Cuando uno va a ver una de José Escolar ya sabe lo que va a encontrarse, y pocas veces se equivoca. Han sido muchos los años que no he tenido más remedio que verlas porque hasta hace no mucho, quizás unos seis o siete sanisidros, la renuncia a algunas corridas del abono no estaba contemplada, pero desde que esa norma se instaló debo decirles que la de Escolar es la primera que dejo. Sí, ya sé que hace dos años fue una magnífica corrida, para muchos jurados la triunfadora de la feria, pero lo habitual es lo que hemos se ha visto hoy en los cuatro primeros, un plomazo, toros sin recorrido, que raramente sirven en el capote, se frenan, con las manos por delante, quedándose en los vuelos, salvo que se les lidie sobre los pies llevándolos hacia los medios andándoles hacia atrás y por bajo, que está muy bien...¡pero seis veces lo mismo! - sinceramente, prefiero una verónica que me parta en dos - y que en la muleta no te regalan nada y te piden todo, sobre todo tener un par bien puesto, de corto recorrido, reponen y se revuelven, muy orientados y con peligro, soltando derrotes y hachazos con sus guadañas, pero sin clase alguna, alimañas más propias del circo romano sediento de sangre que de otra cosa, sin descolgar, con la emoción del susto, el miedo, el pavor, el sobresalto continuo con las pulsaciones a mil y la angustia cortando la respiración. ¿Digo emoción?, a lo mejor está más cerca del masoquismo al encontrar placer en el sufrimiento propio, o de sadismo al disfrutar con el sufrimiento de otro. Para mi la emocióndel toreo es otra, véase Diego Urdiales el día de La Prensa, o la corrida de Juan Pedro, eso sin hablar de Morante, ausente de de Madrid por las prisas de los recaudadores, renovar abono o morir, en enero. Por esos derroteros ha corrido la tarde de hoy en sus cuatro primeros, muy deslucidos, sin entrega alguna, incluso justos de fuerzas, con mucho genio, sí, mucha mala leche, mirando, pero sin clase alguna y cero humillación. Han aguantado y tragado Pepe Moral - vaya lote infumable el suyo, el primero al menos tenía cierta nobleza, el cuarto nada -, que ha estado digno, tratando de robar algún muletazo con cierta calidad poniéndoles la muleta en la cara ante dos toros que se defendían con la cara alta, el cuarto por las nubes. Mucha dignidad y compromiso, sin dar un paso atrás, pero sin opción alguna al lucimiento, faenas de valor mal recompensadas. Y lo mismo puedo decir de Damián Castaño y Gómez del Pilar con el segundo y tercero, les han plantado cara sin dudarlo, con firmeza y decisión, tragando lo indecible, tirando de los dos toros con tesón, robando muletazos sueltos con profundidad, de mucho mérito, y cuando intentaban ligar las series, lo que suele ser con este hierro, el primer pase lo tragan, en el segundo se lo piensan y el tercero es imposible, solo buscan carne. Y así han salido y han vuelto en el arrastre, unos a uno, los cuatro primeros, bastante plomizo. Bueno, quizás con un destello de emoción cuando el tercero ha tenido dos arrancadas al caballo con buen galope, eso ha parecido la octava maravilla del mundo, el clamor torista, al menos había algo de lo que supuestamente se viene a ver en estas corridas, el tercio de varas. Solo un destello, porque en realidad en el primer encuentro el toro se ha empleado con discreción y el segundo tan solo ha sido señalado. Aprovecho para comentarlo, los tercios de varas han sido paupérrimos, no se han empleado ni lo justo ni necesario que decimos en misa, salvo ese tercero con sus arrancadas en largo y el segundo puyazo al sexto, ese sí ha sido vibrante, en largo, bien agarrado por Pepe Aguado, delantero y midiendo perfectamente el castigo, con el de Escolar empujando con celo, metiendo los riñones, sacando a la luz la inmensa belleza de este tercio cuando se ejecuta siguiendo los cánones.
Pero han salido quinto y sexto para salvar la tarde, dos toros con dos registros muy diferentes, encastado y muy exigente uno y con una clase y una humillación espléndida el otro. Con el quinto Damián Castaño ha dado una vuelta al ruedo tras jugársela a cuerpo limpio, sin guardarse nada, ante un animal que en su tremenda aspereza encerraba emoción por la lucha sin cuartel entre ambos. ¡Cómo se ha puesto el salmantino! Cruzarse es poco, exponiendo todo, tragando coladas y derrotes a un toro que reponía con sentido, perfectamente orientado, que iba a lo que iba. Le ha plantado la muleta, no se ha dejado ganar terreno, no ha dudado ni lo mínimo, si lo hubiera hecho estaba perdido porque este encaste no te permite ni un segundo de distracción, y al final ha conseguido someterlo en algunos muletazos y series cortas por ambos pitones de muchísimo valor y mérito, con mucha transmisión, que han calado en unos tendidos hambrientos de emoción. Creo que de haber estado más fino con la espada hubiera cortado una oreja, pero la vuelta al ruedo de Damián Castaño es de las que tiene peso. En otro registro estaba el sexto, sin perder ni una gota de su sangre y con ese carácter propio de su encaste, además de una lámina espectacular, bellísima, pura Santacoloma, igual que el primero y tercero, preciosos animales, armónicos, rematados, con un trapío colosal, los tres muy fuertemente ovacionados de salida por sus hechuras, de enamorarse. Ese que cerraba plaza ha metido la cara con una fijeza y una calidad extraordinaria, hundiendo los pitones en el peto y mostrando magníficas condiciones en banderillas. Y en la muleta ha derramado bravura, descolgando, el hocico por la arena, haciendo el avión en las primeras tandas en redondo, con enorme clase, repitiendo, profundas, pero al mismo tiempo exigiendo todo por bajo y sin conceder mucho, a la mínima avisaba, algún punteo a la muleta diciéndole a Gómez del Pilar que se anduviera con ojo. Por el izquierdo le ha costado algo más, los primeros naturales con menos recorrido y limpieza, pero a base de colocación perfecta y mando ha trazado varios excelentes, con mucha verdad, dándole el pecho, a pies juntos, de mucha transmisión. Una faena de muchos quilates, manteniéndole el pulso al buen toro, todo por bajo, apostándolo todo a esa carta, con entrega absoluta. No había duda que iba para oreja pero se ha quedado en una ovación con saludos, también de peso, al emborronar el conjunto con la espada, que ha sido otra de las notas dominantes de la tarde, que se ha matado mal, algo nada extraño en estas corridas duras.
Y ahora, después de todo esto, me preguntarán si me ha compensado renunciar a esta corrida. Pues sí, como hubiera renunciado a otra media docena más de las tres permitidas porque, como dije al inicio, esto ya lo he visto muchas veces, miento, lo normal es que hayan sido bastante peores incluso que los cuatro primeros. Con estas corrida toristas me ocurre que con un par de ellas voy bien servido para una temporada. ¿Me gustan?, sí, pero en su dosis justa y necesaria. ¿Y mañana?, pues lo veremos. De momento había programada una de Lagunajanda que también rechacé pero no ha pasado el reconocimiento, algo que desde lo del toro de 715 Kg del otro día es ya el expediente x veterinario, a saber los motivos, y lo que viene es una de Montalvo. Hoy, por la tele, ha sido mejor. Mañana Dios dirá.
Antonio Vallejo

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