domingo, 6 de octubre de 2019

Antología de la torería, apoteosis de Antonio Ferrera


No sé si la de hoy es la tarde que todos soñamos cada día que vamos a los toros, pero si no lo es se ha quedado muy cerca. Una tarde plena, redonda, de principio a fin, en todos los aspectos, en la lidia, en el capote, en varas, en banderillas y en la muleta. Tan solo la espada se ha atravesado para que a estas horas estuviéramos hablando de una tarde y de un triunfo de una magnitud histórica. Han sido dos orejas, una al quinto y otra al sexto,  bien podían  haber sido cinco, una al segundo, otra al cuarto y la segunda del sexto si el maestro Ferrera hubiera tenido más fortuna con los aceros. Pero los números, como siempre he dicho, no son nada más que datos fríos y quien al hablar de esta tarde se guíe por eso es que una de dos, o no ha estado en Las Ventas o si ha estado no sabe apreciar y degustar la exquisitez de todo cuanto hemos vivido esta tarde. Un aluvión de sensaciones, de sentimientos, de emociones y de pasión desbordada que ha culminado en el último de la tarde con una plaza puesta en pie y rendida a un maestro, Antonio Ferrera, que ha rubricado en oro la obra cumbre de su carrera. Dos orejas sin discusión alguna para un hombre que ha superado con matrícula de honor cum laude la durísima prueba de enfrentarse en solitario a seis toros de diferentes ganaderías gracias a un sentido y un dominio de la lidia supremo, a una variedad de suertes con el capote inimaginable y a un manejo de la muleta magistral, todo embebido de gusto, sabor y aromas a toreo eterno, todo envuelto en un halo de clase, reposo y elegancia, en definitiva, una auténtica antología de TORERÍA que ha emanado por cada uno de los poros de la piel del maestro Ferrera y que ha inundado Las Ventas con la grandeza y la magia del Arte inmortal.
Quisiera también destacar algo que me parece fundamental. He comentado que la tarde ha sido rotunda de principio a fin gracias a la cantidad de recursos y a la inmensa técnica, conocimiento del toro y dominio de los terrenos que tiene Ferrera, pero también gracias a que junto a él se ha reunido un plantel de toreros de plata que han sido un auténtico lujo y que han contribuido mucho a que la corrida resultara tan apasionante sin que la intensidad decayera ni un momento. Atentos a los nombres: Ángel Otero, Domingo Siro, Antonio Vázquez, José Chacón, José Antonio Carretero, Julio López, José Manuel Montoliú, Javier Valdeoro y Fernando Sánchez, además de los picadores Carlos Prieto, Manuel Cid, Antonio Prieto, Pedro Prieto, Miguel Angel Muñoz y José María González. Todos, absolutamente todos han estado soberbios, en la brega y/o en banderillas, pero tengo que hacer una vez más mención a ese torero fuera de serie que es Fernando Sánchez y que hoy ha estado aún más majestuoso si cabe con los garapullos. El solito ha sido capaz de poner patas arriba a todos los tendidos con dos pares soberanos al tercero y sexto, ha desencadenado un tsunami de locura, un delirio incontrolable por su manera de andar a la cara del toro, por dejarse ver y llegar hasta terrenos comprometidísimos, por cuadrar en la misma cara, por asomarse al balcón, por dejar los palos reunido y por salir de la suerte con una torería inigualable. ¡Ole los toreros buenos!.
Y si he alabado y destacado la figura del maestro y a los toreros de plata, también hay que ser justo y hacer lo propio con el principal personaje de todo esto y sin el cual nada existiría, el toro. Seis toros de cinco ganaderías diferentes, Alcurrucén, Parladé, Adolfo Martín, Victoriano del Río y Domingo Hernández que a mi modo de ver han estado muy bien presentados, cada uno en su tipo, pero todos serios, con hechuras y trapío más que de sobra para Madrid y con un juego más que notable puesto que cuatro de ellos han sido de oreja, destacando por encima de todos el sexto, que era claramente de dos orejas, un toro magnífico de Victoriano del Río fuertemente ovacionado en el arrastre, el Adolfo mostró el genio y las complicaciones propias de su encaste Albaserrada y tan solo el de Alcurrucén anduvo muy por debajo del nivel general. 
En definitiva, tres patas de la mesa del toreo en la que se ha servido el exquisito manjar de esta tarde de sábado, toros, matador y cuadrillas, han brillado con altura. Solo faltaba que la cuarta pata, los aficionados, estuvieran a la misma altura para que la mesa no cojeara por ningún lado y no se desperdiciara ni una gota de las delicias que hemos podido saborear a  lo largo de un festín inolvidable. Y así ha sido, la afición, al igual que comenté ayer, ha estado a la altura. TODA la afición, hasta el sector más crítico y ruidoso ha mantenido un comportamiento ejemplar, sin un solo grito a destiempo, respetuosos y educado, vibrando con cada lance, cada suerte o cada pase que surgía lleno de emoción. Hoy la transmisión se ha vivido no solo del ruedo a los tendidos, sino que ha sido recíproca, los tendidos creo que han transmitido sus ganas de disfrutar con la riqueza del toreo que estaban contemplando, sin querer perderse ni un detalle, deseosos de un triunfo que a la postre ha sido el colofón perfecto para brindar en esa mesa por esta bendita gloria que es el toreo. Ha sido un placer sentir a la  plaza entregada como ha estado hoy, contribuyendo a que todo lo mágico y maravilloso que sucedía en el ruedo cobrara una dimensión infinita con los olés nacidos del alma, con las ovaciones valorando todo lo bueno y tratando de reconfortar al maestro cuando, por ejemplo, la espada le ha jugado una mala pasada y le ha privado de un triunfo aún mayor en lo numérico. Hoy, sin duda, Las Ventas, mi plaza, ha dejado claro por qué es la primera plaza del mundo. Ojalá este sea siempre el camino.
Un camino que arrancaba a eso de las seis y ocho minutos con una atronadora ovación con los tendidos en pie y que Antonio Ferrera recogió  desde los medios segundos antes de ver como saltaba el primero, de Alcurrucén, serio y engatillado, suelto de salida, con poca fijeza, distraído, algo común ene este encaste Núñez. Primeros compases y primeros momentos de intensa emoción cuando lo fija en el capote por bajo, andándole hacia tras para llevarlo hacia las afueras, lidiando con maestría, por bajo, torería pura, la misma que aplicó al llevarlo al caballo por chicuelinas en el segundo puyazo, una delicia. No se emplea en varas y en banderillas se agarra al piso, complicando mucho la labor a Siro y Vázquez. No mejoraron sus condiciones en la muleta, deslucido, sin recorrido ni empuje, falto de clase y bravura. Lección de técnica y suavidad de Ferrera al llevarlo con mucha suavidad y temple en la muleta, pero el toro se defiende, suelta la cara con brusquedad y no tiene recorrido, quedándose debajo, sin acabar de pasar. Trató de llevarlo a base de técnica pero resultaba imposible. Con buen criterio abrevió con un macheteo por bajo a la antigua y lo despachó con una casi media estocada en muy buen sitio que resultó eficaz. Escuchó palmas cariñosas.
Otra historia fue el segundo, de Parladé, un toro alto, muy serio y astifino, enseñando las puntas que salió sin demasiada fijeza y con la cara alta. Maestría en la lidia por parte de Ferrera dejando las primeras muestras del  recital capotero que estar por llegar en un quite vistosísimo por caleserinas, chiquilina y una media desmayada que fue un auténtico cartel de toros. Antes el toro había empujado con celo en el peto metiendo los riñones en dos puyazos bien agarrados arriba, delanteros y con perfecta medida del castigo por parte de Manuel Cid. En banderillas lucieron sus magníficas dotes José Antonio Carretero y Julio López que completaron un muy buen tercio, con pureza y facilidad. Los primeros compases de la faena rezumaban torería por los cuatro costados, dos naturales por bajo, un tirncherazo y uno de Pacho cargados de sabor. Por el derecho llevó al Parladé con suavidad, cuidando la altura, muy templado, tirando del toro que se quedaba algo corto pero que respondía con nobleza aunque su falta de empuje restara algo de emoción. Le consintió Ferrera, todo lo hizo a favor del toro y así logró exprimir lo que llevaba dentro el toro a base de una técnica y una inteligencia portentosa, la muleta en la cadera para engancharlo más atrás y así alargar el viaje. Poco a poco lo metió en la canasta  esa corta pero noble embestida que tuvo emoción por lo ceñidos de los muletazos y los terrenos que pisó Ferrera, en las cercanías, metido entre los pitones, toreando sin la ayuda por ambos pitones logrando arrancar muletazos con hondura y profundidad que arrancaron primero los olés y posteriormente pusieron a los aficionados de sus asientos. Mucha verdad y sinceridad de Ferrera que acabó toreando a placer pasándose al toro enroscado a la cintura ante unos aficionados atónitos que enloquecían a cada muletazo. Dos pinchazos previos a una entera privaron al balear-extremeño de la que parecía iba a ser la primera oreja de la tarde.
El tercero lucía la divisa de Adolfo Martín y nada más asomar por la puerta de toriles se le veía su encaste Alabaserrada. Un cárdeno en tipo, con trapío, buenas hechuras y 502 Kg en la tablilla, no hace falta más. Se frena en los primeros capotazos y hace las cosas propias de su encaste, obligando a hacerle las cosas bien porque viene de casa con mucho sentido y no permiten la mínima distracción ni el mínimo fallo. Lo lidia a la perfección Ferrera, echándole el capote abajo, llevándolo muy metido, tapándole la cara, sin quitárselo ni un segundo, torería pura que arranca una tremenda ovación. El toro humilla y sigue los engaños, pero también se revuelve y busca los tobillos a la mínima. Antonio Prieto cuajó un sensacional tercio de varas, dos puyazos agarrados a la primera, ambos arriba, el segundo ligeramente más trasero pero ambos de mucha calidad por lo que fue despedido con una fuerte ovación, igual que ocurrió en banderillas con Javier Valdeoro y Fernando Sánchez quienes completaron un tercio superlativo dejándose ver, cuadrando en la cara del toro, exponiendo ante un toro que esperaba mucho, para salir del encuentro con torería y suficiencia. Ambos banderilleros tuvieron que responder desmonterados la gran ovación de los aficionados. Por cierto, que justo antes del tercio de banderillas Raúl Ramírez rescató del olvido el salto de la garrocha en una imagen que nos transportó al siglo XIX y que vista con los ojos de hoy resulta impactante. En la muleta sacó a relucir su sangre y su carácter Albaserrada. Complicado y peligroso, quedándose corto, reponiendo y revolviéndose con sentido, sabiendo perfectamente lo que había detrás de la muleta. Surge el Ferrera lidiador, sobre los pies, poniéndole la muleta en la cara, sin quitárselo y con la mano baja para someterle y poderle. Saca algunos redondos y naturales de mucho mérito por las complicaciones del animal, saca a relucir su faceta valiente, exposición y entrega máxima, traga barones, miradas y derrotes para terminar con una lidia a la antigua, macheteando por bajo, bonita estampa cuando se hace tan bien como Ferrera lo hizo. para darse cuenta del valor y el mérito de lo que estaba haciendo baste decir que la plaza respondió. con una fortísima ovación. Sensacional el maestro demostrando que poder y toreo son mucho más que pegar redondos y naturales y cuando se ejecuta bien es algo bellísimo. 
El cuarto, de Victoriano del Río, alto de cruz, vuelto de pitones, con amplitud de cara, resulta incierto de salida, la cara alta y las manos por delante. Cumple en el caballo en dos puyazosque toma con fijeza en el peto empujando con los riñones. De nuevo Ferrera nos hipnotiza con su variedad y magnífico manejo del capote con un galleo por caleserinas para llevarse al toro del peto que es una auténtica delicatessen. En banderillas se luce Ángel otero con un magnífico par. Toro noble pero al que le fallan algo las fuerzas en la muleta, lo que le lleva a puntear las telas, algo que corrige Ferrera con maestría, temple y mucho sentido de la altura y la distancia. También le consiente y lo torea a favor, con suavidad, sin obligarle mucho de inicio para poco a poco ir bajando la mano. Con paciencia y mucho mimo lo va metiendo en la muleta y acaba toreando sin la ayuda  por el pitón derecho logrando reunir una serie profunda y ligada por bajo de muchos quilates. Pero donde más lució y se entregó el de Victoriano fue por el pitón izquierdo, naturales enorme, templados, hondos, olés y olés cada vez más sonoros  que estallaron en una ovación rota tras un cambio de mano y un remate por bajo de ensueño. Sigue toreando sin la ayuda, por ambos pitones, redondos y naturales, da igual, se lleva la muleta a la cadera y lo lleva muy metido alargando el viaje y cargando de emoción cada muletazo. Torea encajado, relajado, con gusto y clase, torería máxima, en todo, en el andar, en el mirar, en el rematar. Epílogo de faena  por bajo, trincherilla repleta de sabor y uno de desdén para volverse loco, como estábamos los aficionados, desatados, soñando ya con la primera oreja. Mata como lo hizo en San Isidro, dándole mucha distancia, perfilándose muy en largo y en la suerte de recibir. Apuesta todo a una carta y hunde la espada hasta la empuñadura pero no resulta suficiente para pasaportar al toro, quizás cayó algo delantera y vertical. Dos descabellos difuminan la oreja que ya veíamos cortada.
En quinto turno saltó un toro de Domingo Hernández con una arboladura descomunal, ancho de sienes y amplio de cara, muy ofensivo y astifino, un tanto exagerado a mi modo de ver y algo desproporcionado para mi gusto. Repite en las verónicas de saludo aunque no acaba de definirse en su embestida. Se deja pegar en el caballo y lo saca del peto Ferrera rescatando el "quite de oro" que Marcial Lalanda popularizó. En banderillas destacaron Carretero con una sensacional brega y José Chacón primero con los palos y después llevándose al toro a punta de capote hasta el burladero para despejar el camino a su matador para que comenzara la faena de muleta. Inicia el trasteo sentado en el estribo a,  la altura del 7, por bajo, muletazos suaves y cargados de gusto. Toro incómodo y gazapón al que le cuesta salirse de los vuelos obligando a Ferrera a tener que perder uno o dos pasitos para ligar las tandas. Lo domina poco a poco y consigue sacar una tanda en redondo de muy buena factura, templada y ligada por bajo, aunque al trasteo le falta cierto ritmo y continuidad por las condiciones del animal. Mediada la faena surgen lo mejor en una serie en redondo dándole distancia, llevándolo en largo, con el toro que humilla y repite con enorme clase deseando de nuevo los olés de la plaza. Quizás acortó pronto las distancias y creo que eso ahogó un poco a un toro que cuando se le daba aire y sitio lució mucho más. Lo compase finales tuvieron emoción por la entrega y disposición de Ferrera que culminó la faena con una gran estocada tirándose con todo. Petición casi unánime y por fin la primera reja iba a parar a manos del maestro.
En el sexto, el otro de Victoriano del Río, estaban depositadas todas las esperanzas de triunfo. Un toro de magnificas hechuras para mi gusto, alto pero proporcionado, un toro muy serio y perfectamente rematado al que se fue a recibir a porta gayola, toda una declaración de intenciones. Una larga cambiada de rodillas antecede a un vistoso lance de capote que no tengo ni idea de como se llama pero que interpretaba ese singular torero mexicano fallecido en 2016, Rodolfo Rodríguez "El Pana", todo un personaje dentro y fuera de los ruedos, y sigue el toreo a la verónica, vibrante, para rematar con una media preciosa que pone a los tendidos en estado de ebullición. Buena palea en varas, se arranca con fuerza y buen tranco y empuja con fijeza metiendo los riñones. Más torería si cabe al sacarlo del caballo por chicuelinas y una media con la rodilla flexionada y arrebujado en el capote que resulta de una belleza extrema. En banderillas Fernando Sánchez pone a Las Ventas patas arriba en un par antológico, posiblemente el mejor que le he visto colocar jamás, haciéndolo todo, con una despaciosidad que asustaba, llegando andando hasta los pitones, dejándose llegar la cara del toro hasta la barriga para cuadrar y dejar los palos con un arte de dimensiones estratosféricas. Otra atronadora ovación para este grandísimo torero. Pero lo mejor estaba por llegar. Primero con un quite que hace a Valdeoro con la toalla tras ser arrollado por este sexto tras el último par de banderillas, lo que es una muestra clara de lo que dije al principio, que Ferrera todo lo hizo bien, que su sentido de la lidia es primoroso y que en todo momento estuvo atento a cada detalle y cada circunstancia de la lidia. Y después cuando solicitó permiso a la presidencia para colocar un par de banderillas  algo que el público le había demandado con anterioridad. ¡Menudo par que colocó!, al quiebro, en terrenos del 10, junto a las tablas, arriesgadísimo para luego para al toro a cuerpo limpio, jugando con él. Imagínense la plaza, a punto de estallar, el delirio. Iba por todas, esta claro. El arranque de faena lo confirmó, parecía más de un novillero que viene a ganarse los contratos que una figura contrastada del toreo. De rodillas en la segunda raya, redondos por bajo, con largura, llenos de emoción para incorporase y deleitarnos con un cambio de mano brutal y uno de pecho de locura. A partir de ahí una sinfonía de toreo encajado, acoplado, relajado, enroscándose al toro, la figura desmayada, abandonado por momentos, la mano baja. Series en redondo ceñidas, muy templadas, llenas de sabor, torería en su máxima expresión, trincherazos de ensueño, remates de pecho infinitos. Por el izquierdo los naturales rebosaron de hondura, de una belleza descomunal, ligados por bajo, reposo y gusto en cada lance, torería, torería y más torería. Faena de cinco series pero de una intensidad y una emoción indescriptibles que culminó con una media estocada y dos descabellos que no fueron impedimento para que la plaza, en una mayoría aplastante, pidiera una oreja que le abría de par en par la Puerta Grande de Madrid. Para mi se hacía justicia no solo al grandísimo toreo ante este sexto, sino a toda una tarde magistral de torería infinita. Ni un pero le pongo a esa oreja, me importa un rábano la espada, el Arte supremo, la torería inagotable que me llenó el corazón y colmó de alegría todos mis sentidos está por encima de medidas, la felicidad infinita con la que salimos de la plaza sobrepasa todos los límite de la razón y solo se puede ser generoso con un hombre que se entregó de principio a fin con la verdad y pureza que Antonio Ferrera derrochó.
Y así abandonó Antonio Ferrera el ruedo de Las Ventas, camino de la gloria del toreo, del cielo más deseado, el de Madrid, a hombros y entre aclamaciones de ¡TORERO, TORERO! por parte una afición alegremente enloquecida por todo cuanto vimos y sentimos en una tarde de ensueño que no olvidaremos jamás.

Antonio Vallejo 


sábado, 5 de octubre de 2019

Emotividad y cariño para llenar una tarde


Una tarde de toros siempre está llena de matices y de detalles, por mucho o poco que pase en el ruedo. Digamos que la de ayer no fue una excepción a esa "regla". Pasó poco, demasiado poco en lo estrictamente taurino o artístico, como quieran llamarlo. La corrida de Fuente Ymbro no cumplió ni de lejos con lo que se esperaba, más aún tras las buenas sensaciones que dejó la novillada de este mismo hierro lidiada el pasado viernes 27 como arranque de esta Feria de Otoño que en este formato de dividirla en dos fines de semana no me acaba de enganchar, cinco días sin toros hacen perder el hilo y el argumento de una feria, por lo menos para mi. Seis toro desiguales de hechuras, para mi gusto destacando por encima de todos el cuarto, bajo, hondo, cuajado, con cuello, notable el primero, en el tipo de la casa, proporcionado,  muy serio, vuelto de pitones y también el tercero, muy serio, ancho de sienes y abierto de cara, correcto el sexto, agradable de cara, menor presencia el segundo y no me gustó nada, pero nada, el quinto, un trolebús de ¡647Kg! muy alto, grandón, mucha carne y destartalado para mi gusto, un toro no digno para Madrid por mucho que pesara. Pero al menos la estampa de dos o tres de llos sirvieron para admirar la belleza que encierra la estampa de un toro bravo, algo es algo, sobre todo si lo comparamos con el juego general, pobre, deslucido, una tarde plana, falta de bravura, escasa de casta y baja de raza, además de justa de fuerzas y poca duración. No llego a decir que aburrida pero anduvo cerca, salvada por momentos puntuales, esos matices y detalles  los que me refería al principio, que sobresalían como picos en medio de la planicie y que han tenido, sobre todo algunos de ellos, fuerza suficiente para sostener una tarde que se hizo larga y pesada.
Siempre hablo del toreo como fuente de emoción y caudal de sentimientos. A veces surgen de una verónica, de un natural, un remate o una estocada, pero otras veces surgen de algo que también es parte fundamental del toreo, la emotividad, y que ayer llenó por sí sola la tarde. Una emotividad que tomó rumbo a Las Ventas de la mano del cariño hacia un torero que se ha ganado a pulso el respeto de la afición madrileña. Ayer decía adiós a esta plaza y a esta afición Manuel Jesús "El Cid", sevillano de nacimiento pero por lo que ayer se comprobó madrileño de adopción. Una pancarta desplegada en el 7 así lo atestiguaba: "El Cid, torero de Madrid, gracias". Yo creo que no hacía falta esa pancarta, que con la atronadora ovación que se le tributó al maestro al finalizar el paseíllo, repetida al despejarse el ruedo en los instantes previos a que saltara el primero, habría quedado claro el cariño y el respeto que Madrid le procesa. Pero si a alguien le surgía alguna duda solo tenía que haber esperado a la muerte del cuarto para comprobarlo, otra atronadora ovación que el de Salteras recogió desde los medios con intensa emoción en su rostro. Pero es que hubo más, una apoteósica vuelta al ruedo más que merecida no solo por su actuación ayer, sino por toda una carrera desplegando su arte sobre la arena venteña. Y con eso creo que era suficiente para demostrarle el cariño y respeto de esta afición. Para mi sobró la vuelta al ruedo y la posterior salida por la puerta de cuadrillas a hombros, sinceramente. Madrid tiene su carácter y sus formas y esta salida a hombros no va con el estilo de la plaza, lo siento. Si presumimos de seriedad hay que mantenerlo siempre y la salida a hombros hay que hacerla cuando se gana ese premio. Sé que en Sevilla lo hicieron, y me parece bien, es Sevilla, es su casa y aquella grandísima afición lo vive así. Es como la música durante las faenas, voy a muchas plazas y me gusta, pero en Madrid me llena el silencio del toreo roto solo por los olés y las ovaciones, y esa forma de ser de Las Ventas, en lo bueno y en lo malo, tiene que mantenerse. Solo con todo esta emotividad y cariño que ayer vimos, además del respeto que se mantuvo durante toda la corrida - algo que me sorprendió porque hubo argumentos más que de sobra para que se levantaran muchas protestas y broncas - se llenó la tarde y fueron motivos suficientes para que el público acudiera en masa y que la plaza registrara una magnífica entrada, prácticamente llena.
Resulta claro que si para medir la emoción de una tarde de toros hay que refugiarse en la emotividad, el cariño y el respeto es que poco ha sucedido a su alrededor. La línea plana que refería, quebrada por momentos puntuales, detalles que rompían una monotonía desilusionarte, toro tras toro, hasta caer una noche tan oscura como el juego del ganado. 
Detalles y destellos como las verónicas sedosas de El Cid al primero, templadas, acompasadas, para rematar con una media de cartel que detuvo las agujas de los relojes, o un par de tandas al natural portentosas, con hondura, ligadas por bajo, con la zurda poderosa y rotunda que le ha caracterizado a lo largo de su carrera que abrochó con una trincherilla y un pase de desdén repleto de gusto. Nada más hubo en este primero, noblote pero al tuvo que medirle la altura y cuidarlo por el izquierdo para que aguantara y que por el derecho no pasó, imposible. Detalles de enorme torería en la brega al cuarto de ese gran torero de plata que es Curro Robles, fijando en terrenos del 1 a un toro suelto, sin fijeza y sin entrega echando el capote abajo, andándole hacia atrás, magistral a lo que sumar una serie en redondo al comienzo del trasteo con profundidad y mano baja, muy templada, y un par de series por el pitón izquierdo en las que El Cid trazó en el aire madrileño naturales de enorme empaque, con una despaciosidad y un reposo propio de quien está saboreando su última tarde ante esta afición, porque esa es la sensación que le sevillano me transmitió en sus dos toas, relajo, tranquilidad y seguridad, disfrutando de sus últimos muletazos ante una afición que le quiere. Tanto al primero como al cuarto los mató de certeras estocadas al primer viaje, especialmente buena fue la de su adiós. ¡Ay si la espada le hubiera acompañado tantas otras tardes!. La suya hubiera sido una de las trayectorias más grandes y triunfales de la historia.
El segundo tuvo que ser devuelto al lesionarse las manos o descordarse, no sé bien lo que le ocurrió, pero los minutos que el fuenteymbro estuvo tirado sobre la arena, con movimientos que parecían convulsiones, fueron angustiosos, una pena ver a un toro bravo revolviéndose como una culebrilla sin poder levantarse. Afortunadamente pudo rehacerse y a duras penas abandonar el ruedo envuelto por la manada de cabestros gracias a la maestría de Florito. En su lugar saltó un sobrero de Manuel Blázquez que mantuvo el tono de la corrida, plano, deslucido, sin empuje ni transmisión. De nuevo tan solo detalles, como el quite por chicuelinas de Ginés Marín, muy templadas, o la lección de técnica y disposición de Emilio de Justo con la muleta, con mucha suavidad, llevando la embestida muy conducida, sin obligarle demasiado, muy firme, haciéndolo todo porque el toro pasaba con nobleza y un punto de clase, cierto, pero  había que tirar de él para moverlo. Por el pitón izquierdo arrancó naturales de uno en uno citando de frente, con mucha verdad, dando el pecho. Muy por encima el cacereño, firme y entregado, pero no tuvo enemigo. El quinto solo tuvo 647 kg, nada más, porque careció de hechuras y de condiciones. Desde salida mostró querencia, se iba suelto buscando las tablas, frenado en los capotes, y de nuevo apareció de la nada otro destello de torería cuando Emilio lo fijó andándole hacia atrás por delantales, llevándolo muy tapadito, cerrándole la salida. Gran ovación en esa lidia que era la única posible. En el caballo siguió mostrando su condición de manso y en banderillas esperó y cortó soltando la cara, tercio arriesgado resuelto con gran oficio por Morenito de Arles, y en la muleta Emilio de Justo se entregó jugándosela a cara de perro. Consiguió instrumentar algunos derechazos con temple y cierta profundidad, fueron momentos mágico, destellos deslumbrantes que hacían que me frotara los ojos porque me parecía imposible que saliera algo de ese toro. Durante toda la faena midió, esperó, cortó el viaje y soltó la cara con peligro. Lo intentó de todas las maneras posibles, se expuso con verdad pero resultó imposible. Más no se le pudo pedir ante dos toros de mínimas o nulas opciones.
Ginés Marín solo pudo lucir algo de todo el toreo que lleva dentro ante el sexto, porque el tercero no sirvió  para nada. Distraido y sin fijeza desde que salió, sin entrega, soso y sin fuerzas, una joyita. Tiró de técnica el de Jérez, trató de templar las acometidas de un toro a la defensiva que punteaba las telas constantemente, le puso la muleta una y otra vez perol fuenteymbro protestaba y no quería nada. Pulcro y aseado Ginés, no hubo más. Salió a por todas con el sexto, lo recibió por chicuelinas arrebatadas y vistosas, ajustadas, la mano baja, destellos de ese magnífico capotero que es y que iluminaron la noche que a esas horas nos cubría. Cumple en el caballo, dos varas en las que acude con brío al peto y que empuja con codicia. Tuvo movilidad en la muleta, más brusquedad que empuje y clase a mi modo de ver, acude pronto al toque pero lo hace un tanto rubricado, embestida descompuesta que poco a poco Marín va ahormando a base de temple y poder, bajando la mano y aguantando las acometidas en series por ambos pitones a las que le faltó ritmo y continuidad porque el toro unas veces metía la cara abajo y surgían muletas con calidad mientras otras veces iba a media altura y punteaba la franela. Además tampoco iba sobrado d fuerzas y la poca emoción que tuvo su movilidad se apagó pronto.
Hubiera sido bonito contar un adiós triunfal, pero si no hay toro ya pueden poner todo de su parte los matadores y hacerlo todo, como ayer ocurrió, que no hay manera. Pero a Manuel Jesús "El Cid" no creo que jamás el día de su despedida de Madrid, el cariño y la emotividad lo llenó todo y eso lo llevará siempre dentro de él.

Antonio Vallejo

lunes, 30 de septiembre de 2019

Miguel Ángel Perera, la verdad y la evidencia


Ayer lo dejé escrito y no me equivocaba. Desde el inicio se vio con claridad que lo de ayer no era un mano a mano al uso, era otra cosa, era más un enfrentamiento a ver quien ganaba. Fue romperse el paseíllo y romper la plaza en una ovación que yo entiendo que debía ser para ambos matadores. Los dos abrieron la Puerta Grande el pasado San Isidro y por tanto se habían ganado más que de sobra el derecho a estar en este Otoño. Pero no fue así, había uno que jugaba en casa y otro que era el rival, o eso pareció cuando el sector  que pretende imponer el dictado a la plaza comenzó a silbar y protestar que Miguel Ángel Perera saliera junto a Paco Ureña a recoger dicha ovación, algo de lo que incompresiblemente se contagiaron otros tendidos. Vergonzoso comportamiento, más propio de  hooligans  que de aficionados taurinos. Pero una vez más, y son ya muchas, este grupo quedó en evidencia y se le vieron todas sus vergüenzas, esa es la grandeza del toreo, que al final pone a cada cual en su sitio. Ellos venían a ver a Paco Ureña y a verle triunfar sea como fuese, y para eso había que ningunear y si es posible reventar cuanto hiciera Perera. No querían que saludara, pues toma, que tras la muerte del quinto tuvieron que aguantar una vuelta al ruedo de las de más peso tras una faena que posiblemente sea la mejor de esta Feria de Otoño y una de las mejores de la temporada no solo en Las Ventas, sino en toda España. A ver si lo aprenden de una vez, a los toros no se puede ir con fobias y filias, ni cargado de mantas verdes que agitan según que hierro y que torero, que no, que eso no es de aficionado. Luego pasa lo que pasa, que hacen el ridículo como ayer lo hicieron.
Saltaba al ruedo el quinto de la tarde, Portugués, de Nuñez del Cuvillo, que no había pasado aún la segunda raya del tercio y ya lo estaban protestando. Un colorado ancho de sienes y abierto de cara, ofensivo, con seriedad y presencia, para mi gusto en tipo, quizás incluso algo "regordío", pero que al menos a mi me gustó en cuanto a presentación y estampa. ¿Problema?. Pues no lo sé, pero intuyo que dos. Uno que era de Cuvillo y otro que "solo" marcaba 525 Kg en la tablilla. Pero vamos a ver, señores sabios, que cada encaste y cada ganadería tiene su tipo y este toro, al menos a mi modo de ver, tenía buenas hechuras y además eran las propias de un toro de Cuvillo. Cierto es que salió con la cara alta, un trote que daba sensación de ir cansino y en le capote echó las manos por delante, pero no me parecen argumentos suficientes para empezar a agitar los gigantes pañuelos verdes con la vehemencia que lo hicieron. Es más, el toro no perdió las manos ni una sola vez, ni al entrar al caballo ni al salir, pero daba igual, como era de Cuvillo todo lo que se pueda protestar es poco. Resulta que en banderillas Portugués se mueve y su tranco no parece precisamente malo. Que se lo pregunten a Curro Javier cuando se le arrancó pronto, como se le vino y como le apretó para colocar dos magníficos pares de banderillas, con la seguridad y la solvencia que caracteriza a este sensacional torero de plata que ayer tarde completaba un elenco de auténtico lujo junto a José Chacón, Javier Ambel, Jesús Arruga, Curro Vivas, Agustín de Espartinas,Victor Hugo Saugar "Pirri" y Álvaro López "Azuquita". Con estos nombres no es de extrañar que durante toda la corrida disfrutaremos con una brega extraordinaria y unos tercios de banderillas sobresalientes, menudos toreros de plata. Y esa condición de Portugués la vio Perera con mucha claridad para tomar la muleta y sin dudarlo un segundo encaminarse hasta la boca de riego para desde allí citar al de Cuvillo muy en largo. Y miren ustedes por donde que el toro se arranca pronto y con un tranco sensacional, y que encima humilla y mete la cara en la muleta con una clase descomunal, y que además persigue la franela con celo y codicia, y que encima repite, y que para colmo tiene recorrido, y que no se cansa de embestir, y que... ¿Donde estaban las mantas verdes?. Escondidas bajo la vergüenza y el ridículo. Esa fue la primera tanda por el pitón derecho, y a esa le siguieron no sé cuantas más, todas en los medios, citándolo muy en largo y con Portugués embistiendo con bravura, galope alegre y ágil, siempre por la cara por abajo, repitiendo en la muleta que Perera le ofrecía adelantada y planchada citando de frente, embarcando la embestida con un temple y un mando descomunal, viaje largo, poder y ligazón, la mano muy baja, enroscándoselo a la cintura, todo con verdad absoluta, una y otra tanda, los olés rotundos, la plaza entregada y algunos con las orejas gachas aguantando el temporal de toreo. De verdad, ¿compensa ir con esa mala leche a los toros y no disfrutar de faenas como la del extremeño al toro de Cuvillo?. Series en redondo magistrales, no sé cuantas fueron, cinco o seis seguro, pero si sé que en todas gozamos del toreo en su máxima expresión, profundas, acopladas y encajadas que remató con unos de pecho maravillosos. Por el pitón izquierdo aún fue mejor si cabe, igual de largo, igual de pronto y alegre, igual de bravo. Naturales con hondura, citando también de frente, la muleta adelantada, mano baja, acople perfecto, los vuelos acariciando cada embestida, temple, emoción y transmisión, comunión perfecta toro-torero-afición, una auténtica locura en cada olé, Madrid rendido a la evidencia del toreo de verdad, la plaza en pie, con las manos rotas de aplaudir. Para rematar la faena Miguel Ángel se echa la muleta atrás, también le da distancia y Portugués que a esas alturas de la faena sigue arrancándose con buen tranco sin dudar en busca de unas bernardinas finales ajustadísimas que hilvanó con uno de pecho larguísimo, un pase de la firma lleno de sabor y otro de pecho como colofón que duró una eternidad. Y todo en los medios, de principio a fin, luciendo a un toro que fue bravo, noble, enclasado y encastado al que algunos quería devolver a corrales antes de que hubiera pasado las rayas del tercio. Sobran comentarios. La temperatura estaba a mil, las pulsaciones de Perera supongo que a cien mil, era faena de dos orejas sin discusión alguna, y si llega a matarlo donde lo intentó no descarta que merecedora de más premio. Como he dicho todo lo planteó en los medios y allí se perfiló para matar. Apuesta arriesgadísima, todo o nada, pero la valentía y la verdad se demuestran así. Una losa de decepción nos aplastó tras un pinchazo y un metesaca que a la postre hizo doblar al toro. Se esfumaron las orejas, algunos debieron respirar aliviados por no tener que soportar la humillación de uno de los triunfos más rotundos del que ayer no era "su" torero, como si el arte tuviera propietarios, pero para la inmensa mayoría fue un momento de bajón que se superó con una vuelta al ruedo apoteósica y mucho más que merecida y que hoy gana aún mucho más valor y peso porque lo que al final me queda en le alma es la catarata de emociones y sentimientos con el que Perera colmó con creces las ilusiones que uno puede tener cada día que va a la plaza a disfrutar con esta bendita afición que es el toreo. 
Lo fácil ahora sería firmar y despedirme hasta el viernes, pero sería una injusticia hacerlo y quedaría fatal si olvido la oreja de ley y peso que Paco Ureña cortó al segundo, también de Nuñez del Cuvillo y también protestado por algunos de salida, pero yo no soy así, no voy con fobias, voy disfrutar del toreo y cuando surge el arte y la emoción en el capote o en la muleta me da igual el nombre. Negarle algo a Ureña sería, además, mezquino. Decía que a Portugués lo pitaron probablemente por sus 525 kg en la tablilla. Pues Ricardito, así se llamaba este segundo, marcó 524 Kg. Es lo que tiene estar en tipo, a ver si les entra a algunos en la cabeza, que el trapío no son kilos, que habrá que hacerles como en nuestra época de cole, que lo copien  cien veces. Un toro de buenas hechuras y con mucha seriedad por delante que de salida parecía mansear, suelto, sin fijeza, que no dijo nada en el capote. Mejoró en el peto con dos puyazos arriba de Juan Francisco Peña en los que el de Cuvillo empujó con codicia y abajo comenzando a romper. Se lució Perera en un quite por gaoneras bellísimo en le que el toro mostró movilidad y más fijeza, cualidades que fueron a más en un buen tercio de banderillas a cargo de Agustín de Espartinas y "Azuquita". Arranca la faena por estatuarios, en terrenos del 7, entre las rayas, ayudados por alto de gran intensidad por la movilidad del toro a los que suceden dos trincherazos maravillosos y uno de pecho que pone a la plaza en pie. Toma la muleta con la izquierda y le obliga una enormidad en la primera tanda al natural, metiéndole muy por bajo, tanto que al tercer muletazo el de Cuvillo clava los pitones en la arena y se pega un costalazo que le hace daño. Quizás hubiera sido más apropiado un comienzo de faena con suavidad, ajustando la altura de inicio para ir bajando la mano poco a poco porque el toro lo permitía, humillaba con clase. De hecho en las siguientes tandas por el pitón izquierdo la suavidad y la medida de la altura fueron dominantes, mucho temple al natural, Ureña relajado, ciñendo la embestida, naturales hondos, bellísimos, ligando en el sitio, para rematar con unos de pecho de preciosa factura. Mismo registro por el pitón derecho, series en redondo acopladas, encajado, metiendo los riñones pero toreando con naturalidad, sin esa cierta  exageración y ese puntito de estridencia que otras veces le he visto al murciano.Toreo en redondo de mucha profundidad aunque también tengo que decir que en algunos compases de las series el toro se paró entre un muletazo y otro, Ureña aguantó aunque quedara un tanto descolorado, algo por fuera, pero nadie se lo censuró, se esperó y ligó el muletazo. Y es que así debiera ser, hay que tener un poco de paciencia, que en Las Ventas a la milésima de segundo  se empieza a protestar y a gritar lo del "crúzate"... según quien toree. Ayer a Ureña, "su" torero, no se lo censuraron, que por cierto es lo que se debe hacer, pero a todos igual. Un poco de paciencia les vendría bien para aplacar el bochorno del ridículo, que se apliquen algunos lo del quinto. Dicho esto, Ureña toreó de maravilla, profundo y con gusto, hubo un cambio de mano divino y unos de pecho majestuosos, pero eso no quita para decir que el viento le soplaba a favor pasara lo que pasara. El final de faena fue como me gusta, por bajo, lleno de sabor y torería, aromas de toreo eterno, que remató con una entera arriba que hizo rodar sin puntilla a Ricardito, un buen toro de Nuñez del Cuvillo, noble, enclasado y repetidor. Oreja de ley y de peso sin discusión alguna para Paco Ureña en una tarde en la que también demostró valor y mucha entrega ante el manso y peligroso sexto bis, un sobrero de José Vázquez ante el que demostró arrojo y tesón para robarle muletas que parecían imposibles al abrigo de las tablas del 5.
Fue, para mi, un gran mano a mano, lleno de emoción y con gran toreo en el que el extremeño Miguel Ángel Perera le dio la vuelta a la tortilla y dejó a muchos en evidencia con su verdad.

Antonio Vallejo 

domingo, 29 de septiembre de 2019

2ª de Otoño, primera de desilusión


Decepcionante, desilusionante resultó la corrida de ayer. No hay más, ese es el resumen de lo que fue la tarde, quizás solo con el añadido del cabreo final  de unos aficionados aburridos del pobre juego de los toros de Puerto de San Lorenzo-La Ventana del Puerto. Público que, dicho sea de paso, llenó tan solo media plaza, decepcionante, desilusionarte y preocupante registro. Y fue una pena, porque en lo que a presentación y presencia se refiere el encierro fue intachable. Seis toros con trapío, muy serios, primero, segundo y sexto muy ofensivos, especialmente el último, espeluznante, dos perchas brutales, tremendo, una exageración me atrevería a decir, pero se quedó ahí en la fachada, preciosa para ver en el campo pero para ver en la plaza no sirvió. Corrida sosa y deslucida, con un un punto de mansedumbre, poca humillación, varios ejemplares soltando la cara con peligro, sin recorrido y escasa duración. Tan solo la nobleza y un cierto fondo de clase del primero junto al noble pero muy justo de fuerzas segundo permitieron algo. El resto, como suele decirse, se dejó muy poco o nada.
Se pueden sacar cuentagotas y contar con los dedos de una mano los momentos en los que la terna integrada por Daniel Luque, Juan Leal y Juan Ortega pudieron lucir el toreo. Ya la salida del primero de la tarde haciendo presagiar lo que podía venir después. No le había pegado Luque ni un capotazo cuando el atanasio intentó saltar la barrera y buscar la huida por el callejón. Mala pinta, aunque pareciera muy pronto y quedara toda la tarde por delante. Probablemente en este toro vimos lo más interesante de la tarde, con las verónicas de saludo, templadas, con la clase y el gusto que el sevillano atesora en el capote, una bonita rivalidad en quites, por ceñidas saltilleras Juan Leal y mecidas verónicas rematadas por una media de escándalo de Luque, y un inicio de faena cargado de torería, andándole al toro con elegancia, llevándolo muy templado, suave, sacándolo a los medios para interpretar una serie en redondo repleta de sabor, temple y suavidad, ciñéndose la embestida a la cintura. Y se acabó, el toro dijo  no y fue imposible que la faena rompiera. El cuarto tampoco aportó nada, con tendencia a huir, soso y deslucido. De nuevo dibujó el sevillano lances de capote marca de la casa y en la muleta estuvo muy por encima, seguro, solvente, con facilidad, conduciéndolo con clase, mandando, todo lo hizo bien, pero la sosa embestida del de La Ventana del Puerto no permitió más. Lo que Daniel Luque dejó claro ayer es que está en un momento esplendoroso, con una facilidad tremenda y que como le salga un toro que embista monta el lío gordo.
Juan Leal tuvo en el segundo un toro noble con el que lo mejor lo vimos en el arranque de faena, de rodillas, pasándoselo por la espalda, electrizante, para incorporase y dibujar dos buenas tandas en las que el de El Puerto se movió y tuvo emoción. Luego el trasteo se fue diluyendo, un tanto por fuera, censurado constantemente por parte del público y sin levantar el vuelo. No gustó el francés que escuchó pitos tras pasaportar a este segundo. El quinto fue un toro soso, sin entrega, además de bronco, soltando la cara con violencia, tornillazos a diestra siniestro que no permitió a Leal sacar multemos limpios aunque lo intentó dándole distancia y tratando de bajarle la mano, pero el atanasio se defendía y protestaba con peligro. Imposible a todas luces y silencio en la despedida del francés.
Otro Juan completaba el cartel, esta vez del apellido probablemente con más tradición en la historia del toreo, Ortega. Poca suerte tuvo con el tercero, un toro abanto, sin fijeza, muy suelto, que buscaba las tablas con ahínco, áspero en su embestida, muy irregular, sin acabar de pasar. Lo intentó el sevillano que dejó detalles de toreo preciosista, remates por bajo cargados de sabor, aromas del sur y olores de Romero, pero sin continuidad, sin tiro, muy irregular, destellos en medio del tono gris de la faena. Al imponente sexto sí que le pudo pegar algunas verónicas sueltas repletas de gusto, acunando la embestida, muy suaves, jugando las manos con dulzura, y arrancó la faena con torería, andando en la cara del toro, llevándolo muy suave, acariciándole con la franela a cada pase, llevándolo a los medios con elegancia y gusto. Y poco más, nada por el pitón izquierdo por el que se revolvía y soltaba la cara con violencia y por le derecho tragaba los dos primeros redondos de cada serie, al tercero más de lo mismo, brusquedad y violencia. Por si fuera poco el público tenía agotada la paciencia y aunque algunos trincherazos tuvieron mucho sabor y el macheteo final fue de lo mejor nada de lo que hizo se le valoró, estaba todo en contra y nada iba a cambiarlo. Dos silencios dijeron adiós al sevillano en su paso por el Otoño madrileño.
Visto esto de ayer y en espera de lo que hay para esta tarde me surgen varias preguntas. Por ejemplo, no dudo del mérito de Leal y Ortega para estar acartelados ayer, pero desde que vi la composición de la Feria de Otoño me llamó la atención la ausencia de David de Miranda, una de las máximas revelaciones de San Isidro con su Puerta Grande y un toreo celestial, y de Diego Urdiales, gran triunfador del pasado Otoño. ¿No había sitio para ellos en un día como el de ayer? No sé lo que hubiera pasado porque los toros de Puerto de San Lorenzo salieron como salieron, pero me jugaría una cena a que la entrada habría sido mucho mejor. Y otra pregunta, o mejor dicho, una tristeza que me duele profundamente porque hay una ausencia que para mi pone en evidencia una falta de sensibilidad y respeto por parte de la empresa. En el pasado San Isidro se puso en marcha el famoso bombo. La Feria tenía dos pilares, Roca Rey y Enrique Ponce. Enrique, con casi 30 años de alternativa, dijo que sí desde el principio y no puso pega alguna a la empresa, todo fueron facilidades y colaboración. Luego vino su lesión de rodilla y gracias a que Juli se puso serio y aceptaron sus condiciones pudo Simón Casas salvar la situación. Ponce se ha recuperado de su grave lesión en tiempo récord, ejemplo de pundonor y profesionalidad, ha vuelto en plenas facultades y lo ha bordado en este verano, además de comportarse con las ganas de un novillero que empieza. Digo yo, ¿no tenía cabida en al corrida de esta tarde? Toros de Victoriano del Río, Nuñez del Cuvillo y Juan Pedro Domecq para el mano a mano entre Miguel Ángel Perera y Paco Ureña. ¿No podía ser una terna?. Me imagino que tendrán sus razones, pero repito, me parece una falta de sensibilidad y más aún de respeto hacia la máxima figura del toreo de hoy y siempre, que acudió al rescate del bombo sin dudarlo y que para mi debía estar presente en este Otoño madrileño, hoy u otro día, pero creo que es lo mínimo que merecía el maestro Ponce.
Por cierto, lo de hoy. Conociendo como conozco a cierto sector de la plaza, recordando la que se montó porque Perera cortó dos orejas y abrió la Puerta Grande al inicio de San Isidro, sabiendo de las fobias, Miguel Angel es una de ellas, y las filias, Ureña es hoy por hoy su consentido absoluto, del sector más intransigente, el que quiere imponer sus caprichos porque sí, mucho me temo pero creo que para Perera puede ser un infierno de tarde, esperando al mínimo detalle para abroncarle y sin pasarle ni media. A lo mejor me equivoco, ojalá, pero huele a encerrona. En cualquier caso, en hora y media saldré de dudas.

Antonio Vallejo 

sábado, 28 de septiembre de 2019

Tomás Rufo: El sueño de la realidad


Corría el mes de abril del año 2015, el día 19 en concreto, un domingo de principio de temporada en Madrid en el que se anunciaba una novillada de La Ventana del Puerto en cuyo cartel aparecía el nombre de un joven peruano de 19 años que se presentaba en Madrid en medio de una enorme expectación por todo cuanto de él se contaba. Aquella tarde no defraudó, conquistó Madrid con su toreo arrollador y arrebatador, por una entrega y un valor pocas veces visto que le llevaron a cortar una oreja a cada uno de sus novillos y descerrajar así la Puerta Grande de la primera plaza del mundo camino de la gloria. Cuatro años han pasado desde entonces, ningún novillero ha sido capaz de abrir esa anhelada puerta de los sueños, cuatro años de sequía, de ver como ese escalafón languidecía de manera alarmante, cuatro años desesperanzadores para el futuro de la Fiesta, cuatro años hasta el 18 de julio de 2019 - esa fecha tenía que ser por la gracia de Dios - para que sobre la arena venteña hiciera su presentación en aquella novillada nocturna otro joven de 19 años, esta vez un toledano de Talavera de la Reina, que llenó de ilusión y esperanza a la afición madrileña. Aquella noche cuajó una más que notable actuación ante dos utreros de José Cruz cortando una oreja al tercero y perdiendo otra con la espada ante el sexto. Una noche en la que deslumbró por su mando y su mano baja, toreo poderoso y con clase que le dejó a las puertas de la gloria. Desde entonces ha perseguido un sueño, el mismo de todos cuantos quieren ser figuras del toreo, y ayer lo consiguió, con todo merecimiento, sin un solo pero que ponerle, con Las Ventas entregada a su arte y la afición rendida a sus pies.
Sí, ayer arrancaba una nueva Feria de Otoño en Madrid en una tarde aún veraniega en lo climatológico con una novillada de Fuente Ymbro para la terna integrada por El Rafi, Tomás Rufo y Fernando Plaza que tan solo consiguió llevar a media plaza. Lo siento por los que ayer no quisieron venir a verlo, muchos abonados, ¡lo que se perdieron!. Ricardo Gallardo trajo a Madrid una más que interesante corrida, seis novillos bien presentados, variada de hechuras, pero todos serios y con trapío para Madrid. Baste reseñar que cuatro de ellos sobrepasaron los 500 Kg y para mi gusto destacaron por su presencia el primero, quinto y sexto, hechuras y cara de toros, algo basto el cuarto siendo segundo y tercero los que mejor se identificaban como novillos por su peso y cara, lo cual no es un desmérito, ni mucho menos, pero es que en Madrid se ha plantado tal exigencia que parece pecado que un novillo sea novillo. Pero ni a estos se les reprochó nada de salida. Una corrida que en cuanto a juego fue variada contando con la menos tres novillos con opciones y calidad, primero, segundo y quinto, un sexto complicado y correoso que en su brusquedad llevaba emoción, quedando tercero y cuarto como los más deslucidos del encierro.
El que abrió plaza fue un novillo que mostró sus mejores cualidades por el pitón derecho en las verónicas de saludo de El Rafi mientras que por el izquierdo se venía un poco por dentro. Digno en cualquier caso el saludo del nimeño en su presentación ante Las Ventas. Cumplió sin más en el caballo dejándose pegar, lo probó Tomás Rufo en un quite por chicuelinas en el que de nuevo se coló por el pitón izquierdo y en banderillas brilló Ángel Gómez con dos buenos pares. En la muleta el novillo mostró nobleza y un punto de clase aunque creo que le faltó empuje y fuerzas. Pulcro y aseado el francés tras un inicio por alto para instrumentar dos buenas series en redondo con temple y mano baja, pero la escasa duración del fuentymbro y que quizás El Rafi acortara pronto las distancias no permitieron que la faena tomara vuelo. Lo pasaporta de una entera algo contraria y la cosa queda en silencio con algunas palmas para el novillo en el arrastre. No lo tuvo fácil ante el cuarto, un ejemplar alto y cuajado, quizás algo basto de hechuras para mi gusto pero que igual que el primero pasaría por toro en muchas plazas. Descompuesto en su embestida, sin humillar, distraído, sin fijeza, pasa sin entregarse en el capote y tampoco se emplea en el caballo, mansea y muestra querencia. En la muleta no mejora sus condiciones, la cara arriba, puntea las telas, desentendido de todo, El Rafi le da la altura que pide, trata de ponerle la muleta por ambos pitones e intenta conducirlo en largo, pero la colaboración del novillo es nula. Disposición es lo único que el francés puede mostrar y de nuevo su actuación es silenciada. Habrá más tardes para verle en Madrid, la de ayer fue un tanto fría y quedan aún en incógnita las cualidades que pueda llevar dentro el nimeño.
El madrileño Fernando Plaza confirmó las sensaciones que dejó en el pasado San Isidro, las de un novillero formado y con muy buenas maneras, firme y solvente, con mucha seguridad. El tercero salió suelto, sin fijeza, con la cara alta, sin entrega en el capote y sin demostrar nada en el peto. Lo probó El Rafi en un quite por chicuelinas y tafalleras vistoso en el que se enceló más y tan solo en los primeros muletazos por estatuarios con los que el madrileño arrancó su faena encontró nobleza y algo de entrega por parte del fuenteymbro. Pronto fue a menos, soso y deslucido, con escaso recorrido y carne de emoción por más ganas que le puso Plaza que a mi modo de ver alargó demasiado un trasteo que decía muy poco, carente de ritmo y continuidad. Pero a un novillero hay que entenderle y comprender que quiere sacar de donde no hay porque su futuro está ahí y no puede dejar pasar ni la mínima oportunidad por lo que no le censuro sus ganas de agradar. El sexto era un tío, otro con hechuras de toro y que además se mostró complicado y peligroso. Correoso y brusco desde salida, arrolló al madrileño con el capote, afortunadamente lo levantó con la pala sin llegar a empitonarlo, pero el susto fue de aúpa. Novillo reservón y probó, miraba y medía en todo momento, se paraba a cada toque de Plaza, calibraba la situación y al pasar soltaba la cara. Bueno, eso cuando pasaba, porque el madrileño aguantó parones y miradas que helaban la sangre, además de tragar tronillazos y arreones por ambos pitones. No le perdió la cara en ningún momento, le puso la muleta adelantada y trató de conducir la embestida en largo y bajando la mano. Enorme la entrega y mayor el mérito ante ese novillo, labor encomiable que en algunos muletazos alcanzó una profundidad que parecía imposible. Faena en la que la emoción residía en un peligro ante el cual Plaza demostró firmeza y mucha seguridad, rematando con unas bernardas ceñidísimas que cortaban la respiración. Para mi, si no se hubiera atascado con la espada habría merecido una oreja, y también creo que Madrid lo pensaba, solo hizo falta escuchar la gran ovación que saludó tras la muerte del sexto. 
Pero la tarde era de Rufo, así debía estar escrito en algún lado. Al talaverano le correspondieron los dos mejores novillos del encierro, especialmente el quinto, bravo, enclasado, con humillación, repetidor y duración. El segundo salir sin fijeza, con movilidad y desplazamiento pero sin entregarse, sin humillar ni lucir en el capote de Rufo. Empuja con codicia en una buena primera vara, en quites asistimos a la sana rivalidad y competencia que parece olvidada con dos quites por gaoneras ceñidísimas, cargadas de emoción, y es en banderillas donde ese extraordinario torero de plata que es Fernando Sánchez le enseña el camino por el pitón izquierdo dejando un par marca de la casa. Hago un inciso para volver a insistir en lo importante que es la labor de los subalternos y en reseñar una vez más la etapa de oro que estamos viviendo en este escalafón llamado de plata repleto de grandes toreros que bregan como los ángeles y banderillean como dioses. Así fue ayer. Creo que nadie daba un duro por ese novillo en la muleta, salvo Tomás Rufo probablemente siguiendo el camino marcado por Fernando Sánchez. ¡Cómo toreó al natural! Una auténtica maravilla, demostrando que aquel mano y aquella mano baja del 18 de julio - bendita fecha - no fue fruto de la casualidad. tandas rotundas, poderosas, templadas, la mano muy baja, sometiendo a un novillo nada fácil y que exigía, toreando despacio, con mucha clase y elegancia, naturales hondos, adornos por bajo repletos de sabor, una trincherilla que era un cartel, torería al natural. también nos lo mostró por el derecho, por ahí no pasaba, cabecea y punta la franela, pero incluso llega a cara algunos derechazos ligados por bajo de mucho valor. Y el final de faena, por fin un final de faena alejado de las manoletinas y bernardinas que parecen obligadas, ayudados por bajo, genuflexo, alargando el viaje para abrochar con un trincherazo monumental y un estoconazo volcándose sobre el morrillo que valieron una oreja de ley. Media puerta abierta y todo pendiente del quinto, un salpicado de preciosa lámina, hechuras para enmarcar, un auténtico toro, con mucho cuajo. Escondió sus virtudes en el capote, la cara alta, bronco en su embestida y sin demasiada movilidad. El galleo por chicuelinas con el que lo llevó al caballo ya presagiaba cosas muy distintas, aparte de inundar de gusto y torería el ruedo de Las Ventas. Ahí fue, en le peto, donde Hechizo, así se llamaba este utrero, destapó su bravura. ¡Cómo se arrancó al caballo de Manuel Sayago! en largo, con extraordinario galope, metiendo la cara abajo y empujando con los riñones. Sensacional y bellísimo tercio de varas que seguro contribuyó a mejorar al novillo de cara a la muleta. ¡Que importante es este tercio y que poco se valora!. Y lo mismo digo de la cuadrilla, con una brega magnífica por parte de Serio Blasco y un tercio de banderillas magistral a cargo de Rafael González y Fernando Sánchez que saludaron desmonterados la gran ovación de una plaza en pie. Si el novillo había enseñado sus magníficas condiciones Rufo no quería ser menos y  abrió de par en par su alma torera para llenar de emoción los corazones de los aficionados. Para mi fue eso, una faena engendrada en el alma y parida por la naturalidad, sin guiones previos, brotando de la imaginación de un joven, casi diría un niño que veía cerca sus sueño. Me hizo vibrar y sentir el toreo como lo han hecho los más grandes, de verdad. Viéndole torear no parecía un novillero que hacía su presentación en Madrid, más bien parecía un matador con años de bagaje. Entendió al novillo a la perfección, le dio distancia para enganchar alante las prontas arrancadas del animal, lo condujo templado, la mano baja, alargando el viaje aprovechando las excelentes cualidades del fuenteymbro, que se venía en largo, que humillaba y repetía con codicia, bravo y noble. Tandas en redondo profundas, toreando encajado, pasándoselo por la cintura, metiendo los riñones, la mano baja, rematando con unos de pecho largos, casi infinitos, a la hombrera contraria, recordando en algunos al maestro José Mari Manzanares. Sabores y aromas a toreo caro en cada pase, más aún por el pitón izquierdo, tandas de naturales hondos, la mano muy baja, la muleta barriendo la arena, muy lentos, erguido, preciosa estampa, y el novillo humilla y repite con bravura. cada muletazo es una pintura, cada serie una galería, la faena un museo del mejor arte, poder, mando, clase gusto, torería en su máxima expresión, también en el andar y la manera de llenar el ruedo, impropio de alguien que a sus 19 años es poco más que un niño . y con tan solo seis novilladas con picadores a sus espaldas. También cierra la faena por bajo, una delicia, despacio, con inmenso gusto, sin prisas para colocar al novillo y entrar a matar con garantías. Y así lo hizo, fulminó al gran novillo de una estocada hundiendo el acero hasta la yema, arriba, de efecto fulminante. Para mi eran dos orejas, y para la gran mayoría también, solo hacía falta ver el mar de pañuelos blancos que cubría los tendidos de Las Ventas y la perseverancia con que se pidieron los dos trofeos. Pero el que ayer calentaba el palco no sé que debió ver para negar la segunda oreja, a lo mejor pesó en su decisión el grito fuera de tiempo y lugar del bobo de la andanada del 8 que tarde tras tarde se empeña en dar la nota, ese que va a la plaza con su grito cansino ya de "se va sin torear". Sí, de verdad, que el mismo bobo lo grita ayer, hace falta ser bruto. Pero el presidente debía ser amigo o familiar para hacerle caso, si no no lo entiendo. Lo único seguro es que Gonzalo J. de Villa Parro volvió a demostrar ayer lo mal aficionado que es. Después de cómo toreó y mató Rufo al quinto, después de lo que nos hizo sentir, negarle a un novillero la segunda oreja es de mal aficionado y de mala persona, negándole un premio merecido que puede lanzar a este joven camino de los contratos y el éxito. No se puede tratar así a estos jóvenes que son el futuro de la Fiesta, hay que tener un mínimo de sensibilidad y de sentido de la justicia, más aún cuando se torea con el alma y se mata con verdad.
Pero nada ni nadie pudo ayer evitar que un joven de Talavera saliera a hombros por la Puerta Grande de madrid, la que lleva directa al cielo del toreo, cumpliendose así su mayor anhelo, el sueño de la realidad.

Antonio Vallejo

lunes, 2 de septiembre de 2019

¡Así da gusto!


Una gran tarde de toros la de este domingo, sí, una corrida sensacional, sí, y en San Sebastián de los Reyes, sí, ¿por qué no?. Una corrida triunfal con la terna a hombros pero sin triunfalismos artificiales, una corrida en la que  vivimos pasajes de toreo de muchísimos quilates, sí, en una plaza de tercera, ¿por qué no?, ¿acaso no es posible eso?. Una corrida en la que el público fue a divertirse y a disfrutar con lo que son los toros, una fiesta, la Fiesta, con ganas de ver torear, y vimos mucho, sin ánimo de criticar hasta el mínimo detalle, que cuando hubo algo que censurar se hizo, demostrando que la alegría no va reñida con el rigor y la seriedad, que los trofeos pedidos y concedidos lo fueron justamente a mi modo de ver. Y digo más, dos faenas hubieran sido de dos orejas en San Sebastián de los Reyes y a tan solo 20 km de allí, en Las Ventas, aunque algunos se rasguen la vestiduras. Muchos aficionados debieran salir de sus reductos taurinos, dejar de mirarse el ombligo, olvidar por un momento tanto purismo y vivir los toros como lo que son desde que nacieron, una fiesta, la Fiesta, que por decir esto y reconocerlo no se es ni mejor ni peor aficionado. Pero sabiendo siempre donde se está, ojo.
Una gran tarde de toros que además contó con unos anfitriones de primera, los hermanos Javier y Román Beitia, propietarios de la emisora local SER Madrid Norte, quienes allí nos esperaban para atendernos con todo detalle, sin que faltara de nada, ni comida ni bebida, tanto en los previos como durante la corrida, atentos, generosos y amables, para los que no tengo palabras suficientes de agradecimiento por lo bien que lo pasamos y lo a gusto que estuvimos, hablando de toros y de lo que nos son toros, conversaciones amenas y distendidas, un auténtico placer. De verdad, gracias por todo.
Seis toros de Luis Algarra, en realidad siete ya que tuvo que saltar un sobrero del mismo hierro al lesionarse el primero, correctos de presentación para una plaza de tercera, astifinos, desiguales de hechuras, el mejor es este aspecto fue, para mi, el sexto, bajo, hondo, cuajado, acapachado y abrochado pero con cara y seriedad, y con un juego variado destacando por encima de todos el segundo, un gran toro, pronto, con recorrido, humillación y repetición, bravo y noble, con un tercero muy enclasado y también con humillación, el primero con calidad y nobleza, el cuarto distraído y con tendencia irse, un quinto soso y deslucido y el sexto, curiosamente el que destacaba para mi por hechuras, el peor en cuanto a comportamiento, reservón, midiendo y soltando la cara con peligro. Para lidiarlos una terna de lujo con Enrique Ponce el eterno, José Mari Manzanares, maestro, y Pablo Aguado, la sensación del momento, posible poseedor del duende y el pellizco en un futuro muy próximo. Una terna que cuajó una sensacional tarde, tres orejas para el valenciano, dos para el alicantino y otras dos para el sevillano que hicieron las delicias de los aficionados. Lo comentaban Javier y Román, nadie recuerda que a la muerte del tercero toro se hubieran cortado seis orejas, dos por coleta, algo inimaginable. Por ponerle un pero a la tarde, que la plaza, con ese cartelazo, no se llenó. Algo más de dos tercios, quizás, pero por lo que me comentaron la feria no ha atraído al público como hubiera sido deseado,  con entradas de media plaza en los días anteriores a pesar del esfuerzo de la empresa por confeccionar carteles con máximo atractivo.
Enrique Ponce recibió al primero a la verónica con suavidad ganado pasos para rematar con una preciosa media desmayada, cuidando al de Luis Algarra, que echaba las manos por delante y mostraba justeza de fuerzas. Se lesiona al salir del caballo y cae con estrépito en banderillas, teniendo que ser devuelto ante las protestas lógicas y justificadas del público. Lo que decía al inicio, qua la fiesta no va reñida con la seriedad y el rigor, y si un toro no vale se hace saber. Sale en su lugar un sobrero del mismo hierro que muestra fijeza, repite y mete bien la cara en el capote del Ponce que lo saluda con verónicas acompasadas, meciendo la embestida para rematar con una revolera. Mete la cara en le peto y en banderillas muestra movilidad y fijeza, aunque tampoco va sobrado de fuerzas. Ponce, eterno Ponce, le aplica la medicina que tantas veces le hemos visto aplicar, temple y suavidad, mimando al toro, consintiéndole en los muletazos de tanteo, mimándole para que no pierda las manos, ganándole terreno para llevárselo a los medios. Toro noble y repetidor al que Enrique lleva a media altura, desmayado, con suavidad, tandas en redondo cada vez más encajado, bajándole la mano poco a poco, cada vez más profundidad y cada vez más emoción. Por el pitón izquierdo protesta, suelta la cara y no se entrega, por lo que vuelve al derecho para instrumentar una magnifica tanda en redondo obligñandole, por bajo, la figura relajada, enroscándose al toro, tapándole la cara, llevándolo muy toreado, todo entre los olés de una afición rendida a su maestría. Bonito broche de faena genuflexo, enganchando al toro en la cadera para así aprovechar al máximo la corta embestida del toro, para acabar toreando erguido, desmayado, en una portentosa tanda en redondo de mucha calidad, bajando mucho la mano, muy despacio, de locura. Mata de una entera fulminante que hace rodar al toro sin puntilla. Dos orejas pedidas con mucha fuerza que el presidente concede. ¿Excesivo?. Pues según se mire, le sacó todo y algo más al toro, cuajó tandas de inmensa calidad y mató a la perfección. ¿Por qué no?. Si hay que pecar que sea de exceso. Ante el cuarto Ponce demostró, una vez más, por qué es el número uno eterno e inmortal. Casi treinta años de alternativa, dos orejas cortadas a su primero, puerta grande asegurada, plaza de tercera, le sale un toro hecho cuesta arriba que echa las manos por delante y lleva la cara alta, sin fijeza, suelto en el capote, distraído, ¿y qué más da?. Al primero le sacó más de lo que tenía, se lo hemos visto miles de veces, portento de técnica y conocimiento, y lo que hizo al cuarto también se lo hemos visto durante treinta años. Lo fácil hubiera sido despacharlo con brevedad, pero Enrique no entiende eso, le da igual que sea una plaza de tercera que una de primera, su compromiso y su entrega está por encima de todo. Se lo vi hacer en Málaga hace medio mes, jugándosela como un novillero que tiene que ganarse contratos. Ayer en San Sebastián de los Reyes tuvo paciencia, poco a poco fue poniéndole la muleta en la cara, tapándole la salida, técnica y conocimiento descomunal para acabar embarcando al toro en la muleta, llevándolo muy cerradito y muy toreado, tapando todos los defectos del animal. No se cansó en ningún momento, derrochó ganas y pundonor especialmente por el pitón izquierdo donde buscaba la huida a tablas con descaro. Magia en la muleta de Ponce, naturales impensables, con hondura, molinetes para dejárselo colocado en la derecha y enganchar unos redondos de lujo, templados y ligados por bajo. Poncinas finales que ponen la plaza patas arriba , un pinchazo más una entera que revienta al de Luis Algarra que valen una oreja de ley en reconocimiento a la profesionalidad y la disposición del que lo es todo en el toreo pero para el que cada día que se viste de luces parece el primero y que se da entero a todas las aficiones de todas las plazas. Un maestro insuperable.
Manzanares recibió al segundo por verónicas cargadas de temple, ganando pasos, ceñidas, para rematar con una media gustosa a un toro que repite y mete la cara con gran clase, humilla, tiene fijeza y repite. Inicia la faena por bajo, muletazos cargados de sabor, una trincherilla de ensueño para sacarlo a los medios con torería. Toreo poderoso y con enorme profundidad del alicantino en la muleta, series en redondo adelantando la muleta, enganchando la embestida, tirando del toro, viaje largo, mano baja, poderoso y rotundo, mando en redondos obligando mucho al toro, la muleta barriendo la arena. Toro bravo, noble, con recorrido, fijeza y mucha humillación, toro de dulce, de inmensa calidad, bravo y repetidor que le permite a Manzanares ligar las tandas con una emoción máxima, vaciando la embestida por debajo del palillo.  Prueba al natural pero por ese pitón el recorrido es menor y la embestida menos clara, lo intenta y sea algún natural con hondura, pero está caro que el bueno es el derecho, al que vuelve con una soberbia tanda de derechazos corriendo la mano con largura, profundidad, la mano muy baja, perfectamente acoplado, integrísima emoción, la plaza rugiendo en olés para rematar con ese pase de pecho eterno que ejecuta como nadie, a la hombrera contraria, descomunal. Toreo poderoso y toreo repleto de arte que abrocha con una estocada antológica en la suerte de recibir y que pasaporta al sensacional toro de Luis Algarra sin puntilla. Dos orejas sin contestación allí, en Sevilla, en Bilbao o en Las Ventas, y así podía seguir enumerando todas las plazas de España, Francia y América, y vuelta al ruedo para un gran toro, bravo, noble, con recorrido, duración y con una humillación que le hacía olisquear la arena en cada muletazo. El quinto es un toro con escaso recorrido en le capote, sin fijeza, distraído y desentendido, mansea en el caballo y corta en banderillas, un toro que dice muy poco de cara a la faena de muleta. Suelta la cara, un tanto a la defensiva, sin clase, muy deslucido. Sensacional José Mari, le pone la muleta en la cara, muy tapado, cerrándole la salida, con mucho poder y mando para acabar componiendo una meritoria serie en redondo sacada de la nada, igual que al natural, encelándolo en su muleta con magisterio y magia, porque a un toro que no decía nada, soso y deslucido, sin entrega, le acabó pegando muletazos inimaginables unos minutos antes. Enorme Manzanares, comprometido ante todas la aficiones. Pichazos hondo y una entera le valen una fuerte y cariñosa ovación que recoge en el tercio. Vuelvo a lo que comentaba al principio, el público supo calibrar perfectamente lo que hizo Manzanares y no se dejó llevar por lo más fácil, la euforia y el triunfalismo de la inercia de orejas que llevaba la tarde, todas merecidas a mi modo de ver, sino que mantuvo el rigor y premió como a mi modo entender era lo justo.
Lo de Pablo Aguado es, primero, para disfrutar, y segundo, para soñar. hay que disfrutar de este sevillano que nos está trayendo cada tarde aromas al mejor toreo de todos los tiempos, sabores añejos del arte del sur. Es diferente, su figura, su andar, su manera de citar, su reposo, la marea de conducir la embestida, de fuera a dentro, ceñido, todo con naturalidad y relajo, la mano baja, con sensación de torero cuajado cuando lleva tres años de alternativa y esta es la primera que está toreando en todas las plazas. No sé si exagero al decir que Aguado lleva el duende y el pellizco en su capote y su muleta, pero se nota de quien ha aprendido y quien es su referente. Las verónicas de ayer eran Romero y Morante, las manos, la manera de mecer la embestida, suavidad, temple, despaciosidad, muy lento, deteniendo el tiempo, parando los relojes, demostrando que la eternidad se puede ver y tocar, verónicas de ensueño, abandonado, toreando con la cintura, a compás, para rematar con una media de cartel, aromas del ayer y presagios de un mañana que queremos sea hoy. Si fueron apoteósicas las verónicas de recibo más aún lo fueron las que compuso a la salida del caballo, más temple imposible, más gusto imposible, más despacio imposible, los relojes detenidos, gloria bendita. Extraordinario el tranco del toro en banderillas y sensacional su juego en la muleta, bravo, pronto, repetidor, con recorrido y humillación, otro muy buen toro para una faena de muleta que sacó de lo más profundo del alma todos los sentimientos y las emociones que un aficionado pueda sentir. Torería en cada paso, gusto, arte, sabor en cada pase, tandas en redondo con largura, embarcándolo alante, la mano muy baja, ceñido, encajado, vaciando la embestida por abajo, toreo lento, templado, relajado y con naturalidad que remata con pase de pecho monumentales en cada serie, y todo en los medios. Al natural lo bordó, ¡cómo le echaba los vuelos!, ¡cómo los tomaba el de Algarra! después de un molinete garboso con el que se quedó perfectamente colocado para dibujar series divinas, hondas, manejando la franela con la muñeca, un grácil movimiento y el toro se iba con clase y codicia tras el engaño, naturales lentísimos, otra vez el tiempo parado, la eternidad ante nuestros ojos, imposible torera más despacio. Toreo a compás, sevillanía en el norte de Madrid, que se acompañan del final añorado, por bajo, troncherazos y pase de la firma, otro de desdén mirando al tendido cargados de sabor a toreo eterno. Se tira a matar y deja un espolonazo arriba que parte en dos al magnífico toro. Dos orejas allí y en cualquier plaza, como dije antes con Manzanares. El que cerraba plaza fue para mi gusto el de mejores hechuras, bajo de agujas, hondo, cuajado, acapachado y abrochado pero con presencia y seriedad, astifino, pero que tan solo se empleó en el capote del sevillano que nos dejó para el recuerdo otro ramillete de verónicas sedosas y acompasadas, templadas, lentas, que prometían más. Pero rompiendo el dicho que los de buenas hechuras embisten mejor  el toro fue a menos y a peor llegando a la muleta con la cara alta, derrotes secos con peligro, a la defensiva, reservón, midiendo, con poco recorrido, reponiendo. ¿Quién dijo miedo?, ¿quién dijo que los artistas no tiene valor?. No se amedrentó Aguado, le plantó cara, le consintió las brusquedades en la primeras tandas, a media altura, tragando parones y miradas, aguantando los arreones, peligro sordo, impasible, poniéndole la muleta en la cara, tratando de atemperar la bronca y descompuesta embestida a base de mando y de bajarle la mano para acabar robando una tanda final en redondo de muchísimo mérito, templada y ligada con despaciosidad, inimaginable, que remata con una gran estocada y descabello que le valió una gran ovación recogidas desde el tercio como justo premio a su labor de entrega, compromiso, dignidad y una vergüenza torera más propia de un matador curtido que de un joven que arranca su carrera.
La Fiesta en todo su esplendor, una gran tarde de toros, arte, sentimiento y emoción, triunfo y alegría pero sin euforias desmedidas, la terna a hombros... Y a todo eso hay que sumar la hospitalidad de unos anfitriones de primera, Javier y Román, además de la gentileza y generosidad de un gran amigo. ¡Así da gusto!

Antonio Vallejo

sábado, 24 de agosto de 2019

Paco Ureña, cumbre en Bilbao


Paco Ureña firmó ayer su faena cumbre. En Bilbao, en las Corridas Generales, palabras mayores, descerrajando la puerta grande de Vista Alegre - precioso el detalle de Fortes al querer llevar al maestro a hombros  camino de la gloria - tras cortar cuatro orejas, dos a cada uno de su lote gracias a una buena faena rematada con una gran estocada y una obra maestra que le elevan al Olimpo de las grandes figuras del toreo. No voy a ser yo quien a estas alturas vaya a reprochar nada a las cuatro orejas, mantengo mi criterio de siempre, que si hay que pecar que sea de exceso, pero sinceramente creo que con el tercero un torero hubiera sido los más justo. Tengo la impresión que Matías González debió pasar mala noche tras la canallada que cometió con Luis David, quizás también arrastrara en su conciencia la injusticia con Manzanares, y su Pepito Grillo particular debió andar revoloteando por su cabeza recordándole todo lo malo que había hecho, porque no llego a entender si no que tras dos días de cabezonería y negación de la justicia se prestara a sacar el pañuelo de la segunda oreja con tanta celeridad como hizo en ese tercero, teniendo en cuanta además que la petición había decrecido considerablemente. Un toro al que recibió de salida con verónicas templadas y acompasadas, jugando bien los brazos, rematando con una buena media y al que planteó un inicio de faena rebosante de torería y gusto con ayudados por alto que hilvanó con un trincherazo y dos naturales de inmensa hondura. A partir de ahí una faena de alto nivel, con muletazos de una profundidad máxima, auténticos carteles de toros por sí solos, toreo reposado, relajado, muy acoplado, todo muy natural, sin ese punto de aparente crispación en el rostro y esa cierta exageración en lagunas posturas que quizás sean una de las poquitas cosas que pueda criticar de Ureña, que cuando abre tanto el compás y se encorva tanto el conjunto resulta un tanto forzado a mi modo de ver. Alterna series en redondo y al natural en las que intercala grandes muletazos con otros de menor calado que en momentos puntuales rompen algo el ritmo del trasteo que vuelve a tomar vuelo con cambios de mano muy despaciosos y pases de pecho sensacionales. Sin duda la serie más reunida y compacta llegó por el pitón derecho ya avanzada la faena, casi en las postrimerías, muy ceñida, erguida la figura, metiendo los riñones, la mano baja, enroscándose al toro, temple sublime, belleza máxima, y todo muy natural. Intenta matar en la suerte de recibir en dos o tres ocasiones pero el Jandilla no se arranca por lo que decide entrar al volapié y deja una gran estocada en todo lo alto siendo acunado por los pitones afortunadamente sin consecuencias. Insisto, una buena faena con torería y emoción aunque quizás le faltara algo para alcanzar la plenitud más una gran estocada que para mi podría haberse quedado en una oreja, pero en cuya ecuación también me vale el resultado de las dos orejas que abrían la puerta grande Vista Alegre a Paco Ureña. Lógicamente nadie sabía si el sexto iba a ser como los del lote de Urdiales, infumables, o iba a ser un gran toro, por lo que Matías González no quiso exponerse a otra bronca como la de ayer, aunque es cierto que un sector bastante numeroso le criticó la segunda oreja. Es lo que tiene hacerlo mal y luego quiere arreglarlo deprisa y corriendo, que a veces metes la pata dos veces. El caso es que al tirar la moneda del sexto salió cara y hoy solo nos acordamos del grandísimo triunfo de Ureña y su salida a hombros tras cortar cuatro orejas. Y lo que es más importante, esa es la imagen que ha salido en los medios de comunicación generalistas, lo mejor para difundir la Fiesta y que el mundo vea la realidad, la alegría frente a la barbarie de la que nos acusan. Al sexto lo saluda también a la verónica, con gusto, suave, pero el toro echa las manos por delante y lleva la cara alta, le cuesta humillar y esa condición desluce un tanto ese recibo capotero. Pierde las manos al salir del caballo y no da muestras de grandes cualidades de cara a la muleta. El brindis de Ureña a Urdiales es una muestra más de la pasta con la que estrechos estos hombres. Emotivo y caballeroso brindis, de respeto y admiración, pero también de cariño de maestro a maestro. ¡Que grande es el toreo y que grandes son los toreros!. Otro inicio de faena torerísimo, con suavidad y temple, por bajo para llevarse al toro a los medios. Portentosa la primera serie por el pitón derecho, temple y ligazón, la mano muy baja, la figura erguida, sereno, natural, suelto, redondos de inmensa profundidad para rematar con un cambio de mano y uno de pecho superlativos. A partir de ahí una sinfonía de toreo, una obra maestra, todo muy despacio, muletazos templadísimos por ambos pitones, ligando con la mano muy baja, la figura natural, muy ceñido, metiendo los riñones, encajado y acoplado, con un ritmo y una cadencia magistral, alargando el viaje hasta unos límites inimaginables, máxima emoción en los tendidos que responden con olés rotundos, secos, sentidos, nacidos desde lo más profundo del corazón. Faena maciza y compacta llena de sabor y aromas a grandísimo toreo que epiloga clavando las zapatillas a la gris arena bilbaína para instrumentar pases por ambos pitones con recorrido y profundidad que hila con ayudados por bajo sublimes de sabor y unos naturales finalesquebrando la cintura, roto, abandonado que son el elixir de la suprema felicidad para todos cuantos pudimos verlos y sentirlos, realmente celestiales. Mata de otro volapié digno de premio hundiendo el acero hasta la empuñadura que fulmina al toro en tres o cuatro segundos sin puntilla. Dos orejas sin ningún tipo de contestación y el éxtasis en Bilbao rendida al torero de Lorca que me atrevo a decir ha firmado la obra cumbre de su carrera.
El riojano Diego Urdiales, por su parte, tuvo muy mala suerte con su lote, nulos para el lucimiento tanto primero como cuarto. Pero esas pobres condiciones del lote no fueron obstáculo para ver y disfrutar una vez más de la calidad y la clase de Urdiales, que inunda la plaza de torería en cada paso, a la hora de colocarse, la manera de andar ante el toro, su figura, el temple y la suavidad con los que impregna sus pases, que depende aromas a toreo caro, añejo, basado en un concepto clásico y elegante, algo que pudimos sentir en un precioso quite por chicuelinas al tercero jaleado con olés secos por parte de los aficionados. Ninguno de sus toros tuvo un pase, dos animales sin entrega, sin recorrido, que soltaban la cara con mucho peligro, reponiendo, especialmente el primero, ante el que hizo lo único que había que hacer, enseñar las dificultades del animal, probarlo por ambos pitones, ponerse en un alarde de valor y compromiso y liquidarlo a la mayor brevedad posible. El cuarto fue también un toro duro y áspero, complicado, también peligroso, que hacía hilo, se revolvía, soltaba la cara y sabía lo que dejaba atrás. Enorme esfuerzo el de Urdiales, enorme su actitud, tragó los derrotes secos del toro, siempre trató de llevarlo toreado por ambos pitones, no se guardó nada y expuso una barbaridad. faena encomiable, de lidiador, sin renunciar a nada, jugándosela con infinita verdad. Tras sudar la gota gorda intentándolo por ambos pitones acabó doblándose a la antigua, recibiendo una gran ovación que premió su extraordinaria faena, porque todo lo que hizo fue perfecto y torero, lidiando, arriesgando y pudiendo al toro, lejos de la plasticidad y la belleza que nos tiene acostumbrados. Pero a cada matador hay que juzgarle por el toro que tiene delante y ayer Diego Urdiales estuvo magnífico, con una vergüenza torera encomiable, cuando lo fácil hubiera sido tirar por la calle de en medio. Él no lo hizo y la afición bilbaína supo reconocérselo con una fuerte ovación que recogió desde los medios. 
Cayetano mostró ayer toda la raza que lleva dentro, como siempre hace, además de la enorme calidad que atesora. Hace no mucho tiempo un buen amigo y buen aficionado se sorprendía y casi se hacía cruces al escucharme decir que Cayetano era un gran torero, una figura del toreo. Sí, lo digo y lo mantengo, y ayer volvió a demostrármelo. Primero por su claridad de ideas, en todo momento supo dar a sus toros la distancia, la velocidad y el ritmo que pedía. Segundo por su seguridad y la tranquilidad que mostró toda la tarde, muy templado y reposado. Y tercero, porque derramó gusto y clase por los cuatro costados. Sensacional a la verónica en sus dos toros, acompasadas, suaves, cadenciosas, máxima expresión de belleza, rematando con unas medias que eran auténticos carteles, extraordinario con un galleo por chicuelinas para poner en suerte al quinto ante el caballo y superlativo, demostrando la raza y la casta que lleva dentro en las dos réplicas a Ureña en su turno de quites. Quitó Ureña por gaoneras ceñidas en el segundo y respondió Cayetano por tafalleras de ensueño, quitó Ureña a la verónica en el quinto y replicó Cayetano por gaoneras repletas de belleza y emoción rematadas con una revolera y larga cordobesa sensacional. Y toreó de muleta con un temple, una suavidad, una seguridad, una tranquilidad y una naturalidad digna de un maestro, como es él. Al segundo solo pudo torearlo en las primeras tandas en redondo, acopladas, reunidas, temple y mano baja, ligadas con gusto y  clase. No tuvo más, por el pitón izquierdo resultó imposible, soltaba la cara, tornillazos descomunales cargados de peligro ante los que Cayetano no le perdió ni un paso y se puso en el sitio demostrando su enorme valor. Lo mató de un volapié magnífico y recibió una merecida ovación. El quinto llegó vacío a la muleta, pasaba sin emoción, sin entrega, pero no renunció a nada Cayetano, le puso la muleta por ambos pitones, llevó perfectamente la sosa embestida, con una despaciosidad y un temple exquisito, muy seguro, intentándolo hasta lo imposible en una muestra irreprochable de compromiso y responsabilidad, llegando a meterse entre los pitones con verdad absoluta en un arrimón sin trampa ni cartón.  Igual que al primero de su lote lo reventó de otro volapié magistral que le sirvió para recoger otra gran ovación de la mayoría del público tan solo rota por unos pocos a los que prefiero no aplicables el calificativo que estoy pensando y que aún no olvidan y siguen rabiosos desde que Cayetano puso banderillas con los colores de la bandera de España, nuestra nación y su nación, aunque les moleste. Otros que sobran.

Antonio Vallejo