miércoles, 10 de octubre de 2018

Día Internacional de la Tauromaquia: Valencia rinde homenaje al toreo en un gran festival


El 9 de octubre es el día elegido como día Internacional de la Tauromaquia para rendir tributo a un arte ancestral que constituye una de las señas de identidad más profundas y de mayor arraigo en nuestra historia y nuestra cultura, y Valencia ha sido la encargada de acoger a cuantos profesionales y aficionados han acudido a la capital del Turia para sumarse a todos los actos, exposiciones, conferencias y coloquios que a lo largo de la jornada se han desarrollado y que han tendido como traca final un magnífico festival taurino que ha conseguido que la plaza de toros de la calle Játiva haya lucido un espectacular lleno a pesar de la mala climatología dejando patente una vez más que los toros tiene mucho tirón y que para nada están muertos. Bastaba ver la cantidad de niños y jóvenes que abarrotaban los tendidos de la plaza valenciana, el futuro de la afición, el futuro de la Fiesta. Enhorabuena por tanto a la Fundación Toro de Lidia por tan magnífica organización y el agradecimiento eterno por la defensa constante que hace de la Tauromaquia a lo largo y ancho de nuestra España. Agradecimiento que hay que sumar a canal toros que ha tenido la gran idea de retransmitir en directo este festival para que toda España haya podido disfrutar con una tarde de toros magistral y triunfal en la que se ha visto un toreo de enorme dimensión de principio a fin.
El elenco ganadero y torero que se presentaba en el cartel hacía presuponer que lo raro es que no se viviera una tarde plena para soñar con el toreo eterno de los maestros allí reunidos. Un toro de Fermín Bohórquez y otro de Daniel Ruiz más novillos de Garcigrande, Nuñez del Cuvillo, Juan Pedro Domecq y Fuente Ymbro para el rejoneador Fermín Bohórquez, los matadores Enrique Ponce, Julián López "El Juli", José Mari Manzanares, Román, Álvaro Lorenzo y el novillero de la tierra Borja Collado. Todas las reses han tenido una magnífica presentación, serios, de buenas hechuras, y han proporcionado un juego más que notable, especialmente el de Garcigrande, un sensacional novillo que ha sido premiado con una vuelta al ruedo. Lo de menos han sido las once orejas cortadas; una para Bohorquez, Manzanares y Román, mientras que Ponce, Juli, Lorenzo y Collado han cortado dos orejas por coleta. Lo importante es el toreo que se ha visto sobre la arena de la plaza de Valencia, toreo profundo, toreo elegante, toreo de poder, toreo de clase, toreo de sabor, toreo de aromas, toreo pleno, toreo inmortal, toreo eterno, ¡qué más se puede pedir!. Así es imposible que la Fiesta muera, así los niños que hoy han ido con ilusión a ver toros volverán una y mil veces porque han vivido en primera persona eso que tantas veces les contamos los mayores, que el toreo es algo único capaz de generar emociones y sentimientos que nada en el mundo puede igualar.  Esta es la raíz de la fiesta, este es el misterio la Tauromaquia, la pasión que genera en aquel que la vive, una pasión que te atrapa y no te suelta hasta la muerte, porque el toreo es muy grande y tardes como la de hoy en Valencia le hacen un gigante invencible aunque algunos se empeñen en derribarlo.
De principio a fin el Arte ha inundado el ruedo y los tendidos valencianos. Abriendo plaza un Fermín Bohórquez que para nada ha dado sensación de estar ya apartado de los ruedos, es más, se la ve fresco y en perfecta forma para torear cualquier tarde y en cualquier plaza. Ha rejoneado un toro del hierro de su propiedad con  maestría absoluta, con pureza y clasicismo, elegante, exhibiendo una doma espectacular, con pasmosa facilidad, llevando al novillo cosido al costado de sus caballo, templando y toreando, clavando banderillas a una y dos manos con una verdad y una belleza extraordinaria, todo enmarcado en el gusto y la elegancia de su toreo. Acertadísima por cierto la idea de contar con un rejoneador el día que se rinde tributo a la Tauromaquia, porque  el toreo a caballo es el origen de este Arte, no lo olvidemos. De haber faltado el toreo a caballo el homenaje hubiera quedado absolutamente  cojo. Una faena la de Bohórquez que le valió una oreja y que hubieran sido dos de haber sido más certero en la colocación del rejón de muerte. Por cierto, un detalle que me ha encantado del maestro jerezano, que desde la banderola del primer rejón de castigo hasta la última banderilla ha lucido solo los colores de nuestra bandera, así me gusta, reivindicando la españolidad de nuestra Fiesta, que se vea, ¡sí señor!.
Una vez más hemos podido disfrutar con otra faena magistral del número uno del toreo, de ahora y de siempre, Enrique Ponce, a un toro cinqueño enclasado, noble, con humillación y enorme calidad en su embestida, aunque le fallaran las fuerzas y le faltara algo más de duración. Lección de responsabilidad y entrega, de compromiso con la Fiesta, da igual la plaza, da igual ante qué afición, ya sea el mismísimo San Isidro o el festival de ayer, su disposición es siempre máxima y su toreo surge mágico sin importar donde ni cuando, aunque se lleven 28 años de alternativa, con las ganas del primer día, eso es ser figura máxima, así se honra y se hace grande este Arte. Ya los lances a la verónica, colmados de temple y suavidad, acompasados, capote de seda en las muñecas de Ponce, acariciando la cara del toro, acompañando la embestida con la cintura, elegante, presumían otra faena de ensueño del de Chiva. Más aún las chicuelinas a manos bajas, portentosas, para probar al toro a la salida del caballo, rematando el quite con una media de cartel y una larga cordobesa realmente sublime que elevaban la temperatura de unos tendidos entregados a su paisano. Toro con clase, noble pero justo de fuerzas al que Enrique supo cuidar, mimar, en la muleta para sacar una vez más lo mejor que llevaba dentro. Le dio la altura que pedía, le administró las pausas a la perfección, todo despacio, temple infinito, suave, suave, suave, desmayando la figura, elegancia plena, enroscándose al toro, magia en su muleta. Redondos de precioso trazo, naturales acompañados con la cintura, remates de pecho largos, toreo nacido del alma, profundo, hondo, exquisito, y llevado a la práctica con el inacabable saber y el conocimiento que Ponce atesora. Todo enamora, todo embelesa, imposible no rendirse cautivo ante su maestría. Se tira a matar recto, estoconazo que pasaporta al de Daniel Ruiz sin puntilla y dos orejas que ponen cara la tarde y atiza el vendaval de toro, emoción y pasión que barrió Valencia esa tarde del 9 de octubre.

De maestro a maestro, de figurón a figurón, de Ponce a Juli, 20 años de alternativa le contemplan, 20 años siempre encaramado a lo alto del escalafón, 20 años de toreo poderoso, 20 años de mando, 20 años de arte para celebrarlos en una esplendorosa madurez, con el reposo del tiempo y el saber acumulado en todas las plazas del planeta. Borrachera de toreo, faena perfecta, toreando a placer, abandonado, degustando cada lance, saboreando cada remate, un compendio de toreo, una enciclopedia de tauromaquia en la que encontró un colaborador de lujo, comunión perfecta toro y torero, un novillo de Garcigrande precioso de hechuras que fue bravo, noble, enclasado, con humillación, ¡cómo hizo el avión de principio a fin!, con fijeza, repetidor y con duración infinita, no se cansó de embestir, no dejó de perseguir la muleta planchada de Juli con el hocico por la arena, un novillo premiado con una apoteósica vuelta al ruedo. El recibo capotero a la verónica fue, sencillamente, maravilloso, templado y suave, despacioso, un placer para los sentidos, hilvanadas con unas chicuelinas a mano baja de ensueño y una media que en sí sola es un canto a la perefección que  levanta al público de sus localidades, pero nada si lo comparamos con arrebatado quite por lopecinas bajando la mano de manera portentosa, con una gracilidad y una plasticidad portentosas, eso desencadena un delirio masivo del que nadie quiere escapar y que va a más en la muleta. Inicio por estatuarios, poderoso, sin moverse un milímetro, tremendo, para rematar con un pase de desprecio de auténtica antología como prólogo a una de las faenas cumbres de la carrera de Juli. Series en redondo encajado, metiendo los riñones, bajando la mano, obligando y exigiendo al extraordinario novillo que no se cansa de humillar y repetir. Incontables las tandas en redondo, todas ligadas en el sitio, por abajo, cambios de mano sublimes para quedarse colocado y engarzar naturales  de ensueño, temple mayúsculo, suavidad y hondura, arrastrando la muleta,  toreo embriagador, molinetes, adornos, pases de pecho para abrochar las series que parecen no tener fin, por un pitón, por el otro, se pasa a toro sin rectificar, trincherillas, circulares por la espalda, ¡hasta tres uno tras otros sin pausa! Para poner la guinda al más exquito pastel que el mejor repostero del mundo pueda hacer con una luquecina cosida a un farol nacida de la imaginación y la capacidad de improvisación de este otro mago del toreo que es Juli. Un estoconazo que hace rodar sin putilla a este Garcigrande de vuelta al ruedo vale por dos orejas de mucho peso aunque sea un festival, porque este Arte no distingue de lugares ni de tamaños, te llega, te enamora y te llena de pasión, emoción y sentimientos. Eso fue el faenón de Juli.
¡No se vayan, que aún hay más! Debió ser le grito de guerra en esta maravillosa tarde del Día Internacional de la Tauromaquia, que nadie se mueva que viene José Mari Manzanares para estoquear a otro novillo también magnífico de hechuras que lucía la divisa de Núñez del Cuvillo. Una pena que esas hechuras no hayan venido acompañadas de mejores condiciones para la lidia. Deslucido en el capote, echa las manos por delante, las pierde en varias ocasiones, apunta justeza de fuerzas, suelta la cara, a la defensiva. Lo aguanta en el ruedo el alicantino gracias a su portentosa capacidad técnica y lidiadora para componer una faena repleta de mando y dominio, de conocimiento del toro y de los terrenos, cuidando la altura, mimando al novillo, acariciando la embestida, temple celestial, todo enmarcado con la elegancia natural que lleva en su sangre, herencia y legado de su añorado padre, y que envuelve todo su toreo. De nuevo la magia del toreo surge de la muleta de un maestro, le baja la mano, liga  series en redondo y el novillo responde, humilla y no se cae. Por el izquierdo no va, deslucido, se defiende, peligroso, Manzanares vuelve al derecho para dibujar un final poderoso, tandas rotundas ligadas por bajo, sometiendo al novillo que ya estaba a la defensiva, soltando la cara, con peligro, pero el mando del alicantino puede con todo y los redondos de colofón hacen que los aficionados se froten los ojos ante tal lección. Entra como un auténtico cañón a la hora de matar dejando una entera en todo lo alto que liquida al de Cuvillo. Oreja de ley, oreja de poder.
Con el quinto llega el relevo generacional. Los maestros consagrados, los figurones del toreo dejan paso a los jóvenes que vienen arreando, los que encarnan el futuro de la Fiesta. El valenciano Román lidia al quinto, de Juan Pedro Domecq, extraordinarias hechuras, muy serio, abrochado de pitones, espectacular de lámina. Con su eterna sonrisa en la cara recta Román un saludo capotero lucido, templado y repleto de gusto por chicuelinas y una revolera apasionante y apasionada que pone patas arriba al coso valenciano, y sorprende después con un variado y lucidísimo quite por chicuelinas, tafallera, caleserina, gaonera y revolera, ¿alguien da más?. Imposible describir el estado de emoción incontenible de unos tendidos entregados a esa bendita locura que es esta afición. Inicia el trasteo por estatuarios, ayudados por alto sin enmendar la figura para cerrar este prólogo con un ajustado cambiado por la espalda escalofriante y uno largo de pecho. Novillo con brío, fuerza y movilidad, novillo exigente  que pide mando y que no permite la mínima duda, no es fácil, pero Román no pierde la sonrisa y a base de temple lo somete por el pitón derecho en una tanda poderosa, bajándole la mano, perfecto d ecolocación, ligando los muletazos en el sitio, magnífico el valenciano. Los naturales también surgen con poder, hondos, con largura, por bajo, el novillo repite, encastado, Román firme y seguro, todo en los medios, gran dimensión de su toreo, sin dejarse ganar terreno por el juanpedro, de nuevo le obliga y lo encela en la muleta en otra tanda de derechazos apabullante. Faena larga de un entregado y comprometido Román que acabó pasándose al novillo por ambos pitones sin enmendar la figura en el mismo centro del anillo, acongojante, como las bernardinas finales, ajustadísimas, escalofriantes que preceden a dos pinchazos y una entera que no son obstáculo para que los aficionados pidan masivamente una meritoria oreja premio a la entrega, la firmeza y la capacidad de sometimiento de este exigente novillo cargado de transmisión.
De nuevo otro ejemplar de Daniel Ruiz en el ruedo haciendo sexto cuya lidia corresponde al toledano Álvaro Lorenzo que lo saluda con verónicas templadas acompañadas con la cintura, garbosas y llenas de sabor, para rematar con una buena media antes de deleitar con un magnífico quite por rogerinas y revolera de remate cargado de quietud y gusto. Los estatuarios con los que arranca la faena de muleta se suceden sin rectificar su posición, firmeza y valor para rematar con un pase de pecho cadencioso, eterno, sensacional, magistral. Toreo en redondo guiado por el temple, con despaciosidad, bajando la mano, ligando con clase, encajado, poderoso, los de pecho que finiquitan cada tanda son largos y lentos, maravillosos, de pitón a rabo. Naturales hondos, más y más temple, alarga el viaje, siempre por abajo, firmeza, toreo con empaque, toreo poderoso, mando en plaza con el descaro de su juventud. Todo en largo mientras el novillo tuvo recorrido, sin dudar a la hora de acortar las distancias, pisar terrenos comprometidos y meterse entre los pitones, arrimón de verdad, rozando el fajín, sin inmutarse, valor a raudales, entrega absoluta, dignidad torera. Una entera arriba cobra las dos orejas como premio a una faena importante y de enorme calado de Álvaro Lorenzo, exponente de la nueva generación que viene pisando fuerte.
Decía al principio que ha sido un acierto, más bien de justicia, contar con un rejoneador en una día tan especial para la Tauromaquia puesto que sin el toreo a caballo la Fiesta queda coja. Lo mismo digo con la decisión de incluir a un novillero, además valenciano, en el cartel. Los novilleros son el futuro, hay que cuidar ese escalafón como oro en paño, hay que darles sitio y oportunidades para que no se queden por un camino que cada vez es más difícil para ellos. En este Día Internacional de la Tauromaquia el elegido para tal honor fue Borja Collado, y no defraudó. Salió como debe salir un novillero, a comerse el mundo, a porta gayola y tres largas cambiadas de rodillas a un complicado y exigente novillo de Fuente Ymbro. Enorme la disposición del joven valenciano que vivió una tarde que jamás olvidará, como el brindis que hizo a todos los maestros que le arroparon en tan importante ocasión. El fuenteymbro, como he dicho, no fue nada fácil, esperaba, medía, buscaba, con malísimas intenciones, sobre todo por el pitón izquierdo por el que se acostaba con descaro. Inmenso el valor demostrado por Collado que en todo momento se sobrepuso a las miradas y parones de un toro que se colaba a la mínima. Por el pitón derecho cuajó series de enorme mérito, templadas, bajando la mano para someter al novillo y ligar los muletazos con gusto, que no todo fue valor y arrestos en su trasteo, mostró buenas maneras toreando en redondo. Se volcó a la hora de matar, por derecho, recto, dejando un espadazo hundido hasta la bola en el mismísimo hoyo de las agujas. Dos orejas para este jovencísimo novillero que jamás olvidará que un día de octubre hizo el paseíllo en la plaza de su tierra junto a grandes maestros.
Lo vivido en Valencia en esta jornada de homenaje a nuestras raíces, a nuestra cultura, a nuestra Fiesta, ha supuesto un motivo para sentirse honrados de sentir esta afición a la vez que para estar seguros y firmemente convencidos de la inmortalidad del toreo. La gran afluencia de niños y jóvenes a los tendidos confirman que este Arte gusta e interesa, que somos muchos más y vamos a dejar sembrada la semilla de la afición en nuestros hijos. Y la reunión de maestros consagrados junto a las figuras del futuro es motivo más que de sobra para estar convencidos que mientras haya un toro, un torero y un aficionado la Tauromaquia nunca morirá. Ayer, hoy y siempre la Fiesta está viva.

Antonio Vallejo



martes, 9 de octubre de 2018

Zaragoza, punto y final


Se nos va la temporada, en España, Francia y Portugal, en un abrir y cerrar de ojos, parece mentira, era ayer cuando en este blog iba anunciando lo que iba a ser la temporada, cargada de ilusiones, meses por delante para disfrutar del toreo, para vivir y sentir este Arte ancestral que nos cautiva. Desde Ajalvir a Zaragoza muchas son las cosas que han pasado, muchas las alegrías, muchos los triunfos, también los percances y los sufrimientos, las figuras demostrando que lo son, nuevos nombres que se han destapado a  lo largo de la temporada y que se han hecho con el honorífico título de toreros revelación, infinitos los sentimientos e insuperables las emociones. Una temporada más, aunque a muchos les pese, que como cada año tiene su punto y final en la Feria de El Pilar de Zaragoza. Una feria que se ha solapado con la extraordinaria Feria de Otoño madrileña que concluyó este pasado domingo con el rotundo triunfo de Diego Urdiales pero que nos regaló la culminación de los sueños de Emilio de Justo el día 30 con su Puerta Grande, que nos mostró a un Talavante en auténtica figura toreando al natural al primero de Victoriano del Río el día 28, que confirmó la condición de revelación de la temporada en la figura de Octavio Chacón, que nos deleitó con una muy buena e interesante novillada de Fuente Ymbro en la que varios novillos debieron irse al desolladero sin orejas  y en la que Diego Ventura se coronó como rey absoluto, dueño de la Puerta Grande venteña y auténtico amo y señor de Madrid al cortar tres orejas y firmar otra obra maestra en su encerrona el pasado sábado día 6. Una Feria de Otoño que tan solo contó con un lunar, la corrida de Adolfo Martín, muy por debajo de lo que se debe esperar de este encaste y esta ganadería, decepcionante, pésimo juego, pero que como nota final del ciclo se le puede dar un notable alto o incluso un sobresaliente porque la emoción y la verdad del toreo ha estado presente en cinco de seis tardes, nada más y nada menos.
Madrid ya es historia y lo que queda es apurar los últimos sorbos de este extraordinario vino que es el toreo con la Feria de El Pilar. Una feria que como suele ser habitual cuenta con carteles de máximo atractivo y combinaciones que me parecen sumamente acertadas y que aquí les traigo:

Viernes 5 de octubre: Novillos de Los Maños para Juanito, Adrien Salenc y Alejandro Mora
Sábado 6 de octubre: Toros de Montalvo para Juan Bautista, José Garrido y Álvaro Lorenzo
Domingo 7 de octubre: Corrida de rejones (ganadería Herederos de Ángel Sánchez y Sánchez) para Rui Fernandes, Andy Cartagena y Diego Ventura
Lunes 8 de octubre: Toros de El Pilar para Ricardo Torres, Alberto Álvarez e Imanol Sánchez
Martes 9 de octubre: Novillos de El Parralejo para Pablo Mora, Francisco de Manuel y Manuel Diosleguarde
Miércoles 10 de octubre: Toros de Hermanos García Jiménez para El Fandi, López Simón y Ginés Marín
Jueves 11 de octubre: Toros de Adolfo Martín para Ferrera, Perera y Fortes.
Viernes 12 de octubre: Toros de Puerto de San Lorenzo para Ponce, Urdiales y Perera.
Sábado 13 de octubre: Toros de distintas ganaderías para El Juli como único espada.
Domingo 14 de octubre: Toros de Núñez del Cuvillo para Padilla, Manzanares y Talavante.

Gracias una vez más a Canal Toros podré ver en directo las tardes del jueves, viernes , sábado y domingo en la que para mi destacan la tarde del sábado 13 con la encerrona de Juli y el domingo 14 con la despedida de Padilla, sin olvidar la tarde del día grande, el 12, con la presencia del número uno, Enrique Ponce, junto al triunfador de Bilbao y del otoño madrileño, Diego Urdiales. Seguro que vamos a vivir intensas y profundas emociones, todo apunta a ello, para que despidamos esta magnífica temporada con el regusto que nos va dejar este vino embriagador que es el toreo. Será un placer.

Antonio Vallejo


6ª de Otoño: Torería y verdad, pero ¡qué frío!


La Feria de Otoño tenía reservada para su cierre una de esas tardes para la historia, de las que se recuerdan por años, de las que engrandecen el toreo, de las que te hacen salir de la plaza toreando al aire, como la de aquel 2 de octubre de 2010, la despedida de Juan Mora de la plaza de Madrid en la que el de Plasencia cortó tres orejas a un encierro de Torrealta. Ayer domingo vivimos otra tarde cargada de emociones, de sentimientos, de pasión, de verdad y, sobre todo, de torería. Fue una auténtica y gran tarde de toros, porque ante todo eso es lo que hubo sobres ruedo de Madrid, toros, una magnífica corrida de Fuente Ymbro, muy bien presentada, de buenas hechuras, con trapío, muy seria, astifina a más no poder, una corrida de notable alto en lo que a juego y comportamiento se refiere, con un primero bueno y con clase aunque algo justo de duración, un segundo complicado, exigente y con mucho riesgo pero que en su peligro encerraba mucha emoción y ante el que había que estar con un par, un tercero y un cuarto de mucha clase, nobleza y bravos, que humillaron y repitieron, dos toros de sobresaliente, un quinto rajado a la defensiva, y un sexto que quedó en incógnita al quedar inválido en el caballo. Hay que dar la enhorabuena a Ricardo Gallardo por el encierro que trajo a Madrid, algo que no es nuevo, de hecho el pasado sábado 29 de septiembre también trajo una novillada que me gustó mucho, no solo por las magníficas hechuras, sino porque al menos hubo dos novillos magníficos que lamentablemente se fueron con la orejas puestas al desolladero. Y menos mal que hubo toros que pusieron emoción y tres toreros que pusieron el calor, porque si hay algo por lo que también vamos a quedarnos de la tarde de ayer es del frío. ¡Dios mío!, el otoño dijo que llegaba y llegó, a todo trapo, con un viento helador que os pilló desprevenidos, y eso que fui abrigado, pero el final de la corrida, ya de noche cerrada, a las nueve menos cuarto fue realmente desagradable. Pero así es el clima, como siempre, en verano ha hecho calor y ahora llega el otoño y empieza el frío...y en invierno nevará, seguro. Vamos, nada nuevo, que veo poco cambio climático. Pero el viento y el frío fueron lo de menos, porque la caldera de emociones en que se convirtió el ruedo de Las Ventas compensó todo, los olés calentaron las gargantas, las ovaciones calentaron las heladas manos y el frenético agitar de pañuelos pidiendo orejas fue el mejor calentamiento muscular para vencer al gélido viento. De ello se encargaron Diego Urdiales, Octavio Chacón y David Mora, si bien el madrileño sintió la crudeza de esta plaza cuando viene ya a la contra desde casa, cuando viene decidida tomar partido por unos y no por otros, cuando decide ponerse del lado del ganado y a lo mejor pasar algunas cuentas pendientes por Dios sabe qué motivos.
Sí, ya sé que los honores de la tarde se los llevaron Octavio Chacón al cortar una oreja de enorme peso por valor, verdad, entrega  y compromiso al jugarse la vida a cara de perro ante el tercero y no perder la cara ante el rajado quinto, y sobre todo Diego Urdiales, injusta e incomprensiblemente apartado de San Isidro y de las grandes ferias en plaza de primera, a excepción de Bilbao en la que resultó gran triunfador, y que cortó tres orejas en una tarde redonda, rotunda, pletórica, repleta de gusto y torería, torero de principio a fin, posiblemente la obra cumbre de su carrera, pero voy a comenzar por David Mora, que me pareció que para algunos ayer sobraba en el cartel, al que no tenían ganas de verle, venían a otra cosa, les parecía un intruso, al que no se le pasó ni media, lo tuvo todo a la contra desde salida y fue tratado de una manera a mi modo de ver totalmente injusta por un sector que acabó arrastrando a gran parte de la plaza. David Mora, todos creo que lo saben, es uno de los toreros a los que admiro y respeto profundamente, un hombre que casi s dejó la vida en esta plaza y que reapareció tras casi dos años de calvario y sufrimiento en los que demostró una capacidad de lucha y superación admirable, pero que al parecer cometió un pecado terrible. Ese pecado puede que se llame Malagueño, de Alcurrucén, ese pecado puede que se llamen dos orejas tras una faena antológica, ese pecado puede que se llame Puerta Grande. Y ayer creo que algunos le pasaron factura como a tantos otros han hecho una vez que han triunfado.
Recibió al tercero, un toro precioso, de unas hechuras maravillosas, serio y armónico, con unas verónicas sedosas, templadísimas, acompasadas, hundiendo el mentón, ganando terreno para rematar con una media de auténtico lujo. Recibo capotero repleto de gusto, clase y torería que para mi fue el mejor toreo de capote de la tarde de largo, pero como todo, es opinable. Un toro que demostró mi¡movilidad, fijeza, repetición y humillación, un gran toro, sin duda, eso no es discutible. Por cierto, un toro al que Jose Antonio Carretero le dio una brega excepcional y al que Ángel Otero colocó un tercer par de banderillas de lo mejor que hayamos visto en la temporada y que llegó a la muleta en plenitud de facultades. El inicio de faena no pudo ser más torero, junto a las tablas del 7, por bajo, templando, un trincherazo para parar las primeras embestidas fue extraordinario, gusto y clase, muletazos de tanteo con recorrido seguidos con olés. Por el pitón derecho cuaja dos series templadas, corriendo la mano, alargando el viaje, siempre por abajo, cargadas de gusto, enroscándose al toro, rematando con otra trinchera muy torera, siguen los olés pero ya en la segunda serie comienzan los pitos del sector habitual que empieza a recriminar ¡la ligazón! porque a su modo de entender "se queda fuera". Por supuesto, porque si queremos ligazón, que es lo que aporta transmisión y emoción al toreo ¡es imposible estar siempre cruzado!. Si quieren el pase suelto, y luego parar, cruzarse mucho o un poco más, otro pase suelto, volver al cruzado mágico y, ¡hala!, otro pase suelto, así hasta el día del juicio final, pues vale, pero me quedo con le toreo ligado y por bajo, como el de Juli o el de Ponce, por poner dos ejemplos de toreros que han sufrido el suplicio del "crúzate" y que creo que no son malos. Tanto fue que en esa segunda serie Mora tuvo que pedir calma y, añado yo, respeto, pero por un oido les entraba y por otro les salía. A partir de ahí la situación empezó a ser irrespirable, las protestas salían ante cualquier cosa, daba igual, sin dejar en ningún momento expresarse al madrileño. Por el pitón izquierdo los naturales salieron menos limpios y hubo menos acople, es cierto, pero el nivel de la protesta subía y subía, incluso cuando al final pegó una tanda de naturales dándole el pecho, templados y con hondura, entre una sonora pitada que había arrastrado a gran parte de la plaza. E insisto, es cierto que faltó acople en la segunda mitad de la faena y que el toro tenía unas condiciones excepcionales, pero no es menos cierto que nada se le valoró y que la única intención era reventar cualquier cosa que hiciera David Mora y en esa situación la deriva era clara, todo se iba a protestar por una mayoría que se dejó arrastrar por el criterio una vez más caprichoso de un sector predeterminado. Comparto la ovación al sensacional toro en el arrastre pero me pareció totalmente exagerada y artificialmente alimentada la bronca que se llevó el madrileño, desproporcionada todas luces. Con el sexto bis, un sobrero de El Tajo, no tuvo opción alguna, con la plaza casi vacía, de noche cerrada, un frío que pelaba, ante un toro sin fondo, que pasaba e iba sin emoción alguna, sin clase, descastado, al que intentó ponerle la muleta y llevarlo, pero era imposible sacar algo que transmitiera. Así lo vi y así lo siento, es mi forma de entender lo de ayer, que para algunos será una barbaridad y para otros tendrá cierta lógica, pero sigo pensando que ayer había unas consignas a favor y otras en contra, nada nuevo en esta plaza.
Octavio Chacón venía avalado por su condición de torero revelación del pasado San Isidro y cumplió con creces las expectativas generadas a base d vereda, de pureza, de entrega, de compromiso y de mucha, mucha, pero que mucha valentía. El segundo de la tarde mostró sus condiciones y su peligrosidad de salida. resrvón, se frenaba en el capote, huía, cuando embestía lo hacía con brusquedad, a oleadas. Lidia desordenada, con el fuenteymbro campando a sus anchas, de un lado a otro del ruedo, sin fijeza, comportamiento de manso a todas luces. El inicio de faena es el lógico ante un toro de estas condiciones, por bajo, doblones para someterlo, un trincherazo cargado de sabor arranca una gran ovación. Sigue midiendo, se acuesta por el pitón derecho, sabe perfectamente lo que hay y al tercer muletazo le pega el primer susto a Chacón, desgarrándole la taleguilla. No le pierde la cara, traga miradas, arreones, derrotes, el toro repone, busca constantemente donde herir, enorme el gaditano, siempre poniéndole la muleta, plantándole batalla, le saca algunos redondos de enorme mérito, templados, por bajo, pero el fuenteymbro traga uno, al segundo se revuelve y busca los tobillos, los muslos o lo que sea, una alimaña, manso con enorme peligro ante el que Chacón estuvo con mucha verdad, la muleta adelantada, exponiendo una barbaridad, hecho un auténtico titán, lección de pundonor y entrega, cada lance es un trago, se corta la respiración, de nuevo le voltea y se lo echa a los lomos, y Chacón sigue en la batalla, otra vez poniéndole la muleta, ¡enorme!. Faena que, por supuesto, mantiene en vilo a los tendidos, faena en la que la emoción nace de la condición peligrosa de un manso que se defiende y de un torero con una par que le puede y le somete con un trozo de tela, todo de verdad y con pureza, ya lo he dicho pero hay que repetirlo una y mil veces porque el valor de lo que hizo lo merece, porque lo fácil era justificarse con un macheteo por bajo ante tanta brusquedad y adversidad, tantas veces lo hemos visto. Un estoconazo tirándose por derecho, sin guardarse nada, que fulmina al toro sin puntilla es motivo más que suficiente para una oreja de enorme peso que premia el arrojo y la verdad de este torero. No es mejor el quinto, un tío, alto y largo, muy serio, también se frena en los capotes, mide,  derriba aparatosamente al caballo lanzando al picador por los aires, sembrando el pánico en el ruedo, campando a sus anchas, como su hermano. De igual manera desarrolló peligro en la muleta, rajado, a la defensiva, en cuanto veía la salida huía. Tan solo poniéndole la muleta muy la cara, llevándolo muy tapadito, sin quitársela, pudo el gaditano sacar una tanda en redondo al abrigo de las tablas del 4 con temple y ligazón, con la mano baja, de mucho mérito. Esa era la única manera de sacar algo en claro de la mansedumbre del fuenteymbro, pero resultó imposible y solo se puede destacar el empeño y la tremenda voluntad de Chacón que en ningún momento perdió el ánimo. En cualquier caso, importante tarde de Octavio Chacón que se ha hecho con un lugar en esta plaza y que, al menos de momento, va a gozar con el apoyo y el respeto de esta plaza, o al menos de cierto sector que decide quien vale o no. Ya veremos más adelante si abre la Puerta Grande.
Pero la tarde de este domingo tiene un nombre propio, Diego Urdiales, que dejó en evidencia a cuantos le han apartado de las plazas de primera en esta temporada. Desconozco los por qué, pero visto lo que el riojano hizo en Bilbao y lo que este domingo ha hecho en Madrid parece difícilmente comprensible su ausencia. Torero querido, valorado y respetado (al menos hasta ayer) por la plaza de Madrid al que se esperaba con enorme entusiasmo. Y no defraudó, es más, creo que superó todas las expectativas. Tarde redonda, rotunda, que puede definirse con esa palabra que tanto nos gusta y que tanto dice por sí sola: torería. Todo fue perfecto, una sinfonía de toreo, la obra cumbre de su carrera ante el cuarto, probablemente una de las faenas más completas y compactas que hemos visto en años. Desde luego que no exagero si digo que es la mejor faena de la temporada. Ya el saludo capotero al primero presagiaba intensas emociones. Verónicas templadas, primero flexionando la rodilla, luego echando la pata alante, con enorme clase, desatan los primeros olés. El galleo por chiquilinas para llevar al toro al primer encuentro con el caballo rememora toreo d otras épocas, de enorme belleza, como el ajustadísimo quite por chicuelinas, electrizante. El toro tiene clase y nobleza, tiene movilidad y galopa con brío, lo somete por abajo en los primeros muletazos, con gusto, todo muy torero. Por el pitón derecho se acuesta y el viento descubre a Urdiales, por el izquierdo va menos claro, es un toro exigente, para poderle con paciencia y técnica, poco a poco, y así lo hace Urdiales para acabar descubriendo la clase y la nobleza del toro. En las tablas del 6 cuaja series en redondo templadas tapándole la cara, con la mano baja, derechazos con profundidad, ligados, naturales con hondura, lentos, alguno eterno, cargados de sabor, para escribir sobre la arena un epílogo muy torero, por bajo, trincherazos de lujo, pases de desdén que entusiasman, adornos, más redondos y naturales lentos y suaves, todo temple, una delicia. Una entera para pasaportar al toro vale la primera oreja y media puerta abierta. La locura llegó con el cuarto, un toro que no se entregó en los primeros tercios, que recibió una lidia desordenada, sin emplearse en el caballo, deslucido en banderillas, pero que rompió en la muleta a partir de un derechazo monumental que cambió el sino de la faena. Toreo acoplado, encajado, con pureza y verdad, series en redondo templadas, profundas, bajando la mano, enroscándose al toro, los de pecho son monumentales, por el izquierdo naturales de ensueño, suaves, acariciando la cara del fuenteymbro, con recorrido, remates de pecho de pitón a rabo, la plaza en pie, las manos rotas, todo son aromas a toreo caro, esencias que surgen en cada muletazo, los trincherazos crujen a la plaza, los adornos derriten los sentidos, molinetes, kikirikís, más trincherillas, todo es torería, todo es belleza, todo es puro y todo es de verdad. No se cansa de torear, las series finales al hilo de las tablas del 5 por ambos pitones son rotundas, la mano muy baja, redondos de antología, naturales lentísimos, olés y olés sin parar, un desplante de rodillas desborda las emociones, gritos de "torero, torero". Se tira a matar como si no hubiera mañana, un estoconazo fulminante, un auténtico cañonazo que pasaporta a este buen toro al que Urdiales le cortó las dos orejas sin discusión alguna. Repito, obra maestra, suprema, celestial, que hace justicia a un hombre que siempre ha llevado la verdad del toreo por delante y que en esta Feria de Otoño ha escrito uno de esos capítulos apoteósicos que quedarán para siempre grabados en letras de oro en la historia de Las Ventas.

Antonio Vallejo

domingo, 7 de octubre de 2018

5ª de Otoño: Diego Ventura, amo y señor de Madrid a lomos de un Sueño



El amo y señor de la plaza de Madrid, 17 Puertas Grandes le coronan, 17 tardes en las que ha ido gestando su leyenda, haciendo historia una y otra vez, batiendo todos los registros conocidos y por conocer, engrandeciendo con su Arte no solo al rejoneo sino a todo el toreo, porque Diego Ventura es, no lo olvidemos, TORERO, a caballo, como nació este Arte que es la Tauromaquia.Entre gritos de "torero, torero" fue sacado a hombros por la puerta más deseada del toreo, la que ya ha cruzado en 17 ocasiones ¡y las que nos quedan por ver!.
Una vez más la plaza de Las Ventas se llenó porque la ocasión lo merecía, porque nadie quería perderse lo que se presumía una tarde para la historia. Como es habitual en los festejos de rejones cantidad de niños en los tendidos, el germen del futuro, la semilla que hará crecer y mantener la afición por siempre, la que nos transmitieron nuestros mayores, la que les transmitimos a nuestros hijos y la que espero ellos continúen transmitiendo. Pero ayer me llamó la atención que, al menos en mi tendido, gran parte de los abonados habituales estábamos allí, como cualquier otra tarde, demostrando que lo que nos apasiona es el toreo en toda su integridad y en toda su expresión, sin distinguir, y aún menos despreciar, cualquiera de sus expresiones. Y debió ser así en casi toda la plaza porque se vivió un ambiente que, si bien estaba dominado por la alegría y la ilusión, en ningún momento se dejo llevar por el triunfalismo y la euforia desmedida, se valora y se midió cada faena, cada encuentro, cada suerte, cada rejón, con verdadero rigor, calibrando los méritos,  las ovaciones y los premios de igual manera que criticó lo que había que censurar y cuando hubo que hacerlo, lo que pone aún más valor a la gesta de Ventura en la tarde de ayer. 
La tarde comenzó de una manera bellísima y emotiva, un paseíllo único y especial, algo que jamás había visto y que recordaré por siempre, con los 19 caballos que el maestro montó en la tarde de ayer haciéndole pasillo, con toda la plaza en pie y una de las ovaciones más grandes que recuerdo en esta plaza, y cuidado que he visto romperse a Las Ventas en muchas ocasiones, pero lo de ayer fue algo mágico. Cada caballo una lámina, de una belleza superlativa, elegantes, Bombón, Toronjo, Jaguar, Fino, Gitano, Morante, Dólar, Lío, Bronce, Remate, Nazarí....nombres para la historia, nombres de caballos toreros entre los que ayer hubo uno que hizo realidad los deseos del maestro y de todos los aficionados, uno que nos hizo soñar el toreo más puro, uno que no podía tener otro nombre más que Sueño y que en el sexto llevó a Ventura a la gloria.
Una tarde que fue a más, que comenzó con un toro noble  tardo y parado de Ángel Sánchez colaboró poco, una faena de mucho mérito de Ventura, haciendo todo bien, con pureza, faena muy torera, parando al toro con Bombón y templando en banderillas con Lío, pero faltó ritmo y emoción por la poca transmisión del toro. Con Toronjo colocó tres rosetas un tanto deslucidas por las escasa condiciones del toro para matar de un rejonazo y descabello y escuchar ovación con muy leve petición de oreja.
El segundo de la tarde lucía el hierro de Miura. Se fue a recibirlo con la garrocha a la boca de la puerta de toriles en una estampa campera que me encanta ver en estar tardes de rejones. La verdad es que me llamó la atención cuando vi anunciado en los carteles dos de Miura para esta corrida, y como era de esperar el comportamiento del toro fue el esperado. Toro con mucha complicaciones para el caballo, también tardo, midiendo, y cuando se arrancaba lo hacía soltando la cara, muy exigente para el caballo y el caballero, pero a lomos de Nazarí cualquier cosa e posible, como las banderillas que colocó ventura, ajustadas, con máxima exposición, toreo de enorme valor por las dificultades del toro en una faena que si bien no tuvo el brillo y la espectacularidad de lo que nos tiene acostumbrados encerraba muchísima maestría y Lara muestra del domingo que Diego Ventura tiene de todas las suertes. La ovación con la que se le premió a la muerte de este toro así lo confirma.
El tercero lucía El Hierro de Guiomar Cortes de Moura, un Murube en toda regla, hondo, bajo, cuajado, al que paró y templó con Jaguar en una exhibición de toreo a dos pistas, recorriendo el anillo de costado, con los pitones del toro cosidos al lomo del caballo, recortes por dentro para acabar bailando delante del toro a lomos de Fino con el que  pasó la grupa de un pitón a otro como si nada y dibujar en banderillas quiebros ajustadísimos dándole toda ventaja al toro, especialmente en dos invertidos, cambiado d pitón en le último segundo y colocar las banderillas al violín montando a Gitano. De no haber fallado con el rejón de muerte habría caído la primera oreja, pero el ambiente empezaba a caldearse y se olía ya algo grande a poco que embistieran los tres que quedaban. 
En cuarto turno saltó otro de Ángel Sánchez que apuntó querencia desde salida, huidizo a tablas, sin fijeza. Enorme el esfuerzo de Ventura para fijarlo, demostración del saber y el conocimiento de los terrenos, así como de elegancia y caballerosidad, como el detalle de concederle al sobresaliente  de la corrida, Juan Manuel Munera, compartir con él la faena. Con ambos jinetes sobre el ruedo se vivieron los mejores momentos en banderillas, colocando los palos al quiebro, teniendo que hacer prácticamente todo porque el toro no respondía, teniendo que llegara hasta misma cara para realizar la suerte. Por cierto, sensacional el joven sobresaliente, extraordinaria doma y monta y verdad a la hora de colocar las banderillas. Sí señor, así se comporta un maestro, sin olvidar que él también empezó un día y pedía oportunidades. De nuevo problemas a la hora de matar y. nueva ovación tanto para Diego como para Munera.
Otro Miura hacía quinto, no hay quinto malo se dice. Toro con la complicaciones propias de su encaste, muy exigente, pero ante el que Diego Ventura destapó el tarro de las esencias y bordó el toreo. Lección magistral de toreo para la que reservó a tres de las joyas de la corona: Nazarí, Lío y Bronce. Antológica y bellísima la manar de parar al Miura de salida, dejándose llegar los pitones a la grupa, exponiendo al máximo, por fuera y por dentro, templando con el costado como si fuera una muleta y recortando por los adentros por terrenos inverosímiles, verdad en su toreo, sobrio, sin alardes ni estridencias, con una pureza brutal, poniendo al público en pie por lo ajustado de los encuentros y la materia a la hora de colocar los rejones y las banderillas, emoción a raudales y admiración desbordada ante lo que estábamos viendo. Por fin enterró el rejón de muerte a la primera con Remate y la oreja fue inapelable. Se pidió la segunda, no con demasiada fuerza aunque había bastante parte de los tendidos que lo hicieron, y creo que el palco acertó al no concederla, igual que el público reaccionó sin un solo reproche  a esa decisión, lo que demuestra que ayer nadie se dejó llevar por triunfalismos o sentimentalismos, añadiendo más valor a lo conseguido por Ventura.
Queda el sexto, de Guiomar Cortes de Moura, que a la postre fue un sensacional toro, bravo, noble, con fijeza y duración. Lo recibió con la garrocha y pronto se vieron las extraordinarias condiciones del murube, se olía lago gordo. Y llegó, ¡de qué manera!, una faena antológica, plena, rotunda, a lomos de Dólar, Morante un caballo que le llevó a la gloria, Sueño, que nos hizo soñar el toreo más bello haciendo gala a su nombre. Todo perfecto de principio a fin, con temple y torería, desde los dos soberbios rejones de castigo, de poder a poder, hasta los quiebros y reuniones en banderillas, embroques ajustadísimos, con enorme pureza, ejecutados en una baldosa, una locura, delirio taurino, pasando por los "bocados" de Morante que pusieron a la plaza en pie y acabando con un par de banderillas a dos manos a lomos de Dólar ejecutado en largo, a velocidad de vértigo y con una verdad absoluta. Rejonazo fulminante algo caido y dos orejas sin discusión, más una merecidísima vuelta al ruedo para este magnífico toro. Aquí también hubo petición de rabo, pero de igual manera pienso que dos orejas son justo premio y aumentan el valor del triunfo por su rigor.
Disfruté mucho, soñé al toreo otra tarde más gracias al amo y señor de Madrid, Diego Ventura, y su Sueño.

Antonio Vallejo

sábado, 6 de octubre de 2018

4ª de Otoño: Plúmbea tarde de Adolfo Martín


Empiezo donde lo dejé el pasado domingo: no me gusta el formato de esta Feria de Otoño. Hoy se anunciaba la cuarta del ciclo, de la tercera daba la sensación de haber pasado una eternidad, solo cinco días en realidad, pero mi sensación hoy no era la de continuidad, parecía otra cosa, otro ciclo, otra corrida como las de domingo programadas a lo largo de la temporada o la próxima de día de El Pilar, no sé, una sensación de frialdad, de empezar de nuevo, con lo que hubiera sido volver a la plaza al día siguiente del rotundo triunfo de Emilio de Justo, en caliente, con los sentimientos y las emociones a flor de piel, lo que hubieran sido los corrillos y los comentarios previos a la corrida, el entusiasmo por lo vivido. Pero todo eso estaba hoy diluido en el tiempo, increíblemente lejano, casi archivado en la memoria, a otra cosa, y personalmente no me gusta, prefiero lo de antes, cuatro días seguidos, de jueves a domingo, o cinco, o seis, o una semana, me da igual, pero con continuidad, con sensación real de ciclo, como San Isidro, independiente de lo que son el resto de festejos de temporada.
Pero como para hoy el famoso bombo de Simón Casas anunciaba una atractiva corrida de Adolfo Martín para los espadas Alejandro Talavante, Álvaro Lorenzo y Luis David Adame, allá que hemos ido los veinticuatro mil que hemos llenado la plaza en una tarde radiante de sol, con un cielo azul limpio y una luz preciosa de otoño madrileño en Las Ventas, luz maravillosa, como es Madrid, maravilloso, da igual la estación del año. Veinticuatro mil aficionados que nos hemos encontrado con una corrida a la que se le pueden poner cantidad de calificativos: decepcionante, desilusionante, deslucida, mala, penosa, infumable, horrible... ¡yo que sé cuantos más!. Pero entre todos los posibles el que mejor la define es el que mi gran amigo y extraordinario aficionado que es Luis Felipe Utrera-Molina ha dicho en el quinto toro: plúmbea. No hay mejor manera de resumir la tarde, así ha sido, plúmbea.
De los toros que ha traído Adolfo Martín a esta cuarta de otoño mejor hablar poco. Al menos el invento del sorteo y el bombo rebaja la posibilidad de echar en cara a las figuras la elección del ganado, argumento muy socorrido según que hierros y que nombres en los carteles. Algo es algo. Sí, astifinos y serios han sido, vamos, es lo mínimo si pasan el reconocimiento de los veterinarios de Madrid. En cuanto a presencia y presentación destacaría al cuarto, todo un tío, Albaserrada 100%, casi cornipaso, con los pitones vueltos, dos velas que asustaban, con ese hocico ratonero tan característico de este encaste,  otros como primero, tercero y sexto también en tipo aunque desiguales de hechuras, más o menos abiertos de cara, veletos en general, y un quinto acapachado, largo, ensillado, escurrido de culata, terciado, que de salida ha sido protestado por su justa presencia y que para colmo ha sido devuelto por su manifiesta debilidad saltando en su lugar un sobrero de Conde de Mayalde pasado de kilos y basto de hechuras que no sé si tan siquiera habrá valido para carne, con sus cinco años y medio, a ver quien lo digiere. ¿El juego?, nulo, desastroso, una corrida falta de fondo, sin raza, sin casta, sin clase, sin humillar, que no se ha empleado en ninguno de los tercios, justa de fuerzas, a la defensiva, sin recorrido, sin empuje, sin transmisión, sin emoción... ¿sigo?. Así que no hace falta ser un lumbreras para imaginar el resultado final: plúmbeo. 
Mucho tengo que rascar en mis notas para entresacar algo de interés, difícil tarea. Tan solo encuentro un muy buen tercio de banderillas en el segundo a cargo de Sergio Aguilar y Alberto Zayas, con exposición y verdad, que han saludado desmonterados una de las escasísimas ovaciones de la tarde, o los dos pares de Juan José Trujillo al cuarto, de poder a poder, o las verónicas de recibo de Álvaro Lorenzo al segundo y las templadas de Luis David al tercero, ganando pasos, y un ramillete de verónicas flexionando las rodillas y alargando el viaje ante el sexto también a cargo del hidrocálido, o algunos naturales sueltos  templados y con hondura que Álvaro Lorenzo ha robado al segundo de la tarde en las dos únicas tandas que me atrevo a destacar en toda la tarde, porque el resto de las faenas de muleta han discurrido entre pases y pases sin argumento, sin sentido alguno, sin ritmo y, ea mi modo de ver, con un metraje demasiado largo en algunos casos. Lo digo como opinión personal, pero cuando lo que hay es lo que ha salido de los corrales en la tarde de hoy yo agradezco la brevedad, como la de Talavante en su lote, para nada lo censuro, es más, se lo alabo. Entiendo que Lorenzo y Luis David hayan tratado de justificarse, pero alargar trasteos sin sentido ni valor alguno perdiéndose en pases y más pases que no generan la mínima emoción no me gusta, y además creo que no les beneficia porque acaban despertando el cabreo del personal adormilado y todo se les pone a la contra, como ha sucedido al final con una sonora pitada tanto a los toros en el arrastre como a los matadores. Pitada que a lo mejor se hubiera disimulado sin el despropósito que hemos vivido, mejor dicho, padecido, con la espada y, sobre todo, con el descabello ¡en los seis toros!. Hacía mucho que no veía matar tan mal y hacía mucho que no veía tantos y tantos golpes de verduguillo como los que hemos padecido hoy, incontable la cantidad, una barbaridad. En varios toros hemos asistido hasta a diez o doce descabellos para hacer doblar al toro, un espectáculo bochornoso, no sé si por el nerviosismo al ver la deriva de la tarde o por qué, el caso es que ha sido lamentable contemplar intentos de descabellar sin que el toro descubriera la muerte, sin quitar el estoque, algo que parece elemental, daba igual, el caso era clavar la cruceta y ver si sonaba la flauta, lo que resulta sumamente desagradable y que ha sido lo que realmente ha levantado las protestas justificadas y la bronca final de los aficionados, el único final lógico para una más que plúmbea tarde. Y no puedo acabar sin referirme expresamente a esto, la bronca del final. Muchas veces he criticado a cierto sector de la afición madrileña, he censurado sus manías y sus maneras de criticar, de pitar y de abroncar, me ha molestado su inoportunidad, muchas veces lo he hecho. Hoy me parecería tremendamente injusto pasar por alto el extraordinario comportamiento de toda la plaza, especialmente ese sector tan crítico e hiriente al que me refiero. Hoy se ha aguantado, quizás si esto hubiera sido el lunes, con la resaca del tremendo triunfo de Emilio de Justo otro gallo habría cantado, puede ser, pero hoy ha habido paciencia infinita ante el bochorno hasta que ha llegado un momento que ya no había lugar  para esperar más y manifestarse claramente en contra de lo que se estaba viendo. Y cuando ha habido pitos han sido justificados, y cuando ha habido bronca también, y además en proporción al despropósito, y en el momento adecuado, nada fuera de lugar, ni de tiempo ni de medida. Así que además de la excelente climatología de la tarde y de lo precioso que lucía Madrid hay que añadir el exquisito comportamiento de la afición, que cuando se equivoca se dice, pero cuando está de olé es de justicia reconocerlo. 

Antonio Vallejo