lunes, 6 de noviembre de 2017

Al calor de América


La temporada americana está en plena ebullición. Perú y México acaparan la atención una vez que en España las plazas han cerrado sus puertas y descansan de cara a lo que vendrá a partir de febrero. Bueno, lo de descansar es un decir, porque en los despachos de las empresas el trabajo no cesa y ya están confeccionando los carteles de las feria más importantes de cara al próximo año. No es exageración, si no al tiempo, que será breve porque ya empiezan a desgranarse anuncios en plazas de primera como Valencia, Sevilla o Pamplona. Pero todas esas noticias llegarán y, como repito cada año, sin darnos cuenta nos vamos a ver inmersos en la nueva temporada. Solo una muestra, una noticia que acabo de recibir, Victorino Martín es la ganadería elegida para abrir la temporada 2018 en Las Ventas el próximo 25 de marzo, Domingo de Resurrección. Esto es solo un aperitivo de la avalancha de rumores, anuncios y noticias que nos esperan y que van a ponernos ese cosquilleo en el cuerpo y esta ganas irreprimibles de que salte el primer toro en España.

Pero la actualidad en los próximos meses estará en América, ese es el presente del planeta toros y creo que es importante que le prestemos la atención que se merece. En años anteriores lo he comentado y sinceramente pienso que es muy recomendable, si uno puede en vivo y los que no tenemos capacidad de permitirnos ese lujo hacerlo a través de la televisión, ver toros al otro lado del charco.  Si finalmente se concreta que Canal Toros va retransmitir, como en años anteriores, las corridas de la Temporada Grande de La México se  nos va hacer mucho más llevadera la espera. Y por lo que se avanzó en el programa especial resumen de la temporada española el pasado mes de octubre es posible que también nos asomen a otras plazas del Nuevo Continente, es nuestro anhelo que así sea y que se concreten los anuncios. Pero no es solo cuestión de hacer llevadero el invierno, es enriquecedor comprobar la manera de entender y vivir el toreo en aquellas tierras. Un ejemplo, la apoteósica llegada de Roca Rey al aeropuerto de Lima. Increíble, como a una mega estrella del cine o del pop-rock, la "rocamanía", una multitud de aficionados esperándole en la terminal para sacarle a hombros como si hubiera abierto la puerta grande de Acho. La imágenes que todos pueden ver en los distintos portales taurinos son espectaculares, ojalá en nuestra patria viviéramos algo similar con las estrellas del toreo. Ver la pasión con la que los aficionados van a los toros en Perú, México, Ecuador, Colombia o Venezuela es más que reconfortante, es realmente una lección para muchos que en España parece que en vez de ir a disfrutar a los toros van a pasarlo mal, a buscar solo el fallo y a protestar cuanto más mejor para que parezca que así son más aficionados. Es cierto que a la hora de ver la corridas de toros en La México, pongo esta plaza como ejemplo porque es la única de América que he podido ver en directo a través de la televisión, hay que cambiar el chip y olvidarse de muchos de nuestros tics de "aficionado exigente". Hay que entender que el toro americano es distinto de hechuras y trapío, que la seriedad no va acorde a la aparatosidad de pitones que en España se pide en muchas plazas, que el tercio de varas en la gran mayoría de los casos se resume a un picotazo, un simulacro de puyazo y pobre del matador que lleve el toro al caballo dos veces, no digo tres, le montan la de San Quintín, y que en las faenas no está siempre el pesado de turno que a cada lance le pide al matador que se cruce y que cada pase surja aislado, sin continuidad  sino que se permite torear al hilo y ligar los muletazos , se busca la estética quizás más que la hondura y la profundidad y los adornos y florituras se reciben con algarabía por parte de los tendidos. ¿Y eso significa que son peores aficionados? Para nada, en absoluto, lo sienten a su manera, tan respetable o más que la nuestra y, puedo asegurar, que entienden y mucho del toreo, saben valorar perfectamente lo que el matador está haciendo ante el toro pero huyen de la crispación y la intransigencia, lo entienden como lo que es, una fiesta, y cuando hay que protestar lo hacen como el que más, que nadie se piense lo contrario. Esto lo he aprendido estos años, en las madrugadas de domingo invernal, viendo las corridas de La México por la tele y, creánme, me lo he pasado bomba escuchando a los comentaristas, aprendiendo nuevos términos, nombres de lances, quienes, suertes, con cierta envidia de su forma de apasionarse con lo que está pasando en el ruedo. Y cuando alguien lo hace mal son duros, incluso crueles, pero adornado con ese gracejo especial que tienen los aztecas que hace más "agradable" la crítica. ¡Ah! y si alguien va a ver estas corridas por vez primera que se arme de paciencia, que no se extrañe al ver que el festejo se va casi con seguridad a las tres horas. Desde que arranca el paseíllo hasta que sale el primero pueden pasar 20 ó 25 minutos, eso si esa tarde no hay alguna despedida de toreros, subalternos, picadores o alguna jubilación de alguien del personal de plaza. Pueden dar una o dos vueltas al ruedo con la familia, amigos, conocidos... con una parsimonia y una tranquilidad muy al uso de los manitos. Y no digo nada de las corridas de ocho toros, esa noche me veo camino de la cama a las 4 ó 4:30 de la madrugada. Pero merece la pena ese desvelo para aprender a querer aún más esta bendita afición.

Como ya he dicho ahora son y Perú y México los reyes de la fiesta, el centro del planeta taurino.  Roca Rey ha reventado Acho en una faena apoteósica en la que se ha mostrado tal cual es ante un público entregado y enfervorizado que ha vibrado con la quietud, el riesgo, la variedad y la imaginación del limeño que perdió la puerta grande por la espada. También Ponce tocó pelo esa tarde en una faena de maestro consagrado ante toros de Daniel Ruiz llegados desde España semanas antes para la misma corrida en la que el gran triunfador fue el peruano Joaquín Galdós que abrió la puerta grande en una memorable actuación. En Guadalajara, Aguascalientes y Querétaro, por nombrar solo algunas de las plazas mexicanas en las que se está lidiando en estos días los toreros mexicanos y los españoles están cuajando grandes actuaciones. Joselito Adame  en Guadalajara en una faena extraordinaria para cortar un rabo y salir a hombros junto a Octavio García "El Payo", y Sebastián Castella en Aguascalientes con una faena marca de la casa en la que el temple y la hondura fueron las notas que sirvieron para cortar dos orejas. Son tan solo unos ejemplos de lo mucho que se está viviendo en México antes del inicio de la Temporada Grande en la Monumental que es sin duda la más relevante de la temporada americana. No en vano es la única plaza americana en la que se confirma alternativa y junto a Madrid y Nimes conforman el trío de plazas de confirmación a nivel mundial.  Dos novilladas, finales de los certámenes que se han realizado para descubrir nuevos valores, son el prólogo a lo que se anuncia a partir del domingo 19 de noviembre en la primera parte de esta Temporada Grande. Las combinaciones de los carteles son las siguientes:


Domingo 19 de noviembre.- Julián López “El Juli” en mano a mano con Joselito Adame, con toros de la ganadería de Teófilo Gómez.
Domingo 26 de noviembre, corrida mixta.- El rejoneador Pablo Hermoso de Mendoza, Cayetano, Arturo Saldívar, y Leo Valadez, quien confirma alternativa. Los toros para rejones están por designar, y los de los toreros de a pie serán de Jaral de Peñas.
Domingo 3 de diciembre.- El rejoneador Jorge Hernández Gárate, y a pie, Enrique Ponce, Joselito Adame, y Octavio García “El Payo”, con toros de Teófilo Gómez, Julio Delgado, y El Vergel.
Domingo 10 de diciembre.- Sebastián Castella, Sergio Flores, Ginés Marín, y Luis David Adame con toros de Xajay.
Martes 12 de diciembre (corrida extraordinaria).- Pablo Hermoso de Mendoza, José Tomás, Julián López “El Juli”, José Mª Manzanares, Joselito Adame, Octavio García “El Payo”, Sergio Flores y Luis David Adame, cono toros de 8 ganaderías diferentes aún por designar.
Domingo 17 de diciembre, corrida mixta.- Andy Cartagena, Fermín Rivera, Juan Pablo Sánchez, con toros de Rancho Seco, y Torreón de Cañas.
Lunes 25 de diciembre.- Fabián Barba, Antonio Romero, y Gerardo Adame, con toros de Rancho Seco.
Lunes 1 de enero Festejo de Rejoneadores.- Emiliano Gamero, Luis Pimentel, y Sebastián Torre, además actuarán los Forcados Mazatlecos en mano a mano con los Portugueses de Alcochete. Lidiarán toros de San Marcos.
Lo primero de todo, las ganaderías. Salvo Xajay, que la conozco por haberla visto otros años, las demás no tengo ni idea de como son, la verdad por delante, ni sus encastes, su procedencia, sus hechuras o su presencia,  pero no creo que difieran mucho del toro tipo mexicano, más bien pequeño, de hechuras y morfología "distintas" por decirlo de alguna manera, corto de cuello, cornicorto y tendente a cornipaso en muchos ejemplares. Un toro al que al principio cuesta adaptarse  y que nos resulta un tanto extraño acostumbrados a los mastodontes que tantas veces vemos en España. Y lo segundo los matadores, que salvo en las corridas del día de Navidad y Año Nuevo son de sobra conocidos, figuras del toreo a uno y otro lado del Atlántico. Hasta ahí todo normal, pero me ha llamado la atención lo que he leído en diversos medios taurinos mexicanos y algunos blogs taurinos de aquellas tierras donde están que echan humo ante los carteles anunciados. Más bien tienen un cabreo monumental y reparten estopa a diestro y siniestro. Las críticas se centran, y me parece que con plena justificación, en las ausencias de matadores como Diego Silveti, Miguel Ángel Perera, Paco Ureña, Andrés Roca Rey, Antonio Ferrera, José Mª Manzanares o Alejandro Talavante y en los hierros elegidos, especialmente los de las  figuras como Ponce, Juli o Joselito Adame, reses de Teófilo Gómez  y Julio Delgado a las que tachan de "bobaliconas". ¿Entienden ahora por qué decía que saben y mucho de toros, que son exigentes sin caer en la intransigencia y que cuando ven que algo se hace mal no se callan ni se cortan un pelo?. La verdad es que yo también me alineo en esa postura crítica con la empresa, y lo hago por una razón que me parece de sentido común. La México es, si comparamos con España, el equivalente a Las Ventas. ¿Se imaginan un San Isidro sin que ninguno de esos matadores haga al menos un paseíllo?. Cuesta creerlo, ¿no?, pues eso es lo que les pasa a los aficionados mexicanos, que están que no se lo acaban de creer, y les entiendo perfectamente. Confío en que estas ausencias no supongan una merma en la fluencia de espectadores, situación que el año pasado fue alarmante y que mucho me temo que va a repetirse ante la frialdad con la que han recibido el anuncio de los carteles. Si ver una plaza de toros en la que el cemento sea lo dominante en los tendidos es deprimente lo es multiplicado a la enésima potencia cuando en la inmensidad de las cincuenta mil localidades de la Monumental Azteca solo se ven espectadores en los tendidos más bajos. El pasado años hubo festejos con tres o cuatro mil espectadores en una imagen desoladora que espero que no se repita este año. Y ya para terminar tan solo añadir una duda, una inquietud por lo que he leído hoy mismo acerca de la ruptura de Unicable, la cadena que  estos años retransmtía los toros en la México y que ha roto su acuerdo con la plaza dejando en el  aire quien será la encargada de las transmisiones. Se habla de una plataforma digital, BLIM de Televisa, como la encargada de hacerlo. Solo espero que Movistar con su Canal Toros logre alcanzar el acuerdo necesario para hacernos llegar hasta España la señal de las corridas desde La México y que no nos quedemos sin toros  en directo este invierno. Después de tantas ilusiones depositadas en espera de las madrugadas taurinas y los lunes resacosos por la falta de sueño sería un palo quedarme sin poder disfrutar de los toros ¡doce meses al año!, el sueño de cualquier aficionado, esas frías madrugadas de invierno español al calor del toreo en América, un lujo.
Antonio Vallejo

  


jueves, 2 de noviembre de 2017

Colorín colorado


Mucho, muchísimo es lo que me parece que ha pasado desde que escribí la última entrada de este blog. Concretamente un mes, un intenso y convulso mes en el que tantas cosas han pasado en nuestra España, un mes que nos ha tenido pendientes día a día de los acontecimientos gravísimos que posiblemente llevan la aniquilación de la España que conocemos y que queremos por obra y gracia de unos golpistas que campan a sus anchas ya no solo por Cataluña sino por esa Europa tonta y acomplejada que tanto daño nos está haciendo, y por la inacción fruto de la cobardía de un gobierno decidido a vender a España a cambio de un puñado de votos, un gobierno que sólo habla de "diálogo" y "negociación" y que se niega a encarcelar a los culpables de delitos tan graves como sedición o rebelión, un gobierno que pastelea con quien sea proclamando como solución maravillosa unas elecciones sin sentido abocadas al caos y que permite al cabecilla de la rebelión pasarse por Bruselas sin hacer absolutamente nada. Por puro azar he comenzado a escribir esta entrada hoy por la mañana y la termino por la tarde, por lo que llego a tiempo de incluir aquí la gran alegría que me ha dado la noticia del encarcelamiento de todos los responsables del golpe separatista. Pero ojo, que nadie baje la guardia porque aún queda mucho por hacer y por demostrar. 
Con este panorama desolador es de entender que a uno no le hayan quedado muchas ganas de ponerse a teclear para hablar de toros pero ya estoy aburrido, harto de que los enemigos de España por acción y por omisión alteren mi vida y, sobre todo, las ganas de hablar sobre esta bendita locura que es la afición a los toros. 
Dejaba las cosas hace un mes al final de una Feria de Otoño madrileña en la que Paco Ureña y Miguel Angel Perera resultaron triunfadores a mi modo de ver, el murciano dejando una vez más muestras de la que ha sido una excepcional temporada, poderoso y dominador, y el extremeño valiente y rotundo, además de artista. 
Esa Feria de Otoño precedió de la que marca cada año el final de la temporada taurina española: la Feria del Pilar en Zaragoza  Es cierto que por detrás de la cita maña aún quedaban por celebrar algunos festivales y la feria de Jaén para echar el cierre definitivo a este importante año 2017, pero no hay duda que la capital maña marca la última de las grandes citas para los aficionados. Como verán hablo de un importante año y no me refiero precisamente a lo exclusivamente taurino y al terreno artístico, lo digo precisamente por lo que antes he comentado,  por la enorme transcendencia de los terribles días que estamos viviendo en los que la integridad nacional, la Unidad de nuestra Patria, la España forjada por siglos de historia, gloria y grandeza, puede venirse abajo por la barbarie de unos pocos y el consentimiento de quienes debieran haber atajado esta barbarie hace mucho tiempo. E insisto que, a pesar de las últimas detenciones, a estas alturas aún no sé quien tiene más culpa, si el que lo hace o el que lo permite, todos con nombres y apellidos: Puigdemont, Trapero, Junqueras, Gabriel, Sánchez, Rajoy, Santamaría y un largo etcétera. Pero España, el pueblo español, parece haber dicho basta y no está por la labor de permitir que se le ataque de manera vil y cobarde. España y los españoles han sabido defenderse de ataques y afrentas mucho mayores a lo largo de su historia, sin ir más lejos Zaragoza, la romana César Augusta, ha sido a lo largo de la historia ejemplo del valor, el honor, la gallardía y la bizarría de un pueblo como el español, y si no que se lo digan a los franceses del siglo XVIII. Así lo ha demostró durante la celebración de la feria del Pilar, patrona de la Hispanidad y nuestra Fiesta Nacional, con muestras claras del sentir de millones de españoles que estamos hartos de que se nos insulte y agreda por el único hecho de amar a nuestra nación, España. ¿Cómo lo ha demostrado? Muy sencillo, poblando sus tendidos de banderas de España, como antes lo hizo Madrid en la Feria de Otoño, algo que jamás había visto en una plaza de toros, el que cientos, miles de aficionados acudiéramos con nuestra bandera a los toros. Yo no fui menos el primero de octubre engalané la barandilla junto a la que cada tarde de toros me siento en las ventas con la bandera nacional. Años y años han tenido que pasar parque la gente se dé cuenta de lo importante que es lucir con honor nuestra bandera, años y años en los que a los que siempre hemos hecho gala de nuestros colores nos tildaban de "fachas", a modo de insulto, cuando, al menos en mi caso, no es un insulto, es más, si defender lo que yo defiendo, España, su Unidad, sus raíces y sus señas de identidad, es ser un facha lo soy sin ningún complejo, y a mucha honra. Esa foto de portada con la que ilustro esta entrada es una muestra de lo que ha sucedido en las plazas de toros durante todo este mes de octubre  un mar rojo y gualda en los tendidos, en una demostración de que el mundo del toro es muy sensible a todo aquello que ataque a su razón de ser, a sus esencias, y entre ellas está en lugar primordial el concepto de España como nación única.  Así estuvo Madrid, así estuvo Zaragoza, así estuvo Valencia, así estuvo Jaén y así estuvieron los muchos pueblos que en este mes de octubre celebraron festejos taurinos. Varios son los nombres que destacaron en Zaragoza, Juan José Padilla, el Ciclón de Jerez, todo corazón, arrojo, entrega y pundonor, Ginés Marín, arte puro, que se catapultó en aquella mágica faena en San Isidro y que ha culminado una temporada extraordinaria y que en el coso mano brilló por su disposición, sus ganas, su quietud, serenidad y seguridad, Paco Ureña, una vez más, en dos faenas de entrega, valor y pundonor, pisando terrenos comprometidísimos, pasándose a los toros a milímetros de la cintura, tragando arreones y parones, impasible, tirando del toro cuando se quedaba, una alarde de firmeza y compromiso, Cayetano, todo raza, arrebatador, un torero que tiene imán por su personalidad y su verdad delante de la cara de los toros, que resultó herido en los últimos compases de la faena pero que tuvo la fuerza, la dignidad y lo que un tío tiene que tener para tirarse a matar recto y sin titubeos con tres cornadas en el muslo y reventar al toro de un espadazo que valió dos orejas, Sebastián Castella dejando de nuevo impronta de maestro, de torero cuajado, con una capacidad, una superioridad y una facilidad delante de los toros casi insultante, valiente y decidido, firme y entregado, y Andrés Roca Rey, el peruano que desafía al riesgo en cada lance, que nos encoge el corazón y nos corta la respiración al ver por dónde se pasa los pitones, que jugó con el riesgo, la inspiración y la técnica como si fueran pelotas con las que hacer malabarismos en una tarde de emoción y entrega en la que acabó sometiendo a sus oponentes con arte y valor para terminar poniendo en pie a los tendidos de Zaragoza. Todos ellos nombres que tiñeron de oro y sangre, los colores de nuestra bandera, la arena maña y que nos hicieron disfrutar a cuantos estuvieron en la plaza y a los que lo vimos a través de las retransmisiones de Canal Toros. Pero si estos nombres resonaron y fueron importantes hay dos que en mi opinión estuvieron a una altura descomunal: Alejandro Talavante y Enrique Ponce. El extremeño cuajó una tarde mágica, pletórica, entendiendo y manejando a sus dos oponentes con un mando y un domino superlativo. A nadie se le escapa que Talavante ha adquirido ya una dimensión de figura del toreo, de todos es sabido que su toreo no deja indiferente a nadie, que todo fluye de manera natural, nada es preconcebido, la inspiración domina sus faenas, pero a ello le suma un conocimiento del toro, de los terrenos y las suertes al alcance de pocos, en una fusión de técnica y duende que enamora y emociona a cualquiera. Faenas compactas, toreo rotundo, templado, lento, al ralentí, con largura y ligazón en la más pura ortodoxia, detalles y remates inesperados fruto de la inspiración, asistido por las musas, látigo en su muleta cuando había que someter y poder al toro, seda en su muñeca cuando se abandonaba al arte y la belleza de redondos y naturales de ensueño, y la espada un auténtico cañón. Tarde mágica, histórica me atrevería a decir, de Alejandro Talavante para poner un broche de auténtico lujo a una gran temporada, otra más para el extremeño. Y Enrique Ponce, ¡una vez más!, ¡otra más!, ¡y las que quedan!. Lo de Ponce hace mucho que se escapa a las reglas de la lógica, que deja al diccionario sin epítetos con los que calificar otra tarde histórica del que, lo digo y lo repito, considero el mejor torero de todos los tiempos. Otra tarde de las muchas que aún nos quedan por disfrutar de este maestro eterno. Fue ante un toro de Juan Pedro Domecq al que nadie, excepto Su Majestad Enrique I, había visto en los primeros tercios. Un toro ante el que, de la fantasía y la imaginación del valenciano, surgió una faena llena de personalidad, elegancia, gusto, clase, de una belleza y una carga emocional suprema. Toreo desmayado, templado, largo, ligado, dejándose en la cara del juanpedro, toreo de muñecas rotas y suavidad infinita, redondos ligados con la mano baja, citando con el envés de la muleta en esa manera tan peculiar y bella de citar al toro que el maestro acostumbra en los últimos tiempos, naturales hondos de belleza celestial y un cierre de faena por el pitón derecho flexionando la rodilla, muletazos lentos, eternos, deteniendo el tiempo ante unos tendidos enloquecidos ante tanta belleza, entregados al Arte del maestro de maestros.
Y así, con un sabor de boca inmejorable, se puso fin a la temporada 2017. Una temporada que arrancó en Valdemorillo, que tuvo en Valencia su primer punto álgido, una Feria de Fallas en las que un joven de la tierra, Román, enseñó sus credenciales y su capacidad como torero, algo que ha ido refrendando en todas y cada una de sus actuaciones convirtiéndose en un valor en alza muy a tener en cuenta de cara al próximo año. Una temporada que en Sevilla nos enamoró de Antonio Ferrera, de su profesionalidad y honestidad, de su valor y su clase, en definitiva, de la inmensa torería que lleva en su interior el maestro balear-extremeño y que le convirtió en rotundo triunfador del abril sevillano. Una temporada que asistió en Madrid al nacimiento de una figura del toreo que puso a Las Ventas patas arriba, Ginés Marín, en una tarde apoteósica del jerezano en la que nos dejó el que probablemente haya sido el mejor muletazo de toda la temporada, ese cambio de mano no largo, kilométrico, templado, lento, lentísimo, bajísimo, a ras del suelo, una auténtica maravilla que quedará para la historia del toreo. El mismo San Isidro en el que vimos a un toro de Jandilla, Hebrea de nombre, que para mi modo de ver era de indulto, un toro también para la historia al que Sebastián Castella toreó como los ángeles en una faena completísima en la solo faltó un gran final con el toro regresando al campo para padrear, ese San Isidro en el que Juli demostró que el poderío y el mando en el toreo llevan su nombre, Antonio Ferrera pisó fuerte la arena venteña y nos emocionó con su toreo cargado de empaque y gusto y en el que Ponce cuajó otra tarde mágica conjugando la maestría, el gusto y la belleza en su primer toro con la entrega, las ganas y la disposición ante su segundo toro, un animal que no tenía ni medio pase ante el que Enrique I El Grande inventó una obra maestra llegando a exponerse como si de un novillero que tuviera que hacerse un hueco en este mundo del toro se tratara en una demostración de profesionalidad y respeto al toro digno de lo que es Ponce, una figura de época. Luego llegó Pamplona, San Fermín, la Feria del Toro, con tres nombres propios: Roca Rey, Antonio Ferrera y Cayetano. El peruano en su línea, valiente y firme, sin dar un paso atrás, pisando terrenos inverosímiles, Ferrera inundando el coso pamplonés de torería y Cayetano regando la arena con el arte que emana de sus sangres Rivera y Ordoñez, con pasajes de clase infinita en la línea Ordoñez perfectamente ensamblados con otros arrebatados de raza en la línea Rivera. El veraniego agosto nos dejó huérfanos aquel domingo 13 en el que Morante anunció que abandonaba temporalmente el toreo. Se iba el duende, no en un adios, en un hasta pronto que ya se me hace largo y que espero y deseo termine ya para volver a ver al sevillano vestido de luces y sentir el pellizco de su toreo. Pero agosto no solo fue testigo de esta triste noticia, fue también testigo de dos tardes maravillosas, antológicas en dos ciudades españolas separadas por mil kilómetros: Málaga y Bilbao. Dos ciudades pero un solo nombre: Enrique Ponce. Sí, una vez más, la enésima, el maestro de Chiva, el más grande, en una tarde de Crisol malagueña en la que compuso una de las más bellas sinfonías que jamás hayan podido disfrutar los sentidos y en una tarde bilbaína en la que certificó, si es que quedaba alguna duda, que el idilio del maestro valenciano con la afición de Vista Alegre es eterno. Se fue el verano y el otoño madrileño y zaragozano puso fin a la temporada que he intentado resumir en sus momentos más significativos, aunque se me habrán quedado muchos, muchísimos de los que a lo largo del año he ido contando a mi manera en este blog. 
Pero hay un momento, un día concreto, una fecha maldita que no se me ha olvidado, en absoluto, y que es el que realmente ha marcado toda la temporada. Era sábado, 17 de junio, y en una plaza francesa un toro segaba la vida de un gran torero, un hombre que entendía la profesión a su modo, acorde a su personalidad, un hombre que cada tarde que se vistió de torero dignificó e hizo grande a la Fiesta, un hombre que se ganó el respeto por la verdad de su toreo y un hombre al que, lo dije y lo repito, se le trató de una manera injusta e inmerecida, con una falta de respeto y de sensibilidad fuera de lugar para lo que se había ganado en los ruedos. Ese hombre era Iván Fandiño, el torero de Orduña que aquel día de junio se fue al cielo donde tantos maestros que le esperaban para ver los toros en esa barrera de auténtico lujo que cada tarde conforman, una barrera celestial desde la que mandan más de un capote y hacen un quite milagroso cuando se necesita. La muerte de Fandiño nos dejó mudos, helados, casi sin capacidad para reaccionar, sumidos en un dolor inmenso, sin capacidad para explicarnos cómo había podido ocurrir tal drama. Se fue un maestro, alguien al que con el paso del tiempo muchos se darán cuenta de todo lo que el toreo le debe, alguien que con su entrega y pureza cada tarde que hacía el paseíllo honraba a la Fiesta, alguien gracias al que todo lo que he ha ocurrido en las plazas españolas a lo largo del año tiene sentido. Es muy duro, es trágico, es inexplicable y se escapa a toda lógica, pero el toreo es así, el toreo es eso, el toreo es la lucha de poder a poder entre un hombre y una bestia de la que solo uno puede resultar vencedor. Sin duda que esta temporada 2017 quedará en el recuerdo de todos los aficionados por la muerte de Iván Fandiño aquella fatídica tarde de junio, como la pasada quedó marcada por la de Víctor Barrio. Y ni un minuto voy a desperdiciar en los criminales que se mofaron de la muerte de un torero de pies a cabeza, ya tendrán su merecido algún día, seguro.
Con todo lo dicho, con el triunfo y la tragedia en el recuerdo es una auténtica pena que la temporada española haya llegado a su fin y que tengamos que esperar hasta el próximo mes de febrero para ver saltar al ruedo al primer toro de la temporada 2018. Meses de invierno en los que espero y deseo que Canal Toros se apunte al carro de la Temporada Grande en La México y los domingos por la noche nos conecte con el Coso de Insurgentes para vivir el toreo al estilo mexicano en esas madrugadas de invierno tan apasionantes para los que amamos esta Fiesta y así nos haga más llevadero el ayuno invernal en nuestra España. Ojalá se cumplan estos deseos, por las últimas noticias que he escuchado parece ser que así va a ser, incluso es probable que las retransmisiones se amplíen a otros países como Colombia o Perú, será una maravilla si finalmente se concreta.
Y colorín colorado ¡este cuento no se ha acabado! porque el planeta toro no para, España y América forman un carrusel sin solución de continuidad y así será siempre, aunque a alguno le pese.

Antonio Vallejo

lunes, 2 de octubre de 2017

7ª de Otoño: Gris final, triste despedida


Caía ya la tarde y la luz de atardecer otoñal cubría Las Ventas cuando estas a punto de doblar el sexto de la tarde, a eso de las ocho y dos minutos de la tarde, lo que da idea de lo "rápida" que ha sido la corrida que clausuraba la Feria de Otoño en la todavía capital de la todavía España. Mañana Dios sabe qué será, sobre todo tras escuchar la briosa, valiente y enérgica respuesta del Presidente del gobierno ante la barbarie que se ha vivido hoy en esa región española que es Cataluña. Una arenga legionaria previa a un combate jamás podrá igualar al tono empleado por el todavía Presidente del todavía gobierno de la todavía España. Tranquilos, mañana va a convocar a los partidos, ¿?, y el miércoles, sin prisas por favor, va a ir al Congreso. ¡Toma ya!. Me imagino que los independentistas, auténticos animales rayanos en terroristas, estarán escondidos temblando de miedo. 
Una corrida de Adolfo Martín desigual de presentación y desigual de hechuras, aunque todos se reconocían como Albaserradas, entipados, serios, muy descarados de pitones, veletos, incluso algunos cornipasos, y que, salvando dos toros, ha resultado decepcionante en cuanto a juego y comportamiento.  Tan solo los dos primeros de la tarde han permitido a Juan Bautista y Paco Ureña lucirse en la muleta, porque los cuatro restantes han sido toros complicados, de corto recorrido, que se revolvían buscando más allá de las telas, deslucidos y sin opciones para el lucimiento o el triunfo. Pero que nadie se engañe, que esta corrida la hemos visto ya muchas veces, que cuando uno va a ver Albaserradas ya sabe a lo que va y a estas alturas nadie se extraña de que salga como la de hoy, aunque a todos nos hubiera gustado haber visto seis como aquel Madroñito indultado en Santander por Manuel Escribano en julio de 2016.
Juan Bautista ha toreado al primero de la tarde con gusto y temple, relajado, con series en redondo ligadas, con empaque y la mano baja. Emoción y transmisión ante un toro que metía la cara y repetía pero que solo ha tenido un pitón, el derecho, porque por el izquierdo no tragaba ni un pase. Firme, seguro, muy solvente el galo, en línea con su magnífica temporada. Parecía que una oreja podía caer en manos de Juan Bautista pero el atasco con los aceros desterró cualquier opción de trofeo. Al tercero, un toro que no humillaba y que soltaba la cara a medio muletazo lo trató de someter Bautista en un par de series por el  pitón derecho con algunos pases de calidad, muy por encima el francés de las condiciones del toro. Igual que el primero el pitón izquierdo era imposible por los tornillazos que soltaba y el resto de la faena resultó un intento por someter las brusquedades del Adolfo sin mayor lucimiento ni emoción. Tampoco anduvo fino con la espada, algo infrecuente en él. Peor aún fue el quinto, una alimaña que buscaba los tobillos, que se revolvía como una lagartija y buscaba constantemente los muslos del de Arles. Trató de someterlo por bajo, imposible, y abrevió, algo que no sé por qué disgustó a un sector que debió ver en este toro algo que yo desde luego no he visto, porque si no no me entra en la cabeza que se pitara como se pitó a Juan Bautista y se ovacionara al toro en el arrastre. Solo hay una explicación, fastidiar, molestar al torero, darle por saco como vulgarmente se dice. Pues para eso que monten un referéndum y se vayan a otro sitio a dar por ahí. Nunca lo he entendido ni lo entenderé, además no quiero siquiera intentarlo. Si no te gusta lo que ha hecho hay un momento reservado para mostrar tu opinión una vez que el toro ha sido arrastrado, pero aplaudir con mala leche a un mal toro para hacer daño a quien se ha jugado la vida ante él me parece de muy mal aficionado, además de mala persona. Vamos, que cualquiera de los del referéndum lo haría.
Paco Ureña no necesita descubrirse ni justificarse en Madrid, es de sobra conocida su valentía y su arte y hoy lo ha demostrado una vez más ante el segundo de la tarde, un toro que cumplió un excelente y vibrante tercio de varas arrancándose en largo, con galope ágil y alegre, metiendo los riñones y empujando con celo en el caballo que montaba Pedro Iturralde, quien lo toreó con el caballo como hacía tiempo no veíamos, lo citó de lejos y picó delantero ejecutando la suerte con absoluta pureza. Cuando este tercio se hace como lo ha hecho Iturralde en la tarde de hoy resulta de una belleza y emoción superlativa, además de ser fundamental para el posterior desarrollo de la lidia. Instantes antes había dejado el de Lorca  un saludo capotero extraordinario andándole hacia atrás, llevándolo encelado en le capote muy por bajo, a ras del suelo para sacarlo a los medios entre los olés del público. Toreó con temple el murciano, con un inicio de faena torerísimo por bajo, con dos trincherazos bellísimos para continuar tratando  llevar en largo al Adolfo que si bien se quedaba corto por el pitón derecho  por el izquierdo permitió a Ureña sacar naturales hondos en series ligadas bajando la mano con el compás abierto, despatarrado, un Ureña dominador y poderoso que sometió al Adolfo con la zurda. Con el cuarto estuvo más que digno y entregado, quizás en exceso alegando una faena que no llevaba a ningún sitio más que a la enfermería puesto que se las estaba viendo con un toro que se revolvía nada más entrar en la muleta, un toro sin clase, sin recorrido y con un peligro tremendo, un toro que además presentaba unos pitones descomunales, para mi gusto exageradísimos, no acordes a su caja y su cara, para mi completamente desproporcionado. No se arrugó Ureña ante las acometidas, los arreones, los tornillazos constantes, y hay que tenerlos muy bien puestos para quedarse quieto viendo esos dos puñales, más bien lanzas, buscando herir en cualquier parte. Y con el que cerraba plaza más de lo mismo, corto recorrido y feísimas intenciones, pero Paco Ureña le plantó cara y llegó a robarle muletazos sueltos por ambos pitones de enorme mérito, sobre todo por el izquierdo, unos naturales bellísimos cargados de emoción exponiéndose una barbaridad, tanto que llegó a prenderle y echarle por los aires afortunadamente sin herirle. Muy por encima de sus toros, sobre todo en este último, jugándosela de verdad, sin tapujos. Más no se le puede pedir con lo que ha tenido enfrente.
Así se ha cerrado la Feria de Otoño que, a falta de una novillada el domingo y la corrida del 12 de octubre, supone el final de la temporada madrileña. Un cierre en un día triste en el que lo mejor ha sido ver los tendidos de Las Ventas llenos de banderas de España reclamando algo tan sencillo como la unidad de una nación de siglos de gloriosa historia frente a los desmanes y la barbarie de unos pocos, porque el mundo del toro y los aficionados no vivimos de espaldas a la realidad, al revés, siempre han sido los primeros en ponerse al frente de causas justas, ¿y qué hay más justo y necesario que defender a tu Patria y lucir con honor su bandera?

Antonio Vallejo

domingo, 1 de octubre de 2017

6º de Otoño: Miguel Ángel Perera y ¡Viva España!


Esta imagen lo vale todo, esta imagen es el resumen de lo que he vivido esta tarde en Las Ventas, esa tarde resume la verdad de lo que somos, una Nación, una Patria con muchos siglos de historia y gloria a sus espaldas labrada en gestas y batallas victoriosas gracias a nuestra Unidad, aquella que llevó a nuestros héroes, a nuestros marinos, a nuestros soldados a dominar el mundo en nombre de España. En aquellas empresas se embarcaron castellanos, aragoneses, vascos , catalanes, valencianos, andaluces, gallegos, extremeños, daba igual su origen, todos servían bajo una misma Corona y un mismo nombre, España. Lo que ha hecho Miguel Ángel Perea hoy en Madrid es mucho más que toreo, es dejarse de complejos y gritar a los cuatro vientos que España es Una y que nada ni nadie puede romperla por su propio capricho. Por algo viene de esa tierra extremeña que tan grandes hombres ha dado a lo largo de la historia de España. Y lo ha hecho en Madrid, la capital del Reino, en la Fiesta Nacional, saliendo a hombros ondeando nuestra bandera roja y gualda, tras una tarde en la que los vivas a España han sonado tanto o más que los olés, gritos salidos de las gargantas de españoles que estamos hartos de claudicaciones, de informes y recursos ridículos a no sé qué tribunales, de negociaciones turbias que arruinarán aún más a una España empobrecida en todos los órdenes por un gobierno débil y acobardado dirigido por un individuo que es como uno de esos mansos que tantas tardes vemos refugiado en tablas, buscando la huida, rehuyendo la batalla, sin clase ni fondo alguno. España ha vencido en muchas batallas, ha ganado muchas guerras y esta no va a ser una excepción. Y que no se olviden que los mansos también tiene su lidia y al final los arrastra el tiro de mulillas, que la dejadez, la cobardía y la traición no salen gratis.
El héroe de esta de nuevo calurosa tarde de otoño, Miguel Ángel Perera, ha cortado una oreja a cada uno de sus toros en dos faenas rotundas,  con el mando y poderío habitual en el extremeño y que suponen la culminación de una extraordinaria temporada. Con el capote ya había dejado claras sus intenciones replicando a un templado quite por chicuelinas de Juan del Álamo con otro extraordinario en le que ha combinado chiquilinas y tafalleras. El tercio de banderillas a este primero de la tarde ha sido antológico, tanto por la extraordinaria brega de Javier Ambel como por los sensacionales pares colocados por Curro Javier y Guillermo Barbero, saludando desmonterados los tres en medio de la apoteosis general. El del Puerto de San Lorenzo apuntaba, algo muy habitual en este encaste Atanasio, querencia de manso al inicio de faena, pero el extremeño lo ha sacado a los medios y allí el toro a roto a embestir con clase, humillando, repitiendo, persiguiendo la muleta con fijeza y celo. Templado Perera, encajado, ligando las series por ambos pitones con la mano baja, llevando al toro con una suavidad exquisita, acoplado a la embestida. Las series en redondo han sido extraordinarias, los naturales aún mejores, lentísimos, los pases de pecho que remataban las series auténticamente portentosos, un cambio de mano por el pitón derecho al final de faena monumental y un remate de pecho en la última tanda en redondo que se ha convertido en un circular infinito, todo ello bajo la batuta del temple, el mando y el poderío del toreo de Miguel Ángel Perera. Una estocada entera y un golpe de verduguillo han valido una oreja pedida por una mayoría abrumadora y que ha paseado luciendo con orgullo y sin complejo una bandera española lanzada desde un tendido. El cuarto de Puerto de San Lorenzo ha sido protestado de salida por escasa presencia, ha pasado sin pena ni gloria en el primer tercio sin lucir en el capote ni cumplir en el caballo. De nuevo se ha lucido Javier Ambel, esta vez con dos magníficos pares de banderillas que han puesto en pie a los tendidos. Inicia la faena como tantas veces le hemos visto hacer a Perera, clavado en el centro del anillo, dos cambiados por la espalda ajustadísimos, de auténtico infarto los que siguen muletazos por bajo templados y un trincherazo enorme cargado de sabor y torería. El de Puerto de San Lorenzo es pronto, se arranca en largo, tiene buen tranco, galopa alegre y toma bien la muleta. Miguel Ángel le da distancia, mucha, el toro responde y las series por el pitón derecho, ni sé cuantas habrán sido, una tras otra han surgido ligadas, con la mano baja, llenas de emoción y transmisión, pasándose al toro por la barriga, acompasando el muletazo con la cintura en una composición de enorme belleza. Con la zurda las tandas también han sido portentosas, naturales enormes, lentos, con hondura, rematando hacia dentro, llenas de emoción, rematadas con unos de pecho eternos. Lección de mando y poder en manos del extremeño que ha dominado a su antojo a sus dos oponentes. Tanto que este cuarto se ha visto tan sometido y podido que en la fase final del trasteo se ha rajado, pese a lo que Perera le ha buscado, le ha presentado la muleta y ha rubricado su obra con detalles de torería como un pase de las flores vistoso y elegante y unas trincherillas bellísimas. Mata de entera al segundo intento pero ni eso impide que se pida la oreja con fuerza en unos tendidos plagados de pañuelos blancos, aunque al 7 le haya parecido mal. Sin comentarios, allá ellos con sus manías y fobias. Puerta Grande para Miguel Ángel Perera, la sexta de su carrera en Las Ventas, y no va ser la última, pero como la de hoy seguro que ya no habrá ninguna, con la bandera de España ondeando sobre su cabeza entre vivas a España mientras sale a hombros camino de la calle Alcalá. En todos los medios de comunicación taurinos esa imagen seguro que ocupa lugar primordial, ¿ocurrirá lo mismo en los demás medios supuestamente nacionales?. No, ni mención, seguro, están todos alineados en la misma dirección, a la orden de una Vicepresidenta aliada con los enemigos de España.
Junto al matador extremeño completaban la terna Juan del Álamo y Alberto López Simón. Uno de ellos triunfador el pasado San Isidro, el salmantino, y el otro un torero de Madrid que eclosionó hace tres años descerrajando la Puerta Grande de Las Ventas en tres ocasiones y que parece despegar de nuevo tras unos meses de dudas y sombras. El hierro anunciado, sin duda, uno de los que goza de mejor cartel en Madrid, Puerto de San Lorenzo, encaste Atanasio-Lisardo, por lo que no resulta extraño que los tendidos de Las Ventas hayan presentado un magnífico aspecto con casi lleno. Seis toros serios pero desiguales tanto de presencia y presentación como de juego, con tres toros buenos y nobles, los de Perera y el sexto de López Simón, un manejable pero sin clase, el tercero, y dos exigentes y con complicaciones que fueron segundo y quinto, teniendo todos ellos el denominador común de un punto de mansedumbre en los primeros tercios que mejoró posteriormente en la muleta, algo habitual en este encaste. 
El salmantino Juan del Álamo volvía a Madrid tras su Puerta Grande el pasado 8 de junio con la corrida de Alcurrucén y creo que no ha defraudado. Enfrente se ha encontrado dos toros que no han ayudado precisamente al triunfo. Se las ha tenido que ver en primer lugar con un toro sin clase ni casta, que constantemente se colaba por el pitón derecho, que se defendía a base de cabezazos, sin humillar, pegando tornillazos, un toro sin recorrido, que reponía y buscaba con peligro. No se ha arrugado el salmantino y le ha presentado batalla llegando a sacar muletazos sueltos de mérito, pero a la faena  le ha faltado continuidad por la malas condiciones del de Puerto de San Lorenzo. No obstante, para mi ha estado digno y dispuesto, poniéndole la muleta y tratando de dominar las brusquedades de su embestida, pero no había de donde rascar algo. Abrevia con buen criterio  y a por el quinto, un auténtico bisonte de 633 Kg, una barbaridad, una masa de carne que ha resultado complicado y exigente pero al que del Álamo ha conseguido dominar y someter en la muleta a base de temple. Un toro que siempre ha ido con la cara alta, y si no que se lo digan a Curro Sánchez en el tercio de varas, al que descabalgado de un golpe con la pala del pitón, imagínense dónde llevaba la cara el animal. El de Ciudad Rodrigo ha logrado meterlo en la muleta a base de tragar, templar y bajar la mano. Las mejores series han venido por el pitón derecho en derechazos ligados por bajo profundos que han arrancado los olés del público. Por el pitón izquierdo era andarín y gazapón, incómodo, sin dejarse hacer, permitiendo tan solo algunos naturales aislados con cierto empaque. Faena de más a menos al venirse abajo el del Puerto en la que Juan del Álamo ha estado dignísimo y enormemente voluntarioso, por encima del toro, lo que le ha valido palmas de reconocimiento tras la muerte de este quinto.
El cambio de apoderamiento le ha venido muy bien a Alberto López Simón. En San Isidro se le veía decaído, nervioso, inseguro, de hecho se le fueron toros de orejas, lo que a los aficionados nos dejó en el ánimo una sensación más que preocupante. Ahora, de la mano de Curro Vázquez, parece haber recuperado la alegría y el empuje que caracterizaba su toreo. Al menos así me ha parecido tus verle ante el sombrero De Santiago Domecq que ha tenido que matar al ver como era devuelto el tercero del Puerto por inválido. Un toro pronto y con movilidad, que iba y venía pero sin clase ni calidad, ante el que  el madrileño ha estado pulcro y aseado, tirando de técnica, probándolo por ambos pitones, tratando de conducir la embestida aunque sin emoción por la sosería del toro. Al menos Domingo Siro y Jesús Arruga nos han dejado un buen tercio de banderillas en este toro. El sexto no ha sido un toro sencillo, tenía complicaciones pero a cambio por el pitón derecho iba francamente bien. Lo ha entendido el de Barajas y por ahí ha cimentado una faena apoyada en el temple y la ligazón con series en redondo de calidad, acoplado, toreando largo y con la mano baja en derechazos de magnífico trazo, dibujando unos de pecho con categoría para rematar las series. Por el pitón izquierdo le costaba mucho más tragar los muletazos, protestaba y se revolvía, lo que ha hecho que el nivel general de la faena decayera unos puntos. Vuelve a la diestra para culminar el trasteo con una serie encajada por el pitón derecho, toreando en redondo con emoción, logrando lances de gran belleza al bajar la mano y alargar el viaje del toro. De nuevo los olés han vuelto a acompañar la faena de López Simón y la oreja parecía segura, pero el fallo con los aceros ha echado por tierra su magnífica labor. Una pena porque esa oreja habría hecho mucho para elevar el ánimo del madrileño y hacerle volver por sus fueros. Pero creo que no hay duda que López Simón ha vuelto y vamos a poder comprobarlo en la próxima temporada. Palmas en el tercero y una calurosa ovación tras liquidar al sexto son el reconocimiento de la afición ante su actuación, por encima de su lote.
Pero la imagen de hoy solo puede ser una, la de un torero saliendo a hombros en Madrid ondeando la bandera de España, la que nos une y nos da sentido, la única, la que hay que defender pese a quien pese, y eso está por encima de todo. 
Hoy más que nunca ¡Viva España!.

Antonio Vallejo


viernes, 29 de septiembre de 2017

5º de Otoño: Paco Ureña sienta cátedra


La Feria de Otoño estaba confeccionada alrededor de un nombre que esta temporada ha mostrado una dimensión como torero que para muchos era desconocida. Ese nombre es Antonio Ferrera, a quien se esperaba con enorme expectación ante su doble comparecencia en le otoño madrileño. Pero esto del toro es así, aunque muchos ignorantes se quieran poner una venda en los ojos y no ver la realidad. Es una lucha de igual a igual entre un hombre y una bestia en la que solo hay un vencedor. Y resulta que hace un par de semanas en esa lucha salió herido el maestro Ferrera. Fue en Albacete, pero las alarmas saltaron en toda  España, especialmente en Logroño, Sevilla y Madrid. Pasaban los días y las únicas noticias que se conocían a apuntaban en la misma dirección; Ferrera no torea en... Hasta ayer mismo seguía abierta una pequeña puerta a la esperanza que se cerró a eso de las cinco de la tarde (hora taurina por excelencia) cuando se hizo oficial la baja del balear en Madrid. Rápidamente se anunció su sustituto para la tarde de hoy, Paco Ureña, y para el mano a mano del domingo, Juan Bautista. Y la verdad es que la presencia de Paco Ureña ha sido un acierto, aunque también es cierto que la apuesta no es precisamente arriesgada, puesto que se trata de un torero muy del gusto de Madrid y de calidad más que contrastada que, además, está atravesando la mejor etapa de su carrera, encontrándose en un momento de máxima plenitud. El domingo será Juan Bautista quien tenga que responder al difícil compromiso que se le plantea, esperemos que resulte como la tarde de hoy.
Paco Ureña ha sentado cátedra, ha dictado dos lecciones magistrales de toreo ante dos ejemplares de muy diferentes cualidades y condiciones, uno enclasado y noble aunque falto de fuerzas y otro que era una auténtica alimaña, bronco, de embestida brusca y rebrincada, con la cara arriba, soltando tornillazos a diestro y siniestro al que le ha recetado la máxima del toreo: parar, templar y mandar. Al primero de su lote, un Cuvillo muy serio, abierto de cara, enseñando las puntas, astifino, dos auténticos puñales, bien hecho, armónico y proporcionado, un toro con trapío y 505 Kg en la tablilla, ojo al dato los amantes del elefantoro. Un toro, como he dicho, con clase y nobleza pero justo de fuerzas al que el murciano ha entendido y toreado a la perfección, con un temple y una suavidad exquisita, cuidando la altura, mimando la embestida del Cuvillo, dándole las pausas que pedía, dejándole respirar para terminar encajado, toreando a gusto, relajado, bajando la mano en series extraordinarias en redondo y al natural, ligadas gracias a una colocación primorosa, con una suficiencia y superioridad insultante, alcanzando pasajes de una belleza extraordinaria, como dos cambios de mano portentosos, trincherazos repletos de sabor, los ayudados finales por alto rebosando torería y un natural infinito como epílogo antes de entra a matar y fulminar al Cuvillo con un estoconazo volcándose sobre el morrillo despreciando al riesgo. Oreja de peso que, una vez más, el presidente ha esperado a conceder sin sentido hasta el último segundo ante una petición unánime. Esa manía absurda y ridícula del palco venteño que se cree que aguantando no se le va a pedir la segunda oreja, algo que por supuesto hoy nadie iba a hacer, pero por el camino cabrean al personal sin necesidad. Si lo hecho al tercero ha sido toreo exquisito, suave y lento, lo que ha dejado ante el quinto ha sido una lección magistral de toreo, una cátedra de tauromaquia aplicando la máxima fundamental del toreo: parar, templar y mandar. ya sé que lo he dicho una líneas atrás, pero no puedo cansarme de repetir lo que he visto hacer a Paco Ureña frente a esa Cuvillo, un animal bronco, áspero, un alimaña con peligro que llevaba la cara por las nubes, que iba y venía con embestidas descompuestas y agresivas, soltando tornillazos por ambos pitones. Ha aguantado Ureña, ha tragado lo indecible en continuos arreones del Cuvillo, le ha consentido sin amedrentarse, sin dar un paso atrás ni ceder terreno, hecho un gladiador, paciente, sin renunciar a la batalla hasta conseguir parar los arreones y brusquedades del toro. Primera máxima conseguida. La segunda ha venido sin solución de continuidad. Una vez parado ha impregnado la muleta de temple, planchada en la cara del Cuvillo que ha empezado a perseguirla sin llegar a tocarla, algo que parecía imposible unos instantes antes, en series maravillosas en redondo y en naturales mágicos, intensas, cargadas de emoción y transmisión, tanto que teniamos que frotarnos los ojos para creernos lo que veíamos. Series ligadas bajando la mano ¡y con el Cuvillo metiendo la cara!, increíble, enroscándose a la cintura, alucinante. Segunda máxima conseguida. Solo quedaba la tercera, mandar, que es lo que ha hecho Ureña hasta el final de faena, diciendo al toro por dónde y cómo tenía que embestir en las series por ambos pitones, en esa faceta suya de torero poderoso que se las ha visto en cientos de tardes con reses de las que pocos quieren torear. Ojo, que nadie crea que ha sido coser y cantar. El esfuerzo del murciano ha sido épico para someter y poder a un toro de las condiciones que tenía ese quinto, ha tenido que tragar mucho y arriesgar, exponiéndose una barbaridad, tanto que en una tanda por el derecho le ha hecho presa y ha lanzado por los aires a Ureña propinándole un polizón de órdago. Se ha jugado el físico con pureza y verdad y con ello su presencia el próximo domingo sin importarle lo más mínimo, dando una lección de pundonor y profesionalidad cuando lo fácil hubiera sido excusarse y aliviarse a las primeras de cambio viendo la aparente imposibilidad del toro para sacar faena, algo que a nadie nos hubiera extrañado lo más mínimo. Bueno, pues con todo eso aún ha habido a algún bobo de solemnidad que le ha debido parecer poco y que le ha recriminado no sé qué durante la faena, seguro que a alguno le habrá parecido que en un muletazo "no se ha cruzado", que hay gente pa tó. Repito, lección magistral de toreo poderoso y de mando que ha culminado con una estocada al segundo encuentro y que, a mi juicio, ha tenido un muy injusta respuesta por parte del público. No entiendo que no se le haya pedido una oreja, y una vez más me importa un bledo que haya matado a la primera o la segunda, que la espada haya caído unos milímetros arriba o abajo, a la porra, lo que ha mostrado Paco Ureña es  TOREO, con mayúsculas, merecedor de al menos una vuelta al ruedo. Pues ni eso, y no lo entiendo, no me entra en la cabeza, me parece una falta de respeto un hombre que se ha jugado la vida ante una alimaña a la que ha sometido a base de temple, torería, pundonor y un par de huevos bien puestos (siento la grosería pero no me reprimo ante tal injusticia). A lo mejor es que era la segunda oreja y con ella la Puerta Grande y ya se sabe que eso escuece a algunos. Más absurdo aún, como esas entradas criminales en el fútbol que con se hacen en el minuto cinco no merecen tarjeta aunque le partan la pierna al rival. Igual de grotesco. Me imagino que habrá quien piense que me he vuelto loco y también habrá quien opine igual, pero para eso escribo lo que veo y lo que me parece, acertado a veces y equivocado las más, seguro, pero insisto que hoy Madrid ha sido cicatero e injusto con Paco Ureña.

Antonio Vallejo

4º de otoño: Román, frescura de otoño


Se llama Román, es valenciano, lleva tres temporadas de alternativa, confirmó en Madrid hace tan solo un año y el pasado 15 de agosto abrió la Puerta Grande de las Ventas tras cortar una oreja a cada uno de sus toros de El Tajo y La Reina, algo que en la tarde de hoy ha estado a punto de repetir y que hubiera tenido el mismo resultado final de no haber sido por cierta dosis de ansiedad o precipitación y el mal manejo de los aceros, aunque es posible que una cosa llevara a la otra. Román se la ha jugado, ha estado entregado, firme, decidido y valiente ante el mejor lote del encierro de Fuente Ymbro, dos toros bravos y exigentes a los que ha toreado muy, pero que muy bien. Desde que ha pisado la arena venteña para recibir de capote al tercero de la tarde se veía con claridad la disposición del valenciano ante la tarde de hoy. Electrizante saludo capotero por verónicas y gaoneras ceñidísimas que ponían el ¡Ay! en cada lance pero que a Román no le hacían perder esa eterna sonrisa que muestra delante de la cara de los toros, sonrisa de juventud, de desparpajo, una brisa fresca de las llamadas a renovar el escalafón. Me encandiló a principio de temporada en la Feria de Fallas tras una extraordinaria tarde en la que cortó una oreja de peso a un exigente toro de Victoriano del Río que le pegó un susto en las primeras fases de la faena, algo casi idéntico a lo que hoy ha ocurrido en Madrid. El fuenteymbro que hacía tercero en la tarde de hoy ha sido bravo y exigente, con movilidad y repetición, pero un toro al que había que someter y poder, un toro ante el que había que ponerse y mandar, y eso es lo que ha hecho Román, ponerse y exponerse, sin ceder terreno, sin dar un paso atrás, tanto que en los primeros derechazos le ha prendido del muslo y le ha volteado afortunadamente sin consecuencias. Sin perder la sonrisa, sin dolerse tras la monumental paliza, ha vuelto a la cara del toro y lo ha llevado templado, adelantando la muleta, ligando las  series por bajo, en una faena cargada de emoción, la que se genera cuando alguien torea de verdad. Enormemente valiente y torero ha estado Román, culminando una muy buena faena con bernardinas ceñidísimas que cortaban la respiración, y todo ello con su eterna sonrisa dibujada en la cara, la sonrisa del triunfador. Se ha volcado sobre el toro al entrar a matar por derecho y ha dejado un estoconazo hasta la bola de efecto fulminante, saliendo del encuentro con la taleguilla rasgada y otro tremendo golpe tras el encuentro. Oreja de peso como la de marzo en Valencia, y como las del pasado agosto en Madrid. Media puerta abierta, quedaba el sexto, un buen toro, que aunque de salida tenía poca fijeza y apuntaba querencia, en la muleta ha resultado noble y bravo, con clase, pronto, repetidor, humillando y siguiendo los engaños con celo. Especialmente bueno el pitón izquierdo por el que Román ha comenzado la faena sin probaturas. Lo ha visto claro el valenciano y con decisión le ha pegado dos series de naturales largos, templadísimos, cuidando la altura al principio para ir acoplándose y bajar la mano para terminar toreando como los ángeles en naturales hondos con la mano baja coreados con olés rotundos. Muy encajado también por el pitón derecho en series en redondo de mucho empaque, temple y profundidad. El final torerísimo por bajo, lleno de gusto y sabor a toreo grande dejaba todo a merced de la espada. No sé si llamarlo ansiedad o precipitación, pero en ese momento creo que se ha echado en falta alguien que desde el callejón apuntara a Román lo importante que son la pausas en el toreo, tomarse unos segundos, colocar bien al toro, elegir los terrenos y serenarse antes de entra a matar. una lástima el fallo con la espada porque tenía la oreja en su mano, con una plaza entregada, rendida a su toreo, su personalidad, su sonrisa, su desparpajo y su entrega de verdad. Una gran ovación ha reconocido la sensacional imagen que el valenciano ha dejado en esta tarde aún veraniega, de calor casi sofocante,  en la que su presencia ha aportado un aire de frescura otoñal muy necesario.
Junto a Román han hecho el paseíllo el mexicano Joselito Adame y el burgalés Morenito de Aranda para matar una corrida muy seria y a mi gusto muy bien presentada de Fuente Ymbro, procedencia Domecq Díez, variada de hechuras pero todos cuajados y en tipo, astifinos y bien rematados, con dos toros reservones y peligrosos, primero y cuarto, el bravo tercero, el noble y con clase sexto y manejable el segundo y manso el quinto. 
Poquísimas opciones ha tenido Morenito de Aranda ante el peor lote. Andarín, gazapón, soltando la cara, reservón y reponedor, que buscaba los tobillos con peligro y mala intenciones ante el que el burgalés no ha podido hacer más que tratar de someterlo por bajo pero sin opción alguna para el lucimiento antes de quitárselo de en medio sin más contemplaciones, que dicho sea de paso es lo mejor que se puede hacer ante un toro de estas características. Ante el cuarto poco más o menos. Otro toro sin clase, que no humillaba, siempre con la cara arriba, sin recorrido, al que por cierto se le ha picado mal, trasero, cuando pedía gritos puyazos delanteros. Firme y voluntarioso Morenito, poniéndole la muleta, intentando sacar muletazos por ambos pitones, pero el fuenteymbro no respondía, es más, por su falta de raza se defendía y encerraba un peligro sordo que no sé si muchos han apreciado. A mi modo de ver Morenito de Aranda ha estado muy por encima del toro, matando además con un espadazo fulminante, escuchando unas merecidas palmas en reconocimiento a su entrega y valor ante dos animales casi imposibles.
Joselito Adame es, por méritos y derecho propio, el máximo exponente del toreo mexicano hoy en día. Su presencia en Madrid era esperada tras su ausencia de los carteles de San Isidro y creo que no ha defraudado, aunque me da la impresión que ha pasado a engrosar la nómina de matadores a los que el sector sabio de la plaza ha puesto en el punto de mira, a los que la exigencia se eleva a la máxima potencia y a los que no es que no se les perdone ni una, sino que se le recrimina hasta cuando está bien. Vamos, que me parece que le tienen tomada la matrícula vayan ustedes a saber por qué. y lo digo por las constantes muestras de desaprobación cualquier cosa que hiciera ante el segundo, un animal con clase y que se desplazaba bien pero que aguantó poco más d media faena, al que sinceramente creo que Joselito Adame ha toreado con temple, encajado, acoplado, lento, bajando la mano, enroscándose al toro, ligando los muletazos en buenas series por el pitón derecho, quizás el mejor pitón del fuenteymbro. Y no es que el izquierdo haya sido malo, algunos naturales han sido magníficos, con hondura, pero sí me ha dado la impresión que por ahí el toro tendía a irse al final del muetazo. Como digo, he visto al mexicano muy seguro, dominador, relajado, toreando a gusto, sin dudar en acortar los terrenos cuando el toro se ha quedado sin fuerzas para torear en una baldosa, pasándoselo por ambos pitones como si nada. Un final de faena repleto de gusto y torería con ayudados por bajo flexionando la pierna han dado paso a una estocada entera que ha pasaportado al toro. Petición insuficiente a juicio del palco y vuelta al ruedo para el mexicano ante las protestas de algunos intransigentes, algo que de verdad no entiendo. ya lo hemos dicho miles de veces, la vuelta al ruedo es algo de gran valor en la historia del toreo, se da cuando la petición se ha considerado insuficiente, y siempre ha tenido mucho valor y peso, sobre todo en Madrid. ¿Por qué quieren anularla?. De verdad, no me entra en la cabeza. Ante el quinto, un toro con movilidad y repetidor pero sin clase y con un punto de manso, Joselito Adame también creo que ha estad por encima. Lo ha recibido con buenas verónicas ganado terrenos para rematar con una media garbosa. Sensacional el tercio de banderillas en este toro a cargo de Miguel Martín y Fernando Sánchez, que han respondido desmonterados a la enorme ovación del público. El fuenteymbro iba y venía, tenía movilidad, es cierto, pero sin clase alguna, descompuesto, soltando la cara y con tendencia a irse. Lo ha intentado el mexicano poniéndole la muleta en la cara sin quitársela para taparle la salida y evitar la huida, ha sacado alguna serie en redondo de mérito pero carente de emoción por la mansedumbre del animal. Por encima el mexicano, que no se ha escondido a pesar de la imposibilidad de lucimiento y que lo ha pasaportado con un estocada certera y habilidosa al primer encuentro, ¿qué más se le puede pedir?.
Mañana nuevo capítulo de esta Feria de Otoño, con la ausencia ya confirmada de Antonio Ferrera, no recuperado de la cornada de Albacete. Paco Ureña ocupará su puesto en la corrida de mañana frente a toros de Nuñez del Cuvillo. Una pena para cuantos esperábamos con ganas la presencia del balear-extremeño que nos ha conquistado por su extraordinario  toreo, su inmenso arte y por su rotunda defensa de España y su bandera en estos tiempos tan complicados que nos toca vivir. Pero eso será mañana, hoy respiremos ese aire fresco de otoño que nos ha dejado Román y que permite ser optimista de cara al futuro de la Fiesta.


Antonio Vallejo

jueves, 28 de septiembre de 2017

3º de otoño: Veteranos y noveles


Parecía ayer cuando se cerraba San Isidro y las despedidas en el tendido hasta otoño sonaban a un futuro lejano que, sin darnos cuenta, ya ha llegado. Día de reencuentro, de saludos, momentos previos en los que la pregunta y el tema de conversación es único y obligado, ¿qué tal el verano?, y en la respuesta un leve suspiro y una expresión de melancolía que encaja a la perfección en este tiempo de otoño que estrenamos y que supone los últimos coletazos de una temporada más. Por delante solo quedan Zaragoza y Jaén para echar el cierre y hacer las maletas para afrontar la temporada invernal en América, aunque para que eso llegue es cita obligada la Feria de Otoño madrileña, con permiso del San Miguel sevillano, por supuesto. 
Feria de otoño que arrancó el pasado fin de semana con una corrida de rejones y un apasionante desafío ganadero con reses de José Escolar y Ana Romero pero que concentra en estos cinco días que llevan hasta el próximo domingo el grueso de los festejos con carteles que, al menos a mi, me parece que cuentan con gran atractivo para el aficionado.
Carteles como el de la novillada de esta tarde y que, a juzgar por la más de media entrada que ha registrado la plaza, ha generado interés. Novillada de El Ventorrillo a mi modo de ver y entender bien presentada y de buenas hechuras en general, quizás el quinto sea el que menos me ha gustado de presencia, proporcionados, sin exageraciones, agradables de cara, abrochaditos pero muy seria, con varios utreros que en muchas plazas hubieran pasado por toros. otra historia ha sido su juego, desigual, manejables en general, algunos rebrincados y con genio como el cuarto y quinto, con cierto fondo de nobleza, el primero posiblemente el de más clase y calidad pero que, como toda ja corrida, ha adolecido de una falta de fuerzas llamativa. Ante estos ejemplares tres novilleros que encarnan el pasado y el futuro del escalafón: el venezolano Jesús Enrique Colombo, el mexicano Leo Valadez y el madrileño Carlos Ochoa. Tres jóvenes, 20 añitos tienen los tres, pero que están en una etapa muy diferente de sus carreras. Si Colombo y Valadez se encuentran en capilla para tomar la alternativa en Zaragoza, Ochoa hacía su presentación en Las Ventas. Apropiándome de esa parte tan conocida del himno de mi Real Madrid, "veteranos y noveles miran siempre tus laureles con respeto y emoción", creo que representa lo que ha sido la tarde de hoy. Emoción en los que se despiden del escalafón para hacerse matadores y en el que se presenta como novillero en su casa, Madrid. Respeto por la Fiesta y la afición, algo que en mi opinión han demostrado hoy dando todo lo que llevan, sin guardarse nada, incluido un enganchón y un arrimón que les podía haber costado la alternativa a los veteranos y cortar la lesión al novel. Así han mirado a los tendidos de Las Ventas, el Olimpo donde se ganan los laureles del toreo, estos tres jóvenes cargados de ilusión y, por qué no decirlo, de algo más que ganas, entrega y disposición, con buenas maneras y solvencia delante de la cara de los novillos. Porque, al menos así lo he visto yo, han estado por encima de unos lotes que han prestado escasas opciones para el triunfo porque se han venido abajo muy rápido por esa falta de fuerzas a la que ya he aludido, restando emoción y transmisión  a todo lo que han intentado hacer la terna.
Quizás el que me ha dejado la sensación de estar más cuajado y con aires más de matador de toros que de novillero ha sido el venezolano Colombo. Más allá de su demostración de unas facultades físicas portentosas en los tercios de banderillas, los dos últimos pares al cuarto han sido extraordinarios, uno al quiebro por adentro y otro andándole hacia atrás al novillo, clavando con pureza, de poder a poder, en la misma cara, entre los pitones, asomándose al balcón, ha mostrado un sensacional manejo del capote, ¡cómo ha sido el saludo capotero al cuarto por caleserinas!, y una gran solvencia con la muleta, templado, con un inicio de faena al primero cargado de torería, andándole hacia los medios, por bajo, con un gusto exquisito, para luego llevarlo con suavidad por ambos pitones, cuidando la distancia y la altura, sin poder obligarle, sabedor de que a la mínima se le podía venir abajo.   Una pena que este primer novillo, con clase y calidad, haya estado tan justo de fuerzas porque metía la cara y tomaba bien la muleta, pero le faltaba esa chispa necesaria para generar emoción y transmisión. Por cierto, la estocada con la que lo ha pasaportado Colombo ha sido monumental. Ante el cuarto, un utrero sin clase ni entrega alguna, ha estado igual de solvente y seguro con la muleta, y eso que ha iniciado la faena de rodillas en los medios con el riesgo que ello conlleva, sobre todo ante este novillo de embestida incierta y que sabía perfectamente los que tenía delante. Tanto lo sabía que al tercer muletazo le ha enganchado, afortunadamente sin consecuencias, y por poco echa al limbo de los sueños la alternativa del próximo 11 de octubre a manos de Enrique Ponce. Pero eso sí, dice mucho del venezolano, que no ha venido a Madrid a guardarse nada, cuando lo más fácil era aliviarse y excusarse ante las nulas condiciones del de el Ventorrillo. Por cierto, también lo ha matado de un estoconazo recibiendo al segundo encuentro. Más que merecidas las palmas y la ovación que ha recibido hoy en Madrid. 
Mala suerte la del mexicano Valadez en la tarde de hoy. Mala suerte en el segundo, un novillo con buen tranco de salida, que metía la cara en el capote, humillando y que hacía presagiar cosas buenas. Muy bien lo ha toreado Leo Valadez a la verónica, encajado, ganado pasos, refrendando aquel magnífico toreo de capa que descubrimos en Valencia al inicio de temporada aquel frío y lluvioso día de Fallas. Digo que mala suerte porque era un buen novillo, o la menos lo parecía, al que ha iniciado sin probaturas la faena de muleta, citando en largo, con el de Ventorrillo arrancándose pronto, con alegría y buen galopar, bajándole la mano, tanto que ha clavado los pitones en la arena y ha pegado una voltereta completa que lo ha dejado des coordinado para el resto de la faena. No ha habido más, el novillo estaba claramente lesionado, no descordado pero sí descoordinado, inútil para el lucimiento, a pesar de lo que el mexicano lo ha intentado por activa y por pasiva, pero era prácticamente imposible sacar un muletazo limpio. Y mala suerte con el rubricado quinto, un novillo que jamás bajó la cara, sin recorrido, que embistió rebrincado, soltando la cara con peligro, sin clase alguna. bastante ha hecho Valadez con estar delante, ponerse por ambos pitones y conseguir que no le tocara las telas a pesar de los constantes arreones. Por encima del novillo, mostrando también solvencia y seguridad. Solo un debe a su labor, la espada. A ambos novillos los ha matado mal, con una estocada caída, muy caída, al segundo y un bajonazo infame en medio del costado al quinto. Debe mejorar mucho con los aceros de cara a su alternativo del día 10 a manos de su compatriota Joselito Adame. Silencio en ambos más por las escasa cualidades de los novillos que por su labor.
El madrileño Carlos Ochoa ha venido a presentarse a Las Ventas con una maleta cargada de ganas, entrega y disposición, como deben venir los novilleros a la primera plaza del mundo. Luego saldrán mejor o peor las cosas, pero esa actitud es lo mínimo que hay que pedir. Así lo ha demostrado en su turno de quites al quinto con un muy buen quite por caleserinas al que Valadez replicó por lopecinas rescatando esa sana competencia de toda la vida entre toreros y que tantos momentos de emoción, belleza y arte nos ha deparado a lo largo de la historia. Al tercero, un novillo que iba y venía, que tenía movilidad, cierto, pero sin clase ni entrega, soltando la cara a medio muletazo, lo ha llevado templado en todo momento, con limpieza, sin un solo toque a la muleta, algo sumamente complicado dadas las condiciones del utrero. Más no se le puede pedir al madrileño, que ha exprimido lo poco que llevaba dentro el de Ventorrillo y que se ha volcado sobre el morrillo para pasaportarlo de un estoconazo fulminante realmente extraordinario, una estocada de premio por ejecución y colocación. Con el sexto se lució a la verónica con gusto, rematando con una media a un novillo que metía la cara con clase en el capote y que en el caballo empujó con celo y codicia. Prometedor inicio de faena por el pitón derecho, en los medios, citando lejos, en largo, templado, bajando la mano, obligando al novillo, en una tanda ligada de mucha calidad en la que dejó patente su mando y poderío. Pero el de Ventorrillo me ha dado la sensación que se vació en esa primera tanda, porque a partir de ahí se vino abajo estrepitosamente y la faena bajó de nivel, aunque aún quedaron para el recuerdo algunos naturales sueltos metiendo los riñones que permiten hacer soñar con un torero de futuro, matando a este sexto de algo más de media en muy buen sitio suficiente para hacer doblar al animal. Palmas de reconocimiento y ovación resumen la, para mí, buena actuación del madrileño, más allá de las ganas, la entrega y la disposición.
Así que suerte a los tres, a los "veteranos" Colombo y Valadez en su inminente alternativa y al "novel" Ochoa en lo que aún le queda por delante.

Antonio Vallejo