La anunciada era una de Lagunajanda. Baile de corrales y la que ha venido a Madrid ha sido de Montalvo, ¡bendito baile de corrales!. Evidentemente jamás sabremos cómo hubieran salido los de la ganadería gaditana, pero los salmantinos de Montalvo han pasado con nota el examen de Las Ventas. Y eso que el inicio no presagiaba nada bueno, el primero, ¡zas!, devuelto a corrales por su muy evidente invalidez, saliendo en su lugar un sobrero de Casa de los Toreros que no ha deslucido para nada lo que ha sido la tónica de la tarde. Para mi gusto una corrida de excelente presentación y con trapío, toros hondos, cuajados y con una seriedad tremenda, y con buen juego y opciones claras para el triunfo. Buen fondo, con clase y nobleza, descolgando, con codicia, repetidores, que de haber tenido un punto más de empuje y poder hubieran sido de escándalo. Ese ha sido su único lunar, lo que les ha restado duración en la muleta y en algunos momentos algo más de transmisión, aunque en general ha sido una tarde cargada de emociones porque si algo les faltaba a los toros allí estaban los matadores, José Garrido, Ismael Martín y Samuel Navalón, para poner la chispa y encender la llama de la pasión. Ha sido una corrida muy larga, dos horas y cincuenta minutos, donde ha habido de todo y ha pasado de todo, pero en la que no ha habido la mínima ocasión para el aburrimiento, ni un minuto, imposible, ha sido una montaña rusa de sentimientos sin parar que ha conseguido que nos haya parecido hasta corta, nadie se ha preocupado del reloj, incluso si hubieran soltado un toro más a nadie le habría importado. Y eso ha sido posible única y exclusivamente a que hoy, en Madrid, ha habido toros y toreros, algo aparentemente sencillo pero tan difícil de conjuntar.
Sí, dos de Montalvo han sido devueltos a corrales por su invalidez, pero ha dado igual porque los sobreros de Casa de los Toreros y Fermín Bohórquez han aportado también su clase y nobleza para que no decayera la emoción. Y sí, podían haber durado más en la muleta, pero lo que han dado mientras la gasolina les ha durado, ¡cómo ha sido!, ¡que manera de embestir! Clase a raudales, humillando, con fijeza y repetición, que la han aprovechado al máximo Garrido, Martín y Navalón que han venido a comerse Madrid, con un compromiso y una entrega pocas veces vista. Eso lo ilustra que los tres se han ido a porta gayola a recibir al cuarto, quinto, sexto y sexto bis con unas largas cambiadas de mucha exposición, sin dejar nada para mañana. Pero no todo ha sido querer, es que además han desplegado pasajes de toreo de muchos quilates, tanto de capa como de muleta, para el recuerdo las verónicas y chicuelinas de José Garrido - ¡qué templado!, ¡qué gusto!, ¡y qué medias de remate! - los lances de saludo y quites de Ismael Martín, han tenido de todo, verónicas, chicuelinas, media de rodillas arrebatadora, un quite de oro, escobinas, revoleras, todo un despliegue de capa que me ha dejado atónito, así como el temple y la calidad de Navalón en el toreo fundamental, a la verónica, con una media deteniendo el tiempo, junto a unas chicuelinas ajustadísmas ejecutadas también con una lentitud pasmosa, una delicia. En la muleta los tres han estado a mucha altura y han exprimido al máximo las condiciones de sus lotes, no han dudado de hincarse de rodillas cual novilleros en el inicio de faena, véase Garrido en el cuarto y Navalón en el sexto, electrizante, llevándolo muy templado y largo en derechazos de una profundidad extrema, o Ismael Martín con un cambiado por la espalda de muchísimo riesgo, y cuando han interpretado el toreo vertical los tres han aplicado colocación, temple y mando a sus faenas, componiendo tandas de enorme profundidad por ambos pitones cuando el buen ritmo de los toros y su repetición ha permitido la ligazón en el sitio, toreo en redondo de mucha calidad, pero sobre todo unos naturales para morirse en los que los tres se han abandonado. Y cuando se iban apagando los toros y la faena iba a menos se han puesto, muy cruzados, hoy nadie les ha podido reprochar ni un milímetro la colocación, trazando derechazos y naturales de uno en uno de máxima expresión. Y si llegaban al límite de sus fuerzas, menos dudas aún para torear en terrenos de máximo compromiso, entre los pitones, arrimones con mucha verdad que han puesto a la plaza en pie. En este aspecto, el de la verdad, tengo que hacer una referencia especial a Ismael Martín que lo ha dado todo y un poco más en sus dos tercios de banderillas, que si bien en alguno de sus pares ha clavado con una leve ventaja, en los otros cuatro ha estado fenomenal, ganándoles terreno, cuadrando en la cara y reuniendo a la perfección, especialmente en el último par al quinto bis, el que llaman de la moviola, corriendo hacia atrás, asomándose al balcón, dejándose llegar la punta del pitón al bordado del chaleco, un par de antología, una locura. Como también quiero recordar que a Ismael el Montalvo que fue devuelto, un toro que parecía tener un defecto de vista por como cortaba y se vencía por ambos pitones pero especialmente por el izquierdo, se lo llevó por delante en una de las verónicas de saludo, lo lanzó por los aires desgarrándole la taleguilla sin que afortunadamente tuviera cornada. ¿Cuál fue su respuesta? Pues ni mirarse, ver cómo ese toro era devuelto, esperar a que le repararan la taleguilla con un vendaje de esparadrapo ¡e irse a porta gayola a recibir al sobrero!. Sin olvidar tampoco que a Navalón el sexto también le propinó un volteretón de órdago y un posible puntazo en la cara posterior de la rodilla del que se repuso y se plantó de nuevo para torear como los ángeles por entrega y temple , como si nada. Eso lo dice todo, entrega y verdad, honor y compromiso, cuya recompensa no se puede medir por una oreja para Garrido, una vuelta al ruedo para Martín o la fuerte ovación con saludos a Navalón. Su recompensa en esta tarde es mucho mayor, es el respeto que se han ganado, es el toreo en su máxima expresión.
Antonio Vallejo

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