lunes, 22 de junio de 2020

Nuestra vuelta será grande


Con esta frase, nuestra vuelta será grande, idea por la empresa gestora de la plaza de Las Ventas y convertida, diría yo, en un lema para los taurinos, un faro  al que mirar en la penumbra de estos meses, hemos aguantado desprecios e insultos por parte de un gobierno incapaz que con una nefasta y criminal  gestión lleva ya a sus espaldas cerca de 50.000 muertes de españoles. Como era de esperar en estos meses de encarcelamiento este indecente gobierno no ha apartado su punto de mira de uno de sus objetivos obsesivos, la liquidación de la Fiesta Nacional. Acabar con los toros parece algo fundamental para la tribu socialcomunista, ahogar al mundo del toro negándole todo tipo de ayuda económica cuando a cualquier titiritero de tres al cuarto se le ha ofrecido y dado el oro y el moro era la consigna que el filósofo que ostenta el cargo de ministro de cultura ha obedecido e intentado cumplir a rajatabla. Y el mundo del toro, como siempre les he comentado, ha aguantado,  ha mantenido la seriedad, el rigor y la clase que le caracteriza a base de trabajo, trabajo y trabajo, a base de esfuerzo y sacrificio día tras día para salvar eso que tanto amamos, el toro bravo, pese a los menosprecios continuos. 
Lo hemos pasado mal, han sido muchos días de tristeza y añoranza de las plazas llenas, de las grandes ferias, de la luz del arte y el eco de los olés, los aficionados nos hemos sentido huérfanos pero manteníamos la ilusión gracias a esa frase, nuestra vuelta será grande, que por sí sola alimentaba el sueño del retorno a los tendidos. Y parecía que ese día nunca iba a llegar, de hecho aún no ha llegado, pero esta tarde ese sueño ha empezado a convertirse  en realidad. No sé cuantos hemos llenado la explanada de las Ventas a las ocho de la tarde, me da igual, he leído distinto medios tanto taurinos como generalista y hablan de "varios miles". Poco me importa el número, igual que tantas veces digo que me da igual una oreja más o menos porque la espada caiga uno o dos centímetros arriba o abajo cuando lo que me ha llenado de emoción y ha desbordado mis sentimientos ha sido el arte, porque tan solo el hecho de esta tarde ante la Puerta Grande de Madrid, la que abre el camino del cielo anhelado por cualquiera que ame esta Fiesta, ha sido suficiente para sentir la emoción y la pasión, para sentir ese pellizco único que solo el toreo es capaz de generar. Emoción por reencontrarme con amigos, con muchos abonados que tantas tardes nos vemos en las puertas de acceso, en los pasillos, con el personal de plaza que cada día de toros nos hace todo tan fácil y agradable y con quienes se crean auténticos lazos de amistad a lo largo de los años, con todos los maestros, novilleros, o toreros de plata que, como un aficionado más, a pie, entre la multitud, no han dudado en sumarse a la convocatoria, todos clamando un mismo grito, respeto a nuestras esencias, respeto a nuestras raíces, respeto a nuestra cultura, respeto a siglos y siglos de tradición, sin ningún matiz político, ajenos a colores, tan solo defendiendo la Tauromaquia, algo que sólo mentes obtusas y cegadas por el odio hacia todo lo que les suene a español son incapaces de entender. Ha sido un tarde muy feliz, que he vivido con mucha alegría, tanto que he hecho exactamente el mismo recorrido que cada día de toros hago desde mi casa hasta Las Ventas, aparcando mi moto en el mismo lugar de siempre. Todo igual, porque hoy sentía que iba a los toros, de otra manera, pero a los toros. Para mi, y creo que me equivoco poco si lo hago extensivo a los miles de taurinos que estábamos en la explanad de Las Ventas, ha sido un soplo de aire fresco, un aliento de esperanza ante lo que ya veo inminente e inevitable aunque a muchos les pese y vean frustradas sus tenebrosas intenciones, que nuestra vuelta va a ser grande, muy grande, como ha sido la apoteósica vuelta que hemos dado alrededor de Las Ventas, marcada por el cumplimiento de las normas, del respeto a todo y a todos, el orden y la categoría que siempre ha tenido  el toreo y que hoy, más que nunca, se ha mostrado eterno e inmortal.
Y voy a terminar como han terminado las palabras de cuantos han tomado la palabra en esta tarde de toros tan relevante: ¡Viva España!, ¡Viva la Tauromaquia!.

Antonio Vallejo

martes, 16 de junio de 2020

Volverá a reír la primavera


Miré los muros de la patria mía,
si un tiempo fuertes ya desmoronados
de la carrera de la edad cansados
por quien caduca ya su valentía...

¡Cuantas veces en estos meses se me ha venido a la cabeza este soneto de Francisco de Quevedo!, un llanto desesperado de desolación y soledad, reflejo del sentimiento de un español que vive inmerso en la desazón de una España imperial decadente, herido por la angustia ante el inminente fin de una época gloriosa, rebelándose ante el derrumbe moral de su amada nación. Siglos después, parece increíble,  a muchos españoles nos azota como un látigo mortal la misma inquietud ante una patria que se desmorona por la acción de sus enemigos y la omisión de quienes vuelven su cobarde cara sin defenderla, compartiendo la  misma tristeza y el desasosiego del gran poeta ante la inminente pérdida de lo que nuestros mayores nos legaron con su esfuerzo y sacrificio. Sí, no me duele decirlo, yo también miré los muros de la patria mía  en estos oscuros meses de primavera en los que tanto se nos ha ido y cuyas terribles consecuencias aún muchos no son capaces de ver.
Igual que miré esos muros de la patria muchas tardes también miré los  muros de la plaza mía, de esa plaza que tanto he añorado este mes de mayo y junio huérfano de toros, de esa plaza que ha visto robada su feria por un destino de origen tan turbio como los que lo han regido de manera obscena e indecente. El  San Isidro madrileño se ha ido, vacío, al igual que se esfumó de nuestras vidas el abril sevillano, o el marzo valenciano se apagó de golpe, con la pena en el alma del aficionado, con el dolor de la impotencia ante la amenaza de muerte de su amada, esa que se llama Tauromaquia. Amenaza de los mismos que sueñan con derribar los muros de la patria mía y que creen que los muros de la plaza mía también deben ser derribados por cuanto constituyen uno de sus pilares ancestrales, un signo inequívoco de españolidad, sin saber que ambos muros son mucho más sólidos de lo que imaginan al estar edificados por el corazón de una nación que jamás se ha rendido. Pinchan en hueso, sin duda.
Han sido muchas las tardes de esta oscura primavera en las que he pasado junto a la plaza de las Ventas, dirigiendo mi vista y mi ánimo a ese camino que como un ritual sagrado cada día de feria recorro para cumplimentar a esa amada afición, a esa locura, pasión desenfrenada, que es el toreo. Y cuando llegaba al encuentro de mi añorada plaza inmerso en melancolía me daba cuenta que allí estaba, como siempre, bella, erguida, imponente, desafiante, sólida, respetuosa, con su bandera a media asta, no diez días, todos los días, tranquila, serena, segura, con sus muros guardianes de este arte eterno. La contemplaba, en silencio, escuchando los ecos de los olés inmortales  acunados por el viento. Y la pena de esta oscura primavera desaparecía, la tristeza se esfumaba y las verónicas, los naturales, los adornos, los remates que tantas tardes nos han llenado de emoción se hacían presentes ante mis ojos para dibujar una sonrisa en la cara y llenar de alegría el alma taurina con la certeza que nada ni nadie será capaz de robarnos algo tan grande y con la seguridad que algún día veremos la luz, la de un nuevo amanecer envuelto en banderas victoriosas que desde los luceros anuncien que volverá a reír la primavera.


Antonio Vallejo

lunes, 11 de mayo de 2020

Por un San Isidro que no será, por el toreo. Y mi desprecio por la "cultura"


Mañana hubiera sido el día, martes, 12 de mayo. Mañana, sobre estas horas, estaría recorriendo mi cuerpo ese cosquilleo que cada año siento cuando me veo a las puertas de la que es la primera feria del mundo en la primera plaza del mundo y mis pensamientos embebidos en los vuelos de capotes y muletas soñando faenas con las que sentir ese algo único, mágico e inexplicable que es el pellizco del toreo eterno. Esos asientos, tan vacíos hoy, mañana estarían poblados de aficionados cargados de ilusión en un día de reencuentro con los abonados de siempre, con el personal de plaza que cada temporada nos hacen aún más agradables las tardes de toros que día a día desgranamos y disfrutamos con la pasión y el sentimiento que solo el toreo puede darnos. Ese es mi tendido, el 1, ahí están mis dos asientos, en ellos he vivido emociones intensas, he soñado el toreo, también he vivido decepciones, días de tedio, por qué no decirlo, e incluso enfados, pero siempre compartiendo lo más grande que tenemos, la afición. Mañana estarán vacíos de público, pero no solos, jamás abandonados u olvidados, ni por mi ni por ninguno de los cerca de 16.000 abonados que tiene Las Ventas porque sé que cada tarde van a estar en nuestros pensamientos y la melancolía nos invadirá más de un día, seguro. Vacíos de público pero llenos de cariño porque queremos a esa plaza, porque amamos el toreo y porque sabemos que llegará el momento del reencuentro más feliz que hayamos podido desear jamás.
Ese día llegará por mucho que a unos cuantos les pese a unos pocos que, durante esta situación tan anómala y atípica que estamos sufriendo en un estado de excepción impuesto de manera tiránica y encubierto en una falsa alarma o alerta, está aprovechando para intentar destruir un patrimonio cultural no solo de España sino de la humanidad como es la Tauromaquia. El desprecio de las instituciones socialcomunistas hacia el mundo del toro ha sido claro siempre, pero ahora aún más descarado y vomitivo. El toreo es algo que, les guste o no, está enraizado en nuestra tradición, un arte de siglos y un sector básico para la economía nacional, que representa unos 300.000 empleos, que ingresa en las arcas del Estado 140 millones de euros anualmente  y que mueve cada temporada entre 2.500 y 3.000 millones de euros. A ese patrimonio, a esa tradición y a ese Arte es a lo que un tal José Manuel Rodríguez Uribes - un tipo tan sectario y despreciable como todo el gobierno socialcomunista que nos lleva a la ruina - ha despreciado de la manera acorde a su aspecto, sucio y desaliñado, dejando a todo el sector taurino fuera de las ayudas económicas que su ministerio de incultura pregonó el pasado 5 de mayo. Y como este siniestro ministro de este siniestro gobierno todo ese batiburrillo vomitivo y asqueroso que conforman esos que se autodenominándose "mundo de la cultura", paniaguados y pesebreros del marxismo que viven del cuento y del dinero que a muchos nos cuesta enorme trabajo ganar, personajillos que si no hubiera habido una Guerra Civil ganada por el Generalísimo Franco no hubieran tenido tema para hacer películas más allá de las escabrosidades sexuales y zafiedades típicas de los Almodóvar, Amenábar o Bardem habituales alrededor de los que se reúne para mamar de las subvenciones públicas, cantantes de medio pelo y toda la tribu de titiriteros que inundan televisores y programas de ínfima calidad y peor gusto. Todos esos han mostrado desprecio al cine de verdad, a la música, a la literatura, especialmente la poesía, la fotografía, la pintura, porque todas esas variedades culturales son Tauromaquia, como también lo es la moda, sastres que crean auténticas joyas en los vestidos de torear. En fin, sería inmensa la lista de actividades culturales que desde siglos han girado en torno a los toros y no es cuestión de seguir enumerándolas porque nos llevaría horas, pero con ese desprecio  ese mundo de la incultura ha demostrado lo que es, una inmundicia frente a lo que en realidad representa el toreo, ahogado por esta severísima crisis, ninguneado, pero para nada vencido. Con la cabeza alta, mirando de frente, con verdad todo el mundo del toro ha seguido adelante, haciendo esfuerzos y sacrificios que jamás podremos agradecerles, trabajando en el campo, cuidando de esta especie, el toro bravo, que si por animalistas e incultos fuera se habría extinguido hace mucho tiempo, entrenándose y preparándose para estar a punto el día que se abra la puerta de chiqueros y salte a un ruedo de España el primer toro. 
Cuando sea, no habrá prisas, aunque eso cueste mucho, el toreo volverá como es, puro y con verdad. Volverá, no les quepa duda, porque es eterno y muy grande para esta pigmea clase gobernante que padecemos, porque la clase y la elegancia del toreo es mucha para esta banda progre y porque, como siempre he dicho, somos muchos más y mucho mejores, y saldremos de esta con grandeza, por la puerta grande, como en las grandes tardes.
Y les dejo como empecé. Mañana será un día difícil, mañana no podré sentarme en ese 1 alto cuna de mis sueños, mañana posiblemente la tristeza tienda a adueñarse de mi, pero estoy seguro que en algún momento, en algún rincón, el duende del toreo brotará no sé de donde pero me llenará de esperanzas para afrontar con paso firme todo lo que se nos viene encima. Y aunque suene raro quiero brindar con todos ustedes  por un San Isidro que no será pero que cuando volvamos a vivirlo jamás lo olvidaremos y quiero brindar, sobre todo, por el toreo, eterno e inmortal. Y para la "cultura", mi mayor desprecio, un pase de desdén y una estocada al volapié que los pasaporte lo antes posible.
¡Viva el toreo!, ¡Viva España!

Antonio Vallejo 

lunes, 20 de abril de 2020

¿Dónde están los animalistas?


El toro espera, paciente, en el campo, cuidado como siempre, alimentado y mimado con esmero en todas las ganaderías que pueblan nuestra geografía, día tras día, sin descanso. Esta manera de iniciar una nueva entrada de este blog podría aplicarse a cualquier temporada, cualquier año de los que hemos vivido hasta la fecha, porque nada cambia, porque quienes quizás más aman a este animal, quienes  más lo protegen y lo defienden son, en primera línea de batalla, los ganaderos que ponen su afición, su trabajo, su esfuerzo y su dinero para mantener viva una especie única de un valor incalculable en todos los aspectos. Ahí están ellos, los principales protagonistas de la Fiesta, sin los que nada tiene sentido, tranquilos, pacientes, esperando el momento de demostrar lo que son, toros bravos, genética concebida para luchar y morir peleando, con nobleza y honor. Es su razón de ser, para eso viven y para eso están preparados.
Y nada es diferente este año. En el campo bravo la vida sigue igual pese a la plaga que estamos sufriendo por culpa de un virus chino alimentado y potenciado por un gobierno absolutamente incapaz, incompetente y negligente que raya en lo delictivo por su actuación y sus medidas que traspasan claramente la legalidad en muchas ocasiones. Nada es diferente, repito, porque el trabajo que todas y cada una de las ganaderías están haciendo es exactamente el mismo que han hecho siempre, todas las horas del día, todos los días de la semana, todas las semanas del mes, todos los meses del año, todos los años de nuestras vidas, contra viento y marea, haga calor o frío, llueva o nieve. El toro no entiende de festivos o diarios, no tiene puentes ni vacaciones, necesita dedicación exclusiva, y a eso siguen entregados en cuerpo y alma los ganaderos, los mayorales y los miles de españoles que viven y trabajan por y para el toro. No desfallecen, ni uno, aún sabiendo que muchos de los animales alimentados, entrenados y cuidados con esmero durante años tendrán un triste final, entregados en un matadero donde encontrarán una muerte indigna y, me atrevo a decir, cargada de mucho estrés y sufrimiento, de verdadero dolor, porque será contra natura, contra su esencia, contra sus genes, contra su naturaleza luchadora, sin ninguna opción de defenderse, algo que  sí encuentran en la plaza. Pese a todo eso los cuidados que reciben son los mismos, como si mañana mismo fueran a embarcar en un camión camino de Sevilla, aunque su final sea mucho más triste. Eso es amar al toro, eso es proteger y preservar una especie, esa es la abnegación de los ganaderos a quienes creo que es de justicia dedicarles una auténtica ovación, a nuestro estilo, acompañada de un flamear de pañuelos blancos, con seriedad y respeto, no esos aplausos verbeneros mecanizados e instrumentalizados por los pesebreros del poder acompañados del "resistiré" de turno. Se merecen el máximo respeto, se merecen un homenaje cuando pueda ser, su entrega es absoluta y nuestro agradecimiento debe ser eterno ya que sin tanto esfuerzo esta bendita afición no tendría sentido, sin el toro no hay nada. Aquí no hay bulos, aquí no hay la horterada esa de las fake news, en el toreo hay verdad, solo verdad, desde el campo hasta la plaza, y esa verdad la están demostrando día a día.
Frente a estos auténticos héroes que son los ganaderos, olvidados, insultados por muchos,  ¿qué hay?. Nada, tan solo la mezquindad de otros, la miseria moral de muchos, de todos esos que van por ahí llamando asesinos a quienes nos declaramos taurinos, a quienes de verdad amamos a este majestuoso animal y, entre todos los taurinos, como he dicho al principio, en primera línea de batalla están los ganaderos. ¿Dónde están los animalistas?, ¿dónde están los del perro Excalibur?, ¿qué están haciendo por el toro bravo?. Nada, absolutamente nada, no hay noticias de ellos, ni las habrá, porque no tienen ni idea de lo que es y significa el toro, porque no les importa, porque lo único que les mueve es una motivación política nacida del odio. 
Nada más que eso, que tomen nota, que aprendan lo que es defender una especie.
¡Ole, ole y ole por nuestros ganaderos!.

Antonio Vallejo

martes, 31 de marzo de 2020

El silencio y la soledad del respeto


En silencio, vacía, así está mi plaza, con las banderas a media asta, señal de luto por todos los españoles que han perdido la vida a causa de este virus que nos está cambiando la vida. Luto y respeto por todos lo españoles, reitero, todos, sean de donde sean, sin distinción de regiones, porque así es Madrid aunque a algunos parezca molestarles a juzgar por los vomitivos comentarios y mensajes nacidos de quienes ya sabemos y que tan solo buscan rédito político alimentando el odio hacia Madrid por representar lo que representa. Madrid ejemplar, siempre, Madrid acogedora, la que más, siempre, con los brazos abiertos para cualquiera que llegue a sus calles sin importar su origen, Madrid entregada en cuerpo y alma para combatir esta plaga, vanguardia de España en mucho, con un sistema sanitario que cada año recibe sin rechistar a cualquier español que lo necesite gracias a unos hospitales modélicos que están soportando esta crisis precisamente por su capacidad y preparación tanto humana como técnica. Posiblemente ninguna otra  región habría soportado como lo ha hecho Madrid la avalancha de enfermos.  Pena y vergüenza es lo que he sentido al escuchar y recibir mensajes de rechazo a lo que ellos han llamado despectivamente "los madrileños", allá cada uno con sus complejos reflejados en estas reacciones, allá cada uno con el engaño que aceptan y difunden, el tiempo pasará y quien sabe si tendrán que arrepentirse de sus comentarios.
Madrid sigue, en silencio, luchando sin descanso, a media asta toda la ciudad, respeto. Madrid, capital de España y del toreo mundial. Ahí está su plaza, rota de dolor pero manteniendo su gallardía, vacíos los tendidos pero lleno el corazón con el alma de sus aficionados, ¡cuanto la queremos!, sabedora de que no esta sola, sabedora de que volveremos algún día a llenarla y a honrarla como se merece, sabedora de  que el toreo no va a olvidarla, aunque ahora toque silencio, respeto.
Ese mismo respeto que está demostrando cada día el mundo del toro, también en silencio, sin cámaras ni micrófonos, sin comunicados ni reuniones y más reuniones para ver cuanto se rebajan los sueldos millonarios de algunos, no hace falta anunciarlo a bombo y platillo, todo el mundo sabe que la Fiesta está sufriendo un golpe durísimo de consecuencia aún incalculables. ¿Cual es la respuesta?. Arrimar el hombro, poner lo que cada uno pueda, sacrificarse, sumar y no dividir, ayudar y no enfrentar. Y todo en silencio, en la soledad del campo bravo, criando y cuidando de ese animal maravilloso - el toro de lidia - que tanto queremos y respetamos, en la soledad de un salón convertido en plaza para torear, en el gimnasio improvisado para no perder la forma física, en una sastrería que con el raso de los vestidos de luces que ahora no puede confeccionar está fabricando mascarillas y trajes de protección para personal sanitario o para quien lo necesite, sea de donde sea o lo que sea, no hay preguntas, solo esfuerzo y trabajo en pos de un único fin, vencer al dolor y a la muerte, los valores del toreo, luchando contra el virus con esas armas, las mismas que las de los toreros, mascarillas y trajes representan auténticos capotes y muletas al servicio de todos aquellos que los necesiten, para que puedan lidiar con este toro bronco, carente de clase, calidad y nobleza pero que como los toros mansos y malos esconde un inmenso peligro por sus feas intenciones. 
Sí, ya sé que esto es incómodo para quienes por desgracia desgobiernan nuestra España, somos proscritos para ellos, cuasi delincuentes, asesinos nos llaman. Ni una palabra, ni un comentario, ni una imagen en los informativos. Tampoco hace falta, sinceramente, allá cada uno con su conciencia. La nuestra, desde luego, puede estar muy tranquila. Así somos, con nuestros defectos, por supuesto, pero siempre con la verdad y la pureza por delante, como el toreo eterno, sin taparnos, dando la cara, sufriendo y recuperándonos como tantas veces.
Madrid es mi plaza, la primera del mundo, la que creo debe enarbolar la bella bandera del toreo. Pero como Madrid están todas y cada una de las plazas de España y del mundo, iguales, no hay categorías, demostrando la clase y el señorío que encierra este arte inmortal, también el esfuerzo, el sacrificio, la entrega.  Llegarán las ovaciones, el flamear de pañuelos, llegarán las vueltas al ruedo, llegará la alegría, llegará el salir toreando al aire, pero ahora no toca, aún no, es otro momento, el del silencio, la soledad y el respeto.

Antonio Vallejo

domingo, 15 de marzo de 2020

Temple, el camino hacia el triunfo




Quien me iba a decir que, cuando el pasado 19 de enero publicaba una entrada en la que les transmitía mi profunda preocupación por el año que nos venía de cara al nuestra Fiesta pero en la que también quería transmitirles la ilusión que despertaba esta temporada 2020 por los anuncios de las primeras ferias cargadas de figuras, iba tener que sentarme a escribir no para contar lo que un día como hoy estaría pasando en Castellón o en Valencia, o para soñar con la que iba a ser una grandiosa Feria de Abril, o para ir imaginando esa tardes primaverales de San Isidro con Morante, Talavante, Manzanares, Ferrera o Ureña ya confirmados, sino para decir que todo ese castillo de naipes que formaron mis ilusiones se ha venido abajo por un virus.
Vivimos unos dias de desconcierto, de repente nos hemos visto inmersos en una situación difícilmente controlable. Nuestras vidas, nuestros hábitos, nuestras aficiones, todo parece desaparecer del mapa en unas horas. Nadie puede escapar de este estado de shock, nadie es inmune a la profunda preocupación, e incluso angustia, que genera el enfrentarse a lo desconocido. Y este maldito virus lo es, un desconocido que se ha colado para poner patas arriba todo cuanto hasta hoy veíamos como normal, desencadenando una crisis de consecuencias aún imposibles de calcular.
Esta crisis, como todas, lo primero que hace es dejar al descubierto las vergüenzas de algunos y la valía de muchos. Se ha perdido un tiempo valioso por parte de quienes tenían que haber tomado las medidas que se pidieron bastantes días atrás y se desoyeron por motivos de rédito político, ¡qué triste!, pero ese tiempo ya es irrecuperable y lo que nos queda es afrontar esta difícil situación para intentar acortarla cuanto se pueda. Es, por tanto, el momento para que cada uno pongamos nuestro pequeño granito de arena para construir una gran presa que frene la ola de la epidemia. Y no queda más que cumplir escrupulosamente todas y cada una de las recomendaciones y órdenes que nos den. En casa, en nuestros trabajos, donde sea, responsabilidad y orden. Por desgracia hemos visto muchos gestos de irresponsabilidad - ayer mismo nada más y nada menos que el vicepresidente del gobierno - y muchos más de falta de orden, de histeria y psicosis egoísta con gente desbocada comprando todo y algo más de una manera absurda y demencial. Pero, como dijo Rafael Gómez Ortega "El Gallo", hay gente pa tó.
También hemos podido ver la respuesta que se ha ido dando en distintos ámbitos de la sociedad a las situaciones que se presentaban. Hemos asistido a jornadas rayando en el esperpento en las que, por ejemplo, un evento deportivo se jugaba con público, otro a puerta cerrada, toro no se dictaba, una federación decía blanco, otra negro, una organización, otra que no, la de al lado que no sabe no contesta, viajes para allá y para acá, conciertos llenos de público, reuniones políticas y manifestaciones en la calle, etc. Y todo eso en días en los que se veía que la epidemia no se controlaba, que crecía sin freno, días en los que algunas voces, especialmente las autoridades madrileñas, clamaban por la paralización de todo ante la negativa y la cerrazón de un gobierno que no quería ver la realidad por motivos que deberán pasarle factura en el futuro. Menos mal que Madrid tomó la iniciativa y decretó unas medidas que han sido las que han obligado a tomarse muy en serio esta severa crisis, porque si no a estas alturas a lo mejor andaban algunos discutiendo si este domingo se jugaría o no algún partido con o sin público, aquí y en Europa, que no se crean que por ahí fuera se escapan de la quema, en todos los países cuecen habas.
Pero lo que a nosotros nos preocupa es España, siempre España,  y debemos dar ejemplo de lo que valemos, de todo lo bueno que llevamos dentro y del honor que significa ser español. Y, permítanme que les diga, que el mundo del toreo ha dado, en mi opinión, un ejemplo en estos días. Nada de ruido, con serenidad, con sensatez, anulando uno a uno los festejos, las ferias y cuantas actividades y actos tuvieran relación con el toreo, sabiendo el impacto y la enorme repercusión que va atener no solo en la temporada, sino de cara a las próximas. Pero, repito, a mi modo de ver una vez más este llamado mundo del toro ha sido ejemplar en su comportamiento. No ha hecho falta en muchos casos esperar a decretos que obligaran a suspensiones, antes ya se habían producido, no han sido necesarias reuniones y más reuniones, el sentido común ha imperado desde el principio. Un ejemplo que realmente nace de la esencia del toreo. Siempre hemos dicho que se tiene que ser torero dentro y fuera de la plaza, y así ha sido. Que no hay Fallas, no pasa nada, ya veremos si en el futuro puede enmendarse, lo mismo con la Magdalena, y si Sevilla no puede celebrarse no se hará, igual que San Isidro, aún siendo conscientes de lo que todo eso supone. El toreo nunca ha sido egoísta, el toreo siempre ha sido el primero en dar un paso para cualquier ayuda o causa benéfica, el toreo encierra unos valores que hoy en día están en desuso. Pero como somos proscritos los medios de comunicación nos arrinconan y marginan porque no somos políticamente correctos, pero estamos ahí, firmes, siempre dispuesto a ayudar, y ahora más que nunca. Que yo tenga noticia ningún torero de oro o plata, novillero, ganadero, etc ha confirmado positivo, quizás nunca lo sepamos, tampoco es obligatorio difundir nuestra vida en redes sociales, quizás la discreción sea lo mejor en estos momentos. No lo sé, pero sí que me queda claro que el comportamiento de todos cuantos integran esta Fiesta nuestra está siendo, repito, ejemplar. Y no me extraña nada, porque cuando hablamos de toreros lo hacemos de superhombres que cada tarde se visten de luces y miran a la muerte cara a cara, que saben de verdad lo que es el dolor y el sufrimiento, que tienen una capacidad de sacrificio y una voluntad de superación a prueba de todo, a los que nadie les tiene que insistir  en lo que deben hacer por el bien de todos, y lo hacen con normalidad, sin estridencias, sobran, sus valores son distintos.
Es más, pienso que vamos a ver la mejor faena de toda la temporada, una faena redonda y rotunda, verónicas  de saludo que paren al virus, puyazos delanteros para frenar sus ímpetus y evitar que eche la cara arriba, naturales hondos que le dominen, redondos profundos que lo sometan para acabar metido en la muleta de la curación podido, humillado, y rematar esta preciosa faena incluso adornándonos, saboreando el triunfo, con trincherillas, pases de la firma y adornos por bajo, torería y verdad, como nos gusta, dejándolo en suerte para ejecutar un volapié que lo pasaporte sin puntilla para siempre jamás. Y en el palco no quiero ningún presidente - ya saben quien - que venga a emborronar cuanto hagamos, mejor cualquiera de nosotros para sacar los pañuelos que premien esta faena con dos orejas, rabo y una vuelta al ruedo apoteósica.
Sí, será sin duda esa faena soñada que nunca creíamos que íbamos a ver, una faena que no olvidaremos jamás, marcada por la clase, la elegancia, el señorío, la naturalidad, el sentimiento, la mesura, la despaciosidad, en resumen, algo tan maravillosamente, mágico y único que es el temple, la nota dominante en la manera de ser y hacer de este  mundo que es el toreo y que todos conformamos nuestra manera, la verdadera grandeza de nuestra Fiesta que en el fondo es la grandeza de lo que somos, España y españoles.
Con disciplina, con orden, con responsabilidad, con ese temple, sin duda encontraremos el camino hacia el triunfo y cuando nos sentemos de nuevo en un tendido comentaremos por siempre esta gran faena que tenemos por delante y seremos realmente felices.

Antonio Vallejo



domingo, 8 de marzo de 2020

El milagro triunfal del toreo eterno


El toreo es en sí un enigma, de principio a fin. Un animal, el toro bravo, se encuentra frente a un hombre armado con su valor y una telas, el torero, para librar una lucha de la cual emana un arte, una belleza y una emoción tal que desborda los sentimientos racionales y eleva la pasión a la categoría de milagro. Así es el toreo, no le demos más vueltas, un milagro, el que se produce cada tarde que en una plaza  esa conjunción mágica toro-torero se hace realidad. No busquen más respuestas, no son necesarias, ¿para qué?. Abandónense, entréguense a los sueños y dejen el alma libre para vivir y sentir la inmensidad de este Arte.
Todo ha sucedido este sábado en Illescas en la Feria del Milagro, mejor nombre imposible, en una tarde en la que se ha colgado el cartel de "no hay billetes" en la confortable plaza de esta localidad toledana al reclamo de una terna de lujo compuesta por Morante de la Puebla, José María Manzanares y Pablo Aguado para lidiar una corrida de José Vázquez, procedencia Juan Pedro Domecq, variada de hechuras, destacando para mi gusto el primero por lámina y presencia, y de juego dispar, con un gran sexto toro, bravo y con clase, un primero noble y de calidad aunque la faltó un puntito de poder, un segundo con un pitón derecho de escándalo y un cuarto con mucha movilidad y transmisión al que Morante hizo bueno con un inicio de faena antológico pleno de poderío, mientras el tercero resultó soso y el quinto rebrincado y deslucido. 
Ya desde que saltó el serio y cornidelantero primero se podía presumir que la tarde iba a ir para triunfo. Maravilloso ramillete de verónicas de Morante temple, suavidad, gusto y torería en cada lance, meciendo las embestidas,  para rematar el saludo con una media marca de la casa que arranca los olés y la primera gran ovación. Se le veía con ganas a Morante, decidido, regalándonos un quite por chicuelinas a manos bajas ejecutadas al ralentí con sabor a gloria que abrocha con una media para morirse. El inicio de faena desprende torería por los cuatro costados, por bajo, ganando pasos, suavidad y temple, componiendo la figura, muletazos cargados de aromas previos a unas tandas en redondo ejecutadas con trato exquisito, bajando la mano, el toro es noble y responde, repite, pero le falta poder para transmitir y generar emoción. Por el pitón izquierdo protesta, le falta recorrido y tan solo algún natural aislado tiene cierta enjundia. Con el toro venido a menos sigue el sevillano ligando un par de series más por el pitón derecho con buen trazo, suaves, tirando del de José Vázquez, algunos muletazos con profundidad y sabor,  pero escasas de ritmo y transmisión. Por encima Morante que no anduvo fino con la espada pero que recibió una merecida ovación. El cuarto salió con muchos pies, abanto, sin fijeza, con la cara alta, sin entregarse, campando a sus anchas en los primeros tercios, entrando al peto del caballo que se encontraba en su camino pero sin emplearse, un despropósito de lidia, sin orden ni concierto en banderillas, caótico todo. Lo vio claro el maestro al tomar la muleta doblándose por bajo para someter al toro, portentoso arranque de faena lleno de mando y poderío que además aderezó con la torería y el pellizco que lleva dentro. Y el duende del toreo se hizo presente, la imaginación y la inspiración fluyeron para embriagarnos con una faena de las que hacen historia. Series en redondo de locura,  templadas, con largura y profundidad, la mano baja, ligazón, empaque, gusto, jaleadas con olés rotos, adornadas con un molinete garboso, o un trincherazo, o uno de pecho  infinito que pusieron a la plaza en pie. Y los naturales, ¡cómo fueron!, más hondos imposible, algunos aún duran, eternos,  y más temple, una maravilla, todo por bajo, todo aromas y sabor de romero y azahar. Morante entregado y todos rendidos al maestro, con las emociones desbordadas y a más tras otra serie por el pitón izquierdo sobrenatural, otra dimensión de toreo, de ayer y de siempre, la eternidad. Y un cambio de mano celestial, y unos remates por bajo genuflexo como epílogo sevillana pura, y una tanda final de derechazos enroscándose al toro a la cintura con todos los tendidos en pie al grito unísono de "torero, torero" que difícilmente abandonarán nuestra memoria. Se tira a matar recto, por derecho, y deja una estocada que pasaporta al de José Vázquez. Dos orejas sin discusión alguna que son poco comparado con la grandeza del toreo de un genio como es Morante de la Puebla y lo que una vez más me ha hecho sentir.
José María Manzanares es la elegancia hecha torero, naturalidad y clase, una figura cuya presencia llena el ruedo y que esta tarde ha vuelto a mostrarnos su categoría y su mando ante el único toro de su lote que ha valido, el segundo, porque el quinto no ha tenido ni medio pase, rebrincado desde salida, la cara por la nubes, a por más en uno de los primeros pases de muleta le rebana el cuello, de embestida descompuesta, sin una gota de clase pero al que no le ha perdido la cara, al que le ha puesto la muleta por ambos pitones y ha tratado de someter por bajo, pero nada, imposible. Lo mejor ha sido, sin duda, el tremendo volapié con el que lo ha pasaportado sin puntilla. Otra cosa muy distinta había sido su primer toro que desde salida dejó claro cual era su pitón bueno. Por el izquierdo no paró de acostarse y medir tanto en los capotes como en banderillas, pasando por los primeros tercios con más desconcierto que buenos presagios. Pero en la muleta el poder y el mando de Manzanares se hicieron gigantes para componer el toreo en redondo con una profundidad y una largura portentosa. Series por ese pitón derecho presentando la muleta planchada, enganchándolo  alante para conducir en largo y con temple la embestida de este toro repetidor y con humillación, llevándolo muy toreado, ligazón y profundidad, todo por bajo, rematadas por extraordinarios de pecho de pitón a rabo y adornadas con cambios de mano sublimes, lentos, muy largos. Empaque y elegancia, naturalidad, nada forzado, dominador pleno de la escena, Manzanares pleno. Lo probó por el izquierdo, nos lo enseñó y vimos lo que había, nada, tan solo malas intenciones. Epilogó el trasteo en redondo, como no podía ser de otra manera, con los mismos registros de gusto y torería que marcaron toda la faena rematando la magistral obra con una estoconazo en la suerte de recibir que fulminó sin puntilla al de José Vázquez. Un mar de pañuelos y dos orejas sin discusión para el maestro alicantino.
Pablo Aguado es impactante, es un toreo distinto, tocado por una varita que le da un halo especial que nos transporta a otras épocas del toreo evocando a figuras del pasado. la manera de andar en la cara de los toros, su figura, su porte, la manera de citar y embarcar la embestida me recuerda, siempre lo he dicho, a Antonio Bienvenida. Verle torear es una delicia, todo es temple, todo es despaciosidad, todo es gusto, desprende aromas sevillanos por todos los poros, pero además es valiente y no se arruga ni duda cuando, como esta tarde, el toro se le para, mira y mide y él aguanta, o cuando como ante el soso y deslucido tercero, un toro falto de ritmo y entrega al que solo ha podido robarle algún muletazo suelto con cierta enjundia, no duda en capotar distancias y pisar terrenos comprometidos. Ha habido que esperar al sexto, ejemplar de Daniel Ruiz, para sentir la emoción y la pasión que desencadena el toreo de este sevillano. Con el capote es algo único, torea antes de que el toro llegue, juega las muñecas y los brazos con una sutileza y una gracia personalísima, maravillosa verónicas de saludo, templadas, muy lentas, sedosas, más maravillosas si cabe el galleo por chicuelinas y la larga cordobesa para dejar al toro colocado en el caballo y de escándalo el quite por verónicas templadísimas, parando los relojes, que remató con una media arrebujada de rodillas para quitar el sentido. Y con otod este bagaje llegó a la muleta y desde los primeros compases tocó arrebato y anunció emociones fuertes. Arrancó la faena desde el tercio, ayudados por alto, trincherillas, pases de la firma y un pase de pecho que detuvo el tiempo para llevarse la toro a los medios. Todo lo que sucedió en adelante fue una sinfonía de toreo, una obra maestra presidida por el temple, le gusto, la clase y unas muñecas armoniosas  que manejaron la franela como si de seda se tratara. Por el pitón derecho alcanzó una cotas de calidad máximas, componiendo la figura, el compás abierto, encajado, acompañando el viaje con la cintura, sin un gesto forzado, natural y relajado, muletazos eternos, ligados por bajo, profundos, una auténtica delicia. Un molinete lentísimo, no sé lo que duró, un siglo y algo más, le dejó colocado para torerar al natural como los ángeles, a pies juntos, citando de frente, de uno en uno, hondos, lentos, parecían inacabables, y más de pecho para abrochar las series. El final de faena fue apoteósico, toreando en redondo con un empaque y una calidad suprema, remates por bajo que olían a esa primavera sevillana que está a punto de llegar, pases de una belleza sin igual, cada uno un cartel. No podía fallar y no falló, se tiró a matar con todo y las dos orejas cayeron con todo merecimiento.
Esta es nuestra Fiesta, así la vivimos y la sentimos, esta es su grandeza, tardes como la de esta sábado en Illescas. Ese paseíllo que arrancó como un sueño acabó algo más de dos horas después con los tres matadores a hombros saliendo por la puerta grande, cumplidos los deseos, el triunfal milagro del toreo.

Antonio Vallejo