jueves, 25 de mayo de 2023

De valor e injusticia


 De eso ha ido la tarde, de valor inmenso y miserable injusticia, con nombre y apellidos. El valor lleva el de Román y Francisco José Espada, la injusticia responde al de José María Fernández Egea. Cuando dos toreros se entregan sin dejarse nada, con toda verdad, cuando se exponen y como en el caso de Espada acaba pagando con sangre su arrojo, cuando el valor seco, la firmeza y la decisión son los cimientos de obra, cuando además se torea bien, con temple y ajustado a las condiciones de los astados y cuando una mayoría muy clara solicita la oreja para uno de ellos es muy difícil de entender que una sola persona se salte el reglamento, se lo pase por el forro y niegue una oreja que nos podrá parecer más o menos meritoria, barata o cara,  cada uno tendrá su opinión respetable, pero que estaba obligado a conceder. Y eso lo ha hecho D. José María Fernández Egea. No sé el motivo, por desconocimiento no debiera ser, por arbitrariedad sería muy grave. Quiero pensar que por el que dirán y el miedo a que unos veinte o treinta, los de siempre, los que no paran de protestar todo, le monten el lío y griten como posesos "fuera del palco". Injusticia y cobardía, vamos, lo peor de lo peor.
Una oreja pedida con fuerza y mayoría más que clara tras una faena al tercero que arrancó por estatuarios y un cambiado por la espalda muy ajustado, de los de quitar el hipo. Toro pronto, con fijeza y movilidad, repetidor y enclasado, con buen fondo, pero que adoleció de la falta de fuerzas que fue tónica general de la tarde. Ritmo y temple en las tandas por el pitón derecho pero sin poder obligarle en demasía porque no le aguantaba, pero supo ajustarse a las condiciones del de Luis Algarra y trazó ligadas series en redondo a media altura en las que los pases de pecho para abrocharlas fueron antológicos, a la hombrera contraria. Lástima no poder bajar la mano para dar más profundidad y rotundidad a las series, iba con lo justo el astado. Por el izquierdo  mostró peores condiciones, menos recorrido, viniéndose por dentro, pese a lo cual algún natural tuvo su aquel, como el farol cosido a otro de pecho también a la hombrera contraria que hizo sonar un olé rotundo. La última tanda en redondo, acoplado y encajado fue de lo mejor, con la mano más baja, y las bernadinas muy ceñidas cambiando la trayectoria en el último segundo fueron la muestra palpable de un valor sin límite que dejaba todo en mano del acero. Con esa misma valentía se tiró a matar, recto, sin miedo a nada, triunfar o morir, para hundir la espada hasta la yema, en todo lo alto. Petición mayoritaria sin discusión que desoye el del palco. No merece la pena dedicarle más y sí a Espada que ante el sexto mantuvo intactas sus ganas, su firmeza y su entrega. De rodillas arranca la faena al sexto, llevándolo en largo con derechazos bajos de mucha emoción hilvanados a un cambio de mano de antología y uno de pecho eterno que puso a la plaza en pie. Ya incorporado aplicó temple para conducir las buenas embestidas del noble toro de Algarra. Series reunidas por ambos pitones, adelantando la muleta, poniéndosela en la cara, muletazos de trazo limpio, ni un toque, ligadas por bajo, profundidad, rematando con sensacionales de pecho, todo entre olés de unos tendidos tan entregados como el fuenlabreño. Pero el animal duró lo que duró y se vino a menos, comenzó a cortar y defenderse, soltando derrotes, con Espada en las cercanías, muy cruzado, robando muletazos de unos en uno, enorme valor, entre protestas de unos pocos que no llego a entender. Menos lo entiendo cuando por tanta verdad es empitonado y lanzado por los aires con el resultado de una cornada de doble trayectoria en el muslo izquierdo, pagando con sangre su entrega y evidenciando la mezquindad de unos pocos que confunden exigencia con intransigencia. Tenía otra oreja en la mano, pero esta vez fue el mal manejo de los aceros el que le privó de obtener el triunfo. Sin duda prefiero la mala suerte a la injusticia.
Román sí que cortó un ansiado trofeo ante un quinto de Montalvo que no se empleó en los primeros tercios, rebrincado y descompuesto, la cara alta, llegando a la muleta con aspereza y brusquedad en sus embestidas. Un toro con movilidad pero sin clase alguna, que iba y venía a lo loco soltando tornillazos secos gracias a la fuerza descomunal de su potente cuello, un toro que pedía mando y poder, que no concedía nada pero cuya emoción residió precisamente en esa lucha cara de perro entre el hombre y la bestia. Impresionante el valenciano, decidido y firme, plantando las zapatillas sin lugar a las dudas, colocándose a la perfección, echando la muleta alante y tragando lo indecible, todo con una verdad suprema y entrega absoluta. ¡Vaya raza y que par de cojones! Perdónenme la expresión pero es la única manera de plasmar lo que hemos vivido en una faena de muleta de intensísima emoción, toreando además muy bien, todo por abajo, ligando, muletazos profundos de un mérito superlativo, derechazos y naturales de locura por calidad y por exposición frente a un un toro que buscaba y buscaba para hacer presa. Enorme Román que epilogó la lucha titánica con unas manoletinas ceñidas que helaban la sangre. Marcando los tiempos a la hora de entrar dejó hundida la Tizona hasta la empuñadura en el mismísimo hoyo de las agujas. Flamear de pañuelos y esta vez sí que el del palco no tuvo más remedio que conceder una oreja de ley y mucho peso. Antes tuvo un segundo noble y enclasado pero con escasas opciones por sus muy pocas fuerzas al que toreó con temple y suavidad, cuidando la altura, sin poder obligarle porque a la mínima perdía las manos. Tomaba bien la muleta, metía la cara y quería, pero no le daba, pese a lo cual pudo componer el valenciano tandas en redondo con cierto empaque cuando le pudo bajar algo más la mano y dar profundidad a su toreo. Como en el quinto, el espadazo fue antológico, volcándose sobre el morrillo para enterrar el estoque en todo lo alto. 
Y hablando de pocas opciones las de Octavio García "El Payo", ahora simplemente Payo. Un lote sin fondo y sin fuerzas ante el que tan solo pudo mostrar buenas maneras y un toreo aseado, intentando hacer bien las cosas, tratando de poner la muleta y sacar algo, pero las nulas condiciones de los dos de Luis Algarra que le tocaron en suerte impidieron el mínimo de emoción. Inédito el mexicano aunque lo intentó con empeño, creo que incluso demasiado,  alargando en exceso unos trasteos que no llevaban a ningún fin con lo que solo consiguió enfadar a parte del público que le pedía brevedad ante la evidencia de lo imposible.



Antonio Vallejo

miércoles, 24 de mayo de 2023

Pasados por agua


 Tarde marcada por el agua que ha influido en mucho de lo que ha pasado en la segunda de las novilladas programadas. Lo anunciaban los pronóstico y esta vez no han fallado. Si el domingo amagó hoy la lluvia deslució una novillada muy esperada. Lluvia fina y soportable en cierto modo en el inicio del festejo, aguacero de aúpa en el tramo final que nos ha calado hasta los huesos, un suplicio, y una sensación de destemplanza que aún a estas horas de la noche no consigo quitarme del cuerpo. Como tampoco consigo quitarme, no del cuerpo, sino de la cabeza y la memoria,  las  sensaciones de actitud y aptitud que me han dejado los tres novilleros que hoy han hecho el paseíllo Jorge Martínez, Jorge Molina y Sergio Rodríguez. Y tampoco consigo, ni quiero, quitar  de mi retina las estampas de los seis novillos de Montealto con expresión de toros lidiados en esta lluviosa tarde, extraordinarios de presentación y mucha, pero que mucha, seriedad. Como muestra un botón, la imagen que traigo a portada, el primero, de unas hechuras, una belleza y una seriedad difíciles de olvidar, un colorado chorreado de 473 Kg con un trapío espectacular, y eso que era el de menos peso en la romana. Seis novillos que pasarían por toros en muchas plazas. Ojalá del juego pudiera decir lo mismo que de la presencia, pero no ha sido tan redondo. El primero ha tenido mucha clase, fondo y emoción el segundo, movilidad y un pitón derecho muy bueno el tercero, poco recorrido, incómodo y deslucido el cuarto, manso el quinto y sin decir nada el sexto, todo ello unido a lo que para mi ha sido la nota dominante de la novillada, la falta de raza, fuerza, empuje y su justa o escasa  duración en la muleta, yendo todos menos el primero de más a menos. Pero sin duda ha habido opciones de oreja en varios aunque al final el balance sea cero, y en eso creo que la maldita y para mi odiada lluvia - lo siento, ya sé que lo políticamente correcto es decir que es una bendición, que se necesita mucho, que si patatín patatán, ¡pero que llueva en el campo y fuera de San Isidro! - ha jugado su papel. Estoy convencido que si hoy hubiera sido un días soleado en vez de haber tenido que estar gran parte de la novillada  parapetados bajo paraguas con las manos ocupadas o metidas en los bolsillos de chubasqueros o gabardinas para no acabar empapados, hubieran aflorado muchos más pañuelos en el primero y el segundo para los Jorges, Martínez y Molina, o para Sergio Rodriguez en el tercero o quinto. Seguro segurísimo, como dicen algunos cursis.
Porque los novilleros han dejado un poso y un regusto de colocación, temple, calidad, gusto sumado a disposición, entrega y honestidad. Actitud y aptitud de la mano, han venido y han estado en novilleros, con lo positivo que eso conlleva y lo negativo que puede acarrear, y además lo han hecho con un concepto del toreo que hace tiempo no veía en un novillero.  Muy buenas sensaciones con el capote, ritmo, cadencia y gusto en las templadas verónicas ganando terreno de Martínez en el primero, o las de saludo al manso quinto consiguiendo pararlo y encelarlo, las chicuelinas a mano baja con las que sacó del caballo también al primero, el galleo por chicuelinas de Rodríguez en el tercio de varas del tercero para colocarlo en suerte y la variedad y calidad de Molina en el ramillete de  verónicas en el saludo al quinto templadas, acompasadas, llenas de aromas, los delantales  al segundo, el quite por gaoneras en su turno del primero y el ejecutado por gaoneras en el del quinto, una auténtica locura lo del de Torrijos. 
Si el toreo de capa ha sido de nivel no menos puedo decir del buen concepto del toreo con la muleta que han mostrado los tres. Colocación y temple creo que han sido la base sobre la que han edificado su toreo. Sensación de torero hecho en Jorge Martínez, buen sentido de la distancia y el ritmo, firme y seguro, toreando con naturalidad al primero por ambos pitones, redondos profundos, naturales excelsos, toreando también con el cuerpo, suavidad y trazo fino en sus muletazos, muy asentado, acoplado, siempre por abajo, ligazón gracias a una perfecta colocación. Entrega y decisión con el cuarto, frenando sus arreones y su tendencia a revolverse y reponer a base de perder un paso, ponerle la muleta y someterle por bajo, para acabar toreando realmente bien,  una faena de mucho peso e importancia que quizás no se valoró como merecía. Mató con un espadazo monumental al primero y de casi entera arriba al cuarto. Escasa petición en el primero, poco explicable a mi entender, supongo que los paraguas habrán tenido que ver,  ovación en el cuarto y las ganas de verle ya como matador en una próxima ocasión puesto que tomará la alternativa en la feria de Almería allá por el mes de agosto.
He alabado a Jorge Molina con el capote y no pudo más que seguir haciéndolo con la muleta. Colocación y trazo largo en sus muletazos, temple y ritmo, siempre plantándole la muleta y buscando llevarlo por bajo y ligar  para componer el toreo que encierra emoción, a lo que une el valor y las ganas propias de un novillero en las manoletinas ajustadas con las que cerró la faena al segundo y los estatuarios con los que arrancó la del manso quinto, hilvanados a un cambiado por la espalda de infarto y uno de desdén maravilloso. Lo que ha hecho con el quinto, un manso que generó el caos en los primeros tercios, que campó a sus anchas y se adueñó totalmente del ruedo, imponiendo su ley y sembrando el pánico en la cuadrilla pero al que Molina acabó sometiendo en la muleta a base de ponérsela muy planchada en la cara, conducirle muy templado y taparle la salida para evitar su huida. Mucha emoción en dos tandas en redondo sensacionales y unos naturales de mucho  mérito y empaque muy asentado, girando sobre los talones, que entremezcló con unos cambiados por la espalda y arrucinas de infarto para acabar por bernadinas exponiendo al más puro estilo novilleril dando todo y más aún a costa de embarullarse. ¿Qué más puedo pedirle a este joven toledano?
En medio de un tremendo aguacero cerró plaza Sergio Rodríguez ante un toro nulo de opciones, deslucido y sin una gota de bravura y raza pero ante el que no se escondió y trató de hacer la cosas bien, encajado y metiendo los riñones, erguido, vertical pero no llegó a calar en los tendidos, que bastante calados estaban a esa hora. Pero en el tercero ya había dejado su tarjeta de presentación con su toreo encajado tras un vibrante y arrebatado inicio de rodillas con cambiados por la espalda y derechazos de largo trazo y recorrido típicos de un novillero que viene a comerse Madrid. Le duró muy poco el novillo pero en lo que duró derrochó temple y gusto en dos tandas reunidas por el pitón derecho, profundas, ligadas con la mano baja, siempre adelantando la muleta y tirando del de Monetalto sin una sola brusquedad para llevarlo muy toreado y siempre hacia dentro. Nunca sabremos en que hubiera acabado todo si el novillo hubiera tenido más duración y más calidad por el pitón izquierdo, pero al igual que sus compañeros me ha dejado una buena impronta y ganas de volver a verle torear.
Y así hemos salido de la plaza, pasados por agua pero con buena sensaciones y un muy agradable regusto del toreo que he visto. Esperemos que mañana no llueva en Madrid, que lo haga en el campo.

Antonio Vallejo

lunes, 22 de mayo de 2023

Valor, disposición, compromiso, entrega y muchos sustos

Tras el paréntesis de ayer con la corrida de rejones en la que Diego Ventura dio una nueva lección magistral de toreo a caballo abriendo por 18ª vez la Puerta Grande, Leonardo Hernández estuvo sensacional en sus dos toros y de no haber sido por la mala suerte con el rejón de muerte hubiera cortado dos orejas y acompañado a hombros a Ventura, y Duarte Fernandes superó con nota su alternativo y en el que cerraba plaza estuvo sensacional, perdiendo el trofeo a la hora de matar, volvían las corridas de toros con la resaca del faenón de Castella el viernes. Teniendo en cuenta todo esto podía pensarse que hoy la afluencia de público podría resentirse. Un domingo, mañana jornada de descanso, tarde desapacible, amenaza de lluvia, cartel sin figuras, bastantes argumentos en contra. Pero no ha sido así y un día más los tendidos de Las Ventas han registrado una muy buena entrada, algo más de dos tercios diría yo, muy por encima de lo habitual en temporadas anteriores una jornada como la de este domingo, lo que supone una magnífica noticia para todos, quiere decir que el toreo interesa y que para nada está muerto. Porque, reconozcámoslo, el cartel es de mucho atractivo para lo que llamamos el aficionado asiduo a las corridas de toros, pero para el público en general, el que va ocasionalmente y busca los nombres atractivos, la verdad, tiene a lo largo del ciclo combinaciones que seguro le pueden llamar la atención. Así que buena señal para la salud de la Fiesta.
La verdad es que solo por ver los toros de Fuente Ymbro lidiados merecía la pena ir a la plaza. Enhorabuena a D. Ricardo Gallardo por la selección. Una corrida de excelentes hechuras, muy seria, con mucho trapío y unas láminas de una belleza superior que ha dado un juego variado destacando el tercero, un magnífico toro. Complicados y con peligro los dos primeros, con clase pero sin acabar de romper el quinto, bueno el sexto hasta que se desfondó en la muleta quizás por el topetazo contra las tablas al hacer hilo con Curro Vivas, con poco fondo y defendiéndose el cuarto. Pero si hay algo que hoy me ha gustado de la corrida ha sido su comportamiento en el caballo, arrancándose de lejos cinco de ellos, buena pelea y con celo, empujando con los riñones en general y por encima de todos el extraordinario tercio de varas protagonizado por  Alberto Saandoval en el sexto, dos puyazos agarrados arriba y delanteros, vibrante y emocionante tercio reconocido con una muy fuerte ovación. Creo yo que el ganadero puede volver contento a su tierra gaditana.
Para lidiar esta corrida tres matadores, Adrían de Torres que sustituía a Fandi (recuperándose de una operación de hernia discal), Juan Leal y Leo Valadez. Como acertadamente y con el humos que siempre acompaña a mi gran amigo Raúl, la corrida empezaba como esos chistes de cuando éramos niños: ¿Sabes ese que van un español, un francés y un mexicano...? Pero de chiste no ha tenido nada, ha sido para tomársela muy en serio, así lo han hecho los tres a base de mucho valor, compromiso, disposición y entrega. Habrán toreado con más o menos acierto, habrán cometido más o menos errores, habrán matado mejor o peor, eso o muchas cosas más, pero que se han puesto y expuesto con verdad, creo que no se les puede negar. Como tampoco creo que se pueda negar que ha sido Valadez el que se ha llevado el gato al agua y ha cosechado una tarde de mucha importancia con una oreja  de mucho peso. Enorme el compromiso y responsabilidad con que ha pisado el ruedo, variado y lucido con el capote y muy firme y con las ideas claras con la muleta, colocación y temple sus argumentos. Desde que tomó el capote en su turno de quite del segundo para ejecutar uno por chicuelinas templadas se vio claro con que intenciones venía a Madrid. Luego el saludo capotero a su primer toro, verónicas casi delantales cargados de gusto y un quite a la salida del primer puyazo por gallosinas de mucha plasticidad y belleza, más otro quite en su turno del quinto por tafallera, gaonera y caleserina muy florido para acabar de poner a la plaza en pie con unas zapopinas perfectamente ejecutadas en le sexto, de gran emoción y que pusieron al público en pie. Completa y magnífica su actuación con el capote toda la tarde, que se unió a una muy buen faena de muleta al tercero, un cinqueño de extraordinarias hechuras que desde que salió mostró su clase humillando y repitiendo en el capote, arrancándose de lejos al caballo con buen tranco y que con su fijeza y movilidad permitió a Rafa González cuajar un sensacional tercio de banderillas. Primeros compase de faena con doblones templados para frenar y someter el brío las arrancadas del fuenteymbro para sacarlo a los medios. Rompió por el pitón derecho, toreo templado y de muchos quilates de Valadez, cogiendo la distancia, enganchando la embestida por delante para llevarlo muy templado, com mucho ritmo y cadencia, todo por abajo, profundidad, series que calaron en los tendidos y fuero seguidas con olés. Ligazón y emoción por ese buen pitón derecho que decayó al natural , protestaba más, le costaba pasar y echaba la cara arriba. Volvió a la diestra y aprovechó la máximo la calidad del toro, todo por abajo y templado, llevándolo muy toreado, acoplado a la embestida. Las bernadinas de rodillas ajustadísimas para epilogar la faena convirtieron a Las Ventas en una caldera, que estalló en un mar de pañuelos blancos tras una monumental estocada entrando recto volcándose sobre el morrillo, desafiando a todo, sin mirar al mañana, saliendo por los aires, sin cornada afortunadamente, acunado por la pala del pitón, otro milagro del cielo. Valor a prueba de fuego para pasear una oreja incontestable, de ley y mucho peso en una vuelta apoteósica que la nutrida afición mexicana que ayer se citó en la plaza vivió con especial alegría. Apuntaba a posible Puerta Grande viendo el comportamiento del sexto que protagonizó un tercio de varas de una magnitud y belleza difícil de superar en dos puyazos de premio a cargo de Alberto Sandoval que agarró delanteros y midió el castigo a la perfección. Fijeza y movilidad en banderillas, enormes los pares de Curro Vivas, lástima que en el tercero el fuenteymbro hiciera lío y se pegara un topetazo contra la barrera que probablemente le dejara condicionad para la muleta, pues su comportamiento cambió radicalmente. Vacío, desfondado, con la cara arriba y a la defensiva, sin pasar, cero entrega y cero opciones. Lo intentó Valadez con enorme pundonor pero era imposible. Además era tarde y la gente tenía ya ganas de irse a casa por lo que se le animó a abreviar. Una pena.
Si seguimos hablando de valor hay que ponerle dos nombres, Adrián de Torres y Juan Leal. Valor seco, sin guardarse nada, incluso por momentos ryando en la temeridad y, como comentamos durante la corrida, incluso en la insensatez, dicho con todo respeto, en el caso de Adrián ante el primero. Fue un toro con muchas complicaciones y mucho peligro, un toro sin embroque, muy incierto, que ya desde los primeros lances avisó en dos ocasiones, se iba por dentro, acostado en las verónicas templadas de saludo. Se veía venir y pasó lo que tenía que pasar, en el quite por chicuelinas se fue directo a por el de Linares y se lo echó a los lomos como si fuera un guiñapo. Tremendo susto que parecía más. Afortunadamente quedó en un palizón resultó acongojante para todos menos para él, porque arranca la faena por estatuarios, trincherilla y uno de pecho desafiando el peligro que llevaba el fuenteymbro, como si nada hubiera pasado. Toda la faena transcurrió entre sobresaltos y sustos, los ¡ay! entremezclados con los olés cuando de Torres compuso meritorias tandas en redondo ligadas por bajo y los naturales sueltos que pudo robarle, tragando lo indecible, aguantando las constantes coladas por dentro, sin quitarse del sitio, ofreciéndole la muleta cuando lo que quería el animal era la carne, desarrollaba más y más sentido, se quedaba debajo y buscaba sin cesar, tanto que volvió a encontrar, otra voltereta de cortar la respiración que aún no sé como no le corneó de manera seria, un milagro del cielo desde donde echaron un capote salvador. Y vuelta, igual, poniéndole la muleta y exponiendo al máximo, temerario incluso. No sé si a lo mejor doblarse por bajo, machetear y dominar hubiera valido, no sé si fue acertada o no la lidia, nunca lo sabremos, pero la verdad es que puso toda la verdad en lo que hizo. Mató recto recibiendo de manera espectacular y dejó una entera fulminante que hizo volar los pañuelos, no sé si mayoría o no, eran muchos, la verdad, pero el palco consideró que no eran suficientes, a lo mejor le dio tiempo a contarlos, a mi no. La oreja no cayó y quedó en una vuelta al ruedo muy merecida a mi modo de ver premio al infinito valor, la disposición, el compromiso y la entrega. Escasas opciones ante el cuarto, que entró al caballo como un trolebús pero que en mi opinión tuvo poca entrega. La cara alta y a menso, si le bajaba la mano se caía, a media altura protestaba y deslucía con gañafones. Lo intentó todo de Torres y se le valoró poco, trató de sacar muletazos con limpieza pero encontró muy poca colaboración ante un toro que también desarrolló peligro y ante el que mantuvo la firmeza y la dignidad. No sé si todo, pero al menos una gran parte de lo que acabo de comentar podría ser un copia y pega aplicable a Juan Leal, que con su primero se la jugó sin miramientos ante un fuenteymbro tardo, de corto recorrido, que se quedaba debajo en cada muletazo, reponiendo con mucho peligro, sabiendo lo que dejaba  detrás. Y con todo hubo uno que le gritó "pon la muleta plana de una vez", tela marinera. En fin, que no hay remedio. Con el quinto también lo puso todo, valor, disposición, compromiso y entrega al plantarse de rodillas en los medios y pasáserlo muy ajustado con un cambiado por la espalda para recetar posteriormente muletazos por bajo que el toro toma sin demasiada entrega, corto de recorrido, por lo que el francés buscó distancias más cortas y aprovechar el embroque para tirar del fuenteymbro, que se quedaba debajo. Mucho le costó transmitir por la poca emoción en la embestida, quizás lo mejor una tanda al natural con más empaque y la voluntad de Leal por hacerlo todo bien, pero no consiguió remontar vuelo con ese toro tan deslucido entre las protestas y reproches por alargar quizás en demasía el trasteo.
Así transcurrió la tarde dominical en la que nos libramos de la lluvia por los pelos, menos mal, porque no quiero imaginar lo que hubiera sido si las cuatro gotas con las que amagó el cielo antes del paseíllo hubieran ido a más con un ruedo en malas condiciones. Hoy descanso y mañana la segunda de las novilladas con previsión de lluvia toda la tarde, confiemos que cambie el pronóstico.

Antonio Vallejo

sábado, 20 de mayo de 2023

Castella desnuda al 7, el club de los reventadores muertos


Son muy cansinos los del club de los reventadores, demasiado repetitivos, los mismos gritos todos los días, la misma cantinela, las mismas fobias año tras año, creyéndose graciosos e ingeniosos con el único fin de reventar las faenas de ciertos matadores y masacrar a ciertas ganaderías. Un día tras otro teniendo que aguantar sus improperios, sus insultos, su mala educación, su comportamiento absolutamente censurable, sus salidas de tono siempre a destiempo, su falta de respeto por el que está jugándose la vida delante de un toro bravo, su mofa del toro bravo con ese ridículo "miau" que sueltan por la boca solo con determinados hierros. Hoy era uno de esos días señalados en el programa para montar su show. Toros de Jandilla para Sebastián Castella, héroe a en los primeros años de alternativa, villano cuando alcanzó el rango de figura. José Mari Manzanares, odiado solo por llamarse y apellidarse así, tremendo delito al parecer, y Pablo Aguado, al que no sé por qué no tragan, pero es así. Desde que se rompió el paseíllo se orquestó la protesta que fue continua y constante durante toda la tarde. Si ayer y otros días las pancartas se desplegaron en el 7 dirigidas principalmente contra el palco, hoy me ha llamado la atención que fuera en los altos del 3 donde se desplegó otra que rezaba algo así como que el toreo es del pueblo y no a los precios abusivos. O la moda parcantera se está extendiendo o eso estaba más organizado que el protocolo británico. Y lo mismo con los gritos. Hoy se tenían que emplear a fondo y han sacado todo su repertorio perfectamente orquestado. Uno se metía con los toros y el ganadero, cuando decaía otro tomaba el relevo y soltaba, sin venir a cuento, entre los silbidos y reproches habituales de "no te cruzas", "ponte bien", "hay que torear", "se va sin torear", algo tan fuera de lugar como "¡que guapo eres!" refiriéndose a Manzanares. A ver, no sé las apetencias sexuales del vociferador en cuestión, allá él, pero no parece, a priori, una expresión propia de un aficionado en una plaza de toros. Pues sí, guapo y elegante lo es, no se puede negar, por lo que mi teoría es que el vociferador era un adefesio al que la envidia le corroe. Bromas aparte, el ambiente ha sido insufrible toda la tarde, no han parado con los clásicos "toros, toros, toros" y "fuera del palco" a los que han incorporado subiendo el tono, gritos como corruptos, ladrones, payaso - este dedicado a Aguado, ¿ese es aficionado? - de auténtico bochorno. El club de los reventadores orgulloso de su hazaña, seguro.
Venían de intentar hacer la vida imposible a Manzanares en el segundo, un toro con clase y calidad en la embestida pero muy justo de fuerzas al que hubo que cuidar en los primeros tercios para que no perdiera las manos. Echaba las manos por delante y se vencía en le capote, pero metía la cara abajo. Un toro que quería pero no podía al que Manzanares le cogió la altura y el ritmo para torear con empaque y poder especialmente por el pitón derecho. Tandas en redondo echando la muleta alante y la mano abajo, todo cuanto aguantaba el de Jandilla, ligazón y profundidad en el tramo final de los muletazos, muy templado, alargando el viaje rematando con pases de pecho marca de la casa que en algunos casos obligaban tanto que el toro se venía abajo. Al natural le costaba más, no le podía bajar la mano, no aguantaba, solo un par de naturales tuvieron su enjundia. Y todo esto en medio de silbidos, gritos, reproches a la colocación, que si estaba fuera, que si hay que torear, en fin, repetir lo mismo, el repertorio de siempre contra el alicantino, al que no le perdonan ser hijo de quien es. Pero digamos que a Manzanares le tocó el pie, siguió toreando y la faena fue a más, cada tanda era más poderosa, más profunda, más templada y más en el sitio. Y el nerviosismo del club de los reventadores fue a más viendo que iba camino de cortar una oreja. Les salvó la colocación de la espada, desprendida, y respiraron aliviados al esfumarse la posibilidad de trofeo. Después prosiguieron su actuación orquestada en el tercero, al que Pablo Aguado recibió a la verónica con temple y gusto, acompasado para rematar el saludo con una media. Clase en la embestida pero muy pocas fuerzas, subiendo el nivel de decibelios cuando el toro perdió las manos al salir del caballo. "Fuera del palco" y "toros, toros, toros" coreados sin parar preparaban el ambiente infernal con el que el sevillano se encontró en la faena. No podía bajarle la mano porque se venía abajo estrepitosamente, quería tomar la muleta por abajo, enclasado, pero no le daban las fuerzas. A media altura lo intentó en vano por ambos pitones, voluntarioso, quizás demasiado, más teniendo en cuenta todo lo que tenía en contra, que iba subiendo el nivel hasta llegar al insulto, algo inaceptable. Creo que en lo que se equivocó fue en alargar el metraje de la afena cuando era evidente que no iba a buen puerto. Tres o cuatro tandas podían haberse evitado, nada hubiera cambiado y nos habrían evitado minutos de tedio y de aguantar la ausencia de educación del club de los reventadores.
Pero mira por donde que tenía que saltar al ruedo el cuarto, un toro para mi gusto de unas hechuras magníficas, con 515 kg, armónico y proporcionado, muy serio y con trapío, un toro guapo que se dice, una lámina para enmarcar. Salió con las manos por delante, sin demasiada fijeza y perdiendo las manos aparentando escasez de fuerza. Se le mide en el caballo entre protestas airadas del 7 agitando sus pañuelos verdes al fuerte viento contra el que una tarde más tuvieron que pelear los matadores, por si era poco todo contra lo que han tenido que pelear. Otra vez faltas de respeto al ganadero, gritos contra el palco, etc, etc, lo mismo de todos los días, cansinos. Pero ahí estaba un torero que es figura y que conoce a los toros y los terrenos a la perfección. Sabía las condiciones que tenía el animal y lo brindó al público. Bastaron los estatuarios de inicio para empezar a desmontar toda la farsa del club de los reventadores. Plantó las zapatillas en terrenos del 7, ¡ahí va eso!, y esos estatuarios ajustadísimos llenos de emoción con el toro repitiendo con codicia y bravura taparon muchas bocas. Ni que decir que la trincherilla y los naturales que hilvanó a ese vibrante arranque pusieron a la plaza en pie y, si aún quedaba alguna boca por tapar, lo hicieron. Más aún la lección de toreo de Castella al abrigo de los terrenos del 5 y el 6, los más favorables ante el viento. Embistió con  codicia y bravura, siempre por abajo, con enorme clase y calidad, y por ahí lo llevó el francés, toreo profundo, largo, ligando en el sitio, un par de cambios de mano apoetósicos, y los de pecho para rematar las tandas duraron una eternidad, de pitón a rabo y rematados a la hombrera contraria. Tuvo además la capacidad que da su inteligencia y su madurez para saber administrar las pausas a la perfección, dándole aire, dejándole recuperar entre tandas, algo fundamental para mantener el ritmo y la continuidad de una faena tan exigente. Al natural rompió a embestir aún más y mejor, ¡cómo se entregaba!, humillando, naturales que crujieron la plaza, hondura descomunal, ceñidos, una locura, tandas rotundas de una calidad suprema, una sinfonía de toreo. El tramo final de la faena siguió por la misma senda de la emoción máxima. Apoteosis en las cercanías, clavado, sin rectificar, se pasó al Jandilla por ambos pitones, muy ajustado, una y otra vez, y el toro repetía y se entregaba aún más, la muleta arrastrada, para alcanzar el cielo con unas manoletinas finales de infarto, un cambio de mano excelso a más no poder y una trincherilla de entrega absoluta de toro y torero. Se tiró a matar por derecho para enterrar la espada hasta la empuñadura, en lo más alto, de efecto fulminante sin puntilla. Dos orejas sin discusión alguna y una vuelta al ruedo de antología. ¿Dónde estaban en ese momento los que pitaban y decían lo que decían del toro?, ¿dónde los que dieron la matraca con el "toros, toros, toros"?, ¿dónde el pesado de cada día con el "hay que torear" o "se va sin torear"?, ¿donde?, me pregunto. Si tienen un mínimo de dignidad debían estar a esa hora con la cabeza y las orejas gachas, abochornados por el ridículo espantoso que han hecho, marchándose a escondidas de la plaza después que Sebastián Castella les dejara en evidencia desnudando al 7 que hoy ha quedado retratado, con las vergüenzas al aire y sin credibilidad alguna. Porque no creo que hayan tenido la cara de quedarse a aplaudir la atronadora ovación con la que fue despedido en el arrastre este precioso y bravo toro de nombre Rociero del que pidieron su devolución de manera obscena, sería el colmo de la contradicción. Desde hoy son el club de los reventadores muertos.

Antonio Vallejo

P.D: Del resto de la corrida poco o nada merece la pena hablar, deslucidos, alguno noble como el primero, pero ni es, el quinto y sexto tuvieron más historia, sin fuerzas y sin opciones en la muleta. Así que mejor abreviar que aburrir.

viernes, 19 de mayo de 2023

Un ayer incompleto

Sería una injusticia dejarlo pasar, ya con bastante poca justicia y un rigor que me llamó la atención se midió a Tomás Rufo, creo que no se lo merece y que está pagando un peaje que me cuesta entender por una Puerta Grande discutida por algunos la pasada temporada y la oreja cortada en la segunda de San Isidro este año. Ambas situaciones se han calificado como "baratas" por el sector más exigente, crítico, duro, como quieran llamarlo, ellos se autodenominan puros, pero a veces están más en la intransigencia que en otra cosa. Y se puede estar de acuerdo en que ha habido, yo prefiero decirlo así, generosidad en el público a la hora de pedir los trofeos para Rufo y que, al menos lo pienso así, esos pequeños excesos no le hacen bien al talaverano. Tomás Rufo irrumpió como un ciclón hace una año, arrollador en sus comparecencias aquí y allí. Llegó a Madrid y ¡zas!, Puerta Grande que no gustó y, al menos tengo esa impresión, se le anotó la matrícula y desde aquel día se le esta esperando, se le mira, se le exige, se le mide, se le juzga, se le protesta con un rigor, una dureza e incluso me atrevería decir, una crueldad igual o incluso mayor que a algunas máximas figuras cuyos nombres sabemos de sobra a las que ese sector tiene en su punto de mira. Lo he podido sentir en estas dos tardes, continuos reproches y censuras durante sus faenas, con una año y medio de alternativa, hay que recordarlo, que no lleva veinte, pero a la mínima saltan a la yugular. ¿Por qué?, ¿quizás por quienes le apoderan?. Por supuesto que tiene fallos, defectos por pulir, que aún tiene camino por recorrer, precisamente por eso me parece cruel ese rigor excesivo en comparación con otros nombres a los que se les tolera mucho más por esos mismos críticos. Con esto no quiero decir que no haya que expresar en la plaza la opinión ante lo que se hace bien y mal, por supuesto que sí, pero creo que eas protesta debe ser ponderada y no exagerada como me parece el caso de Rufo.
Dicho esto, a mi me pareció que ayer se le fue un toro que debía haberse ido al desolladero sin las orejas. Un colorado ojo de perdiz de nombre Pocaprisas que desde que asomó por la puerta de toriles me enamoró por su bellísima lámina, magníficas hechuras, bajo y muy hondo, además con un tranco sensacional que no cuadraba con su nombre. Extraordinario galope, movilidad y repetición en el capote, metiendo la cara con clase en un ramillete de verónicas templadas, llenas de sabor, ganando pasos para rematar con una media y revolera de cartel. Igual en el caballo, toro pronto, Muchaprisa se podría haber llamado, se arranca largo, empuja abajo con celo y bravura y cumple en baderillas, galope alegre y fijeza en un sensacional tercio a cargo de Andrés Revuelta y, ¡cómo no! el gran Fernando Sánchez, torería suprema con los palos, en este toro y en el sexto, dos pares de antología saludando desmonterado una atronadora ovación con la plaza en pie. El de Alcurrucén mantuvo intactas sus condiciones en la muleta, movilidad y fijeza, se comía la muleta y la montera que Rufo dejó en el suelo tras brindar al público. Emoción de estratosférica intensidad en el arranque de faena, por bajo, flexionada la rodilla con una largura kilométrica, luego dos tandas de derechazos de enorme profundidad, todo lo quería y pedía por bajo, mucha transmisión y emoción que hacía pensar en algo grande. Pero no me pregunten lo que pasó, no sé si fue una ráfaga de viento que le hizo dudar y le descubrió, no sé si un defecto de colocación en los primeros naturales  que arrancaron protestas impacientes de quienes parecían estar esperando el mínimo error y que hicieron mella en el ánimo de Rufo, no lo sé, de verdad, pero a partir de ahí perdió el sitio, la distancia, la altura, el ritmo, la continuidad y el resto de faena transcurrió dominada por la irregularidad. Tuvo ser para él un pequeño calvario al ver cómo se le iba poco a poco ese gran toro bravo y cada vez con más gritos y reproches a todo por parte de las mismas voces de todos los días que acabaron de sepultar las pocas esperanzas de remontar el vuelo de una faena muy venida a menos. Fuerte ovación a este magnífico toro en el arrastre que repito, se tenía que haber ido sin las orejas. Escasas opciones le dio el sexto, aún menos sumando la indiferencia con la que fue seguido el trasteo. Un toro sin celo y escaso recorrido, del que había que tirar para hacerle pasar. Y creo que lo hizo bien Rufo, por ambos pitones lo probó llegando a instrumentar algunas series con temple y buenos muletazos, pero no calaba en los tendidos, fríos como el viento de ayer, un día más. Por si fuera poco, más gritos de los refunfuños, de todo tipo, hasa alguno que aseguraba que los toros de ayer estaban afeitados. En fin, sin comentarios, las cosas que pasan en Las Ventas. 
¡Ah, claro!, que los de ayer eran los de Alcurrucén, casualmente propiedad de los Hermanos Lozano, apoderados de Tomás Rufo, vaya por Dios. Que quieren que les cuente, para mi la corrida estuvo bien presentada, de buenas hechuras en general y seria. No sé si ayer veía mal, llevaba las gafas y están bien graduadas, pero a mi me pareció que acababan en puntas, en ninguno tuve la impresión de afeitado. Que le faltó fondo, raza y empuje, sí, pero tuvo ese bravo tercero, el quinto acabó de romper a más cierto que gracias a la maestría suprema de Juli y que el segundo y el cuarto tuvieron clase a pesar de su justeza de fuerzas y escasa duración. Pero de ahí a lo que se gritó por parte de alguno... Pero de justicia me parecí no olvidar a Rufo en la tarde de ayer, esa en la que como les he contado, soñé el toreo no escrito.

Antonio Vallejo
 

Soñar el toreo no escrito

No se puede explicar, no se puede contar, tan solo se puede sentir, no tiene reglas, nace del alma y llega al alma, es el toreo no escrito, el que se abre ante nuestros ojos desde la nada, es magia, es duende y nos hace soñar. Era el cuarto de Alcurrucén, largo, cornidelantero, con mucha seriedad, se mueve y repite, puntea el capote, no se entrega, se viene por dentro, parecía escrito que no era la tarde para Morante. Sin avisar, sin saber de donde, un temblor en forma de verónica crujió nuestro interior, ¡que verónica, Dios mío!, el preludio de lo no escrito. Juli por chicuelinas a manos bajas de locura y Morante que camina con decisión a los medios en la réplica por verónicas a compás, deteniendo el tiempo, rematadas por dos medias a pies juntos y manos bajas abrochadas por detrás de la cadera de auténtica locura, nos empujan a la fábrica de los sueños del toreo que surge de la imaginación, sin guiones ni ideas preconcebidas, que está ahí, oculto, esperando el momento para invadirnos. Y veo a Morante tomar la muleta y hundir el mentón. Eso es que algo va a pasar, no sé qué, pero lo siento, es el cosquilleo de la ilusión. Estatuarios y ayudados por alto rememoran a El Gallo, remates por bajo, de azahar y romero, aromas, esencias bañadas en olés, empaque, torería. Sí, el duende ya estaba ahí, en dos tandas por el pitón derecho para  abandonarse a la inspiración. Todo sentimiento, todo muy despacio, deteniendo el tiempo, ceñido, evocando imágenes de otros tiempos, o de todos los tiempos y épocas, el toreo eterno. Muy quieto, en el sitio, llevando al toro muy templado, casi parado, ligazón y armonía, profundidad, enroscado a la cintura, una delicia, la muleta planchada, el toro hipnotizado, toreo en redondo que colma cualquier ansia de felicidad, más con los naturales robados de uno en uno, las agujas del reloj congeladas, y los sueños hechos realidad. Solo Morante es capaz de tanto con tan poco, dos tandas, dos, son infinito. 
También El Juli, rompiendo los dominios de la lógica para inventarse una faena y un toro que no existía. No decía nada el quinto, ni en el capote, ni en varas ni en banderillas, nada bueno se presagiaba. En terrenos del 5 y el 6, poco a poco, paciente, primero a media altura y muleta retrasada, de uno en uno, a favor del toro, mostrándole el camino sin obligarle de más, dándole pausas y distancia, tirando del toro para enseñarle a embestir, con suavidad y mimo, portentoso y poderoso, para acabar haciendo que el toro pareciera hasta bueno, o incluso mejor, así, partiendo de la casi nada para componer tandas por ambos pitones llenas de emoción. Profundidad y ligazón a partir de una perfecta colocación y un temple supremo, redondos cargando la suerte, naturales de inmensa hondura, acompañando la embestida con el cuerpo, alargando el viaje, magia pura nacida de la imaginación y el magisterio de Juli para llevarnos de la nada al todo. Lección de conocimiento, de mando y dominio del madrileño, de altura y distancias, de ritmo y la cadencia, de ser y estar en torero, una más, pero que no deja de sorprendernos porque nace de la magia, surge de la imaginación del que, solo él, es capaz de ver en un toro, por delante de nuestra ceguera. Antes tuvo  el segundo, en el que he visto a Juli toreando para sí, muy a gusto y relajado, abandonado, dejando que todo surgiera espontáneamente. Tras unos primeros compases a favor del toro, sin exigirle en demasía, acompañando el viaje, embarcándolo en la cadera para llevarlo muy metido en los vuelos. Primero la cabeza, viendo que el pitón derecho era el bueno y luego el corazón, dejando fluir el toreo del alma a las manos, relajado, por momentos abandonado, disfrutando, abriendo el compás, acompañando con el cuerpo y la cintura para alargar el viaje, ligando por abajo, cambios de mano exquisitos, emoción y sentimiento en cada muletazo, una auténtica maravilla, para acabar en las cercanías, con la mano baja y la muleta a ras de suelo, rematando por debajo de la pala, enésima lección magistral de dominio y mando, de poder y sometimiento, revestido de gusto y belleza, un compendio de tauromaquia, cite, embroque, temple, conducción y ligazón, una locura, la del dulce sueño del toreo que no está escrito en ningún guión.
 

Antonio Vallejo




 

jueves, 18 de mayo de 2023

Demasiado en contra

Se presentaba bonita la tarde, soleada, luminosa, una vez más con una entrada extraordinaria en Las Ventas, 2/3 de entrada o quizás un poquito más, para ver la primera de las novilladas programadas en este San Isidro, algo que en temporadas precedentes hubiera sido un notición, porque estábamos acostumbrado en años anteriores que si se acercaba a media plaza de entrada hubiera sido mucho, pero en esta de 2023, con llenos y casi llenos a diario, hasta nos parece poco. 

Un encierro de Los Maños, procedencia Santa Coloma, hierro con gran cartel en esta plaza, precedido de buenas actuaciones y ejemplares de nota, un hierro de los considerados duros, uno de los preferidos por ese sector torista de la afición, lo que ya sabemos qué significa, que quien se ponga delante de esos novillos no lo va a tener fácil, que todo va a ser y se va mirar y medir a favor del animal, en resumen, con mucho en contra en los tendidos.

 Buenas de hechuras y con presencia, cuarto y quinto podrían pasar por toros en muchas plazas, notable novillada en ese aspecto la que ha traído a Madrid D. Jose Luis Marcuello, bien elegida en el campo, seria y con trapío, algunos muy aplaudidos de salida. Ni un reproche para mi gusto. Pero no se puede decir lo mismo del comportamiento, para nada me ha parecido lo esperado. Sabemos que los novillos y toros de este encaste suelen ser complicados y exigentes, que piden una lidia por bajo, que hay que poderles, que buscan los tobillos y reponen con peligro, que miden y saben lo que dejan, que a la mínima te buscan y muchas veces encuentran. Pero lo hacen por bravos, enrazados o encastados, y cuando se les somete incluso sacan fondo de clase y humillan con calidad en faenas de mucha emoción, lo que no ha ocurrido hoy. Una corrida sin raza ni casta, que ha tenido complicaciones y peligro pero precisamente por esa falta de fondo y también de fuerzas. A un hierro de este tipo se le pide mucho en el caballo, pues ni eso. Cierto que se han arrancado de lejos al caballo, pero la pelea en el peto ha dejado mucho que desear, sin emplearse, sin empujar abajo y con los riñones, decepcionante en general, alguno ha protagonizado algún puyazo bueno, como el segundo en la segunda vara, pero en mi opinión no ha lucido como se esperaba y deseaba en este tercio. Ha tenido movilidad, pues sí, pero se ha movido de aquella manera, creo que más por inercia, y sin humillar, con varios distraídos, sin demasiada fijeza, incluso uno mostrando señales de tirar a manso. Una corrida que en general ha esperado y cortado en banderillas - sensacional Curro Javier, por cierto - y  que ha ido a menos en la muleta. Si exceptuamos el primero, más enclasado y que ha tenido cuatro  tandas buenas que habría que haber aprovechado más, los demás han estado más a la defensiva por su falta de raza y fuerza, con la cara alta, reponiendo y buscando,  sin humillar ni entregarse. Más cosas en contra.

Y si faltaba algo más en esta tarde no podíamos olvidar al viento que no nos ha abandonado ni una sola tarde y que hoy ha azotado con fuerza las telas de Diego García, Christian Parejo y Mario Navas que sustituía al inicialmente acartelado Marcos Linares. Con lo dicho anteriormente sobre el juego y comportamiento de los novillos fácil es imaginar lo que han pasado estos jóvenes novilleros que venían a Madrid llenos de ilusión y se han encontrado con todo en contra, demasiado. Lo han pasado mal, Parejo y Navas han salido por los aires, pero tras el tremendo susto y el brutal revolcón se han repuesto y ha dado la cara. Valor, ganas y disposición han demostrado de sobra, que es lo primero que se les pide al llegar a Madrid. Luego viene lo demás, se les ven las carencias y las debilidades, y también las virtudes, como el buen manejo y el gusto con el capote que han apuntado, así como que saben torear y tienen eso que llamamos los taurinos "algo". Por poner un ejemplo y que a lo mejor viene influenciado por la bisoñez y las ganas de triunfar, creo que no ha sido acertado iniciar la faena al segundo, viendo como llevaba la cara arriba y el viento que le dejaba descubierto siendo volteado Parejo ha vuelto a la cara y ha llegado a trazar unos naturales de mérito con profundidad, igual que Navas que ha prologado la faena con bonitos doblones por bajo con cierta largura y nos ha dejado también buenos detalles al natural, lo mismo que ha hecho García en el cuarto, flexionando la rodilla de inicio para llevar al novillo por bajo y en largo y algunos derechazos más acoplado y colocado, con profundidad, al buen primero. Después es cierto que les ha faltado ese saber que da la experiencia para plantear las faenas como creo que debe hacerse a este tipo de novillos que no humillan y se defienden y que en manso más expertas no digo que hubiera sido una buena corrida, pero seguro que daba algo más, sobre todo ese primero. A lo mejor hay que ponerles la muleta en la cara echarla abajo para dominar la embestida antes de perfilarse para torear en redondo o al natural, quizás haya que perderles pasos y así poder colocarse para ligar los muletazos en vez de buscar que pasen y repitan, quizás sea bueno plantear un toreo sobre los pies a la antigua antes que la quietud, quizás, quizás, quizás... Tantas y tantas cosas tan fáciles de decir sentado en un tendido sin tener ni idea de lo que se siente allí abajo, en el ruedo de la primera plaza del mundo, enfrente de novillos como los de hoy, tan deslucidos. Por eso tampoco les pongo reproche, entiendo que están en formación, que les queda mucho por aprender y pulir, aunque también se dice, y no les falta razón, que a Madrid hay que venir aprendido.  

Esta es la cruda realidad del toreo y por tardes como la de hoy deben pasar si quieren llegar a ser figuras. Un camino muy difícil en el que, como ha sido esta tarde decepcionante, se van a encontrar demasiado en contra.

Antonio Vallejo