viernes, 17 de mayo de 2024

Tomás Rufo, oreja de ley en tarde importante


Hace 104 años se producía la trágica muerte de Joselito el Gallo en la plaza de Talavera y en su memoria, como cada 16 de mayo, se guarda un minuto de silencio al finalizar el paseíllo. Y el destino ha querido que haya sido precisamente un torero de Talavera el que haya honrado la memoria del maestro de la mejor manera posible, toreando con temple y valor supremo. Ha sido con el tercero de Victoriano del Río, un toro de magníficas hechuras, bajo, fino, de tremenda seriedad, vuelto de pitones, las puntas al cielo, desafiante que ha tenido clase y entrega pero que ha pecado, como toda la corrida, de falta de fuerzas. Lo ha visto claro Rufo al irse a los medios a brindar al público, hincándose de rodillas entre las rayas del 1, citando en largo, vibrante arranque, por bajo, el viaje largo, el temple exquisito, derechazos de mucha emoción, profundos, con el toro metiendo la cara con enorme clase. Ya incorporado un par de series monumentales en redondo, la mano muy baja, la muleta barriendo la arena, temple infinito, enroscándose la embestida, obligando mucho al toro, que repite porque quiere pero que pierde las manos en los finales porque no puede con tanto, sensacionales los de pecho con los que abrocha las series, los olés roncos y sentidos que vencen a los absurdos "miaus" con los que algunos del sector sabio recibieron a este toro. Intensidad y transmisión, entregado el toro y abandonado el torero, tanto que en un cambio de mano superlativo el tiempo se detiene, el toro se para, no sé si por clavar el hocico en la arena por lo tanto que humillaba o porque su fuelle no le daba para tanto sometimiento. Rufo firme, asentado, las zapatillas hundidas en la arena, hasta que se repone y lanza por los aires a Rufo, segundos de angustia tras la voltereta, a merced del de Victoriano, incertidumbre. El ángel de la guarda de los toreros, siempre presente para echar su capote, ha hecho que  afortunadamente todo haya quedado en un susto. Envalentonado vuelve a la cara y traza una serie de naturales de una hondura descomunal, templadísimos, lentos, la mano baja, ligados en el sitio, que han puesto en pie a Madrid que en su casi totalidad se ha rendido al poder, el temple y el valor del talaverano. Se tiró a matar recto, por derecho, dejando una media en todo lo alto que hizo rodar al toro. Oreja de ley en terde importante, de mucho peso y más valor si cabe, que todavía alguno ha protestado en la vuelta al ruedo. Inexplicable, habría que preguntarle a Iker Jiménez.
Acartelados en esta tarde estaban dos figuras del toreo a los que el club de los reventadores esperan cada año para hacerles la vida imposible como sea: Sebastián Castella y José María Manzanares. Da igual lo que pase que el repertorio siempre es el mismo, los "miaus" nada más aparecer en el ruedo sus toros, las constantes protestas a la colocación, que si "crúzate", que si "hay que torear", aunque realmente deben estar enamorados de Manzanares porque siempre hay uno o dos que repiten "pero que guapo eres". Es decir, lo clásico, o el día de la marmota, como prefieran. 
El primero de Castella no tuvo nada, ni embroque, ni entrega, ni clase, ni fuerzas. No pasaba, siempre defendiéndose, la cara alta, arreones bruscos, absolutamente imposible. Pues no pararon de recriminar  todo, yo no sé qué demonios pretendían que hiciera con semejante toro. Y Castella, que ya se sabe la película, se fue a torear en los terrenos del 7 para que vieran de cerca lo que había. Pues ni por esas, el odio ciega. Otra cosa fue el cuarto, un animal de preciosas hechuras y de una seriedad tremenda que de salida se mostró frío, sin definir, incluso apuntando querencia, pero que en la muleta rompió a embestir y tuvo clase y emoción en lo que le duró la gasolina. Vibrante el arranque de faena, estatuarios y ayudados por alto clavado al suelo, muletazos ligados en una baldosa, profundidad y trazo largo en los derechazos, mucho temple, series rotundas a las que el de Victoriano respondía con prontitud, galope ágil y fijeza, repitiendo con celo. Se vació por el pitón derecho, series reunidas, muy templadas, la muleta en la cara, el viaje largo, derechazos profundos, ligados sin quitarle la muleta de la cara, una cambio de manos celestial, lento, toreo de muchos quilates. Por el izquierdo le costaba más, protestando, menos entrega, menos recorrido, pero firme y seguro el francés para robarle dos naturales hondos de mucho valor. A partir de ahí el toro fue a menos, parado, quedándose a medio muletazo, por lo que Castella acortó distancias y se metió entre los pitones alargando a mi modo de ver demasiado el trasteo y enfriando los ánimos de la mayoría que veíamos la posibilidad de otra oreja. Mató en los medios con el toro encogido porque no podía ni con su alma dejando una media en la alto suficiente para pasaportar al buen toro de Victoriano. Al final ovación con saludos que sabe a poco.
A Manzanares, como ya imaginan, le esperaban con ganas, pero no precisamente de disfrutar con su toreo. El quinto no tuvo historia, toro con genio y sin entrega, soltando la cara, brusco, sin permitir nada por mucho que intentara ponerle la muleta, sin recorrido alguno. Nada que ver con lo que había sido el corrido en segundo turno. Un toro muy serio, con buenas hechuras y que, como sus hermanos, tuvo mejor inicio que final. Los primeros compases de la faena rebosaron torería y elegancia, doblones por bajo, largos, muy templados, y un trincherazo para romper el alma, puro sentimiento. Entre los reproches habituales, los murmullos y algunos comentarios de dudoso gusto por parte del club de los reventadores compuso Manzanares tres series en redondo llenas de empaque, acoplado, ligando por bajo, poder y mando, pasándoselo por la cintura, gusto y clase, despacio, temple, expresión y belleza, rematadas con buenos de pecho. Lástima que el viento azotara más en ese tramo de la corrida porque hizo casi imposible torear al natural, la muleta parecía una bandera ondeando y tan solo un natural suelto con enjundia fue lo que pudo sacar. Además el toro se quedó sin gasolina y el motor solo le dio para aguantar una serie final por el pitón derecho ligada con enorme clase, llevándole muy tapado, sin quitarle la muleta, con la mano muy baja, cargada de sentimiento. Mató recibiendo en la suerte contraria y la más de media en todo lo alto sirvió  para recoger una fuerte ovación tras petición insuficiente.
Y un día más hay que hablar de los toreros de plata, que en este Día Internacional de la Tauromaquia han brillado con luz propia y le han dado el valor que merece. Dicen que cuando uno se acostumbra a lo bueno cada día se cansa. Pues en este caso a mi no me pasa eso, no me puedo aburrir de ver tarde tras tarde las sensacionales actuaciones de esta generación de toreros de plata que gracias a Dios disfrutamos cada tarde y que bregan y banderillean con una maestría tremenda. Lo de hoy ha sido una maravilla, las tres cuadrillas han estado de sobresaliente, con los capotes y los palos, haciéndolo no solo bien y efectivo, sino con una torería suprema. Y es que vaya nombres había hoy sobre la arena de Las Ventas: José Chacón, Rafael Viotti, Julio López, Juan José Trujillo, Diego Vicente, Luis Cebadera, Daniel Duarte, Sergio Blasco y Fernando Sánchez, ¡ole por ellos!. Sin olvidar los puyazos de Paco María y Manuel José Bernal, perfectamente ejecutados y medidos, dándole la importancia tan grande que este tercio de varas tiene y dotándole de una belleza sin igual. 

Antonio Vallejo

jueves, 16 de mayo de 2024

Pesan los años y los kilos


 Solo ver la reseña del apartado y sorteo de los toros de El Parralejo para el día del Santo Patrón no hacía intuir cosa buenas. Una corrida  cinqueña larga, varios cerca de los seis años, y con muchos kilos de carne, hasta los 628 Kg del que cerró plaza, en una escalera de pesos desde los 542 Kg del cuarto dando una media de 583'5 kg, malos presagios. Dicho a lo bruto, viejos y gordos. Y luego empezaron a salir uno a uno, dispares y feas hechuras, bastos, eso sí, muy grandes, elefantoros, algunos con cabezas descomunales, alejados del toro armónico y proporcionado que me gusta. Sumamos estos factores y el resultado solo podía ser el que ha sido, una corrida francamente mala, sin movilidad, sin ritmo, sin transmisión y sin emoción. No aguantaban los kilos y perdían las manos , eso si no se derrumbaban con estrépito, como el tercero, encima con apuntes de mansos, escarbando, doliéndose en el caballo, saliendo rebrincados, sin entrega, las caras arriba, soltando derrotes, a la defensiva, punteando las telas, sosos y deslucidos. Así es imposible.
Ese muro infranqueable es con lo que se han topado Miguel Ángel Perera, Paco Ureña y Alejandro Fermín que confirmaba alternativa. Por cierto,  ya van dos en cinco días y aún queda más, otras tres, para sumar cinco de veinte y un días de corridas de toros, o sea, un 25%, casi nada. Debe ser la moda de este año. Esperemos que los próximos tengan más suerte que Alejandro Fermín que ha pasado completamente inédito, sin que pueda destacarse nada de su actuación, quizás algún muletazo suelto con cierta enjundia y un cambio de mano estético. Cierto que su lote ha sido infumable, pero tampoco ha apuntado nada que haga pensar en verle muchas veces por aquí, ni siquiera por actitud. Para colmo ha matado mal, muy mal, sobre todo al sexto, de un infame bajonazo. No mejor suerte ha tenido Ureña con su lote, pero al menos el prólogo de faena al tercero con bonitos ayudados por alto abrochados por un trincherazo y uno de la firma cargados de sabor ha conseguido arrancar los olés y una ovación. Poco más ha durado el toro, un par de tandas justitas por el derecho y san se acabó. El que hizo quinto tenía su guasa, reservón, midiendo y rebañando, aguantó el tipo Ureña, tragó lo que solo él sabe, se la jugó de verdad, enorme valor y compromiso, ante la indiferencia de unos tendidos aletargados. Siguiendo con el tono general de la tarde mató mal, se le fue la mano y la espada cayó baja en ambos toros. Pero, siendo una tarde realmente mala, siempre hay algo para destacar y han sido los pares colocados por Curro Vivas y Álvaro López "Azuquita" al peligroso quinto, ejecutados con pureza, haciéndolo todo, recogiendo desmonterados la única ovación fuerte de la tarde. Sensacionales. 
Y si hablo de destacar y reconocer creo que hay que hacerlo con Miguel Ángel Perera. Lo digo directamente, ha estado muy bien. Dirán que estoy chalado, todo el tiempo hablando de corrida mala, de decepción, y ahora salgo con esto. Pues sí, en medio del fracaso ha aparecido el extremeño para dejar patente el extraordinario momento que atraviesa y que ha refrendado en Sevilla tras veinte años de alternativa. Ha entendido a sus dos toros a la perfección, les ha dado la altura y la distancia que requerían por sus escasa condiciones, les ha cuidado, mimado diría yo, en cada muletazo, con temple y suavidad, concediéndoles todo, poco a poco, series medidas, al principio con más largura, luego acortando los terrenos, la muleta puesta, en la cara, sobre todo en el cuarto, llevándole muy tapado para ligar derechazos a mano baja de mucha profundidad y unos naturales que han sabido a gloria. Y no ha renunciado a nada, ni a abrir el trasteo al cuarto de rodillas con una larga cambiada por la espalda de infarto y unos derechazos cual novillero nobel, ni a pisar esos terrenos de las cercanías en los que siempre se ha manejado como pez en el agua, vertical, pasándose los pitones por ambas manos, estático, sin inmutarse. Difícil entender que no se haya valorado mucho más lo que Perera ha hecho esta tarde, toreando con las tres C de Carlos Alcaraz, comprendo que la tarde iba como iba y la gente se desentiende, puede servir como justificación. Pero lo que en mi opinión no cabía hoy han sido los pitos y las protestas de algunos, afortunadamente muy pocos, ante la lección de poder que estaba dando Perera. Lástima que, para no romper el tono general, haya matado tan mal como lo ha hecho, dos enteras caídas tan feas como esta corrida en la que, recordando aquel anuncio de Font Vella en los años 80 que decía "no pesan los años, pesan los kilos", han pesado ambas cosas.

Antonio Vallejo


miércoles, 15 de mayo de 2024

¿Por qué?


 Ayer tres jóvenes novilleros hacían el paseíllo por primera vez en Madrid. Los tres desmonterados, como corresponde, los tres cargados de ilusiones y los tres con la cara alta y la mirada limpia, sabiendo que sus sueños de triunfar en el toreo no son solo miras personales, sino el futuro  de la Fiesta. Diego Bastos, 19 años, Nek Romero, 21 años, y Samuel Navalón, 19 años, representaban ayer a todos los niños que desde las escuelas taurinas aprenden a respetar y amar todo lo que significa la Tauromaquia y sus valores, sabiendo que es un camino duro, largo y difícil, lleno de sinsabores, sufrimiento y dolor pero en el que la ilusión por ser matadores y, por qué no, figuras del toreo, les lleva a superar todos esos obstáculos. Se entrenan día a día para lograr el triunfo, se cuidan y dedican en cuerpo y alma, lo dan todo, renuncian a mucho, cada noche sueñan con una tarde en Las Ventas, con cuajar un toro y ver la plaza llena de pañuelos. Uno de estos jóvenes, el valenciano Samuel Navalón sintió todo eso que tantas veces ha anhelado, se sintió torero, se entregó y vio esa imagen tan deseada, Madrid lleno de pañuelos pidiendo la oreja, la felicidad suprema. Pero le llegó la cornada y sintió el dolor del toreo. Una cornada no del novillo, mucho peor, la de la injusticia, propinada por Ignacio Sanjuán Romero, un personaje que ayer se sentaba en el palco y okupaba el cargo de presidente y que no debe saber que, además de ser un actor muy secundario en todo esto, su misión es hacer cumplir el reglamento y que, cuando la petición de oreja es tan clara y mayoritaria como la de ayer en el tercero, su criterio vale menos que nada y debe conceder la oreja. ¿Por qué no cumplió el reglamento?. ¿Era necesaria semejante mezquindad? . De verdad, no me entra en la cabeza que se trate de esta manera a un novillero, así no se hace ningún bien, así no se demuestra la exigencia de una plaza, así solo se ataca al toreo. Lo he dicho muchas veces y lo repito una vez más, estos chicos son novilleros, no figuras consagradas, tienen muchas carencias y mucho que aprender, eso lo sabemos todos, pero cuando están como estuvo Navalón, ¡no se le puede maltratar de esta manera!. No solo hablo de aptitud, también de actitud. Vino como todo novillero, a darlo todo, no se guardó nada, se la jugó en el epílogo de faena al tercero con unas bernadinas un tanto embarulladas pero muy, muy, muy ajustadas y, seguro que con la rabia de la injusticia, se fue a recibir a porta gayola al sexto. Ganas, disposición, entrega, valor, esa es la actitud, eso estar en novillero, lo primero que se pide cuando se pisa la arena venteña. Pero además su aptitud, firme y seguro, desde que tomó el capote, con las verónicas de saludo, templadas, acompasadas, con ritmo, acoplado perfectamente al del novillo, muy bueno, por cierto, el mejor de la corrida de Montealto a mi modo de ver, con galope ágil, enclasado y con buen fondo, humillación y entrega, repetidor. Buen y novilleril inicio de faena, ambas rodillas en tierra, llevándolo en largo, vibrante, arrancando lo olés y la ovación de un público tan frío como la tarde que fue espabilando a medida que avanzó la faena. Todo lo compuso por abajo, dándole distancia para aprovechar el buen ritmo del novillo, lo condujo con temple y gusto, series en redondo ligadas con armonía, muletazos profundos, perfectamente acoplado y encajado. Cierto que hubo algunos enganchones, sobre todo al natural, está empezando y no se le puede pedir que todo, absolutamente todo, sea perfecto, pero hay que tener en cuanta la ventolera que había ayer en Madrid, otro enemigo más al que tuvo que enfrentarse Navalón y al que también dominó. Sensación de novillero cuajado y sensación de que iba para oreja pero a la vez creo que las ganas y quizás un poco de ansiedad le pudo traicionar en los compases finales. Viendo como embestía el novillo, viendo como humillaba y repetía durante toda la faena pienso que el final de faena debía haber sido por bajo. Reconozco que lo que más me gusta es que se abrochen las faenas por bajo, muletazos genuflexos, trincherazos, pase de la firma, o de desdén, para mi es un canto a la belleza, y no me gusta tanto la moda que hay, casi parece obligación, de cerrar con manoletinas y bernadinas, aunque reconozco su valor y mérito cuando se ejecutan bien. Pero entiendo el arrebato de un joven que viene a comerse Madrid y que, después de torear como lo hizo, quiera demostrar que tiene valor y arrojo y el corazón pueda a la cabeza, y ese final levantó protestas de cierto sector al que no le gusta mucho que se corten orejas, y la veían venir. Luego se tiró a matar con todo, quizás con excesivo ímpetu, por lo que el espadazo entró trasero y tendido pero fue efectivo ya que hizo doblar al novillo y que no fue obstáculo para ver los tendidos teñidos de blanco, como si fuera el Bernabéu celebrando otra liga más o quien sabe si la 15ª. La cornada de la miseria de un individuo acobardado y atrincherado en el palco, no se lo podía creer Navalón, se le negaba una oreja de ley, pero no se le pudo negar una vuelta al ruedo lleno de felicidad y gallardía de mucho peso que, incompresiblemente, algunos protestaron. Más tarde, ante el que cerraba plaza, buscó con ahínco la manera de hacerle embestir, de todas las maneras, acortó distancias y expuso, comprometido, pero no había donde sacar.
Fue sin duda lo mejor de una tarde como he dicho fría y ventosa que parecía más de la Feria de Otoño que de San Isidro en la que Las Ventas presentaron un aspecto sensacional, más de tres cuartos de entrada, afortunadamente muy lejos de las pobres entradas de años atrás, pare ver esta novillada de Monetalto variada de hechuras y de juego, destacando la transmisión y clase del tercero, noblotes en general, primero y quinto con movilidad pero sin demasiada entrega,  el segundo dejándose hacer, cuarto y sexto con muy poca historia, pero que si hubo algo que la definió en cuanto  fue la seriedad. Una vez más varios de los ejemplares lidiados ayer hubieran pasado por toros en la mayoría de plazas de España. 
Pocas opciones tuvieron Nek Romero y Diego Bastos. El valenciano tuvo en el segundo un novillo desentendido, sin entrega, que iba y venía sin más, saliendo suelto, ante el que poco pudo mostrar, más allá de ganas y los lances de capa genuflexo con temple y cierta largura más los primeros muletazos por el mismo palo, genuflexo, bajando la mano y alargando el recorrido. Con el quinto, con más movilidad aunque le faltó clase, tuvo el añadido del viento que en ese tramo azotó con fuerza y deslució el trasteo. El arranque de faena fue muestra de las ganas y la actitud con la que vino a Madrid, en terrenos muy comprometidos, cerca de las tablas, toreando para los adentros en cambiados por la espalda ajustadísimos, asumiendo enorme riesgo. Algunos muletazos con la derecha sobresalieron del resto por profundidad, con la mano baja, pero en ningún momento tomó vuelos. Por su parte el sevillano creo que se llevó un lote de muy escasa opciones que tan solo le dio para dejar algunos detalles de gusto y buenas maneras, su concepto del toreo con la mano baja pero poco más. En mi opinión, a diferencia de Navalón, más hecho, aún les queda camino que recorrer. 
Lo triste es que, al final de la tarde, lo que me quede en la cabeza sea una pregunta que me gustaría hacer al del palco, ¿por qué?.

Antonio Vallejo

lunes, 13 de mayo de 2024

San Isidro 2024, ¡a por ellos!


 ¡A por ellos...! que son pocos y cobardes, titulaba ese genio que era Loquillo uno de sus álbumes allá por el año 1989. Y no me parece mejor manera de definir lo que debe ser este San Isidro que vio la luz este pasado viernes 10 de mayo y que discurrirá sin pausa, salvo el descanso de los lunes, hasta el próximo 9 de junio, si bien aún nos quedará otro acto extraordinario una semana más tarde, el día 16. Y va ser así, como ha sido Valdemorillo, como han sido las Fallas, Como ha sido Olivenza, como ha sido el abril sevillano, como ha sido en tantas y tantas plazas de toros repartidas por España, Francia y América sin que nadie pueda impedirlo ni, menos aún, prohibirlo, por mucho que les pese. 
Sí, ¡a por ellos!, a por todos cuantos en su odio enfermizo a España y sus raíces, esencias y tradiciones ancestrales tienen al toreo en su punto de mira, pocos y cobardes, personajes efímeros como Urtasun y Puente, uno comunista, con eso está todo dicho, sucio y desaliñado, el otro un antropoide troglodítico que encarna la imagen viva del portero matón de puticlub de carretera. ¿Que el toreo es irrelevante? Vamos a ver, hombre del paleolítico, irrelevantes sois vosotros, dos don nadie que estaréis en un cargo inmerecido un tiempo y luego desapareceréis del mapa, un suspiro del que nadie se acordará, que aunque al ministrillo de incultura se la haya ocurrido quitar el Premio Nacional de Tauromaquia nos da igual, porque vosotros pasaréis mientras el toreo seguirá porque es eterno y volverán ese y muchos premios. Nunca, jamás, podréis con algo tan grande y único como es este Arte, os lo aseguro. Así que ya sabéis, lo decía muy claro la pancarta desplegada por aficionados del 7 en la tarde del viernes. Y si no la has visto, Urtasun, búscala en google, se lee muy clarito. Ni nos vas a callar ni nos vas a amedrentar, somos muchos y valientes, no como vosotros, cobardes, sin la millonésima parte de atributos que tienen los toreros. ¿Te crees, Urtasun, que tus prohibiciones, te crees, Puente, que tu pinta grotesca y amenazante, van a afectar a un TÍO con mayúsculas como Román que el sábado se jugó la vida a cuerpo limpio sin miedo a nada? De verdad, no tenéis, como suele decirse, ni media torta para enfrentaros a estos hombres de verdad y a todos cuantos amamos, honramos y defendemos esta Fiesta nuestra. Así que, un año más vamos a llenar la plaza y a disfrutar de otro San Isidro, y el año que viene otro, y otro, y otro...mientras vosotros...pues eso, lo de la genial pancarta, c'est la vie.
Saldrán mejores o peores los toros, estarán mejor o peor los matadores, si picará bien, regular o mal, habrá grandes pares de banderillas, otros regulares y otros malos, habrá ovaciones y pitos,  habrá más o menos discusiones entre aficionados y tendidos, habrá tantas opiniones como aficionados, habrá de todo en San Isidro, pero lo importante es que lo habrá. De hecho, ya lo ha habido puesto que llevamos discurridas las tres primeras tardes y ya van quedando cosas en el recuerdo que, al menos a mí, me hacen sentir mi afición. Me hubiera gustado que la corrida que abrió la feria, la de Alcurrucén, hubiera salido buena y brava, no con la tendencia a la mansedumbre que tuvo con la salvedad de dos toros buenos, el primero y tercero, pero a pesar de todo no puedo borrar de la memoria tres naturales de Morante al segundo y dos trincherazos al cuarto de los que crujen. Como tampoco olvido la manera de parar y fijar en el capote al tercero, andándole hacia atrás, ni el ramillete de verónicas para colocar al toro para el segundo puyazo, ni las primeras tandas de Diego Urdiales con la diestra al tercero, ese toreo añejo del riojano, clasicismo y naturalidad, acoplado, trazando los muletazos en curvas delineadas con temple y suavidad, acople y reunión, la mano baja, ligazón y ritmo, el toreo que nunca muere. Ni tampoco puedo dejar de valorar las buenas maneras del confirmante García Pulido con el primero, gusto y buen manejo de las muleta en dos tandas en redondo de calidad, alargando el muletazo y siempre por abajo, así como su disposición, entrega y valor cuando las cosas se torcieron, sin perder nunca la compostura. Y si todo eso queda en mi memoria no podía pasar por alto a la cuadrilla de Morante en el cuarto, con un Curro Javier magistral en la brega, auténtica antología, y Joao Ferreira y Alberto Zayas cuajando un tercio de banderillas apoteósico, con la plaza puesta en pie. Tan solo un detalle que eché de menos y que debiera haberse visto. Ferreira y Zayas saludaron desmonterados la atronadora ovación con toda justicia. Curro Javier también se merecía desmonterarse, tanto como sus compañeros, y creo que esos detalles hay que cuidarlos. Por supuesto que esperaba  más de la tarde del viernes y me hubiera gustado que hubieran pasado muchas más cosas buenas, pero lo que me queda no me lo quita nadie, ni el dúo U-P.
Y como ya dije ante este San Isidro ya no para y después del viernes vino, como no podía ser de otra manera, el sábado, y después el domingo, aunque el dúo de insignificantes intentara lo contrario. Con la corrida de Fuente Ymbro se pudo ver lo que es una corrida de toros imponente de presentación y seriedad, seis ejemplares de unas hechuras extraordinarias y que tuvo como cualidad máxima la movilidad y la bravura. Y ante esos preciosos toros un hombre que vino con la verdad por delante y completó una tarde de Puerta Grande aunque solo cortara una oreja batallando contra dos toros y el viento tocando todos los registros. El segundo fue un toro bravo lleno de transmisión y emoción al que Román toreó en largo, echándole la muleta alante, siempre por bajo, y todo eso con el viento como enemigo. Sensacionales y arrebatadoras series por ambos pitones, derroche de temple y valor, lección de clase y entrega, la misma que tuvo el toro que todo lo quiso por abajo, humillando y repitiendo sin fatiga hasta el final de faena, toreo por bajo repleto de torería, una auténtica delicia. Y en le quinto se jugó la vida como nunca lo harán este dúo de cobardes. Un toro que miraba y buscaba carne en la que clavar sus afiladas puntas, peligroso a más no poder, pidiendo el carnet en cada pase. Se la jugó Román sin tapujos, expuso todo, no se guardó nada, pureza sin posibilidad de reproche, robando los muletazos uno a uno ante una plaza entregada a un hombre íntegro que de no haber marrado con la espada habría salido por la Puerta Grande camino del cielo más bonito que se puede soñar, el de Madrid. Y para los que no lo sepan, la verdad del toreo está en el triunfo de Román junto al dolor de Leo Valadez con el tercero, un animal que siempre iba con la cara alta, soltando derrotes violentos, tornillazos que acabaron por voltear al mexicano que tuvo que cruzar la puerta que ninguno queremos ver abierta, la de la enfermería. Por su parte Fandi estuvo en Fandi. Es decir, muy bullicioso con el capote y más aún en banderillas para hacer las delicias de sus admiradores con sus recursos, muchos con claras ventajas, y sus aún bastante mantenidas facultades físicas. Y poco más, porque con la muleta lo de tantas tardes, demasiados pases sin demasiado atractivo. Y para cerrar este arranque isidril la corrida de Baltasar Ibán, deslucida y baja de casta y raza, excepto un toro, de nombre legendario, Bastonito, el mismo que el de aquel de 1993 con el que César Rincón alcanzó la gloria del toreo en Madrid. Y al igual que aquel el de este domingo ha sido de una bravura descomunal. La pelea en el caballo ha sido de una belleza insuperable, arrancándose en largo, galope alegre, empujando con los riñones, la cara bajo el peto, dos puyazos majestuosos. Pedía un tercero, tal era su bravura, pero Francisco de Manuel pidió el cambio de tercio y quizás se equivocó. En la muleta siguió demostrando su bravura, humillaba y metía la cara con codicia, repetía con calidad, sobre todo por el pitón izquierdo que es donde la faena ganó en emoción porque, tras iniciar el trasteo de rodillas, creo que no llegó a encontrar el acople adecuado para explotar al máximo las excelentes condiciones del bravo Bastonito. Una pena porque un toro como ese no debía conservar las orejas en el arrastre. Por su parte ni Calita ni Alvaro Alarcón tuvieron opciones con sus respectivos lotes, sin fondo alguno. Eso sí, se llevaron muchas palmas al saltar a la arena venteña. 
Hoy, ya es lunes, descanso, y para el martes la primera de las novilladas antes del día del Patrón. Sigamos soñando y disfrutando de esta bendición del cielo que es el toreo. Y a U-P, ¡que les den!...lo de la pancarta.

Antonio Vallejo

viernes, 13 de octubre de 2023

Una cero cero para celebrar el Día de la Fiesta Nacional


No hay nada mejor para celebrar el 12 de octubre, nuestra Fiesta Nacional, que ir a la Fiesta Nacional, los toros. Sin lugar a dudas ese tuvo que ser el pensamiento de cuantos decidieron ayer ir a Las Ventas y prácticamente llenar los tendidos para disfrutar de una gran tarde de toros. Otra tarde más espléndida, de sol radiante y temperatura más que primaveral, para que La Monumental hiciera gala de su denominación y luciera como tal. Todo muy bonito...aparentemente. El marco espectacular, vuelvo a repetirlo, pero el contenido... vaya, vaya.
Echemos la vista atrás, cuando este verano se anunciaron los carteles de la Feria de Otoño y de esta extraordinaria del 12 de octubre. La terna era la compuesta por Morante de la Puebla, Alejandro Talavante e Isaac Fonseca y los toros los de Nuñez del Cuvillo. A que molaba, ¿eh?. Primer contratiempo, Morante anuncia el 30 de septiembre que corta su temporada por la lesión de muñeca que sufre. Gustará o no, se le espera para soñar con su toreo o para intentar putearle - perdonen la expresión pero es que en Madrid cierto sector goza con eso - pero en lo que todos estamos de acuerdo es que el de La Puebla del Río llena las plazas. Comienzan las dudas y las cábalas sobre su sustituto, rumores y más rumores, algunos incluso nos planteamos devolver las entradas ya que la alteración del cartel programado da derecho a eso. Durante este ciclo otoñal lo hemos hablado cada día a la espera del anuncio oficial por parte de la empresa. Y por fin el día 8 de octubre desojaron la margarita y apareció el nombre de Manuel Jesús "El Cid" como el elegido para sacar adelante la tarde. Reconozco que barajamos varios nombres, Castella o Ureña tras su magnífica y comprometida actuación el pasado viernes 6 , Manzanares, que ayer por la mañana descubría un azulejo en Las Ventas en reconocimiento a la extraordinaria trayectoria de su padre, al añorado maestro José María Dols Abellán, y hubiera sido emotivo verle torear en esta fecha tan señalada, o Borja Jiménez, por qué no, se lo había ganado a pulso tras cortar tres orejas a los victorinos. Además otros nombres con los que, por gusto o cariño, elucubramos durante estos días. Pero si había uno que no sospechábamos ni por casualidad era el de El Cid. Es más, casi todos pensábamos que se había retirado, y así fue en 2019. De hecho, tirando de hemeroteca,  se despidió de Madrid el 4 de octubre de 2019 con una corrida de Fuente Ymbro, días después hizo lo propio en Zaragoza el 12 de octubre y se vistió de luces por última vez en enero de 2020 en Manizales. Lo que pocos sabíamos, entre ellos me incluyo, es que en diciembre del  pasado año anunció su vuelta a los ruedos. Y no es de extrañar que no lo supiéramos porque, tirando otra vez de hemeroteca, el sevillano  ha hecho el paseíllo cuatro tardes, una en el abril sevillano con la corrida de Victorino, otra en septiembre en Alabacete con toros de la Quinta, una más también este septiembre en Zalamea la Real (Huelva) sustituyendo a Manuel Díaz El Cordobés con toros de Osborne y, por último, la de ayer en Madrid también por la vía de la sustitución ante, supuestamente, toros de Nuñez del Cuvillo. Así que a nadie extraña que el de Salteras no entrara en las quinielas pero su anuncio está claro que sirvió para mantener el interés por la tarde y atraer al abonado y a más público porque, al fin y al cabo, es un matador con amplia e importante trayectoria y muy reconocido en Las Ventas, plaza que le ha adoptado como uno de los suyos, torero de Madrid le dicen, y al que, hay que decirlo porque es así, ese sector del 7 que se auto otorga la potestad de juzgar y decidir lo que vale y no le ha perdonado y consentido lo que a muchos otros protestan, censuran, ningunean e incluso insultan con una falta de respeto indecorosa y de mal aficionado. Y esto no quita para reconocer que la cerrada ovación que recibió El Cid tras romperse el paseíllo es de justicia y premia su figura.
Decía bien lo de supuestamente al referirme a los toros de ayer, porque de los de Cuvillo nada supimos. Sorpresa al recoger el programa de mano y ver que en la separata lo que aparecía en le orden de lidia era un batiburrillo de hierros con dos toros de Garcigrande, tres de Victoriano del Río y uno de Toros de Cortés. Por cierto, otro motivo más para la devolución de la entrada y recuperar el importe, que en estos tiempos no viene nada mal. Pero una vez en la plaza y no era como para volverse a casa. No tengo ni idea de lo que mandó Nuñez del Cuvillo para esta corrida, pero que ni uno solo pasara el reconocimiento ni fuera apto para lidiarse en Madrid es llamativo. No atraviesa sus mejores momentos este hierro, lo sabemos, pero lo de ayer tiene difícil explicación. Como tampoco sabemos donde estaban o de donde vinieron los que finalmente se lidiaron, en el campo o en los corrales, lo que está claro es que se tuvo que hacer a toda prisa y, claro, con tanto baile de corrales salieron como salieron. No me atrevería a decir que fueran saldo de final de temporada ni tampoco desecho de tienta, pero el caso es que ni de presencia ni de juego me gustaron. Grandes, muchos kilos, algo habitual, pero de hechuras para enamorar poco, destartalados y alejados de la estampa del toro bravo que tengo entre mis gustos. Y de pobre juego, quizás primero y cuarto con cierta nobleza y manejables, el tercero con movilidad y más emoción, pero los tres restantes con mínimas opciones para la terna, escasos de raza y fuerzas, con la gasolina justa para llegar a Madrid con la luz de reserva encendida. En definitiva, muchos cambios que no presagiaban buenos augurios. 
Ni el baile de corrales ni una terna cada uno de su padre y de su madre, de muy diferentes estilos y generaciones, integrada por una figura de 49 años prácticamente fuera del circuito, otro de 36 años  que deslumbró en sus inicios, luego frenó su ascensión, se fue y desde su vuelta nada ha sido igual, y un joven de 25 años recién llegado  que se llevó la Copa Chenel entre cierta polémica, contribuyeron al éxito de la que en su gestación era una tarde para soñar y que acabó en algo indefinido, en algo ni sí ni no, en algo que parece que va a ser pero luego no lo es, en algo que parece arrancar pero se frena, en algo que parecía querer despertar pero que volvía a la indiferencia de un público poco habitual aletargado, en un no sé si quiero ni  tengo claro si puedo. El caso es que, entre unas cosas y otras,  el ambiente general de ayer me resultó raro, como si la gente estuviera ajena a lo que pasaba, bueno, regular o malo. Y no sería porque desde los altos del 7 no se encargaron de caldear los ánimos con las pancartas previas pidiendo más afición y menos discoteca, más rigor en el palco, así como los constantes gritos pidiendo la dimisión de Plaza 1 y Miguel Abellán. Y es probable que no les falte razón y debamos pararnos a pensar un momento el estado actual de nuestra plaza. No hay duda que esta temporada, al menos en sus momentos estelares como es San Isidro y Otoño, ha sido un éxito de público y económico para la empresa. También es cierto que el invento del "after-toros" ha roto todos los esquemas, ha llevado a la plaza a miles de jóvenes no sé si atraídos por la afición o por las copas y la discoteca, pero si de ahí salen futuros aficionados, bienvenido sea. Pero todo tiene su lado bueno y su lado malo y es muy difícil encontrar el equilibrio, como todo en la vida. Se corre el riesgo de morir de éxito y vivir lo que se vivió el miércoles en la final del certamen de novilleros sin picadores. Una plaza abarrotada de adolescentes, a priori algo bueno para el futuro, pero que a la postre resultó que iban más por la juerga posterior que por ver toros. No estuve allí pero el magnífico equipo del personal de plaza que ha atendido esta temporada el 1 alto me contó ayer que fue horroroso, algo insufrible, mala educación, se levantaban sin atender a las indicaciones que les hacían advirtiéndoles que durante la lidia nadie entra o sale del tendido, pero ni caso, incluso encarándose con ellos. y ese es un precio que no se puede pagar por muchos ingresos que supongan para la empresa. Y eso sin hablar de lo que se vivió al final de la corrida donde se perdió el control y la situación se desbordó obligando a desalojar la plaza por el riesgo de seguridad que corría. Inaceptable y que debe hacer que la empresa se replantee esto de cara a la próxima temporada. Y respecto al palco, ¡que vamos a decir!, ¡si estamos de acuerdo!, si llevamos años, casi toda la vida, sin entender que no haya un criterio pero, aunque a los que ayer tanto protestaban no les guste escucharlo, ese criterio debe ser libre, no el suyo, el que  quieren imponer a base de protestas, gritos en tono y actitud amenazante. 
El Cid volvía a Madrid de manera inesperada, lo dije antes y lo reitero, por la vía de la sustitución y quizás porque, dicen las malas lenguas, las negociaciones para haber estado en el pasado San Isidro tras su regreso a los ruedos no acabaron de buen rollito, como se dice ahora. Recibido como se merece su trayectoria su actuación de ayer podría calificarla de digna y aseada, demostrando que el que tuvo, retuvo, pero sin ir más allá, dejándome un tanto a medias, ganas aparentes pero desconfianza en cuanto le apretó algo el toro, fruto de la edad y la falta de torear,  por mucho que haya entrenado y matado en el campo, que la plaza es la plaza y Madrid es Madrid. Siempre ha tenido clase y gusto y no la ha perdido, manejó bien ek capote, algunas verónicas tuvieron compás, pero en general faltó ritmo y continuidad y creo que toreó más bonito que profundo, aunque es ciero que por el pitón derecho trazó algunas tandas en redondo ligadas por bajo con hondura. Pero igual que llegaba una de esas venía otra menos acoplado y se perdía la emoción. Y es curioso que llevamos toda la vida hablando de la prodigiosa mano izquierda de El Cid y ayer fue precisamente al natural donde menos lució. Algunos sueltos si resultaron de buena factura, pero ni de lejos fue como el que muchas tardes puso Madrid patas abajo al natural. Es más, su primer toro se vino a menos precisamente tras una primera tanda al natural poco limpia. Por el contrario, burló su tradición con la espada, esa que tantas orejas y puertas grandes le ha hecho perder. Mató con facilidad y bastante bien al primero y también entró fácil al cuarto, dejando una entera aunque algo defectuosa que le obligó a utilizar el verduguillo desenterrando el maleficio del acero. Ni sé los golpes de descabello que dio, pero poco se le tuvo en cuenta. Contó durante toda la tarde con el respeto de prácticamente toda la plaza y poco se le criticó cuando citó al hilo o fuera, que ocurrió.
Alejandro Talavante también me dejó a medias, no acaba de volver, parecía que sí pero ayer tampoco me dijo mucho. También intermitente y con la sensación de no encontrar el sitio ni tener las ideas claras, como en le saludo capotero al quinto, dos faroles de salida, algo que no cabo de entender, me parece además que a contra estilo y contra los cánones del toreo, aquello de parar y templar para fijara la toro tras los ímpetus de salida. Y las faenas unos dientes de sierra ante dos toros con muy pocas condiciones, la verdad, sobre todo el quinto, y la sensación de que el toro iba por un lado y el matador por otro, cada unos el suyo, sin llegar a acoplarse. Lo mismo unos muletazos iban por bajo como seguían por alto, ahora tirando la línea recta, ahora buscando la curva buscando ceñirse, ahora un pitón, a ver cómo va, si no lo pruebo por el otro, salía una tanda de más enjundia, otra más vulgar, sin un argumento claro para intentar construir la faena, sin hilo conductor ni ritmo. Repito, los toros no ayudaron nada, pero tampoco Talavante fue lo que se espera de él. Quizás lo que menos me gustó fue la manera de encarar las críticas, más o menos justas, se puede discutir, ante la irregularidad de su faena, pase mirando al tendido y volviéndose con aparatosos gestos triunfalistas cuando lo que estábamos viendo iba poco más allá de discreto. 
El joven mexicano Isaac Fonseca venía de ganar un certamen, la Copa Chenel, diseñada para dar oportunidades a matadores con pocas opciones de entrar en las grandes ferias de la temporada. Como es lógico tiene las limitaciones que tiene, se le vieron, como casi todos los que empiezan, pe al menos se entregó al máximo y mostró ganas y disposición arrebatadoras, exponiendo al máximo, dándolo todo. Tanto que en el sexto sufrió una tremenda voltereta que le tuvo a merced del toro durante unos segundos de angustia, tirado en el suelo con el animal haciendo presa afortunadamente en la espalda de la chaquetilla, por que haberle en esa posición corneado hubiera sido mortal. Pero gracias a Dios y al ángel de la guarda de los toreros ni siquiera le hirió en el muslo cuando se lo echó a los lomos, un auténtico milagro. Lo intentó todo, no rehuyó los quites, verónicas, chicuelinas alternado con tafalleras, todo por agradar y demostrar que quiere, como demostró en le arranque de faena en cambiados por la espalda escalofriantes, sin inmutarse, clavado en la boca de riego, o el toreo arrebatado de rodillas tras recuperarse de la paliza que le propinó el sexto. Con la muleta tiene carencias, lógico, le falta acoplarse, como a tantos, y se le censuró constantemente la colocación, algo fuera, y el pico, con este no hubo misericordia ni contemplaciones por parte del 7. Vio la movilidad del tercero y trató de aprovecharla buscando la emoción, citó muy de lejos, intentó llevarlo muy en largo, y el toro se arrancó con galope alegre y mucho genio. Pero claro, cuando un toro se viene tan largo hay que saber pararlo y meterlo en la muleta, algo muy difícil que el maestro César Rincón hacía fácil, pero Rincón solo hay uno. Igual que sus compañeros, irregular y con poco ritmo, a veces un tanto acelerado, queriendo mucho pero sin poder. Al menos fue. breve en el manejo de los aceros y despachó a ambos enemigos con solvencia, aunque la del sexto cayera bastante fea.
Así cerramos la temporada en Madrid, indefinida, con la sensación de quedarnos a medias, sin pena ni gloria, ni fú ni fa, de lo que se anunciaba a lo que salió... Aunque no debe extrañar en estos tiempos de lo Bio y lo sin que empezó hace años con la moda de lo light y ha acabado en lo cero cero, que es como decir la nada. Empezaron con la cerveza sin alcohol y cero cero, una guarrería, luego alguien probó con el vino, ¡si eso se llama mosto y está inventado el siglo pasado!, ahora también atacan a la ginebra, y eso son palabras mayores, eso es un absurdo y un timo de tomo y lomo, indecente. No quiero pensar que ayer los gin tonic que circularon sin pausa por los tendidos llevaban esa porquería cero cero en lugar de ginebra de verdad, sin adornos ni aromas, a lo mejor así entiendo que la corrida del Día de la fiesta nacional me dejara a medias, una cero cero para decir adiós.

Antonio Vallejo

lunes, 9 de octubre de 2023

Borja Jiménez: Puerta Grande al valor, la pureza y la verdad


 Tres orejas de ley sin discusión y una Puerta Grande apoteósica para el sevillano Borja Jiménez rindiendo Madrid a la verdad y la pureza de su toreo ante una seria y  para mi gusto muy bien presentada corrida  de Victorino Martín  que tuvo bravura, raza y casta, muy exigente, fiel a su encaste, toros que piden el carnet, con complicaciones y peligro sordo tras cada muletazo, que no conceden nada ni permiten el mínimo error, que vienen aprendidos y a la mínima desarrollan aún más sentido. Como suele decirse, una corrida para hombres.
De principio a fin, desde que tomó el capote para entrar en su turno de quites en el primero hasta que vio como doblaba el sexto, ha dado Borja un recital de toreo basado en un despliegue de virtudes descomunal que podrían resumirse en disposición, entrega, capacidad y valor para culminar la que ha sido, sin duda, la tarde culmen de su carrera y la que seguramente le va a catapultar a cotas muy elevadas en la próxima temporada. Pero solo con esas tres virtudes no basta para redondear una tarde tan rotunda como la de hoy, muchos matadores del escalafón las reúnen, hace falta algo más para que los sentimientos afloren, la emoción explote y la plaza vibre y ruja en olés como lo ha hecho hoy. Esa cualidad, ese factor diferencial que le ha llevado a componer tres faenas portentosas, de figura consagrada más que de matador prometedor con ocho años de alternativa y con tan solo dos actuaciones previas en Madrid, su confirmación de alternativa y una corrida en un domingo de julio, se lama sitio. Lección magistral la que ha dado el sevillano, en todo momento estaba en el sitio, citando, cuando perdía los pasos necesarios para ligar los muletazos, siempre quedaba perfectamente colocado para interpretar el siguiente. Portentoso. Sinceramente, creo que esa ha sido la clave para alcanzar la gloria del toreo.
De su disposición no ha habido duda alguna, solo hace falta ver como ha salido, sin renunciar a uno solo de sus turnos de quites; en el  primero uno no demasiado lucido a la verónica por la falta de poder del albaserrada, en el tercero de nuevo por verónicas esta vez templadas y sentidas, cadenciosas, parsimoniosas, acariciando cada embestida, rematadas con una media antológica, y en el quinto uno por chicuelinas ajustadas y a manos bajas de una belleza y un sentimiento supremo que ha puesto a la plaza en pie.
De su entrega, ¡qué vamos a decir!. Basta un detalle. Sexto toro, el tercero que le ha correspondido matar por el percance de su compañero Román, dos orejas ya en el esportón y la Puerta Grande abierta esperándole para salir a hombros de una multitud. Lo fácil hubiera sido reservarse y arriesgar lo justo para no romper su sueño hecho realidad, ese que todos los toreros tienen y pocos alcanzan. No, Borja venía a darlo todo, a entregarse en cuerpo y alma a esta afición sin pensar en lo que pudiera pasar mañana y se fue a porta gayola a recibirlo. ¿Hace falta apuntar algo más para definir lo que es entrega?.
Y también hablaba de su capacidad, que ha sido deslumbrante. Con el capote, más allá de los quites comentados, ha sido la lidia, sensacional, parando y templando la movilidad y el genio típico de salida en este encaste, esa forma de tomar los vuelos que tienen los victorinos, la cara abajo, el hocico barriendo la arena, revolviéndose en un palmo de terreno, repitiendo y apretando. ¿Cómo lo ha hecho?. Echando el capote abajo, poniéndoselo en la cara, andándoles hacia atrás para llevárselos a los medios, una maravilla. Señores, eso se lama lidiar y Jiménez lo ha interpretado a la perfección. Y si seguimos hablando de capacidad hay que destacar la de entender a la perfección a cada uno de sus tres oponentes gracias a un sentido y de las distancias, la altura, la velocidad, el ritmo y la cadencia de los muletazos fuera de serie, así como un conocimiento de los terrenos propio de una figura del toreo. Y la piedra angular de esa capacidad ha sido, como decía antes, el sitio fruto de una colocación impecable para componer tres faenas de una emoción desbordante.
Y a todo eso hay que sumarle el valor, inmenso, la verdad suprema con lo que ha hecho todo y la pureza infinita de su toreo, siempre echando la pata "alante", dando el pecho en cada muletazo, enroscándoselos a la cintura, siempre buscando la línea curva en cada trazo, pasándoselos por la bragueta, aguantando y tragando las miradas y la manera de rebañar en los tobillos cuando reponen y se revuelven cual lagartija, sabiendo perder los dos pasitos necesarios para quedar perfectamente colocado y volver a la carga, siempre por abajo, mando y poder para someter las embestidas y arreones. Así ha sido en sus tres toros, por ambos pitones, concediéndole altura al primero, la muleta retrasada, llevándolo templado, frenando su ímpetu, para poco a poco bajarle la mano y componer una serie en redondo de inmensa profundidad. Nada comparado con la sinfonía de toreo al natural en el segundo y cuarto con la que ha dejado sin garganta a todos los aficionados. Pocas veces he escuchado olés tan roncos y rotos como los de hoy a cada natural de Borja. Dándole siempre el pecho, adelantando la muleta, con un temple exquisito, embarcando la embestida con suavidad, arrastrando la tela, encajados los riñones, series de naturales majestuosas de una hondura pocas veces vista que en el sexto se vieron complementadas con las compuestas por el pitón derecho. Una auténtica locura, trazo largo, profundidad y temple, sublime, cargando la suerte, pasándose al toro con los pitones rebañando la taleguilla, valiente, poniendo a los tendidos en pie y los corazones a mil ante la magnitud de su toreo.
Pero es que aún queda otra virtud, cualidad o don, llámenlo como quieran, que atesora Borja Jiménez y que ha sido la guinda del pastel, la torería. Solo así se puede cuajar a toros tan exigentes como son los victorinos y rematar tres faenas excelsas como se merecía, por bajo, trincherazos, otros de la firma, luego los de desdén mirando al tendido, gusto exquisito, aromas maestrantes, Sevilla en Madrid. Han sido tres epílogos para enamorarse, soñar y no querer despertar jamás, no podía ser de otra manera. No hay nada como el torero por bajo, me cansa tanta manoletina y bernadina, con las que hoy en día parece obligatorio hay que acabar las faenas y que, dicho sea con respeto al mérito y riesgo que conllevan cuando se ejecutan bien, muchas veces me parece una vulgaridad. Ese toreo por bajo cargado de sentimiento ha sido otro de los factores diferenciales que ha contribuido a generar la atmósfera mágica que ha envuelto a la Monumental.
Todo esto hubiera sido suficiente apara hablar a estas horas de una tarde excepcional, llena de valor y arte, todo lo que quieran, pero lejos de la apoteosis del triunfo. No podía fallar y no ha fallado porque con la espada se ha entregado igual que con su capote y muleta. Realmente preciosa ha sido la manera como ha cuadrado a sus tres toros para entrar a matar, pura armonía, sin solución de continuidad tras el último remate por bajo de los bellos epílogos dejando al toro cuadrado y colocado a la perfección en el sitio, otra vez el sitio dominador, para ejecutar la suerte suprema, la que da y quita. Tres estocadas de idéntica factura, volcándose sobre el morrilo, enterrando el acero casi entero, ligeramente desprendido en el primero, quizás algo tendido en el sexto pero efectivos ambos y con un golpe de verduguillo en el tercero que le han valido tres orejas y la gloria.
La otra cara del toreo la ha sufrido Román con una grave cornada en su muslo derecho en los compase finales de faena al primero de la tarde, un toro complicado, gazapón, con poco poder, no pasaba, se quedaba siempre debajo, reponía y se defendía con peligro por su falta de fuerzas. Muy firme y valiente el valenciano, decidido, poniéndole la muleta en la cara, bajando la mano, tirando del toro para robarle los muletazos, exponiendo una barbaridad en cada uno, con mucha verdad,  aguantando parones y miradas, hasta que en una de esas se frena a medio muletazo, se revuelve y hace presa. Cornada gorda, la sangre manaba en abundancia y empapaba la taleguilla pero no fue impedimento para que con un par de atributos  tomara la espada y matara a la alimaña de una entera, teniendo que ser retirado en volandas por su cuadrilla  para ser intervenido en la enfermería de la plaza. Esperemos y confiemos en su pronta y completa recuperación.
El mexicano Leo Valadez  se las tuvo que ver con un lote muy complicado y deslucido que ofreció pocas opciones para el triunfo. Dos albaserradas gazapones y reponedores, con peligro sordo, de recorrido corto, que le obligaban a perder muchos pasos y  era francamente difícil encontrar la colocación. Voluntarioso, lo intentó sin demasiada fortuna por ambos pitones, trató de tirar de los toros con firmeza pero no había ritmo ni continuidad por lo que la conexión con los tendidos fue imposible. Lo mejor de su actuación, sin duda, el quite por delantales muy templados al cuarto, bellísimos, y otro por chicuelina y caleserinas muy ceñidas al quinto. 
Así decimos adiós a esta Feria de Otoño, entre el dolor y la gloria, la crudeza del toreo, que ha llevado a un hombre a salir por la puerta de la enfermería y a otro por la puerta de los sueños, pero ambos con algo en común, el valor, la pureza y la verdad en lo que creen y se entregan.

Antonio Vallejo
 


domingo, 8 de octubre de 2023

De mal en peor


 Si ayer fue mala hoy ha sido mucho peor. Horrible, horrorosa, infame, desastrosa, penosa y no sé cuantos calificativos más podría ponerle a la corrida de El Pilar, todos por el mismo palo. Ayer al menos vimos algo que hacia mucho, pero que que mucho tiempo, no se veía en Madrid, las banderillas negras, ¡que deprimente que eso sea relevante para comparar ambas tardes!.  También hubo dos faenas de entrega  y valor superlativos que salvaron la dignidad de esta plaza. Pero es que hoy lo que ha habido han sido seis toros pitados de salida por su presencia y abroncados en su arrastre por sus pésimas, nulas, condiciones. Creo que con esto se resume toda la tarde. Por lo que a hechuras y presentación de la corrida podría haber alguna discusión, pero en lo que creo no hay discrepancia alguna es en lo que a comportamiento se refiere. Un encierro vacío, carente de bravura, de raza, de casta, de poder, de empuje, de fuerza, de clase, un auténtico desastre, sosa y deslucida, carente de la mínima emoción, imposible no ya para el triunfo, sino para sacar algo de tanto vacío.
Es muy difícil rescatar algo de esta tarde de nulas opciones para Damián Castaño, que sustituía al anunciado Daniel Luque, Juan Ortega y Pablo Aguado, el cartel de "los sevillanos", pero por intentarlo que no quede. Sinceramente, no es lo mismo Luque, que está en un momento de su carrera extraordinario, torero poderoso y artista, al que todos esperábamos con enorme ilusión, que Castaño, dicho con todo respeto. Y una variación de ese calibre creo que debiera haberse anunciado por parte de la empresa al menos en su web oficial. Supongo que la falta de tiempo les habrá cogido por sorpresa, algo llamativo en estos tiempos de información inmediata para cualquier noticia. No creo que tenga que ver con intentar reducir o anular la posibilidad de devolver la entrada según permite el reglamento al alterarse el cartel programado, me cuesta creerlo, pero conociendo a alguno y por sacar algunos cuartos más.... ya nada me extraña. 
De Castaño resaltar la dignidad con la que se ha enfrentado a su lote, dibujando unas verónicas de mucho gusto al primero, una larga cambiada de rodillas al tercero muestra de su disposición y otro ramillete de verónicas con ritmo y compás, dejándonos también algunos apuntes de gran calidad en un par de tandas en redondo al inicio de faena a ese mismo toro. Puso voluntad, empeño y dos buenas estocadas arriba, de lo mejor de la tarde, pero poco más pudo hacer. Juan Ortega derramó aromas a romero y azahar en su quite al primero - el único que tuvo una pizca de clase - en unas verónicas templadísimas, muy lentas, deteniendo el tiempo, el mentón hundido, las muñecas rotas, abrochando con una media de cartel que desataron los únicos olés de la tarde. Con la muleta algún derechazo aislado lleno de gusto  pero, al igual que ocurrió a sus compañeros, le faltó ritmo y continuidad careciendo de transmisión y emoción. Por su parte Pablo Aguado tan solo lució mínimamente con alguna de las verónicas con las que recibió al tercero y en el prólogo de faena a ese mismo, un par de trincherazos y un pase de la firma que saben a muy poco.
Una lástima que una tarde tan bella y radiante como la que lucía hoy en Madrid, que se esperaba con muchas ganas y expectación, tan solo hace falta fijarse en el magnífico aspecto que presentaban los tendidos, haya acabado en nada porque el personaje fundamental del espectáculo, el toro bravo, ha estado ausente del ruedo venteño. 

Antonio Vallejo