viernes, 16 de mayo de 2025

Mansedumbre, un antónimo en 24 horas

Tan solo han pasado 24 horas desde que las mulillas arrastraron a Brigadier, toro de Pedraza de Yeltes que ayer encarnó la bravura en toda su extensión, para tener que irnos, en lenguaje taurino, al antónimo para definir la corrida de hoy, precisamente día del Santo Patrón que da nombre a esta feria, no podía haber sido mañana, ¡hay que ver!, maldita casualidad. Mansedumbre, en eso se resume toda la tarde, no ha habido más. Decepcionante a más no poder, por ser finos y educados, el comportamiento manso y descastado de los Atanasio-Lisardos del hierro salmantino José Enrique Fraile de Valdefresno y que hoy quiero mostrar como ilustración de portada porque, a tenor de lo visto hoy, va ser difícil que vuelva a ser portada del programa de mano de cada día, que esta temporada es la ganadería acartelada. Pitados en el arrastre todos excepto el segundo, y con toda la razón, porque lo que hemos visto era de bronca de las gordas, aunque, increíblemente, la actitud de los tendidos, incluido el más crítico y ruidoso la mayoría de tardes, ha sido curiosamente tranquila. No quiero ver fantasmas pero me gustaría saber que hubiera pasado si estos mismos toros hubieran estado marcados por un hierro de Domecq. A lo mejor habíamos visto arder Troya, o a lo mejor me equivoco, ojalá, y por fin mantengan la línea de esta primera semana isidril, agradable sorpresa. Mañana mismo lo comprobaremos, viene Manzanares, y ya saben...
Un encierro que ha tenido presencia y seriedad, todos ofensivos, abiertos de cara y astifinos, con hechuras desiguales, siendo  el segundo, precisamente el único que en la muleta ha sacado su fondo de clase y nobleza, el más armónico y mejor hecho, haciendo bueno aquello de que no todos los toros que tiene buenas hechuras embisten, pero todos los que embisten tienen buenas hechuras.
Podría ir uno a uno contándoles el juego en cada tercio, pero creo que sería un aburrimiento repetir hasta seis veces que han saltado sueltos, sin fijeza, a su aire, desentendidos, sin entregarse en el capote, huyendo en muchos casos, marcando querencia desde salida, buscando la salida, barbeando. Pero así ha sido, no recuerdo nada reseñable en el primer tercio, quizás alguna de las verónicas que el confirmante Alejandro Chicharro recetó al que cerraba plaza encelándolo en el capote, con el toro metiendo la cara y repitiendo, templadas y con buen son, y ahí se acabó. De veras, no recuerdo ninguna corrida en la que no haya habido nada de nada en el toreo de capa. Para todo hay una primera vez, o eso dicen. Lo único que pido es que sea la última.
Siguiendo por tercios, vamos al de varas. No podía ser de otra manera siendo mansos que lo que se ha visto. No querían ir al peto ni por asomo, andaban por la plaza a su aire dos han sido picados por el que guardaba puerta porque pasaban por allí y ha habido que aprovechar la situación. Y cuando han entrado al caballo lo han hecho como su condición, haciendo sonar el estribo, doliéndose y saliendo al sentir la puya, dejándose pegar sin más, empujando prácticamente nada y  la mayoría haciéndolo con un solo pitón. Era de esperar. Tan solo ha habido un puyazo en el que se ha visto algo de lo que es pelea en el caballo, el primero al que cerraba plaza, con más codicia y metiendo los riñones. Sólo eso, porque lo que ha ocurrido en el primer puyazo al cuarto no ha sido  ni empuje ni celo en el caballo, ha sido la fuerza de la inercia de 622 Kg en movimiento chocando contra el peto y desplazando al caballo hacia las tablas, que no se confunda bravura con genio de manso en una arrancada, porque luego, una vez parado, se ha dormido en el peto. Lo digo porque he alucinado con la ovación de algunos, ¿a qué?.
Vámonos al tercio de banderillas, más de lo mismo. Mínima colaboración, esperando y cortando, todo lo han tenido que hacer los banderilleros con enorme oficio, profesionalidad y exposición. Menos mal que hoy se han reunido en Las Ventas un elenco de auténticos maestros de plata que han hecho que lo casi imposible pareciera hasta fácil. Nombres como Curro Vivas, Agustín de Espartinas, Álvaro López "Azuquita", Juan Carlos Rey (ayer magistral a las órdenes de Isaac Fonseca), Iván García, Joselito Rus y Fernando Sánchez, todo un lujazo, a ver quien lo mejora. Entre todos ellos ha habido dos que han cuajado un tercio sensacional viéndose obligados a desmonterarse para responder a la gran ovación, Iván García y Fernando Sánchez en el sexto. Dos pares de poder a poder de Iván dejándose ver, llegando a la cara para reunir y clavar con absoluta pureza y verdad, y un par de Fernando por dentro, en paralelo a las tablas, andando con su particular e inimitable estilo  arriesgando al máximo en terrenos enormemente comprometidos para dejar los rehiletes con verdad y emoción, tanta como la que aplicó en el que abría plaza, un manso que no paraba quieto, de aquí a allá sin hacer caso a los capotes y al que Fernando buscó también entrando de dentro a fuera con enorme compromiso. Menos mal que hoy estaban estos hombres en Las Ventas, no quiero ni pensar lo que hubieran sido las banderillas sin ellos.
Ya solo queda la muleta, ¿imaginan más o menos como ha sido la cosa?. Pues sí, seguro que aciertan y se pueden ahorrar lo que queda. Solo el segundo ha roto en la muleta y ha sacado su fondo de clase y nobleza. Bueno, ¿lo ha sacado o ha sido Paco Ureña el que se lo  ha sacado? Yo creo, estoy convencido, que ha sido la maestría y el saber del murciano el que lo ha hecho. Sensacional, lo ha entendido a la perfección y ha sabido darle la altura, la distancia, el ritmo y las pausas que el toro requería. Colocación impecable, temple exquisito, llevándolo cosido a la muleta, ni un toque, ni una brusquedad, trato sublime para componer tandas por el derecho de enorme profundidad y recorrido, unas con el compás abierto, otras más encajado y pies juntos, cambios de mano de bellísima factura y unos de pecho de pitón a rabo magníficos. Por el izquierdo aún más emoción si cabe, dándole el pecho, pies juntos, encajado, metiendo los riñones, pasándose al toro por la cadera a milímetros, naturales de máxima hondura y expresión acompañados por olés sentidos que olían a oreja, más aún con los muletazos de clausura, uno por bajo, genuflexo, dibujado en curva para alargar el recorrido y un par de trincherazos de los de crujir. Mata volcándose, casi entera algo delantera y el toro que tarda en caer, se traga la muerte y esa pausa creo que enfrió el ánimo de parte del público para sacar los pañuelos. Gran ovación, petición en el límite de la mayoría, no sabría decirlo, y saludos de Ureña desde el tercio. Yo creo que una vuelta al ruedo hubiera sido de ley y mucho valor, él se inventó la faena, él hizo bueno a ese segundo, él toreó con enorme sentimiento y él mató por derecho. No hay que perder el valor que siempre ha tenido una vuelta en Madrid. Y si busco algo más que destacar en la muleta puedo encontrarlo en el que cerraba plaza, un animal que tuvo movilidad y más fijeza, repitiendo en la muleta de Alejandro Chicharro, pero sin demasiada clase, más por arreones y genio propios de su fondo de mansedumbre que por entrega. Muy firme y decidido el madrileño que aguanta los arreones de un toro que en ocasiones se viene por dentro y le planta la muleta para ligar un par de tandas de derechazos con la mano baja, templados y con gusto y robarle algunos naturales hondos de mucha calidad con buen trato, pero entre la justa entrega del de Valdefresno y su escasa duración la faena no pudo tomar vuelo. Eso y que, además, para coronar la tarde, un nuevo chaparrón provocó la desbandada en los tendidos esfumando lo poco que podía quedar por hacer. Del resto de la corrida poco que decir. El gaditano David Galván tuvo que lidiar con un lote imposible, un tercero de 650 Kg tan grande como manso que tuvo cero entrega, además de peligro, duro y brusco. Firmeza y mucho compromiso, irreprochable actitud, nada más se le puede pedir. Más manso aún el quinto, deslucido y con el peligro ese de los mansos a la defensiva. Lo intentó de todas las maneras, con dignidad, pero nada había por hacer, tan solo quitárselo de en medio cuanto antes. No se le puede pedir más ni juzgar en esta tarde, sería totalmente injusto. El cuarto, para Paco Ureña, otro manso descastado y con malas intenciones, descompuesto y rebrincado, la cara alta, soltando arreones. Lo mismo que lo dicho para Galván, lo único sensato pasaportarlo con la mayor brevedad posible y salir ileso. Solo nos queda el toro de la confirmación, ¡vaya joya para Chicharro! Manso entre los mansos, sin querer saber nada de los engaños, huyendo desde el capote hasta la muleta, embestida a la defensiva aunque el tesón y el valor del de Miraflores consiguió que surgieran de la nada algunos muletazos con recorrido y profundidad, pero todo en un contexto sin estructura ni guión. Digo lo mismo que antes, más actitud imposible, poco más se le puede pedir. 

Antonio Vallejo

 

jueves, 15 de mayo de 2025

Bravura bajo el agua

Cuando a la siete de la tarde giraban los goznes para abrir la puerta del patio de cuadrillas y dar comienzo al paseíllo el cielo tampoco tenía tan mal aspecto, amenazaba, sí, pero como tantas veces, pasa y salvamos la tarde. Lo malo es que esta vez la amenaza se ha cumplido y, ¡madre mía!, que manera de caer agua sobre Madrid, que desapacible y que triste para el espectáculo unos tendidos medio vacíos y los que quedábamos en ellos refugiados bajo paragüas o, como era mi caso, gabardina, poncho y gorra para capear el temporal. Una tormenta descomunal la que sacudió Madrid ayer por tarde y bajo la que se vieron las caras los espadas Román, Jesús Enrique Colombo e Isaac Fonseca ante toros de Pedraza de Yeltes  reuniendo,  a más de tres cuartos de plaza en una tarde que no animaba a ir a los toros, y con los pronósticos que había. Vean si no la foto de portada y me dicen. Es la norma este San Isidro, o lleno  o muy buena entrada, como también ocurrió en la novillada de ayer, tres cuartos largos, y cada día más jóvenes, el futuro de la Fiesta, da gusto verles con la alegría que van a la plaza y como lo viven y sienten. Para que luego nos vengan con que los toros no interesan. 
Una corrida muy, pero que muy seria y bien presentadas, buenas hechuras y muchos kilos perfectamente soportados por el enorme volumen de los toros. Valga de muestra que el peso del más "pequeño" era 595. Desde ahí hasta los 667 Kg del que cerraba plaza, imagínense los ejemplares. Pero repito, iban acordes a sus cajas. En cuanto al juego ha sido variado y, para mi, algo por debajo de lo que esperaba. Uno ha destacado por encima de todos, Brigadier, el sexto, impresionante por el tamaño y por su bravura, de los que hay que apuntar para toro de la feria. Los demás, pues de todo un poco, un manso con mucha emoción  el primero, noblote y con fondo de clase el segundo, con mucho peligro el tercero, soso y deslucido el cuarto y el quinto imposible definir porque en ningún momento de la lidia se ha definido como nada, ni bueno ni malo, ni fu ni fa.
Bello se llamaba el que abrió plaza, e hizo honor a su nombre, un toro impresionante de 630 Kg grande, alto, largo y con mucho volumen, una seriedad que asustaba, dos puñales desafiantes apuntando al cielo por delante, y con una armonía y unas proporciones perfectas, todo iba acorde, no le sobraba nada, un animal imponente. Desde los primeros capotazos mostró su carácter encastado, movilidad y mucha energía, con buen embroque aunque peor remate, iba y venía, repetidor, con genio y fuerza. Le costó arrancarse al caballo cuando Román le colocó en largo pero cuando lo hizo fue con buen tranco aunque en la pelea empezó a dejar apuntes de su  otro carácter, manso, empujando con un solo pitón, hizo sonar el estribo y en la segunda vara se dolió y salió rebrincado. No fue cómodo en banderillas, cortó, sobre todo en el primer par, pero resolvieron con oficio César Fernández y Julio López. Lo tenía claro Román con la muleta, sabía lo que necesitaba ese toro, mando y poder. Por bajo, la muleta arrastrada para domarlo, al tercer muletazo la enorme fuerza del toro le desarmó con violencia, pero no se arrugó el valenciano. Por el pitón izquierdo, sin más probaturas, compuso dos tandas de naturales plenas de mando, en el sitio, llevándolo en largo, tratando de taparle una salida que buscaba, mucha emoción, encastados los dos, una lucha a ver quien mandaba más. Cambió a la derecha y los sensacionales derechazos en redondo de enorme profundidad, llevándolo con la cara muy tapada, ligazón y emoción, que acabaron por someter al de Pedraza que, definitivamente, se vio sometido y se rajó. Faena, para mi modo de ver, perfectamente concebida, estructurada y medida,  algo más de veinte muletazos, no hace falta más, con máxima emoción  de principio a fin, hasta los remates por bajo, genuflexo, cargados de sabor con los que cerró. Lástima que la espada truncara lo que iba para oreja segura. al final gran ovación y una vuelta al ruedo, con alguna polémica, que le tuvo que saber a gloria.
El segundo era el pequeñín de la corrida, tan solo 595 Kg de belleza y trapío, ¡que lámina la de este colorado!, para enmarcar, fino, bajo de agujas, pura armonía, preciosa cara, abrochadito de pitones pero con una seriedad tremenda. Con gusto las verónicas, casi delantales, y la media de remate en el saludo, toro con clase, mete la cara aunque algo justo de recorrido, repite y muestra nobleza.  Muy largo lo deja Jesús Enrique Colombo en varas, la segunda prácticamente en la boca de riego, se arranca pronto y con galope alegre, empuja con celo, la cara abajo y empujando con los riñones en un sensacional puyazo de Israel de Pedro. Rivalidad en quites, chicuelinas ceñidas del venezolano con mucho riesgo por el viento que enredaba el capote y le dejaba descubierto, verónicas muy templadas de Isaac Fonseca en su turno y réplica de Colombo por delantales repletos de gusto. En la muleta mucha clase y nobleza aunque le faltara poder para elevar la emoción. A eso hay que añadir que en este toro comenzó la tormenta, cielo negro, relámpagos y truenos y un diluvio que dejó los tendidos medio vacíos. En esas condiciones cuasi infernales tuvo que lidiar Colombo. Mucho temple y mano baja, muy sereno ya lo suyo, ajeno a todas las inclemencias, condujo la embestida con calidad, tandas ligadas por ambos pitones, despacio, y el de Pedraza respondía. Insisto, aunque faltara algo de empuje me hubiera gustado ver esa misma faena sin viento y con sol. Mató de una sensacional estocada y afloraron pañuelos. Muy difícil valorar la cuantía de la petición con tanto paragüas y la gente resguardándose del diluvio, pero si atiendo a las gradas y andanadas y lo extrapolo al resto, sí creo que era mayoritaria. Una vuelta al ruedo también protestada me parece justo premio. 
Ahí entró la corrida en una cuesta abajo que parecía insalvable. No solo tenían que enfrentarse al toros, sino a la naturaleza, tremendamente hostil y desagradable. El tercero, tan serio como sus hermanos, fue un toro con peligro sordo, que desde el capote medía, con movilidad pero sin entrega, cara alta, pidiendo mucho y concediendo nada, con no buenas intenciones, reponiendo y buscando.Digno Fonseca, trató de bajar la mano pero la muleta parecía una toalla de playa un día de viento....y de diluvio. El cuarto, muy largo y tremendamente ofensivo por delante, no tuvo nada, soso y deslucido a más no poder, a la defensiva en todo momento, la cara alta, pasaba sin más, como el que va a comprar pan. Nulas opciones para Román bajo una lluvia que parecía empezar a remitir. Tremendo fue el atasco con los aceros, al  filo del segundo aviso por fin consiguió quitárselo de en medio, menos mal, porque había entrado en una fase de nervios peligrosa. El quinto salió con muchos pies y poco fijeza, bien Colombo encelándole en el capote, buena lidia. Muy mal picado, fatal realmente, un despropósito, antes de pasar al tercio de banderillas que el venezolano interpretó al igual que hizo en el primero de su lote. Es un portento físico, todo potencia y espectacularidad, pero con ventajas, a toro pasado, y se le recriminó. Solo creo que se pueden salvar el tercer par de cada uno de su lote, ahí sí que cuadró mejor, más en la cara, con más pureza. Nula entrega en la muleta y sin definirse el toro. Lo mismo arrancaba que se quedaba, unas veces pasaba y otras se quedaba a media, sin salir. Trasteo sin ritmo ni emoción en el que Colombo sólo pudo poner voluntad.
Bajo tanta agua todo parecía conducir al naufragio ya pasadas las nueve de la noche. Parecía que la tormenta daba una tregua, fue un espejismo, cuando se abría la puerta de toriles para dar salida al que cerraba plaza, Brigadier de nombre, me gusta, ¡667 Kg de bravura y trapío!. De veras, no le sobraba ni un gramo, una estampa espectacular, un colorado alto, voluminoso, pero todas las piezas encajaban a la perfección, proporciones exactas, y bravo de principio a fin. Movilidad y entrega en el capote, repitiendo con codicia, humillando mucho, enorme clase, lo para Fonseca, capote abajo, andándole hacia atrás, llevándolo hacia fuera, magistral lidia, y el toro colocando la cara con una calidad suprema. ¡Vaya tercio de varas!, muy bien el mexicano colocándolo en largo, Brigadier se arranca,  galope de bravo y pelea de bravo, la cara hundida en el peto, codicia, metiendo los riñones, tres puyazos, extraordinario el último, a cargo de Borja Lorente, agarrado arriba y delantero que puso a la plaza en pie. ¡Cuanta belleza encierra este tercio cuando se ejecuta como debe ser!. Una pena que en los últimos tiempos se esté perdiendo y convirtiendo en un molesto trámite que hay que pasar, con lo importante que es para que el toro llegue en las mejores condiciones a la muleta. Y si espectacular fue este tercio,¡que decir del de banderillas!. La imagen de la cuadrilla saludando montera en mano a su final es el mejor resumen. Raúl Ruiz bregó con una maestría superlativa, Juan Carlos Rey y Jesús Robledo "Tito", colocaron los palos con una verdad, una pureza y una exposición máxima, y la plaza en pie sin importar ya que lloviera. En la muleta llegó la locura, bravo el toro y bravo el matador. De rodillas en los medios, derechazos profundos y largo, vibrante y arrebatado arranque abrochado con uno de pecho eterno aún de rodillas, la caldera de Las Ventas subiendo grados. Ya vertical tandas por el derecho majestuosas del mexicano, el compás abierto, embraguetado, enganchando la embestida alante, temple y mando, la muleta arrastrada, ligando en el sitio, emoción desbordada, toreo muy caro, y el toro con el hocico hundido en la arena, máxima expresión. Menos claro por el izquierdo, menos entrega, algún enganchón en los naturales que al final surgieron con más hondura. En las postrimerías acortó distancias Fonseca para apurar las última embestidas de este gran toro, muletazos entregado, con la misma profundidad y ritmo para abrochar la faena con remates por bajo repletos de gusto torería, trincherillas y pases de desdén para soñar con una plaza entregada a toro y torero. Faltaba tan solo la rúbrica, la que da y quita, la suerte suprema, la espada. Nada importó un pinchazo al primer intento, se volcó al segundo por derecho, como si toda su vida dependiera de ese instante, sin miedo, desafiando la envergadura de Brigadier, para hundir el estoque en todo lo alto y honrar con esa muerte fulminante a este bravo toro de Pedraza de Yeltes. Oreja de ley, oreja de peso, oreja sin discusión para Isaac Fonseca y merecida vuelta al ruedo para Brigadier, otro toro más para inscribir con letras de oro en la historia de esta plaza, un canto a la bravura bajo el agua que ayer regó Madrid.

Antonio Vallejo

miércoles, 14 de mayo de 2025

En trece y martes no hay quinto malo para un 2 x 1

No, no se me ha ido la cabeza con este título, tiene su explicación, como casi todo. Lo de martes y trece es obvio, la fecha de esta primera novillada de este San Isidro 2025, poco apropiada para supersticiones, que en esto del toreo hay muchas, y la decepcionante novillada de Alcurrucén da la razón a los supersticiosos. En trece y martes ni te cases ni te embarques, dice el refrán. A lo mejor hay que añadir, ni programes una novillada como la de hoy para tres jóvenes cargados de ilusión a los que les pones un muro infranqueable por la poca bravura, raza y fuerzas de las reses echando por tierra todos su sueños e ilusiones. Dos novillos devueltos por inválidos, alguno más también debería haberse ido a los corrales, pero vaya usted a saber lo que hay en los corrales y si el presidente se lo ha pensado mucho antes de sacar el pañuelo verde más veces. Y los que no han sido devueltos han prestado mínimas opciones para el triunfo, sosos y deslucidos, a excepción de uno que ha salvado la tarde, el quinto, que, siguiendo con refranes y dichos, ha hecho bueno ese tan torero de "no hay quinto malo". Bueno, ya parece que todo va encajando, ¿no?. Pero, ¿y el 2 x 1?. Muy fácil. El domingo estuve en la corrida de Fuente Ymbro, muy larga y pesada, acabó a las 21:44 horas, llevaba arrastrando un catarro desde días atrás y el frío que hizo esa noche me dio la puntilla. No tenía cuerpo ni ganas de escribir, solo llegar a casa, calentarme y descansar, igual que ayer, sin acabar de recuperarme y con una jornada de trabajo intensa que me dejó para el arrastre. Hoy ya es otra cosa, más entonado y sin el cansancio acumulado que llevaba, pero también ha sido una corrida larga y pesada, tan solo cinco minutos más breve que la del domingo, a las 21.39 horas hemos desfilado camino de la calle Alcalá con menos frío, sin el viento helador del otro día, algo es algo, y me he dicho, ¿por qué no junto en una entrada lo que me han parecido ambas corridas?, un 2 x 1 en toda regla con las fotos del reloj de Las Ventas como testigos de la hora que dobló el último toro/novillo.
Como les decía, la novillada de hoy ha sido, en mi opinión, una losa echada encima de las ilusiones de Sergio Sánchez, Aarón Palacios y Javier Zulueta. Deslucida y sosa, sin rastro de bravura, muy justa de fuerzas, nulas opciones a excepción del quinto, un colorado ojo de perdiz de buenas hechuras y seriedad al que Palacios se fue a recibir a porta gayola con una larga cambiada, con actitud de novillero, con esas ganas de comerse Madrid para triunfar, sin dejarse nada atrás. Novillo con mucha movilidad pero un tanto abanto, se va suelto, atiende poco a los capotes, sin demasiada entrega. Muy mal picado, fatal, en línea con lo que ha sido toda la tarde, pero que en banderillas va centrándose más para llegar a la muleta con la movilidad intacta, buen embroque aunque peor remate, reponiendo y viniéndose por dentro. Desde que tomó la muleta y se fue a los medios para plantarse de rodillas se veían las ganas y el compromiso del zaragozano. Vibrante arranque, ayudados por bajo con recorrido, máximo compromiso, para recuperar la verticalidad y trazar dos derecahzso y uno de desdén para rematar que desata la locura entre sus seguidores maños, que eran unos cuantos, por cierto, vaya si se han hecho notar. Buen concepto del toreo, colocación y mano baja como carta de presentación, un par de tandas de derechazos con buen trazo, ligando con clase aunque le haya faltado un punto más de temple y distancia para que el trasteo cobrara mayor dimensión, carencias lógicas en un novillero que a buen seguro mejorará. Pero por donde ha tomado vuelo la faena ha sido por el izquierdo, tandas de naturales superlativas enroscándose la embestida, trazo curvo con emoción y belleza, mucha hondura, rematando con unos de pecho de gran enjundia que han despertado los olés aletargados y la pasión de sus más incondicionales en los últimos compases, toreando al natural con más despaciosidad para dejar dos o tres naturales majestuosos. Los adornos finales por bajo han desprendido torería y nada ha importado que tras enterrar la espada a la primera el novillo no doblara y tuviera que ser al segundo golpe de descabello cuando lo hiciera para que afloraran los pañuelos de manera, al menos me la ha parecido, mayoritaria. Una oreja para Aarón Palacios de mucho peso aprovechando el único novillo con opciones.
Del resto de la novillada no se puede decir lo mismo. El propio Palacios lo sufrió en el segundo bis, un sobrero de mismo hierro titular que tuvo movilidad pero poco más, justo de clase y entrega, la cara alta, punteando las telas, incómodo y sin llegar a romper. Apuntó el buen concepto del toreo que después mostró pero poco más hubo. Por su parte el pacense Sergio Sánchez se topó con un lote soso y sin fuerzas con el que tan solo pudo dejar detalles de lo que puede ser su toreo. No le faltó disposición y ganas de mostrar su concepto, lo hizo con el capote en el que abría plaza, muy bueno el quite por saltilleras replicando a las verónicas de Palacios en su turno de quites, y con la muleta siempre buscó la colocación y bajar la mano, aseado, tratando de hacer las cosas bien, pero la falta de raza y empuje de sus novillos difuminó la voluntad y el empeño quedando todo a medias y sin acabar de definir. Por ponerle un pero, que quizás se haya echado de menos intentar dar un paso más y ponerle algo más de corazón a la técnica y el buen trato. Pero todo se andará, le queda tiempo. El sevillano Javier Zulueta me ha dejado buenas sensaciones con el capote, sobre todo a la verónica, templadas, jugando las muñecas con suavidad, acompasadas, sentidos saludos capoteros a sus tres novillos, el tercero, devuelto por inválido, el tercero bis, un sobrero de Montealto que parecía un toro por peso, hechuras, morrillo y barba, y el sexto, quizás en este las mejores verónicas ganando pasos, llenas de aromas. Este novillo también tuvo que ser devuelto, su invalidez era tan evidente como la de los dos anteriores que vieron el pañuelo verde, pero el presidente no mantuvo el mismo criterio y decidió mantenerlo con la consiguiente y lógica protesta. Una duda, ¿como están los corrales de novillos?, ¿hay ejemplares de garantías?, ¿hay miedo a que pase los del domingo con los dos sobreros de Chamaco?. Mejor dejemos eso para el 2 x 1 y sigamos con Zulueta. En medio de un ambiente infernal por la no devolución del sobrero tuvo que torear a un novillo exigente pero lastrado por sus mermadas condiciones físicas. Embestida seca y brusca, unas veces con entrega, otras más a su aire sin aportar continuidad. Hubo muletazos de mucha profundidad, pasándoselo por la cintura, pero faltó ritmo para levantar el vuelo dejando en el aire la sensación de que lleva mucho arte dentro que no ha podido salir a la luz por la falta de condiciones de sus oponentes. Eso fue aún más evidente con el que cerraba plaza  a un animal tardo, al que le costaba pasar, no repetía, muletazos sueltos sin ligazón posible, tan solo algunos apuntando el sabor que puede guardar el toreo del sevillano. 
Para completar esta entrada nos queda reseñar la corrida de Fuente Ymbro del domingo en la que Miguel Angel Perera tuvo en su  mano una oreja segura ante el cuarto, quien sabe si dos de haber matado bien, e incluso otra con el sobrero que tras devolverse el que abría plaza perdida por el mismo motivo, Paco Ureña se quedó a medias con un buen segundo con bastantes opciones, y Ginés Marín confirmó su madurez y lo gran torero que es, sobre todo con su poderosa mano izquierda. Como la de hoy, fue una corrida muy larga, dos horas y cuarenta y cuatro minutos que, a pesar de lo que les he reseñado, se hizo muy pesada, sobre todo por las devoluciones del primero y quinto. 
Antes de nada quiero centrarme en lo que ocurrió el domingo con los sobreros y que me parece algo impropio de la que se considera la primera plaza del mundo. Los dos ejemplares de Chamaco que saltaron al ruedo fueron idénticos, por edad, hechuras y comportamiento. Ambos ya muy cerca de los seis años, ambos hondos, con mucho volumen y a mi juicio con unos cuantos kilos de más, muy serios, eso sí, imponentes por delante, y ambos con la sensación de que sabían más que los ratones coloraos que suele decirse. Ambos eran mansos, eso puede ocurrir, pero de verdad, ¿cuanto tiempo llevaban en los corrales?. No quiero pensar mal, pero parecían muy corraleados, y eso es indigno para Madrid y más aún en pleno San Isidro. No sé lo que habrá guardado para lo que resta de feria, pero visto lo visto cualquier cosa es posible. Ojalá me equivoque.
La lección de mando y poder que dio Perera con su lote me pareció magistral. Sobre todo con le primero bis, un manso resabiado que no quería saber nada y que tenía además el peligro de los mansos, aguantó parones y derrotes bruscos, tragó lo indecible, pero firme plantándole cara sometió a base de ponerle la muleta, bajarle mano y taparle la salida para así embarcar las embestidas en derechazos y naturales que por momentos cobraron una enorme dimensión por largura y profundidad. Con el cuarto alcanzó cotas de toreo excelso por ambos pitones, con un sentido de la distancias y el temple fuera de serie. Tandas de derechazos en redondo de inmensa profundidad, ligadas en el sitio, ni un toque a las telas, los de pecho de remate sensacionales. Por el izquierdo le costó más. Cierto es que el viento le dejó descubierto en la primera tanda con la zurda y pareció que se estropeaba, pero el mando volvió a imponerse y acabó trazando naturales de una lentitud y una hondura difícil de imaginar. Faena de mucha importancia que de nos haber sido por el tremendo atasco con los aceros olía a triunfo rotundo. Pero habrá más oportunidades de verle y estoy convencido que, a poco que embistan los toros, le vamos a ver cortar orejas. 
Paco Ureña solo tuvo un toro apto en su lote. El quinto bis, otro sobrero de Chamaco de idénticas, o incluso peores, características al que le tocó a Perera, no dio la mínima opción. Es más, este quinto bis, era una alimaña con muy malas intenciones ante el que el murciano  pero nada pudo hacer. Lo malo es que con el segundo, un fuenteymbro con clase y buen tranco, se quedó a medias, creo que sin llegar a acoplarse y así poder sacar todo su fondo. Hubo algunas tandas con muletazos de calidad, ligados por bajo, derechazos profundos con emoción, pero duró poco y todo se fue diluyendo en un tono más gris sin ritmo. En definitiva, creo que ese toro se fue en tiro de mulillas con mucho sin mostrar.
Ginés Marín volvió a demostrar el momento sensacional que atraviesa y que está instalado en la parte alta del escalafón por méritos propios. Sensacional con el capote, ¡como fueron las chicuelinas a manos bajas en su turno de quites al segundo!, ¡y las verónicas de saludo al tercero!, ganando terrenos, temple y compás. Pero aún más sensacional con el toreo al natural en ese tercero, ritmo y ligazón, naturales templados, hondos, ligados con una naturalidad y una limpieza máxima, un cambio de mano eterno, algo a lo que ya nos tiene acostumbrados, además de unos remates por bajo repletos de sabor, sin olvidar las tandas por el pitón derecho llenas de poder en los primeros compases de la faena. Solo la espada le privó de un trofeo que creo hubiera sido de justicia. El que cerraba plaza no tuvo nada, deslucido a más no poder, ni un pase, pese a lo que Ginés trató de buscarle las cosquillas y trató de sacra algo, pero no había donde sacar, un toro vacío con el que lo mejor que pudo hacer fue quitárselo de en medio a la mayor brevedad, que ya se hacía muy tarde y estaba muerto de frío.
Espero que la oferta del día haya merecido la pena y el martes trece haya pasado sin sobresaltos. Será hasta mañana con la corrida de Pedraza de Yeltes, y dicen que va a llover. ¡Lo que me faltaba!, ahora que empiezo a encontrarme bien.

Antonio Vallejo

sábado, 10 de mayo de 2025

¿Para qué esperar?


 ¿Para qué esperar a más adelante para abrir la Puerta Grande si en la primera de San Isidro puedes hacerlo y así dejamos el trabajo resuelto y  al menos nos aseguramos un triunfador de la feria, no vaya a ser que en todo lo que resta vengan mal dadas? Quizás eso fue lo que el presidente debió pensar ayer a la hora de conceder, con cierta generosidad, la segunda oreja a Talavante en el cuarto de la tarde, un veleto muy serio y de buenas hechuras que en los primeros tercios escondió sus embestidas bajo una capa de movilidad suelta y desentendida, iba y venía sin demasiada fijeza, para mi desconcertante, con apuntes de entrega y bravura, pero sin tener la impresión de que pudiera romper en la muleta como lo hizo. Esa es la gran diferencia entre la ignorancia de quienes nos sentamos cómodamente en los tendidos y los que están ahí abajo vestidos de luces y mirando a la muerte cara a cara, que no vemos ni una mínima parte de lo que realmente ahí y encima nos permitimos el lujo de criticarles, con lo elegante y respetuoso que es el silencio. Talavante sí lo vio y lo entendió, nada más tomar la muleta, tenía claro los terrenos, los del 5 y el 6, las distancias y la altura, todo lo llevaba en su cabeza para dibujar con trazo fino sobre el lienzo del ruedo venteño una muy buena faena, incluso rozando la categoría de gran faena. De principio a fin, desde los primeros compases por bajo, trincherillas llenas de sabor, hasta los remates finales también por bajo, de ensueño, todo discurrió con ritmo, continuidad y naturalidad, todo fruto del temple exquisito que ayer aplicó el extremeño. Relajado, por momentos abandonado, siempre la mano muy baja, por ambos pitones, arrastrando la muleta, encajado, enroscándose el toro a la cintura en series en redondo de enorme profundidad, naturales de una hondura extrema, cambios de mano eternos, toreando siempre muy despacio, por momentos parando el tiempo, llevando cosidos los pitones a la franela, ni un enganchón, todo suavidad, rematando las tandas con majestuosos de pecho rematados a la hombrera contraria. Ni un altibajo tuvo la compacta faena, incluso diría que fue a más para alcanzar el cénit en el epílogo con trincherazos que, ahora sí, pusieron a la plaza en pie. Se tiró a matar por derecho, marcando los tiempos, enterrando la espada arriba como si fuera mantequilla, con la misma naturalidad y suavidad que toreó, un mar de pañuelos para la primera oreja y, aunque decreció algo, mayoritaria petición de la segunda oreja. Aquí viene la opinión, y cada uno tendremos la nuestra. Yo les voy a decir la mía, para algunos será acertada, para otros absurda, seguro. Siempre se ha aplicado el aforismo que una buena faena vale una oreja y la estocada otra, pero dejarlo todo a las matemáticas no es toreo, valdrá para la inteligencia artificial esa que ahora está tan de moda, con lo grande que es la inteligencia natural que Dios da al hombre. Ese aforismo podríamos aplicarlo ayer y entenderíamos que, si la espada cayó en lo alto, como parecía, bien vale el segundo trofeo. Pero resulta que mató justo en el extremo contrario a mi asiento y, a esa distancia soy incapaz de valorar si se podía discutir algo la colocación de la espada, pero sería algo de milímetros o poco más - siempre me ha parecido un tanto ridícula esa discusión - luego puedo entender la petición y la concesión de ese segundo trofeo. Ahora voy con el primero, el que según el aforismo corresponde otorgar a la faena y se concede por petición del público, y era indiscutible la petición. Llegados a este punto me imagino que se preguntarán que, si he dicho todo esto, ¿dónde está el problema o la discusión?. Pues les explico mi punto de vista, que nace de eso inexplicable que tiene el toreo y que se llama sentimiento, algo que no se puede tocar ni medir, pero que me decía que me faltaba "algo". Me gustó la faena, mucho, me gustó la estocada, en ejecución y colocación, pero  hay algo que no sé definir ni contar que me decía que al conjunto le faltó algo para llegar a desatar la pasión, esa que solo sentí en máxima expresión en los remates finales y que fue el único momento que la plaza se puso en pie y rompió en olés sentidos. Sin duda, una vez más, creo que quien mejor juzgó lo de ayer fue mi gran amigo y compañero de abono tantos años, Raúl, que dijo que para él era de oreja y media. Mejor ilustrado imposible, maestro. Eso indescifrable que sentí que faltaba es ese medio puntito para el segundo trofeo. Luego que cada uno aplique el redondeo a su gusto, los dos me parecen igual de respetables, pero personalmente me inclino por una oreja como premio, que hubiera sido de muchísimo peso y que no sabemos si va marcar el rasero del palco a la hora de conceder trofeos, por lo que puede que a partir de hoy esto lleve a brotar una crispación que en la tarde de ayer parecía ausente. Ya veremos.
Del resto de la bien presentada y seria corrida de Victoriano del Río y toros de Cortés habría que reseñar los destellos de toreo caro de Juan Ortega al tercero, un toro con nobleza y fondo de clase pero justo fuerzas y escasa duración, al que recibió a la verónica con temple y más expresión que profundidad y que en la muleta tan solo le permitió expresar su toreo en un par de tandas por el derecho desbordantes de temple y sentimiento, Sevilla en su máxima expresión, pero se quedó en eso, detalles. Nada pudo lucir por el imposible pitón izquierdo, como tampoco pudo lucir ante el enorme quinto, un trolebús de 640 Kg que no tenía nada, ni clase ni entrega, absolutamente imposible. Sí destacar al sevillano en la réplica al quite por verónicas de Talavante en el tercero, por chicuelinas a manos bajas, ceñidas y garbosas, repletas de aromas de azahar, poco más pudo brindar Ortega con lo que tuvo delante. Cariñosas palmas en el tercero y silencio en el sexto como balance final.
Por su parte, el confirmante Clemente, me dejó buenas sensaciones, firmeza y valor, disposición y buenas maneras, tratando de hacerlo todo bien, con las ideas claras, buscando la colocación, sacando muletazos en redondo con empaque y profundidad al complicado toro de su confirmación, plantándole la muleta planchada, siempre buscando llevarlo por bajo, buen sentido del temple, también aguantando parones y alguna que otra colada, tragando también ante el peligroso sexto ante el que poco más que demostrar disposición pudo hacer. Obtuvo ovación de reconocimiento en le primero y respetuoso silencio en el sexto.
Después de contado todo esto y como podrán imaginar quienes conozcan esta plaza de Las Ventas, hubo discusión durante y tras la vuelta al ruedo de Talavante con los dos trofeos cortados al cuarto y desde el 7 se escucharon los primeros gritos de la feria contra el palco por su generosidad o por ceder ante la petición, eso es opinable. Tienen derecho y, más que probablemente a mi entender, razón para protestar la decisión. Además lo hicieron en su momento y de manera correcta, nada se les puede ni debe objetar en su comportamiento en la tarde de ayer, impecable de principio a fin, las cosas como son. Salvo uno, que vino a la plaza con la idea de dar la nota y buscar su segundo de gloria, al que no se le ocurrió otra cosa que, segundos antes de que entrara a matar Talavante, soltar su grito preparado desde casa: "¡empieza a torear!". Por desgracia siempre cabe un tonto más en esta plaza. ¿Para qué esperar a otro día si podía hacer el ridículo el primero y dejar los deberes hechos para todo lo que resta?, debió pensar el individuo.

Antonio Vallejo

lunes, 10 de marzo de 2025

Ortega, Talavante y Adrián, temple, pureza y verdad

Un año más, una temporada más, a la que ayer abrí las puertas junto a un grupo de inmejorables amigos que hemos hecho de esta Feria del Milagro de Illescas  una tradición que disfrutamos con una buena comida y una mejor sobremesa para llegar a la plaza con muchas, muchísimas, ganas de ver toros. Ya se hacía largo desde aquel12 de octubre en el que dijimos adiós a la pasada temporada, así somos, no tenemos arreglo, nos gusta mucho, que le vamos a hacer, es nuestra Fiesta, es nuestra afición y la llevamos muy dentro. Y a juzgar por el extraordinario aspecto de los tendidos, lleno, pude contar una veintena de asiento vacíos, fuimos muchos los que teníamos el mismo sentimiento. Vamos, que los toros no interesan, o eso dicen algunos personajillos como ese instalado en un ministerio como el de incultura, ese ejemplar cuyo encaste y procedencia conocemos bien y que, a pesar de eso, chupa del bote y cobra del dinero de los españoles. Su nombre de pila ni lo recuerdo ni me importa, pero se apellida Urtasun, que en vascuence debe significar algo así como "el que no sabe quien es su padre", cuyo odio visceral a España - repito, de la que vive a cuerpo de rey - le ciega en sus intentos por eliminar la tauromaquia haciendo cosas tan ridículas como expulsarla de los premios y medallas a las artes que cada año convoca. Como si eso nos hiciera daño, ni el mínimo rasguño. Su pretendido desprecio es el mayor aprecio y, al menos para mi, no participar de ese mundo que llaman "del arte" y de "la cultura" - salvo honrosas excepciones todos comunistas millonarios que han hecho fortuna la mayoría de las veces por las descomunales subvenciones públicas para poder realizar sus panfletos - es un honor. El toreo es mucho más que todos ellos juntos, sus valores son inalcanzables para ellos. De hecho ya se han convocado otros de más prestigio y valor que los de ese ministro de tres al cuarto. Ya lo he dicho muchas veces pero lo repetiré al menos otras tantas más, este sujeto pasará y quedará en el olvido absoluto, pero  nuestra Fiesta seguirá, y tendremos una temporada 2025, y 2026, y 2027, y 2028, y 2029... y así hasta el fin de los días, porque el toreo es eterno, les duela donde les duela. 
De recordárselo se encargaron ayer sábado José maría Manzanares, Alejandro Talavante, Fernando Adrián y Juan Ortega, también lo hicieron Castella y Emilio de Justo en Valdemorillo hace un mes, hoy mismo repiten Talavante y Ortega en Olivenza, donde ayer iba a haber hecho lo propio Morante, solo la lluvia lo impidió, esta mañana ha sido  Olga Casado la que ha hecho soñar el toreo en esa misma plaza, esta semana serán quienes hagan el paseíllo en Fallas, luego en la Magdalena de Castellón, y vendrá Sevilla, y Madrid, Bilbao, Pamplona...y casi todas las ciudades y pueblos nuestra geografía a la que, por algo será se conoce como la piel de toro. Así que, señores, empecemos a soñar, ¡que esto no hay quien lo pare!.
Cuando se anunció esta corrida se la calificó como "monstruo". Nada menos que ocho toros, cuatro de Luis Algarra y cuatro de Daniel Ruíz,  una barbaridad, sinceramente, demasiado larga, es lo primero que pensamos. Pero, ¿quién no iba a sacar entradas si se anunciaban Manzanares, Talavante, Adrián y Ortega?. Nosotros lo teníamos claro, había que estar allí, no íbamos a perdérnosla. Claro, por aquel entonces no podíamos ni imaginar la tarde que iba a hacer. Lluvia incesante, viento y frío, desapacible a más no poder, y eso que la plaza de Illescas es cubierta y cómoda, pero los continuos aguaceros invitaban a quedarse en casa. Ni en broma, ninguno nos lo pensamos, allá que fuimos para llenar la plaza y, al final, encontrarnos con otra lluvia dentro, de orejas, seis en total. Y de antemano ya lo digo, no voy a juzgar si las orejas fueron justas o generosas, si el ambiente festivo influyó para no poner freno a la alegría a la hora de la petición de trofeos, si el presidente hizo bien o mal, porque no debemos olvidar que esto es una Fiesta, a la que se debe ir a disfrutar, no a cabrearse constantemente y sacar punta a todo. Así que, por mi parte, bienvenido el diluvio de emoción y diversión que vivimos.
Ocho toros desiguales de hechuras y de presencia, destacando a mi modo de ver el primero, un castaño muy serio, abrochado de pitones, con trapío más que suficiente para una plaza de tercera, el sexto, hondo y cuajado, badanudo, con mucho morrillo y caja, y el séptimo, un precioso colorado ojo de perdiz armónico y serio, bellísima lámina. El resto, excepto el cuarto, anovillado y muy justito de presencia y seriedad incluso para esta plaza, correctos, sin más. Y por juego hubo tres, tercero, cuarto y sexto con mucha clase y nobleza, además de fijeza y entrega y que permitieron el triunfo de Talavante, Ortega y Adrián. Deslucido y con muy pocas opciones el lote de Manzanares, con poco motor el segundo y séptimo e inválidos el octavo y octavo bis, que también debió haber sido devuelto pero que por la hora que era ya entre unos y otros decidieron mantenerlo en la plaza, no parecía que tuvieran ganas de alargar más el festejo.
Fue curiosamente en la mitad del festejo, con el cuarto, el de perores hechuras y presencia pero el de mayor calidad, nobleza, entrega y humillación cuando llegaron los momentos de mayor emoción y sentimiento de la tarde. No quiero imaginarme lo que hubiera sido si ese toro hubiera tenido unos cuantos kilos más y mayor seriedad por delante, probablemente estaríamos hablando de una de las posible faenas de la temporada, lo que no impide que califique de obra maestra el toreo de Juan Ortega al de Daniel Ruíz, pero hay que reconocer que el escaso trapío lo condiciona. De principio a fin fue una lección magistral de temple y torería, toreando muy, muy, muy despacio, deteniendo el tiempo, ya desde el ramillete de verónicas da saludo, templadas y cadenciosas, aromas de azahar, sabor a abril sevillano que inundó el ruedo en la muleta. Toreo eterno y caro, temple sublime, los pitones cosidos a la muleta, siempre en el sitio, congelando las agujas del reloj, cada muletazo un crujido, desde los ayudados por alto con los que abrió la faena, los pases por bajo andándole hacia los medios, los derechazos y naturales ligados por bajo, inmensos, tan lentos y largos que parecían que se iban a parar y que nunca iban a acabar, como uno de pecho sin fin, una locura, y un par de  cambios de mano genuflexo  eternos, de una belleza y un sentimiento sobrenatural, de los que te parten en dos. Y el toro humillando y repitiendo, con enorme clase y nobleza, entregados ambos, pasión desbordada en una plaza puesta en pie que se dejó las palmas en los ayudados y remates por bajo con los que abrochó su lección magistral dejándonos ese regusto imborrable del toreo que nunca muere. Una media en buen sitio suficiente para pasaportar al de Daniel Ruiz  y llenar los tendidos de pañuelos pidiendo las dos orejas, a lo que el palco no puso objeción, y me parece perfecto. Con el que cerraba plaza, un inválido que tuvo que ser devuelto, y el sobrero que hizo octavo bis, otro inválido que también tuvo que haber sido devuelto, ya lo comenté antes, nada hubo, ni tan siquiera ganas de sacar el pañuelo verde y hacer lo que había que hacer, pero era tarde, se estaba haciendo largo, fuera llovía, se había dio ya parte del público... En fin, que entre unos y otros, cada uno con su parte de responsabilidad,  optaron por abreviar.
Ya en el tercero había comenzado la lluvia de orejas, un toro de Algarra que salió con muchos pies, y al que Fernando Adrián recibió con dos faroles de rodillas y unas verónicas muy templadas echando los vuelos para enganchar la embestida muy alante y llevarlo acunado con mucha largura, sensacionales, y un quite del propio matador por saltilleras y gaoneras ajustadas, tanto que en una se le va recto y casi prende al madrileñoe, con las que puso la plaza en ebullición. Más decisión, más valor, mas entrega y más verdad no pudo poner ni se le puede pedir a Adrián, que tendrá sus defectos, como todos, pero cuyas virtudes superaron a todo. Plantado de rodillas entre las rayas del tercio inicia la faena con dos cambiados por la espalda de los que cortan la respiración para posteriormente sacar lo mejor del toro por el pitón derecho en series templadas y ligadas con calidad y largura, si bien en algunos momentos faltó un poco de acople, más evidente por el pitón izquierdo por el que de Algarra iba más corto y algo gazapón, obligándole a perder pasos desluciendo el conjunto. Con el toro ya más pagado no dudó en acortar distancias y meterse entre los pitones para robar los últimos muletazos con la diestra con total entrega. Fulmina al toro con una entera algo caída volcándose sin miedo a nada, lo que no es obstáculo para que el público pida las dos orejas y el palco las conceda. Deslucido e incómodo el séptimo, tan solo en  las verónicas de saludo se entregó algo, en la muleta pasaba sin más, sin emoción, además de quedarse corto obligando a Adrián a perder pasos, sin demasiada reunión y todo algo deslabazado. Lo intentó todo, por ambos pitones, pero aquello no acababa de despegar, ni siquiera cuando acortó distancias arriesgando y tragando en algunos parones. Voluntad y verdad, muy digno el madrileño hasta el final por bernadinas, algo embarulladas, pero más no se le puede pedir, lo dio todo.
Fue el sexto el de más volumen de la corrida, con movilidad y fijeza en las verónicas de saludo, humillando y metiendo bien la cara en el capote de Talavante, si bien echaba las manos por delante y su recorrido no era especialmente largo. Vibrante el prólogo de faena, genuflexo, muletazos por bajo corriendo bien la mano, llevándolo en largo, y el toro repite y humilla para rematar con un cambio de mano excelso y uno de pecho sensacional. Magníficas las tandas por el pitón derecho, mucho temple y profundidad, acoplado, llevando cosida la embestida, ligazón y ritmo, mucha pureza en cada pase, y el toro repitiendo y humillando con clase y nobleza. Menos clara y limpia fue la embestida por el izquierdo, menos ritmo, aunque algunos naturales sueltos tuvieron su aquel pero el conjunto no alcanzó el nivel anterior. Con el toro a menos sacó a relucir técnica y oficio, recursos de veterano, acortando las distancias, circulares, cambios de mano, muy vertical y estático, pasándose los pitones por ambos lados para cerrar con manoletinas ceñidas sin inmutarse y hundir la espada hasta la yema para cobrar dos trofeos que contribuyen a la lluvia de orejas de la tarde. Con el que había hecho segundo pocas opciones tuvo el extremeño, tan solo las verónicas templadísimas a pies juntos llenas de sabor con las que lanceó de recibo y un par de series al natural con hondura y calidad, pero nada más tuvo el de Luis Algarra, con muy pocas fuerzas y poder, pasando sin más, sin emoción alguna.
Algo similar le ocurrió a Manzanares con su lote, de largo el peor de todos. Dos toros sin fondo que no se prestaron a nada, sin entrega, a los que el alicantino cuidó y mimó en cada pase, sin obligarles, dándoles pausas para que recobraran el aliento, pero ni por esas. Pulcro y aseado, haciéndoles lo que se podía hacer a favor y ni por esas. Los probó y lo intentó, pero de donde no hay no se puede sacar, y así lo entendimos quienes estábamos en la plaza. Como muestra las dos ovaciones de reconocimiento al esfuerzo por tratar de lucir algo, misión imposible.


Antonio Vallejo



domingo, 13 de octubre de 2024

Sublimar el toreo al natural

Dice el diccionario de la R.A.E que sublimar el elevar algo a alguien a un grado moral o estético superior. No encuentro mejor forma de resumirles lo que en el día de la Fiesta Nacional vivimos en Las Ventas. Miguel Ángel Perera, Emilio de Justo, Victorino Martín y el Arte han alcanzado ese grado que yo considero supremo  en el que los sentimientos y la emoción han emanado de la mágica comunión entre toros y toreros para elevar el toreo al natural a una dimensión sobrenatural. Así ha sido, tres faenas en las que la belleza ha nacido fruto de la verdad, estética y moral, eso es la Tauromaquia, su pureza y su valor, algo que solo personajes mezquinos como Urtasun son incapaces de reconocer, y no por ignorancia, sería perdonable, sino por odio, algo deleznable. Y todo al natural.

Gran corrida la encajonada por Victorino Martín para esta fecha tan significativa. Un negro y seis cárdenos de excelente presentación, de enorme seriedad e imponente presencia, veletos y astifinos, que, salvo primero y quinto, además han dado un juego excelente sin olvidar su origen, siempre respondiendo a su sangre Albaserrada. Toros exigentes, sin conceder nada, a los que había que hacerles las cosas muy bien porque su instinto y su sentido no permitía el mínimo despiste, no digo ya el mínimo fallo, sabían lo que dejaban detrás, por el mínimo resquicio asomaban sus puntas con riesgo y peligro pero cuando se entregaban lo hacían con todo, empleándose, humillando, el hocico marcando surcos en  la mojada arena de La Monumental, persiguiendo la tela con celo, pelea de bravos. Sublime el ganadero - estética en las hechuras, moral en la honestidad con la que cría y elige sus toros - elevado hoy a un grado superior.

Y sublimes Perera y de Justo, la moral su entrega y la estética su arte, para desbordar la pasión, oleadas de sentimientos que solo con esta afición se pueden alcanzar. Para mi esta es la grandeza del toreo, lo he repetido mil veces, no los números ni las medidas, no una oreja más o menos, todo eso me da igual cuando se vive una tarde como la de ayer. Dejarse llevar, abandonarse sin pensar que pueda existir algo más en la vida, vibrar y sentir el escalofrío de la emoción, eso es lo más maravilloso del mundo, y eso lo consigue el toreo, algo único e imposible de borrar de la memoria. Los datos se olvidan, la ilusión es eterna, y una tarde de toros como la de este 12 de octubre es eso, ilusión para seguir soñando. 

No era precisamente para soñar el primero. No por sus líneas, preciosas, ni sus pitones, un desafío, un tanto abanto de salida, poca fijeza en el capote de Perera que lo para y lo fija echándole el capote a la cara y abajo, andándole hacia atrás hacia los medios, lidiando, en definitiva, fundamento del toreo. Sin emplearse en el caballo, se duerme en el peto y a la muleta llega justo de fuerzas y entrega, cara a media altura, punteando las telas, escaso recorrido, reponiendo y revolviéndose con  peligro, fiel a su encaste, incómodo, obligando a perder pasos, deslucido por ambos pitones. Pulcro y con una técnica indiscutible, a media altura, con enorme tacto, trato exquisito, ni una brusquedad, saca el pacense lo poco que lleva dentro, un par de series en redondo con la mano más baja pero de poca trasmisión, poco más se podía hacer. Peor lo tuvo en el quinto, extraordinarias hechuras pero nada más, apuntando querencia desde salida, sin decir nada, soso y deslucido de principio a fin. De nuevo técnica y aseo en el trasteo con la muleta a media altura, obligándole a pasar pero cero emoción, imposible. Una lástima que estos dos toros bajaran el gran nivel de la corrida de Victorino porque entre medias  había cortado Perera una oreja de peso al que hacía tercero, un cárdeno cornipaso impresionante, proporcionado y reunido, para enamorarse de sus hechuras, armonía y belleza en su máxima expresión, alegre y con movilidad de salida, humilla y repite en el capote con clase, verónicas templadas, cadenciosas, ritmo y compás, una por el pitón derecho a manos bajas lentísima, acompañando con la cadera, y una media de cartel para abrochar. Primeros compases de faena con la diestra, primero toreando a su favor, tanteando la buena embestida, después poder y mando en la muleta, baja la mano y embarca al albaserrada en un par de tandas profundas y ligadas, con clase y emoción que, como era de esperar, los habituales recriminaron por colocación porque no había otra cosa que criticar.  Y eso tampoco se podía criticar, porque si algo fue evidente es que el victorino se entregaba mucho más cuando el trazo no era curvo, lo que supone estar un poco al hilo, que a su vez conlleva más exposición en el embroque. Pero la ceguera del odio lleva a no ver lo evidente. Con esas premisas cambió de pitón, y con la zurda surgió un Perera imperial con un toreo al natural superlativo. Temple, hondura y ligazón, emoción desatada, toreo de muchos quilates, carísimo, series de locura, todo por bajo, pases eternos, todo muy despacio, por momentos a la mexicana, jugando las muñecas con suavidad, acariciando cada embestida, ni una brusquedad, los de pecho sensacionales, ligando uno y otro por ambos pitones con un cambio de mano celestial. Y el victorino, sublime, metiendo la cara, hipnotizado en la muleta, pero también con raza, sin conceder nada, pedía hacerlo todo bien, y Perera lo hizo. Para culminar una serie rotunda de poder y mando en redondo que puso a la plaza en pie y, una vez más, desnudó y dejó al aire las vergüenzas de los de siempre. Se tira a matar por derecho, recto, enterrando el acero hasta la yema, ¿algo traserita y tendida?, puede, poco me importa, el toro se tragó la muerte, la boca cerrada, minutos eternos, muerto en pie, dos avisos, el tiempo corría, puede que pasaran dos minutos, los habituales se reconvirtieron a cronometadores oficiales y se impacientaban porque el presidente no sacaba el pañuelo para el tercer aviso, era su ilusión. Pero lo siento, mala suerte, por una vez reinó la cordura y puede que pasaran los dos minutos reglamentarios, quizás fueron treinta, cincuenta segundos, o un minuto, me da igual. El toro por fin dobló y los pañuelos inundaron los tendidos. Oreja sin ninguna discusión. Señores, esto es arte, y no se mide por unos segundos de más. A ningún pintor se le exige que pinte un cuadro en equis minutos, lo que se le exige es una obra de arte. Y eso fue el toreo al natural de Miguel Angel Perera en el tercero, arte y emoción en su máxima expresión, una locura. 

Emilio de Justo lo tenía todo a favor, en la tarde de ayer desde la ovación tras romperse el paseíllo que saludó junto a Perera y que los habituales silbaron porque solo querían ver al cacereño, que es uno de "sus toreros", al menos de momento, ya veremos cuando decidan lo contrario, es la historia interminable. Una ovación a dos matadores que, junto a Roca Rey  Daniel Luque, creo que han sido los que han llevado el peso de la temporada. También a favor tuvo sus tres toros, magníficos, los tres de triunfo, pero con un matiz muy importante, que cuarto y sexto fueron tan buenos porque de Justo los hizo buenos. Estoy seguro que en otras muchas manos del escalafón hubieran pasado sin pena ni gloria, y fue la magistral capacidad de ver el fondo que llevaban guardado esos victorinos, la magistral capacidad para entender lo que pedían y la magistral capacidad para plasmarlo en muletazos de un trazo divino, las que hicieron que la tarde de Emilio fuera de triunfo rotundo. Sí, triunfo rotundo aunque "solo" cortara una oreja, aún sabiendo que perfectamente podía haberse llevado al esportón 3 ó 4 de no haber tenido tan mala suerte con la espada. Pero una vez más me da igual porque  desde el primer quite por chicuelinas a manos bajas ajustadísimas en el que abría plaza, la sensacional brega en el saludo capotero al exigente segundo andándole hacia atrás para fijarlo en los medios, los delantales maravillosos por templados y armoniosos en el quite al tercero, las tres faenas de muleta, sencillamente antológicas, hasta la última estocada todo ha sido un caudal interminable de emoción y pasión, vibrando con cada pase, disfrutando de la infinita belleza de un toreo carísimo que llega hasta los últimos rincones del alma y se queda ahí para siempre, el toreo eterno. No concedía nada el segundo, encastado y exigente, con mucho carácter, se quedaba en el capote, lo vio de Justo y bregó con una maestría y una estética superlativa, andándole hacia atrás, echándole el capote abajo, llevándolo cosido a la tela, enseña´ndole a embestir, para rematar con una media de cartel. Toro con buen tranco que completó una muy buena pelea en el caballo, metiendo los riñones y hundiendo la cara en las profundidades del peto y que en banderillas mantuvo ese magnífico son para que Juan José Domínguez y Pérez Valcarce cuajaran un extraordinario tercio, de poder a poder, exponiendo una barbaridad, cuadrando y reuniendo entre los pitones para dejar los rehiletes colocados con una pureza y una verdad máxima. Doblones con torería y una serie extraordinaria con la diestra para arrancar, echando la muleta alante, embroque poderoso, trazo firme, rotundo, ligando en el sitio, muletazos de mucha emoción, con olés roncos que hacían pensar en algo grande. Pero estos toros saben todo, tienen un sentido más que desarrollado y sacan su instinto. Así fue, cambió y comenzó a reponer, cada vez más corto, obligando a perder pasos a de Justo y buscar el pitón contrario, una lucha sin cuartel, ni un segundo de respiro, se palpaba el riesgo, se vencía el animal y sabía donde buscar carne. Mucha verdad y exposición del cacereño reconocida por los tendidos, se la jugó de verdad y supo imponerse a la exigencia del toro por ambos pitones. Iba para oreja, seguro, pero la mala fortuna con la espada se lo privó. El cuarto, otro veleto imponente, saltó frenándose en los capotes, rebrincado, echando la cara arriba, sin emplearse en el caballo, esperando en banderillas para luego hacer hilo, pares de mucha exposición y valor por parte de Abraham Neiro "EL Algabeño" y Pérez Valcarce, fuertemente ovacionados. Nada hacía pensar lo que iba a ocurrir en la muleta, es más, no dábamos un duro por ese toro, seamos sinceros. Una vez más nos equivocamos y de Justo nos dio una lección magistral de lo que es entender a un toro y someterlo. En el tercio le puso la muleta adelantada, un toque y el toro responde, magnífico tranco, embroque sensacional y un trazo de los muletazos solo al alcance de los superdotados para esta empresa. ¡Vaya series en redondo!, muletazos largos, profundos y ligados, ritmo y  continuidad, todo por bajo, templando la embestida y tirando del toro con magisterio, perdiendo el paso necesario para estar colocado ante un toro que también pedía mucho y sabía lo que dejaba atrás, tanto que en una de esas repone y se echa a Emilio a los lomos. Susto gordo pero sin más. Y de ahí, envalentonado, al natural, desafiando al pitón izquierdo, a pies juntos, dando el pecho, encajado, metiendo los riñones, pasándose al albaserrada por la barriga, muletazos para morirse, ni sé las series que le pegó, todas de una emoción arrebatadora, naturales de máxima expresión con la plaza totalmente entregada. Torería en el epílogo por bajo, trincherazos rebosantes de aromas que presagiaban al menos una oreja que no pudo ser por la espada. Quedaba el sexto, tenía que ser lo que no había podido ser en los anteriores, algo a todas luces inmerecido. Un toro de enorme volumen, 590 Kg, alto y largo, incluso me atrevería a decir que demasiado para la imagen que tengo de los albaserradas. Y serio hasta decir basta, menudas mazorcas y menuda puntas, tremendo. Humilló en el capote, pero se revolvía y reponía, corto recorrido y algo suelto en el ramillete de enclasadas verónicas, templadas y pausadas, que recetó de Justo, rematadas con una media de cartel. Sin emplearse en varas y sin fijeza en banderillas llegó a la muleta dejándonos con las mismas sensaciones del cuarto, poco dábamos por su juego...pero vistos los antecedentes todo era posible, así lo comentamos en el tendido, sin sospechar que lo que nos esperaba era una auténtica obra de arte, el mejor toreo que uno pueda soñar. Fueron portentosas las primeras series en redondo, la muleta planchada, adelantada para aprovechar el sensacional embroque del victorino y tirar de la embestida en recto, largo recorrido, la mano muy baja, derechazos profundos ligados con un ritmo embriagador, la emoción desatada y la plaza en pie. Nada comparado con los naturales, encajado, roto diría yo, de frente, los pies juntos, los riñones adentro, embraguetado, temple extremo, muy despacio, entrega absoluta de ambos, Emilio y Director, algo mágico. Faena perfectamente medida, de esas de veinte muletazos, ¡para que más si todos fueron de una profundidad abisal y una bellísima factura!, para poner a la plaza en pie y mantenerla así hasta el momento de la suerte suprema, totalmente entregada al maestro en el final por bajo, flexionado, tarzo largo, templado, trincherazos de crujir, los pelos de punta, éxtasis absoluto. Se tiró a matar con todo, estoconazo hasta la bola arriba, estallido de alegría, delirio, y, como en el segundo, Director con la boca cerrada, como todos sus hermanos, tragándose la muerte, minutos interminables, no doblaba, hasta que Emilio de Justo tuvo que tomar el verduguillo y, de certero golpe, pasaportó al gran victorino. Una oreja unánime en su petición que puso punto final a la corrida y a toda la temporada y que nos hizo salir de La Monumental con el alma torera que todos los aficionados llevamos dentro repleta de ilusión y sueños para la próxima que, por muchas trampas y trabas que nos pongan por el camino y pese a quien le pese, vendrá, y volveremos a sentir la emoción de este arte que es parte esencial de nuestras raíces, nuestra tradición y nuestra manera de ser. Ha sido en un 12 de octubre, día de nuestra Fiesta Nacional, precisamente de la mano de dos extremeños que 532 años después de la mayor gesta que la humanidad haya conocido, el descubrimiento de América, han honrado tal efeméride y, al igual que sus antepasados conquistadores extremeños, han alcanzado la gloria, con su toreo, y al natural, sublime.

Antonio Vallejo

lunes, 7 de octubre de 2024

Dura y exigente corrida en medio de una hostilidad insoportable


 Tremenda la corrida que Ricardo Gallardo ha enlotado para la tarde de hoy en el cierre de la Feria de Otoño. Impecable presentación, magníficas y parejas hechuras, enorme presencia y una seriedad imponente, todos terroríficamente astifinos, auténticos puñales que apuntaban al cielo. Y al igual que tantas veces hemos tenido que hablar de mucha fachada y poco contenido hoy tenemos que cambiar el guión y añadir y destacar el juego que han dado los fuenteymbros, más que notable. Una corrida con raza y encastada,  dura y con muchas complicaciones, muy exigente, ante la que había que estar muy firme, de esas de echar la moneda e ir a por todas, cara o cruz, de las que, como reza el dicho taurino, te piden el carnet. Una corrida en la que a lo largo de la tarde han podido aflorar multitud de sensaciones, sentimientos, estados de ánimo o como queramos llamarlo. En esta tarde ha tenido cabida la emoción, el miedo, los sustos, la alegría, el desencanto, la rabia, el cabreo, la discusión, la bronca, el escándalo, la vergüenza y ni sé cuantas cosas más en cada uno de los 24.000 aficionados que hemos llenado Las Ventas hasta colgar el "no hay billetes". Todo ha cabido menos el aburrimiento, ese enemigo del toreo que tanto nos duele se ha visto desterrado y no ha tenido ni una rendija para colarse. Del primero al último de los lidiados ha sido una montaña rusa sin respiro. Si no era por el interesante juego de los toros era por el valor, la decisión y la entrega de los tres matadores. Y  si hubiera faltado algo de eso ya se ha encargado esa minoría de los reventadores del 7 alto de organizar su show y desatar una bronca entre ellos y la inmensa, casi totalidad, de la plaza y que no ha terminado en pelea de milagro. Creo que no exagero si les digo que han estado a muy poco de llegar a las manos, los ánimos estaban muy encendidos, y la plaza hoy ha dicho basta ya y que estamos hartos de la intransigencia y  la imposición de unos pocos, los veinte o treinta de todos los días. Gritos de "fuera, fuera", cada vez con más decibelios y que iban dando paso a insultos y recuerdos a los progenitores de unos y otros. ¿Motivo?. Muy sencillo, toreaba Roca Rey, su fóbico argumento, ¡qué triste!,  y había que ir a por él, daba igual lo que hiciera, la consigna la traían clara de casa, había que reprocharle todo desde el principio, hostilidad insoportable, lo sabíamos, son muy maleducados, previsibles y cansinos, pero hoy han llegado a cotas insufribles, indignas de un aficionado al toreo, uno de cuyos valores fundamentales es el RESPETO, al toro y al hombre que se juega la vida ante él. Y como tantas veces demuestran no tener ese respeto sólo puedo concluir que no respetan al toreo y que llamarles aficionados no es posible. No sé lo que será, pero aficionados no...y sabios menos, porque la cagan una y otra vez.
Todo ha ocurrido, no podía ser de otra manera, durante la lidia del que hacía segundo, el primero de Roca Rey, al que paró y enceló en el capote andándole hacia atrás con enorme mando para sacarlo a los medios y rematar con una media de lujo. Ya en varas empezó el run run y los pitos por parte del sector revientafaenas al no acertar Sergio Molina en el primer puyazo tras la arrancada del toro muy en largo como un obús y posteriormente dejar un segundo muy medido de castigo. Pedían otra entrada más al peto y se cambió. el tercio a petición de Roca Rey que, les recuerdo a los sabios, SIEMPRE deja cruditos a sus toros en este tercio, y eso es algo perfectamente lícito mientras entre al menos dos veces al caballo, como indica el reglamento. No sé si enredados más en molestar al peruano que a atender lo que pasaba se perdieron el extraordinario tercio de banderillas que Francisco Durán "Viruta" y Paquito Algaba, tres pares resueltos con uno oficio y una facilidad pasmosa reuniendo y clavando en la cara con mucha pureza aprovechando la movilidad y el buen tranco del toro, condiciones que mantuvo en la muleta y que aportaron transmisión y emoción en una faena de cara o cruz. De rodillas se plantó Roca Rey tras brindar al público para hilvanar tres derechazos largos y un cambiado por la espalda vertiginoso pasándose los pitones a milímetros del bordado de la chaquetilla, espeluznante e incorporarse para dibujar un derechazo profundo y uno bueno de pecho. Mucho mando y poder en las primeras tandas reunidas con la diestra, asentado, la mano muy baja y trazo largo, exponiendo mucho ya que el fuenteymbro se venía por dentro y tendía a puntear.  Y empezaron las hostilidades, que si la colocación, que si estaba más o menos fuera al ligar el segundo o tercer muletazo, otro listo que cuando llevaba unos 15 ó 20 muletazos dados le gritó "¿cuando empiezas?", en fin, lo de siempre. Por el izquierdo no iba, se vencía y avisaba con peligro, le puso la muleta, dibujó los naturales con mucha exposición, apretando, sin guardarse nada, enorme valor y mérito además de poder. De nuevo con la diestra otra serie rotunda por bajo hasta que quedó descubierto al ir a ejecutar el de pecho por no rectificar y desdibujar la ligazón. Ahí le prendió de la hombrera, del brazo, del pecho, de la espalda, ni idea, aquellos segundos con Roca Rey a merced del toro resultaba interminables y angustiosos, daba la impresión que le podía haber corneado en cualquier parte. Y fue tras voltearle cuando los afilados pitones traspasaron como si fuera mantequilla la región glútea y el muslo dejando dos cornadas de 15 cm cada una. Y ahí se montó la marimorena, la plaza en pie abroncado a la minoría reventadora, y los otros respondiendo, y cada vez subía más el tono y los insultos, lamentable, no por la mayoría que hizo perfectamente, ¡basta ya!, sino por la chulería y prepotencia de los sabios, una vez más puestos en evidencia. Aturdido y cojeando volvió enrabietado a la cara del toro, se fue a los terrenos del 7 y dio una lección de pundonor y hombría con unos derechazos muy apretados antes de pasaportar al toro con una entera arriba al segundo intento volcándose sin miedo a nada. Flamear de pañuelos y una oreja de enorme valor para mi sin discusión posible, me da igual la espada a la segunda, hace falta ser mezquino para valorar eso antes que todo lo que Roca Rey había hecho. 
Paco Ureña tuvo pocas opciones con el que abría plaza, el más voluminoso, 617 Kg, que para mi gusto desentonó un poco frente a la armonía del resto. Ojo, era un torazo, pero si los otros cinco eran todos tan parejos de peso, solo 12 Kg entre el de menos y más peso, ¿no había otro que redondeara la excelente presentación?. Pero bueno, eso es solo mi opinión basada en mi gusto. Y lo malo es que los kilos pesaron, le faltaba fuelle para moverlos, además de más raza y celo. Más bien desentendido y tardo desde el capote, con poco recorrido en la muleta y escasa transmisión. Lo intentó el murciano, algunos derechazos y naturales sueltos tuvieron cierta enjundia, pero no daba para más. Menos aún dio el que cerró plaza y que tuvo que estoquear Ureña ya que Roca Rey fue operado en la propia enfermería y, evidentemente, no pudo salir a matar este que hacía quinto en el orden de lidia. Un manso de solemnidad que no tuvo ni medio pase, ni una gota de movilidad, ni nada de nada. El espectáculo en banderillas fue realmente bochornoso, un marmolillo que no se movía nada, colocando las banderillas de una en una y de mala manera, horrible. Ureña hizo lo único que se podía hacer, machetear por bajo, a matar y sanseacabó. Otra historia muy distinta fue el cuarto, bravo y con entrega, el mejor del encierro, seguro, aunque en el capote escondió sus virtudes, no mostraba mucho celo, pero que dejó entrever su fondo en una arrancada galopando en largo al caballo que montaba Juan Melgar que agarró un muy buen puyazo.Tras los ayudados por alto y un remate por bajo con sabor tomó la muleta con la zurda para componer los mejores trazos de su faena aprovechando ese gran pitón que tenía el animal. Series compactas y hondas, naturales de mucho calado, muy encajado, dándole el pecho, la mano muy baja, coreadas con olés roncos, enorme transmisión. Por el derecho le cuesta algo más, recorrido más corto y tiende a puntear los engaños, pero firme el de Lorca, lo embarca en redondos de mérito aunque el ritmo no es el mismo, por lo que vuelve al pitón bueno y epiloga la faena con naturales sueltos ante la venida a menos del fuenteymbro, de uno en uno, de frente, a pies juntos, la mano baja, enorme hondura, y los olés acompañando cada pase. Lástima que la entera caída emborronara lo que estoy convencido que iba para oreja, pero al final quedó en una fuerte ovación recogida desde el tercio.
No ha podido dejar mejor sabor de boca Víctor Hernández con su actuación esta tarde. Dejó muy clara su decisión en el quite al segundo, gaoneras ajustadísimas de mucho riesgo, impasible, y con el saludo capotero al tercero, variado y vistoso, verónicas mezcladas con saltilleras y caleserinas. Esa decisión la mantuvo en la muleta, siempre bien colocado, todo queriéndolo hacer por bajo y templado, toreo despacioso, buen trazo, derechazos profundos, un trincherazo y uno de desdén sublimes, repletos de aroma a toreo eterno, naturales hondos, ligados por bajo, también sabiendo aguantar algunas brusquedades de un toro cuya mayor virtud era la movilidad aunque quizá le faltaba un poco de raza y buscaba la salida a tablas. Mucho mérito del madrileño al taparle la salida dejándole la muleta puesta y ligar las series con mucha suavidad. En los compases finales se echó la muleta a la espalda y en el primer muletazo se lo llevó por delante y se lo echó a los lomos, otro susto afortunadamente sin consecuencias. Luego las bernadinas muy ceñidas para calentar el ambiente y dejarlo a punto para la estocada, entera y efectiva aunque algo tendida, fueron argumento suficiente para que una mayoría de pañuelos hicieran que una oreja acabara en sus manos para pasearla en una vuelta al ruedo que disfrutó como nadie. Media Puerta Grande abierta a la espera del sexto que salió quinto al correrse turno por la cornada reseñada. Sin demasiado celo en el capote sí que cumplió en varas en un extraordinario puyazo de Agustín Collado digno de premio, y en la muleta se mostró encastado y exigente, nada fácil, pedía mando y distancia, y se lo dio Hernández. A por todas desde los primeros compases, estatuarios y un cambiado por la espalda electrizante buscando la ansiada oreja. Muy bueno el pitón derecho y muy buena la diestra del madrileño. Series de derechazos profundas y reunidas de mucha emoción, con recorrido, ligadas en el sitio, siempre buscando la colocación y hacer las cosas bien, buen concepto del toreo. Por el izquierdo protesta más, menos recorrido, repone y suelta gañafones con brusquedad, pero aguanta y compone algunos naturales de mérito. Como dije, muy buen sabor de boca el que me ha dejado. Una pena que la espada echara por tierra las ilusiones de este madrileño que pide paso y que creo se ha ganado un sitio en la próxima temporada.
Al final, después de todas las hostilidades, todo en orden, supongo que los reventadores satisfechos de su "hazaña"  diciendo que salvo ellos todos los demás no tenemos ni idea y que poco menso que ellos son el toreo, todos camino de su casa. ¿Todos? Uno no, se lama Roca Rey, es un TORERO y a estas horas está en un hospital. Pero para ellos eso no merece el mínimo respeto, es más importante su fobia.

Antonio Vallejo