domingo, 18 de abril de 2021

Un rayo de esperanza para romper la soledad



 Poco ha cambiado hasta la fecha, queridos amigos. Más de un año sin toros, más de un año con las plazas cerradas a cal y canto salvo unas pocas que con gran esfuerzo, de la mano de la Fundación Toro de Lidia y el apoyo inconmesurable de Canal Toros, pusieron en marcha la Gira de Reconstrucción que, al menos, trajo hasta nuestras casas la magia del toreo en directo. Con ese poco nos hemos tenido que conformar los aficionados, hasta nos parecía magnífico verlo,  pero en casa, sin poder vivir esa sensación única que es sentarse en un tendido para disfrutar de un arte sin igual. Demasiado poco, sinceramente.  La tauromaquia ha sido sido la gran olvidada en estos meses. Mejor dicho, la gran repudiada en este mundo del pensamiento único, del buenismo, lo fácil, lo cómodo y lo políticamente correcto. Lo demuestra el hecho que, como ya hemos comentado tantas veces, otros espectáculos hayan reanudado su actividad con una serie de restricciones y limitaciones, pero al fin y al cabo volviendo a funcionar y recibiendo, además, ayudas de fondos públicos. Los toros no, los toros apartados, expulsados de cualquier ayuda, abandonados a conciencia, sin que parezca importar que sea el espectáculo que más público atrae cada año, por delante incluso del fútbol, no digo ya teatros, cines o conciertos, sin que a algunos parezca importarles el daño inmenso que se está haciendo al campo bravo, las pérdidas económicas millonarias que van a lleva a la ruina de cientos de miles de familias y la probable desaparición de una especie única si seguimos por este camino. Y ante eso estamos solos.
El mundo del toro es cierto que tiene mucho de solitario. La soledad es una constante y se vive con ella. La soledad del campo, la soledad del entrenamiento, la soledad del sacrificio,  la soledad ritual de un hombre en una habitación de hotel antes de vestirse dispuesto para enfrentarse a un toro, cara a cara, sin miedo el dolor  y la muerte. Una soledad rota por todos esos aficionados a la puerta de los hoteles, a la entrada de las plazas, en los tendidos llenos, rota también con los ecos de los olés, las ovaciones, otras veces los silbidos, incluso cuando una multitud saca en hombros al triunfador. Tan solo son instantes, efímeros, luego volverá la habitación del hotel, el campo, el entrenamiento, el sacrificio, de nuevo la soledad. Lo saben y lo asumen desde niños, desde el día que entran en una escuela taurina,  cuentan con ello, es la soledad de la verdad y tienen fortaleza de sobra para afrontarla. Lo han demostrado, sobreponiéndose a todo, preparándose como si tuvieran que torear cada tarde, aunque no fueran de los pocos que tuvieron la oportunidad de pisar los escasos ruedos que abrieron sus puertas manteniendo viva la llama del toreo. Unos y otros, todos por igual, por respeto a su profesión y a los valores que representa, esperando ver un halo de luz, un rayo de esperanza que rompiera la oscuridad de su soledad. Y aunque fuertes necesitan sentir nuestro apoyo para también vencer a esa otra soledad que  los enemigos de la Fiesta  tratan de imponer, la soledad del ninguneo, del desprecio y del insulto. Pero hasta para afrontar esos ataques tienen la hombría suficiente.
Se esperaba con inquietud este 2021, con deseos de que la situación mejorara y el panorama se aclarara, pero el paso de los primeros meses derrumbaba las posibles ilusiones. Una y otra iban cayéndose del cartel las primeras ferias, Valdemorillo, Castellón, Valencia... iban anunciando cambios de fecha o directamente la suspensión. Tan solo Ubrique con dos festejos atrasados de la Gira de Recostrucción, Mérida, Jaén, Morón de la Frontera, Torija, Villanueva del arzobispo y Sanlúcar ayer han roto el vacío de toros en este primer trimestre. Muy poco, prácticamente nada. Tan solo Sevilla y su Real Maestranza dieron un paso adelante en estos meses y propusieron una temporada que debía haber arrancado hoy mismo con la corrida del Domingo de Resurrección. Aquel anuncio y los carteles confeccionados por la empresa Pagés sin duda nos ilusionaron a todos - tan solo había que ver las largas colas de aficionados en las taquillas en busca de un ansiado abono o localidades sueltas - aún sabiendo que por las restricciones de movilidad impuestas era casi imposible que nadie fuera de Sevilla pudiéramos sentarnos en los tendidos maestrantes. Pero el hecho que la Real Maestranza abriera sus puertas significaba mucho para el toreo. Podía ser la llama que encendiera la mecha de una temporada más que necesaria. Pero todo se ha venido abajo ante la falta de entendimiento entre la empresa sevillana y la Junta de Andalucía por las medidas restrictivas de aforo. No tengo criterios para entrar a valorar quién tiene razón o no, de quién es más o menos la culpa, pero sí puedo opinar y me parece increíble que ambas partes no hayan podido alcanzar un acuerdo, sobre todo porque se supone que ambos están del  mismo lado. El caso es que quien pierde es el toreo, nuestra Fiesta, muy triste.
Mientras tanto Madrid callaba. Bueno, Madrid no, Las Ventas sí, Simón Casas y su equipo para ser más concreto, ni mú, ni una palabra. Una actitud a mi modo de ver censurable, indigna y que para nada encaja en todo ese discurso rimbombante y engolado con el que hace unas temporadas desembarcó como empresario de la primera plaza del mundo. El motivo parecía claro, la no rentabilidad económica de abrir la plaza con aforo limitado y un número de festejos también restringido. Ojo, que lo puedo entender e incluso admitir y disculpar. Comprendo que un empresario busca rentabilidad para su empresa, pero luego que no se llene la boca con el arte, la cultura y un amor al toro y a la tauromaquia del que parecía ser el único poseedor. Era el momento de haber demostrado ese amor tan apasionado. Como iba diciendo, Madrid sí que habló, hace unas semanas, porque Madrid es muy grande, en todos los sentidos. Habló Vistalegre, y vaya si habló, ¡nada más y nada menos que un San Isidro!, un serial de 11 festejos, 9 corridas de toros, una novillada y una de rejones  con unos carteles rematadísimos, tanto el elenco ganadero como todas las figuras del  escalafón. Once tardes para ir a los toros de Carabanchel, once tardes para no perderse ni una, once tardes que pueden significar mucho más que una Feria de San Isidro adaptada a las circunstancias, once tardes que pueden ser esa mecha que Sevilla no ha podido encender para lanzar una temporada que saque de la UVI a nuestra Fiesta.
Tras la publicación en el BOCM ayer sábado 17 de abril de las normas que regirán en Madrid la celebración de espectáculos taurinos ese rayo de esperanza tan ansiado, capaz de iluminar la senda de la temporada, puede ser una realidad. Más aún si esa publicación viene de la mano de un anuncio espectacular; un festival benéfico en Las Ventas el 2 de mayo organizado por la Comunidad de Madrid cuyos fondos irán destinados a ayudar a los sectores del mundo taurino más afectados en estos meses de pandemia y un  cartel para volverse loco: Enrique Ponce, Juilán López "El Juli", José María Manzanares, Miguel Ángel Perera, Paco Ureña, Diego Ventura y el novillero de la escuela José Cubero "Yiyo" Guillermo García que se enfrentarán a reses de El Capea, Juan Pedro Domecq, Garcigrande, Victoriano del Río, Fuente Ymbro, Jandilla y El Parralejo. Todo un acontecimiento que por la fecha y por quien lo organiza creo que va a suponer mucho más que un festival taurino para recaudar fondos  con un noble fin. Que esos tendidos tan vacíos hasta hoy vuelvan a verse con público para que poco a poco y en no mucho recuperen la imagen que nos gusta, esa que ilustra esta entrada.
Una vez más siento la ilusión por ver cercano el día en que pueda sentarme de nuevo en un tendido, una vez más empiezo a sentir el cosquilleo que me recorre el cuerpo soñando el toreo, una vez más imagino lances de capote, muletazos, pares de banderillas, tercios de varas, estocadas, arte supremo para saciar el hambre de toreo que todos los aficionados tenemos. Solo espero que nada trunque toda esta ilusión, que todos cuantos navegamos en este barco de la Fiesta rememos en el  mismo sentido, juntos, sumando fuerzas, sin que cada uno haga la guerra por su cuenta, deponiendo frente a los supremos intereses toda mira personal. Es la única manera de salir adelante, de transmitir a nuestros hijos lo que siempre hemos sido, nuestras raíces, nuestra esencia. Es, sin duda, el rayo de esperanza que tanto necesitábamos para romper el silencio y la soledad de estos meses.

Antonio Vallejo
 

sábado, 6 de febrero de 2021

Un año vacío...¿y cuánto más?


El tiempo pasa, implacable. Se nos van los días, los meses, los años y en el futuro depositamos esperanzas, ilusiones, proyectos, sueños. Hace ya más de un mes que dijimos adiós a ese triste y desgraciado año 2020 que vino a romper nuestras vidas en todos sus ámbitos. Todo, absolutamente todo lo que hasta entonces concebíamos como normal, se vino abajo. De repente nos vimos inmersos en una película de terror, una horrible pesadilla de la que éramos incapaces de despertar, nada era igual, perdidos y confundidos, sin dirección. Poco a poco fueron mejorando algunas cosas y recobramos una pequeña parte de nuestras costumbres, pero no éramos como siempre habíamos sido y como queremos seguir siendo. Ningún aspecto de nuestras vidas se ha escapado al cataclismo durante estos meses, pero hay uno que, aunque les pese a unos pocos, es parte fundamental de nuestra vida, de nuestra esencia, de nuestra tradición y, por qué no decirlo, de ser como somos: el toreo. Quizás me quede corto al afirmar que, si hay una actividad que ha sufrido y sufre más el daño de la pandemia es el mundo del toro, desde el campo hasta las plazas, solos, abandonados a propósito por un gobierno que reparte ayudas a todos menos a la Tauromaquia, un gobierno sectario que basa su labor en el odio, en este caso a una especie única, el toro bravo, y todo lo que conlleva, trabajo y ecología, porque en España, a la que también odian, gran parte de los ecosistemas y el medio ambiente sobrevive gracias al cuidado de las dehesas con el trabajo inasequible al desaliento del campo bravo. ¡Y se llaman ecologistas!, ¡y se llaman animalistas!.   
Si hay algo que resume a la perfección lo que fue la no temporada taurina  y la situación de abandono que vivió en los pasados meses el toreo es esta imagen que he utilizado ya en repetidas ocasiones: el vacío.  Y la pregunta es obvia, ¿qué va a pasar en este 2021?. No quiero caer en el pesimismo, creo que hay que ser realista y mucho me temo que no pinta nada bien. Y lo peor es que empezamos a tomar como normal lo que no es. No es normal que las plazas de Madrid, Sevilla, Bilbao, Valencia, Zaragoza y Pamplona, las de relumbrón, las que cada temporada aglutinan el foco de atención del mundo del toro, las que marcan los grandes triunfos, no abrieran sus puertas mientras hemos visto como teatros, salas y otros recintos para conciertos prosiguieran con su actividad, limitada, sí, pero con actividad. Además presumiendo y vanagloriándose de lo seguros que son, solo hay que ver en televisiones, radios y prensa escrita la cantidad de entrevistas a la patulea de personajes amigos de este gobierno que se autodenominan mundo de la cultura y que no dejan de chupar del bote porque sin subvenciones no sobrevivirían ni lo que duran dos toros. Los tendidos, mientras tanto, en silencio, ausentes, el vacío, ¿acaso no son seguros?, al aire libre, con posibilidad de mantener la llamada distancia de seguridad, respetando todas y cada una de las normas que se imponen. Pues pareció ser que no, y nos conformamos con una temporada atípica en la que, por ejemplo, tan solo una feria, las Colombinas de Huelva, se confeccionó completa. Una temporada atípica en la que, por seguir con los ejemplos, pareció que la plaza del Puerto de Santa María iba a ser poco menos que la culpable de todos los contagios del mundo porque la gente se agolpaba en los tendidos, ¡qué vergüenza!, cuando la vergüenza es que los medios de comunicación generalistas abrieran telediarios y programas con esa noticia, esos mismos medios que jamás se acercan a una plaza de toros. Luego el tiempo y la justicia, cosa rara, demostraron que todas y cada una de las acusaciones eran falsas y que se respetó escrupulosamente las normas de aforo y la venta de localidades, pero de eso, por supuesto, jamás hablaron los gacetilleros. Una temporada atípica que se "salvó" gracias al esfuerzo de valientes empresarios en plazas de segunda y tercera durante los meses de verano y de un canal temático, Canal Toros de Movistar, que organizó  en los meses de septiembre, octubre y noviembre un serial de festejos englobados en la llamada gira de reconstrucción. Y con eso nos tuvimos que conformar, con ver a través de la televisión corridas atípicas de dos matadores y cuatro toros costeadas única y exclusivamente por una empresa privada que puso el dinero y por unos toreros que renunciaron a sus ganancias para poder sacar a flote el barco del toreo torpedeado desde el gobierno. Particularmente disfruté mucho con esos festejos, plazas como Úbeda, Cabra, Antequera, Barcarrota, Montoro, Herrera del Duque, maestros como Juli, Ponce, Curro Díaz, Perera, Finito de Córdoba, Ureña, Fandi, López Simón, Luis Bolívar, Román, Ginés Marín, Manuel Escribano, Emilio de Justo, Fortes, Álvaro Lorenzo, José Garrido, Jorge Isiegas, Juan Leal, Luis David Adame o Joaquín Galdós, y novilleros como Rafael González, Tomás Rufo, El Rafi o Diego San Román, que al menos consiguieron que el sueño del toreo siguiera presente en nuestras vidas, aunque fuere a través de la pantalla de televisión. Lo digo una vez más, solo se puede agradecer el titánico esfuerzo y el sensacional trabajo de todos y cada uno de los que hicieron posible esa gira de reconstrucción que supo mantener viva la llama de la afición. Y, por supuesto, no olvidaré de dos apoteósicas tardes, la del 12 de octubre en Córdoba con Morante y Juan Ortega ante toros de Jandilla-Vegahermosa  y la del 24 de octubre de Antonio Ferrera en Badajoz con los de Zalduendo, que consiguieron hacer olvidar todas las penalidades sufridas en ese maldito año y transformaron en realidad los sueños del toreo eterno. A todos ellos, gracias, infinitas, como su Arte. 
Pero a nadie se le escapa que todo esto no es suficiente, que nos falta algo, lo más importante, la plaza, sentir el toreo como siempre, y deben ser las de primera las que tiene que tirar del carro, las que deben dar un paso firme para que esa llama se convierta en el fuego eterno de la afición. Vuelvo a lo de antes, me parece peligroso que empecemos a sentir como normal lo que no debe ser. Hoy  mismo, sin ir más lejos, Valdemorilo estaría abriendo sus puertas para su Feria de San Blas y la Candelaria, no ha podido hacerlo, ha sido imposible por la situación actual, pero no renunciemos al futuro antes de tiempo. El torero jamás se rinde, si recibe una cornada se levanta y planta cara al toro como si nada hubiera pasado. Cada día intentan darnos cornadas, desde el ministerio de incultura - hace unos días ese personaje de figura desaliñada un tanto repulsiva de nombre José Manuel Rodriguez Uribes dejó claro en Telemadrid que no iba a destinar ni un céntimo de ayuda económica a la tauromaquia - y desde sus medios de comunicación, prácticamente todos, apesebrados. No cabe la rendición, hay que levantarse y plantar cara a ese toro que no tiene clase ni bravura, es un manso a la defensiva, peligroso, que solo busca herir, al que habrá que machetear por bajo, poderle y pasaportarlo con la mayor brevedad y diligencia posible. Y para eso necesitamos más que nunca a Madrid, Sevilla, Bilbao, Pamplona, Valencia, Málaga o Zaragoza, que arrastrarán a otras tan relevantes como San Sebastián, Albacete, Logroño, Salamanca, Burgos, Valladolid, Castellón, Alicante, Murcia, Almería, Jaén, Córdoba, Huelva, Badajoz, Mérida, Palencia, Plasencia, El Puerto, Segovia, Ávila, Guadalajara, Colmenar, Olivenza... y un largo etcétera de norte a sur y de este a oeste de nuestra España. Ya se haya anunciado que no habrá Fallas, es comprensible, pero el abril sevillano, o San Fermín, y ya veremos el resto, San Isidro me imagino que no correrá mejor suerte, quizás sea demasiado apresurado y a lo mejor se podía aguantar un poco más esa decisión, no lo sé, seguramente estaré equivocado. De lo que estoy seguro es que no me parece normal  que lo asumamos como tal y nos resignemos, incluso que demos por hecho un nuevo vacío y que empecemos a conformarnos con una temporada parecida a la de 2020. Sinceramente, echo en falta la voz de empresarios como Simón Casas, del que en Madrid, al menos yo, no se sabe nada ni le he escuchado nada. Podría mirar a Sevilla que tiene la intención de comenzar  la temporada el 18 de abril, trasladando a ese día la tradicional corrida del Domingo de Resurrección con un cartel de lujo, toros de Victoriano del Río para Morante, Roca Rey y Pablo Aguado, y a partir de esa fecha celebra corridas en La Maestranza los fines de semana del 22 al 25 de abril, 29 y 30 de abril, 1 y 2 de mayo. Es más, el propio Morante ha pedido matar la corrida de Miura, ¡ahí es nada!. Sería una grandísima noticia  que pondría en pie a toda la afición y que, en mi opinión, sería un puntal decisivo para comenzar  a vivir el toreo como siempre. Igual que puede haber un rayo de esperanza con noticias como la de Olivenza y Castellón, incluso la mismísima Valencia, que aplazan sus ferias a mayo y junio, con la firme decisión de intentar dar toros como sea, o Pamplona, que aunque haya suspendido las fiestas y encierros de San Fermín se está planteando celebrar las corridas de toros, o El Puerto de Santa María, que se compromete en su pliego a celebrar siete corridas. Eso es lo que creo que debemos pedir, al menos voluntad por parte de las empresas para sacar adelante esta temporada, aunque sea con reducción de los aforos - aunque en muchas tardes, por desgracia, no haría falta reducir aforo, se reduce él solo, véase Madrid fuera del abono de San Isidro - y las medidas que impongan las normas del momento y la región, que esa es otra, el cachondeo de las medidas regionales. Como leí a Daniel Luque hace un par de semanas en una entrevista en la revista Aplausos, "tenemos que tirar para adelante entre todos, no es tiempo de esconderse". Así es y así debe ser. Espero que Madrid hable de una vez, que se sepa algo, que muestra al menos intenciones, más allá de la rentabilidad económica. Es la primera plaza del  mundo, ahora debe serlo más que nunca y alzar la voz. Todos tiene que tirar del carro y Las Ventas tienen que ocupar su sitio, a la cabeza del enganche, dando la cara y mostrando la verdad del toreo, eso que siempre reclama, ponerse en el sitio.
Ojalá estas esperanzas de cara a la temporada 2021 se conviertan en hechos, ojalá vuelva a sentarme en un tendido de una plaza, ojalá sea en Madrid, ojalá pueda ir a Sevilla, ojalá sea en cualquier plaza, el vacío es muy grande y estoy seguro que la mayoría de ustedes coinciden en que deseamos volver a sentir ese ruido especial que se genera en el tendido, los olés, incluso las broncas, todo eso falta y necesitamos recuperarlo, que no nos hablen de nueva normalidad, no la queremos ni nos hace falta. Solo queremos volver a lo de siempre, a lo  nuestro, nuestras raíces, nuestra esencias, nuestro patrimonio, nuestra razón de ser, nuestra afición, nuestro toreo. 

Antonio Vallejo

lunes, 19 de octubre de 2020

Feria de San Lucas: Triunfo y arte en Jaén


 Dice el refrán que por San Blas la cigüeña verás y si no la vieres, año de nieves. Yo no sé si en el ya lejano febrero  de 2020 vimos a la cigüeña, pero lo que sí vimos fueron toros, como cada año, en Valdemorillo, madrugadora feria cada año, la primera de la temporada la de San Blas y la Candelaria. En la localidad madrileña brillaron José Garrido, puro arrojo, decisión y valor que le valieron una oreja junto a Juan Ortega, clase, temple y clasicismo ante toros de Alcurrucén, además de un pletórico y deslumbrante Daniel Luque, en plena madurez con ya 12 años de alternativa, y Álvaro Lorenzo, inteligente y firme, ante toros de Montalvo. Nos las prometíamos muy felices aquel fin de semana del 8 y 9 de febrero, arrancaba una temporada que iba atener su continuidad en Olivenza e Ilescas, ya partir de ahí.... se acabó. Parón. Luego, lo de todos conocido, el reguero de festejos en plazas de primera y segunda para llegar a este fin de semana de octubre en el que por San Lucas las plazas españolas vemos cerrar. Esto no es un refrán, ni se le parece, con perdón, pero es una realidad. Igual que Valdemorillo abre la temporada española es Jaén quién se encarga cada año de echarle el cierre, aunque cierto es que esta vez no será la última corrida de la temporada ya que aún  nos quedan unos cuantos festejos de la Gira de Reconstrucción que presentan gran atractivo.
Se ha dado la paradoja que dos matadores de los que estuvieron abriendo la temporada en tierras madrileñas también se han dado cita este sábado y domingo en tierras olivareras, Juan Ortega y Daniel Luque, compartiendo carteles con nombres de la talla de Enrique Ponce, Curro Díaz y Emilio de Justo en dos corridas que han resultado triunfales en lo que a trofeos se refiere - Ponce paseó una oreja, Curro Díaz dos, las mismas que Juan Ortega, Daniel Luque tres y Emilio de Justo otras dos - pero que, por encima de todo, nos han dejado un sabor a toreo inmortal. Mucho ha sido el arte que ha inundado el Coso de la Alameda, toneladas, enorme ha sido la emoción y más grande aún la torería con la que nos han embriagado haciéndonos olvidar todas las penas pasadas. 
Hay que decir que para que todo eso haya ocurrido han contribuido en gran manera los toros lidiados de Victoriano del Río lidiados ayer, de magnífica presentación, muy serios, con hechuras de plaza de primera, y los de hoy domingo, dos de Nuñez del Cuvillo, dos de La Quinta y dos de Juan Pedro Domecq, todos ellos de tremenda seriedad, rematados y en tipo, también con trapío de primera. Bravo por los ganaderos que, teniendo por desgracia mucho para elegir en el campo, han llevado a todas las plazas de segunda y tercera en las que ha sido posible ofrecer corridas de toros animales que estaban reseñados para Valencia, Sevilla, Madrid, Bilbao, Pamplona o Zaragoza, un auténtico lujo para esas aficiones. Cierto que ayer el juego de los de Victoriano fue desigual pero hubo uno, el sexto, Basurillo de nombre, extraordinario, probablemente el mejor toro de esta corta y extraña temporada, un toro bravo, con clase, con fijeza y entrega, con  recorrido y duración, que permitió a Juan Ortega cuajar una faena rotunda, llena de armonía, ritmo, compás, temple, gusto, clase, suavidad y, sobre todo, naturalidad, nada forzado, ni un gesto de afectación, y que a nosotros nos hizo soñar el toreo eterno. Tuvo clase pero pocas fuerzas y facultades, quizás debido a un puyazo que cayó bajo y le dañó, Quitaluna, el cuarto de Victoriano que por suerte cayó en manos de Ponce que gracias a su temple, técnica y maestría obró una vez más el milagro de convertirlo hasta en bueno, y resultó exigente y complicado Cóndor, que hacía quinto ya al que Curro Díaz pudo en una faena de poder no exenta del regusto y el pellizco de su toreo y personalidad. Otro toro que también apunta a premio al final de temporada es el que abría plaza hoy, Pocarropa, de Nuñez del Cuvillo, imponente de presencia y extraordinario de juego, bravo, noble, humillando de principio a fin, con fuerza y recorrido, que iba camino de dos orejas y rabo para Daniel Luque si no hubiera sido por los aceros. Y les juro que no exagero porque si el toro ha sido superlativo la actuación del sevillano ha sido magistral, desde el primer lance de capa hasta la última luquecina o ayudado por alto, una borrachera de toreo celestial, divino. También ha sido un gran toro el sexto, Tristón, el otro de Cuvillo lidiado hoy, un toro con movilidad y exigencia, que pedía el carnet y al que Emilio de Justo ha embarcado de manera portentosa en su poderosa muleta, al igual que Hocinero, de La Quinta, un cárdeno de preciosa lámina, ¡qué hechuras!, santacoloma puro, corrido en cuarto lugar y que también ha correspondido a de Justo que lo ha desorejado gracias a haberlo entendido y toreado a la perfección, como requería, un toro con la raza propia de su encaste, exigente y sin dar el mínimo resquicio a la duda al que ha sometido y llevado en largo y por bajo por ambos pitones en una faena de gran emoción y transmisión, algo que también ha tenido el otro de La Quinta que le ha tocado a Luque, Regente de nombre, también cárdeno, también muy en tipo santacoloma, bellísima estampa y un pitón derecho de lujo, pero nada por el izquierdo.
Y si ha habido toros y ha habido matadores también ha habido en estas dos tardes algo que en el toreo es fundamental aunque a veces no se les dedique el tiempo que se merece, los hombres de plata, toreros también, no lo olvidemos y de cuya labor a lo largo de la tarde depende mucho lo que puede ocurrir en la faena de muleta, que en el toreo moderno parece ser lo único que cuenta. Muchas veces me habrán leído decir que vivimos una época de oro en le toreo de plata, y es así, no recuerdo tanta calidad en este escalafón como ahora. Y lo de esta Feria de San Lucas de Jaén ha sido el mejor ejemplo. Sensacionales todas las cuadrillas, tanto en la brega como en banderillas, haciéndolo todo bien, ni un capotazo de más, perfectamente colocados, colocando los pares con verdad, pureza y exposición, asomándose al balcón que suele decirse, con los picadores, tan denostados y tan infravalorados, rayando a muy buen nivel dando al tercio de varas la importancia y relevancia que tiene, vital para el desarrollo de la lidia, aunque este toreo  moderno quiere convertirlo en un molesto trámite que hay que pasar porque lo dice el reglamento. Tan solo voy a decirles que en lo que a los del castoreño se refiere ayer sábado Manolo Quinta recibió una tremenda ovación al colocar un magnífico puyazo al primero de Ponce, sensacional también la José Palomares picando al cuarto, otra gran ovación, como la dedicada tras el extraordinario puyazo de Manuel Burgos a Basurillo, el sexto de Victoriano del Río, que hoy domingo José Manuel García, de la cuadrilla de Daniel Luque ha ejecutado la suerte de varas a la perfección en el tercero de La Quinta, llevándose el premio al mejor puyazo de la feria, que en cuanto a los hombres de plata se refiere en la corrida de ayer sábado se desmonteraron en banderillas Juan Carlos García y Óscar Castellanos, a las órdenes de Curro Díaz, Andrés Revuelta y José Ángel Muñoz "Perico", a las órdenes de Juan Ortega, magistral brega de Jorge Fuentes en el sexto, también a las órdenes de Ortega, y que en la de hoy, en la cuadrilla de Daniel Luque, Antonio Chacón y Juan Cantora saludaron desmonterados una gran ovación en el tercio de banderillas al primero, el propio Chacón bregó a la perfección al tercero, Juan Contreras dejó dos pares con exposición viéndose obligado a responder a la atronadora ovación, Miguel López dejó un puyazo arriba y delantero al quinto y Raúl Carico también respondió montera en mano a una fuerte ovación tras  banderillear al quinto, mientras entre los hombres que formaban a las órdenes de Emilio de Justo fue Manuel Pérez Valcarce quien destacó sobremanera en la brega del segundo, Germán González dejó tres soberbios puyazos al cuarto recibiendo un estruendosa ovación tras un vibrante tercio de varas y José Chacón colocó los palos con maestría y gran verdad al sexto saludando desde la tronera del burladero una ovación de las de época. Y es posible que me haya dejado algún nombre, no me extrañaría, porque ha sido una auténtica maravilla ver torear a todos esos hombres, nombres que pocas veces tiene el espacio que merecen y que, como aficionado, me parece de justicia darles, hoy y siempre. 
Por lo demás creo que poco queda por añadir de lo mucho que me he hecho sentir esta feria de San Lucas. Ponce, maestro de época, capaz de todo, temple y desmayo, Curro Díaz,  duende y pellizco, aromas de toreo de otros tiempos, siempre por bajo, Juan Ortega, naturalidad, elegancia, compostura, regusto, temple, suavidad, despaciosidad, una realidad ya, Daniel Luque, capote de ensueño, muleta magistral, toreo profundo, variedad, clase, y Emilio de Justo, poderoso, mando y calidad, valor y estética en unas muñecas que manejan los engaños con decisión y suavidad para embarcar al toro en los vuelos y llevarlos hasta el final. Es el toreo, mágico, único, muy grande. Y digo yo, si con todo lo que ha pasado, si con todo a la contra, sin ayuda alguna, solos, olvidados, proscritos, ha sido posible dar corridas de toros, si la afición ha respondido, si además hemos sentido este arte y hemos vivido emociones como las de estos dos días en Jaén, o las del pasado día 12 en Córdoba, o lo de Finito en Antequera, o lo de Ortega en Linares, o lo de tantas otras tardes, ¿puede quedarme alguna duda de que nuestra Fiesta jamás morirá?. Ninguna, de verdad, es muy grande, demasiado para una pandilla de mediocres cargados de odio, rencor y complejos que no llegan ni a la suela de una de las zapatillas de todos estos maestros. ¡Viva el toreo eterno!.

Antonio Vallejo

martes, 13 de octubre de 2020

Finito y Morante, el sueño encontrado


Mucho se ha quedado en el camino pero no estaba  perdido. Estaban ahí, tan solo había que ir a buscarlos, los sueños, los del toreo eterno, los de un arte inmortal. Estaban dormidos, en Antequera y Córdoba, esperando, tranquilos, sin prisas, para entregarse a quienes mejor podían hacerlos realidad, Finito y Morante, Morante y Finito, tanto monta. Dos tardes, dos maestros, una sola palabra, TORERÍA, y un solo sentimiento, emoción. Por eso el toreo es lo que es, algo imposible de explicar, que solo se puede vivir y sentir, sin atender a las normas de la lógica o la razón, abandonándose a la pasión del arte supremo.
Finito lo hizo el viernes, en Antequera, enmarcado en una de las corridas de la Gira de Reconstrucción de Canal Toros junto a Luis Bolívar, ante  toros de Zalduendo, magníficos de presentación y de muy buen juego, en especial el tercero, Doctor, al que indultó. Desde que tomó el capote para recibir por verónicas al que abría plaza se pudo sentir algo distinto, ese pellizco que anuncia algo grande. Temple, cadencia, ritmo, compás, ganado terreno toreando, meciendo al Zalduendo, rematando con una media llena de sabor. Toro con mucha calidad, bravo y encastado pero al que había que entender y saber llevar, de esos que no te permiten dudar. No lo hizo Finito. Los primeros compases de la faena desprendieron torería por los cuatro costados. Por bajo, trincherazos andándole hacia delante, llevándolo a los medios con suavidad y temple, muy despacio, torería pura. Por ambos pitones supo darle el trato perfecto, primero consintiéndole, dándole la distancia y la altura que pedía, llevándolo en recto para aprovechar sus cualidades, sin quebrarlo. Embebido en la  muleta se sucedieron las series por ambos pitones, cortas, medidas, cuatro muletazos, no más, dándole las pausas que necesitaba para recuperarse, todas con un temple exquisito, ni un toque a las telas, ni un tirón, suavidad exquisita, la mano baja, ligadas en el sitio, derechazos profundos, naturales con hondura, nada forzado, todo surgía de la inspiración, de la mente a las muñecas, jugadas con sutileza, naturalidad y verdad de una faena a la que le dio el metraje exacto, ni un solo pase de más, para pasaportar al toro de una sensacional estocada. Dos orejas al esportón. El tercero, el reseñado Doctor, fue en gran toro, magnífico, quizás con tan solo un defecto, el escarbar en repetidas ocasiones, algo que puede hacer pensar que quizás el indulto fue un tanto excesivo. Salvando eso fue un toro muy bravo, repetidor, que se empleó en todos los tercios si bien fue ne la muleta donde destapó todo el fondo que tenía. Repetidor, con fijeza y humillación, persiguiendo la muleta incansable, con celo y de una duración que parecía no tener fin. Los primeros compases de la faena también llegaron cargados de aromas a toreo de otros tiempos, muy despacio, por bajo, torería. El resto fue una borrachera de toreo celestial, series por ambos pitones templadas, con largura, ligadas por bajo, la figura compuesta, elegante, clase y gusto, abrochadas con pases de pecho antológicos, trincherazos y remates por bajo de ensueño. No sé cuantas series dibujó con unas muñecas de seda que manejaban el capote con una delicadeza sublime, incontables, porque Doctor seguía, repetía y embestía con la misma fijeza y codicia del principio. Poco a poco el rugir de los  olés fue dando paso al runrún y de ahí al flamear de pañuelos solicitando el indulto, quizás excesivo, pero tampoco voy a ser quien ponga peros a esa decisión, especialmente en esta temporada tan complcada y atípica en la que necesitamos alegrías. Dos orejas y rabo para Finito, justo premio a su actuación, rotunda, de principio a fin, llena de naturalidad y temple, con torería desde que pisó la plaza hasta que la abandonó, una delicia ver a Finito andar delante de la cara de los toros, ver como sale de la misma, con el poso y el regusto de la madurez, torería, mucha, el sueño hecho realidad, el del toreo.
Y sin tiempo para despertar ha llegado Morante a Córdoba en el día más indicado, el 12 de octubre, el  día de España, para hacer que el sueño del toreo eterno nunca acabe. Un mano a mano con Juan Ortega ante seis toros de Jandilla-Vegahermosa para mi gusto muy seria y muy bien presentada en el que el duende ha revoloteado por el Coso de los Califas para acabar invadiendo el alma de todos los aficionados de los tendidos y cuantos hemos visto la corrida por televisión. Tarde plena del maestro de La Puebla del Río, por arte, por valor y por decisión, todo lo ha tenido y todo lo ha entregado sin reservas. No era bueno el primer toro, frenado en el capote, con escaso recorrido, sin posibilidad de lucimiento. Pese a esas escasas condiciones del Jandilla he visto a Morante muy decidido con la muleta, presentándosela, con temple y suavidad, conduciendo la embestida con suavidad y el gusto con el que impregna cada pase, pero al toro le faltaba chispa y recorrido, pasaba sin más, sin emplearse y sin entrega, soltando la cara. Por encima Morante, serio, seguro y solvente. Los mismos defectos ha presentado el tercero, sin recorrido ni entrega en el capote no permitiendo lucimiento alguno. Por si faltara algo en la muleta se mostraba el Jandilla reservón e incómodo, apretando para dentro, miraba y medía, haciendo hilo, un toro que no concedía ni permitía nada. Gran disposición y fe de Morante que no ha dudado lo más mínimo, valiente y decidido, además de aportar una técnica portentosa, tragando lo suyo,  para acabar embarcándolo en la muleta con un par de tandas, una por cada pitón, de mucha calidad y temple, echándole la muleta abajo, sometiéndole y alargando el viaje de manera sensacional. Lo que parecía un imposible se hizo realidad, maestría de Morante en derechazos impregnados de torería, con el sello del maestro de La Puebla, toreo largo y profundo, enroscándose al toro, pasándoselo muy cerca, magia pura, adornada con molinetes y remates por bajo de ensueño. Gran ovación, atronadora, que de no haber sido por la espada, hubiera valido una oreja. El quinto saltó con bríos, apretando mucho hacia tablas lo que no permitió a Morante lucir su toreo de capote más que en dos verónicas sensacionales, repletas de aromas, parando el tiempo. Mejoró el toro tras el primer puyazo lo que aprovechó Morante para componer un quite bellísimo por chicuelinas garbosas al paso, ceñidas y a mano baja al que replicó Ortega con otro también por chicuelinas enclasadas y una media de remate de muchos quilates. Bonito duelo que tuvo su precedente en el segundo de la tarde, esta vez por verónicas, en las que ambos matadores llenaron de belleza y emoción cada lance, verónicas acompasadas, muy templadas, rematando los quites con medias que alcanzaron cotas máximas de gusto y elegancia. Momentos de intensa emoción que desataron olés que hicieron temblar los cimientos de la plaza cordobesa, al igual que cuando en ese segundo toro Juan Ortega brindó su toro al maestro que admira y respeta, precioso detalle que refleja lo que es el toreo y los valores que representa, entre ellos el respeto, algo cada día más en desuso. Un inicio de faena cargado de aromas, torería pura, andándole hacia los medios, trincherillas y pases de la firma para romper el alma que preceden a series por el pitón derecho enroscándose al toro, toreo en redondo templado y profundo, emoción intensa, ligazón, componiendo la figura, con ese barroquismo que apasiona, arrebujadito, el duende ante nuestros ojos, el pellizco añorado tantos meses, aromas de azahar del abril sevillano en pleno octubre con los que impregna los naturales en series ligadas con hondura rematadas por pases de pecho antológicos que desatan la pasión torera. Y todo bajo los acordes de "Suspiros de España", ¿se puede pedir algo más?, ¿hay algo más grande?. Pues sí, por ejemplo las manoletinas finales con las que ha rendido homenaje al gran Manolete en su plaza antes de ir a por la espada y sacar al Jandilla a los medios toreando a dos manos por alto, estampas de toreo antiguo repletas de belleza. Un pinchazo hondo arriba y una media también arriba tirándose a matar por derecho pasaportan al toro y arrebatan la posibilidad de lo que hubieran sido dos orejas casi con toda seguridad, pero la vuelta al ruedo ha sido tan apoteósica que vale por todos los trofeos. Esto es para mi el toreo, emoción y sentimiento, lo que han generado Finito y Morante, Morante y Finito, el sueño que echábamos tanto de menos, el sueño encontrado.

Antonio Vallejo



lunes, 12 de octubre de 2020

Recta final en el camino de los sueños perdidos


Tenía ganas de volver de nuevo con ustedes, se ha hecho largo, tantos meses después, mucho tiempo, demasiado. Meses duros, meses que nos han roto todo, que han echado por tierra proyectos, ilusiones, sueños, trabajo y, por desgracia para miles de familias, la vida, el bien más preciado. En su momento ya les dije en este blog lo que pensaba de esta pandemia, de su origen oscuro y su aún más oscura forma de gestionarla por parte del gobierno socialcomunista que padecemos, así que no voy a caer en el error de repetirme. Tan solo añadir que el tiempo creo que va cargando de razón mis impresiones. 
Como les decía, este año arrancaba como todos los de nuestra vida, cargado de sueños. Y entre esos miles de sueños había uno que a nosotros, los taurinos, los verdaderos amantes y defensores del toro bravo, nos llena de inquietud. Un sueño que se llama temporada, un sueño en el que depositamos todas nuestras ilusiones para verlas hechas realidad en una plaza de toros. Tan solo Olivenza e Ilescas, la única corrida que he visto  desde un tendido en esta temporada, desafiaron a la pesadilla y nos hicieron felices en lo primeros días de marzo. No olvidaré nunca ese día en la localidad toledana, todo, la comida, la sobremesa, el toreo de Morante, Manzanares y Aguado (Pablo, el bueno, no confundir con el Judas) y sobre todo la compañía de aquel día. 
Pero el sueño lo perdimos, se fue, de un plumazo, despertamos y vimos que no había Fallas, ni abril sevillano, ni San Isidro, ni sanfermines, no había nada, solo el vacío, la soledad, un orfandad de toreo que, al menos yo, tardé mucho en asimilar. Lentamente la situación pareció mejorar, tanto que se empezó a hablar que de cara al verano y el otoño las perspectivas serían otras, se hablaba de abrir las plazas con un aforo limitado y una serie de normas de comportamiento, se empezaban a dibujar los primeros trazos de lo que podía ser el otoño madrileño o la feria de San Miguel en Sevilla, por poner de ejemplo las dos plazas más importantes de España. Por desgracia todas esas esperanzas se fueron desvaneciendo día a día, por un motivo o por otro, los sueños renacidos se volvían a perder. Es cierto que el verano ha estado salpicado de corridas de toros por gran parte de nuestra geografía en plazas de segunda y tercera que han arriesgado capital y esfuerzo para poder ofrecer festejos y que, gracias a Dios, han contado con el respaldo de la afición gracias a una confección de carteles de primer nivel, tanto en las ganaderías escogidas como en las ternas anunciadas, pero eso no ha sido suficiente para salvar una temporada dramática para todos, empresas, toreros y ganaderos, probablemente éstos los más castigados de largo, apoyados por los pocos medios de comunicación especializados, un par de televisiones autonómicas y el Canal Toros que se ha encargado de retransmitir en directo una gran cantidad de las corridas lidiadas en España y las ferias francesas en plazas de primera categoría. Al menos así he podido saciar en parte el hambre de toros de esta temporada, aunque nunca es lo mismo que sentir el toreo sentado en el tendido, y eso que el sensacional trabajo de todo su equipo hace de las retransmisiones una autentica delicia. Y precisamente por esas retransmisiones me ha llamado poderosamente la atención que mientras en España plazas de primera como Málaga, San Sebastián, Bilbao y Zaragoza, más otras de segunda como Valladolid, Salamanca o Albacete iban anunciando una tras otra la suspensión de sus ferias, en la vecina Francia plazas como Dax, Bayona, Istres, Berciers, Arles con la feria del arroz y Nimes con la de la vendimia programaban sus ciclos completos y con un aforo creo que de un 70%. ¿Por qué las grandes plazas francesas han sido capaces de dar toros y las españolas no?, ¿cuál puede ser la explicación?, ¿de quién es la "culpa"?. No lo sé, pero me entristece ver que mi plaza de Las Ventas sigue igual, vacía, mientras, por ejemplo, cines y teatros sí abren, y me preocupa. Seguro que hay razones de sobra para tanta diferencia entre España y Francia, yo las desconozco, aunque las imagino, y eso me preocupa aún más.
Está claro que hay que seguir luchando por lo nuestro, por esta afición que nos une e identifica, por seguir defendiendo y cuidando al toro bravo porque si no lo hacemos nosotros, ¿quién lo va a hacer?, ¿esos farsantes que se llaman animalistas?. Que alguien me diga que han hecho en estos meses esa cuadrilla de impostores en ayuda del toro y del campo bravo. Nada, absolutamente nada, porque ni les preocupa ni les importa. Si de ellos hubiera dependido habrían acabado con la cabaña brava aprovechando la coyuntura, seguro. 
Lo que resta de temporada es poco, Jaén que anuncia su tradicional feria para el próximo fin de semana y la llamada gira de reconstrucción que Canal Toros ha puesto en marcha para octubre y noviembre en las plazas de Úbeda, Cabra, Antequera, Barcarrota, Montoro, Sanlúcar, Aracena, Fuengirola y Logroño, más una corrida en Badajoz en la que se anuncia en solitario Antonio Ferrera, y en el horizonte debiera estar la temporada americana, Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela y México que cada año por noviembre ve abrir las puertas del coso de Insurgentes pero que en este es aún una incógnita. Es la recta final que cada temporada se llena de premios, de balances, de triunfadores, de realidades, pero en esta de 2020 solo hablaremos de los sueños perdidos en el camino que algún día recuperaremos, los del toreo eterno, como el de Finito y Morante. 

Antonio Vallejo

lunes, 22 de junio de 2020

Nuestra vuelta será grande


Con esta frase, nuestra vuelta será grande, idea por la empresa gestora de la plaza de Las Ventas y convertida, diría yo, en un lema para los taurinos, un faro  al que mirar en la penumbra de estos meses, hemos aguantado desprecios e insultos por parte de un gobierno incapaz que con una nefasta y criminal  gestión lleva ya a sus espaldas cerca de 50.000 muertes de españoles. Como era de esperar en estos meses de encarcelamiento este indecente gobierno no ha apartado su punto de mira de uno de sus objetivos obsesivos, la liquidación de la Fiesta Nacional. Acabar con los toros parece algo fundamental para la tribu socialcomunista, ahogar al mundo del toro negándole todo tipo de ayuda económica cuando a cualquier titiritero de tres al cuarto se le ha ofrecido y dado el oro y el moro era la consigna que el filósofo que ostenta el cargo de ministro de cultura ha obedecido e intentado cumplir a rajatabla. Y el mundo del toro, como siempre les he comentado, ha aguantado,  ha mantenido la seriedad, el rigor y la clase que le caracteriza a base de trabajo, trabajo y trabajo, a base de esfuerzo y sacrificio día tras día para salvar eso que tanto amamos, el toro bravo, pese a los menosprecios continuos. 
Lo hemos pasado mal, han sido muchos días de tristeza y añoranza de las plazas llenas, de las grandes ferias, de la luz del arte y el eco de los olés, los aficionados nos hemos sentido huérfanos pero manteníamos la ilusión gracias a esa frase, nuestra vuelta será grande, que por sí sola alimentaba el sueño del retorno a los tendidos. Y parecía que ese día nunca iba a llegar, de hecho aún no ha llegado, pero esta tarde ese sueño ha empezado a convertirse  en realidad. No sé cuantos hemos llenado la explanada de las Ventas a las ocho de la tarde, me da igual, he leído distinto medios tanto taurinos como generalista y hablan de "varios miles". Poco me importa el número, igual que tantas veces digo que me da igual una oreja más o menos porque la espada caiga uno o dos centímetros arriba o abajo cuando lo que me ha llenado de emoción y ha desbordado mis sentimientos ha sido el arte, porque tan solo el hecho de esta tarde ante la Puerta Grande de Madrid, la que abre el camino del cielo anhelado por cualquiera que ame esta Fiesta, ha sido suficiente para sentir la emoción y la pasión, para sentir ese pellizco único que solo el toreo es capaz de generar. Emoción por reencontrarme con amigos, con muchos abonados que tantas tardes nos vemos en las puertas de acceso, en los pasillos, con el personal de plaza que cada día de toros nos hace todo tan fácil y agradable y con quienes se crean auténticos lazos de amistad a lo largo de los años, con todos los maestros, novilleros, o toreros de plata que, como un aficionado más, a pie, entre la multitud, no han dudado en sumarse a la convocatoria, todos clamando un mismo grito, respeto a nuestras esencias, respeto a nuestras raíces, respeto a nuestra cultura, respeto a siglos y siglos de tradición, sin ningún matiz político, ajenos a colores, tan solo defendiendo la Tauromaquia, algo que sólo mentes obtusas y cegadas por el odio hacia todo lo que les suene a español son incapaces de entender. Ha sido un tarde muy feliz, que he vivido con mucha alegría, tanto que he hecho exactamente el mismo recorrido que cada día de toros hago desde mi casa hasta Las Ventas, aparcando mi moto en el mismo lugar de siempre. Todo igual, porque hoy sentía que iba a los toros, de otra manera, pero a los toros. Para mi, y creo que me equivoco poco si lo hago extensivo a los miles de taurinos que estábamos en la explanad de Las Ventas, ha sido un soplo de aire fresco, un aliento de esperanza ante lo que ya veo inminente e inevitable aunque a muchos les pese y vean frustradas sus tenebrosas intenciones, que nuestra vuelta va a ser grande, muy grande, como ha sido la apoteósica vuelta que hemos dado alrededor de Las Ventas, marcada por el cumplimiento de las normas, del respeto a todo y a todos, el orden y la categoría que siempre ha tenido  el toreo y que hoy, más que nunca, se ha mostrado eterno e inmortal.
Y voy a terminar como han terminado las palabras de cuantos han tomado la palabra en esta tarde de toros tan relevante: ¡Viva España!, ¡Viva la Tauromaquia!.

Antonio Vallejo

martes, 16 de junio de 2020

Volverá a reír la primavera


Miré los muros de la patria mía,
si un tiempo fuertes ya desmoronados
de la carrera de la edad cansados
por quien caduca ya su valentía...

¡Cuantas veces en estos meses se me ha venido a la cabeza este soneto de Francisco de Quevedo!, un llanto desesperado de desolación y soledad, reflejo del sentimiento de un español que vive inmerso en la desazón de una España imperial decadente, herido por la angustia ante el inminente fin de una época gloriosa, rebelándose ante el derrumbe moral de su amada nación. Siglos después, parece increíble,  a muchos españoles nos azota como un látigo mortal la misma inquietud ante una patria que se desmorona por la acción de sus enemigos y la omisión de quienes vuelven su cobarde cara sin defenderla, compartiendo la  misma tristeza y el desasosiego del gran poeta ante la inminente pérdida de lo que nuestros mayores nos legaron con su esfuerzo y sacrificio. Sí, no me duele decirlo, yo también miré los muros de la patria mía  en estos oscuros meses de primavera en los que tanto se nos ha ido y cuyas terribles consecuencias aún muchos no son capaces de ver.
Igual que miré esos muros de la patria muchas tardes también miré los  muros de la plaza mía, de esa plaza que tanto he añorado este mes de mayo y junio huérfano de toros, de esa plaza que ha visto robada su feria por un destino de origen tan turbio como los que lo han regido de manera obscena e indecente. El  San Isidro madrileño se ha ido, vacío, al igual que se esfumó de nuestras vidas el abril sevillano, o el marzo valenciano se apagó de golpe, con la pena en el alma del aficionado, con el dolor de la impotencia ante la amenaza de muerte de su amada, esa que se llama Tauromaquia. Amenaza de los mismos que sueñan con derribar los muros de la patria mía y que creen que los muros de la plaza mía también deben ser derribados por cuanto constituyen uno de sus pilares ancestrales, un signo inequívoco de españolidad, sin saber que ambos muros son mucho más sólidos de lo que imaginan al estar edificados por el corazón de una nación que jamás se ha rendido. Pinchan en hueso, sin duda.
Han sido muchas las tardes de esta oscura primavera en las que he pasado junto a la plaza de las Ventas, dirigiendo mi vista y mi ánimo a ese camino que como un ritual sagrado cada día de feria recorro para cumplimentar a esa amada afición, a esa locura, pasión desenfrenada, que es el toreo. Y cuando llegaba al encuentro de mi añorada plaza inmerso en melancolía me daba cuenta que allí estaba, como siempre, bella, erguida, imponente, desafiante, sólida, respetuosa, con su bandera a media asta, no diez días, todos los días, tranquila, serena, segura, con sus muros guardianes de este arte eterno. La contemplaba, en silencio, escuchando los ecos de los olés inmortales  acunados por el viento. Y la pena de esta oscura primavera desaparecía, la tristeza se esfumaba y las verónicas, los naturales, los adornos, los remates que tantas tardes nos han llenado de emoción se hacían presentes ante mis ojos para dibujar una sonrisa en la cara y llenar de alegría el alma taurina con la certeza que nada ni nadie será capaz de robarnos algo tan grande y con la seguridad que algún día veremos la luz, la de un nuevo amanecer envuelto en banderas victoriosas que desde los luceros anuncien que volverá a reír la primavera.


Antonio Vallejo