lunes, 26 de mayo de 2025

Compromiso, firmeza, valor, verdad

Después de las tres tardes consecutivas de lleno absoluto, después de la locura desatada en la que nadie quería sin ir a los toros, parecía que hoy, un domingo de San Isidro, la entrada se iba a resentir. Pero no ha sido así, y una tarde más Las Ventas han registrado un aforo espectacular, más de tres cuartos de largo, casi lleno me atrevería a decir. Menos mal que el toreo no interesa, debe ser en Groenlandia.
Un encierro de Fuente Ymbro de una presentación excelente - para mi gusto magníficas hechuras los seis, proporciones en el canon de la belleza - y  una seriedad apabullante, astifinos a más no poder, abiertos de cara, imponente presencia, para el linarense Curro Díaz, el valenciano Román y el mexicano de Querétaro Diego San Román que confirmaba alternativa.
Avanzaba la corrida y mientras esas preciosas estampas de toros iban haciendo acto de presencia en el ruedo levantaban exclamaciones de admiración y ovaciones, no se podía decir lo mismo del juego. Uno tras otro, primero, segundo, tercero y cuarto, llevaban la corrida a un tono de monotonía y cierto letargo del que parecía difícil poder escapar. En el toro de su confirmación San Román lo recibió con decisión, el fuenteymbro apretaba hacia dentro y lo llevó a los medios con buenas verónicas ganando pasos con calidad, que también tuvo el quite por saltillera y gaoneras rematado con una revolera y una larga variado y vistoso. En la muleta poco tuvo, no pasaba, se revolvía, sin clase ni entrega. Valor y firmeza del mexicano que aguantó las tarascadas, siempre trató de echarle la muleta abajo para someterle y en cuanto se vio podido se rajó. Al segundo se le intuía clase, colocó bien la cara en las verónicas de recibo de Curro Díaz con la firma de ese toreo de pellizco que le define, dos de ellas fueron una maravilla, por mecidas y acompasadas. Pero igual que apuntaba clase también dejaba más que evidentes muestras de falta de fuelle, llegando a la muleta con lo justo. En el inicio de faena por bajo, lleno de gusto, dejó un trincherazo para no olvidar, pero a pesar de los intentos por llevar bien conducida la embestida faltó emoción por la falta de empuje y entrega del fuenteymbro, que quería con clase y nobleza pero no podía. Tan solo algunos muletazos sueltos tuvieron profundidad y levantaron olés secos y sentidos rompiendo la línea plana de la media altura por la que discurría la faena.  El cuarto no mejoró lo anterior, la cara alta, reservón, rebrincado, derrotes a diestro y siniestro, sin entrega alguna, muy descompuesto, bronco y con genio, siempre defendiéndose. Nulas opciones para Curro Díaz que trató de someterlo pero era imposible. El tercero tuvo mucha movilidad de salida, buen galope pero sin fijeza, iba a su aire, sin parar. Bien fijado por Román en los medios, verónicas con reposo para frenar el ímpetu del animal que en su galopar suelto se encontró con el caballo para empujar con cierta codicia en dos puyazos medidos. En la muleta, mientras mantuvo la movilidad, permitió al valenciano citar de lejos, mucha distancia, y aprovechar la inercia y la embestida recta para embarcar la embestida con la muleta adelantada, correr bien la mano y tirar del toro en largos derechazos y naturales que tuvieron emoción. Pero cuando perdió esa inercia del galope se quedó debajo de la muleta, sin salir, revolviéndose y soltando la cara, obligando al valenciano a perder pasos, lo que hizo que el ritmo cayera y la ligazón fuera casi una misión imposible, además del riesgo que llevaba el fuentymbro en cada sacudida. En mi opinión muy firme y valiente aguantando lo que aguantó y sin renunciar a plantarle cara y someterle por abajo. 
Fue el quinto, Comisario de nombre, el que vino a romper esa línea plana y en cuesta abajo por la que discurría la tarde y a hacer bueno el dicho. Un toro alegre de salida que Román paró y fijó primero doblándose con mando y gusto y luego andándole hacia atrás enseñándole el buen camino. Muy medido en el caballo y en medio de una lidia un tanto desordenada con el toro yendo y viniendo sin centrarse en los capotes tan solo el ceñido quite por chicuelinas de Diego San Román alumbró ciertas esperanzas, porque tampoco parecía que el animal tuviera lo que luego sacó en la muleta y rompiera como rompió. Primeros muletazos de tanteo en doblones por bajo, trazo limpio, con recorrido, mucho temple y una suavidad escandalosa en el de pecho que remató el prólogo. Igual que a su primer toro le dio mucha distancia, muleta adelantada, reduciendo la embestida para componer tandas por el derecho de mucha profundidad,  ligadas en el sitio, de mucha intensidad emocional, rematadas con buenos de pecho. Tandas poderosas y rotundas por bajo de enorme belleza con Comisario encelado en la muleta, persiguiéndola con codicia, sin cansarse, bravo toro. Al natural no bajó la emoción, hondura, temple y ligazón, la receta del toreo eterno, dos tandas entre olés desenfrenados que dieron paso sin solución de continuidad a otras dos más por el derecho, en redondo, toreando muy despacio, compás abierto, muleta arrastrada, muy relajado Román, entregado, abandonándose, puro sentimiento y mucha verdad en todo lo que ha hecho. Pero en uno de esos muletazos el toro se queda debajo y le lanza por los aires, segundos de angustia afortunadamente resueltos sin cornada, se repone y vuelve a la cara con valor espeluznante para rematar la faena con unas bernadinas que nos dejaron sin aliento, los afilados pitones rozando la chaquetilla, rubricadas con dos consecutivos de pecho por ambos pitones. Mayor compromiso y verdad imposible que obtiene reconocimiento con la plaza en pie. Un pinchazo creo que motivado por un resbalón o la pérdida de las manos del toro y una casi entera al segundo encuentro algo defectuosa por ligeramente delantera y atravesada no impiden que un mar de pañuelos blancos inunden los tendidos y el presidente no tuviera más remedio que conceder la oreja. Oreja de ley, oreja de peso más que justa y merecida, aunque unos 20 ó 30 a lo sumo protestaran, y fuerte ovación . Por tardes como esta es por lo que Román es querido y respetado en esta plaza, porque se ha ganado ese respeto con su compromiso, honradez, firmeza, valor y verdad.
El sexto saltó con brío, tranco alegre en el variado y vistoso recibo de Diego San Román, buenas verónicas ganando terreno, chicuelinas en los medios y una revolera para cerrarlo. Toro a mi modo de ver exigente y encastado en la muleta, nada fácil, que pedía mucho mando, con genio y fuerza, midiendo y sabiendo lo que se dejaba atrás, quedándose debajo de las telas, reponiendo y buscando con peligro, de esos que piden el carnet. Muy firme y comprometido el mexicano, plantándole cara, sin arrugarse, por ambos pitones le puso la muleta planchado y le echó la mano abajo, aguantó las un tanto descompuestas acometidas y tragó miradas, parones y arreones, mantuvo el pulso sin dudar un momento, perdiendo pasos para volver a colocarse, valor a raudales, mucha emoción, para poco a poco ir imponiendo su ley y pudiéndole, dibujando muletazos de enorme mérito y calidad. Ya con el fuenteymbro más atemperado, un par de tandas al natural de gran hondura y un final doblándose por bajo, derechazos de largo recorrido interpretados con enorme gusto, ponen a la plaza en pie camino de otra oraja truncada por la espada, una lástima. Quizás ese final por bajo hubiera sido el ideal para someter al encastado fuenteymbro, nunca lo sabremos, pero lo que sí sabemos es la emoción que ha transmitido y la verdad, el compromiso, la firmeza y el valor de Diego San Román recompensado con fuerte y cariñosa ovación.

Antonio Vallejo
 
 

domingo, 25 de mayo de 2025

Dejarse llevar

Llevábamos tan solo unos días de este año 2025 cuando vieron la luz los carteles de este San Isidro, y no llegaba a 2 meses cuando ya habíamos renovado los abonos y salían a la venta las entradas para corridas sueltas. Fueron unas cuantas las que volaron de las taquillas en un abrir y cerrar de ojos, entre ellas la de este sábado, por lo que a nadie le extraña ya que se haya registrado otro lleno de no hay billetes y que el ambiente previo a la corrida fuera el que se veía en los alrededores de Las Ventas. Corrida de Juan Pedro Domecq para Juan Ortega y Pablo Aguado mano a mano, cartel de arte que nadie quería perderse.
Cuando en su día vi esta corrida anunciada tenía claro lo que esperaba y quería de ella, y con esa misma idea he ido a la plaza. Para mi era un día para apartar todo tipo de reglas y normas, para desencorsetar todo lo que pudiera pasar en el ruedo, para despreciar la cantidad y lo cotidiano y en su lugar buscar el pellizco de un detalle por mínimo que fuera, para degustarlo como si fuera el bocado más exquisito para el paladar más exigente, para soñar y dejarme llevar por los sentimientos. Sí, con esa idea he ido a la plaza, sabiendo que era una de esas tardes de todo o nada, de triunfo rotundo o fracaso estrepitoso, que lo que iba a ver era una combinación explosiva para esta plaza que tiene un sector que no soporta a los que consideran despectivamente  toreros "de Sevilla",  menos aún los toros de Juan Pedro Domecq, y que tendría las armas preparadas con todo su arsenal de munición en forma de gritos, palmas de tango, protestas, faltas de respeto y mil formas de molestar a los matadores para reventar todo lo que surgiera por bueno que pudiera ser. Y no me he equivocado, se ha cumplido el guión que llevaban desde casa, perfectamente orquestados, sabiendo el momento exacto de levantar la voz cuando parecía que la faena podía ir bien y, tristemente, alegrándose de que las cosas fueran mal, cuanto peor aún más felicidad. Nada sorprendente, era lo esperado, protestando cada toro desde que salía, ni uno les valía ni les gustaba, a varios les dedicaron sus insultantes "miaus", Gritando "vaya mierda de ganadería", además de otras lindezas que mejor no repetir, y cuando Ortega o Aguado cuajaban muletazos o tandas protestaban la colocación, la altura, el remate, daba igual, había que reventarlo como fuera. Muy penoso y de mal aficionado que si llegan a ser toros idénticos marcados con otros hierros de su gusto, sus protegidos, no hubieran abierto la boca, ha ocurrido ya tantas tardes que no sorprende, al igual que con "sus" matadores, sus protegidos, a los que todo perdonan. 
Pero les digo una cosa, me dan igual, que hagan lo que les parezca, yo he ido a lo mío, a dejarme llevar en un abandono a los sentimientos, a soñar el toreo, aunque los sueños se tornaran por muchos momentos en pesadillas inmersas en un ambiente desagradable, pero sabiendo que tan solo un mínimo detalle que apareciera, tan solo un fogonazo, sería suficiente para colmar mis anhelos. Y al final he salido feliz porque he disfrutado de cada momento en los que he sentido el pellizco y el alma torera se ha quebrado y entregado a la emoción. Otros, en su maldad, me temo que se han ido a casa jodidos y bien jodidos, con perdón.
Con el capote me ha hecho soñar Ortega en verónicas templadas llenas de gusto imprimiendo su personal estilo en el primero, chicuelinas lentas y armoniosas en un quite rematado con una media que ha durado una eternidad al cuarto y tafalleras garbosas al quinto tras acariciar las embestidas con la suavidad con que se acuna a un bebé, y también Aguado con unos delantales de una belleza sin igual en un quite al primero, meciendo con suavidad al segundo y lanceando a la verónica al cuarto con una clase y un temple supremo, muy despacio, acompañadas con la cintura, para volverse loco. Les parecerá poco, pero para mi esos crujidos nacidos exclusivamente del arte de estos dos toreros han sido mucho, sabores exquisitos que he degustado como el mejor caviar y cuyo sabor aún perdura.
Y con la muleta de Ortega los destellos aparecían como sorbos del mejor Dom Perignon, para saborear con los ojos cerrados, entregándose a una explosión de emociones, muletazos sueltos al primero de una excelencia suprema, trincherazos de volverse loco y un cambio de mano sublime, unos doblones al tercero de una expresión difícilmente igualable y unos ayudados por alto al sexto repletos de clase y gusto. Me dirán que con poco me conformo. No es así, ha sido mucho, no en cantidad, no quería algo vulgar, solo soñaba con la exquisitez. ¿Ustedes se beberían ese Dom Perignon de un trago o poco a poco dejándolo reposar en la boca y manteniendo  aromas eternos?. Aguado ya con el segundo comenzó a deleitar con su tranquilidad y su forma de estar en la cara del toro, que para lo que daba de sí el juanpedro fue mucho, créanme.  Ante el cuarto y en medio de un ambiente infernal por los del 7, dibujó muletazos de trazo sublime, muy templado, erguido, ligando con gusto, naturalidad y belleza, sin arrugarse ante las faltas de respeto de los que empezaban a estar nerviosos porque su soñado fracaso del sevillano pudiera volverse en contra. Pero a esas alturas gran parte de la plaza empezaba a estar harta de las fobias patológicas y respondió reconociendo el comprometido y buen hacer del sevillano. Cinco toros ya habían sido arrastrados entre pitos, los revienta faenas con su sonrisa de absurda felicidad, casi misión cumplida, yo con la felicidad verdadera que cada detalle de arte que me había hecho soñar. Pero faltaba el sexto,¡ay amigos!, que carita se le ha quedado a la turba. Toreo eterno de Pablo Aguado, relajado, templado, natural, ni un gesto forzado, suavidad, dulzura diría en cada muletazo, daba igual el pitón, daba igual el improperio que soltaran algunos, los olés lo taparon todo, un inicio de faena con trincherazos y derechazos de crujir, series bajo el mando de unas muñecas de seda que manejaban la muleta con sutileza, vaciando por bajo, ligazón cargada de ritmo, acompasado, profundo, todo muy despacio, no quería que corriera el tiempo, una delicia para los sentidos abrocahada con un final de torería  superlativa, a dos manos, el mentón hundido, ayudados por bajo, un terremoto de emociones que se desbordan con una estocada en todo lo alto que pasaporta al juanpedro en segundos. Un mar de pañuelos y una oreja que colma de felicidad al matador y a la inmensa mayoría de la plaza. Algunos, lo siento por ellos, se fueron con la cabeza gacha, no culminaron su destrozo. En lo que a mi respecta, lo que buscaba lo encontré, lo que deseaba en sueños se hizo realidad, sentí el toreo eterno y cada detalle con el que me dejé llevar en brazos de los sentimientos consiguió que viviera con pasión la emoción que de este arte.

Antonio Vallejo
 
 

sábado, 24 de mayo de 2025

Una oreja cara y una puerta que no se abrió

Toreo caro de Emilio de Justo con el cuarto, una oreja de mucho peso y una Puerta Grande que Tomás Rufo acarició pero que no abrió por el fallo a espadas. Así se puede sintetizar esta tarde con otro lleno y el "no hay billetes" colgado en la taquilla y ríos de gente bajando por la calle Alcalá unos, otros saliendo de la boca del metro sin parar, otros saliendo disparados de taxis y ubers, más los que venían del otro lado de la M-30, los que llegaban en motos, en coches desesperados por poder aparcar, un barullo tremendo, un ir y venir de una multitud por la explanada de Las Ventas, por momentos costaba avanzar, y no les digo ya en los accesos, y en los vomitorios de los tendidos. Tarde de máxima expectación, de las primeras que se agotaron al salir la venta de entradas sueltas, toros de Victoriano del Río - los seis titulares y los dos sobreros todos de la misma ganadería, por fin, vaya detalle, ya era hora - para Emilio de Justo, Roca Rey y Tomás Rufo. Imagínense el interés que había despertado la corrida de este radiante  primaveral viernes que hasta unos 10 ó 12 antitaurinos bajaron a la plaza para montar un numerito realmente ridículo con un megáfono medio escacharrado. En fin, cada uno se entretiene como quiere y puede, si eso les gusta, pues que lo hagan, a mi me da igual, les respeto, pero que me dejen a mi que haga lo que me gusta, que me respeten y tengan al menos la milésima parte de educación que yo tengo. 
Seis toros para mi gusto de excelente presentación y muy buenas hechuras, con mucha seriedad, láminas para enmarcar, y un juego desigual, destacando sin duda y por encima de todos el bravo sexto, también  bueno y enclasado el cuarto, con movilidad y raza el primero, apuntando a manso el segundo y deslucidos tercero y quinto. Durante la corrida hemos comentado lo duro y complicado que es ser ganadero, la dedicación y esfuerzo que requiere, y lo poco que a menudo lo valoramos. Ese trabajo silencioso de cuatro o cinco años en el campo  y la selección de la corrida enviada desde Guadalix de la Sierra merecen el reconocimiento y el aplauso.
Alabardero, desde que leí su nombre en la hojita anexa del programa de mano me gustó, lo comenté con los amigos del tendido, bonito nombre de toro. Luego, en cuanto hizo presencia en el ruedo aún me gustó más, un castaño bellísimo, alto e imponente por delante, perfectamente hecho, armónico y proporcinado en su volumen. Apuntó bravura en los lances a la verónica de saludo pero tras salir del primer puyazo parecía lesionado o mermado de fuerza, siendo protestada su continuidad, pero aguantó sin perder las manos en un segundo puyazo bien agarrado arriba muy bien medido por Manuel Jesús Ruiz "Espartaco" y gracias a eso protagonizó un extraordinario tercio de banderillas, tranco sensacional, fijeza y celo, con Sergio Blasco y Fernando Sánchez, reuniendo y clavando de poder a poder, con extrema verdad y pureza. Tres pares de antología para recoger desmonterados una atronadora ovación con la plaza en pie. En la muleta rompió Alabardero en bravura y clase, codicioso, arracándose pronto, humillando y repitiendo sin parar, desde la primera tanda por el derecho, directamente y sin probaturas, dándole distancia para recoger la embestida delante y conducirla con temple exquisito, perfectamente colocado, ligando con la mano muy baja, la muleta arrastrada, inmensa profundidad. Fueron tres de idéntica factura, de incontenible emoción y con el toro a más en cada una, llegando el toreo del de Pepino a cotas de altísimo nivel por el izquierdo. Surgieron los naturales más profundos y poderosos que hayamos visto en mucho tiempo, con un temple y una despaciosidad sin fin, desde el embroque hasta el remate, con la muleta arrastrada, imposible bajar más la mano, series rotundas coreadas con olés roncos, nacidos del alma de una plaza entregada. La emoción desbordó todo, ni se cansaba Rufo de torear, ni se cansaba Alabardero de embestir, dos tandas más al natural cada cual mejor, un cambio de mano celestial, un pase de desdén para romperse la camisa, y la traca final con la última por derechazos en redondo de profundidad inimaginable a esas alturas de faena, un martinete y uno de pecho descomunal con el de Victoriano humillando y persiguiendo la muleta sin desfallecer. Silencio sepulcral al entrar a matar y ¡no me lo pude creer!, todo se esfumó en dos pinchazos que me partieron el corazón y sepultaron los sentimientos desbordados durante una de las faenas más compacta y rotunda que hemos visto en Madrid y, sin duda, la mejor de Rufo en su carrera. Una vuelta al ruedo dolorosa pero que con el tiempo cobrará el valor que merece, lo que ha hecho queda para la historia y lo sentido no nos lo quita nadie.
Muy poco dijo el cuarto en los primeros tercios, pasó sin pena ni gloria, deslucido en el capote, sin emplearse en varas, esperando y sin celo en banderillas. Poco o nada bueno se aventuraba cuando Emilio de Justo tomó la muleta  en poderosos doblones genuflexo para someter las acometidas del toro aprovechando la inercia de sus 614 Kg. Poderoso inicio para empezar a torear por el derecho en largo, muleta adelantada, temple, mano baja, trazo recto por su movilidad, ligando con emoción y el toro repitiendo y metiendo la cara con clase en las primeras tandas. Por el izquierdo le costó algo al principio, más irregular, con paciencia, de uno en uno, poniéndole la muleta, reduciendo la embestida, haciéndole pasar cada vez más despacio y con trazo cada vez más curvo, consiguió romper al natural con una tanda maravillosa plena de hondura, relajado, ligada con gran elegancia y naturalidad que remata con uno de pecho a la hombrera contraria eterno. Una más por el derecho en redondo, tirando la ayuda, de abismal profundidad, desmayado, enroscándose la embestida, deteniendo el tiempo en cada muletazo para rematar su obra por bajo, con un gusto y un sabor exquisito, trincherazos divinos y dos cambios de mano para morirse, temple y lentitud con el toro humillando, totalmente entregado con toda la plaza en pie. Entera en todo lo alto volcándose sobre el morrillo de efecto fulminante para cobrar una oreja de ley como premio merecido a su caro toreo.
De salida mostró buena condición el que abría plaza, colocando bien la cara en las verónicas de saludo de Emilio de Justo, repitiendo con apuntes de clase. Lo mismo mostró en el bonito  galleo por chicuelinas para llevarlo al caballo y posteriormente en quites, rivalidad también por chicuelinas, Roca Rey primero, ceñidas, a manos bajas, y réplica por ese mismo palo de Emilio a manos aún más bajas, mucha emoción. El inicio de faena por bajo, muletazos obligando mucho quizás hicieron mella en un toro que tenía clase pero que no iba muy sobrado de fuerzas. Faena que no acabó de romper, buscó la ligazón, aplicó temple, mejor fue el embroque que la salida de los muletazos, mediada la faena y en terrenos del 6 series por el derecho más profundas y más emoción pero al cambiar al izquierdo los naturales fueron menso limpios, punteaba la tela, algunos tuvieron más empaque pero sin acabar de redondear. El final por el derecho fue quizás de lo mejor, profundidad y estética en un cambio de mano y un trincherazo de cartel con el toro entregado y embistiendo. Le sobraron los últimos muletazos tras ir a por el estoque, el toro ya estaba muy apagado y deslució lo bueno que hubo antes. Poco afortunado con la espada, la sensación que me queda es que ese toro creo que tenía condiciones para algo más y que faltó regularidad, quizás haber cuidado más al toro en los primeros compases.
Deslucido el lote de Roca Rey, un segundo que apuntaba a manso, sin clase, a la defensiva, embistiendo a arreones, la cara alta, con genio, tardo en la muleta, cabeceando, incómodo, pedía dominio, intentó bajarle la mano pero respondía mal, tampoco estuvo muy fino en la colocación, se le recriminó bastante, tenía que perder pasos, se iba suelto a la salida del muletazo, sin acabar de recogerlo. Quizás con otro trato, buscando más el dominio que el pase hubiera podido dar algo más, pero tampoco creo que fuera mucho, la verdad. El quinto, sinceramente, creo que era un toro que se tenía que haber echado para atrás por inválido, pero se hizo todo por mantenerlo, o esa impresión me dio. Como era de esperar hubo lío y protestas airadas desde el 7, y creo que con razón. Luego pasó lo que tenía que pasar en la muleta, que no hubo nada, tan solo intentar cuidarlo y sostenerlo con mimo, pero ni eso hubo. Triste paso del peruano en su primera comparecencia isidril.
El tercero, desentendido y sin fijeza en los primeros tercios, sin acabar de entregarse y justo de fuerzas, la cara alta, no cumplió en los primeros tercios. Lo mejor el segundo par a cargo de Fernando Sánchez, en corto, dejándose llegar los pitones al pecho, cuadrando en la cara, inmenso, la plaza en pie y él saliendo andando como si nada, es único. Por supuesto, obligado a desmonterarse. Sorprendente el inicio del trasteo, hincado de rodillas Rufo, citando en largo, y el toro se arranca, dos derechazos muy largos y exigentes, el tercero amaga con pararse pero sigue, muy despacio, y lo aprovecha el de Pepino para enjaretar un redondo y medio eterno por su lentitud, con el animal al ralentí. Hizo virtud de un defecto, sensacionales reflejos e improvisación. Lugo vinieron dos tandas poderosas por el derecho, ligadas muy por bajo, el toro mantenía movilidad pero adolecía de clase pero tuvo su emoción, y ahí se le vació el depósito. duró un suspiro antes de rajarse y buscar las tablas. No hubo más.
Mañana espera otra tarde de lleno y máxima expectación, un mano a mano en el que puede pasar de todo, desde el desastre absoluto hasta la pasión desbordada. Esperemos que sea posible lo que hoy no ha sido, que una puerta se abra, la de la gloria del toreo, la más Grande, la de Madrid.

Antonio Vallejo


 

viernes, 23 de mayo de 2025

Castella, Perera y Luque frente a la adversidad

Preciosa tarde primaveral de cielo azul y una temperatura ideal que invitaba a ir a los toros.No es de extrañar que un día más se colgara el cartel de "no hay billetes" y la plaza presentara el magnífico aspecto al que ya nos estamos acostumbrando y deja de ser noticia en este San Isidro 2025. Si el tiempo invitaba no menos lo hacía el cartel anunciado, corrida de Alcurrucén, la prestigiosa ganadería de procedencia Nuñez, para una terna de élite, el francés Sebastián Castella, el pacense Miguel Ángel Perera y el sevillano Daniel Luque,  máximo reclamo para aficionados y público en general. Una pena que una corrida con tan buenos mimbres al final no haya  respondido a tantas expectativas y no nos queda más remedio que calificarla como deslucida y decepcionante. Cierto es que ha habido destellos entre tantas sombras, pero el juego general de los muy serios y algunos con muy buenas hechuras alcurrucenes ha sido muy pobre, con muy poco fondo, escasos de bravura, de clase, de entrega, de empuje, que ha generado escasa emoción y, cuando esta ha aflorado creo que ha sido más por el buen hacer de los matadores, por su mando y capacidad, que por las condiciones de sus oponentes. Creo que lo que mejor ilustra este análisis general es que la tarde la ha salvado un sobrero de Zacarías Moreno con movilidad, calidad y entrega que en la muleta de Castella ha protagonizado momentos de mucha intensidad. Esa ha sido la primera adversidad que se ha encontrado la terna. La otra ha sido la constante hostilidad del sector alto del 7, que no digo que no tuviera razón para protestar muchas cosas, pero que han aprovechado la coyuntura para desplegar toda esa batería de reproches y protestas, además de desconsideraciones y faltas de respeto a los matadores, que son de los que tienen en el punto de mira y no les pasan ni lo más mínimo. Digo lo de siempre, si el nivel de exigencia se mantuviera todas las tardes igual, pues a lo mejor me parece perfecto, pero es que ya han sido varias las tardes que se han pasado por alto idénticas situaciones a las vividas hoy, y eso ya no es exigencia, es intransigencia y arbitrariedad, juzgando distinto lo mismo según el nombre y apellido o el hiero de los toros. No ha sido tarde de bronca gorda, ni mucho menos, eso lo espero mañana con Roca Rey, hoy ha sido el ensayo general, al estilo de la gota malaya, un grito por allí, otro por allá, y otro, y otro, incluso en el momento de entrar a matar, sin comentarios. Y a pesar de la doble adversidad creo que los tres han estado por encima de las condiciones de los toros y han dado una lección de mando, de temple, de gusto y de firmeza, sacando el máximo de lo poco que llevaban dentro los toros y haciéndoles lucir más de lo que en varios podíamos pensar tras pasar los primeros tercios.
No voy a entrar en muchos detalles, pero les diría que me parece destacable el magnífico trato y como ha cuidado Castella el que abría plaza, un toro sin fuerza, soso, noblote, pero deslucido a más no poder. Todo se lo hizo a favor, le concedió todo, pero era imposible nada más, casi no se aguantaba en pie. El segundo mejoró algo, al menos tuvo movilidad y repitió en el capote de Perera, pero apuntando escasez de energías, lo que se hizo evidente en los ayudados por bajo del prólogo de faena, poderosos, en los que ya perdió las manos. No tiene mal embroque pero a medio muletazo levanta la cara, además se viene por dentro por el izquierdo, midiendo y buscando, pero se impuso Perera con su habitual mando, concediéndole primero, luego encelándolo, tapándole la salida, muy toreado, arrastrando la muleta, naturales y derechazos con profundidad, pero no dio más de sí el toro, totalmente apagado. Más o menos lo mismo se puede aplicar al tercero, dubitativo de salida, no quería asomar, se volvía al túnel de toriles, y así fue luego, frenado, sin fuerzas, alguna verónica de recibo de Luque tuvo cierta enjundia pero no se empleó ni en varas ni banderillas. Toro parado en la muleta al que a base de temple y mando, con la mano baja, logró robarle un par de tandas, una por cada pitón, con profundidad, llevándolo embebido en la muleta tras un poderoso inicio genuflexo cargado de estética. Con el alcurrucén muy a menos y apagado acorta distancias y por luquesinas trata de apurar lo que le queda al soso y deslucido toro. El quinto peor aún que todo lo anterior, desentendido de todo, vacío de todo, pasó por los capotes, peto y banderillas porque tenía que pasar, pero sin decir nada y manteniendo esa misma condición en la muleta, ausencia de cualquier cualidad positiva que pueda tener un toro. Lo único que se podía hacer era abreviar, más de lo que hizo Perera, para mi sobraron hasta los muletazos de tanteo. Siempre lo digo, lo que más valoro y agradezco en estos casos es al matador que me ahorra minutos de pérdida de tiempo sin sentido. Muy deslucido y con nula entrega el sexto en los capotes, cero clase, un marmolillo en banderillas que despertó en el segundo par sacando a la luz su condición de mansito. Apretó más en el segundo y tercer par pero más con genio y defendiéndose con la cara alta que por casta y bravura. Lo entendió a la perfección Luque, plantado la muleta en la arena, la mano muy baja, mucho mando, llevándole cosidos los pitones, sin apartarla de la cara, derechazos profundos, cambios de mano portentosos y unos de pecho largos de mucha categoría. Técnica y firmeza del sevillano que se impuso a las adversidades del animal y de los del 7 alto, constantes reproches a la colocación y a todo, pareciendo no querer dejarle ligar las tandas, todo lo que hacía les parecía mal, algo similar a lo que Castella y Perera han aguantado toda la tarde, incluso gritos com el del graciosillo que grita "¿te queda mucho?" al considerar que Luque estaba toreando demasiado tiempo, o el del silbido y el "¡Uy, petardo!. En fin, sin comentarios, el repertorio habitual que mañana volveremos a sufrir. 
El salvador de la corrida fue el cuarto bis, Bandolero, sobrero de Zacarías Moreno con movilidad, clase y entrega desde salida. Humilló en el capote de Castella, repetidor y con celo, buenas verónicas del francés, compás abierto y temple, ganándole terreno para llevarlo a los medios. Extraordinario José Chacón en la brega junto a Rafael Viotti y Alberto Zayas con los rehiletes, tres magníficos pares llenos de pureza. Arrancó la faena fiel a su estilo, clavadas las zapatillas en el centro del anillo para recetar tres cambiados por la espalda llenos de emoción rematados por uno grandioso de pecho para abrir boca. Luego cuatro series alternando por ambos pitones de enorme profundidad, repletas de temple y mando, ligando con gusto, corriendo muy bien la mano, cambios de mano supremos y largos los de pecho, con el toro entregado, humillando, repitiendo con codicia, mucha clase y nobleza, con transmisión y emoción. Bueno, pues eso a los de siempre les pareció mal, todo tenía un pero, en fin, que lástima no saber disfrutar de lo que duró el toro. Porque se vino a menos y quizás ahí debió cortar Castella y no alargar, ahí hizo las delicias de sus opositores, pero también entiendo que viendo como estaba sometiendo al toro y el gusto con el que estaba toreando es difícil aguantar las pulsaciones y te pide seguir, aunque alguien con su veteranía suele controlar mejor esos impulsos. Pero Castella es así, siempre lo ha sido, y exprime al máximo a sus toros, como esta tarde hasta los últimos compases acortando las distancias con ese estilo peculiar estático, pasándose los pitones por ambos lados sin inmutarse, ni por el toro ni por las protestas. Una defectuosa estocada, entera pero caída pasaporta al buen sobrero y pone fin al relato de una tarde con tres hombres por encima de la doble adversidad que me temo no descansará mañana. Ojalá me equivoque.

Antonio Vallejo




jueves, 22 de mayo de 2025

La espada mata la importancia de Fortes

El toreo está lleno de frases hechas y aforismos de enorme significado y magnitud que utilizamos no solo cuando hablamos de toros, sino que muchos está ya incorporados al lenguaje popular español como seña de identidad de lo que somos y de donde venimos, algo que molesta a los antis pero que no pueden cambiar ni borrar. Uno de los más reiterados es ese que reza "la espada es la que da y la que quita" y, si tuviera que definir la tarde de hoy en Las Ventas sería sin duda con esa expresión. Creo que no recuerdo una corrida en la que los seis toros se hayan matado tan mal, no he llevado la cuenta de la cantidad de pinchazos que hemos visto esta tarde, si digo una media de tres por turno a lo mejor me quedo corto, y cuando por fin se ha enterrado el acero ha sido de forma poco ortodoxa, digamos. Esa ha sido la única razón por la que  Fortes no haya salido en hombros camino de la calle Alcalá saboreando un triunfo ganado a pulso en dos faenas de registros completamente diferentes y que ha acariciado con la yema de los dedos pero que ha muerto con la espada. No recuerdo una tarde de tal magnitud del malagueño, tan centrado y seguro, con tanta decisión y capacidad, una tarde de máxima importancia en Madrid poniendo a todos de acuerdo ante dos toros que sí, tenían uno un fondo de clase y el otro la emoción del genio, pero que han acabado pareciendo buenos porque Fortes los ha hecho buenos, porque el tono general de la corrida de Araúz de Robles ha sido, a mi modo de ver, bastante decepcionante. Todos, los seis más el sobrero sexto bis, han salido igual, sueltos, sin fijeza, desentendidos, sin querer saber nada de los capotes, la pelea en varas ha sido inexistente, creo que recuerdo solo un puyazo en le que el toro ha metido algo la cara abajo y ha empujado con los riñones, pero sin ser tampoco nada del otro mundo, en el quinto, en banderillas prácticamente todo lo han hecho los de plata y en la muleta tan solo segundo, cuarto y quinto han tenido opciones y han destapado sus virtudes por la técnica y el mando de Morenito de Aranda y Fortes, quedando un lote para Adrián de Torres aboslutamente infumable, ni un pase tenían. Eso sí, muy seria aunque desigual de hechuras y presentación, incluyendo un sexto que lucía una arboladura descomunal, algo totalmente exagerado que a mi, un enamorado de lo proporcionado, la belleza de la armonía, personalmente no me gusta.
El segundo saltó desentendido, sin fijeza, suelto, iba y venía, lidió Fortes por bajo, enseñándole primero el capote, con mucha facilidad aparente, pero que difícil es eso realmente, apostando por intentar educar al toro para acabar encelándolo en unas verónicas templadas de gran clase. En varas y banderillas ni fu ni fa, no ha dicho nada, ha pasado porque tenía que pasar, y ya está. La faena de muleta ha sido una lección de colocación y temple, administrando la distancia y la altura a la perfección desde los primeros muletazos, más enorme firmeza y claridad de mente para encontrar el ritmo que el toro necesitaba y destapar el fondo de clase y nobleza que tenía escondido. Sensacionales series por ambos pitones ciñéndose la embestida, la base la quietud, encajado, mano baja, trazo curvo, emoción y belleza, con más claridad por el pitón derecho pero también dibujando naturales de mucha hondura con un toro entregado al mando y el poder del malagueño. El quinto era un tío, muy ofensivo, enseñando las puntas, también suelto y sin fijeza en el capote, le paró en dos verónicas templadas pero la tercera no la tragó, se frenó e hizo por él, aguantando Fortes el envite como si nada. El único puyazo con cierto algo de la tarde fue el primero a este toro, al menos apretó en el peto, pero la salida fue decepcionante, la cara alta y arreando a la defensiva, mostrándose igual en banderillas, esperando y sin humillar. Los primeros muletazos son clara señal de las intenciones del malagueño, aplicar mando y aunar estética, por bajo, tratando de corregir el defecto del toro y someterlo haciéndolo además con arte y belleza, un trincherazo repleto de temple y sabor. En los primeros muletazos por el derecho el toro tiene buen embroque pero no remata y sale con al cara alta, punteando la tela, le baja la mano y compone otra más muy templada, poniéndole la muleta en la cara, muy tapadito, ligada en el sitio, toreando despacio, mucha emoción. Yo creo que tras esa tanda el de Araúz se siente podido y acusa más sus defectos, se frena, mide, suelta la cara con brusquedad  pero Fortes le planta cara con valor y firmeza, aguanta y traga, recetando de nuevo pases de enorme calidad y emoción, verdad y exposición. Por el izquierdo reservón, le cuesta arrancarse, mira y mide aún más, de nuevo aguanta lo indecible y acaba robándole de uno en uno naturales de una expresión máxima, toreo de muchos quilates y enorme pureza. Lo dicho, dos faenas de mucha emoción y transmisión con dos registros distintos, toreo en todas sus vertientes, pero la espada...mató al toro, sí, pero mató antes la tarde importante de Fortes. Al final una merecida vuelta al ruedo con sabor a triunfo grande que seguro vale mucho para su futuro.
Jesús Moreno, Morenito de Aranda tuvo en el primero un manso que en ningún momento dio opciones. Sin fijeza ni entrega, buscando la querencia desesperadamente, nulo en los primeros tercios, soso y deslucido en la muleta, pasó gracias al cuidado extremo y la técnica portentosa del burgalés, concediéndole la distancia y la altura para que al menos pasara, perdiéndole un paso para al menos poder ligar con cierta compostura, trato más que pulcro, pero carente de transmisión y emoción, esfuerzo en vano que no encontró reconocimiento por las malas condiciones del de Araúz. Muy desafiante el cuarto, las puntas al cielo, altivo, la cara alta, y de salida, ¿que se imaginan?. Exacto, sin fijeza alguna, campando a sus anchas, de aquí para allá. Cuando consigue fijarlo deja aromas en un ramillete de verónicas y una media interpretada con ese peculiar estilo que tiene este magnífico capotero. En varas lo mismo que sus hermanos, no es un dechado de virtudes, se deja pegar sin más y en banderillas espera y corta, pero ahí están Iván García y Pascual Mellinas que cuajan un tercio extraordinario, haciéndolo todo, dejándose ver, cuadrando en la cara y reuniendo a la perfección. El tercer par ha sido de los de apuntar para los premios, corta mucho el toro en la arrancada, Iván lo ve y se adelanta, corta él aún más y le gana terreno para dejar los palos con una pureza y un riesgo tremendo. Por supuesto ambos desmonterados saludando una unánime ovación con la plaza en pie. Mucha movilidad en la muleta, rebrincado y viniéndose por dentro, toro exigente y complicado en los primeros compases, aguanta firme y valiente Morenito, echa la muleta abajo y liga un par de series en redondo de inmensa emoción, enroscándose al toro, igual que al natural, el toro mantiene esa misma exigencia y dificultades a las que responde bajándole, pleno de poder, aguantando por ambos pitones los derrotes que pega al final del muletazo, suelta la cara con brusquedad, la faena se convierte en una lucha cuerpo a cuerpo, el genio y la fuerza del animal contra el mando y el poder  de la muleta del torero, de gran intensidad y emoción en la que le peligro domina la escena. Valor a raudales de Jesús, aguanta los tirones del toro que se queda corto y repone, se revuelve y suelta violentos tornillazos en uno de los cuales le lanza por los aires con la pala del pitón y le tiene a merced en segundos de angustia, afortunadamente sin consecuencias. Más compromiso, más disposición, más verdad, más honestidad no se le puede pedir al de Aranda que por si faltara algo abrocha la faena con unos naturales profundos vaciándolos y unos remtaes llenos de gusto y torería que olían a oreja. Pero la espada... como toda la tarde, una pena.
Ni una opción Adrián de Torres con un lote horrible. El tercero un toro sin fondo alguno, sin fijeza, parecía que humillaba en le capote pero a medio lance soltaba la cara, en el caballo sin celo, además se duele, desordenado tercio de banderillas, y en la muleta sin clase ni recorrido, no pasa, se queda debajo, defendiéndose y que, si le faltaba algo, acabó rajándose y huyendo. Lo intentó Adrián, voluntad y gana a raudales, firmeza y valor también, pero era a todas luces imposible sacar nada. Para colmo ve como el sexto, ese exageradísimo de pitones que les contaba al inicio,  se descorda en los primeros lances de capa y tiene que ser devuelto a los corrales, saltando en su lugar un sobrero de 620 kg con el hierro de Castillejo de Huebra enorme, como podrán imaginar, y de hechuras que, digamos finamente, no me sugieren belleza. Lo de los corrales de esta plaza y los sobreros que hay es para hacérselo mirar. Lo que está saliendo en esta feria, y van unas cuantas devoluciones, es impropio para esta plaza, no sé de donde los han traído, ni el tiempo que llevan metidos ahí o en otro sitio, pero es lamentable el espectáculo al que estamos asistiendo con cada sobrero. ¿Tan difícil es que al menos el primer sobrero sea del hierro titular?, ¿o al menos de alguno teóricamente de prestigio?, ¿o es que es más caro que difícil?.  Pues con eso ha tenido que lidiar el pobre Adrián de Torres, todas sus ilusiones desvanecidas por un infortunio y un animal que nunca debió haber saltado en la llamada primera plaza del mundo y menso en pleno San Isidro. Un toro en las antípodas de la clase y la bravura, que no ha tenido ni medio pase, descompuesto en su embestida, la cara alta, a la defensiva, además muy justo de fuerzas. Lo ha intentado en vano Adrián, se ha puesto por ambos pitones, con dignidad y vergüenza torera, sin encontrar nada, ni en el toro ni en los tendidos, por parte de un público que veía las manecillas del reloj caminar hacia las nueve y media y se puso contra el matador sin tener  la mínima comprensión por el esfuerzo que estaba haciendo por al menos sacar un muletazo. No se le puede pedir más que lo que hizo, ponerse e intentarlo de todas las maneras, aunque sabíamos que era en vano, pero creo que en estos casos, la única tarde que tenía, encontrarse con lo que se encontró, un desecho, no venirse abajo ya mantener el tipo, merece al menos respeto.

Antonio Vallejo
 

lunes, 19 de mayo de 2025

José Ignacio Uceda Leal, TORERO

Clase, calidad, elegancia, empaque, naturalidad, suavidad, gusto, sabor, aromas, temple, compás, relajo, desmayo, pureza, verdad y sentimiento, en definitiva, TORERÍA. Eso ha sido la faena de José Ignacio Uceda Leal al cuarto, rubricada con una estocada marca de la casa, recto, hundiendo el acero hasta la bola, fulminante, y una oreja de ley, de mucho peso. Toreo eterno, toreo caro, carísimo, del de Usera al cuarto de la tarde, un precioso cárdeno de magníficas hechuras y mucha seriedad, enseñando las puntas, todo un santacoloma. Apuntó humillación en las verónicas templadas cargadas de gusto con que recogió al toro en las primeras embestidas, hizo sonar el estribo en varas, se durmió en el peto sin emplearse y en banderillas esperó sin demasiada entrega. Con ese bagaje se fue Uceda a brindar al público. Lo que vino detrás ni podíamos soñarlo. Los ayudados por alto del inicio fueron gloria pura, un trincherazo para quebrar el alma y uno de pecho largo para empezar a soñar. Dos tandas por el derecho de inmensa profundidad, relajado, la mano muy baja, desmayo y naturalidad, nada forzado, muletazos de temple descomunal, my despacio, pura armonía, ceñidos a la cadera, abrochando ambos con remates por bajo para seguir soñando. Por el izquierdo otras dos tandas aún más despacio, deteniendo el tiempo en cada embestida, naturales hondos, de una belleza infinita, temple, ligazón y compás, para no parar de soñar. Faena además perfectamente medida, cuatro tandas, dos, tres muletazos, no más, y el remate, no hace falta más, las esencias son así, caben en frascos pequeños, hay que saber administrarlas y son elegancia, el toreo eterno. Lo demás, los excesos, son vulgaridad. Para poner broche a este canto al toreo eterno dibujó auténticos carteles de toros en ayudados por bajo, trincherillas y pases de la firma, adornos finales por bajo para negarse a despertar de este mágico sueño que es la torería, este domingo enfundada en su figura. Rubricó como los más grandes, arriba, en todo lo alto, un mar de pañuelos de una plaza enloquecida y oreja sin discusión alguna para José Ignacio Uceda Leal, TORERO.
Ha sido tal la intensidad emocional de esta faena que eclipsa todo lo demás que hemos vivido en esta tarde en la que, un día más, y los que quedan, la plaza ha registrado otro lleno. Urtasun, ¿de verdad sigues creyendo que el toreo no interesa?. Corrida de La Quinta que ha traído a Madrid una corrida para mi gusto de excelente presentación, magníficas hechuras, los seis santacolomas auténticos, serios y ofensivos, con cara y sin necesidad de exageraciones por delante, que ha dado un juego variado destacando tercero, cuarto y quinto.
Corto de recorrido  el primero ya desde el saludo capotero, se quedaba en las telas, apuntaba humillación pero no acabó de  emplearse en los primeros tercios por su falta de poder y empuje. Muy justo en la muleta, lo cuidó Uceda, a media altura, excelente trato, sin poder obligarle por su falta de fuerzas pero el toro no pasaba, es más, se quedaba a medias y reponía obligando a perder pasos, incómodo y deslucido. Algunos muletazos tuvieron el empaque que impregna Uceda a su toreo pero en ningún momento la faena pudo tomar vuelo. Con la espada, un auténtico cañón, fulminante.
Un auténtico tío el segundo, dos velas que daban pánico. Corto recorrido y sin entregarse en el capote de Daniel Luque, las manos por delante, revolviéndose, incómodo, sin emplearse en varas pero con movilidad en banderillas, magníficos los dos pares de Raúl Caricol. Toro con complicaciones en la muleta, le costaba humillar y pasar, le concedió la altura y lo llevó con la muleta en la cadera para tratar de alargar el recorrido. Firme y comprometido el sevillano, lo llevó templado pero no se entregaba el de La Quinta, además de encerrar un peligro sordo que algunos creo que no vieron, sobre todo por el pitón izquierdo, se venía por dentro, aguantó y tragó Luque, y por ambos pitones logró componer  algunos muletazos de buen trazo y más profundidad, mediada la faena, obligándole más, bajándole la mano, mejor por el pitón derecho, pero el santacoloma colaboró realmente poco. El que hizo quinto pasó por los primeros tercios dejando algunos apuntes, por ejemplo en las verónicas de saludo en la contraquerencia parecía meter la cara, en el peto empujó de inicio pero luego se durmió,  difícil, casi imposible saber por donde podría salir en la muleta. Lo citó Luque desde los medios, buena arrancada del toro, toma la muleta por el derecho, con recorrido, dos derechazos profundos, un cambio de mano espectacular y un remate por bajo en el que mete la cara de maravilla por el pitón izquierdo, humillando con clase. Pero ahí, de repente, se acabó todo, ni idea por qué, si porque Luque no encontró el sitio ni la distancia, o porque el toro dijo basta y se agarró al suelo, pero lo que parecía que podía ser se quedó en un trasteo deslucido en el que no hubo continuidad ni emoción. 
Emilio de Justo bordó el toreo de capa en el tercero, verónicas templadas y profundas a un toro que repetía y metía la cara con calidad, dejando para el recuerdo dos medias verónicas excelentes y un quite por chicuelinas a manos baja llenas de emoción. Empujó metiendo los riñones en el caballo, buen tercio de varas, creo que el mejor de la tarde, arrancándose de lejos con un tranco sensacional. Todo apuntaba a algo grande pero en el quite por delantales de Uceda amagó con claudicar, y en banderillas ese galope ágil mostrado anteriormente se diluyó para esperar y cortar. Poderoso inicio de faena,  lleno de mando, genuflexo, la mano baja, llevándolo largo, con recorrido y un trincherazo  cargado de torería y emoción. No sé si el castigo en varas y ese arranque de faena en el que le obligó tanto mermaron las condiciones del santacoloma, pero lo cierto es que la faena no acabó de tomar vuelo y vino marcada por la irregularidad. Un par de tandas buenas por el derecho ligadas con emoción y profundidad en los muletazos en los primeros compases fueron lo más compacto. Luego bajó el nivel por el izquierdo,  le costaba al animal, seguía manteniendo la clase, pero faltó ligazón. A partir de ahí pases sueltos, unos más limpios que otros, sin continuidad y emoción decreciente. Devuelto el sexto por inválido salta el sobrero del mismo hierro, un toro encastado y con genio al que Emilio de Justo lidió echándole el capote abajo, andándole hacia atrás para llevarlo a los medios, la única manera de contrarrestar la tendencia a llevar la cara alta, defecto muy acusado en el caballo, el estribo no paraba de sonar. Magistral Morenito de Arlés en la brega, echando le capote al suelo, dando los lances justos y dejando al toro perfectamente en suerte para colocar los pares. Hincado de rodillas inicia la faena, dos derechazos largos y profundos para incorporarse y trenzar una serie por el derecho no demasiado limpia pero con emoción por los arreones del toro. Por ese pitón surgió lo mejor, otras dos series medidas ligadas en el sitio con la mano baja y tirando del toro con clase para cambiar al izquierdo por donde protestaba más y tocaba las telas, menos claridad en los naturales, solo alguno aislado con cierta hondura y calidad, corto recorrido, obligándole a perder pasos, y con el toro a menos, pese a lo cual no dejó de intentar robar hasta el último muletazo con firmeza y mucho compromiso, pero resultó inútil, ya no había más.


Antonio Vallejo


sábado, 17 de mayo de 2025

¡Ay si Adrián matara como Manzanares!

Pues sí, a estas horas estaríamos hablando de una faena apoteósica, de un gran triunfo, de la segunda Puerta Grande de este San Isidro 2025 y la cuarta del madrileño Fernando Adrián en Las Ventas, una como novillero y serían ya tres como matador: Pero no ha podido ser, una vez más el acero hace desvanecer todos los sueños y trunca todas las ilusiones que durante diez minutos han invadido a la plaza madrileña a través de su muleta.
Fue en el quinto, no hay quinto malo, Frenoso, un toro de Victoriano del Río de magníficas hechuras, posiblemente el mejor de la corrida en ese aspecto, bajo, fino, musculado, con cuello, y con una seriedad tremenda, dos perchas por delante para echarse a temblar. Movilidad y repetición en las verónicas de Adrián, buenas, ganando pasos, humillando con celo, arrancándose al caballo con buen tranco, hundiendo la cara abajo y empujando con los riñones en dos grandes puyazos a cargo de Alberto Sandoval, pelea de bravo, sumado a la movilidad en banderillas, colocando bien la cara. Vibrante y arrebatado el inicio de faena, a de rodillas en los medios, el toro en largo para un cambiado por la espalda de cortar la respiración, la punta del pitón que llega a tocar el brazo y casi arrolla al madrileño. Ya erguido liga series de derechazos por bajo, enroscándoselo, templadísimos, de inmensa profundidad, a cada cual mejor, rematadas con unos de pecho de antología, todo en un palmo de terreno, perfecta colocación. emoción desbordada con un toro que es todo entrega y empuje, humilla y repite con una bravura y una nobleza suprema, los olés que retumban y la plaza patas arriba. No decae el ritmo y la intensidad por el izquierdo, al revés, va a más en los naturales, hondos, arrastrando la muleta, ligados con  clase y belleza, un molinete repleto de gracia y unos de pecho descomunales con Frenoso encarnando la bravura, con una codicia pocas veces vista, no se cansa de seguir la muleta con el hocico hundido en  la arena, embistiendo con el pitón de dentro, infatigable, manteniendo el mismo tranco de los primeros tercios, incluso yendo a más, a pesar de lo avanzado de la faena, en una última serie por el derecho llena de temple y poder que desborda la emoción. Faena compacta y rotunda a un toro que ha derrochado bravura y una nobleza infinita rematada con bernadinas ajustadísimas de infarto y unos adornos finales por bajo repletos de torería, sobre todo una trincherilla de esas que te llena el alma y se clava en la memoria. Todos veíamos ya a Frenoso desorejado, es más, diría que lo ansiábamos, la pasión se había desbordado, todos queríamos empujar el estoque y hundirlo en todo lo alto, pero así es esto, así es la suerte suprema, da y quita la gloria, nos hizo despertar del sueño y la realidad cayó como una losa aplastando todas las ilusiones. Ovación atronadora para Fernando Adrián y para el toro en el arrastre, y dos detalles que me parece de enorme importancia destacar y que no entiendo. Primero, ¿quienes y con qué argumentos han protestado que diera una vuelta al ruedo más que merecida después de lo que nos ha hecho sentir Adrián?. Segundo, ¿donde demonios tenía escondido el pañuelo azul el presidente para premia con la vuelta al ruedo que sí o sí merecía este bravo y noble toro de clase descomunal?. Increíble.
Esto lo hemos vivido en esta preciosa tarde primaveral de cielo azul y temperatura perfecta que
comenzó, como cada 16 de mayo, con un respetuoso minuto de silencio en memoria del maestro Joselito "El Gallo", muerto en Talavera de la Reina un día como este del año 1920, presentando la Monumental  otro lleno y el cartel de no hay billetes como demostración que los toros, nuestra Fiesta, ni interesa ni atrae al público. ¡Vaya lumbreras que hay sueltos por ahí!. Una corrida anunciada con toros de Puerto de San Lorenzo (1º y 2º) y La Ventana del Puerto (4º y 6º) finalmente remendada con dos de Victoriano del Río (3º y 5º) muy seria por delante y, como es fácilmente comprensible, variada de hechuras, como para no serlo, en la que para enterarnos de quien era cada toro que saltaba había que mirar el programa de mano y andar atento. Con ese humor y esa finura en sus comentarios que tiene mi amigo Daniel Berzosa , con quien he compartido esta tarde, ya no sabíamos si el toro era del Puerto, de la Venta, de San Lorenzo o del Río de Victoriano. Y tiene toda la razón, parecía un trabalenguas. Chascarrillos aparte, me cesta creer que una ganadería como Puerto de San Lorenzo con sus dos hierros no haya tenido seis toros que pasaran el reconocimiento, sobre todo cuando he visto saltar al tercero, de Victoriano, que si ha pasado el control de los veterinarios ha sido por la cornamenta descomunal y absolutamente desproporcionada que presentaba, porque del resto iba justito y ni aparentaba los 534 Kg que marcaba la tablilla. Lo que más me gusta en la presentación de un toro, ya lo saben de sobra, es la armonía, y ese tenía todo menos armonía. Eso sí, muchos lo han ovacionado de salida, allá cada uno si lo que les gusta son los cuernos.
Sin poder decir que fuera bueno, sí tuvo condiciones el lote de José María Manzanares quien durante toda su actuación anduvo irregular, sin acabar de encontrar el sitio ni acoplarse.Tendencia a manso el primero, un tanto desentendido de primeras y buscando las tablas, pero cuando lo enceló en el capote, echándolo abajo y andándole hacia atrás, el toro respondió metiendo la cara, aunque posteriormente se entregó poco en el caballo, destapando su fondo de clase en el quite por saltilleras y revolera de Fernando Adríán. Tampoco iba sobrado de fuerzas, en banderillas ya estaba con la boca abierta, y mantenía la tendencia a irse de su condición de mansito, pero cuando el alicantino le puso la muleta en la cara y lo llevó tapadito y con la mano baja, tapándole la salida, el de Puerto de San Lorenzo respondió y surgieron una par de tandas de derechazos con profundidad y emoción. Pero igual que interpretaba una así, a la siguiente no encontraba el sitio la distancia ni la altura y se perdía el ritmo. Igual por el pitón izquierdo, lo mismo compuso algunos naturales hondos con buen trazo que en otros surgían los enganchones o el toro se iba. Muy irregular y sin sensación de tener las ideas claras. El cuarto echaba las manos por delante pero tuvo movilidad y celo en el capote de Manzanares que dejó alguna verónica con el empaque que atesora. Empujó y se empleó  en un primer puyazo largo que creo mermó sus facultades de cara a la muleta, si bien en las primeras series dejó patente su nobleza aunque las fuerzas le duraron tan solo las primeras tandas por el derecho, su mejor pitón, con profundidad y humillación. Pero al igual que en le primero no acabó de encontrar los terrenos y la faena acabó discurriendo por la misma línea, irregularidad e indefinición. Lo que no se le puede reprochar a Manzanares fue la manera de matar, dos estoconazos fulminantes ambos colocados en todo lo alto, ambas suertes claras candidatas a estocadas de la feria. La muerte del primero, espectacular, lo nunca visto. Como les he relatado, el toro tenía condición de mansito y por eso acabó la faena gazapón, sin acabar de pararse ni cuadrar, incómodo para entrar a matar y buscando refugio en tablas. Y fue ahí, pegado en paralelo a las tablas del 10 cuando se arrancó hacia el alicantino que estaba buscando la manera de cuadrarle yen una milésima de segundo reaccionó y enterró el acero hasta la empuñadura, más arriba imposible, ni un centímetro desplazado a uno u otro costado. En menos de 10 segundos el toro estaba muerto, fulminante efecto, y los tendidos en pie con una atronadora ovación. Esa muerte solo la ejecuta uno que es muy, muy, muy bueno, un maestro como el alicantino En el cuarto, de la Ventana, el volapié fue como nos tiene acostumbrados, antológico, con una facilidad y una seguridad sin igual, volcándose recto, tan arriba como el anterior, pasaportándolo en segundos. Y otra ovación que hizo temblar a la Monumental.
Pablo Aguado hizo el paseíllo de elegante y riguroso luto, negro y oro su vestido, negro absoluto,  sin un solo bordado, su capote de paseo, en memoria del gran Joselito, el rey de los toreros, Morante lo sabe bien. El primero de su lote, de Victoriano, como ya comenté antes, era tan desproporcionado como descompuesto, sus exageradísimos pitones no iban en consonancia ni a su carita ni a su caja, ni a sus 534 Kg - ¿realmente lo eran?, lo marcaba la tablilla, pero no lo parecía - pese a lo cual pasó el reconocimiento e incluso fue ovacionado de salida por bastantes. De verdad, hay cosas que no entiendo, pero para gustos... Toro con movilidad y cierta violencia en sus embestidas que repite en le capote y permite al sevillano componer un ramillete de verónicas con cierto temple y el gusto que imprime a su toreo. Inicio de faena por bajo con un par de trincherazos de crujido para tratar de someter la brusquedad del animal y comenzar por el derecho con tandas en las que el toro echaba la cara arriba enganchando la muleta, descompuesta embestida, sin acabar de entregarse en ningún momento. Por el izquierdo surgieron mejores naturales, más profundos, con más ritmo y ligazón, pero ya sabemos que al sevillano se le espera con la escopeta cargada y la paciencia con él es la mínima, y a esa alturas del trasteo todo discurría ya bajo constantes reproches a todo y con el toro cada vez a menos, muy deslucido todo. El sexto, este tocaba de La Ventana del Puerto, grande y alto, llevó siempre la cara alta, ni una atisbo de humillación, sin emplearse nada en ningún tercio, agarrado al suelo. Lo intentó Aguado en la muleta a ver si a media altura y aprovechando la inercia de sus 590 Kg podía sacar algo, pero con un toro a contraestilo y con el ambiente en contra no prolongó algo que tan solo iba a encrespar más los ánimos. Para colmo anduvo muy desacertado con los aceros en ambos toros, una sucesión de pincahzos que no ayudaron a aliviar las críticas. Se marchó en silencio respetuoso, como el elegante terno que lució ayer.
¡Ay si Adrián hubiera matado como Manzanares!, ¡de que estaríamos hablando hoy!

Antonio Vallejo