miércoles, 20 de mayo de 2026

10ª de San Isidro: Julio Norte alcanza sus sueños

Tres jóvenes novilleros venían hoy a Madrid para vérselas con un encierro de Fuente Ymbro, palabras mayores, máxima responsabilidad por el escenario y el ganado, probablemente con nervios, pero seguro que llenos de ilusión y de esos sueños que desde niños, cuando decidieron que querían ser toreros, llevan en la cabeza y que, en el caso del salmantino Julio Norte,  se han visto cumplidos en esta preciosa tarde primaveral. Me imagino todo lo que se le ha podido pasar por la cabeza a es niño de 18 años que esta tarde ha salido a hombros por la Puerta Grande para tocar el cielo de Madrid, todo lo que siempre ha perseguido y anhelado desde que cogió por primera vez un capote y una muleta hecho realidad, la felicidad suprema.
Creo que hoy  es día para que también nosotros sintamos felicidad por lo que hemos visto y que para mi ha marcado la tarde, más allá de cualquier detalle técnico o cualquier juicio a su actuación. Lo que más me ha gustado es haber visto a dos novilleros, Julio Norte, 18 añitos, y Mario Vilau, 19 añitos,  pisar por primera vez la arena de Las Ventas y estar, como siempre se ha dicho y se pide, en novilleros. Todo lo han dado, no se han guardado nada, y lo han hecho con transparencia, sinceridad y verdad, con muchas virtudes, y también con defectos, faltaría más, pero que se compensan y perdonan por la ilusión con la que han afrontado el compromiso, además del valor desinteresado y la entrega que nos han brindado. Sí, pueden llamarme lo que quieran, blando, amable, transigente, permisivo, tolerante, amable.... lo admito, ambos me han conquistado por esa sensación de inocencia y honestidad que me han transmitido, incluso ternura, al verles enfrentarse sin tapujos a esos novillos, que, aunque desiguales en presentación y trapío, todos han tenido seriedad, incluso el tercero, el más protestado por falta de remate, lo comparto, pero con dos puñales por delante, por lo que los "miaus" que se han escuchado por la minoría más crítica, me parecen, se lo digo así, una indecencia. 
Hubo un tercer novillero, por supuesto, el peruano Pedro Luis, 25 años, más veterano y forjado, ya conocido en Madrid, que ha pasado más de puntillas en esta tarde al toparse con un noblote pero sin fuerzas ni empuje  primero, con el que estuvo, digamos, aseado, pero sin emoción, todo tuvo que ser a media altura y sin obligarle porque no aguantaba lo mínimo. Con el cuarto, que tuvo ritmo y profundidad, repetidor, le costó acoplarse y fue al final de faena y al natural donde la faena elevó el tono y se vieron muletazos con empaque y hondura, pero todo en un contexto de irregularidad.
Mario Vilau, de Hospitalet de Llobregat, sólo con ese dato me descubro por haber llegado hasta esta tarde. No hace falta ser Demóstenes para intuir lo difícil que tiene que ser en Cataluña tomar la decisión de ser torero, hay que echarle valor, mucho, y sortear miles de obstáculos, como todos los niños de la Escuela Taurina de Cataluña, héroes en tierra hostil para el toreo. Ya sólo verle andar con decisión hacia la puerta de toriles, hincarse de rodillas y recibir a sus dos novillos a porta gayola, es toda una declaración de intenciones y muestra de sus ganas de ser torero entregándolo todo. Luego el inicio de faena de rodillas ante un utrero que no regalaba nada dejaba clara su disposición y entrega, aguantando las embestidas viniéndose por dentro, algunos parones y miradas, plantándole la muleta, manteniendo el pulso, poco a poco fue metiéndole en los vuelos en una faena que fue a más y que tuvo mucha emoción porque toreó con el corazón y verdad, sobre todo al natural, con mucho temple, ligando series hondas de mucho mérito y clase. Además mató de un estoconazo hasta la bola que valió una oreja indiscutible. El quinto fue un manso con peligro al que también recibió a porta gayola, más compromiso imposible. Desde salida mostró su condición, huidizo, sin querer entrar al caballo, esperando en banderillas, reservón en la muleta, medía, se quedaba debajo, a medio camino, se revolvía para soltar derrotes secos, defendiéndose. Muy valiente el catalán, sin amedrentarse, tragó lo indecible, poniéndose de verdad, cada pase era una angustia, hasta que en uno de esos el fuenteymbro se lo echó a los lomos y le corneó en el muslo. No se encogión, un torniquete y vuelta a la cara del novillo, pero cada vez tenía más peligro y, bien aconsejado, cortó lo que era imposible y mató con una entera para recorrer el ruedo por su pie camino de la enfermería en medio de una grandísima, cariñosa y merecida ovación por una tarde de verdad en la ha vivido las dos caras del toreo. 
Julio Norte cumplió los sueños que ya había saboreado en Fallas, dos orejas y salida a hombros con novillos de este mismo hierro, triunfador del certamen. Recibió al muy terciado y protestado  tercero con una larga cambiada y lo lidió hacia los medios con criterio. El inicio de faena por estatuarios tuvo gusto para después ponerse a torear por el derecho y con mando ir sometiendo las descompuestas embestidas, plantándole la muleta, bien colocado, con temple, bajándole la mano para acabar en dominador. Por ambos pitones trazó los muletazos bajándole la mano, templado, con profundidad y ligazón, mucha emoción y transmisión, hasta que aguantó el fuenteymbro. Quizás ahí era el momento de ir a por la espada y acabar, pero las ganas de novillero le llevaron a alargar un tanto en tres circulares y un arrimón en las cercanías, por lo que le disculpo todo, prefiero que vengan así, a mostrarse como son y darse enteros. Se tiró con todo a matar y reventó al novillo hundiendo el acero hasta la yema...pero caída, fea. A pesar de todo se pidió la oreja por mayoría, al menos así lo aprecié desde el tendido, que fue concedida por el palco y la consiguiente bronca de quienes consideraban que la defectuosa estocada no puede llevar a ese trofeo. El presidente cumplió el reglamento, cierto, pero me parece que una vuelta al ruedo hubiera sido justo premio. El que cerraba plaza era un toro, por cuajo y cara, bellísima lámina, con buen tranco y repetición y fijeza. De rodillas, con dos cambiados por la espalda de cortar la respiración arrancó una faena que tuvo como virtud la movilidad y el buen son del novillo, al que le dio distancia y embarcó en tandas en redondo de mucha transmisión, templadas y profundas. Por el izquierdo fue menos limpio, protestaba, más corto, se quedaba debajo de las telas y, al intentar un pase de pecho fuera de sitio, descubierto, le lanzó por los aires sin consecuencias. Se repuso u volvió enrabietado, todo corazón y compromiso, pero el novillo, orientado y con sentido desarrollado, no permitió mucho más. Valor y entrega de Norte para arrancar los últimos muletazos toreando en las cercanías y matar de un gran estocada que valió otra oreja y así alcanzar sus sueños. 

Antonio Vallejo

 

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