miércoles, 22 de mayo de 2024

Los sueños que hacen soñar


 La verdad desnuda de la juventud recién estrenada. Poco más que niños los tres que esta tarde han puesto patas arriba la plaza de toros de Madrid. Alejandro Peñaranda, Ismael Martín y Jarocho, 21, 20 y 19 años, así, en orden, con esa inocencia aún no perdida, con esa mirada limpia del que viene a mostrarse tal cual es, con sus virtudes y sus defectos por pulir, pero con la ilusión intacta del que nada esconde y todo lo quiere dar, generosidad sin límites, entregados a la afición y, sobre todo, a lo que más aman, el toro y el toreo. Solo así entiendo esta tarde en la que lo que menos importa es el relato de lances, suertes o estocadas, casi todo eso puede ser perfectamente prescindible, se queda en mera anécdota frente al aluvión de sentimientos y emociones desbordadas en el que nos han envuelto estos tres jóvenes que han cumplido la ilusión por la que tanto han sacrificado y por la que han luchado frente a muchas adversidades.
Mucho se puede hablar o escribir, empezando por el resultado final, la Puerta Grande de Jarocho al desorejar al sexto y las orejas cortadas por Peñaranda y Martín. Se puede también reseñar que se han enfrentado a una muy seria novillada de Fuente Ymbro, bien presentada, variada de hechuras, en la que destacaría al primero era una auténtica preciosidad, una oda a la armonía, y las proporciones, una lámina para enmarcar, el cuarto un jabonero impactante que era un tren en cada arrancada, recto, con dos guadañas por delante que rasgaban todo lo que se ponía por delante,  el quinto un tío, pero que todo un tío, alto, fuerte, desafiante, imponente, y el que cerraba plaza un toro en toda regla, bajo, cuajado, perfectas hechuras. También se puede contar que tuvieron movilidad pero que les faltó entrega, las caras altas, que adolecieron de falta de empuje y fuerzas, que iban y repetían pero les costaba salirse, se quedaban debajo y tenían su peligro al revolverse, por lo que se podría decir que fue una novillada exigente y complicada en la que destacó claramente el sexto, con fondo y entrega, que humilló y repitió, con transmisión, pero que desarrolló sentido y sabía perfectamente lo que había detrás de la muleta, miraba y calculaba buscando donde clavar sus afiladas puntas. Se puede hablar también de las ganas de los tres chavales por darlo todo, que han venido a Madrid como hay que venir, en novillero, ardor juvenil sin freno sin perdonar ni un turno de quites, para mi en ningún modo reprochable aunque personalmente piense que en varios toros no debían haberlo hecho, no dudando Martín al completar el tercio de banderillas de su lote aunque lo más sensato hubiera sido no arriesgar en el tercero, un novillo muy complicado para colocar los palos por como soltaba la cara en el que no encontró lucimiento ni comprensión por parte de algunos tan exigentes como intransigentes pero que no se arrugó y repitió en el sexto con mucha exposición y más precisión, tres buenos pares, sobre todo los dos primeros, cuadrando en la cara. 
Por supuesto que se puede hablar de Alejandro Peñaranda y de la sensación de estar preparado para tomar la alternativa. Firme, seguro y decidido, con un temple extraordinario que le sirvió para corregir los arreones a media altura del primero, conducir la embestida con paciencia, poco a poco, bajando la mano a medida que avanzaba el trasteo, aguantando derrotes y enganchones, para ir de menos a más y de mitad de faena en adelante torear acoplado y encajado, la mano muy baja, ceñido, derechazos profundos y naturales con hondura, ligados con clase y torería. Y valiente y muy comprometido con el cuarto, el jabonero que iba a una velocidad de vértigo, recto, llevándose todo por delante, incluido Peñaranda al que le dio una voltereta de vértigo. La muleta adelantada, temple asombroso para frenar el ímpetu y un par para pasárselo como se lo pasó y dibujar redondos maravillosos y naturales de un empaque superlativo. Toreo caro por calidad y entrega más un volapié volcándose sobre los puñales sin importarle nada para cortar una oreja sin discusión. 
Y se puede hablar del compromiso de Ismael Martín que con el segundo, muy complicado y brusco, tiró de raza y tragó lo indecible. Se venía por dentro el novillo, se quedaba, no salía de las telas, pero le perdía pasos y siempre buscaba colocarse y colocarle la muleta plana, en la cara, para tratar de ligar los muletazos por bajo. Inmensos los naturales que robó y la profundidad de una serie de derechazos, enorme mérito, soberbia capacidad. Y más grande aún el corazón, el alma torera de este joven frente al quinto, que llevaba la cara por las nubes y soltaba gañafones a diestro y siniestro. cada muletazo un drama, se ponía, sin tapujos, dispuesto a todo, incluso a entregarle la vida, magia lo que le robó al novillo y la respiración cortada, los latidos a mil por hora, en las bernadinas finales, más que ajustadas, más que ceñidas, descosiendo los bordados, antes de agarrar una entera fulminante tras otro volapié tirándose a matar o morir. Otra oreja sin discusión alguna. 
Como se puede hablar y hay que hablar de Jarocho en el que cerraba plaza, que por edad era novillo, pero en realidad un toro en la gran mayoría de plazas de España. Recital capotero del burgalés, saludo variado y vistoso amén de emocionante con dos largas de rodillas, ramillete de verónicas ganando pasos, chicuelinas a mano baja y una larga cordobesa de remate para volverse loco. Novillo con fondo, mucha clase, la cara abajo, haciendo el avión, movilidad y repetición, fijeza y celo. Se empleó en varas, arrancándose en largo, galope trepidante, empujando con los riñones, los pitones hundidos en el peto, magnífico tranco en banderillas donde Roberto Martín "Jarocho", cuajó una extraordinaria actuación, dos pares de poder a poder perfectamente reunidos para desmonterarse en respuesta a la fuerte ovación. Seguía la muleta con codicia, humillando, con recorrido enorme clase, en los primeros muletazos. En un derechazo se queda descubierto, rectifica el novillo y hace por él, nota la carne y ya sabe lo que deja detrás. Muy exigente, peligro sordo, no permitía nada, Jarocho no se encoge y con la zurda se abandona a un toreo al natural celestial. De uno en uno, dándole el pecho, adelantando la muleta, echando los vuelos para trazar ni sé cuantos naturales de un temple y una hondura máxima, lentos, eternos, rematados por debajo de la pala, sinfonía de toreo que hace rugir a Madrid y destroza las las palmas. Novillo y novillero entregados, la plaza rendida y otro volapié que puso a Madrid por una vez de acuerdo y las dos orejas se pidieron sin discusión de absolutamente nadie. Ya había dejado patente con el sobrero de Villanueva que hizo tercero bis que esos naturales no eran casualidad y que ese empaque lo lleva dentro, nos los había enseñado, ese mismo toreo al natural, de frente, templadísimo, pero parece que a muchos les costó verlos, porque se le pidió la oreja, no sé sin con mayoría suficiente, yo creo que sí, pero no fue atendida la petición...y algunos aplaudieron al palco, tela.
De todo esto se puede hablar hoy, y seguramente se podrían llenar muchas más líneas, pero creo que a todos los niños y jóvenes que saltaron al ruedo tras arrastrarse al que cerró plaza poco les importa poco todo eso, igual que a mi. Todo lo escrito y contado no vale de nada hoy, no significa nada, tan solo son escalones para llegar a la cima, a la verdadera dimensión de esta Fiesta y esta afición, que, como siempre repito, es el sentimiento y la emoción que ha desbordado su ilusión. Todos esos alumnos de las escuelas taurinas se han llevado a hombros a Jarocho, le han sacado a hombros por la Puerta más Grande y han visto el cielo más bonito del toreo, el de Madrid, pero lo que realmente llevaban eran sus ilusiones y sus sueños, los de todos ellos y también los míos. Sueños que hacen soñar, el toreo que nunca morirá.

Antonio Vallejo

lunes, 20 de mayo de 2024

Si Juan de Castilla ha estado así con Miura....


Tarde de domingo, tarde desapacible, ventosa y fresca tirando a fría, cielo amenazante que afortunadamente no ha descargado agua y que ha ido aclarándose según avanzaba la corrida y Las Ventas registrando un día más una entrada sensacional, podría decirse casi lleno, lo que indica a las claras que esta Fiesta, que los toros, sí interesan y que nadie, por muy ministrillo que sea, puede acabar con este Arte. Y debo decir que ha sido una grata sorpresa ver este aspecto de los tendidos en un domingo, con lo que históricamente eran los domingos de Las Ventas, el día de "descanso" del abonado cuando para renovar el título era obligatorio en su totalidad, no como en los últimos años en los que se puede renunciar a un número x de festejos, con carteles llamados como el día, "de domingo", poco atractivos por no decir de relleno, aunque para ser políticamente correctos se tildaban como "de oportunidad" para matadores con menos nombre y festejos en su bagaje. Eran esos domingos los días que el abonado regalaba a compromisos, algún familiar o amistades y con frecuencia la plaza registraba una ocupación bastante más pobre de lo habitual. Pero los tiempos cambian y seguirán cambiando, los Urtasun y Puente de turno desaparecerán del mapa y el toreo seguirá, San Isidro traerá cada vez más jóvenes a la plaza los tendidos seguirán llenándose.
Todo para ver la corrida de Miura, mítico hierro, el de más antigüedad, 30 de abril de 1849, encaste propio, procedencia única, Miura, sin cruces de sangre, precedido de una leyenda "negra" en la que mucho tiene que ver un nombre, Islero, toro que mató a Manolete el 28 de agosto de 1947 en la plaza de Linares. Desde entonces nombrar a Miura es sinónimo de dificultad, dureza, brusquedad, peligro y , aunque en estos tiempos de buenismo en los que parece que a las cosas no se les puede llamar por su nombre porque dañan la "sensibilidad", también muerte. A esto venía mucha gente hoy a Las Ventas, a ver los miuras que llevaban sin pisar Madrid desde 2018, por lo que entiendo la expectación. Seis toros cuatreños, algo que desde la pandemia es noticia, parece que ya se van limpiando los corrales, que en cuanto a presentación no han defraudado. Cierto que entre entre el de menos peso y el de más la diferencia era de 98 Kg, 539 del segundo frente a los 637 del sexto, con tres que han superado los 660 Kg, lo que indica que ha habido tamaños dispares, pero todos creo que llevaban el sello de Miura, zancudos, altos, sobre todo de atrás, con caja y volumen acorde a su respectiva romana, y con una tremenda seriedad, amplios de cuna y tremendamente astifinos, auténticos puñales, sobre todo el que abrió plaza, un cornidelantero imponente de 611 Kg y especialmente el que la cerró, el de más peso, un Miura auténtico por sus hechuras, alto, largo, mucha caja y muy ofensivo por delante, dos velas apuntando al cielo que asustaban al más pintado. Y curiosamente ha sido precisamente este sexto el que ha tenido un comportamiento más "en Miura", con movilidad, sin humillar ni entregarse pero con mucha emoción por su comportamiento, corto recorrido, correoso, revolviéndose y reponiendo con mucho sentido, rebañando, buscando, duro y áspero, soltando la cara con brusquedad. Los otros cinco del encierro han tenido, curiosamente, bastante nobleza y ha habido varios que podría decirse eran "toreables", si bien todos han seguido la línea habitual de la casa, la cara a media altura o alta, difícil verles humillar, sin acabar de entregarse y con corto recorrido, volviéndose con pasmosa agilidad y riesgo por el sentido desarrollado. Incluso uno apuntando a manso, el quinto, barbeando de salida y saltando las tablas en dos ocasiones de manera espectacular. Pero para seguir con el juego dado por los miuras también hay que decir que todos han tenido una manifiesta falta de poder y empuje, les han fallado las fuerzas y han ido de más a menos los seis, mejor dicho, cinco, porque el primero saltó con el depósito en reserva y se gripó en las primeras vueltas, no hubo toro desde el caballo, perdiendo las manos, parado, sin un pase que darle, la nada en una faena que duró 3 minutos de reloj y que nos dejaba una imagen insólita, la de las manecillas del reloj en las siete y veintitrés minutos y los clarines y timbales anunciando la salida del segundo.
Ese toro correspondía a Rafaelillo, el más desafortunado en el sorteo al corresponderle un lote de mínimas o nulas opciones. El primero ya lo he dicho, sin fuerzas, perdiendo las manos de salida, más aparatoso y escandaloso al pasar por el caballo, parado en la muleta, creo que no ha llegado a completar nada más que dos pases, tres minutos de faena, queda dicho todo, no había más, y eso entre protestas por la invalidez del toro. Grandón el cuarto, 626 Kg, ahí es nada, huyendo del capote, buscando las tablas y sin fuerza, claudica, no se emplea en los primeros tercios y llega a la muleta con muy poco fuelle, lo lleva suave y a media altura el murciano roba un par de tandas de mérito por el pitón derecho, lo único que pudo hacer. Lo intentó por ambos pitones, buen trato y sin obligarle, no podía el animal que pasaba con trote cochinero, dando saltitos, balanceando la cara, soso y deslucido, por lo que la faena tuvo muy poca transmisión y nula emoción pese a la dignidad y seguridad con la que lo solventó y pasaportó  Rafelillo con una entera fulminante arriba, lo mejor de su actuación.
Firme, seguro y valiente ma ha parecido la tarde del venezolano Jesús Enrique Colombo que cumplió ante un lote que llevaba mucho riesgo dentro, dos miuras que sacaron su aspereza a relucir. Buenas fueron las verónicas de saludo al tercero, un toro con movilidad y mucha inercia pero que adoleció de falta de clase y entrega. Vibrantes y emocionantes han sido tercios de banderillas, tres pares en su estilo, velocidad y potencia, portento físico, un atleta que hoy - exceptuando el primer par al sexto, colocado a toro pasado y otro en el que a mi modo de ver se ha adornado demasiado con ambas rodillas en tierra al llamar al toro, quizás más efectista o tremendista que otra cosa, para incorporase y hacer un quiebro o recorte al toro antes de clavar un solo palo - ha cuajado una soberbia actuación con los rehiletes, ganando la cara y colocando los pares con verdad y riesgo por lo alta que llevaban la cara ambos toros, alguno incluso le ha tocado la chaquetilla y creo que rozado la cara. Con la muleta creo que ha estado muy firme e inteligente en el tercero , dándole la media altura que pedía, sin poder forzarle mucho por sus contadas fuerzas, conduciendo la embestida con mucho temple, frenando las acometidas por la inercia de la movilidad del tercero, arreaba como un trolebús en los embroques, para dibujar redondos y naturales de mérito, muy seguro, llegando a bajar la mano en los compases finales y torear con profundidad y ligazón. Mucha valentía ha mostrado ante el peligroso sexto, a la defensiva por su falta de fuerzas, corto recorrido, no pasaba, se quedaba debajo, reponía y buscaba, se la ha jugado Colombo hecho un tío , ha tragado y aguantado derrotes secos con mucha entereza y decisión, poniéndole la muleta y tratando de conducir su brusca embestida. Más no se le puede pedir, claramente por encima.
No conocía a Juan de Castilla, no le había visto torear, y debo decir que me ha dejado con ganas de verle torear de nuevo. Venía de torear en Vic esta mañana, por lo visto el vuelo se ha retrasado y ha venido directo desde Barajas a la plaza de toros donde se ha vestido. Y así, con la tensión y el nerviosismo que supongo que esa situación debe suponer, sin prepararse con tranquilidad en la habitación del hotel, ha salido a matar nada más y nada menos que dos miuras y en Madrid. Y encima lo ha hecho como lo ha hecho. Magnífico el trato que ha dispensado y cómo ha entendido y dominado la distancia y la altura que pedía el segundo, un toro con nobleza pero con escaso empuje. A media altura, concediéndole todo en los primeros compases, temple y tacto en cada muletazo, sin brusquedades, aprovechando la nobleza a media altura, ligando las series con limpieza para acabar bajando más la mano cuando el Miura se ha entregado más, profundidad y recorrido en las últimas series, toreo caro que de no haber marrado con la espada bien podía haber supuesto una oreja, pero la fuerte ovación  fue más que merecida. Al quinto, ese que saltó dos veces al callejón,  le dispensó la misma receta, temple y buen trato, buena colocación, la muleta siempre adelantada, corriendo la mano para llevar la embestida lo más largo que permitía el toro, ligando con clase, entendiendo también las cualidades y problemas que tenía, no llegaba a entregarse, a media altura compuso series medidas, cortas, lo que necesitaba el noble Miura. De nuevo ovación para recompensar su importante tarde en Madrid basada en la inteligencia, firmeza y solvencia, esas son las sensaciones y el gran sabor de boca que me deja.
Si Juan de Castilla ha estado así con los de Miura.... ¡que puede ser con otros toros! Se merece volver y pronto a Madrid, dan muchas ganas de verle torear.

Antonio Vallejo

sábado, 18 de mayo de 2024

La emoción del poder y la verdad

Señoras y señores, el toreo es algo que hay que vivir y el que no quiera entenderlo que no lo haga, allá él, pero que nos deje  sentir la emoción inmensa que es capaz de generar. Esta tarde de Las Ventas ha sido eso, emoción, infinita, de principio a fin, de pitón a rabo, todo un conjunto de sentimientos desbordados gracias la suma de valores tan en desuso hoy en día como la verdad, la pureza, la entrega y el valor. Desde que Miguel Ángel Perera se fue a recibir a porta gayola al que abría plaza hasta que Ginés Marín ha pasaportado al que la cerraba todo ha sido un caudal de emociones incontenidas que han alcanzado por momentos el estado de éxtasis. Por cierto, hoy ocupaba una localidad de barrera del 1 Alberto Nuñez Feijoo, quien allá por 2011 era presidente del gobierno regional de Galicia. No lo sabía pero lo he leído por casualidad y no sé si recordará lo que hizo usted, el que ahora se supone que es líder de la oposición, o eso dicen, por aquel entonces, pero me he tomado la molestia de buscarlo para comprobarlo  y lo he encontrado. Resulta que el periódico El Mundo publica una noticia el día 23 de diciembre de ese año cuyo titular es el siguiente: "Galicia prohibirá el acceso de menores de 12 años a espectáculos taurinos". ¿Y saben con quién votó y alcanzó él y su PP gallego dicho acuerdo? Pues nada menos que con el Partido Socialista de Galicia y el BNG. ¡olé sus...!, lo mejor de cada casa. Lo que hoy ha visto y sentido en esa barrera, sobre todo cuando le ha brindado Perera un toro, ¿realmente cree que perjudica o trastorna a un niño?, ¿realmente quiere  vetar o prohibir  la posibilidad de que los niños españoles puedan vivir y sentir una tradición cultural ancestral tan nuestra?, ¿realmente quiere hurtarles de aprender de los valores supremos del toreo, valor, sacrificio, respeto, entrega, superación, etc?, ¿realmente quiere robar a los padres la libertad de que  sus hijos aprendan desde muy pequeños a amar y respetar al toro bravo y a nuestra Fiesta como he enseñado yo a mis hijas, hoy grandes aficionadas?, ¿realmente estaría dispuesto a aliarse con enemigos del toreo como Urtasun y Puente y propugnar una aberración como la de aquel 2011, pero en toda España, a cambio de un puñado de votos por hacerse el progre?. Piense, medite y, por favor, vuelva a ver repetida esta corrida en OneToro Tv, así se dará cuenta de lo grande que es el toreo y lo que representa. Nosotros vamos a seguir en esta trinchera, defendiendo lo nuestro, con el valor del toreo, ¿lo tendrá usted?
Una corrida  de La Quinta extraordinaria de presentación y muy seria a excepción del sexto, totalmente fuera de tipo, alto y destartalado, pero los otros cinco santacolomas de verdad, magníficas hechuras, preciosa láminas, que además, a excepción de tercero y sexto, deslucidos, han tenido comportamientos variados pero todos con enorme transmisión y emoción, cada uno a su manera, destacando por encima de todos el bravo, encastado, y terriblemente exigente quinto. Si hay una cosa clara es que esta corrida no dejado a nadie indiferente y que se ha vivido con una intensidad que hace tiempo no recordaba. 
Sólo ver como Miguel Ángel Perera tomaba el capote y se dirigía con paso firme a porta gayola a recibir al primero era toda una declaración de intenciones de todo cuanto estaba por venir con la  larga  aguantando el parón con la que recibió al santacoloma y que puso el alma en vilo. Un toro con movilidad y repetición en el capote, con ese comportamiento propio de su encaste, metido en los vuelos, reponiendo que empujó en el caballlo y cumplió en banderillas, esta vez con Jesús Díaz "El Fini" y Vicente Herrera completando un notable tercio. Inicio de faena con muletazos de tanteo buscando la distancia, la altura y el acople, toreando a su favor en ese inicio hasta emerger la figura de Perera de mando y poder. Han sido dos tandas por el derecho donde ha sometido al toro, poniéndole la muleta en la cara, llevándole muy tapado, temple divino, ni un toque a la muleta, la mano muy baja, arrastrando las telas, ligazón en el sitio, perfectamente colocado, series compactas y reunidas de enorme rotundidad, firmeza absoluta de Perera, y además con mucha belleza, ciñéndose la embestida, rematando con sensacionales de pecho. Y el toro que repetía con fijeza, el hocico por la arena, humillando, sometido por  el mando del extremeño. Tanto ha sido el poder que el animal  dijo basta y se  rajó, pero no Perera, que se lo llevó con inteligencia al abrigo de las tablas del 4 para componer un par de tandas de naturales tapándole la huida de gran hondura, ligados muy por bajo, maravilloso. Lástima que la espada le jugara una mala pasada porque parecía que la primera oreja caería de haber matado certeramente. Gusto y sabor han tenido las verónicas a pies juntos de saludo al cuarto, otro precioso santacoloma, de imponente trapío, que desde salida anunciaba su peligro, sin salirse de lo vuelos, viniéndose por dentro, sobre todo por el pitón izquierdo, comportamiento que mantuvo en la muleta. Se vencía, reponía y hacía hilo, complicado y de mucho riesgo por el sentido que desarrolló ante el que Perera se plantó valiente, hundió las zapatillas en la arena, le puso la muleta y compuso series en redondo y al natural de enorme mérito y valor aguantando las intenciones del animal por hacer presa, se colaba y buscaba rebañando. Firmeza y mando una vez más, poderoso, ligando los muletazos casi sin rectificar, por bajo, ligazón mágica, encajado y ceñido, dimensión de lo que es, una gran figura del toreo. Enorme la transmisión, los tendidos rendidos, y más enorme aún la emoción, los olés rotundos, la plaza en pie. Se tira con todo a matar y deja una casi entera que hace doblar al toro convirtiendo los tendidos en un mar de pañuelos. Petición claramente mayoritaria que, no tengo ni idea el motivo, algunos dicen que la estocada estaba algo trasera, no fue atendida por el del palco, el único que esta tarde sobraba. De verdad, es de miserable negar lo que era, una oreja de ley. Pero afortunadamente lo que nos ha dejado Perera vale mucho más que un apéndice cortado, el toreo es sentimiento y emoción, eso lo ha desbordado el extremeño.
Es lo mismo que ha ocurrido en el quinto, un bellísimo toro con hechuras para enamorar y una seriedad de impresión y mucha movilidad de salida al que Emilio de Justo recibió con una larga cambiada emocionantísima y al que lidió de una manera espectacular, llevándole a los medios andándole hacia atrás, con el capote abajo, llevando cosida la embestida, máxima expresión de capacidad torera y belleza, todo unido, como el recorte con el que lo dejó colocado para entrar al caballo. ¡Menudo tercio de varas el de Germán González!, toreando con la cabalgadura, citando en largo, el santacoloma que se arranca con galope trepidante, hunde la cara en el peto y empuja con celo y codicia y Germán agarra dos puyazos majestuosos que le sirven una atronadora ovación al retirarse por el callejón. ¡Cuanta belleza reside en este tercio cuando se ejecuta con tanta verdad y pureza!. También se sumó a la fiesta de la emoción Morenito de Arlés con dos buenos pares respondiendo a otra muy fuerte ovación. Bravo y encastado toro, muy exigente, ante el que de Justo se la jugó con máxima verdad, bailando siempre en la línea entre la vida y la muerte. Complicado, se venía por dentro y sabía perfectamente lo que había detrás de la muleta y se dejaba atrás, no daba respiro, iba y venía, se volvía y medía, buscaba. Enorme Emilio, plantado en la cara, firmeza y valor, bajándole la mano para tratar de someter las embestidas y arreones, muletazos de enorme mérito con el toro avisando. Tanto fue que en uno de esos le enganchó y volteó de manera muy fea, estuvo a merced del toro hecho un ovillo entre los puñales que eran los pitones, angustioso, pero una vez más gracias a Dios y el ángel de la guarda que envía a los toreros todo quedó en un susto tremendo. Repuesto de Justo volvió aún más firme y aún más envalentonado para meter a Las Ventas en un estado de auténtico éxtasis con el toreo por el pitón izquierdo, más verdad imposible, tragando lo indecible, aguantando las coladas del toro, la muleta alante, dibujando naturales poderosos, hondos, ligados, pura magia, como los que trazó con mano firme dándole el pecho, o el molinete garboso y torero con el que salió airoso de una de los muchos apuros en los que el toro le puso, o el trincherazo con el abrochó esta sensacional faena que iba para dos orejas. Silencio sepulcral cuando en los mismos medios se cuadra para matar, instante sobrecogedor, les juro que jamás recuerdo ese silencio en Madrid, ha sido algo inenarrable. La espada se llevó al traste esa Puerta Grande que ya se veía abierta, pero nada se podrá llevar de nuestra memoria la emoción tan intensa que hemos vivido en este quinto. Antes ya había presentado credenciales de Justo con el que hizo segundo. Las verónicas de saludo fueron sensacionales, acompasadas, sedosas, ganado terrenos para rematar con una media de cartel, tanto como el quite por chicuelinas ajustadas a manos bajas a la salida del caballo, de una belleza superlativa. Magnífico fue este tercio de varas a cargo de Juan Bernal y también emocionate el de banderillas  con Abraham Neiro "El Algabeño" y Pérez Valcarce colocando los pares con mucha pureza y exposición, sobre todo el tercero, clavando por dentro, mucho riesgo, teniendo que desmonterarse para responder otra atronadora ovación. No cumplió igual el de la Quinta en la muleta, desentendido, echando la cara arriba, sin entregarse, a pesar de lo cual de Justo trató de conducir la embestida con temple, lo intentó con buen trato por ambos pitones pero la faena nunca logró tomar vuelo.
Ginés Marín, por desgracia, ha pasado inadvertido al encontrarse con un lote deslucido que no dio opción alguna, especialmente el sexto, que tuvo una embestida descompuesta acorde a sus destartaladas hechuras. Lo intentó todo el jerezano pero fue imposible, buscó todas las teclas pero su lote desafinaba por todas partes. Lo que no entiendo es que querían algunos que hiciera, especialmente ese que con frecuencia suelta el grito que trae preparado de casa, "se va sin torear", buscando su segundo y medio de gloria. 
En fin, que entre los del palco y algunos notas sueltos...¡que paciencia!. No hubo orejas, y me da igual, no me van a quitar lo sentido, y me quedo con las dos vueltas al ruedo, eso vale más, eso es realmente el toreo, la emoción vivida, la del poder y la verdad.


Antonio Vallejo

viernes, 17 de mayo de 2024

Tomás Rufo, oreja de ley en tarde importante


Hace 104 años se producía la trágica muerte de Joselito el Gallo en la plaza de Talavera y en su memoria, como cada 16 de mayo, se guarda un minuto de silencio al finalizar el paseíllo. Y el destino ha querido que haya sido precisamente un torero de Talavera el que haya honrado la memoria del maestro de la mejor manera posible, toreando con temple y valor supremo. Ha sido con el tercero de Victoriano del Río, un toro de magníficas hechuras, bajo, fino, de tremenda seriedad, vuelto de pitones, las puntas al cielo, desafiante que ha tenido clase y entrega pero que ha pecado, como toda la corrida, de falta de fuerzas. Lo ha visto claro Rufo al irse a los medios a brindar al público, hincándose de rodillas entre las rayas del 1, citando en largo, vibrante arranque, por bajo, el viaje largo, el temple exquisito, derechazos de mucha emoción, profundos, con el toro metiendo la cara con enorme clase. Ya incorporado un par de series monumentales en redondo, la mano muy baja, la muleta barriendo la arena, temple infinito, enroscándose la embestida, obligando mucho al toro, que repite porque quiere pero que pierde las manos en los finales porque no puede con tanto, sensacionales los de pecho con los que abrocha las series, los olés roncos y sentidos que vencen a los absurdos "miaus" con los que algunos del sector sabio recibieron a este toro. Intensidad y transmisión, entregado el toro y abandonado el torero, tanto que en un cambio de mano superlativo el tiempo se detiene, el toro se para, no sé si por clavar el hocico en la arena por lo tanto que humillaba o porque su fuelle no le daba para tanto sometimiento. Rufo firme, asentado, las zapatillas hundidas en la arena, hasta que se repone y lanza por los aires a Rufo, segundos de angustia tras la voltereta, a merced del de Victoriano, incertidumbre. El ángel de la guarda de los toreros, siempre presente para echar su capote, ha hecho que  afortunadamente todo haya quedado en un susto. Envalentonado vuelve a la cara y traza una serie de naturales de una hondura descomunal, templadísimos, lentos, la mano baja, ligados en el sitio, que han puesto en pie a Madrid que en su casi totalidad se ha rendido al poder, el temple y el valor del talaverano. Se tiró a matar recto, por derecho, dejando una media en todo lo alto que hizo rodar al toro. Oreja de ley en terde importante, de mucho peso y más valor si cabe, que todavía alguno ha protestado en la vuelta al ruedo. Inexplicable, habría que preguntarle a Iker Jiménez.
Acartelados en esta tarde estaban dos figuras del toreo a los que el club de los reventadores esperan cada año para hacerles la vida imposible como sea: Sebastián Castella y José María Manzanares. Da igual lo que pase que el repertorio siempre es el mismo, los "miaus" nada más aparecer en el ruedo sus toros, las constantes protestas a la colocación, que si "crúzate", que si "hay que torear", aunque realmente deben estar enamorados de Manzanares porque siempre hay uno o dos que repiten "pero que guapo eres". Es decir, lo clásico, o el día de la marmota, como prefieran. 
El primero de Castella no tuvo nada, ni embroque, ni entrega, ni clase, ni fuerzas. No pasaba, siempre defendiéndose, la cara alta, arreones bruscos, absolutamente imposible. Pues no pararon de recriminar  todo, yo no sé qué demonios pretendían que hiciera con semejante toro. Y Castella, que ya se sabe la película, se fue a torear en los terrenos del 7 para que vieran de cerca lo que había. Pues ni por esas, el odio ciega. Otra cosa fue el cuarto, un animal de preciosas hechuras y de una seriedad tremenda que de salida se mostró frío, sin definir, incluso apuntando querencia, pero que en la muleta rompió a embestir y tuvo clase y emoción en lo que le duró la gasolina. Vibrante el arranque de faena, estatuarios y ayudados por alto clavado al suelo, muletazos ligados en una baldosa, profundidad y trazo largo en los derechazos, mucho temple, series rotundas a las que el de Victoriano respondía con prontitud, galope ágil y fijeza, repitiendo con celo. Se vació por el pitón derecho, series reunidas, muy templadas, la muleta en la cara, el viaje largo, derechazos profundos, ligados sin quitarle la muleta de la cara, una cambio de manos celestial, lento, toreo de muchos quilates. Por el izquierdo le costaba más, protestando, menos entrega, menos recorrido, pero firme y seguro el francés para robarle dos naturales hondos de mucho valor. A partir de ahí el toro fue a menos, parado, quedándose a medio muletazo, por lo que Castella acortó distancias y se metió entre los pitones alargando a mi modo de ver demasiado el trasteo y enfriando los ánimos de la mayoría que veíamos la posibilidad de otra oreja. Mató en los medios con el toro encogido porque no podía ni con su alma dejando una media en la alto suficiente para pasaportar al buen toro de Victoriano. Al final ovación con saludos que sabe a poco.
A Manzanares, como ya imaginan, le esperaban con ganas, pero no precisamente de disfrutar con su toreo. El quinto no tuvo historia, toro con genio y sin entrega, soltando la cara, brusco, sin permitir nada por mucho que intentara ponerle la muleta, sin recorrido alguno. Nada que ver con lo que había sido el corrido en segundo turno. Un toro muy serio, con buenas hechuras y que, como sus hermanos, tuvo mejor inicio que final. Los primeros compases de la faena rebosaron torería y elegancia, doblones por bajo, largos, muy templados, y un trincherazo para romper el alma, puro sentimiento. Entre los reproches habituales, los murmullos y algunos comentarios de dudoso gusto por parte del club de los reventadores compuso Manzanares tres series en redondo llenas de empaque, acoplado, ligando por bajo, poder y mando, pasándoselo por la cintura, gusto y clase, despacio, temple, expresión y belleza, rematadas con buenos de pecho. Lástima que el viento azotara más en ese tramo de la corrida porque hizo casi imposible torear al natural, la muleta parecía una bandera ondeando y tan solo un natural suelto con enjundia fue lo que pudo sacar. Además el toro se quedó sin gasolina y el motor solo le dio para aguantar una serie final por el pitón derecho ligada con enorme clase, llevándole muy tapado, sin quitarle la muleta, con la mano muy baja, cargada de sentimiento. Mató recibiendo en la suerte contraria y la más de media en todo lo alto sirvió  para recoger una fuerte ovación tras petición insuficiente.
Y un día más hay que hablar de los toreros de plata, que en este Día Internacional de la Tauromaquia han brillado con luz propia y le han dado el valor que merece. Dicen que cuando uno se acostumbra a lo bueno cada día se cansa. Pues en este caso a mi no me pasa eso, no me puedo aburrir de ver tarde tras tarde las sensacionales actuaciones de esta generación de toreros de plata que gracias a Dios disfrutamos cada tarde y que bregan y banderillean con una maestría tremenda. Lo de hoy ha sido una maravilla, las tres cuadrillas han estado de sobresaliente, con los capotes y los palos, haciéndolo no solo bien y efectivo, sino con una torería suprema. Y es que vaya nombres había hoy sobre la arena de Las Ventas: José Chacón, Rafael Viotti, Julio López, Juan José Trujillo, Diego Vicente, Luis Cebadera, Daniel Duarte, Sergio Blasco y Fernando Sánchez, ¡ole por ellos!. Sin olvidar los puyazos de Paco María y Manuel José Bernal, perfectamente ejecutados y medidos, dándole la importancia tan grande que este tercio de varas tiene y dotándole de una belleza sin igual. 

Antonio Vallejo

jueves, 16 de mayo de 2024

Pesan los años y los kilos


 Solo ver la reseña del apartado y sorteo de los toros de El Parralejo para el día del Santo Patrón no hacía intuir cosa buenas. Una corrida  cinqueña larga, varios cerca de los seis años, y con muchos kilos de carne, hasta los 628 Kg del que cerró plaza, en una escalera de pesos desde los 542 Kg del cuarto dando una media de 583'5 kg, malos presagios. Dicho a lo bruto, viejos y gordos. Y luego empezaron a salir uno a uno, dispares y feas hechuras, bastos, eso sí, muy grandes, elefantoros, algunos con cabezas descomunales, alejados del toro armónico y proporcionado que me gusta. Sumamos estos factores y el resultado solo podía ser el que ha sido, una corrida francamente mala, sin movilidad, sin ritmo, sin transmisión y sin emoción. No aguantaban los kilos y perdían las manos , eso si no se derrumbaban con estrépito, como el tercero, encima con apuntes de mansos, escarbando, doliéndose en el caballo, saliendo rebrincados, sin entrega, las caras arriba, soltando derrotes, a la defensiva, punteando las telas, sosos y deslucidos. Así es imposible.
Ese muro infranqueable es con lo que se han topado Miguel Ángel Perera, Paco Ureña y Alejandro Fermín que confirmaba alternativa. Por cierto,  ya van dos en cinco días y aún queda más, otras tres, para sumar cinco de veinte y un días de corridas de toros, o sea, un 25%, casi nada. Debe ser la moda de este año. Esperemos que los próximos tengan más suerte que Alejandro Fermín que ha pasado completamente inédito, sin que pueda destacarse nada de su actuación, quizás algún muletazo suelto con cierta enjundia y un cambio de mano estético. Cierto que su lote ha sido infumable, pero tampoco ha apuntado nada que haga pensar en verle muchas veces por aquí, ni siquiera por actitud. Para colmo ha matado mal, muy mal, sobre todo al sexto, de un infame bajonazo. No mejor suerte ha tenido Ureña con su lote, pero al menos el prólogo de faena al tercero con bonitos ayudados por alto abrochados por un trincherazo y uno de la firma cargados de sabor ha conseguido arrancar los olés y una ovación. Poco más ha durado el toro, un par de tandas justitas por el derecho y san se acabó. El que hizo quinto tenía su guasa, reservón, midiendo y rebañando, aguantó el tipo Ureña, tragó lo que solo él sabe, se la jugó de verdad, enorme valor y compromiso, ante la indiferencia de unos tendidos aletargados. Siguiendo con el tono general de la tarde mató mal, se le fue la mano y la espada cayó baja en ambos toros. Pero, siendo una tarde realmente mala, siempre hay algo para destacar y han sido los pares colocados por Curro Vivas y Álvaro López "Azuquita" al peligroso quinto, ejecutados con pureza, haciéndolo todo, recogiendo desmonterados la única ovación fuerte de la tarde. Sensacionales. 
Y si hablo de destacar y reconocer creo que hay que hacerlo con Miguel Ángel Perera. Lo digo directamente, ha estado muy bien. Dirán que estoy chalado, todo el tiempo hablando de corrida mala, de decepción, y ahora salgo con esto. Pues sí, en medio del fracaso ha aparecido el extremeño para dejar patente el extraordinario momento que atraviesa y que ha refrendado en Sevilla tras veinte años de alternativa. Ha entendido a sus dos toros a la perfección, les ha dado la altura y la distancia que requerían por sus escasa condiciones, les ha cuidado, mimado diría yo, en cada muletazo, con temple y suavidad, concediéndoles todo, poco a poco, series medidas, al principio con más largura, luego acortando los terrenos, la muleta puesta, en la cara, sobre todo en el cuarto, llevándole muy tapado para ligar derechazos a mano baja de mucha profundidad y unos naturales que han sabido a gloria. Y no ha renunciado a nada, ni a abrir el trasteo al cuarto de rodillas con una larga cambiada por la espalda de infarto y unos derechazos cual novillero nobel, ni a pisar esos terrenos de las cercanías en los que siempre se ha manejado como pez en el agua, vertical, pasándose los pitones por ambas manos, estático, sin inmutarse. Difícil entender que no se haya valorado mucho más lo que Perera ha hecho esta tarde, toreando con las tres C de Carlos Alcaraz, comprendo que la tarde iba como iba y la gente se desentiende, puede servir como justificación. Pero lo que en mi opinión no cabía hoy han sido los pitos y las protestas de algunos, afortunadamente muy pocos, ante la lección de poder que estaba dando Perera. Lástima que, para no romper el tono general, haya matado tan mal como lo ha hecho, dos enteras caídas tan feas como esta corrida en la que, recordando aquel anuncio de Font Vella en los años 80 que decía "no pesan los años, pesan los kilos", han pesado ambas cosas.

Antonio Vallejo


miércoles, 15 de mayo de 2024

¿Por qué?


 Ayer tres jóvenes novilleros hacían el paseíllo por primera vez en Madrid. Los tres desmonterados, como corresponde, los tres cargados de ilusiones y los tres con la cara alta y la mirada limpia, sabiendo que sus sueños de triunfar en el toreo no son solo miras personales, sino el futuro  de la Fiesta. Diego Bastos, 19 años, Nek Romero, 21 años, y Samuel Navalón, 19 años, representaban ayer a todos los niños que desde las escuelas taurinas aprenden a respetar y amar todo lo que significa la Tauromaquia y sus valores, sabiendo que es un camino duro, largo y difícil, lleno de sinsabores, sufrimiento y dolor pero en el que la ilusión por ser matadores y, por qué no, figuras del toreo, les lleva a superar todos esos obstáculos. Se entrenan día a día para lograr el triunfo, se cuidan y dedican en cuerpo y alma, lo dan todo, renuncian a mucho, cada noche sueñan con una tarde en Las Ventas, con cuajar un toro y ver la plaza llena de pañuelos. Uno de estos jóvenes, el valenciano Samuel Navalón sintió todo eso que tantas veces ha anhelado, se sintió torero, se entregó y vio esa imagen tan deseada, Madrid lleno de pañuelos pidiendo la oreja, la felicidad suprema. Pero le llegó la cornada y sintió el dolor del toreo. Una cornada no del novillo, mucho peor, la de la injusticia, propinada por Ignacio Sanjuán Romero, un personaje que ayer se sentaba en el palco y okupaba el cargo de presidente y que no debe saber que, además de ser un actor muy secundario en todo esto, su misión es hacer cumplir el reglamento y que, cuando la petición de oreja es tan clara y mayoritaria como la de ayer en el tercero, su criterio vale menos que nada y debe conceder la oreja. ¿Por qué no cumplió el reglamento?. ¿Era necesaria semejante mezquindad? . De verdad, no me entra en la cabeza que se trate de esta manera a un novillero, así no se hace ningún bien, así no se demuestra la exigencia de una plaza, así solo se ataca al toreo. Lo he dicho muchas veces y lo repito una vez más, estos chicos son novilleros, no figuras consagradas, tienen muchas carencias y mucho que aprender, eso lo sabemos todos, pero cuando están como estuvo Navalón, ¡no se le puede maltratar de esta manera!. No solo hablo de aptitud, también de actitud. Vino como todo novillero, a darlo todo, no se guardó nada, se la jugó en el epílogo de faena al tercero con unas bernadinas un tanto embarulladas pero muy, muy, muy ajustadas y, seguro que con la rabia de la injusticia, se fue a recibir a porta gayola al sexto. Ganas, disposición, entrega, valor, esa es la actitud, eso estar en novillero, lo primero que se pide cuando se pisa la arena venteña. Pero además su aptitud, firme y seguro, desde que tomó el capote, con las verónicas de saludo, templadas, acompasadas, con ritmo, acoplado perfectamente al del novillo, muy bueno, por cierto, el mejor de la corrida de Montealto a mi modo de ver, con galope ágil, enclasado y con buen fondo, humillación y entrega, repetidor. Buen y novilleril inicio de faena, ambas rodillas en tierra, llevándolo en largo, vibrante, arrancando lo olés y la ovación de un público tan frío como la tarde que fue espabilando a medida que avanzó la faena. Todo lo compuso por abajo, dándole distancia para aprovechar el buen ritmo del novillo, lo condujo con temple y gusto, series en redondo ligadas con armonía, muletazos profundos, perfectamente acoplado y encajado. Cierto que hubo algunos enganchones, sobre todo al natural, está empezando y no se le puede pedir que todo, absolutamente todo, sea perfecto, pero hay que tener en cuanta la ventolera que había ayer en Madrid, otro enemigo más al que tuvo que enfrentarse Navalón y al que también dominó. Sensación de novillero cuajado y sensación de que iba para oreja pero a la vez creo que las ganas y quizás un poco de ansiedad le pudo traicionar en los compases finales. Viendo como embestía el novillo, viendo como humillaba y repetía durante toda la faena pienso que el final de faena debía haber sido por bajo. Reconozco que lo que más me gusta es que se abrochen las faenas por bajo, muletazos genuflexos, trincherazos, pase de la firma, o de desdén, para mi es un canto a la belleza, y no me gusta tanto la moda que hay, casi parece obligación, de cerrar con manoletinas y bernadinas, aunque reconozco su valor y mérito cuando se ejecutan bien. Pero entiendo el arrebato de un joven que viene a comerse Madrid y que, después de torear como lo hizo, quiera demostrar que tiene valor y arrojo y el corazón pueda a la cabeza, y ese final levantó protestas de cierto sector al que no le gusta mucho que se corten orejas, y la veían venir. Luego se tiró a matar con todo, quizás con excesivo ímpetu, por lo que el espadazo entró trasero y tendido pero fue efectivo ya que hizo doblar al novillo y que no fue obstáculo para ver los tendidos teñidos de blanco, como si fuera el Bernabéu celebrando otra liga más o quien sabe si la 15ª. La cornada de la miseria de un individuo acobardado y atrincherado en el palco, no se lo podía creer Navalón, se le negaba una oreja de ley, pero no se le pudo negar una vuelta al ruedo lleno de felicidad y gallardía de mucho peso que, incompresiblemente, algunos protestaron. Más tarde, ante el que cerraba plaza, buscó con ahínco la manera de hacerle embestir, de todas las maneras, acortó distancias y expuso, comprometido, pero no había donde sacar.
Fue sin duda lo mejor de una tarde como he dicho fría y ventosa que parecía más de la Feria de Otoño que de San Isidro en la que Las Ventas presentaron un aspecto sensacional, más de tres cuartos de entrada, afortunadamente muy lejos de las pobres entradas de años atrás, pare ver esta novillada de Monetalto variada de hechuras y de juego, destacando la transmisión y clase del tercero, noblotes en general, primero y quinto con movilidad pero sin demasiada entrega,  el segundo dejándose hacer, cuarto y sexto con muy poca historia, pero que si hubo algo que la definió en cuanto  fue la seriedad. Una vez más varios de los ejemplares lidiados ayer hubieran pasado por toros en la mayoría de plazas de España. 
Pocas opciones tuvieron Nek Romero y Diego Bastos. El valenciano tuvo en el segundo un novillo desentendido, sin entrega, que iba y venía sin más, saliendo suelto, ante el que poco pudo mostrar, más allá de ganas y los lances de capa genuflexo con temple y cierta largura más los primeros muletazos por el mismo palo, genuflexo, bajando la mano y alargando el recorrido. Con el quinto, con más movilidad aunque le faltó clase, tuvo el añadido del viento que en ese tramo azotó con fuerza y deslució el trasteo. El arranque de faena fue muestra de las ganas y la actitud con la que vino a Madrid, en terrenos muy comprometidos, cerca de las tablas, toreando para los adentros en cambiados por la espalda ajustadísimos, asumiendo enorme riesgo. Algunos muletazos con la derecha sobresalieron del resto por profundidad, con la mano baja, pero en ningún momento tomó vuelos. Por su parte el sevillano creo que se llevó un lote de muy escasa opciones que tan solo le dio para dejar algunos detalles de gusto y buenas maneras, su concepto del toreo con la mano baja pero poco más. En mi opinión, a diferencia de Navalón, más hecho, aún les queda camino que recorrer. 
Lo triste es que, al final de la tarde, lo que me quede en la cabeza sea una pregunta que me gustaría hacer al del palco, ¿por qué?.

Antonio Vallejo

lunes, 13 de mayo de 2024

San Isidro 2024, ¡a por ellos!


 ¡A por ellos...! que son pocos y cobardes, titulaba ese genio que era Loquillo uno de sus álbumes allá por el año 1989. Y no me parece mejor manera de definir lo que debe ser este San Isidro que vio la luz este pasado viernes 10 de mayo y que discurrirá sin pausa, salvo el descanso de los lunes, hasta el próximo 9 de junio, si bien aún nos quedará otro acto extraordinario una semana más tarde, el día 16. Y va ser así, como ha sido Valdemorillo, como han sido las Fallas, Como ha sido Olivenza, como ha sido el abril sevillano, como ha sido en tantas y tantas plazas de toros repartidas por España, Francia y América sin que nadie pueda impedirlo ni, menos aún, prohibirlo, por mucho que les pese. 
Sí, ¡a por ellos!, a por todos cuantos en su odio enfermizo a España y sus raíces, esencias y tradiciones ancestrales tienen al toreo en su punto de mira, pocos y cobardes, personajes efímeros como Urtasun y Puente, uno comunista, con eso está todo dicho, sucio y desaliñado, el otro un antropoide troglodítico que encarna la imagen viva del portero matón de puticlub de carretera. ¿Que el toreo es irrelevante? Vamos a ver, hombre del paleolítico, irrelevantes sois vosotros, dos don nadie que estaréis en un cargo inmerecido un tiempo y luego desapareceréis del mapa, un suspiro del que nadie se acordará, que aunque al ministrillo de incultura se la haya ocurrido quitar el Premio Nacional de Tauromaquia nos da igual, porque vosotros pasaréis mientras el toreo seguirá porque es eterno y volverán ese y muchos premios. Nunca, jamás, podréis con algo tan grande y único como es este Arte, os lo aseguro. Así que ya sabéis, lo decía muy claro la pancarta desplegada por aficionados del 7 en la tarde del viernes. Y si no la has visto, Urtasun, búscala en google, se lee muy clarito. Ni nos vas a callar ni nos vas a amedrentar, somos muchos y valientes, no como vosotros, cobardes, sin la millonésima parte de atributos que tienen los toreros. ¿Te crees, Urtasun, que tus prohibiciones, te crees, Puente, que tu pinta grotesca y amenazante, van a afectar a un TÍO con mayúsculas como Román que el sábado se jugó la vida a cuerpo limpio sin miedo a nada? De verdad, no tenéis, como suele decirse, ni media torta para enfrentaros a estos hombres de verdad y a todos cuantos amamos, honramos y defendemos esta Fiesta nuestra. Así que, un año más vamos a llenar la plaza y a disfrutar de otro San Isidro, y el año que viene otro, y otro, y otro...mientras vosotros...pues eso, lo de la genial pancarta, c'est la vie.
Saldrán mejores o peores los toros, estarán mejor o peor los matadores, si picará bien, regular o mal, habrá grandes pares de banderillas, otros regulares y otros malos, habrá ovaciones y pitos,  habrá más o menos discusiones entre aficionados y tendidos, habrá tantas opiniones como aficionados, habrá de todo en San Isidro, pero lo importante es que lo habrá. De hecho, ya lo ha habido puesto que llevamos discurridas las tres primeras tardes y ya van quedando cosas en el recuerdo que, al menos a mí, me hacen sentir mi afición. Me hubiera gustado que la corrida que abrió la feria, la de Alcurrucén, hubiera salido buena y brava, no con la tendencia a la mansedumbre que tuvo con la salvedad de dos toros buenos, el primero y tercero, pero a pesar de todo no puedo borrar de la memoria tres naturales de Morante al segundo y dos trincherazos al cuarto de los que crujen. Como tampoco olvido la manera de parar y fijar en el capote al tercero, andándole hacia atrás, ni el ramillete de verónicas para colocar al toro para el segundo puyazo, ni las primeras tandas de Diego Urdiales con la diestra al tercero, ese toreo añejo del riojano, clasicismo y naturalidad, acoplado, trazando los muletazos en curvas delineadas con temple y suavidad, acople y reunión, la mano baja, ligazón y ritmo, el toreo que nunca muere. Ni tampoco puedo dejar de valorar las buenas maneras del confirmante García Pulido con el primero, gusto y buen manejo de las muleta en dos tandas en redondo de calidad, alargando el muletazo y siempre por abajo, así como su disposición, entrega y valor cuando las cosas se torcieron, sin perder nunca la compostura. Y si todo eso queda en mi memoria no podía pasar por alto a la cuadrilla de Morante en el cuarto, con un Curro Javier magistral en la brega, auténtica antología, y Joao Ferreira y Alberto Zayas cuajando un tercio de banderillas apoteósico, con la plaza puesta en pie. Tan solo un detalle que eché de menos y que debiera haberse visto. Ferreira y Zayas saludaron desmonterados la atronadora ovación con toda justicia. Curro Javier también se merecía desmonterarse, tanto como sus compañeros, y creo que esos detalles hay que cuidarlos. Por supuesto que esperaba  más de la tarde del viernes y me hubiera gustado que hubieran pasado muchas más cosas buenas, pero lo que me queda no me lo quita nadie, ni el dúo U-P.
Y como ya dije ante este San Isidro ya no para y después del viernes vino, como no podía ser de otra manera, el sábado, y después el domingo, aunque el dúo de insignificantes intentara lo contrario. Con la corrida de Fuente Ymbro se pudo ver lo que es una corrida de toros imponente de presentación y seriedad, seis ejemplares de unas hechuras extraordinarias y que tuvo como cualidad máxima la movilidad y la bravura. Y ante esos preciosos toros un hombre que vino con la verdad por delante y completó una tarde de Puerta Grande aunque solo cortara una oreja batallando contra dos toros y el viento tocando todos los registros. El segundo fue un toro bravo lleno de transmisión y emoción al que Román toreó en largo, echándole la muleta alante, siempre por bajo, y todo eso con el viento como enemigo. Sensacionales y arrebatadoras series por ambos pitones, derroche de temple y valor, lección de clase y entrega, la misma que tuvo el toro que todo lo quiso por abajo, humillando y repitiendo sin fatiga hasta el final de faena, toreo por bajo repleto de torería, una auténtica delicia. Y en le quinto se jugó la vida como nunca lo harán este dúo de cobardes. Un toro que miraba y buscaba carne en la que clavar sus afiladas puntas, peligroso a más no poder, pidiendo el carnet en cada pase. Se la jugó Román sin tapujos, expuso todo, no se guardó nada, pureza sin posibilidad de reproche, robando los muletazos uno a uno ante una plaza entregada a un hombre íntegro que de no haber marrado con la espada habría salido por la Puerta Grande camino del cielo más bonito que se puede soñar, el de Madrid. Y para los que no lo sepan, la verdad del toreo está en el triunfo de Román junto al dolor de Leo Valadez con el tercero, un animal que siempre iba con la cara alta, soltando derrotes violentos, tornillazos que acabaron por voltear al mexicano que tuvo que cruzar la puerta que ninguno queremos ver abierta, la de la enfermería. Por su parte Fandi estuvo en Fandi. Es decir, muy bullicioso con el capote y más aún en banderillas para hacer las delicias de sus admiradores con sus recursos, muchos con claras ventajas, y sus aún bastante mantenidas facultades físicas. Y poco más, porque con la muleta lo de tantas tardes, demasiados pases sin demasiado atractivo. Y para cerrar este arranque isidril la corrida de Baltasar Ibán, deslucida y baja de casta y raza, excepto un toro, de nombre legendario, Bastonito, el mismo que el de aquel de 1993 con el que César Rincón alcanzó la gloria del toreo en Madrid. Y al igual que aquel el de este domingo ha sido de una bravura descomunal. La pelea en el caballo ha sido de una belleza insuperable, arrancándose en largo, galope alegre, empujando con los riñones, la cara bajo el peto, dos puyazos majestuosos. Pedía un tercero, tal era su bravura, pero Francisco de Manuel pidió el cambio de tercio y quizás se equivocó. En la muleta siguió demostrando su bravura, humillaba y metía la cara con codicia, repetía con calidad, sobre todo por el pitón izquierdo que es donde la faena ganó en emoción porque, tras iniciar el trasteo de rodillas, creo que no llegó a encontrar el acople adecuado para explotar al máximo las excelentes condiciones del bravo Bastonito. Una pena porque un toro como ese no debía conservar las orejas en el arrastre. Por su parte ni Calita ni Alvaro Alarcón tuvieron opciones con sus respectivos lotes, sin fondo alguno. Eso sí, se llevaron muchas palmas al saltar a la arena venteña. 
Hoy, ya es lunes, descanso, y para el martes la primera de las novilladas antes del día del Patrón. Sigamos soñando y disfrutando de esta bendición del cielo que es el toreo. Y a U-P, ¡que les den!...lo de la pancarta.

Antonio Vallejo