jueves, 14 de septiembre de 2017
El otoño llama a la puerta
Parece una frase hecha. Bueno, la verdad es que lo es, una realidad innegable aunque a muchos nos cueste dejar atrás esa maravillosa época, tan esperada durante meses y que ahora parece un lejano pasado, que es el verano. Así es, en una semana entraremos en el otoño y, con él, en la recta final de la temporada taurina 2017 que cerrará sus puertas en Zaragoza con la Feria del Pilar, broche de oro a una más que interesante temporada. Como decía, atrás queda el verano, en un rincón de la memoria los sanfermines, sus encierros, la Feria del Toro, Antonio Ferrera dando una nueva lección de toreo en esta temporada espectacular que está cuajando y Cayetano a hombros en una tarde memorable. Atrás queda Santander y su Feria de Santiago con un Jose Mª Manzanares en plenitud, ¡qué elegancia! , ¡qué empaque!. Atrás queda El Puerto de Santa María con Juli en figura de época al cortar cinco orejas y un rabo el 13 de agosto y el anuncio de Morante de abandonar temporalmente los ruedos, algo que a algunos nos deja sumidos en la tristeza, en una depresión y sensación de orfandad que espero pase rápido. Atrás queda Málaga, Ponce, una vez más, Ponce, siempre Ponce, maestro de maestros, para mi el mejor de todos los tiempos, lo he dicho, lo digo y lo repetiré sin rubor alguno, triunfo e indulto histórico. Atrás queda, por tanto, un verano taurino plagado de festejos en casi toda España, ciudad y pueblos que desde hace siglos no entienden sus fiestas sin toros. Y como es tradición, un verano que cada año tiene su máxima expresión en Bilbao y sus Corridas Generales y que en este 2017 no ha fallado a su cita. Varios hechos han destacado en este ciclo bilbaíno, comenzando por el gesto inolvidable de Antonio Ferrera que se negó a banderillear ante los abucheos de un sector minoritario pero muy ruidoso de la plaza cuando se disponía a colocar los pares con los colores de la bandera española. Lo hizo, a mi juicio con muy buen criterio, porque no tolera la falta de respeto, el insulto a su patria y su bandera, en un gesto que le honra y que suma a su extraordinaria clase como torero su inmensa categoría como persona y su españolidad. Siguiendo con Bilbao y hechos que acontecieron el no menos ejemplar gesto de Cayetano, ¡qué grande!, al devolver los palitroques que le ofrecían a su cuadrilla, reunirles junto al burladero, decirles lo importante que era lo que iban a hacer y entregarles las banderillas también con los colores de nuestra bandera. ¡Menudos pares colocaron Iván García y Alberto Zayas!, enormes, en honor a España y su única bandera. Dejando estas dos actuaciones ejemplares de Ferrera y Cayetano y ciñéndonos a lo estrictamente taurino, Bilbao tiene un nombre propio desde hace muchos años, un idilio permanente que parece que nunca tenga fin: Enrique Ponce. Sí, Ponce, una vez más, eterno, Ponce, único, la penúltima lección magistral de toreo, Ponce, siempre Ponce ¡y lo que aún nos queda por verle y disfrutar con su arte!. No hay adjetivos para calificar al maestro, se agotan los elogios, supera todos los registros, y lo mejor es que va a más, que aún le quedan muchas tardes para seguir dictando un magisterio infinito.
Pero todo esto es ya historia y hay que mirar hacia delante. Y por delante se presenta septiembre, ese mes de transición hacia el otoño que ya se ve asomando y que llama a las puertas de muchas plazas: Valladolid, Salamanca, Albacete, Nimes, Logroño, San Miguel en Sevilla y la Feria de Otoño de Madrid como punto de referencia y que este año parece cobrar un dinamismo y una importancia que en los últimos dos o tres años parecía en declive. Cuando Plaza 1 se hizo cargo de Las Ventas anunció aquella "revolución" que en San Isidro no resultó tal, aunque es cierto que hubo algunos cambios a mejor respecto a pasadas ediciones, y también propagó a los cuatro vientos que el otoño madrileño iba a constar de 10 festejos y que iba a contar con los máximos atractivos, que su intención era convertirlo en una feria de atractiva y de nivel superior. Diez no son, pero sí que se han confeccionado unos carteles realmente interesantes agrupados en siete festejos: cinco corridas de toros, una de rejones y una novillada con picadores, lo cual supone una mejoría respecto a la edición anterior, bastante pobre, por cierto. Y el bolsillo va a agradecer, al menos yo como abonado de Las Ventas lo acojo con agrado, la posibilidad de renunciar a algunos festejos manteniendo el abono siguiendo así la pauta marcada en los últimos San Isidro, un acierto por parte de la empresa. Como me parece acertada la composición que se ha hecho de esta feria de otoño, con un interesante mano a mano entre los rejoneadores Sergio Galán y Leonardo Hernández, gran triunfador de los dos últimos años, y una más que prometedora novillada de El Ventorrillo para la revelación de la temporada, Jesús Enrique Colombo, Leo Valadez, que allá por fallas deslumbró con su temple, y la presentación de Carlos Ochoa. Será esa corrida de rejones la que abra la feria el sábado 23 en un fin de semana que se completará con una corrida de José Escolar y Ana Romero para Iván Vicente, Luis Bolívar y Alberto Aguilar en el que quizás sea el cartel más "flojo" a priori. El grueso de esta feria de otoño se concentrará entre los días 27 de septiembre y 1 de octubre con carteles que creo van a ser muy del agrado del público madrileño y que tenían como epicentro, como eje, como figura principal, como queramos llamarlo al maestro balear-extremeño Antonio Ferrera. Sí, no es un error, no es una errata ni el autocorrector que tantas malas jugadas nos hace, hablo en pasado o, al menos, en un futuro incierto o condicionado por los próximos días y la evolución del maestro Ferrera tras la cornada recibida esta misma tarde en la corrida de Albacete en las postrimerías de la faena al cuarto de la tarde. Por pura casualidad he comenzado a escribir esta entrada hoy por la mañana, como no queda más remedio que trabajar y mi actividad me ha ocupado toda la mañana y parte de la tarde la he dejado a medio terminar. Pensaba rematarla por la tarde pero al volver a casa he encontrado que comenzaba la retransmisión en Canal Toros de la corrida de la Feria de la Virgen de los en Albacete, una muy seria corrida y magníficamente presentada corrida de Santiago Domecq para Antonio Ferrera, Miguel Ángel Perera y Ginés Marín. Dos orejas han cortado esta tarde Perera y Marín para abrir la puerta grande, el pacense en una sensacional faena basada en el temple, el mando, el poderío y el sometimiento al gran segundo que le ha valido dos orejas, y el jerezano por dos faenas en las que la mano izquierda y el toreo al natural ha sido extraordinario y que le han valido una oreja de cada uno de su lote, dos toros muy exigentes a los que Marín ha podido con rotundidad. Pero quien una vez más en esta temporada ha dado una lección magistral de torería ha sido Ferrera ante el lote más deslucido, dos toros que no han humillado, soltando tornillazos, sin recorrido, que reponían, medían y buscaban. Extraordinaria demostración de técnica, de conocimiento de los terrenos y la distancia, de colocación, de temple, de tesón, entrega, valor y torería la de Ferrera, quien ha llegado a sacar muletazos que parecían imposibles por las nulas cualidades de su lote. Tan apabullante ha sido la demostración de mando de Ferrera, tal era la superioridad y seguridad mostrada que se ha abandonado ya en los últimos compases de la faena al cuarto, el cual, al verse podido, se ha defendido y en cuanto ha visto la mínima ocasión para meter el pitón ha corneando en la cara posterior del muslo izquierdo a Ferrera quien, pese al dolor y la hemorragia aparatosa que ha empapado la taleguilla ha tenido la dignidad, casi rayando en temeridad, de matar a este cuarto, con la cara desencajada y casi sin poder andar, un auténtico gladiador que hoy solo ha pensado en el público albaceteño al que se debía, un gesto de enorme profesionalidad, sin pensar en el futuro inmediato. Parece ser que, gracias a Dios, se trata de una cornada limpia de 10 cm y una sola trayectoria, lo que nos invita a pensar en su recuperación ante ese futuro inmediato del que hablo y que está en Las Ventas los días 29 de septiembre y 1 de octubre, porque estos superhombres que son los toreros tienen una capacidad casi sobrenatural para volver a ponerse delante de la cara de un toro, porque la Fiesta es así, porque los toros no son ursulinas que recogen florecitas por el campo, son animales bravos, fieras que llevan en sus genes la lucha, ante los que un hombre se enfrenta de igual a igual, como por desgracia tantas veces hemos contemplado, y esta tarde ha sido la última muestra. Por eso hablaba en pasado al referirme a la composición de la Feria de Otoño madrileña ya que a estas horas de la noche es una incógnita si Antonio Ferrera estará en condiciones de vestirse de luces en la corrida del viernes 29 junto a Sebastián Castella y Luis David Adame ante toros de Nuñez del Cuvillo, ¡menudo cartel!, y en el mano a mano con Paco Ureña para matar reses de Adolfo Martín, ¡casi ná!, el domingo 1 de octubre. Esas dos corridas se esperaban en Madrid con máxima expectación, sin olvidar la del jueves 28 con toros de El Puerto de San Lorenzo / La Ventana del Puerto para la terna Miguel Ángel Perera, Juan del Álamo y López Simón, otro cartel también muy bien rematado a mi juicio y que competa la que me parece una muy buena Feria de Otoño.
Ojalá en unos días sea posible cambiar el tiempo verbal de pasado o condicional a presente y futuro y veamos a Antonio Ferrera hacer el paseíllo en Madrid. Son quince días, seguro que es difícil, pero para estos hombres nada es imposible.
Antonio Vallejo
lunes, 21 de agosto de 2017
Antonio Ferrera, la dignidad de un español
Tras el aperitivo del sábado con la triunfal corrida de rejones en la que Hermoso de Mendoza y Andy Cartagena cortaron dos orejas al segundo toro de sus respectivos lotes y que les permitió salir a hombros de vista Alegre, y en la que Lea vienes cortó una oreja también al último de la tarde, llegaba el turno de las corridas de a pie que constituyen la semana taurina bilbaína, las Corridas Generales.
Mucho se podría hablar de la corrida de Torrestrella, seria, bien presentada, con trapío pero sin exageraciones, toros armónicos y proporcionados, acorde a una plaza como la de Bilbao que tanto cuida y valora al toro. Una corrida dura, exigente, con complicaciones, siempre con la cara arriba, en la que segundo y quinto han destacado sobre el resto y en la que el cuarto ha dado opciones a pesar de sus condiciones. Mucho se podría hablar de Juan José Padilla que ha estado por encima de su lote, demostrando una vez más disposición y oficio en ambos toros, con un primero complicado y peligroso y un cuarto al que cuidó en la muleta para darle la distancia, la altura, el ritmo y la carencia que pedía el de Torrestrella. Sin obligarle, a media altura, muy templado, ha sacado pasajes de mucho mérito a base de temple y conocimiento del toro y los terrenos, muletazos por ambos pitones de buen trazo, suaves y ligados, adornos y recursos de torero veterano para calentar a los tendidos, que de no haber sido por un mal manejo de los aceros hubiera sido faena digna de una oreja. Eso sin hablar de un tercio de banderillas portentoso al cuarto, sobre todo el segundo par, asomándose al balcón, con mucho riesgo y perfecto de ejecución. Una tarde más hemos visto a un padilla entregado, responsable y muy profesional. Mucho podría hablar también de David Fandila "Fandi" que se topó con dos toros que reunían muchas complicaciones. Magnífico con el capote en el segundo al que recibió con una larga cambiada de rodillas, verónicas y media de remate lucida seguidas de un quite por delantales precioso, lento, que ha levantado al escaso público de Vista Alegre (media plaza siendo generosos) de sus cómodos asientos. Con la muleta lo ha intentado, ha probado a sus dos toros por ambos pitones, ha sacado al tercero unos naturales de mucho mérito ante la nulidad de condiciones del Torresetrella, un toro complicado, que reponía y buscaba. Más no se le puede pedir a Fandi ante semejante lote, ha estado más que digno, responsabilizado y profesional, con inmensa entrega y disposición, pero el lucimiento era poco menos que imposible. También podría hablar de los vibrantes tercios de banderillas que los tres matadores (Padilla, Ferrera y Fandi) han protagonizado en la tarde de hoy, podría hablar de la extraordinaria brega de Daniel Duarte al cuarto, del sensacional puyazo de Antonio Prieto al quinto y de muchas cosas más, pero no merece la pena porque hay algo que ha eclipsado a todo en esta segunda de las Corridas Generales.
Corría el quinto de la tarde. Antonio Ferrera venía de haber toreado extraordinariamente bien al segundo en una faena presidida por el temple, la clase y la entrega, una faena cargada de buen gusto y sabor a toreo del bueno, una faena que emocionó a los tendidos y que de no haber sido por el mal manejo de la espada hubiera valido una oreja. Ese quinto era un buen toro, bravo y encastado, que permitió a Fandi cuajar una faena monumental de temple, compás, gusto y torería por ambos pitones, sobre todo por el izquierdo, desde donde salieron naturales de exquisito sabor por temple y ligazón. Mucho podría hablar de lo sensacional que ha estado Ferrera toda la tarde, un torero que está viviendo su máximo esplendor, cumbre, de lo bien que ha matado la quinto y de la oreja que ha cortado. Mucho podría hablar pero hoy ha ocurrido algo que ha eclipsado todo, un gesto que define y encumbra aún más a un hombre íntegro, que eleva su dignidad a la enésima potencia y que, si faltaba algo por que conquistara al 100% mi corazón taurino tras verle en Sevilla y Madrid, hoy lo ha colmado.
Ha sido en el tercio de banderillas al quinto de la tarde. A ningún aficionado se le escapa que en un cartel conformado por Juan José Padilla, Ferrera y Fandi este tercio cobra una dimensión y un atractivo insuperable, que el público que acude está deseoso de contemplar el despliegue de facultades físicas de los tres matadores con los rehiletes, primero compartiendo tercio en el primero de cada lote y luego en solitario en el segundo de sus respectivos lotes. Se disponía Ferrera a banderillear a ese quinto, toma los palos y, ¡oh sorpresa!, lucen los colores de la bandera nacional, rojo y gualda. Un sector del público se lo recrimina, le pita y abuchea y Ferrera decide no poner banderillas y deja que sea su cuadrilla quien coloque los palos en un gesto que, a mi modo de ver, le honra. ¿Motivo?. Muy sencillo, y lo ha explicado de manera clara, concisa y rotunda a las cámaras de Canal Toros: "Soy español estoy en España y no consiento ni tolero que se desprecie y falte al respeto a mi nación y mi bandera". ¡Olé, maestro!. ¿No quieren que luzca con satisfacción los colores de la bandera nacional?. No hay problema, no banderilleo y se quedan con las ganas de verme. ¡Así se hace!, con elegancia, torería, pero firme y contundente. Así se defiende a España, sin complejos, de cara, de frente y por derecho, como el toreo. Sinceramente creo que este gesto de Antonio Ferrera es de suma relevancia e importancia para el propio matador, no solo por el hecho de haber toreado como lo ha hecho, sino por la dimensión que cobra de cara a los aficionados. Pero también es un gesto de vital relevancia e importancia para España y la Fiesta, dejando bien claro que no hay que esconder nuestros sentimientos patrióticos ni nuestra identidad como nación reflejada en nuestra bandera. Un gesto que pienso puede marcar tendencia a la hora de defender a nuestra Patria y nuestra única bandera y que puede y debe ser seguido por otros muchos matadores, un gesto que ha sido secundado por el equipo en pleno de Canal Toros, David Casas, Manolo Caballero, Germán Estela y Maxi Pérez, los cuales se han expresado también de manera clara y contundente, avergonzados de tener que soportar que en tu propio país te abucheen por lucir los colores de nuestra bandera nacional, en una región y una ciudad que se han encargado de dejar muy clarito que es España. Un gesto que vale millones, del que la Fiesta debe tomar ejemplo y repetir sin temor alguno. Un gesto que refleja algo tan magno como la dignidad de un hombre íntegro, de un torero, de un caballero español, lo más grande que se puede ser.
Antonio Vallejo
miércoles, 16 de agosto de 2017
Morante, hasta pronto
La noticia corrió como la pólvora el pasado domingo día 13 tras la corrida de El Puerto de Santa María: Morante deja el toreo por tiempo indefinido. Algunos titulares hablaban del adiós de Morante. No, ni mucho menos, no es un adios, es un hasta pronto, es un periodo de reflexión que el de La Puebla considera que debe tomar, y creo que más de uno debiera hacer lo mismo. Porque más de uno se está cargando el toreo. Dice el maestro que está harto de toro mastodóntico, de presidentes y de veterinarios, y no le falta razón. Es más, creo que aún le queda un punto más que añadir a su hartura, cierto sector de la afición también merecía pena ser incluido en ese saco. Desde hace bastantes años se está imponiendo una moda que a muchos nos parece negativa y peligrosa para el futuro de la Fiesta. El tamaño de los toros cada vez se hace más descomunal, el peso y volumen de las reses hace que un porcentaje elevadísimo de los animales que se lidian carezcan de movilidad y con ello de emoción y transmisión. Se está sacando de tipo a la gran mayoría de las ganaderías que para cumplir con las exigencias impuestas por un sector se ven obligadas a criar animales que no responden al tamaño, morfología y defensas propias de su encaste. Una exigencia que lleva a situaciones grotescas y ridículas en algunas plazas, y Las Ventas posiblemente sea su principal exponente, como pitar a un toro de salida porque "sólo" pesa 500 Kg, aunque tenga un trapío impresionante. Lo he dicho mil veces y no me apeo del burro. El peso y el volumen de los toros no es precisamente lo que más me interesa de una corrida de toros. Pido un toro armónico, proporcionado, serio y astifino, entipado, lo que realmente creo que es el trapío, y eso se puede tener con un ejemplar de 490 Kg, ¿por qué no?, porque no es lo mismo Domecq que Nuñez, ni Atanasio, Albaserrada, Saltillo o Miura, cada encaste tiene su tipología y debe respetarse. ¿Es o no grotesco ver a un toro de Domecq cargado con 600 Kg?, ¿o un Albaserrada rondando tal volumen?. Insisto, esa creo que es la pureza de la fiesta y la base para que un toro embista. Siempre se ha dicho que las hechuras no hacen que un toro embista, pero que los toros que embisten son curiosamente los que tienen buenas hechuras, y las buenas hechuras son las de los toros entipados y con trapío, con independencia de los kilos que marque la tablilla. La ecuación es bastante fácil, ¿no?.
No sé si en realidad esta es la causa que ha llevado a Morante a tomarse un período de alejamiento de los ruedos, pero si lo es le aplaudo y le apoyo, aunque me duela perder a un maestro, a un genio del toreo, a un matador único, sin igual, personalísimo y un hombre que lo único que ha hecho es ser fiel a sus conceptos, principios y valores, sin engañar a nadie, un pilar fundamental para el arte que se ha dejado la vida en la defensa activa de la Fiesta, llegando a no dudar en plantarse cara a cara con esos grupúsculos anti taurinos que cuando se lo encontraron de frente no supieron qué decir ni qué hacer ante la integridad de un maestro que desmontó uno a un todos sus absurdos argumentos.
Como digo, se va temporalmente un genio, uno de esos tocado por la varita mágica del arte, un maestro que a nadie puede dejar indiferente en su concepto de tauromaquia, un duende que pisa la plaza y que deja fluir la inspiración y el sentimiento en cada lance. Nada de lo que hace es preconcebido, nada viene preparado del hotel, todo es imaginación e improvisación, por eso emociona y hace rugir a los aficionados con un trincherazo, con un natural, ¡no digo ya con sus verónicas lentas, acompasadas, deteniendo el tiempo, paralizando los relojes!, ¡y con esas medias con sabor a toreo añejo, cada una un cartel!. Por eso su toreo es eterno y se recuerda por mucho tiempo que pase. Un torero de época con sabor añejo, con aroma a romero y azahar, alejado, en las antípodas, de tanto toreo mecanicista y previsible, pases y pases todos cortados por el mismo patrón, un guión que conocemos antes de verlo, muy técnico, muy de escuela, incluso con alardes de valor pero que no enamora, toreo con fecha de caducidad que no resiste al paso del tiempo ni puede perdurar en la memoria de los aficionados como el arte del de La Puebla.
Es cierto que en esta temporada las cosas no estaban saliendo como a Morante le hubiera gustado, que en Sevilla no redondeó sus tardes como esperábamos pero dejó ese aroma exquisito del que antes hablaba, que en Madrid no tuvo toros y además el comportamiento de cierto sector fue realmente grosero y despreciable, algo que dije ya aquella desgraciada tarde del 17 de junio en la corrida de la cultura, que el pasado domingo se fue de vacío de El Puerto mientras un enorme Juli cortaba cinco orejas y un rabo. Es posible, quizás todo eso haya pesado demasiado en el ánimo del maestro, pero por el contrario nos queda vivo el recuerdo de su faena en La México en el mes de enero, una auténtica obra de arte que enloqueció a la afición mexicana y los que vimos aquella corrida a través de Canal Toros, la tarde de Zaragoza en la pasada Feria de El Pilar, tantas y tantas tardes más en las que el sevillano nos llenó de emociones, llevó nuestros sentimientos al paraíso del toreo y nos culminó de sentimientos imborrables. Sea cual sea la causa de su decisión la entiendo, la respeto e incluso la comparto, porque puede ser un revulsivo para despertar conciencias, aunque me genere un dolor inmenso pensar en que no pueda ver de nuevo al duende y sentir ese pellizco que genera en mi su toreo.
Aún es muy temprano y nadie puede saber cuando regresará de Morante, ni siquiera si se producirá tan ansiado retorno a los ruedos. Pero si este último escenario se cumpliera la pérdida sería irreparable y supondría una puñalada mortal a la Fiesta. El toreo necesita a Morante y Morante necesita el toreo.
¡Hasta pronto, Maestro!
Antonio Vallejo
martes, 8 de agosto de 2017
Con Bilbao en el horizonte
Pasó julio, los sanfermines marcando el epicentro taurino de dicho mes, Feria del Toro que nunca defrauda, Teruel y su Feria del Angel este año cargada de sentido, de sentimiento y de emotividad en el recuerdo a Víctor Barrio en el primer aniversario de su trágica muerte, Santander y su Feria de Santiago en la que una vez más José María Manzanares nos deslumbró con su elegancia natural, su porte, su clase, su gusto, su torería infinita. Pasó julio y nos dejó el corazón encogido en Pamplona con la tremenda cornada sufrida en Pamplona al banderillear a un toro de Puerto de San Lorenzo el día 10 de julio, una cornada que nos retrotrajo a aquel dramático 17 de junio en que nos congeló el alma la muerte de Iván Fandiño ante un toro de Baltasar Ibán en la francesa plaza de Aire Sur L'Adour y que aún nos tiene sobrecogidos, sin poder apartar de la memoria al diestro vizcaíno. Pasó julio, con lo bueno y con lo malo, con triunfos y tragedia, con alegría y dolor, las dos caras del toreo, y llega agosto, el mes del año que más toros se lidian y que, por supuesto, más toros se matan, porque eso es la Fiesta, la lucha a vida o muerte entre un hombre y un toro bravo, lucha de la que emana belleza y arte, aunque en Baleares una pandilla de imbéciles analfabetos pretendan eliminar esa verdad y esa pureza del toreo.
La lista de localidades españolas y francesas en la que a lo largo de este mes veraniego y vacacional por excelencia en las que se celebran corridas de toros sería interminable, prácticamente en todas las provincias de España ciudades y pueblos, plazas de primera, segunda, tercera, portátiles, las que sean, dan corridas de toros. A lo largo de casi toda nuestra geografía los toros son la base de las fiestas populares, y lo son porque la gente, eso que llaman pueblo, lo demanda, y van, y se llenan las plazas, aunque algunos sigan insistiendo que los toros no tiene interés. Menos interés tienen los cuatro gatos que se llaman animalistas y que, amparados en la ideología-doctrina totalitaria y destructiva del marxismo en sus diversas ramas socialistas y comunistas, pretenden prohibir una tradición de siglos. Repito, la lista será interminable: Estella, Gijón, Huesca, Tafalla, Dax, Beziers, Baeza, Motril, Iscar,, Calatayud, Pontevedra, Sigüenza, Alfaro, Almendralejo, Antequera, Cenicientos, Sanlúcar....y así hasta enumerar un sin fin de ciudades y pueblos repartidos a lo largo y ancho de nuestra piel de toro. Pero creo que hay cuatro puntos de máximo interés que destacan sobre todos los demás en el calendario taurino agosteño y que cada año están en el punto de mira de los aficionados.
El primero es el Puerto de Santa María; "quien no ha visto toros en El Puerto, no sabe lo que es un día de toros", lo dijo nada más y nada menos que Joselito "El Gallo". En la preciosa plaza gaditana en la que se saborea cada detalle, en la que se vive con pasión un lance o un adorno, en la que el toreo eterno embriaga los sentidos, hacen el paseíllo en estos primeros días de agosto Morante de la Puebla, Juan José Padilla, Jose Mª Manzanares, El Juli, Ginés Marín, López Simón, Roca Rey, José Garrido, ante reses de Juan Pedro Domecq, La Palmosilla, Nuñez del Cuvillo y Daniel Ruiz. Una temporada de verano que seguramente resultará triunfal y en la que el arte y los aromas del toreo bueno fluirán cada tarde sobre la arena de El Puerto.
Otro punto a destacar es sin duda San Sebastián y su Semana Grande. El moderno coso de Illumbe se prepara para ofrecer tres corridas de toros y una de rejones dignas de esta plaza de primera categoría con gran tradición y que merece mucho la pena seguir de cerca tanto por los nombres que se anuncian como por la importancia que la entendida afición donostiarra da a la presencia y presentación de los toros. Por Illumbe desfilará un plantel de toreros y toros de auténtico lujo: Morante de la Puebla, Roca Rey, Ginés Marín, Joselito y Luis David Adame, López Simón, El Juli, Alejandro Talavante, Enrique Ponce, Cayetano, Hermoso de Mendoza ante ejemplares de Zalduendo, Garcigrande-Domingo Hernández, Angel Sánchez y Sánchez, José Vázquez Fernández y El Parralejo. Tan solo espero que la respuesta de los aficionados esté acorde a la categoría de la plaza y al esfuerzo de la empresa por confeccionar un ciclo de enorme interés.
El tercer punto caliente del verano taurino estará en Málaga, una semana de toros que reunirá a toreros de la talla de Juan José Padilla, Antonio Ferrera y El Fandi ante toros de El Pilar, Sebastián Castella, Alejandro Talavante y Roca Rey frente a los de Victoriano del Río, Paco Ureña, Javier Jiménez y José Garrido con toros de Fuente Ymbro, Fortes en solitario para matar seis reses de José Vázquez Fernández, Jandilla, Parladé, Garcigrande, Victorino Martín y Victoriano del Río en una arriesgada apuesta, la de encerrase en solitario, que siempre he creído debe estar reservada solo para grandes figuras por la preparación y capacidad que requiere, algo que no tengo nada seguro que Fortes reúna, dicho con todo el respeto del mundo, por buen torero que sea, por muchas ganas e ilusión que ponga y porque tenga a la afición de su tierra volcada con él para brindarle un triunfo a la mínima oportunidad, pero ya veremos. Insisto que me parece que para afrontar tal reto hay que er una gran figura del toreo. Málaga también tiene programado un interesante mano a mano entre Enrique Ponce y Javier Conde, interesante por Ponce, también dicho con respeto, porque Conde tampoco es que me inspire demasiada confianza. Es posible que ante una afición que le consiente y perdona casta todo, a escasos metros del portal de su casa, deje alguna pincelada de gusto y mucho de toreo pinturero sin demasiada profundidad, aunque ojalá me equivoque. Una corrida de Juan Pedro Domecq para Paquirri, Cayetano y Manzanares si está recuperado de la intervención de hernia discal cervical a la que ha sido sometido, algo que parece complicado y otra de Nuñez del Cuvillo para Juli, Talavante y Roca Rey completan los carteles de la feria malagueña. Habrá tiempo de hacer balance y valorar si estas tres citas de relevancia cumplen con las expectativas creadas.
Pero si hablamos de toros y del mes de agosto hay una ciudad española y una plaza que copa toda la atención del mundo del toro, una de las que marca claramente el rumbo de la temporada y que ya se divisa en el horizonte taurino: Vista Alegre y Bilbao, las Corridas Generales. Para empezar un precioso y emotivo detalle que dice mucho del respeto y la importancia que la capital vizcaína da a la Fiesta: el cartel elegido para anunciar esta Corridas Generales 2017 y que traigo a la portada de esta entrada. Sobrio y elegante, como la entendida afición bilbaína, con la imagen del malogrado Fandiño en una pose muy taurina, cabizbajo, gesto que tantas veces le vimos repetir esperando la muerte del toro, con el mismo vestido de torear con el que se anunció en su encerrona en Las Ventas en marzo de 2015 y semiapoyado sobre la negra pared de un frontón en la que se lee la palabra falta haciendo un juego de palabras entre la línea que marca el saque en le juego de pelota vasca y su irreparable ausencia. Sinceramente, solo por esto ya merecería la pena ir a Bilbao a ver toros. Una plaza y una afición a la que conozco perfectamente, una plaza en cuyos tendidos me he sentado durante bastantes años, una plaza seria, una afición con enorme conocimiento y tradición, con un club taurino como es El Cocherito, referencia nacional, que vive y disfruta esa semana taurina desde que se despierta hasta que se acuesta, una ciudad que habla de toros en innumerables tertulias y coloquios en hoteles y restaurantes, una cita primordial en el calendario a la altura de Madrid o Sevilla, y no creo que exagere nada. Hablaba de El Puerto, recomendaría a todo aquel que no haya visto toros en Vista Alegre que lo haga, entre otras cosas porque allí probablemente verá al toro-toro. Padilla, Ferrera, Fandi, Joselito Adame, Juan del Álamo, Curro Díaz, Enrique Ponce, Manzanares (duda), Morante de la Puebla, Juli, Roca Rey, Diego Urdiales, Manuel Escribano, Paco Ureña, José Garrido, Fortes, Juan Leal y Román. Sin duda un gran elenco de nombres de matadores a los que sumar el de ganaderías: Torrestrella, Alcurrucén, Jandilla, Victorino Martín, Garcigrande, Victoriano del Río, Puerto de San Lorenzo y Miura. Más no se puede pedir. Todos los días revisten enorme ínterés para el aficionado, sin duda, pero creo que la tarde del 21 de agosto será muy especial. Esa tarde estaba anunciado el torero de Orduña frente a toros de Alcurrucén en una terna completada por Joselito Adame y Juan del Álamo. Curro Díaz, gran amigo de Fandiño, ha sido el elegido para ocupar el vacío que Fandiño ha dejado en la afición bilbaína, esa que tantas tardes le ha tributado olés y ovaciones. Me parece otro detalle que dice mucho y bueno de cómo es este mundo del toro, de su sensibilidad y sus valores. Seguro que Vista Alegre se va llenar hasta la bandera ese día 21, entre otras cosas porque la empresa, con muy buen criterio, ha rebajado en un 30% el precio de las entradas para esa corrida buscando que el homenaje que se pretende tributar al "León de Orduña" sea inolvidable, que lo será, porque la afición bilbaína se va a volcar en ello. Y todos los que veamos esa corrida a través de Canal Toros también lo sentiremos como si estuviéramos en Vista Alegre. Como también veré las dos tardes de Enrique Ponce, auténtico ídolo en Bilbao, los días 25 y 26 de agosto frente a ejemplares de Victoriano del Río y Puerto de San Lorenzo. Nunca olvidaré que en esa plaza vi torear por primera vez en vivo al maestro de Chiva. Le había visto por televisión, su estilo me impactó, era algo distinto y tenía ese don especial de los elegidos para ser grandes figuras del toreo, quien sabe si el mejor de la historia. Fue allá por 1991, me impresionó sobremanera, me cautivó con su elegancia, su suavidad, su naturalidad, su toreo desmayado, al igual que a toda la afición bilbaína, en un idilio que va ya para 26 años, casi nada. Desde entonces ha sido uno de mis referentes en cuanto a lo que siento y entiendo que es torear, y en Bilbao su toreo fluye infinito en perfecta armonía con la afición. El dato es tremendo, 62 paseíllos y 36 orejas cortadas, puertas grandes ni sé, creo que son seis, pero sobre todo es lo que siente Bilbao por Ponce y Ponce por Bilbao, pura magia que a mi embrujó hace ya tantos años.
Lo dicho, por delante un apasionante agosto taurino para disfrutar con este arte y esta bendita afición que es el toreo y que tiene a Bilbao en un horizonte ya muy próximo. Un mes repleto de festejos porque, aunque muchos no quieran verlo, España no entiende sus fiestas sin toros. Pero ya sabemos que sus argumentos son falacias, burdas mentiras, sabemos que el toro bravo no les importa y que lo único que les mueve son motivos políticos encaminados a destruir España y todo aquello que pueda soñar a español. ¿Y hay algo más nuestro que la Fiesta?.
Termino como tantas veces lo he hecho, al que no le guste que no vaya, pero que nos dejen a nosotros la libertad de disfrutar con la belleza de una tarde de toros.
¡Feliz verano!
Antonio Vallejo
miércoles, 26 de julio de 2017
José María Manzanares, eterna elegancia del toreo
Primera de las corridas de
toros de la feria de Santiago de Santander, preciosa plaza, coqueta y
engalanada, con un lleno en los tendidos que invita una vez más al optimismo en
estos tiempos de prohibiciones y tonterías varias como la absurda idea de Baleares
y la estupidez de las “corridas sin muerte”. En España desgraciadamente siempre
queda sitio para un, o muchos, tontos más.
Toros de Hermanos García
Jiménez (2º, 3º y 5º), Olga Jiménez (1º y 4º) y Peña de Francia (6º),
ganaderías salmantinas de procedencia Juan Pedro Domecq Díez, hierros sin
antigüedad, es decir, que aún han lidiado en la Monumental de Las Ventas puesto
que la fecha que un hierro lidia bien una novillada o una corrida de toros
marca este término taurino, y que sinceramente no tenía ni idea de su
existencia. Corrida muy desigual de presentación y hechuras, muy justito de
presencia el tercero, el quinto de Peña de Francia sin trapío suficiente para
una plaza de segunda como Santander, y también desigual de juego, buenos y con
clase tercero y sexto, nobles y manejables primero y cuarto y sin clase ni
opciones segundo y quinto.
El salmantino Alejandro
Marcos tomaba la alternativa de manos de un maestro que esta tarde ha
demostrado que la clase, la elegancia y el empaque en el toreo tienen un
nombre, José María Manzanares, teniendo como testigo de tal acontecimiento a
Alejandro Talavante. Y no ha podido entrar el salmantino con mejor pie en el escalafón, de la
manera que cualquier torero quiere hacerlo, abriendo la puerta grande tras
cortar dos orejas al sexto, que bien podrían haber sido tres de acertar con la
espada en el de su alternativa. Magnífica imagen la dejada por Marcos, variado
con el capote, sensacional en el toreo a la verónica, vistoso y lucido en los
quites, uno por tafalleras en el primero y otro galleando por chicuelinas para
llevar al toro al caballo de Óscar Bernal en el sexto. impresionante con la muleta, templado,
sereno, demostrando dotes y capacidad para el toreo, bien colocado, corriendo
bien la mano, alargando el viaje, siempre por bajo, ligando las series con
despaciosidad y mucho gusto al torear y administrando las pausas con mucho
criterio, sensaciones de torero hecho, no de alternativa. A ello hay que sumar detalles por bajo cargados de sabor a toreo
añejo, trincherazos bellísimos como colofón a la faena al toro de su
alternativa, y las ganas, la entrega, la disposición y la exposición ante el
sexto, un mastodonte de 650 Kg ante el que además de clase y torería ha
demostrado tener valor a toneladas al plantarse con ambas rodillas en tierra en
los primeros compases del trasteo para posteriormente dibujar una faena con
tandas profundas por ambos pitones cargadas de emoción y sentimiento que ha
calado profundamente en los aficionados santanderinos. Toreo hondo, templado,
de verdad, rematado por un pinchazo y un estoconazo que no ha sido impedimento
para poner en pie a los aficionados que han demandado ambos trofeos con mucha
fuerza para el toricantano, petición atendida por el palco a mi juicio con acertado criterio.
Alejandro Talavante recibe
con verónicas de mucho temple y un ramillete de chicuelinas a manos bajas de mucho
gusto al tercero, un toro que mete la cara con clase en el capote del
extremeño. Sensacional el quite por saltilleras tras salir del caballo que pone
a los tendidos en pie. Toro noble y manejable al que Talavante ha toreado con
el poderío, el mando y la facilidad a la que el extremeño nos tiene
acostumbrado. Inicio de faena por estatuarios para hilvanar una faena cargada
de clase y calidad. Toreo templado, perfecto de colocación, dominador absoluto
de la escena, dibujando los muletazos con trazos suaves, despacioso,
enroscándose al toro a la cintura, magníficos los naturales dándole el pecho,
hondos, por bajo, improvisación e imaginación cuando el toro se fue parando
pisando terrenos comprometidos, en un palmo de terreno, y emocionantes las
bernardinas finales cambiando la trayectoria de la embestida en el último
suspiro. Estocada entera arriba y un descabello merecen la oreja pedida
mayoritariamente por los aficionados. Ante el quinto el extremeño demostró por
qué es una figura del toreo. Toro sin clase ante el que se inventó una faena.
Todo lo hizo el matador demostrando su conocimiento y sus recursos de maestro.
A media altura, con suavidad, poniéndole la
muleta y enseñando a embestir al de Hermanos García Jiménez, para dejar
series de redondos y naturales templados y ligados en series cortas y medidas
pero repletas de calidad, con la superioridad tan apabullante que el pacense
demuestra ante la cara del toro. Faena de enorme valor y mérito que hubiera
valido los trofeos de no haber fallado con la espada, una lástima porque hubiera
redondeado una tarde triunfal.
Hablar de José María
Manzanares es hablar de elegancia, de clase, de empaque, de un maestro, de un
figurón del toreo, de un torero de época. Un toreo que llena el ruedo con su
presencia, su figura, la manera de moverse y andar delante de la cara de los
toros rezuman gusto y aromas a torero grande, tocado con un don especial que le
viene en los genes. Ninguna opción le dio el flojo segundo, un toro noblote
pero soso y descastado, sin fuerzas ni emoción. Templado, suave, acariciando al
toro para dibujar redondos y naturales lentos, lentísimos, con una maestría
fuera de serie a pesar de la nulas condiciones del de Hermanos García Jiménez.
Muy por encima el alicantino dejando
patente su gran capacidad lidiadora. Con el cuarto, un buen toro de Olga
Jiménez, con clase, repetidor y con humillación, sencillamente ha bordado el
toreo. Empaque y elegancia, clase y calidad, torería suprema, toreo templado,
con una suavidad exquisita, acariciando su cara con el capote en unas verónicas
sublimes, meciendo al toro en la muleta, acunando la embestida, series rotundas
por ambos pitones, templadas, por bajo, componiendo la figura, aristocrática,
regia diría yo, en perfecta armonía, belleza y plasticidad, ligando los
muletazos con gracia y garbo, remates y adornos improvisados llenos de aromas, toreo
eterno, una sinfonía grandiosa, una obra de arte nacida de la inspiración y el
sentimiento de uno de los grandes de la historia de la tauromaquia. El
estoconazo en la suerte de recibir que pasaporta al toro sin puntilla merece
las dos orejas que el público ha pedido de forma abrumadora y que el presidente
lógicamente ha concedido.Una tarde más la eterna elegancia del toreo se ha encarnado en la figura de José María Manzanares y ha rendido a sus pies a una ciudad y una afición que de elegancia sabe un rato.
Dos toreros a hombros
traspasando el umbral de la puerta grande santanderina, la imagen real de la
Fiesta, la pasión y la belleza en el ruedo, el triunfo y la alegría en la
calle. ¡Y el que no quiera disfrutar de esta afición que no vaya! pero que nos
deje a nosotros la libertad de soñar con la belleza del toreo, a los toreros
crear Arte y a los ganaderos criar una especie que de no ser por las corridas
de toros estaría extinguida hace mucho tiempo.
Antonio Vallejo
viernes, 14 de julio de 2017
La grandeza de Antonio Ferrera
Primero fue Sevilla, después Madrid, ahora Pamplona. Antonio Ferrera está cumbre, en su cenit como torero, en plena madurez, todo temple, todo naturalidad, todo serenidad, todo armonía, todo clase, torería suprema. Se le ve seguro, firme, rotundo, poderoso, artista, entregado, solvente, todo cuanto podamos decir del balear-extremeño es poco. Un torerazo que se ha forjado en mil y un batallas lidiando todo lo que nadie quería, los encastes llamados toristas, las ganaderías duras, en una palabra, todo cuanto era inlidiable él lo recogía y lo sometía. Ahora saborea el premio a tanto esfuerzo y a tanto sacrificio, a tanto riesgo y tanta exposición mal reconocida y a veces peor pagada. Un hombre entero que por fin recibe el reconocimiento que se merece.
Hoy, y de manera incomprensible, no ha cortado orejas en Pamplona, pero la torería con la que ha regado la plaza queda ahí. No sé si en vez de haber toreado ese toro en cuarto lugar lo hubiera toreado en cualquier otro que no coincidiera con la merienda habitual de cada tarde comiendo a dos carrillos y bebiendo más, atentos a las cazuelas y pasando de lo que ocurre en el ruedo, el resultado hubiera sido otro, porque Ferrera ha desarrollado sobre la arena pamplonesa una faena cargada se sabor y torería, una auténtica obra de arte que ha pasado desapercibida para una ¿afición? que hoy no ha estado a la altura. Con el primero, un toro alto y feo de hechuras que siempre echó la cara arriba, anduvo Ferrera muy firme, centrado y solvente con el capote , firme y seguro en banderillas, clavando en la cara con facilidad y verdad, tratando someter en la muleta a este de Cuvillo que no humillaba ni se entregaba en ningún momento. Lo intentó por ambos pitones con superioridad y seguridad, muy por encima de las nulascondiciones del animal y se lo quitó de en medio de una estocada hábil fruto de sus años de experiencia en corridas imposibles.
Fue en el cuarto, el toro de la maldita merienda, cuando Ferrera sacó a relucir su clase, su calidad, su categoría como torero. La revolera de saludo casi de espaldas, el quite por delantales con una media a pies juntos y manos bajas repleta de gusto y sabor y un tercio de banderillas vibrante y exponiendo, sobre todo en un tercer par al quiebro arriesgadísimo y perfecto de ejecución, eran tan solo el anuncio de lo que estaba por llegar en la muleta. El inicio de faena con la muleta plegada sobre su hombro, aromas de México, dejando llegar la arrancada del de Cuvillo hasta muy cerca para desplegar entonces el engaño ligando una serie superior al natural con la figura relajada, templada, de excelente trazo, preciosos naturales acompasados, cargados de emoción y sentimiento. Un gran pitón izquierdo que permitió a Ferrera sentirse a gusto toreando, relajado, dejándose, con una torería y una emotividad mayúscula, toreo profundo, toreo eterno, toreo de verdad. Quizás fuera el pinchazo hondo arriba, en el sitio perfecto, y la tardanza del toro en doblar lo que hizo que la petición fuera insuficiente, aunque parece que la verdadera razón fue que la gente, no les puedo llamar aficionados, especialmente los tendidos de sol, aún no había digerido lo comido o había bebido en demasía y no se enteraron de lo que un maestro había hecho ante un toro bravo, encastado y enclasado, que tuvo movilidad, entrega y humillación. Si se lo han perdido que lo vean de nuevo en Canal Toros, como también podrán ver la tremenda voltereta que le ha propinado al descabellar de la que s esa repuesto como si nada tras un tremendo golpe contra el suelo y que les ha debido aparecer lo más normal del mundo. Así se darán cuenta de su innoble comportamiento, eso si no están a estas horas con una indigestión o en estado de coma etílico. Cuando han estado a la altura, al menos en mi opinión, lo reconozco, pero hoy se han comportado de una manera indigna y vergonzosa con una escasa, ridícula, petición de oreja. Y aún lo entiendo menso cuando se han vuelto medio locos pidiendo una oreja a Talavante en el segundo, un toro que no se entregó, que embistió a media altura, derrotando sin clase al final del muletazo, una faena voluntariosa de Talavante, de acuerdo, técnicamente bien, vale, pero que en ningún momento tomó vuelo, irregular, falta de ritmo y sin profundidad. Mató de una certera estocada pero, igual que dije ayer con la segunda de López Simón, no me parece suficiente para conceder una oreja en plaza de primera. Pero Pamplona es así y no les vamos a cambiar, pero hoy deben hacérselo mirar.
Ginés Marín, por su parte, venía a ocupar la vacante de Roca Rey tras su cogida de hace dos días. Una tarde más se le vio seguro, firme y decidido ante su primero, un toro imposible ante el que estuvo muy por encima, profesional y solvente. Igual que ante el sexto, un tor sin clase, de embestida descompuesta, sin recorrido, vulgar hasta decir basta. De nuevo dejó naturales de un trazo excelente, profundos, con sabor y torería. Es descomunal el manejo de la mano izquierda que tiene el jerezano. Con la espada, ¡un cañón! ¡Ay si ayer hubiera entrado la tizona en el tercero como hoy! Lo que ha quedado claro es que lo de Madrid y lo de ayer en Pamplona no es fruto de la casualidad y que Ginés Marín tiene por delante un futuro más que prometedor en el toreo, muy ilusionante de cara a lo que viene.
No he dicho mucho de los toros de Nuñez del Cuvillo, desiguales de hechuras, feos el primero y sexto, desproporcionados, con cierta movilidad y nobleza, pero sin clase, alguno bronco y con genio, como el primero, sosos y deslucidos en general. Siempre se dice lo mismo, las hechuras no aseguran que el toro embista, pero cuando un toro embiste casualmente tiene buenas hechuras, así que habrá que empezar por ahí.
Pero hoy solo me quedo con la grandeza de un maestro, Antonio Ferrera, y me apena la actitud y la repuesta de la plaza de Pamplona, hoy no ha estad. ala altura, hoy no se le puede llamar aficionados, quizás el estómago rebosante les nublara la vista o el cerebro.
Antonio Vallejo
jueves, 13 de julio de 2017
San Fermín, suma y sigue
San Fermín no da tregua, suma dos puertas grandes más y sigue inmerso en el frenético ritmo que no decae ni un segundo. Si ayer fue Cayetano quien salió hombros y Roca Rey quien también lo hubiera hecho de no ser por resultar herido en el muslo y tener que salir por la puerta de la enfermería, hoy han sido Alberto López Simón y Ginés Marín los que han abierto la puerta grande al cortar dos orejas por coleta, el madrileño una a cada uno de su lote y el jerezano dos al sexto, aunque las de hoy merecen algunos matices. No se puede hablar de si han sido justas o no, porque lo han sido. A López Simón el público pamplonés le ha pedido la oreja con fuerza en cada uno de sus toros, y la señora presidente ha cumplido con el reglamento y la ha concedido, así que es justa. Otra cosa es que opinemos sobre si es merecida o excesiva, en cuyo caso me inclino por la segunda opción en el quinto toro. Particularmente yo no creo que ni la faena ni la estocada fueran de oreja. El público, inmerso en su particular atmósfera festiva, ha estado generoso y la ha pedido, pero a mi me ha parecido muy justita. Ahora bien, si al de Barajas le sirve para levantar un ánimo que se veía muy decaído en el pasado San Isidro, bienvenida sea la oreja y la puerta grande, me alegro por él, igual que me alegro por cualquier torero que triunfe. De las de Marín nada que reprochar, me parecen justísimas y muy merecidas. Hace escasas fechas saltó la noticia de que Alberto López Simón había roto su apoderamiento y comenzaba una nueva etapa. Al parecer los últimos meses habían supuesto un sufrimiento y un continuo quebradero de cabeza para el torero por problemas con su apoderado, lo que le tenía sumido en un profundo bache. No era normal lo que le ocurrió el pasado agosto en Bilbao con aquella crisis de ansiedad, un auténtico ataque de pánico que le impidió continuar la lidia, ni tampoco era normal el bajo estado anímico y de forma que se evidenció en Madrid este año. Algo tenía que pasar que lo justificara y por ese cambio de rumbo en la dirección de su carrera puede venir la explicación, porque desde la Feria de Hogueras de San Juan de Alicante el madrileño es otro y se nota en su toreo. La otra cara es la de Ginés Marín, el triunfador de San Isidro que está que se sale, en un momento dulce y con el viento de cara. El jerezano se ha convertido en la revelación de la temporada, entre lo de Madrid y lo de hoy en Pamplona se lo rifan en todas las ferias que están por venir en este verano y veremos en las del otoño. De momento va a sustituir a Roca Rey en la corrida de Nuñez del Cuvillo anunciada para mañana jueves junto a Antonio Ferrera y Alejandro Talavante con todo merecimiento.
La corrida de Victoriano del Río se puede catalogar de buena y con opciones, con dos partes bien diferenciadas a mi modo de ver: la primera con tres primeros toros buenos, enclasados, nobles y repetidores, sobre todo el tercero, un toro de dos orejas, un gran toro, y una segunda parte con un cuarto sin opciones, un quinto manejable pero soso y deslucido y un sexto también manejable que gracias al buen hacer de Marín rompió en la muleta y se entregó finalmente. Terna muy atractiva para el aficionado la compuesta por Sebastián Castella, Alberto López Simón y Ginés Marín, nombres junto a los que hoy, al igual que hice ayer, quiero colocar los de otro magnífico elenco de toreros de plata: Domingo Siro, Jesús Arruga, José Antonio Carretero, Vicente Osuna, José Chacón y ese extraordinario picador, probablemente el número uno hoy en día, que es Tito Sandoval que protagonizó un gran tercio de varas en el segundo, picando arriba, delantero, midiendo el castigo a las mil maravillas.
Sebastián Castella es una figura contrastada del toreo que está, al menos así me lo parece, en una etapa de espléndida madurez, sereno, con la mente despejada y las ideas muy claras, disfrutando con su toreo, relajado, pero sin renunciar a su tauromaquia vibrante con la que tantos triunfos ha cosechado y con la que ha encandilado a tantos aficionados, sin perder ni una gota de la frescura que transmitió, por ejemplo, aquella lejana tarde del San Isidro de 2007 cuando le ví abrir por vez primera la Puerta Grande de Las Ventas. La sensación de serenidad que hoy ha transmitido en la corrida de Pamplona creo que refleja perfectamente ese estado de ánimo y ese momento esplendoroso que vive. Recibe al primero con verónicas templadas, suaves, ganando terreno, para rematar con una media y un recorte con gracia más allá de la segunda raya a un toro con movilidad y velocidad, que repite y muestra fijeza, que va pronto tanto al capote como al caballo y que mete la cara con clase. Un buen quite por chicuelinas del propio matador aprovechando las buenas condiciones del de Victoriano da paso a un tercio de banderillas con emoción en el que el toro muestra prontitud y fijeza, buenos augurios de cara a la muleta. Inicia la faena como tantas y tantas tardes le hemos visto al francés, por estatuarios sin inmutarse, con una tranquilidad pasmosa, pasándose al toro como si estuviera tomando una cerveza con unos amigos viendo la corrida por televisión, no delante de un toro de la seriedad de ese primero. Liga los estatuarios con un trincherazo divino y uno de pecho largo y de una calidad colosal. Por ambos pitones ha toreado templado y largo, lento, cadencioso, con ritmo y compás, bajando la mano y ligando los muletazos con gran clase, perfectamente colocado, los redondos y naturales surgen con naturalidad, espontaneidad y suavidad de sus muñecas, con una facilidad pasmosa y denotando una superioridad insultante delante de la cara del toro, andándole despacio, sin prisas, llevando cosido a la muleta a este buen toro de Victoriano que humilla y repite con fijeza. Series de mucho empaque, toreo clásico y ortodoxo del de Beziers que, sin embargo, no llega con la fuerza que tiene a los tendidos, que están a lo suyo. Se da cuenta de esa frialdad el galo y con inteligencia y maestría cambia el registro de la faena, acorta la distancias y se mete en terrenos del toro, entre los pitones, como tantas veces le hemos visto hacer, con circulares invertidos que esta vez sí despiertan a los de sol. Se pasa al toro por la cadera, combina algunas trincheras y remata con manoletinas ajustadas típicas de su repertorio. Una gran estocada al volapié vale una oreja para Castella, otra más de las cortadas en su larga trayectoria en sanfermines. Pocas opciones para Sebastián con el cuarto, un toro imponente de presencia, tremendo de pitones, veleto, las puntas señalando al cielo, muy ofensivo. Lo recibe con una larga cambiada de rodillas en terrenos de adentro a la que siguen verónicas en las que el de Victoriano del Río no mete bien la cara, aunque se desplaza. No da buenos síntomas en le caballo y en banderillas se ve que se queda corto. Inicia la faena Castella junto a las tablas, con el antebrazo apoyado cual barra de bar, como si a su lado pasara un camarero y no el morlaco que lo hacía. El toro se desplaza, va y viene, pero lo hace con brusquedad, sin clase alguna, descompuesto, sin emoción ni transmisión. Lo intenta el francés en redondo, le pone la muleta, templado, intentando alargar la corta embestida del toro, pero no hay manera. Peor aún por el pitón izquierdo, echa la cara arriba, repone, imposible a todas luces. Quizás, y es solo una opinión, se haya pasado Castella un tanto de metraje a la vista de las nulas condiciones del toro, muy voluntarioso, sí, pero en una sucesión de pases sin argumento que no conducían a nada. Personalmente prefiero que el matador, cuando ha dejado claro que el toro no vale, tome la espada y abrevie, pero repito que es solo una opinión y que quien mejor sabe lo que hay que hacer delante de un toro es el torero, aún más en el caso de Castella, figura contrastada y consagrada.
Sumamente gratificante ha sido comprobar que Alberto López Simón parece volver a la senda por la que nos tenía acostumbrados desde su fulgurante irrupción hace dos años con la Puerta Grande de aquel domingo isidril aparentemente intrascendente y con poco reclamo a priori y la de una segunda por la vía de una sustitución. A partir de ahí una carrera meteórica con triunfos sonados en todas las ferias en las que se anunciaba, hasta el pasado verano donde se vio en Bilbao a un López Simón roto y extenuado. Preocupante fue verle el pasado San Isidro, no era él, se le escaparon varios toros de triunfo grande, algo tenía que ocurrirle. Parece ser que ese cambio de entorno y de dirección de su carrera que he comentado antes le han quitado un gran peso de encima y volvemos a ver al madrileño sonriente. Las verónicas cadenciosas y un tanto desmayadas ganando pasos a cada lance con las que recibió al segundo atestiguan este cambio. Sensacional Tito Sandoval en dos puyazos soberbios, agarrados arriba, sin rectificar, midiendo el castigo con maestría a este de Victoriano del Río que ha acudido pronto y con buen tranco al peto metiendo la cara abajo y empleándose, tanto que llegó a derribar a Tito en el primer encuentro. Bueno el toreo vertical del de Barajas, muy en su estilo, templado, tratando de llevar en largo y por bajo la noble y enclasada embestida del animal, rematando las series con pases de pecho vaciándose por arriba. En una de las últimas series por ese pitón hace el Victoriano por López Simón y lo lanza por los aires con la pala del pitón, afortunadamente sin consecuencias. Poco recorrido por el pitón izquierdo por el que tan solo lo ha probado en una serie de naturales sin emoción. Las manoletinas finales como epílogo clásico de faena dejan todo en manos de la espada. Tremenda, temeraria la manera en como se ha tirado a matar López Simón, sin hacer la cruz, encunado entre los pitones, lanzándose literalmente al vacío, o matar o morir, y se han vivido segundos dramáticos con el toro escupiendo por los aires al madrileño varios metros más allá, como un auténtico guiñapo, un muñeco a merced de una fiera. Tremenda paliza en la que San Fermín ha estado al quite y ha echado su capotillo, no se entiende de otra manera que solo haya recibido un varetazo en el glúteo. El toro rueda sin puntilla, oreja merecida al valor y la clase de López Simón. Al quinto lo recibe con lances a pies juntos para engarzar con un ramillete de verónicas templadas, con gusto. El toro mete bien la cara, humilla con clase y embiste con ritmo y compás, pero lleva la boca abierta ya desde el saludo. Esa falta de fuerzas que anuncia hace que se le mime en el caballo, casi no se le castiga, pero llega a la muleta desfondado. El inicio de la faena recuerda al de Castella, con el antebrazo en las tablas, por alto. Le obliga poco en las primeras series, el de Victoriano toma la muleta a media altura, con algunos enganchones a la tela, desluciendo el conjunto. Se lo lleva López Simón a los medios y en esos terrenos el toro comienza a lucir más, mete la cara con más calidad y empiezan a surgir los mejores pasajes de una faena que parecía que no iba a tomar vuelo, en series de redondos templadas y ligadas con la mano baja. Desde luego que si así ha sido se debe al tesón y la capacidad del madrileño que lo ha hecho absolutamente todo porque el toro, si bien ha tenido nobleza y ha sido manejable carecía de emoción, era soso y deslucido. Menos ritmo y continuidad tiene el pitón izquierdo, más corto de recorrido, naturales sueltos sin linea de argumento. Los ayudados por alto buenos y bellos que dan paso a una estocada entera desprendida-caída, según lo generoso que se quiera ser, valen un trofeo, y aquí caben los matices. El público ha pedido la oreja de manera mayoritaria y la señora presidente la ha concedido atendiendo al reglamento, así que nada que objetar. Otra cosa es que yo no la hubiera pedido, no me ha parecido faena ni estocada para oreja en una plaza de primera, pero al público pamplonés sí y es su fiesta, así que tampoco nada que objetar. Al fin y al cabo lo que queda es la imagen del torero saliendo a hombros, algo muy necesario cada tarde. Cada cual tendrá su opinión, todas respetables.
El jerezano Ginés Marín llegaba a estos sanfermines avalado por su título de triunfador de San Isidro, la mejor carta de presentación posible. Y ha hecho honor a tal condición tanto por ganas y entrega, no ha perdonado ni un quite, como por clase y calidad en su toreo, especialmente al natural, una maravilla. Extraordinario con el capote toda la tarde, en las magníficas verónicas de saludo al tercero, templadas, a compás, con ritmo y cadencia, plenas de sabor, rematadas con una media de rodillas espectacular, y en los quites, uno variado y lucido intercalando chicuelinas y tafalleras al segundo de la tarde y otro clásico y templadísimo a la verónica con aromas a toreo añejo. Pero ha sido con la muleta con la que ha puesto patas abajo la plaza de Pamplona. Al que hacía tercero, el mejor toro de la corrida y candidato serio al mejor de la feria, un animal bravo y noble, con movilidad, fijeza y repetición, con recorrido y clase, que humillaba y hacía el avión que era una delicia, lo ha toreado con un temple, un gusto y una calidad sublime. Inicia la faena de rodillas, redondos largos y templados para incorporase y dejar un gran cambio de mano que levanta a los aficionados. Magníficas series por el pitón derecho, templadas, corriendo bien la mano, por bajo, ligadas, con una emoción y transmisión extraordinaria, coronadas con otro cambio de mano lentísimo y larguísimo, eterno, celestial, que recordó al de Madrid. Pero es por el pitón izquierdo por donde la faena rompe de manera estratósférica. ¡Qué manera de torear al natural!. Suaves, acariciando la cara del extraordinario Victoriano, largos, de un recorrido que parecía no tener fin, muy por bajo, arrastrando la muleta, encajadísimo, de auténtica locura cómo torea el jerezano. El final de faena toreando al natural hincado de rodillas en los medios quedará para el recuerdo, una auténtica obra de arte. Toro de dos orejas y faena de dos orejas de no haber manejado mal los aceros. Una auténtica lástima los tres pinchazos previos a una entera arriba con la que pasaportó a este gran toro premiado con la vuelta al ruedo. Igual que Ginés Marín, que no obtuvo trofeos pero que dejó un toreo imborrable de la memoria, una faena para recordar por mucho tiempo recompensada con una apoteósica vuelta al ruedo, recuperando además la importancia que siempre ha tenido ese premio y que cada día cae más en el olvido. El que hacía sexto no tuvo nada que ver con su hermano, no apuntaba grandes cosas de salida y pasó por los primeros tercios sin pena ni gloria, echando la cara arriba, sin emplearse. Inicio de faena a pies juntos intercalando pases por alto con trincherazos cargados de aroma a toreo del sur. Toma Marín la muleta con la diestra en una serie en redondo sosa y deslucida por las condiciones del toro, que va y viene pero sin humillar, soltando la cara, sin emoción. Con acierto cambia de pitón y comienza a torear al natural con mucha más prestancia. Por ahí el de Victoriano es mucho mejor, tiene más recorrido y se emplea más, metiendo la cara con nobleza y clase, y surgen tres naturales extraordinarios, templados, lentos, hondos, bellísimos. Poco a poco, a base de temple domina Marín la embestida del toro y lo mete en los vuelos de la muleta, más naturales templados, largos y bajos, obligando mucho al animal, que responde y mete la cara cada vez con más clase, ya no solo por ese pitón izquierdo, sino que por el derecho le permite pegar dos tandas en redondo cuajadas, llevando al Victoriano muy toreado, una maravilla. Los naturales finales citando de frente, dando el pecho, dan muestra de la enorme dimensión de este joven jerezano que está rompiendo barreras a base de ganas y entrega, pero sobre todo por su arte y torería.La estocada entera arriba vale dos orejas y una puerta grande más que sumar en esta temporada de ensueño que está viviendo. Si de Madrid salió catapultado ya no sé cómo lo va a hacer de Pamplona. Vamos a tener mucha oportunidades de disfrutar de su toreo porque se ha convertido en el torero del momento y seguro que va estar acartelado en todas o casi todas las ferias que restan de aquí a octubre.
Dos tardes consecutivas con salida a hombros son el suma y sigue de una Feria del Toro que no va a parar ni a bajar el ritmo hasta el viernes 14. Aún queda la corrida de Cuvillo y la mítica de Miura, que como embistan esto puede ser de órdago, y ojalá así sea sea y el mundo entero vea la enorme dimensión de la Fiesta, su alegría y el triunfo.
Antonio Vallejo
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