lunes, 19 de mayo de 2025

José Ignacio Uceda Leal, TORERO

Clase, calidad, elegancia, empaque, naturalidad, suavidad, gusto, sabor, aromas, temple, compás, relajo, desmayo, pureza, verdad y sentimiento, en definitiva, TORERÍA. Eso ha sido la faena de José Ignacio Uceda Leal al cuarto, rubricada con una estocada marca de la casa, recto, hundiendo el acero hasta la bola, fulminante, y una oreja de ley, de mucho peso. Toreo eterno, toreo caro, carísimo, del de Usera al cuarto de la tarde, un precioso cárdeno de magníficas hechuras y mucha seriedad, enseñando las puntas, todo un santacoloma. Apuntó humillación en las verónicas templadas cargadas de gusto con que recogió al toro en las primeras embestidas, hizo sonar el estribo en varas, se durmió en el peto sin emplearse y en banderillas esperó sin demasiada entrega. Con ese bagaje se fue Uceda a brindar al público. Lo que vino detrás ni podíamos soñarlo. Los ayudados por alto del inicio fueron gloria pura, un trincherazo para quebrar el alma y uno de pecho largo para empezar a soñar. Dos tandas por el derecho de inmensa profundidad, relajado, la mano muy baja, desmayo y naturalidad, nada forzado, muletazos de temple descomunal, my despacio, pura armonía, ceñidos a la cadera, abrochando ambos con remates por bajo para seguir soñando. Por el izquierdo otras dos tandas aún más despacio, deteniendo el tiempo en cada embestida, naturales hondos, de una belleza infinita, temple, ligazón y compás, para no parar de soñar. Faena además perfectamente medida, cuatro tandas, dos, tres muletazos, no más, y el remate, no hace falta más, las esencias son así, caben en frascos pequeños, hay que saber administrarlas y son elegancia, el toreo eterno. Lo demás, los excesos, son vulgaridad. Para poner broche a este canto al toreo eterno dibujó auténticos carteles de toros en ayudados por bajo, trincherillas y pases de la firma, adornos finales por bajo para negarse a despertar de este mágico sueño que es la torería, este domingo enfundada en su figura. Rubricó como los más grandes, arriba, en todo lo alto, un mar de pañuelos de una plaza enloquecida y oreja sin discusión alguna para José Ignacio Uceda Leal, TORERO.
Ha sido tal la intensidad emocional de esta faena que eclipsa todo lo demás que hemos vivido en esta tarde en la que, un día más, y los que quedan, la plaza ha registrado otro lleno. Urtasun, ¿de verdad sigues creyendo que el toreo no interesa?. Corrida de La Quinta que ha traído a Madrid una corrida para mi gusto de excelente presentación, magníficas hechuras, los seis santacolomas auténticos, serios y ofensivos, con cara y sin necesidad de exageraciones por delante, que ha dado un juego variado destacando tercero, cuarto y quinto.
Corto de recorrido  el primero ya desde el saludo capotero, se quedaba en las telas, apuntaba humillación pero no acabó de  emplearse en los primeros tercios por su falta de poder y empuje. Muy justo en la muleta, lo cuidó Uceda, a media altura, excelente trato, sin poder obligarle por su falta de fuerzas pero el toro no pasaba, es más, se quedaba a medias y reponía obligando a perder pasos, incómodo y deslucido. Algunos muletazos tuvieron el empaque que impregna Uceda a su toreo pero en ningún momento la faena pudo tomar vuelo. Con la espada, un auténtico cañón, fulminante.
Un auténtico tío el segundo, dos velas que daban pánico. Corto recorrido y sin entregarse en el capote de Daniel Luque, las manos por delante, revolviéndose, incómodo, sin emplearse en varas pero con movilidad en banderillas, magníficos los dos pares de Raúl Caricol. Toro con complicaciones en la muleta, le costaba humillar y pasar, le concedió la altura y lo llevó con la muleta en la cadera para tratar de alargar el recorrido. Firme y comprometido el sevillano, lo llevó templado pero no se entregaba el de La Quinta, además de encerrar un peligro sordo que algunos creo que no vieron, sobre todo por el pitón izquierdo, se venía por dentro, aguantó y tragó Luque, y por ambos pitones logró componer  algunos muletazos de buen trazo y más profundidad, mediada la faena, obligándole más, bajándole la mano, mejor por el pitón derecho, pero el santacoloma colaboró realmente poco. El que hizo quinto pasó por los primeros tercios dejando algunos apuntes, por ejemplo en las verónicas de saludo en la contraquerencia parecía meter la cara, en el peto empujó de inicio pero luego se durmió,  difícil, casi imposible saber por donde podría salir en la muleta. Lo citó Luque desde los medios, buena arrancada del toro, toma la muleta por el derecho, con recorrido, dos derechazos profundos, un cambio de mano espectacular y un remate por bajo en el que mete la cara de maravilla por el pitón izquierdo, humillando con clase. Pero ahí, de repente, se acabó todo, ni idea por qué, si porque Luque no encontró el sitio ni la distancia, o porque el toro dijo basta y se agarró al suelo, pero lo que parecía que podía ser se quedó en un trasteo deslucido en el que no hubo continuidad ni emoción. 
Emilio de Justo bordó el toreo de capa en el tercero, verónicas templadas y profundas a un toro que repetía y metía la cara con calidad, dejando para el recuerdo dos medias verónicas excelentes y un quite por chicuelinas a manos baja llenas de emoción. Empujó metiendo los riñones en el caballo, buen tercio de varas, creo que el mejor de la tarde, arrancándose de lejos con un tranco sensacional. Todo apuntaba a algo grande pero en el quite por delantales de Uceda amagó con claudicar, y en banderillas ese galope ágil mostrado anteriormente se diluyó para esperar y cortar. Poderoso inicio de faena,  lleno de mando, genuflexo, la mano baja, llevándolo largo, con recorrido y un trincherazo  cargado de torería y emoción. No sé si el castigo en varas y ese arranque de faena en el que le obligó tanto mermaron las condiciones del santacoloma, pero lo cierto es que la faena no acabó de tomar vuelo y vino marcada por la irregularidad. Un par de tandas buenas por el derecho ligadas con emoción y profundidad en los muletazos en los primeros compases fueron lo más compacto. Luego bajó el nivel por el izquierdo,  le costaba al animal, seguía manteniendo la clase, pero faltó ligazón. A partir de ahí pases sueltos, unos más limpios que otros, sin continuidad y emoción decreciente. Devuelto el sexto por inválido salta el sobrero del mismo hierro, un toro encastado y con genio al que Emilio de Justo lidió echándole el capote abajo, andándole hacia atrás para llevarlo a los medios, la única manera de contrarrestar la tendencia a llevar la cara alta, defecto muy acusado en el caballo, el estribo no paraba de sonar. Magistral Morenito de Arlés en la brega, echando le capote al suelo, dando los lances justos y dejando al toro perfectamente en suerte para colocar los pares. Hincado de rodillas inicia la faena, dos derechazos largos y profundos para incorporarse y trenzar una serie por el derecho no demasiado limpia pero con emoción por los arreones del toro. Por ese pitón surgió lo mejor, otras dos series medidas ligadas en el sitio con la mano baja y tirando del toro con clase para cambiar al izquierdo por donde protestaba más y tocaba las telas, menos claridad en los naturales, solo alguno aislado con cierta hondura y calidad, corto recorrido, obligándole a perder pasos, y con el toro a menos, pese a lo cual no dejó de intentar robar hasta el último muletazo con firmeza y mucho compromiso, pero resultó inútil, ya no había más.


Antonio Vallejo


sábado, 17 de mayo de 2025

¡Ay si Adrián matara como Manzanares!

Pues sí, a estas horas estaríamos hablando de una faena apoteósica, de un gran triunfo, de la segunda Puerta Grande de este San Isidro 2025 y la cuarta del madrileño Fernando Adrián en Las Ventas, una como novillero y serían ya tres como matador: Pero no ha podido ser, una vez más el acero hace desvanecer todos los sueños y trunca todas las ilusiones que durante diez minutos han invadido a la plaza madrileña a través de su muleta.
Fue en el quinto, no hay quinto malo, Frenoso, un toro de Victoriano del Río de magníficas hechuras, posiblemente el mejor de la corrida en ese aspecto, bajo, fino, musculado, con cuello, y con una seriedad tremenda, dos perchas por delante para echarse a temblar. Movilidad y repetición en las verónicas de Adrián, buenas, ganando pasos, humillando con celo, arrancándose al caballo con buen tranco, hundiendo la cara abajo y empujando con los riñones en dos grandes puyazos a cargo de Alberto Sandoval, pelea de bravo, sumado a la movilidad en banderillas, colocando bien la cara. Vibrante y arrebatado el inicio de faena, a de rodillas en los medios, el toro en largo para un cambiado por la espalda de cortar la respiración, la punta del pitón que llega a tocar el brazo y casi arrolla al madrileño. Ya erguido liga series de derechazos por bajo, enroscándoselo, templadísimos, de inmensa profundidad, a cada cual mejor, rematadas con unos de pecho de antología, todo en un palmo de terreno, perfecta colocación. emoción desbordada con un toro que es todo entrega y empuje, humilla y repite con una bravura y una nobleza suprema, los olés que retumban y la plaza patas arriba. No decae el ritmo y la intensidad por el izquierdo, al revés, va a más en los naturales, hondos, arrastrando la muleta, ligados con  clase y belleza, un molinete repleto de gracia y unos de pecho descomunales con Frenoso encarnando la bravura, con una codicia pocas veces vista, no se cansa de seguir la muleta con el hocico hundido en  la arena, embistiendo con el pitón de dentro, infatigable, manteniendo el mismo tranco de los primeros tercios, incluso yendo a más, a pesar de lo avanzado de la faena, en una última serie por el derecho llena de temple y poder que desborda la emoción. Faena compacta y rotunda a un toro que ha derrochado bravura y una nobleza infinita rematada con bernadinas ajustadísimas de infarto y unos adornos finales por bajo repletos de torería, sobre todo una trincherilla de esas que te llena el alma y se clava en la memoria. Todos veíamos ya a Frenoso desorejado, es más, diría que lo ansiábamos, la pasión se había desbordado, todos queríamos empujar el estoque y hundirlo en todo lo alto, pero así es esto, así es la suerte suprema, da y quita la gloria, nos hizo despertar del sueño y la realidad cayó como una losa aplastando todas las ilusiones. Ovación atronadora para Fernando Adrián y para el toro en el arrastre, y dos detalles que me parece de enorme importancia destacar y que no entiendo. Primero, ¿quienes y con qué argumentos han protestado que diera una vuelta al ruedo más que merecida después de lo que nos ha hecho sentir Adrián?. Segundo, ¿donde demonios tenía escondido el pañuelo azul el presidente para premia con la vuelta al ruedo que sí o sí merecía este bravo y noble toro de clase descomunal?. Increíble.
Esto lo hemos vivido en esta preciosa tarde primaveral de cielo azul y temperatura perfecta que
comenzó, como cada 16 de mayo, con un respetuoso minuto de silencio en memoria del maestro Joselito "El Gallo", muerto en Talavera de la Reina un día como este del año 1920, presentando la Monumental  otro lleno y el cartel de no hay billetes como demostración que los toros, nuestra Fiesta, ni interesa ni atrae al público. ¡Vaya lumbreras que hay sueltos por ahí!. Una corrida anunciada con toros de Puerto de San Lorenzo (1º y 2º) y La Ventana del Puerto (4º y 6º) finalmente remendada con dos de Victoriano del Río (3º y 5º) muy seria por delante y, como es fácilmente comprensible, variada de hechuras, como para no serlo, en la que para enterarnos de quien era cada toro que saltaba había que mirar el programa de mano y andar atento. Con ese humor y esa finura en sus comentarios que tiene mi amigo Daniel Berzosa , con quien he compartido esta tarde, ya no sabíamos si el toro era del Puerto, de la Venta, de San Lorenzo o del Río de Victoriano. Y tiene toda la razón, parecía un trabalenguas. Chascarrillos aparte, me cesta creer que una ganadería como Puerto de San Lorenzo con sus dos hierros no haya tenido seis toros que pasaran el reconocimiento, sobre todo cuando he visto saltar al tercero, de Victoriano, que si ha pasado el control de los veterinarios ha sido por la cornamenta descomunal y absolutamente desproporcionada que presentaba, porque del resto iba justito y ni aparentaba los 534 Kg que marcaba la tablilla. Lo que más me gusta en la presentación de un toro, ya lo saben de sobra, es la armonía, y ese tenía todo menos armonía. Eso sí, muchos lo han ovacionado de salida, allá cada uno si lo que les gusta son los cuernos.
Sin poder decir que fuera bueno, sí tuvo condiciones el lote de José María Manzanares quien durante toda su actuación anduvo irregular, sin acabar de encontrar el sitio ni acoplarse.Tendencia a manso el primero, un tanto desentendido de primeras y buscando las tablas, pero cuando lo enceló en el capote, echándolo abajo y andándole hacia atrás, el toro respondió metiendo la cara, aunque posteriormente se entregó poco en el caballo, destapando su fondo de clase en el quite por saltilleras y revolera de Fernando Adríán. Tampoco iba sobrado de fuerzas, en banderillas ya estaba con la boca abierta, y mantenía la tendencia a irse de su condición de mansito, pero cuando el alicantino le puso la muleta en la cara y lo llevó tapadito y con la mano baja, tapándole la salida, el de Puerto de San Lorenzo respondió y surgieron una par de tandas de derechazos con profundidad y emoción. Pero igual que interpretaba una así, a la siguiente no encontraba el sitio la distancia ni la altura y se perdía el ritmo. Igual por el pitón izquierdo, lo mismo compuso algunos naturales hondos con buen trazo que en otros surgían los enganchones o el toro se iba. Muy irregular y sin sensación de tener las ideas claras. El cuarto echaba las manos por delante pero tuvo movilidad y celo en el capote de Manzanares que dejó alguna verónica con el empaque que atesora. Empujó y se empleó  en un primer puyazo largo que creo mermó sus facultades de cara a la muleta, si bien en las primeras series dejó patente su nobleza aunque las fuerzas le duraron tan solo las primeras tandas por el derecho, su mejor pitón, con profundidad y humillación. Pero al igual que en le primero no acabó de encontrar los terrenos y la faena acabó discurriendo por la misma línea, irregularidad e indefinición. Lo que no se le puede reprochar a Manzanares fue la manera de matar, dos estoconazos fulminantes ambos colocados en todo lo alto, ambas suertes claras candidatas a estocadas de la feria. La muerte del primero, espectacular, lo nunca visto. Como les he relatado, el toro tenía condición de mansito y por eso acabó la faena gazapón, sin acabar de pararse ni cuadrar, incómodo para entrar a matar y buscando refugio en tablas. Y fue ahí, pegado en paralelo a las tablas del 10 cuando se arrancó hacia el alicantino que estaba buscando la manera de cuadrarle yen una milésima de segundo reaccionó y enterró el acero hasta la empuñadura, más arriba imposible, ni un centímetro desplazado a uno u otro costado. En menos de 10 segundos el toro estaba muerto, fulminante efecto, y los tendidos en pie con una atronadora ovación. Esa muerte solo la ejecuta uno que es muy, muy, muy bueno, un maestro como el alicantino En el cuarto, de la Ventana, el volapié fue como nos tiene acostumbrados, antológico, con una facilidad y una seguridad sin igual, volcándose recto, tan arriba como el anterior, pasaportándolo en segundos. Y otra ovación que hizo temblar a la Monumental.
Pablo Aguado hizo el paseíllo de elegante y riguroso luto, negro y oro su vestido, negro absoluto,  sin un solo bordado, su capote de paseo, en memoria del gran Joselito, el rey de los toreros, Morante lo sabe bien. El primero de su lote, de Victoriano, como ya comenté antes, era tan desproporcionado como descompuesto, sus exageradísimos pitones no iban en consonancia ni a su carita ni a su caja, ni a sus 534 Kg - ¿realmente lo eran?, lo marcaba la tablilla, pero no lo parecía - pese a lo cual pasó el reconocimiento e incluso fue ovacionado de salida por bastantes. De verdad, hay cosas que no entiendo, pero para gustos... Toro con movilidad y cierta violencia en sus embestidas que repite en le capote y permite al sevillano componer un ramillete de verónicas con cierto temple y el gusto que imprime a su toreo. Inicio de faena por bajo con un par de trincherazos de crujido para tratar de someter la brusquedad del animal y comenzar por el derecho con tandas en las que el toro echaba la cara arriba enganchando la muleta, descompuesta embestida, sin acabar de entregarse en ningún momento. Por el izquierdo surgieron mejores naturales, más profundos, con más ritmo y ligazón, pero ya sabemos que al sevillano se le espera con la escopeta cargada y la paciencia con él es la mínima, y a esa alturas del trasteo todo discurría ya bajo constantes reproches a todo y con el toro cada vez a menos, muy deslucido todo. El sexto, este tocaba de La Ventana del Puerto, grande y alto, llevó siempre la cara alta, ni una atisbo de humillación, sin emplearse nada en ningún tercio, agarrado al suelo. Lo intentó Aguado en la muleta a ver si a media altura y aprovechando la inercia de sus 590 Kg podía sacar algo, pero con un toro a contraestilo y con el ambiente en contra no prolongó algo que tan solo iba a encrespar más los ánimos. Para colmo anduvo muy desacertado con los aceros en ambos toros, una sucesión de pincahzos que no ayudaron a aliviar las críticas. Se marchó en silencio respetuoso, como el elegante terno que lució ayer.
¡Ay si Adrián hubiera matado como Manzanares!, ¡de que estaríamos hablando hoy!

Antonio Vallejo

viernes, 16 de mayo de 2025

Mansedumbre, un antónimo en 24 horas

Tan solo han pasado 24 horas desde que las mulillas arrastraron a Brigadier, toro de Pedraza de Yeltes que ayer encarnó la bravura en toda su extensión, para tener que irnos, en lenguaje taurino, al antónimo para definir la corrida de hoy, precisamente día del Santo Patrón que da nombre a esta feria, no podía haber sido mañana, ¡hay que ver!, maldita casualidad. Mansedumbre, en eso se resume toda la tarde, no ha habido más. Decepcionante a más no poder, por ser finos y educados, el comportamiento manso y descastado de los Atanasio-Lisardos del hierro salmantino José Enrique Fraile de Valdefresno y que hoy quiero mostrar como ilustración de portada porque, a tenor de lo visto hoy, va ser difícil que vuelva a ser portada del programa de mano de cada día, que esta temporada es la ganadería acartelada. Pitados en el arrastre todos excepto el segundo, y con toda la razón, porque lo que hemos visto era de bronca de las gordas, aunque, increíblemente, la actitud de los tendidos, incluido el más crítico y ruidoso la mayoría de tardes, ha sido curiosamente tranquila. No quiero ver fantasmas pero me gustaría saber que hubiera pasado si estos mismos toros hubieran estado marcados por un hierro de Domecq. A lo mejor habíamos visto arder Troya, o a lo mejor me equivoco, ojalá, y por fin mantengan la línea de esta primera semana isidril, agradable sorpresa. Mañana mismo lo comprobaremos, viene Manzanares, y ya saben...
Un encierro que ha tenido presencia y seriedad, todos ofensivos, abiertos de cara y astifinos, con hechuras desiguales, siendo  el segundo, precisamente el único que en la muleta ha sacado su fondo de clase y nobleza, el más armónico y mejor hecho, haciendo bueno aquello de que no todos los toros que tiene buenas hechuras embisten, pero todos los que embisten tienen buenas hechuras.
Podría ir uno a uno contándoles el juego en cada tercio, pero creo que sería un aburrimiento repetir hasta seis veces que han saltado sueltos, sin fijeza, a su aire, desentendidos, sin entregarse en el capote, huyendo en muchos casos, marcando querencia desde salida, buscando la salida, barbeando. Pero así ha sido, no recuerdo nada reseñable en el primer tercio, quizás alguna de las verónicas que el confirmante Alejandro Chicharro recetó al que cerraba plaza encelándolo en el capote, con el toro metiendo la cara y repitiendo, templadas y con buen son, y ahí se acabó. De veras, no recuerdo ninguna corrida en la que no haya habido nada de nada en el toreo de capa. Para todo hay una primera vez, o eso dicen. Lo único que pido es que sea la última.
Siguiendo por tercios, vamos al de varas. No podía ser de otra manera siendo mansos que lo que se ha visto. No querían ir al peto ni por asomo, andaban por la plaza a su aire dos han sido picados por el que guardaba puerta porque pasaban por allí y ha habido que aprovechar la situación. Y cuando han entrado al caballo lo han hecho como su condición, haciendo sonar el estribo, doliéndose y saliendo al sentir la puya, dejándose pegar sin más, empujando prácticamente nada y  la mayoría haciéndolo con un solo pitón. Era de esperar. Tan solo ha habido un puyazo en el que se ha visto algo de lo que es pelea en el caballo, el primero al que cerraba plaza, con más codicia y metiendo los riñones. Sólo eso, porque lo que ha ocurrido en el primer puyazo al cuarto no ha sido  ni empuje ni celo en el caballo, ha sido la fuerza de la inercia de 622 Kg en movimiento chocando contra el peto y desplazando al caballo hacia las tablas, que no se confunda bravura con genio de manso en una arrancada, porque luego, una vez parado, se ha dormido en el peto. Lo digo porque he alucinado con la ovación de algunos, ¿a qué?.
Vámonos al tercio de banderillas, más de lo mismo. Mínima colaboración, esperando y cortando, todo lo han tenido que hacer los banderilleros con enorme oficio, profesionalidad y exposición. Menos mal que hoy se han reunido en Las Ventas un elenco de auténticos maestros de plata que han hecho que lo casi imposible pareciera hasta fácil. Nombres como Curro Vivas, Agustín de Espartinas, Álvaro López "Azuquita", Juan Carlos Rey (ayer magistral a las órdenes de Isaac Fonseca), Iván García, Joselito Rus y Fernando Sánchez, todo un lujazo, a ver quien lo mejora. Entre todos ellos ha habido dos que han cuajado un tercio sensacional viéndose obligados a desmonterarse para responder a la gran ovación, Iván García y Fernando Sánchez en el sexto. Dos pares de poder a poder de Iván dejándose ver, llegando a la cara para reunir y clavar con absoluta pureza y verdad, y un par de Fernando por dentro, en paralelo a las tablas, andando con su particular e inimitable estilo  arriesgando al máximo en terrenos enormemente comprometidos para dejar los rehiletes con verdad y emoción, tanta como la que aplicó en el que abría plaza, un manso que no paraba quieto, de aquí a allá sin hacer caso a los capotes y al que Fernando buscó también entrando de dentro a fuera con enorme compromiso. Menos mal que hoy estaban estos hombres en Las Ventas, no quiero ni pensar lo que hubieran sido las banderillas sin ellos.
Ya solo queda la muleta, ¿imaginan más o menos como ha sido la cosa?. Pues sí, seguro que aciertan y se pueden ahorrar lo que queda. Solo el segundo ha roto en la muleta y ha sacado su fondo de clase y nobleza. Bueno, ¿lo ha sacado o ha sido Paco Ureña el que se lo  ha sacado? Yo creo, estoy convencido, que ha sido la maestría y el saber del murciano el que lo ha hecho. Sensacional, lo ha entendido a la perfección y ha sabido darle la altura, la distancia, el ritmo y las pausas que el toro requería. Colocación impecable, temple exquisito, llevándolo cosido a la muleta, ni un toque, ni una brusquedad, trato sublime para componer tandas por el derecho de enorme profundidad y recorrido, unas con el compás abierto, otras más encajado y pies juntos, cambios de mano de bellísima factura y unos de pecho de pitón a rabo magníficos. Por el izquierdo aún más emoción si cabe, dándole el pecho, pies juntos, encajado, metiendo los riñones, pasándose al toro por la cadera a milímetros, naturales de máxima hondura y expresión acompañados por olés sentidos que olían a oreja, más aún con los muletazos de clausura, uno por bajo, genuflexo, dibujado en curva para alargar el recorrido y un par de trincherazos de los de crujir. Mata volcándose, casi entera algo delantera y el toro que tarda en caer, se traga la muerte y esa pausa creo que enfrió el ánimo de parte del público para sacar los pañuelos. Gran ovación, petición en el límite de la mayoría, no sabría decirlo, y saludos de Ureña desde el tercio. Yo creo que una vuelta al ruedo hubiera sido de ley y mucho valor, él se inventó la faena, él hizo bueno a ese segundo, él toreó con enorme sentimiento y él mató por derecho. No hay que perder el valor que siempre ha tenido una vuelta en Madrid. Y si busco algo más que destacar en la muleta puedo encontrarlo en el que cerraba plaza, un animal que tuvo movilidad y más fijeza, repitiendo en la muleta de Alejandro Chicharro, pero sin demasiada clase, más por arreones y genio propios de su fondo de mansedumbre que por entrega. Muy firme y decidido el madrileño que aguanta los arreones de un toro que en ocasiones se viene por dentro y le planta la muleta para ligar un par de tandas de derechazos con la mano baja, templados y con gusto y robarle algunos naturales hondos de mucha calidad con buen trato, pero entre la justa entrega del de Valdefresno y su escasa duración la faena no pudo tomar vuelo. Eso y que, además, para coronar la tarde, un nuevo chaparrón provocó la desbandada en los tendidos esfumando lo poco que podía quedar por hacer. Del resto de la corrida poco que decir. El gaditano David Galván tuvo que lidiar con un lote imposible, un tercero de 650 Kg tan grande como manso que tuvo cero entrega, además de peligro, duro y brusco. Firmeza y mucho compromiso, irreprochable actitud, nada más se le puede pedir. Más manso aún el quinto, deslucido y con el peligro ese de los mansos a la defensiva. Lo intentó de todas las maneras, con dignidad, pero nada había por hacer, tan solo quitárselo de en medio cuanto antes. No se le puede pedir más ni juzgar en esta tarde, sería totalmente injusto. El cuarto, para Paco Ureña, otro manso descastado y con malas intenciones, descompuesto y rebrincado, la cara alta, soltando arreones. Lo mismo que lo dicho para Galván, lo único sensato pasaportarlo con la mayor brevedad posible y salir ileso. Solo nos queda el toro de la confirmación, ¡vaya joya para Chicharro! Manso entre los mansos, sin querer saber nada de los engaños, huyendo desde el capote hasta la muleta, embestida a la defensiva aunque el tesón y el valor del de Miraflores consiguió que surgieran de la nada algunos muletazos con recorrido y profundidad, pero todo en un contexto sin estructura ni guión. Digo lo mismo que antes, más actitud imposible, poco más se le puede pedir. 

Antonio Vallejo

 

jueves, 15 de mayo de 2025

Bravura bajo el agua

Cuando a la siete de la tarde giraban los goznes para abrir la puerta del patio de cuadrillas y dar comienzo al paseíllo el cielo tampoco tenía tan mal aspecto, amenazaba, sí, pero como tantas veces, pasa y salvamos la tarde. Lo malo es que esta vez la amenaza se ha cumplido y, ¡madre mía!, que manera de caer agua sobre Madrid, que desapacible y que triste para el espectáculo unos tendidos medio vacíos y los que quedábamos en ellos refugiados bajo paragüas o, como era mi caso, gabardina, poncho y gorra para capear el temporal. Una tormenta descomunal la que sacudió Madrid ayer por tarde y bajo la que se vieron las caras los espadas Román, Jesús Enrique Colombo e Isaac Fonseca ante toros de Pedraza de Yeltes  reuniendo,  a más de tres cuartos de plaza en una tarde que no animaba a ir a los toros, y con los pronósticos que había. Vean si no la foto de portada y me dicen. Es la norma este San Isidro, o lleno  o muy buena entrada, como también ocurrió en la novillada de ayer, tres cuartos largos, y cada día más jóvenes, el futuro de la Fiesta, da gusto verles con la alegría que van a la plaza y como lo viven y sienten. Para que luego nos vengan con que los toros no interesan. 
Una corrida muy, pero que muy seria y bien presentadas, buenas hechuras y muchos kilos perfectamente soportados por el enorme volumen de los toros. Valga de muestra que el peso del más "pequeño" era 595. Desde ahí hasta los 667 Kg del que cerraba plaza, imagínense los ejemplares. Pero repito, iban acordes a sus cajas. En cuanto al juego ha sido variado y, para mi, algo por debajo de lo que esperaba. Uno ha destacado por encima de todos, Brigadier, el sexto, impresionante por el tamaño y por su bravura, de los que hay que apuntar para toro de la feria. Los demás, pues de todo un poco, un manso con mucha emoción  el primero, noblote y con fondo de clase el segundo, con mucho peligro el tercero, soso y deslucido el cuarto y el quinto imposible definir porque en ningún momento de la lidia se ha definido como nada, ni bueno ni malo, ni fu ni fa.
Bello se llamaba el que abrió plaza, e hizo honor a su nombre, un toro impresionante de 630 Kg grande, alto, largo y con mucho volumen, una seriedad que asustaba, dos puñales desafiantes apuntando al cielo por delante, y con una armonía y unas proporciones perfectas, todo iba acorde, no le sobraba nada, un animal imponente. Desde los primeros capotazos mostró su carácter encastado, movilidad y mucha energía, con buen embroque aunque peor remate, iba y venía, repetidor, con genio y fuerza. Le costó arrancarse al caballo cuando Román le colocó en largo pero cuando lo hizo fue con buen tranco aunque en la pelea empezó a dejar apuntes de su  otro carácter, manso, empujando con un solo pitón, hizo sonar el estribo y en la segunda vara se dolió y salió rebrincado. No fue cómodo en banderillas, cortó, sobre todo en el primer par, pero resolvieron con oficio César Fernández y Julio López. Lo tenía claro Román con la muleta, sabía lo que necesitaba ese toro, mando y poder. Por bajo, la muleta arrastrada para domarlo, al tercer muletazo la enorme fuerza del toro le desarmó con violencia, pero no se arrugó el valenciano. Por el pitón izquierdo, sin más probaturas, compuso dos tandas de naturales plenas de mando, en el sitio, llevándolo en largo, tratando de taparle una salida que buscaba, mucha emoción, encastados los dos, una lucha a ver quien mandaba más. Cambió a la derecha y los sensacionales derechazos en redondo de enorme profundidad, llevándolo con la cara muy tapada, ligazón y emoción, que acabaron por someter al de Pedraza que, definitivamente, se vio sometido y se rajó. Faena, para mi modo de ver, perfectamente concebida, estructurada y medida,  algo más de veinte muletazos, no hace falta más, con máxima emoción  de principio a fin, hasta los remates por bajo, genuflexo, cargados de sabor con los que cerró. Lástima que la espada truncara lo que iba para oreja segura. al final gran ovación y una vuelta al ruedo, con alguna polémica, que le tuvo que saber a gloria.
El segundo era el pequeñín de la corrida, tan solo 595 Kg de belleza y trapío, ¡que lámina la de este colorado!, para enmarcar, fino, bajo de agujas, pura armonía, preciosa cara, abrochadito de pitones pero con una seriedad tremenda. Con gusto las verónicas, casi delantales, y la media de remate en el saludo, toro con clase, mete la cara aunque algo justo de recorrido, repite y muestra nobleza.  Muy largo lo deja Jesús Enrique Colombo en varas, la segunda prácticamente en la boca de riego, se arranca pronto y con galope alegre, empuja con celo, la cara abajo y empujando con los riñones en un sensacional puyazo de Israel de Pedro. Rivalidad en quites, chicuelinas ceñidas del venezolano con mucho riesgo por el viento que enredaba el capote y le dejaba descubierto, verónicas muy templadas de Isaac Fonseca en su turno y réplica de Colombo por delantales repletos de gusto. En la muleta mucha clase y nobleza aunque le faltara poder para elevar la emoción. A eso hay que añadir que en este toro comenzó la tormenta, cielo negro, relámpagos y truenos y un diluvio que dejó los tendidos medio vacíos. En esas condiciones cuasi infernales tuvo que lidiar Colombo. Mucho temple y mano baja, muy sereno ya lo suyo, ajeno a todas las inclemencias, condujo la embestida con calidad, tandas ligadas por ambos pitones, despacio, y el de Pedraza respondía. Insisto, aunque faltara algo de empuje me hubiera gustado ver esa misma faena sin viento y con sol. Mató de una sensacional estocada y afloraron pañuelos. Muy difícil valorar la cuantía de la petición con tanto paragüas y la gente resguardándose del diluvio, pero si atiendo a las gradas y andanadas y lo extrapolo al resto, sí creo que era mayoritaria. Una vuelta al ruedo también protestada me parece justo premio. 
Ahí entró la corrida en una cuesta abajo que parecía insalvable. No solo tenían que enfrentarse al toros, sino a la naturaleza, tremendamente hostil y desagradable. El tercero, tan serio como sus hermanos, fue un toro con peligro sordo, que desde el capote medía, con movilidad pero sin entrega, cara alta, pidiendo mucho y concediendo nada, con no buenas intenciones, reponiendo y buscando.Digno Fonseca, trató de bajar la mano pero la muleta parecía una toalla de playa un día de viento....y de diluvio. El cuarto, muy largo y tremendamente ofensivo por delante, no tuvo nada, soso y deslucido a más no poder, a la defensiva en todo momento, la cara alta, pasaba sin más, como el que va a comprar pan. Nulas opciones para Román bajo una lluvia que parecía empezar a remitir. Tremendo fue el atasco con los aceros, al  filo del segundo aviso por fin consiguió quitárselo de en medio, menos mal, porque había entrado en una fase de nervios peligrosa. El quinto salió con muchos pies y poco fijeza, bien Colombo encelándole en el capote, buena lidia. Muy mal picado, fatal realmente, un despropósito, antes de pasar al tercio de banderillas que el venezolano interpretó al igual que hizo en el primero de su lote. Es un portento físico, todo potencia y espectacularidad, pero con ventajas, a toro pasado, y se le recriminó. Solo creo que se pueden salvar el tercer par de cada uno de su lote, ahí sí que cuadró mejor, más en la cara, con más pureza. Nula entrega en la muleta y sin definirse el toro. Lo mismo arrancaba que se quedaba, unas veces pasaba y otras se quedaba a media, sin salir. Trasteo sin ritmo ni emoción en el que Colombo sólo pudo poner voluntad.
Bajo tanta agua todo parecía conducir al naufragio ya pasadas las nueve de la noche. Parecía que la tormenta daba una tregua, fue un espejismo, cuando se abría la puerta de toriles para dar salida al que cerraba plaza, Brigadier de nombre, me gusta, ¡667 Kg de bravura y trapío!. De veras, no le sobraba ni un gramo, una estampa espectacular, un colorado alto, voluminoso, pero todas las piezas encajaban a la perfección, proporciones exactas, y bravo de principio a fin. Movilidad y entrega en el capote, repitiendo con codicia, humillando mucho, enorme clase, lo para Fonseca, capote abajo, andándole hacia atrás, llevándolo hacia fuera, magistral lidia, y el toro colocando la cara con una calidad suprema. ¡Vaya tercio de varas!, muy bien el mexicano colocándolo en largo, Brigadier se arranca,  galope de bravo y pelea de bravo, la cara hundida en el peto, codicia, metiendo los riñones, tres puyazos, extraordinario el último, a cargo de Borja Lorente, agarrado arriba y delantero que puso a la plaza en pie. ¡Cuanta belleza encierra este tercio cuando se ejecuta como debe ser!. Una pena que en los últimos tiempos se esté perdiendo y convirtiendo en un molesto trámite que hay que pasar, con lo importante que es para que el toro llegue en las mejores condiciones a la muleta. Y si espectacular fue este tercio,¡que decir del de banderillas!. La imagen de la cuadrilla saludando montera en mano a su final es el mejor resumen. Raúl Ruiz bregó con una maestría superlativa, Juan Carlos Rey y Jesús Robledo "Tito", colocaron los palos con una verdad, una pureza y una exposición máxima, y la plaza en pie sin importar ya que lloviera. En la muleta llegó la locura, bravo el toro y bravo el matador. De rodillas en los medios, derechazos profundos y largo, vibrante y arrebatado arranque abrochado con uno de pecho eterno aún de rodillas, la caldera de Las Ventas subiendo grados. Ya vertical tandas por el derecho majestuosas del mexicano, el compás abierto, embraguetado, enganchando la embestida alante, temple y mando, la muleta arrastrada, ligando en el sitio, emoción desbordada, toreo muy caro, y el toro con el hocico hundido en la arena, máxima expresión. Menos claro por el izquierdo, menos entrega, algún enganchón en los naturales que al final surgieron con más hondura. En las postrimerías acortó distancias Fonseca para apurar las última embestidas de este gran toro, muletazos entregado, con la misma profundidad y ritmo para abrochar la faena con remates por bajo repletos de gusto torería, trincherillas y pases de desdén para soñar con una plaza entregada a toro y torero. Faltaba tan solo la rúbrica, la que da y quita, la suerte suprema, la espada. Nada importó un pinchazo al primer intento, se volcó al segundo por derecho, como si toda su vida dependiera de ese instante, sin miedo, desafiando la envergadura de Brigadier, para hundir el estoque en todo lo alto y honrar con esa muerte fulminante a este bravo toro de Pedraza de Yeltes. Oreja de ley, oreja de peso, oreja sin discusión para Isaac Fonseca y merecida vuelta al ruedo para Brigadier, otro toro más para inscribir con letras de oro en la historia de esta plaza, un canto a la bravura bajo el agua que ayer regó Madrid.

Antonio Vallejo

miércoles, 14 de mayo de 2025

En trece y martes no hay quinto malo para un 2 x 1

No, no se me ha ido la cabeza con este título, tiene su explicación, como casi todo. Lo de martes y trece es obvio, la fecha de esta primera novillada de este San Isidro 2025, poco apropiada para supersticiones, que en esto del toreo hay muchas, y la decepcionante novillada de Alcurrucén da la razón a los supersticiosos. En trece y martes ni te cases ni te embarques, dice el refrán. A lo mejor hay que añadir, ni programes una novillada como la de hoy para tres jóvenes cargados de ilusión a los que les pones un muro infranqueable por la poca bravura, raza y fuerzas de las reses echando por tierra todos su sueños e ilusiones. Dos novillos devueltos por inválidos, alguno más también debería haberse ido a los corrales, pero vaya usted a saber lo que hay en los corrales y si el presidente se lo ha pensado mucho antes de sacar el pañuelo verde más veces. Y los que no han sido devueltos han prestado mínimas opciones para el triunfo, sosos y deslucidos, a excepción de uno que ha salvado la tarde, el quinto, que, siguiendo con refranes y dichos, ha hecho bueno ese tan torero de "no hay quinto malo". Bueno, ya parece que todo va encajando, ¿no?. Pero, ¿y el 2 x 1?. Muy fácil. El domingo estuve en la corrida de Fuente Ymbro, muy larga y pesada, acabó a las 21:44 horas, llevaba arrastrando un catarro desde días atrás y el frío que hizo esa noche me dio la puntilla. No tenía cuerpo ni ganas de escribir, solo llegar a casa, calentarme y descansar, igual que ayer, sin acabar de recuperarme y con una jornada de trabajo intensa que me dejó para el arrastre. Hoy ya es otra cosa, más entonado y sin el cansancio acumulado que llevaba, pero también ha sido una corrida larga y pesada, tan solo cinco minutos más breve que la del domingo, a las 21.39 horas hemos desfilado camino de la calle Alcalá con menos frío, sin el viento helador del otro día, algo es algo, y me he dicho, ¿por qué no junto en una entrada lo que me han parecido ambas corridas?, un 2 x 1 en toda regla con las fotos del reloj de Las Ventas como testigos de la hora que dobló el último toro/novillo.
Como les decía, la novillada de hoy ha sido, en mi opinión, una losa echada encima de las ilusiones de Sergio Sánchez, Aarón Palacios y Javier Zulueta. Deslucida y sosa, sin rastro de bravura, muy justa de fuerzas, nulas opciones a excepción del quinto, un colorado ojo de perdiz de buenas hechuras y seriedad al que Palacios se fue a recibir a porta gayola con una larga cambiada, con actitud de novillero, con esas ganas de comerse Madrid para triunfar, sin dejarse nada atrás. Novillo con mucha movilidad pero un tanto abanto, se va suelto, atiende poco a los capotes, sin demasiada entrega. Muy mal picado, fatal, en línea con lo que ha sido toda la tarde, pero que en banderillas va centrándose más para llegar a la muleta con la movilidad intacta, buen embroque aunque peor remate, reponiendo y viniéndose por dentro. Desde que tomó la muleta y se fue a los medios para plantarse de rodillas se veían las ganas y el compromiso del zaragozano. Vibrante arranque, ayudados por bajo con recorrido, máximo compromiso, para recuperar la verticalidad y trazar dos derecahzso y uno de desdén para rematar que desata la locura entre sus seguidores maños, que eran unos cuantos, por cierto, vaya si se han hecho notar. Buen concepto del toreo, colocación y mano baja como carta de presentación, un par de tandas de derechazos con buen trazo, ligando con clase aunque le haya faltado un punto más de temple y distancia para que el trasteo cobrara mayor dimensión, carencias lógicas en un novillero que a buen seguro mejorará. Pero por donde ha tomado vuelo la faena ha sido por el izquierdo, tandas de naturales superlativas enroscándose la embestida, trazo curvo con emoción y belleza, mucha hondura, rematando con unos de pecho de gran enjundia que han despertado los olés aletargados y la pasión de sus más incondicionales en los últimos compases, toreando al natural con más despaciosidad para dejar dos o tres naturales majestuosos. Los adornos finales por bajo han desprendido torería y nada ha importado que tras enterrar la espada a la primera el novillo no doblara y tuviera que ser al segundo golpe de descabello cuando lo hiciera para que afloraran los pañuelos de manera, al menos me la ha parecido, mayoritaria. Una oreja para Aarón Palacios de mucho peso aprovechando el único novillo con opciones.
Del resto de la novillada no se puede decir lo mismo. El propio Palacios lo sufrió en el segundo bis, un sobrero de mismo hierro titular que tuvo movilidad pero poco más, justo de clase y entrega, la cara alta, punteando las telas, incómodo y sin llegar a romper. Apuntó el buen concepto del toreo que después mostró pero poco más hubo. Por su parte el pacense Sergio Sánchez se topó con un lote soso y sin fuerzas con el que tan solo pudo dejar detalles de lo que puede ser su toreo. No le faltó disposición y ganas de mostrar su concepto, lo hizo con el capote en el que abría plaza, muy bueno el quite por saltilleras replicando a las verónicas de Palacios en su turno de quites, y con la muleta siempre buscó la colocación y bajar la mano, aseado, tratando de hacer las cosas bien, pero la falta de raza y empuje de sus novillos difuminó la voluntad y el empeño quedando todo a medias y sin acabar de definir. Por ponerle un pero, que quizás se haya echado de menos intentar dar un paso más y ponerle algo más de corazón a la técnica y el buen trato. Pero todo se andará, le queda tiempo. El sevillano Javier Zulueta me ha dejado buenas sensaciones con el capote, sobre todo a la verónica, templadas, jugando las muñecas con suavidad, acompasadas, sentidos saludos capoteros a sus tres novillos, el tercero, devuelto por inválido, el tercero bis, un sobrero de Montealto que parecía un toro por peso, hechuras, morrillo y barba, y el sexto, quizás en este las mejores verónicas ganando pasos, llenas de aromas. Este novillo también tuvo que ser devuelto, su invalidez era tan evidente como la de los dos anteriores que vieron el pañuelo verde, pero el presidente no mantuvo el mismo criterio y decidió mantenerlo con la consiguiente y lógica protesta. Una duda, ¿como están los corrales de novillos?, ¿hay ejemplares de garantías?, ¿hay miedo a que pase los del domingo con los dos sobreros de Chamaco?. Mejor dejemos eso para el 2 x 1 y sigamos con Zulueta. En medio de un ambiente infernal por la no devolución del sobrero tuvo que torear a un novillo exigente pero lastrado por sus mermadas condiciones físicas. Embestida seca y brusca, unas veces con entrega, otras más a su aire sin aportar continuidad. Hubo muletazos de mucha profundidad, pasándoselo por la cintura, pero faltó ritmo para levantar el vuelo dejando en el aire la sensación de que lleva mucho arte dentro que no ha podido salir a la luz por la falta de condiciones de sus oponentes. Eso fue aún más evidente con el que cerraba plaza  a un animal tardo, al que le costaba pasar, no repetía, muletazos sueltos sin ligazón posible, tan solo algunos apuntando el sabor que puede guardar el toreo del sevillano. 
Para completar esta entrada nos queda reseñar la corrida de Fuente Ymbro del domingo en la que Miguel Angel Perera tuvo en su  mano una oreja segura ante el cuarto, quien sabe si dos de haber matado bien, e incluso otra con el sobrero que tras devolverse el que abría plaza perdida por el mismo motivo, Paco Ureña se quedó a medias con un buen segundo con bastantes opciones, y Ginés Marín confirmó su madurez y lo gran torero que es, sobre todo con su poderosa mano izquierda. Como la de hoy, fue una corrida muy larga, dos horas y cuarenta y cuatro minutos que, a pesar de lo que les he reseñado, se hizo muy pesada, sobre todo por las devoluciones del primero y quinto. 
Antes de nada quiero centrarme en lo que ocurrió el domingo con los sobreros y que me parece algo impropio de la que se considera la primera plaza del mundo. Los dos ejemplares de Chamaco que saltaron al ruedo fueron idénticos, por edad, hechuras y comportamiento. Ambos ya muy cerca de los seis años, ambos hondos, con mucho volumen y a mi juicio con unos cuantos kilos de más, muy serios, eso sí, imponentes por delante, y ambos con la sensación de que sabían más que los ratones coloraos que suele decirse. Ambos eran mansos, eso puede ocurrir, pero de verdad, ¿cuanto tiempo llevaban en los corrales?. No quiero pensar mal, pero parecían muy corraleados, y eso es indigno para Madrid y más aún en pleno San Isidro. No sé lo que habrá guardado para lo que resta de feria, pero visto lo visto cualquier cosa es posible. Ojalá me equivoque.
La lección de mando y poder que dio Perera con su lote me pareció magistral. Sobre todo con le primero bis, un manso resabiado que no quería saber nada y que tenía además el peligro de los mansos, aguantó parones y derrotes bruscos, tragó lo indecible, pero firme plantándole cara sometió a base de ponerle la muleta, bajarle mano y taparle la salida para así embarcar las embestidas en derechazos y naturales que por momentos cobraron una enorme dimensión por largura y profundidad. Con el cuarto alcanzó cotas de toreo excelso por ambos pitones, con un sentido de la distancias y el temple fuera de serie. Tandas de derechazos en redondo de inmensa profundidad, ligadas en el sitio, ni un toque a las telas, los de pecho de remate sensacionales. Por el izquierdo le costó más. Cierto es que el viento le dejó descubierto en la primera tanda con la zurda y pareció que se estropeaba, pero el mando volvió a imponerse y acabó trazando naturales de una lentitud y una hondura difícil de imaginar. Faena de mucha importancia que de nos haber sido por el tremendo atasco con los aceros olía a triunfo rotundo. Pero habrá más oportunidades de verle y estoy convencido que, a poco que embistan los toros, le vamos a ver cortar orejas. 
Paco Ureña solo tuvo un toro apto en su lote. El quinto bis, otro sobrero de Chamaco de idénticas, o incluso peores, características al que le tocó a Perera, no dio la mínima opción. Es más, este quinto bis, era una alimaña con muy malas intenciones ante el que el murciano  pero nada pudo hacer. Lo malo es que con el segundo, un fuenteymbro con clase y buen tranco, se quedó a medias, creo que sin llegar a acoplarse y así poder sacar todo su fondo. Hubo algunas tandas con muletazos de calidad, ligados por bajo, derechazos profundos con emoción, pero duró poco y todo se fue diluyendo en un tono más gris sin ritmo. En definitiva, creo que ese toro se fue en tiro de mulillas con mucho sin mostrar.
Ginés Marín volvió a demostrar el momento sensacional que atraviesa y que está instalado en la parte alta del escalafón por méritos propios. Sensacional con el capote, ¡como fueron las chicuelinas a manos bajas en su turno de quites al segundo!, ¡y las verónicas de saludo al tercero!, ganando terrenos, temple y compás. Pero aún más sensacional con el toreo al natural en ese tercero, ritmo y ligazón, naturales templados, hondos, ligados con una naturalidad y una limpieza máxima, un cambio de mano eterno, algo a lo que ya nos tiene acostumbrados, además de unos remates por bajo repletos de sabor, sin olvidar las tandas por el pitón derecho llenas de poder en los primeros compases de la faena. Solo la espada le privó de un trofeo que creo hubiera sido de justicia. El que cerraba plaza no tuvo nada, deslucido a más no poder, ni un pase, pese a lo que Ginés trató de buscarle las cosquillas y trató de sacra algo, pero no había donde sacar, un toro vacío con el que lo mejor que pudo hacer fue quitárselo de en medio a la mayor brevedad, que ya se hacía muy tarde y estaba muerto de frío.
Espero que la oferta del día haya merecido la pena y el martes trece haya pasado sin sobresaltos. Será hasta mañana con la corrida de Pedraza de Yeltes, y dicen que va a llover. ¡Lo que me faltaba!, ahora que empiezo a encontrarme bien.

Antonio Vallejo

sábado, 10 de mayo de 2025

¿Para qué esperar?


 ¿Para qué esperar a más adelante para abrir la Puerta Grande si en la primera de San Isidro puedes hacerlo y así dejamos el trabajo resuelto y  al menos nos aseguramos un triunfador de la feria, no vaya a ser que en todo lo que resta vengan mal dadas? Quizás eso fue lo que el presidente debió pensar ayer a la hora de conceder, con cierta generosidad, la segunda oreja a Talavante en el cuarto de la tarde, un veleto muy serio y de buenas hechuras que en los primeros tercios escondió sus embestidas bajo una capa de movilidad suelta y desentendida, iba y venía sin demasiada fijeza, para mi desconcertante, con apuntes de entrega y bravura, pero sin tener la impresión de que pudiera romper en la muleta como lo hizo. Esa es la gran diferencia entre la ignorancia de quienes nos sentamos cómodamente en los tendidos y los que están ahí abajo vestidos de luces y mirando a la muerte cara a cara, que no vemos ni una mínima parte de lo que realmente ahí y encima nos permitimos el lujo de criticarles, con lo elegante y respetuoso que es el silencio. Talavante sí lo vio y lo entendió, nada más tomar la muleta, tenía claro los terrenos, los del 5 y el 6, las distancias y la altura, todo lo llevaba en su cabeza para dibujar con trazo fino sobre el lienzo del ruedo venteño una muy buena faena, incluso rozando la categoría de gran faena. De principio a fin, desde los primeros compases por bajo, trincherillas llenas de sabor, hasta los remates finales también por bajo, de ensueño, todo discurrió con ritmo, continuidad y naturalidad, todo fruto del temple exquisito que ayer aplicó el extremeño. Relajado, por momentos abandonado, siempre la mano muy baja, por ambos pitones, arrastrando la muleta, encajado, enroscándose el toro a la cintura en series en redondo de enorme profundidad, naturales de una hondura extrema, cambios de mano eternos, toreando siempre muy despacio, por momentos parando el tiempo, llevando cosidos los pitones a la franela, ni un enganchón, todo suavidad, rematando las tandas con majestuosos de pecho rematados a la hombrera contraria. Ni un altibajo tuvo la compacta faena, incluso diría que fue a más para alcanzar el cénit en el epílogo con trincherazos que, ahora sí, pusieron a la plaza en pie. Se tiró a matar por derecho, marcando los tiempos, enterrando la espada arriba como si fuera mantequilla, con la misma naturalidad y suavidad que toreó, un mar de pañuelos para la primera oreja y, aunque decreció algo, mayoritaria petición de la segunda oreja. Aquí viene la opinión, y cada uno tendremos la nuestra. Yo les voy a decir la mía, para algunos será acertada, para otros absurda, seguro. Siempre se ha aplicado el aforismo que una buena faena vale una oreja y la estocada otra, pero dejarlo todo a las matemáticas no es toreo, valdrá para la inteligencia artificial esa que ahora está tan de moda, con lo grande que es la inteligencia natural que Dios da al hombre. Ese aforismo podríamos aplicarlo ayer y entenderíamos que, si la espada cayó en lo alto, como parecía, bien vale el segundo trofeo. Pero resulta que mató justo en el extremo contrario a mi asiento y, a esa distancia soy incapaz de valorar si se podía discutir algo la colocación de la espada, pero sería algo de milímetros o poco más - siempre me ha parecido un tanto ridícula esa discusión - luego puedo entender la petición y la concesión de ese segundo trofeo. Ahora voy con el primero, el que según el aforismo corresponde otorgar a la faena y se concede por petición del público, y era indiscutible la petición. Llegados a este punto me imagino que se preguntarán que, si he dicho todo esto, ¿dónde está el problema o la discusión?. Pues les explico mi punto de vista, que nace de eso inexplicable que tiene el toreo y que se llama sentimiento, algo que no se puede tocar ni medir, pero que me decía que me faltaba "algo". Me gustó la faena, mucho, me gustó la estocada, en ejecución y colocación, pero  hay algo que no sé definir ni contar que me decía que al conjunto le faltó algo para llegar a desatar la pasión, esa que solo sentí en máxima expresión en los remates finales y que fue el único momento que la plaza se puso en pie y rompió en olés sentidos. Sin duda, una vez más, creo que quien mejor juzgó lo de ayer fue mi gran amigo y compañero de abono tantos años, Raúl, que dijo que para él era de oreja y media. Mejor ilustrado imposible, maestro. Eso indescifrable que sentí que faltaba es ese medio puntito para el segundo trofeo. Luego que cada uno aplique el redondeo a su gusto, los dos me parecen igual de respetables, pero personalmente me inclino por una oreja como premio, que hubiera sido de muchísimo peso y que no sabemos si va marcar el rasero del palco a la hora de conceder trofeos, por lo que puede que a partir de hoy esto lleve a brotar una crispación que en la tarde de ayer parecía ausente. Ya veremos.
Del resto de la bien presentada y seria corrida de Victoriano del Río y toros de Cortés habría que reseñar los destellos de toreo caro de Juan Ortega al tercero, un toro con nobleza y fondo de clase pero justo fuerzas y escasa duración, al que recibió a la verónica con temple y más expresión que profundidad y que en la muleta tan solo le permitió expresar su toreo en un par de tandas por el derecho desbordantes de temple y sentimiento, Sevilla en su máxima expresión, pero se quedó en eso, detalles. Nada pudo lucir por el imposible pitón izquierdo, como tampoco pudo lucir ante el enorme quinto, un trolebús de 640 Kg que no tenía nada, ni clase ni entrega, absolutamente imposible. Sí destacar al sevillano en la réplica al quite por verónicas de Talavante en el tercero, por chicuelinas a manos bajas, ceñidas y garbosas, repletas de aromas de azahar, poco más pudo brindar Ortega con lo que tuvo delante. Cariñosas palmas en el tercero y silencio en el sexto como balance final.
Por su parte, el confirmante Clemente, me dejó buenas sensaciones, firmeza y valor, disposición y buenas maneras, tratando de hacerlo todo bien, con las ideas claras, buscando la colocación, sacando muletazos en redondo con empaque y profundidad al complicado toro de su confirmación, plantándole la muleta planchada, siempre buscando llevarlo por bajo, buen sentido del temple, también aguantando parones y alguna que otra colada, tragando también ante el peligroso sexto ante el que poco más que demostrar disposición pudo hacer. Obtuvo ovación de reconocimiento en le primero y respetuoso silencio en el sexto.
Después de contado todo esto y como podrán imaginar quienes conozcan esta plaza de Las Ventas, hubo discusión durante y tras la vuelta al ruedo de Talavante con los dos trofeos cortados al cuarto y desde el 7 se escucharon los primeros gritos de la feria contra el palco por su generosidad o por ceder ante la petición, eso es opinable. Tienen derecho y, más que probablemente a mi entender, razón para protestar la decisión. Además lo hicieron en su momento y de manera correcta, nada se les puede ni debe objetar en su comportamiento en la tarde de ayer, impecable de principio a fin, las cosas como son. Salvo uno, que vino a la plaza con la idea de dar la nota y buscar su segundo de gloria, al que no se le ocurrió otra cosa que, segundos antes de que entrara a matar Talavante, soltar su grito preparado desde casa: "¡empieza a torear!". Por desgracia siempre cabe un tonto más en esta plaza. ¿Para qué esperar a otro día si podía hacer el ridículo el primero y dejar los deberes hechos para todo lo que resta?, debió pensar el individuo.

Antonio Vallejo

lunes, 10 de marzo de 2025

Ortega, Talavante y Adrián, temple, pureza y verdad

Un año más, una temporada más, a la que ayer abrí las puertas junto a un grupo de inmejorables amigos que hemos hecho de esta Feria del Milagro de Illescas  una tradición que disfrutamos con una buena comida y una mejor sobremesa para llegar a la plaza con muchas, muchísimas, ganas de ver toros. Ya se hacía largo desde aquel12 de octubre en el que dijimos adiós a la pasada temporada, así somos, no tenemos arreglo, nos gusta mucho, que le vamos a hacer, es nuestra Fiesta, es nuestra afición y la llevamos muy dentro. Y a juzgar por el extraordinario aspecto de los tendidos, lleno, pude contar una veintena de asiento vacíos, fuimos muchos los que teníamos el mismo sentimiento. Vamos, que los toros no interesan, o eso dicen algunos personajillos como ese instalado en un ministerio como el de incultura, ese ejemplar cuyo encaste y procedencia conocemos bien y que, a pesar de eso, chupa del bote y cobra del dinero de los españoles. Su nombre de pila ni lo recuerdo ni me importa, pero se apellida Urtasun, que en vascuence debe significar algo así como "el que no sabe quien es su padre", cuyo odio visceral a España - repito, de la que vive a cuerpo de rey - le ciega en sus intentos por eliminar la tauromaquia haciendo cosas tan ridículas como expulsarla de los premios y medallas a las artes que cada año convoca. Como si eso nos hiciera daño, ni el mínimo rasguño. Su pretendido desprecio es el mayor aprecio y, al menos para mi, no participar de ese mundo que llaman "del arte" y de "la cultura" - salvo honrosas excepciones todos comunistas millonarios que han hecho fortuna la mayoría de las veces por las descomunales subvenciones públicas para poder realizar sus panfletos - es un honor. El toreo es mucho más que todos ellos juntos, sus valores son inalcanzables para ellos. De hecho ya se han convocado otros de más prestigio y valor que los de ese ministro de tres al cuarto. Ya lo he dicho muchas veces pero lo repetiré al menos otras tantas más, este sujeto pasará y quedará en el olvido absoluto, pero  nuestra Fiesta seguirá, y tendremos una temporada 2025, y 2026, y 2027, y 2028, y 2029... y así hasta el fin de los días, porque el toreo es eterno, les duela donde les duela. 
De recordárselo se encargaron ayer sábado José maría Manzanares, Alejandro Talavante, Fernando Adrián y Juan Ortega, también lo hicieron Castella y Emilio de Justo en Valdemorillo hace un mes, hoy mismo repiten Talavante y Ortega en Olivenza, donde ayer iba a haber hecho lo propio Morante, solo la lluvia lo impidió, esta mañana ha sido  Olga Casado la que ha hecho soñar el toreo en esa misma plaza, esta semana serán quienes hagan el paseíllo en Fallas, luego en la Magdalena de Castellón, y vendrá Sevilla, y Madrid, Bilbao, Pamplona...y casi todas las ciudades y pueblos nuestra geografía a la que, por algo será se conoce como la piel de toro. Así que, señores, empecemos a soñar, ¡que esto no hay quien lo pare!.
Cuando se anunció esta corrida se la calificó como "monstruo". Nada menos que ocho toros, cuatro de Luis Algarra y cuatro de Daniel Ruíz,  una barbaridad, sinceramente, demasiado larga, es lo primero que pensamos. Pero, ¿quién no iba a sacar entradas si se anunciaban Manzanares, Talavante, Adrián y Ortega?. Nosotros lo teníamos claro, había que estar allí, no íbamos a perdérnosla. Claro, por aquel entonces no podíamos ni imaginar la tarde que iba a hacer. Lluvia incesante, viento y frío, desapacible a más no poder, y eso que la plaza de Illescas es cubierta y cómoda, pero los continuos aguaceros invitaban a quedarse en casa. Ni en broma, ninguno nos lo pensamos, allá que fuimos para llenar la plaza y, al final, encontrarnos con otra lluvia dentro, de orejas, seis en total. Y de antemano ya lo digo, no voy a juzgar si las orejas fueron justas o generosas, si el ambiente festivo influyó para no poner freno a la alegría a la hora de la petición de trofeos, si el presidente hizo bien o mal, porque no debemos olvidar que esto es una Fiesta, a la que se debe ir a disfrutar, no a cabrearse constantemente y sacar punta a todo. Así que, por mi parte, bienvenido el diluvio de emoción y diversión que vivimos.
Ocho toros desiguales de hechuras y de presencia, destacando a mi modo de ver el primero, un castaño muy serio, abrochado de pitones, con trapío más que suficiente para una plaza de tercera, el sexto, hondo y cuajado, badanudo, con mucho morrillo y caja, y el séptimo, un precioso colorado ojo de perdiz armónico y serio, bellísima lámina. El resto, excepto el cuarto, anovillado y muy justito de presencia y seriedad incluso para esta plaza, correctos, sin más. Y por juego hubo tres, tercero, cuarto y sexto con mucha clase y nobleza, además de fijeza y entrega y que permitieron el triunfo de Talavante, Ortega y Adrián. Deslucido y con muy pocas opciones el lote de Manzanares, con poco motor el segundo y séptimo e inválidos el octavo y octavo bis, que también debió haber sido devuelto pero que por la hora que era ya entre unos y otros decidieron mantenerlo en la plaza, no parecía que tuvieran ganas de alargar más el festejo.
Fue curiosamente en la mitad del festejo, con el cuarto, el de perores hechuras y presencia pero el de mayor calidad, nobleza, entrega y humillación cuando llegaron los momentos de mayor emoción y sentimiento de la tarde. No quiero imaginarme lo que hubiera sido si ese toro hubiera tenido unos cuantos kilos más y mayor seriedad por delante, probablemente estaríamos hablando de una de las posible faenas de la temporada, lo que no impide que califique de obra maestra el toreo de Juan Ortega al de Daniel Ruíz, pero hay que reconocer que el escaso trapío lo condiciona. De principio a fin fue una lección magistral de temple y torería, toreando muy, muy, muy despacio, deteniendo el tiempo, ya desde el ramillete de verónicas da saludo, templadas y cadenciosas, aromas de azahar, sabor a abril sevillano que inundó el ruedo en la muleta. Toreo eterno y caro, temple sublime, los pitones cosidos a la muleta, siempre en el sitio, congelando las agujas del reloj, cada muletazo un crujido, desde los ayudados por alto con los que abrió la faena, los pases por bajo andándole hacia los medios, los derechazos y naturales ligados por bajo, inmensos, tan lentos y largos que parecían que se iban a parar y que nunca iban a acabar, como uno de pecho sin fin, una locura, y un par de  cambios de mano genuflexo  eternos, de una belleza y un sentimiento sobrenatural, de los que te parten en dos. Y el toro humillando y repitiendo, con enorme clase y nobleza, entregados ambos, pasión desbordada en una plaza puesta en pie que se dejó las palmas en los ayudados y remates por bajo con los que abrochó su lección magistral dejándonos ese regusto imborrable del toreo que nunca muere. Una media en buen sitio suficiente para pasaportar al de Daniel Ruiz  y llenar los tendidos de pañuelos pidiendo las dos orejas, a lo que el palco no puso objeción, y me parece perfecto. Con el que cerraba plaza, un inválido que tuvo que ser devuelto, y el sobrero que hizo octavo bis, otro inválido que también tuvo que haber sido devuelto, ya lo comenté antes, nada hubo, ni tan siquiera ganas de sacar el pañuelo verde y hacer lo que había que hacer, pero era tarde, se estaba haciendo largo, fuera llovía, se había dio ya parte del público... En fin, que entre unos y otros, cada uno con su parte de responsabilidad,  optaron por abreviar.
Ya en el tercero había comenzado la lluvia de orejas, un toro de Algarra que salió con muchos pies, y al que Fernando Adrián recibió con dos faroles de rodillas y unas verónicas muy templadas echando los vuelos para enganchar la embestida muy alante y llevarlo acunado con mucha largura, sensacionales, y un quite del propio matador por saltilleras y gaoneras ajustadas, tanto que en una se le va recto y casi prende al madrileñoe, con las que puso la plaza en ebullición. Más decisión, más valor, mas entrega y más verdad no pudo poner ni se le puede pedir a Adrián, que tendrá sus defectos, como todos, pero cuyas virtudes superaron a todo. Plantado de rodillas entre las rayas del tercio inicia la faena con dos cambiados por la espalda de los que cortan la respiración para posteriormente sacar lo mejor del toro por el pitón derecho en series templadas y ligadas con calidad y largura, si bien en algunos momentos faltó un poco de acople, más evidente por el pitón izquierdo por el que de Algarra iba más corto y algo gazapón, obligándole a perder pasos desluciendo el conjunto. Con el toro ya más pagado no dudó en acortar distancias y meterse entre los pitones para robar los últimos muletazos con la diestra con total entrega. Fulmina al toro con una entera algo caída volcándose sin miedo a nada, lo que no es obstáculo para que el público pida las dos orejas y el palco las conceda. Deslucido e incómodo el séptimo, tan solo en  las verónicas de saludo se entregó algo, en la muleta pasaba sin más, sin emoción, además de quedarse corto obligando a Adrián a perder pasos, sin demasiada reunión y todo algo deslabazado. Lo intentó todo, por ambos pitones, pero aquello no acababa de despegar, ni siquiera cuando acortó distancias arriesgando y tragando en algunos parones. Voluntad y verdad, muy digno el madrileño hasta el final por bernadinas, algo embarulladas, pero más no se le puede pedir, lo dio todo.
Fue el sexto el de más volumen de la corrida, con movilidad y fijeza en las verónicas de saludo, humillando y metiendo bien la cara en el capote de Talavante, si bien echaba las manos por delante y su recorrido no era especialmente largo. Vibrante el prólogo de faena, genuflexo, muletazos por bajo corriendo bien la mano, llevándolo en largo, y el toro repite y humilla para rematar con un cambio de mano excelso y uno de pecho sensacional. Magníficas las tandas por el pitón derecho, mucho temple y profundidad, acoplado, llevando cosida la embestida, ligazón y ritmo, mucha pureza en cada pase, y el toro repitiendo y humillando con clase y nobleza. Menos clara y limpia fue la embestida por el izquierdo, menos ritmo, aunque algunos naturales sueltos tuvieron su aquel pero el conjunto no alcanzó el nivel anterior. Con el toro a menos sacó a relucir técnica y oficio, recursos de veterano, acortando las distancias, circulares, cambios de mano, muy vertical y estático, pasándose los pitones por ambos lados para cerrar con manoletinas ceñidas sin inmutarse y hundir la espada hasta la yema para cobrar dos trofeos que contribuyen a la lluvia de orejas de la tarde. Con el que había hecho segundo pocas opciones tuvo el extremeño, tan solo las verónicas templadísimas a pies juntos llenas de sabor con las que lanceó de recibo y un par de series al natural con hondura y calidad, pero nada más tuvo el de Luis Algarra, con muy pocas fuerzas y poder, pasando sin más, sin emoción alguna.
Algo similar le ocurrió a Manzanares con su lote, de largo el peor de todos. Dos toros sin fondo que no se prestaron a nada, sin entrega, a los que el alicantino cuidó y mimó en cada pase, sin obligarles, dándoles pausas para que recobraran el aliento, pero ni por esas. Pulcro y aseado, haciéndoles lo que se podía hacer a favor y ni por esas. Los probó y lo intentó, pero de donde no hay no se puede sacar, y así lo entendimos quienes estábamos en la plaza. Como muestra las dos ovaciones de reconocimiento al esfuerzo por tratar de lucir algo, misión imposible.


Antonio Vallejo