sábado, 13 de mayo de 2017

2ª de San Isidro: Magníficas hechuras y gran Morenito de Aranda


Otra tarde de incertidumbre climatológica, quien más quien menos mirando a los negros nubarrones que rodeaban la plaza de toros y que amenazaban con soltar su carga de agua en cualquier momento, como han estado haciendo durante toda la jornada. Insisto en lo que tantas veces he dicho, de toda la vida la primera parte de San Isidro ha venido pasada por agua, unos años más y otros menos, pero la lluvia ha marcado de siempre las primeras tardes, aunque ahora se empeñen en hacernos creer que se está calentando todo y nos vamos a convertir en desierto y que el clima está cambiando. ¡Y una leche!, la vida sigue igual, como la canción de Julio Iglesias, no me cansaré de repetirlo.
A pesar de lo desapacible de la tarde casi tres cuartos de plaza se han llenado para ver a Eugenio de Mora, Morenito de Aranda y Román frente a toros de El Ventorrillo, procedencia Juan Pedro Domecq Solís. Seis toros magníficamente presentados, variados de hechuras pero todos serios por delante, ofensivos, astifinos, terminados en puntas, algunos de bellísima lámina, el quinto me ha parecido un animal de una belleza extraordinaria, y otros algo más bastos a mi juicio, como primero y sexto, y que en cuanto a comportamiento también han tenido un denominador común, la mansedumbre, a excepción del muy buen quinto y el segundo, más noble y manejable.
Morenito de Aranda se ha llevado el mejor lote con diferencia. El segundo, suelto de carnes, muy serio, abierto de pitones, astifino, se mueve en el capote sin demasiada fijeza y empuja con cierta codicia en el caballo que monta Héctor Piña. No perdona Román su turno de quites y nos deja uno por gaoneras ceñidas, una saltillera y una larga por alto de mucho gusto. No se deja pisar terreno Morenito de Aranda y  replica por verónicas templadas, sobre todo una lentísima acompañando el viaje con la cintura y una media de remate de cartel, con muchísima clase y sabor. Magnífico, sensacional el tercio de banderillas protagonizado por Roberto Martín "Jarocho" y Pascual Mellinas, con rectitud, ganando la cara del toro, cuadrando y colocando limpiamente los palos para salir del encuentro con torería. Ambos banderilleros han recibido una atronadora ovación a la que han respondido desmonterándose. Si algo ha demostrado Morenito de Aranda en la tarde de hoy es tener la mente clara y la cabeza despejada, dejando sensación de madurez y de torero centrado y hecho. A este segundo, noble pero con escasez de energías, lo ha toreado despacio, con temple, relajado, dándole la distancia, la altura y las pausas necesarias para sacar el máximo provecho a la calidad de sus embestidas. Han destacado dos redondos templadísimos bajando la mano y alargando el viaje rematados con uno de pecho largo, de pitón a rabo, que ha hecho escuchar los primeros olés de la tarde.  Por el izquierdo se quedaba más corto y cabeceaba tocando la muleta y desluciendo algo los naturales que Morenito le ha dado presentándole el pecho, cruzado, perfectamente colocado, demostrando además de capacidad lidiadora una entrega y disposición fuera de toda duda. A pesar de fallar con la espada la sensación que ha dejado el de Aranda en este toro es la de un toreo en plenitud, un torero al que conocemos muy bien en Madrid, querido y respetado en esta plaza. Sensación corroborada y acentuada ante el quinto, un torazo, un precioso negro salpicado de extraordinaria hechuras, proporcionado, muy serio, dos auténticas velas, astifino, un toro cuajado que ha metido bien la cara en el capote de Morenito que lo torea templado por verónicas de mucho gusto. Tanto como el que ha mostrado llevando al toro al caballo de Francisco José Quinta para dejarlo perfectamente colocado en largo con un recorte torerísimo. El de Ventorrillo se arranca con brío y empuja en el peto metiendo los riñones. Tampoco perdona Román su quite, esta vez por tafalleras ceñidas y revolera de remate. Y al igual que en El Segundo el tercio d banderillas resulta vibrante y espectacular, extraordinarios los pares colocados por José Manuel Zamorano y Pascual Mellinas de poder a poder, en la misma cara del toro, reuniendo los palos y saliendo con torería máxima. De nuevo tienen que responder desmonterados la atronadora ovación del público los toreros de plata de la cuadrilla de Morenito que hoy han estado a gran altura tanto con los garapullos como en la brega, extraordinarios, ¡ole los toreros buenos!. Como comentaba antes, Morenito de Aranda ha demostrado alcanzar una madurez tremenda y tener las ideas muy claras, además de ser inteligente, listo y ver a la perfección las cualidades del Ventorrillo. Brinda al público e inicia la faena sin probaturas, en los medios, dándole mucha distancia, citando en largo para que el toro se arranque. Responde Cetrero, que así se llama este quinto, con un galope alegre, con tranco y buen ritmo hacia la muleta que le presenta el burgalés. Series en redondo templadas, ligadas y bajas que arrancan los olés de los tendidos, rematando con los de pecho largos, extraordinarios. Toro con movilidad y emoción, que repite y trasnsmite, al que Morenito ha sabido administrar perfectamente en cuanto a distancia, altura, tiempos y pausas en series cortas, medidas, dándole su tiempo para respirar, recuperarse y volver a citarle en largo y que responda con brío y alegría arrancándose hacia la muleta del burgalés. Lo olés han sonado con fuerza por primera vez en la feria, no era para menos, ante las emocionantes embestidas del animal, que no era fácil y había que saber sujetarlo como lo ha hecho Aranda con un toreo ligado, dejándole la muleta puesta, en la cara, tapándole la salida y cualquier intención de huir y rematando las series con trincherillas de enorme sabor y pases de pecho de mucha calidad. Por le pitón izquierdo se queda más corto, protesta, cabecea y engancha la muleta de Morenito, desluciendo los naturales que una vez más se los da sin esconder nada, citando de frente, cruzándose, algo que en Madrid  gusta y se valora mucho. De nuevo ha demostrado su madurez e inteligencia volviendo inmeditamente a tomar la muleta con la diestra y finalizar la faena con una serie final templada, ligada, con la mano baja que despierta de nuevo los olés como antesala de los adornos finales por bajo con mucho gusto y torería. Un pinchazo y una casi entera en muy buen sitio que liquida al de Ventorrillo han sido argumentos suficientes para que afloraran los pañuelos en los tendidos. No sabría decir si eran mayoría o no, ni idea, a mi me ha parecido que estaba la cosa ahí-ahí, desde luego no he apreciado mayoría clara, pero el palco lo ha estimado así y ha concedido la oreja que, dicho sea de paso, me parece muy bien que la haya cortado Morenito de Aranda como reconocimiento global a su magnífica actuación ante sus dos toros.

Pocas, poquísimas opciones las que ha tenido Eugenio de Mora con su lote. El primero echa las manos por delante desde salida, la cara siempre arriba, no humilla y se va suelto. No luce en los primeros tercios, casi no se le pega en el caballo y en banderillas espera y no colabora lo más mínimo. Inicia el Toledano la faena con ambas rodillas en tierra cerrado en terrenos del 9, se cuela por el lado derecho. Siempre con la cara alta, soltando gañafones, revolviéndose y con tendencia a irse tablas, desentendiéndose de la pelea. Dispuesto y con ganas Eugenio de Mora pero no da para más este toro al que ha resultado complicadísimo matarle, que echaba la cara arriba, soltando arreones y haciendo hilo con el matador a la salida del encuentro con la espada. También malas condiciones ha mostrado el cuarto, un manso imposible que se aculaba en tablas y que no quería saber nada de la muleta del Toledano ante el que Mora no ha tenido ninguna opción.

Si hay algo que destaca de la actuación del valenciano Román en esta tres ha sido su disposición y entrega, intentando hacerlo todo bien, como ha demostrado en su turno de quites y en la muleta, colocándose y poniendo la muleta a sus dos oponentes con encomiable actitud. El tercero, muy ofensivo por delante, terminado en puntas que señalaban al cielo, dos auténticos puñales ha marcado querencia desde el principio. Intenta lucirse Román a la verónica pero el de Ventorrillo echa las manos por delante, deslucido y con tendencia a irse. Esa mansedumbre que apunta se agiganta en el caballo que monta Álvaro Rodríguez, se duele, huye despavorido y rehusa cualquier pelea. Manso de libro, en la muleta no mejora, se defiende, cabecea y busca, no tiene recorrido alguno y resulta imposible para el lucimiento. Voluntad a raudales del valenciano que intenta una y otra vez presentarle la muleta pero el toro responde protestando, soltando la cara para enganchar la tela y hacer que los muletazos no salgan limpios. Quizás aquí he echado de menos una faena a la antigua, echándole la muleta abajo, doblándose con el toro para tratar de someterlo. Lo mejor ha sido el espadazo fulminante con el que ha liquidado a este tercero. El sexto ha sido, a mi gusto, el de peores hechuras de la corrida, basto, grandote, alto y largo, menos rematado que sus hermanos. Mal comportamiento desde su salida, deslucido en los primeros tercios, con marcada querencia, buscando las tablas y refugiándose en terrenos de toriles. No se emplea en el caballo y sale suelto. Román inicia la faena por estatuarios y una trincherilla con gusto para rematar con un buen pase de pecho. Pero es un espejismo a pesar de la decisión del valenciano que va a buscarle a los terrenos de tablas en los que el de Ventorrillo busca refugio. No se ha cansado de intentarlo Román, tanto que en una de sus huidas el toro arrolla y lanza por los aires al matador, sin consecuencias aparentes. Se repone y envalentona para ponerse de nuevo frente a la cara del toro, enrabietado, pero el toro rehusa a la batalla y ya se sabe, dos no pelean si uno no quiere. Voluntarioso y entregado Román toda la tarde, por encima de su lote, demostrando que quiero y que, si le sale un toro que embista al menos algo, puede. Ya lo demostró en Valencia y en este San Isidro aún nos queda otra oportunidad para comprobarlo.
Segunda de San Isidro que nos ha traído la primera oreja para Morenito de Aranda quien ha cuajado una buena tarde y que nos ha dejado con un gran sabor de boca con su toreo maduro, reposado, templado e inteligente, que ha dejado inédito a Eugenio de Mora y que nos ha mostrado a un Román que viene dispuesto a comerse el mundo y a ponerse delante de lo que le echen aunque valga para poco, como ha ocurrido con los toros de El Ventorrillo, magníficos de hechuras, sensacionales de presentación, todo fachada pero poco fondo y mucha mansedumbre. Al menos no nos hemos mojado, algo es algo, antes de que salga el sol, como la canción de Nacha Pop.

Antonio Vallejo

viernes, 12 de mayo de 2017

1ª de San Isidro: Tarde complicada


Por fin llegaba el día, todo el planeta taurino vuelve sus ojos a Madrid , a La Monumental de Las Ventas, a la primera plaza del mundo, en la que arranca la primera feria del mundo, San Isidro. Un nuevo ciclo, el de 2017, el de la nueva empresa, el de Simón Casas, el anunciado como una nueva era en la historia de la isidrada, el de la tan cacareada "revolución". Muchas son las esperanzas que cada año se depositan en el mayo madrileño, los ganaderos traen lo mejor que tienen en el campo, los jóvenes matadores depositan todas sus ilusiones en un toro que embista y que lance sus carreras, las figuras no pueden fallar. Eso es San Isidro, el gran escaparate de la Fiesta, su imagen de cara al mundo entero. 
Por delante 31 días consecutivos de toros más dos corridas extraordinarias como colofón de lujo, muchas ganas de ver toros, de disfrutar con el arte, de reencontrarnos con los aficionados que año tras año ocupamos el tendido, de volver a encontrarnos con amistades que el paso de los años y nuestra afición ha hecho fuertes, ganas de faenas redondas y triunfos ante magníficos toros pero, sobre todo, muchas ganas de que nos dejen en paz, que nos dejen tranquilos y nos permitan disfrutar de nuestra afición, la que tanto amamos y la que apagamos religiosamente, con IVA e impuestos incluidos. Esto lo digo por el acto de barbarie que esta pasada madrugada han perpetrado los antitaurinos, demostrando una vez más que son unos intolerantes, unos integristas y unos auténticos terroristas al destrozar con pintura roja las estatuas que hay en la explanada de Las Ventas dedicadas a toreros e incluso dejando hecha una auténtica guarrería la pared en la que seis figuras de toros esculpidas adornan la llegada a la plaza de toros. ¡pero que se va a esperar de los antis! Sólo hay que verles, unos auténticos guarros. No merece la pena perder más tiempo con esta escoria de la sociedad.
Lo que importa es que esta tarde, a las siete en punto, arrancaba el primer paseíllo del San Isidro 2017. Y por momentos parecía que no iba a ser posible debido a las malas condiciones meteorológicas que desde ayer por la noche sufrimos en Madrid. Lluvia, aguaceros y tormentas amenazando toda la jornada, sobre todo diez minutos antes de la hora prevista para el inicio de la primera de abono en los que ha caído la mundial, una auténtica cortina de agua que ponía en serias dudas la posibilidad de celebrar el festejo. Gracias a Dios tan solo ha durado diez minutos y, como por mando divino, se ha abierto el cielo y las nubes grises y negras que durante todo el día han estado amenazantes en el cielo han desparecido casi por completo y han permitido que el festejo diera comienzo. Por cierto, la lluvia caída en Madrid ha permitido comprobar que aunque el ruedo de Las Ventas se ha aplanado en esta temporada y ya no tiene el tremendo desnivel que tenía desde el centro hasta las tablas, donde residen los desagües, el drenaje sigue siendo extraordinario y la arena venteña ha aguantado perfectamente el temporal. Un problema menos.
Algo más de media plaza se ha llenado en esta tarde fría y ventosa, desapacible, realmente  desagradable en lo climatológico para ver la corrida de La Quinta, encante Santa Coloma, que ha hecho honor a su procedencia tanto en presentación como en comportamiento. Seis toros de hechuras muy similares, todos ellos en tipo, muy serios, astifinos, abiertos por delante, desafiantes, proporcionados y que han tenido movilidad y han sido exigentes, complicados y con emoción cuarto y quinto, noble pero bajo de raza el primero y un buen quinto, a los que no se les podía perder la cara ni un segundo, cada uno con sus matices, pero que podíamos calificar como interesante en su conjunto, demostrando así que seriedad y trapío no son cualidades directamente proporcionales al peso y que con 500 kg un toro puede estar perfectamente hecho para una plaza de primerísima como Madrid y dar juego durante la lidia. Los elegidos para abrir este San Isidro el madrileño Alberto Aguilar, el gaditano David Galván y el sevillano Javier Jiménez, toreros que tan solo por el hecho de anunciarse con este hierro para abrir San Isidro merecen el máximo respeto y demuestran arrojo y ganas de triunfar. 
Mala suerte la que ha tenido el gaditano David Galván con el segundo, un toro que desde salida apuntaba la querencia, buscando las tablas y terrenos de toriles, suelto de salida, al que Galván lo mete en el capote llevándolo por bajo, pegándoselo al hocico, andándole hacia atrás, el toro responde y humilla, buena lidia a mi modo de ver, la que requería el santacoloma. Tal es la querencia del toro que no hay manera de llevarlo al caballo de Jorge Torre, huye en cuanto se acerca a los terrenos del picador, allá por el 7, y es finalmente picado a favor de querencia por el que guarda puerta en la primera vara y por Torre la segunda. En banderillas pone en apuros a Miguel Ángel Sánchez y Rafael Limón, espera y corta el viaje, complicado tercio. En la muleta no cambia su comportamiento. Reservón, mide, busca, se revuelve sabedor de lo que deja atrás, toro con mucho peligro al que intenta someter Galván con doblones por bajo. Cada pase es una amenaza, se masca el riesgo y al final prende del muslo al de San Fernando y lo voltea cayendo al suelo de fea manera, queda inerte y es llevado a la enfermería inconsciente. Momentos de incertidumbre que se despejan con la noticia que llegan de la enfermería y que hablan de un puntazo en el muslo y fractura de codo. Aguilar mató como pudo a este segundo, era lo único que había que hacer. Por desgracia aquí ha acabado la actuación de David Galván en este San Isidro al que seguramente venía con la maleta llena de ilusiones, pero así es el toreo, un enfrentamiento cara a cara con el dolor, el drama, la tragedia o la muerte. Esperemos que se recupere pronto y regrese a los ruedos en breve. 
Alberto Aguilar necesita poca presentación en Madrid, respetado y querido en Las Ventas  y sabe lo que es tocar pelo en esta plaza y estar a punto de abrir la Puerta Grande. El primero ha sido un animal con cierta nobleza y de lo más manejable del encierro, con movilidad, si bien le ha faltado raza y se ha venido abajo muy pronto. Ha pasado sin pena ni gloria por los primeros tercios, mostrando a las claras que por el pitón derecho se acostaba. Varias coladas por ese lado han hecho que Aguilar basara toda su faena por el pitón izquierdo. Pulcro y templado, sacando naturales limpios, los mejores sin duda aquellos en los que le ha puesto la muleta en la cara y lo ha llevado toreado, sin quitársela, para taparle la salida y evitar la tendencia  a irse al final del muletazo. Faena de más a menos al venirse abajo el de La Quinta que ha carecido de emoción y transmisión a pesar de hacer las cosas bien Aguilar. Tampoco le ha dado demasiadas opciones el cuarto, otro que tenía movilidad a su manera, es decir, andarín, con la cara alta, sin humillar, cortando el viaje, revolviéndose y buscando. Tampoco ha cumplido en los primeros tercios, fea pelea en el caballo, cabeceando, sin emplearse. Tremenda la disposición del madrileño que no se ha escondido, se ha puesto y que ha tratado de sacar lo que tenía el toro. Lo mejor de la faena ha surgido en una tanda de naturales en la que ha conseguido llevar al toro con temple y ligazón gracias a perderle un pasito en cada lance y así quedar perfectamente colocado al finalizar el muletazo. No se le puede pedir más entrega y disposición a Aguilar que ha estado por encima de sus oponentes a mi modo de ver.
Javier Jiménez ha tenido en su lote al mejor toro de la corrida, el sexto, que ha sido corrido en quinto lugar por la cogida de Galván. Un toro que ha campado a sus anchas en los primeros tercios, creando el pánico, con una lidia desordenada, caótica, sin emplearse en el caballo, con un tercio de banderillas en el que el toro apretaba (que se lo digan a Abraham Neiro que ha pasado un momento de apuro del que ha salido por los pelos) y en el que Alejandro Sobrino e Isaac Galván han colocado los pares como han podido, entrando de aquella manera y dejándolos de sobaquillo. ¡Qué importante es la lidia y qué habríamos visto de este toro si se hubiera lidiado correctamente!. Toda la faena la ha llevado Jiménez por el pitón izquierdo, el único por el que se dejaba hacer el de La Quinta. Firme y paciente el sevillano, poco a poco ha ido dominando las brusquedades del toro para someterlo y llevarlo en naturales nada fáciles porque el toro tendía a irse y había que llevarlo muy tapadito. Han surgido tres tandas de naturales de enorme mérito y clase, ligados y con la mano baja que han arrancado los únicos olés de la tarde. Por cierto, un toro que tenía su guasa y ante el que había que estar con los cinco sentidos porque si no podía pegarte un susto al mínimo descuido. Magnífico un cambio de mano al final de una de una serie de tres naturales hondos y ligados. En mi opinión Javier Jiménez tan solo ha cometido un error en este toro, aparte del de la horrible lidia, el pasarse de faena. La verdad es que hay que entenderle. Estar ahí abajo, en Madrid, ante un toro de esta características y con el público coreando con olés los naturales hace que sea difícil aguantarse y no seguir intentando darle pases, pero era un toro para medir la faena y quizás con veinte muletazos habría estado listo para matar y en el momento álgido del trasteo. Mata de una entera tendida y atravesadita y saluda desde el tercio una merecida ovación. Con el tercero había tenido Jiménez escasas opciones de lucimiento, un toro incómodo, siempre con la cara arriba que no rompió en la muleta, a pesar que en los primeros tercios había apuntado cosas interesantes. Por ejemplo, los dos buenos puyazos que agarró Agustín Romero y que le permitieron abandonar el ruedo entre palmas, o el sensacional par de banderillas que puso Abraham Neiro. Tan solo algunos naturales sueltos de calidad y una serie en redondo templadita con la mano baja como mejores pasajes de su faena, y eso que el sevillano estuvo entregadísimo intentando sacar lo máximo del santacoloma. Más o menos lo mismo podríamos decir de su faena al sexto, que en realidad era el quinto y segundo del lote de David Galván y que el gaditano no pudo matar por su cogida. Aunque lo intentó e inició el trasteo con clase y torería el de La Quinta no permitió casi nada. Otro toro reservón y que no humilló absolutamente nada, que se defendía y tiraba tornillazos a diestro y siniestro. Aunque colocó una buena estocada entera el toro no doblaba y pasó un auténtico calvario escuchando dos avisos y a punto de recibir el tercero y ver cómo se devolvía el toro a corrales. Por suerte el animal dobló y los negros nubarrones que se cernían sobre Jiménez se disiparon, igual que los que durante todo el día de ayer amenazaban y descargaban agua en el cielo de Madrid y que  desaparecieron al sonar los clarines y timbales que anunciaban el inicio de este San Isidro. ¡Menos mal!.

Antonio Vallejo



lunes, 8 de mayo de 2017

Sevilla: Ferrera, Pepe Moral y Miura, broche de oro



Se cierra la que para mi ha sido una feria de abril de notable alto con tres nombres que marcan el fin de semana y que han puesto broche de oro a estos días de toros, de fiesta y de alegría en Sevilla: Antonio Ferrera, Pepe Moral y Miura.
No sé quién será nombrado triunfador de la feria por los diferentes jurados y premios que hay repartidos por la capital andaluza. Probablemente Roca Rey se lleve los galardones y sin duda lo merece por su tremenda actuación del pasado viernes con toros de Victoriano del Río, tarde en la que cortó dos orejas al tercero y a punto estuvo de cortar otra al sexto de no fallar por la espada. Pero para mi hay un hombre que sale como triunfador de esta feria de abril por lo compacta de su actuación en las dos tardes en las que hizo el paseíllo, Antonio Ferrera. Cortó una oreja, que bien pudieron ser dos y que a mi juicio se mereció, a un victorino la tarde del sábado 29 de abril, pero estuvo magistral con el capote y se fajó como un jabato ante sus dos toros, demostrando valor, arrestos, técnica y temple en una tarde en la que se ganó a Sevilla. Una semana después volvía a pisar el albero sevillano, este sábado 6 de mayo, para vérselas con toros de El Pilar. De nuevo dio una lección de toreo, de madurez y reposo, de conocimiento de los terrenos, de temple, de colocación, de  clase y de gusto, en definitiva, de maestría. Si una semana antes se había ganado a La Maestranza este sábado la conquistó definitivamente. Lo hizo primero con el capote, su toreo de capa al quinto (una pena que se partiera una mano y hubiera de ser cambiado) probablemente sea el mejor que se ha visto en esta feria de abril y de lo mejor que hemos visto y veremos en tiempo. Las verónicas despaciosas, a cámara lenta, meciendo al toro, cadenciosas, con ritmo, sublimes, nacidas del sentimiento, ganado terreno a cada lance para llevarse al toro a los medios y rematar con dos medias verónicas de escándalo, de auténtico cartel, hicieron sonar la música, y el quite por caleserinas, bellísimo y con mucha personalidad y sabor, templado, acompañando la embestida, marcaron la cumbre del toreo de Ferrera. Y siguió posteriormente con la muleta en dos faenas de corte muy distinto y que no finalizaron en oreja una por mezquindad presidencial y otra por culpa de la maldita espada. El segundo de la tarde fue un toro complicado y exigente, igual que los de Victorino, de los que pedían el carnet y ante el que había que estar muy bien, aguantar mucho y tragar una barbaridad. Toro que medía y sabía perfectamente lo que había ante el que Ferrera se plantó como un tío y lo pudo, vaya si lo pudo. Dándole la distancia precisa, primero a media altura para no obligarle para ir bajándole la mano y sacar  muletazos de enorme mérito, especialmente cinco naturales hondos de muchísimo empaque. Faena presidida por el temple y la colocación, en la que además manejó magistralmente los tiempos, faena digna de una figura del toreo, de alguien que está en plenitud artística y que además desborda ganas, entrega y fe. Estocada entera desprendida fulminante, petición abrumadora de oreja que no atiende el usía haciendo una vez más caso omiso al reglamento ganándose una bronca monumental y merecida. Clamorosa vuelta al ruedo del balear-extremeño entre el delirio de los tendidos. Igual que fue la apoteósica vuelta al ruedo tras la muerte del quinto bis, un toro al que no cortó las orejas por fallar en la suerte suprema. El que hacía quinto se partió la mano durante el tercio de banderillas pero había permitido a Ferrera cuajar el mejor toreo de capote que se ha visto en mucho tiempo, digno de premio si es que lo hay en este apartado, y si no que hagan una mención especial o un premio extra, se lo merece. Por tanto, la faena de muleta se la hace al sobre, también perteneciente al hierro titular, El Pilar. Si la anterior faena estuvo presidida por el poder, el temple y el saber estar y mandar la de este sobrero lo estuvo por la emoción y la maestría, la que puso Ferrera ante un toro que si bien era noble le costaba mover sus mucho kilos y le faltaba empuje. Templadísimo, cuidando al toro, llevándolo con gran suavidad, redondos de enorme despaciosidad, naturales parsimoniosos con un gusto exquisito y un sabor fuera de serie. Muy torero, es la mejor manera de definir la manera como estuvo ante este quinto bis, con enorme clase y calidad, desgranado lances que resultaban a cada cual más bello. Nada ayudó el toro a la hora de entrar a matar, amorcillado, de ahí que Ferrera pinchara en varios intentos. Aunque perdió la oreja la vuelta al ruedo fue el reconocimiento que este pedazo de torero se merecía y su actuación en esta feria sevillana ha dejado un poso de torería en la memoria de los aficionados difícilmente olvidable y que al menos ha obtenido reconocimiento en los primeros premios que he conocido ya que ayer mismo por la noche el equipo médico de La Maestranza hizo público sus veredictos y designó a Antonio Ferrera triunfador de la feria de abril sevillana, un reflejo y una muestra más de cómo se vive y se siente la Fiesta en esa bendita tierra, más allá de los números, más allá de las matemáticas, más allá de los trofeos se valora el arte, la emoción y los sentimientos, al fin y al cabo lo que algunos entendemos por toreo.
Lo otros dos nombres del fin de semana son Pepe Moral y Miura, ambos de la mano, ambos de la tierra. La mítica ganadería de Zahariche, la más antigua, 175 años de historia y leyenda, cerraba esta feria de abril. Corrida a mi gusto muy en tipo en cuanto a presentación y hechuras, en la línea de toros largos y altos de agujas y con la cornamenta característica de este encaste propio que gracias a Dios y al enorme esfuerzo y dedicación de la familias se mantiene con sus propias señas de identidad a pesar del paso de los años. Eso es amar a una animal eso es amar a una especie, eso es ecologismo puro y de verdad, el que lucha por salvar una especie en extinción, no el falso de los anti taurinos que no saben ni la patas que tiene un toro ni siquiera si tiene cuernos. Y también creo que se ha comportado como suele esperarse de este encaste, sobre todo el segundo, con movilidad y emoción y al que no se le podía perder la cara ni un segundo, complicados, exigentes y con peligro el tercero y cuarto, más noble el quinto y manejable el sexto, defendiéndose y con riesgo el primero. Corrida buena a mi juicio, muy interesante, en la que no ha habido ocasión para el aburrimiento, con emoción, peligro en algunos momentos por la movilidad y la manera particular de revolverse de esos torazos y que me deja  sensaciones de alegría por comprobar que este encaste mítico sigue vivo y esperanza por verlo de nuevo en Madrid el 11 de junio. Así que me parece de ley destacar el nombre de Miura.
Ganadería sevillana,  al igual que la terna. Tres toreros sevillanos, Antonio Nazaré, Pepe Moral y Esaú Fernández, tres toreros necesitados de oportunidades y triunfos que no dudaron un instante en venir a matar esta corrida siendo debutantes con este hierro, un gran reto y algo que dice mucho de sus ganas y de su necesidad, porque apuntarse a matar  una de Miura en Sevilla y en feria no lo hace cualquiera. Más que dignos han estado Nazaré y Esaú ante la papeleta, pasando lo suyo y dando muestras de valor ante sus oponentes. Muy bien Antonio Nazaré en el cuarto, complicado, exigente y con el peligro acechando en cada lance, tardo, revolviéndose como una lagartija buscando lo que se dejaba atrás. Firme el sevillano que lo somete por bajo, excelente el trincherazo flexionando la rodilla al inicio de faena, comprometido, sin perderle la cara, valiente y decidido, poniéndole la muleta en la cara para sacra pase de mucho mérito y acabar entre los pitones  del Miura, que es mucho. Lo mismo que Esaú, que fue volteado por el tercero al recibirlo a porta gayola y que sufrió una conmoción que le pesó toda la tarde. Enrabietado toma la muleta y se planta ante un peligroso miura, de comportamiento típico en este hierro, ante el que estar ya era un mérito, al que hay que olvidarse de redondos y naturales y precisa otra lidia y otro toreo para someterlo y con  el que estuvo digno y aseado en esa labor. Mejor en el sexto, un toro más manejable y con menos mala leche que el tercero, más templado, sacando buenos redondos aprovechando que el toro se movía y generaba emoción y transmisión. Mucho mérito el de ambos teniendo en cuenta su total falta de experiencia ante toros de estas características. Pero el nombre propio es el de Pepe Moral, que ha rozado la Puerta del Príncipe con la yema de los dedos. Oreja de peso la que cortó ayer al segundo al que recibió con buenas verónicas y una media de remate extraordinaria. En la muleta había que buscarle la distancia y perderle algún pasito para ligar los muletazos, lo entiende muy bien Moral y poco a poco se va acoplando el sevillano para sacar derechazos con enjundia , largos y bajando la mano, pero sobre todo una tanda al natural de gran clase y calidad, templada, con hondura y mucho gusto que pone en pie a la plaza. Trincherillas y adornos finales para matar con un estoconazo que hace rodar al toro y cobrar así una oreja de ley. La faena al quinto es otra historia. Toro noble, pronto  y repetidor al que le faltó humillar algo más pero ante el que Moral puso temple y despaciosidad. Tandas templadas y ligadas por ambos pitones, llevando en largo al de Miura, gustándose, especialmente por el pitón izquierdo. Es al natural donde surgen lances superiores, con el toro metido en los vuelos de la muleta y la plaza entusiasmada con olés secos y rompiéndose las manos a aplaudir. Una pena la colocación de la espada, baja, claramente baja, que deja el premio en una oreja a pesar de la fortísima petición de la segunda. Y creo que la señora presidenta, la misma que la otra tarde estuvo francamente desafortunada al negar orejas a Padilla y Fandi, ayer tenía razón. En una plaza de primera, sobre todo si es Sevilla, un bajonazo no puede premiarse con oreja. Hasta ahí bien, pero lo estropeó de nuevo con sus gesticulaciones, sobraban. El presidente debe cumplir y hacer cumplir el reglamento y cuidar del orden en la plaza, pero en ningún momento tiene que expresar al público sus razones o, lo que me pareció peor de ayer, sus gustos, porque daba la impresión que estaba encantada de mostrar a todo el mundo que no tenía intención de conceder el segundo trofeo, sobraba. una oreja y dos apoteósicas vueltas al ruedo de Pepe Moral son justo premio para su rotunda actuación en este quinto. Hablaba de la necesidad de oportunidades y contratos de la terna. Creo que ayer Pepe Moral salió muy reforzado de la Maestranza, al menos lo espero porque es un torero que incomprensiblemente torea poco, menos de lo que vale, como también creo que Antonio Nazaré y Esaú Fernández han demostrado que tienen un sitio, a ver si la fortuna les sonríe y gozan de más tardes para demostrarlo.
Broche de oro, como decía, para una feria que a mi modo de ver merece un notable alto y que tiempo habrá de valorar, pero que a mi me ha divertido y en la que se han vivido grandes momentos y otros de integrísima emoción y emotividad, como no podía ser de otra manera en una tierra que es ante todo arte y sentimiento.

Antonio Vallejo

sábado, 6 de mayo de 2017

Andrés Roca, Rey en La Maestranza


Perduraba, difícil de olvidar el aroma a Romero tras el embrujo morantista del jueves, aún resonaban los olés y los aplausos, los compases de Suspiros de España y Cielo Andaluz que acompañaron la faena del de La Puebla y los pares de banderillas que el maestro colocó al cuarto, aún quedaba fresca en la memoria el buen hacer de Alejandro Talavante al segundo de aquella tarde, un gran toro al que cortó una oreja tras una faena firme en la que sacó muletazos en redondo y al natural templados, de mucha clase, ligando en tandas cortas y medidas, al igual que la faena, para terminar en terrenos comprometidos, en las cercanías, estático, vertical, pasándose los pitones del toro a centímetros de la taleguilla y matando de sensacional estocada a un toro que pienso que tenía lago más de fondo y que era para haberse ido desorejado al desolladero, y aún persistía el buen gusto y el sabor de David Mora, otra de mis debilidades taurinas, toreando con clase y clasicismo a su lote, firme y elegante, a un tercer Cuvillo de gran condición, un magnífico toro también de dos orejas a mi modo de ver, con el que brilló el madrileño al natural con temple, bajando y corriendo la mano con clase, al quizás le faltó ajustar algo más las distancias y los tiempos para redondear la faena, pero su toreo mostró una vez más la calidad que atesora Mora. La vuelta al ruedo que dio el madrileño tras no acertar con la espada le tuvo que saber a gloria bendita.
Todo esto y mucho más aguantaba en el aire y en la memoria de los aficionados que esperaban con impaciencia el arranque del paseíllo del viernes de farolillos. Tarde con cartel rematado, de lujo, de claveles que decimos en Madrid, el conformado por Sebastián Castella, Jose Mª Manzanares y Andrés Roca Rey para estoquear toros de Victoriano del Río. Tarde de lleno en la Maestranza, otra tarde más de "no hay billetes". Sebastián Castella, francés de nacimiento pero sevillano de adopción y de formación como torero, figura contrastada que ya ha demostrado su valor y su arte en España, Francia y América, Jose Mª Manzanares, ¡que voy a decir de otra de mis debilidades taurinas!, un figurón, elegante, por su sangre fluye torería a raudales, y Andrés Roca, un peruano que cruzó el charco para convertirse en figura y que ha deslumbrado a todos con su valor y su firmeza desmedida, un torero tocado con la varita de los elegidos, un torero que parece llamado a marcar una época, un torero llamado a heredar el cetro del toreo, un torero llamado a ser el Rey.  
Corrida seria, variada de capa y de buenas hechuras en general aunque quizás algo pasada de kilos para estar en tipo a los que corresponde al hierro de Victoriano del Río, que si tuvo una característica común a los seis que se lidiaron fue el punto de mansedumbre, con todos los toros marcando la querencia, todos ellos buscando la salida hacia tablas. 
Sin duda el peor lote le tocó en suerte, o desgracia para hablar con propiedad, a Jose Mª Manzanares. Dos toros mansos, especialmente descastado el quinto, ante los que el alicantino estuvo muy por encima. Mando y firmeza en la muleta de Manzanares, tapándoles la cara para evitar la huida a tablas, concediéndole los terrenos, llevándolos templados, siempre por bajo para someterlos, todo ello con naturalidad y elegancia, cualidades innatas de Manzanares que vienen de herencia. Dispuesto y comprometido a más no poder ante animales que decían y daban muy poco, así estuvo el alicantino. Como es habitual en él mató al segundo de estocada magistral y recibió dos ovaciones respondidas con saludos que son muestra una vez más de lo buena afición que es la sevillana, sabiendo ver las condiciones y dificultad de los toros y sabiendo valorar con justicia a los toreros, una afición que no olvida las grandes tardes que los Manzanares les han dado, una afición que lo tiene por uno de "sus" toreros, al igual que Jose Mª se siente de "su" Sevilla.
Castella al menos tuvo un toro, el cuarto, porque el primero no sirvió. Un toro abanto y distraído que en los primeros tercios puso en apuros al francés con sus amagos en el recibo a porta gayola y que derribó aparatosamente al caballo que montaba José Doblado, pero que a la muleta llegó vacío de todo y ante el que nada pudo hacer el francés a excepción de una primera serie por el derecho con cierta calidad. El referido cuarto, Derramado, sí que fue un gran toro, muy serio, un auténtico tío, bravo, pronto, repetidor, con muchísima clase, un toro importante que se fue con las orejas puestas por culpa de la espada, una estocada entera que sorprendentemente no acabó con el victoriano y que precisó tres golpes con el estoque de cruceta. Una lástima porque Castella lo toreó extraordinariamente con el capote a la verónica, humilló con clase y tuvo pelea de bravo en el caballo, empujando con los riñones. También protagonizó un gran tercio de banderillas mostrando movilidad y permitiendo a José Chacón lucirse con los rehiletes y saludar montera en mano la calurosa ovación de La Maestranza. El toro iba y venía con una calidad extraordinaria y lo aprovechó Castella en un inicio de faena apoteósico toreando por bajo, ganado pasos para sacarlo a los medios, trincherazos y pases de desdén de auténtico cartel. A la vista de las cualidades del victoriano le dio distancia el galo, poniendo la muleta adelantada. Series profundas por el pitón derecho, toreo caro alargando el viaje con la mano baja, ligando los muletazos, perfectamente colocado, generando esa emoción y transmisión que siempre se reclama en el toreo. Bajó un pelín el nivel por el pitón izquierdo, el toreo al natural se complicó por el viento que hacía flamear la muleta de Castella y todo quedó en una serie con la izquierda que no llegó a tener la hondura de los redondos. Manoletinas finales marca de la casa para cuadrar al toro y matar de una insuficiente entera por trasera y tres descabellos que estropearon el desenlace soñado. Gran ovación y vuelta al ruedo para este toro bravo y repetidor que no se cansó de embestir así como para el francés que recorrió la elipse maestrante sabedor de lo que la espada le había hecho perder.
El tercero en discordia era el peruano Andrés Roca Rey, un auténtico huracán andino que barre todas y cada una de las plazas en las que se presenta. Si el año pasado descerrajó la Puerta Grande de Las Ventas ayer a punto estuvo de hacer lo mismo con la Puerta del Príncipe sevillana. Roca Rey ha roto moldes, ha convulsionado el escalafón y lo ha conseguido a base de disposición, compromiso, entrega, arrojo, valor y calidad, pisando unos terrenos inverosímiles, generando una emoción y una transmisión en su tauromaquia que hace pensar en que es uno de los elegidos para liderar el toreo de los próximos años. Si a sus cualidades artísticas y el par de razones bien puestas que ha demostrado tener en tantas tardes en las que aún herido ha matado sus toros o en las que ha toreado convaleciente de cornadas le añadimos su ambición, no es de extrañar que vaya de triunfo en triunfo y nadie se lo quiera perder. Lo demostró ayer mismo, no perdonó ni uno de los turnos de quites que le correspondían, por caleserinas, chiquilinas, gaoneras o lo que fuera, no deja pasar la mínima oportunidad, un auténtico canival que, poniendo un símil ciclista, recuerda al gran Eddy Mercks que no se contentaba con ganar el Tour, quería etapas, cronos, montaña, lo quería todo. Así es este peruano que viene a convertirse en el Rey del toreo. Comenzó la faena al tercero por estatuarios, hierático, firme, clavado al suelo, sin inmutarse lo más mínimo, pegándole un cambiado por la espalda con la izquierda como si nada, como si lo que pasaba a su lado fuera una mosca y no un bicho de casi 600 Kg. Como también le dio igual que el toro buscara el refugio de toriles, allí se fue buscarlo el peruano y allí le plantó batalla, a pesar que el viento molestaba lo suyo en esos terrenos. Increíble las series que sacó por bajo, mandando y sometiendo al toro, algo que parecía casi imposible, naturales soberbios, hondos, redondos supremos, profundos, todo con temple y ligazón, una arrucina para enlazar con uno de pecho de ensueño y el recital particular de circulares por la espalda con el toreo vertical y estático entre los pitones, despreciando al riesgo, pasándose los pitones por la bragueta para rematar la faena con otra arrucina y pases de desdén mayúsculos. El colofón matando de un estoconazo en la suerte de recibir fue el digno final y las dos orejas el premio merecido para Roca Rey que ya acariciaba los goznes de la Puerta del Príncipe. 
Le quedaba el sexto, un toro alto y grandote, que salió a su aire, iba y venía sin criterio ni fijeza, sin decir nada, apuntando cualidades de manso en los primeros tercios. Pero al limeño le da igual lo que salga por la puerta de chiqueros, todo le vale, si no embiste el toro ya se encargará él de hacerlo, como también le dio igual a la afición que se pusiera a llover, ¡que más da!, nadie se lo quería perder. Sin probaturas, sin dudas, tomó la muleta con la diestra y se la plantó planchada en la cara, bajando la mano, mucho, sometiendo al toro y fijándolo, no sé cómo pero lo hizo. Un toro que salió suelto y sin fijeza se había trasformado por arte de magia, o por arte de mando, en un animal que se metió en la muleta y repitió. Eso sí, todo por el pitón derecho, por el izquierdo no tragó ni uno, reservón y midiendo. Faena de mucho mérito que demuestra las ganas de Roca Rey por triunfar con lo que "haiga", faena sacada de la nada que olía a oreja y a Puerta Grande. 
Quizás le pudo el corazón, quizás se apresuró al entrar a matar, quizás, quizás, quizás, el caso es que falló con la espada y las gotas de lluvia se juntaron con las lágrimas al ver cerrada la Puerta del Príncipe, la que conduce al cielo del toreo, la que ayer estuvo a punto de atravesar a hombros el peruano Andrés Roca, coronado como Rey en Sevilla.

Antonio Vallejo

viernes, 5 de mayo de 2017

¡Ay mi Morante! ¡Genio!


¡Un genio!, ¡único!, ¡un artista por los cuatro costados!, ¡qué gran tarde nos dio ayer el duende!. Morante jamás dejará indiferente a nadie, cuando pisa la plaza todo es posible, las musas y su inspiración marcan los tiempos y lo que surja del capote y la muleta del sevillano tiene la capacidad no solo de emocionarnos, va más allá, es embrujo, es un sueño que nos eleva al cielo del toreo. Su manera de andar, su porte, su torería, verónicas, chicuelinas, redondos y naturales únicos, con un sello particular, con un temple superlativo, toreo suave y lento, meciendo, acunando a los toros, deteniendo los relojes, parando el tiempo en cada lance. Eso lo sabemos, conocemos al maestro y a pesar de saberlo cada tarde, en cada pase, nos vuelve a sorprender con algo que brota de su naturalidad y su inmensa capacidad para crear arte, un remate, un recurso para salir airoso de una apretura, un quite con sabor añejo, un recorte con gracia natural. Pero lo de ayer, ¡ay lo de ayer!. Nadie lo esperaba, no cabía en la imaginación de ningún aficionado, solo se entiende si es Morante de la Puebla quien torea. Fue en el cuarto, un toro de muy bonitas hechuras al que recibió con unas verónicas monumentales, hundiendo la barbilla en el pecho, acompasando el lance, jugando las manos y la cintura con la suavidad y hondura propia del maestro. El posterior quite por chicuelinas moviendo la mano de salida con la gracia que imprime a su toreo fue superlativo. Se disponía a banderillear su cuadrilla cuando Morante les reclama los palos y ¡va a parear el maestro!. Sorpresa máxima e inicio de la locura en los tendidos. Es único, solo él es capaz de hacer algo así y precisamente en ese momento, en el toro que cerraba su paso por esta feria de abril sevillana. ¡Impresionantes pares!, ¡celestiales!, levitando ante la cara del de Cuvillo, con qué gusto, con qué clase clavó y con que torería salió de la cara del toro mientras la banda de música interpretaba Cielo Andaluz, ¡cuanta belleza para los sentidos!. Y para colmo coloca el tercer par al quiebro, junto a las tablas, por los adentros, con máximo riesgo. La locura, el delirio, la Maestranza en pie rompiéndose a aplaudir, frotándose los ojos para estar seguros que lo visto era realidad. Siempre lo he dicho, soy morantista, ¿cómo no voy a serlo después de lo de ayer?. Para muchos será exageración, otros no lo entenderán y algunos lo criticarán, me da igual, pero esos tres pares de banderillas que ayer colocó Morante de la Puebla valen toda una tarde de toros (y si alguien duda, ahí está la foto que ilustra este comentario).
Eso y lo que hizo al primero de la tarde. Una vez más el toreo se debe rendir a la pasión, la emoción y el sentimiento, al arte puro, sin reglas ni mecanicismos, algo que te llena, como la faena a ese primero que inicia por el pitón izquierdo, naturales excelsos, eternos, que no acababan, el torero roto, dejándose, haciendo volar la imaginación, todo ello bajo los compases de Suspiros de España, ¡como se escuchaban los olés!, la Maestranza entregada. Con la derecha compuso la figura, nada forzado, todo natural, para crear una serie en redondo templada, lentísima, durmiendo al toro en la muleta, bajando la mano, profunda, ¡enorme!, como los adornos y los remates, con gusto y sabor exquisito. Faena grande de inspiración, naturalidad, gracia y salero. Para remate se tira a matar por derecho ejecutando la suerte a la perfección y deja un estoconazo hasta la bola algo trasero que hace que el de Cuvillo no doble con prontitud. Petición de oreja que yo esperaba fuera mucho mayor y que el presidente consideró insuficiente. No lo sé, por televisión se veían muchos pañuelos y juraría que había mayoría, pero el palco no lo pareció así. Según comentaba el maestro Emilio Muñoz la petición fue menor en los tendidos 1,2 y 3, al parecer los que mayor influencia tienen sobre la decisión del usía, ¡pero demonios, que quedan nueve tendidos más agitando pañuelos!. Por supuesto que yo le hubiera dado la oreja, ¡cómo no!, porque su arte sin reglas, nacido de las musas, que brota de la imaginación de Morante, ese duende que me provoca el pellizco del que siempre hablo cuando el toreo emociona, además de una estocada monumental, son argumentos más que suficientes para el premio. Decía el gran maestro Curro Romero que las orejas son para los matarifes, que él se quedaba con las sensaciones, los sentimientos y el arte. A Morante una oreja más o menos no le supone nada, lo que ha hecho lo hemos visto y lo hemos saboreado, pero la injusticia duele, por supuesto, y me parece que el palco no fue justo con Morante en ese primer toro, opinión que reafirmo tras ver que Talavante cortó una oreja al segundo con una petición aparentemente similar. Las declaraciones de Morante a las cámaras de Canal Toros son rotundas al referirse al señor presidente: "Deber ser un mal aficionado y le habrán puesto ahí por ser un municipal de la Junta de Andalucía". ¡Olé, maestro!.

Antonio Vallejo

jueves, 4 de mayo de 2017

Seis ovaciones y una nefasta presidenta


No quedaba más remedio, la obligación manda y el martes tocaba regresar de esa preciosa y maravillosa Sevilla y dejar con gran añoranza unos inolvidables días de feria, de alegría, cante y baile. Allá, en sus calles, la luz y el azahar lo siguen inundando todo en esa primavera hispalense única en el mundo, en el Real sigue la fiesta, el paseo de caballos, el color de los vestidos y el eco de los compases de sevillanas que aún resuenan en los oídos, al  igual que en La Maestranza el eterno Curro desprende aromas de Romero y retumban los olés de sus faenas antológicas mientras la semana de farolillos va consumiendo sus días. Cuando uno ha estado viendo toros en sus tendidos es imposible no sentir cierta melancolía al sentarse frente al televisor para ver las corridas de Sevilla, pero no todo puede ser en la vida y tocaba regresar a Madrid, pero gracias a Canal Toros tenemos el privilegio de seguir la feria y ver los toros casi como si estuviéramos allí. 
Y así, con esa melancolía, he podido disfrutar esperando como cada vez que se viste de luces al duende del albero en la tarde del martes, la tarde de las ovaciones, seis toros, seis ovaciones.
Morante se encargó de poner el pellizco, esa sensación inexplicable que aparece con el maestro sale a la plaza nada más recibir con el capote al primero de García Jiménez con unas verónicas acompasadas, lentas, meciendo la embestida del toro con una suavidad y un temple exquisito, más un quite por tafalleras sensacional. Por desgracia no hubo más, se apagó el toro, que ya de por sí era soso y deslucido y en la muleta, pese a la disposición del de La Puebla del Río, no hubo nada, detalles de torería innata y se acabó  Sin duda lo mejor fue la gran estocada con la que liquidó a su oponente. Primera ovación de la tarde para el genio. Otra cosa fue el cuarto, también de García Jiménez, toro noble y con clase al que le faltó una pizca de empuje. ¡Lo que le sacó Morante a este toro!, ¡auténtico petróleo!. Faena de arte supremo, de gran gusto y mejor sabor, con ese toreo propio que surge de la imaginación y de la improvisación, un toreo donde cada lance es un cartel. En largo, dándole distancia al toro, componiendo la figura, pasándoselo con un estilo inigualable, enroscándoselo a la cintura, dejando detalles de auténtico lujo, de torería celestial,  redondos y naturales eternos, trincherazos sublimes, toreo artista le llaman, yo le llamo toreo del bueno, del mejor, de muchos quilates, ¡cómo sonaban los olés, Dios mío!. Magia una vez más en las telas del duende del toreo, para dejarse llevar y elevarnos a lo más alto de este Arte. ¿Por qué no se guardó el espadazo del anterior para este?. Una pena el fallo a espadas, un pinchazo, media y el descabello, porque la oreja era más que segura. Ovación rotunda, la segunda, y emoción en los tendidos, el pellizco, eso es, nada más.
Miguel Angel Perera se las vio con un toro de Peña de Francia y otro de García Jiménez y, para no romper con el sino de la tarde, recibió también ovación en ambos, dos más a sumar a las de Morante de la Puebla. El primero del lote fue un manso de solemnidad que se rajó a las primeras de cambio, un toro que huía a tablas al que el extremeño Perera le plantó cara precisamente donde lo pedía, dándole los adentros, tapándole la cara y la salida para tratar de evitar la huida despavorida del manso. Faena de mérito y de mucho esfuerzo que la entendida afición sevillana supo ver y reconocer con una fuerte ovación al pasaportar al toro con una certera estocada. Mejor suerte tuvo el extremeño con el buen quinto, un toro ante el que pudo lucirse en el saludo capotero con unas verónicas de mucha categoría y belleza. Sensacional Javier Ambel en banderillas, ¡que gran torero de plata!, cómo le anduvo al Jandilla, cómo cuadró y cómo colocó los palos, saliendo de la cara del toro con una torería superior. ¡Pero que bueno es este tío! y que grandísima ovación se llevó, otra más a sumar. Fue una pena que la faena de Perera careciera de cierta continuidad, con algunos altibajos, alternando tandas de enorme calidad en redondo y al natural, muletazos templados bajando la mano y llevando al de García Jiménez en largo con fases en las que los pases no surgieron limpios, falta de ritmo. En los compase finales pudimos ver ese toreo vertical y estático del extremeño, pasándose los pitones por la taleguilla como si nada, a un lado y a otro, circulares y remates de pecho sin mover los pies, toreando en una baldosa. Probablemente la falta de continuidad de la faena y que la espada cayera algo baja limitaron la petición de oreja y la cosa quedó en otra ovación con saludos.
Javier Jiménez integra esta nueva generación de toreros que vienen arreando fuerte. Difícil será olvidar su actuación en Pamplona en los pasados sanfermines. Tras ser volteado por su primer toro y caer de feísima manera sobre la arena se incorporó tambaleante, mareado, y llegó a matar a su toro dando un ejemplo de entrega. Fue atendido en la enfermería de la plaza donde se le apreció conmoción cerebral y luxación de vértebras cervicales y, contra el criterio médico, salió a matar el sexto de aquella tarde demostrando que tiene un par muy bien puesto y una profesionalidad máxima, casi rayando en la temeridad porque su salud corría un grave riesgo. Con esos antecedente no resultó nada raro y es fácilmente entendible su actuación el pasado martes en Sevilla ante el primero de su lote. Un toro grandón que tenía cierta nobleza pero que no humillaba lo más mínimo. Pero a Javier Jiménez poco le importó que no bajara la cara y que le costar un mundo arrancarse, que cuando lo hizo lo hiciera sin clase, pegando arreones. Paciencia y tesón del de Espartinas que finalmente metió al de García Jiménez en la muleta con enorme mérito llegando a sacar algunos muletazos de clase y belleza que parecían imposibles, exprimiendo al toro para vaciar el contenido que llevara dentro por poco que fuera. Viendo cómo sonó la música y como respondieron los tendidos no hubiera resultado extraño que si hubiera matado a la primera hubiera cortado un apéndice. Por supuesto, como no podía ser de otra manera, escuchó una merecida ovación en premio a su entrega y buen hacer. Peor suerte tuvo el joven sevillano con el que cerraba plaza, un toro que no se entregó en ningún momento y ante el que el sevillano tan solo pudo dejar detalles en muletazos aislados, ¡pero que detalles!, de esos que llevan impregnada torería, redondos y naturales sueltos con empaque  De nuevo dispuesto y centrado a pesar de las escasas condiciones del toro, firme y con las ideas claras, demostrando valor y compromiso recibió otra ovación, sexta y última de la tarde, en su despedida.
Tras esta tarde de las ovaciones se esperaba la del miércoles de farolillos. Toros de Jandilla y Vegahermosa para tres toreros-banderilleros, Juan José Padilla, David Fandila "Fandi" y Manuel Escribano. La verdad es que se podían imaginar muchas cosas de esta corrida, ganadería en alza, el Ciclón de Jerez, las demostraciones atléticas de Fandi, el recuerdo de Escribano con Cobradiezmos... Pero lo que nadie podía suponer era que la tarde fuera marcada por la señora presidenta. Vamos a ver, como se llame usted, señora presidenta. No tengo ni idea si usted tenía un contador de pañuelos escondido para saber si exactamente había mayoría de petición  o no, tampoco tengo ni idea de si usted es un hacha contando pañuelos y además lo hace a la velocidad del rayo, no lo sé ni lo sabremos nunca. A lo mejor es que hay que poner un pulsador en cada localidad de los tendidos para sumar la petición, o un chip en los pañuelos que se active cuando se agiten, con usted en el palco cualquier cosa absurda es posible. Lo que sí sé y de esto estoy seguro es que usted, señora presidenta se llame como se llame, es que no tiene ni pu... idea del reglamento, ¡la primera oreja la concede el público con su petición! Y lo que es peor, que si la tiene se lo pasó por el forro y lo incumplió gravemente al no conceder la oreja a Padilla en el cuarto y a Fandi en el quinto. Ponga la cara que quiera, por mi como si quiere repetir la mueca absurda y ridícula que ayer puso en el palco, pero la golfería que ayer cometió es una puñalada a la Fiesta y me gustaría que fuera sancionada y castigada como creo que se merece. De momento ojalá no vuelva a asomar la gaita por el palco de la Real Maestranza, es indigna de ocupar ese lugar y de insultar a una afición tan seria, respetuosa y entendida como la sevillana.
Ante todo destacar la buena corrida de Jandilla y Vegahermosa, con tres toros buenos pero sobre todo con una presentación y unas hechuras magníficas los seis, serios, cuajados, de bellísima lamina y todos entipados. Y también ha y que reseñar que, tratándose de los matadores que se trataba, los tercios de banderillas compartiendo pares entre ellos resultaron vistosos y vibrantes en general.
Con el primero estuvo Juan José Padilla realmente bien. Era un toro que se rajaba pero al que el jerezano le plantó batalla a base de poder, sometiéndolo por bajo, sobre todo en la primera tanda, doblándose, con mucha calidad. Lo sujetó extraordinariamente y cuajó una faena cargada de mando, con series siempre por bajo y tapándole la cara, ligando los muletazos por ambos pitones y sacando los olés del público. Lástima que la estocada fue insuficiente y precisó el manejo del verduguillo rebajando la intensidad de la petición de oreja. Precisamente lo que no ocurrió en el cuarto con el que padilla estuvo superlativo. Se fue a recibirlo a porta gayola, le pegó ¡cuatro largas cambiadas puesto de hinojos sobre el albero maestrante!, se lució en un bonito pique en le tercio de quites con Fandi ejecutando unas chiquilinas de mucha categoría, banderilleó de poder a poder y con riesgo y manejó la muleta con naturalidad y calidad desde los prolegómenos de la faena puesto de rodillas y llevando la toro por alto. Faena perfectamente medida, dando al Jandilla la distancia precisa, templando los muletazos, series ligadas y por bajo. Todo, absolutamente todo lo hizo bien y con torería. No discuto si la espada cayó dos dedos desprendida o no, fulminó al toro sin puntilla, La Maestranza fue un mar de pañuelos ¡y a la señora presidenta no le salió de ahí conceder la oreja que el público pidió!. Repito, la violación del reglamento debiera tener castigo. Sobre todo si lo mismo se repite con el siguiente toro, el quinto, otro de Jandilla precioso de hechuras, muy serio y tremendamente exigente ante el que Fandi estuvo hecho un tío. Sensacional con el capote, verónicas templadísimas y una manera de andar y llevar al toro al caballo llena de gusto y torería. Toro bravo y encastado ante el que había que estar y no permitía el mínimo despiste. Así lo vio y así lo entendió Fandi que dio ese paso adelante necesario y que puso toda la carne en el asador. Toreó con hondura, todo por bajo, sin guardarse nada. Tanto que el de Jandilla lo prendió e hirió en el muslo al inicio de faena. Pero se rehizo y cuajó tandas de enorme valía, de torero maduro que sabe de esto (y no es que yo sea precisamente un fan incondicional de Fandi), ganándole la partida la toro, pudiéndole y diciéndole "aquí estoy yo". Mató de estocada entera en la suerte de recibir quizás también algo desprendida. De nuevo un mar de pañuelos y de nuevo la susodicha presidenta a la que le sigue sin salir de ahí conceder la oreja violando  el reglamento. ¡Menudo personaje!, que ya tiene a  sus espaldas un amplio historial de desfachateces de este estilo, ¡que se vaya para siempre!. Y no es que me olvide de Manuel Escribano, ni mucho menos, que volvía a Sevilla tras meses de convalecencia y rehabilitación tras una seria lesión muscular y con el que siempre irá el recuerdo de Cobradiezmos, pero es que el de Gerena no tuvo ninguna opción ante un lote deslucido, sin nada de movilidad, descastado y sin clase. Ni un pase, ni uno permitió a Escribano que se puso y lo intentó en vano. Al menos fue resolutivo con los aceros y mató de dos grandes estocadas.
Martes y miércoles de la semana de farolillos, un día de ovaciones y otro de indececncia presidencial. La fiesta en el Real y los toros en La Maestranza, como la corrida de Nuñez del Cuvillo programada para esta tarde con Morante de la Puebla, Alejandro Talavante y David Mora. Seguro que el duende nos tiene algo guardado.

Antonio Vallejo


martes, 2 de mayo de 2017

Rivera Ordoñez: Sangre y raza



Sevilla, feria de abril, mañanas en el Real, fiesta, sol, luz y alegría, tardes en los toros, la Real Maestranza de Caballería, madre y cuna del toreo, todo entre bailes, cantes y buena gente acogedora y hospitalaria con todo aquel que en estos días de feria se acerca a la capital hispalense. Gente como nuestro primo Fernando que ha tenido la inmensa gentileza de llevarme en esta preciosa tarde de primavera sevillana a ver una de las corridas que más expectación habían levantado entre la afición maestrante cuando se anunciaron los carteles. Esta tarde se despedía de Sevilla Francisco Rivera "Paquirri", un torero que despegó como figura precisamente en esta plaza un 23 de abril de 1995, día de su alternativa, y que hoy ha querido anunciarse y despedirse de "su" Maestranza y de esta afición como se merece. Para acompañarle en este bonito gesto completaban la terna Julián López "El Juli" y su hermano Cayetano Rivera con toros de Daniel Ruiz, seis toros bien presentados en general, serios, malo el tercero que debió ser devuelto en los primeros tercios, nobles y con cierta clase en general aunque carecieron de empuje y segundo y sexto se rajaron, y con un muy buen toro, el cuarto, que destacó por encima de todos.
Si hablamos de balance final habría que reseñar que los dos hermanos Rivera han cortado una oreja cada uno, pero resumir a estadísticas una tarde como la de hoy me parece una injusticia imperdonable porque ha sido una tarde de emociones y sentimientos. Desde el paseíllo, con el estremecedor minuto de silencio de la Maestranza al recordar los 25 años de la muerte en esta plaza de Manolo Montoliú, pasando por el gesto de Francisco de irse a recibir a su primer toro a porta gayola y luego banderillearlo como hacía su padre, siguiendo por una nueva lección de poderío y mando de Juli, el abrazo de los dos hermanos al brindarle Cayetano el sexto, hasta la faena de raza y entrega de este que ha terminado acobardando al toro al verse tan podido. Porque eso ha sido la tarde, sentimientos y emociones a flor de piel sobre el albero sevillano en plena feria de abril, demostrando una vez más que esa es la esencia de este Arte que es el toreo, algo que no se puede explicar y que solo se entiende si uno lo siente y lo vive.

A porta gayola se fue Francisco a recibir a su primero, como si fuera el primer día y tuviera que ganarse un sitio en esta profesión. Con una larga cambiada de rodillas lo recibe, seguido de verónicas templadas y una media que arranca los primeros aplausos. Banderillas con los colores de nuestra bandera, el rojo y gualda que su padre utilizaba cada tarde al colocar los pares a sus toros. El corazón en un puño nos ha puesto Francisco en el tercer par, por los adentros, casi sin espacio para pasar, con mucho riesgo, culminando así un comprometido tercio de banderillas que ha resultado brillante. Con la muleta ha estado pulcro, por encima de un toro que se vino abajo muy pronto por sus escasa fuerzas. Nobleza y clase tenía, lo ha llevado bien Francisco, templado, sacando redondos y naturales aislados de calidad, haciéndole las cosas bien, con suavidad, sin obligarle para que no perdiera las manos. Por encima del toro en una faena que no llegó a romper por la falta de empuje del animal. Lo mató de una buena estocada y recibió una cariñosa ovación saludada desde el tercio.
El cuarto curiosamente se llamaba Enemigo. Nada más lejos de la realidad. Fue un gran toro, noble, con clase, pronto y repetidor, con humillación al que Francisco lo llevó cosido a la muleta por ambos pitones tras un inicio de faena por alto que arrancó los primeros olés. Seria en redondo y al natural con temple, por bajo y corriendo la mano para alargar el viaje. Bueno el toro y bueno el torero, olés y emoción en los tendidos para matar de estocada caída que le sirvió para cortar una oreja que paseó con emoción  y que brindó al cielo, seguramente a su padre, en el día que se despedía de "su" Sevilla.

Juli nos ha dado de nuevo una lección de lo que es poder y mando sobre los toros, amén de una nueva clase magistral de técnica. Buen toreo de capote del madrileño al segundo por verónicas con el compás abierto y un quite por chiquilinas a manos bajas de gran belleza. Fue este un toro que también mostraba cierta clase, pero que se rajó a las primeras de cambio. Lejos de irse al limbo como tantos y tantos toros supo Juli meterlo en una muleta de la que huía enseguida hacia las tablas. Con ese mando y esa técnica fuera de serie que Juli atesora le plantó la muleta en la cara y no se la quitó en toda la faena. Uno a uno, sueltos pero con gran belleza y emoción surgieron los redondos, lo único, porque por el pitón izquierdo no tragaba ni medio pase. Templado, con la mano baja, sometiendo al toro, compacto y firme, faena importante, de enorme mérito, que supo reconocer el respetuoso, educado y entendido público sevillano. Da gusto ver toros en una plaza en la que la gente, o al menos un sector o tendido, no viene predispuesta contra nadie y con ánimos de reventar a un torero. Creo que no hace falta dar más señas para saber de que plaza hablo y Juli también lo sabe. Una lástima que colocara una media y precisara del descabello porque una oreja seguro que se habría pedido con fuerza, y hubiera sido más que de justicia. Nada tuvo el quinto, un toro soso y aburrido ante el que Juli hizo todo cuanto se podía hacer, pero no había fondo del que sacar algo en claro. Lo mejor fue el tremendo estoconazo al segundo intento con el que pasaportó sin puntilla al de Daniel Ruiz. Pero la sensación que hoy me ha vuelto a dejar Juli es de un torero que está en su plenitud, en un momento de forma extraordinario y que puede con todos los toros. De verdad que tengo muchas ganas del verle en San Isidro y que demuestre una vez más su enorme valía como figura del toreo... si le dejan los que ya sabemos.

La tarde de Cayetano se resume al sexto, porque el tercero fue un toro que no sirvió para nada y que debió se revuelto a los corrales por inválido. Eso que se fue a porta gayola a recibirlo y a punto estuvo de prenderle. Enrabietado le recetó unas verónicas templadas y largas que fueron lo único destacable. Nada en la muleta, perdía las manos y cuando no lo hacía su embestida era más sosa que la dieta de un hipertenso. No quedaba otra que liquidarlo cuanto antes y así lo hizo de una entera baja que fulminó al animal. 
El sexto fue otro cantar. Con el capote asistimos a uno de los momentos más emocionantes de la tarde en un quite por gaoneras citando al toro en largo, tirando las zapatillas a un lado y la montera hacia la cara del animal. Le dejó llegar casi hasta donde estaba Cayetano y ahí desplegó el capote para echárselo a la espalda y dejar un quite por gaoneras ceñidísimas que nos pusieron en pie. La brionesa de remate fue, sencillamente, monumental. Uno de los momentos estelares de la tarde lo vivimos en le brindis a su hermano Francisco. La imagen de ambos abrazados en los medios nos puso los pelos de punta y seguro que alguna lagrimita cayó por algún tendido. Sin duda dejó caliente el ánimo de cuantos estábamos en la plaza y los sentimientos a flor de piel, o al menos así pareció demostrarlo al echarse con ambas rodillas en tierra para comenzar la faena por bajo, bellísimos redondos templados y largos con un par de cambios de mano superiores,  supremos, que pusieron a la Maestranza boca abajo o patas arriba, como cada uno prefiera. No decayó el nivel al incorporase. Sensacionales, rotundas tandas de derechazos, presentándole la muleta planchada, sometiéndole, toreo de muchos quilates, elegante y relajado, bellísima la estampa de cada muletazo, ligados con gusto y sabor. Por el pitón izquierdo los naturales salieron más sueltos, pero hubo dos o tres magníficos, lentos, templaríamos, naturales hondos como lo olés que surgieron en esos lances. Sensacional Cayetano, con clase, poderoso y dominador, tanto que el de Daniel Ruiz se vio podido y se acobardó. Le presentaba la muleta Cayetano, le daba el pecho, citaba de frente pero el toro reculaba y se encogía ante tal demostración de sometimiento. Grandísima faena de Cayetano que aún sacó algún redondo lentísimo al abrigo de unas tablas a las que acudió el toro a refugiarse del absoluto dominio de un torero que lleva en su sangre raza y casta. Y como no podía ser de otra manera lo mató de un estoconazo que reventó al toro sin puntilla. Oreja de muchísimo peso y fuerte petición de la segunda no atendida por el presidente. Y la eterna polémica, ¿hizo bien o no?, ¿fue justo o injusto?. Realmente, si nos atenemos a una regla no escrita que dice que una faena redonda vale una oreja y un estoconazo vale otra... Vamos, que yo le hubiera dado las dos orejas, creo que lo que Cayetano hizo a este sexto fue portentoso y emocionó a toda la plaza. 

Una vez más apelo a las emociones, los sentimientos y las sensibilidades como base y argumento principal de la Fiesta, más allá de la técnica o la espada, sobre todo en un contexto como el de esta preciosa tarde sevillana cargada de emotividad en la que hemos disfrutado del arte y el valor de dos toreros de dinastía, de dos toreros de sangre y raza, Rivera y Ordoñez, Francisco y Cayetano. ¡Y de nuevo un millón de gracias Fernando por permitirme acompañarte y ser espectador de lujo de algo tan emotivo!. Gracias de todo corazón.

Antonio Vallejo