domingo, 2 de octubre de 2016
3ª de Otoño: Otro Lexatin, por favor
Pocas copas se vendieron ayer en los tendidos de La Monumental madrileña, menos aún Coca-Colas, porque no hubo respiro para tomar un sorbo y, si lo hacías, es más que probable que te atragantaras, y porque no creo que ningún corazón hubiera aguantado un gramo de excitante más. De lo que estoy seguro es que sin reservas de Lexatin se debió quedar ayer la farmacia de la calle Alcalá cerquita de Manuel Becerra para poder asistir la demanda de los que estábamos en Las Ventas, que pasamos la tarde de susto en susto, de sobresalto en sobresalto, de grito en grito pero también de olé en olé, de emoción en emoción y de sueño en sueño, que resumen lo que para mi fue la tarde del mano a mano entre Curro Díaz y José Garrido, dos héroes, dos auténticos gladiadores sobre la arena venteña que, cada uno en su estilo, se jugaron la vida para generar arte.
Poesía y drama, épica y estética, valor y gusto de la mano en una tarde de otoño madrileña que quedará en nuestra memoria como una d ellas grandes. Tarde importante por lo que vimos y también por lo que vivimos y cómo lo vivimos. Muchas veces se ha criticado a la afición madrileña como falta de sensibilidad, otras tantas se ha tildado de injusto, yo el primero, a un sector de la plaza que se autoproclama poseedor de la verdad y los valores eternos de la Tauromaquia, pero ayer toda, absolutamente toda la afición respondió con una sensibilidad excelsa, gran justicia, un comportamiento modélico y una demostración de saber y conocimiento de la Fiesta, valorando y reconociendo el pundonor, las ganas, la entrega y el valor del joven José Garrido, firme y seguro ante sus tres toros, con un grado tal de compromiso que le llevó a salir para lidiar y matar al sexto tras ser empitonado al estoquear al cuarto y ser operado en la misma enfermería de la plaza de una cornada de 10 cm en el glúteo durante la lidia del quinto, todo como si nada hubiera ocurrido, y valorando y reconociendo el arte, el gusto, la clase, la torería, en definitiva, ese pellizco que tiene Curro Díaz y que le hace ser de esos toreros diferentes que enamoran con su muleta, a lo que ayer sumó muchas dosis de valentía, un par que le echó para plantarse delante de sus toros.
Seis toros de Puerto de San Lorenzo, encaste Atanasio-Lisardo. Grandes, muy grandes, alguno demasiado, pesos de 648, 617 y 619 Kg por poner ejemplos, desiguales de hechuras, que por lámina me gustaron primero y sexto, muy Atanasio, pero otros como el segundo, tercero y quinto no me gustaron nada, la verdad, incluso alguno me pareció bastante desproporcionado en cuanto a caja, cara y pitones. Eso sí, toda la corrida muy seria por delante, astifina, muy armada, algo habitual en este hierro. El juego y el comportamiento fue otra historia. Encierro duro y peligroso que en mi opinión estuvo dominado por la mansedumbre, alcanzando la máxima expresión en el sexto, un manso de solemnidad. Mansedumbre que a veces lleva a los toros a la huida y que otras veces, como fue ayer, les lleva a defenderse, revolverse y buscar tras los engaños, dejando patente la sangre Lisardo que llevan dentro. Abantos de salida, sueltos, sin fijeza, ninguno de los seis se ha dejado en el capote, ni uno ha peleado en varas, todos han esperado y cortado en banderillas, en definitiva, mucha mala leche, mucho peligro, unos auténtico cabrones ante los que sobresalieron Díaz y Garrido.
Firme, valiente, decidido, entregado, con inmensas ganas y disposición el extremeño José Garrido en sus tres toros, toreando al sexto recién operado. Torero joven, de los que junto a Roca Rey y López Simón parece ser de los llamados a liderar el futuro de la Fiesta y que en la tarde de ayer dejó patente que está aquí para quedarse. Hecho un jabato estuvo ante sus tres exigentes enemigos, tratando de llevarlos en largo y por bajo, poniéndoles la muleta adelantada y tragando parones y arreones de los tres, despreciando al riesgo, sincero y de verdad, con las ganas de la juventud y la entrega de quien quiere ser figura del toreo. Se ha llevado un palizón de muerte, ha sido corneado y herido, ha pasado las de Caín delante de la cara de los toros pero nada parecía importarle. Muy por encima de sus oponentes creo que ha estado el de Badajoz, más que digno, confirmando lo que desde la temporada pasada viene anunciando. Creo que tiene razones más que sobradas para estar muy contento con su actuación de ayer, que en mi opinión le sirve para salir muy reforzado de Las Ventas.
El jienense Curro Díaz, ya lo he dicho, es de esos toreros diferentes, con duende, con pellizco, de esos que tiene una muñeca mágica y que enamora con su muleta. Primoroso, exquisito su toreo en la tarde de ayer, rebosante de sabor, de gusto, de clase, de temple…magia pura. ¡Pero es que encima se lo hizo a los toros de ayer! que no eran precisamente ursulinas ni hermanitas de la caridad, eran auténticas fieras que medían, se revolvían, cortaban el viaje y echaban la cara arriba en arreones que solo buscaban carne. Menuda paliza se lleva en el tercero, que le prende y le voltea de mantea espeluznante en dos ocasiones y que, para más inri, hace hilo con el de Linares tras entrar a matar viviéndose segundos angustiosos porque veíamos al torero empitonado contra las tablas, dramático, salvándose de milagro para quedar exhausto sentado en el estribo. No creo que el maestro de Linares lo haya olvidado, yo desde luego no, pero él fue el que aquella trágica tarde del 9 de julio recogió de la arena de la plaza de Teruel el cuerpo sin vida de Víctor Barrio. Ayer Barrio estaba en su barrera del cielo gozando al ver torear a Curro y, cuando fue volteado y casi cogido, mandó rápidamente al ángel de la guarda con su capote para protegerle de una cornada, porque sólo así entiendo que no fuera gravemente herido. Pues con todo esto, Curro compuso una bellísima sinfonía de torería en este tercero. Con las condiciones del animal lo llevó templado y por bajo, tragando lo indecible, por ambos pitones, muletazos hondos y profundos, llenos de sabor, olés roncos en los tendidos, emoción a raudales, gusto y más gusto en cada pase, componiendo la figura, desmayada en ocasiones, un canto a la belleza, toreo de maestro, de torero consagrado, toreo de leyenda al que, si le faltaba algo aún tras tantos años demostrando su arte, ganarse el corazón de esta plaza y alzarse con el título de torero de Madrid. Es imposible estar mejor que ayer Curro Díaz en este tercero, haciéndonos soñar con su muleta. Tremenda, intensa y sincera la ovación que recogió con, creo yo, toda la plaza en pie. Importantísima tarde de Curro ayer, demostrando que arte y valor van de la mano y que lo uno sin lo otro no existen.
Y sería muy injusto no hacer una mención especial a los toreros de plata que ayer tragaron también quina para bregar y banderillear a los del Puerto. Tremendo, sensacional, excelente, magistral Montoliú en la brega del quinto, un toro manso a todas luces que olisqueba la arena, que amagaba pero no entraba al capote, haciendo que arrancaba y parándose, desconcertante, al estilo de Cristiano Ronaldo cuando tantísimas veces no sabe qué hacer con el balón y empieza a hacer bicicletitas y movimientos absurdos con el pie que no sirven para nada. A ese toro lo cogió el sevillano, le echó el capote abajo y lo lidió a la antigua, con los pies, corriéndole hacia atrás, sometiéndole por bajo para sacarlo de las tablas y llevarlo hacia los medios donde se vio podido. ¡Olé por Montoliú!, menuda ovación se llevó, muestra de cómo estuvo de sensacional la afición madrileña. De igual manera hay que destacar a Óscar Castellanos con dos muy buenos pares de banderillas al quinto, Antonio Chacón al parear sensacionalmente al sexto y, sobre todo, a "Algabeño" quien puso dos pares extraordinarios al quinto teniendo que responder desmonterado la gran y merecida ovación del público. Enorme el mérito de estos y de todos los banderilleros en la tarde de ayer, porque no era nada fácil colocar los pares a unos toros que esperaban y cortaban la trayectoria, no era nada fácil llegar a la cara del toro, cuadrar entre los pitones y reunir los pares como lo hicieron, para además salir airosos de la suerte. ¡Otro olé por los toreros de plata!.
Lo dicho, tarde cargada de emociones en las que hubiera sido más recomendable tomar una tila después de comer y antes de haber ido a la plaza, además de haber llevado buenas reservas de tranquilizantes. Pero esta es la grandeza de la Fiesta cuando el toro, los toreros y la afición ponen los ingredientes para que nos emocione.
Antonio Vallejo
sábado, 1 de octubre de 2016
2ª de otoño: Román, la verdad por delante
Cuando se está de verdad, cuando se torea sin esconder nada, con la sinceridad que da la juventud y la necesidad de triunfo es muy difícil que no llegue la emoción, máxime cuando enfrente se tiene a dos toros de las características de los dos fuenteymbros que ha estoqueado en la tarde de hoy el valenciano Román. Sincero, firme, decidido y valiente, así creo que se puede calificar o definir a este joven torero, que se ha jugado el tipo ante dos toros con peligro, de esos que, como suele decirse, te piden el carnet de torero. Ni una duda, ni una vacilación, ni un paso atrás ha dado Román ante los arreones, la embestida brusca y rebrincada en ocasiones, con la cara arriba, cortando el viaje, revolviéndose y buscando, sabedores de lo que dejaban atrás, de los dos ejemplares de Fuente Ymbro con los que hoy ha tenido que lidiar. Un par, pero un par bien grande y bien puesto es lo que le ha echado el valenciano en esta tarde de otoño que más se parecía a cualquiera del mayo isidril por la agradable temperatura y la preciosa luz de un cielo azul limpio y un sol radiante. Pero no todo ha sido riesgo y valor en sus faenas, ¡que va!, sino que les ha puesto la muleta adelantada, les ha llevado por bajo, conduciendo la embestida con temple, tratando de alargar los muletazos, pero los dos de Fuente Ymbro tragaban dos, a lo sumo tres pases de cada serie, al tercero o cuarto cortaban y buscaban, eso si no es como en les esto, que directamente se acostaba y medía en cada lance, con la mirada descaradamente puesta en los muslos del matador, que él sí ha sido el que ha tragado, sin enmendarse, sin inmutarse, plantando batalla a sus oponentes en los terrenos en que se lo pedían, dándoles todas las ventajas. Insisto, añadiendo buen toreo, toreo de verdad, llegando a meter en la muleta al tercero para sacar un par de series al natural de muchísimo mérito, pegándole tres naturales hondos que han sido respondidos con sonoros olés por parte de los tendidos. Con estos ingredientes, toros con movilidad, exigentes, con brío, con raza y un torero sincero y entregado es imposible que no se conecte con los tendidos, que no surja la tan traída y llevada transmisión y que no impere la emoción. Ha matado al tercero de estocada entera levemente desprendida volcándose y al sexto de pinchazo y entera fulminante, lo que le ha servido para pasear una oreja merecidísima en su primero, de mucho peso y valor, y una gran ovación a la muerte del sexto que creo hubiera sido de oreja de no haber pinchado al entrar a matar en el primer encuentro. Por supuesto que se le pueden poner peros a la labor del valenciano, lógico por su juventud y sus tan solo dos años de alternativa, que aún le quedan defectos por pulir, que le queda por aprender, lo que quieran, pero hay que ser un tanto mezquino para hacerlo en esta tarde en la que se ha jugado la vida con la verdad por delante. Y los ha habido, los inconformistas de siempre, los sabios puristas, los que tienen que dar la nota, los del 7, siempre los mismos, que han protestado la oreja de ley cortada por el valenciano al tercero con unos gestos y unas maneras impropias de un aficionado con un mínimo de conocimiento y educación. Desconozco el motivo de la protesta, si les ha parecido poco la faena o si han sacado regla, escuadra y cartabón para medir al milímetro la colocación de la espada, algo que hoy me ha dado exactamente igual, que cayera centímetro arriba o abajo me importa absolutamente nada, porque Román ha conseguido emocionarnos. Sinceramente, no sé que demonios quieren, no les entiendo y, además, ¡no quiero entenderles!.
Muy seria, tremenda de pitones en algunos ejemplares, especialmente primero, quinto y sexto, de imponente e impresionante arboladura, más que astifinos, auténticos puñales, variados de tipo, algo desiguales de cara pero en general bien de presentación la corrida de Fuente Ymbro, procedencia Jandilla, encaste Juan Pedro Domecq. Por hechuras me han gustado especialmente el primero y el tercero, cuajados, bajos, hondos, de preciosa lámina. En cuanto a comportamiento bravo, noble y con clase el primero, complicado, temperamental y con genio el tercero, con mucha movilidad y brío el sexto, deslucidos cuarto y quinto. Junto al ya reseñado Román completaban la terna el toledano Eugenio de Mora y el salmantino Juan del Álamo ante tres cuartos de entrada en Las Ventas.
Con mucho gusto, templado, bajando la mano, llevando al toro en largo, ligando los muletazos, ha estado Eugenio de Mora, sacando tandas en redondo de gran hondura y profundidad, faena de clase y sabor, toreo reposado que ha calado en los tendidos por su belleza y calidad ante un ejemplar de Fuente Ymbro que metía la cara con nobleza y bravura, un toro de dulce al que el de Mora ha entendido y ha sabido conducir hasta que se le acabo la gasolina. estoy seguro que si no pincha al entrar a matar habría cortado una oreja, y también estoy casi seguro que la habrían protestado los del 7, por supuesto. Nada, absolutamente nada ha podido sacar del cuarto, un animal deslucido, sin fuerzas ni casta, ante el que se ha justificado en una faena sin mayor sentido y que quizás haya largado en exceso. Pero en el recuerdo nos deja el sabor de su toreo al que abría plaza. Ovación con saludos para Eugenio de Mora en ese primero y silencio en el cuarto.
La otra noticia de la tarde, junto a la verdad y el valor de Román es que Juan del Álamo no haya tocado pelo, y ya es raro, porque cuenta sus actuaciones en Madrid por orejas. Hoy no ha sido posible, y eso que ha tenido en el segundo de la tarde un toro con posibilidades, con notas de bravo, al que lanceó de salida a la verónica con temple y compás, rematando con una preciosa media. De más a menos la faena del salmantino, con algunos altibajos. Mejor las primeras dos series, con el fuenteymbro desplazándose con alegría, en largo, metiendo la cara, muletazos con profundidad y emoción por el pitón derecho. Por el pitón izquierdo baja el nivel, naturales menos limpios, algunos enganchones y la aparición de un molesto viento hicieron el resto para que la faena decayera. A partir de ahí acorta las distancias el salmantino, creo que equivocadamente, y pierde emoción, a la vez que el toro se queda sin fuelle y comienza a cabecear y defenderse sin que la faena ya remonte el vuelo a pesar del tesón y el empeño de del Álamo. Mata de entera trasera y escucha silencio, el mismo que al liquidar al quinto, en el que le ha ocurrido exáctamente igual que a Eugenio de Mora, que no ha tenido oponente, un toro descastado y sin fuerza ante el que lo único que ha podido hacer el salmantino ha sido justificarse, que ya es bastante.
Antonio Vallejo
viernes, 30 de septiembre de 2016
1ª de Otoño: Deslucido arranque
Seis novillos de El Tajo y la Reina, muy bien de presentación, de buenas y parejas hechuras, cuajados, especialmente el primero y el que hacía quinto, muy seria toda la corrida, varios ejemplares pasarían por toros en el 80% de las plazas españolas, con cierta movilidad y nobleza pero deslucidos en cuanto a su juego, faltos de raza y fondo, además de andar muy justitos de fuerza. En mi opinión los tres novilleros han estado muy por encima de los utreros, especialmente el venezolano Vanegas y el sevillano Aguado, que se han encontrado con los dos utreros con algunas posibilidades de triunfo y que han demostrado su capacidad y sus buenas maneras en la cara de los novillos. Nulas opciones ha tenido Rafael Serna ante su lote, dos novillos con cierta nobleza el tercero y apuntes de clase el sexto, que permitieron al sevillano dibujar verónicas con gusto y temple en su saludo capotero, pero que llegaron a la muleta del sevillano sin una gota de gasolina, deslucidos, sosos, sin una pizca de gracia ni de emoción en su embestida. Digno, aseado, pulcro, lleno de ganas y disposición anduvo el sevillano en su regreso a Las Ventas durante toda la tarde pero no tuvo oponentes. Por cierto, regresaba tras su gravísima cogida del pasado 12 de junio. No hubiera estado nada mal que al romperse el paseíllo se le hubiera dedicado una ovación, de esas que toda la vida se han dado a los que se juegan la vida ante la cara de los toros en reconocimiento a su valor, una costumbre muy taurina y que parece que hoy en día se está perdiendo, como tantas otras. Ante eso quien puso la nota emotiva y quien estuvo a la altura fue el propio novillero brindando la muerte de su primero al Dr. Máximo García Padrós, el ángel de los toreros, el que ha salvado la vida de tantos con su extraordinaria labor. Precioso y emocionante el largo abrazo en el que ambos se fundieron.
El venezolano Manolo Vanegas abría plaza ante un precioso novillo, cuajado, hondo, muy serio que salió suelto y sin fijeza y que no se empleó en los primeros tercios. Noble pero soso, justito de fuerzas ante el que el venezolano anduvo firme y templado, con ganas y entrega, poniéndole la muleta y conduciendo la deslucida embestida del utrero con limpieza, pero sin llegar a conectar con los tendidos. Mata de entera desprendida y la cosa queda en silencio. Otra historia ha sido el cuarto, un jabonero de muy buenas hechuras, abierto de cara, tremendamente astifino, muy serio. Lo saluda con dos largas cambiadas de rodillas junto a las tablas del 1, señales inequívocas de la actitud con la que ha venido a Madrid. Novillo con genio, áspero, ante el que había que estar y tragar, que se lo digan si no a Manolo Linejo que ha banderilleado con riesgo y exposición dejando dos muy buenos pares ante un animal que le apretó hacia los adentros. Brinda al público y compone una faena basada en el valor y el compromiso, poniéndose y exponiéndose, tragando los arreones del utrero, aguantando parones y miradas del animal, que buscaba y sabía lo que se dejaba atrás. Muy de verdad ha estado Vanegas ante este exigente novillo, con luquecinas finales y una estocada casi entera en el sitio, volcándose sobre la cara del novillo. Ovación con saludos que me sabe a poco para los méritos del venezolano. Una vuelta al ruedo no hubiera sido premio desmedido, ni mucho menos, pero como decía antes, se están perdiendo viejas costumbres, como la de la valía y la importancia de una vuelta al ruedo en Madrid.
Pablo Aguado ha dejado claras muestras de su gusto como torero, basado en el clasicismo y la estética. Devuelto su primero por inválido corre turno el sevillano y salta el que hacía quinto. Lo recibe con verónicas suaves, meciendo al novillo, con mucho gusto. Bonitas y garbosas las chicuelinas al paso para llevarlo al caballo, todo hecho con torería y magníficas maneras. Saluda en banderillas Angel Gómez tras colocar dos sensacionales pares, clavando con pureza y saliendo del encuentro con torería, recogiendo la merecida ovación. Magníficas sensaciones las que ha dejado Aguado con la muleta, templado, bajando la mano, ligando los pases, conduciendo la embestida del novillo con limpieza, todo bajo un concepto clásico del toreo. Los muletazos finales por alto destilan aroma de toreo bueno, realmente estéticos. Mata de entera traserita y algo tendida para recibir una merecida ovación. Se va recibir al quinto, un sobrero de Ave María, a portagayola. Bueno, realmente se planta de rodillas en el centro del anillo, terreno donde se le dan todas las ventajas al novillo, que desde que asoma por la puerta de chiqueros tiene tiempo de pensar, medir y decidir cómo prende al novillero, como así ha sido. Tremenda la paliza que se ha llevado Aguado, quien milagrosamente se ha salvado de ser corneado hasta en tres ocasiones. Demostración de arrojo y valor por parte del sevillano que se repone del palizón y se planta ante la cara del novillo, un animal con mucho genio, de embestida brusca y descompuesta. Más no se le puede pedir a Aguado, que no ha renunciado a su concepto del toreo ante el bronco y áspero comportamiento del utrero, un animal ante el que no era nada fácil estar y al que ha tratado de llevar siempre con la muleta adelantada, con temple y mano baja. Sensacional el sevillano, exponiéndose, demostrando que además de gusto tiene valor y mucha entrega. Mata de entera trasera que hace doblar al novillo. Recoge otra merecida ovación en reconocimiento a su meritoria labor.
Novillada, por tanto, deslucida por el juego del ganado pero que nos ha permitido ver a tres novilleros que han venido a Madrid plenos de entrega y compromiso y que han dejado patentes sus buenas maneras y su valor. Es lo mínimo que se les puede pedir, que vengan como se ha dicho toda la vida "en novillero". Y así creo que ha sido.
Antonio Vallejo
jueves, 29 de septiembre de 2016
Otoño en Madrid
La temporada sigue avanzando con paso firme. Atrás queda ya el verano, ese que se inicia taurinamente con la feria de Hogueras en Alicante allá por finales de junio, que tiene un primer punto álgido con los sanfermines y que camina por toda la geografía española sin parar durante los meses de julio y agosto. Raro es que alguna provincia española, en las que exista la libertad, por supuesto, que no tenga toros en estos meses. En aquellos lugares donde la antiespañola tiranía prohibicionista podemita impone sus terribles normas no disfrutan de la Fiesta, pero creo que es algo a lo que un día venceremos y volverá a reír la primavera, al menos la taurina. Como decía, Santander, San Sebastián, Cuenca, Almería, Huelva, Málaga, El Puerto de Santa María…. por nombrar solo algunas de las más relevantes de España, junto a Nimes, Arles, Beziers y otros cosos franceses, pueblan el calendario taurino veraniego, que tiene su máxima expresión en las Corrida Generales de Bilbao y que son las que habitualmente marcan el devenir de las ferias otoñales. Otoño que inaugura Sevilla con su extraordinaria Feria de San Miguel en la que han reunido a las máximas figuras y en la que hemos visto a un Sebastián Castella demostrando lo que ya sabíamos y habíamos visto hace unos días en Nimes, que está en un momento cumbre, en un grado de madurez y de reposo torero que enamora, y a un José María Manzanares desplegando todo su arte, su toreo templado y elegante, pura belleza, gustando y gustándose. Un otoño que va a continuar Madrid con su Feria de Otoño cuyas puertas se abrirán en escasas horas y que a primeros de septiembre presentó sus carteles.
Una novillada y tres corridas de toros compone esta edición 2016 de la Feria de Otoño en Las Ventas. Esta misma tarde de hoy jueves 29 de septiembre se lidiará una novillada de El Tajo y La Reina, hierros pertenecientes a la ganadería de José Miguel Arroyo "Joselito", para los novilleros Manolo Vanegas, Pablo Aguado y Rafael Serna. Un venezolano, Vanegas, y dos sevillanos que componen un atractivo cartel tanto por las reses, recordemos el buen juego que han dado ya en Madrid los novillos de Joselito, como por los integrantes de la terna, los tres encaramados a los puestos más altos del escalafón novilleril. El venezolano, actual número uno del escalafón y cuya carrera se ha desarrollado sobre todo en plazas francesas en las que goza de un gran cartel sabe lo que es tocar pelo en Madrid al cortar una oreja a un sobrero de Aurelio Hernando en julio de 2015. Junto a él los sevillanos Pablo Aguado, quien el pasado mes de abril dejó una gratísima impresión en Las Ventas ante novillos de Sánchez Herrero por su gusto y sus maneras reposadas, dando una vuelta al ruedo en su primero y escuchando ovación con saludos en su segundo, y Rafael Serna, quien sufrió una gravísima cogida el 12 de junio de este mismo año al entrar a matar a su segundo novillo de Guadaira, en una tarde complicada en la que se lidiaron utreros que en la prácticamente totalidad de plazas hubieran pasado por toros, lo que suscitó gran polémica en su momento y generó grandes debates en la afición y la crítica taurina. Veremos esta tarde como sale, pero desde luego que, sobre el papel, argumentos más que suficientes hay para ir a la plaza.
Por lo que respecta a las tres corridas de toros que completan esta Feria de Otoño se puede opinar mucho, largo y tendido. Sinceramente me da cierta pena no ver a ninguna de las figuras anunciadas. Probablemente no sea fácil traer a Madrid a los que la semana pasada torearon en Sevilla, a los Castella, Manzanares, Morante, López Simón, Ureña, pero si La Maestranza ha logrado hacer de su Feria de San Miguel un ciclo de primera categoría, ¿por qué no Madrid?. Es cierto que el cartel del sábado con el mano a mano entre Curro Díaz y José Garrido ante toros de Puerto de San Lorenzo cuenta con enorme atractivo, tanto por el ganado, corrida triunfadora en las Corridas Generales bilbaínas, como por ambos diestros, el jienense Díaz por su gusto y su arte, al que conocemos y queremos en Madrid y al que ya hemos visto triunfar en esta plaza, y el pacense Garrido que reventó la semana de toros de Bilbao descerrajando su puerta grande con un toreo de gran dimensión. La tarde del sábado, sin duda, reúne los máximos atractivos para el aficionado. Tampoco me parece que desentone la elección de los toros de Fuente Ymbro y, sobre todo, Adolfo Martín para las otras dos tardes de toros, la del viernes y el domingo. Otra cosa más discutible son los nombres que se anuncian. El salmantino Juan del Alamo es uno más de esa nueva generación de toreros que viene pegando fuerte y que cuento entre mis debilidades. No en vano se cuentan sus actuaciones en Madrid por orejas, estando a milímetros de abrir la puerta grande de Las Ventas al menos en tres ocasiones de no haber marrado con los aceros. Si a Garrido le embisten los de Fuente Ymbro puede armar el lío padre. No tengo nada contra Eugenio de Mora y Román que completan la terna ante los fuenteymbros, pero no me hubiera importado nada haber visto en los carteles el nombre de David Mora, Paco Ureña, Javier Jiménez, repuesto ya de la terrible cogida el 8 de julio en San Fermín que le fracturó vértebras cervicales y que fue capaz de estoquear ¡y de qué manera! sus dos toros y que ha toreado en Sevilla a las mil maravillas dando muestras de un toreo templado y puro de muchos quilates, o el recién doctorado en Nimes Luis David Adame. Son solo nombres por decir alguno de los que no sean figurones, que como ya he dicho no me hubiera importado ver este fin de semana en Madrid. Si lo que se quiere es dar cabida a toreros que, por decirlo, se hayan ganado el venir a las Ventas fuera de la travesía del desierto que suponen los domingos veraniegos, bien podrían haber valido estos nombres, tanto para matar la corrida de fuente Ymbro como la de Adolfo, que correrá a cargo de Rafaelillo, El Cid y Morenito de Aranda. Rafaelillo se jugó la vida ante los Miuras en San Isidro y cuajó una enrome faena al natural a su primero, faena de premio gordo que se escapó con la espada, por lo cual me parece perfecto su inclusión en la corrida del domingo. Morenito de Aranda es un torero que lleva una buena temporada, le conocemos bien y sabemos de su valía, y Manuel Jesús El Cid ya sabemos lo que es, la leyenda de la mano izquierda y poco más, al menos para mi que he debido tener muy mala suerte porque en tantos años y tantos toros que le he visto matar podría quedarme con dos o tres. Una día ha sido pro la espada, otro por el viento, otro por no sé qué, pero siempre le he considerado un torero sobredimensionado y al que estoy esperando ver de verdad en Madrid. Sí, ya sé que indultó a Madroñito, un sensacional toro de Adolfo Martín en julio en Santander, pero es que a ese toro la inmensa mayoría del escalafón le hubiera toreado de maravilla, dicho sea con respeto. A lo que voy, que en la tarde del domingo, frente a los adolfos, no me hubiera importado nada haber visto a Paco Ureña, Javier Jiménez o Luis David Adame, nombres que en mi opinión bien se merecen venir a Madrid. Pero todo es discutible, por supuesto.
Lo que importa es que esta tarde se inaugura una nueva Feria de Otoño y que iré a los toros con la ilusión de siempre. Luego saldrá lo que salga y hablaremos de triunfos, de broncas, de toros desaprovechados, de los que embisten, de los que no, de los bravos y de los mansos, pero hablaremos de toros, que es lo principal. Así que Dios reparta suerte y que disfrutemos de cuatro intensos días de toros.
Antonio Vallejo
sábado, 17 de septiembre de 2016
Sebastián Castella: Cumbre en Nimes
Gracias a Dios, los números, las matemáticas y el arte no tienen nada que ver. Si fueran lo mismo hoy diríamos que Sebastián Castella se ha encerrado en el Coliseo de Nimes con seis toros y ha cortado dos orejas. Pobre estadística, diría alguno. Y, dicho así, cualquiera que se acercara a leer sobre la corrida de esta tarde en tierras francesas, posiblemente no lo haría salvo que fuera un buen aficionado, incluso más de uno pensaría en un "fracaso" del torero, cuando ha sido precisamente todo lo contrario, una gran tarde de toros con un matador que ha estado cumbre, haciendo todo, absolutamente todo, bien, muy bien me atrevería a decir, aunque quizás una tarde más para aficionados que para público general. Y hoy, quienes no hemos tenido la suerte de poder estar allí, hemos podido disfrutar de lo que en Nimes ha ocurrido gracias a la sensacional retransmisión de Toros Tv, gracias al extraordinario trabajo de los Manolos, Molés y Caballero, que consiguen que nos sintamos como en la plaza aún estando en el salón de casa, tal es el conocimiento de los toros que derrochan y la manera de retransmitir y transmitir la emoción de la Fiesta con sus certeros comentarios. Es impagable la labor que el equipo del antiguo Canal Plus Toros, ahora Toros Tv en Movistar, están haciendo en favor de este Arte. Con Manolo Molés al frente, David Casas, Germán Estela, Manolo Caballero, Emilio Muñoz y César Rincón, Máximo Pérez "Maxi"y una excelente realización, hacen en cada retransmisión las delicias de los aficionados y nos traen a casa los toros en directo desde las plazas y ferias más importantes de España, Francia y América, y van más de 100 retransmisiones en lo que va de año, un auténtico lujo, como el de hoy.
Volviendo a Nimes, en esta otoñal y ventosa tarde de septiembre, lo que hemos visto tiene mucho, pero que mucho valor para el aficionado. No solo porque Sebastián Castella haya apostado fuerte por una encerrona con seis toros, algo que, como siempre he dicho y mantengo, está al alcance de muy pocos y hay que ser una gran figura del toreo para salir airoso del trance, hay que tener muchos recursos y muy variada tauromaquia en la cabeza para mantener el tono, el nivel y la atención de los tendidos ante seis astados, y el de Beziers ha demostrado ser un figurón del toreo, sino porque además lo ha hecho ante ejemplares de Adolfo Martín, encaste Albaserrada, todo un reto, nada de Domecq, con la cantinela de siempre de encaste bonachón, facilón, apto para figuras, bla, bla, bla, para que nadie pueda ponerle un pero. ¡Ah! que casi se me olvida, y con el añadido de hacerlo en Nimes, de primera, plaza que, si mi memoria no me falla, es junto a Las Ventas y la México las únicas del mundo en las que se confirma alternativa. Más no se le puede pedir a Castella.
Así que con todos estos condicionantes es normal que los tendidos del Coliseo nimeño registraran un lleno absoluto. 14.000 aficionados, escuchen los antirtaurinos, ¡14.000!, alguno más de los 5.000 procedentes de toda España que la pasada semana consiguieron reunir en Madrid en una manifestación que consideraron un éxito, o al menos así debieron considerarlo las televisiones que en sus informativos le dedicaron un tiempo desproporcionado para la insignificancia de tal manifestación. Una vez más se retratan la inmensa mayoría de los medios de comunicación, en manos de la izquierda sectaria.
Corrida muy seria, bien presentada, muy pareja en cuanto a hechuras y pesos, en tipo, acorde a la categoría de la plaza, bien elegida en el campo, sin duda, la que ha traído Adolfo Martín a Nimes, y que se ha comportado en la línea del encaste Albaserrada, con las complicaciones propias de estos toros, pero también con lo bueno que tiene cuando rompen en la muleta, algo que ha sido posible gracias a la lección de toreo que ha dejado Castella sobre la arena nimeña. Digo lección porque, sinceramente, creo que así ha sido. El toreo dicen que es parar, templar y mandar, y eso es lo que Castella ha hecho. Ha parado los arreones y el genio de varios de los toros lidiados, por ejemplo, el tercero, encastado, muy complicado en los primeros compases de la faena, el quinto y el sexto, exigentes, a los que había que entender muy bien, todos ellos toros que en otras manos se hubieran ido sin mostrar lo que realmente llevaban dentro. Ha templado, ¡y de qué manera!, cada muletazo, poniendo la tela en la cara de los adolfos, con una suavidad y una despaciosidad inmensa para embeber al toro de los engaños y conducir su embestida con templanza infinita. Y ha mandado, ha dado una clase magistral de poderío, al someter a sus oponentes y hacerles pasar por donde él quería, no por donde querían hacerlo haciendo gala de su casta y su genio. Por todo eso digo que ha dado una lección. Bueno, por eso y porque además ha toreado por bajo a los seis, dándoles la distancia que precisaban y las pausas que pedían, midiendo las faenas para no pasarse de tiempo, con inicios repletos de clase, elegancia y torería, como el emocionante prólogo del segundo, al hilo de las tablas, los doblones del tercero y los primeros muletazos al quinto sentado en el estribo de la barrera, dibujando después series en redondo ligadas, profundas, arrastrando la muleta, derramando sobre la arena un toreo al natural al tercero de una hondura inenarrable, pases cambiados por la espalda marca de la casa y alardes de valor y riesgo cuando los de Adolfo se quedaban sin fuelle y acortaba las distancias el de Beziers para meterse entre los pitones, estático, vertical, recordando al gran Paco Ojeda. De verdad, hemos visto a un Castella pletórico, en figura, dando toda la dimensión de su toreo, extraordinario, en plena madurez. Técnica, conocimiento del toro y de los terrenos, poderío, entrega, arrojo, valor, belleza y armonía han estado presentes en las seis faenas. Repito, para mi modo de entender, una lección.
Y para acabar de culminar la fiesta, las cuadrillas se han sumado al espectáculo. Muy bien todos los integrantes de las mismas en la lidia y la brega y, algo a lo que no desgraciadamente no estamos acostumbrados a ver, ¡se han picado bien los seis toros!. Increible haber vuelto a disfrutar con la emoción y la belleza del tercio de varas. Hacía mucho que no veía picar así, en serio, dando distancia a los toros, picando arriba, casi siempre delantero y sin rectificar, midiendo el castigo que cada toro requería, sensacional. Destaco el tercio de varas del cuarto que ha entrado en largo y con excelente tranco al caballo que con maestría montaba Gabin Rehabí, extraordinario, ¡cómo ha picado el francés!. Este tercio, cuando se hace bien es, además de fundamental para la lidia, de una belleza extraordinaria. Es una pena que en la gran mayoría de las corridas se haya convertido en un molesto e incómodo trámite que hay que cumplir, pero los tiempos modernos nos llevan a eso. Y no puedo pasar sin destacar a tres toreros de plata que esta tarde han banderilleado a las mil maravillas: José Chacón, Marco Leal y Morenito de Arles. Todos los pares de la corrida se han colocado con limpieza y torería, pero lo de estos tres buenos subalternos ha sido de nota, ejecutando la suerte con torería, llegando a la cara del toro para reunir y clavar con pureza, recibiendo la fuerte ovación del público y saludar desmonterados para así agradecer el reconocimiento de la entendida afición nimeña, a la que hay que darle no un diez, sino una matrícula de honor por su exquisito comportamiento y su demostración de conocimiento, seriedad y respeto por la Fiesta. Desde la tremenda ovación con todos los espectadores en pie al arrancar el paseíllo, la no menos tremenda ovación para Castella antes de saltar el primero de la tarde, hasta la cariñosa ovación al despedirse y abandonar el coso, los aficionados que han llenado las localidades del Coliseo se han mostrado como eso, grandes aficionados, sabiendo en todo momento valorar en su justa medida lo que ocurría sobre la arena, reconociendo el valor y el mérito de lo que veían pero a la vez siendo ecuánimes en el premio, sin dejarse llevar por sentimentalismos ni triunfalismos, un auténtico ejemplo del que debiéramos tomar nota en mucha solazas de España. ¡Olé por ellos!.
Y, después de todo, alguien podría pensar y cuestionar que Castella "solo" ha cortado dos orejas, una al segundo y otra al quinto, que ha matado mal y se le han escapado al menos tres más. Pues sí, es cierto, así ha sido, negarlo sería absurdo, pero me da igual. Lo que he visto esta tarde, lo que Sebastián Castella ha hecho esta tarde, su toreo y su arte, me ha llegado y me ha llenado. Vuelvo al principio, el arte, a Dios gracias, ni son números ni se puede medir, y el toreo es Arte. En la adorable biografía que allá por el año 2000 escribió Antonio Burgos sobre el Maestro Curro Romero decía el Faraón de Camas que las orejas son para los matarifes. Pues eso.
Antonio Vallejo
sábado, 27 de agosto de 2016
¿Los excesos se pagan?
Ayer se lidiaba en Bilbao la corrida de Torrestrella, muy seria, imponente de arboladura, magnífica de presencia, variedad de hechuras y de pelajes y muy exigente en cuanto a comportamiento, con mucho que torear. Como exigente estaba ayer la afición bilbaína al iniciarse el paseíllo del mano a mano entre Alberto López Simón y José Garrido en que había quedado el cartel por la baja de Andrés Roca Rey, aún convaleciente de su percance en Málaga. Hecho que no gustó nada a la afición de Vista Alegre, claramente enfadada ante la decisión de la empresa de no contratar a ningún torero que sustituyera al peruano Roca Rey, y nombres hay en el escalafón, y más que atractivos, para ocupar ese puesto. No sé si habrán influido criterios económicos, sin duda la reducción de costes al no contratar a nadie debe ser notable, o si de buena voluntad habrá pensado la empresa que los mana a mano están de moda y resultan un gancho para el público. En cualquier caso parece bastante claro que no acertó. Al menos así se desprende de la respuesta del público al iniciarse el paseíllo en la tarde ayer que dedicó una sonora pitada a los diestros Alberto López Simón y José Garrido. Bueno, el público y la afición son soberanos y dictan sentencia, ayer lo hicieron, con razón o sin ella, no soy quién para juzgarlo, pero mostraron su desacuerdo, algo que puede considerarse normal. Pero este hecho que bien podría haberse quedado en anécdota resultó ser una pesada losa en el ánimo del madrileño Alberto López Simón. La situación le sobrepasó, le generó una crisis de ansiedad al finalizar su faena al tercero de la tarde que le impidió proseguir con la lidia, hasta el punto de precisar ventilación mecánica en la enfermería de la plaza para recuperarse de la alcalosis respìratoria generada por hiperventilación. ¿Cuál pudo ser la causa de tal crisis de ansiedad?. Muy complicado de saber, pero si que puede servirnos como motivo de reflexión y de aviso para el futuro. Si echamos la vista atrás y repasamos la trayectoria del de Barajas nos encontramos con un torero que hasta un domingo de mayo de 2015 en las Ventas prácticamente no toreaba. Aquel domingo de aquel San Isidro su vida cambió, abrió la Puerta Grande de Madrid y se ganó un puesto en una sustitución dentro de ese mismo ciclo para volver a salir a hombros en Las Ventas. Desde ese momento su carrera despegó de forma espectacular, como si fuera un reactor en las pistas de su barajas natal. No había feria que no contara con su presencia en los carteles, triunfo tras triunfo, Pamplona, San Sebastián, Bilbao, Málaga, Nimes, Zaragoza….toda España a sus pies, la revelación de la temporada 2015, el gran triunfador. Luego vino el invierno y la temporada americana, repleta de contratos, deslumbrando al otro lado del Atlántico con su toreo vertical, poderoso y sin miedo alguno. Y en esta temporada 2016 más de lo mismo, desde Castellón hasta ayer mismo en Bilbao todas las ferias han contado con él como figura. Valencia, Sevilla, Alicante, Madrid, Burgos, Santander, Huelva, Málaga, etc, etc, etc le han visto torear. Yo no sé si serán 70, 80 ó 90 corridas las que tenga contratadas a lo largo de la temporada, pero son muchas, muchísimas, prácticamente sin tiempo para descansar entre una y otra, tanto en lo físico como en lo mental. No digo que esto haya sido la causa de su crisis de ayer en Bilbao, de su desfallecimiento anímico, pero estoy convencido que ha tenido bastante culpa de ello. Para mantener ese ritmo y ponerse cada tarde delante de la cara de un toro hay que tener mucha fortaleza mental. por supuesto que hay muchos hombres que la tiene, pero también pienso que esa fortaleza se gana con los años y que las figuras y los toreros consagrados a lo largo de años son quienes están capacitados para soportar la presión y situaciones adversas y complicadas como la del público de la tarde de ayer en Bilbao sin resentirse en lo mental o anímico. Como he dicho antes todo esto puede llevarnos a reflexionar y a aplicar ese refrán español tan acertado que dice que la avaricia rompe el saco. Pero, claro, ¿quién se resiste a aprovechar el momento y renuncia a contratos jugosos cuando se tienen veintipocos años y el mundo a sus pies?. A lo mejor ahí es donde debiera aparecer una figura de confianza para el torero que le aconsejara más allá de lo puramente económico. Pero eso es muy difícil de valorar y aún más de juzgar o criticar, a ver quien es el guapo que dice que no en esa situación. Lo mismo que los deportistas en los que una molestia puede aconsejarles tomar un descanso de una o dos semanas para evitar una lesión de más envergadura, a un torero a lo mejor habría que mentalizarle que tomar unos días de descanso y faltar a alguna plaza puede resultarle muy beneficioso. Repito, no sé si lo de ayer se hubiera evitado con un menor número de contratos y un mayor descanso mental o anímico, es solo una opinión y una hipótesis, pero no me parece descabellada.
Y me da pena no haber dedicado esta entrada a la gran, la enorme tarde de José Garrido ayer en Bilbao, hecho un auténtico tío, teniendo que estoquear cuatro toros de la exigente corrida de Torrestrella, demostrando mucho valor y fortaleza, además de un toreo de muchos quilates, tanto de capote como de muleta, con quietud, serenidad y profundidad, ni de la oreja de tanto peso y valor cortada al quinto, ni de la repuesta del público de Bilbao con una enorme ovación en la despedida del pacense demostrando que es una afición que entiende mucho de esto, que sabe de toros, y que reconoce el esfuerzo, el valor y el arte. Tarde importante para el extremeño que ayer salió reforzado de Vista Alegre, refrendando lo que ya venía anunciando. Un torero para tener muy en cuenta. Pero es que la tarde de ayer vino marcada por la ansiedad, incluso creo que pudo ser un ataque de pánico de Alberto López Simón generado por stress o fatiga mental.
En el toreo, como en todo en la vida ¿es posible que los excesos se paguen?.
Antonio Vallejo
viernes, 26 de agosto de 2016
Aromas de Curro en Bilbao
Victorino comparecía en Bilbao, los Albaserradas levantan expectación allá donde se anuncien, máxime en esta temporada tras los indultos de Cobradiezmos en Sevilla, Madroñito, del hierro de Adolfo Martín, en Santander y Plebeyo, de Victorino en Calasparra. Están en racha, y en Vista Alegre siempre se les espera con máxima expectación. Nuevamente una corrida excelente en presentación, de buenas y variadas hechuras, muy seria, extraordinaria de presencia, entipada, muy en la línea de este encaste. Pero una vez más hay que hablar de una corrida descastada, sin raza, con algunos toros manejables como el primero y quinto, uno bueno, el segundo, y un sexto con mucho genio y peligro. Deslucida en general, con escaso juego y pocas opciones de triunfo para el jienense Curro Díaz y el murciano Paco Ureña.
Fue en el quinto, un toro con nobleza pero falto de raza y escaso de fuerzas, ante el que Curro Díaz aplicó un toreo templado rebosante de sabor y gusto. Muletazos largos, con una cadencia excepcional, la mano baja, con esa forma de torear que tiene y que hace de cada pase un cuadro. Administró de manera exquisita los tiempos, las distancias, las pausas y la altura de la muleta a la hora de conducir la embestida del animal. Sólo haciendo así las cosas puede uno entender que elaborara una faena limpia y con aromas a toreo de otras épocas, gustándose, para culminar con un estoconazo fulminante. Una vez más Curro ha dejado sobre la arena de una plaza de toros su sello de calidad y de clase, su sello de artista, un delicia ver torear al de Jaén.
Del resto de la corrida tan solo destacar los magníficos naturales que Díaz sacó al primero de la tarde, templados y ligados, bellísimos, pero no hubo más que hacer ante un toro descastado. Al igual que Paco Ureña, quien tuvo en el segundo las únicas opciones de triunfo de toda la tarde. Toro noble, que se empleó en el capote del murciano y que metió bien la cara en el caballo, manejable en la uñeta aunque le faltó ritmo y un punto de emoción para conectar con los tendidos. Toreo templado, reposado, de Ureña, sensacional el inicio por el pitón derecho con una tanda de muchos enteros de calidad. A partir de ahí muketazos suelto de excelente trazo pero sin continuidad, lo que hizo que faltara esa palabra mágica que llamamos transmisión. Buena estocada y dos descabellos para recoger una ovación desde el tercio.
Como decía al principio, una vez más una corrida de fachada impecable pero vacía por dentro. Esperemos que la de Torrestrella programada para hoy en el mano a mano entre López Simón y José Garrido, de magníficas hechuras y variados y espectaculars pelajes tenga más fondo y nos permita disfrutar de una gran tarde de toros como la de Puerto de San Lorenzo del pasado lunes.
Antonio Vallejo
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