jueves, 19 de abril de 2018

8ª de Abril: José Garrido, querer y poder


Jornada de miércoles de feria, preciosa, soleada, radiante. Día ideal para ir a la feria, para, entre copa y copa de manzanilla, entre cervecita y cervecita fría, entre platitos de jamón, lomo, gambas, adobito..., en definitiva, todos los elementos necesarios para nutrirse e hidratarse correctamente en las duras jornadas de feria, comentar la locura, la apoteosis, el éxtasis taurómaco de los dos días anteriores. A nadie de los por allí presentes se les olvida lo de Juli, lo de Orgullito, lo de Manzanares, lo de Talavante. Esas imágenes siguen vivas en la retina de todos los aficionados, todos y cada uno de los capotazos, de los derechazos y de los naturales, las estocadas y las embestidas, imborrables, indemnes al paso de las horas, frescas como si estuvieran pasando en ese momento. Comentarios a buen seguro llenos de pasión y emoción, como es esa afición, pasional y que vive los toros con un sentimiento único. Jornada de miércoles de resaca, pero resaca buena, agradable, de las que nos gustaría tener día sí y día también. 
Supongo que esa "resaca" habrá pesado para que en esta tarde la Real Maestranza haya presentado una entrada cercana a los 2/3 de aforo para ver la corrida de El Pilar, ganadería salmantina de procedencia actual Aldeanueva, encaste Juan Pedro Domecq Díez, para la terna compuesta por Juan Bautista, Alberto López Simón y José Garrido. Una corrida que, al menos para mi gusto, ha estado un tanto justa de presentación. Es de esas corridas que a mi parecer hay que ver en la plaza para apreciar bien el trapío y las hechuras de los toros. Por televisión se ven muchos detalles, pero la imagen del toro en la plaza es distinta y ahí es donde se muestra la auténtica presencia del animal. Lo dicho, me ha parecido una corrida alta y grande, características propias de este hierro, zancuda en la mayoría de los toros, toros largos, pero algo vareada, en algunos casos escurridita y alguno de los toros lidiados un pelón justos de trapío, agradable de cara en general y con un juego, eso sí, decepcionante. Es cierto queda habido nobleza, que se han dejado, pero creo que le ha faltado raza y empuje, además de una muy evidente blandura y falta d fuerzas en líneas generales, si bien tercero y sexto han estado por encima del resto de sus hermanos. La nota dominante ha sido la sosería y cierto aburrimiento en algunas fases, rota por un José Garrido que, es cierto que ha lidiado el mejor lote, también ha dado ese paso adelante para atacar al toro y sacar el máximo de lo que llevaba. Para mí tarde importante de Garrido con una oreja cortada al sexto que ya había merecido en el tercero y que no es nada más que la continuidad de lo que el extremeño viene apuntando tiempo atrás.
Abría plaza un toro alto, zancudo, largo, grandón en definitiva, poco lucido en el capote, tan solo un par de verónicas en el saludo y un quite por chicuelinas de Juan Bautista al probarlo tras el primer puyazo y otro por verónicas templadas de López Simón en su turno han tenido algo de emoción. Toro de embestida descompuesta que además apunta justeza de fuerzas y al que se le mide mucho el castigo en el caballo sin que tampoco empuje mucho que se diga. Soso y deslucido en la muleta, lo esperado a la vista de su escaso empuje, noblote, sí, pero sin emoción ni transmisión. Bien el francés, pulcro, técnico, muy solvente, tratando con mucha suavidad al de El Pilar, llevándolo a media altura, sin obligarle salvo en una tanda en redondo y otra al natural con algo más de ritmo y la mano más baja y algunos muletazos sueltos con cierta calidad. Pero el resto del trasteo no ha llegado a transmitir ni conectar con los tendidos por las escasas condiciones del animal y quizás el trasteo de Bautista haya sido un tanto largo visto lo visto. Lo que está claro que al galo no se le puede negar disposición y, sobre todo, una técnica y una facilidad en la cara del toro tremenda. Tampoco el cuarto ha ayudado mucho a Juan Bautista. Toro algo más bajo que el anterior, hecho cuesta arriba, serio, que echa las manos por delante de salida, que se revuelve y aprieta hacia las tablas en el recibo con el capote, apuntando evidente falta de fuerzas. Se le cuida y mide mucho el castigo en el caballo pero pierde las manos ostensiblemente a la salida del peto y es devuelto a corrales. En su ligar salta un sombrero del mismo hierro titular, alto, largo, con mucha caja, agradable de cara que, igual que su hermano aprieta hacia las tablas en el saludo capotero y echa las manos por delante. Embestida descompuesta, deslucido en definitiva. Es cierto que se arranca pronto y con buen tranco al caballo, pero empuja cabeceando, sin emplearse, fea pelea. No mejora en la muleta, soso, deslucido, sin clase, con la cara a media altura, vamos, un auténtico tostón. Igual que en su primer toro enorme de colocación y técnica Bautista, haciendo todo bien, pulcro y aseado, paro la faena carece de emoción y transmisión. Una lástima para este buen torero francés que ha abierto ya muchas puertas grandes, entre ellas Madrid pero sigue, tras ya casi 20 años de alternativa, sin tocar pelo en Sevilla. Hoy no se le puede echar en cara nada porque bastante ha hecho con lo que tenía enfrente.
El que hacía segundo ha sido un toro suelto de carnes, ensillado, hecho cuesta arriba y que me ha parecido justito de trapío para Sevilla. Repite con brío y humillando en el capote pero se frena y echa las manitas por delante evidenciando falta de fuerzas. Se deja pegar en le caballo que monta Tito Sandoval sin emplearse en dos puyazos traseritos y muy medidos en el castigo, tan solo señalados, algo que no gusta en los tendidos y levanta alguna protesta en los tendidos. Entra al quite José garrido en su turno reglamentario y deja claro la disposición con la que ha venido a Sevilla. Precioso quite a la verónica, con gusto y templanza, rematando con una soberbia media de auténtico cartel. Sabedor de lo justo de fuerzas que va el de Pilar plantea López Simón un inicio d faena suave, probándolo por ambos  pitones, sacándoselo a los medios con gusto, tratando de llevarlo por bajo pero sin obligarle en demasía. Bien el madrileño toreando por el pitón derecho con temple, bajando la mano, el toro humilla y repite aunque tiene cierta brusquedad en su embestida. Dándole distancia atempera ese ímpetu del de El Pilar y consigue ligar series cortas con cierta profundidad. Por el pitón izquierdo echa la cara arriba y puntea la tela, se queda corto y repone, en definitiva, no va. A partir de ahí va a menos, soso y vulgar, pasando pero sin más, deslucido y sin emoción. Abrevia el de Barajas y lo pasaporta con un pinchazo y una entera. Alto, vareado, escurrido de atrás y lavado de cara el quinto, justo de fuerzas como toda la corrida, perdiendo las manos ya en los lances decaía y por eso es devuelto a corrales. Salta el segundo sombrero, también del hierro titular, el más ofensivo de la corrida y para mi gusto el más cuajado. Embiste en el capote de manera bronca, sin clase, deslucido, echando las manos por delante, defendiéndose. No se emplea en el caballo, sale suelto, sin fijeza, huye de los capotes  y corta en banderillas comprometiendo a Vicente Osuna que es prendido afortunadamente sin consecuencias. Con todo esto no es difícil adivinar su comportamiento en la muleta de López Simón. Sin clase, descompuesto, saliendo suelto al final del muletazo, va y viene pero sin ritmo, soltando la cara. Mucho mérito el del madrileño tratando de ponerle la muleta en la cara y taparle para lograr una serie en redondo ligada pero con escasa emoción, al igual que ocurre por el pitón izquierdo, naturales sueltos, sin continuidad ni ritmo. Faena enormemente voluntariosa de López Simón pero intrascendente y quizás un poco pasada de metraje. tampoco está fino con la espada y la cosa acaba en silencio. 
El extremeño José Garrido es uno de los jóvenes matadores exponente de esta generación llamada a relevar a las grandes figuras de la actualidad. Condiciones y capacidad tiene, ya lo ha demostrado en muchas plazas, y lo de este miércoles en Sevilla creo que no hace sino confirmar las esperanzas que en él se tienen. Ha ido a La Maestranza con el esporteen lleno de ganas y entrega  y ha salido con una oreja de mucho peso y valor que ha cortado ante el sexto, aunque para mi gusto ya se la había merecido con el tercero que es con el que le he visto pletórico. Era este un toro un poco basto, con poco cuello y, al menos por televisión me lo ha parecido, justo de cara y de presencia. Muy buenas las verónicas de saludo, templadas, acompasadas, acompañadas con el cuerpo,  preciosas. El toro repite y humilla, tiene clase y lo aprovecha Garrido en un garboso galleo por chicuelinas extraordinario rematado con una revolera excelente con el que lleva a toro al caballo, lo mismo que para sacarlo del encuentro con el peto, chicuelinas bellísimas a manos bajas con la que se gana una fuerte ovación. Toma la muleta con decisión, seguro de lo que quiere hacer, sin probaturas, y se pone a torera con la mano derecha en una tanda en redondo templada, bajando la mano, con largura y ligazón, rematando por bajo con una clase y un gusto tremendo. Muy acoplado el extremeño, administrando las pausas  con maestría y dando la distancia que pide el de El Pilar para recitar series en redondo de muy buena factura, con el compás abierto, alargando el viaje, arrebatado, sometiendo al toro y con remates cargados de sabor, trincherazos preciosos que ponen al público en pie. Por le pitón izquierdo le cuesta más pasar, repone el de El Pilar pero a base de colocación , paciencia y temple consigue sacar una serie de naturales  con hondura, muy por abajo que remata con uno de pecho descomunal. El epílogo de faena por el pitón derecho con redondos largos y templados, remates y detalles con gran torería y unos ayudados por alto dejan todo en manos de la espada. Se vuelca en la suerte y deja una entera algo trasera y tendida. El toro tarda en doblar y quizás eso haya enfriado algo la petición de trofeos, aunque sinceramente me parece que había mayoría de pañuelos, pero eso solo se puede apreciar bien en la plaza. En cualquier caso, la vuelta al rueda pedida por unanimidad vale mucho, como siempre lo ha sido, en una costumbre que por desgracia se está perdiendo y devaluando incomprensiblemente. Un tanto desproporcionado el sexto, muy ofensivo, demasiado quizás en proporción a su caja, un tanto escurrido y lavadito de cara. No luce mucho en los primeros tercios, sin darle posibilidad de estirarse con el capote, sin emplearse en el caballo y sin clase en banderillas, siempre echando la cara arriba. Pobre argumentos a priori para soñar con un triunfo. Inicio de faena incierto, con una embestida desconcertante, sin poder adivinar hacia donde podía romper. Trata de someterlo Garrido con paciencia, perdiéndole un paso, poniéndole la muleta, llevándolo muy toreado, poco a poco lo va ahormando para sacar un par de tandas al natural templadas y con hondura de enorme mérito. Entregado y dispuesto a más no poder el extremeño, bien colocado, poderoso y mandón con la diestra para dibujar una buena serie en redondo templada, ligada y baja de mucho valor, dominando las brusquedades del animal. Incluso se permite unos molinetes d rodillas cosidos a una tanda de derechazos con largura y profundidad y unos naturales finales rematados con una una trincherilla que hace crujir a los tendidos maestrantes para rematar la que en mi opinión ha sido una tarde de mucha importancia del pacense. Mata de entera trasera y también tendida que esta vez hace doblar con rapidez al toro y le vale una oreja pedida por aclamación. En mi opinión sale muy reforzado de Sevilla tras una tarde importante y rotunda  de un torero que, aparte de sus indiscutibles cualidades técnicas y artísticas, ha ido a La Maestranza a por todas, un José Garrido que ha querido triunfar y que ha podido con sus toros. Querer es poder, está claro.

Antonio Vallejo

miércoles, 18 de abril de 2018

7ª de Abril: Suma y sigue, Sevilla, Manzanares, Talavante, ¡el Arte!


No se han apagado los ecos ni se apagarán tras la monumental e histórica de Juli al ya famoso Orgullito, estoy seguro que ayer los aficionados salieron de La Maestranza toreando al aire, felices, alegres, con la cabeza alta contando a todo el mundo lo que habían visto. Estoy seguro que ayer en las casetas del Real no había otro tema de conversación, la emoción no abandonaba a los que volvían de la plaza y los que lo escuchaban se contagiaban de la misma emoción, estoy seguro que en las sevillanas que ayer se bailaron quien más quien menos compuso la figura, adelantó la mano y en la primera llevó a su pareja con temple, lento, bajando la mano, gustándose, sintiendo el arte que en Sevilla es gloria. Si lo he sentido y vivido con inmensa pasión yo en Madrid, ¡imaginénse lo que ha tenido que ser allí!. Llevo el día entero contándolo a todos los amigos que me he encontrado por la calle, a todos en el trabajo, no he parado de twitear ni facebookear hora tras hora para poner mi granito de arena y que todo el mundo se entere de lo grande que es nuestra Fiesta. Estoy seguro que en el ánimo de los aficionados  que hoy han ido a La Real Maestranza estaba el deseo de volver a ver algo grande, de experimentar de nuevo esa catarata de sentimientos que solo el toreo puede despertar, de ver a más toreros saliendo a hombros y más toros tan bravos y con tanta clase que se ganen el honor de volver al campo con vida. Y por momentos ese anhelo, ese sueño casi imposible parecía que podía repetirse con las dos orejas que Jose Mª Manzanares había cortado al segundo. 
Estoy seguro que con ese ánimo y esa ilusión han ido todos cuantos han abarrotado una tarde más los tendidos  de ese verdadero teatro de los sueños que es La Maestranza en una preciosa y radiante tarde primaveral para ver otra de las corridas de claveles anunciadas en el ciclo, la de Nuñez del Cuvillo para los espadas Sebastián Castella, Jose Mª Manzanares y Alejandro Talavante. Una corrida para mi gusto bien presentada, también muy de Sevilla, seria y  astifina, con buenas hechuras, bajos, con el peso adecuado, pareja, con cara y trapío pero sin estridencias, que tuvo en los lidiados segundo y tercer turno dos magníficos toros, sobre todo el segundo, de vuelta al ruedo, saliendo los otros cuatro desiguales de juego y comportamiento. 

Lancea a la verónica con tremendo gusto y torería Sebastián Castella al primero, primero flexionándo la rodilla, alargando el viaje, ganando pasos para rematar en los medios templando con el capote las embestidas con la cara a media altura del toro para rematar con una media con gusto, el mismo que ha dejado el quite por chicuelinas que el propio galo  ha hecho al finalizar el tercio de varas. José Chacón se ha llevado la primera gran ovación de la tarde tras dos sensacionales pares de banderillas colocados en la misma cara del toro, de poder a poder, saliendo con una torería extraordinaria. Inicia la faena con gusto, ayudados por alto seguidos de pase por bajo con torería. Toro incómodo en la muleta, no humilla, protesta y echa la cara arriba, toca las telas y desluce los muletazos. Trata de darle distancia Castella porque si acorta que  protesta aún más, va y viene pero sin clase en una faena que no llega a tomar vuelo por la falta de raza del de Cuvillo. Por encima un Castella que  falló con la espada y escuchó silencio. Ofensivo por delante el cuarto, otro toro bien hecho, que toma con nobleza el capote de Castella en las verónicas de saludo. Toma una primera vara empujando con bravura, metiendo los riñones, sale suelto tras el segundo encuentro con el peto tras meter también riñones en un muy breve puyazo. Arriesgados pares de Rafael Viotti que recibe una gran ovación, otra más en la que los de plata han estado a una grandísima altura. Faena marca de la casa, cambiados por la espalda de inicio dándole mucha distancia, ajustadísimos, impasible el galo, como si nada, para enlazar con el toreo en redondo en una buena serie ligada con temple. Distancia y pausas son las recetas de Castella para tratar de exprimir las escasa condiciones del toro, y creo  ha estado muy firme y dispuesto, primero en largo y por ambos pitones, bajando la mano para posteriormente ir acortando las distancias a medida que el de Cuvillo se iba apagando y viniendo abajo para acabar pisando esos terrenos en las cercanías de los pitones en los que el de Bèziers se encuentra tan cómodo. Dispuesto, entregado y solvente Castella, por encima claramente de las condiciones de un animal sin emoción ni transmisión. Una vez más se atasca con la espada, algo que no es obstáculo para que el entendido aficionado sevillano haya sabido reconocer las ganas y el buen hacer de Castella con una cariñosa ovación de despedida saludada desde el tercio a mi modo de ver justa y merecida. Una vez más, y van muchas, lección de sensibilidad de esta buena afición.

Encendido se llamaba el que saltó segundo, 525 Kg, bajo, precioso de hechuras, con cuello, galopando ágil de salida, humilla, mete la cara con tremenda clase en el capote de Manzanares, verónicas con un gusto exquisito, templadas, cadenciosas, acompasadas, lentas, una de ellas monumental, parando el tiempo, eterna. Medido el castigo en el caballo, se le cuida mucho porque no parece ir muy sobrado de fuerzas. Extraordinario quite por delantales de Talavante en su turno reglamentario. Previamente había intentado otro por chicuelinas el propio Manzanares pero tan solo pudo dar una a manos bajas, curvando la figura, rememorando una vez más a su padre,¡pero qué chicuelina! de las que valen toda una tarde, solo había que escuchar el pedazo olé que salió del alma de los aficionados, eso es Sevilla, ¡sí señor!, que de nuevo obligó a desmonterarse a Rafael Rosa tras dos extraordinarios pares ejecutados con pureza y torería. La elegancia, la clase, el empaque, el sabor que ha impregnado el toreo de Manzanares durante toda la faena ha sido para volver a soñar con otro triunfo histórico. Inicio de faena con torería, templadísimo, conduciendo la embestida con una naturalidad y una suavidad portentosa. Series en redondo templadas, alargando el viaje, toreando largo, la mano baja, rematando la series con esos pases pecho monumentales que solo el alicantino sabe dar, de pitón a rabo. Los naturales salen hondos, templados, largos, bajos, ligados con una calidad infinita, una auténtica maravilla, encajado, una oda a la belleza con un toro que ha ido a más, que ha humillado, que ha repetido con fijeza, un gran toro. Otra borrachera de toreo del maestro Manzanares, un cambio de mano que dura una eternidad pone en pie a los tendidos, otro más de pecho que parecía que no iba a terminar nunca desencadena la locura, la última serie en redondo, lentísima, barriendo el albero con la muleta lleva a una hipnosis de la que todos los aficionados despiertan con un estoconazo monumental en la suerte de recibir con el que hace rodar sin puntilla a este grandísimo toro que es despedido con una vuelta al ruedo. Dos orejas sin discusión en una faena rotunda culminada con una de las mejores estocadas que recuerdo en toda mi vida. Manzanares ha bordado el toreo, una vez más nos ha elevado al paraíso de la tauromaquia, todo en el marco de la naturalidad y la elegancia innata, de la torería que corre por su sangre, una obra maestra, un triunfo rotundo de una grandísima figura del toreo. ¡Dios mío, que grande es esta Fiesta! ¡Saluda con una larga cambiada de rodillas al quinto!, increíble, para incorporarse y lancear a la verónica con su clase y elegancia habitual, coreadas con olés roncos. Fea pelea en el caballo, sin emplearse, dos puyazos solo señalados ante la evidente falta de fuerzas del Cuvillo. Toro a la defensiva por su blandura, echando la cara arriba, incómodo y deslucido, trata de someterlo por abajo Manzanares, le pone la muleta y conduce la embestida con suavidad, con mano de seda, cuidándole, en una demostración de técnica y capacidad torera sacando una tanda en redondo que parecía imposible, ligada, con temple, cierta largura y bajando la mano. Descompuesta embestida por el pitón izquierdo, acorta el recorrido, echa la cara arriba, naturales sueltos, sin continuidad y sin emoción, lo que lleva a Manzanares a volver al pitón derecho y de nuevo elevar algo el vuelo de la faena en una serie de derechazos con temple y ligazón acompañada por los olés de unos aficionados que estaban deseosos de haber visto otra faena de ensueño, de esas mágicas con las que el alicantino tantas veces nos ha hecho sentir emociones máximas. Una media arriba y un golpe de verduguillo liquidan al de Cuvillo y Manzanares se despide con dos orejas cortadas en su primero y una calurosa y cariñosa ovación en su segundo con cierta sensación d pena por no haber culminado su gran actuación con una nueva Puerta del Príncipe, algo que quién sabe si está esperando en la corrida de Juan Pedro Domecq. ¡Ojalá!.

Se ha desquitado Talavante de su desangelada actuación el día anterior con el tercero de la tarde, otro toro de magníficas hechuras, precioso de lámina, bajo, serio, armónico, con celo en el capote y movilidad, pero sin demasiado lucimiento. No se emplea en el caballo pero en banderillas mantiene su movilidad y prontitud, si bien no humilla en demasía y permite a Juan José Trujillo cuajar un muy buen tercio. Inicio de faena con doblones por bajo, largos, sometiendo al toro, con torería, arrancando los olés. Muy buenas tandas en redondo, templadísima, bajando la mano, con largura, encajado, metiendo los riñones, ligando los muletazos para rematar con grandes de pecho y trincherazos con aromas a ese toreo que hace vibra a Sevilla. Extraordinaria serie al natural, con hondura, templada, sometiendo mucho al de Cuvillo, alargando los muletazos, perdiendo un pasito para darle la distancia que pide el toro, de nuevo rematando las series con trincherillas cargadas de aromas a Romero. Otro muy buen toro que ha repetido con bravura y clase y que ha durado en la muleta de un talavante que ha puesto un broche de toro a su faena con una última serie en redondo monumental por larga, baja y despaciosa y una manoletinas ajustadas que preceden a otro estoconazo fulminante volcándose sobre el morrillo, tirándose recto, a triunfar o morir recibiendo un fuerte impacto en las costillas que gracias a Dios ha quedado en eso, un golpazo y un susto. Oreja de mucho peso y valor, sobre todo por su actitud, su inteligencia a la hora de componer una faena redonda y el mérito de volver a torear tan solo 24 horas después de la decepción del día anterior. ¡Este sí es el Talavante figura que estamos acostumbrados a ver! Lo dije ayer y lo repito, ese vestido negro y azabache que eligió para la corrida de Garcigrande... no sé, no sé, me da mal fario. El sexto ha sido el más feo de hechuras de la corrida, el menos rematado, suelto de carnes y, casualmente, el de peor juego y peores condiciones. Sin clase, sin raza, pasa sin pena ni gloria por los romeros tercios, sin emplearse, sin lucimiento. En la muleta no humilla, se frena, se defiende, Talavante le pone la muleta pero no va, embestida descompuesta, incierta, echando la cara arriba. Imposible, nada que sacar, con buen criterio decide acortar el extremeño y ahorramos un montón de pases o intentos de pases sin sentido, algo que personalmente siempre aplaudo. Si no hay, no hay, y ya está, haciendo buena una vez más la máxima del maestro Emilio Muñoz, que las buenas hechuras no garantizan que el toro embista, pero los que embisten siempre tienen buenas hechuras.
Sevilla y todos los aficionados seguimos bajo el embrujo, el hechizo de Juli y Orgullito. Manzanares ha bordado el toreo una vez más, dos orejas que suponen un triunfo extraordinario y Talavante se ha llevado una oreja de mucho peso. Y es que esto sigue y no para, ni va a parar mientras haya un toro, un torero y un aficionado. 

Antonio Vallejo



martes, 17 de abril de 2018

6ª de Abril: Juli, 4 orejas, "Orgullito", indultado, ¡grandeza y verdad del toreo!



Un toro, Orgullito, de Garcigrande, nacido en diciembre de 2013, herrado con el nº 35, negro listón, 528 Kg -¿para qué más?-, un ganadero, Justo Hernández, actual propietario del hierro Garcigrande-Domingo Hernández tras la muerte de su padre Domingo el pasado 2 de febrero, un torero, Julián López "El Juli", un maestro, un figurón del toreo, un torero de leyenda, un torero de época, reconocido por todo el mundo, en todas las plazas y por todas las aficiones excepto por un minúsculo sector, un tendido en concreto, el 7, de una plaza concreta, Las Ventas, cuyo único objetivo y fin es masacrarle, insultarle, cada tarde que torea, igual que intentan hacer con todas las figuras, y una afición, la sevillana, que ha visto una auténtica obra de arte, que ha vibrado, que ha sentido una emoción inmensa en esta tarde de abril, en su Feria, y que ha pedido por unanimidad que este grandísimo toro vuelva al campo para criar. Ganadero, toro, torero y una buena afición, las cuatro patas de la mesa del toreo, esa mesa a la que todos los aficionados nos queremos sentar cada día para degustar este Arte, esta afición, esta bendita locura que son los toros. Ganadero, toro, torero y una buena afición, la verdad del toreo, una lucha entre una fiera brava criada por el hombre para enfrentarse a otro hombre que armado de un trozo de tela es capaz de crear arte y belleza para generar emoción en los aficionados. Una lucha de igual a igual, una lucha en la que uno tiene que morir -que nadie olvide a Víctor Barrio, a Fandiño, a El Pana, a Paquirri, a Yiyo, a Manolete, a Sánchez Mejías, a tantos y tantos en la historia-, pero también una lucha en la que, cuando el toro es bravo, noble, encastado, con raza, tiene fuerza y clase recibe la recompensa de volver al campo para procrear y dar una  descendencia que en cuatro o cinco años salte a una plaza de toros con la capacidad de volver con vida al campo como lo hizo su padre. Hoy se ha vuelto a vivir, a sentir, a vibrar con la pureza y la verdad de la Fiesta, la auténtica verdad del toreo por mucho que algunos se empeñen en tacharnos de bárbaros y sangrientos. Nada más lejos de la realidad. La mayor grandeza del toreo se ha vivido de nuevo esta tarde en La Maestranza con Orgullito regresando con vida al campo salmantino, el sueño de todos los que amamos a este animal único y maravilloso que es el toro bravo, el sueño de todos los que amamos esta Fiesta inmortal, por mucho que quieran acabar con ella. Pero mientras haya un ganadero, un toro, un toreo y un aficionado que quiera soñar con este Arte jamás morirá.
El marco no ha podido ser mejor. La Real Maestranza llena, una tarde de cielo azul, de una luz y un color sevillano que es único e inigualable, la feria en plena ebullición y un cartel de lujo. Toros de Garcigrande-Domingo Hernández que han lucido divisa negra en lógica señal de luto como harán toda la temporada, ganadería de máximo prestigio, procedencia Juan Pedro Domecq Solís, y un terna de lujo: Enrique Ponce, Julián López "El Juli" y Alejandro Talavante. Corrida agradable de cara, bastante pareja de hechuras, bajos, alguno de los toros quizás un poco justito de presentación y trapío, manejable en general, flojos y de pobre juego primero y tercero, noble y con cierta clase el cuarto, complicado el sexto, bueno y con clase el segundo y un grandísimo toro, bravo, enrazado, encastado y enclasado que ha sido el quinto. 
No me resulta fácil pasar de puntillas sobre la actuación de Enrique Ponce en la tarde de hoy. De todos es sabido mi devoción por el que considero el más grande de todos los tiempos. No voy a repetir de nuevo el por qué de tal afirmación, pero debo decir que para mí hoy ha dado una nueva lección de sacar de donde no hay. El primero no le dio ninguna opción. Un toro que no se empleó en el capote ni en el caballo y que en la muleta no tuvo recorrido. Le recetó temple Ponce, trató de llevarlo pero tan solo pudo sacar algunos muletazos sueltos de buen trazo, sin continuidad, sin posibilidad de ligar los muletazos por las protestas del animal. El cuarto fue noble, pero nada más. Le faltaba raza y casta, no se empleó en los primeros tercios y llegó a la muleta sin decir nada. Ahí surgió la imperial figura de Enrique Ponce. Doblones de inicio para someter al toro, con mando para meter al de Garcigrande en su muleta a base de esa técnica y esa torería que el maestro de Chiva lleva dentro e instrumentar series en redondo templadas, poniéndole la muleta en la cara, sin quitársela, enseñándole el camino y con ese desmayo poncista que fascina, ligando los muletazos con una clase y un gusto exquisito. Por el pitón izquierdo le costaba mucho más al garcigrande, los naturales surgieron suelto, alguno con hondura, pero por ahí faltó ligazón, pero lo que no faltó fue la compostura, la clase y el gusto del de Chiva. Sobre todo al final de faena, con el toro rajado y Ponce toreando por bajo, dos manos, con la rodilla flexionada, pura plasticidad, torerísimo,  con esa naturalidad  y esa elegancia innata que posee. Una entera caída no fue impedimento para cortar una oreja de una maestranza rendida a la lección de técnica, inteligencia y gusto de Enrique Ponce.
Talavante no tuvo toros y, a decir verdad, tampoco tenía su tarde. No sé si ha sido impresión mía pero no me ha parecido verle muy metido en las faenas, como tampoco sé si el vestido negro y azabache elegido por el extremeño para esta tarde de primaveral luz  sevillana suponía algún tipo de presagio. Al tercero tan solo le ha sacado una tanda con calidad por cada pitón, le ha faltado acoplamiento a la embestida y, al menos así me ha parecido, ha tirado pronto por la calle de en medio y ha abreviado con al espada. Igual que en en el sexto, un toro rajado y sin opciones ante el que tampoco ha querido alargar una faena que, sinceramente, tampoco parecía conducir a nada provechoso. Inédito en su segundo paseíllo en el ciclo, aún le queda un tercero para dejarnos su magnífica tauromaquia.
Pero la tarde ha sido de Juli, su nombre resuena hoy por todas las latitudes del planeta toros. Es más, su nombre resuena en el Olimpo del toreo donde, si le faltaba algo para tener un espacio reservado, ya lo tiene. Como resuena en el Paraíso  de la tauromaquia el nombre de Orgullito, un toro al que en ese cielo donde pastan por toda la eternidad tantos toros buenos van a tener que esperar unos cuantos años porque se va a quedar  en ese paraíso terrenal que es el campo salmantino al que mañana volverá.
El que hacía segundo tomó con fijeza y humillando el capote de Juli con verónicas lucidas bajando la mano, templadas, cadenciosas, jugando bien las muñecas, acompasadas con el cuerpo entre los olés de los aficionados. Buena pelea en el caballo de José Antonio Barroso que ha protagonizado un gran tercio de varas, muy bien agarrados los dos puyazos con el toro empujando con celo y bravura, midiendo el castigo a la perfección. Ha recibido una calurosa ovación al retirarse por el callejón, muestra una vez más de lo mucho que sabe, entiende y sabe apreciar cualquier matiz esta plaza. Como magníficas han sido las chicueilinas a pies juntos y manos bajas con las que Juli ha probado al de Domingo Hernández a la salida del primer encuentro con el caballo, preludio de un muy buen tercio de banderillas en el que el toro ha mostrado un galope y un son de categoría. Toma la muleta con la diestra tras brindar a Justo Hernández, el ganadero, en un gesto de caballerosidad y sensibilidad tras la pérdida de su padre y se dispone a iniciar la faena por el pitón derecho citando al toro con la pierna flexionada. Una de las patas del animal barre  literalmente a Juli que, en un alarde de improvisación aprovecha la circunstancia para recetar una magnífica tanda de redondos de rodillas con largura poniendo al público en pie. Magistral toreo del madrileño en redondo, poderoso, alargando el viaje, tapándole la cara, templadísimo, con la mano muy baja y el compás abierto entre los olés sentidos de la Maestranza que se vuelven locos con los de pecho que remataban la series.  Los naturales también han surgido templadísimos, cosidos unos a otros, crujiendo al toro por bajo, con una belleza y una despaciosidad excelsa. Más series en redondo, templadas y ligadas, con el toro embebido en las telas, humillando con gran clase, cambios de mano superlativos para enlazar con otra al natural antológica, y todo en un palmo de terreno. Enorme dimensión de Juli en este toro aunando técnica, mando, clase y gusto para acabar con adornos y remates por bajo con un sabor y un aroma a toreo artista que genera el delirio en los tendidos. Tal obra de arte tenía que tener un final como el que ha tenido, un estoconazo tirándose por derecho,  volcándose sobre el morrillo, hundiendo el acero hasta la empuñadura y que ha hecho rodar a este bravo Chumbo y que ha valido dos orejas sin discusión, pedidas por unanimidad, dos orejas de enorme peso. 
Parecía difícil mejorar lo visto en ese segundo, pero en los corrales esperaba su turno un toro de nombre Orgullito, negro listón, muy serio, de magnificas hechuras, bajo, muy se Sevilla, proporcionado y armónico acapachado de cuerna, ¡y con 528 Kg!, no hace falta más para que un toro tenga trapío y embista. Un toro que desde salida ha mostrado grandes cualidades: fijeza, movilidad, repetición, humillación, todo ello en el capote de un portentoso Juli a la verónica y en el galleo por chicuelinas con el que le ha llevado al caballo. En el caballo de Salvador Núñez ha mostrado bravura, empujando con celo y codicia, metiendo los riñones en dos buenos puyazos. Sublimes, divinas han sido las verónicas con las que Juli lo ha probado a la salida del caballo, templadísimas, cadenciosas, acompañando el viaje con la cintura, con una gracia y un garbo que pone en pie de nuevo a esta plaza que tan bien sabe disfrutar del toreo bueno. En banderillas sigue mostrando grandes cualidades, sigue con fijeza el capote con el que José María Soler le leva en largo y acude con prontitud y buen tranco al cite de Álvaro Montes y Fernando Pérez, galopa con alegría y permite cuajar un buen tercio de banderillas. Pero en la muleta es donde se ha estado la tempestad. Brinda aun público entregado que se rompe a aplaudir al madrileño, quien comienza la faena por bajo, con torería, temple, largura, rematando por bajo con una clase y una belleza superior. A partir de ahí borrachera de toreo por ambos pitones. Yo no sé cual era mejor, los redondos surgían templados, largos, cosidos unos a otros, sin pausa, Juli encajado, con una naturalidad y una suavidad  exquisitas, la mano baja, relajados los brazos, rematando por bajo con trincherillas de volverse loco, los naturales aún más bellos, con hondura, el toreo abandonándose, templadísimos, con un ritmo y una cadencia fuera de serie. rematado con unos de pecho monumentales. Y Orgullito acudía con prontitud a cada toque, repetía y repetía, sin cansarse, humillando, siguiendo la muleta con una fijeza y un celo que despedía bravura y nobleza por los cuatro costados. No sé cuantas series  habrán surgido de la mágica muleta, no tengo ni idea de cuantos muletazos habrá dado Juli, era un sin fin, uno tras otro, ahora pr el derecho, cambio de mano y ahora por el izquierdo, ahora no mueve las zapatillas del suelo y se lo pasa por ambos pitones, ahora por bajo, ahora y siempre templado y largo. Lo que se sentía no era emoción, no era un sueño, no era locura, no era delirio, no era éxtasis, era mucho más que todo eso junto, algo indescriptible, la gente en pie, la música imposible de escuchar entre los olés y las palmas. Algo que quienes han estado en la plaza jamás olvidarán y contarán a sus nietos, al igual que quienes lo hemos visto por televisión aunque nunca será como haberlo vivido allí. Y Juli seguía, y Orgullito seguía, y seguía, y seguía, incansable, con la misma frescura, humillando al máximo, olisqueando el albero, persiguiendo una y otra vez la muleta que Juli le ponía a ras de suelo, a cada lance más baja, a cada serie barría más el albero, todo a más, el torero, el toro, el arte y la cascada de sentimientos que era La Maestranza. El runrún empezaba a fluir por los aficionados, Juli no paraba de torear y Orgullito de embestir, con la misma fijeza, la misma prontitud y humillación que al principio. Clavando los pies el madrileño, sin moverse un milímetro, pasándoselo en largo por ambos pitones para engarzar un triple circular que acaba por poner en pie a todos los aficionados que ya agitaban sus pañuelos blancos en petición del indulto, un clamor absoluto. Y como el pañuelo naranja no surgía del palco Juli seguía toreando y Orgullito seguía embistiendo, humillando y repitiendo, diciendo ¿es que no ves lo que soy y lo que merezco?, hasta que unos ayudados por alto y un remate  por bajo auténticamente celestial han hecho que D. José Luque Teruel, curiosamente el mismo presidente que indultó a Cobradiezmos, sacara el pañuelo naranja. Dos orejas, que para mí tenían que haber ido acompañadas del rabo, son la imagen de la verdad de la tauromaquia, el triunfo del torero y del toro tras una faena inolvidable a un toro inolvidable en una vuelta al ruedo casi tan emocionante como la faena con Juli acompañado de Justo Hernández, roto a llorar por el recuerdo de su padre, un padre que hoy será feliz en ese cielo taurino donde tantos grandes ganaderos tienen un burladero especial desde el que cada tarde ven los toros. A ese cielo, a ese paraíso nos han llevado a todos los aficionados Julián López "El Juli" y un toro de Garcigrande, de nombre Orgullito en una tarde histórica que nunca olvidaremos todos aquellos cuantos amamos esta Fiesta, esta afición única e inexplicable que nos invade e inunda de alegría y felicidad.
¡Viva el toreo!

Antonio Vallejo



domingo, 15 de abril de 2018

4º de Abril: Sevilla en todo su esplendor


Se fue el agua, se fue el frío, salió el sol y Sevilla se mostró radiante para recibir a su feria que a las doce de esta noche arrancará con el alumbrado del Real. Sevilla ciudad en todo su esplendor, su cielo azul y esa luz, ese color y ese aroma a azahar único que tiene, que enamora a todo aquel que pise sus calles y que a buen seguro ha contribuido para ver de nuevo una Real Maestranza con los tendidos abarrotados ante la corrida de Victorino. Sevilla en todo su esplendor con los toros. Hoy sí que hemos visto al toro de Sevilla, hoy sí que Victorino ha traído una corrida al gusto de los aficionados hispalenses, hoy sí que los toros han estado en tipo, armónicos y proporcionados, de buenas hechuras, con el primero y el cuarto fuertemente ovacionados de salida por su presencia, muy serios, con trapío. Otra cosa ha sido el juego, pobre, escasa de fondo en general pero con muchos matices y mucho que ver, con las dificultades propias del encaste, con el peligro natural de la parte de sangre Saltillo que llevan dentro, pero también con notas de clase y humillación aunque fallaran las fuerzas en general y haya faltado algo de casta, empuje y chispa para generar más emoción. Pero lo primero que hay que exigir al ganadero que es la presentación, ¡olé! Y Sevilla en todo su esplendor con los aficionados maestrantes, una tarde más dando una lección de saber estar, de conocimiento de toros, de degustar cada detalle, de sensibilidad y de saber valorar con justicia a toros y toreros, sin fobias ni juicios preconcebidos, sin histrionismos ni falso purismo, sin modas ni modismos pasajeros dictados por unos pocos. El toreo es sentimiento y arte. Sevilla es sentimiento y vive por el arte.  ¡Olé a esa afición que ha estado a la altura de la categoría de la plaza, de primera! ¿Por qué digo esto?. Porque a lo largo de toda la tarde han aplaudido lo que había que aplaudir, han protestado lo que se podía protestar y cuando debía hacerse, han vibrado cuando la emoción ha asomado al albero y han sabido reconocer el mérito de lo mucho que los matadores han hecho en función de las condiciones de sus oponentes. En otras plazas, al menos en una muy concreta, una tarde como la de hoy hubiera sido por momentos un auténtico infierno, con protestas continuas, descalificaciones sin razón y ondear de sábanas verdes sin otro motivo que dar la nota y quiere convertirse en protagonistas. Pero en Sevilla se ve y se siente la Fiesta de una manera especial y el respeto y la educación es la nota dominante, o al menos así me lo ha parecido siempre que he ido allí a ver toros. Da gusto ver como esa plaza es capaz de vibrar con un lance suelto cargado de torería y sabor en medio de una faena insulsa, da gusto ver como esa plaza respeta y reconoce a un torero como Daniel Luque que se ha jugado la vida a cara de perro ante un muy peligroso tercero sin estar toda la faena protestando que no se cruce (a la porra ya con tanto cruzarse y tanta tontería), da gusto ver como esa plaza se pone en pie a las primeras de cambio con Antonio Ferrera lidiando a la antigua en el saludo capotero al primero de la tarde, da gusto como se valora el riesgo asumido y el valor demostrado por Manuel Escribano al recibir a sus dos toros a porta gayola y en el quinto banderillear al quiebro pegado a las tablas sin prácticamente espacio para salir de la suerte en un par que encogía el alma y cortaba la respiración y le ha premiado con una vuelta al ruedo tras estoquear a ese quinto. Todo eso ha sido la tarde de los Victorinos, Sevilla en su máximo esplendor, aunque hubiera sido maravilloso que el juego de los albaserradas hubiera permitido el triunfo porque la entrega y la disposición de afición y matadores para lograrlo ha estado fuera de toda duda. Como tampoco hay duda que la sombra de Cobradiezmos es alargada y, se quiera o no, es inevitable el recuerdo y la esperanza de que salga otro igual, algo casi imposible. Pero de soñar se vive y el toreo, como arte que es, tiene mucho de sueños.
Extraordinario el saludo capotero de Antonio Ferrera al primero de la tarde. Lidia a la antigua, sobre los pies, bajando el capote, a ras del suelo, poniéndoselo en la cara, andándole hacia atrás al victorino para sacarlo a los medios, todo con torería suprema, aromas y sabor de toreo añejo. Eso, solo eso, ha bastado para que la Maestranza se rompiera a aplaudir ante la portentosa capacidad lidiadora de Ferrera. Lección de apreciar lo bueno por parte de los aficionados, lección de lo que es degustar el toreo y sentir al arte, una maravilla. Igual que la torería del balear-extremeño llevando a ese precios de hechuras primero al caballo, rematando con un gusto y una clase tremenda para dejarlo perfectamente colocado para recibir un primer puyazo al que acudió con buen son y que tomó con bravura. Pero en el segundo encuentro con el caballo acusó su escasez de fuerzas,  se desfondó y su comportamiento en la muleta bajó muchos enteros. Toro noble y con cierta clase pero que por su debilidad se puso a la defensiva, echando la cara arriba, cortando el viaje con peligro, revolviéndose con ese giro de cuello tan de los alabaserradas. Tuvo que someterlo Ferrera tirando de técnica y experiencia. Le puso la muleta algo atrasada para aprovechar mejor el corto recorrido del toro y tiró de él con suavidad hasta medio muletazo, momento en el que había que andar despierto porque reponía y buscaba los tobillos, algo habitual en este encaste. Por encima Ferrera, seguro, profesional y solvente pero sin opciones algunas para el lucimiento. Tampoco colaboró el también precios de hechuras cuarto. Desde salida dejó patente su falta de fuerzas, tan solo l permitió a Ferrera dibujar alguna verónica suelta y en la muleta resultó deslucido, sin recorrido, derrumbándose en cuanto le bajaba la mano, soso y deslucido por su debilidad. Ganas y voluntad a miles por parte de Ferrera pero nada había que sacar. Eso sí, su torería y capacidad lidiadora han quedado patentes y así se lo ha reconocido la afición sevillana.
Manuel Escribano, Sevilla, Victorino y Cobradiezmos quedarán unidos por siempre en la historia del toreo y quien más, quien menos, tiene la esperanza de volver a ver otro toro como aquel. Y por un momento ese sueño parecía que podía hacerse realidad en el quinto. Un toro muy en tipo al que ha recibido el de Gerena a porta gayola con una espeluznante larga cambiada en la que casi es arrollado, al que ha recetado otras dos largas cambiadas de rodillas al hilo de las tablas y al que ha pegado unas verónicas de escándalo, templadas, acompasadas y muy emocionantes que han hecho sonar la música y han puesto en pie a todos los tendidos en otra lección de los que es  apreciar y disfrutar con el toreo. Un toro con movilidad y fijeza que desde salida ha humillado una barbaridad al que ha cuidado mucho en el caballo porque evidenciaba justeza de fuerzas. Extraordinario y vibrante ha sido el tercio de banderillas protagonizado por el mismo matador y con la música acompañando la suerte.  Pares de poder a poder, llegando a la cara en los dos primeros, reuniendo y clavando a la perfección, con un  tercer par escalofriante, citando al toro sentado en el estribo, dejándole llegar y esperando al último segundo para ponerse en pie y con la espalda apoyada sobre las tablas colocar los palos al quiebro en un espacio imposible. Tremendo par que de nuevo ha puesto en pie a toda la plaza en una lección de sensibilidad obligando a Escribano a saludar desde los medios la atronadora ovación. Toro con mucha clase, que ha tomado dos varas con bravura, con humillación y repetidor pero que ha llegado a la muleta muy justo de fuerzas y es posible que mermado en sus facultades por un segundo puyazo muy trasero que ha podido hacer mucho daño al Victorino y condicionar su embestida. Muy templado Escribano, llevando al toro con una suavidad exquisita, con una despaciosidad pasmosa que por momentos nos rememoraba el toreo mexicano, al ralentí, dibujando algunos muletazos en redondo de enorme belleza, bajando la mano, con el toro llevando el hocico por el albero. Pero la falta de fuerzas ha hecho que la faena no tuviera continuidad y tomara vuelo, pero en la memoria quedarán redondos y naturales sueltos de enorme belleza. Mató de una estocada entera y la entendida afición sevillana le recompensó con una merecida vuelta al ruedo en reconocimiento a su labor con el capote, al arriesgadísimo tercio de banderillas en el que se jugó la vida y a su toreo templado en una nueva lección de sensibilidad. Una vuelta al ruedo  que supo a gloria a Manuel Escribano y que al menos a mi, que estaba viendo la corrida por televisión a 500 Km de Sevilla, me produjo una emoción tremenda pero sobre todo una envidia sana de una afición que ha dado ejemplo de señorío y de lo que es saber estar en una plaza de toros. ¡Ay que falta haría esa educación y ese respeto en otros tendidos!. No hay que olvidar que Escribano venía de haber recibido también al segundo de la tarde a porta gayola y que asimismo lo toreó de capote con unas verónicas arrebatadas que encendieron a los aficionados. Protagonizó, de igual manera, un gran tercio de banderillas, de poder a poder, cuadrando en la cara y colocando los pares de fuera a dentro con enorme calidad y mérito. En la muleta se encontró un toro a la defensiva, con la cara alta y escaso recorrido que tan solo permitió al de Gerena sacar un par de tandas con cierto lucimiento por un pitón derecho complicado por el que se acostaba. Mejoró por el izquierdo en una tanda de naturales templados y más largos, metiendo mejor la cara, pero un inoportuno desarme echó por tierra las pocas opciones de triunfo. Cambió el comportamiento del animal, echó mal cara arriba, no se dejó hacer y la faena fue a menos a pesar de la disposición del sevillano. Pero tras lo visto hoy no hay duda que al Manuel escribano se le espera con entusiasmo el próximo día 22 con la corrida de Miura en el mano a mano con Pepe Moral que cerrará esta Feria de Abril.
Otro sevillano, Daniel Luque, también nacido en Gerena, completaba el cartel de este sábado. Grandísimo capotero desde siempre. Aún recuerdo el tremendo tercio de quites que protagonizó en Las Ventas  junto a Morante de la Puebla en 2010. Réplicas y contrarréplicas por verónicas, por chicuelinas,  a cual más bella,  en una tarde para la historia. No recuerdo los que fueron, pero si digo que cada uno entró cuatro veces a hacer quites no creo que me equivoque mucho. Fue una locura, algo antológico. Hoy sus dos toros no le han permitido lucir con el capote como nos tiene acostumbrados. Tan solo alguna verónica con su sello de clase particular pero se ha topado con dos toros que no han colaborado nada, con la cara alta y con mucho peligro. Que se lo digan si no a Juan Contreras que ha salvado la vida de milagro al parear al tercero, dejándose ver, llegando hasta la cara, tanto que al clavar el toro le ha rebañado la taleguilla con el pitón en el costado a la altura de la cintura. Gracias a Dios no ha llegado a clavar el pitón porque en esa región una cornada hubiera resultado gravísima. ¡Ah! y sin olvidar como ha echado su capote Francisco Javier Sánchez Araujo en un quite milagroso cuando Contreras estaba tendido sobre el albero a merced del de Victorino. Toro con mucho peligro este tercero, sin recorrido, que cortaba el viaje, que reponía, se revolvía y buscaba con saña los tobillos. Comportamiento muy típico de este encastre Albaserrada, un toro que no permitía la mínima duda ni el mínimo despiste, ante el que Luque ha demostrado una firmeza, una serenidad y una seguridad tremenda, algo que desde la pasada temporada ya viene mostrando allá donde torea, dejando clara su evolución y el extraordinario momento que atraviesa, acercándose a pasos agigantados hacia una madurez como torero que se vislumbra cercana. Se la ha jugado a pecho descubierto, de verdad, con pureza, sin esconderse ni dejarse nada, dando una lección de profesionalidad. Ha expuesto y a base de mando, de consentir y tragar lo indecible ha llegado a someter las brusquedades del toro e incluso ha llegado a estirarse en redondos de enorme mérito y a cuajar una par de tandas con ligazón. Faena de mucho valor en todos los sentidos que, de no haber faltado de manera tan clamorosa con la espada, creo que hubiera merecido una oreja. Repito, lo que ha hecho Daniel Luque a este tercero ha sido una lección de firmeza y mando, además de responsabilidad y valentía descomunal. La gran ovación con la que los aficionados le han premiado así lo reconoce. Otra vez más lección de saber y sensibilidad por su parte. El sexto fue un toro con más nobleza y corta clase pero muy justo de fuerzas y que fue a menos. Lo mejor de este sexto fue sin duda el magnífico tercio de varas protagonizado por Juan de Dios Quinta y los sensacionales pares de banderillas a cargo de Raúl Caricol y Alfredo Cervantes que saludaron desmonterados al finalizar el tercio. En la muleta poco o nada pudo lucirse Luque ante un toro de escaso recorrido que se defendía por su falta de fuerzas, deslucido. Tan solo algunos muletazos sueltos con temple y calidad pero sin continuidad ni emoción. Un pinchazo y una estocada fueron el epílogo a una actuación más que digna de un Daniel Luque que en mi opinión sale reforzado de la tarde de hoy.
Y para acabar dejo reservadas unas líneas para un nombre que en La Maestranza es especial. Antes ha hablado de Escribano, Victorino y Cobradiezmos, pero esta tarde de sábado pisaba el albero sevillano un hombre de dinastía, José Manuel Montoliú, hijo de aquel gran torero de plata que fue  Manolo Montoliú y que perdió la vida el 1 de mayo de 1992 al banderillear en esta misma plaza a un toro de Atanasio Fernández. Lo he contado muchas veces, aquella corrida la retransmitía en directo TVE con Fernando Fernández Román como comentarista. Recuerdo perfectamente las imágenes del cuerpo inerte de Montoliú colgado del pitón del toro, recuerdo la voz entrecortada de Fernández Román, recuerdo a Jose Mª Manzanares padre, en cuya cuadrilla formaba Montoliú, roto de dolor, llorando sin consuelo, recuerdo las imágenes del público sevillano con las cabezas hundidas entre las manos, jamás lo olvidaré. Hoy no he podido evitar que se me vinieran d renuevo aquellas imágenes al ver como José Manuel Montoliú, hoy a las órdenes de Antonio Ferrera,  tomaba los palos y caminaba por los mismos terrenos que aquel triste día pisó su padre con la misma forma de andar hacia el toro, con brazos bajos para sacar el par de abajo a arriba y colocarlo en la cara del toro. Grande hoy también José Manuel Montoliú y grande también la acción sevillana que en la ovación que le ha dedicado seguro que llevaba el recuerdo a su padre.
Por todo esto es por lo que creo que hoy hemos visto a Sevilla en todo su esplendor, aunque nos hubiera gustado que el juego de los toros de Victorino hubiera sido mejor para redondear la tarde.

Antonio Vallejo

sábado, 14 de abril de 2018

3ª de Abril: Talavante, una oreja frente al desastre


Por fin olía a primavera, por fin salía el sol tras dos días de frío y lluvia y lucía en todo su esplendor sobre la Maestranza, por fin los tendidos han estado llenos de aficionados, Sevilla se pone  a punto, Sevilla alegre, Sevilla festiva, Sevilla en feria. Daba gusto ver el aspecto abarrotado de la plaza sevillana para ver una corrida de Olga Jiménez y Hermanos García Jiménez, hierros salmantinos de procedencia Domecq diez, para los espadas Miguel Ángel Perera, Alejandro Talavante y Andrés Roca Rey. Una terna de las que llaman la atención no solo de los aficionados sino del gran público, ese que ayer, aparte de la horrible climatología sufrida, no encontraba argumento de peso para gastar un dinero y dos horas de su tiempo para ir a los toros aunque se anunciaran nombres de la talla de Joselito Adame, Luis Bolívar o el sevillano Rafa Serna. Por si aún quedan dudas sobre quienes atraen al público a las plazas ahí hay una muestra claramente ilustrativa. Dejémonos de mirar al ombligo y abramos la mete y las puertas de las plazas a nuevos espectadores de los que saldrán buenos aficionados. Y la llave para abrir esa puerta, desengañémonos, tiene nombre y apellidos de figuras. Lo demás es endogamia pura y así se muere la Fiesta. Me imagino que habrá muchos que consideren una auténtica barbaridad, una aberración, una prostitución del toreo esto que digo, muchos en mi opinión que se apoderan de la bandera de un falso purismo. pero estoy seguro que también alguno estará de acuerdo que la supervivencia de los toros pasa por despertar la afición de nuevos espectadores llevándolos a la plaza con carteles de renombre. Luego saldrá el toro y, como suele decirse, el hombre propone, Dios dispone y luego sale el toro y lo descompone.
Algo así ha ocurrido en esta tarde de viernes en Sevilla. Plaza llena, luce el sol, buena temperatura, cartel de figuras, todo sobre el papel invitaba a disfrutar de una gran tarde de toros. Pero, ¡ay amigo!, los toros no han estado a la altura de lo esperado y, lo que es peor, lo exigido para Sevilla. Una corrida dominada por la mansedumbre, varios de los ejemplares lidiados con clara querencia, rajándose a las primeras de cambio, una corrida sosa y deslucida, sin raza, descastada y sin clase alguna en la que creo que solo se ha salvado el quinto y algo del tercero. Lo demás ha valido para muy poco. El lote de Perera ha sido infumable, Roca Rey ha visto como sus dos toros han sido devueltos a los corrales y ha tenido que lidiar un sobrero de Olga Jiménez y otro de Torrestrella mientras que Talavante se ha encontrado con lo menos malo del encierro mostrando una vez más su enorme dimensión como figura del toreo y el momento dulce que atraviesa. Pero si el juego de los toros ha sido decepcionante peor ha sido, en mi opinión, la presencia y la presentación de la corrida. Hechuras impropias de Sevilla,  toros bastos, desproporcionados, sin armonía, astifinos y muy ofensivos por delante, eso sí, pero en mi opinión demasiado en proporción a la cara y la caja, a o que sumar dos de ellos sin el trapío mínimo para una plaza de primerísima categoría que es la Real Maestranza. Ayer comentaba que cada plaza y cada afición tiene su estilo y "su toro". Todo lo que se aparte de los gustos de cada plaza y cada afición es ir a contraestilo y me parece que lo visto ayer tarde sobre el alero sevillano ha sido eso. Y cuando se va a la contra y fallan las hechuras es difícil que las cosas salgan bien. Del toro de Sevilla no se han tenido noticias, o al menos es la impresión que a mi me ha dado a través de la televisión. Ya sé que en la plaza la visión es muy distinta, pero por los comentarios de David Casas, Maxi Pérez y el maestro Emilio Muñoz durante la retransmisión de Canal Toros parece evidente que así era. Es necesario, primordial, cuidar al toro puesto que es el personaje principal de esta bella obra artística que es el toreo, y elegir lo que cada afición, cada plaza y cada feria demanda es el primer paso para desarrollar este arte en todo su esplendor.
Con estas premisas no es difícil imaginar que los tres matadores hayan estado muy por encima de los toros, cada uno en su estilo, con firmeza y solventes, seguros, con actitud encomiable, entrega y disposición sin posibilidad alguna de duda. Y por momentos se han visto lances de enorme belleza, tandas compuestas y acopladas, remates y adornos con gusto y detalles con inmenso sabor. Momentos del toreo que tanto se valora en La Maestranza y que por sí solos son capaces de emocionar y hacerme sentir este arte como nada en el mundo.
Poco pudo resolver Miguel Ángel Perera con un primero sin bravura, sin raza, sin casta, sin clase y sin fuerzas. Buenas las verónicas de saludo, acompasadas, pero nada más. un animal que ante todas sus carencias de virtudes no embestía, se defendía, con la cara alta, soltando arreones, además de rajarse a las primeras de cambio, imposible del todo. Bastante hizo Miguel Ángel con intentar ponerle la muleta y salvar el pellejo. Tampoco colaboró el cuarto, quizás el único que por hechuras se acercó un poco a lo que debe ser el toro de Sevilla. Toro soso y deslucido, que iba y venía pero sin emoción ante el que Perera demostró su mando y su poderío. Lo cuidó en los primeros compases de la faena, le puso la muleta planchada, tapándole la cara, conduciendo la sosa embestida con suavidad, sin quitársela. Poco a poco se acopló a la descompuesta embestida del animal y por momentos parecía que el extremeño podría sacar agua de un pozo seco, pero dos desarmes nos devolvieron a la realidad y el animal se rajó y tomó con descaro el camino de las tablas. 
Del peruano Andrés Roca Rey ya sabemos todo, des obra es conocida su valentía, su arrojo y su desprecio al miedo, por momentos temerario me atrevería a decir, pero no hay duda que genera emoción con su toreo, arrebata y no deja ni un segundo de respiro en sus faenas. A todo esto ya de sobra conocido hay que añadirle este año un plus de reposo que ha elevado la calidad de su toreo unos cuantos enteros. Tanto en América como el pasado Domingo de Resurrección sevillano mostró esta nueva faceta de toreo templado, encajado, largo, más allá de su estilo habitual de atacar al toro y buscar ese sitio que muchas veces parece imposible. Ayer bordó el toreo de capa en el saludo al tercero bis, un sobrero de Olga Jiménez  fuera de tipo,  muy voluminoso, enorme, basto al que cuajó unas verónicas de ensueño, citando casi de frente, clavando las zapatillas en el albero, jugando las muñecas con una suavidad  y naturalidad pasmosa, convirtiendo el capote en una vaporosa seda que acarició las arrancadas del toro,  el mentón hundido, los brazos relajados, la cintura grácil, ganado terreno a cada lance para rematar en los medios con una media a pies juntos de cartel que puso en pie a La Maestranza. El inicio de faena por estatuarios, recogiendo al toro a la salida para coserlo al siguiente hace soñar en otra de esas faenas que tantos éxitos han dado a l limeño. Dos extraordinarias series por el pitón derecho templadas, con largura y ligazón, muy encajado, redondos profundos y bajos pusieron en ebullición las calderas maestrantes. Pero fue cambiar a la izquierda y se vino abajo. Fue un instante, quizás un tirón de más en un natural, obligar mucho al basto toro lo que cambió radicalmente el escenario. Se vio podido el de Olga Jiménez y se rajó. se acabó lo que se daba, una lástima, pero el toreo de capote de Roca Rey va a ser difícil de olvidar por mucho tiempo. Con el sexto bis, esta vez un sobrero de Torrestrella que se pegó una tremenda voltereta en los primeros tercios y que le dejó sin las pocas fuerzas que traía de casa, no tuvo ni la mínima opción. Toro soso, deslucido, cansino, aburrido, sin clase ni raza. Pero el saludo capotero al tercero no se nos va olvidar en mucho tiempo...
Alejandro Talavante ocupa, a mi modo de ver, uno de esos lugares reservados a las figuras. Ya lleva varias temporadas con una madurez y un poso torero de mucha dimensión, relajado, firme y seguro. Ayer lo demostró una vez más ante un lote manso y deslucido al que superó por todos lados para cortar una meritoria y merecida oreja al quinto. Alto, zancudo, terciado y de feas hechuras el segundo. Luego me he enterado que ese toro estuvo de segundo sobrero en Valladolid el pasado mes de septiembre, ¡y ayer saltó como parte del encierro aprobado para Sevilla y en feria! Difícil de entender, vamos, digo yo. El de Olga Jiménez no se empleó ni en el capote, ni en el caballo y ni, por supuesto, en la muleta. Toro sin clase, no humillaba, siempre a media altura, cabeceando, al que Talavante le recetó técnica y temple en un trasteo que tuvo muletazos sueltos de buen trazo por el pitón derecho pero que careció de continuidad por las escasa condiciones del animal y que en ningún momento tomó vuelo pero en la que el extremeño anduvo siempre por encima de su oponente. Al quinto le arrancó una oreja de mucho valor en todos los sentidos a base de consentirle y torear a favor del toro en los terrenos que pedía, que era en paralelo a las tablas como correspondía a su condición de manso. Faena inteligente, faena de figura que sabe y conoce muy bien esta profesión. Toreó con temple y mucho gusto por el pitón derecho, redondos ligados por bajo, desmayando la figura, enroscándose al animal, siempre tapándole la cara, siempre a favor del toro, con adornos, detalles y remates por bajo de mucha calidad. Repito, faena de maestro en la que sobresalieron dos series rotundas por el pitón derecho que por fin despertaron del letargo a los aficionados y que hicieron sonar la música creando esa atmósfera mágica que se genera en la plaza sevillana donde los acordes y el toreo se funden en un sentimiento indescriptible. Mató de un estoconazo que hizo rodar al de Hermanos García Jiménez que se fue al desolladero sin una de sus orejas, la que paseó Talavante por la elipse sevillana.
Les he hablado de los toros de ayer y de los toreros de oro, pero hay que hacer justicia y hacer una mención especial a los toreros de plata que ayer estuvieron magistrales. No en vano se reunieron sobre el albero una serie de nombres que constituyen lo más granado de los de plata. Se les puede llamar subalternos, banderilleros, como quieran, para mi son toreros, visten de plata, pero toreros a la postre, y muy buenos. Nombres como Javier Ambel y Guillermo Barbero, ambos a las órdenes de Perera y que cuajaron un extraordinario tercio de banderillas al primero de la tarde teniendo que responder desmonterados a la atronadora ovación que se les brindó y que en caso de Ambel además  lidió y bregó con auténtica maestría al cuarto. Como Curro Javier, el otro componente de la cuadrilla de Perera que escuchó la música tras colocar dos monumentales pares al cuarto, arriesgando, dejándose ver y llegar a la cara, a la mismísima punta del pitón, tanto que fue cogido por la taleguilla, desgarrada por el afilado cuchillo que era ese pitón, volteado y salvado de milagro de una gravísima cogida en la espalda cuando estaba a merced del toro. Ayer una vez más desde el cielo se echó un capote para hacer el quite a este grandísimo torero de plata que es Curro Javier y que también tuvo que desmonterarse para corresponder a la atronadora ovación. Nombres como Juan José Trujillo, a las órdenes de Talavante, sensacional en la brega al segundo y seguro en banderillas ante el quinto. Nombres como Juan José Domínguez y Paco Algaba, a las órdenes de Roca Rey, que brillaron en el tercio de banderillas al tercero de la tarde, que también tuvieron que desmonterarse para corresponder al público y que en el caso de Domínguez bregó por bajo con gran maestría al manso sexto bis. Toreros de plata pero toreros de verdad que sienten este arte como ninguno y que ayer hicieron las delicias de los aficionados.

Antonio Vallejo

viernes, 13 de abril de 2018

Despega Abril: Sevillanía, orejas y otras cosas


Abril huele a primavera, suena a toros y sabe a Sevilla. Escuchas abril y la mente solo puede viajar a un lugar, la Real Maestranza de Caballería. Escuchas abril y la imaginación echa a volar entre mañanas de feria y tardes de toros, entre compases de sevillanas y olés de los tendidos. Abril ya está aquí. Las puertas de la Real Maestranza que se abrieron el Domingo de Resurrección dan paso al que, junto a San Isidro, constituye el ciclo más importante de la temporada, el primer gran test para las figuras y el primer escaparate de lujo para todos que quiera serlo. Una plaza especial, con un carácter, una personalidad, un estilo, un gusto y un amor por el arte y la belleza único, una plaza seria y respetuosa, una plaza que siente el toreo como ninguna y que sabe valorar con justicia al mismo tiempo que saborea cada matiz y cada detalle de lo que ve, una plaza exigente pero en las antípodas de un purismo integrista e histriónico, en definitiva, una plaza en la que la emoción y la pasión te llena nada más traspasar sus puertas y en cuyos tendidos todo aficionado debe sentarse al menos una vez en su vida. 
Dos corridas de toros, la de Torrestrella de ayer miércoles y la de La Palmosilla de hoy jueves han dado el pistoletazo de salida en esta Feria de Abril. Dos tardes con los tendidos a medio gas reservando energías en espera de lo que vendrá a partir del sábado por la noche con el alumbrado del Real y la cena del pescaíto que darán paso a la semana de farolillos en la que seguramente la entrada será, si no lleno a diario, casi. 
Abrió el ciclo la corrida de Torrestrella, la gaditana ganadería que siempre será la de D. Álvaro Domecq para un cartel formado por tres matadores sevillanos: Javier Jiménez, Lama de Góngora y Pablo Aguado. Una ganadería muy del estilo de la Maestranza, con toros serios, bien presentados, muy del gusto de la afición sevillana, algo desigual de hechuras pero agradables de cara, con trapío pero sin exageraciones ni estridencias a lo que sumar una terna en la que destacó Pablo Aguado con su sevillanía torera. El sevillano tomó la alternativa el pasado mes de septiembre en la Feria de San Miguel de manos de Enrique Ponce, ayer realizaba su segundo paseíllo como matador de toros y la imagen y sensaciones que dejó distó mucho de esa supuesta bisoñez y falta de experiencia. Se mostró seguro y acoplado, firme, con temple y una clase y un gusto en su toreo más propio de un matador consagrado que de uno que está dando su primer paso en esa profesión. Perfecto de colocación y de distancias, con un temple exquisito, toreo despacioso  profundo y ligado por ambos pitones, redondos armoniosos, naturales de ensueño, siempre con la mano baja, rematando las series con detalles por bajo, trincherillas y adornos que rezumaban torería por los cuatro costados y que hacían vibrar a los tendidos en olés sentidos nacidos del alma, arte y belleza en las manos y la muleta de Aguado, todo muy de Sevilla, todo muy del gusto de esa afición, sevillanía pura, como el brindis al gran Curro Romero, y una oreja de peso en el sexto a la que hubiera sumado otra del tercero de no fallar con la espada. Sevillanía y oreja en la primera del ciclo en una tarde en la que ni Javier Jiménez ni Lama de Góngora tuvieron opciones con sus lotes a pesar de sus ganas y entrega.
Hoy jueves, en una tarde fría, lluviosa y desapacible al máximo, se presentaba en Sevilla el hierro de La Palmosilla, ganadería también gaditana de procedencia Juan Pedro Domecq y Nuñez del Cuvillo, que ha llevado una corrida seria,  y dispar de hechuras, con dos toros hechos muy cuesta arriba y otros dos, quinto y sexto que a mi modo de ver se salen de lo que es el gusto de Sevilla. Constantemente hablamos del tipo, de si un toro está entipado o fuera de tipo en función de su encaste, y también muchísimas veces hablamos del toro de Madrid, del de Bilbao, del de Pamplona, del de México y, cómo no, del de Sevilla. Cada plaza y cada afición tiene también "su" toro, que responde a unos gustos y una forma de entender el toreo y que no son ni mejor ni peor, puesto que en todas las plazas salen toros buenos y malos. Pero creo que en cada plaza las hechuras y la cara de los toros deben responder a lo que cada afición demanda. Luego estará el gusto personal por cada tipo de toro y de toreo, pero estando en Sevilla y en la Feria de Abril creo que debe pedirse que los toros elegidos respondan a lo que se considera el toro de Sevilla, serio, bien hecho, proporcionado, astifinos pero sin excesos ni arboladuras exageradas, abrochaditos de pitones, lo que generalmente suele llamarse agradable de cara. Hoy el quinto y sexto toro han estado muy lejos de lo que es el toro de Sevilla, dos ejemplares muy grandes, exageradamente ofensivos por delante y que además han dado un juego muy pobre. Por el contrario los cuatro primeros han estado más en la línea de lo que es el gusto de la Maestranza, han tenido clase, bravura y nobleza, especialmente segundo y cuarto, aunque tenían las fuerzas muy justitas, sobre todo primero y tercero. Casualidad o no, pero lo cierto es que una vez más se ha cumplido esa máxima de que curiosamente los toros que embisten siempre tienen buenas hechuras y están en tipo, en esta ocasión en lo que respecta a lo que se conoce como el toro de Sevilla. Esos dos toros que han destacado en le encierro de La Palmosilla los han aprovechado Joselito Adame y Luis Bolívar que, junto a Rafa Serna, conformaban la terna de este jueves. Bravo y encastado el segundo al que Adame ha sometido a base de mando y temple, demostrando un domino de la técnica descomunal acorde a su condición de máxima figura del toreo mexicano. No era nada fácil ese segundo, tenía prontitud y movilidad, iba y venía sin parar, repetía y seguía la muleta con fijeza, pero lo hacía sin excesiva clase, con una embestida un tanto descompuesta, entrando bien pero sin rematar la salida. Lección de técnica y sometimiento a base de temple y mano baja a cargo del mexicano que ha acabado por meter al toro en su muleta sacando series de mucho gusto por ambos pitones, detalles de torería en los remates y pases por bajo que han gustado mucho. Pero ha sido el colombiano Luis Bolívar el único que ha podido tocar pelo y cortar una oreja al muy buen cuarto, un toro noble y enclasado al que Bolívar ha toreado con un temple y una despaciosidad extraordinaria. Series ligadas con gusto, redondos profundos, naturales hondos, encajado, relajado, disfrutando del toreo y culminando su obra con un estoconazo que vale una oreja de ley que puede valer mucho de cara a la temporada. Le veremos dos tardes en Madrid donde tendrá oportunidad de confirmar el gran sabor que ha dejado hoy en Sevilla. 
La Feria de Abril ya está en marcha. Orejas ya ha habido, dos de momento, Pablo Aguado ha derramado sevillanía con su arte y otras cosas que deben mejorar; véase el aspecto deslucido de los tendidos, que lo hará, la climatología desagradable, que cambiará y lucirá ese radiante sol hispalense, y los toros, que sean "de Sevilla", en tipo y en juego. 

Antonio Vallejo


lunes, 2 de abril de 2018

Álvaro Lorenzo: Gloria en Resurrección



Viajar es una de las cosa que siempre se ha dicho que más enriquece a la persona. No me cabe ninguna duda que conocer otros países, otras ciudades, otras culturas, otros modos de entender la vida, otras gastronomías, etc, además de lo divertido que es para unos días de turista con la familia. Son experiencias y vivencias que aportan mucho a la persona, es más, creo que son necesarias y te abren la mente. Pero de igual modo pienso, al menos a título muy personal, que lo mejor que tiene viajar a otras ciudades y conocer mundo, como suele decirse, es volver a casa y darse cuenta de la gran nación que tenemos, de lo maravillosa que es nuestra patria, de lo grandes que hemos sido, de que no tenemos que tener complejos ante nada ni nadie y del inmenso honor que supone haber nacido en España, ser español y sentirse español. ¿A qué viene todo esto?. Muy sencillo. He tenido la oportunidad de pasar esta Semana Santa con mi familia a muchos kilómetros de España, al otro lado del Atlántico, en la ciudad de Nueva York. Una ciudad única, fascinante, con un ritmo de vida frenético, sin descanso, día y noche, 24 horas sin parar. Una ciudad que te sorprende a cada instante, en cada calle, en cada esquina, que no te deja indiferente y cargada de mil contrastes. Apasionante, sin duda. Alejado en kilómetros pero con mi cabeza pendiente de lo que se quedaba en España durante una semana tan especial, sin poder olvidar el Jueves Santo, con mi Cristo de la Buena Muerte, Nuestra Señora de la Soledad de Mena y la Legión. Como tampoco he podido olvidar mi afición los toros. Tan solo horas antes de despegar mi vuelo la madrugada del Domingo de Ramos al Lunes Santo estaba en mi tendido de Las Ventas viendo la corrida de Victorino y ayer, también unas pocas horas después de aterrizar de nuevo en Madrid, con el jet-lag, o sea, un resacón del quince dicho en castizo, no dudé en ir a Las Ventas a la corrida del Domingo de Resurrección. Mi mujer y mis hijas me decía que estaba chalado, que como se me ocurría ir a los toros con el palizón. Precisamente por esta bendita locura que es la afición, algo único y de lo que en pocas partes del mundo se puede disfrutar, y si hay un lugar en el mundo donde los toros son la Fiesta Nacional ese es España. Cierto es que al emblemático toro de Wall Street, que realmente está al inicio de la calle Broadway, le pegué un par de redondos al aire que hicieron crujir a Manhattan, dejando patente de donde soy y el honor que supone ser español, llevar nuestra bandera y nuestras tradiciones allá donde vaya, sin complejos y con la cara bien alta, que para eso fuimos quienes descubrimos aquel continente.
Y mereció la pena ir a Las Ventas para ver toros en un día tan taurino como es el Domingo de Resurrección. Mereció la pena por ver a Álvaro Lorenzo torear como los ángeles y abrir la Puerta Grande en la segunda corrida de la temporada. Es cierto que hablar de toros y Resurrección te lleva inmediatamente a Sevilla, más aún con un cartel como el de ayer en la Maestranza: Antonio Ferrera, Jose Mari Manzanares y Andrés Roca Rey ante toros de Victoriano del Río con una Real Maestranza llena hasta la bandera. Pero Madrid no se queda atrás y esta fecha siempre ha sido una de las más señaladas de la temporada y pare este año se anunciaba un cartel que, al menos a modo de ver, era muy interesante: David Mora, Daniel Luque y Álvaro Lorenzo frente a reses de El Torero, un cartel que fácilmente podría darse en San Isidro, que cuenta con muchos alicientes pero parece que fuera del ciclo isidril no resulta suficiente para el gran público.  Una vez más hay que volver a incidir en algo de lo que en las últimas semanas ya he hecho casi hasta el hastío. Siendo generosos podría decir que Las Ventas registraron ayer media entrada, un aspecto bastante pobre y desangelado. Si al cartel le cambian los nombres y le pone, por ejemplo, a Juli, Perera, López Simón, Castella o Cayetano el panorama seguro que hubiera dio muy distinto, con independencia de la divisa que luciera los toros. Queda por tanto patente qué es lo que atrae al público, algo que, nos guste o no, es así. Está claro que solo con aficionados la Fiesta no tira, es necesario que el gran público venga a los toros, y eso se consigue con nombres de resonancia y relumbrón, además de dinero, que al final es la clave de todo. Solo basta comparar el aspecto de los tendidos venteños y los maestrantes, estos últimos abarrotados de un público más allá de los aficionados. 
Para mi gusto la de ayer fue una corrida de El Torero, procedencia Domecq Díez, muy seria por delante, bien presentada en general, quizás el tercero fuera el de menor presencia, variada de hechuras pero buenas en general, astifinos, como corresponde a Madrid, y con un juego desigual. Noble en general, con clase y bondad el primero pero con muy poquita fuerza, manejable  el segundo pero soso y deslucido, con raza y humillación el tercero, un manso de solemnidad el cuarto, sin raza ni casta el quinto y un gran sexto, Viscoso de nombre, un toro bravo, con fijeza, repetidor, con mucha clase al que Álvaro Lorenzo desorejó y que fue premiado con una vuelta al ruedo protestada por algunos espectadores pero que a mi me pareció justa.
David Mora tan solo pudo lucir detalles de su torería ante el primero. Jugó bien las muñecas y corrió bien la mano con el capote en las verónicas de recibo, templadas y con gusto, amén de dos medias de escándalo  Un toro noble y con clase pero que desde salido se vio que tenía más que justas las fuerzas. Poco pudo hacer el madrileño, cuidando la altura en la muleta para que no se viniera abajo, pudiendo dibujar tan solo algunos derechazos y naturales templados y con cierta ligazón con el gusto, la elegancia y la clase que le imprime a su toreo. Un par de trincherazos arrancaron los olés pero, repito, fueron detalles sueltos que no permitieron a la faena coger vuelo, si bien escuchó palmas y saludó desde el tercio trasmutar de manera certera a este primero, un espadazo volcándose sobre el morrillo siendo enganchado por la pala del pitón, afortunadamente. El que sí arrancó una tremenda ovación fue Ángel Otero con dos sensacionales pares de banderillas que le obligaron a desmonterarse para corresponder a los tendidos. El cuarto fue un manso de libro, desde que saltó a la arena cantó la gallina. clara querencia, huía d los capotes y hubo de picarlo el  que guardaba puerta. Se lo llevó Mora a terrenos del 7 y allí, cerrado en la primera raya le puso la muleta en la cara y sin quitársela, tapándole la salida, le plantó batalla. Sacó tandas por el pitón derecho sublimes, templadas y ligadas por bajo, erguida la figura  con su desmayo de brazos peculiar, sin mover las zapatillas, girando sobre su talones, una maravilla.  Al natural también le puso la muleta en la cara, pero por ahí aún era más acusada la mansedumbre de Vigio. No obstante algunos naturales tuvieron ese sabor que impregna el toreo del madrileño. Para mi gusto faena de gran mérito porque creo que pocos o ninguno de los que estábamos en la plaza dábamos un duro por ver algo con ese manso de solemnidad. Mató de entera contraria que hizo rodar al animal y dio una más que merecida vuelta al ruedo tras negarle el presidente una oreja que a mi modo de ver se pidió con suficiente mayoría y que creo que era de justicia.
No tuvo suerte el sevillano Daniel Luque con su lote. Como es habitual en el de Gerena toreó muy bien de capa al segundo, por delantales en el saludo y galleando por chicuelinas para llevarlo al caballo con gusto y garbo. Poco más pudo hacer con un toro manejable pero sin fuerza alguna, lo que le llevaba a defenderse echando la cara arriba tocando los engaños constantemente y afinado los muletazos. Voluntarioso Luque pero sin posibilidad de lucimiento en un trasteo sin argumento ni continuidad. Más de lo mismo con el quinto, otro toro sin raza ni casta, sin humillar, deslucido, siempre soltando la cara. Puso ganas otra vez pero se estrelló contra un animal imposible. Para colmo mató muy mal y su actuación no pudo pasar del silencio.
Solo por ver las dos faenas de Álvaro Lorenzo y la tres orejas que cortó a su lote mereció la pena vencer al sueño y al cansancio del jet-lag e ir a los toros. El pasado San Isidro se llevó el premio de varios jurados a la mejor estocada y tras lo de ayer le van a llover los contratos y se convierte por derecho propio en uno de los atractivos de la temporada. De momento en Madrid volveremos a verle el próximo 29 de mayo con toros de Torrehandilla y todas las miradas estarán puestas en el joven matador toledano. Ayer dejó unas sensaciones, un sabor, una profundidad y una torería de muchos quilates. Toreo con empaque, muy firme, seguro, rotundo y con la espada un auténtico cañón. Saludó al tercero por verónicas, con ritmo y garbo, ganando terreno. Metió los riñones en el caballo, empujó con bravura y celo, muy bien picado por Juan Carlos Sánchez, igual que Francisco Javier Sánchez hizo con el bravo sexto, otro que empujó con codicia y bravura. Dos magníficos tercios de varas, ambos delanteros y con los dos picadores despidiéndose con una fuerte ovación. ¡Qué bello y qué importante es el terco de varas cuando se ejecuta bien!. El inicio de faena  al tercero por doblones destiló torería por los cuatro costados. A partir de ahí tandas en redondo y al natural aprovechando la nobleza, humillación y recorrido del toro, corriendo bien la mano, templadas, largas, ligadas con un ritmo y una cadencia prodigiosa, todo por bajo, arrastrando la muleta, limpio, sin un solo toque a los engaños, un recital de toreo por ambos pitones, sereno, relajado, muy a gusto. Muletazos hondos de gran belleza que llegaron a los tendidos, unos tendidos que se rindieron al toledano con la bernardinas finales ajustadísimas, poniendo el ¡Ay! en cada pase, de los de cortar la respiración. Se tiró a matar y dejó una estocada entera algo desprendida que sirvió para cortar una oreja pedida por unanimidad. En el sexto se podría decir más o menos lo mismo. Además del referido tercio de varas con el toro metiendo los riñones con auténtica bravura es de justicia destacar la sensacional lidia de Sergio Aguilar, otro de los matadores que se han pasado a la plata tras verse dos años sin torear. Gran torero de plata que puede ser de los que cuajen una gran temporada. Esta vez inició la faena por estatuarios en los medios metidos en el bolsillo a los tendidos a la primera de cambio. Le dio distancia y así lució la extraordinaria embestida de Viscoso. Tandas en redondo templadas en los primeros compases, con empaque, alargando la embestida, rematando con unos de pecho fuera de serie. Pero donde se desató la locura fue con el toreo la natura. ¡Qué pitón izquierdo tenía el de El Torero!. Ni sé los naturales que le dio, todos templado, con hondura, ligando los pases con un gusto exquisito, con la mano muy baja, de nuevo arrastrando la muleta, los de pecho sensacionales y las trincherillas de escándalo. Los tendido en pie, la plaza patas arriba rompiéndose las manaos a aplaudir. El final de faena no pudo ser más torero. tiró el estoque de acero al suelo y con la rodilla flexionada recitó  una poesía de lances por bajo larguísimos alternado ambos pitones, cada pase un verso a cual más bello, intenso y emocionante. Estoconazo que pasaportó sin puntilla al bravo Viscoso despedido con una atronadora ovación mientras se le daba la vuelta al ruedo arrastrado por el tiro de mulillas. Para mi merecida vuelta al ruedo para este toro, como incontestables me parecieron las dos orejas que paseó con inmensa felicidad Álvaro Lorenzo en su tarde de gloria precisamente en Resurrección.



P.D: Para incrédulos, testimonio gráfico de uno de los derechazos al toro de Wall Street.
        Je, je, je