viernes, 21 de mayo de 2021

¿Dónde estaban los que no vinieron?


 ¿Qué nos está pasando?, ¿dónde está el taurinismo?, ¿y la afición?. No lo entiendo, de verdad, no comprendo nada, cómo es posible que hoy, en la octava de San Isidro, la plaza de Vistalegre haya presentado un aspecto tan paupérrimo. A la venta un 40% del aforo, lo que marcan las medidas restrictivas impuestas. Ocupado tan solo la mitad de ese aforo permitido, siendo generosos, eso es un 20% escaso, lamentable. Nos hemos pasado un año escuchando cuánto se echaba en falta el toreo, que los toros tenían que volver, que la afición necesitaba de una vez que se abrieran las plazas... lamentos y más lamentos. ¿Y ahora qué?. Cuando Vistalegre da el importante paso de programar nada más y nada menos que un San Isidro viendo la desidia y dejadez de la empresa de Las Ventas que un día y otro da la callada por respuesta y se niega a abrir la plaza, nada, la gente, la rimbombante "afición madrileña" se hace un Simón Casas, ni está ni se le espera. Y no será porque se haya confeccionado un ciclo de once corridas de medio pelo. ¡No! Once carteles en los que está todas las figuras y toreros de primer nivel, once carteles con ganaderías de primera, y la gente no va a la plaza. Sinceramente, no me entra en la cabeza. Luego que no se quejen. El tiempo nos está dando la razón a todos los que tantas veces hemos dicho que el peor enemigo de la fiesta está dentro.
El de hoy, octava de San Isidro, era un cartel de los que antaño hubieran sido de los cotizados en Las Ventas. Sobre el albero carabanchelero Miguel Ángel Perera, Paco Ureña y Daniel Luque, que ha entrado por la vía de la sustitución a Emilio de Justo quien a su vez se anunciaba en lugar de Antonio Ferrera que rehusó a venir a Madrid, frente a toros de Hermanos García Jiménez y Olga Jiménez, de procedencia Juan Pedro Domecq. Los que suspiraban por ver toros y tanto se lamentaban por su ausencia, los que se decían taurinos y aficionados ¿dónde estaban esta tarde?, ¿acaso el cartel les parecía poco?. Pues peor para ellos, porque se han perdido una tarde que, aunque es cierto que no pasará a la historia por triunfos rotundos y faenas antológicas, ha tenido mucho que ver, apreciar, valorar y degustar para quien sienta el toreo, entienda lo que es el toreo y se sienta aficionado de verdad. Porque creo que ha sido eso, una tarde para aficionados en la que, para empezar, he visto seis toros dignos de lidiarse en plazas de primera, de excelente presentación, buenas hechuras, muy pareja de pesos, todos con trapío, quizás el primero el más vareado pero proporcionado y que con los pitones que lucía  el trapío era impresionante. El resto de sus hermanos, unos auténticos tíos, muy serios, con unos leños que asustaban, terminados en puntas, puñales desafiantes, toros con presencia, con mucha plaza, todos cinqueños largos, tres de ellos a dos meses de cumplir los seis, con lo que eso conlleva, sentido desarrollado y muchas complicaciones. En cuanto al comportamiento ha sido variado pero si hay algo que para mi ha definido a la corrida ha sido la movilidad, con más o menos clase, pero la corrida se ha movido, vaya si se ha movido. Seis toros que, además, han sido prontos en el caballo, han peleado, han metido la cara en el peto y han empujado con los riñones, empleándose, protagonizando vibrantes y magníficos tercios de varas a cargo de Oscar Bernal en el  segundo, Ignacio Rodríguez en el cuarto y Pedro Iturralde que agarró muy bien arriba y delantero al quinto  pero lo dejó crudo. En cualquier caso fueron despedidos con ovaciones importantes al retirarse.
Una tarde en la que he visto a Perera con su mando y poder habitual, seguro y firme ante un primero con fondo aunque algo justo de fuelle y brío y un cuarto con mucha movilidad y geniudo al que había que tocarle muchas teclas, en la que he visto a Ureña cuajar a un gran toro, el segundo, clase, nobleza, bravura, humillación, repetición, ritmo y duración, una faena de dos orejas que se quedó incomprensiblemente en una por un palco mezquino a más no poder, y exponerse para imponerse a un quinto incierto y complicado para acabar dando un recital de toreo al natural, y en la que he visto a un Daniel Luque ante un tercero que tenía buen tranco y son demostró el momento pletórico  que está atravesando, seguro, firme, con enorme disposición y una claridad de mente superlativa , y que en le sexto, una manso de libro, no ha tenido opción alguna a pesar de los intentos por lo que, con excelente criterio decidió abreviar y ahorrarnos un tedio innecesario. 
Una tarde en la que he visto muy buen torero de capa. Así las verónicas muy templadas de Perera con las que el extremeño ha saludado a sus dos toros, cadenciosas, jugando las manos con dulzura, suavidad y trato exquisito acariciando las embestidas. O las verónicas que Ureña recetó de salida en el segundo, templadas, a compás, con gusto exquisito, y el quite por delantales del murciano también en este mismo segundo, muy mecidos, muy suaves, temple absoluto y una revolera garbosa de remate. Y como no destacar a ese extraordinario capotero que es Daniel Luque, máxima expresión en las verónicas de recibo al tercero, acompasadas, muy despaciosas, sevillanía en las muñecas, y el maraviloso quite por chicuelinas a ese mismo toro, ceñidas, bajas, magistral, como siempre. 
Una tarde en la que he visto también muchas cosas en la muleta. El poderío y mando de Miguel Ángel Perera quien tras un inicio suave y templado al primero, andándole con torería para llevárselo a los medios, construyó una faena primero cuidando la altura para acabar bajando la mano en series por el pitón derecho poderosas,  profundas, perdiéndole un pasito para quedarse colocado y ligar en el sitio para acabar acortando las distancias a medida que el toro se iba quedando sin energías, cada vez más corto de recorrido, y torear en las cercanías, metido entre los pitones, bajándole mucho la mano, derechazos rotundos ligados en una baldosa. Con el cuarto, un toro con mucha movilidad y recorrido, aunque falto de clase y entrega, en todo momento llevó la cara a media altura y soltó arreones bruscos con genio, aprovechó la inercia en los primeros compases para mostrarle la muleta poco a poco, perdiéndole pasos para poder ligar los muletazos aguantando arreones y la manera de revolverse del animal a base de poder, una vez más, para acabar componiendo buenas series por el pitón derecho tapándole la cara, llevándolo muy toreado, con la mano muy baja, acortando las distancias, con emoción y transmisión. La muleta de Paco Ureña, gloria bendita, estatuarios en los medios en el arranque del trasteo al extraordinario segundo, series en redondo reunidas, acoplado, por bajo, ligadas, pasándose al toro por la barriga, muy despacio, temple, profundidad en los derechazos, largura, monumentales de pecho para rematar, toreo de muchos quilates a que también se trasladó al otro pitón, naturales hondos, dándole el pecho, el compás abierto, la mano baja, largos, series rotundas ligadas muy despacio, toreo templado y con ritmo. Y antología al natural con el quinto, con movilidad pero descompuesto en su embestida, desplazándose sin clase, la cara a media altura, rematando por encima del palillo, sin dejarse por el pitón derecho por donde tenía mucho peligro. Faena de exposición y compromiso, de entrega y disposición, que rompió al final por el pitón izquierdo, al natural, primero de uno en uno, robándoselos, templados, sin tocar el engaño, perfectamente colocado, dándole el pecho, así fueron surgiendo los muletazos, cada vez más hondos, cada vez con más ritmo para cautivar a los pocos que estábamos viendo esa mano izquierda magistral que tiene con un final apoteósico, naturales a pies juntos con hondura, largos, una maravilla, magia torera. Dentro de que a Daniel Luque le correspondió el peor lote, realmente solo tuvo un toro porque el manso sexto, marcando querencia desde que saltó, huidizo y desentendido, absolutamente imposible a pesar de los intentos por pararlo y fijarlo, sí que demostró en la muleta que está de dulce. El tercero, de comportamiento incierto, no concedía nada, se venía por dentro, soltando la cara a mitad de muletazo, protestón, deslucido, toro con poco recorrido,  tardo, escarbando, pedía firmeza y el sevillano se la dio. Firmeza, serenidad e ideas claras. Temple para mandar, muleta por abajo para someter, así lo hizo primero en naturales arrancados a base de colocación y tirar del animal, fuero tres o cuatro, pero fueron sensacionales, hondos, exprimiendo  lo poco que guardaba ese pitón. Por el pitón derecho mismo registro, mando y temple para trazar derechazos ligados por abajo, algunos de gran profundidad, sacando más de lo que había. Mucho mérito de Luque, faena para aficionados, para apreciar la dificultad del toro y la importancia de la tarde del sevillano, que torear poder al toro y sacarle todo lo que lleva dentro, mucho o poco, no solo redondos y naturales uno tras otro.
Una tarde en la que he visto también algo que dificílmente se puede ver, seis estocadas que se podrían catalogar en un rango de valoración entre muy buenas y extraordinarias, magistrales, monumentales o fuera de serie. Los tres han matado de manera sensacional, al volapié salvo Luque en el manso sexto que no paraba  quieto ni un segundo y al que pasaportó de un espadazo al encuentro. Pocas veces creo que veré manejar la espada como lo he visto hoy.
Una tarde en la que también he visto a unos toreros de plata extraordinarios, tanto en la brega como en banderillas, colocando a los toros en suerte con un solo capotazo, colocando los pares con exposición, de poder a poder, reunidos, magnífica tanto la ejecución como la colocación. Ovación en todos los tercios de banderillas, más o menos fuerte, en unos cuantos obligando a los de plata a saludar desmonterados, pero no voy a resaltar a ninguno, me parece más justo decirles que sobre el albero de Vistalegre hoy han brillado Javier Ambel, Curro Javier, Vicente Herrera, Víctor Hugo Saugar "Pirri", Curro Vivas, Álvaro López "Azuquita", Raúl Caricol, Juan Contreras y Juan Cantora.  Todos ellos nombres de primera fila que nos han brindado una muy buena tarde de toros. 
Una tarde en la que también he visto cortar orejas, una de ley para Perera en el primero y otra para Ureña que debieron ser dos por varios motivos. Primero porque, a mi modo de ver, la faena de Ureña que antes les comenté valía una oreja y la estocada monumental arriba con la que literalmente reventó al de García Jiménez y lo pasaportó en cuestión de segundos valía otra oreja. Segundo, porque la petición de segunda la oreja era, no digo mayoritaria, sino unánime, nadie guardó un pañuelo y aunque es cierto que el reglamento dice que la concesión del segundo trofeo es potestad del presidente, ya me parece curioso que todos los que estábamos en los tendidos pidiéramos la oreja y ¡uno solo!, el usía, dijera que no. Y tercero, porque conviene recordar todos los días por si hay memorias frágiles que estamos en Vistalegre, plaza de segunda y que el criterio de Las Ventas no vale aquí. Es más, conviene volver a recordar que exigencia no es sinónimo de intransigencia. Y añadiría un oreja que me hubiera gustado ver para Luque en el tercero por el mérito de su faena, sacando agua del pozo casi vacío que era ese toro, y por la más que monumental estocada, otra de oreja por sí misma.
En fin, que todo eso he visto hoy, no está mal. Lo que siento es que hayamos sido tan pocos los que lo hayamos visto en la plaza. Bueno, allá cada uno, se lo han perdido, mala suerte. Mañana más.

Antonio Vallejo

jueves, 20 de mayo de 2021

Y Dios bajó a Vistalegre


Dios, todopoderoso y omnipresente, sabía que en esta tarde del 19 de mayo, además de estar en todas partes, tenía que bajar a Vistalegre. Desde el cielo guía a la legión de ángeles de la guarda que envía allá donde se celebra una corrida de toros y les da un capote celestial con el que hacer el quite en el momento preciso o les lanza en ayuda del torero prendido por un toro apartándole del peligro con sus lasa salvadoras. Y otras veces viste a sus ángeles de la guarda con un pijama verde y una bata blanca cuando el percance ha ocurrido y en las enfermerías de las plazas se obra el milagro. No me queda duda alguna que en Vistalegre decidió hace unos días que debía  vestir de ángel de la guarda de los toreros al Dr. Enrique Crespo para salvar la vida de dos toreros, un novillero, Manuel Perera, un joven con el atillo que vino el lunes cargado de ilusiones por  triunfar y ser alguien en este duro pero bello mundo del toreo que estuvo a punto de entregar su vida en busca de ese sueño que sufrió el lunes una tremenda cornada en el vientre con las vísceras al aire que parecía mortal, y en la tarde de hoy un banderillero, Juan José Domínguez, prendido por el toro al clavar el tercer par al primero de la tarde, un toro de Vegahermosa que cortó yéndose hacia dentro con peligro y que en el embroque corneó al torero de plata lanzándole por los aires, dándole pitonazos en el pecho, axila, cuello, cara, ni sé, una, dos, tres, cuatro, cinco veces, tampoco lo sé, en unos segundos angustiosos que han parecido horas, y un matador, Pablo Aguado, empitonado por el muslo derecho al entrar a matar al sexto volcándose sobre el morrillo, recto, sin importarle entregar su propia vida. Cornadas terribles, en ambos casos la sensación ha sido de máxima tragedia, pero nos olvidábamos de la presencia de Dios y su legión taurina de ángeles de la guarda encarnados en la figura del Dr. Crespo. Solo así puedo entender que Manuel Perera esté en planta y consciente a estas horas, que Juan José Domínguez, tras más dos horas de intervención quirúrgica en la enfermería de la plaza descanse en la clínica Nuestra Señora del Rosario en este momento fuera de peligro, dentro de la gravedad, pero con vida y que también Pablo Aguado también esté ya operado y reposando en la misma clínica. Milagros del cielo, de ese cielo desde el que tantos maestros ven los toros cada tarde junto a nuestro Padre.
Tarde dura, que nos ha dejado la sangre helada, sin capacidad de reacción ante lo que, como he dicho antes, parecía una auténtica tragedia. El silencio sobrecogedor y el ambiente gélido que ha envuelto al coso de Vistalegre dejaba en un segundo plano todo cuanto pudiera desarrollarse  sobre el albero. Yo creo que todos y cada unos de cuantos ocupábamos hoy la práctica totalidad de las localidades permitidas por la limitación de aforo tan solo estábamos preocupados en recibir noticias de lo que ocurría en la enfermería. Gracias a Dios esas noticias pronto llegaron y fueron buenas, otra vez el capote salvador del cielo y la vida volvió a Vistalegre. Una vida que muchos jóvenes quieren seguir, como esos siete que tras romperse el paseíllo y escuchar como cada tarde el Himno de España, dieron una vuelta al ruedo portando es pancarta que traigo como portada: "Tenemos un sueño, ser toreros como Roca Rey y Pablo Aguado". Y como tantos maestros en los que cada se fijarán para alcanzar ese maravilloso sueño. Hoy han tenido la oportunidad de ver la verdad del toreo, la gloria y el dolor, la puerta grande y la de la enfermería, el triunfo y el drama, la delgada línea que separa la vida y la muerte, esa a la que miran cara a cara cuando se visten de luces y se plantan ante los pitones de un toro. Porque todo en el toreo es verdad, se triunfa de verdad, se sufre de verdad y se muere de verdad, siempre, sin imposturas, sin trucos, y así lo asumen casi desde niños. Hoy esos siete jóvenes lo han visto, Roca Rey dos orejas y a hombros simbólicos, Pablo Aguado en la enfermería y Juan José Domínguez al borde de la muerte. ¿Son o no héroes?. Sobre todo si les comparamos a todos todos los que a su misma edad viven en lo fácil, inmediato y acomodaticio, todos cuanto su único mundo y sus únicos valores residen en el postureo y la falsedad de Instagram, Tik tok y demás mundos paralelos irreales. Esos siete jóvenes representan a miles como ellos que encierran valores como respeto, sacrificio, esfuerzo, incómodos hoy en día para muchos, los valores del toreo, su sueño.
Probablemente era la de hoy la tarde más esperada de este San Isidro en tiempos de pandemia, la del mano a mano entre Roca Rey y Pablo Aguado ante toros de Vegahermosa (primero), Jandilla (segundo), Garcigrande (tercero y cuarto) y Nuñez del Cuvillo (quinto y sexto). Seis toros para mi todos de excelente presentación, serios y con trapío, buenas hechuras, proporcionados, fuertemente ovacionados de salida por su presencia el cuarto, preciosa lámina, castaño, dos velas por pitones, apuntando al cielo, astifino a más no poder, y el sexto, cornidelantero y abriendo la cara, un tío, con extraordinarias hechuras, y a mi modo de ver extrañamente protestado por unos pocos el quinto, de Cuvillo, armónico, proporcionado, con cuello, serio, astifino, con trapío... pero que marcaba "solo" 505 Kg en la tablilla. Por eso unos pocos, la verdad, lo ha reprochado con palmas de tango, unos pocos que creo que no sabían que Vistalegre es plaza de segunda y cumplía con creces por su trapío, unos pocos que no se han debido enterar que no estaban en Las Ventas, unos pocos que confunden exigencia con intransigencia, unos pocos que, da igual donde, no saben estar. En cuanto a comportamiento los dos mejores han sido los de Garcigrande, especialmente el tercero, un gran toro, bravo, noble y enclasado, con recorrido, duración, transmisión y emoción y el cuarto, magnífica pelea en el caballo y movilidad y repetición aunque le faltó humillar y le sobró puntear las telas además de escaso empuje y duración. El primero no tenía mucha fijeza y tendía a escarbar e irse, el segundo enseguida mostró querencia y buscaba irse a las tablas, el quinto soso y deslucido, sin ritmo ni entrega y el sexto que tenía nobleza pero carecía de entrega y fuelle, todo hubo de hacérselo a media altura. 
Para mi Roca Rey ha demostrado hoy la figura del toreo que es y lo que ha evolucionado en su toreo, desde esos primeros años de alternativa arrebatadores, un ciclón, incluso temerario, que se ponía en sitios inverosímiles hasta el torero de hoy, mandón y poderoso además de reposado y con gusto, aunando clase y valor y con la misma disposición y compromiso de siempre. Con el primero, suelto de salida, sin fijeza y blandeando mantuvo el primer duelo en quites con Pablo Aguado a la salida del caballo. Uno por verónicas templadas del sevillano replicado por saltilleras ajustadas del peruano que despertaron los olés y las primeras grandes ovaciones de la tarde. Luego vino la estremecedora cogida de Juan José Domínguez y en medio de una ambiente helador y con el alma encogida comenzó la faena por estatuarios en los medios y dos cambiados por la espalda acongojantes, y les aseguro que en esos momentos no estábamos en el tendido para muchos sobresaltos. Supo ver la distancia, la altura y el ritmo que requería el de Vegahermosa y así compuso Roca Rey dos tandas por el pitón derecho reunidas, templadas ligadas por bajo, perfectamente colocado, mágicas, llevándolo cosido a la muleta, en una baldosa. Por el izquierdo solo una serie de naturales, ¡pero qué naturales!, honda y templada, la mano baja. Toreo poderoso, toreo de figura que conoce los terrenos y maneja los tiempos, esta nueva dimensión del peruano. Con el toro rajado y con tendencia a irse acorta las distancias y le deja la muleta en la cara, muy tapado, sensacional, dominador y entregado. La espada emborronó una buena faena a mi modo de ver, quizás no electrizante como antaño pero con la sensación de estar ante el futuro dominador de la Fiesta. Solo una cosa más de este primero. El trasteo se desarrolló en un ambiente anímico de desolación, la plaza enmudecida, se temía lo peor para Juan José Domínguez, nos costó mucho entrar en la faena porque la mente estaba solo en una cosa, luchar por la vida del torero de plata. En esas circunstancias, ¿cómo coño se le ocurre al director de la banda comenzar a tocar la música?. Un hombre se debatía entre la vida y la muerte en la enfermería, ¡que nula sensibilidad!. El tercero, de Garcigrande, el de mejores cualidades de la corrida, permitió a Roca Rey lancear a la verónica con temple y clase, meciendo la embestida de este toro que repetía y metía la cara con clase. El remate del saludo capotero fue la locura, a una mano, prácticamente un circular completo. Sensacional Sergio Molina en un puyazo agarrado arriba, delantero y bien medido el castigo. Fuerte y justa ovación para el picador. El arranque de la faena, de rodillas, en el centro del anillo, toreando en redondo y largo, arrastrando la muleta para hilvanar uno por la espalda escalofriante antes de erguirse encienden la mecha y son presagio de las intenciones del peruano. Toreo ligado de mano baja fundamentado en la colocación y el temple, toreo con profundidad y largura, acoplado, encajado, pasándoselo muy cerca, series reunidas, remates de pecho largos, un cambio de mano sublime, derechazos rotundos. Por el pitón izquierdo mantiene el nivel, naturales enganchados alante, alargando el viaje, la mano muy baja, roto, toreo hondo y con recursos cuando el toro se le para, lo cambia por la espalda y queda perfectamente colocado para ligar otra serie más. Dominio absoluto, sensación de figura. Acaba en las cercanías, metido entre los pitones, el Roca Rey desafiante, el que desprecia el riesgo y el miedo, el toro entregado, hipnotizado en la franela y unas bernadinas de vértigo, ajustadísimas que preceden a un final imprevisto, por bajo, uno de desdén lleno de aromas, trincherillas con sabor exquisito, clase y gusto, otro registro más en una faena completa que puso a toda la plaza en pie en una ovación atronadora. Se tira a matar como si no hubiera mañana y cobra dos orejas de ley, dos orejas pedidas sin discusión y el gran toro de Garcigrande fuertemente ovacionado en el arrastre. El quinto tuvo muy poca historia. Deslucido y sin entrega, más soso que la dieta de un hipertenso, sin fijeza ni entrega en los primeros tercios. Solo José Chacón gracias al excelente banderillero que es pudo brillar en este toro colocando dos pares sensacionales, haciéndolo todo, llegando hasta la cara del Cuvillo, reuniendo y clavando de poder a poder. saludó desmonterado la gran ovación del público. Solo el inicio de faena tuvo cierta calidad y gusto, andándole hacia ,os medios con torería, todo por bajo. Pero al trasteo le faltó ritmo y continuidad sin llegar a levantar el vuelo a pesar de los intentos de Roca Rey por llevarlo toreado, poniéndose, entregado y muy solvente, fácil, pero sin transmisión posible. En todo caso, tarde de figura del toreo.
Lo mejor de la tarde de Pablo Aguado ha venido, sin duda, con el capote. Ya en el quite que Roca Rey le cedió en el primero demostró lo bien que torea de capa a la verónica, deliciosas.Al segundo lo recibió por el mismo palo, verónicas templadas, con gusto y esos aromas de azahar sevillano que desprende en cada lance. A las chicuelinas ceñidas del peruano en un buen quite replicó también por chicuelinas acompasadas a mano baja seguidas con olés sentidos. Detalle de integridad al irse a la puerta del patio de cuadrillas que conduce a la enfermería y brindar el toro a su compañero herido, estos son los valores del toreo. Toda la plaza en pie y muchas lágrimas en los ojos aún sobrecogidos por lo que vieron unos minutos antes.  En la muleta mostró su querencia, buscando la huida, siempre a tablas. Lo sacó a la segunda raya y en ese terreno tan solo pudo robar un par de series en redondo de cierto empaque y ligadas algo más bajas, pero al conjunto le faltó profundidad, todo hubo de hacerlo a media altura, sin continuidad, sin emoción. Atasco con los aceros y dos avisos. La excelencia con el capote llegó en el cuarto, ¡que verónicas!. Las muñecas rotas, a compás, la figura relajada, acompañando el viaje con la cadera, muy despacio, meciendo la embestida con un gusto y una sutileza fuera de serie, verónicas de Curro, verónicas del Guadalquivir, una locura. Buena pelea del de Garcigrande en el caballo, con celo, metiendo la cara abajo, empujando con los riñones, pelea de bravo y magnífico puyazo de Juan Carlos Sánchez que es despedido con una fuerte ovación. Otro quite por verónicas de mucha calidad, también muy lentas, temple absoluto,  pero sin alcanzar las cotas del saludo porque el toro comenzó a soltar la cara y puntear el capote. El inicio de faena fue de antología, con la rodilla en tierra, rememorando a El Gallo, llevándolo muy largo, obligándole mucho, quebrando la embestida, repite el toro, humilla, bellísimo, emoción máxima. Quizás todo lo que ha tenido de emocionante ese arrauqe tan intenso lo ha podido tener de contraproducente ya que el toro se ha acabado ahí. Se ha desplazado cada vez menos, cada vez más corto, soltando la cara, a la defensiva, sintiéndose muy podido, rajado a las primeras de cambio. Tan solo una serie al natural ligada por bajo sobresalió con el toro a menos. Mi duda es si hubiera planteado la faena con un inicio menos exigente, ¿hubiera durado más?, ¿la extrema y bellísima despaciosidad de las verónicas era fruto del temple sublime de Aguado o la embestida andando, muy lenta, a la mexicana, o venía por falta de fuelle?. Nunca lo sabremos, eso seguro, pero que me quiten lo bailao, esas verónicas y el quejío del inicio de faena valen oro. El sexto fue un toro de Cuvillo con fondo de nobleza pero al que le faltó celo y empuje. No permitió a Aguado desplegar el capote y lucir como sabe, sin entrega, la cara a media altura, como fue la faena de muleta. Temple y buen trazo, naturalidad y clase pero en mi opinión le faltó profundidad al no poder bajar la mano. Series ligadas por ambos pitones sin poder obligarle, con gusto y calidad pero sin llegar a romper, con mucho temple y suavidad pero el Cuvillo tampoco creo que daba para más. En cualquier caso vi esos detalles de toreo añejo que Aguado lleva dentro y que cautivan. Se tiró recto a matar, volcándose y dejando una entera fulminante, pero resultó corneado en el muslo derecho, región comprometida por los vasos que por allí discurren y la cercanía del mortal triángulo de Scarpa. De nuevo el corazón en un puño por otra cogida que también se veía que revestía gravedad.
Afortunadamente todos los heridos están vivos y tratando de recuperarse lo antes posible para volver a los ruedos. Han pagado con sangre y casi con la vida su sacrificio. Eso lo han visto los jóvenes que quieren ser toreros. Hoy, sin duda alguna, Dios bajó a Vistalegre, menos mal.

Antonio Vallejo


domingo, 16 de mayo de 2021

Juli y Manzanares, mando y poder en San Isidro


Poco a poco recobramos los hábitos y costumbres de siempre, no nueva normalidad ni otras tonterías tipo desescalada. Volvemos a vivir y a sentir como siempre lo hemos hecho, no es nuevo, es lo nuestro, ¿y algo más nuestro que los toros?. Vamos cogiendo ritmo, esto vuelve a funcionar, ya son tres tardes de toros en quince días y aún me queda la próxima semana para continuar  esa sana tradición de estar sentado en el tendido por mayo a las siete de la tarde para disfrutar de este Arte eterno. Más aún hoy, 15 de mayo, día del patrón de nuestro querido Madrid, que hasta Carabanchel, muy cerquita de la pradera y la Ermita del Santo, a la plaza de Vistalegre, nos hemos ido los aficionados con la misma ilusión de siempre pero también con cierta pena por ver que la plaza que hoy tenía que haber dado la cara por el toreo, la plaza bandera de la tauromaquia, la que actualmente está regida por quien se autoproclamaba poco menos que el salvador del toreo, está cerrada a cal y canto sin que haya ni el mínimo halo de esperanza en ver de nuevo abiertas sus puertas este año. Vistalegre tuvo lo que hay que tener para dar el paso y defender de verdad la Fiesta arriesgando para organizar un San Isidro con las limitaciones impuestas pero con todas las figuras presentes en el ruedo compitiendo entre ellos. Simón Casas productions & Co, sin embargo, siguen callados, ni están ni se les espera, ¡que triste!. A los hombres se les conoce por sus obras, las palabras se las lleva el viento.
Y ha merecido mucho la pena ir a Vistalegre, siempre merece la pena ir donde sea a ver toros, aunque haya sido una tarde que si la miramos desde la frialdad de los números podríamos pensar que ha sido aburrida y que ha pasado poco, no se han cortado orejas ni se han dado vueltas al ruedo, pero como aficionado creo que ha sido una tarde con enorme interés y mucho que ver, apreciar y valorar. Un cartel de lujo, propio del día que celebramos, el integrado por Julián López "El Juli", José María Manzanares y Paco Ureña ante toros de Alcurrucén, ganadería de lujo y muy del gusto de la afición madrileña. ¡Como para perdérsela!. Solo una pequeña decepción, el aspecto de los tendidos, pobre, con muchas localidades vacías de las que por normativa de aforo salieron a la venta. Por mucho que se haga, si la afición no responde la Fiesta se muere por inanición. Por lo que sea, por miedo, por economía o por desinformación, no lo sé, pero el caso es que esperaba ver el 40% del aforo permitido completamente lleno.
Una corrida de Alcurrucén, procedencia Nuñez, magnífica de presentación, con hechuras, seriedad y presencia propias de cosos de primera, una corrida con mucha plaza que decimos los taurinos y que perfectamente se podría haber lidiado en Las Ventas. Seis toros con trapío, en tipo, astifinos, algunos como primero, cuarto y sexto imponentes de pitones, auténticos tíos, dicho en castizo. Magnífica la selección en el campo, enhorabuena para el ganadero. En lo que a comportamiento se refiere creo que la corrida ha estado marcada por la falta de fijeza, la falta de humillación, la falta de entrega y el escaso recorrido como notas generales, si bien ha tenido movilidad en cuatro de ellos y emoción por el genio y las complicaciones de varios ejemplares que desarrollaron sentido y, como también decimos, exigieron el carnet. No ha sido una corrida de clase y calidad, de acuerdo, no ha lucido nada en los capotes, no ha servido, cierto, tampoco iba sobrada de fuerzas ni se ha empleado en varas -  un puyazo a cada uno y basta, lo reglamentario, no podía ni debía castigarse más - ni se ha entregado en la muleta, correcto, pero sí una corrida que había que poder y someter, una corrida con muchas vueltas y mucho que torear en la que Juli y Manzanares han demostrado el mando que atesoran- Paco Ureña no ha tenido opciones al lidiar el lote más deslucido - y en la que, como dije antes, para nada nos hemos aburrido.
Julián Lopez "El Juli" está en un estado de madurez y plenitud torera apabullante. Hoy lo ha vuelto a demostrar con sus dos toros. Dos faenas de magisterio, dos faenas de figurón del toreo en las que gracias a su portentosa técnica, su gran conocimiento del toreo y su poderío ha metido en la muleta a dos toros nada fáciles a base de colocación, temple y mano baja. Probablemente lo único destacable de toda la tarde en el toreo de capa lo haya ejecutado Juli con el quite por chicuelinas al primero, a manos bajas, ajustadas, muy lentas, bellísimas. Ese primero, como todos sus hermanos, mantuvo en la muleta la tendencia a llevar la cara alta y ahí salió a relucir la maestría labrada tras 20 años de alternativa. Con una facilidad pasmosa encontró la distancia, la altura y la velocidad exacta para embarcar las embestidas del Alcurrucén. Colocación, temple y mano baja, la receta para componer tandas por ambos pitones reunidas, toreo acoplado y encajado, todo en un palmo de terreno, tandas rotundas acompañadas con olés y ovaciones sentidas, redondos profundos, naturales largos y hondos, ligando siempre por bajo, faena que contada así parece fácil pero al alcance de pocos porque al toro había que saber llevarlo, no regalaba nada, y Juli supo y pudo. La apoteosis llegó con el final por bajo, repleto de sabor, trincherillas divinas, torería pura que nos enloqueció a todos. Lástima el fallo a espadas, una oreja hubiera caido. El cuarto era un animal precioso, vuelto de pitones, dos puñales que salió sin fijeza y la cara alta, completamente suelto, a su aire, sin obedecer a órdenes, yéndose a por el primer caballo que apareció por el patio de cuadrillas, y en esos terrenos se le recetó el único puyazo con la consiguiente bronca por gran parte de los aficionados. En banderillas esperaba y medía, soltaba la cara, por las nubes, e hizo pasar las de Caín a la cuadrilla de Julián poniéndoles los pitones a la altura de la axila en cada par, vamos, un prenda. Llegó a la muleta rebrincado, sin clase alguna y con embestidas descompuestas entre reproches y críticas de algunos impacientes e intransigentes. Lo comenté al inicio del trasteo, que había que tener paciencia y que alguno de los que gritaban auténticas barbaridades contra Juli a lo mejor tenía que comerse sus palabras. El toro se movía desacompasado, iba y venía sin entrega ni ritmo alguno, con la cara alta, los reproches seguían, y Juli le consentía, le ponía la muleta y le hacía creer que era el dueño de la situación. Paciente, sin prisa, poco a poco, colocándose, con temple sublime, fue metiendo al de Alcurrucén en los vuelos de la muleta. Primero fueron dos tandas, una por cada pitón, de mucho mérito por lo que aguantó, dejándole llegar y conduciéndolo sin que tocara las telas, bajándole la mano un poquito en cada muletazo, ligando reunido, y las protestas y exabruptos empezaron a decrecer. Ese se llama mandar y poder, al toro y a algunos. A medida que se sucedieron las tandas la emoción fue a más y la belleza acabó llenándolo todo con el toro entregado, humillando como ninguno en toda la tarde, persiguiendo dócil la franela del madrileño que toreó a placer, metiendo los riñones, enroscándoselo a la cintura, alargando el viaje de manera increíble, toreando muy despacio, para rematar con un cambio de mano y uno de pecho monumental, y la locura en los tendidos. A uno que estaba sentado poca filas por encima nuestro esa locura debió dejarle fuera de sí, porque si antes hablaba de las barbaridades que alguno soltó al inicio de faena peores fueron las burradas que por la boca de ese sujeto salieron en una supuesta alabanza desmedida a la faena magistral de Juli. O la locura o la cantidad de alcohol con la que ya entró a la plaza, en fin, lástima que faltara a clase  de educación y  saber estar el día que la dieron en su colegio y que en su casa no tuviera profesor particular. De nuevo la espada le jugó una mala pasada y echó por tierra otra oreja segura que sumada a la del primero hubieran sido dos y puerta grande para los amantes de los números y las estadísticas. Para mi , aficionado y amante del toreo de verdad y la belleza me sobra con el recuerdo de Juli poderoso y maestro, eso es infinito. Por cierto, una vuelta al ruedo en cada toro no hubiera sido mal premio para Juli, no sé por qué no se pide más y se valora como toda la vida ha sido. Las he echado de menos.
José María Manzanares, ni lo niego ni lo oculto, es uno de los matadores que más admiro, tanto por su capacidad técnica como por su capacidad artística y su personalidad. Es de los que llena la plaza solo con su presencia, tiene algo especial, algo que le viene de herencia, estoy convencido. El segundo siguió la tónica general de salida, frío, suelto, deslucido, sin entrega, sin recorrido, con la manos por delante y soltando la cara, de aquí para allá sin obedecer a nada. Arranca el trasteo por bajo, flexionado, tratando de obligarle, el Alcurrucén tiene movilidad, va y viene pero no completa el recorrido, a medio muletazo se revuelve, mide y busca porque sabe perfectamente lo que deja detrás. Toro complicado, incómodo y con peligro sordo , toro para llevarlo muy tapado y metido en la muleta sin perderle la cara ni un segundo. Enorme mérito y valor de Manzanares bien colocado, presentándole la muleta adelantada, llevándolo metido con temple, sin quitársela de la cara, pero el toro arrea tornillazos que aguanta el alicantino sin perderle pasos, valor a raudales, tanto que en un derechazo se queda abajo, suelta la cara con brusquedad y le prende afortunadamente sin consecuencias. No se achanta Manzanares, vuelve. ala cara y cada vez le obliga más y más, le somete y le puede con su apabullante mano baja, domina  la situación y concluye la faena con series por ambos pitones rotundas ligadas con clase y gusto entre los olés de una afición rendida a su mando. Un auténtico cañón con la espada, hundida hasta la empuñadura y en el sitio, un estoconazo de premio que por sí solo merece una oreja y que pasaporta sin puntilla al toro en escasos cinco segundos. Un mar de pañuelos en los tendidos y el presidente, de nombre ni idea pero supongo que Don Tancredo o familiar cercano, que dice que no, que no concede la oreja que era de ley, o al menos de reglamento.  A ver, señor presidente, si no lo sabe se lo explicamos, que la primera la concede el público con sus pañuelos, que cuando es mayoría hay que darla y que, por si acaso tiene dudas, la mayoría se valora por los asistentes, las localidades vacías no cuentan, se lo digo por si acaso, que el 60% de aforo no permitido no cuenta, ¿le queda claro?. Mayoría había más que suficiente, más o menos como la de Ayuso y Monasterio el día 4, para que le aclare aún más el concepto de mayoría, ¿lo pilla ya?. Es decir, que una vez más el del palco se ha pasado el reglamento por el forro, una vergüenza. Antes decía que Juli podía haber cortado dos orejas, con este del palco vaya usted a saber. El quinto es un calco del anterior en cuanto a comportamiento en los primeros tercios, suelto, sin fijeza, a su aire. En la muleta tiene movilidad, va en largo aunque lo hace sin clase, pero esa inercia la sabe aprovechar perfectamente Manzanares para enganchar el muletazo alante y llevarlo en largo, con mucho temple y la mano baja para componer series en redondo ligadas con poderío y que llevan mucha emoción a los tendidos. Por el pitón izquierdo se queda más corto, reponedor, se revuelve con peligro y suelta la cara, valiente Manzanares que traga los arreones de manera impasible. De ahí al final de faena todo transcurre por el pitón derecho, el bueno, colocación y templanza para frenar el genio y las acometidas del animal, tapándole la cara, sin mostrarle salida posible, solo perseguir la muleta, magistral el alicantino ligando los  redondos poderosos y enseñándonos la máxima del toreo en cada serie: parar, templar y mandar. Cosa rara en él pincha dos veces para matar de manera colosal a la tercera esfumándose otra más que probable oreja que un público rendido a su valor y su capacidad hubiéramos pedido casi seguro. Otra cosa es que el del palco dijera que no.
Paco Ureña se las ha visto con el peor lote, dos toros sin opción alguna al lucimiento y el triunfo. Y no será porque no lo ha intentado y ha hecho las cosas bien, muy por encima de sus oponentes, pero ninguno de los dos tenía fondo alguno. Lo mejor de su actuación en esta tarde ha sido el quite por verónicas, casi delantales, al tercero, un toro que saltó ya con las manos por delante, corto de recorrido y sin entrega. En la muleta se mueve sin ton ni son, pasa sin más, desentendido, sin ritmo, sin clase, la cara a media altura, mínima emoción y nula transmisión. Lo probó Ureña de todas las maneras, colocándose, poniéndole la muleta, intentando llevarlo conducido por bajo, pero no responde el Alcurrucén, desentendido de todo. Solo Unos naturales con cierto empaque mediada la faena despiertan del letargo a los tendidos. Mal con la espada y silencio respetuoso. El sexto fue un manso declarado, desde que asomó por la puerta de toriles mostrando clara querencia. Rehuyó los capotes, siempre suelto, sin fijeza, buscando las tablas como un poseso. Tan solo había una posibilidad de sacar algo, y Ureña lo vio claro, llevárselo a los medios, taparle mucho la cara, que solo vea muleta y no mostrarle la salida. Pero ni por esas, tragaba un par de muletazos y al tercero se paraba y si pasaba se iba directo a tablas. Lo intentó en vano el murciano, pundonoroso a más no poder, pero resultó completamente imposible. Tampoco anduvo fino con los aceros y otro silencio con respeto despidió su actuación en esta su primera tarde de este San Isidro 2021.
Lo que les decía, al principio, los números y las emociones no van de la mano cuando hablamos de arte. La tarde de hoy es un claro ejemplo. Aún nos quedan unas cuantas tardes hasta el próximo domingo 23 para seguir soñando de lo que más nos gusta, el toreo. Hasta ese día, ¡disfrutemos de San Isidro!

Antonio Vallejo

sábado, 15 de mayo de 2021

San Isidro, toros y torería


 Madrid, mayo, sinónimo de toros, San Isidro, huérfanos hace un año, recuperado éste, aunque sea de otra manera, distinta, rara, lejos de Las Ventas, en Vistalegre, pero San Isidro, eso es lo que cuenta. ¿O acaso alguien va a poner pegas o quejarse por eso después de lo que tal día como hoy hace un año estábamos pasando?. Si el 14 de mayo de 2020 - recordemos que por aquel entonces tan solo teníamos la posibilidad de salir a pasear o hacer deporte de 6 a 10 de la mañana y de 8 a 11 de la noche - me hubieran pedido firmar que el 14 de mayo de 2021 iba a estar sentado en un tendido dispuesto a ver torear a Enrique Ponce, Morante de la Puebla y Pablo Aguado en la segunda de San Isidro lo hubiera hecho con los ojos cerrados. Parecía imposible que lo que esta tarde he vivido pudiera llegar, pero ha llegado. Tenemos San Isidro, tenemos toros y hemos tenido y tendremos torería, un lujo, tres maravillosos regalos con los que no contábamos, tres regalos para disfrutar, tres regalos para degustar el presente y soñar el futuro.
La Feria San Isidro 2021 nos la ha regalado Vistalegre. Gracias, mil gracias por ser valientes y dar este paso tan importante que otros, por los motivos que cada uno sabrá, no se han atrevido a dar. Una plaza oficialmente de segunda que ha demostrado categoría y valor de primera al ser capaz de confeccionar, cumpliendo las normas y restricciones sanitarias de la pandemia, un San Isidro con once carteles rematadísimos y de máximo atractivo para los aficionados. Y me pregunto, ¿no era posible hacer esto en Las Ventas?. Yo creo que sí, aunque hace falta voluntad y, tristemente, creo que en su caso no la ha habido. Pero lo que importa es que la feria más importante del mundo, la que siempre da y quita, San Isidro, vuelve a ser una realidad, aunque sea fuera de Las Ventas, aunque nos resulte extraño. De nuevo gracias, Vistalegre, y espero que la afición sepa corresponder como se merece tal regalo, no solo acudiendo y llenado cada tarde el aforo permitido, sino sabiendo estar y comportarse en concordancia  al lugar. Lo digo porque por mucho que sea San Isidro no hay que olvidar que estamos en una plaza de segunda, lo que para nada es despectivo, y eso conlleva conocer algunos aspectos del reglamento y no ir con exigencias que están fuera de lugar. ¿Por qué digo esto?. Muy fácil, por cosas como alguna que he visto hoy. Sirva de ejemplo el tercio de varas. En plazas de segunda un puyazo es lo reglamentario, por supuesto que el toro puede entrar al caballo dos, tres o las veces que consideren necesario, pero no es obligatorio como en plazas de primera. Creo que a algunos que hoy han ido con tics de cierto sector venteño habría que explicárselo, que aunque todas estén en Madrid cada plaza es distinta. Espero que con el paso de los días todos seamos conscientes de donde estamos, eso es para mi ser buen aficionado.
Los toros nos los ha regalado esta tarde Juan Pedro Domecq. Han sido seis toros magníficos de presentación, todos cinqueños, con hechuras y seriedad de plaza de máxima categoría, especialmente primero, quinto y sexto, fuertemente ovacionados de salida por su presencia. Y, como decía del tercio de varas, que nadie pierda el sentido, exija el toro de Las Ventas y monte la mundial si sale un toro con hechuras y trapío correspondientes a la categoría de la plaza. Que no, que hay que saber donde estamos y eso no desmerece nada la feria. En cuanto al comportamiento creo que ha habido dos partes claramente diferenciadas en la corrida. Los tres primeros han sido buenos toros, han tenido movilidad, clase, calidad y nobleza, aunque hay que anotarles  el pero de cierta falta de fuerza y duración. Una pena porque con un poco más de empuje el segundo y tercero hubieran sido unos toros de lío gordo. Por otro lado han estado los tres últimos, soso y deslucido el cuarto, además de muy justo de fuelle, el flojo quinto al que además se le castigó mucho en el peto, un sobrero de Daniel Ruiz sin fondo y al que por si faltaba lago también se le administró un castigo excesivo en varas, y el sexto, falto de ritmo y humillación que no facilitó para nada el lucimiento. A todos nos habría gustado que los seis hubieran embestido y durado, sin duda, pero poder ver de nuevo al toro bravo en la plaza es un regalo que no pensábamos que íbamos a tener tal día como hoy.
Y la torería nos la han regalado Morante de la Puebla y Pablo Aguado, llevándonos al cielo de los sentimientos y la pasión en cada lance, en cada pase, en el andar, en todo, torería. No quiero con esto hacer de menos a Enrique Ponce pero hay que reconocer que hoy, aún estando bien con el primero, no ha llegado a las cotas de expresión y emoción alcanzadas por los dos sevillanos.  Me quedo con las verónicas templadas ganando pasos en el saludo capotero del valenciano a ese primero y con las chicuelinas con gusto a la salida del primer puyazo. Toro con movilidad, clase y nobleza ese primero, que metía bien la cara y le permitió a Enrique componer un inicio de faena muy en su estilo, por bajo, temple y elegancia, con suavidad y dos buenas  tandas por el pitón derecho acoplado, relajado, la mano baja, ligados en el sitio, rematadas con sendos de pecho que despiertan la ovación de los aficionados. Y ahí prácticamente se acabó el juanpedro, a menos, perdiendo fuerza y empuje a cada pase, cada vez más corto. Tan solo una meritoria serie de naturales con cierta hondura sobresalen en la cuesta abajo de la faena. Una casi entera trasera poco eficaz y varios descabellos dejan todo en silencio. El cuarto sale suelto, con poca fijeza, sin permitir el lucimiento en el capote para llegar a la muleta con poco recorrido y embestida descompuesta, cabeceando, feo y deslucido. Faena que salvando los primeros compases con la rodilla flexionada conduciendo la embestida por bajo y una tanda al natural mediado el trasteo ha tenido muy poca historia. Afanoso pero sin eco ni recompensa Ponce, intentándolo pero en vano, incluso quizás prolongando demasiado la faena, algo que en otro tiempo se le valoraba por pundonor pero que me da la impresión que ahora ya no se le pasa y se le censura a la mínima. Me duele decirlo pero tengo la impresión que está entrando en esa fase que todas las figuras han pasado en la que valorar una retirada a tiempo puede ser la decisión más acertada para no llegar al pérdida del respeto por parte del público.
Morante y Pablo Aguado, Pablo Aguado y Morante, la torería, los aromas de azahar sevillano impregnando sus capotes y muletas, verónicas a compás del de La Puebla con el mentón al pecho, lentas, medias de remate de cartel, olés desenfrenados, torería, Aguado con la figura compuesta, jugando las muñecas con armonía, también a compás, verónicas de seda, más olés desenfrenados, el remate primero con una larga cordobesa, luego por bajo, rodilla en tierra, torería, la plaza en pie. ¡Qué manera de torear de capote! una auténtica locura, el toreo, la felicidad, el sueño cumplido, ¡la vida!. Torería al andar, al citar, al salir de la cara del toro, tandas rotundas en redondo de Morante al segundo, acoplado, encajado, embraguetado, la mano baja, ligadas con suavidad, temple y sabor a toreo de otros tiempos, como su montera de hoy, como las hombreras de su vestido, torería también, y apoteosis en los ayudados a dos manos por bajo del epílogo, el delirio, y una estocada fulminante  volcándose, el éxtasis, y una oreja de ley, en Madrid, en San Isidro, sí. Torería de Aguado en un antológico comienzo de faena, vibrante, rodilla en tierra, alargando el viaje, mucho, templado, recogiendo la salida para ligar con un gusto exquisito, olés y palmas rotas a aplaudir. Torería en su figura, cada paso desprende aromas, la colocación, toreo en redondo que es un ballet, la mano baja, enganchando la embestida alante, largo, ligado, armonía, ritmo, emoción, cada pase es una oda a la belleza, naturalidad, torería. Ese ha sido el regalo. Respecto al sexto y último tan solo reseñar el garboso y enclasado saludo por verónicas de Pablo Aguado, acompasadas, acompañando con la cadera, preciosas, ya que a la muleta el juanpedro ha llegado sin una gota de gasolina, imposible para el lucimiento y para hablar del quinto y quinto bis, un sobrero de Daniel Ruiz, no hace falta decir más que le correspondían a Morante y que, si no valen, no valen y José Antonio no se anda con rodeos y toma la directa. Al parecer había algunos que, o bien no sabían que toreaba Morante o bien no saben quién es Morante. El que paga una entrada para verle torear sabe que puede hacerte sentir lo más grande de esta arte y acto seguido cortar por lo sano si no ve opción alguna, como ha ocurrido en ese quinto. Pero que no se enfaden, no engaña  a nadie y a quien no le guste eso que no vaya a verle, nadie le obliga, es fácil. Los genios son así, así hay que entenderlos y, sinceramente, agradezco que cuando no hay posibilidad de sacar nada lucido no me aburran con pases y pases sin sentido, minutos absurdos de postureo que no llevan a nada. Cuando voy a ver a Morante sé que eso puede pasar pero iré a verle una y otra vez porque también sé que puede darme lo más grande, la expresión máxima de este Arte, la torería, la que hoy nos ha regalado junto a Pablo Aguado. Y eso vale mucho

Antonio Vallejo

lunes, 3 de mayo de 2021

¡Todo llega!


Corría el año 1999 cuando la casa SEAT lanzaba una campaña publicitaria de su modelo Ibiza basada en un anuncio cuyo protagonista era un joven toreando de capote en el campo y a la luz de la luna. Acto seguido ese joven aparecía vestido de corto caminando por los pasillos de la plaza de toros de Las Ventas junto a su cuadrilla y su mozo de espadas, llamándole la atención el flamante SEAT Ibiza rojo aparcado en el umbral de la Puerta Grande al que mira con deleite, envidia y resignación puesto que no contaba con edad para conducirlo. El anuncio finaliza  con una frase del mozo de espadas que le dice: "todo llega, maestro", invitándole a tener paciencia. Aquel joven y entonces precoz protagonista es hoy en día una grandísima figura del toreo, Julián López "El Juli", madrileño, nacido en octubre de 1982, que por cuestión de edad tuvo que dar sus primeros pasos en el toreo fuera de España. Debutó como becerrista en Mont-de-Marsan (julio de 1995) a la edad de 13 años, se presentó con caballos en Aguascalientes (marzo de 1997) a la edad de 15 años y tomó la alternativa en Nimes (septiembre de 1998) contando 17 años. Tenía razón su mozo de espadas en aquel anuncio, todo llega. Le llegó su confirmación de alternativa en Las Ventas en mayo de 2000, a partir de ahí la consagración como máxima figura del toreo y esta tarde de 2 de mayo madrileño el honor de torear ante su afición en un día de especial significado e importancia por cuanto supone la reapertura de Las ventas tras 18 largos meses cerrada a cal y canto por esta maldita pandemia.
Todo llega, profético, para todos. También para los aficionados. Parecía que nunca íbamos a verlo, que este día  no llegaría nunca. Pero no, ha llegado y lo hemos vivido y disfrutado como nunca. Tantas veces he pasado por delante de mi querida plaza durante este año infernal haciéndome la misma pregunta, ¿cuándo?, que al llegar  a la explanada de Las Ventas y ver de nuevo el bullicio , el ir y venir de aficionados camino de las puertas por fin abiertas la emoción ha sido inenarrable, ¡que maravilla!, volver a vivir. De verdad, no encuentro palabras para describirles lo que he sentido, ganas de reír y llorar a la vez, un escalofrío recorriéndome el cuerpo, ese cosquilleo en el estómago propio de las grandes tardes, quizás ésta la que más en toda mi vida. La sonrisa alegre de todos se adivinaba bajo la obligatoria mascarilla, la misma sonrisa que dibujaban  las hojas abiertas de todas las puertas de una plaza hasta ayer lánguida y en soledad durante meses, esperando este momento, sentimientos que llevaré siempre conmigo. Por momentos tenía la misma sensación de aquellos primeros días de colegio, los nervios por volver a encontrarme a los antiguos compañeros, ver si habían cambiado o no, la nueva clase, el nuevo pupitre, los libros, los profesores... Volvía a mi plaza, la conozco tan bien como conocía mi colegio, pero esta tarde era distinto, todo un tanto extraño, las puertas numeradas y de acceso obligatorio según el tendido, los asientos asignados de manera diferente al abono habitual, no se vendían almohadillas, faltaban esos amigos que en la puerta del tendido nos las proporcionan con amabilidad, tampoco funcionaban los bares, ni se vendían bebidas dentro del tendido. Y también, por qué no reconocerlo, cierto grado de incertidumbre e inquietud por ver caras conocidas de siempre, amistades forjadas durante tardes y tardes de afición compartida, o por enterarme de quienes, por desgracia, ya nunca volveremos a ver en los toros.
Han sido muchas las emociones y sentimientos, de una intensidad sobrecogedora que se ha desbordado en cuanto el sonido de clarines y timbales ha retumbado en la tarde madrileña y se ha escuchado el ruido del cierre y  los goznes de la puerta del patio de cuadrillas, por fin abierta para que asomaran los matadores y sus respectivas cuadrillas en medio de una ovación atronadora con la plaza en pie ante el arranque del paseíllo más esperado y soñado por los 6.000 privilegiados que hemos tenido el honor de vivirlo allí mismo. Les juro que desde que con cuatro años mi abuelo materno me llevó por vez primera a una plaza de toros jamás había sentido algo como lo de hoy, y les aseguro que han sido muchísimas las emociones que esta bendita afición me ha proporcionado. Esta tarde significaba mucho y por fin la teníamos ahí, estábamos de nuevo viendo toros en Las Ventas, todo llega. Cuanto ocurriera desde ese instante iba a ser un regalo divino, un tarde solo para disfrutar pasara lo que pasara, poco me iba a importar, lo primordial ya estaba hecho, volver a los toros.
Y sí, Dios ha querido que esta tarde haya sido un regalo maravilloso, el que nos han brindado con su actuación desinteresada Diego Ventura, Enrique Ponce, Julián López "El Juli", José María Manzanares, Miguel Ángel Perera, Paco ureña y el novillero Guilermo García frente a reses de El Capea, Juan Pedro Domecq, Garcigrande, Victoriano del Río, Fuente Ymbro, Vegahermosa y El Parralejo respectivamente. Un elenco de lujo para un día tan especial  en el que todos los fondos recaudados han sido destinados a la ayuda a todos los sectores del mundo del toro que tanto lo necesitan ante el olvido injusto y despiadado de este gobierno sectario y un Ministerio de Cultura vomitivo que reiteradamente les ha apartado de cualquier subvención  o ayuda. Así que solo por el hecho de haber estado sentado en el tendido y contribuir a la causa, misión cumplida.
Prendió la mecha de la emoción Diego Ventura, un maestro de maestros a caballo, un genio de la tauromaquia que a lomos de una cuadra maravillosa nos regaló una faena de toreo pleno. Montando a Bronce, Dólar y Nazarí, joyas de este Arte del rejoneo, desató la locura en los tendidos, llevando al buen toro de El Capea - noble, con fijeza y buen tranco - con temple exquisisto, cosidos los pitones a la grupa y los costados de su cabalgadura, cual muleta planchada, en una faena de toreo vibrante a dos pistas, quiebros inverosímiles en la misma cara del toro, recortes en un palmo de terreno, adornos y cabriolas que pusieron a la plaza en pie. Un certero rejón de muerte perfecto de colocación que hizo doblar al toro de manera espectacular puso la guinda para que Ventura cortara dos orejas de ley pedidas con fuerza y por unanimidad. Mejor inicio imposible.
No tuvo suerte Enrique Ponce. Vio primero como tuvo que ser devuelto por inválido el toro de Juan Pedro Domecq que le correspondía por sorteo, un sobrero del mismo hierro tambié tuvo que ser devuelto tras descordarse en le primer puyazo y, para colmo, saltó como segundo sobrero un toro de El Capea preparado para rejones, con los pitones recortados, lo que cabreó , con razón y mucho, al público. No sé si no había previsto ningún otro animal de otro hierro en los corrales, me cuesta creerlo en una plaza como Las Ventas, pero me parece poco serio y digno de la primera plaza del mundo lidiar un toro de esas condiciones. Aunque sea un festival benéfico, por mucho que estemos pasando lo que estamos pasando y hay que ser más permisivos y menos rígidos para algunas cosas, hay otras que son inadmisibles. Esta es una de ellas y hay que cuidar mucho esos detalles. Si por lo menos hubiera salido bueno, quizás podría justificarlo, pero es que ni eso, un toro blando, justo de fuerzas, con cierta clase y nobleza, puede ser, pero pco o nada propicio para el lucimiento. Muy poco a destacar de la actuación de Ponce, tan solo algunos naturales con cierta hondura y calidad, pero todo enmarcado en un ambiente de indiferencia poco propicio, sin que tampoco haya visto especialmente entonado al valenciano, sin esa capacidad de otras veces para sacar de donde no hay a toros similares a este. Por si faltaba algo mató muy mal y la cosa acabó en un silencio respetuoso, algo que particularmente he agradecido porque esta tarde, como dije antes, era para disfrutar y no me hubiera gustado nada escuchar broncas aunque estuvieran más que justificadas en este toro.
Desde que asomó por la puerta de corrales fue fácil percibir que el  toro de Garcigrande tenía mucho dentro de sus armónicas hechuras. Ritmo y humillación, clase y repetición que mostró ya en las verónicas de saludo de El Juli. Verónicas a compás, templadas, las manos bajas, desmayadas, abandonado, suavidad exquisita, muy despacio, ganado pasos a cada lance para rematar en los medios con una media de ensueño y de nuevo la plaza en pie rompiéndose las manos en una ovación clamorosa. Olés que retumbaron en Madrid después de tantos meses con un quite majestuoso a la verónica que el de Velilla ejecutó a la salida del primer puyazo, lentas, cadenciosas,  deteniendo el tiempo, el mentón hundido en el pecho,  rematado con otra media de locura, el éxtasis en los tendidos.  Perfecta, además, la lidia. Sensacional tercio de varas, midiendo el castigo y picando delantero, así como extraordinario el tercio de banderillas a cargo de Álvaro Montes y José  Nuñez que ayudaron mucho para que el de Garcigrande  llegara a la faena de muleta en las mejores condiciones para sacar toda su clase. Emergió entonces un Juli magistral. antológico, que nos brindó una obra maestra de tauromaquia basada en en la colocación, el temple, el mando y la profundidad, emoción y transmisión, el toreo eterno. Series compactas a cada cual mejor, por ambos pitones, con ritmo, ligadas en una baldosa, muletazos profundos, muy largos, la mano baja, arrastrando la muleta, poderosos, rematando las series con descomunales de pecho, de pitón a rabo, otras veces por bajo, repletos de gusto y torería, olés y más olés atronadores para que todo el mundo se entere que el toreo volvía a Madrid, aunque les jo... Obra de Arte puro que tuvo su epílogo con u final por bajo celestial, andándole con más torería si cabe, trincherazos sublimes que el de Garcigrande tomaba como lo hizo desde le principio, humillando, barriendo la arena con el hocico, con clase, nobleza y fijeza. Una estocada monumental hizo rodar sin puntilla a este magnífico toro que fue despedido con una emocionante ovación en el arrastre. Dos orejas sin discusión alguna para Juli que pasarán con letras de oro a la historia del toreo.
José María Manzanares se las tuvo que ver con el toro más exigente de la tarde, uno de Victoriano del Río de excelente presentación, hondo, cuajado, muy serio, imponente de pitones, magníficas hechuras, muy en el tipo de la casa. De salido mostró movilidad y complicaciones, bravura y genio, apretaba y dejaba claro que no iba a ser fácil. Ese comportamiento lo mantuvo durante los primeros tercios y llegó a la muleta, como suele decirse, pidiendo el carnet de torero. En mi opinión Manzanares estuvo sensacional, sometiendo el genio y el carácter del de Victoriano  a base de poder y mando, bajándole la mano, obligándole, tapándole la cara, muy metido en la muleta, sin apartársela, ligando de manera portentosa, amén de aguantar las miradas del toro, que medía y se revolvía al mínimo descuido, con sentido desarrollado, que sabía muy bien lo que se dejaba atrás. Así fueron surgiendo las series, primero por el pitón derecho, en redondo, profundos, luego por el izquierdo, naturales hondos, todo envuelto en emoción y transmisión ante el palpable riesgo. Repito, para mi faena de torero de verdad, serio, comprometido y entregado, épica y estética de la mano, rubricada con un espadazo de su firma. Quizás la espada cayera ligeramente trasera y por ese motivo retrasara unos segundos la muerte del toro. Es la única razón que encuentro para explicar que el alicantino se llevara solo una oreja como premio. A mi entender su faena ante este toro tan exigente y complicado merecía una oreja, y la estocada otra. Si sumo me salen dos. Por cierto, gran ovación al toro en el arrastre.
Al extremeño Miguel Ángel Perera le correspondió un precioso toro de Fuente Ymbro, de buenas hechuras, proporcionado y serio, que de salida no permitió el lucimiento pero que se fue entonando tras el paso por el peto de los caballos y permitió a Perera dibujar en la tarde madrileña un quite por chicuelinas muy templadas, despaciosas y ceñidas que remató con una garbosa revolera cargada de gusto y sabor a toreo del bueno. En la muleta fue fiel a su estilo, con un inicio de faena vibrante, plantado de rodillas en el mismo centro del anillo, dos cambiados por la espalda cargados de emoción para proseguir con series poderosas por el pitón derecho, la mano muy baja, estático, ligando sin rectificar, siempre en el sitio, clavado al piso, alargando el viaje, sensacional, para poner a la plaza una vez más en pie. Algo más incierta la embestida por el pitón izquierdo pero de nuevo el poderío de Perera termina por someter al fuenteymbro en naturales hondos ligados por bajo, al más puro estilo del extremeño. El toro fue algo a menos y acortó distancias para acabar en las cercanías desarrollando ese toreo en el que se siente tan cómodo, casi metido entre los pitones, pasándose al toro por uno y otro lado como si nada, circulares por la espalda, cambios de mano y remates por bajo para  entrar a matar como un cañón, una entera quizás también algo traserita que pasaportó al de Fuente Ymbro y valió una oreja de peso para Perera.
Deslucido y soso resultó el sexto de Vegahermosa, sin entrega en el capote, la cara alta, escasa fijeza, suelto, sin emplearse en los priemros tercios. No mejoró en la muleta, pasaba sin más, desentendido, a media altura, sin chispa ni emoción. Para mi gusto Ureña estuvo muy por encima, sacando los pocos muletazos que tenía, bien colocado, conduciéndolo con temple, tirando de técnica, pero la sosería del toro truncaba cualquier atisbo de emoción. Trasteo aseado y correcto, carente de ritmo, que se veía que llevaba a nada más que a dejar patente la profesionalidad del murciano tratando de robar al menos un muletazo con cierto empaque, algo que solo pudo conseguir a cuentagotas. No anduvo acertado con los aceros y fue despedido en silencio.
El novillero madrileño Guillermo García se presentaba en Las Ventas en una tarde de gran responsabilidad en la que ha dejado patente que quiere y puede ser alguien esta difícil profesión. Se le ven buenas maneras en el manejo de los engaños, busca hacer bien las cosas, colocarse y templar, pero además ha demostrado lo más importante, actitud, ganas, valor y coraje. Así fue en el par de ocasiones que el novillo nada fácil de El Parralejo se lo echó a los lomos, reponiéndose como si tal cosa, sin siquiera mirarse, volviendo a la cara del animal. Además tuvo el  bonito detalle de brindar su novillo a todos los maestros que le arroapron ene l cartel, algo que le honra y dice mucho de la manera de entender la profesión, el respeto ante todo. Tiene mimbres, esperemos que siga por buen camino y pronto le veamos anunciado en esta y otras muchas plazas.
Parecía imposible pero tras 18 largos meses con nuestra plaza de Las Ventas cerrada por fin vimos las puertas del cielo toreo abiertas para volver a sentir la emoción única de este Arte. Una tarde añorada y soñada que parecía imposible alcanzar.
Todo llega. ¡Viva el toreo eterno!

Antonio Vallejo


domingo, 18 de abril de 2021

Un rayo de esperanza para romper la soledad



 Poco ha cambiado hasta la fecha, queridos amigos. Más de un año sin toros, más de un año con las plazas cerradas a cal y canto salvo unas pocas que con gran esfuerzo, de la mano de la Fundación Toro de Lidia y el apoyo inconmesurable de Canal Toros, pusieron en marcha la Gira de Reconstrucción que, al menos, trajo hasta nuestras casas la magia del toreo en directo. Con ese poco nos hemos tenido que conformar los aficionados, hasta nos parecía magnífico verlo,  pero en casa, sin poder vivir esa sensación única que es sentarse en un tendido para disfrutar de un arte sin igual. Demasiado poco, sinceramente.  La tauromaquia ha sido sido la gran olvidada en estos meses. Mejor dicho, la gran repudiada en este mundo del pensamiento único, del buenismo, lo fácil, lo cómodo y lo políticamente correcto. Lo demuestra el hecho que, como ya hemos comentado tantas veces, otros espectáculos hayan reanudado su actividad con una serie de restricciones y limitaciones, pero al fin y al cabo volviendo a funcionar y recibiendo, además, ayudas de fondos públicos. Los toros no, los toros apartados, expulsados de cualquier ayuda, abandonados a conciencia, sin que parezca importar que sea el espectáculo que más público atrae cada año, por delante incluso del fútbol, no digo ya teatros, cines o conciertos, sin que a algunos parezca importarles el daño inmenso que se está haciendo al campo bravo, las pérdidas económicas millonarias que van a lleva a la ruina de cientos de miles de familias y la probable desaparición de una especie única si seguimos por este camino. Y ante eso estamos solos.
El mundo del toro es cierto que tiene mucho de solitario. La soledad es una constante y se vive con ella. La soledad del campo, la soledad del entrenamiento, la soledad del sacrificio,  la soledad ritual de un hombre en una habitación de hotel antes de vestirse dispuesto para enfrentarse a un toro, cara a cara, sin miedo el dolor  y la muerte. Una soledad rota por todos esos aficionados a la puerta de los hoteles, a la entrada de las plazas, en los tendidos llenos, rota también con los ecos de los olés, las ovaciones, otras veces los silbidos, incluso cuando una multitud saca en hombros al triunfador. Tan solo son instantes, efímeros, luego volverá la habitación del hotel, el campo, el entrenamiento, el sacrificio, de nuevo la soledad. Lo saben y lo asumen desde niños, desde el día que entran en una escuela taurina,  cuentan con ello, es la soledad de la verdad y tienen fortaleza de sobra para afrontarla. Lo han demostrado, sobreponiéndose a todo, preparándose como si tuvieran que torear cada tarde, aunque no fueran de los pocos que tuvieron la oportunidad de pisar los escasos ruedos que abrieron sus puertas manteniendo viva la llama del toreo. Unos y otros, todos por igual, por respeto a su profesión y a los valores que representa, esperando ver un halo de luz, un rayo de esperanza que rompiera la oscuridad de su soledad. Y aunque fuertes necesitan sentir nuestro apoyo para también vencer a esa otra soledad que  los enemigos de la Fiesta  tratan de imponer, la soledad del ninguneo, del desprecio y del insulto. Pero hasta para afrontar esos ataques tienen la hombría suficiente.
Se esperaba con inquietud este 2021, con deseos de que la situación mejorara y el panorama se aclarara, pero el paso de los primeros meses derrumbaba las posibles ilusiones. Una y otra iban cayéndose del cartel las primeras ferias, Valdemorillo, Castellón, Valencia... iban anunciando cambios de fecha o directamente la suspensión. Tan solo Ubrique con dos festejos atrasados de la Gira de Recostrucción, Mérida, Jaén, Morón de la Frontera, Torija, Villanueva del arzobispo y Sanlúcar ayer han roto el vacío de toros en este primer trimestre. Muy poco, prácticamente nada. Tan solo Sevilla y su Real Maestranza dieron un paso adelante en estos meses y propusieron una temporada que debía haber arrancado hoy mismo con la corrida del Domingo de Resurrección. Aquel anuncio y los carteles confeccionados por la empresa Pagés sin duda nos ilusionaron a todos - tan solo había que ver las largas colas de aficionados en las taquillas en busca de un ansiado abono o localidades sueltas - aún sabiendo que por las restricciones de movilidad impuestas era casi imposible que nadie fuera de Sevilla pudiéramos sentarnos en los tendidos maestrantes. Pero el hecho que la Real Maestranza abriera sus puertas significaba mucho para el toreo. Podía ser la llama que encendiera la mecha de una temporada más que necesaria. Pero todo se ha venido abajo ante la falta de entendimiento entre la empresa sevillana y la Junta de Andalucía por las medidas restrictivas de aforo. No tengo criterios para entrar a valorar quién tiene razón o no, de quién es más o menos la culpa, pero sí puedo opinar y me parece increíble que ambas partes no hayan podido alcanzar un acuerdo, sobre todo porque se supone que ambos están del  mismo lado. El caso es que quien pierde es el toreo, nuestra Fiesta, muy triste.
Mientras tanto Madrid callaba. Bueno, Madrid no, Las Ventas sí, Simón Casas y su equipo para ser más concreto, ni mú, ni una palabra. Una actitud a mi modo de ver censurable, indigna y que para nada encaja en todo ese discurso rimbombante y engolado con el que hace unas temporadas desembarcó como empresario de la primera plaza del mundo. El motivo parecía claro, la no rentabilidad económica de abrir la plaza con aforo limitado y un número de festejos también restringido. Ojo, que lo puedo entender e incluso admitir y disculpar. Comprendo que un empresario busca rentabilidad para su empresa, pero luego que no se llene la boca con el arte, la cultura y un amor al toro y a la tauromaquia del que parecía ser el único poseedor. Era el momento de haber demostrado ese amor tan apasionado. Como iba diciendo, Madrid sí que habló, hace unas semanas, porque Madrid es muy grande, en todos los sentidos. Habló Vistalegre, y vaya si habló, ¡nada más y nada menos que un San Isidro!, un serial de 11 festejos, 9 corridas de toros, una novillada y una de rejones  con unos carteles rematadísimos, tanto el elenco ganadero como todas las figuras del  escalafón. Once tardes para ir a los toros de Carabanchel, once tardes para no perderse ni una, once tardes que pueden significar mucho más que una Feria de San Isidro adaptada a las circunstancias, once tardes que pueden ser esa mecha que Sevilla no ha podido encender para lanzar una temporada que saque de la UVI a nuestra Fiesta.
Tras la publicación en el BOCM ayer sábado 17 de abril de las normas que regirán en Madrid la celebración de espectáculos taurinos ese rayo de esperanza tan ansiado, capaz de iluminar la senda de la temporada, puede ser una realidad. Más aún si esa publicación viene de la mano de un anuncio espectacular; un festival benéfico en Las Ventas el 2 de mayo organizado por la Comunidad de Madrid cuyos fondos irán destinados a ayudar a los sectores del mundo taurino más afectados en estos meses de pandemia y un  cartel para volverse loco: Enrique Ponce, Juilán López "El Juli", José María Manzanares, Miguel Ángel Perera, Paco Ureña, Diego Ventura y el novillero de la escuela José Cubero "Yiyo" Guillermo García que se enfrentarán a reses de El Capea, Juan Pedro Domecq, Garcigrande, Victoriano del Río, Fuente Ymbro, Jandilla y El Parralejo. Todo un acontecimiento que por la fecha y por quien lo organiza creo que va a suponer mucho más que un festival taurino para recaudar fondos  con un noble fin. Que esos tendidos tan vacíos hasta hoy vuelvan a verse con público para que poco a poco y en no mucho recuperen la imagen que nos gusta, esa que ilustra esta entrada.
Una vez más siento la ilusión por ver cercano el día en que pueda sentarme de nuevo en un tendido, una vez más empiezo a sentir el cosquilleo que me recorre el cuerpo soñando el toreo, una vez más imagino lances de capote, muletazos, pares de banderillas, tercios de varas, estocadas, arte supremo para saciar el hambre de toreo que todos los aficionados tenemos. Solo espero que nada trunque toda esta ilusión, que todos cuantos navegamos en este barco de la Fiesta rememos en el  mismo sentido, juntos, sumando fuerzas, sin que cada uno haga la guerra por su cuenta, deponiendo frente a los supremos intereses toda mira personal. Es la única manera de salir adelante, de transmitir a nuestros hijos lo que siempre hemos sido, nuestras raíces, nuestra esencia. Es, sin duda, el rayo de esperanza que tanto necesitábamos para romper el silencio y la soledad de estos meses.

Antonio Vallejo
 

sábado, 6 de febrero de 2021

Un año vacío...¿y cuánto más?


El tiempo pasa, implacable. Se nos van los días, los meses, los años y en el futuro depositamos esperanzas, ilusiones, proyectos, sueños. Hace ya más de un mes que dijimos adiós a ese triste y desgraciado año 2020 que vino a romper nuestras vidas en todos sus ámbitos. Todo, absolutamente todo lo que hasta entonces concebíamos como normal, se vino abajo. De repente nos vimos inmersos en una película de terror, una horrible pesadilla de la que éramos incapaces de despertar, nada era igual, perdidos y confundidos, sin dirección. Poco a poco fueron mejorando algunas cosas y recobramos una pequeña parte de nuestras costumbres, pero no éramos como siempre habíamos sido y como queremos seguir siendo. Ningún aspecto de nuestras vidas se ha escapado al cataclismo durante estos meses, pero hay uno que, aunque les pese a unos pocos, es parte fundamental de nuestra vida, de nuestra esencia, de nuestra tradición y, por qué no decirlo, de ser como somos: el toreo. Quizás me quede corto al afirmar que, si hay una actividad que ha sufrido y sufre más el daño de la pandemia es el mundo del toro, desde el campo hasta las plazas, solos, abandonados a propósito por un gobierno que reparte ayudas a todos menos a la Tauromaquia, un gobierno sectario que basa su labor en el odio, en este caso a una especie única, el toro bravo, y todo lo que conlleva, trabajo y ecología, porque en España, a la que también odian, gran parte de los ecosistemas y el medio ambiente sobrevive gracias al cuidado de las dehesas con el trabajo inasequible al desaliento del campo bravo. ¡Y se llaman ecologistas!, ¡y se llaman animalistas!.   
Si hay algo que resume a la perfección lo que fue la no temporada taurina  y la situación de abandono que vivió en los pasados meses el toreo es esta imagen que he utilizado ya en repetidas ocasiones: el vacío.  Y la pregunta es obvia, ¿qué va a pasar en este 2021?. No quiero caer en el pesimismo, creo que hay que ser realista y mucho me temo que no pinta nada bien. Y lo peor es que empezamos a tomar como normal lo que no es. No es normal que las plazas de Madrid, Sevilla, Bilbao, Valencia, Zaragoza y Pamplona, las de relumbrón, las que cada temporada aglutinan el foco de atención del mundo del toro, las que marcan los grandes triunfos, no abrieran sus puertas mientras hemos visto como teatros, salas y otros recintos para conciertos prosiguieran con su actividad, limitada, sí, pero con actividad. Además presumiendo y vanagloriándose de lo seguros que son, solo hay que ver en televisiones, radios y prensa escrita la cantidad de entrevistas a la patulea de personajes amigos de este gobierno que se autodenominan mundo de la cultura y que no dejan de chupar del bote porque sin subvenciones no sobrevivirían ni lo que duran dos toros. Los tendidos, mientras tanto, en silencio, ausentes, el vacío, ¿acaso no son seguros?, al aire libre, con posibilidad de mantener la llamada distancia de seguridad, respetando todas y cada una de las normas que se imponen. Pues pareció ser que no, y nos conformamos con una temporada atípica en la que, por ejemplo, tan solo una feria, las Colombinas de Huelva, se confeccionó completa. Una temporada atípica en la que, por seguir con los ejemplos, pareció que la plaza del Puerto de Santa María iba a ser poco menos que la culpable de todos los contagios del mundo porque la gente se agolpaba en los tendidos, ¡qué vergüenza!, cuando la vergüenza es que los medios de comunicación generalistas abrieran telediarios y programas con esa noticia, esos mismos medios que jamás se acercan a una plaza de toros. Luego el tiempo y la justicia, cosa rara, demostraron que todas y cada una de las acusaciones eran falsas y que se respetó escrupulosamente las normas de aforo y la venta de localidades, pero de eso, por supuesto, jamás hablaron los gacetilleros. Una temporada atípica que se "salvó" gracias al esfuerzo de valientes empresarios en plazas de segunda y tercera durante los meses de verano y de un canal temático, Canal Toros de Movistar, que organizó  en los meses de septiembre, octubre y noviembre un serial de festejos englobados en la llamada gira de reconstrucción. Y con eso nos tuvimos que conformar, con ver a través de la televisión corridas atípicas de dos matadores y cuatro toros costeadas única y exclusivamente por una empresa privada que puso el dinero y por unos toreros que renunciaron a sus ganancias para poder sacar a flote el barco del toreo torpedeado desde el gobierno. Particularmente disfruté mucho con esos festejos, plazas como Úbeda, Cabra, Antequera, Barcarrota, Montoro, Herrera del Duque, maestros como Juli, Ponce, Curro Díaz, Perera, Finito de Córdoba, Ureña, Fandi, López Simón, Luis Bolívar, Román, Ginés Marín, Manuel Escribano, Emilio de Justo, Fortes, Álvaro Lorenzo, José Garrido, Jorge Isiegas, Juan Leal, Luis David Adame o Joaquín Galdós, y novilleros como Rafael González, Tomás Rufo, El Rafi o Diego San Román, que al menos consiguieron que el sueño del toreo siguiera presente en nuestras vidas, aunque fuere a través de la pantalla de televisión. Lo digo una vez más, solo se puede agradecer el titánico esfuerzo y el sensacional trabajo de todos y cada uno de los que hicieron posible esa gira de reconstrucción que supo mantener viva la llama de la afición. Y, por supuesto, no olvidaré de dos apoteósicas tardes, la del 12 de octubre en Córdoba con Morante y Juan Ortega ante toros de Jandilla-Vegahermosa  y la del 24 de octubre de Antonio Ferrera en Badajoz con los de Zalduendo, que consiguieron hacer olvidar todas las penalidades sufridas en ese maldito año y transformaron en realidad los sueños del toreo eterno. A todos ellos, gracias, infinitas, como su Arte. 
Pero a nadie se le escapa que todo esto no es suficiente, que nos falta algo, lo más importante, la plaza, sentir el toreo como siempre, y deben ser las de primera las que tiene que tirar del carro, las que deben dar un paso firme para que esa llama se convierta en el fuego eterno de la afición. Vuelvo a lo de antes, me parece peligroso que empecemos a sentir como normal lo que no debe ser. Hoy  mismo, sin ir más lejos, Valdemorilo estaría abriendo sus puertas para su Feria de San Blas y la Candelaria, no ha podido hacerlo, ha sido imposible por la situación actual, pero no renunciemos al futuro antes de tiempo. El torero jamás se rinde, si recibe una cornada se levanta y planta cara al toro como si nada hubiera pasado. Cada día intentan darnos cornadas, desde el ministerio de incultura - hace unos días ese personaje de figura desaliñada un tanto repulsiva de nombre José Manuel Rodriguez Uribes dejó claro en Telemadrid que no iba a destinar ni un céntimo de ayuda económica a la tauromaquia - y desde sus medios de comunicación, prácticamente todos, apesebrados. No cabe la rendición, hay que levantarse y plantar cara a ese toro que no tiene clase ni bravura, es un manso a la defensiva, peligroso, que solo busca herir, al que habrá que machetear por bajo, poderle y pasaportarlo con la mayor brevedad y diligencia posible. Y para eso necesitamos más que nunca a Madrid, Sevilla, Bilbao, Pamplona, Valencia, Málaga o Zaragoza, que arrastrarán a otras tan relevantes como San Sebastián, Albacete, Logroño, Salamanca, Burgos, Valladolid, Castellón, Alicante, Murcia, Almería, Jaén, Córdoba, Huelva, Badajoz, Mérida, Palencia, Plasencia, El Puerto, Segovia, Ávila, Guadalajara, Colmenar, Olivenza... y un largo etcétera de norte a sur y de este a oeste de nuestra España. Ya se haya anunciado que no habrá Fallas, es comprensible, pero el abril sevillano, o San Fermín, y ya veremos el resto, San Isidro me imagino que no correrá mejor suerte, quizás sea demasiado apresurado y a lo mejor se podía aguantar un poco más esa decisión, no lo sé, seguramente estaré equivocado. De lo que estoy seguro es que no me parece normal  que lo asumamos como tal y nos resignemos, incluso que demos por hecho un nuevo vacío y que empecemos a conformarnos con una temporada parecida a la de 2020. Sinceramente, echo en falta la voz de empresarios como Simón Casas, del que en Madrid, al menos yo, no se sabe nada ni le he escuchado nada. Podría mirar a Sevilla que tiene la intención de comenzar  la temporada el 18 de abril, trasladando a ese día la tradicional corrida del Domingo de Resurrección con un cartel de lujo, toros de Victoriano del Río para Morante, Roca Rey y Pablo Aguado, y a partir de esa fecha celebra corridas en La Maestranza los fines de semana del 22 al 25 de abril, 29 y 30 de abril, 1 y 2 de mayo. Es más, el propio Morante ha pedido matar la corrida de Miura, ¡ahí es nada!. Sería una grandísima noticia  que pondría en pie a toda la afición y que, en mi opinión, sería un puntal decisivo para comenzar  a vivir el toreo como siempre. Igual que puede haber un rayo de esperanza con noticias como la de Olivenza y Castellón, incluso la mismísima Valencia, que aplazan sus ferias a mayo y junio, con la firme decisión de intentar dar toros como sea, o Pamplona, que aunque haya suspendido las fiestas y encierros de San Fermín se está planteando celebrar las corridas de toros, o El Puerto de Santa María, que se compromete en su pliego a celebrar siete corridas. Eso es lo que creo que debemos pedir, al menos voluntad por parte de las empresas para sacar adelante esta temporada, aunque sea con reducción de los aforos - aunque en muchas tardes, por desgracia, no haría falta reducir aforo, se reduce él solo, véase Madrid fuera del abono de San Isidro - y las medidas que impongan las normas del momento y la región, que esa es otra, el cachondeo de las medidas regionales. Como leí a Daniel Luque hace un par de semanas en una entrevista en la revista Aplausos, "tenemos que tirar para adelante entre todos, no es tiempo de esconderse". Así es y así debe ser. Espero que Madrid hable de una vez, que se sepa algo, que muestra al menos intenciones, más allá de la rentabilidad económica. Es la primera plaza del  mundo, ahora debe serlo más que nunca y alzar la voz. Todos tiene que tirar del carro y Las Ventas tienen que ocupar su sitio, a la cabeza del enganche, dando la cara y mostrando la verdad del toreo, eso que siempre reclama, ponerse en el sitio.
Ojalá estas esperanzas de cara a la temporada 2021 se conviertan en hechos, ojalá vuelva a sentarme en un tendido de una plaza, ojalá sea en Madrid, ojalá pueda ir a Sevilla, ojalá sea en cualquier plaza, el vacío es muy grande y estoy seguro que la mayoría de ustedes coinciden en que deseamos volver a sentir ese ruido especial que se genera en el tendido, los olés, incluso las broncas, todo eso falta y necesitamos recuperarlo, que no nos hablen de nueva normalidad, no la queremos ni nos hace falta. Solo queremos volver a lo de siempre, a lo  nuestro, nuestras raíces, nuestra esencias, nuestro patrimonio, nuestra razón de ser, nuestra afición, nuestro toreo. 

Antonio Vallejo