sábado, 2 de febrero de 2019

Antonio Ferrera: romance en noche de Luna Llena


Madrugada clara en España, la luna clara en lo alto emprendía camino por el Atlántico. Caía el día en la México, daba paso a la noche, a una noche de Luna Llena, así se llamaba el cuarto de Villa Carmela que asomaba por la puerta de toriles para colmar de luz el corazón, el alma y el sentimiento de un romance que nació semanas atrás en el campo bravo mexicano cuando el maestro Antonio Ferrera vio a un toro cárdeno de bellísima lámina, estampa majestuosa,  abierto de cara, cornipaso, astifino, de tremenda seriedad e imponente trapío, fino de cabos, del que se enamoró al verle galopar. "Ese toro lo quiero yo para la corrida del 27", le dijo al ganadero. Y así fue, anocheciendo en Insurgentes saltó al ruedo Luna Llena con sus armónicos y proporcionados 536 Kg. "Aquí me tienes", dijo Luna Llena. "Aquí estoy", contestó Ferrera que lo recibió con un suave lance de capa a una mano saliendo de un burladero distinto al que allí llaman de la contraporra, que en España llamamos de contraquerencia, y donde habitualmente el matador recibe al toro con el capote, en un claro guiño al recuerdo del singular y añorado maestro Rodolfo Rodríguez "El Pana", al que gustaba  recibir a los toros de esa manera. Agarrado al suelo en los primeros lances, se frena y corta en el capote que le ofrece Ferrera. "Si tanto me quieres te va a costar" parecía decirle Luna Llena. Y el maestro debió percibirlo. Todo dulzura, ni un tirón, conduciéndole con suavidad, sin forzarle, poco a poco, con cariño, le ofrece su capote y lo dirige hacia el caballo que montaba Alfredo Ruiz. Lo deja en largo, Luna Llena se fija en el llamativo peto azul eléctrico que en La México portan los percherones y se arranca como un cohete demostrándole a Ferrera que el galopar y la bravura que le mostró en el campo la tenía guardada para él. Ruiz agarra un magistral puyazo en lo alto, delantero, sencillamente perfecto, vibrante y emocionante, con Luna Llena metiendo la cara abajo, empujando con celo, bravo toro, pura belleza el tercio de varas aunque fuera un único puyazo, como allí se estila. La plaza en pie despide con una atronadora ovación al varilarguero que una vez ya en el patio de cuadrillas es obligado por Ferrera a descabalgarse salir al tercio para saludar castoreño en mano, un gesto que dice mucho de Ferrera, así son los toreros. Y una vez más hay que volver a repetirlo, ¡qué importante y qué bello es el tercio de varas cuando se ejecuta como mandan los cánones!, y que lástima nos da ver tarde tratare que este fundamental tercio parece convertirse en un molesto trámite que hay que cumplir sin más. 
La faena la inicia Ferrera al hilo de las tablas, agarrado a la barrera, estampa torera, reclamando la atención de Luna Llena. Sus ojos se encuentran, uno frente a otro, se lo dicen todo con la mirada, un toque a la muleta y el toro obedece, Ferrera se lo lleva con suavidad hacia la segunda raya, andándole hacia atrás, genuflexo, torería pura, y Luna Llena humilla, persigue hipnotizado la muleta, entregado al idilio que nació en el campo y que ya era imparable. Toro y torero entregados el uno al otro impregnando el embudo de Insurgentes del mejor perfume del toreo, ese que llega hasta lo más profundo del alma y queda grabado por siempre en la memoria. Desde ese instante todo fluye del corazón, como debe ser un romance, nada está preparado, todo llega de la inspiración y la personalidad de Ferrera que sabe como acariciar la bravura y nobleza de Luna Llena para componer una obra maestra que inundó de emoción la noche mexicana y española. Magistral toreo del balear, ensimismado, abstraído, el mentón hundido, la mirada baja, andando a pasitos muy cortos en la cara del toro, muy despacio, para colocarse perfectamente y ponerle la muleta adelantada, totalmente planchada, conduciendo la embestida con dulzura, tirando de Luna Llena con pasmosa suavidad, sin quitársela de la cara, alargando un viaje que ninguno quiere que acabe, la armonía es perfecta, la belleza sublime, la entrega total, y La México hechizada por el embrujo de la torería. Por el pitón derecho surgen tandas rotundas, Ferrera en trance, Luna Llena embebido en los vuelos, redondos profundos, ligados con despaciosidad, largos, con temple sublime, la mano muy baja, la figura encorvada, torería, torería y más torería, los de pecho monumentales, de pitón a rabo, infinitos, los abaniqueos esparcen el perfume y los aromas del Arte por todas partes. Y por el izquierdo los naturales se elevan al cielo, con hondura, muy lentos, ahora encorvado y alargando el recorrido, ahora vertical enroscándose a Luna Llena a la cintura cual si bailaran un vals, ahora desmayado, siempre dejando que la naturalidad fluya del alma a la muñeca fruto de la inspiración. Auténtica locura en La Monumental, convertida en un manicomio del mejor toreo rendidos al idilio, todos en pie ante una faena magistral coronada con molinetes, trincherillas de ensueño, pases de desdén mirando al tendido, toreo por bajo al que Luna Llena no cesa de repetir por abajo, no se cansa, humillando, entregando toda su bravura y nobleza a ese maestro al que enamoró en el campo  con su bella lámina y su galopar alegre. Todo está hecho, el idilio llega a su fin, como en las mejores óperas en las que alguien tiene que morir. Estoconazo monumental de Ferrera, en todo lo alto, volcándose sobre el morrillo de Luna Llena, en un adiós digno y acorde a su bravura, dejándole aún al maestro cuatro naturales soberbios arrastrando la muleta como despedida que son un regalo del cielo. Ferrera se sienta en el estribo con evidente emoción en su rostro  para ver a Luna Llena doblar las manos, estampa que suma aún más aromas de torería a todos los que llenaron La México durante la faena. Dos orejas sin discusión alguna, incluso me pareció poco, y una apoteósica vuelta al ruedo del maestro Antonio Ferrera consagrado como figurón del toreo. E incomprensible y ciertamente desacertada decisión del Juez de Plaza la de no premiar a Luna Llena con una merecidísima vuelta al ruedo, ni tan siquiera el arrastre lento. ¿En qué estaba pensando el señor Juez?. Está claro que en todas partes pasa lo mismo, lo peor del toreo son los palcos, no hay remedio.
Dos orejas para el balear-extremeaño que bien pudieron haber sido tres de no haber fallado con los aceros en el primero,  otro animal de muy buenas hechuras, como toda la corrida de Villa Carmela, excepto el segundo, justito de trapío y protestado de salida, muy serio, acapachado, astifino y ligeramente vuelto de pitones al que Ferrera recibe a la verónica, templadas, acompasadas, acompañando el viaje con la cintura quebrada, ligadas a delantales (mandiles dicen en México) soberbios y una media desmayada para abrochar el saludo capotero de auténtico cartel, como las tapatías mexicanas con las que saca al toro del caballo, preciosas, galleando, una auténtica maravilla que hacen retumbar al embudo de Insurgentes. La madurez torera del maestro es algo sublime de lo que hay que disfrutar sorbo a sorbo, degustar sus aromas y apreciar el inmenso sabor de su toreo en una temporada que promete ser antológica. inicia la faena a pies junto al hilo de las tablas, templadísimo, andándole con torería hacia los medios, se lo lleva por bajo, una trincherilla hace rugir a los tendidos en una olé brutal para perfilarse y comenzar a torear en redondo, todo muy despacio, acariciando al toro, conduciendo la embestida en largo, bajando la mano, tanto que el animal pierde las manos por lo que le obliga. Noble y enclasado el de Villa Carmela pero justo de fuerzas. Lo sabe Ferrera y comienza a administrar las distancias, la altura, el ritmo y la pausa con suma maestría, todo a favor del toro que va a más gracias a esos cuidados. Naturales con hondura y la mano baja coreados con olés rotundos, redondos templadísimos y ligados sin retirarle la muleta de la cara, muy lentos, eternos, parando el tiempo, muy a la mexicana, rematando las series con sensacionales pases de pecho. Y los aficionados locos de alegría ante el gusto y la clase descomunal del español, lección de saber y de mando enmarcada por la torería que le acompaña en cada lance, en cada pase, en cada adorno o cada remate, como los últimos trincherazos y pases por bajo cargados de aromas a toreo añejo. Una lástima que el estoque no entrara a la primera porque una oreja hubiera sido pedida por los aficionados casi con total seguridad viendo la pasión y la emoción con la que disfrutaron de la faena de Antonio Ferrera, un maestro, un toreras de pies a cabeza. 
Por su parte ni Arturo Saldívar ni Diego Silveti tuvieron opciones algunas con sus respectivos lotes, y eso que el primero regaló un sobrero que tampoco colaboró para el lucimiento. Ambos derrocharon ganas, entrega y disposición, amén de una capacidad técnica y lidiadora de altura, pero ninguno de sus toros se prestó al lucimiento. Ejemplares todos deslucidos, unos más sosos que otros, otros soltando más la cara, con más o menos peligro, pero todos ellos sin entrega, sin clase, sin humillación, en general a la defensiva, y tampoco muy sobrados de fuerzas. Mucho hicieron Saldívar y Silveti poniéndose en la cara, con gran dignidad y pundonor, tratando de robar aunque fuera un muletazo a sus oponentes, pero lo poco que lograron careció del ritmo y la continuidad necesaria para llegar a transmitir, aunque queda en le recuerdo un quite de Silveti por rogerinas y un par de series en redondo de Saldívar que fueron sin duda lo mejor de su actuación. En cualquier caso, creo que estuvieron muy por encima de sus lotes y nada se les puede reprochar.
Estaba escrito que la noche de Luna Llena era para Antonio Ferrera. Inspiración, emoción y sentimiento en La México.

Antonio Vallejo

P.D: Para quien quiera disfrutar con la torería del maestro Ferrera les dejo el enlace
       Monumental Plaza México, Corrida del 27-ene-2019

domingo, 27 de enero de 2019

Larga y pesada madrugada


No se me ocurre mejor manera de definir la corrida del pasado domingo con la que arrancó la segunda parte de la Temporada Grande mexicana. Larga porque  arrancó a las once y media de la noche y el octavo toro, sí, han leído bien, el octavo y último se arrastraba pasadas las tres de la madrugada hora española. Ocho toros de Fernando de la Mora y no porque en el cartel se anunciaran cuatro matadores, puesto que los acartelados eran Sebastián Castella, Octavio García "El Payo" y Juan Pablo Sánchez, sino porque tanto Castella como El Payo regalaron un sombrero cada uno cumpliendo con esa tradición mexicana tan peculiar. Y pesada porque uno tras otro iban saltando al ruedo y realmente poco o muy poco transmitían los ejemplares de Fernando de la Mora que , por cierto, estuvieron muy bien presentados, serios, con buenas hechuras y más volumen y ofensividad de los que suele estilarse por allí, a excepción del quinto que, a modo de ver, era un toro basto, con mucha caja y poca cara, muy justito de pitones, desproporcionado, en resumen, feo, para no dar más vueltas.   Así que es fácil deducir que no fue nada sencillo mantener los ojos abiertos y vencer al sueño y las tentaciones de irse a dormir, pero al final, como casi siempre pasa con esta bendita afición, le espera mereció la penable séptimo, un gran toro al que el francés Sebastián Castella cuajó en una extraordinaria faena.  Cierto es que la corrida no empezó mal con un primer toro noble y con clase al que Castella llevó con temple y suavidad en la muleta en los primeros compase del trasteo, flexionando la rodilla, alargando el viaje, andándole con torería para llevárselo a los medios y rematar ese prólogo con una trincherilla de cartel que precedió a un par de tandas por el pitón derecho templadas y lentas, conduciendo la embestida muy despacio, a la mexicana, dejándole la muleta puesta para ligar los redondos con clase y gusto, dejándonos en la retina un cambio de mano extraordinario para dejar al toro perfectamente colocado para torear al natural y desplegar toda su capacidad técnica, inmensa, tapándole la salida y así corregir la tendencia del toro a irse al final del muletazo, ligando los naturales en una baldosa. Pero al toro le faltó empuje, raza y más duración para que la faena rompiera y se rajó demasiado pronto, comenzó a defenderse y al francés no le quedó otra que irse a por la Tizona y pasaportar a ese primero que no dejó buen sabor de boca en esas cuatro o cinco tandas que tuvo. El segundo tampoco estuvo mal, un toro al que el mexicano Octavio García "El Payo" toreó con mucha clase y elegancia, muy seguro y relajado en una faena inteligente aprovechando el buen pitón derecho del animal, adelantando la muleta, llevándole muy toreado, tirando de él con suavidad, muy templado, la mano baja, acompañando la embestida con la cadera, redondo largos y profundos, bajando la mano, arrastrando la muleta, poderoso, exprimiendo la clase y nobleza de un toro al que también le faltaron fuerzas y se acabó demasiado pronto. Al hilo de las tablas finalizó su faena el de Querétaro robando al animal los últimos muletazos con unas trincherillas y cambios de mano que desprendieron sublimes aromas de torería y nos dejaron un magnífico sabor en el paladar. A partir de ahí comenzó una deriva hacia lo anodino que a medida que pasaban las horas e iban saltando uno tras otro los ejemplares de Fernando de la Mora hacía que mantenerse frente al televisor fuera una labor de mérito. El tercero fue un toro sin recorrido, soso y deslucido, que pasaba sin más, como quien va a comprar el pan, sin más, sin entrega, sin emoción, a media altura, al que Juan Pablo Sánchez no pudo obligarle ni lo mínimo porque para colmo se venía abajo. El de Aguascalientes tan solo puso poner ganas y más ganas, pero cualquier intento de lucimiento era en vano y lo mejor que hizo fue pasaportarlo  con prontitud. El cuarto tampoco humilló, le faltaba ritmo, era tardo y soltaba la cara a cada muletazo. Tiró de técnica el galo, le puso la muleta adelantada, trató de tirar del animal bajándole la mano pero el de Fernando de la Mora no se entregó y la faena no pasó de la mediocridad a pesar de los intentos de Castella por robar algún muletazo suelto con cierta hondura, pero el conjunto resultó deslucido y carente de emoción, incluso se le protestó que acortara las distancias con el toro ya rajado y la impaciencia y el desánimo empezaba hacer mella en los tendidos de La México. El quinto, más de lo mismo, soso y deslucido, sin raza, sin recorrido, sin fuerza, a la defensiva, soltando la cara, sin una gota de emoción, absolutamente imposible, ante el que "El Payo" nada pudo hacer por lo que, visto lo visto y sin querer irse de vacío, el mexicano pidió el de regalo. Fue pedir eso y tras el arrastre salió Castella al tercio e hizo la misma solicitud al Juez de Plaza, que accedió a otro sobrero más de regalo, con lo cual la cosa iba a alargarse mínimo, cincuenta minutos más. Y de verdad que no eran horas para tanto exceso, sobre todo porque los dos de regalo eran del mismo hierro y si su juego iba a ser el mismo que el de sus hermanos... Para colmo, cuando las cosas se tuercen lo hacen de verdad y cualquier situación es susceptible de empeorar, saltó el que hacía sexto, un manso de solemnidad, que rehuyó los capotes, que salía rubricado del peto del picador en cuanto sentía el acero, rebrincado, dando vueltas por el anillo de Insurgentes abolutamente desentendido, sin orden ni concierto, un caos, una capea que alcanzó momentos de auténtico sainete cuando nadie acertaba a saber si el Juez de Plaza había cambiado el tercio o había devuelto el toro a los corrales, algo que hubiera sido ya de traca, devolver a un toro por manso. Se armó la marimorena, el público protestando, Juan Pablo Sánchez y su cuadrilla sin saber qué hacer, el torilero que si abría o no la puerta, un espectáculo lamentable pero que al menos me sirvió para espabilarme a esas horas de la madrugada. Como era de esperar no pudo haber faena de muleta alguna ante un manso que huía a tablas buscando la salida y al que Juan Pablo Sánchez hizo lo que había que hacer, machetearlo por bajo y pasaportarlo con la mayor brevedad posible, que al final no fue tal ante las complicaciones que le presentó el toro a la hora de entrar a matar. Por lo menos el de Aguascalientes no pidió otro más de regalo, ¡menos mal!. 
Y saltó el séptimo, un cárdeno largo y proporcionado, con cuello, serio pero agradable de cara, abrochadito de pitones, de los que, como suele decirse, caben en la muleta. Repite y humilla en el saludo capotero de Castella, verónicas suaves semiflexionado rematadas con una media plena de gusto. El de Fernando de la Mora se dejó pegar en le caballo, sin empujar, pero su movilidad y fijeza permitió a Fernando García padre e hijo cuajar un excelente tercio de banderillas, especialmente el hijo que dejó dos pares de poder a poder, con pureza y limpieza, saliendo de la cara con torería. Ese buen tranco y esa embestida con clase que desplegó en banderillas el de Fernando de la Mora la mantuvo en la muleta. Faena que inició el galo fiel a su estilo, puro Castella, en los medios, clavando las zapatillas, vertical, dos cambiados por la espalda intercalados con dos estatuarios pasándose los pitones a milímetros de la chaquetilla para ligar sin solución de continuidad una serie por el pitón derecho templada y a mano baja que remata con un sensacional pase de pecho. Toreo en redondo de mucha altura, toreo con empaque, relajado, con naturalidad, templadísimo, arrastrando la muleta, alargando el viaje, el compás abierto, la cintura rota, pura belleza, tandas de derechazos rotundas, con profundidad y estética, los cambios de mano fueron supremos, los de pecho que abrochaban las series monumentales, lo olés hacen crujir a La México, por fin la emoción del toreo invade las alicaídas almas de los aficionados, huérfanos de esperanzas. Pero esta el la magia del toreo, esta es la grandeza de este Arte, esta es la verdad de la afición, nada está determinado y, nunca mejor dicho, hasta el rabo todo es toro. Mereció la pena aguantar hasta esas horas para disfrutar de esos redondos, y de los naturales arrastrando la muleta, con hondura, ligados en un palmo de arena, perfecta colocación, sin enmendarse, grandísimo toreo de Castella, puro y refinado, gloria bendita, como el epílogo por el pitón derecho, muletazos lentos, eternos, majestuosos, con la México en pie rompiéndose las palmas a aplaudir a un gran toro, bravo, encastado y con mucha clase y a un gran torero, una auténtica figura aquí y allí. Si hubiera algo que reprocharle a Sebastián Castella fue que quizás se pasó de metraje en la faena, pero es que le toro era tan bueno y repetía con tal fijeza y humillación que a ver quien se resistía a seguir toreando tan a gusto como lo hizo el francés. Una pena que al exprimir tanto al de Fernando de la Mora no le ayudara nada a la hora de matar y la espada cayó muy baja haciéndole perder los trofeos, porque estoy seguro que si hubiera matado bien las dos orejas habían ido al esportón sin discusión alguna. Pero esa estocada defectuosa no emborrona la grandísima faena con la que Castella nos hizo soñar el toreo una vez más.
Y aunque aún restaba por salir de toriles el segundo sobrero de regalo para "El Payo" puede decirse que la corrida acabó con la calurosa  vuelta al ruedo de Castella porque el que hizo octavo no sirvió para nada. Distraído y desentendido desde su salida, de embestida descompuesta en el capote y en la muleta, sin humillar, sin entrega, sin clase ni raza. Lo intentó Payo pero el toro no tenía ni un pase, imposible a más no poder, cerrando así una corrida gris en la que tan solo se salvó un toro de ocho, pobre balance, y en la que los matadores anduvieron por encima de sus oponentes.
Así pasó la duodécima de la Temporada Grande el pasado domingo, esta noche llega la decimotercera con la presencia del maestro Antonio Ferrera, motivo más que suficiente para sentarme de nuevo frente al televisor y disfrutar de otra madrugada para soñar el toreo. Le acompañan en el cartel Arturo Saldívar y Diego Silveti con toros de Villa Carmela. Tan solo espero que no sea larga y pesada.

Antonio Vallejo

sábado, 19 de enero de 2019

Temporada Grande en La México, segunda parte..¡y Ajalvir en puertas!


Ya está aquí la segunda parte de la Temporada Grande en La México, una vez concluida una primera que nos ha dejado en la memoria pasajes de grandísimo  toreo y de intensas emociones. Será difícil olvidar la antológica faena De Diego Ventura y el indulto al toro Fantasma aquella ya lejana madrugada del 11 de noviembre que inauguró la Temporada Grande, o la emotiva, elegante, torera y triunfal despedida de Ignacio Garibay, la torería y la verdad de Andy Cartagena, Arturo Macías "El Cejas" y Leo Valadez con una complicada y  deslucida corrida de José María Arturo Huerta y Arturo Gilio, el toreo con empaque y sabor añejo de Diego Urdiales, la vergüenza torera de "El Payo" que pagó con sangre su arrojo y el triunfo de Sergio Flores ante toros de Xajay, las faenas cumbre de Antonio Ferrera la madrugada del 9 de diciembre, arte, sentimiento y torería frente a toros de Santa Bárbara, la coronación de Andrés Roca Rey como figuran del toreo en la corrida guadalupana del 12 de diciembre en la que el peruano aunó valor, emoción, pasión, arte, torería pura, y, ¡cómo no!, la noche del 16 de diciembre en la que la emoción alcanzó cotas impensables en el adiós a los ruedos de un hombre ejemplar, íntegro, un modelo a seguir, fiel, leal, batallador, inasequible al desaliento, vencedor de la adversidad, dueño de la fuerza ante el dolor, sacrificio y superación son sus señas de identidad, además de un TORERO, Juan José Padilla. Todo eso lo vimos y lo vivimos con intensidad gracias a Canal Toros y las retransmisiones en directo desde La México, un auténtico lujo que nos acercan a esa manera tan especial de vivir el Arte en aquella tierra. Después ha habido cuatro corridas celebradas los días 23 y 30 de diciembre y el 6 y 13 de enero que no he visto no por falta de ganas sino porque no han sido transmitidas en España. Corridas con toreros mexicanos como Federico Pizarro que también se despidió del toreo, Fermín Rivera, Gerardo Adame, Fabián Barba, Calita, Diego Sánchez, Alfredo Ríos "El Conde", Uriel Moreno "El Zapata" o José Luis Angelino, en las que lo más destacable fueron las orejas cortadas por los veteranos Pizarro y "El Conde" y lo más triste sin duda fue la grave doble cornada sufrida por Fabián Barba ante un sobrero de regalo del hierro de Monte Caldera. 
Todo eso es ya historia, como lo es ya gran parte de la temporada americana, a todo tren en no solo en la plazas mexicanas, también en Perú con un Enrique Ponce apoteósico en Lima, en Colombia, en la feria de Manizales con Juli y también Ponce a hombros tras una tarde histórica en la que brindaron un homenaje al Arte en toda su extensión, poderío, mando, técnica, conocimiento, gusto, clase y dosis infinitas de torería, en Venezuela,  el toreo no para, vive a un ritmo frenético al otro lado del Atlántico, y para demostrarlo ya tenemos aquí la segunda parte de la Temporada Grande de la Monumental azteca. Una segunda parte que mañana mismo, a las once y media de la noche hora española, llegará a través de Canal Toros. Cinco madrugadas para seguir viviendo el toreo que van a servir de aperitivo a la temporada española que ya mismo abrirá sus puertas. Cinco madrugadas con los siguientes carteles:

Domingo 20 de enero: Toros de Fernando de la Mora para Sebastián Castella, Octavio García "El Payo" y Juan Pablo Sánchez.

Domingo 27 de enero: Toros de Villa Carmela para Antonio Ferrera, Arturo Saldívar y Diego Silveti.

Lunes 4 de febrero: Toros de Montecristo para el rejoneador Diego Ventura y los matadores Joselito Adame, Andrés Roca Rey y Ernesto Javier "Calita".

Martes 5 de febrero: Toros de Los Encinos para el rejoneador Pablo Hermoso de Mendoza  y los matadores Enrique Ponce, Sergio Flores y Luis David.

Domingo 10 de febrero: Corrida de la oreja de oro.

Carteles a mi modo de ver muy bien rematados en los que están los nombres que han dado brillo y esplendor a la primera parte de la temporada y que estoy convencido que van a llevar a los tendidos de La México a muchos más aficionados que la media de lo que vimos en lo festejos de noviembre y diciembre, no digo ya los de enero que he leído que la asistencia fue casi testimonial. Atractivos hay, desde luego, y ya tengo ganas de ver salir al primer toro de Fernando de la Mora y ver a Castella desplegar su capote para recibirlo y empezar a soñar el toreo una vez más.
Como decía, el planeta toros no para, tenemos a la vista ya la primera feria de la temporada española, en la madrileña plaza de Ajalvir sonarán el sábado clarines y timbales anunciando al primer toro en saltar a la arena en España, aunque un día antes lo harán anunciando un novillo. Sí, así va a ser, lo siento por los antitaurinos y antiespañoles, ya estamos otra vez aquí, no podéis con nosotros, somos más y mejores. Y para que vayan abriendo boca así serán los carteles de Ajalvir:

Viernes 25 de enero: Novillada sin picadores con reses de San Isidro para Álvaro Burdiel, Guillermo García y Daniel Pérez.

Sábado 26 de enero: Toros de Jódar y Ruchena para Sánchez Vara, Salvador Cortés y Fernando Adrián.

Domingo 27 de enero: Toros de Marqués de Quintanar para Gómez del Pilar, Lama de Góngora y Miguel Angel Pacheco.

Y tras Ajalvir vendrá la también madrileña localidad de Valdemorillo cuyo ayuntamiento ha tomado las riendas para componer a contra reloj los carteles para la Feria de San Blas y La Candelaria prevista para los días 4, 9 y 10 de febrero y que ha estado en el aire en las últimas fechas. Hubiera sido una lástima que no se hubiera celebrado una feria que cada año iba ganando peso por su seriedad y la cuidada elección de los nombres que por su coso hacían el paseíllo. Y el 23 de febrero llegará el esperado mano a mano en Vistalegre entre Jesús Manuel "El Cid" y Emilio de Justo frente a toros de Victorino Martín, Puerto de San Lorenzo y Parladé en la que será la primera gran tarde de la temporada madrileña y que promete ser espectacular. Las emociones fuertes tendrán continuación el 9 de marzo en una localidad próxima a Madrid, la toleraba ilesa que ha anunciado un cartelazo de auténtico lujo en el que José María Manzanares, Morante de la Puebla y Roca Rey matarán toros del hierro madrileño de José Vázquez, casi nada. Tomará el relevo Valencia con sus Fallas, una semana después Castellón con la Feria de la Magdalena, luego aparecerá el abril sevillano en el horizonte cuyo final compartirá fechas con el nacimiento  de un nuevo San Isidro, ¡de locura lo que se nos viene encima!.
¿Alguien se lo quiere perder?. Disfrutemos del Arte, disfrutemos de lo nuestro, disfrutemos del toreo, ya lo tenemos aquí, un año más, una temporada más para soñar y soñar.

Antonio Vallejo

jueves, 3 de enero de 2019

¡Feliz año nuevo taurino!


Un nuevo amanecer, un nuevo año que acaba de arrancar, lleno de ilusiones, de deseos, de planes, de retos, de proyectos, doce meses por delante para hacer realidad muchos sueños. Aunque a muchos les pese, aunque les fastidie con “j”, también arranca un nuevo año para el toreo, una nueva temporada cargada de sueños, ilusiones y deseos que en nuestro caso, el de los taurinos, se harán realidad por muchas trabas que nos pongan, aunque nos insulten, aunque nos quieran intimidar y agredir, da igual, este Arte es tan grande que nada le puede detener. Llevamos ya muchos años soportando la brutal campaña política manejada por la izquierda, la “moderada” y la radical, que en realidad son todas lo mismo, cuya única finalidad, siempre lo he dicho, es destruir España y todo aquello que les suene a español, y los toros son posiblemente unos de los máximos exponentes de españolidad. No pueden soportarlo, mienten y lo visten de animalismo, de falso ecologismo, cuando en realidad no tiene ni idea de lo que es y lo que significa el toro bravo, es más, no les importa, en el toro ven a España y por eso quieren acabar con él. Pero enfrente se encuentran a hombres que empeñan su vida y su dinero para criar y mantener viva la especie del toro bravo, a hombres que empeñan su salud y su vida enfrentándose a un toro para crear Arte y a hombres que pagamos honradamente y con los impuestos correspondientes para organizar festejos y así disfrutemos de una afición con siglos de tradición. Mientras haya un ganadero, un torero, un empresario y un aficionado cada nuevo año nacerá una nueva temporada, no podrán con nosotros, jamás. Así ha sido durante siglos y así va a seguir siendo, más aún este año que ha hecho aparición en la escena política un nuevo partido que ha puesto la defensa de la tauromaquia como uno de los puntales de su programa. Ese partido, creo que a  ninguno de ustedes se les escapa, es VOX, que ha irrumpido con una música que suena realmente bien en muchos aspectos que han sido despreciados por los partidos que se han repartido el pastel y muchos beneficios durante tantos años de corrupción. Luego habrá que ver lo que pasa cuando comiencen a caminar, habrá que ver si no desafinan, pero de momento suena muy bien todo lo que atañe a la defensa de España, de su Unidad, de lo español, de sus raíces católicas, de sus tradiciones, de la defensa de la vida frente al criminal aborto y, por supuesto, de los españoles frente a la invasión organizada y programada que estamos sufriendo a través de nuestras fronteras. Y parece ser que a mucha gente también le ha gustado que alguien diga las cosas claras, que hable sin complejos de lo que realmente preocupa e importa a muchos españoles hartos ya de tanta economía, que al final solo va bien para los que manejan el poder, de un lado y del otro, mientras los demás tenemos que pelear cada día por sacar adelante a nuestras familias, por dar la educación que queremos a nuestros hijos, por defender nuestras creencias y porque están hartos de la dictadura de lo políticamente correcto. Al menos así lo deduzco si hago caso a lo ocurrido en Andalucía. Me resulta muy gracioso escuchar ahora a Pablo Casado hablando explícitamente de la importancia de la caza, la pesca ¡y los toros!, haciendo una defensa de ello a capa y espada. Parece mentira, años de silencio, mirando de perfil, ni sí ni no, estilo rajoyesco, y ahora que vana a menos se ponen a rebufo de las ideas de VOX, ahora se dan cuenta que los taurinos existimos, cuando durante años nos han despreciado, han callado y no han dicho nada en su defensa, quizás algunos a título particular, pero nada oficialmente. Han visto que se le escapan los votos y han acudido cual buitres a recuperar alguno. Quizás sea tarde y se tengan que lamentar de haber despreciado a tantos por esa absurda idea de “centrarse”. Hay cosas que importan más que la economía, que son nuestras raíces, nuestra esencia, y la tauromaquia es una de ellas. No somos pilas de monedas, somos un pueblo con una historia gloriosa que  nos hizo Una y Grande, un pasado que nos honra y que la izquierda quiere borrar con la ayuda de ese PP silencioso, cobarde y traidor tal y como ha demostrado, por ejemplo,  con la terrible e infame Ley de Memoria Histórica. Repito, luego habrá que ver como responde VOX cuando tenga responsabilidades, de momento suena bien, pero el movimiento se demuestra andando.
No sé en lo demás pero en lo que respecta a la tauromaquia no hay duda que tiene un padrino de lujo, Morante de la Puebla, que estoy convencido que mucho ha tenido que ver en los resultados electorales de Andalucía. Doce han sido los escaños que ha conseguido, dos por verónicas con sabor a romero, dos por medias para soñar, dos por chicuelinas bajas con aromas de azahar, dos por redondos eternos, dos por naturales infinitos y los dos últimos trincherillas de duende y pellizco. Y tiene narices que el maestro Morante por el simple hecho de haber expresado sus ideas y apoyar a una opción política tenga que estar aguantando que le hagan pintadas en su finca y le amenacen, bonita democracia.
Centrándonos en los toros, mientras América sigue a todo ritmo, Perú, Colombia, Ecuador y México con media Temporada Grande en la capital aún por desarrollarse, la nueva temporada 2019 española y francesa comienza a tomar forma, aunque solo sean apuntes de lo que está por venir, que va ser mucho, en un claro ejemplo que el toreo no descansa, es interminable, no para, aquí ya allá, da igual el mes del año, siempre habrá una plaza en la que lidie una corrida de toros. Francia ha sido madrugadora en este aspecto y plazas como Vic-Fezensac anuncia ganaderías para su Feria de Pentecostés en junio: Pedraza de Yeltes, Dolores Aguirre y Cebada Gago además de una corrida concurso de La Quinta, Saltillo, Partido de Resina, Pagés-Maihlan, Flor de Jara y Los Maños completan un elenco ganadero de carácter marcadamente torista. Otra plaza importantísima en el país galo, Arles,  cierra también los hierros que conformarán su temporada centrada en la Feria de Pascua en abril y la Feria del Arroz en septiembre. Serán los de Palha, Jandilla, Garcigrande, La Quinta, Adolfo Martín, Pedraza de Yeltes, Torrestrella, El Tajo y La Reina, Núñez del Cuvillo, Domingo Hernández, Zalduendo y Los Espartales para rejones. Otra que se suma al carro de los anuncios es Ceret que para su fin de semana torista de julio prepara dos corridas de toros con reses de Juan Luis Fraile y Saltillo. Nos falta por saber de Nimes, pero seguro que en breve comenzará a desgranar lo que será la temporada de la más importante plaza francesa.
Por su parte en España hay mucho y suculento para ir abriendo boca. Ya hay anunciados dos tentaderos públicos en Madrid, uno el próximo 19 de enero en Valdilecha a beneficio de Cáritas y que contará con Miguel Tendero, Esaú Fernández, Fernando Adrián y el novillero Rubén Fernández, y otro el 16 de febrero en Moralzarzal a beneficio de la Federación Española de Enfermedades Raras en el que se lidiarán novillos de Peñajara para Pepe Luis Vázquez, Julio Aparicio, Manolo Sánchez, Luis de Pauloba y Toñete, aunque como cada año supongo que será Ajalvir dentro de unas semanas, allá por el 26 y 27 de enero, la plaza que tenga el honor de escuchar clarines y timbales y ver saltar al ruedo al primer toro de la temporada, pero aún no hay nada confirmado al respecto. Quién sí ha presentado el cartel de su Feria de San Blas y la Candelaria ha sido Valdemorillo. Precioso cartel, por cierto, para esta feria madrugadora que va ganando en prestigio y reconocimiento cada año. Cierto que no están definidos ni los matadores ni las ganaderías pero no creo que tarden puesto que falta tan solo un mes para que la plaza madrileña abra sus puertas. Seguirá siendo Madrid en estos primeros compases de la temporada, concretamente la plaza de Vistalegre, quien acapare la atención de los aficionados con un interesantísimo mano a mano entre Jesús Manuel “El Cid” y Emilio de Justo frente a dos toros de Victorino Martín, dos de Puerto de San Lorenzo y otros dos de Parladé en lo que será también un desafío ganadero para abrir el año taurino en la capital. Todo un acontecimiento como aperitivo a la espera que Las Ventas ponga luz a lo que será su temporada. De momento en referencia a la primera plaza del mundo, aunque supongo que abrirá sus puertas el Domingo de Ramos y que también anunciará su cartel de Resurrección, dos fechas que esperamos con auténticas ganas los aficionados madrileños. A partir de ahí las novilladas coparán los carteles de los domingos hasta que el mes de mayo irrumpa con toda su fuerza primero con la Feria de la Comunidad y días después con San Isidro, pero para eso aún queda, no tanto como parece, ya mismo estaremos viendo aparecer noticias y combinaciones de lo que serán los carteles definitivos. De lo poco que se sabe es que Puerto de San Lorenzo va a lidiar este año tres tardes en la Monumental, seguramente dos en mayo y la tercera en la Feria de Otoño. Quien sí que ya tiene perfilada lo que promete ser una gran feria es Castellón, que entre el 24 y el 31 de marzo celebrará su Feria de la Magdalena para la que contará con nombres de auténtico lujo. En el coso castellonense harán el paseíllo Morante de la Puebla, Enrique Ponce, El Juli, Roca Rey, Manzanares, Cayetano, El Cid y Varea, entre otros, para matar corridas de Garcigrande-Domingo Hernández, Juan Pedro Domecq, García Jiménez, Núñez del Cuvillo y Victorino Martín, Adolfo Martín o Fuente Ymbro. Será sin duda un gran serial pocos días después de la primera de las grandes ferias, la de Fallas en Valencia, que tan solo ha confirmado la presencia de los toros de Victorino Martín y la reaparición de Paco Ureña tras el percance el pasado mes de septiembre en Albacete que le hizo perder la visión de un ojo. Una reaparición que esperamos con impaciencia todos los aficionados, deseosos de volver a disfrutar con la pureza del toreo del  murciano.
También parece claramente definido el cartel de una de las fechas icónicas de la temporada española, el Domingo de Resurrección sevillano que tan solo baraja cuatro nombres, Morante, Manzanares, Juli y Roca Rey, todo en función de que el de la Puebla continúe o no en su negativa a que se le retransmita por televisión. En fin, ya veremos, pero en cualquier caso será un cartelazo. Lo que  está confirmado por el propio Ramón Valencia es que será Miura el hierro que un año más cierre la Feria de Abril sevillana, que quiere que Diego Ventura toree en La Maestranza este año y que dará un trato muy especial a El Cid en la temporada de su adiós a los ruedos. ¡Y qué ganas tengo de ir a Sevilla y sentir el toreo como esa plaza lo hace!. Digo lo mismo que con San isidro, la verdad es que no queda nada, sin darnos cuenta estaremos oliendo a azahar y romero, ya verán.
Y para terminar con estos apuntes de lo que vamos a vivir en los próximos meses hay que hablar, como cada año, de Pamplona, la Feria del Toro, que siguiendo fiel a su costumbre hizo pública en diciembre la relación de ganaderías que correrán por sus calles y se lidiarán en el coso de La Misericordia: Victoriano del Río, Cebada Gago, Jandilla, Puerto de San Lorenzo, José Escolar, Núñez del Cuvillo, La Palmosilla, El Capea-Carmén Lorenzo para rejones, la navarra ganadería de Pincha para la novillada y, como es tradición, la mítica Miura cerrando los sanfermines.
En resumen, son solo apuntes que nos ilusionan y que demuestran que el toreo no para, incombustible, en América, en España y en Francia, el planeta entero es un ruedo, para fastidio de intransigentes y deleite de millones de aficionados que como cada año soñaremos con toros de bellísimas hechuras y extraordinaria bravura, con lances de capote y pases de muleta que nos hagan soñar, con estocadas que valgan triunfos rotundos, con toreros a hombros a lo largo y ancho de nuestra geografía y también con toros que regresen al campo con vida por sus excelentes condiciones de bravura, nobleza y fuerza. Esa es nuestra afición, nunca podrán con nosotros porque somos muchos más y mucho mejores que ellos.
Queridos amigos, ¡Feliz año nuevo taurino!


Antonio Vallejo

lunes, 17 de diciembre de 2018

¡Hasta siempre, maestro Padilla! Gracias, gracias y mil veces gracias


Ayer dijo adiós a los ruedos un hombre de pies a cabeza, íntegro, fiel a sus principios, sus ideas y su estilo, siempre con la verdad por delante, sin engaños ni tapujos, transparente, lo que se ve es lo que hay, no ha escondido nada ni se ha guardado nada, lo ha dado todo por una profesión a la que ha amado y respetado desde novillero, no digo ya en sus 25 años como matador, un ejemplo de superación, de valentía, de capacidad de sufrimiento para vencer a la adversidad, un maestro, en definitiva, un TORERO, así con mayúsculas y escrito en oro, Juan José Padilla, el Ciclón de Jerez, el Pirata.
Esta última temporada del maestro ha sido apoteósica en los ruedos españoles. Valencia, Sevilla, Madrid, Pamplona, Bilbao, Málaga, Zaragoza, Nimes, por citar las más importantes o de máxima categoría, pero a lo largo y ancho de la geografía de España, Francia y Portugal se han sucedido los homenajes sinceros en decenas de plazas para reconocer y homenajear la trayectoria de un hombre que por donde ha pasado sólo ha dejado amigos. El pasado mes de octubre se despidió de la afición española en la plaza de Zaragoza, la que casi le vio perder la vida aquel 7 de octubre de 2011 con aquella terrible cogida. Ese día nació un nuevo Padilla, marcado en lo físico que no en lo anímico, ejemplar, dejando atrás tantos años de pelear aquí y allá con las corridas más duras que pudieran echarle, 79 ha matado de Miura, más de 60 de Victorino, 40 de Cebada Gago, ni se sabe las de Dolores Aguirre, Adolfo, Cuadri… para volver tan solo 5 meses después del brutal percance reencarnado en El Pirata, el nacimiento de una leyenda que ha disfrutado los últimos años de su carrera matando los hierros que jamás soñó, los de las figuras que suelen decir, Juan Pedro, Jandilla, Garcigrande, Alcurrucén, Cuvillo, Victoriano del Río… Se lo merecía, sin duda, premio a su dignidad y verdad.
Por cuestión meramente cronológica tenía que ser América la tierra que le viera decir el adiós definitivo. Hace unos días fue la plaza de Acho en Lima la que le tributó su merecido homenaje, pero el día más grande, y estoy seguro que también el más difícil para el maestro jerezano, llegó ayer en La México, la plaza más grande del mundo y la más importante de América, un marco incomparable para el adiós.
En la previa de la retransmisión de Canal Toros pude disfrutar de una entrevista muy emotiva que David Casas hizo al maestro este mismo fin de semana en la capital azteca. Una entrevista que nos descubrió una vez más al Padilla íntegro, una entrevista cercana e íntima que el maestro hizo girar en torno a los pilares fundamentales de sus vida, Dios y la familia. Todo se lo agradecía a Dios, el nacer, sus orígenes, su profesión y la capacidad de luchar y seguir día a día por grandes que fueran las adversidades, con verdadera Fe y sin ningún tipo de complejo, y a su familia, su mujer y sus hijos, puntales de su vida y sin cuyo infinito amor y ayuda no hubiera conseguido tanto como ha logrado en su vida. Una entrevista que ya llenó de emociones la noche española antes de que diera inicio el festejo.
Pero nada comparado con la intensidad de la emotividad que envolvió la Monumental y desbordó los sentimientos. Primera imagen, impactante, Juan José Padilla se presenta con un precioso y elegante vestido verde esperanza que lleva hojas de laurel bordadas en oro, una preciosidad de vestido, pero que encierra un significado muy especial. Ese vestido es el que llevó la tarde de su regreso en Olivenza allá por marzo de 2012, tan solo cinco meses después de la tremenda cornada de Zaragoza que le hizo perder el ojo izquierdo. Un vestido guardado desde entonces y que ha querido lucir en esta segunda puesta tan especial para despedirse en México de toda la afición mundial. Como Jack Sparrow, a orillas del Mar del Caribe, el Pirata nos dijo adiós. Segunda imagen, los pelos de punta al verle hacer su último paseíllo bajo los acordes de “Cielo Andaluz”, emocionado, degustando cada paso, sereno, responsabilizado. Y tercera imagen que hizo rugir a La México y seguro que a más de uno derramar una lagrimita, la manera que le presentó Yiyo: “tres veces hombre, ante el toro, ante la vida y ante sí  mismo”. En medio de una atronadora ovación y gritos de “Illa, illa, illa, Padilla maravilla” recibió el homenaje de los aficionados mexicanos. Las muestras de emoción en su rostro mientras respondía los aplausos y vítores eran más que evidentes y debo reconocer  que se me hizo un nudo en la garganta al poder asistir a ese momento tan cargado de emotividad aunque fuera por televisión.
Junto al maestro Padilla completaban la terna los mexicanos Arturo Saldívar y Fermín Espinosa “Armillita IV”, quien también tuvo su dosis de emotividad puesto que se rindió también un merecido homenaje a uno de los grandes del toreo mexicano, su tío Miguel Espinosa “Armillita chico” descubriendo un busto en su recuerdo al inicio del festejo, momentos que también cargaron de emociones a los presentes en los tendidos. Los toros elegidos para esta séptima de Temporada Grande pertenecían al hierro mexicano de Boquilla del Carmen, encaste Llaguno, que en conjunto estuvieron bien presentados, serios y más armados y ofensivos de lo que suele ser norma en el toro mexicano, de buenas hechuras, proporcionados y armónicos, pero que en cuanto a juego y condiciones resultaron muy decepcionantes salvo segundo y quinto, el lote de Saldívar que se llevó los dos únicos ejemplares que embistieron con clase, nobleza y bravura. El resto de la corrida salió blanda, parada y sin raza, con mínimas opciones para Padilla y Armillita IV. Una pena porque el Pirata seguro que había soñado con desplegar todas los vuelos de su capote y su muleta cual bandera con la calavera avivada por los vientos del Caribe.
Al primero, Flautista, lo recibe con dos largas cambiadas al hilo de las tablas que desatan los primeros olés. Toro tardo, no responde a la llamad de los capotes, muy deslucido, sin entregarse, reservón, echando las manos por delante y muy justo de fuerzas. Recibe un puyazo largo que no gusta, no empuja, se duerme en el peto. A la vista de las condiciones del animal Padilla cede los palos a su cuadrilla, algo que genera cierta incomprensión en algunos aficionados, pero hay una cosa clara, ese toro no colaboraba nada y el jerezano siempre ha mantenido una máxima, que es la verdad por delante, y si no podía brindar el tercio que el público merece mejor no hacerlo, nada de engaños. Yo particularmente se lo aplaudo, más aún cuando vimos lo complicado que fue de banderillear, toro  muy parado, reservón, resolviendo la papeleta con notable los subalternos. El brindis al cielo, posiblemente dando gracias a Dios por haber llegado hasta este día, y al público añade otra dosis más de emotividad a la tarde. En la muleta nada cambia, el toro sigue tardo y sin fijeza, le cuesta un mundo arrancar y cuando lo hace pasa, va, por inercia, sin entrega, sin humillar, soltando la cara, se defiende más que embiste en los muletazos de tanteo por su falta de fuerzas y de raza. No hace sino perfilarse Padilla para torear en redondo cuando al primer viaje Flautista suelta un derrote seco que golpea el pecho del jerezano, le deja sin aire, mareado, tremendo susto del que afortunadamente se repone sin consecuencias. Visto lo visto hace lo único que se debía hacer en esas circunstancias, cambia la lidia, echa la muleta abajo para someterlo y poderle, con la rodilla flexionada, ¡qué bien lo hizo y que bonito es cuando se lidia a la antigua con pureza!. De entre ese toreo por bajo surge imponente un pase de pecho monumental que despierta un olé rotundo y seco que estremece. Enorme el Pirata macheteando por bajo, el toro se queda a mitad del muletazo, suelta la cara una y otra vez, tornillazos con peligro, torea Padilla en la cara, con los pies, entregado, enorme voluntad y compromiso, jugándosela de verdad. Los aficionados aprecian y reconocen la sensacional lidia del maestro, el mérito que tiene lo que está haciendo y responden con una calurosa ovación.  Una media algo contraria seguida de un atasco con el estoque de cruceta no son impedimento para que se le reconozca el esfuerzo y la verdad de su faena con una cariñosas palmas que demuestran la sensibilidad de esta plaza. Y es que no todo es torera en redondo y al natural, cada toro tiene su lidia y as fue con Flautista.
El azar quiso que el último toro que iba a echar el cerrojo a la cerrera del maestro tuviera también nombre musical, Guitarrista, un cárdeno de 512 Kg serio y ofensivo, cornidelantero, buenas hechuras y bonita lámina. Con pies de salida, una larga cambiada de rodillas al hilo de las tablas es el saludo de Padilla a su último toro, galopa con buen tranco pero sale suelto, sin fijeza. Lo fija con cuatro verónicas a pies juntos con mucho gusto, suaves, sedosas, relajando la figura, jugando las muñecas con gracia, desprende torería, resuenan los olés, pero Guitarrista desafina, se para y no quiere saber más del capote de Juan José. También se le pega en el caballo, castigo duro para lo que se estila en México, se duerme en el peto, no empuja, algunas protestas que van a más cuando Padilla desiste de tomar los garapullos, pero este toro tampoco está para florituras, espera y corta poniendo en aprietos a Manuel Rodríguez “Mumbrú” e Ismael Rosas, demostrando por qué y con qué razón no colocó los pares el matador. El brindis a su mujer que pudimos escuchar gracias a la retransmisión de Canal Toros (alguna ventaja tenía que haber respecto a los que estaban en la plaza) fue precioso, profundamente sentido y emotivo, sin olvidar de felicitar a todos los aficionados por la ya cercana llegada del Niño Dios. De nuevo lo que dejó patente en la entrevista previa, Dios y la familia, la familia y Dios, siempre presentes en su vida, ejemplar. Lo prueba por bajo, flexionando la pierna, estampa añeja, muy torera, pero Guitarrista no quiere pasar, cortísimo recorrido, suelta la cara, desentendido, sin entrega. No espera la banda y se arranca con “Las Golodrinas”, que como ya hemos comentado otros días es la pieza musical que en México se utiliza para las despedidas, pura melancolía que emociona al Pirata, se aparta de la cara del toro y agradece el gesto con las lágrimas a punto de brotar en sus ojos. Esto espolea a Padilla y se desencadena el Ciclón, el de Jerez, se viene arriba y pone todo cuanto no tiene Guitarrista. Aprieta, le arranca los muletazos  poniéndole la muleta en la cara, le obliga a pasar, embiste el Ciclón, no el toro, la casta y la bravura la tiene Padilla, suena los olés, un natural se eleva al cielo entre la notas melancólicas de “Las Golondrinas” que no cesan de sonar en toda la faena, un natural templado, lento, bajo, desmayando la figura, un olé sentido rompe la plaza. El toro rajado, Padilla entregado, va tras Guitarrista, le planta la muleta, le provoca la embestida, todo corazón, todo raza, máximo compromiso y profesionalidad, sin rendirse ante la adversidad, así es el Ciclón, apasionado, la locura en los tendidos tras un abaniqueo en la cara que remata con un desplante rodilla en tierra repleto de aromas. El culmen llega a la hora de entrar a matar su último toro. Eleva el estoque, la muleta plegada en su otra mano acariciándole el rostro en señal del adiós a toda una vida de TORERO, inenarrable el momento, máxima emoción, sentimientos inacapaces de ser contenidos… y “Las Golondrinas” acompañan con su melancolía. El estoconazo es magistral, marcando los tiempos, volcándose sobre el morrillo, hundiendo el estoque hasta los gavilanes, Guitarrista rueda sin puntilla, el delirio en los tendidos, la oreja cae hubiera o no petición, el juez de plaza creo que ni atendió a eso, e hizo bien, no se podía cerrar una trayectoria como la de Juan José Padilla de otra manera, entre un clamor, “TORERO, TORERO”, como lo definió Yiyo, comentarista de la televisión mexicana, “peregrino del dolor y las cornadas, embajador de los toreros que sueñan la gloria”. Una vuelta al ruedo apoteósica envuelto en la bandera de España, con la de la calavera en una mano, el Pirata entonó por última vez su canción acompañado por “Las Golondrinas”. 
Va a ser muy difícil olvidar al maestro, la Fiesta le debe mucho y yo creo que todos le debemos mucho por su ejemplo, su entereza y su verdad, dentro y fuera del ruedo.
Hasta siempre, maestro. Gracias, gracias y mil veces gracias por tanto.



Antonio Vallejo

P.D: Una vez más tengo que disculparme por centrarme en Juan José Padilla, al que admiro como torero y como persona, pero ayer era su día, y esta vez nadie vino a estropearlo. Una pena que la sensacional actuación de Arturo Saldívar quede en un segundo plano porque estuvo sencillamente magistral. ¡Cómo toreó el hidrocálido!. Templado, con un gusto y una clase descomunal, entendiendo a la perfección a su lote, midiendo perfectamente las distancias y la altura de los muletazos, bajando la mano poco a poco, sometiendo a sus toros, toreo excelso por ambos pitones, redondos con profundidad, largos, con una despaciosidad sublime, naturales con hondura, ligados por bajo, tirando del toro, cosido a la muleta, torea encajado, metiendo los riñones, acompañando el viaje con la cintura, enroscándose a los toros, perfecto acople, perfecta conjunción toro-torero, rematando con unos de pecho de pitón a rabo, con trincherillas que quitan el sentido, arrucinas y cambios de mano monumentales, pases de desdén, manoletinas y bernardinas ajustadísimas, ritmo, emoción y transmisión en dos faenas de auténtico figurón del toreo que hubieran valido la puerta grande de no fallar con la espada ante el quinto tras haber cortado una oreja de mucho peso al segundo.

Poca suerte, o  ninguna, tuvo Armillita IV con su lote, imposible. Ambos toros reservones, a la defensiva, soltando la cara, con peligro, sin movilidad ni recorrido, clavados al piso. Tan solo pudo poner ganas y justificarse ante el tercero y optó por cortar por lo sano y abreviar ante el sexto bis, un sobrero de Xajay infumable.