lunes, 5 de julio de 2021

Emilio de Justo, la consagración de una figura para reventar una temporada

¿Qué es la cultura? Si uno acude al diccionario de la R.A.E se define como conjunto de conocimientos  que permite a alguien desarrollar su juicio crítico y también como conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc. Esta calurosa tarde de domingo de julio en Madrid se anunciaba la Corrida de la Cultura con un cartel de lujo que no me extraña que llevara a colgar el "no hay billetes" en la taquilla de Las Ventas, el formado por Antonio Ferrera y Emilio de Justo en un mano a mano con toros de Victoriano del Río. Desde luego que ambas definiciones van que ni pintadas aplicadas a nuestra Fiesta. No hay duda  que cualquier aficionado, con sus conocimientos del toreo, puede realizar un juicio de una tarde de toros y tampoco tengo dudas de que el toreo, como dice el diccionario, es un modo de vida y costumbres, diría más, es un modo de vivir y sentir único, sin igual, basado en unos valores hoy en desuso, sacrificio, compromiso, respeto, en las antípodas del relativismo y buenismo imperante, y que los toreros, Emilio de Justo lo ha demostrado claramente, atesoran conocimientos y grado artístico en cantidades astronómicas. Quizás los antitaurinos debieran dar un repaso al diccionario, y a tantas cosas, antes de volcar su odio en pos de la prohibición, demuestran mucha incultura. 
Ha sido una tarde plena, de principio a fin, empezando por unos toros de Victoriano del Río con una presentación extraordinaria, imponente presencia y trapío los seis, magníficas hechuras, serios a más no poder, ofensivos y astifinos, desafiantes, amplios de cuna, preciosas láminas y con un juego realmente bueno salvo el quinto. Toros con opciones de triunfo, cada uno a su manera y con su carácter, que en general han peleado bien en los caballos, que han tenido unos emoción, otros clase, otros incertidumbre, también genio  pero que no han dejado a nadie indiferente y han mantenido la atención de principio a fin, incluso el manso sexto que ha roto a más y ha acabado entregado en la muleta de Emilio de Justo de una manera que ninguno salvo el matador fuimos capaces de sospechar, destacando sobremanera el bravo cuarto al que desorejó Emilio de Justo y que fue premiado con la vuelta al ruedo. Enhorabuena al ganadero, excelente selección fruto del trabajo diario en el silencio y la soledad del campo que para mi le convierte con justicia en el otro triunfador de la tarde.
Sin toros no hay toreros y sin toreros no hay toros, una máxima que suena a tópico pero es la verdad, como ha quedado patente esta tarde en Las Ventas. ¿Cómo podría haber triunfado si no Emilio de Justo si sus toros no hubieran tenido bravura, emoción y transmisión? y ¿cómo ha sido posible que un toro como el sexto al que ninguno le vimos nada de nada, en el que pensábamos que la faena de muleta no iría más allá de unos intentos de pases y se acabó, casi se va la desolladero sin una o las dos orejas?. La respuesta es fácil, la conjunción mágica, ha habido toros y un torero que hoy se ha consagrado como figura en Madrid, refrendando así aquella Puerta Grande en septiembre de 2018 con una corrida de Puerto de San Lorenzo. Lo ha hecho cortando tres orejas, una al primero de su lote, Esmerado, al que saludó de capa por chicuelinas en los medios rematadas con una media repleta de clase y en el que vimos esa rivalidad en quites que tanto se echa de menos en el toreo actual. Primero fue Ferrera por verónicas templadísimas de gran belleza para replicar de Justo con unas chicuelinas excelsas, rematando ambos con sendas medias a cual mejor. Si bien los primeros compases de la faena por el pitón derecho, a media altura, con poco recorrido y el de Victoriano cabeceando no invitaban a echar las campanas al vuelo fue al cambiar a la zurda donde emergió el toreo al natural para alcanzar cotas de enorme belleza y transmisión. Naturales con hondura, colocación, temple y poder, bajando la mano, recorrido y repetición, series ligadas, acople perfecto, cadencia y ritmo, toreo de muchos quilates que se transladó al otro pitón en una tanda en redondo profunda, ligada por bajo, maravillosa, previa a un apoteósico final con naturales a pies juntos dándole el pecho culminando la obra con una grandísima entera de efecto fulminante que valió una oreja de mucho peso. Como cuarto se anunciaba un toro con nombre de los que a cualquier aficionado al toreo le gusta, Duende. Preciosa estampa, cornidelantero, que en los capotes no demostró precisamente fijeza ni celo aunque sí que mostró movilidad y cumplió con creces en varas, protagonizando un tercio de banderillas que fue ciertamente caótico, desorden en la lidia y más palos en la arena que clavados en el toro. Pero este Duende tenía todo su fondo esperando a la muleta, ahí iba a derramar todas sus facultades para que Emilio de Justo compusiera una sinfonía magistral en medio de una borrachera del mejor toreo. Movilidad, fijeza, recorrido, humillación, repetición y duración fueron los acordes que se fundieron con los olés desde las primeras series en redondo, profundidad y ligazón basadas en le temple y la colocación, ritmo y compás, la mano muy baja, mando y dominio, gusto y belleza, acoplado,  y un toro con clase y bravura descomunal. Si Duende era bueno por el derecho no lo era menos por el izquierdo, mismas condiciones, humillación, recorrido y humillación, naturales hondos, también ligados en el sitio, todo por abajo y muy templado, despacio para concluir la composición por donde empezó, por el pitón derecho, apoteósicos derechazos totalmente entregado, el compás muy abierto, despatarrado, alargando el viaje para recogerlo y ligar con una emoción y transmisión máximas que pusieron a la plaza en pie rendida a Emilio de Justo. Unos adornos finales por bajo llenos de aromas y torería dejaron todo en manos de la espada. Y no dudó de Justo. Recto, por derecho, volcándose sobre el morrillo en un volapié monumental pasaportó a este magnífico Duende premiado con una merecida vuelta al ruedo. Dos orejas sin discusión alguna en mi opinión que paseó Emilio de Justo entre el clamor de unos tendidos extasiados y que suponen su consagración como primera figura en el Olimpo  del toreo. Y aún pudieron ser más lo trofeos de no marrar con el descabello en el que cerraba plaza, un desafiante colorado chorreado con la puntas apuntando al cielo que desde salida mostró querencia, sin fijeza, huyendo de los capotes, yéndose a por el caballo que guardaba puerta hasta en tres ocasiones, doliéndose del castigo y saliendo rebrincado de fea manera, para ser finalmente picado donde correspondía haciéndole entra por dentro y tapándole la salida en una vara en la que se durmió en el peto sin emplearse. Visto lo visto y que en banderillas tampoco cambió de comportamiento la faena de muleta se presumía poco menos que inexistente, más aún tras lo primeros muletazos que tomó a la defensiva, protestando, la cara alta, punteando las telas. Repito, nadie en los tendidos veíamos nada en ese sexto, nadie, y quien diga lo contrario se está soltando un farol, por no decir que miente. Solo una persona, la que estaba frente al toro vio el fondo que tenía. Y no solo lo vio sino que conocía la fórmula para sacarlo. ¿Por qué?Porque solo estos súperhombres, los que cada tarde que se visten de luces y miran cara a cara a los toros y a la muerte son capaces de ver lo que para los demás es ceguera. Tragó los derrotes Emilio de Justo, aguantó, paciente, poniéndole la muleta, enseñándole el camino, la manos baja, obligándole, llevándolo tapado, muy toreado, sin quitársela de la cara y así surgieron como por arte de magia naturales que se desgranaban de uno en uno, con una hondura tremenda, cruzándose, entre olés roncos y la admiración de todos, para culminar con una serie en redondo templada, ligada por bajo, profunda, de ensueño, con el toro sometido, humillando, persiguiendo la muleta con codicia. Una entera desprendida y la mala suerte con el verduguillo privaron a Emilio de Justo de una y quien sabe si dos orejas más porque lo que hizo ante ese último de Victoriano no solo tiene mucho mérito sino que refleja lo que es una primera figura del toreo cargada de conocimiento y técnica. 
Antonio Ferrera se ha ido de vacío de Las Ventas, cierto, pero creo que de haber tenido más fortuna con la espada una oreja al menos hubiera acabado en sus manos. Perfectamente pudo ser así en el que abría plaza, un toro alto y grande, de enorme amplitud de cara, veleto, que salió con la manso por delante y blandeando. No se empleó en los dos primeros puyazos, salió escupido del peto nada más sentir el acero y decidió Ferrera picarlo en los medios con la consecuente bronca por una amplia parte de los tendidos que consideran que el tercio de varas debe realizarse en unos terrenos concretos y en en esta digamos frivolidad de Ferrera una afrenta al sentir de esta plaza. El caso es que entre las protestas de unos y la ovación de otros el toro empujó con codicia y tomó un puyazo empleándose. Al final la ovación fue claramente mayoritaria aunque, debo decirlo, a mi me encanta el tercio de varas, me parece de una gran belleza y disfruto mucho por lo vibrante y emocionante que es, pero me gusta ejecutado con pureza y donde debe, en la contraquerencia. Como recurso o anécdota puedo aceptar lo que ha hecho Ferreras, tampoco me voy a rasgar las vestiduras y lo entiendo dentro del contexto de la tauromaquia llena de sorpresas a la que nos tiene acostumbrados el maestro, pero no más que eso. Arranca la faena por bajo, con suavidad, alargando el viaje, rematando con sabor también por bajo. Creo que supo medir perfectamente la distancia, la altura, la velocidad y las pausas que pedía el toro a base de temple, bajando la mano, con profundidad, series cortas y ligadas con clase por ambos pitones, sabiendo alargar el recorrido un tanto escaso del animal en un alarde de técnica y recursos de maestro veterano, todo ello enmarcado en cierta teatralidad con las que adorna sus faenas, como la forma de entrar a matar desde muy lejos, unos 10 metros, andando hacia el toro con la espada armada para finalmente estoquear al encuentro, algo muy difícil y que hoy le ha jugado una mala pasada ya que el defecto de la estocada le ha privado de una oreja casi segura. El tercero ha permitido a Ferrera lancear a la verónica con vistosidad por la movilidad y fijeza del de Victoriano adornándose con un afarolado y una media de remate que era un cartel por sí misma. Mucho se le pegó en varas, excesivo castigo a mi modo de ver, lo que hizo mucha mella en las fuerzas del toro. Entre eso y un tercio de banderillas en el que el desorden fue la nota dominante el caso es que llegó a la muleta andando, defecto que transformó en cualidad Ferrera para componer una faena a la mexicana, en corto, todo muy despacio, citando en la cadera para poder alargar más el recorrido y ligar las series, todas ellas muy medidas. Muletazo a muletazo fue cuajando redondos y naturales de tronío, muy relajado, a cámara lenta, recordando sus faenas en Insurgentes. Finaliza la faena en algo ya clásico en su toreo, con la derecha y sin la ayuda, series de redondos al natural podríamos llamarlas, hundiendo las zapatillas, en una baldosa, jaleadas con olés. De nuevo se perfila muy de lejos, igual que en su primero, andándole en pasitos cortos, matando en la suerte de recibir para dejar una entera caída que difumina la posibilidad de trofeo. El quinto tan solo tuvo historia en banderillas, un tercio antológico protagonizado por Antonio Chacón y Fernando Sánchez que clavaron de poder a poder, llegando hasta la cara del toro, asomándose al balcón, con la punta de los pitones en la barriga, exposición y riesgo máximo, saliendo del embroque con torería. Ambos saludaron desmonterados la tremenda ovación de todos los tendidos puestos en pie. En la muleta no tuvo nada, embestida descompuesta, sin recorrido, protestando, soltando derrotes, deslucido e imposible para el lucimiento.
En resumen, una gran tarde de toros, los de Victoriano del Río, magnífica corrida de presentación y juego,  y un nombre propio, Emilio de Justo, consagrado como figura y dando un golpe en la mesa que va a poner a todos en guardia de cara a lo que resta de temporada. Tres orejas de ley y la Puerta Grande que lleva al cielo del toreo abierta revientan una temporada y pone muy caro el toreo. 

Antonio Vallejo



 

domingo, 27 de junio de 2021

Volver a Las Ventas, ¡volver a vivir!


 Un soplo de vida, eso es lo que para mi ha sido esta tarde de sábado en Las Ventas, ¡cuanto la necesitaba!. Cierto que el festival extraordinario del pasado 2 de mayo fue algo único por lo emocionante, cierto que esta pasada Feria de San Isidro atípica y especial en Vistalegre fue un aliento de esperanza que invitaba a soñar, pero faltaba algo, faltaba que la primera plaza del mundo por fin diera el paso que demandábamos y tomara las riendas del toreo. Ese paso ha sido este sábado, el próximo domingo 4 de julio será el segundo paso, parece ser que el 10 de julio vendrá el tercero del que esperemos sea un caminar eterno que no encuentre más pausa que la obligada entre temporada y temporada. El toreo necesitaba que Las Ventas tomara el mando y dijera aquí estoy yo, frente a todas las adversidades, poderosa, para dejar claro que esta Fiesta es inmortal mientras haya un toro en el campo, un torero frente a él y un aficionado que quiera verlo. Posiblemente ese sea el mejor resumen de lo vivido en Madrid un caluroso sábado de junio con toros de Victorino Martín, con tres toreros, Manuel Escribano, Sergio Serrano y Fortes, y muy cerca de 12.000 aficionados que hemos llenado el aforo permitido dando a los tendidos un magnífico aspecto. Lo que vendría tras el retumbar de clarines y timbales anunciando el paseíllo, como dice el Evangelio, se nos ha dado por añadidura, y ha sido mucho.
Para empezar hemos visito seis toros de Victorino de excelente presentación, preciosas láminas, muy serios, veletos los seis, astifinos, puntas desafiantes, entipados, albaserradas de pitón a rabo, inconfudibles, que también han mostrado el comportamiento tipo de la casa, duros, complicados y con peligro, sin conceder nada y sin permitir el mínimo fallo el segundo tercero, falto de fondo y fuelle el primero, deslucido el sexto, destacando un encastado y exigente cuarto, y un bravo, con clase y mucha calidad el quinto, dos toros de nota muy alta. No está mal para empezar, digo yo.
A por sus dos toros se ha ido a recibir a porta gayola Manuel Escribano, algo habitual en el sevillano pero que no deja de ser una declaración de intenciones acerca de la disposición con la que ha venido a Madrid. Al primero lo saludó por verónicas templadas y comprometidas ganando pasos tras la larga cambiada clavado de rodillas más allá de la segunda raya. Empuja en el caballo sin demasiada codicia y con un solo pitón el Victorino apuntando señales de debilidad,  pero es tras dejar atrás el peto cuando muestra una evidente falta de fuerzas que levanta las protestas y condiciona el resto de la lidia. Muy corto y reponiendo en el poco lucido intento de quite por chicuelinas de Serrano, sin ritmo en banderillas, tercio que Escribano cumplió con facilidad y solvencia, para llegar a la muleta desfondado, con la cara alta, sin poder ni empuje. Poco pudo hacer el sevillano que  mató de una sensacional entera de efecto fulminante, sin duda lo mejor de este primero. La salida del cuarto, Galapagueño de nombre, nos puso el corazón en un puño, segundos de angustia con Escribano hincado de rodillas y el toro parado en la boca de toriles, mirando, midiendo, avanzando lentamente hacia el sevillano, calibrando, hasta llegar a menos de 2 metros y arrancarse bruscamente buscando la presa. Aún no sé cómo se libró de la cogida el de Gerena, providencial la larga con la que burló el trance. Pelea de bravo en el caballo, dos puyazos arrancándose en largo, metiendo la cara abajo, empujando con celo, metiendo los riñones, y extraordinario Curro Sanlúcar agarrando arriba y delantero, con razón se despidió en medio de una gran ovación. Ritmo y buen tranco del toro en banderillas, galope alegre que permitió a Escribano cuajar un tercio sensacional. Un primer par derrochando facultades físicas para reunir en la cara, un segundo par dejándose llegar al toro y clavar de poder a poder, asomándose al balcón, y un tercer par sentado en el estribo, esperando la arrancada del animal para incorporase y dejar los palos al quiebro junto a las tablas, casi sin espacio físico por donde salir, arriesgadísimo par que puso en pie a toda la plaza. Arranca la faena con dos cambiados por la espalda muy ajustados aprovechando la movilidad del Victorino para enlazar con las primeras series por el pitón derecho. Busca adelantar la muleta y llevar en largo la embestida de Galapagueño que toma bien la muleta, mete la cara y humilla pero que pronto saca a relucir la exigencia de su encaste. No permite el mínimo error, se queda a medio viaje, repone y busca, sabe lo que se dejaba atrás. Poco a poco, a base de tragar y bajar la mano para someter al toro la faena va tomando vuelo. Es por el izquierdo cuando llegaron los mejores pasajes, naturales con hondura, por abajo, poderosos, de uno en uno, perdiendo ese paso necesario para quedarse colocado, muy firme, entendiendo perfectamente la embestida del Victorino. La última serie de derechazos es portentosa, muletazos profundos, la muleta por abajo, mando ante un toro con sentido más que desarrollado y mucho peligro que remata con un final por bajo lleno de torería y otra magistral estocada hundiendo el acero arriba. Oreja de ley y de peso y fuerte ovación para Galapagueño en el arrastre.
El primero del lote del albaceteño Sergio Serrano dejó claro desde su salida que no iba a regalar nada. Descompuesto y deslucido en el capote, sin emplearse en varas y pasando sin pena ni gloria por el tercio de banderillas, con la cara alta. Los primeros muletazos por bajo desprenden gusto y aromas a buen toreo, con mando, largos, poderosos. Sacó su genio el Victorino, midiendo, soltando la cara en la primera serie de derechazos, asentado el albaceteño, sin dudar, plantándole la muleta en la cara, por abajo y sin quitársela, empapándole en la franela, llevándolo muy tapado para dominar los arreones del toro y someterle. Decisión, valentía y entrega de Serrano por el pitón izquierdo, aún más complicado y peligroso. Por ahí repone y busca los tobillos, se va por dentro, pero en ningún momento le perdió la cara el albaceteño en una  faena meritoria mal rematada con la espada. El quinto fue un gran toro, Venenoso de nombre, imponente presencia, muy ofensivo, preciosa estampa, que desde que saltó dejó patentes sus cualidades: movilidad, fijeza y repetición en el capote de Serrano. Pelea de bravo en el caballo, dos extraordinarios puyazos de Tito Sandoval que abandonó el ruedo en medio de una gran ovación. Igual que hizo ante el segundo arranca la faena por bajo, con poderío, en largo, aprovechando las cualidades del toro. Una tras otra fueron hilvanándose las series por ambos pitones, rotundas, reunidas, redondos profundos, ligados en el sitio, perfecta colocación, mano baja y trazo largo, temple, toreando muy despacio, naturales hondos, ligazón y buen gusto, más temple, acoplado, rematando las series con extraordinarios pases de pecho, alguno mirando al tendido, y uno de desdén para abrochar el epílogo de faena de auténtica locura. Y Venenoso que no se cansó de olisquear la arena venteña, siempre humillando, el hocico a ras de tierra, repitiendo con fijeza, incansable, duración y recorrido, un grandísimo toro. Se tiró a matar Serrano como si no hubiera mañana, sabedor de que acariciaba la Puerta Grande que lleva directo a la gloria del toreo, recto, volcándose sobre el morrillo para hundir la espada hasta la empuñadura. Quizás se atracó de toro y por eso el espadazo cayó ligeramente contrario, quizás ese pequeñísimo defecto hizo que Venenoso tardara en doblar y quizás por eso se enfrió el público y la petición de la segunda oreja perdió peso. No lo sé ni lo sabré nunca, pero me da igual. El premio fue una oreja pero el sabor que me ha dejado Sergio Serrano ha sido de dos orejas. Mantengo lo que siempre digo, para mi el toreo es sentimiento, no números, y hoy Sergio Serrano me ha transmitido la emoción del toreo eterno, eso lo vale todo. 
El malagueño Fortes se ha llevado el peor lote, el más deslucido y con menos opciones de triunfo. El tercero tuvo un comportamiento de salido propio de su encaste, revolviéndose, echando las manos por delante, con escaso recorrido, para llegar a la muleta sin fijeza y desentendido. Trata de someterle por bajo en los muletazos de tanteo, el toro va pero no dice mucho. Toma la muleta con la izquierda y por naturales basa una faena desligada en la que surgen algunos naturales de buena factura aislados, pero falta ritmo y continuidad. Además el toro trata de irse al tercer muletazo de cada tanda. Es posible que llevándolo muy en corto y con la cara tapadita a lo mejor hubiera lucido algo más, es fácil decirlo cuando uno está sentado en el tendido, pero dudo que las cosas hubieran cambiado mucho. Para colmo por el pitón derecho tuvo muy poco recorrido, se defendió soltando la cara y desarrollando sentido, revolviéndose con peligro, absolutamente imposible para el lucimiento. Pero aún fue el que cerró el festejo, rebrincado, la cara arriba, sin emplearse en los primeros tercios y sin un solo pase en la muleta, completamente imposible. Una pena porque me hubiera gustado que el final de la tarde - ya noche a esas horas - hubiera sido otro pero tras todo lo que hemos pasado y lo negro que se veía el panorama solo puedo decir que volver a Las Ventas es ¡volver a vivir!.


Antonio Vallejo


lunes, 24 de mayo de 2021

La verdad de Román y el "como cargarse a un buen toro por la gracia de algunos" cierran San Isidro

Se acabó San Isidro 2021, un San Isidro distinto, raro, extraño, el de la pandemia, el de las mascarillas, el de las restricciones, el del aforo limitado, el de Vistalegre, el primero y espero que último que se celebre fuera de Las Ventas. Digo esto no porque haya estado mal organizado o haya salido mal, al revés, en mi opinión hay que felicitar a la empresa de la Plaza, Casa Matilla, por haber organizado en estos tiempos tan complicados, con todo en contra y limitaciones por todas partes, en un tiempo récord, una ciclo tan atractivo e interesante para el aficionado consiguiendo reunir en once días a todas las figuras. Tiene mucho mérito y creo que es de justicia agradecer el regalo que nos han hecho a todos los aficionados, algo que parecía imposible, que este año volviéramos a sentarnos en un tendido de Madrid para ver toros. Lo digo porque no volver a celebrar otro San Isidro fuera de Las Ventas significará que esta pesadilla ha acabado. Ojalá sea la próxima temporada y ojalá la plaza de Vistalegre pueda organizar un ciclo o una temporada complementaria a la de la Monumental, ha demostrado capacidad de sobra para hacer este muy buen San Isidro.
Un San Isidro que será recordado por todo lo bueno que hemos visto, todos los días, ni uno ha sido aburrido, cada tarde se han destacado muchas cosas, toros, faenas, puyazos, banderillas, estocadas, todos los días han sido buenos, los once, sin excepción, algo que siempre recordaremos y que debe hacernos reflexionar sobre el metraje mejor para futuras temporadas. A lo mejor las 34 tardes de los últimos celebrados es un empacho innecesario, un indigestión contraproducente. 
Si hay algo que ha marcado este San Isidro han sido los toros. Bueno, siempre debe ser así ya que el toro es el centro, el actor principal sin el que la Fiesta no existiría. Pero es que este San Isidro será recordado por algo que día tras día he repetido, la edad de los toros, el San Isidro de los cinqueños. La tarde de hoy no ha sido una excepción, los seis de Adolfo Martín para Juan del Álamo, Román y José Garrido eran cinqueños, un par de ellos largos, cerca de los seis años. Una corrida, como ha sido la nota durante toda la feria, magnífica de presentación, en tipo, los seis eran Alabaserradas los miraras por donde los miraras, buenas hechuras, toros con mucha plaza, de una seriedad imponente, astifinos, ofensivos, abriendo la cara y apuntando al cielo, unos veletos, otros vueltos de pitón, los cinco primeros fuertemente ovacionados de salida, solo el sexto no ha tenido ese honor, quizás porque era más largo y tenía menos volumen de caja, pero con mucha seriedad y trapío. Basta con ver las fotos de los seis lidiados que traigo a portada, asustan. Del comportamiento, ¿qué les voy a decir?, lo esperado cuando vas a ver los Adolfos. El otro día hablaba, refiriéndome a Morante, que cuando vas a verle torear ya sabes que en un toro pone la plaza patas abajo con un toreo glorioso y en el siguiente se lleva la mayor bronca del mundo porque no engaña a nadie y si no vale no anda con rodeos ni tonterías. Lo mismo digo de los toros de Adolfo Martín, cuando vas a ver una corrida suya ya sabes el comportamiento que van a tener con muchas probabilidades de acertar el pleno. La de esta tarde no ha sido una excepción y ha salido como esperaba. Toros con sentido, si encima son cinqueños ya ni les cuento, no es desarrollen sentido, es que saben más que latín, toros duros, complicados, que se revuelven en un palmo y reponen, que saben lo que dejan detrás, toros con peligro, sordo o evidente, toros cuya emoción reside en que te tienen con el corazón en un puño, toros de uy tras uy, sobresalto tras sobresalto. Cierto que cuando humillan y tienen recorrido son para volverse locos, como aquel Madroñito al que El Cid indultó en Santander el año 2016 en la Feria de Santiago. Pero aquel fue en 2016, y ya ha pasado mucho. Esta tarde no ha sido una excepción y el comportamiento de los seis ha seguido al pie de la letra el guión que he descrito, poco recorrido y mucho peligro, y quien hoy haya ido a Vistalegre no ha podido sorprenderse de ello. 
Y para vencer todas las complicaciones que presentan estos toros hay que tener mucha firmeza y mucho valor, como lo ha tenido la terna de esta tarde. Todos han sido peligrosos y los tres matadores han estado, a mi entender, muy por encima de los Adolfos, pero si ha habido un lote que ha sido especialmente duro ha sido el de Román. El que hacía segundo no es que fuera peligroso, es que, como decía el grupo La Frontera en su canción Judas el Miserable, era un auténtico cabrón. Una alimaña desde que saltó a la arena, metiendo la cara al inicio del lance pero sin acabar de pasar, quedándose debajo para revolverse y soltar la cara con violencia. Y así ha llegado a la muleta, tardo, mirando y midiendo, embistiendo hacia dentro, muy corto de recorrido, rebañando en busca de lo que dejaba atrás con derrotes bruscos. Muy firme, decidido y valiente el valenciano presentándole la muleta, tratando de llevarlo templado, perdiendo pasos no ya para intentar quedarse colocado sino pasa salvar los muslos. Mismo patrón por ambos pitones, quizás más acusado si cabe por el izquierdo llegando a levantarle por la pala en uno de los naturales que trataba de instrumentar. Mucha verdad de Román poniéndose cruzado, dándole el pecho, arrancándole los muletazos de uno en uno, mucha exposición porque a la mínima podía engancharle en uno de los tornillazos al revolverse y mucha decisión porque en ningún momento le perdió la cara para acabar pudiéndole con la mano baja e imponerse en le final de faena, que ha sido de uy en uy, de ay en ay. Repito, se la ha jugado de verda y con verdad, a cara de perro, sin esconder nada, máxima entrega y compromiso. Lástima del mal manejo de la espada porque hubiera cortado una merecida oreja. El quinto por lo menos le ha permitido a Román pegarle unas verónicas flexionando la rodilla para someterle por abajo que han tenido ritmo y más recorrido, bonito saludo. A la muleta ha llegado con la cara alta, corto  recorrido, pasa y una vez y se para, también mira y mide. Quizás no haya tenido la brusquedad y el peligro tan evidente del segundo, pero el comportamiento ha sido similar y el riesgo más sordo pero presente en cada muletazo. La respuesta del valenciano la misma, firmeza y valor, muy asentado para sacar derechazos y naturales de mucho mérito de uno en uno, teniéndose que cruzar y colocar en cada uno, perdiendo pasos. Sensacional Román, otra vez con mucha verdad, trazando muletazos  con empaque, pero falta el ritmo, la continuidad, la ligazón. Aquí la emoción está en la exposición y decisión de Román, muy sincero, muy superior, tragando lo indecible. Personalmente me gusta más la emoción del toreo templado, profundo, de mano baja y trazo largo, pero respeto este toreo de valentía y arrojo, de lucha titánica y el peligro y la sangre rondando por el ruedo constantemente. Son, simplemente, diferentes y hay que ver todo tipo de toros y toreo para apreciar la grandeza de nuestra Fiesta. De nuevo la espada emborrona su heroica actuación, pero las dos ovaciones atronadoras que se ha llevado compensan el esfuerzo enorme que ha hecho para dominar a esos toros.
Importante faena de Juan del Álamo al primero, en la que ha sacado a relucir su arsenal de técnica y conocimiento. De inicio se lo lleva a los medios andándole por bajo, tratando de someterle, el toro se desplaza bien pero le cuesta salir  de la muleta al final del muletazo. Series por el pitón derecho con muy buen sentido de la distancia, perfecta colocación, adelantando la muleta, perdiendo pasos para poder ligar las series, con la mano baja y mucho temple, pero el toro se queda a mitad de viaje y repone. Cada vez se acentúa más el corto recorrido del Adolfo, revolviéndose y reponiendo en cada muletazo, especialmente por el pitón izquierdo, muy corto y peligroso, viniéndose por dentro y soltando la cara. Firmeza, buen hacer y valor de Juan del Álamo que ha firmado una faena de importancia que le ha valido una vuelta al ruedo de peso. Con el cuarto he visto algo que, sinceramente, me ha parecido vergonzoso. Un toro que ha salido con movilidad, recorrido y humillando en un magnífico saludo a la verónica del salmantino, temple y ritmo, ganando pasos para rematar con una media buenísima. Pelea con celo en el caballo, la cara abajo, empujando con los riñones, sensacional puyazo de Angel Rivas. Lo prueba del Álamo al salir del peto a la verónica, acompasadas, otra media con gusto, y pide el cambio de tercio, lo que autoriza el presidente y suenan los clarines y timbales anunciándolo. Y de repente un sector se pone a protestar la decisión del matador y pide que vuelva a entra al caballo. Sí, hoy estaban los "toristas", entre los que curiosamente se encontraban los mismos a los  que otros días todo les parecía mal con la figuras. El caso es que Juan del Álamo se ha visto coaccionado porque la bronca iba a más y ha accedido al capricho de los señoritos, con el tercio ya cambiado. ¿Qué ha ocurrido?. Pues que ha habido que darle un montón de capotazos para volver a colocarlo en el caballo, porque además lo querían en largo, casi en la boca de riego, y el Adolfo, claro, que no iba, anda que no sabía ya lo que había, y otro capotazo, y más tiempo, hasta que por fin se ha arrancado y se le ha dado un puyazo simbólico, sólo señalado, pero los señoritos se han quedado contentos, se han salido con la suya, y han impuesto su "sabio" criterio. ¡Cuantas tardes hemos tenido que soportar sus caprichos, sus fobias y filias en Las Ventas!. La única sabiduría que nos han mostrado es la de como cargarse a un buen toro por la gracia que han hecho con su bronca ya que el toro ha cambiado radicalmente y en la muleta no ha tenido ni un pase, no ya corto recorrido, es que no ha pasado, sentido más que desarrollado, soltando la cara a diestro y siniestro, derrotes con sumo peligro. Con su inmensa "sabiduría" se han cargado al toro y de paso le han jodido a Juan del Álamo que me imagino que si había pedido el cambio de tercio era porque veía que estaba picado y tenía condiciones demostradas para cuajar una buena faena. Además estábamos en una plaza de segunda, un puyazo es reglamentario, debieran saberlo estos que son tan formados. Eso es lo único que nos han enseñado los "sabios toristas", cargarse un toro. Y me queda una duda, no sé si es reglamentario que una vez cambiado el tercio el toro vuelva al caballo, lo desconozco. Si es así me parece algo muy grave lo que ha ocurrido en este quinto y el presidente tenía que haber desautorizado la marcha atrás. Otra cosa se llama cobardía, además de ilegalidad o falta. Señores, que quien sabe de esto son los toreros, que está ahí abajo jugándose la vida, que los que estamos arriba cómodamente sentados en el tendido no tenemos ni idea, hay que hacerles caso a ellos y no a los "sabios" ignorantes, como se ha demostrado esta tarde.
Al que le doy mucho mérito a lo que ha hecho hoy en Vistalegre es a José Garrido, un torero que engancha los toros alante y los lleva toreados en largo y con mucho mando, que hoy ha tenido que luchar a contraestilo. Ha demostrado enorme valor y también, como sus compañeros de terna, mucha firmeza. Dos toros con el comportamiento ya comentado de sus hermanos, no voy a ser repetitivo, que no permitían nada y ante los que el extremeño no se ha arrugado. En todo momento ha intentado llevarlos en largo, pero ambos se quedaban a medio pase y reponían. Faena una vez más de muletazos sueltos perdiendo pasos. Repito, le doy mucho valor a la actitud y compromiso de Garrido que, como sus compañeros, ha estado muy por encima de su lote.
Y así digo adiós a este San Isidro atípico pero intenso en le que he vivido y sentido muchas emociones, la más grande de todas volver a sentarme en un tendido y ver toros en vivo, ¡que maravilla!, ¡vuelve la vida!.

Antonio Vallejo


domingo, 23 de mayo de 2021

La magia de Ortega y el mando de Juli, el toreo pleno

Cuando el mando, el poder y la clase bajan a la tierra pueden pasar cosas como la de Juli con el tercero de la tarde de hoy. Cuando la elegancia, la delicadeza y el gusto bajan a la tierra pueden pasar cosa como las de Juan Ortega en el tercero y sexto de la tarde de hoy. Tres faenas inolvidables, tres obras maestras, tres razones para seguir amando esta afición como a nada en el mundo, tres monumentos al toreo eterno.

Una tarde de máxima expectación, se palpaba ambiente de día grande, buena la respuesta de la afición hoy, y no era para menos, un cartelazo de lujo una tarde más: Morante de la Puebla, Julián López "El Juli" y Juan Ortega frente a toros de Garcigrande. Una vez más agradecer a la casa Matilla, empresa de esta plaza de Vistalegre, el esfuerzo y el magnífico trabajo para confeccionar en estos tiempos difíciles un ciclo de San Isidro tan completo y rematado como el que nos han brindado, un regalo con el que no contábamos y que significa mucho para el futuro de esta Fiesta.

Solo como preámbulo voy a referirme un día más en la formidable presentación de los seis toros de Garcigrande, todos cinqueños, como es y va a ser la tónica de esta temporada, incluso dos de ellos rondando los seis años, el cuarto y quinto. Corrida con mucha seriedad por delante, astifina y variada de hechuras, bonitas láminas y todos con presencia de plaza de primera. Un día más felicitar a Justo Hernández por la selección en el campo. Una corrida también variada de comportamiento con tres toros, tercero, quinto y sexto con calidad y clase que marcaron la tarde.

Lo de Juli al quinto es para no olvidar. faena rotunda, faena plena, de principio a fin, en la que ha aunado la técnica, el conocimiento, el mando, el poder y la clase. Faena de maestro consagrado en la que ha demostrado la inmensa capacidad  que tiene para entender y someter a los toros para desembocar en los caminos del arte y la belleza que llevan directos a la emoción. Desde que saltó a la arena este imponente quinto, grande, muy armado, se le vio el buen tranco. Tomó con celo y repetición, metiendo bien la cara, el ramillete de extraordinarias verónicas, suaves y garbosas, jugando los brazos con sutileza, que le presentó Juli en el saludo. Temple en el capote del madrileño, movilidad y recorrido del toro, buenos augurios que llegaron a la muleta. En el caballo empujó con codicia y la cara abajo, magnífica pelea, y en banderillas mantuvo el son, moviéndose y acudiendo pronto a los reclamos de los banderilleros, buen tercio. Para morirse el comienzo de faena, por bajo, mandón, rodilla en tierra, llevándolo toreado por ambos pitones, con suavidad y largura, ganado terreno para rematar este canto a la belleza con un cambio de mano eterno y uno de pecho largo sensacional. A partir de ahí la composición de una excelsa sinfonía de toreo pleno por ambos pitones. Por el derecho abrió el compás, enganchó al toro con la muleta adelantada, perfectamente cogida la distancia y la altura a este toro con mucho brío que pedía mando. Y lo tuvo en Juli. Perfecto de colocación, acoplado, encajado, metiendo los riñones y con la mano muy baja instrumentó series en redondo antológicas, templadísimas, muleta a ras de suelo, trazo largo, ligazón, y repetición del buen toro que mantenía la movilidad y ya llevaba la cara abajo, sometido. Para rematar las series un cambio de mano exquisito y unos de pecho eternos, monumentales, que pusieron a la plaza en pie. Protesta algo por el pitón izquierdo el de Garcigrande al verse dominado, pero la rebeldía le dura un par de muletazos. La portentosa técnica y capacidad de someter a los toros que siempre ha tenido el de Velilla sale a relucir en tandas de naturales maravillosos, tandas rotundas, hondas, la mano muy baja, alargando el viaje, recogiendo la salida para ligar en el sitio, técnica y estética, poder y belleza de la mano. Una vez más los de pecho con los que abrochó las series fueron de escándalo. Finaliza por donde empezó, toreando en redondo con una profundidad solo al alcance de unos pocos maestros, rotundidad, toreo pleno, pletórico que adornó con un martinete y otro cambio de mano majestuoso para poner la guinda al delicioso pastel que nos ha servido en su muleta. La rúbrica a tal obra maestra no podía ser otra que la entera que hundió arriba al volcarse sobre el morrillo. Da igual que cayera ligeramente trasera y que el buen toro de Garcigrande - que tuvo movilidad, recorrido, entrega, clase, transmisión y emoción - tardara unos segundos más en doblar, las dos orejas eran de ley, aunque por momentos pensé que el presidente no estaba por la labor de dar la segunda. No fue así, gracias a Dios, ya que hubiera sido una injusticia mayúscula. Julián López " El Juli", maestro de maestros, figurón del toreo.

Juan Ortega es uno de los tocados por la varita de las musas, un torero en el que todo fluye de con naturalidad, de la inspiración, de la mente a las muñecas, de manera mágica. Hoy nos ha cautivado, nos ha hipnotizado con su toreo desbordante de sutileza, delicadeza, gusto, sabor y, sobre todo, verdad. El tercero apretó mucho en el capote con tendencia a irse por dentro, tanto que puso en aprietos al sevillano al que por los pelos no se llevó por delante en un par de ocasiones. También apretó en banderillas, extraordinario el tercer par de Andrés Revuelta con gran exposición, cuadrando en la cara, de poder a poder, para reunir a la perfección. Atronadora la ovación para este magnífico torero de plata que tuvo que responder desmonterado. El arranque de faena fue, sencillamente, antológico. Por bajo, andándole despacio, con torería, sometiéndole mucho, detalles de enorme gusto, aromas a toreo del bueno en cada pase, elegancia y dominio para dejarlo en los medios y en ese terreno cuajar una faena de las grandes. Toro con clase y ritmo, embiste con celo y la cara abajo, y lo hace al ralentí. Así lo ha toreado Ortega, muy despacio, cogida la distancia y el compás, todo suavidad, mucho más que temple, toreo en redondo largo, profundo, dos tandas apoteósicas que pone a la plaza entera en pie rompiéndose a aplaudir, dos tandas que remata por bajo, con elegancia en la figura, una auténtica maravilla. Por el izquierdo surgen  naturales soberbios, relajado, la manera de hacer llegar al toro, el embroque, todo es armonía, acoplado, la mano baja, muletazos con hondura, máxima expresión de la belleza, dos tandas coreadas con olés que retumban y que con los remates por bajo, repletos de sabor a toreo eterno, hacen estallar los sentimientos desbordados de la emoción suprema. Indescriptible el gusto y la clase de Ortega, todo muy despacio, a la misma velocidad que embestía el de Garcigrande, fusión perfecta en cuatro tandas, dos por cada pitón, faena de 16 ó 18 muletazos, ¿y para qué  más?. Una pintura no es mejor por el tamaño del marco, lo es por la calidad del lienzo, y la pintura torera que Juan Ortega ha dibujado hoy en la arena de Vistalegre la hubiera firmado el mismísimo Velázquez. Lástima que la espada privara al sevillano de lo que para mi hubieran sido dos orejas, pero la verdad es que me da igual. Lo que me quedará para siempre son los aromas intensos y el sabor inagotable de su toreo. El sexto fue otro toro imponente por lo ofensivo, alto, de muy buenas hechuras y fino de cabos que humilló en el capote pero que al igual que en su anterior oponente se vino por dentro en un lance por el pitón izquierdo al hilo de las tablas y a punto estuvo de enganchar a Ortega. Se le pega en el peto, puyazo largo y con castigo, aparentemente sale desfondado del caballo y en banderillas complica las cosas a Jorge Fuentes y José Ángel Muñoz "Perico" que colocan los palos de sobaquillo aunque el toro tiene clase, se le ve, humilla y tiene fijeza. Un aparte para mencionar la extraordinaria brega de Andrés Revuelta, ni un capotazo de más para dejar al toro perfectamente colocado en suerte. Los primeros compases de faena vuelven a hipnotizarnos, ayudados por bajo preciosos, ejecutados muy despacio, templados, ganándole pasos hasta los medios. El toro humilla y repite en los primeros compases por el pitón derecho, derechazos repletos de gusto, cada muletazo un cartel, componiendo la figura, finura en el embroque y elegancia en la conducción, todo por abajo, siempre. Poco a poco le va cogiendo el punto a la embestida humillada y con recorrido del Garcigrande trasladando al tendido la sensación de que de nuevo íbamos a ver algo grande. Donde rompió la faena fue por el izquierdo. Por ahí fueron surgiendo los naturales mágicos, sueltos, cobrados de uno en uno, cierto, pero es que fueron de locura, perfecto de colocación, dándole el pecho, figura elegante, adelantando la muleta, tirando del toro con suavidad, ni un tirón, temple, muy despacio, superlativos, hondos, cada uno seguido de un olé ronco, emoción desbordada. faena de menos a más y, como la de su anterior toro, perfectamente medida, cabeza despejada y claridad de mente, sin agrandar el metraje ni un minuto más de lo preciso, lo justo y necesario que decimos en misa, para llevarnos en un delicioso estado de  hipnosis a un epílogo de faena apoteósico, los brazos desmayados, la muleta caída, trincherillas de ensueño y cambios de mano gloriosos hilvanados a una serie final que desprendía torería de norte a sur y de este a oeste, con desmayo en la figura, embraguetado, pasándoselo muy cerca, y todo con la delicadeza y elegancia que toda la tarde ha mostrado. Un pinchazo arriba y una casi entera ligeramente desprendida no son obstáculo para que Ortega cobrara una oreja de ley y justicia no solo por lo hecho en este toro sino por su actuación en el conjunto de la tarde que puede definirse con esa palabra tan bella que lo dice todo: Torería.

Morante de la Puebla no ha tenido opciones con el peor lote de la corrida. Tan solo las verónicas de recibo al primero, con el mentón hundido, cadenciosas, preciosas, con el sello único del maestro, pueden destacarse.No hubo toro, no se sostenía por su falta de fuerzas. faena imposible aunque lo intentó a media altura, pero como le bajara la mano lo mínimo el animal se derrumbaba. Un par de series y visto  lo que era evidente optó por el único camino posible, cortar por lo sano y entrar a matar. Más de lo mismo en el cuarto, se quedaba muy corto, sin recorrido ni fuerzas, pero es que para colmo éste se revolvió y repuso con peligro. No dudó ni un segundo Morante y abrevió con una entera colocada con enorme habilidad que nos ahorró minutos sin sentido. Bastantes le pitaron, les respeto y lo entiendo, pero a mi me parece que hizo lo correcto. No había de donde sacar, exponerse para nada y prolongar artificialmente un pegapases sin sentido sí me hubiera paracido censurable. De Morante admiro muchas cosas, su toreo me parece único y me proporciona emociones y sentimientos también únicos, pero haya algo que le reconozco y aplaudo, su honestidad, no engaña a nadie y sabemos perfectamente como es y como entiende el toreo. Y hoy ha sido honesto. ¡Ah! y en la memoria nos ha dejado dos delantales divinos y una media celestial al llevar al cuarto al caballo. Solo por eso, por ese embrujo y ese duende de Morante que Juan Ortega ha heredado, tan solo por eso, hubiera valido la pena pagar una entrada.

Antonio Vallejo
 

sábado, 22 de mayo de 2021

Me voy a cargar la Fiesta

Hoy sí, hoy ha respondido la afición, ¡menos mal!, aunque no ha habido lleno, al menos un muy buen aspecto de los tendidos. Claro, todo eso entendido en el contexto de los tiempos que vivimos, toros en tiempos de pandemia, con la aforo reducido. vamos, que si la entrada de hoy se hubiera producido hace 3 años diríamos que la Fiesta está herida de muerte. Pero es lo que hay y así hay que aceptarlo, no queda otra. Lo importante es que hay toros en Madrid a pesar de las circunstancias, algo que creíamos imposible hace pocos meses, no hace falta irse muy lejos, con 2 ó 3 es suficiente. Así que disfrutemos de este regalazo viviendo cada tarde de toros con intensidad, como si fuera la última, disfrutando de todo lo bueno que nos da, cada detalle, cada instante o el conjunto.

La verdad es que lo sorprendente hubiera sido que con el cartel de esta tarde la respuesta hubiera sido distinta. Se notaba al llegar a la plaza, ir y venir de aficionados, gente guapa y el famoseo que en estas tarde de claveles se deja ver por la plaza, aunque sea en Carabanchel. Sí, se sentía día grande, se veía en la cara de la gente, alegría e ilusión, al fin y al cabo eso es el toreo. Ir hoy a los toros era una oferta imposible de rechazar. En el cartel tres nombres de máximo atractivo, Diego Urdiales, muy del gusto de la afición madrileña, José María Manzanares, sobran las palabras, y Roca Rey, el futuro de la Fiesta, el que nadie se quiere perder, ante toros de una ganadería de primerísima línea, Victoriano del Río, con uno de Toros de Cortés, el segundo hierro de la casa. Si con estos argumentos la afición no hubiera respondido, apaga y vámonos.

Una tarde más hay que destacar la magnífica presentación de la corrida, cinqueños los del hierro de Victoriano, cuatreño el de Cortés, pero todos con una presencia y una seriedad imponentes, astifinos, enseñando las puntas, afiladísimos, ofensivos por delante pero sin las exageraciones que otras veces hemos visto en Las Ventas, donde parece que si los pitones no cruzan al otro lado de la M-30 no valen. Toros de magníficas hechuras, proporcionados, con trapío, altos y con volumen, muy en tipo Victoriano, que es lo mejor que se puede decir de una ganadería. Una corrida que, como la de ayer, se ha caracterizado por la movilidad y la exigencia, una corrida que no ha regalado nada y ha pedido mucho a los toreros.

Diego Urdiales nos ha brindado una tarde de naturalidad, elegancia, reposo, gusto, en definitiva, torería, de las que no se olvidan. El poso de la madurez y  la maestría, técnica y conocimiento al servicio del arte, una auténtica maravilla ante nuestros ojos, la manera de andarle a los toros, la manera de estar y la manera de irse de la cara del toro, la manera de citar, la figura en el embroque, suavidad y temple conduciendo las embestidas, imágenes toreras que rememoran otras épocas. Desde las verónicas infinitas de saludo al primero hasta que ha recogido la montera tras la muerte del cuarto todo ha sido torería. ¡Qué verónicas las del primero!, maravillosas, más que temple, a compás, ganando pasos con un empaque único a la vez que mecía los brazos, acompañándose con la cintura, encajado, enroscándose al toro, no sé las que habrán sido, no las he contado, se lo juro, pero se ha a cercado a la veintena, o por ahí han debido estar, verónicas que cada una era una caricia a la embestida, sedosas. La media de remate un cartel de toros, y la plaza entera en pie. Así ha empezado la tarde, desenfreno de las emociones. Con la muleta más de lo mismo, clase y elegancia en el inicio de faena, por bajo, andándola con torería infinita, suavidad y temple, llevándoselo a los medios casi en levitación, dominando al toro que venía fuerte, movilidad sin control, lo paró y lo sometió para componer dos tandas en redondo sensacionales, embraguetado, la mano baja, superando la tendencia del de Victoriano a soltar la cara, y todo natural ni una estridencia, relajado, reposado, una delicia. Se ve podido el toro y se raja en la primera al natural, busca la salida, huye, pese a todo lo sujeta en las rayas del 7 y acaba sacando dos o tres naturales con enjundia, largo y por abajo. Magistral el riojano que mata de entera volcándose ligeramente trasera. Con el cuarto, complicado y exigente, además de peligroso, nada pudo lucir de capa, pero en la muleta rescató del armario de la memoria del toreo ese que nos transporta a otra épocas, exquisitez, suavidad, naturalidad, compostura, naturalidad. Toreo inmortal por el pitón derecho, mano baja, reposado, muletazos largos, series abrochadas con sensacionales de pecho. Por el izquierdo no va, se queda debajo, suelta la cara con mucho peligro, pese a todo le consigue sacar un par de naturales de órdago. Cierra la faena con unas trincherillas de inmensa belleza, auténticos carteles que dan paso a una entera ligeramente desprendida tirándose a matar con decisión y rectitud que vale una más que merecida oreja no solo por este toro sino por toda su actuación, tarde de torería y gran dimensión.

José maría Manzanares tuvo en le segundo un toro exigente y encastado que no admitía la mínima duda ni el más ligero error. Las verónicas que le recetó de salida, a pies juntos, muy despacio, para rematar con una media de lujo fueron el exquisito aperitivo de lo que sería la faena de muleta. El de Victoriano pedía mando y mano baja, se lo dio el alicantino. Poniéndole la muleta adelantada, llevándolo templado por ambos pitones, la mano baja, alargando la embestida, consiguió componer tandas de magnífico trazo y enorme calidad, ligando con calidad, dejándonos detalles de sabor infinito como un cambio de mano larguísimo marca de la casa y unos pases de pecho supremos, como él los dibuja en el aire, muy largos, a la hombrera contraria. Todo eso enmarcado en esa personalidad y es gusto que impregna su toreo, amén de su elegancia innata y también, no se puede negar, una técnica y una capacidad para someter a los toros fuera de serie. Lo raro es que Manzanares, un cañón con la espada, pinchara a la primera en la suerte de recibir y enterrara una media arriba que hizo doblar al toro. El que hizo quinto no permitió nada, imposible para el lucimiento. Corto de recorrido y justo de fuerzas desde que saltó, sin emplearse, deslucido. Bastante hizo el alicantino con mantenerlo en pie, todo a media altura, sin obligarle lo más mínimo porque se venía abajo. Técnica y pulcritud en su muleta pero ni gota de emoción, no había nada. Con acierto abrevió y tomó la espada, lo mejor que se podía hacer viendo el percal. 

Siempre se le espera a Roca Rey con la máxima expectación , hoy no podía ser una excepción, sobre todo tras su triunfo tan solo 48 horas antes en este mismo ruedo. El tercero tuvo una salida desconcertante,  mucha movilidad pero sin criterio, echando las manos por delante y la cara arriba. Verónicas a pies juntos con cierta calidad y un par de chicuelinas ajustadas ajustadas son lo único que pudo hacer con el capote. Sabedor de la responsabilidad que conlleva ser figura fue a por todas desde el inicio de faena sin guardarse nada. Estatuarios ayudados por alto en los medios hilvanados a un par de trincherillas de escándalo, declaración de intenciones. Toro tardo y probón pero que cuando embiste lo hace por abajo. Por el pitón derecho le encuentra la medida a la perfección, adelantando la muleta, embarcándolo en un viaje con largura, temple, profundidad, perdiéndole un pasito entre muletazo y muletazo para quedarse perfectamente colocado y poder ligar, la esencia de la emoción. Por el pitón izquierdo le cuesta un mundo, tardo, sin recorrido, se queda a medio pase y se revuelve. Es el derecho el único pitón potable, queda claro y por ahí es por donde continuó toda la faena. Toreo en redondo por bajo, mandando y ligando hasta que se fue apagando el de Cortés. Lo que he comentado muchas veces, si el toro no embiste lo hace Roca Rey. Y así ha sido, acortó distancias el peruano para meterse literalmente entre los pitones para trazar circulares por la espalda de mucha exposición, tanto que en uno de ellos le voltea por las aires sin consecuencias. Lástima que la espada se le fuera baja porque la faena fue un derroche de valor y disposición además de mando y capacidad. El sexto también se queda corto en el capote, además sale suelto, sin fijeza, primeros tercios desordenados, mala lidia. Lo mejor fue el quite del peruano a la salida del puyacito, un quite por chicuelinas y tafalleras con una revolera y larga cordobesa de remate. En la muleta solo tuvo el inicio, electrizante, de rodillas en los medios, dos cambiados por la espalda, un muletazo en redondo larguísimo, un cambio de mano más largo aún y una vez incorporado culminar con uno de pecho mirando al tendido y otro de desdén con la misma mirada. La movilidad del toro la aprovechó Roca Rey para trazar derechazos largos, ligados con mano baja, pero el toro va a menos desde muy pronto. Lo intentó el peruano por el otro pitón pero la cosa no mejoraba. Entrega y disposición de Roca Rey que consiguió algún derechazo y algún natural aislado con calidad, pero el trasteo careció de ritmo, continuidad y emoción. Al menos se lo quitó de en medio de una entera levemente trasera que acabó con el último de la tarde.

Cada uno podrá ponerle el calificativo que quiera a esta tarde de claveles, pero el único que no me encaja es aburrida. Incluso diria que ha sido una buena tarde que solo ha tenido un lunar que no ha estado en el ruedo, sino justo en la fila inferior a la mía. En esas localidades lleva unos días apareciendo un personaje de voz realmente peculiar y sonora al que todo, absolutamente todo lo que sucede le parece mal y que hoy nos ha dado la tarde. Bueno, realmente media tarde, los tres primeros toros, porque en el cuarto ha desaparecido, gracias a Dios. Es de estas personas que yo no entiendo que vayan a los toros, sería mejor que buscaran otra afición u otro entretenimiento porque, sinceramente, tiene que sufrir viendo que todos los toreros lo hacen mal, especialmente las figuras que tiene atravesadas, y que todos los que estamos en la plaza somos unos ignorantes que no vemos lo que solo ve él y un par de personas más que le acompañan y corean sus dogmas. No es por no ir, pero ir "pa ná", para pasarlo tan mal, es tontería, que decía aquel. Es de los de la banda del "¡crúzate!" constante, de los del pico, y todos esos latiguillos y gritos cultivados en el 7 venteño   repetidos temporada tras temporada a los que hoy han incorporado uno nuevo. Como todos los que estábamos en la plaza hemos coreado con olés las faenas de Urdiales, Manzanares y Roca Rey y según su infinita sabiduría éramos unos ignorantes y no estábamos viendo la única verdad, la suya, la que solo ellos podían advertir, tanto el personaje en cuestión como su amiga en sapiencia, pureza y verdad del toreo se han pasado repitiendo toda la tarde la chica y afortunadamente solo durante los tres primeros toros el individuo una frasecita que me imagino que pronto ingresará en la lista del hit parade de los gritos de este grupo portador de las esencias y sabiduría del torero: "se van a cargar la Fiesta". Sí, no es coña ni exageración, constantemente repitiendo el latiguillo cada vez que un muletazo era  acompañado con olés o cuando se aplaudía una serie, o un remate porque realmente nada estaba bien hecho. Pues les digo una cosa, yo lo he pasado muy bien esta tarde, he disfrutado a pesar de la turra que nos han dado los dos, es más estoy encantado de no tener ni idea y haber gozado con la torería de Urdiales, la clase y porte de Manzanares y el valor de Roca Rey, aunque intentaré llevar con resignación cristiana la losa de saber que soy uno de los que se va a cargar la Fiesta.

Antonio Vallejo


 

viernes, 21 de mayo de 2021

¿Dónde estaban los que no vinieron?


 ¿Qué nos está pasando?, ¿dónde está el taurinismo?, ¿y la afición?. No lo entiendo, de verdad, no comprendo nada, cómo es posible que hoy, en la octava de San Isidro, la plaza de Vistalegre haya presentado un aspecto tan paupérrimo. A la venta un 40% del aforo, lo que marcan las medidas restrictivas impuestas. Ocupado tan solo la mitad de ese aforo permitido, siendo generosos, eso es un 20% escaso, lamentable. Nos hemos pasado un año escuchando cuánto se echaba en falta el toreo, que los toros tenían que volver, que la afición necesitaba de una vez que se abrieran las plazas... lamentos y más lamentos. ¿Y ahora qué?. Cuando Vistalegre da el importante paso de programar nada más y nada menos que un San Isidro viendo la desidia y dejadez de la empresa de Las Ventas que un día y otro da la callada por respuesta y se niega a abrir la plaza, nada, la gente, la rimbombante "afición madrileña" se hace un Simón Casas, ni está ni se le espera. Y no será porque se haya confeccionado un ciclo de once corridas de medio pelo. ¡No! Once carteles en los que está todas las figuras y toreros de primer nivel, once carteles con ganaderías de primera, y la gente no va a la plaza. Sinceramente, no me entra en la cabeza. Luego que no se quejen. El tiempo nos está dando la razón a todos los que tantas veces hemos dicho que el peor enemigo de la fiesta está dentro.
El de hoy, octava de San Isidro, era un cartel de los que antaño hubieran sido de los cotizados en Las Ventas. Sobre el albero carabanchelero Miguel Ángel Perera, Paco Ureña y Daniel Luque, que ha entrado por la vía de la sustitución a Emilio de Justo quien a su vez se anunciaba en lugar de Antonio Ferrera que rehusó a venir a Madrid, frente a toros de Hermanos García Jiménez y Olga Jiménez, de procedencia Juan Pedro Domecq. Los que suspiraban por ver toros y tanto se lamentaban por su ausencia, los que se decían taurinos y aficionados ¿dónde estaban esta tarde?, ¿acaso el cartel les parecía poco?. Pues peor para ellos, porque se han perdido una tarde que, aunque es cierto que no pasará a la historia por triunfos rotundos y faenas antológicas, ha tenido mucho que ver, apreciar, valorar y degustar para quien sienta el toreo, entienda lo que es el toreo y se sienta aficionado de verdad. Porque creo que ha sido eso, una tarde para aficionados en la que, para empezar, he visto seis toros dignos de lidiarse en plazas de primera, de excelente presentación, buenas hechuras, muy pareja de pesos, todos con trapío, quizás el primero el más vareado pero proporcionado y que con los pitones que lucía  el trapío era impresionante. El resto de sus hermanos, unos auténticos tíos, muy serios, con unos leños que asustaban, terminados en puntas, puñales desafiantes, toros con presencia, con mucha plaza, todos cinqueños largos, tres de ellos a dos meses de cumplir los seis, con lo que eso conlleva, sentido desarrollado y muchas complicaciones. En cuanto al comportamiento ha sido variado pero si hay algo que para mi ha definido a la corrida ha sido la movilidad, con más o menos clase, pero la corrida se ha movido, vaya si se ha movido. Seis toros que, además, han sido prontos en el caballo, han peleado, han metido la cara en el peto y han empujado con los riñones, empleándose, protagonizando vibrantes y magníficos tercios de varas a cargo de Oscar Bernal en el  segundo, Ignacio Rodríguez en el cuarto y Pedro Iturralde que agarró muy bien arriba y delantero al quinto  pero lo dejó crudo. En cualquier caso fueron despedidos con ovaciones importantes al retirarse.
Una tarde en la que he visto a Perera con su mando y poder habitual, seguro y firme ante un primero con fondo aunque algo justo de fuelle y brío y un cuarto con mucha movilidad y geniudo al que había que tocarle muchas teclas, en la que he visto a Ureña cuajar a un gran toro, el segundo, clase, nobleza, bravura, humillación, repetición, ritmo y duración, una faena de dos orejas que se quedó incomprensiblemente en una por un palco mezquino a más no poder, y exponerse para imponerse a un quinto incierto y complicado para acabar dando un recital de toreo al natural, y en la que he visto a un Daniel Luque ante un tercero que tenía buen tranco y son demostró el momento pletórico  que está atravesando, seguro, firme, con enorme disposición y una claridad de mente superlativa , y que en le sexto, una manso de libro, no ha tenido opción alguna a pesar de los intentos por lo que, con excelente criterio decidió abreviar y ahorrarnos un tedio innecesario. 
Una tarde en la que he visto muy buen torero de capa. Así las verónicas muy templadas de Perera con las que el extremeño ha saludado a sus dos toros, cadenciosas, jugando las manos con dulzura, suavidad y trato exquisito acariciando las embestidas. O las verónicas que Ureña recetó de salida en el segundo, templadas, a compás, con gusto exquisito, y el quite por delantales del murciano también en este mismo segundo, muy mecidos, muy suaves, temple absoluto y una revolera garbosa de remate. Y como no destacar a ese extraordinario capotero que es Daniel Luque, máxima expresión en las verónicas de recibo al tercero, acompasadas, muy despaciosas, sevillanía en las muñecas, y el maraviloso quite por chicuelinas a ese mismo toro, ceñidas, bajas, magistral, como siempre. 
Una tarde en la que he visto también muchas cosas en la muleta. El poderío y mando de Miguel Ángel Perera quien tras un inicio suave y templado al primero, andándole con torería para llevárselo a los medios, construyó una faena primero cuidando la altura para acabar bajando la mano en series por el pitón derecho poderosas,  profundas, perdiéndole un pasito para quedarse colocado y ligar en el sitio para acabar acortando las distancias a medida que el toro se iba quedando sin energías, cada vez más corto de recorrido, y torear en las cercanías, metido entre los pitones, bajándole mucho la mano, derechazos rotundos ligados en una baldosa. Con el cuarto, un toro con mucha movilidad y recorrido, aunque falto de clase y entrega, en todo momento llevó la cara a media altura y soltó arreones bruscos con genio, aprovechó la inercia en los primeros compases para mostrarle la muleta poco a poco, perdiéndole pasos para poder ligar los muletazos aguantando arreones y la manera de revolverse del animal a base de poder, una vez más, para acabar componiendo buenas series por el pitón derecho tapándole la cara, llevándolo muy toreado, con la mano muy baja, acortando las distancias, con emoción y transmisión. La muleta de Paco Ureña, gloria bendita, estatuarios en los medios en el arranque del trasteo al extraordinario segundo, series en redondo reunidas, acoplado, por bajo, ligadas, pasándose al toro por la barriga, muy despacio, temple, profundidad en los derechazos, largura, monumentales de pecho para rematar, toreo de muchos quilates a que también se trasladó al otro pitón, naturales hondos, dándole el pecho, el compás abierto, la mano baja, largos, series rotundas ligadas muy despacio, toreo templado y con ritmo. Y antología al natural con el quinto, con movilidad pero descompuesto en su embestida, desplazándose sin clase, la cara a media altura, rematando por encima del palillo, sin dejarse por el pitón derecho por donde tenía mucho peligro. Faena de exposición y compromiso, de entrega y disposición, que rompió al final por el pitón izquierdo, al natural, primero de uno en uno, robándoselos, templados, sin tocar el engaño, perfectamente colocado, dándole el pecho, así fueron surgiendo los muletazos, cada vez más hondos, cada vez con más ritmo para cautivar a los pocos que estábamos viendo esa mano izquierda magistral que tiene con un final apoteósico, naturales a pies juntos con hondura, largos, una maravilla, magia torera. Dentro de que a Daniel Luque le correspondió el peor lote, realmente solo tuvo un toro porque el manso sexto, marcando querencia desde que saltó, huidizo y desentendido, absolutamente imposible a pesar de los intentos por pararlo y fijarlo, sí que demostró en la muleta que está de dulce. El tercero, de comportamiento incierto, no concedía nada, se venía por dentro, soltando la cara a mitad de muletazo, protestón, deslucido, toro con poco recorrido,  tardo, escarbando, pedía firmeza y el sevillano se la dio. Firmeza, serenidad e ideas claras. Temple para mandar, muleta por abajo para someter, así lo hizo primero en naturales arrancados a base de colocación y tirar del animal, fuero tres o cuatro, pero fueron sensacionales, hondos, exprimiendo  lo poco que guardaba ese pitón. Por el pitón derecho mismo registro, mando y temple para trazar derechazos ligados por abajo, algunos de gran profundidad, sacando más de lo que había. Mucho mérito de Luque, faena para aficionados, para apreciar la dificultad del toro y la importancia de la tarde del sevillano, que torear poder al toro y sacarle todo lo que lleva dentro, mucho o poco, no solo redondos y naturales uno tras otro.
Una tarde en la que he visto también algo que dificílmente se puede ver, seis estocadas que se podrían catalogar en un rango de valoración entre muy buenas y extraordinarias, magistrales, monumentales o fuera de serie. Los tres han matado de manera sensacional, al volapié salvo Luque en el manso sexto que no paraba  quieto ni un segundo y al que pasaportó de un espadazo al encuentro. Pocas veces creo que veré manejar la espada como lo he visto hoy.
Una tarde en la que también he visto a unos toreros de plata extraordinarios, tanto en la brega como en banderillas, colocando a los toros en suerte con un solo capotazo, colocando los pares con exposición, de poder a poder, reunidos, magnífica tanto la ejecución como la colocación. Ovación en todos los tercios de banderillas, más o menos fuerte, en unos cuantos obligando a los de plata a saludar desmonterados, pero no voy a resaltar a ninguno, me parece más justo decirles que sobre el albero de Vistalegre hoy han brillado Javier Ambel, Curro Javier, Vicente Herrera, Víctor Hugo Saugar "Pirri", Curro Vivas, Álvaro López "Azuquita", Raúl Caricol, Juan Contreras y Juan Cantora.  Todos ellos nombres de primera fila que nos han brindado una muy buena tarde de toros. 
Una tarde en la que también he visto cortar orejas, una de ley para Perera en el primero y otra para Ureña que debieron ser dos por varios motivos. Primero porque, a mi modo de ver, la faena de Ureña que antes les comenté valía una oreja y la estocada monumental arriba con la que literalmente reventó al de García Jiménez y lo pasaportó en cuestión de segundos valía otra oreja. Segundo, porque la petición de segunda la oreja era, no digo mayoritaria, sino unánime, nadie guardó un pañuelo y aunque es cierto que el reglamento dice que la concesión del segundo trofeo es potestad del presidente, ya me parece curioso que todos los que estábamos en los tendidos pidiéramos la oreja y ¡uno solo!, el usía, dijera que no. Y tercero, porque conviene recordar todos los días por si hay memorias frágiles que estamos en Vistalegre, plaza de segunda y que el criterio de Las Ventas no vale aquí. Es más, conviene volver a recordar que exigencia no es sinónimo de intransigencia. Y añadiría un oreja que me hubiera gustado ver para Luque en el tercero por el mérito de su faena, sacando agua del pozo casi vacío que era ese toro, y por la más que monumental estocada, otra de oreja por sí misma.
En fin, que todo eso he visto hoy, no está mal. Lo que siento es que hayamos sido tan pocos los que lo hayamos visto en la plaza. Bueno, allá cada uno, se lo han perdido, mala suerte. Mañana más.

Antonio Vallejo

jueves, 20 de mayo de 2021

Y Dios bajó a Vistalegre


Dios, todopoderoso y omnipresente, sabía que en esta tarde del 19 de mayo, además de estar en todas partes, tenía que bajar a Vistalegre. Desde el cielo guía a la legión de ángeles de la guarda que envía allá donde se celebra una corrida de toros y les da un capote celestial con el que hacer el quite en el momento preciso o les lanza en ayuda del torero prendido por un toro apartándole del peligro con sus lasa salvadoras. Y otras veces viste a sus ángeles de la guarda con un pijama verde y una bata blanca cuando el percance ha ocurrido y en las enfermerías de las plazas se obra el milagro. No me queda duda alguna que en Vistalegre decidió hace unos días que debía  vestir de ángel de la guarda de los toreros al Dr. Enrique Crespo para salvar la vida de dos toreros, un novillero, Manuel Perera, un joven con el atillo que vino el lunes cargado de ilusiones por  triunfar y ser alguien en este duro pero bello mundo del toreo que estuvo a punto de entregar su vida en busca de ese sueño que sufrió el lunes una tremenda cornada en el vientre con las vísceras al aire que parecía mortal, y en la tarde de hoy un banderillero, Juan José Domínguez, prendido por el toro al clavar el tercer par al primero de la tarde, un toro de Vegahermosa que cortó yéndose hacia dentro con peligro y que en el embroque corneó al torero de plata lanzándole por los aires, dándole pitonazos en el pecho, axila, cuello, cara, ni sé, una, dos, tres, cuatro, cinco veces, tampoco lo sé, en unos segundos angustiosos que han parecido horas, y un matador, Pablo Aguado, empitonado por el muslo derecho al entrar a matar al sexto volcándose sobre el morrillo, recto, sin importarle entregar su propia vida. Cornadas terribles, en ambos casos la sensación ha sido de máxima tragedia, pero nos olvidábamos de la presencia de Dios y su legión taurina de ángeles de la guarda encarnados en la figura del Dr. Crespo. Solo así puedo entender que Manuel Perera esté en planta y consciente a estas horas, que Juan José Domínguez, tras más dos horas de intervención quirúrgica en la enfermería de la plaza descanse en la clínica Nuestra Señora del Rosario en este momento fuera de peligro, dentro de la gravedad, pero con vida y que también Pablo Aguado también esté ya operado y reposando en la misma clínica. Milagros del cielo, de ese cielo desde el que tantos maestros ven los toros cada tarde junto a nuestro Padre.
Tarde dura, que nos ha dejado la sangre helada, sin capacidad de reacción ante lo que, como he dicho antes, parecía una auténtica tragedia. El silencio sobrecogedor y el ambiente gélido que ha envuelto al coso de Vistalegre dejaba en un segundo plano todo cuanto pudiera desarrollarse  sobre el albero. Yo creo que todos y cada unos de cuantos ocupábamos hoy la práctica totalidad de las localidades permitidas por la limitación de aforo tan solo estábamos preocupados en recibir noticias de lo que ocurría en la enfermería. Gracias a Dios esas noticias pronto llegaron y fueron buenas, otra vez el capote salvador del cielo y la vida volvió a Vistalegre. Una vida que muchos jóvenes quieren seguir, como esos siete que tras romperse el paseíllo y escuchar como cada tarde el Himno de España, dieron una vuelta al ruedo portando es pancarta que traigo como portada: "Tenemos un sueño, ser toreros como Roca Rey y Pablo Aguado". Y como tantos maestros en los que cada se fijarán para alcanzar ese maravilloso sueño. Hoy han tenido la oportunidad de ver la verdad del toreo, la gloria y el dolor, la puerta grande y la de la enfermería, el triunfo y el drama, la delgada línea que separa la vida y la muerte, esa a la que miran cara a cara cuando se visten de luces y se plantan ante los pitones de un toro. Porque todo en el toreo es verdad, se triunfa de verdad, se sufre de verdad y se muere de verdad, siempre, sin imposturas, sin trucos, y así lo asumen casi desde niños. Hoy esos siete jóvenes lo han visto, Roca Rey dos orejas y a hombros simbólicos, Pablo Aguado en la enfermería y Juan José Domínguez al borde de la muerte. ¿Son o no héroes?. Sobre todo si les comparamos a todos todos los que a su misma edad viven en lo fácil, inmediato y acomodaticio, todos cuanto su único mundo y sus únicos valores residen en el postureo y la falsedad de Instagram, Tik tok y demás mundos paralelos irreales. Esos siete jóvenes representan a miles como ellos que encierran valores como respeto, sacrificio, esfuerzo, incómodos hoy en día para muchos, los valores del toreo, su sueño.
Probablemente era la de hoy la tarde más esperada de este San Isidro en tiempos de pandemia, la del mano a mano entre Roca Rey y Pablo Aguado ante toros de Vegahermosa (primero), Jandilla (segundo), Garcigrande (tercero y cuarto) y Nuñez del Cuvillo (quinto y sexto). Seis toros para mi todos de excelente presentación, serios y con trapío, buenas hechuras, proporcionados, fuertemente ovacionados de salida por su presencia el cuarto, preciosa lámina, castaño, dos velas por pitones, apuntando al cielo, astifino a más no poder, y el sexto, cornidelantero y abriendo la cara, un tío, con extraordinarias hechuras, y a mi modo de ver extrañamente protestado por unos pocos el quinto, de Cuvillo, armónico, proporcionado, con cuello, serio, astifino, con trapío... pero que marcaba "solo" 505 Kg en la tablilla. Por eso unos pocos, la verdad, lo ha reprochado con palmas de tango, unos pocos que creo que no sabían que Vistalegre es plaza de segunda y cumplía con creces por su trapío, unos pocos que no se han debido enterar que no estaban en Las Ventas, unos pocos que confunden exigencia con intransigencia, unos pocos que, da igual donde, no saben estar. En cuanto a comportamiento los dos mejores han sido los de Garcigrande, especialmente el tercero, un gran toro, bravo, noble y enclasado, con recorrido, duración, transmisión y emoción y el cuarto, magnífica pelea en el caballo y movilidad y repetición aunque le faltó humillar y le sobró puntear las telas además de escaso empuje y duración. El primero no tenía mucha fijeza y tendía a escarbar e irse, el segundo enseguida mostró querencia y buscaba irse a las tablas, el quinto soso y deslucido, sin ritmo ni entrega y el sexto que tenía nobleza pero carecía de entrega y fuelle, todo hubo de hacérselo a media altura. 
Para mi Roca Rey ha demostrado hoy la figura del toreo que es y lo que ha evolucionado en su toreo, desde esos primeros años de alternativa arrebatadores, un ciclón, incluso temerario, que se ponía en sitios inverosímiles hasta el torero de hoy, mandón y poderoso además de reposado y con gusto, aunando clase y valor y con la misma disposición y compromiso de siempre. Con el primero, suelto de salida, sin fijeza y blandeando mantuvo el primer duelo en quites con Pablo Aguado a la salida del caballo. Uno por verónicas templadas del sevillano replicado por saltilleras ajustadas del peruano que despertaron los olés y las primeras grandes ovaciones de la tarde. Luego vino la estremecedora cogida de Juan José Domínguez y en medio de una ambiente helador y con el alma encogida comenzó la faena por estatuarios en los medios y dos cambiados por la espalda acongojantes, y les aseguro que en esos momentos no estábamos en el tendido para muchos sobresaltos. Supo ver la distancia, la altura y el ritmo que requería el de Vegahermosa y así compuso Roca Rey dos tandas por el pitón derecho reunidas, templadas ligadas por bajo, perfectamente colocado, mágicas, llevándolo cosido a la muleta, en una baldosa. Por el izquierdo solo una serie de naturales, ¡pero qué naturales!, honda y templada, la mano baja. Toreo poderoso, toreo de figura que conoce los terrenos y maneja los tiempos, esta nueva dimensión del peruano. Con el toro rajado y con tendencia a irse acorta las distancias y le deja la muleta en la cara, muy tapado, sensacional, dominador y entregado. La espada emborronó una buena faena a mi modo de ver, quizás no electrizante como antaño pero con la sensación de estar ante el futuro dominador de la Fiesta. Solo una cosa más de este primero. El trasteo se desarrolló en un ambiente anímico de desolación, la plaza enmudecida, se temía lo peor para Juan José Domínguez, nos costó mucho entrar en la faena porque la mente estaba solo en una cosa, luchar por la vida del torero de plata. En esas circunstancias, ¿cómo coño se le ocurre al director de la banda comenzar a tocar la música?. Un hombre se debatía entre la vida y la muerte en la enfermería, ¡que nula sensibilidad!. El tercero, de Garcigrande, el de mejores cualidades de la corrida, permitió a Roca Rey lancear a la verónica con temple y clase, meciendo la embestida de este toro que repetía y metía la cara con clase. El remate del saludo capotero fue la locura, a una mano, prácticamente un circular completo. Sensacional Sergio Molina en un puyazo agarrado arriba, delantero y bien medido el castigo. Fuerte y justa ovación para el picador. El arranque de la faena, de rodillas, en el centro del anillo, toreando en redondo y largo, arrastrando la muleta para hilvanar uno por la espalda escalofriante antes de erguirse encienden la mecha y son presagio de las intenciones del peruano. Toreo ligado de mano baja fundamentado en la colocación y el temple, toreo con profundidad y largura, acoplado, encajado, pasándoselo muy cerca, series reunidas, remates de pecho largos, un cambio de mano sublime, derechazos rotundos. Por el pitón izquierdo mantiene el nivel, naturales enganchados alante, alargando el viaje, la mano muy baja, roto, toreo hondo y con recursos cuando el toro se le para, lo cambia por la espalda y queda perfectamente colocado para ligar otra serie más. Dominio absoluto, sensación de figura. Acaba en las cercanías, metido entre los pitones, el Roca Rey desafiante, el que desprecia el riesgo y el miedo, el toro entregado, hipnotizado en la franela y unas bernadinas de vértigo, ajustadísimas que preceden a un final imprevisto, por bajo, uno de desdén lleno de aromas, trincherillas con sabor exquisito, clase y gusto, otro registro más en una faena completa que puso a toda la plaza en pie en una ovación atronadora. Se tira a matar como si no hubiera mañana y cobra dos orejas de ley, dos orejas pedidas sin discusión y el gran toro de Garcigrande fuertemente ovacionado en el arrastre. El quinto tuvo muy poca historia. Deslucido y sin entrega, más soso que la dieta de un hipertenso, sin fijeza ni entrega en los primeros tercios. Solo José Chacón gracias al excelente banderillero que es pudo brillar en este toro colocando dos pares sensacionales, haciéndolo todo, llegando hasta la cara del Cuvillo, reuniendo y clavando de poder a poder. saludó desmonterado la gran ovación del público. Solo el inicio de faena tuvo cierta calidad y gusto, andándole hacia ,os medios con torería, todo por bajo. Pero al trasteo le faltó ritmo y continuidad sin llegar a levantar el vuelo a pesar de los intentos de Roca Rey por llevarlo toreado, poniéndose, entregado y muy solvente, fácil, pero sin transmisión posible. En todo caso, tarde de figura del toreo.
Lo mejor de la tarde de Pablo Aguado ha venido, sin duda, con el capote. Ya en el quite que Roca Rey le cedió en el primero demostró lo bien que torea de capa a la verónica, deliciosas.Al segundo lo recibió por el mismo palo, verónicas templadas, con gusto y esos aromas de azahar sevillano que desprende en cada lance. A las chicuelinas ceñidas del peruano en un buen quite replicó también por chicuelinas acompasadas a mano baja seguidas con olés sentidos. Detalle de integridad al irse a la puerta del patio de cuadrillas que conduce a la enfermería y brindar el toro a su compañero herido, estos son los valores del toreo. Toda la plaza en pie y muchas lágrimas en los ojos aún sobrecogidos por lo que vieron unos minutos antes.  En la muleta mostró su querencia, buscando la huida, siempre a tablas. Lo sacó a la segunda raya y en ese terreno tan solo pudo robar un par de series en redondo de cierto empaque y ligadas algo más bajas, pero al conjunto le faltó profundidad, todo hubo de hacerlo a media altura, sin continuidad, sin emoción. Atasco con los aceros y dos avisos. La excelencia con el capote llegó en el cuarto, ¡que verónicas!. Las muñecas rotas, a compás, la figura relajada, acompañando el viaje con la cadera, muy despacio, meciendo la embestida con un gusto y una sutileza fuera de serie, verónicas de Curro, verónicas del Guadalquivir, una locura. Buena pelea del de Garcigrande en el caballo, con celo, metiendo la cara abajo, empujando con los riñones, pelea de bravo y magnífico puyazo de Juan Carlos Sánchez que es despedido con una fuerte ovación. Otro quite por verónicas de mucha calidad, también muy lentas, temple absoluto,  pero sin alcanzar las cotas del saludo porque el toro comenzó a soltar la cara y puntear el capote. El inicio de faena fue de antología, con la rodilla en tierra, rememorando a El Gallo, llevándolo muy largo, obligándole mucho, quebrando la embestida, repite el toro, humilla, bellísimo, emoción máxima. Quizás todo lo que ha tenido de emocionante ese arrauqe tan intenso lo ha podido tener de contraproducente ya que el toro se ha acabado ahí. Se ha desplazado cada vez menos, cada vez más corto, soltando la cara, a la defensiva, sintiéndose muy podido, rajado a las primeras de cambio. Tan solo una serie al natural ligada por bajo sobresalió con el toro a menos. Mi duda es si hubiera planteado la faena con un inicio menos exigente, ¿hubiera durado más?, ¿la extrema y bellísima despaciosidad de las verónicas era fruto del temple sublime de Aguado o la embestida andando, muy lenta, a la mexicana, o venía por falta de fuelle?. Nunca lo sabremos, eso seguro, pero que me quiten lo bailao, esas verónicas y el quejío del inicio de faena valen oro. El sexto fue un toro de Cuvillo con fondo de nobleza pero al que le faltó celo y empuje. No permitió a Aguado desplegar el capote y lucir como sabe, sin entrega, la cara a media altura, como fue la faena de muleta. Temple y buen trazo, naturalidad y clase pero en mi opinión le faltó profundidad al no poder bajar la mano. Series ligadas por ambos pitones sin poder obligarle, con gusto y calidad pero sin llegar a romper, con mucho temple y suavidad pero el Cuvillo tampoco creo que daba para más. En cualquier caso vi esos detalles de toreo añejo que Aguado lleva dentro y que cautivan. Se tiró recto a matar, volcándose y dejando una entera fulminante, pero resultó corneado en el muslo derecho, región comprometida por los vasos que por allí discurren y la cercanía del mortal triángulo de Scarpa. De nuevo el corazón en un puño por otra cogida que también se veía que revestía gravedad.
Afortunadamente todos los heridos están vivos y tratando de recuperarse lo antes posible para volver a los ruedos. Han pagado con sangre y casi con la vida su sacrificio. Eso lo han visto los jóvenes que quieren ser toreros. Hoy, sin duda alguna, Dios bajó a Vistalegre, menos mal.

Antonio Vallejo