viernes, 7 de junio de 2019

24ª de San Isidro: Día mundial del manso


Vivimos una época en la que hay un día mundial o internacional para la mayor chorrada que uno pueda imaginarse y hay organizaciones "sin fronteras" de lo más peregrino del mundo, aunque hay un par de ellas que suman, sin duda, miles de millones de afiliados, la de tontos sin fronteras e imbéciles sin fronteras, que en España tienen cola en la puerta para apuntarse y que a buen seguro son capaces de coaligarse  y pactar, algo muy de moda ahora. Hoy tenía que ser el día internacional del manso y el epicentro de la celebración tenía que estar en la plaza de Las Ventas, es la única manera que tengo de entender lo de esta tarde. Una mansada de Puerto de San Lorenzo que ha desembarcado en Madrid para desesperación de toreros y la mayor parte de aficionados, porque ha habido algunos que hoy tampoco es que hayan armado el ruido y hayan montado lo que montan cuando los toros pertenecen a otros hierros, digamos por ejemplo Juan Pedro, Jandilla o Garcigrande  por poner algún ejemplo, curiosa casualidad. Primero, segundo, cuarto, quinto y sexto han sido mansos, de libro, imposibles para el lucimiento, sin fijeza, huyendo de los capotes, sin entregarse en varas, parados y reservones en banderillas y nulos para la muleta, siempre huyendo a tablas, buscando con descaro la mínima rendija para irse sueltos, sin clase alguna, con la cara alta, a la defensiva, como mansos que eran, sin recorrido. Los cinco pitados en el arrastre, no era para menos, pero tampoco con la vehemencia de otras tardes, la verdad. Hay muy poco que destacar en le capote, quizás tan solo un par de verónicas acompasadas y una media de remate cargada de gusto con la que Ferrera recibió al primero, un detalle torerísimo en un recorte al dejarlo frente al caballo y dos lances de capa vistosísimos que yo creo que eran tijerillas, cruzando las manos para desdoblar el capote por el envés en el momento de llegar el toro, que ha hilvanado con un par de verónicas a pies juntos con cierto desmayo y la torería que impregna a cada paso que da. El resto, nada de nada, sin entrega ni fijeza, deslucidos a más no poder. Y las faenas de muleta se pueden resumir en lo dicho antes, caras altas, cabezazos, derrotes, corto recorrido, falta de clase y siempre buscando salida a tablas. Un par de trincherillas de Ferrera al primero cargadas de aromas toreros,  dos o tres naturales del balear en el cuarto que han tenido cierta hondura, lo mejor de Ferrera ha sido la brevedad ante lo imposible, y el mando de Perera ante el quinto, haciendo lo único posible, taparle mucho la cara, sin quitarle la muleta para así encelarlo y evitar su huida en dos tandas en redondo de mucho mérito y profundidad que no han sido valoradas por un público desentendido de lo que pasaba a esas alturas de la mansada, aunque algunos sí que hoy han entendido que lo que tocaba era meterse con Miguel Ángel Perera hiciera lo que hiciera, aunque estuviera digno y voluntarioso, tratando de robar al menos un pase o cuajando esas series comentadas. Tocaba reventarle. No creo que merezca la pena decir nada más de lo que han ido esos cinco mansos, los cuatro de los lotes de Ferrera y Perera y el sexto de López Simón que con excelente criterio se lo ha quitado de en medio con brevedad, era lo único que se podía y debía hacer. Solo añadir que esta tarde también ha banderilleado Fernando Sánchez, con eso queda todo dicho, sobran las palabras, apoteósico, y que el elenco de toreros de plata ha sido de auténtico lujo: Jose Manuel Montoliú, Javier Ambel, Curro Javier, Vicente Osuna, Jesús Arruga, Yelco Álvarez, Javier Valdeoro, José María Amores, ¡una pasada!. Así se ha lidiado de bien a la mansada y se han puesto los pares de banderillas que se han puesto resolviendo las muchas complicaciones con oficio y torería.
Entre toda esa mansada ha saltado en tercer turno un toro de nombre Garabito y que ha sido un oasis en el desierto de la mansedumbre. Toro con movilidad de salida al que Alberto López Simón recibió con el capote lacio y la figura relajada, repite aunque en los primeros compase no me pareció que metiera la cara con la clase que lo hizo después. Empuja en la primera vara, sin duda la mejor pelea de la tarde, pero a la salida pierde las manos, por lo que el segundo puyazo tan solo ha sido señalado. Uno de los momentos de mayor torería de la corrida lo hemos vivido a la salida de ese segundo puyazo, quite de Ferrera por delantales exquisitos andándole hacia atrás y una larga de remate que fue una auténtica maravilla. Replica López Simón con otro por gaoneras y tafalleras un tanto embarulladas pero con emoción por la movilidad del toro y lo cerca que el madrileño se lo ha pasado. El inicio de faena por estatuarios, derechazos, un cambiado por la espalda electrizante y uno de pecho soberbio nos devuelven al López Simón de aquellas grandes tardes isidriles de 2015 que le catapultó con las tres salidas a hombros en Madrid. Para mi el de Barajas ha tenido una gran virtud en este toro, que lo ha entendido a las mil maravillas desde le principio, lo ha llevado a los terrenos donde mejor podía lucir y allí lo ha toreado como creo que debía hacer para aprovechar la humillación y la clase que ha demostrado en la muleta. Un muy buen toro pero que personalmente creo que ha lucido más por el magnífico trato que le ha dado López Simón. Faena de temple y de colocación, de ponerle la muleta adelantada y llevarlo con muchísima suavidad, series en redondo ligadas por bajo, con enorme profundidad, con largura en el recorrido pero cortas y medidas, en el número de muletazos, administrando perfectamente las fuerzas del enclasado toro, siempre en el tercio, al abrigo del viento, en terrenos del 1. Sensacionales los de pecho con los que ha abrochado cada serie, garboso martinete, torero trincherazo, todo en medio del temple, la largura y la ligazón, toreo acoplado, toreo encajado, toreo de gusto y a gusto en esas magníficas series de derechazos. Con la zurda nos ha deleitado con extraordinarias series de naturales metiendo los riñones, hondura y ligazón, todo muy despacio, sin un solo toque a la muleta, temple supremo, pases de pecho monumentales y un molinete garboso para quedar colocado y recetar una última tanda en redondo con Garabito ya parado que me ha parecido sensacional por la entrega del madrileño, tirando del toro, alargando el muletazo de una manera que parecía imposible, y siempre por abajo, y siempre despacio, con mucha clase, con sumo gusto. Como parece que ahora es obligado cerrar las faenas con manoletinas o bernardinas, así lo ha hecho López Simón. Bernardinas de infarto, pasándose al de El Puerto a milímetros, cambiando el viaje en la última milésima, tanto que le ha prendido y volteado, cayendo de manera muy fea y quedando medio mareado, afortunadamente sin cornada, de milagro. Hecho un jabato se repone y vuelve otra vez por Bernardinas. Más de uno ha tenido que echar mano de una cafinitrina al ver a López Simón hecho un Ecce Homo volver a ponerse donde se ha puesto y pegar más bernardinas y uno de pecho antológico, lentísimo, interminable, de pitón a rabo, que ha puesto a la plaza en pie. Una oreja era segura de no haber fallado con la espada, la verdad es que parecía mareado y tambaleante y ha pasado las de Caín para matar. No ha habido oreja pero sí una fuerte ovación para premiar su entrega, su verdad y su magnífico toreo, y otra gran ovación para Garabito, un muy buen toro de Puerto de San Lorenzo que gracias a Dios no querido apuntarse al día mundial del manso.

Antonio Vallejo

jueves, 6 de junio de 2019

23ª de San Isidro: Robo indecente en Las Ventas


Vamos a jugar a lo que hacíamos de pequeños, aquello de adivinar películas, que también lo hacíamos como chiste. Se abren el telón. Aparece un toro y un torero. El torero lo torea con mando y poder, lo entiende a la perfección y por su mejor pitón compre series de una calidad y una belleza extraordinaria. Además con adornos de torería y dosis inmensas de valor al final. Lo mata de una estocada merecedora de premio al final de la feria tras un pinchazo y la plaza de Las Ventas es un mar de pañuelos pidiendo la oreja, menos unos  quince o veinte de una manada que dicen que no. Y en el palco un fulano que se acojona y no saca el pañuelo que debía por reglamento y que suponía la Puerta Grande para el torero. ¿Cómo se llama la película?: "Robo indecente en Las Ventas", de los creadores de "Comisarios cobardes" y "La infecta manada del 7". Eso es lo que de nuevo ha ocurrido en Madrid, cuyo palco tiembla cada vez que un matador va a abrir la Puerta Grande. Y eso que los presidentes son Comisarios de Policía. ¿Y estos son los que tienen que protegernos en nuestra sociedad?. Pues que Dios nos libre, menuda tropa. El personaje de hoy responde al nombre de José Magán Alonso, el que ha faltado gravemente al reglamento a sabiendas, porque ha tenido tiempo más que de sobra para contemplar el mar de pañuelos blancos ya que el tiro de mulillas ha tardado ni sé en enganchar al sexto de la tarde, y se ha negado a conceder una oreja legítima a Ginés Marín por miedo a que otro día le monten el numerito de las pancartas. Un miserable cobarde, un tipo sin un mínimo de dignidad, que se ha cagado vivo en los pantalones claudicando ante la presión de la manada, miedo, temor, terror a lo que le pudieran decir cuatro matones de un tendido que han impuesto su ley ante la falta de hombría de quien se supone que representa la ley, en este caso el reglamento, y que ostenta el cargo de Comisario de Policía, ¡qué asco!.
Una corrida de Garcigrande y Domingo Hernández que se ha remendado con uno de Buenavista desigual de hechuras pero que salvando el primero ha estado muy bien presentada, con seriedad, sin estridencias ni excesos de kilos, en general en tipo los cuatro de Garcigrande y el de Domingo Hernández. Solo con nombrar el hierro ya pueden suponer cual era la postura prefijada desde casa en el 7, es de los que tienen en su lista negra los talibanes. Protestar todo lo que saliera era la consigna, daba igual, y también molestar todo lo posible a los tres matadores. Una vez más han hecho el ridículo más tremendo tan solo con su actitud en el tercero, al que le han pitado de salida, alucinante. Un toro de preciosas hechuras, proporcionado, muy serio, cornidelantero sin exageraciones, astifino, con un trapío impresionante, y que ha tenido bravura, clase, humillación, repetición y duración. Pues la panda de sabios lo han protestado y se la han tenido que envainar cuando el animal ha sido despedido con una atronadora ovación en el arrastre. ¡Toma ridículo espantoso una vez más!. Si es que no tienen ni idea.  Lo que no ha estado tan bien ha sido el juego. Deslucidos y sin fondo alguno primero, cuarto y quinto, extraordinario el referido tercero, con clase mientras ha durado el segundo y bueno al romper en la muleta el sexto.
Ni una opción ha tenido Sebastián Castella con un lote imposible. Ninguno de sus toros ha tenido un pase, sin recorrido, sin fuerza, sin clase, sin raza, sin nada, pasaban, cuando lo hacían, con sosería y sin entrega, cabeceando, quedándose a medio viaje, revolviéndose, y otra vez a soltar la cara. Lo mejor del francés ha sido la disposición, intentando lo que a todas luces era imposible, y el haber abreviado con excelente criterio en ambos toros ahorrándonos el tedio de ver intentos de pases sin sentido alguno. Por cierto, ¡cómo ha estado la cuadrilla de Castella!, sensacionales  Rafael Viotti al banderillear  el primero y José Chacón en el cuarto, acompañados de Fernando Pérez, fácil y seguro.  Pares colocados en la cara, asomándose al balcón, saliendo con torería, grandes toreros de plata. 
Álvaro Lorenzo debe haber cometido algún pecado gordo porque si no es difícil entender la hostilidad continua hacia su toreo toda la tarde. No sé, quizás su pecado fuera abrir la Puerta Grande el Domingo de Resurrección del año pasado, cualquiera sabe lo que se les pasa por su mente enferma a estos sabios. El toledano ha recibido al segundo por verónicas templadas, con gusto, ganado pasos a un toro con nobleza pero ciertamente distraído, que ha empujado con un solo pitón en el caballo, desentendido en el quite por verónicas de Ginés, sin excesiva movilidad y fijeza en banderillas, lo que no ha sido impedimento para que Rafa González y Alberto Zayas cuajaran un grandísimo tercio de banderillas de poder a poder con mucha exposición, verdad y torería infinita a la salida de la suerte, viéndose obligados a responder desmonterados la estruendosa ovación. Los doblones de inicio, preñados de temple y torería muestran a un toro noble y enclavado, con movilidad y recorrido, además de tomar bien la muleta. Por le pitón derecho instrumenta tandas de redondos con cierta falta de contiunidad, unos muletazos los toma bien el garcigrande, otros protesta y cabecea pero en todos está presente el toreo de temple y mano baja de Lorenzo que liga las tandas con mucha clase pero con falta de ritmo por lo cambiante del toro, pero ha habido derechazos para enmarcar.  Por el pitón izquierdo han salido sin duda las mejores tandas, naturales con hondura, muy templados, de nuevo la mano baja, mando en la muleta, series ligadas en le sitio, a pesar que algunos estuvieran empeñados en amargarle la tarde protestándole todo. Toro noble y con condiciones mientras le han durado las fuerzas, por lo que se quedaba a medio recorrido desluciendo el conjunto o se paraba cuando lograba concluir el muletazo, por lo que el toledano quedaba lógicamente descolorado, pero no se le daba ni una milésima para volver a ponerse, ya estaban los de los sitios y el "estás fuera", molestos, cansinos, dando por saco una y otra vez. Pinchazo y entera arriba pasaportan al de Garcigrande y la cosa queda en silencio. Con el quinto ni una opción, un toro precioso y de excelentes hechuras, muy serio, pero que no le ha permitido nada más que alguna verónica suelta de recibo por su poca fijeza, un toro sin entrega, distraído, con la cara alta, que derriba por inercia en el primer puyazo más por inercia que por emplearse y que en banderillas se mostró parado, reservón, midiendo. En la muleta embiste a oleadas, con brusquedad, la cara alta, sin clase. Trata de templarlo en redondo, le ofrece la muleta pero dice que naranjas de la China, no se entrega, suelta la cara, derrotes violentos, defendiéndose. Peor por el pitón izquierdo, todas esas malas cualidades elevadas a la enésima potencia, además de acabar totalmente rajado. Enorme el esfuerzo y la dignidad de Álvaro Lorenzo ante un toro deslucido al que lo mejor que se podía hacer era despacharlo con brevedad como hizo el toledano. 
Ginés Marín tuvo en suerte el mejor lote con diferencia, especialmente el antes referido tercero, ese toro bellísimo y con gran trapío que los sabios protestaron supongo que porque la tablilla marcaba 518 Kg quedando en evidencia una vez más cuando ha sido fuertemente ovacionado en el arrastre por su bravura. Desde que tomó el primer capotazo se adivinaban sus condiciones, metía la cara con enorme clase, con fijeza, repetidor. Magistrales las verónicas de saludo del gaditano, temple y gusto en cada lance, el mentón hundido, acompañando la embestida, a compás, y una media de remate para quitar el sentido. Bravo en el caballo, empuja metiendo los riñones, la cara hundida bajo el peto, con codicia. El quite de Marín al sacarlo del caballo ha sido gloria pura, por verónicas, sí, el quite por excelencia, el más bello, que además lo ejecuta con un arte único, verónicas supremas, muy lentas, una auténtica delicia, y otra media para rematar de auténtico cartel. En banderillas el de Domingo Hernández sigue mostrando su magnífico son, va con fijeza y recorrido, magnífico tercio de Antonio Manuel Punta y Manuel Izquierdo, con mucha verdad y facilidad. El inicio por bajo desprende torería por todas las esquinas, por bajo, trincherilals ganado pasos, cada cual más bella, pellizco del bueno, para rematar con uno d pecho a la hombrera contraria magistral. Por el pitón derecho el toro va en largo, humilla, hace el avión que es una locura, repite,  bravura y clase, series de redondos profundos, largos, enganchándole alante, tirando del toro que va de dulce, temple y ligazón, la mano baja, poderoso, vaciando la embestida por debajo del palillo, un cambio de mano celestial, uno de pecho glorioso y uno de desdén para perderse en el Paraíso. Tremenda dimensión de Ginés Marín sabiendo entender a la perfección la bravura del animal. Por el pitón izquierdo le cuesta algo más pero acaba entregado al mando de Ginés. Naturales sin el ritmo y el son de los derechazos pero de uno en uno van naciendo, con hondura, muy templados, largos, siempre por abajo, muy lentos, un pase de las flores adorna el conjunto y uno de pecho lentísiomo y larguísimo, infinito desenfrenan las emociones. Un molinete garboso y elegante precede a una majestuosa tanda en redondo, de una profundidad abisal, ligada despacio, arrastrando la muleta, y un cambio de mano eterno, y otro de pecho divino, y otra serie más dando el pecho, encajado, desmayado, el compás muy abierto, más temple y gusto si es que era posible, y otra trincherilla de ensueño, y otro de pecho para echar a volar los sentimientos. El epílogo de faena no pudo ser más bello, ayudados por bajo, a dos manos, aromas del sur, otro trincherazo, y otro de desdén, y uno de pecho que por haber sido el último quizás fue el más emocionante, muy lento, parecía no acabar nunca. Mata de un estoconazo en todo lo alto y la oreja cae con todo merecimiento. La ovación atronadora que se le dedicó a este bravo toro de Domingo Hernández que los sabios pitaron de salida aún resuena por la calle Alcalá, no era para menos. El sexto no mostró el. mismo tranco de salida, aprieta hacia dentro en los primeros lances de capa, verónicas pies juntos en le tercio, suaves, le capote lacio, muchos aromas en cada una, gana pasos y remata con una buena media. Toro sin acabar de definirse en los primeros tercios, que parece empujar en la primera vara pero luego se deja pegar sin más en el segundo puyazo, ciertamente parado en banderillas, sin demostrar grandes cosas. Pero acabó rompiendo en la muleta por ambos pitones, primero por el pitón izquierdo, por el que arranca la faena sin probaturas. Sensacionales tandas de naturales, con recorrido, largura y temple, adelantando la muleta, tirando del toro hasta completar el viaje, la mano baja, poder y clase, series ligadas en le sitio que remata con sensacionales pases de pecho. Por el derecho se muestra rotundo, temple y profundidad, ligazón y sometimiento, los cambios de mano supremos, un lujo para los sentidos. Vuelve al izquierdo pero se va apagando el de Garcigrande, los naturales mantiene el mismo temple, pero el recorrido no es el mismo. Inteligente Ginés, le pierde un pasito y así aprovecha la inercia de la noble y enclasada embestida del toro para hilvanar la serie con dos redondos poderosos que hacen crujir el alma torera de cualquier aficionado, aguanta un parón interminable con la punta del pitón en la cadera y remata con uno de pecho muy lento y largo que pone a Madrid en pie. Las bernardinas finales son de UVI, ajustadísimas, con mucha verdad, y la trincherilla que precede a otro de pecho monumental son el broche de oro a una faena de Puerta Grande. Un pinchazo arriba y un estoconazo brutal arriba, perfecto, volcándose y hundiendo el estoque hasta la empuñadura hacen que el garcigrande ruede sin puntilla en unos quince segundos y la plaza se inunde de pañuelos blancos pidiendo la oreja. Mucho tiempo ha tenido el tal José Magán Alonso, tipo cobarde y ruhín, para calibra la enorme magnitud de la petición. ¡Hasta las mulillas se estaban dando cuenta!, no querían dejar enganchar el tiro al pitón del toro, se resistían una y otra vez, y la petición incluso crecía un poco  más. Y el tipo que no saca el pañuelo violando de manera gravísima el reglamento, pero le da igual, porque ha contentado a los cuatro de la manada que han aplaudido en su esquizofrenia paranoide un robo indecente en Las Ventas a manos de un supuesto servidor de la ley.
Las declaraciones de Ginés Marín a las cámaras de Canal Toros que he visto al volver a mi casa le engrandecen como torero y como persona: "Me parece una osadía e injusticia tremenda. Este señor ni llega a atisbar siquiera el sacrificio que lleva un torero, lo difícil que es llegar a una plaza como Madrid y que un señor sentado en un palco te prohiba con toda la frialdad salir por la Puerta Grande. Al final estamos en manos de quien no debemos". Se puede decir más alto pero no más claro y son palabras que debieran tenerse muy en cuenta y empezar a tomar medidas contar estos oKupas del palco y contra los verdaderos culpables de todas estas injusticias y barbaridades, el maldito 7, que les tiene cogidos de la entrepierna plegados a sus caprichos y sus fobias.

Antonio Vallejo  

martes, 4 de junio de 2019

22ª de San Isidro: Maravilloso descarte


¡Qué bien hice cuando acudí a las taquillas de Las Ventas a renovar mis abonos y decidí descartar esa tarde!. La verdad es que la decisión de la empresa madrileña siguiendo la norma instalada hace unos temporadas de permitir deshacerse de varias tardes sin perder el derecho de titularidad del abono es todo un acierto. Hoy he podido atender a mis obligaciones profesionales con calma, sin las apreturas de tiempo de cualquier otro día de feria, sin parar desde la mañana para poder concluir a las seis y media y tomar camino de la plaza de toros, y se agradece un pequeño respiro entre las 34 tardes de este ciclo. Además he llegado contemplo de ver la corrida por Canal Toros, enganchándome en la arena del tercero para poder ver repetido el primero y segundo gracias al sistema de rebobinado de Movistar TV. Y creo que ha sido lo más apasionante de la tarde, ver la corrida en el sofá, con el aire acondicionado puesto aliviando lo que fuera era una agobiante tarde de bochorno, y tomándome un cervecera bien fresquita. ¡Qué bien hice al descartar esta tarde!.
No es que quien dármelas otra vez de profeta ni adivino, pero es que lo de hoy se veía venir. Han sido muchos los años viendo los toros de Las Ramblas y, o yo he tenido muy mala suerte o nunca recuerdo emociones y grandes faenas con estos toros. Lo mismo han debido pensar muchos abonados, porque la imagen de los tendidos que ofrecían las cámaras de Canal Toros eran desoladoras. Más aún la cifra oficial de espectadores que David Casas ha dado en la retransmisión del cuarto de la tarde, 12.134 espectadores, la mitad de la plaza y muy justita, en pleno San Isidro, en la penúltima semana, la que históricamente estaba reservada para las grandes figuras y los hierros de postín, para las corridas de claveles que se decía antaño, ahora le llaman "postu", a las que nadie quería faltar, un escaparate del famoseo para dejarse ver. Pero en este monstruoso San Isidro nada es lo que era.
Casi tan momstruoso como los toros que han saltado a la arena, elefantoros, mastodontes, muy grandes, con mucha carne, kilos y kilos de colesterol, muy bastos de hechuras para mi gusto, un tanto destartalados y con una exageración de pitones brutal, una corrida cornalona, una auténtica barbaridad en mi opinión. Una cosa es un toro abierto de cara, otra cosa es un toro muy abierto de cara, otra muy distinta es un toro tan abierto que, como se dice, no cabe en la muleta, y otra cosa totalmente esquizofrénica es que salgan toros que no caben ni en la bandera de la Plaza de Colón. De verdad, no me gustan estas exageraciones ni estos excesos, es una auténtica locura, y encima algunos lo aplauden, porque los cuernos llegaban más allá de la M-30 aunque varios de los toros fueran dos en uno, brutales de mitad hacia delante y justitos de mitad hacia atrás, escurridos y estrechos de culata. Esa es la impresión que he sacado al verlo por televisión, pero por lo que me ha ido contando mi buen amigo Raúl, en la plaza la sensación era la misma. Y ha pasado lo que tenía que pasar, que no han valido para nada, solo para que Toribio tenga una vez más reservas de rabo de toro como para servir cientos de cenas. Una corrida sin casta, sin raza, sin empuje, sin entrega, que no ha valido en el capote, con las manos por delante, que no se ha empleado en varas y que en la muleta lo único que ha hecho ha sido cabecear, soltar la cara, sin recorrido, a la defensiva, sin un gramo de emoción, masas de carne con pitones descomunales carentes de clase alguna. Tan solo el segundo le ha permitido a Juan del Álamo torear a la verónica y rematar con un par de buenas medias y en la muleta ha demostrado movilidad y más entrega, metiendo mejor la cara. Faena poderosa del salmantino que comenzó de manera vistosa en los medios con un molinete de rodillas para después recuperar la verticalidad y cuajar varias tandas en redondo acopladas, encajado, toreo profundo de mano baja y ligazón, alternado el clasicismo de su toreo con adornes que gustaron mucho, molinetes, faroles, trincherazos. Por el izquierdo el toro protestaba y no pasaba con la misma entrega y humillación. Bajó el nivel del la faena y el toro acabó totalmente rajado. tampoco anduvo especialmente fino con la espada, pero eso no le privó de recibir una merecida ovación que respondió con saludos desde el tercio en los dos toros de su lote.
El resto de la corrida fue un monólogo de sosería y falta de raza. Tanto Morenito de Aranda como Juan del Álamo y Tomás Campos andvieron solventes, firmes y dispuestos, con claro compromiso y muy por encima de sus mastodónticos marmolillos que, o no se movía o cuando lo hacía llevaban la cabeza a media altura o más, defendiéndose, sin recorrido, eso el que no perdía las manos no sé si por falta de fuerzas, por tantos kilos, o ambas cosas a la vez. Lo intentaron de todas las maneras posibles, más disposición, compromiso y vergüenza torera no se les puede pedir a los tres, pero era imposible sacar el mínimo grado de transmisión de los de Las Ramblas. Resumiendo, una corrida deslucida y que lo mejor que ha tenido es que ha sido corta, a las nueve y cinco estaba la gente desfilando camino de la calle Alcalá. 
Maraviloso descarte, ¡que acierto!.

Antonio Vallejo

21ª de San Isidro: Decepcionante Fuente Ymbro, la raza en los novilleros


Es muy desilusionarte ver lo poco que interesan las novilladas. Hoy ha sido un ejemplo, media entrada en una tarde de mucho calor en la capital, unos tendidos prácticamente vacíos y los demás con muchos parches de cemento entre los aficionados. Y si esto es en Madrid en pleno San Isidro, no quiero ni pensar lo que será en el resto de plazas. Nos quejamos de que no salen novilleros, que son el futuro de la Fiesta, pero a ver qué empresa invierte en festejos que no le den ni para cubrir gastos. Hoy, sin ir más lejos, han hecho el paseíllo tres novilleros que en la pasada temporada torearon 16 tardes en le caso del portugués Juanito, 5 el salmantino Antonio Grande y 8 el mexicano Diego San Román. Escaso bagaje, más si tenemos en cuenta que Grande y San Román debutaron con picadores en septiembre de 2017 y enero de 2018 respectivamente, siendo Juanito el que más recorrido tiene ya que debutó con picadores en marzo de 2016. Toda la vida, cuando un novillero llegaba a Madrid, llevaba a sus espaldas 40 ó 50 novilladas a sus espaldas, si no eran más, pero ahora llegan a Madrid buscando la puerta que les abra el camino hacia la gloria o, al menos, hacia la soñada alternativa. Y, claro, eso se nota. Por un lado tiene su lado bueno, que estos jóvenes vienen a tirar la moneda, a jugársela a cara o cruz, lo que se traduce en unas ganas y una entrega fuera de toda duda. Pero claro, las carencias saltan a la luz cuando salen novillos con complicaciones como los de hoy, o cuando se les echan auténticos toros, algo que este año afortunadamente se está cuidando más y los novillos que se han lidiado en las tres novilladas del ciclo han sido novillos, aunque alguno, por hechuras, pasaría por toro en muchas plazas.
Esta tarde los anunciados eran los de Fuente Ymbro, seis novillos de muy buenas hechuras, serios pero sin exageraciones, en general agradables de cara, pero que en cuanto a juego no han cumplido con lo que se esperaba de ellos. Desrazados, sin entrega, deslucidos, con un punto de mansos, una novillada deslucida que ha dado pocas opciones a una terna que no les ha perdido la cara en ningún momento y que, con las carencias lógicas, ha estado por encima de los novillos, aunque solo sea por exposición y disposición.
Juanito poco pudo hacer con un primero que se frenaba en el capote, sin fijeza, deslucido, que en el caballo peleó sin clase, mucho ruido de estribo, y que en banderillas anduvo muy justo de movilidad. Incio por bajo, rodilla en tierra, llevándolo sometido, poderoso. Al novillo no le gusta y cabecea, protesta a cada muletazo, muy incómodo por el pitón derecho. Por el izquierdo parece ir algo mejor, más acople una tanda de naturales más entonada, lo mejor de la faena porque todo lo demás fue un intento a base de firmeza, técnica, temple y mano baja por parte del portugués para tratar de sacar muletazos al fuenteymbro, algo casi imposible. Unos ayudados por alto y las trincherillas finales fueron detalles del toreo que lleva dentro y que el novillo no le permitió lucir. Mata de una entera trasera suficiente para pasaportar al animal. El cuarto salió con las manos por delante, midiendo y cortando en le capote. Bonito ha sido el galleo por chicuelinas con el que el portugués lo llevó al caballo. El inicio por estatuarios, electrizantes cambiados por la espalda hilvanados a un cambio de manos con gusto y uno bueno de pecho, invitaba a soñar. Buena colocación de Juanito, lo lleva con temple, aguantando la embestida a oleadas del fuenteymbro, intentando llevarlo por bajo, con mucho mérito por las dificultades del novillo. Lo mejor de la faena vino en una tanda de derechazos a mitad de faena con profundidad, largos y ligados por abajo en la que el novillo humilló y se entregó que coronó con un cambio de mano muy torero y uno de pecho sensacional. Luego volvió a medir y soltar la cara, pero siempre se encontró la muleta de Juanito intentando someterle. Encomiable el esfuerzo y las ganas del novillero, clara demostración de ello las bernardas finales, algo atropelladas pero cargadas de pasión e ilusión. Más no se le puede pedir, ha venido a Madrid a por todas y no se ha reservado nada. Además también mata de una entera fulminante que se merece la ovación con saludos que Madrid le tributó.
Antonio Grande hacía su presentación en Madrid con un segundo para mi gusto bellísimo de hechuras, abrochadito de pitones, como me gusta, al que recibió con elegantes verónicas rodilla en tierra en las que el fuenteymbro mostró fijeza. Bonita fue también la rivalidad en quites, aquí nadie quería dejarse comer la tostada. Un quite por gaoneras de San Román fue replicado por Grande con otro por chicuelinas a manos bajas y el compás muy abierto, preciosas, que remató con una media de rodillas arrebujada. Inicia la faena de rodillas, con un farol en el que casi es arrollado por un novillo que se arrancó como un tren. Las dos primeras series por el pitón derecho fuero sensacionales, rotundas, la muleta adelantada, redondos largos y poderosos, tirando del toro, la mano baja, con ligazón, siempre en le sitio, rematados por magníficos pases de pecho. Un cambio de mano en otra serie fue realmente delicioso, como también lo fueron algunos trincherazos y uno de desdén que intercaló con las series de redondos, pero ahí se acabó el novillo. Por el izquierdo fue menso claro, meso recorrido y entrega, con Grande siempre tratando de templar y conducirlo por bajo, pero iba a menos y su buena condición de inicio viró a la defensiva soltando la cara. En cualquier caso, entrega y calidad del salmantino, actitud de novillero, atacando. No anduvo fino con la espada pero la afición recompensó con una ovación sus buenas maneras.El quinto no le permitió lucimiento alguno, suelto de salida, sin entrega en el capote, además de mostrar cierta blandura. Prologa la faena por bajo, poderoso, obligando al novillo, pero este pierde las manos por su falta de fuerzas. Sin recorrido, no pasa, mete bien la cara al inicio del muletazo pero se queda abajo, sin completarlo, suelta la cara con violencia y peligro, aguanta una barbaridad Grande, firme y valiente, bien colocado y tratando de tira del novillo con la muleta puesta en la cara, , voluntarioso hasta la extenuación. No entiendo que se le haya afeado la prolongación de la faena, creo que hay que tener comprensión y sensibilidad hacia estos novilleros que viene con todas la ganas del. mundo y que encima lo hacen bien, como ha sido Antonio Grande esta tarde. El mundo del toreo siempre se ha caracterizado por su generosidad, la afición también debe serlo cuando se merece.
Diego San Román recibió al precioso tercero por verónicas ganado pasos, un novillo que se colaba por el pitón derecho y que no mostraba demasiada fijeza. Muy bien Tito Sandoval en un magnífico tercio agarrado arriba, midiendo el castigo perfectamente. Pero cantó la gallina al primer muletazo, en un estatuario con el mexicano clavado en los medios al que se arrancó el fuenteymbro, que pasó y siguió su camino buscando la huida. Eso fue toda la faena, una constante huida del novillo al salir de cada muletazo, y cuando no lo hace porque San Román le llevaba muy tapado en la muleta, se defendía y soltaba la cara con peligro. No se arrugó el mexicano, para machos ellos, aguantó parones, miradas y derrotes estoicamente. En uno de ellos le prende de la chaquetilla, afortunadamente sin consecuencias. Se repone y vuelve a la cara como si nada, envalentonado, es increíble lo de estos hombres. Toro para machetear por bajo y quitárselo de en medio lo más rápido posible, pero el de Querétaro estaba en Madrid y no podía despreciar esa oportunidad. Bernardinas finales de infarto y un estoconazo volcándose que revienta al novillo son merecedores de una calurosa ovación que responde desde el tercio. El sexto, con hechuras de toro, otro ejemplar de bellísima lámina, sale suelto y desentendido en le capote, no mejora en varas y en banderillas se muestra reservón. Huye de cada muletazo, otro manso, igual que su hermano, a la defensiva, soltando la cara, tronillazos violentos, además se va por dentro, y en unos de esos pases suelta un derrote seco que lanza por los aires a San Román, hasta tres veces lo ha volteado, convertido en un auténtico muñeco de trapo a merced del fuenteymbro. La cogida parecía más de lo que ha sido, afortunadamente solo un tremendo susto, pero tampoco le ha encogido al mexicano, que ha vuelto a la cara y de nuevo le ha puesto la muleta adelantada para tratar de llevar toreado por bajo a un novillo ingobernable. Más valor imposible, mas entrega no se le puede pedir, se la ha jugado a cara de perro tragando lo indecible en un arrimón final lleno de sinceridad, con los pitones en la barriga, y el novillo parado, mirando y midiendo antes de soltar otro derrote. Inmenso mérito y verdad la de Diego San Román,  honesto y dispuesto, por lo que la ovación con la que ha sido despedido me parece más que de justicia.
En definitiva, que en la tarde de hoy, la última de las novilladas, solo recordaremos la belleza de los fuenteymvbros y la raza de tres novilleros que, al menos a mi, me han causado una muy grata impresión a pesar de su escaso bagaje hasta la fecha. Ojalá tengan suerte y logren sus sueños.

Antonio Vallejo

lunes, 3 de junio de 2019

20ª de San Isidro: La décima de Leonardo Hernández


Tenía muchas ganas de ir a una corrida de rejones. Con la posibilidad actual de renunciar a dos de los cuatro festejos a caballo programados decidí quedarme con la de hoy y el mano a mano del próximo sábado entre Hermoso de Mendoza y Lea Vicens, los dos carteles que para mi tenían más atractivo. La corrida de hoy contaba con dos alicientes. Primero el de acartelar a Diego Ventura y Leonardo Hernández, los grandes triunfadores de años anteriores y auténticos maestros, junto a un rejoneador albaceteño, Juan Manuel Munera, desconocido para mi y que hoy venía confirmar alternativa. El segundo es aún mayor, ir en familia a los toros, junto a mi mujer e hijas, un lujo. Si quiero que la afición siga y que los aficionados de hoy tengamos relevo no encuentra otra manera de hacerlo más que llevando a los niños a los toros, que vean la verdad, que sientan la emoción y la belleza de este arte, que disfruten de una tarde de alegría y, para eso, nada mejor que los festejos de rejones. Cada año lo repito, pero es una gozada ver el aspecto de una plaza llena de familias, además de los muchos aficionados que, cada vez más, no queremos perdernos la belleza y espectacularidad del toreo a caballo, que es como me gusta llamarlo. Tardes que voy a bautizar como de Omeprazol, tardes para aliviar el ardor de estómago que un día tras otro me provoca la crispación y la mala educación del sector intransigente, tardes que les vendrían muy bien para reponerse de la úlcera de estómago que deben tener por su carácter tan sumamente avinagrado. Hoy hacía calor en Madrid, mucho, pero el ambiente festivo de la plaza ha sido como un soplo de aire fresco que ha refrescado el cuerpo y la mente, lo que no ha estado reñido con el rigor y la seriedad, porque uno se lo puede pasar muy bien y disfrutar y a la hora de medir los premios hacerlo con justicia, sin dejarse llevar por una euforia desmedida. Una oreja ha cortado Diego Ventura al segundo y otra ha perdido en el cuarto por el mal manejo del rejón de muerte, y así como al primera se ha pedido con razón, a nadie se le ha ido la cabeza pidiendo una segunda o la concesión de la del cuarto. Igual digo con Leonardo, cada oreja cortada ha sido de ley, y a nadie se la ha pasado por la imaginación pedir una segunda. Y tres cuartos de lo mismo con el confirmante Munera, que ha pasado un calvario a la hora de matar, casi se le van los dos toros por tres avisos y se le ha respetado, nadie le ha gritado nada desde ningún tendido ni se le ha faltado al respeto, como tampoco se le ha aplaudido, respetuoso silencio, sin masacrare a pitos cuando se le veía desbordado por el descabello y sin aplaudir al toro en el arrastre para molestar y humillar al torero. Adiós al mito de la euforia desmedida en estas corridas de rejones, adiós a las supuestas lluvias de orejas sin rigor, eso es mentira, se puede ser muy feliz y justo a la vez, la úlcera se la dejo a los que la quieran. 
Sobre Diego Ventura poco se puede añadir que no hayamos visto y contado ya. Indiscutible número uno del rejoneo, con una cuadra increíble, caballos y yeguas de una belleza insuperable, una doma que me deja boquiabierto, auténticas maravillas que hace sobre sus cabalgaduras, convirtiéndolas en verdaderas muletas que torean con un temple exquisito, que llegan hasta la cara del toro y hacen quiebros increíbles en una baldosa, sin salirse de la suerte, recortes por terrenos imposibles, terrenos de adentro pegado a tablas por donde no hay sitio, y pasan, y con limpieza. Es una locura ver, por ejemplo, a Nazarí parando y encelando a los toros, maestría y temple, llevando al toro cosido a su costado, una vuelta completa, y un quiebro, y una banderilla en todo lo alto por los adentros. Como es maravilloso contemplar como Campina y un  nuevo caballo que va a dar muchas trrdes de gloria al maestro, Joselito, bonito nombre, reciben al toro a la puerta de chiqueros, como lo fijan y permiten colocar los rejones d castigo que ahorman las embestidas del toro. O es para volverse locos ver a Ventura montar a Sueño con el toro cosido a la grupa, otra vuelta entera para parado y recortar por terrenos de adentro, no una vez, ni dos, hasta cuatro o cinco veces se ha ido pegado a las tablas, con una emoción indescriptible, o sentir el crujido que provocan los quiebros  Lío, en la misma cara, sobre los cuartos traseros, exponiendo una barbaridad, casi sin rectificar su línea, y pasando con limpieza para que Ventura coloque arriba la banderilla, y los quiebros invertidos de Gitano para dejar otra banderilla al violín que quita el sentido, o ver salir a Dolar, ver que le quita el bocado y a dos manos deja un par de banderillas a cada toro que es magia pura. Y por si faltara algo o alguno ahí se presenta Remate a la hora de colocar las banderillas cortas y las rosas antes de manejar el rejón de muerte. Ahí ya entra en juego mucho la suerte, porque si de por sí matar al toro es la suerte más difícil, hacerlo a caballo y a la velocidad que van aún más. Rejonazo entero arriba en el segundo y atasco en el cuarto que le ha privado abrir la Puerta Grande madrileña por decimoséptima vez en su carrera. Pero todos cuantos hemos estado hoy en Las Ventas hemos sido testigos una vez más de la maestría de Diego Ventura, algo muy grande.
Leonardo Hernández es otro de los grandes del toreo a caballo. Salir a hombros de Madrid diez veces no está al alcance de cualquiera. Hoy ha vuelto a demostrar lo gran torero que es, porque hoy ha toreado, ha encelado a dos toros que no eran nada fáciles, abastos de salida, sin fijeza, nada colaboradores y, además, bastante parados. Todo, absolutamente todo lo ha hecho el extremeño con un concepto clásico y ortodoxo de rejoneo, perfecto en la doma y la técnica, magistral el conocimiento y manejo de los terrenos, torería de pies a cabeza. Ha sido una delicia verle montar a Estoque para recibir al toro y dejar certeros rejones de castigo tras pararlo y hacerle que se fije a la cabalgadura, ver poner banderillas sobre Enamorado, capaz de llegar a la cara del toro como si nada y quebrar en el último segundo, o vibrar con Calimocho un precioso caballo negro que con su cola ha toreado al quinto aguantando los derrotes que soltaba al aire, incapaz de alcanzar la grupa, siempre a milímetros pero sin rozarle, poder y sometimiento a caballo, una perfecta maravilla. Elmo y Eco se encargaron de poner a mil a las Ventas llegando en largo, dejando espectaculares quiebros en la cara y no menos espectaculares piruetas a salir del embroque. Una auténtica maravilla que ha coronado con Xarope para las banderillas cortas  puro espectáculo, una tras otra, y su gran aliado a la hora de entrar a matar, paciente, gira alrededor del toro cuanto haga falta hasta conseguir colocarlo en suerte, mostrándole al maestro la muerte desde el mejor ángulo posible, una locura de caballo. Dos cerebros rejones de muerte han valido sendas orejas y la décima del extremeño.
Juan Manuel Munera ha derrochado ganas, entrega y disposición por los cuatro costados. No entiendo ni papa de caballos y no sé montar, por lo que soy incapaz de opinar sobre la capacidad técnica del albaceteño, pero en mi calidad de profano solo puedo decir que me ha parecido que monta de maravilla, que tiene muy buena doma y una cuadra que me ha gustado mucho. Romance, Misterio, Arrebato, Escándalo, Dámaso (supongo que en homenaje al gran maestro albaceteño Dámaso González), Señorío o Supremo son nombres los caballos sobre los que Munera ha cuajado dos faenas intensas y llenas de emoción, dejándose llegar mucho los toros a la grupa y el estribo, arriesgando tanto que en varias ocasiones los pitones han tocado a los caballos , siendo mi impresión que las ganas por hacer mucho y bien le han hecho llegar hasta límites extremos, cosa que me da la impresión y que no se le ha censurado porque las ganas y la ilusión compensaban las deficiencias lógicas de su aún corta carrera. Para mi humilde opinión no ha estado nada mal, me ha parecido que tiene muy buen concepto del toreo a caballo a la hora de templar a los toros y encelarlos y ha tratado de hacer siempre todo con pureza y verdad, sin tener miedo a pasar en falso varias ocasiones si veía que estaba fuera y no dejar las banderillas de cualquier manera, recuperando la distancia y el sitio para clavarlas con ortodoxia. Su único lunar ha sido el rejón de muerte y el descabello. He sufrido mucho viéndole agobiado cuando sentía que los minutos corrían, que sonaba un aviso, un segundo aviso y que el toro de su confirmación se podía ir vivo a los corrales. Hubiera sido muy injusto con la buena faena que había realizado, cono cosas que mejora, por supuesto, pero para mi ha estado más que digno. Lo mismo con el sexto, el rejón de muerte y el descabello han sido un duro trago para el albaceteño. Pero tiempo tendrá de pulir esos defectos, hoy era su confirmación y ha mostrado virtudes suficientes como para pensar en que hay rejoneador para el futuro.
Y además he vuelo feliz y tranquilo a mi casa, dando un agradabilísimo paseo calle Alcalá arriba camino de casa junto a mi familia en una preciosa noche preveraniega en la capital. No puedo pedir más.

Antonio Vallejo

domingo, 2 de junio de 2019

Antonio Ferrera: El toreo se hizo carne y habitó entre nosotros

Ayer viví en Las Ventas una tarde que no olvidaré jamás. No exagero si digo que ha sido la tarde de mayor torería que he visto en mi vida, y son muchas. Una tarde para dejarse llevar al toreo de otros tiempos, rescatando del cajón de los recuerdos quites y suertes de maestros de un pasado glorioso, el quite de oro del maestro Marcial Lalanda o la suerte de matar recibiendo dando mucha distancia del maestro Luis Francisco Esplá, un viaje al Paraíso elevados en su capote y su muleta. Sobre el lienzo de la arena venteña el maestro Antonio Ferrera  dibujó trazo a trazo una de las más bellas obras que los ojos humanos puedan contemplar, pinceladas sublimes de sentimiento salpicando una piel erizada por la emoción incontenible. Fue un sueño mágico que desbordó los límites conocidos de la pasión, algo que solo el toreo eterno, el toreo de la imaginación y  el duende es capaz de generar.
Todo comenzó con Bonito, preciosa lámina, maravillosas hechuras, mejor nombre imposible. Las verónicas desmayadas en los medios, a pies juntos, soltando al aire de Madrid unos vuelos que acunaron a Bonito en sus primeras embestidas, la lidia por bajo, con suavidad, pasitos muy cortos, andando hacia atrás, un ballet en pareja de inmensa plasticidad, poesía en movimiento, no eran más que los primeros esbozos de la maravilla pictórica que comenzaba a dibujar el maestro Ferrera. El recorte con el que dejó perfectamente colocado a Bonito ante el caballo, torería pura, suavidad, delicadeza, no eran más que nuevos trazos de la obra magistral que estaba por llegar, trazos de un colorido y una belleza sin igual en el quite de oro, aquel que Lalanda aprendió en México, con el que puso a Las Ventas en pie. Empujó Bonito en el peto, bravo, la cara abajo y salió con movilidad y clase en banderillas. Fernando Sánchez una vez más - ya ni sé las que lleva en este sanisidro - cuajó un extraordinario par citando como él hace, pero esta vez parándose en la cara del toro, como una estatua, impávido, para dejar colocados los palos con una torería difícilmente igualable, la misma con la que se fue andando del embroque, con chulería, torero, torero. El brindis al público bien podía haber sido la firma de la maravilla que el maestro Ferrera sabía que iba a dejar impresionada sobre el ruedo de La Monumental. Directo con la izquierda, naturales largos, le figura desmayada, el temple infinito, la hondura máxima, la mano muy baja, mando y gusto, cada uno superaba al anterior, los vuelos de la muleta dibujaban figuras gráciles en el aire, toreo encajado, reunido, muy despacio, con el poso de la madurez y el reposo del que se sabe abandonado al arte. Relajado y natural, ni un solo gesto forzado, las series de naturales hacían rugir las garganatas de los aficionados, roncos a las primeras de cambio de gritar olé a cada pase, torería infinita. El ritmo era perfecto, el toro humillaba y repetía, bravo y con clase, Bonito, precioso, un gran toro. Dio igual que se cambiara la muleta de mano, siguió toreando la natural con la diestra, la ayuda abandonada sobre la arena, Ferrera abandonado al toreo, los aficionados abandonados a la maravillosa composición que estaban disfrutando pincelada a pincelada. Entrega total en tres partes, toro, torero y afición, el toreo eterno, el que nunca morirá. Seguían los redondos sin ayuda, profundos, la muleta manejada por unos toques de muñecas mágicas, gráciles, delicados, suficientes para que el de Zalduendo viera el camino deseado, Ferrera metiendo los riñones, el toro metiendo la cara, los tendidos metiendo aire en sus pulmones para gritar olés y más olés, ahora un  cambio de mano de ensueño, luego uno de pecho infinito, y todo a gusto, y todo con gusto, el gusto que da disfrutar la espléndida madurez de un maestro distinto, el gusto de dejarse llevar por el toreo de la imaginación, el gusto del duende. En uno de esos maravillosos naturales el toro se raja y Ferrera, más torería no cabe, se echa la muleta al hombro cual capote de paseo y con ese paso tranquilo que da el saber que lo más grande estaba hecho se va a las tablas a por el estoque de acero. Hacía mucho que no sentía lo que ayer sentí y hacía mucho que no veía el estado de delirio y éxtasis que nos envolvía a todos y cada uno de cuantos estábamos en el tendido. Por si faltaba algo mata a este precioso y bravo Bonito de un estoconazo fulminante en la suerte de recibir, pero citándolo en largo, ¡a cinco metros!, como algunas veces hacía el maestro Esplá. Y con el estoque enterrado aún le sigue toreando con naturales de la misma hondura y belleza que tuvo toda la faena. Obra completada, Las Ventas se transformaron en la Capilla Sixtina del toreo con los más bellos frescos jamás soñaos dibujados en su ruedo. Toda la plaza un mar de pañuelos blancos pidiendo las dos orejas, pero siempre aparece algún don nadie que quiere protagonismo. Esta vez fue un tal Rafael Ruiz de Medina Quevedo quien por meter la mano donde no debía emborronó la magistral obra del artista, un grafitero de pacotilla comparado con Ferrera, un personaje que ayer se cagó en los pantalones pensando si a él también le montarían numeritos pancarteros los hooligans y que no se atrevió a sacar el segundo pañuelo que era de ley con la excusa de que la espada había caído algo desprendida. ¡Mamarracho!. Ahí se ve la manera de dominar la plaza de esos "sabios puristas", metiendo el miedo en el cuerpo, ellos son los culpables. Al del palco prefiero no aplicarle calificativos, porque con su cobardía tiene ya para un rato.
Pero la justicia existe, y esa justicia tuvo nombre, Cítaro, un Zalduendo alto y grandón con poca movilidad y entrega en el capote, deslucido, que empujó con cierta codicia en el primer puyazo pero que en el segundo soltó la cara arriba, fea pelea. De nuevo Fernando Sánchez dejó otro par espectacular, algo que deja de ser noticia siempre que este magnífico banderillero toma los rehiletes. Un toro por el que nadie apostábamos en le tendido, deseosos de que el maestro Ferrera pudiera cortar al menos otra oreja que hiciera justicia al expolio anterior y le abriera de par en par la codiciada Puerta Grande. Solo en la mente del balear-extremeño se vislumbraba otro horizonte que los mortales no éramos capaces de adivinar. El inicio torero con torerísimas trincherillas, llenas de sabor, llevándose al toro a los medios dieron algunas esperanzas, pero la primera parte de la faena no parecía que permitiera cumplir nuestros deseos. Ferrera construyó la faena en dos partes claramente diferenciadas. Primero la técnica atesorada y pulida en tantos años de alternativa, el saber de la madurez y el perfecto conocimiento del toro y de los terrenos de un torero portentoso. Poco a poco, paciencia, con temple, poniéndole la muleta, dándole la altura, la velocidad y el ritmo que pedía el de Zalduendo, un toro con aparente poco recorrido, deslucido, consintiéndole, enseñándole a embestir, todo despacio, sin prisas, no las había, sabía Antonio lo que iba a llegar. Poco a poco las series fueron más reunidas, poco a poco fueron más bajas, ligadas, poco a poco fue ganando profundidad y hondura, poco a poco se nos iban abriendo los ojos y empezábamos a ver lo que solo una gran figura del toreo iba a dejarnos en el corazón. Y acabó embracándlo en la muleta, de nuevo a golpe de muñeca de cristal, suave, una bendita delicia, y de nuevo sin la ayuda, también sobre la arena, otra vez los vuelos de la muleta libres al aire madrileño, redondos y naturales de locura, temple máximo, despaciosidad, de nuevo el reposo y la naturalidad, desmayado, pasándose al toro por la barriga, encajado, series reunidas, la máxima expresión de la belleza para borrar de un plumazo el borrón del grafitero del palco. Hondura y profundidad mágicas, surgidas de la prodigiosa cabeza de un grandísimo artista, gusto, clase, entrega y abandono otra vez, y las gargantas más roncas todavía de gritar los olés. Los adornos finales por bajo, trincherillas celestiales, fueron gotas de un exquisito perfume que Ferrera derramó por toda la plaza, un perfume que aún perdura en los sentidos y que difícilmente olvidaré en mi vida. De nuevo mata en la suerte de recibir, otro estoconazo hundido hasta la empuñadura, y de nuevo un clamor pidiendo las dos orejas. Esta vez sí,  dos orejas, esta vez no pudo resistirse el palco ante el abrumador clamor de una plaza puesta en pie rendida a Ferrera, salvo por supuesto una veintena aproximada, los mismos de siempre del 7, protestando la segunda oreja porque consideraban que la espada estaba ligeramente desprendida. Allá cada uno con sus problemas. 
Se hizo justicia, Ferrera tres orejas, y debieron ser cuatro, porque las maravillosas e inolvidables obras de arte que el maestro dibujó con pinceladas magistrales de capote y muleta y que rubricó con la firma de la espada lo valían, más allá de tres o cuatro centímetros a la derecha. Lo que el maestro Ferrera hizo ayer está por encima de todo, el arte no se puede medir ni valorar en centímetros, la verdad, la pureza, la naturalidad, la entrega y el abandono al toreo más bello jamás soñado valen más que todas las orejas, la estadística son datos que se olvidan. El toreo eterno son sentimientos imborrables que se viven con el calor de la pasión, no con el frío de los números.
Y todo lo hizo ayer, en la víspera de este domingo, festividad de la Ascensión en nuestra liturgia. Así debía estar escrito, Ferrera a hombros por la Puerta Grande, camino del cielo torero de Madrid, saliendo de Las Ventas, donde el toreo divino se hizo carne y habitó entre nosotros.

Antonio Vallejo

sábado, 1 de junio de 2019

18ª de San Isidro: Ureña, puro Ureña


Cuando el toreo se viste de pureza, cuando la verdad manda en la muleta, cuando la inspiración desborda y la entrega preside, es muy difícil rendirse ante la belleza suprema de este Arte. Sucedió ayer, en el quinto de una corrida de Alcurrucén para mi gusto excelente de presentación, toros de buenas hechuras y de enorme belleza en su estampa, proporcionados, con trapío, con una conformación de pitones que a mi me encanta,  abrochaditos, todos cabían en la muleta, pero con una seriedad tremenda, astifinos, sin exageraciones ni estridencias, pero que en cuanto a juego resultó decepcionante, con un fondo de nobleza, sí, pero descastada y sin raza, con poco recorrido y que para mi adoleció de falta de empuje, aparte de dos mansos declarados.
A uno de esos mansos, el quinto, fue al que paco Ureña le hizo una de esas faenas para no olvidar. Un toro alto, imponente por su seriedad, cornidelantero, que desde salida mostró querencia, sin fijeza, huye del capote, siempre buscando las tablas, encontrándose con el caballo que guardaba puerta, sin entrega en varas y que, al contrario de lo que  fue la nota dominante de toda la corrida, parada y reservona en banderillas, esperando, tuvo movilidad y emoción resolviendo con enorme facilidad, seguridad y torería Víctor Hugo Saugar "Pirri" y Álvaro López "Azuquita" que cuajaron un excelente tercio. Desde el arranque de faena, estatuarios con ayudados por alto que hilvanó con tres trincherazos de órdago para romper al toro por abajo y uno de la firma, se presintió que la cosa iba en serio. Tomó la muleta con la zurda y desplegó naturales de ensueño, con hondura, largos, enroscándose al toro, tapándole una salida que en su condición de manso buscaba con ansiedad. Temple y gusto en el toreo al natural, series con muletazos de enorme rotundidad en las que se alternaba cierta ligazón con otros arrancados de uno en uno puesto que al toro le costaba repetir, se quedaba a la salida y, lógicamente, Ureña  un tanto al hilo, tenía que recomponer la situación y volver al sitio, aguantaba el parón y ahí le pegaba otro natural soberano. Citando d frente, con mucha verdad y emoción, que hubiera sido aún mayor si la faena hubiera tenido más ritmo y continuidad, lo que le faltaba al toro, pero la entrega y la verdad de Ureña lo compensaba, además del favor del público y especialmente del sector más sabio y purista que ayer, por fin, se olvidó de la artitmética y de las rigideces en el toreo, que dejó que la inspiración y el arte del murciano volaran por la plaza sin gritos ni silbidos a destiempo, como debe ser, o al menos como debiera ser siempre con todos cuantos hemos visto realizar faenas tan buenas como la de Ureña o mejores, permitiéndoles realizar el toreo sin constantes reproches, aunque se llamen Ponce, Juli, Manzanares, Morante, Castella, Perera o, com también ocurrió ayer, Álvaro Lorenzo. Repito, Ureña estuvo superlativo, mayúsculo, pero también hay que contar con que tuvo a la plaza a favor por el beneplácito de cierto sector, porque ahora es su protegido, "su" torero, y se le pasan por alto ciertas cosas que a otros no, que también las hubo ayer, por cierto. Y si maravilloso fue el toreo al natural no menos lo fue en redondo, de nuevo perfectamente colocado, derechazos robados de uno en uno, tapándole la cara, llevándolo muy toreado, de enorme profundidad, encajado, vaciando la embestida por debajo del palillo y unos de pecho antológicos, de pitón a rabo, rematados en la hombrera contraria. El epílogo de faena estuvo enmarcado en  torería suprema, adornos por bajo, naturales con largura, genuflexo, aguantando la huida del rajado alcurrucén, otros citando de frente, robados de uno en uno, un pase de las flores y el último de pecho que sabía a gloria bendita puso a la plaza en pie, totalmente entregada, y con razón, al maestro Ureña. Un pinchazo y una entera ligeramente desprendida no fueron obstáculo para que los tendidos se llenaran de pañuelos blancos y la merecidísima oreja se fuera para el esportón del murciano con todo merecimiento, una oreja de ley por entrega y torería sin un ápice de discusión. Ojalá se valorara todas las tardes igual a todos los toreros sin mirar el nombre, ojalá se desterraran fobias y se aislaran filias particulares más allá del amor al toreo, daba gusto ver ayer a la plaza dejarse llevar por el calor de la pasión y no por el frío de las normas, la geometría y la métrica, daba gusto, de verdad. Aprovecha, Paco, que aún te respetan.
No pasó lo mismo con Álvaro Lorenzo ante, por ejemplo, el sexto, el otro manso de solemnidad de la corrida. Un toro huidizo desde que saltó,  soltando la cara al cielo, sin querer ver el peto, esperando en banderillas, sin entrega y con peligro escondido en la muleta. Para mi estuvo realmente bien el toledano, le consintió y le dio el trato que precisaba, poniéndole la muleta, con temple, llevándolo muy tapado por el pitón derecho, el único por el que respondía con cierta repetición y fijeza, cerrándole la salida, siempre por bajo, gran técnica y capacidad, mucho mérito y, además, clase. Por el izquierdo mostraba una tendencia descarada a irse, le robó los naturales de uno en uno, buscando la colocación, no había otra manera, era lo que había que hacer, pero aquí sí que afloraron las protestas, los silbidos y los grititos censurándole que estaba fuera. Pues claro, pero déjale que se vuelva a colocar, ¿se les había agotado la paciencia con el quinto?, ¿o era el nombre?. No digo que la faena de Lorenzo fuera la quintaesencia del toreo, pero sí digo que a cada uno hay que medirle por el toro que tiene enfrente, y el toledano entendió y manejó perfectamente a ese manso sexto, robándole muletazos con profundidad que pasaron desapercibidos entre la indiferencia y comprensión general, además de lo molestos que son algunos cuando les da, que es  casi a diario.  Con el tercero tampoco se le valoró ni reconoció su entrega y valor ante un toro desentendido, sin recorrido alguno, con la cara alta, sin fondo alguno. Siempre trató de llevarlo toreado, con temple, adelantando la muleta, pero la nula entrega del alcurrucén deslucía cualquier intento del toledano por bien que lo hiciera. Voluntad máxima sin recompensa alguna. 
David Mora era el tercer integrante de la terna, aunque por orden de antigüedad era el director de lidia. El madrileño, como otros muchos como Juan José Padilla, Fortes o el mismo Ureña, es un hombre al que pongo de ejemplo  de superación, capacidad de sufrimiento, profesionalidad y respeto innegable al toreo. Su historia es de sobra conocida y no es cuestión de volver a contarla, pero sí repetirla una y otra vez, cuanto sea necesario para que algunos no la olviden. Torero al que admiro tanto por su valía y entereza en lo humano como por su gusto y clase en el toreo. Ayer creció al que abría plaza con unas verónicas bellísimas, templadas, elegantes, acunando las embestidas con suavidad, meciendo el capote con dulzura, acompañando el viaje para rematar con una revolera sensacional. Vibrante fue la rivalidad en quites, Ureña y Mora, ambos pro gaoneras, a pies juntos y ceñidas las del murciano, apretadas y cargando la suerte las del madrileño, una maravilla. Un toro que tuvo un inicio esperanzador en la muleta, al que le ganó terrenos con unos trincherazos celestiales repletos de torería y uno de desdén para no parar de soñar, ¡qué elegancia, Dios mío!. Mostró recorrido y humillación el alcurrucén por el pitón derecho en dos tandas en redondo portentosas, temple y mando, la mano muy baja, enganchándole alante, tirando del toro, ligazón y emoción, pero por el pitón izquierdo no tuvo nada que ver, menos recorrido, a la defensiva, la cara alta, sin entrega, ya partir de ahí el toro se apagó, no volvió a humillar pese a que Mora trató en todo momento de conducirlo por bajo, su recorrido se fue haciendo cada vez más corto y se esfumaron las ilusiones. Se tiró a matar volcándose sobre el morrillo y fue prendido y volteado afortunadamente sin consecuencias, en unos segundos angustiosos con los pitones en la barriga y a merced del toro. Poco reconocimiento a su entrega y torería que tan solo encontró tibias palmas de algunos que estábamos en sombra. En fin, así es esto, frialdad y falta de memoria selectiva. Pocas opciones le dio el noble cuarto, un toro muy manejable, tanto como soso y deslucido, muy justo de fuerzas, que siempre fue a media altura sin emplearse porque en cuanto le obligaba Mora perdía las manos. Antes de la muleta nos dejó Iván García dos pares de banderillas para enmarcar, sensacionales, mayor pureza y ortodoxia imposible, saliendo del embroque con una torería insultante, dos pares para valorar a final de temporada y que le obligaron a desmonterarse para responder la fortísima ovación de una Monumental puesta en pie. Lo que decía, en la muleta no dijo nada pese al temple y el exquisito trato del madrileño, pero la falta de emoción en la embestida impidió que llegara a los tendidos la pulcra labor de David Mora, muy digno y, como siempre, elegante y torero.

Antonio Vallejo