sábado, 1 de junio de 2024

En la bravura está la verdad


 Lleno a reventar, un día más de "no hay billetes", máxima expectación, no era para menos, cartel de lujo con el hierro triunfador del pasado San Isidro, Santiago Domecq, y una terna compuesta por Uceda Leal, Alejandro Talavante y Borja Jiménez, argumentos más que suficientes para que nadie quisiera perderse la tarde. Más aún viniendo de lo de ayer, infame, y con un un sol y una temperatura que invitaba a ir a los toros. Buenos mimbres sobre los que depositar las ilusiones de los aficionados que hoy sí se han visto colmadas. Extraordinaria la corrida de Santiago Domecq, remendada por uno de Luis Algarra, tanto por presentación y presencia como por juego, emoción y transmisión. Y todo por algo que es clave, la piedra angular del toreo sobre la que se edifica todo, la bravura, que encarna la verdad del toreo y la razón de ser y la esencia de la Fiesta. Bravos han sido los toros y bravos han sido los toreros, entrega por ambas partes, un ciclón de sensaciones y una aluvión de sentimientos de principio a fina, desde el primero hasta el sexto. Belleza y nobleza, clase y calidad, raza y casta, exigencia y emoción, todo lo ha tenido esta tarde para dimensionar la grandeza de este Arte.
Uceda Leal, madrileño, torero de pies a cabeza, ha encarnado en esta tarde el toreo eterno con la serenidad que da el poso de los años. Todo lo ha hecho con naturalidad y elegancia, desprendiendo torería en cada paso, en la manera de estar en la cara, componiendo la figura, todo suave, despacio, relajado, armonía en cada muletazo. Desde el saludo capotero al que abría plaza, verónicas mecidas con dulzura y una media de cartel se percibían los aromas del su toreo, empaque, gusto y clase. Toro con buen embroque pero no tan buen final, humilla de entrada pero protesta al salir cuando lo lleva en redondo buscando la línea curva al que Uceda sabe dar la altura y la distancia para meterlo poco a poco y aprovechar el buen pitón izquierdo del animal, series de naturales con mucho temple y una clase suprema, muy despacio, con mucha hondura, ligados en un palmo de terreno, por momentos con cierto abandono, toreando para él, disfrutando, administrando los tiempos y las pausas, dando aire a este toro noble y enclasado que humillaba y repetía pero al que le ha faltado poder para transmitir más. Con la espada como toda la vida ha sido Uceda, un cañón. Bien hechurado el cuarto de Luis Alagarra, cuajado y muy serio, mete bien la cara pero va justo de recorrido en el capote, dormido en el peto para salir suelto apuntando querencia. Los primeros compases del trasteo son un tratado de torería, por bajo, andándole con elegancia, cada paso, cada trincherilla, cada detalle rezuma clase, para seguir por el pitón derecho, relajado, con desmayo, ligando con la mano baja, suavidad, despacio, torea sin prisas, temple, y otro toro noble que mete bien la cara, humilla,  quiere pero también le falta poder y duración, se apaga muy pronto, apenas dos o tres tandas,  porque podía haber sido de lío. Ha sido un placer disfrutar del porte y la elegancia de Jose Ignacio Uceda Leal, torero.
Si quedaban dudas acerca del regreso del mejor Talavante y de su excelente momento hoy han quedado disipadas. No hay duda que ha recuperado el sitio, el mando, el temple y el trazo que durante unos años creíamos perdido. Con lo de hoy no son sospechas, es una realidad, bendita realidad. Decidido y dispuesto desde el principio, el quite por chicuelinas en el primero es una declaración de intenciones. Con el segundo, precioso toro, bajo, con una presencia imponente, dibuja unas verónicas casi delantales de mucha calidad en el saludo capotero aprovechando la nobleza y la clase del de Santiago Domecq, que apunta ir poco sobrado de fuerzas. En la muleta esa falta de empuje es bastante manifiesta desde los muletazos de tanteo por bajo, en cuanto le obliga claudica. Muy inteligente Talavante administrando la altura y la cadencia, con mucha suavidad, magnífico trato, ligando a media altura, sin obligarle, derroche de técnica y temple que llega poco a los tendidos por la sosería del toro, otro que quería y no podía, que tenía nobleza y clase pero le faltaba poder y empuje. Estoconazo certrero fulminante ejecutado a la perfección, recto y arriba. El quinto, alto y grande, un tanto equino, de 600 Kg, que los soportaba muy bien, de mucha seriedad por delante, tiene buen tranco en el capote y mete la cara con calidad en el saludo, tiene movilidad, fijeza y repetición. Empuja y se emplea en el caballo, siempre abajo, pelea de bravo, manteniendo buen son en banderillas permitiendo a Javier Ambel completar un tercio de banderillas sensacional, pureza, verdad y torería. Variado y vistoso el arranque de faena, primero por alto, mucho temple, bajando la mano poco a poco, suave,  para rematar esos primeros compase con trincherazos rotundos de categoría. Le da distancia por el pitón derecho, toro con movilidad y bravo, pronto, le enagancha delante y lo lleva metido en los vuelos con mucho temple, muletazos largos, ligazón y recorrido, mucha emoción, el toro repite con codicia, mete la cara de dulce, celo en su embestida, y nobleza, humilla, transmisión y emoción reflejada en los olés roncos que hacen crujir. Por el izquierdo le costaba más, protestaba algo pero el temple hace milagros y compone un par de naturales con hondura que valen oro. No se cansa de embestir el de Santiago Domecq, el pitón derecho es una mina, y no se cansa de torear el extremeño, ¡que sinfonía!, redondos ceñidos arrastrando la muleta, muy encajado, con recorrido, y uno de pecho mirando al tendido que desata la locura. Torería suprema en el epílogo por bajo, como me gusta, trincherazos de cartel, derechazos genuflexo de enorme largura para la fase en la que estaba, la muleta barriendo la arena, para entrar a matar atracándose de toro en una entera que precisó de varios golpes de verduguillo y que esfumó la oreja que se veía venir. Pero me quedo con el Talavante renacido a pesar de las protestas de algunos a no sé qué. 
El tercero, de nombre Experto, va para toro de la feria. Si hay que definir el trapío creo que este es un magnífico ejemplo, impresionante. Movilidad y fijeza en el capote, humilla y repite, bravo y encastado, cualidades que más tarde sobresaldrían en la muleta de Borja Jiménez. Ya con los primeros muletazos pone a Las Ventas patas arriba, rota en olés y en aplausos, genuflexo, llevándolo muy toreado y en largo, pura belleza, luego hinca una rodilla y ejecuta otro derechazo igual de largo y profundo, luego las dos en tierra, y sigue toreando en redondo, emoción a raudales en este vibrante arranque. A partir de ahí el toreo en su máxima expresión, la bravura frente al temple, una lucha titánica entre la fiera y el hombre. Toro muy bravo y encastado, con enorme fijeza, perseguía con celo la muleta, sin parar ni cansarse de seguirla, humillando con enorme clase, pero también con una exigencia tremenda, que obligaba al sevillano a estar con todas las alertas encendidas, como perdiera un segundo la muleta sabía lo que había detrás y apretaba. Portentoso Jiménez por ambos pitones, adelantando la muleta, embarcándolo con un temple supremo, frenado las embestidas producto de la incansable movilidad del animal, llevándolo metido en redondos y naturales ligados con una clase descomunal, perfectamente colocado y acoplado, muy ceñidos, encajado, series rotundas y poderosas, todo por bajo, y la plaza en pie. Además detalles de gusto en los cambios de mano y los remates por bajo, toreo caro, poder y belleza, como los últimos detalles para cerrar una faena de máxima entrega de ambos, toro y torero, trincherillas de ensueño y un pase de desdén para morirse. Hunde el acero hasta la yema al segundo intento, el pinchazo previo se lleva una oreja, pero pasea otra entre el delirio colectivo que sabe a Puerta Grande. Una pena que ese anhelo que se respiraba en Las Ventas no se cumpliera en el que cerraba plaza, un toro con muy poca entrega que pasó sin pena ni gloria por los primeros tercios, parado y deslucido, sin emplearse en le caballo a pesar de los dos extraordinarios puyazos delanteros de Alberto Sandoval que abandonó el ruedo envuelto en una gran ovación. Esa falta de entrega lastró la faena de muleta que inició Borja por estatuarios, un par de doblones y un remate por bajo muy torero. Nunca humilló el de Santiago Domecq, la cara alta, pero el sevillano plantó las zapatillas, muy firme, poniéndole la muleta, obligándole a embestir, templando con mucho mérito la tendencia a soltar la cara, siempre buscándole las cosquillas por bajo para poder ligar los muletazos, además de tragar lo suyo cuando se quedaba debajo y buscaba los muslos. Gran firmeza y valor de Borja Jiménez que con otra estocada sensacional ha completado una tarde de mucho peso e importancia que nos deja con el cosquilleo de querer que lleguen ya sus dos próximas comparecencias la próxima semana.
Pero eso ya llegará, de momento quedémonos con lo de hoy, con la emoción de la bravura, la verdad de nuestra Fiesta.

Antonio Vallejo

viernes, 31 de mayo de 2024

De manso a manso y tiro porque me toca

Hoy es facilísimo hacer el resumen de la tarde, no hay paliativos. Ha sido una auténtica mierda. Seis mansos de solemnidad, seis toros que no han valido para nada, ni gota de. bravura, ni gota de raza, ni gota de casta, ni gota de entrega, ni gota de recorrido, ni gota de fuerzas, ni gota de clase, nada de nada, el vacío más profundo. Eso ha sido la corrida de Alcurrucén y El Cortijillo, la nada. Es que no se salva ni uno, un desastre vergonzoso tratándose de este hierro. Todos iguales, sueltos de salida, huyendo, buscando siempre las tablas, sin querer saber nada del caballo, rebrincados, a la defensiva, las caras altas, cero humillación, escaso recorrido y mínimo fuelle, rajados. Así es imposible.
Y si algo se ha salvado en esta desastrosa tarde ha sido gracias a los tres matadores, Daniel Luque, David Galván, que sustituía a José María Manzanares, y el confirmante Víctor Hernández. Ha sido su entrega, su disposición, su compromiso, sus ganas, su valor y su calidad la que ha conseguido sacar, mejor dicho arrancar, algo de estos toros a base de colocación, temple, buen trato y mucha capacidad para conseguir algo de toros sin las condiciones mínimas para el lucimiento. 
Muy firme Víctor Hernández, siempre buscando la colocación y el buen trato, tirando de sus toros para arrancarles las embestidas, tratando de bajar la mano a pesar de los constantes derrotes con violencia, arriesgando con cambiados por la espalda en el sexto para tratar de levantar el ánimo de los tendidos y tragando mucho con los arreones y derrotes violentos del animal. Enorme voluntad y buena imagen, ganas de hacer las cosa bien y por la línea del toreo de buen concepto. ¡Que voy a decir de Daniel Luque que no sapamos!. está en un momento esplendoroso, dominador y poderoso, con una lucidez extraordinaria para adaptarse a la embestida del toro, la altura adecuada, temple exquisito, muletazos de magnífico trazo, limpios, casi ni un toque a la muleta, suavidad en cada toque, acariciando las embestidas, además de detalles muy toreros por bajo llenos de aromas, clase y gusto. Y cuando el segundo se ha venido abajo y se han parado acortando distancias, dejándose llegar los pitones al pecho y sacando de donde no había muletazos por ambos pitones de una verdad y un mérito fuera de serie o cuando en el cuarto, que solo buscaba escaparse en sus embestidas rectas, con tesón y empeño se ha inventado algún derechazo y natural salidos de la nada, sacando petróleo de un pozo vacío. Tampoco voy a descubrir nada de David Galván después de lo que vimos hace una semana cortando una oreja a uno de El Torero. Y hoy bien podría haberse llevado otra al esportón tras matar de una casi entera arriba volcándose con todo que fulmina al manso y que ha provocado una marea de pañuelos que yo creo eran mayoría pero que el del palco no ha tenido a bien atender. De la cabeza y la portentosa capacidad del gaditano ha nacido una faena que parecía imposible al tercero, manso hasta decir basta pero al que le ha obligado a embestir a base de colocación, ponerle la muleta en la cara, llevarlo muy cosido, taparle la cara y darle salida hacia dentro. Tandas de derechazos y naturales ligadas con profundidad y hondura que han surgido mágicas, pero no por las bondades del animal sino por el domino de Galván, que además ha desprendido torería por todas las costuras en los compase finales por bajo, genuflexo, parecían poncinas con una largura y un gusto inimaginable viendo al manso y un remate de pecho reconvertido a casi circular por su largura sin fin, eterno. Con el quinto, parado y sin viaje se ha plantado firme y decidido para robarle los muletazos de uno en uno a base de estar siempre en el sitio, magistral, derechazos y naturales, por los dos pitones surgió la magia del toreo, de su mente y su corazón a unas muñecas de seda en las que el temple venció hasta al maldito viento que durante casi toda la tarde sopló con fuerza.
Mejor no pudieron estar los tres, contra viento y mansedumbre, para imponerse en una tarde mala hasta decir basta que deja muy, pero tocado, el nombre de un hierro como Alcurrucén. Uno, dos o tres, vale, pueden salir malos, ¡pero los seis, encima uno devuelto por inválido!. No tiene justificación ninguna, el desastre ha sido escandaloso, de principio a fina, del primero al sexto, de manso a manso y tiro porque me toca.

Antonio Vallejo

 

jueves, 30 de mayo de 2024

Talavante, entre swifties y morantistas

Dos focos marcaban el epicentro de la vida social madrileña en esta calurosa tarde de mayo. Por un lado el Santiago Bernabéu con el fenómeno mundial del pop, Taylor Swift, reuniendo a 80.000 personas en el estadio, swifters se llaman, adolescentes, y no tan adolescentes, enloquecidas por la cantante americana. Por otro lado Las Ventas con Morante de la Puebla y la legión de morantistas, entre los que me incluyo, que soñamos con ese toreo único e intransferible del sevillano en otra tarde de "no hay billetes", 24.000 personas. Cada uno por su lado, de norte a sur de la ciudad, se respiraba un ambiente distinto, de estética claramente diferente pero con el mismo objetivo, gozar del éxito de la figura. Y en medio de este hervidero en el que hoy se ha convertido la capital ha emergido, inmenso, un nombre y un hombre, Alejandro Talavante, que ha hecho del toreo al natural un monumento al Arte que nace de la imaginación, ese que fluye sin guión y que alcanza los más recónditos rincones de los sentimientos para desbordarlos en un cataclismo de emoción. Estoy seguro que los miles de swifters enloquecidos han vibrado con las canciones de su artista favorita que ya conocían, pero nada comparable con lo que hemos vibrado en una faena nacida de la inspiración y la improvisación, algo que no era posible conocer hasta el momento que ha sido engendrado en la muleta de Talavante, eso que solo el toreo tiene y da, el único arte donde nada está preparado y en el que todo es verdad, aquí sobran los efectos especiales.
Era el quinto de una tarde de cinqueños que naufragaba en medio de kilos y kilos de carne de los toros de Juan Pedro Domecq, muy sobrecargados de peso y volumen que habían dado un juego muy pobre, desfondados, sin emoción, de embestida descompuesta, las caras altas, sin entrega, a la defensiva,  soltando arreones, punteando las telas, sin entrega alguna. Morante nada tuvo en su lote y nada pudo hacer, aunque a muchos les cegara el espejismo de Curro Javier en la brega del primero, encelándolo en el capote al andarle hacia atrás y llevarlo por bajo, o el sensacional tercio de banderillas a cargo de Joao Ferreira y Alberto Zayas. Pero fue eso, un espejismo, porque en la muleta ni humillaba ni pasaba, brusco, áspero, la cara por las nubes. Lo mostró por el derecho, por el izquierdo no hizo ni falta mostrarlo y se fue a por la espada, sin engañar a nadie, ahorrándonos el tedio de muletazos absurdos sin más fin que rellenar minutos. Eso sí, una verónica en le saludo capotero, un par de redondos templados componiendo la figura, encajado, pasándoselo por la cintura con el alma desmayada y un trincherazo en los muletazos de tanteo valen su peso en oro. Más de lo mismo con el cuarto, un toro que embistió siempre en línea recta, sin entrega, le probó todas las teclas Morante, intentos en vano ante la nulidad. A matar y a espera que por fin en Madrid le salga un toro que valga aunque sea algo. Los morantistas esperaremos y volveremos. Lo mejor de Pablo Aguado ha estado en el capote, saludo capotero a su lote por le mismo palo, verónicas de un gusto y una clase descomunal, templadas, las manos bajas, con desmayo, muy lentas, eternas, casi deteniendo el tiempo, rematadas con medias de cartel. Como también brilló al replicar en el tercero al quite por verónicas armoniosa y cadenciosas del maestro José Antonio. Fueron cuatro chicuelinas llenas de aromas maestrantes que elevaron el ánimo que decaía en los tendidos. Poco pudo hacer aguado para elevar ese  ánimo en la muleta. Con inmensa torería prologó la faena al tercero, trincherazos por bajo coreados con olés sentidos y un cambio de mano majestuoso. Nada más pudo sacar en claro con la muleta, dos toros a contraestilo, lo intentó, trató de ligar los muletazos pero la casi hla fijeza y entrega de su lote deshacía cualquier empeño, nula transmisión. 
No iba precisamente bien la tarde, otra juanpedrada se atisbaba en el horizonte, encima los ánimos se estaban calentando con las broncas a Morante, para mi exageradas y no fáciles de justificar a la vista de lo que tuvo enfrente, kilos y kilos de carne sin bravura, que tuvieron un momento inexplicable e inadmisible cuando ejecutó el quite al tercero por verónicas, ¿por qué?, ¿acaso no tenía derecho a hacerlo? Era su turno y. le correspondía, ¿que hay de malo?. Para que luego me digan que exagero con las fobias de algunos en Madrid. Ya había anunciado Talavante en el segundo que iba a por todas, que el lánguido torero de las pasadas temporadas era historia y que renacía el mejor Talavante. Variado y lucido el saludo capotero al segundo, delantales ganado pasos para llevárselo a los medios, chicuelinas garbosas hilvanadas a una revolera y una media de remate repleta de sabor. Arranque de faena de rodillas, dercahzos largos por bajo, el juanpedro repite y mete la cara, pero ahí terminó todo. Desfondado, parecía que quería pero no le daban las fuerzas, firme y voluntarioso el extremeño pero el conjunto nunca llegó a a tomar vuelo. El quinto marcaba ¡672 kg en la báscula!, una bestialidad que no hací presagiar nada bueno. Pero el toreo es así, se escapa a todas las reglas, la lógica se hace ilógica y las sombras se pueden convertir en luces. Nada en le capote, algo más mostró el juanpedro en el caballo, empujando con fijeza y en banderillas el tranco no fue malo. Sabía Talavante que el pitón bueno era el izquierdo y por ahí se fue, decidido y seguro. ¡Vaya tandes de naturales! Colocaión perfecta, ritmo y compás, mano baja, vertical, girando sobre sí mismo, en un palmo de terreno, ligazón, encajado, pasándoselo por la bragueta, hondura y emoción en cada natural, expresión máxima del sentimiento. Olés roncos que hacían estremecer, más y más naturales, hasta cuatro series a cual más rotunda y compacta. Y detalles de torería, trincherazos cargados de sabor, cambios de mano supremos, una arrucina improvisada, hija de la inspiración para cambiar al toro y salir aioroo de un parón interminable. Por el derecho profundidad y temple en una serie ceñida y ligada en una baldosa. El final de faena por bajo, doblones de torería difícil de superar, llevándolo en largo, genuflexo, una belleza sin igual. Entera caída y petición muy mayoritaria de oreja que el presidente no ha podido negar, aunque tenía sus dudas, menos mal. De no haber sido defectuosa la estocada creo que la Puerta Grande era un hecho.
Y mañana más, de Taylor Swift y de San Isidro. Este Madrid es imparable. Hoy ha sido Talavante, mañana ojalá sean los tres matadores los que nos hagan sentir el toreo en toda su inmensidad. 

Antonio Vallejo


 

miércoles, 29 de mayo de 2024

Alejandro Chicharro al natural, dimensión e importancia

Penúltima semana de San Isidro que arranca con una novillada de Guadaira como aperitivo previo a lo que se nos viene para el miércoles, jueves y viernes. Calma antes de la tempestad, de la avalancha de público atraído por las figuras que asomaran los próximos días. Hoy se podía llegar sin agobios, la entrada al tendido estaba despejada, tranquilidad para acomodarse, sin los tapones habituales de los grandes días, y eso que ha habido una buena entrada, algo más de 18.000 espectadores según la cifra oficial, eso significa tres cuartos de entrada, algo que no está nada mal para una novillada de martes tras el día de descanso y antes de los carteles de claveles.
Anunciados cinco de Guadaira con uno de Torrehandilla, el quinto, para remendar, que al final ha quedado empate a tres ya que tanto el segundo como el cuarto han tenido que ser devueltos a los corrales por su invalidez, saltando en su lugar dos sobreros de Torrehandilla. Una novillada despegada del suelo en general, solo el segundo bis, bajo, de seriedad imponente y para mi el más bonito de lámina ha roto la norma, desigual de hechuras, desde uno grandón y alto, el  primero como  hasta otro bastante justo de remate el tercero para Madrid, pero con seriedad suficiente por delante teniendo en cuenta que era una novillada, que parece que se exigen toros más que novillos. Y en cuanto al juego ha estado presidida por la falta de raza, poco poder y empuje, blandeando ostensiblemente, dos devueltos, con muy poca movilidad, el quinto un marmolillo, escaso recorrido y con muy poca entrega. Cierto que ha salido un primero noble y manejable pero sin emoción y que tercero y sexto han tenido cierto fondo de clase y ambos han roto por el pitón izquierdo, más gracias al excelente planteamiento de Alejandro Chicharro que a sus condiciones, pero en general han prestado mínimas opciones para el triunfo, sosos y deslucidos, sin transmisión.
Un nombre ha destacado y ha salido muy reforzado de la novillada de hoy, Alejandro Chicharro, madrileño de Miraflores de la Sierra, que hacía el paseíllo junto al francés de Nimes Lalo de María y el gaditano de Algeciras Pepe Luis Cirugeda. Venía el madrileño avalado por su Puerta Grande el pasado 1 de mayo y hoy ha estado a punto de repetir hazaña. Se lo ha impedido un rácano presidente  que inexplicablemente y en contra del reglamento le ha negado una oreja pedida por clara mayoría en el tercero y la espada en el sexto, cuando las faenas conducían directas a trofeos. Avisaba en el segundo bis que hoy venía a Las ventas a por todas con un quite por chicuelinas y una larga cordobesa de remate repleto de gusto y clase. Luego vino la muleta, palabras mayores. Dos faenas del mismo corte cimentadas sobre un toreo al natural portentoso en las que demostrado inteligencia, capacidad y mucha entrega. Primeros compases al tercero en la muleta por alto, estatuarios, el de Guadaira lleva la cara alta y se da cuenta el madrileño que por ahí no debe ir la cosa, echa la tela al suelo y empieza a someterlo por bajo con clase. En ese tanteo ve las cualidades del pitón izquierdo y con una colocación perfecta, dominando la distancia y la altura, con un temple exquisito, ha trenzado series de naturales con hondura, llevándolo en los vuelos, con largura, ligadas en el sitio, transmisión y emoción, enroscándoselo, empaque, toreo de muchos quilates que ha rematado con sensacionales de pecho de bellísima factura. también por el derecho ha dibujado una gran serie en redondo bajando mucho la mano, encajado, ligando con sumo gusto para abrochar con un pase que comenzó como un circular que sin solución de continuidad acabó en otro magnífico de pecho que levantó a toda la plaza en una fuerte ovación. Personalmente me hubiera gustado que hubiera rubricado su extraordinaria faena por bajo, creo que el novillo lo admitía e incluso lo pedía, pero le disculpo todo y más por sus ansias novilleriles el final por manoletinas, muy ajustadas y vibrantes, que tuvieron enorme valor y emoción, sí, pero es que el toreo por bajo.... ¡te cruje el alma!. Un pinchazo arriba y una entera fulminante entrando por derecho pasaportan al de Guadaira. Petición mayoritaria y una vez más el del palco pasándose el reglamento por el forro. A ver si a Víctor Oliver Rodríguez alguien le explica claro que la primera oreja la da el público y que su opinión vale menos que un grano de arena en un desierto. Eso sí, la vuelta al ruedo no se la puede quitar nadie y tiene el mismo, o más valor si cabe, que un apéndice. También por estatuarios ligados a remates por bajo llenos de sabor el prólogo de faena al que cerraba plaza para acto seguido bordar el toreo al natural a partir de una colocación perfecta y un temple extraordinario, incluso superando al anterior. Ligando en el sitio, firme, poderoso, mano baja, dominador, trazo largo, gusto exquisito, perdiendo el paso necesario para garantizar de nuevo la colocación y el ritmo, continuidad y cadencia, transmisión, toreo caro, demostrando de nuevo una seguridad enorme, manejando las distancias y la altura con una capacidad asombrosa para sus veinte años. Sensación de torero hecho y con una claridad de mente preparado para dar el salto que, aunque la espada le haya jugado una mala pasada creo que con su concepto del toreo profundo, su entrega y sus capacidades nos ha dejado con sensaciones de Puerta Grande. Una tarde de enorme dimensión e importancia la de Chicharro, y todo al natural, lo que aún le engrandece más.
Muy pocas opciones, como ya apunté antes, han tenido Lalo de María y Pepe Luis Cirugeda. Con el noblote pero soso y de escasas fuerzas primero el francés tan solo ha podido dejar detalles sueltos de lo que puede ser, poniéndole la muleta, el novillo pasa, lo lleva bien, aseado, con pulcritud y buena técnica pero sin llegar a conectar, aunque le puso ganas en el inicio de faena con ambas rodillas en tierra y unos buenos derechazos con recorrido más algún derechazo y natural con cierta  enjundia pero el conjunto, como dije, no llegó a tomar vuelo. Con el sobrero que hizo cuarto bis poco pudo hacer más allá de ponerse e intentarlo. Novillo sin entrega, la cara alta, protestando, quedándose a medio recorrido, muy descompuesto, sin ritmo ni continuidad, muletazos sueltos sin más argumento, no daba para más. Por su parte Cirugeda se encontró con un marmolillo en el quinto que de salida a arrastre no hizo nada, anclado al suelo, ni una vez ha pasado en la muleta y lo mejor que ha hecho el gaditano ha sido no pensárselo dos veces, abreviar, tomar el camino de en medio y matar a las primeras de cambio. Dicho esto haya que destacar el antológico tercio de banderillas a cargo de David Adalid y Rafi Goria en este novillo, haciéndolo todo, ganado la cara con el animal esperando, exponiendo entre los pitones, para colocar los pares con una maestría fuera de serie. Enormes los dos, igual que estuvo otro torero de plata en el tercero, Juan Carlos Rey, sensacional, los tres tuvieron que desmonterarse esta tarde. Tuvo que lidiar el gaditano otro sobrero como segundo bis que no tuvo nada, a la defensiva, soltando arreones, quedándose debajo, absolutamente imposible. Digno y voluntarioso Pepe Luis pero nada más. Tanto a él como a Lalo creo que aún les queda camino por recorrer y espero que sea con mejores novillos que los de hoy, muy malos, sin paños calientes.

Antonio Vallejo



 

lunes, 27 de mayo de 2024

Ni fu ni fa


 Corrida mixta la de este tercer domingo isidril, de rejones y a pie en el mismo paquete (los cursis de ahora dirían pack), un 2 x 1 de un supermercado, o dos festejos en uno para un optimista. No sé si ya se habrán dado cuenta que no me gusta esta mezcla, no acabo de entender el por qué y el para qué ni lo que aporta a cada uno. Por cierto, que ya hemos visto esto alguna otra vez en años pasados, una o dos que recuerde, y el resultado, si la memoria no me falla, no fue precisamente para salir soñando. Es solo cuestión de gusto y una opinión, me parece algo artificial e innecesario puesto que el toreo a caballo y el de a pie tienen su espacio, su público y su importancia y con estos experimentos creo que ambos salen perjudicados. Pero bueno, es lo que se anunciaba para este domingo y está claro que interesaba porque la plaza, un día más, se ha vuelto a llenar para ver a Diego Ventura, Cayetano y Ginés Marín con dos toros de El Capea para el rejoneador y cuatro de Montalvo para la lidia a pie. Como decía al inicio alguien podría hablar de dos festejos en uno, pero creo que sería más acertado hablar de  un minifestejo y un festejo reducido en el mismo día, cada uno por su lado, nada que ver uno y otro, dos mundos paralelos que no pueden tocarse, tan respetable e importantes uno y otro, ni más ni menos. No sé si esta percepción la ha tenido el público que ha llenado los tendidos porque la sensación que me ha dado la tarde es de letargo, la gente adormecida, sin acabar de centrase en una cosa o la otra, quizás incluso con cierto grado de confusión con tanto vaivén, ahora caballos, ahora a pie, otra vez caballos, ¿este qué toro es?, ¡pero si lleva los cuernos "cortaos"! que ha dicho alguno una o dos filas por encima mío con grandes dotes de captar los detalles en el primero. Es lo que tienen estos experimento, muy pocos de los abonados habituales, por algo será, pero mucho interés por parte de espectadores poco habituados a ver toros. Por lo menos no ha habido otra confirmación de alternativa, ya hubiera sido la repanocha. Así que contar lo de hoy croe que debe hacerse separando uno y otro toreo, me parece lo más oportuno. 
Diego Ventura es casi sinónimo de triunfo, y hoy de nuevo lo ha rozado. Los dos toros de El Capea han sido fácilmente reconocibles por su morfología, Murubes típicos, hondos, cuajados, cortos, sin demasiado cuello. Con movilidad los dos, noble y con fijeza el primero pero al que le faltaba un punto de empuje para transmitir más, con emoción y muy buen tranco el que hacía cuarto, que llegó mucho a los tendidos. Algo más fallón de lo habitual Ventura en su primero, un rejón de castigo y una banderilla larga que no encontaron toro, pero al final montando y toreando con mucha técnica y exposición. La cuadra del portugués es una maravilla, un preciosidad de caballos que ofrecen la grupa y el lomo una muleta y que pisan unos terrenos arriesgadísimos en las cercanías de los pitones. Ha habido un detalle con Guadalquivir en el saludo al primero que me ha dejado impactado, un movimiento que ha hecho que parecía talmente una trincherilla. Fabuloso ha hecho las delicias de los aficionados con el toreo a dos pistas, el toro cosido al lomo, dos vueltas completas al anillo para después montar a Bronce - ¡que maravilla de caballo! - en los dos toros para colocar banderillas largas de manera espectacular. Es increíble este caballo, como baila delante del toro, en el cuarto ha sido algo mágico, girando alrrededor del toro, enfrentándole la cara para atraerlo, una locura, quebrando en la misma cara y en un palmo de terreno, embroque muy ceñido y una colocación de las banderillas portentosa. Es  Velázquez el elegido para recibir al cuarto y colocar dos rejones de castigo precisos en otra lección de doma y Nómada con el que empieza a calentar a la plaza con un toreo arriegadísimo, por dentro, quiebros imposibles saliendo entre los pitones y las tablas con una facilidad increíble, parecía que no había sitio para pasar pero pasó, alucinante, además de unos adornos, cabriolas y giros 360º sobre su eje inverosímiles. Ya encendida la mecha de la emoción fue Lío el que montó el idem con una pureza y exposición tremendas, llegando hasta la cara del toro, quebrando en el último segundo, elegancia y efectividad de la mano, espectacular, la plaza en pie, más aún con Bronce y su superlativa calidad, un ballet alrededor del toro, algo único, llegando al éxtasis cuando le quita la cabezada y coloca un par a dos manos antológico con la plaza en pie completamente entregada. A la hora de colocar banderillas cortas, rosas y matar ha montado a Gudiana, otro espectacular caballo con el que dejó un rejón de muerte arriba en el primero con el que tardó mucho en doblar el toro enfriando la posible petición de oreja y que en el cuarto, cuando las dos orejas se olían, creo que se precipitó un poco, quizás le faltó una gota de paciencia y las esperanzas de triunfo se esfumaron, más no se esfumará de la memoria la sensacional faena al cuarto, para enmarcar, propia de un maestro de época como Diego Ventura. 
Hasta aquí el minifestejo de rejones que realmente fue lo más vibrante de la tarde. No puedo decir lo mismo del festejo reducido con cuatro toros de Montalvo, correctos de presentación aunque desiguales de hechuras, muy serios, eso sí, acabados en puntas pero que dieron un juego pobrísimo, con las manos por delante, sin entrega, ausencia de bravura y raza además de una falta fuerzas evidente y alarmante. Muy, muy, muy deslucidos. Si lo resumimos en una sola palabra, malos. Decepción absoluta en medio del letargo que ha llevado a no apreciar ni valorar cosa que han hecho Cayetano y  Ginés Marín de mucho mérito, empezando por la falta de sensibilidad al no reconocer, aunque hubiera sido una mínima ovación, el compromiso de Cayetano por hacer el paseíllo solo 48 horas después de haber recibido el palizón del viernes cuyas secuelas aún soporta, seguro. Cualquiera de nosotros aún estaríamos en la cama sin poder movernos. Quizás si se hubiera llamado de otra manera... Lo digo sin tapujos, ambos han estado muy por encima de sus lotes y han sacado lo poco que tenían y, en el caso de Marín, mucho más de lo que probablemente hubiéramos visto en otras muchas manos, especialmente ante el sexto bis, un sobrero de José Vázquez muy justito de presencia para Madrid que además se comportó como un manso de libro ante el que Ginés estuvo muy, muy, muy firme ante la indiferencia general y la injusta incomprensión de algunos. No humillaba, a la defensiva por su mansedumbre, le concede todas las ventajas, a media altura, enorme temple, conduciendo la embestida con un mimo y una suavidad suprema, poco a poco le baja la mano pero no aguanta, algunos derechazos y naturales desbordan profundidad y hondura, sobre todo en un par de tandas mediada la faena. Todo y más lo ha hecho Marín pero era muy difícil transmitir con un toro de condiciones tan pésimas como es, más aún con unos tendidos desconectados y con ganas de irse a casa. Una pena que no hayan apreciado la capacidad enorme de Ginés Marín, para el aficionado creo que ha sido una faena de mucho mérito y reconocimiento. Desordenado y descompuesto el tercero, se venía por dentro por el pitón derecho, por el izquierdo iba a su bola, desentendido a la salida, se iba por fuera, siempre obligaba a perder pasos impidiendo la ligazón, y encima algunos se lo reprochan. Enorme valor algunos derechazos y naturales que roba a este toro que además de lo dicho careció de entrega y fuerzas, a la defensiva y con la cara por las nubes. Lo dicho, muy por encima el jerezano. El lote de Cayetano igual de malo o incluso peor, nula entrega, sin recorrido, no pasaban, se quedaban debajo revolviéndose y reponiendo, embestidas a arreones. Torero de raza que no se arrugó pese al mal estado físico con el que estoy seguro ha toreado esta tarde dominical pero que no le ha hecho renunciar a presentar batalla a sus enemigos, incluido hoy el viento que ha molestado bastante en algunos pasajes de la corrida. Muy digno Cayetano que ha estado con mucha dignidad ante la evidente imposibilidad. Se ha puesto y les ha puesto la muleta, ha tratado de dibujar series por ambos pitones pero las nulas condiciones de los de Montalvo evaporaban cualquier atisbo de lucimiento, Igual que Marín, por encima de su lote.
Otra tarde siguiendo la norma que hablábamos ayer, seis toros, hoy en batiburrillo, de los que solo se salva uno y un poco otro, los dos de rejones, así como Diego Ventura en maestro y la buena labor de Cayetano y Marín ante el naufragio. Mañana hay descanso, que viene bien. Volveremos el martes con ánimos renovados a la novillada que abre una semana interesante de corridas de toros y la última de rejones, completas, cada una en lo suyo, sin mezcolanzas ni artificios, nada de experimentos mixtos que al final acaban como ha acabado el de hoy, ni fu ni fa. 

Antonio Vallejo

domingo, 26 de mayo de 2024

No hay billetes, otra confirmación, un solo toro y otro fracaso. Parece la norma


 Otra más de "no hay billetes", así empezaba ayer, ¿no?. Hoy toca lo mismo, se repite el lleno en los tendidos, es la norma de este San Isidro 2024. Y al igual que ayer, y no sé cuantos días más han sido, otra confirmación de alternativa, la del chiclanero Christian Parejo. También parece la norma de esta San Isidro, y todavía queda otra más el próximo jueves 30, la feria de las confirmaciones. Y como también está siendo la norma, un solo toro que se puede salvar dentro de un encierro completamente deslucido y con mínimas opciones para el lucimiento y nulas para el triunfo. Esto también es una confirmación, pero no de alternativa, sino del fracaso.
Y si he empezado como ayer también conviene seguir igual que ayer, con el desconcierto, hoy en el apartado ganadero, concretamente en cuanto a la presentación. Si lo de ayer era una escalera lo de hoya ha sido un laberinto de hechuras y de tipos en la que ha habido de todo, algo que si nos paramos a pensar un rato tampoco debe sorprendernos, porque la Ventana del Puerto actualmente es de procedencia Jandilla, Es decir, Domecq, pero viene de lo mismo que Puerto de San Lorenzo, segundo hierro de Lorenzo Fraile, procedencia Atanasio-Lisardo, que remendaba la corrida con el cuarto de la tarde, por si faltaba algo. Es decir, hablar de tipos hoy es para nota, unos eran atanasios, otros han tirado a lisardos, en alguno había de todo un poco, otro más a Domecq. En general con volumen y kilos y muy ofensivos por delante, pero difíciles de definir en cuanto a hechuras. Quizás el que más me haya gustado en ese aspecto haya sido el primero, curiosamente el único salvable de la corrida. Un castaño de bellísima estampa y enorme seriedad con el que ha confirmado Christian Parejo y que ha tenido movilidad y nobleza, además de un punto de bravura mientras ha durado, que ha sido poco, tres tandas y poco más en la muleta. Pero si lo comparamos con sus cinco hermanos ha sido una maravilla ya que no han tenido ni bravura, ni raza, ni casta, ni fuerzas, ni nada, deslucidos, alguno en ese indefinido y etéreo grupo de los toros "manejables", esos que pasan sin decir nada, sin entregarse lo mínimo y que, por no tener, no tienen la mala leche de otros que rebañan y buscan herir con saña. 
Si partimos de esto, ¿que se puede esperar?. Pues solo lo que ha sido esta tarde, un fracaso. Y no será porque la terna no ha estado a la altura. Christian Escribano ha mostrado  buen manejo del capote en el de su confirmación, a pies juntos en el saludo, mucho gusto en los lances, ganando terreno, chicuelinas en los medios y un remate lleno de aromas, así como las tafalleras rematadas con una buena media  para replicar a Castella en quites. Y con la muleta ha dejado buenas sensaciones, firme y con buenos conceptos, siempre buscando la colocación, adelantar la muleta y correr la mano por bajo, con sentido del temple y clase en su toreo. Han sido tres series en redondo las que ha aguantado el primero, reunidas, ligadas, profundidad y ritmo, encajado, pasándoselo muy cerca, con emoción y transmisión, con unos de pecho muy buenos, largos, a la hombrera contraria, y muy lentos. Poco permitía por el izquierdo y se acabó la gasolina, pero ha intentado sacar lo máximo sin renunciar a hacer las cosas bien, pero el conjunto se ha venido abajo por las ausentes condiciones del animal. Con el sexto, una mole de 575 Kg sin entrega alguna, la cara por la nubes, brusco en el embroque y violento en el remate, derrotes secos, igual de firme, seguro y comprometido. Era un bicho para pocas alegrías, pese a eso ha seguido buscando hacer las cosas bien ha aguantado arreones y tornillazos, ha tragado cuando se le vencía por uno y otro pitón, ha expuesto sin inmutarse, muy tranquilo, y le ponía la muleta para intentar llevarlo por bajo y someterle, pero no había manera, no humillaba, se quedaba debajo y punteaba las telas con aspereza. Lo ha pasaportado con rectitud y enorme habilidad al segundo intento, algo realmente complicado contemplando la escena, el toro más alto que él y perfectamente podía haber 1 metro de pitón a pitón, mucha verdad en la suerte suprema que refrenda la buena imagen que ha dejado en Las Ventas.
Sebastián Castella y Daniel Luque se han topado con dos lotes imposibles con los que poco se podía hacer. Y si estas dos figuras no pueden hacer nada...¡como serían los toros!. Dos toreos poderoso, cada uno con sus registros, pero capaces de sacar de donde no hay. Hoy ni eso,¡como habrá sido la cosa!. Toros in raza, sin poder alguno, sin fuerzas, deslucidos. Lo mejor las series al natural de Castella en el segundo, hondura y ligazón, encajado, corriendo bien la mano, metido en los vuelos, y el compromiso en sus dos toros, tratando de buscar la distancia para componer el toreo largo pero no respondían, luego acortando las distancias para llegar a las cercanías y meterse entre los pitones clavado al suelo, pasándoselo por uno y otro lado sin enmendarse, ese toreo marca d la casa en el que se siente como pez en el agua. Y todo esto, como es norma no este años sino todos, entre protestas y reproches a todo cuanto haga por parte del grupito de siempre. Y de Daniel Luque destacar el magnífico trato, la suavidad, el mimo y la finura con que ha cuidado a su lote ante la falta de casta y fuerzas. Al tercero le planteó la faena por bajo, doblones muy toreros cargados de aromas sevillanos para arrancar, pero no daba para más. Deslucido y derrumbándose si le bajaba la mano tuvo que llevarlo a media altura, mucho temple, pero faltó ritmo y transmisión. Más o menos como en el quinto, le concedió la altura, toreó a favor del toro, temple a media altura en las series por el pitón derecho, poco a poco bajando más la mano, surgieron redondos profundos con Luque relajado, con desmayo, la muleta arrastrada, enroscándoselo a la cintura, pero no aguantaba y perdía las manos. Igual que con Castella, contínuas protestas del grupito habitual, que ya sabemos que no perdonan el pecado mortal de Luque, haber salido triunfador del abril sevillano. Y ha sido en este quinto, en el que también los gritos contar el ganadero subían enteros, donde ha llegado el momento coña de la tarde. Un alguien que debía andar por el 8 alto ha gritado lo más alucianante y ridículo que he escuchado jamás, y cuidado que hay amplio repertorio en ese aspecto. Atentos a la frasecita: "Ganadero, te dije que no volvieras". ¡Toma ya!, con un par. Debe haber sido alguien tremendamente importante e influyente en el mundo del toreo o en la empresa de Las Ventas para haber soltado semejante chorrada (perdonen la expresión pero no encuentro otro calificativo). Así está el patio.
Como hoy va de lo que está siendo norma hay que hacer un apartado para lo que también es norma, pero esta vez para bien. Una tarde más han brillado los de plata, tres tercios de banderillas extraordinarios, los tres primeros, un lujazo, de poder a poder, ganando la cara, reuniendo y clavando con pureza y verdad para salir del encuentro andando con torería para recoger posteriormente montera en mano las fuertes ovaciones dedicadas por toda la plaza. Y es que el lenco de nombres que hoy se han reunido en le ruedo venteño ha sido de la máximísima categoría. Nada más y nada menos que José y Antonio Chacón, Rafael Viotti, Julio López, Juan Contreras, Iván García, Jesús Arruga, Miguel Ángel Sánchez y Vicente Herrera. Si es que cuando las cosas se hacen bien, cuando se brega y se parea con maestría, el resultado solo puede ser el que ha sido. ¡Grandes toreros!.
Mañana viene otra de "no hay billetes", espero que sea la única norma que se siga.

Antonio Vallejo

sábado, 25 de mayo de 2024

La tarde del desconcierto


 Otra más de "no hay billetes", una tarde radiante en la que han empezado a aparecer por los tendidos de la Monumental rostros conocidos del famoseo, los medios de comunicación, el deporte, también de la política, con la explanada que en la hora previa a la corrida era un hormiguero de gentes en un ir y venir incesante, cámaras a la busca y captura de un rostro conocido, da igual el pelaje, en fin, la parefernalia habitual, todo al reclamo de dos nombres, Roca Rey y Cayetano, porque es así. No les pregunten a un porcentaje nada despreciable de los espectadores que hoy han asomado por los tendidos quien es Jorge Martínez ni de quien eran los toros que iban a ver. Ni lo sabían ni, tristemente, creo que les importara mucho. Unos irían a ver a Roca Rey porque es el reclamo en todas las plazas por sus triunfos y nadie quiere faltar y no salir en la foto de una tarde como esta para luego colgar el selfie de turno en redes sociales, otras, las más, a ver a Cayetano que las tiene más que enamoradas, es así, cada año se repite, con lo bueno y lo no tan bueno que tiene este público poco habitual, eso lo sabemos.
Lo que ya no sé es cual habrá sido su sensación al irse de la plaza. Yo desde luego sí sé cual ha sido la mía, la de una tarde rara y caótica  por momentos, desordenada y con cosas difíciles de entender y explicar. En definitiva, como titulo, la tarde del desconcierto. Pero tengo la sensación que si para mi y seguramente para muchos aficionados ha sido eso para los que se asoman poco al toreo, no digo para los que vinieran por vez primera, ha tenido que ser un lío de narices. Estoy seguro porque es que lo he oído en el tendido a algunos, programa en mano, no se aclaraban que toro salía ni quien toreaba. Todo motivado por el manso primero que a la salida del caballo arrolló tras el primer puyazo al confirmante Jorge Martínez y tras el segundo, con la vara clavada al lomo, a Cayetano, que se libró del impacto de la puya que salió despedida como una lanza de milagro, pero no del tremendo palizón que le propinó destrozándole la chaquetilla y teniéndole entre los pitones. sin llegar a cornearle, afortunadamente. Tal fue el impacto y las heridas, contusión cervical, erosiones traumatismos varios, que fue atendido en la enfermería tras matar al segundo y alteró todo el orden de lidia de la segunda parte de la corrida, saliendo por orden inverso, sexto, quinto y cuarto. Imagínense el cacao que alguno tenía en la cabeza con los nombres. ¿Es o no desconcertante?.
Una corrida cuatreña, salvo el quinto, de Conde de Mayalde, cosa rara en este año, muy seria y ofensiva, algunos incluso escandalosamente desproporcionados, una arboladura nada acorde a su cara y su caja, una escalera de hechuras desiguales, pero que ha estado vacía, mansa en general, sobre todo en el caballo, y sin empuje ni poder, tono deslucido y poca transmisión, con muy pocas opciones, salvo el tercero, con más celo y entrega. Lo que sí que ha hecho la corrida es confirmar las enormes dudas que tenía sobre los toros de hoy y la poca conveniencia, en mi opinión, de ser elegidos para un día como el de hoy y en pleno San Isidro.
De Jorge Martínez que hoy confirmaba alternativa poco se puede decir, más allá que ha apuntado un buen concepto del toreo y buena maneras con el capote en un quite a pies juntos en el tercero, que ha intentado sacar con la mayor pulcritud posible pases en la muleta, buscando la colocación, con buen trato y trazo, tratando de bajar siempre la mano y ligar las series pero ha sido misión imposible. Un lote sin entrega, la cara alta, sin empuje, defendiéndose, como el manso primero, que entraba como un tren sin gobierno, áspero y bronco, haciendo confundir a algunos genio con bravura, soltando arreones violentos por la potencia descomunal de su cuello, de embestidas descompuestas y deslucidos, sin acabar de pasar, quedándose debajo, obligando a perder pasos a  para no salir trasquilado, como ha sido el cuarto. Buena imagen del murciano, decidido y sereno ante la adversidad, sin perderles la cara, muy valiente ante los derrotes secos del primero. Más no ha podido hacer con lo que tenía delante, y encima ha tenido que ver como se ha aplaudido al primero en el arrastre, ¿pero que demonios le han visto?. Otra más que añadir al desconcierto.
Poco más o menos creo que se puede decir de Cayetano que ha pasado una tarde infernal tras la tremenda paliza y las heridas al primero que le destrozó la chaquetilla y le ha obligado a torera en mangas de camisa y chaleco. Muy rara se ha hecho la escena de la ceremonia de confirmación con ese aspecto, medio mareado y desorientado, físicamente muy mermado toda la tarde, bastante ha hecho con salir vivo de la plaza y demostrar la raza que lleva dentro intentando sacar de donde no hay a un lote infumable. En todo momento  ha plantado cara a sus dos toros, poniéndoles la muleta en la cara, buscando arrancarles aunque fuera un pase con cierta calidad, empezando la faena la segundo como si fuera novillero, rodillas en tierra para intentar llevarlo por bajo y sufrir otro susto tremendo librándose por los pelos al saltar al callejón de mala manera, todo eso teniendo en cuenta que venía del tantarantán del primero, hay que echarle un par pero bien grande. Lo mejor, sin duda, unos muletazos por bajo a ese segundo para someterle, y la  extraordinaria estocada en todo lo alto con la que fulminó a ese segundo. Es Rivera y es Ordoñez, así tiene la raza que tiene y que le ha hecho ganarse el respeto en esta tarde con su  más que comprometida actuación.
La cara y la cruz ha sido esta tarde para Roca Rey. La cara en el tercero, al que ha lanceado de capa a pies juntos con un temple y una clase tremenda, mucho gusto y belleza en el saludo, y con el que ha arrancado la faena de muleta anclado al suelo, las zapatillas hundidas, estatuarios por alto, dos cambiados por la espalda de infarto variando el viaje en el último segundo a milímetros de los bordados y un final por bajo con una trincherilla que reconvierte a molinete y un pase de pecho sensacional. Luego dos tandas rotundas, reunidas y compactas por el pitón derecho, dándole distancia, encajado, metiendo los riñones, ceñidas, despacio, temple, mano baja, poder y mando, con recorrido y profundidad, una locura. Por el izquierdo es menos limpio, le cuesta pasar, no se entrega pese a lo que roba algún natural con enjundia y, cuando no quiere obedecer se lo cambia por la espalda con riesgo y emoción para resolver la situación. Toro a menos al que le acorta la distancia y compone una última serie de derechazos con la muleta muy puesta, tapándole la cara, ligazón y profundidad para finalizar con las bernadinas muy ceñidas típicas de su repertorio, muy arriesgadas pero que no me apasiona, aunque reconozco el mérito enorme de pasárselo como se lo pasa, pero creo que este toro bien hubiera servido para un final por bajo que siempre suele desprender aromas y torería. Faena muy medida que rubrica enterrando una entera levemente delantera y ligeramente atravesada que retrasa la muerte del toro y enfría algo la petición de oreja que, aún con todo, era mayoritaria. Pero el palco ya saben como es en estos días, sobre todo si ha escuchado algunas protestas sin sentido de los que tiene a Roca Rey enfilado y no paran de dar la matraca toda la tarde, con el "estás fuera" y el clásico, inevitable y cansino "se va sin torear" del notas de turno. La cruz en el quinto, manso, manso y manso, no es que se frene en los capotes, es que huye, en varas campa a sus anchas, comportamiento de manso, suelto, doliéndose, se va al que guarda puerta, allí nadie echa un capote, caos y desconcierto absoluto acorde a la tarde, un desastre absoluto y una lidia, por llamarlo de alguna manera, indigna e impropia de una plaza como Madrid. Le da mucha distancia en la muleta, el toro va, movilidad sin entrega, pasa, se va suelto, hasta tres veces igual, entre las rayas del 7, hasta que en una de esas le adelanta la muleta, lo embarca y recoge cerrándole la salida para componer un par de series en redondo de calidad, ligadas y con poder, de mucho mérito que han sido lo mejor, porque por el izquierdo nada, protesta y se defiende. Toro a menos por lo que decide acortar distancias y en las cercanías de los pitones tira de recursos pasándoselo por ambos pitones sin inmutarse, algo que en LasVentas gusta poco, por lo que ha escuchado pitos in crescendo en los compase finales. Pitos que han ido a más y más tras los pinchazos y la entera defectuosa, muy caída, insuficiente para hacer doblar al toro. Un aviso, el de Conde de Mayalde amorcillado en tablas, Roca Rey que no se decide a usar el descabello, primer aviso, todo igual, pasan los tes minuto y segundo aviso, todo igual, ni noticias del estoque de cruceta, el toro se va barbeando tablas, quedan segundos para el tercero y el descabello ausente, y Roca Rey también, como ajeno a todo, como si no fuera con él, desconcierto absoluto, no podía ser de otra manera en esta tarde. Y justo cuando el toro decide doblar el presi ordena el tercer aviso, ¡anda que ha sido oportuno!, podía haber tenido un poco de mano izquierda y aguantarse un segundo más, y la bronca de las más fuertes que he escuchado en mi vida. Si esto fuera fútbol sería claramente jugada de VAR. 
Tomémoslo con cierta sorna en esta tarde de desconcierto.

Antonio Vallejo