jueves, 8 de febrero de 2018

Castellón, Olivenza, Fallas, ganaderías, Madrid ya...¡y Sevilla!. ¡A toda máquina!


Un chorro, un manantial  un aluvión, una auténtica avalancha de anuncios, de noticias y de confirmaciones nos inunda en este inicio de temporada taurina española mientras al otro lado del Atlántico son México y Colombia quienes enfilan la recta final de sus temporadas. El día 27 de enero Ajalvir abrió sus puertas y el primer toro de la temporada saltó a la arena, este fin de semana Valdemorillo celebra el grueso de su feria de San Blas y la Candelaria y el próximo sábado 17 la cita será en Vistalegre con los toros de Victoriano Martín para Curro Díaz, Daniel Luque y Emilio de Justo a la que sumar una interesante novillada de El Parralejo para Antonio Catalán "Toñete", Ángel Téllez y Rocío Romero. Todo eso ya lo sabíamos desde hace varias  semanas, pero es que en los últimos días ya se han hecho oficiales los carteles de ferias de la importancia de Castellón, Olivenza y Fallas como plato principal.
Por orden cronológico será Olivenza quien abra fuego con una feria que año tras año gana importancia y que en esta edición presenta una combinación de carteles de mucho interés para los aficionados y que rendirá homenaje a Julián López "El Juli" con motivo de los 20 años de su tremenda irrupción en aquella plaza y que este año se anuncia dos tardes. Desde luego es para que, quien pueda ir, no se lo pierda, y si no juzguen ustedes:

Viernes 2 de marzo: Novillos de El Freixo para María del Mar Santos, Juanito, Alfonso Cadaval, Toñete, Marcos y Alejandro Adame.

Sábado 3 de marzo (matinal): Toros del Tajo y la Reina para Juan José Padilla, José Garrido y Luis David.

Sábado 3 de marzo (tarde): Toros de Garcigrande para Julián López “El Juli”, Miguel Ángel Perera y Alejandro Talavante.

Domingo 4 de marzo (matinal): Toros de Victoriano del Río para Enrique Ponce, Antonio Ferrera y Roca Rey.

Domingo 4 de marzo (tarde): Toros de Zalduendo, Victorino Martín y Garcigrande para El Juli y Ginés Marín que actuarán Mano a Mano.

Por la arena de Olivenza harán el paseíllo nombres de relumbrón que también estarán presentes en la cita de Castellón, la Feria de la Magdalena, que también está creciendo en importancia y seriedad gracias a una cuidada elección del ganado y una composición de carteles bien rematados. Nada más y nada menos que estos son los festejos que conformarán el ciclo castellonense:

Domingo, 4 de marzo: Novillos de Fernando Peña para Toñete, Sedano Vázquez y Ángel Téllez.

Lunes 5 de marzo: Rejones. Toros de Fermín Bohórquez para Andy Cartagena, Leonardo Hernández y Lea Vicens.

Miércoles 7 de marzo: Clase práctica. Reses de Fernando Peña para Lucas Miñana, de la Escuela Taurina de Beziers, Marcos Andreu, de la Escuela de Tauromaquia de Castellón, Manuel Diosleguarde, de la Escuela Taurina de Salamanca, Jordi Pérez, de la Escuela de Tauromaquia de Valencia, Jorge Martínez, de la Escuela Taurina de Almería, Rafael León, de la Escuela Taurina de Málaga y Jorge Rivera, de la Escuela de Tauromaquia de Castellón.

Jueves 8 de marzo: Toros de Hnos. García Jiménez, Olga Jiménez y Peña de Francia para Juan José Padilla, Juan Bautista y Miguel Ángel Perera.

Viernes 9 de marzo: Toros de Domingo Hernández y Garcigrande para El Juli, Manzanares y Talavante.

Sábado 10 de marzo: Toros de Victorino Martín para El Fandi, Sebastián Castella y Varea.

Domingo 11 de marzo: Toros de Juan Pedro Domecq para Enrique Ponce, Manzanares y Roca Rey.

Sin duda dos extraordinarios aperitivos que darán paso a la que cada año es la feria de primera categoría más madrugadora de la temporada, la de Fallas. El coso de la calle Játiva acoge año tras año una feria en la que la calidad no va reñida con un ambiente festivo, en la que se mide y valora con justicia, sin excesos ni intransigencias, donde los aficionados buscan divertirse pero donde a la vez saben diferenciar el tono festivo del festivalero. Es la primera gran cita de la temporada, la primera que empieza a marcar el ritmo y que nos ayuda a adivinar el estado de forma de los matadores y apunta lo que puede ser cada temporada. Los carteles suelen tener gran atractivo y habitualmente están en ellos los principales nombres del escalafón. Para estas Fallas 2018 la empresa ha confeccionado las siguientes combinaciones:

Sábado, 10 de marzo: Novillada sin picadores. Erales de Nazario Ibáñez para José Antonio Valencia, Arturo Gilio y Borja Collado.

Domingo 11 de marzo: Toros de Jandilla y Vegahermosa para Juan José Padilla, El Fandi y Román.

Lunes 12 de marzo: Novillos de Fernando Peña para Jesús Chover, Alejandro Gardel y Ángel Téllez.

Martes 13 de marzo: Novillos de El Freixo para Toñete, Jorge Rico y Marcos.

Miércoles 14 de marzo: Toros de Alcurrucén para David Mora, Álvaro Lorenzo y Luis David Adame.

Jueves 15 de marzo: Toros de Fuente Ymbro para Juan Bautista, Daniel Luque y José Garrido.

Viernes 16 de marzo: Toros de Núñez del Cuvillo para Sebastián Castella, José María Manzanares y Roca Rey.

Sábado 17 de marzo: Toros de Domingo Hernández y Garcigrande para Enrique Ponce, Alejandro Talavante y Paco Ureña.

Domingo 18 de marzo: Toros de Juan Pedro Domecq para Miguel Ángel Perera, Cayetano y López Simón.

Lunes 19 de marzo: Matinal. Toros de Fermín Bohórquez para Andy Cartagena, Sergio Galán y Lea Vicens.

Lunes 19 de marzo: Toros de Victoriano del Río y Toros de Cortés para Antonio Ferrera, Román y Ginés Marín.

Todo esto nos espera a la vuelta de la esquina, en un abrir y cerrar de ojos nos vemos inmersos en una temporada que ya es imparable, pero es que tenemos tantas ganas de toros que estos anuncios nos saben a poco y queremos más. Pues eso han debido pensar en la Maestranza sevillana que han adelantado ya, ¡a primeros de febrero!, los carteles de su Feria de Abril y los de San Miguel, casi nada. Sevilla y su primavera constituyen uno de los momentos de mayor relevancia de toda la temporada, plaza de primerísima categoría, auténtico santuario del toreo en el que se guardan las mejores esencias de este arte, tendidos sabios que gustan saborear los mejores aromas, elegantes, respetuosos pero implacables con sus famosos silencios. Ya sueño con su Alberto  ya sueño con los olés y las palmas a compás, ya sueño con esa manera de ver toros en la Real Maestranza que hace dos semanas visité, ya sueño con su feria y los aromas de azahar. Todo eso llegará sin casi darnos cuenta puesto que de hoy en adelante va a ser un no parar en nuestra piel de toro, por mucho que a algunos les pese. De momento disfruten con lo que nos espera en Sevilla por primavera:

1 de abril. Domingo de Resurrección: Toros de Victoriano del Río para Antonio Ferrera, José María Manzanares y Roca Rey.

8 de abril: Toros de Las Ramblas para Pepe Moral, Javier Jiménez y otro por confirmar.

11 de abril: Toros de La Palmosilla para David Mora, Rafael Serna y otro por confirmar.

12 de abril: Toros de Torrestrella para Juan Bautista, Pablo Aguado y Luis David Adame.

13 de abril: Toros de Juan Pedro Domecq para Enrique Ponce, José María Manzanares y Ginés Marín.

14 de abril: Toros de Victorino Martín para Antonio Ferrera, Manuel Escribano y Daniel Luque.

15 de abril: Toros de Fermín Bohórquez para Sergio Galán, Andrés Romero y Lea Vicens.

16 de abril: Toros de Núñez del Cuvillo para Sebastián Castella, José María Manzanares y Alejandro Talavante.

17 de abril: Toros de Jandilla para Antonio Ferrera, El Juli y Roca Rey.

18 de abril: Toros de El Pilar para Curro Díaz, López Simón y José Garrido.

19 de abril: Toros de Garcigrande para Enrique Ponce, El Juli y Alejandro Talavante.

20 de abril: Toros de Hermanos García Jiménez para Miguel Ángel Perera, Alejandro Talavante y Roca Rey.

21 de abril: Toros de Fuente Ymbro para Juan José Padilla, El Cid y El Fandi.

22 de abril: Toros de Miura para Rafaelillo, Luis Bolívar y Pepe Moral.

FERIA DE SAN MIGUEL

28 de septiembre: Novillada de Talavante para tres triunfadores.

29 de septiembre: Toros de García Jiménez para Juan José Padilla, Morante de la Puebla y Sebastián Castella.

30 de septiembre: Toros de Juan Pedro Domecq para Morante de la Puebla, José María Manzanares y Alfonso Cadaval (alternativa).

Hay que estar atento porque Madrid no va a quedarse atrás y, al parecer, en unos días se van a adelantar los carteles del San Isidro 2018 en las Ventas, que abrirá sus puertas el Domingo de Ramos, 25 de marzo, con un encierro de Victoriano Martín para El Cid, Pepe Moral y Fortes y el Domingo de Resurrección, primero de abril, con toros de El Torero para la terna compuesta por David Mora, Daniel Luque y Álvaro Lorenzo. Dos tardes para iniciar con fuerza la temporada venteña que se prolongará hasta el 12 de octubre y que en el mes de mayo, como cada año, concentrará toda la atención de los aficionados del planeta durante la feria más importante del mundo en la plaza más importante del mundo: los sanisidros.
Pero no solo son las principales plazas de España quienes han lanzado a los cuatro vientos la composición de las ferias más relevantes. También las ganaderías, el pilar fundamental de la Fiesta, se han apresurado a desvelar las citas a las que acudirán. Aunque sinceramente, en algunos casos no es un avance, sino más bien una confirmación de lo que a nadie extraña ni va acoger por sorpresa. Por ejemplo, Juan Pedro Domecq, que ha declarado a Aplausos lo siguiente: “Este año en lugar de acudir dos veces a Madrid voy dos veces a Sevilla, una en la Feria y otra en San Miguel. Sueño con que le toque un toro grande a Morante en plenitud en Sevilla. Hay corridas para Castellón, Valencia, Madrid, Málaga, Jerez, Istres, Brihuega, Murcia, Albacete… Serán entre 15 y 16 corridas de toros". De verdad, ¿alguien se imagina Sevilla, Madrid, Valencia, Bilbao, Málaga, etc sin los juanpedros?. Lo mismo que Nuñez del Cuvillo que también estará presente en Sevilla y Madrid, y Bilbao, Málaga, Pamplona, etc, o Victoriano del Río, también fija en las grandes ferias, como Alcurrucén, que este año anuncia doble presencia en Las Ventas durante San Isidro. Noticias que, aunque esperadas y clásicas cada temporada no dejan de ser bien recibidas, aunque también es cierto que nos gustaría ver cada vez más abierto el abanico del elenco ganadero y la variedad de encestes, aunque no es menos cierto que al final son estos hierros los que aportan la mayoría de los grandes triunfos y que es lo que el público demanda.
En definitiva, que la temporada española arranca a todo gas y ya no parará hasta octubre, feria tras feria, tarde tras tarde con el deseo de que los toros embistan y veamos grandes faenas. ¡Ah! y como Juan Pedro Domecq, yo también sueño con que le toque un toro grande a Morante en plenitud en Sevilla o donde sea, en Jerez el 12 de mayo, por ejemplo, en su reaparición, un día necesario para la fiesta, huérfana del duende desde el pasado 13 de agosto. Empecemos soñar y a disfrutar.

Antonio Vallejo
 

miércoles, 7 de febrero de 2018

Deslucido aniversario en La México


La Temporada Grande de la capital mexicana va llegando a su fin. Si no me equivoco tan solo resta el festejo del próximo domingo 11 con una corrida mixta para Andy Cartagena, Arturo Macías “El Cejas” y Leo Valadez frente a toros de Las Huertas para que el coso de Insurgentes eche el cierre tras 3 meses de festejos dominicales y 2 corridas extraordinarias, la guadalupana del 12 de diciembre con la reaparición estelar de José Tomás y la de este pasado lunes 5 de febrero que completaba el llamado fin de semana del aniversario.
Como suele decirse, tras la tempestad llega la calma. No sé si eso refleja lo que el lunes sucedió en el Embudo de Insurgentes pero creo que se acerca mucho a la realidad. Venían los ánimos encendidos tras la apoteosis del regalo del día anterior, tras el delirio por las cuatro orejas cortadas y la salida a hombros de Juli y Sergio Flores. La expectación era máxima. Solo bastaba con ver el extraordinario aspecto que presentaron los interminables tendidos de La México que registró un lleno en el numerado y una digna entrada en el sector general. No sé el número de aficionados que ayer se congregaron con todas las ilusiones puestas en la monstruosa, mastodóntica, megalocorrida programada para celebrar el aniversario de la Plaza México en la que se anunciaban cuatro espadas –Jerónimo, Sebastián Castella, Joselito Adame y Andrés Roca Rey- y ocho toros de Jaral de Peñas. Pero lo que sí sé que entre esos treinta y pico mil o cuarenta mil aficionados estaba en una contrabarrera muna persna de la que me habrán leído hablar muchas veces de él, Raúl, compañero de fatigas en el tendido de Las Ventas, madridista que como yo vive momentos de desánimo futbolístico, excelente persona y gran amigo ante todo, quien durante la madrugada del lunes al martes tuvo la gentileza y el detalle de enviarme por WhatsApp la foto del programa de mano de dicho festejo con el fin de ilustrar esta entrada. Y así lo hago, cumpliendo tus órdenes, maestro, y agradeciéndote el detalle no sabes cuanto. Hablé con él antes de su partida hacia México y estaba realmente ilusionado en la corrida de ayer, como el resto de miles que acudieron a la plaza, pero una vez más, como suele suceder en esta afición que llevamos en la sangre, su ilusión se tornó en decepción. Al menos eso deduje por uno de sus mensajes que acompañaban a la foto del programa de mano: “vaya tostón de corrida” , literalmente lo transcribo. Y es que  los toros de Jaral de Peñas, ganadería mexicana de procedencia Domecq, dieron un pobrísimo juego y sirvieron realmente para poco. Al menos mejoró en cuanto a presentación, hechuras y presencia a lo visto el domingo, con animales más cuajados y reunidos, serios, bien rematados por delante y, salvo el octavo, el de menos presencia, en tipo a lo que es el encaste Domecq. Como ya he dicho otra cosa fue su comportamiento y el juego que dieron, muy pobre, con notas de nobleza y cierta clase en el segundo, movilidad sexto y séptimo, este último con buen comportamiento en el caballo, mientras el resto derivó entre la falta de fondo y de fuerzas. En general fue una corrida caracterizada por la falta de bravura, casta y raza, sin fijeza, distraídos, con clara querencia y algo más que un punto de mansedumbre, así como escasa duración en los que permitieron algo de lucimiento. En mi opinión el cuarteto de matadores, Jerónimo, Sebastián Castella, Joselito Adame y Andrés Roca Rey anduvieron claramente por encima de sus oponentes.
El mexicano Jerónimo se ganó por méritos propios a ocupar un puesto en este cartel del aniversario tras su actuación en la Temporada Grande el pasado 7 de enero ante toros de Caparica al dar una vuelta al ruedo en su primero y cortar una oreja a su segundo. Torero valorado, respetado y muy reconocido en México, torero con tradición y catalogado de artista que atravesaba horas bajas y cuya actuación aquella tarde de enero, por lo que comentaron Heriberto Murrieta y su equipo durante la retransmisión del lunes, ha servido para que le lluevan contratos por todo México. Una auténtica pena que no pudiera lucir su toreo ante dos ejemplares horribles, mansos y rajados que no permitieron nada. Pese a todo dejó detalles de clase, destellos de toreo añejo, de toreo caro y con sabor, como los delantales de saludo al que abrió plaza, cargados de buen gusto y torería, algunos redondos y naturales sueltos al abrigo de las tablas poniéndole la muleta en la cara para taparle la salida a un toro deslucido, descastado, huidizo sin fijeza alguna. Esas muestras de un torero con empaque y un trincherazo enorme que levantó un olé rotundo en los tendidos es todo lo que pudo dibujar el mexicano en Insurgentes. Nada más pudo mostrar el de Puebla, puesto que el quinto, salvo que en su entrada al caballo metió los riñones y empujó, un mero espejismo, no sirvió para nada. Lo intentó Jerónimo por activa y por pasiva, puso ganas y empeño, pero no había opción alguna, el toro buscaba las tablas dejando patente su mansedumbre y hacía inútil cualquier esfuerzo por sacar siquiera un muletazo.
Sebastián Castella se llevó el que fue el mejor toro del encierro, el segundo, que no es lo mismo que decir que fue un buen toro, pero sí que, siguiendo con los dichos, dentro del país de los ciegos resultó ser el tuerto y, por tanto, el rey de la tarde.  Por cierto, que en mi opinión, si este toro lució el que más y resultó a la postre el mejor del encierro fue no solo por las condiciones que pudiera llevar dentro sino porque cayó en las manos de un torero, una gran figura del toreo como es el de Bèziers, que es de los pocos que hay en el escalafón con capacidad de sacar el partido que sacó a este de Jaral de Peñas. Me atrevería a decir que este toro en muchas otras manos del escalafón se hubiera ido al desolladero sin pena ni gloria, pero le tocó en suerte a Castella, como le podría haber tocado, así, a bote pronto, a Ponce, Juli, Talavante, Manzanares, Ureña, Perera o Ferrera, por  decir nombres de ese ramillete de matadores a los que les vale casi todo y que son capaces de sacar el máximo de sus toros. Este que hizo segundo fue, a mi modo de ver, un toro bien presentado, muy serio, de buenas hechuras y con presencia acorde a La México. Abanto de salida, sin demasiada fijeza y sin emplearse demasiado pero el francés lo paró en su capote y lo toreó por verónicas templadas, con una suavidad exquisita, cargadas de gusto y clase. Igual que el vistoso y bello quite por saltilleras en el mismo centro del anillo con el que probó al toro tras su efímero paso por el peto del caballo en un amago de puyazo del que salió escupido nada más sentir el acero. Es decir, que el toro no tenía fijeza y rehuía la pelea en el caballo, lo que no denota precisamente buenas condiciones, y sin embargo Castella lució con le capote y escuchó los olés de los tendidos. Por algo sería. Lo mismo podría decirles de la faena de muleta a este toro, un toro que resultó rajado, que huía a la salida de los muletazos y buscaba las tablas por su condición de manso pero con un punto de nobleza que aprovechó a la perfección Castella llevándole a los terrenos que pedía el animal para allí dejar patente el extraordinario momento por el que atraviesa, en su plenitud como torero, dando una lección magistral de poderío y mando, de técnica y valor, maestría pura del galo. Inicia la faena por el pitón derecho con une serie excelente en redondo con muletazos templados, largos y ligados, bajando la mano, perfectamente colocado, en una baldosa, sin mover prácticamente las zapatillas, hilvanando los pases con una suavidad y una naturalidad pasmosa, entre olés de los aficionados. Un cambio de mano larguísimo, lento, parecía que se iba a parar pero no, seguía y el toro obedecía su mando, da paso a unas series de naturales hondos y desmayados que vuelven locos a los aficionados. Toreo de muchos quilates por ambos pitones, enroscándose al toro por la cintura, dejándole la muleta en la cara sin quitársela para tapar la salida, junto a las tablas, acortando la distancia cuando el toro se venía a menos y pisando terrenos comprometidos al hilo de las tablas, dándole toda la ventaja al astado. Repito, faena magistral a un toro manso y de escasa transmisión al que supo exprimir y sacar todo y un poco más, faena al alcance de unos pocos. Las ajustadas manoletinas finales y una estocada desprendida que fulmina al de Jaral de Peñas valen una oreja protestada por un sector debido a la colocación de la espada pero que a mi me parece más que justa y merecida. Es más, si el espadazo hubiera caído en lo alto, bien podrían haber sido dos los trofeos. En cualquier caso, la capacidad lidiadora y el temple de Castella ante este segundo valen más que cualquier apéndice. Ante el sexto bis poco pudo hacer Sebastián, porque el que salió como sexto anunciado fue devuelto al perder por completo el pitón izquierdo en su encuentro con el caballo. Un sobrero del mismo hierro titular que, eso sí, para mi gusto presentó magníficas hechuras, muy en tipo Domecq, bajo, serio y muy ofensivo por delante, cornidelantero y abierto de pitones, reunido y bien proporcionado, pero que careció de clase y empuje, un toro tardo que solo se movió con cierta alegría en los primeros lances con el capote pero que en la muleta resultó soso y deslucido. Faena inteligente y de una calidad técnica excepcional, pero exente de emoción y transmisión por las escasa condiciones del toro. Se colocó bien Castella, tiró del animal e incluso llegó a sacar algunos muletazos con cierta largura y profundidad de enorme mérito, pero pasaba al tran-tran, distraído y sin emplearse, sin decir nada en su embestida. Dominador y con suficiencia el francés, muy superior a este sobrero, de nuevo ha dejado claro que es una de las figuras punteras de la tauromaquia actual.
Joselito Adame es, hoy por hoy, la máxima figura del toreo mexicano en la actualidad y el máximo exponente de ese país en las plazas españolas y francesas. Me ha llamado mucho la atención el nivel de exigencia, incluso intransigencia, con el que se le ha medido en esta Temporada Grande en La México, al menos he sacado esa impresión en las tres corridas en las que le he visto torear a través de la televisión, la que abrió la temporada el 19 de noviembre en el mano a mano con Juli, la del 3 de diciembre junto a Ponce y la de este lunes pasado. La cuarta que ha toreado en esta temporada mexicana no la pude ver puesto que fue la guadalupana que no se retransmitió por imposición de José Tomás, así que de esa no puedo opinar, una lástima, pero es lo que hay y lo que algunos aceptan. Sinceramente me ha parecido exagerado, excesivo e injusto en la mayoría de las madrugadas en las que he vencido al sueño para ver toros en directo. No lo entiendo, de verdad, y tengo la impresión que debe haber algunas cuentas pendientes o algún trasfondo que desconozco porque no se le pasa ni una, se le recrimina a la mínima, muchas veces sin razón, y no se le premia como se merece. En Las Ventas todos sabemos que hay un sector que dictamina de antemano  a que torero hay que reventar la faena haga lo que haga, solo espero que La México no “aprenda” de actitudes y maneras de malos aficionados realmente nocivas para la Fiesta. Hay una norma fundamental a la hora de valorar la labor de un torero: se le debe juzgar en función de las cualidades del toro. Algo así pasó el lunes en La México. Su primer toro, que hacía tercero de la tarde, no sirvió absolutamente para nada. Es cierto que galopó de salida con cierto tranco y apuntaba movilidad, pero no humillaba y su embestida resultaba descompuesta. No se empleó en el capote ni cumplió lo más mínimo en el caballo. Deslucido en la muleta, muy parado, embistiendo, por llamar de alguna manera a lo que hacía, siempre a media altura, soltando la cara, sin emoción ni transmisión. Lo intentó el de Aguascalientes a base de técnica, estuvo aseado, pulcro y tremendamente voluntarioso y digno ante un animal horripilante en cuanto a comportamiento. Mata de entera caída y recibe unos pitos que no acabo de entender. ¿Qué querían que hiciera con ese toro?, ¿la colocación de la espada fue el motivo? Si fue por eso me parece una auténtica tontería y una excusa ridícula, ¿o es que le estaban esperando?. Pero aún comprendo menos la frialdad durante la lidia del séptimo. Lo recibe toreando encajado a la verónica templado, con cadencia, capotazos largos jugando  muy bien las manos. El toro entra al caballo arrancando de lejos, con codicia, mete bien los riñones y derriba a la cabalgadura. Lo prueba Adame con un lucido quite por gaoneras ceñidas y una caleserina garbosa que por fin consigue arrancar olés en los tendidos, hasta ese momento expectantes o indiferentes, no lo sé. El tercio de banderillas a cargo de Ángel González y Héctor Roca resulto extraordinario, tres pares sensacionales, perfectos de ejecución, reunión y colocación, tanto que ambos subalternos tuvieron que saludar desmonterados desde el tercio. Es decir, que el toro apuntaba buenas maneras y Joselito Adame lo hizo todo bien hasta el momento, con un gran toreo de capa ante una frialdad que me sorprendió. En la muleta el de Jaral de Peñas se mueve, humilla y mete la cara con clase. El hidrocálido inicia el trasteo con un cambiado por la espalda y un pase de desdén bellísimo como antesala del toreo en redondo templado, con la mano baja y ligazón en los muletazos rematando las series con buenos de pecho. Cuando toma la muleta con la zurda el toro cambia, por ese pitón no va, protesta, echa la cara arriba y se revuelve. Como es lógico, Joselito retoma el toreo por el pitón derecho, pero a partir de ese momento el comportamiento del toro cambia radicalmente de manera inexplicable, descompone la embestida, cabecea con peligro y complica mucho las cosas al mexicano. No se echa atrás Adame y le planta la  muleta en la cara para de esa manera llevarlo muy toreado y tapar los defectos que había desarrollado el toro, sin que prácticamente se le valore nada. Con el toro ya rajado acorta las distancias y pisa terrenos del toro demostrando arrojo y valor, y tiene que ser con unas luquecinas finales junto a las tablas con las que los tendidos despierten. Esa misma sensación de injusticia para con Joselito Adame la tuvieron los comentaristas de la televisión azteca que en repetidas ocasiones repitieron que no comprendían el  nivel de severidad para con su compatriota. ¡Menos mal que no soy el único!. Pasaporta al toro con una casi entera recibiendo y un descabello y recibe una ovación protestada por un sector del público, algo absolutamente inexplicable a mi modo de entender porque creo que estuvo por encima de su lote.
Andrés Roca Rey también se las tuvo que ver con dos ejemplares de escaso juego y pocas opciones para el lucimiento, aunque derrochó ganas, pundonor y valentía, algo habitual en el peruano. Recibió al cuarto, un toro de buenas hechuras y bien rematado, con verónicas templadas y acompasadas, ganando terreno hasta rematar el saludo capotero con una media repleta de clase más allá de la segunda raya entre olés. El inicio de faena es marca de la casa, electrizante, clavado en los medios con cambiados por la espalda escalofriantes a los que liga un redondo y un natural templado y bajo de mucha calidad. El peruano saca series en redondo templadas y ligadas, pero al toro le falta emoción, no se emplea y sale del lance desentendido y con la cara a media altura por lo que no llega a transmitir a los tendidos. Como tantas veces le hemos visto hacer al limeño es él el que ataca para intentar sacar el máximo del poco fondo del toro. Faena voluntariosa, de entrega, con técnica y valor, pisando terrenos en las cercanías de los pitones, muy en su estilo, obligando al toro para robarle los muletazos, por encima del de Jaral de Peñas, pero había muy  poco que rascar. Se lo quita de en medio de entera arriba algo tendida y así esperar a que el segundo de su lote mejore. No fue así, incluso peor, porque encima resultó el de peores hechuras de la corrida, justo de cara y mal rematado por delante. Lo recibe con verónicas templadas a pies juntos rematadas con una media de auténtico lujo. Ese saludo capotero y un lucido quite por gaoneras ceñidas fueron lo único que el toro permitió, y eso que en el caballo parecía que había opciones al protagonizar un buen tercio de varas empujando con celo y metiendo los riñones. Pero se apagó y a la muleta llegó un animal tardo, descompuesto, de corto recorrida y que se defendía soltando la cara en cada lance. Absolutamente imposible a pesar de los intentos de Roca Rey por sacar algo. Lo mejor es que se lo quitó de encima con prontitud y así pude irme a dormir a las tres menos tres minutos de la madrugada en la penúltima noche de toros mexicana que queda por ver en esta temporada que finalizará el domingo próximo.
Para terminar y retomando los dichos, habría que aplicar aquello de corrida de expectación, corrida de decepción. Comparto con mi amigo Raúl que fue un tostón (salvando a Castella en el segundo y Adame en el séptimo) pero sin embargo a mi me pareció que la presentación, la presencia y el trapío de los de Jaral de Peñas fue bueno mientras que a él le pareció que los toros carecieron de trapío y presencia. Está claro que él tuvo la gran fortuna de verlos en la plaza que es donde se puede apreciar la verdadera presencia de los toros mientras que yo los vi por televisión, que cambia totalmente la perspectiva, pero ahí está lo bueno de esta afición, que cada uno la ve, la vive y la disfruta a su manera.

Antonio Vallejo



lunes, 5 de febrero de 2018

Juli y Flores, triunfo con el regalo



Nada hacía presagiar el final triunfal de una tarde, madrugada española, que naufragaba a cada toro que salía por la puerta de toriles. Uno tras otro saltaban al ruedo de La México ejemplares mal presentados, sin trapío, de feas hechuras, sin cara, sin presencia, alguno terriblemente desproporcionado, indignos para una plaza de primera como es La México. Si a todo eso le añadimos que el comportamiento de los seis de Teófilo Gómez fue desastroso, sin bravura, descastados, sin raza, sin fuerzas, nada de nada, sin fondo alguno, ni siquiera un resquicio por el que salvar la madrugada en nuestra patria, imagínense lo que costaba aguantar despierto a esas horas. Menos mal que los comentaristas de la televisión azteca ponían el picante -algo usual por esas tierras dicho se de paso- que le faltaba a los toros porque de otra manera hubiera sido para irse a dormir.  ¡Menos mal que no lo hice y aguanté hasta el final!. Sinceramente, tenían un cabreo del quince, y con toda la razón. No será porque no lo habían anunciado en los comentarios previos la corrida, no será porque no insistieron una y otra vez que los toros de Teófilo Gómez por buscar tanta, tanta, tanta nobleza, docilidad y manejabilidad para que las figuras los elijan se han dejado por el camino el genio, la casta y la bravura que debe tener un toro de lidia que tiene que generar emoción.  No será que no advirtieron que es prácticamente imposible que un ganadero tenga tres corridas completas -al menos 18 toros- con la presencia y el trapío mínimo exigible para lidiar en Insurgentes. No será que no dejaron claro que tenían muchas dudas sobre el comportamiento del ganado, sobre su fondo y sus fuerzas, tantas y tantas cosas que convirtieron en animado coloquio en la previa. Y es que cuando todas esas sospechas y malos augurios se cumplen, lo mínimo es revolverte porque contemplas como así se mata a la Fiesta, que si hay toro no hay nada. Si no se cuida al toro, si no se elige al toro bravo como eje principal de la corrida de nada vale que se anuncien nombres de figuras porque la emoción que debe generar el toreo no surgirá por mucho que lo intenten esas figuras. Eso fue lo que ayer por la noche sucedió en La México. Uno tras otro vimos desfilar animales sin trapío, que no galopaban, que iban al gran-tran, al trote cochinero, que además perdían las manos a la mínima que se les obligara, que no humillaban, siempre con la cara arriba y echando las manos por delante,  defendiéndose, animales a los que no se les picó porque no aguantaban el mínimo castigo. En algunos casos me atrevería a decir que ni tan siquiera se señaló el puyazo, en un espectáculo indigno de una plaza de la relevancia de La México, hurtándonos además la importancia y la belleza de contemplar un tercio fundamental para la lidia. Animales que en la muleta pasaban como si nada, desentendiéndose, sin un mínimo de transmisión y emoción. Con esta pared se toparon Julián López "El Juli" y Sergio Flores, a lo que hay sumar el ambiente cada vez más crispado y a la contra con el que tuvieron que bregar y al que tuvieron que sobreponerse  a medida qua avanzaba la tarde mexicana, madrugada española. A nadie se le escapa que lo más normal era que el desánimo invadiera a los aficionados que ayer casi llenaron la Monumental azteca y a los que veíamos la corrida por televisión. Muy por encima de sus oponentes, por llamarlos de algún modo, estuvieron Juli y Flores en sus lotes, intentando lo imposible, dispuestos y entregados, tratando de sacar aunque fuera un capotazo o un muletazo suelto que conectara con los tendidos. Repito, imposible. No es de extrañar que cuando Juli vio lo que tenía delante con el que salió en quinto lugar, un toro anovillado, feo, escurrido, que no tenía ni fondo ni un miligramo de fuerza, levantara el dedo índice anunciando un toro de regalo nada más comenzar el trasteo con la muleta -llamarlo faena sería un eufemismo infame- y lo fulminara de un espadazo sin más contemplaciones. Y tampoco puede extrañar que en el sexto, otro ejemplar infumable, Sergio Flores hiciera exactamente lo mismo, hartos ya del deprimente espectáculo que se estaba ofreciendo. Fue sin duda la mejor decisión que pudieron tomar, la de regalar un toro cada uno y así poder compensar a los aficionados por todas las penas anteriores. Y yo tampoco sabré cómo agradecer a ambos matadores que lo hicieran, eso que eran ya casi las dos de la madrugada y la cosa no estaba para bromas.
Dicen los gitanos que no quieren para sus hijos buenos principios. Debió ser que ayer rondaba por La México algún duende gitano que cumplió con el dicho. Lo que empezó mal y fue a la deriva camino del desastre terminó con ambos matadores a hombros tras cortar dos orejas cada uno. Una vez más se demuestra la grandeza de la Fiesta, su magia y su hechizo, capaz de sacarnos del infierno del tedio para llevarnos a la gloria del arte en unos minutos. Para eso sólo tuvieron que saltar al ruedo dos toros bravos, con raza y, además, con buenas hechuras. Así de simple y así de misterioso a la vez. De lo demás se encargaron Juli y Sergio Flores.
El toro de regalo de Juli pertenecía al hierro de Bernaldo de Quirós, un toro cárdeno de preciosas hechuras, muy serio, armónico, proporcionado, un toro con trapío. Vuelvo una vez más a recordar lo que el maestro Emilio Muñoz repite una y mil veces, que un toro con buenas hechuras no significa que vaya a embestir, pero los que embisten siempre tienen buenas hechuras. Y así fue ayer por la noche. Lo recibe Juli con una larga cambiada de rodillas cosida a unos chicueilinas a manos bajas que arrancan los olés entusiasmados que tantas ganas de corear tenían los tendidos. El toro es bueno, tiene movilidad, alegría y fijeza, mete bien la cara y apunta clase y bravura. Se le pica, lo que era noticia, aunque se le mide el castigo para no estropear las aparentes buenas cualidades del de Quirós. Insurgentes entra en ebullición con un sensacional quite de Juli por lopecinas en los medios, rematado con una revolera que pone en pie a toda la plaza. Se huele algo grande, impresión que se refrenda  tras un extraordinario tercio de banderillas protagonizado por Cristhian Sánchez que responde desmonterado a la atronadora ovación con la que se le premian sus dos pares. Juli brinda al público sabedor de que va a armar el lío. Y lo hizo, ¡vaya si lo hizo!. El inicio de faena con las zapatillas clavadas en la arena, sin enmendarse ni reponer un milímetro en estatuarios escalofriantes para rematar con un sensacional pase de pecho encienden la mecha de la emoción en unos tendidos que ya rugían tras la exhibición capotera del madrileño. A partir de ahí una nueva lección magistral de Juli, un lección de maestría, de poderío y mando, de clase y gusto, de elegancia y empaque en su toreo. Series en redondo templadas, con el compás abierto, corriendo la mano, por bajo, arrastrando la tela por la arena, ligando los muletazos como si utilizara hilos de seda, con una suavidad exquisita, aprovechando la movilidad, la repetición y la humillación del toro de Bernaldo de Quirós y rematando las series con unos cambios de mano lentos, eternos, bellísimos, que ponen a mil a los tendidos. Igual de acoplado Juli por el pitón izquierdo, torea encajado, metiendo los riñones, esta vez cerrando el compás, componiendo la figura con una elegancia superlativa. De su muleta surgen naturales hondos que enloquecen a La México, adornos, molinetes, pases de desdén en un derroche de torería. A esas alturas el coso de Insurgentes ruge al grito de "torero, torero" al ver cómo el madrileño barre la arena con su muleta en una serie de derechazos antológica por largura y temple. Gritos que no cesan con las luquecinas al abrigo de las tablas con las que el maestro Juli pone fin a a su faena para dejar todo en manos de la espada, la suerte suprema que marca la frontera entre el triunfo rotundo o el pudo ser y no fue. Y fue, por un estoconazo hasta la empuñadura que pasaporta sin puntilla al gran toro de Bernaldo de Quirós. Dos orejas incontestables que a juicio de los comentaristas mexicanos debieran haber  viajado acompañadas del rabo. Yo también lo creo porque se conjuntó  un gran toro, bravo, con raza, encastado, noble, repetidor y que cumplió en todos los tercios con la maestría, el mando, el poderío, la técnica, el conocimiento, la clase, el gusto, en definitiva, la torería suprema de un grandísimo maestro que lució al toro en todos los terrenos y que lo mató de una estocada sensacional. Pero la alegría de Juli era máxima, lógico, la de los tendidos no se pueden no imaginar, enloquecidos, y la de los que a esas horas estábamos en España pegados a la tele inenarrable. Al menos en mi caso fue así al sentir una vez más la grandeza y la emoción de este Arte. ¡Mereció la pena el desvelo!.
Visto lo visto, el mexicano Sergio Flores no podía quedarse atrás con su toro de regalo, un ejemplar de Santa María de Xalpa, ganadería mexicana de procedencia Domecq, lo que se adivinaba nada más saltar Suerte al ruedo, que así se llamaba el que hizo octavo. Un toro de hechuras "españolas" por decirlo de alguna manera. Un toro cuajado, reunido, muy serio, con dos pitones de los que pocas veces se ven por México, armónico  proporcionado, sin exceso de kilos, en definitiva, un toro con trapío. De nuevo tengo que volver con lo del maestro Emilio Muñoz, ya sé que soy pesadito, pero es que una vez más se cumplió. Vibrante, arrebatador saludo capotero de Flores por chicueilinas ceñidísimas y una revolera que pone en pie a la Monumental, por si necesitaba algo más para calentarse. Conocedor de las características de este encaste también le mide el castigo en el caballo y se le da un solo puyazo. Lo prueba Flores a la salida del caballo con un quite lucidísimo y muy vistoso en el que combina chicuelinas, tafalleras y una cordobina haciendo que los tendidos se rompan las palmas a aplaudir y a gritar olés que hacen temblar  los cimientos de la plaza. Va por todas, brinda al público e inicia la faena sin probaturas, de manera explosiva, con un cambiado por la espalda de los de contener la respiración que enlaza con una magnífica serie por el pitón derecho templada y ligada, bajando la mano, con mucho gusto y que llega a los tendidos, locos de alegría y con la esperanza de ver otra gran faena. El de Xalpa es noble, tiene muchísima clase, humilla y repite en la muleta del mexicano, especialmente por el pitón derecho, el mejor sin duda. En redondo surgen los mejores pasajes con un toreo templado, por bajo, corriendo la mano, con largura, ligando los muletazos con mucho gusto y calidad. Por el pitón izquierdo baja un poco el tono, protesta, no se deja, echa la cara arriba y los naturales no surgen limpios, aunque lo intenta el mexicano y nos muestra que por ahí no va. Vuelve al derecho y retoma el tono inicial con una buena tanda en redondo ligada y templada. El toro se apaga y ahí surge el flores valiente, no dudando en exponer al aportar distancias, tanto que es echado por los aires en un segundo de descuido, afortunadamente sin consecuencias. Se repone como si nada y vuelve arrebatado a la cara del toro para finalizar la faena en un alarde de pundonor y valor, junto a las tablas, dándole las ventajas al toro en una serie en redondo de mucho mérito y unas ajustadas bernardinas finales como colofón a una extraordinaria faena en la que nos ha dejado una vez más patente su importante toreo. Entre olés y gritos de "torero, toreo" se dispone a tomar la espada para culminar con otro espadazo sensacional una magnífica obra que vale también dos orejas y la salida a hombros junto a Juli.
Parecía mentira que, viendo como discurría la corrida, la imagen final fuera la de ambos matadores a hombros. Y todo gracias a esa bendita costumbre mexicana del toro de regalo.  Eran casi las tres de la mañana cuando apagaba el televisor con una alegría enorme por haber disfrutado como lo hice, por haber sentido la inmensa emoción que el toreo me transmite, por haber vibrado una vez más con este Arte único. Una noche que comenzó francamente mal pero que terminó con un triunfo apoteósico, un auténtico regalo, como es la Fiesta.

Antonio Vallejo