podría decir que el primero ha tenido algunas opciones y que el sexto ha tenido un atisbo de lo que es ese encaste, pero puro espejismo al final. ¿El resto?, leña para echar al fuego por delante y kilos para que los aprovechen los matarifes. ¿Bravura?, ni estaba ni se le esperaba. ¿Emoción?, cero, si por emoción entendemos la del toreo eterno, ese templado y ligado por bajo. Pero si por emoción se entiende que estos toros que no han tenido entrega alguna, nula humillación, cuatro de certificada mansedumbre, sin ritmo, sin clase, deslucidos, hasta sosos, pero que han tenido parones y miradas, que se han venido por dentro y se han colado en cantidad de ocasiones, que reponían y soltaban hachazos bruscos a la defensiva, que no es embestir, que si tenían peligro era precisamente por eso, su falta de condiciones, y que en vez de los olés despertaban el "¡uy!", el "ufff" o el "¡ay!", es decir, miedo o pánico, pues vale, ha sido "tremendamente emocionante". De verdad, que no me vengan con milongas, que hoy los críticos puristas han tenido la boca muy, pero que muy cerrada. Verán mañana la que lían, pancartas incluidas. Seguro.
Así es imposible que José Carlos Venegas, Juan Leal y Juan de Castilla hayan podido rendir algo positivo. De nada vale decir que, por ejemplo, el jienense Venegas haya conseguido ligar un par de tandas en redondo al que abría plaza, el único potable, con profundidad y temple más algún natural suelto hondo, pero nada más. Ni que el parisino Juan Leal haya trenzado igualmente algunos derechazos con cierto empaque tras jugársela en el inicio de faena con cambiados por la espalda de enorme valor, además de parar bien con el capote a ese segundo, fijándolo por bajo, andándole hacia atrás y llevándolo a los medios. Ni tampoco decir que el colombiano Juan de Castilla haya estado voluntarioso ante un tercero que pasaba, sí, pero a media altura y sin transmisión alguna, en una faena larga y anodina, y ante el sexto, más encastado que sus hermanos, algo no muy complicado, la verdad, comenzó de rodillas con explosividad, aguantó con valor algunas coladas y, aunque lo intentó y compuso algunos muletazos por el derecho no llegó de tomarle el pulso a un toro que no tuvo mal embroque pero se quedaba corto y a media altura, reponiendo con riesgo. El resto de las faenas fue un sin fin de pases y más pases que no llevaban a nada, especialmente al natural, por ahí no se ha visto prácticamente nada, algunos aislados que surgían de uno en uno, pero nada más. Debo decir que tampoco es que por el pitón izquierdo hayan estado precisamente entonados los tres, quizás hubiéramos visto algo más, pero dudo que suficiente como para levantar la tarde. Por si fuera poco, dos o tres faenas se pasaron de medida, contribuyendo al aburrimiento general. ¡Ahí sí!, entonces se escucharon algunas protestas, algo es algo, contra los matadores, por supuesto. Por lo menos no estaban dormidos los críticos implacables. ¿O quizás era mejor que lo hubieran estado?. Lo único que colaboró en que la corrida no durara aún más de lo que duró fue que con los estoques estuvieron resolutivos, que no quiere decir que mataran bien ni que todos fueran espadazos arriba, porque para que un toro doble a la primera el defecto de colocación o trayectoria no es un impedimento.
Ni tampoco salva la tarde la sensacional brega de Iván García al primero, ni el extraordinario tercio de banderillas protagonizado por él mismo junto a Fernando Sánchez en el cuarto, un animal de una amplitud de pitones descomunal, al que colocaron los palos en la misma cara, saliendo del embroque con solvencia y torería. Como tampoco salva la tarde la sensacional actuación de Vicente Herrera dejando un gran par al quinto, ni la cuadrilla del Juande Castilla ante el sexto con Teo caballero dejando dos buenos puyazos , Raúl Cervantes en la brega, y Marcos Prieto junto a Pablo García en banderillas. Fueron chispazos de brillo en medio de la anodino, escaso bagaje para sostener una tarde muy difícil de digerir.

Antonio Vallejo

miércoles, 20 de mayo de 2026

10ª de San Isidro: Julio Norte alcanza sus sueños

Tres jóvenes novilleros venían hoy a Madrid para vérselas con un encierro de Fuente Ymbro, palabras mayores, máxima responsabilidad por el escenario y el ganado, probablemente con nervios, pero seguro que llenos de ilusión y de esos sueños que desde niños, cuando decidieron que querían ser toreros, llevan en la cabeza y que, en el caso del salmantino Julio Norte,  se han visto cumplidos en esta preciosa tarde primaveral. Me imagino todo lo que se le ha podido pasar por la cabeza a es niño de 18 años que esta tarde ha salido a hombros por la Puerta Grande para tocar el cielo de Madrid, todo lo que siempre ha perseguido y anhelado desde que cogió por primera vez un capote y una muleta hecho realidad, la felicidad suprema.
Creo que hoy  es día para que también nosotros sintamos felicidad por lo que hemos visto y que para mi ha marcado la tarde, más allá de cualquier detalle técnico o cualquier juicio a su actuación. Lo que más me ha gustado es haber visto a dos novilleros, Julio Norte, 18 añitos, y Mario Vilau, 19 añitos,  pisar por primera vez la arena de Las Ventas y estar, como siempre se ha dicho y se pide, en novilleros. Todo lo han dado, no se han guardado nada, y lo han hecho con transparencia, sinceridad y verdad, con muchas virtudes, y también con defectos, faltaría más, pero que se compensan y perdonan por la ilusión con la que han afrontado el compromiso, además del valor desinteresado y la entrega que nos han brindado. Sí, pueden llamarme lo que quieran, blando, amable, transigente, permisivo, tolerante, amable.... lo admito, ambos me han conquistado por esa sensación de inocencia y honestidad que me han transmitido, incluso ternura, al verles enfrentarse sin tapujos a esos novillos, que, aunque desiguales en presentación y trapío, todos han tenido seriedad, incluso el tercero, el más protestado por falta de remate, lo comparto, pero con dos puñales por delante, por lo que los "miaus" que se han escuchado por la minoría más crítica, me parecen, se lo digo así, una indecencia. 
Hubo un tercer novillero, por supuesto, el peruano Pedro Luis, 25 años, más veterano y forjado, ya conocido en Madrid, que ha pasado más de puntillas en esta tarde al toparse con un noblote pero sin fuerzas ni empuje  primero, con el que estuvo, digamos, aseado, pero sin emoción, todo tuvo que ser a media altura y sin obligarle porque no aguantaba lo mínimo. Con el cuarto, que tuvo ritmo y profundidad, repetidor, le costó acoplarse y fue al final de faena y al natural donde la faena elevó el tono y se vieron muletazos con empaque y hondura, pero todo en un contexto de irregularidad.
Mario Vilau, de Hospitalet de Llobregat, sólo con ese dato me descubro por haber llegado hasta esta tarde. No hace falta ser Demóstenes para intuir lo difícil que tiene que ser en Cataluña tomar la decisión de ser torero, hay que echarle valor, mucho, y sortear miles de obstáculos, como todos los niños de la Escuela Taurina de Cataluña, héroes en tierra hostil para el toreo. Ya sólo verle andar con decisión hacia la puerta de toriles, hincarse de rodillas y recibir a sus dos novillos a porta gayola, es toda una declaración de intenciones y muestra de sus ganas de ser torero entregándolo todo. Luego el inicio de faena de rodillas ante un utrero que no regalaba nada dejaba clara su disposición y entrega, aguantando las embestidas viniéndose por dentro, algunos parones y miradas, plantándole la muleta, manteniendo el pulso, poco a poco fue metiéndole en los vuelos en una faena que fue a más y que tuvo mucha emoción porque toreó con el corazón y verdad, sobre todo al natural, con mucho temple, ligando series hondas de mucho mérito y clase. Además mató de un estoconazo hasta la bola que valió una oreja indiscutible. El quinto fue un manso con peligro al que también recibió a porta gayola, más compromiso imposible. Desde salida mostró su condición, huidizo, sin querer entrar al caballo, esperando en banderillas, reservón en la muleta, medía, se quedaba debajo, a medio camino, se revolvía para soltar derrotes secos, defendiéndose. Muy valiente el catalán, sin amedrentarse, tragó lo indecible, poniéndose de verdad, cada pase era una angustia, hasta que en uno de esos el fuenteymbro se lo echó a los lomos y le corneó en el muslo. No se encogión, un torniquete y vuelta a la cara del novillo, pero cada vez tenía más peligro y, bien aconsejado, cortó lo que era imposible y mató con una entera para recorrer el ruedo por su pie camino de la enfermería en medio de una grandísima, cariñosa y merecida ovación por una tarde de verdad en la ha vivido las dos caras del toreo. 
Julio Norte cumplió los sueños que ya había saboreado en Fallas, dos orejas y salida a hombros con novillos de este mismo hierro, triunfador del certamen. Recibió al muy terciado y protestado  tercero con una larga cambiada y lo lidió hacia los medios con criterio. El inicio de faena por estatuarios tuvo gusto para después ponerse a torear por el derecho y con mando ir sometiendo las descompuestas embestidas, plantándole la muleta, bien colocado, con temple, bajándole la mano para acabar en dominador. Por ambos pitones trazó los muletazos bajándole la mano, templado, con profundidad y ligazón, mucha emoción y transmisión, hasta que aguantó el fuenteymbro. Quizás ahí era el momento de ir a por la espada y acabar, pero las ganas de novillero le llevaron a alargar un tanto en tres circulares y un arrimón en las cercanías, por lo que le disculpo todo, prefiero que vengan así, a mostrarse como son y darse enteros. Se tiró con todo a matar y reventó al novillo hundiendo el acero hasta la yema...pero caída, fea. A pesar de todo se pidió la oreja por mayoría, al menos así lo aprecié desde el tendido, que fue concedida por el palco y la consiguiente bronca de quienes consideraban que la defectuosa estocada no puede llevar a ese trofeo. El presidente cumplió el reglamento, cierto, pero me parece que una vuelta al ruedo hubiera sido justo premio. El que cerraba plaza era un toro, por cuajo y cara, bellísima lámina, con buen tranco y repetición y fijeza. De rodillas, con dos cambiados por la espalda de cortar la respiración arrancó una faena que tuvo como virtud la movilidad y el buen son del novillo, al que le dio distancia y embarcó en tandas en redondo de mucha transmisión, templadas y profundas. Por el izquierdo fue menos limpio, protestaba, más corto, se quedaba debajo de las telas y, al intentar un pase de pecho fuera de sitio, descubierto, le lanzó por los aires sin consecuencias. Se repuso u volvió enrabietado, todo corazón y compromiso, pero el novillo, orientado y con sentido desarrollado, no permitió mucho más. Valor y entrega de Norte para arrancar los últimos muletazos toreando en las cercanías y matar de un gran estocada que valió otra oreja y así alcanzar sus sueños. 

Antonio Vallejo

 

lunes, 18 de mayo de 2026

9ª de San Isidro: La de Fuente Ymbro no debió irse con las orejas puestas

La de Fuente Ymbro no debió irse con las orejas puestas en el arrastre, así de claro. Bueno e interesante encierro el que ha traído Ricardo Gallardo, con claras y serias opciones en al menos tres de toros, encastados y exigentes, de los que piden el carnet y a los que había que hacerles bien las cosas para sacar lo que llevaban dentro, además de una presentación impecable, buenas hechuras, y mucha leña por delante pero manteniendo siempre las proporciones, sin exageraciones estridentes, la seriedad habitual del hierro gaditano. 
Tuvo Miguel Ángel Perera un primero que metía bien la cara en los lances por bajo de recibo y cumplió en el caballo, arrancándose pronto y con buen tranco, hundiéndose en el peto, empujando con celo, y que mantuvo movilidad y fijeza en un extraordinario tercio de banderillas a cargo de Jesús Díez "Fini". Toro encastado y exigente que en la muleta tuvo transmisión y emoción en las dos primeras tandas de derechazos ligadas en la distancia y bajándole la mano con ese poder que siempre ha caracterizado  al extremeño. Ahí prácticamente se acabó todo y comenzó a declinar la faena. Por un lado el viento que molestó a Perera nada más cambiarse al pitón izquierdo, naturales sin limpieza, enganchones y un desarme hicieron que todo fuera a menos. Por otro, decidir acortarle las distancias. En las cercanías el fuentymbro lució menos y todo lo que vino a continuación fue una sucesión de pases y más pases sin  demasiado argumento que ahogaron cualquier posibilidad de que el toro rompiera. Silencio para el matador y ovación fuerte al toro en el arrastre creo que es un dato significativo. El cuarto fue un toro noble con el que Daniel Duarte y Vicente Herrera completaron un magnífico tercio de banderillas con mucha pureza y calidad y que en la muleta tuvo escasa duración y fue a menos tras un inicio de faena en los medios con dos cambiados por la espalda marca de la casa y las primeras serie de derechazos ligados, con mando, que es lo que aguantó. Lo intentó luego por ambos pitones, quizás en demasía, y todo resultó intrascendente y carente de emoción, de nuevo pases que conducían a poco. Silencio de nuevo.
Paco Ureña se las vio con un segundo que de salida no permitió nada, siendo Curro Vivas quien con una brega portentosa y de intensa emoción lo fijó tras no querer saber nada de los capotes y  hacer que cundiera el pánico por sus embestidas quedándose debajo y soltando la cara con brusquedad. Tras un primer puyazo empleándose, en el segundo salió rebotado y rebrincado confirmando las sospechas de mansedumbre. Hecho un auténtico jabato estuvo Ureña con la muleta. Tragó lo indecible en los primeros compases, aguantó los parones y miradas del toro, medía y probaba, no se dejó comer terreno, le plantó la muleta con decisión desde el inicio, poco a poco fue ganándole el pulso a base de poner mucho más que un par y así acabar componiendo series en redondo profundas y ligadas en el sitio de enorme mérito. Por el izquierdo aún más complicado, vuelta a tragar miradas y derrotes violentos, secos, ante los que siguió mostrando una firmeza y un valor descomunal para finalmente dibujar naturales de gran emoción más un arrimón de los de verdad que puso a la plaza en pie. De no haber fallado con la espada estoy convencido que la oreja hubiera sido pedida con fuerza. Al quinto, un toro con movilidad y repetidor, lo recibió con un ramillete de  verónicas acompasadas con mucho gusto y una media de categoría, condiciones que conservó hasta la muleta, donde además se presentó exigente, pidiendo todo por bajo y sin permitir errores. No pudo ser más vibrante el inicio de faena, estatuarios, una trinchera  repleta de aromas, dos naturales sublimes y uno de pecho superior, torería pura. La exigencia del toro aportó toda la emoción, todo lo pedía por bajo y templado, trazos limpios, sin tocar las telas, con mucho temple, de lo contrario se desordenaba el conjunto. Lo logró el murciano por momentos, sobre todo con la diestra, muletazos largos y profundos que levantaron los olés, pero sin acabar de redondear las series, un tanto irregular en el conjunto y menos claro por el pitón izquierdo, bajando el listón. Quizás acabó alargando demasiado el trasteo con el fuenteymbro venido a menos en unas tandas que no tuvieron ya ningún calado. Se despidió en silencio mientras sonaban las palmas al toro en el arrastre.
Lo comenté este pasado viernes y hoy lo he comprobado sin miedo a equivocarme. Algunos le han tomado la matrícula a Fernando Adrián, le esperan de uñas y no le pasan ni una. Y si no tienen motivo, da igual, el caso es reventarle la faena, así de claro, y eso ha pasado hoy. No entiendo, si no,  la actitud de una minoría que traía ya la consigna desde casa, no parar de molestar y reprochar cuanto hiciera, algo que me parece inadmisible. Puede parecerte bien o mal la Puerta Grande del viernes, merecida o no, me da igual, el público pidió las orejas y el palco, cumpliendo el reglamento, no lo olvidemos, las concedió. Luego tú te vas a casa y dices lo que quieras, que si es regalada, que si es pobre, que desprestigia la plaza, lo que te parezca, porque eres el único que sabe y el que mantiene la pureza de la Fiesta, y me parece fenomenal. Pero eso fue el viernes, hoy es otro día y el contador se pone a cero. De verdad, me ha parecido una canallada la actitud de ese sector minoritario en el tercer toro, al que el madrileño recibió a al verónica, buenas, mecidas, rematando con una media de mucho gusto, al que Ángel Otero colocó dos pares de antología, el segundo firme candidato a par de la feria, ganándole la cara, cuadrando entre los pitones para dejar reunidos los palos de manera monumental ante una plaza en pie rendida a este grandísimo torero de plata. En la muleta tuvo mucha importancia y transmisión el fuenteymbro, exigente y encastado, pero noble y repetidor, con celo, persiguiendo la franela con la cara baja. Cierto que la faena tuvo altibajos, pero también es cierto que desde el primer instante empezó el festival de censuras, casi sin dar un pase. Lo mejor, sin duda, lo logró con las series por el derecho, mejor colocación y  acople y entendimiento, ligando por bajo, corriendo bien la mano, con transmisión, pero para algunos nada valía. Al natural le costó más, menos ritmo y más reproches, tuvo menos acople pero intentó cruzarse y hacer las cosas bien, pero a la mínima que intentaba ligar volvían los pitos y los gritos. Mantuvo la calma y siguió a lo suyo volviendo al mejor pitón y al toreo en el que se encuentra más cómodo para dibujar un par de series en redondo reposado y encajado, templadas y profundas, con ritmo. La faena estaba hecha, en mi opinión pedía un final por bajo, que lo tuvo, y con mucha torería, doblándose por bajo, muy templado, de bella factura, pero antes hizo un amago de recurrir al toreo de cercanías que resultó un tanto embarullado y deslucido, lo único que creo sobraba en la faena a un toro como el que tenía delante. Un pinchazo y una estocada caída evitaron la petición de oreja... y la consiguiente posterior bronca entre partidarios y detractores. Vio cómo fue devuelto el último toro por su invalidez y en su lugar saltó un sobrero del mismo hierro ¡y 621 kg de peso! de una presencia imponente - la ovación que despertó fue atronadora - que, aunque tuvo bríos y buen tranco de inicio tomando bien el capote en las verónicas de recibo  y con el que Ángel Otero bregó de manera magistral, se apagó muy pronto y a la muleta llegó exhausto y viniéndose por dentro con riesgo. Generoso en un esfuerzo estéril y derroche de valor baldío, nada más se le podía pedir. Al final, ovación para el madrileño y para el buen toro en el arrastre en el tercero y silencio, todos en paz.

Antonio Vallejo

 

domingo, 17 de mayo de 2026

8ª de San Isidro: Naufragio de La Quinta, Diosleguarde confirma con nota

Un año más se cumplió con la tradición de guardar en este 16 de mayo un minuto de silencio en memoria de Joselito "El Gallo", muerto tal día como hoy hace 106 años en la plaza de Talavera de la Reina tras ser corneado en el vientre por el toro Bailaor de la ganadería Viuda de Ortega.  Que nunca se pierdan esta y otras tradiciones en el toreo.
Así arrancó una tarde de mucha expectación, no hay más que ver de nuevo el lleno en los tendidos, pero que por desgracia terminó en decepción, otra más a sumar a la hace una semana de este mismo hierro, y en la que hay un nombre que ha salvado la tarde del aburrimiento, Manuel Diosleguarde, que venía de la Copa Chenel a confirmar alternativa. Una corrida sosa y deslucida a más no poder, sin entrega, sin poder alguno, varios manseando, rajados, sin transmisión ni emoción que hubiera quedado en la nada si no es por la disposición, la entrega, el valor, la generosidad y la verdad de este salmantino que lo ha puesto todo y más ante sus dos toros y qua ha pasado la prueba con nota, demostrando que quiere y puede ser torero. El de su confirmación, un auténtico tío, preciosas hechuras y unos pitones al cielo afinadísimos,  pronto y con movilidad, repitió en la muleta del salmantino, pero lo hacía sin humillar y viniéndose por dentro, apretando. No se encogió Diosleguarde, le plantó cara, le puso la muleta, se lo llevó a a los medios y allí mantuvo el pulso llegando a sacar muletazos de mucho mérito,  a un toro que acudía, tenía buen embroque pero a medio muletazo soltaba la cara con brusquedad, tragando las tarascadas sin inmutarse, mucha emoción ante el inminente peligro aumentado por un viento que no ayudaba. Para descubrirse  que consiguiera ligar tandas por ambos pitones ante tanta adversidad. El pinchazo previo a la estocada privó de la posibilidad de petición de oreja en esa faena que tuvo mucha  emoción al jugárselo todo en el filo de la navaja. al final, ovación más que merecida. Con el que cerraba plaza acabó de conquistar el corazón de todos en una faena en la que su generosidad y entrega fue máxima, sin tapujos, sin guardarse nada ante un toro muy complicado, que se quedaba corto, reponía y se revolvía buscando, que se venía por dentro por ambos pitones pero especialmente con un instinto asesino bestial por el izquierdo, poniéndoselo en la cara, sin permitir nada ni conceder el mínimo respiro, haciendo hilo a la salida sabedor de lo que había tras la franela. Enorme el valor, descomunal la decisión y la entrega del salmantino, que no dio ni un paso atrás y que no se retiró de ese pitón criminal mostrando una firmeza que llegó a unos tendidos que tenían que contener la respiración en cada muletazo por el peligro evidente para acabar escuchando unos olés que valen más que la oreja que tenía más que asegurada de no haber marrado con la espada. A todo eso debo sumar en su haber el extraordinario sentido de la medida que han tenido sus dos faenas, sin alargarlas artificialmente, algo nada fácil cuando es la única oportunidad en San Isidro y se quiere demostrar mucho, lo que habla muy bien de su cabeza y su honestidad, todo pura verdad. Desde luego puede descansar tranquilo esta noche.
El resto de la tarde ha tenido muy poco, todo ha navegado en un mar de sosería y mediocridad con toros deslucidos y sin bravura ni raza, que pasaban por pasar, nula emoción, y con un Manuel Jesús "EL Cid" que tampoco es que haya puesto mucho más que su lote, algo en el segundo, muletazos sueltos recordando algo de lo que fue, y nada ante el manso y rajado cuarto, con el que tampoco le vi especialmente confiado ni con excesivas ganas. tampoco. Álvaro Lorenzo tuvo opciones con dos toros que iban y venían deslucidos y sosos, sin decir nada. Tan solo las verónicas de saludo al tercero tuvieron eco, lo demás no pudo ser. Lo intentó el toledano por ambos pitones pero la sucesión de muletazos no llevaba a ninguna parte, el toro iba con la cara alta y en una colada desistió y se fue a por la espada, abreviando. El quinto fue un calco, así que lo mejor es pasar página y pensar que vendrán ocasiones mejores que las de esta tarde en la que Iván García volvió a desmonterarse una tarde tras cuajar un tercio de banderillas majestuoso en el tercero, ganándole terreno para cuadrar en la cara con infinita pureza y dejar los palitroques reunidos, además de bregar en el quinto con una maestría absoluta pero quedando en un inexplicable silencio. No entiendo, sinceramente, que nadie haya apreciado esa brega. Pero así pasa a veces, el tedio lleva a eso, la gente se desentiende tanto como los toros. Al menos a Raúl Caricol sí se le brindó la merecida ovación por su gran tercio de banderillas al cuarto, debieron despertar de la anestesia de la tarde en ese momento. Mañana más y espero que mejor.

Antonio Vallejo 

sábado, 16 de mayo de 2026

7ª de San Isidro: Torería añeja de Urdiales, verdad al natural de Fortes y la cuarta de Fernando Adrián

Otro "no hay billetes" en Las Ventas, y van cuatro de siete si no me equivoco, para ver la que ha sido una muy seria y muy bien presentada corrida de El Torero, de muy variado e interesante juego, para una tarde que ha tenido cabida para muchas cosas,desde el triunfo hasta el dolor, pero en ningún momento aburrimiento, lo que, después de los dos últimos días, ha sido una bendición del cielo. Buenas hechuras, con dos de los toros de especial belleza, el armónico y desafiante primero, y el impactante tercero por su capa, descrita en el programa de mano como "berrendo en negro capirote alunarado", una estampa preciosa, y buen juego en general, destacando sin duda tercero y quinto, el lote de Adrián, por encastados, con mucha movilidad y repetición además del noble y manejable quinto, mientras el segundo resultó muy peligroso, una alimaña, y los que le cayeron en suerte, o mala suerte, a Urdiales, primero y cuarto, los de poca transmisión y entrega.
Lo normal sería comenzar por el triunfador de la tarde, Fernando Adrián, que ha abierto por cuarta vez en su carrera la Puerta Grande, y quien seguro se lleva todos los honores y las portadas de esta tarde, pero no voy a hacerlo. Saben de sobra, mejor aún los que me conocen, cómo entiendo y disfruto el toreo, lo que me disgusta, lo que me gusta y lo que me apasiona. Por eso voy a comenzar por Diego Urdiales, un torero al que admiro por muchas cosas, pero sobre todo por ese poso de toreo añejo que atesora, ese toreo reposado y sentido para uno mismo que te hace crujir con cada detalle, es la calidad, no la cantidad de todo cuanto hace delante de un toro, lo que atrapa y emociona. La faena al cuarto ha sido como uno de esos grandes reservas de su tierra riojana, un vino para degustar poco a poco, despacio, sin prisas, sacándole todos los aromas, apreciando los matices y disfrutando el gusto que deja en el paladar por tiempo indefinido. Era un toro bonito y elegante, muy bien hecho, al que toreó de capote con una finura y clase sublimes por verónicas, con una media de remate repleta de gusto, como fue la faena de muleta, un vino de culto. Toro con nobleza y buen son pero sin demasiada entrega ni emoción, un tanto irregular, ante el que Urdiales estuvo con una torería suprema. Le ofreció el embroque, le bajó la mano y le condujo con suavidad, despacio, sin brusquedades, pase a pase, buscando la colocación, muy puro, primero en redondo, mano baja, para ir encelándolo y sacar lo mejor, que llegó  por el izquierdo, naturales de uno en uno, perfectamente colocado, dándole el pecho, cada uno un crujido, los trincherazos directamente partían el alma, descorchando ante nuestros ojos la mejor botella de la mejor cosecha posible, el toreo eterno, que se saborea en cada pase, en cada sorbo, sin prisa, para que perdure siempre. Mató a este cuarto marcando los tiempos, volcándose sobre el morrillo, hundiendo la espada hasta los gavilanes, arriba, en todo lo alto, la estocada perfecta, candidata sin duda alguna a estocada de la feria. Fuerte ovación con saludos tras una sorprendente y decepcionante escasa petición por parte de los tendidos. Debe ser que a muchos les gusta más el vino peleón o beber a grandes tragos y en cantidad sin apreciar la exquisitez. Yo me quedo con lo poco pero de calidad suprema,  como en el toreo. Con e que abría plaza pocas opciones tuvo Urdiales. Un toro sin entrega, que pasaba y tendía a acostarse sobre todo por el izquierdo y tendía a buscar, de los que parece que te están esperando en un descuido para hacer carne. Tuvo detalles sueltos cargados de sentimiento, pero resultaba casi imposible la continuidad, por lo que abrevió con buen criterio, aquello no podía llegar a nada bueno. Mató con habilidad pasaportándolo a la primera. Todavía tengo en el paladar el regusto de la torería añeja del maestro.
Tremendo el segundo por delante, ¡vaya dos pitones!, en puntas. Buen saludo capotero de Fortes, verónicas ganado pasos, un par de ellas de bellísima factura, con buena respuesta del animal que humilló y repitió con clase. Fue al salir del caballo cuando se llevó por delante al malagueño lanzándolo al aire para caer a plomo y quedarse medio sin sentido. Afortunadamente solo un susto, el primero, porque nada más tomar la muleta, tras los muletazos de tanteo, al tomar la franela con la diestra, de nuevo lo arrolló, esta vez quedándose a merced del astado en unos segundos de angustia entre los enormes pitones que buscaban herir donde fuera, cabeza, cuello, tórax... No sé como pero se repuso y volvió a la cara del toro y por el mismo pitón. A partir de ahí todo fue contener la respiración, en cada pase medía y miraba, las intenciones eran claras, inmenso valor y mérito de Fortes al aguantar lo que aguantó. Por fin se dio cuenta que era imposible y cortó por lo sano quitándoselo de en medio con una certera estocada, que me da igual donde cayera, misión cumplida. Atendido y operado en la enfermería de una cornada en un gemelo, según el parte facultativo, salió de nuevo a matar al quinto, al que recibió también por buenas y templadas verónicas, como si nada hubiera pasado, increíble lo de estos hombres. Primeros compases con la diestra, por bajo, llevándolo largo, toro con nobleza y que obedecía, buen son. Pero fue por el izquierdo, tras un cambio de mano portentoso por donde rompió a embestir. Tandas de naturales con la muleta planchada, echándosela delante, enganchando la embestida para conducirla con temple y profundidad, ni un toque, una delicia que se transformó en exquisitez cuando a pies junto le dio el pecho y uno a uno, con una colocación perfecta, con una verdad difícilmente inigualable, tirando del toro con suavidad, sacó naturales de ensueño que pusieron a la plaza en ebullición. Y además un valor brutal, porque le dio todas las ventajas al de El Torero, que a punto estuvo de volver a llevárselo puesto, pero ni se inmutó, lo que aumentó más si cabe  la emoción con la que se ha vivido el toreo al natural del malagueño. Mató de una magnífica estocada y cobró una oreja de ley y mucho peso por una faena de muchísima importancia.
El triunfador numérico de la tarde fue Fernando Adrián, que suma ya cuatro Puertas Grandes, que cortó dos orejas, una a cada uno de su lote, que bien podrían haber sido tres porque el tercero, para mi, era un toro para irse al arrastre sin orejas. Precioso toro, como ya he comentado, al que recibió doblándose por bajo en lances largos y una media de calidad. Poco más tarde fue Urdiales quien dibujó al aire madrileño un quite por verónicas absolutamente delicioso mostrando las cualidades de este toro exigente, la movilidad y la repetición. Sin probaturas, directamente, se puso a torear por el derecho, dándole mucha distancia, para aprovechar la movilidad y velocidad del toro, que además repetía incansable pero sin acabar de entregarse. Primeras tandas vibrantes y con mucha emoción por ese pitón, ligadas por la tremenda inercia del toro, todo muy deprisa, le pegó un par de cambiados por la espalda de vértigo y mucha transmisión. Cambió al izquierdo, una par de toques a la muleta y el panorama cambió, ahí se vio la falta de entrega del toro, que si bien se movía mucho, lo hacía sin entrega. Quizás hubiera sido bueno haber probado a doblarse  de inicio, sometiéndole, para después poder poder reducir la embestida, templar y moderar la velocidad. A lo mejor por ahí hubiera ganado más, porque la cosa empezó a ponerse en contra por parte del sector más crítico que me da la impresión que le tiene tomada la matrícula y le afeó la colocación y no bajar más la mano. Yo también creo que ese toro podía haber lucido mucho más con otro trato, todo era demasiado rápido, aunque es innegable que la faena tuvo la emoción de esa movilidad. El caso es ala natural bajó el nivel claramente y en mi opinión fue a menos, aunque levantó los ánimos con unas bernadinas de escalofrío antes de dejar una entera algo contraria que hizo que se demorara la muerte de este exigente tercero. Una oreja. La otra vino con el que cerraba plaza, que a punto estuvo a punto de llevarse puesto al madrileño, los pitones en la mismísima barriga, avisaba el de El Torero. En el turno de quites de nuevo Urdiales derramó torería con una s verónicas suavísmas meciendo al toro como si quisiera dormirle, una auténtica delicia. Curro Javier era el encargado de colocar las banderillas, le apretó en el primer par, mucho, segundo aviso. En el tercer par ya no hubo aviso, directamente enganchó al buen banderillero, lo lanzó a aire y le corneó repetidas veces en unos segundos escalofriantes donde nos temimos lo peor. Fue llevado a la enfermería y el parte médico deja a las claras que fue un milagro que salvara la vida, puntazos en región lumbar, cara interna del muslo izquierdo y externa del derecho, contusión en bolsa escrotal y erosiones y contusiones múltiples. Lo dicho, estuvo bajo los pitones demasiado tiempo, San Isidro tuvo que echar el capote que nadie había echado antes con más prontitud y diligencia. La faena de muleta tuvo cierta similitud con la anterior, pero esta vez con más temple y despaciosidad. Primeros compases por el derecho, esta vez sí probándolo por bajo, tandas en redondo más pausadas y de más calidad, toreo en línea curva, no en la recta de su anterior, pasando al pitón izquierdo por donde el animal rompió y los naturales surgieron mucho más reposados y con más limpieza que en el tercero, ligados por bajo, algunos muy hondos,  aunque se le censuró de nuevo la colocación, a veces con razón al quedarse fuera, pero otras no, porque es cierto que para encontrar la ligazón en algunas tandas es absolutamente imposible estar siempre cruzado. Es lo de siempre, ya sabemos lo que pasa en esta plaza. Fue a menos y recurrió a las cercanías, metiéndose entre los pitones con un toreo más efectista que fundamental, pero elevó de nuevo los ánimos del respetable antes de  matar de entera tendida y cobrar otra oreja con división de opiniones para salir a hombros camino de la calle Alcalá. 

Antonio Vallejo 
 

viernes, 15 de mayo de 2026

6ª de San Isidro: Vergüenza torera de Luque entre las ruinas


 Justo antes de arrancar el paseíllo de la novillada de este pasado martes me dijeron personas muy metidas en los entresijos de esta plaza que de la corrida del jueves, es decir, hoy, la de El Parralejo, solo habían pasado el reconocimiento dos toros de todos los desembarcados, y que el rebote del ganadero fue tal que directamente los subió al camión y, hala, de vuelta a Huelva. Y también me dijeron que muy posiblemente se sustituyera por una de Vellosino. ¿Saben cuál fue mi respuesta cuando me recuperé del asombro de la información?: "¡Estamos apañaos!", y no me equivocaba. Primero, que es raro que solo dos toros pasaran el reconocimiento de una ganadería que venía de dar una extraordinaria tarde de toros en Sevilla, y por lo que me dijeron había cosas chocantes en ese reconocimiento. Y segundo, que a cambio trajeran los de Vellosino, que  precisamente no es de las que mejor cartel tiene en Madrid, más bien está en especie de "lista negra" de ganaderías. Quien sea la cabeza pensante de todo esto, desde luego, se ha lucido... o hay otros motivos que desconocemos para que lo que ha salido hoy por la puerta de toriles sí haya pasado el reconocimiento. 
Una corrida que ha sido un petardo más grande que toda la mascleta. Seis toros sin fondo ni fuerzas, ni una gota de energía ni empuje, cero poder, carentes de todo, distraídos, sin fijeza, sin entrega, sin movilidad, sin recorrido, sosos, deslucidos, descompuestos, nula emoción y ninguna opción para nada. Uno tras otro iban saltando al ruedo venteño, cada cual peor, que han provocado el más absoluto aburrimiento y el hartazgo de unos tendidos abarrotados - otro lleno - que en vez de una tarde de toros lo que vieron fueron auténticas ruinas.
Ponerme a contarles una tarde como la de hoy no merece la pena, sería añadir aún más penurias a las ya padecidas bajo el frío y el viento, así que mejor ahorrar detalles. Decir que bastante tuvieron Sebastián Castella y David de Miranda con mantener su lote en pie, toros que se venían abajo con estrépito, que pasaban por la muleta porque estaban allí, iban y venían sin más, a pesar de los intentos de ambos espadas por sacar algo de ese pozo vacío. Era imposible. Bien hizo Castella en tirar por la calle de en medio con el primero que no se tenía en pie, literalmente, y ojalá hubiera hecho lo mismo con el cuarto al que recetó un trasteo de un metraje excesivo, pases y pases intentando mantener  en pie con la muleta a media altura a un toro que era soso y desganado a más no poder. Tanto alargó de manera innecesaria a mi entender, que estuvo a escasos segundos de escuchar el tercer aviso al demorarse la muerte del animal por el desacierto con los aceros. David de Miranda poco más o menos, que quiso poner chispa con unos estatuarios muy toreros en los primeros compases de faena con el tercero, pero sin continuación por su falta de celo y  fijeza, otro que iba al tran-tran , sin gracia alguna, sin decir nada, pero que al lado de lo que fue el que cerró plaza casi podría decirse que era buen toro y que hasta tuvo emoción. Imagínense lo que fue, un espanto ante el el que el onubense se estrelló a pesar de intentarlo de todas las maneras, un toro que no es que tuviera poco recorrido, es que directamente no pasaba, algo horripilante. 
No se crean que el lote de Daniel Luque fue mejor, ¡que va!, más o menos igual, pero entre esas ruinas emergió la figura del sevillano que dio una lección magistral de técnica y poder. Al segundo lo mimó sobremanera, le dio la altura y el ritmo que precisaba, muchas pausas, porque no daba para más, iba con lo justo o menos, y así, a base de cuidarlo y mantenerle en pie, consiguió meterle poco a poco en la muleta, sin obligarle pero atacando él para llegar a pegarle cuatro naturales soberbios sacados de la nada que fueron magia pura. No tuvo más ese toro que acabo viniéndose abajo, como era de esperar, a pesar del magnífico trato que le concedió Luque. Fue en el quinto, un mastodonte de 610 Kg que no podía ni con el alma, donde la vergüenza torera del de Gerena tomó el mando y dijo basta a lo que estaba pasando en Madrid. Primero con el capote en unas verónicas a pies juntos deliciosas, más tarde con un quite por chicuelinas que parecían imposibles, y finalmente en la muleta con otra lección de conocimiento, paciencia y capacidad. Dos trincherazos al inicio de la faena marcaron la pauta de lo que iba a venir, poco a poco, con calma, todo muy suave, caricias para no lastimar a un toro que iba con la reserva encendida, sometiéndole un poquito en cada muletazo, acortando las distancias para acabar por bajo y tejer tandas muy cortas, el animal aguantaba lo justo, pero profundas y de mucha emoción, un auténtico milagro obrado por el inmenso saber y hacer de este pedazo torero. Mató de manera certera y fue despedido con ovación en ambos más petición insuficiente en el quinto en reconocimiento a una tarde de mucha importancia entre las ruinas de Vellosino.

Antonio Vallejo

jueves, 14 de mayo de 2026

5ª de San Isidro: Partido de Resina, tremenda decepción

Había mucha expectación por ver esta corrida de Partido de Resina (antes Pablo Romero) tras 8 años sin venir a San Isidro, que no a Madrid, ya que lidió una corrida completa fuera del serial en la temporada 2019 y participó en las corridas concurso de ganaderías los años 2023, 2024 y 2025, año en el que también estuvo presente en un desafío ganadero con Monteviejo, dejando en todas esas ocasiones una magnífica sensación además de magníficos toros para el recuerdo. Solo había que ver el excelente aspecto de los tendidos de La Monumental en esta tarde en la que por fin el viento frío y la amenaza de lluvia parecen esfumarse de la capital. Bastante más de tres cuartos, de plaza, algo más de los tres cuartos de la extraordinaria novillada de ayer, para ver estos toros  a los que les pasa como a los miuras,  que con tan solo oír su nombre, los pabloromeros, se echa uno a temblar por su leyenda de exigentes, correosos, duros, fieros y peligrosos, algo que ha provocado que desde finales del siglo XIX que data su procedencia haya sido uno de esos encastes de los que las figuras huyen. No ha sido así esta tarde, desde luego. Desgraciadamente ha sido una corrida sin fondo, sin bravura, sin raza, sin entrega, sin movilidad, incluso tirando a mansa, ná de ná que diría aquel. Y lo peor de todo, que ha llevado al aburrimiento, al tedio absoluto ante la falta de la mínima emoción. Eso sí, la presentación ha sido buena, solo faltaba que no, entonces apaga y vámonos, y ha sido una corrida muy seria, toros ofensivos, terminados en puntas, auténticos puñales, y con enorme presencia. Aunque también digo una cosa, salvo el segundo, todo un tío el imponente cárdeno, que ha sido fuertemente ovacionado de salida por sus hechuras, los demás ningún aplauso, saquen ustedes sus propias conclusiones. Es lo que le faltaba a la tarde para completar el círculo de la decepción. Decepción que ha sido mayúscula en el tercio de varas que en estas corridas llamadas toristas se convierte en el epicentro del espectáculo y en el que más se exige colocar a los toros en largo, medir las arrancadas y valorar la entrega en el caballo. Pues ni eso ha habido. Tan solo recuerdo un puyazo sensacional de Israel de Pedro al tercero de la tarde, del resto muy pobre la pelea en el peto, les costaba un mundo arrancarse, ponerles en largo para que fueran era una utopía, y cuando se les colocaba más cerca para que al menos fueran al caballo algunos sectores se levantaban airados, protestando algo que era imposible a todas luces, ¿es que no veían que no se movían y querían poca pelea y no había manera de picarlos si no se hacía así?. Y cuando por fin lo hacían no se han empleado, han empujado muy poco, se han quedado la mayoría dormidos en el peto, y se ha oido mucho el estribo. Una pena porque el tercio de varas es de una emoción intensísima cuando el toro se arranca y se ejecuta bien. Igual que digo en varas podría decir lo mismo del juego en el capote, nulo, no han permitido lucimiento, tan solo brega, era lo único posible y lo que había que hacer con estos toros, del tercio de banderillas, poca movilidad, más bien parados, esperando y cortando, tan solo dos grandes pares de Miguelín Murillo al primero, los de Fernando Sánchez, ¡cómo no!, al primero y cuarto, y los de Delijorge al segundo, y de la muleta, en donde no han tenido entrega alguna, escaso recorrido, reponiendo y volviéndose a medio muletazo, sin transmisión ni emoción.
Con esto se han encontrado Antonio Ferrera, Calita y Jesús Enrique Colombo, difícil papeleta de la que el que ha salido mejor parado ha sido Ferrera, que ha demostrado su gran capacidad lidiadora, una constante a lo largo de su extensa carrera, y una maestría y unos recursos fruto de su veteranía. Tenía claro que no eran toros para lucirse de capa. Pues a bregar, a echarles el capote abajo, andarles hacia atrás y someterlos, además de un par de recortes con mucho gusto para colocarlos ante el caballo. No había más que hacer, y lo ha hecho muy bien. En la muleta también lo tuvo claro, técnica de maestro veterano ante el primero, consintiéndole, dándole pausas, sin someterle en demasía, muletazos sueltos, la ligazón era imposible, el toro pasaba por allí desentendido, iba y venía sin entrega, llegando a dibujar algunos muletazos con la diestra con enjundia, tirando del toro, faena de quien ha batallado mucho con este tipo de toros y tiene un conocimiento del toreo fuera de toda duda. Mérito silencioso el del balear en este primero falto de emoción. Más mérito aún con el cuarto, sacando de nuevo a la luz sus recursos y capacidad lidiadora. Le concedió la altura y las distancias, todo se lo hizo a favor, con enorme técnica, llegando a robar, mejor dicho, a arrancar, un par de derechazos y cuatro naturales sensacionales por profundos y largos, maravillosos, tirando del toro, ganándose el respeto y el reconocimiento del público que  a la muerte de este cuarto le tributó la única ovación de la tarde por su meritoria actuación rubricada con sendas estocadas certeras. El único pero a su buen hacer, que quizás el metraje de ambas faenas fue excedido, cierta brevedad en estos toros en los que la emoción está casi ausente se agradece. 
Pocas opciones tuvieron el mexicano Calita y el venezolano Colombo con sus lotes. Calita se las vio con un segundo que aunque no tenía mal embroque luego no pasaba, y si lo hacía era por encima del palillo, nula entrega, sin emoción alguna, y con un quinto descastado y deslucido a más no poder, que no transmitía nada. Tiró de técnica en ambos pero en ningún momento tomó vuelo, y con los aceros anduvo algo desacertado. Colombo puso toda su voluntad con un tercero que de salida parecía que tenía movilidad y cierta raza pero que se fue apagando. Le colocó los tres pares fiel a su estilo más espectacular que puro, algo acrobático podría decirse, con diferente acierto o desacierto, según el sector del público, unos le aplaudían, otros le censuraban por ir un tanto a toro pasado y llegó a la muleta midiendo y pasando porque tenía que pasar, sin emplearse lo mínimo, sin emoción alguna. Puso ganas y entrega, trató de tirar del pabloromero, pero no llegó a los tendidos. Peor se le pusieron las cosas con el que cerraba plaza, un animal infumable, manso y sin un pase. Fue en banderillas, se disponía el venezolano a poner los tres pares, el toro no quería saber nada, distraído, parado, sin atender a las llamadas del matador. Tenía que hacerlo todo él, estaba claro, pero no era nada fácil y dudó ante los parones y amagos de arrancada pasando en falso varias veces sin acabar de decidirse, incapaz y desbordado, sin saber qué hacer, ni que terrenos podían ser los propicios, sin ideas, lo que fue enervando al personal cada vez más, era tarde, las nueve y cuarto y la corrida pesaba ya mucho, el cansancio y el aburrimiento eran evidentes y la bronca creció. Desistió Colombo y entregó los garapullos a su cuadrilla dejándoles el marrón, lo que me ha gustado poco y me parece incluso una falta de respeto hacia ellos. Pasaron las de Caín, incapaces de clavar los arpones, una pasada y otra, de cualquier manera valía, de lado, de una en una, como fuera, pero que quedaran cuatro palos clavados y a otra cosa. No sé si fueron cuatro o cinco las veces que los banderilleros lo intentaron en medio de la bronca, pero viendo que aquello iba de mal en peor el presidente sacó el pañuelo blanco y entonces se armó la mundial al cambiar el tercio contrariamente al reglamento, muy mal hecho, totalmente de acuerdo. Pero reconózcanlo si alguno de los que lee esto estaba en la plaza, que en el fondo se lo agradecimos, aquello era un espectáculo lamentable, impropio de la plaza de Madrid, bochornoso.... pero las horas eran las que eran y estábamos un poco hartos, por lo que, digamos, hicimos la vista gorda y agradecimos que se pasara a lo que no fue faena, el horno no estaba para bollos y Colombo, tras lo ocurrido, lo único que podía y debía hacer a ese toro que no valía para nada era abreviar y pasaportarlo lo más rápido posible, porque cualquier intento de algo iba a ser peor, como lo fue. 
En fin, que es una lástima que un hierro y un encaste legendario haya pasado de esta manera tan triste por San Isidro, pero no me sorprende, la verdad, ya estamos acostumbrados a muchas tardes como esta cuando el torismo asoma. Tremenda decepción.

Antonio Vallejo