domingo, 3 de octubre de 2021

Emilio de Justo, dueño y señor de Madrid


Se ha apoderado de Madrid, es suyo, rendido a sus pies, una afición que ya le ha adoptado como "su" torero, entregada al maestro, rendida a sus pies, hechizada por su arte y su poder, enloquecida tras lo vivido y sentido ayer en Las Ventas. Ya era un hecho desde este 4 de julio con su magistral Puerta Grande en la Corrida de la Cultura mano a mano con Antonio Ferrera, aunque el idilio venía de antes, desde aquella Feria de Otoño de 2018, un 30 de septiembre, al desorejar aun toro de Puerto de San Lorenzo y salir a hombros en una tarde épica por las circunstancias. Dos días antes toreaba en Mont de Marsan, su padre falleció ese mismo día, un toro le corneó en el muslo y fue operado en la misma plaza. No podría haber vivido sin despedirle y para eso viajó en una ambulancia hasta su tierra natal, para dar el último adiós a su padre. Y del cementerio a Madrid, donde le esperaba ese mano a mano con Antonio Ferrera, porque su integridad y su profesionalidad tampoco le permitían fallar a algo que ama por encima de todo, el toreo, y a algo que respeta y honra, la afición. Aquella tarde fue muy intensa en emociones, de Justo convaleciente, los ojos llorosos recordando a su padre, dos orejas, Puerta Grande, la plaza volcada con él, sentimientos desbordados, el reconocimiento y la consagración de una figura del toreo con una carrera forjada en el sur de Francia, rechazado y olvidado en España, enfrentándose a encastes y hierros de esos que llaman "duros", durísimos diría yo. Nunca abandonó ni renunció a nada, mató lo que ponían delante, como dicen los versos de Calderón, "Aquí la más principal hazaña es obedecer, y el modo como ha de ser es ni pedir ni rehusar". Honradez y sacrificio han sido las señas de identidad de este hombre de verdad durante años y han tenido su recompensa. Si aquella tarde de septiembre de 2018 vivimos emociones desbordadas, si el 4 de julio vivimos la pasión por el arte y la torería, lo que ayer vivimos superó a todo, algo incontrolable y muy difícil de expresar con palabras, todos los calificativos serían pocos. Me cuesta recordar olés tan roncos y sentidos como los de ayer, me cuesta recordar una plaza en pie en cada serie porque no aguantábamos estar sentados, me cuesta recordar unos gritos de "TORERO, TORERO" que retumbaran como los de ayer, pero nunca me costará recordad que ayer 2 de octubre de 2021 vi a Emilio de Justo cortar dos orejas a un toro de Domingo Hernández de nombre Farolero y salir a hombros en medios de un mar de aficionados y gargantas enloquecidas al grito de ¡TORERO, TORERO, TORERO!.
Un toro de 623 kg, muy grande, alto, con mucha caja y  acongojante por delante, menudos leños. Un toro con poca movilidad en el capote, "si es que con tantos kilos cómo se va a mover, estos toros solo le valen a Toribio" comentábamos en el tendido. Entra al caballo al tran-tran y Juan Bernal agarra un buen puyazo delantero y medido en el castigo, sin que el de Domingo-Hernández se empleara, dormido en le peto, dejándose pegar sin más. "Verás tú como llega a la muleta, dos pase y a matarlo, no puede ni con el alma" , seguíamos comentando, esperando mientras Ángel Gómez y José Manuel Pérez Valcarce banderilleaban con una solvencia y una facilidad pasmosa para lo que tenían delante, un bicho de proporciones y cuernos descomunales. ¡Por qué no habríamos estado calladitos!. Pero no solos nosotros, todos, absolutamente todos los que estábamos en Las Ventas. Solo dos pensaban distinto, solo dos sabían lo que iba a pasar, un toro y un torero. Farolero sabía de su bravura, su raza y su casta, además de sus fuerzas y Emilio de Justo, ¡ay cuanto ha aprendido este hombre en las plazas francesas para enfrentarse a toros como ese! El fruto de tantos sustos, cornadas y malos ratos lo recogió ayer en una faena antológica que nadie habíamos visto hasta que tomó la muleta y por doblones lo sacó hacia lo medios con una suavidad, un cariño y un trato exquisito, obligándole, sometiendo la fiereza que llevaba dentro, todo por abajo, alargando el viaje, flexionado, torería y mando para rematar con uno de pecho descomunal. Esa y solo esa era la única manera de meter a ese toro en la muleta y sacar todo el fondo que llevaba, ese era el inicio que hizo posible todo lo que vino a continuación, y sólo estaba en la cabeza portentosa de un figurón del toreo como es Emilio de Justo. Todo lo que vino fue un tsunami de emociones incontenidas, de principio a fin, ritmo y continuidad, una serie tras otra con la plaza inmersa en un estado de excitación que, lo digo de verdad, no recuerdo haber vivido en una plaza de toros,  en pie al final de cada tanda por uno y otro pitón, sin decaer ni un ápice la intensidad, olés y más olés roncos, desde lo más profundo del alma y las palmas rotas a aplaudir. Seriesrotundas y compactas por el pitón derecho, muletazos largos, tirando del toro que se arrancaba con brío, lo que junto a la inercia y la fiereza de su embestía transmitía y emocinaba hasta la extenuación, metía la cara, exigía por cuanto buscaba las telas y hacía por ellas, pero de Justo, perfecto de colocación, encajado y acoplado, nos enseñó lo que es le temple, llevándolo cosido a la muleta sin que ni una sola vez tocara la franela, técnica y mando descomunal. Esas series en redondo fueron de escándalo, ligazón y profundidad, muy por bajo, con le clímax en la tercera, para ver repetida una y mil veces, rematadas todas ellas por unos de pecho de pitón a rabo, llevándoselo a la hombrera contraria, largos no, eternos, yo creo que alguno aún no ha acabado, y todos en pie con la piel erizada. Y por el izquierdo naturales de una hondura impensable, ligados, dándole el pecho, metiendo los riñones, la mano baja, largos, antología del toreo, también rematando con más de pecho tan largos y bellos como los anteriores, y ni un toque a la muleta, temple, señores, temple, eso es. Ni se cansaba Emilio ni se cansaba Farolero, embistiendo con la misma bravura, fuerza y fiereza que llevaba dentro, una lucha de poder a poder entre toro y torero siempre en los medios culminada con derechazos majestuosos hilvanando un cambio de mano que por sí solo vale para pagar una entrada y el último de pecho desarbolando las leyes del tiempo. Parecía todo hecho, la cumbre de su carrera, pero aún se guardaba un último regalo, una joya de torería vestida en obispo y oro tras tomar el estoque de verdad. Lo tira sobre la arena y compone un epílogo a pies juntos, derechazos al natural, dándole el pecho, y un ramillete de pase por bajo andándole hacia las rayas del tercio, trincherazos y adornos por bajo, auténticos carteles, bellísmos, con el toro y el torero entregados y la plaza entera en pie a gritos de ¡TORERO, TORERO! en éxtasis, un estado de comunión perfecta  toro-torero-afición, un solo ente para elevarnos al nirvana. Se tiró con todo a matar, recto, por derecho, desafiando a los 623 Kg y los pitones que le apuntaban, para dejar un estoconazo monumental que hizo rodar a Farolero desatando la histeria colectiva. ¡Como fue la cosa que hasta el palco se sumó a la comunión  toro-torero-afición y sacó los dos pañuelso sin que fuera necesario montar la de siempre para conceder la segunda oreja!. Después, imagínense, una vuelta al ruedo de las que pocas veces vemos, casi diez minutos, recogiendo de Justo todo lo que le llovía   desde los tendidos, locura desbordada e incontenida. Eso sí, cuando se abrieron la puertas de chiqueros para que saltara el sexto, tenía el cuerpo como si me hubieran dado una paliza tras el caudal de emociones vividas con un hombre que se merece este triunfo apoteósico, Emilio de Justo, dueño y señor de Madrid.

Antonio Vallejo

P.D: Reseñar, como debe ser porque también estuvieron a un nivel supremo aunque las cotas alcanzadas en ese quinto eclipsan todo, a Julián López "El Juli" y a Juan Ortega que cada cual en su estilo cuajaron una gran faena la primero y al sexto. Y decir también que la corrida de Garcigrande-Domingo Hernández estuvo magníficamente presentada, muy seria y ofensiva, buenas hechuras los seis y comportamiento dispar. Tuvo Juli un primero enclasado al que toreó a placer tras un arranque de trasteo flexionado, por abajo con temple y suavidad, ganando terreno, enorme plasticidad y belleza. El poder y le mando de Juli, basado en una técnica fuera de serie y un conocimiento del toro difícilmente igualable le permitió torera a placer a este noble toro. Series reunidas por ambos pitones, la mano baja, largura de trazo, ligadas en el sitio, haciéndolo todo muy despacio, con gusto y clase, derechazos y naturales pasándose al de Domingo Hernández muy cerca, embraguetado, rematando con sensacionales de pecho para abrochar la faena por bajo, trincherillas de escándalo y uno de pecho larguísimo a la hombrera contraria. Deja una entera volcándose y tiene que recurrir a un golpe de descabello para pasaportar al toro. Una oreja para mi justa y merecida que 10 ó 12  protestaron, como hicieron durante toda la faena, los reventadores que le tienen en el punto de mira, como le pasa a Manzanares o al mismísimo Morante. En fin, siempre la misma cantinela. El sevillano Juan Ortega nos relajó en el sexto tras el palizón emocional de Farolero con una faena exquisita de gusto, elgancia y naturalidad, azahar sevillano en vena, desde el arranque, por bajo, trincherillas  al paso, despacio, hacia los medios, aromas a toreo del "güeno". Templado y acoplado, componiendo la figura en cada pase, bellísimo trazo, sentimiento en cada tanda, profundidad, hondura, como quieran llamarlo, metiendo los riñones, desmayado, muy despacito, saboreando derechazos y naturales de estrella Michelín a los que los tendidos respondimos con más olés que retumbaron en la ya noche madrileña. Abrochó la faena con toreo caro por bajo, trincherillas y pases de la firma hilvanados con seda más unos naturales dándole el pecho maravillosos perdiendo una oreja segura por el fallo a espadas. Pero el sabor y el regusto que nos dejó vale más que un apéndice y se sumó a lo que ayer vivimos en Las Ventas, algo que se resume muy fácil en dos palabras. EL TOREO.

sábado, 2 de octubre de 2021

No se les puede hacer ésto


 Ayer recuperábamos el pulso taurino con una novillada de Lopez Gibaja como arranque del segundo fin de semana de esta Feria de Otoño venteña que nos dejó una sabor de completa decepción. Así de claro. Seis novillos se lidiaron y solo uno se salva de la quema. Seis novillos de hechuras dispares, algunos toros por hechuras y edad, a punto de cuatreños,  como el primero, tercero, cuarto y sexto, cuajados, hondos, tremendamente ofensivos por delante, en contraste con segundo, muy protestado por cara y falta de remate por detrás,  y quinto  largo que tampoco gustó a parte de los aficionados. Seis novillos que, para resumir y no repetir cinco veces lo mismo, sin juego, deslucidos, sin raza, sin fuerzas, alguno con cierta nobleza, que es como decir algo para no decir nada. Una decepción. El único que tuvo fondo y emoción fue el tercero, un animal con movilidad y teclas que tocar, exigente y encastado al que Alejandro Adame creo que hubiera cortado una oreja de no marrar con el descabello. No hubo más. 
A esto se tuvieron que enfrentar tres novilleros, el cacereño Alejandro Fermín, el toledano Ignacio Olmos y el mexicano Alejandro Adame, que seguro venían a Madrid con una maleta llena de sueños e ilusiones y que se marcharon con tan solo una pesada mochila repleta de decepción, como salimos de la plaza todos los aficionados. Yo no les puedo poner ni un pero a ninguno de los tres, hicieron cuanto pudieron con un ganado imposible para el triunfo, ganas y compromiso no les faltó, voluntad y decisión tampoco, lo demostraron con el capote, con la muleta, en los quites aunque los novillos no colaboraran, pero una y otra vez chocaron con el muro de la falta de bravura, o con el de la invalidez, caso de Fermín con el primero, o con el de la masedumbre, caso de Olmos con el segundo. Repito, intentaron darlo todo. 
Así  Fermín dibujó en el saludo capotero al primero dos lances al hilo de las tablas bellísimos, a una mano, dejando el capote lacio, una larga con suavidad y gusto, relajado, con desmayo incluso, y con la muleta mostró buenas maneras, bien colocado, templado, tratando de bajar la mano y alargar el recorrido, buena capacidad técnica y gusto, algunos derechazos y naturales tuvieron importancia y profundidad pero con las escasa cualidades de sus novillos el conjunto no tuvo ritmo ni emoción. Más o menos lo mismo le pasó a Olmos, incluso peor, porque su lote fue aún más deslucido. Al segundo, manso de solemnidad, siempre huyendo a tablas, trató de agarrarlo en las rayas del tercio pero el de Gibaja se defendía a arreones, tornillazo tras tornillazo, sin que en ningún momento el toledano le perdiera la cara, valiente, firme y decidido, y con el quinto no tuvo la mínima opción, novillo agarrado al piso que pasaba con menos gracia que un turista japonés en un tablao flamenco. Puso toda su voluntad pero era imposible sacar nada de un bicho sin fondo. 
Solo Adame pudo llevar emoción a los tendidos con un tercero de magníficas hechuras y preciosa lámina, muy serio, con cuajo y hondura, con movilidad, fijeza y repetición de salida, metiendo bien la cara en el capote del mexicano que lo recibió a la verónica, a pies juntos, mucho temple y compás, jugando los brazos, ganando pasos, suavidad y gusto, bellísimo saludo rematado con una media de cartel. Si los olés resonaron en el capote mayor fue el retumbar de las palmas en el caballo. ¡Que gran tercio de varas a cargo de Óscar Bernal!, ¡que maravilla!, ¡cuanta belleza y emoción encierra este tercio cuando se ejecuta así!. Se arrancó en largo el novillo, pronto, con buen tranco, metiendo la cara abajo y empujando con los riñones, dos puyazos majestuosos de Bernal agarrados arriba y delanteros, como debe ser. Atronadora ovación para el picador en su retirada por el callejón. En la muleta fue, a mi modo de ver, un novillo exigente, con movilidad y más genio que clase, pero que tuvo emoción y para mi estuvo muy bien Adame, firme, decidido y valiente desde el principio con una cambiado por la espalda de escalofrío, colocándose bien, siempre en el sitio, tragando y aguantando mucho, sobre todo a partir del tercer muletazo de cada tanda con el novillo rebañando y buscando carne, bajando la muleta, con temple, tratando de alargar el viaje para sacar muletazos por ambos pitones de mucho merito y gran calidad, como el epílogo de faena con ayudados por bajo cargados de sabor. Se tiró a matar por derecho, recto, volcándose sobre el morrillo para colocar una entera delantera que acabó escupiéndose. Creo que si llega a haber acertado en el primer golpe de verduguillo  se le hubiera pedido una oreja y me hubiera parecido muy justo, sinceramente. Con el que cerraba plaza no tuvo opción alguna, un novillo sin fondo y a la defensiva a base de tornillazos. Lo mejor que hizo fue quitárselo de en medio con prontitud.
Creo que una vez más debemos pararnos a pensar en el futuro de la Fiesta. Ese futuro está en tardes como la de ayer, está en los novilleros, los que un día podrán llegar a matadores, y hay que cuidarles. Para empezar, si son novilleros tiene que lidiar novillos, con edad y hechuras de novillos, serios por delante pero novillos y hay que juzgarles como novilleros, no como matadores. En Madrid, y ayer volvió a ocurrir, hay un sector que, en mi opinión, confunde exigencia con exceso y pide toros en vez de novillos, y como salga un ejemplar con hechuras, peso y presencia de tres años en seguida se le protesta, además de exigirles lo que no son. Ya vimos la pasada semana el trato injusto a Manuel Perera y ayer otra vez lo mismo con Adame. Cuando  se perfilaba para entrar a matar tuvo que saltar el listo de turno con ese cántico que aburre de "hay que torear", después de lo que hizo y tragó el mexicano. A ese sujeto habría que llevarle un día a ver los toros desde el callejón para que respetara a quienes se ponen delante de esos bichos. Sí, digo al callejón y no digo al ruedo, porque alguien capaz de gritar eso en ese momento tan inoportuno  no merece el honor de pisar la arena de Las Ventas, eso lo primero, y segundo, no llegaría abajo porque se lo haría antes todo en los pantalones. Nos estamos acostumbrando a que los novilleros maten auténticos toros antes de tomar la alternativa y creo que no debe ser así, que es un error y perjudica mucho a estos jóvenes que vienen a Las Ventas a dar todo lo que llevan y se encuentran con animales como los de ayer. Es la eterna discusión entre los que consideramos el trapío como proporción, armonía y seriedad y quienes lo consideran peso, volumen y aparatosidad por delante, y así seguirá siendo, porque la verdad de la Fiesta realmente es esa, la diferencia de opiniones, criterios  y gustos de todos y cada uno de los aficionados, siempre que se lleven y expresen con respeto, algo que por desgracia se pierde muchas veces en Las Ventas. 
Sinceramente lo creo, a los novilleros no les puede hacer ésto.

Antonio Vallejo

lunes, 27 de septiembre de 2021

Feria de Otoño, lo importante es volver


 Así lo veo yo, lo importante era volver. Volver a los toros, volver a ver Las Ventas con este magnífico aspecto, volver a reencontrarnos con los abonados de siempre,  en definitiva, volver a lo que estábamos acostumbrados, volver a sentir la vida como siempre la hemos sentido. Cierto es que tuvimos el 2 de mayo - ¡que lejos queda aquel día de tantas emociones -, y que tuvimos dos corridas extraordinarias el 26 de junio y el 4 de julio con las que recuperamos sentimientos y emociones añoradas durante los meses de cruda pandemia. Fueron rayos de esperanza de cara a un futuro que gracias a Dios ya es presente y que nos anuncia un futuro en el que lo único que queremos es que vuelva a ser como el pasado. Durante muchos meses estuvimos huérfanos de lo que tanto nos  apasiona, el toreo, que para muchos es la vida. Se torea como se es, decía Juan Belmonte, y se es como se torea, podríamos añadir, porque el toreo es nuestra identidad y nuestra forma de ser y sentir, porque es la vida, nuestra vida, la que hemos conocido y la que queremos volver a disfrutar. Recuerdo los días en que, tras los meses de encierro absoluto, se comenzó a anunciar alguna corrida de toros, incluso alguna feria adaptada a las circunstancias, los días que se presentó la llamada gira de reconstrucción como tabla de salvación de una tauromaquia que agonizaba, recuerdo también la envidia sana que nos generaba Francia el pasado año cuando veíamos la cantidad de localidades del sur galo en los que se lidiaron toros, más tarde una nueva temporada que poco a poco iba tomando forma y un verano como este de 2021 en el que los festejos iban surgiendo a lo largo y ancho de nuestra España. Poco a poco volvíamos a lo de siempre, la normalidad, no nueva, como dijo cierto personaje al que espero pronto quitemos de en medio. Pero en todo momento echamos en falta los dos pilares fundamentales de nuestra Fiesta que, guste o no guste, son Madrid y Sevilla. Y están ya aquí, Sevilla con una feria de San Miguel espectacular en la que están todas las figuras y todas las ganaderías de primer orden y que estoy disfrutando como nunca a través de Canal Toros. ¡Ay lo de Morante en La Maestranza el pasado domingo 19!, solo eso vale toda una feria. Y desde este fin de semana es Madrid quien se suma a tirar del carro del toreo con su Feria de Otoño, un ciclo que arrancó el viernes con una corrida de Victoriano del Río y Jandilla para Diego Urdiales, José María Manzanares y Paco Ureña que tuvo que ser aplazada al próximo 8 de octubre por las inclemencias meteorológicas, una novillada de Fuente Ymbro para Manuel Diosleguarde, Isaac Fonseca y Manuel Perera, y la corrida de Victorino Martín este domingo para López Chaves, Alberto Lamelas y Jesús Enrique Colombo, a las que seguirán las programadas para los dos próximos fines de semana y que nos han vuelto a hacer sentir que la vida, el toreo, vuelve a ser como siempre. Para mi esto es lo más importante, volver, y después quedarse para siempre, que nada ni nadie nos robe ni prohiba lo que es nuestro, la afición, la emoción, la pasión, la Fiesta, porque somos como somos, somos lo que somos, españoles, con mucho honor.
De nuevo sentado en mi abono - como hemos debido hacer la mayoría de abonados venteños, elegir nuestra localidad de siempre para volver a nuestra plaza - he sentido que el tiempo pasado estará en el recuerdo, que no en el olvido, de aquí a nada. Pudo ser el viernes pero la fuerte tormenta que cayó en Madrid a primeras horas de la tarde dejó el ruedo de La Monumental completamente impracticable. No había otra opción, por mucho que nos doliera, echar para adelante esa corrida hubiera sido una temeridad y un fraude viendo el barrizal en que se había convertido la arena venteña. Solo un pero a la acertada decisión, que se tardó mucho en comunicar y que no puede ser que durante alg más de 45 minutos tuviéramos que estar los aficionados aguantando en nuestros asientos una determinación que a las seis de la tarde, hora del comienzo del festejo, era más que evidente. Tan solo con que los matadores, la presidencia y la empresa hubieran salido a inspeccionar el lamentable estado del ruedo a las seis y diez o y cuarto hubiera bastado, ahorrándonos una espera sin sentido. Pero al menos imperó la lógica y la cordura y el próximo 8 de octubre disfrutaremos del festejo en toda su integridad... si el tiempo no lo vuelve a impedir.
Ayer sábado fue una muy seria e interesante novillada de Fuente Ymbro - algunos eran auténticos toros - la que nos hizo olvidar todo lo pasado y no recordó que el toreo estará siempre presente. Tres jóvenes novilleros que representan el futuro de la Fiesta y que demostraron valor, entrega, compromiso y buenas maneras como toreros. Una valiosa oreja cortó Manuel Diosleguarde al cuarto, un fuenteymbro que hasta la muleta no se definió y al que el salmantino toreó con largura y profundidad por el pitón derecho, mano baja y ligazón, encajado, metiendo los riñones, si bien por el izquierdo se descompuso el trasteo por varios enganchones a las telas que deslucieron las tandas de naturales, para rematar la faena con preciosos ayudados por alto. Ya en el primero, un toro que se venía por dentro especialmente por el pitón izquierdo, demostró sus buenas maneras en el toreo en redondo, temple, poniéndole la muleta en la cara, llevándolo muy metido para remachar con unas bernadinas ajustadísmas, de infarto. A ambos novillos los mató a la primera por lo que me parece justa y merecida la oreja cobrada. El mexicano Isaac Fonseca demostró valor ante el segundo, un novillo con mucha movilidad y más peligro. Embestía a arreones, se echó a los lomos a Perera en un quite y volteó a Fonseca varias veces durante la faena de muleta, pero se repuso como si nada, nunca le perdió la cara, siempre estuvo en el sitio, poniéndole la muleta, bajándole la mano para tratar de someter la brusquedad de su embestida terminado por imponerse en un par de tandas portentosas en redondo, templadas, profundas y ligadas. Lo mató de un espadazo sensacional y recibió una fuerte ovación. El quinto le dio pocas opciones, parado, deslucido, sin emoción, pero Fonseca lo intentó todo, poniéndose, ofeciéndole la muleta planchada, tratando de llevarlo siempre toreado, pulcro, pero el novillo se vino abajo prácticamente desde el inicio del trasteo, completamente desfondado. Po su parte el extremeño Manuel Perera dejó claro lo que es, un torero al que nada le puede parar, ni siquiera la gravísima cornada que recibió en mayo en Vistalegre y que pudo costarle la vida. El valor y arrojo que ha mostrado este sábado en las Ventas lo atestigua. Da igual que el segundo le volteara en el turno de quites, da igual que el tercero le arrollara violentamente al inicio de la faena de muleta cuando toreaba con ambas rodillas en tierra, se repuso de la conmoción y poco a poco fue sometiendo al exigente y encastado fuenteymbro a base colocación, temple y poder acabando en una sensacional serie por el pitón derecho dejándole la muleta en la cara y un arrimón de verdad, sin trampas. Mató de una certera estocada y recibió una merecida ovación. Poco pudo hacer frente al sexto, al que recibió a portagayola, otra muestra más de  como debe venir un novillero a Las Ventas, a por todas, estando a punto de ser arrollado. Arrancó la faena con cambiados por la espalda y una serie de derechazos, buscando siempre la ligazón. Pero no sé por qué algunos le afearon la colocación y, claro, de esa manera el toreo ligado y con ritmo desapareció al tener que recurrir Perera a pases de uno en uno, eso sí, cruzándose, para no herir sensibilidades puristas. Una pena porque de haber continuado con los registros iniciales la cosa hubiera sido distinta, o eso me pareció a mi. 
Y hoy domingo se completó este primer fin de semana de Otoño con una corrida de Victorino que ha tenido dos toros buenos, segundo y quinto, el lote de Alberto Lamelas, pero que en el resto no ha cumplido con lo que esperábamos de este hierro. Seis cárdenos que salvo el tercero, terciado y lavado de cara aunque con dos pitones de aúpa, para mi han estado bien presentados, entipados, albaserradas de pitones a rabo, muy serios, abiertos de cara, vueltos los pitones, apuntando al cielo, especialmente los reseñados segundo y quinto, imponente presencia ambos, dos auténticos leños por delante. El primero se mueve de salida, mete bien la cara en el capote y repite aunque tiene poco recorrido y va justo de fuerzas. Bien llevado al caballo por López Chaves, andándole hacia atrás, echando el percal abajo, donde recibe dos puyazos en los que se deja pegar, sin emplearse, perdiendo las manos al salir del peto, lo que hace aumentar el nivel de las protestas. Llega a la muleta corto de recorrido, con la cara alta, a la defensiva, acusando su falta de fuerzas, aunque tuvo cierta nobleza y ganas de meter la cara en los engaños que con suavidad y buena técnica le puso en la cara el salmantino, buen trato, perdiendo pasos entre muletazo y muletazo para poder colocarse, todo bien, pero sin llegar a conectar con los tendidos. Un pinchazo arriba y una casi entera tendida feuron suficientes para hacer doblar al victorino. Otro de los que asustaba por presencia fue el cuarto, que desde que saltó dio muestras de blandura perdiendo los cuartos traseros y al que se le pegó mucho en el caballo. No sé cual habrá sido el motivo, si lo justo que iba de fuerzas, si el castigo en varas o ambas cosas a la vez, el caso es que a la muleta llegó parado, le costaba arrancarse y cuando lo hacía pasaba como si nada, soso y deslucido, sin ritmo, con la cara a media altura. Voluntarioso López Chaves, justificándose, pero sin conseguir nada, por lo que creo que debió haber cortado la faena mucho antes de cuando lo hizo. 
Alberto Lamelas se fue a recibir a los dos toros de su lote a portagayola, declaración de intenciones, ganas y disposición, es lo mínimo que se debe pedir. El resto hay que demostrarlo. Tuvo el jienense el mejor lote, dos victorinos que tuvieron movilidad, recorrido y raza, dos toros que metían la cara y repetían pero que llevaban la sangre que llevaban y a los que había que hacerles muy bien las cosas. Magnífico el saludo de capa a ambos toros, echando le capote abajo, lidiando, sometiéndolos, ganándoles terreno para rematar más allá de la segunda raya. Para mi tanto el segundo como el quinto fueron toros con serias opciones de trofeo, con recorrido y movilidad, pero con las dificultades propias del encaste, dos toros para hacerles todo bien, con mucho temple, fundamental,  porque a la mínima desarrollan sentido y se complican. Fue bueno el arranque de faena en los dos toros, pro el pitón derecho, series reunidas, compactas, con temple, profundidad, mano baja y ligazón, vibrantes, con emoción, a las que los tendidos respondieron con olés. Es posible que algunos toques a las telas en el segundo o que el tirar del toro en los muletazos  que creo que pedía el quinto fueran las causas de que ambas faenas no tomaran más vuelo y que perdieran algo de ritmo, especialmente por el pitón izquierdo de ambos donde el recorrido y la continuidad bajaron de nivel. Naturales sueltos, algunos de gran hondura y bellísimos, teniendo que perder pasos entre cada pase rebajaron el nivel de emoción que presagiaba el arranque de faena y retornaron el trasteo a los derechazos, pero por ahí ya se revolvían antes y sabían lo que se dejaban detrás. De lo que no hay duda es de la firmeza de Lamelas, que siempre estuvo en el sitio, plantándoles la muleta en la cara y tratando de llevarlos toreados, pero repito, creo que le faltó algo de temple y tirar más de la embestida. Mató de entera desprendida al segundo y entera caída al quinto y recibió ovación con saludos como premio en su primero. Por cierto, ambos toros fueron ovacionados en el arrastre, a mi entender con buen criterio y sigo pensando que llevaban más dentro y que se les podía haber sacado. 
Jesús Enrique Colombo nada pudo hacer ante el terciado y anovillado tercero, un toro de escaso recorrido que se revolvía y permitía poco. Lo mejor en este tercero, y quizás también del sexto, fue el manejo del capote, echándolo al suelo, muy bajo andándole hacia atrás para sacarlo a los medios, así como el tercio de banderillas, derroche de potencia y facultades físicas, reuniendo y clavando en la cara del toro, con pureza, especialmente el tercer par en ambos casos. Sin recorrido ni fuerzas llegó el tercero a la muleta, cara a media altura, defendiéndose, reponedor, sin acabar de pasar, por lo que el venezolano acortó con acierto y mató de un espectacular estoconazo que pasaportó al victorino  de manera fulminante. El sexto fue un toro que se dejó hacer, con cierta nobleza, que iba pero al que había que enganchar alante y tirar de él para sacar algo lucido. Tremendamente voluntarioso anduvo Colombo pero al victorino le faltaba un punto de calidad y alguno más de empuje para transmitir y generar algo de emoción. Bien el venezolano, disposición y querer a raudales, pero sin poder sacar más porque realmente no lo había. Se tiró a matar con decisión y colocó otra sensacional estocada para firmar el fin de esta primera entrega de la Feria de Otoño a la que aún le quedan siete episodios más que esperemos respondan a las ilusiones que tenemos todos los aficionados.


Antonio Vallejo

miércoles, 18 de agosto de 2021

La imbecilidad humana no tiene límites...pero sí nombre


 Se preguntarán los habituales lectores de este blog, acostumbrados a las fotos que habitualmente ilustran mis entradas, que es este adefesio que posiblemente haya dañado su ojos y por qué aparece en este blog. Este ser se llama Ana González, socialista, no podía ser de otra manera, y resulta ser alcaldesa de Gijón. Resulta que a este ser se le ha ocurrido la brillante idea de ¡prohibir! las corridas de toros en Gijón. ¿Motivo?. Agárrense bien a cualquier asidero que tiene a mano, que la cosa es de traca. Bueno, de traca no, de espanto, de horror, como es el socialismo y comunismo que engendros físicos como ese representan. A este ser le parece que puede prohibir un arte que es patrimonio cultural de todos los españoles porque el pasado domingo 15 de agosto, en la Feria de Begoña de Gijón, se lidiaron toros de Daniel Ruiz que tenían por nombre Feminista, lidiado por el maestro Morante de la Puebla como primero de la tarde y dos Nigeriano, lidiados como segundo por el maestro Juli y como cuarto de nuevo por Morante. En serio, ese es el "motivo", por eso les decía agárrense. A esta tal Ana González eso le parece algo terrorífico, algo dañino para la humanidad, algo que, por supuesto, jamás debe permitirse. Les juro que he buscado y rebuscado declaraciones de este ser que ocupa el cargo de alcaldes de Gijón en las cuales se pronuncie, por ejemplo, por Afganistán y lo que les viene encima a las mujeres de aquel país, pero no he encontrado nada, silencio, callada como una...para eso no tienen lo que hay que tener. Ya sabemos que los socialistas y comunistas, valga la redundancia, conectan muy bien con los terroristas, los islamistas y los talibanes, valga también la redundancia, y que lo que pase a las mujeres por esos lares les parece hasta bien - aún espero la reacción de la ministra Montero o la etarra Belarra, me ha salido rima, qué bien - pero que poner esos nombres a unos toros de lidia es algo que posiblemente acabe con la humanidad. Y ya no les digo si encima los mata Morante, ¡de VOX!, ¡fascista!, ahí seguramente se la pase por la cabeza resucitar las checas.
De verdad, este ser es rematadamente imbécil. Para empezar una inculta de tomo y lomo que desconoce que en las ganaderías, desde hace siglos, a los toros se les pone el nombre de la madre, que para más señas es una vaca, alcaldesa, y eso se mantiene durante generaciones aunque le cueste creerlo. Mire, según me he informado, hace 58 años nacieron unas vacas en la ganadería de Daniel Ruíz dos vacas a las que les pusieron por nombre Feminista y Nigeriana, sin más, y esas vacas engendraron toros que se llamaron Nigeriano y Feminista (porque Feministo no existe en español aunque no se lo crea), y seguramente más vacas que, siguiendo la tradición, adoptaron esos mismos nombres, así hasta llegar a los toros lidiados el domingo en Gijón. Si tuviera un mínimo de sustancia gris, leyera y se informara se daría cuenta que hay nombres de toros legendarios en distintos hierros (hierro es algo equivalente a ganadería, para su información, alcaldesa) que se repiten década tras década, y no pasa nada, es lo normal. Pero a usted, obsesionada como todo socialista o comunista, de nuevo la redundancia, en acabar con España y todo lo que suene a español se le ha encendido una lucecita - me imagino que será la de reserva neuronal, como la de gasolina en los coches - y ha buscado su minuto de gloria prohibiendo los toros en Gijón. A ver, una idiotez la puede decir cualquiera, usted también como ha demostrado, pero es que prohibir algo que es patrimonio cultural porque le sale de donde le sale, del odio puro, puede ser algo peor, porque usted debe saber que prohibir algo a sabiendas que no puede hacerlo creo que se llama prevaricar, y ahí está pisando terrenos cenagosos. Con todos los problemas que tendrá Gijón, con todo lo que habrá por resolver y gestionar, con la situación que estamos viviendo, con los dramas que muchas familias gijonesas han sufrido y sufren por la pandemia,  a esta tipa solo se le ocurre esta tontería. En fin, sobran más palabras.
No sé en qué acabará todo esto pero lo que me queda claro, transparente, cristalino, es que la imbecilidad humana no tiene límites pero por lo menos tiene un nombre, Ana González, alcaldesa de Gijón.

Antonio Vallejo

domingo, 8 de agosto de 2021

Si Morante no hubiera existido tendríamos que habérnoslo inventado

Único, irrepetible, tocado por la varita mágica del toreo, un genio, duende y embrujo, así es Morante, figura inigualable, por encima de las leyes del tiempo, maestro de época, de todas las épocas, a las que cada tarde nos transporta en su capote y su muleta con suertes rescatadas de siglos pasados, torero para la historia y la eternidad. Podríamos decir nombres míticos de cualquier época , podríamos incluso intentar compararle con maestros más o menos lejanos en el tiempo, pero el intento sería vano, jamás encontraríamos otro igual. 

Sí, todo eso es Morante, imprevisible, sin guiones escritos ni tauromaquias teledirigidas por normas y leyes, sin las rigideces de ese falso purismo preocupado por medir hasta el milímetro con escuadra y cartabón  una supuesta perfección, en las antípodas de lo cartesiano, poesía pura, no un manual predeterminado, en el que todo surge desde la imaginación y el sentimiento para transformarlo en emoción y pasión, en arte, en definitiva, el TOREO. Pero sería muy injusto y superficial si me quedara ahí y obviara que Morante es mucho más que todo eso. Morante encierra un conocimiento del toro y los terrenos magistral, solo así es posible llegar a torear como él lo hace. Morante demuestra un compromiso y un valor fuera de toda duda, a pesar de lo que digan por ahí, tanto dentro como fuera de la plaza. Solo así es posible una encerrona como la de ayer en El Puerto de Santa María ante  seis toros de Prieto de la Cal, algo que ningún otro estaría dispuesto a hacer, porque Morante los tiene muy bien puestos, en la plaza frente al toro y en la vida frente a quienes tan solo desean la destrucción de España y el toreo. 

La de ayer en El Puerto significó mucho más que una tarde de toros, precisamente en esa plaza de la que Joselito  dijo en su día que quien no había visto toros en El Puerto no sabe lo que es una tarde de toros. La de ayer no se puede medir y valorar con la matemática, porque sería un cero absoluto si nos atenemos al resultado numérico de trofeos, vueltas al ruedo, ovaciones o toros aplaudidos en el arrastre. No lo fue, al revés, creo que fue una tarde en la que el maestro de La Pueble del Río dio un paso al frente y un golpe en la mesa ante la anestesia de la vulgaridad. Lo hizo él solo, sin miedo, aún sabiendo que la probabilidad de que sobre el albero de El Puerto sucediera lo que sucedió. ¡Dios mío lo que se hubiera oido hoy si los seis toros hubieran sido de otro hierro! Pero no, eran de Prieto de la Cal y salieron como salieron, mejor dicho, como era más que previsible que salieran. Seis animales sin casta ni raza, sin un átomo de poder, imposibles no digo para cualquier lidia, imposibles para el mínimo atisbo de imaginación de algo, ni tan siquiera amago de alucinación. Uno tras otro fueron saltando, vacíos, sin fondo, tampoco sin hechuras que al menos hicieran alegrar la vista, quizás en el tercer hubo un amago de soñar la gloria en las verónicas de Morante, intentó estirarse pero fue un visto y no visto, posiblemente el quinto bis, un sobrero de Parladé bien hecho con más clase y calidad que quizás recibió en el caballo más castigo del que requería, invitó a despertar del letargo en el quite y en las primeras tandas de muleta con profundidad y sabor, pero no llegó a romper. Toros a la defensiva en los que la emoción era imposible de sentir, ni siquiera presentir, que en su falta de todo llevaban un peligro indigno, que se lo digan a Juan José Trujillo o a Lili que las pasaron canutas, incluso el mismo Morante, que finalmente tuvo que torear con los pies, a la antigua, por bajo, doblándose para someter a un toro ingobernable y con mucho riesgo, pero además haciéndolo como él lo hace, un ballet lleno de armonía y aromas lejano al rock and roll acrobático o el break dance callejero en lo que tantas veces se convierte el macheteo vulgar. ¿Es o no tener valor enfrentarse en solitario a una tarde como esta de ayer? 

Para mi mucho, y con esa decisión creo que Morante, además, ha tirado por tierra muchos falsos mantras puristas sobre la variedad de encastes y hierros. Como aficionado que soy me encanta ver todo tipo de toros y toreros, a todos los respeto, valoro y defiendo, creo firmemente que en nuestra Fiesta deben encajar todos y que la grandeza de este arte es que a cada aficionado le llega más un toreo que otro. Pero dicho esto también hay que decir y repetir que tengo mi gusto y que la emoción me llega por el toreo profundo de mano baja y trazo largo, el toreo acoplado y reunido con el toro humillando y repitiendo. Y ese toreo lo he sentido con encaste Domecq, Nuñez o Albaserrada, por supuesto, pero por mala suerte o desgracia han sido tantas las tardes en las que me he tragado corridas "duras", "toristas", "encastes minoritarios", en las que la "emoción" solo estaba en el riesgo y el miedo máximo ante animales prácticamente inlidiables, con la respiración cortada y el corazón en un puño, el "uy" o el "¡ay!" en lugar del olé que a mi sale del corazón cuando la emoción me llena por la belleza de un muletazo hondo, que al final elijo unos carteles antes que otros. 

El cartel de ayer tenía un nombre, Morante de la Puebla, que encarna ese toreo que a mi me llena, aún sabiendo que los toros podían mandar al limbo todas mis ilusiones y sueños, esos con los que siempre voy a la plaza y que el duende y el embrujo de Morante son capaces de colmar con una verónica, una media, un trincherazo o un natural. Sin ese sentimiento no existiría el toreo y si Morante no hubiera existido tendríamos que habérnoslo inventado.

Antonio Vallejo

lunes, 5 de julio de 2021

Emilio de Justo, la consagración de una figura para reventar una temporada

¿Qué es la cultura? Si uno acude al diccionario de la R.A.E se define como conjunto de conocimientos  que permite a alguien desarrollar su juicio crítico y también como conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc. Esta calurosa tarde de domingo de julio en Madrid se anunciaba la Corrida de la Cultura con un cartel de lujo que no me extraña que llevara a colgar el "no hay billetes" en la taquilla de Las Ventas, el formado por Antonio Ferrera y Emilio de Justo en un mano a mano con toros de Victoriano del Río. Desde luego que ambas definiciones van que ni pintadas aplicadas a nuestra Fiesta. No hay duda  que cualquier aficionado, con sus conocimientos del toreo, puede realizar un juicio de una tarde de toros y tampoco tengo dudas de que el toreo, como dice el diccionario, es un modo de vida y costumbres, diría más, es un modo de vivir y sentir único, sin igual, basado en unos valores hoy en desuso, sacrificio, compromiso, respeto, en las antípodas del relativismo y buenismo imperante, y que los toreros, Emilio de Justo lo ha demostrado claramente, atesoran conocimientos y grado artístico en cantidades astronómicas. Quizás los antitaurinos debieran dar un repaso al diccionario, y a tantas cosas, antes de volcar su odio en pos de la prohibición, demuestran mucha incultura. 
Ha sido una tarde plena, de principio a fin, empezando por unos toros de Victoriano del Río con una presentación extraordinaria, imponente presencia y trapío los seis, magníficas hechuras, serios a más no poder, ofensivos y astifinos, desafiantes, amplios de cuna, preciosas láminas y con un juego realmente bueno salvo el quinto. Toros con opciones de triunfo, cada uno a su manera y con su carácter, que en general han peleado bien en los caballos, que han tenido unos emoción, otros clase, otros incertidumbre, también genio  pero que no han dejado a nadie indiferente y han mantenido la atención de principio a fin, incluso el manso sexto que ha roto a más y ha acabado entregado en la muleta de Emilio de Justo de una manera que ninguno salvo el matador fuimos capaces de sospechar, destacando sobremanera el bravo cuarto al que desorejó Emilio de Justo y que fue premiado con la vuelta al ruedo. Enhorabuena al ganadero, excelente selección fruto del trabajo diario en el silencio y la soledad del campo que para mi le convierte con justicia en el otro triunfador de la tarde.
Sin toros no hay toreros y sin toreros no hay toros, una máxima que suena a tópico pero es la verdad, como ha quedado patente esta tarde en Las Ventas. ¿Cómo podría haber triunfado si no Emilio de Justo si sus toros no hubieran tenido bravura, emoción y transmisión? y ¿cómo ha sido posible que un toro como el sexto al que ninguno le vimos nada de nada, en el que pensábamos que la faena de muleta no iría más allá de unos intentos de pases y se acabó, casi se va la desolladero sin una o las dos orejas?. La respuesta es fácil, la conjunción mágica, ha habido toros y un torero que hoy se ha consagrado como figura en Madrid, refrendando así aquella Puerta Grande en septiembre de 2018 con una corrida de Puerto de San Lorenzo. Lo ha hecho cortando tres orejas, una al primero de su lote, Esmerado, al que saludó de capa por chicuelinas en los medios rematadas con una media repleta de clase y en el que vimos esa rivalidad en quites que tanto se echa de menos en el toreo actual. Primero fue Ferrera por verónicas templadísimas de gran belleza para replicar de Justo con unas chicuelinas excelsas, rematando ambos con sendas medias a cual mejor. Si bien los primeros compases de la faena por el pitón derecho, a media altura, con poco recorrido y el de Victoriano cabeceando no invitaban a echar las campanas al vuelo fue al cambiar a la zurda donde emergió el toreo al natural para alcanzar cotas de enorme belleza y transmisión. Naturales con hondura, colocación, temple y poder, bajando la mano, recorrido y repetición, series ligadas, acople perfecto, cadencia y ritmo, toreo de muchos quilates que se transladó al otro pitón en una tanda en redondo profunda, ligada por bajo, maravillosa, previa a un apoteósico final con naturales a pies juntos dándole el pecho culminando la obra con una grandísima entera de efecto fulminante que valió una oreja de mucho peso. Como cuarto se anunciaba un toro con nombre de los que a cualquier aficionado al toreo le gusta, Duende. Preciosa estampa, cornidelantero, que en los capotes no demostró precisamente fijeza ni celo aunque sí que mostró movilidad y cumplió con creces en varas, protagonizando un tercio de banderillas que fue ciertamente caótico, desorden en la lidia y más palos en la arena que clavados en el toro. Pero este Duende tenía todo su fondo esperando a la muleta, ahí iba a derramar todas sus facultades para que Emilio de Justo compusiera una sinfonía magistral en medio de una borrachera del mejor toreo. Movilidad, fijeza, recorrido, humillación, repetición y duración fueron los acordes que se fundieron con los olés desde las primeras series en redondo, profundidad y ligazón basadas en le temple y la colocación, ritmo y compás, la mano muy baja, mando y dominio, gusto y belleza, acoplado,  y un toro con clase y bravura descomunal. Si Duende era bueno por el derecho no lo era menos por el izquierdo, mismas condiciones, humillación, recorrido y humillación, naturales hondos, también ligados en el sitio, todo por abajo y muy templado, despacio para concluir la composición por donde empezó, por el pitón derecho, apoteósicos derechazos totalmente entregado, el compás muy abierto, despatarrado, alargando el viaje para recogerlo y ligar con una emoción y transmisión máximas que pusieron a la plaza en pie rendida a Emilio de Justo. Unos adornos finales por bajo llenos de aromas y torería dejaron todo en manos de la espada. Y no dudó de Justo. Recto, por derecho, volcándose sobre el morrillo en un volapié monumental pasaportó a este magnífico Duende premiado con una merecida vuelta al ruedo. Dos orejas sin discusión alguna en mi opinión que paseó Emilio de Justo entre el clamor de unos tendidos extasiados y que suponen su consagración como primera figura en el Olimpo  del toreo. Y aún pudieron ser más lo trofeos de no marrar con el descabello en el que cerraba plaza, un desafiante colorado chorreado con la puntas apuntando al cielo que desde salida mostró querencia, sin fijeza, huyendo de los capotes, yéndose a por el caballo que guardaba puerta hasta en tres ocasiones, doliéndose del castigo y saliendo rebrincado de fea manera, para ser finalmente picado donde correspondía haciéndole entra por dentro y tapándole la salida en una vara en la que se durmió en el peto sin emplearse. Visto lo visto y que en banderillas tampoco cambió de comportamiento la faena de muleta se presumía poco menos que inexistente, más aún tras lo primeros muletazos que tomó a la defensiva, protestando, la cara alta, punteando las telas. Repito, nadie en los tendidos veíamos nada en ese sexto, nadie, y quien diga lo contrario se está soltando un farol, por no decir que miente. Solo una persona, la que estaba frente al toro vio el fondo que tenía. Y no solo lo vio sino que conocía la fórmula para sacarlo. ¿Por qué?Porque solo estos súperhombres, los que cada tarde que se visten de luces y miran cara a cara a los toros y a la muerte son capaces de ver lo que para los demás es ceguera. Tragó los derrotes Emilio de Justo, aguantó, paciente, poniéndole la muleta, enseñándole el camino, la manos baja, obligándole, llevándolo tapado, muy toreado, sin quitársela de la cara y así surgieron como por arte de magia naturales que se desgranaban de uno en uno, con una hondura tremenda, cruzándose, entre olés roncos y la admiración de todos, para culminar con una serie en redondo templada, ligada por bajo, profunda, de ensueño, con el toro sometido, humillando, persiguiendo la muleta con codicia. Una entera desprendida y la mala suerte con el verduguillo privaron a Emilio de Justo de una y quien sabe si dos orejas más porque lo que hizo ante ese último de Victoriano no solo tiene mucho mérito sino que refleja lo que es una primera figura del toreo cargada de conocimiento y técnica. 
Antonio Ferrera se ha ido de vacío de Las Ventas, cierto, pero creo que de haber tenido más fortuna con la espada una oreja al menos hubiera acabado en sus manos. Perfectamente pudo ser así en el que abría plaza, un toro alto y grande, de enorme amplitud de cara, veleto, que salió con la manso por delante y blandeando. No se empleó en los dos primeros puyazos, salió escupido del peto nada más sentir el acero y decidió Ferrera picarlo en los medios con la consecuente bronca por una amplia parte de los tendidos que consideran que el tercio de varas debe realizarse en unos terrenos concretos y en en esta digamos frivolidad de Ferrera una afrenta al sentir de esta plaza. El caso es que entre las protestas de unos y la ovación de otros el toro empujó con codicia y tomó un puyazo empleándose. Al final la ovación fue claramente mayoritaria aunque, debo decirlo, a mi me encanta el tercio de varas, me parece de una gran belleza y disfruto mucho por lo vibrante y emocionante que es, pero me gusta ejecutado con pureza y donde debe, en la contraquerencia. Como recurso o anécdota puedo aceptar lo que ha hecho Ferreras, tampoco me voy a rasgar las vestiduras y lo entiendo dentro del contexto de la tauromaquia llena de sorpresas a la que nos tiene acostumbrados el maestro, pero no más que eso. Arranca la faena por bajo, con suavidad, alargando el viaje, rematando con sabor también por bajo. Creo que supo medir perfectamente la distancia, la altura, la velocidad y las pausas que pedía el toro a base de temple, bajando la mano, con profundidad, series cortas y ligadas con clase por ambos pitones, sabiendo alargar el recorrido un tanto escaso del animal en un alarde de técnica y recursos de maestro veterano, todo ello enmarcado en cierta teatralidad con las que adorna sus faenas, como la forma de entrar a matar desde muy lejos, unos 10 metros, andando hacia el toro con la espada armada para finalmente estoquear al encuentro, algo muy difícil y que hoy le ha jugado una mala pasada ya que el defecto de la estocada le ha privado de una oreja casi segura. El tercero ha permitido a Ferrera lancear a la verónica con vistosidad por la movilidad y fijeza del de Victoriano adornándose con un afarolado y una media de remate que era un cartel por sí misma. Mucho se le pegó en varas, excesivo castigo a mi modo de ver, lo que hizo mucha mella en las fuerzas del toro. Entre eso y un tercio de banderillas en el que el desorden fue la nota dominante el caso es que llegó a la muleta andando, defecto que transformó en cualidad Ferrera para componer una faena a la mexicana, en corto, todo muy despacio, citando en la cadera para poder alargar más el recorrido y ligar las series, todas ellas muy medidas. Muletazo a muletazo fue cuajando redondos y naturales de tronío, muy relajado, a cámara lenta, recordando sus faenas en Insurgentes. Finaliza la faena en algo ya clásico en su toreo, con la derecha y sin la ayuda, series de redondos al natural podríamos llamarlas, hundiendo las zapatillas, en una baldosa, jaleadas con olés. De nuevo se perfila muy de lejos, igual que en su primero, andándole en pasitos cortos, matando en la suerte de recibir para dejar una entera caída que difumina la posibilidad de trofeo. El quinto tan solo tuvo historia en banderillas, un tercio antológico protagonizado por Antonio Chacón y Fernando Sánchez que clavaron de poder a poder, llegando hasta la cara del toro, asomándose al balcón, con la punta de los pitones en la barriga, exposición y riesgo máximo, saliendo del embroque con torería. Ambos saludaron desmonterados la tremenda ovación de todos los tendidos puestos en pie. En la muleta no tuvo nada, embestida descompuesta, sin recorrido, protestando, soltando derrotes, deslucido e imposible para el lucimiento.
En resumen, una gran tarde de toros, los de Victoriano del Río, magnífica corrida de presentación y juego,  y un nombre propio, Emilio de Justo, consagrado como figura y dando un golpe en la mesa que va a poner a todos en guardia de cara a lo que resta de temporada. Tres orejas de ley y la Puerta Grande que lleva al cielo del toreo abierta revientan una temporada y pone muy caro el toreo. 

Antonio Vallejo



 

domingo, 27 de junio de 2021

Volver a Las Ventas, ¡volver a vivir!


 Un soplo de vida, eso es lo que para mi ha sido esta tarde de sábado en Las Ventas, ¡cuanto la necesitaba!. Cierto que el festival extraordinario del pasado 2 de mayo fue algo único por lo emocionante, cierto que esta pasada Feria de San Isidro atípica y especial en Vistalegre fue un aliento de esperanza que invitaba a soñar, pero faltaba algo, faltaba que la primera plaza del mundo por fin diera el paso que demandábamos y tomara las riendas del toreo. Ese paso ha sido este sábado, el próximo domingo 4 de julio será el segundo paso, parece ser que el 10 de julio vendrá el tercero del que esperemos sea un caminar eterno que no encuentre más pausa que la obligada entre temporada y temporada. El toreo necesitaba que Las Ventas tomara el mando y dijera aquí estoy yo, frente a todas las adversidades, poderosa, para dejar claro que esta Fiesta es inmortal mientras haya un toro en el campo, un torero frente a él y un aficionado que quiera verlo. Posiblemente ese sea el mejor resumen de lo vivido en Madrid un caluroso sábado de junio con toros de Victorino Martín, con tres toreros, Manuel Escribano, Sergio Serrano y Fortes, y muy cerca de 12.000 aficionados que hemos llenado el aforo permitido dando a los tendidos un magnífico aspecto. Lo que vendría tras el retumbar de clarines y timbales anunciando el paseíllo, como dice el Evangelio, se nos ha dado por añadidura, y ha sido mucho.
Para empezar hemos visito seis toros de Victorino de excelente presentación, preciosas láminas, muy serios, veletos los seis, astifinos, puntas desafiantes, entipados, albaserradas de pitón a rabo, inconfudibles, que también han mostrado el comportamiento tipo de la casa, duros, complicados y con peligro, sin conceder nada y sin permitir el mínimo fallo el segundo tercero, falto de fondo y fuelle el primero, deslucido el sexto, destacando un encastado y exigente cuarto, y un bravo, con clase y mucha calidad el quinto, dos toros de nota muy alta. No está mal para empezar, digo yo.
A por sus dos toros se ha ido a recibir a porta gayola Manuel Escribano, algo habitual en el sevillano pero que no deja de ser una declaración de intenciones acerca de la disposición con la que ha venido a Madrid. Al primero lo saludó por verónicas templadas y comprometidas ganando pasos tras la larga cambiada clavado de rodillas más allá de la segunda raya. Empuja en el caballo sin demasiada codicia y con un solo pitón el Victorino apuntando señales de debilidad,  pero es tras dejar atrás el peto cuando muestra una evidente falta de fuerzas que levanta las protestas y condiciona el resto de la lidia. Muy corto y reponiendo en el poco lucido intento de quite por chicuelinas de Serrano, sin ritmo en banderillas, tercio que Escribano cumplió con facilidad y solvencia, para llegar a la muleta desfondado, con la cara alta, sin poder ni empuje. Poco pudo hacer el sevillano que  mató de una sensacional entera de efecto fulminante, sin duda lo mejor de este primero. La salida del cuarto, Galapagueño de nombre, nos puso el corazón en un puño, segundos de angustia con Escribano hincado de rodillas y el toro parado en la boca de toriles, mirando, midiendo, avanzando lentamente hacia el sevillano, calibrando, hasta llegar a menos de 2 metros y arrancarse bruscamente buscando la presa. Aún no sé cómo se libró de la cogida el de Gerena, providencial la larga con la que burló el trance. Pelea de bravo en el caballo, dos puyazos arrancándose en largo, metiendo la cara abajo, empujando con celo, metiendo los riñones, y extraordinario Curro Sanlúcar agarrando arriba y delantero, con razón se despidió en medio de una gran ovación. Ritmo y buen tranco del toro en banderillas, galope alegre que permitió a Escribano cuajar un tercio sensacional. Un primer par derrochando facultades físicas para reunir en la cara, un segundo par dejándose llegar al toro y clavar de poder a poder, asomándose al balcón, y un tercer par sentado en el estribo, esperando la arrancada del animal para incorporase y dejar los palos al quiebro junto a las tablas, casi sin espacio físico por donde salir, arriesgadísimo par que puso en pie a toda la plaza. Arranca la faena con dos cambiados por la espalda muy ajustados aprovechando la movilidad del Victorino para enlazar con las primeras series por el pitón derecho. Busca adelantar la muleta y llevar en largo la embestida de Galapagueño que toma bien la muleta, mete la cara y humilla pero que pronto saca a relucir la exigencia de su encaste. No permite el mínimo error, se queda a medio viaje, repone y busca, sabe lo que se dejaba atrás. Poco a poco, a base de tragar y bajar la mano para someter al toro la faena va tomando vuelo. Es por el izquierdo cuando llegaron los mejores pasajes, naturales con hondura, por abajo, poderosos, de uno en uno, perdiendo ese paso necesario para quedarse colocado, muy firme, entendiendo perfectamente la embestida del Victorino. La última serie de derechazos es portentosa, muletazos profundos, la muleta por abajo, mando ante un toro con sentido más que desarrollado y mucho peligro que remata con un final por bajo lleno de torería y otra magistral estocada hundiendo el acero arriba. Oreja de ley y de peso y fuerte ovación para Galapagueño en el arrastre.
El primero del lote del albaceteño Sergio Serrano dejó claro desde su salida que no iba a regalar nada. Descompuesto y deslucido en el capote, sin emplearse en varas y pasando sin pena ni gloria por el tercio de banderillas, con la cara alta. Los primeros muletazos por bajo desprenden gusto y aromas a buen toreo, con mando, largos, poderosos. Sacó su genio el Victorino, midiendo, soltando la cara en la primera serie de derechazos, asentado el albaceteño, sin dudar, plantándole la muleta en la cara, por abajo y sin quitársela, empapándole en la franela, llevándolo muy tapado para dominar los arreones del toro y someterle. Decisión, valentía y entrega de Serrano por el pitón izquierdo, aún más complicado y peligroso. Por ahí repone y busca los tobillos, se va por dentro, pero en ningún momento le perdió la cara el albaceteño en una  faena meritoria mal rematada con la espada. El quinto fue un gran toro, Venenoso de nombre, imponente presencia, muy ofensivo, preciosa estampa, que desde que saltó dejó patentes sus cualidades: movilidad, fijeza y repetición en el capote de Serrano. Pelea de bravo en el caballo, dos extraordinarios puyazos de Tito Sandoval que abandonó el ruedo en medio de una gran ovación. Igual que hizo ante el segundo arranca la faena por bajo, con poderío, en largo, aprovechando las cualidades del toro. Una tras otra fueron hilvanándose las series por ambos pitones, rotundas, reunidas, redondos profundos, ligados en el sitio, perfecta colocación, mano baja y trazo largo, temple, toreando muy despacio, naturales hondos, ligazón y buen gusto, más temple, acoplado, rematando las series con extraordinarios pases de pecho, alguno mirando al tendido, y uno de desdén para abrochar el epílogo de faena de auténtica locura. Y Venenoso que no se cansó de olisquear la arena venteña, siempre humillando, el hocico a ras de tierra, repitiendo con fijeza, incansable, duración y recorrido, un grandísimo toro. Se tiró a matar Serrano como si no hubiera mañana, sabedor de que acariciaba la Puerta Grande que lleva directo a la gloria del toreo, recto, volcándose sobre el morrillo para hundir la espada hasta la empuñadura. Quizás se atracó de toro y por eso el espadazo cayó ligeramente contrario, quizás ese pequeñísimo defecto hizo que Venenoso tardara en doblar y quizás por eso se enfrió el público y la petición de la segunda oreja perdió peso. No lo sé ni lo sabré nunca, pero me da igual. El premio fue una oreja pero el sabor que me ha dejado Sergio Serrano ha sido de dos orejas. Mantengo lo que siempre digo, para mi el toreo es sentimiento, no números, y hoy Sergio Serrano me ha transmitido la emoción del toreo eterno, eso lo vale todo. 
El malagueño Fortes se ha llevado el peor lote, el más deslucido y con menos opciones de triunfo. El tercero tuvo un comportamiento de salido propio de su encaste, revolviéndose, echando las manos por delante, con escaso recorrido, para llegar a la muleta sin fijeza y desentendido. Trata de someterle por bajo en los muletazos de tanteo, el toro va pero no dice mucho. Toma la muleta con la izquierda y por naturales basa una faena desligada en la que surgen algunos naturales de buena factura aislados, pero falta ritmo y continuidad. Además el toro trata de irse al tercer muletazo de cada tanda. Es posible que llevándolo muy en corto y con la cara tapadita a lo mejor hubiera lucido algo más, es fácil decirlo cuando uno está sentado en el tendido, pero dudo que las cosas hubieran cambiado mucho. Para colmo por el pitón derecho tuvo muy poco recorrido, se defendió soltando la cara y desarrollando sentido, revolviéndose con peligro, absolutamente imposible para el lucimiento. Pero aún fue el que cerró el festejo, rebrincado, la cara arriba, sin emplearse en los primeros tercios y sin un solo pase en la muleta, completamente imposible. Una pena porque me hubiera gustado que el final de la tarde - ya noche a esas horas - hubiera sido otro pero tras todo lo que hemos pasado y lo negro que se veía el panorama solo puedo decir que volver a Las Ventas es ¡volver a vivir!.


Antonio Vallejo