martes, 16 de mayo de 2023
En el día de Madrid
lunes, 15 de mayo de 2023
Dos en una, oda a la bravura
Cuando por aquellos primeros días de febrero en los que íbamos a renovar los abonos y estudiábamos los carteles de San Isidro pocos podíamos sospechar que una tarde de domingo nos iba a deparar lo que esta de hoy ha hecho. Seamos sinceros. Entre la constelación de figuras que copaban la gran mayoría de días aparecía uno de los que, si al igual que en las últimas temporadas se hubiera mantenido la posibilidad de renunciar a algunas corridas, estoy seguro que muchos habrían o habríamos elegido ésta como una de las posibles, en pugna con la del 21, 24 y 31 de mayo. ¿O no es así?. De toda la vida los domingos de San Isidro se consideraban el "descanso" del abonado y se regalaban las entradas a amigos, familiares, compromisos...o se quedaban vacías directamente. ¡Menuda equivocación! que demuestra una vez más que la única manera de entender y sentir el toreo en plenitud es viendo todo tipo de encastes, de hierros y de matadores. Siempre se ha dicho que el mejor aficionado es aquel al que le caben todos los toreros y todos los encastes, sin exclusiones por el estatus del escalafón o procedencia del toro. Cuando a veces me preguntan por mi torero favorito suelo contestar casi siempre lo mismo, que es aquel que consiga hacerme vibrar y apasionar cualquier tarde de toros. Luego, como todos, tengo mis gustos y mis apetencias, por supuesto, pero el toreo es mucho más que un nombre, es sentimiento y emoción, como así ha sido esta tarde de domingo.
Una corrida de José Escolar de excelente presentación, de enorme seriedad, magníficas hechuras, bellisima lámina y un trapío sin tacha los seis Albaserradas que se han llevado ovaciones de reconocimiento al saltar al ruedo por su presencia. Con caja y largos primero y sexto, un Saltillo en toda ley el cornipaso segundo, de una belleza suprema el tercero, hondo el cuarto, resumiendo, una delicia para los sentidos. Respecto al comportamiento podría decir que ha sido un dos en una, diferenciando una primera parte en la que la intensa emoción en diferentes vertientes ha sido la norma y una segunda en la que el conjunto ha resultado más deslucido aunque el quinto, que pasaba sin pena ni gloria, acabó de romper en la segunda mitad de faena gracias a la entrega de Robleño. En esa primera mitad de la corrida se han vivido momentos de gran intensidad en los tercios de varas, empleándose en el peto, empujando abajo, metiendo los riñones, con auténtica bravura, que esa ha sido la nota dominante y que puede definir la corrida, alcanzando su máxima expresión en el tercero, una auténtica oda al toro bravo, seguido muy de cerca por el exigente segundo.
Desde que ha salido Cartelero se veía algo. Un cárdeno fino, bajo, perfectamente proporcionado, de enorme seriedad, impresionante trapío, con un tranco que invitaba a soñar. Nada más tomar el capote de Gómez del Pilar con codicia y humillando se sentía algo, emoción en cada lance, lo quería por bajo y repetía. Pronto en el caballo, con galope alegre, empujando abajo, con celo, signos de bravo. Lástima que no se haya lucido más al toro en varas porque lo merecía, pero hay que decir que no se ha ejecutado el tercio como se debía. Movilidad y ritmo en banderillas que presagiaban muchas cosas buenas en la muleta. Rodilla en tierra arrancó Gómez del Pilar su faena, doblones por bajo, largos, mandando, olés roncos a la profundidad del toreo. Ya con la diestra una tanda poderosa, por abajo, ligazón y profundidad con el Albaserrada humillando y repitiendo, derechazos bellísimos. A gusto el madrileño, muy relajado, casi olvidadndo de donde venía el que tenía enfrente, tanto que en un adorno por bajo se queda descubierto y el toro hace por él y lo lanza por los aires, afortunadamente solo un susto. Ni una milésima de segundo se puede uno confiar con estos toros, saben mucho y aprenden más. A partir de ahí la oda a la bravura. Naturales hondos, la muleta barriendo la arena, el de Escolar haciendo surcos con el hocico, más humillado imposible, repitiendo con codicia, incansable, con ritmo, por ambos pitones, emoción que subía y subía de intensidad, tanto como los decibelios de los olés. Tandas rotundas y reunidas en redondo y al natural, perdida la cuenta de cuantas pudieron ser, da igual, abandonado al sentimiento de la bravura en su máxima expresión. Mató como mandan los cánones, recto, marcando los tiempos, estoconazo fulminante, una oreja de mucho peso para Gómez del Pilar y una vuelta al ruedo más que merecida para Cartelero, esta cárdeno cinqueño de 509 Kg cuyo nombre habrá que recordar como firme candidato a premio al final del ciclo. Ninguna opción tuvo ante el sexto, un animal sin raza ni fondo que no decía nada y al que el madrileño no pudo prácticamente ni robar un pase, una lástima. Lo único destacable para recordar fue la lidia de salida, andándole hacia atrás para fijarlo y llevárselo a los medios, realmente buena y lo único posible ante un toro que, además, apuntaba querencia.
De no haber sido por la espada no sería descabellado pensar que a estas alturas podríamos estar hablando de Puerta Grande para Fernando Robleño por su seria, comprometida e importante actuación. Vibrante el saludo capotero al segundo, flexionando las rodillas, echándole el capote, llevándolo por bajo y en largo, sometido, magnífico. Se arrancó con fuerza al caballo, empujando abajo, con celo, y mantuvo su ritmo en banderillas, buen tercio el protagonizado por Víctor Hugo Saugar y Juan Cantora. Toro exigente en la muleta al que había que hacérselo todo bien, y entonces respondía, pero no perdonaba dudas ni descuidos. Aguantó y tragó Robleño, le puso la muleta en la cara y así, llevándolo muy toreado, con enorme temple para que no tocara el engaño, la mano muy baja, trazó series en redondo con empaque y mucha tensión y emoción en la vertiente del riesgo que se palpaba. Bien colocado, perdiendo pasos a cada muletazo ligó la series con rotundidad, mucho valor y firmeza, por ambos pitones, con mucha hondura. Puso a la plaza en pie y estoy convencido que de haber matado bien tenía una oreja, la fuerte ovación que recogió desde el tercio lo corrobora, pero se enredó con la espada y todo se fue al limbo. El quinto pasó desapercibido por los primeros tercios, se dejó pegar en el caballo y esperó en banderillas, sin apuntar grandes condiciones. Sin demasiada movilidad en la muleta, se paraba y miraba, aguantó y tragó Robleño, con paciencia, poco a poco, muletazo a muletazo, perdiendo pasos porque reponía, echándole los vuelos a la cara para provocar la perezosa embestida. Y a medida que avanzaba el trasteo parecía que iba un poquito a mejor, y ya metía la cara algo más, y pasaba con más recorrido, y fue a más para llegar a un final de faena con la mano baja en unas series al natural de auténtica locura, hondas, ligadas con la mano baja que hicieron estallar a los tendidos en olés roncos y sentidos, de esos que solo suenan en Madrid. De nuevo mal con la espada perdiendo las opciones de otra oreja que estoy casi seguro se hubiera pedido por una afición que vio y sintió la capacidad de un torero maduro cargado de conocimiento y mucho valor que supo sacar el fondo que llevaba ese toro. De nuevo fue despedido con otra ovación reconociendo la verdad y la importancia de su toreo.
Se despedía López-Chaves de Madrid y con una cariñosa y fuerte ovación le reconoció esta plaza los años de entrega y la sinceridad de este matador. No fue el suyo el mejor lote. El cuarto fue el más deslucido del encierro, no tuvo ni medio pase y las opciones fueron nulas. El primero fue un toro de impresionante estampa, alto, largo, con mucho cuerpo, tremendamente ofensivo, con las puntas vueltas, astifino, dos puñales. Protagonizó un tercio de varas de una belleza y una emoción supremas, arrancándose de lejos, metiendo la cara abajo y empujando con los riñones. Sensacional Ángel Rivas en dos puyazos agarrados sin rectificar y aguantando los arreones del de Escolar. Toro muy complicado en la muleta, pidiendo el carnet a cada pase, sin dejarse nada atrás, midiendo, revolviéndose, soltando tornillazos, una fiera a la que recetó el salmantino unos doblones al inicio de mucho poder para ahormar la embestida. Fue una lucha de poder a poder, llegó a echárselo a los lomos sin consecuencias, se repuso López-Chaves y le plantó cara, tragó y tragó pero le hizo pasar y le robó uno a uno muletazos de mucho valor, especialmente unos naturales de enorme profundidad a base de colocarse en el sitio perdiendo pasos, tirar del toro y llevarlo muy metido en la muleta. Mucho mérito y mucha emoción en otra de sus vertientes, la de las complicaciones de este encaste que lleva a un toreo de otros tiempos, sobre los pies, un toreo de poder y sometimiento que cuando se hace con le verdad de López-Chaves resulta una maravilla. Dos ovaciones de reconocimiento a la tarde de hoy y toda su trayectoria en esta plaza fueron la bonita despedida para este TORERO.
Antonio Vallejo
domingo, 14 de mayo de 2023
Señoras y señores: Ginés Marín
No apuntaba buen final una tarde que parecía precipitarse a la deriva, quizás más camino de un naufragio que otra cosa. Sólo había encontrado la corrida un tablón flotando al que agarrarse para salvar los muebles en medio de la zozobra, el gran cuarto, un Murube de María Guiomar Cortés de Moura al que Diego Ventura cortó una oreja tras una sensacional faena a lomos de Campiña de salida para dejar dos rejones de castigo de magnífica ejecución, montando a Nómada para bordar el toreo llevando al toro cosido al estribo recorriendo todo el anillo y volviendo loco a un Madrid que acabó en pie tras verle cabalgar sobre esa auténtica joya que se llama Bronce para colocar banderillas con una pureza y una belleza indescriptible para matar de un pinchazo y un rejón de muerte fulminante sobre Guadiana, con el que había colocado tres banderillas cortas en una baldosa. Faena de mucho peso y valor la de Diego ventura, mayor aún si tenemos en cuenta la corrida que era, una que en los carteles se ha llamado mixta, alternando con Paco Ureña y Ginés Marín a pie que lidiaban cuatro de Montalvo. Directamente, no me gusta. Esto es como el viejísimo y tan manoseado chiste de Rolex o setas. He visto y he disfrutado mucho el rejoneo con mi hija mayor, gracias a ella he acabado por entender un poco del toreo a caballo, he aprendido a apreciarlo y a valorarlo como se merece. Y desde niño me enamoré del toreo a pie y así sigo. Pero cada uno me gusta en su sitio y momento, sin mezclarlos, porque además creo que se aprecian y valoran mejor. De ahí que la oreja de Ventura a ese cuarto me parezca de enorme valía, porque la ha cortado ante un público abrumadoramente mayoritario del toreo a pie. Esa faena y la que hizo al que abría plaza, de menor reunión por las peores condiciones del toro aunque con un toreo a dos pistas de ensueño con Fabuloso y sobre todo con Lío, hubieran valido una Puerta Grande en otra tarde con público de rejones, seguro.
Fuera de esta tabla de salvación poco había que pudiera evitar un desastre motivado por el decepcionante juego de los de Montalvo, cuatro ejemplares a mi modo de ver de buenas hechuras y magnífica presencia, muy serios, con trapío, alguno quizás algo atacado de kilos, pero una señora corrida en cuanto a presentación.
Pocas opciones tuvo Ureña con su lote. Quería el segundo, metía la cara en el capote, templados y cadenciosos los delantales de saludo, se arrancó con fuerza al caballo y empujó con la cara abajo, tenía nobleza y cierta clase, se desplazaba bien, buen tranco, y permitió que Ureña y Marín nos brindaran una competencia en quites de mucha belleza y emoción. Primero el jerezano con uno por chicuelinas ceñidas y muy templadas a manos bajas rematado con una media de cartel y una serpentina al que replicó arrebatado el lorquino con unas gaoneras ajustadísimas para rematar con una revolera y una larga cordobesa con mucho sabor. Tomó la muleta y por estatuarios arrancó la faena, las zapatillas atornilladas a la arena, cuatro o cinco fueron los pases sin inmutarse para abrochar este inicio con un trincherazo monumental lleno de aromas. Pero a partir de ahí ese toro que quería ya no pudo, se quedó vacío y la faena cayó en picado. Trató de cuidarlo, con mimo, a media altura, con suavidad, pero no remontaba. Lo intentó Ureña, cierto, pero al hilo del pitón, se le recriminó la colocación, buscó robar algún muletazo con dignidad pero no había más. El quinto no tuvo ninguna opción, malo de principio a fin, sin fuerza desde que salió, sin recorrido, a la defensiva, soltando la cara, sin emplearse en el caballo, deslucido en banderillas y agarrado al suelo en la muleta, cabeceando, nulo recorrido, no es que le costara pasar, es que ni pasaba. Demasiado intentó Ureña para nada. Sinceramente creo que, si a la vista de lo que era evidente hubiera montado la espada de verdad y le hubiera recetado unos muletazos para colocarlo y entrar a matar, nadie se lo hubiera recriminado. Algo que sí ocurrió al empeñarse en dar una tanda y otra, y otra más, y por ambos pitones que no tenían ni el mínimo interés. Silbidos, reproches y algunos comentarios faltando al respeto de un hombre que se lo ha ganado a pulso frente a los toros y los percances, un hombre que sabe lo que es abrir la Puerta Grande de Las Ventas en dos ocasiones y que nos ha hecho vibrar con un toreo de muchos quilates, un hombre que no tiene que justificarse cuando un toro es inútil, ni lo necesita ni se lo pedimos, su trayectoria ya le justifica de sobra. Por eso creo que sobró haber alargado el trasteo y debió entrar a matar pronto, porque además mató con una estocada extraordinaria. El respetuoso silencio muchas veces es un premio para quien se lo ha ganado.
Y en estas estábamos cuando saltó el sexto para Ginés Marín que poca suerte había tenido con un tercero que no lució en los primeros tercios y que en la muleta aguantó no más que una tanda. Toro sin movilidad ni recorrido, la cara alta, defendiéndose y quedándose debajo para reponer con peligro, lo intenta Marín con firmeza y valiente, exponiendo, poniéndole la tela en la cara, por ambos pitones, pero era imposible el mínimo de transmisión. No invitaba a soñar ese sexto, pasó sin pena ni gloria por los primeros tercios, no apuntaba nada bueno y poco más que todos nos íbamos preparando para recoger e irnos a casa o a donde fuera. Y quien diga que intuía otra cosa miente...y lo sabe. Solo había uno en la plaza que vio lo que nadie vimos, solo había uno que es un pedazo torero hecho, maduro y cuajado que lo ha demostrado en esta tarde, sólo Ginés ha sido capaz de inventarse una faena con medio toro o menos y hacerlo casi hasta bueno. Tomó la muleta y la montera y se fue a los medios para brindar al público, ¡adonde va! gritó alguno. Sí, y la verdad es que todos pensamos algo parecido, seguíamos ciegos. Pero bastaron los primeros compases de la faena para que entrara al cuerpo ese cosquilleo que genera el duende del toreo para empezar a darnos cuenta que había algo más que hasta ese momento estaba oculto. ¡Que torería! por bajo, aprovechando la inercia del toro, en largo, movilidad y emoción, y luego un molinete garboso, un trincherazo de los que te crujen el alma, un cambio de mano de los suyos y uno de pecho de pitón a rabo para rematar el arranque. Y despertamos, vaya si despertamos, pero para comenzar a soñar con el toreo. Tandas por el derecho adelantando la muleta, ligando por bajo, con profundidad, tirando del toro, le costaba pero supo y pudo alargar el viaje y trazar redondos de intensa emoción, todo con despaciosidad y mucho temple. Y por el izquierdo, ¡que naturales!, ¡que hondura! sacados de uno en uno, perfecta colocación, muy lentos, la mano baja, poderoso, y el toro aguanta lo que puede, tres o cuatro muletazos por tanda, y Ginés le da aire y pausa, inteligente. Y así va a más, otra serie de derechazos profundos con la muleta barriendo el suelo, muy despacio, magia pura coreada con olés, ¡y una arrucina!, ¡y otro cambio de mano repleto de aromas!. Ya estaba la plaza en pie rompiéndose las palmas sin saber lo que quedaba por ver. Los naturales que robó de uno en uno dándole el pecho fueron de antología, rematados con un pase de pecho de los que duran toda una vida, eterno, de pitón a rabo otra vez, y el final en la distancia corta, con el pitón en la taleguilla, la mano muy baja, ligazón llevándolo muy tapado, para abrochar y rubricar la obra de arte nacida de su imaginación con otro cambio de mano más y otro de pecho monumental dejan todo en mano de la espada. Cuadra al toro, se perfila y se tira a mata por derecho, marcando los tiempos a la perfección, la suerte suprema en su máxima expresión, una estocada en todo lo alto hundiendo el acero hasta la empuñadura. Oreja incontestable, oreja de mucho peso, oreja de faena importante, oreja de figura del toreo. Ya sabe lo que es abrir la Puerta Grande y sentir la gloria de Madrid. Todo apunta a que el día 26 con la corrida de Toros de Cortés y Núñez del Cuvillo puede descerrajarla de nuevo. Señoras y señores: Ginés Marín.
Antonio Vallejo





